Issuu on Google+

yletrados

julio–septiembre 2011/año 1 número 3

revista literaria

Entrevista con

Orlando Ortiz Colaboraciones de Mario Alberto Carrillo Ramirez-Valenzuela María Elda Rodríguez Trujillo Víctor Manuel Gálvez Manuel Olivares Enrique Padilla Daniela Rogá Tania Carrera


Directorio Consejo editorial Bryan Klett Enrique Padilla Reyes Isven Marco Antonio Larios Quirino

CONTENIDO

Diseño José Manuel López Rocha Bryan Klett

Gestión Elenor Arrington

Contacto y correspondencia Honorio Rodriguez #17, int. 1 C.P. 91020, Col. Ferrer Guardia Xalapa, Veracruz, México. yletrados@gmail.com

Todo el arte gráfico, incluida la portada, pertenecen a Iveta Smidtova. Las portadas de los libros del escritor Orlando Ortiz fueron obtenidas en su página oficial, www.orlando-ortiz.com, y son, en orden de aparición y de arriba hacia abajo, Vidrios rotos (Gobierno del Estado de Hidalgo, Sistema de Educación Pública de Hidalgo, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1998); Jueves de corpus (Selección y prólogo, Diógenes, 1972); Secuelas (Diógenes, 1986); La violencia en México (Selección y prólogo, Diógenes, 1971) y Sólo sé que así fue (conaculta, 2005).

Carta Editorial

3

Poema

4

Tania Carrera

Poemas

6

Victor Manuel Galvez

Semblanza: Iveta Smidtova

8

(y)letrados

Febrilaciones

9

María Elda Rodríguez Trujillo

Tres de enero (fragmentos)

13

Mario Alberto Carrillo Ramírez-Valenzuela

El hombre chiquilín

16

Daniela Rogá

Entrevista con Orlando Ortiz

17

Enrique Padilla

Una habitación

27

Orlando Ortiz

Antigua

35

Manuel Olivares

Inventario


Los hay amables y los hay exigentes, están los dudosos y también los intransigentes, hay unos que te pisan los talones a cada paso y otros que tienes que ir a buscar a su casa; pero quizá los más difíciles de tratar son los colaboradores apáticos: esos que no confían en las revistas universitarias o que cuestionan abiertamente la capacidad del consejo de selección, que prometen enviar algún texto que nunca llega o que hacen gala de su mueca más burlona mientras auguran una muerte prematura. ¿No es entonces un abismo insalvable la contradicción de esta especie en auge? Sería fácil pensar que el colaborador apático no puede ser, de principio porque jamás colaboraría, pero este oxímoron en efecto habita y se reproduce. El punto está en que las revistas universitarias, como (y)letrados, no se bastan de un consejo para existir. Necesitan de colaboradores (y lectores, por supuesto), no en forma de hombres benevolentes que extienden la mano para soltar un par de monedas al vagabundo, sino como un templario de la cultura, un devoto de la difusión, pues las revistas universitarias se fundan como espacios de intercambio y debajo de todas ellas debe haber, por fuerza, un objetivo más trascendental que los nombres en la portada o en los créditos, más longevo aún que todos ellos juntos; un esfuerzo que en conjunto de cuenta de la constancia del arte y el pulso de la pluma en la mano.

y letrados

CARTA EDITORIAL

3


TANIA CARRERA

iiiiiiiv y letrados

i Tengo una piedra amarga en la boca, un árbol de palabras que entierra sus raíces más adentro. El pasado es un ancla que ya no se levará.

ii

4

Toda mi humedad es un hongo que crece debajo de la cama. Hiero la abundancia del colchón: la generosidad de su ruta hacia el descanso. No quiere sostenerme, mis huesos no tomarán la forma de su carne. No me dejará dormir.

iii Guardo para ti la voz que se endurece en mi garganta. Cierro los ojos, una declaración se escribe en el interior de mis párpados, cada vez más clara, cada vez más sonora.


Sueño que te lo digo todo. Hay un olor a fruta pasada. Mi voz es un fermento que habla de lo que ya no será. (Despierto). Estoy desnuda, la multitud me cubre, su tacto es la humedad que nadie busca, la boca de un desconocido sobre mi espalda. (Sudor. Despierto nuevamente). La cama es dueña de la lógica del mundo, todo lo demás es estenografía de su lenguaje impreciso.

y letrados

iv

5


y letrados

DOS POEMAS

6

PORNOGRAPHY

VÍCTOR MANUEL GÁLVEZ

B… and a… – … drowned… – …in the sky – rise and fall… por el fondo de un pozo y la torre más alta tu falda pierde el aliento sube y baja.


BRAMAFAM

Tenga amarrada su casuística, procure matarle el hambre y hacerle sus llamadas, marcar su teléfono de cuando en cuando, y no olvide asistir a sus citas, [aunque falle puntualmente hágalo sin camisa, no haga compromisos sin las palabras correctas, escritas en el cuerpo de vidrio que guarda secretos, que encadena los pasos, la llamada esperada sonará con la fuerza de todos esos cristales perforando su garganta para abrirse paso, sonriente, por el pudor tan suyo de cuidarse de no confundir la iglesia con el templo ni las ruinas con el cadáver ridículo de su carne.

y letrados

Un grito de hambre

7


Iveta y letrados

Smidtova

8

Iveta Smidtova nace en la República Checa en 1986. Actualmente vive en Inglaterra (en un bote con su novio y su perro) mientras cursa el tercer año de licenciatura en marketing. En otro tiempo realizó un par de calendarios con desnudos, pero ahora está dedicando su trabajo al arte abstracto basada en formas de la naturaleza. Su obra ha sido expuesta en algunas galerías de su país natal y ha comenzado con un pequeño negocio vendiendo sus fotografías en www.wallcanvasart.org. (y)letrados estará invitando a un artista distinto para adornar cada nuevo ejemplar que el tiempo nos permita publicar.


MARÍA ELDA RODRÍGUEZ TRUJILLO

La melancolía puede llegar de golpe. En ocasiones unas notas musicales te transportan a un tiempo que no recuerdas a bien, pues la memoria de la infancia es muy corta; sin embargo, la construyes a través de lo narrado por tus padres, reconstruyes. En este oscurecer del día, tan sofocante de calor que todo parece pesar más de lo debido, en donde hasta a las memorias les cuesta salir, abrirse paso entre la espesura vulturna del clima y llegar hasta ti, te sientes obligada a realizar un esfuerzo por no abandonarlas y finalmente te alcanzan. Te dispones a disfrutar del repaso del pasado traído por la música, te enganchas a éste en cada compás, en cada armonía, en cada arpegio. Se te vienen a la mente de golpe muchos momentos que toman las vertientes de la dicotomía sentimental. Tristezas y alegrías. Esta composición de Beethoven te traslada a tu niñez, revives momentos en tu lugar de origen, te ves en la calle jugando con tus hermanos, tus primos, incluso con tu padre y de todos ellos se impone la anécdota de una enfermedad a tus tres años, la cual no conoces, pero que en alguna ocasión te fue contada por tus padres. Cierras los ojos para elaborar mejor las imágenes. En medio de la penumbra y del bochorno buscas el acomodo de tu sofá predilecto, junto a la ventana, esperando que algún pequeño viento se extravíe, termine entrando a tu casa y te refresque un poco. No por nada siempre eliges éste espacio, durante el día la luz entra de lleno y puedes observar el cambio de matices de los rayos

y letrados

FEBRILACIONES

9


y letrados

solares por ese gran lugar que te conecta hacia afuera. Tu tarde se va terminando. Decides quedar en la total oscuridad y enciendes un par de velas aromáticas. Tomas de pretexto el calor seco, sofocante, aprovechas la tranquilidad de tu hogar, el silencio muy pocas veces encontrado con tus hijas corriendo por la casa, cantando, jugando, preguntando por todo.

10

Rememoras la casa de tus padres, la evocas con las tres amplias recámaras, sus patios con árboles frutales y esa gran área sembrada de pasto donde corrían y jugaban tus hermanos y tú. De tu gusto sigue siendo aquel recinto, con la cantidad de luz

que entra por todos lados, las cortinas blancas de encaje, ligeras al viento. Los colores claros elegidos para pintarla, un amarillo muy tenue, impregna de un ambiente muy fresco el lugar. Y por supuesto, también, los escondites preferidos para jugar, para estar contigo a solas, para conspirar contra el enemigo en tus juegos. El ritmo de la música te va marcando las escenas. Entonces ves a tus padres en esa noche fresca de enero, la habitación con las cortinas cerradas para evitar las corrientes de aire. A ti, únicamente con ropa interior, dormida en la cama de ellos. A un costado el tocador donde muchas veces viste a tu madre maquillarse, peinarse o simplemente reconocerse en el espejo. Encuentras esa cuna tan típica de madera pintada de blanco con una malla rodeándola, muy necesaria como protección contra el ataque feroz de los moscos, pues el clima húmedo-caliente favorece su reproducción, ¡Tan molestos! ¿Los recuerdas? Ahora en cada visita a tu antiguo hogar te pones repelente para evitar el ataque nocturno; es durante todo el día, pero prefieres recordarlo sólo por la noche pues es imposible dormir con el constante zumbar y los piquetes. El ritmo beethovenesco prosigue, sientes cómo las notas van acariciando tu oído, en esta sensación te aíslas para estar contigo. Tus ojos aún cerrados permiten a tu cerebro seguir en la elaboración del momento. El piano se mete muy dentro de ti, removiendo el pasado tan difuso y co-


–¿Cómo sigue? ¿ya bajó la fiebre? –le dice tu padre, mientras se acerca un poco a donde te encuentras, procurando no hablar tan fuerte para evitar que te despiertes. Se queda parado frente a la cama. –Aún no. Dice el doctor que la infección es fuerte, es necesario vigilar que no suba tanto. Ya le di un baño y logré controlarla un poco pero si no se le puede bajar, me dijo que le diera dos medicinas. Mañana le voy a hablar para saber el resultado de los análisis. La angustia se ve reflejada en sus manos, en la manera de acariciarte con tanta insistencia como si quisiera llevarse la fiebre en ellas. Ante las caricias y los malestares te despiertas, un tanto amodorrada te incorporas y te sientas, tu madre hace lo posible por volverte a dormir pero sus esfuerzos son en vano. Tus padres se miran y se dicen tanto en ese silencio, se brindan apoyo mutuo, no son necesarias las palabras para saber que se tienen el uno al otro. Él se aproxima. Quiere tocarte, cargarte, besarte, sentir tu angustia, protegerte ante un enemigo invisible, deja ver su impotencia por no tener ante sí algo

y letrados

nocido. De nuevo la habitación, tu madre te vigila el sueño intranquilo debido a la fiebre, ¿qué la provocaba?, no lo sabes. No lo recuerdas o tal vez nunca te dijeron, pero clara sí es la angustia provocada por la enfermedad

tangible para luchar por ti. Algo lo detiene en seco, su cara se va transformando, un rictus va deformando su rostro. Su boca se contrae, se aprieta, evita salir el sonido, lo ahoga, lo reprime; sus ojos quedan fijos en ti, te observan y se tornan acuosos, muy a su pesar dos lágrimas escapan. No es por verte ahí, desvalida, tan sola en tu enfermedad, librando una batalla en la cual solo habrá un vencedor, por esto ya ha llorado y se siente atado. Es lo dicho por ti cuando lo ves acercase. –¡El gato, el gato! –gritas. Es un espanto inesperado, un terror reflejado en tu carita sonrosada y húmeda de sudor, en tu rostro aún soñoliento, recién despertado. Tus ojos buscan ansiosamente a tu madre que se apresura a

11


y letrados 12

cargarte, te refugias en su regazo esperando la protección ante ésta amenaza acechándote, te hundes en su pecho. En tu delirio febril lo rechazas, no lo dejas acariciarte o besarte. Tu padre se aleja con la tristeza en el alma y ese vacío entre sus manos. Con él se van los besos y las caricias destinadas a ti. Sentado en la orilla de la cama, cabizbajo trata de contener el llanto sin lograrlo. Le duele tu rechazo y ni siquiera tú lo sabes, un par de horas atrás jugabas con él, antes de la repentina hipertermia. Tu madre trata de animarlo, de hacer un poco más ligero ese momento. –Es por la fiebre, si te quiere mucho y lo sabes. Ya verás cuando la fiebre baje, te buscará. Ésto lo ayuda al alivio de ese desconsuelo llegado de golpe. Una tímida carcajada provocada quizá por algún recuerdo lo anima un poco. Seca su llanto de hace unos instantes. Tu madre te deposita en la cama y él se acerca para darle un abrazo en esa inmensa soledad en la cual se ha quedado. Si no fuera, tal vez, porque ya son varios días con tus desvaríos, la angustia sería menos. Mientras la armonía avanza una vez más, la pesadez del calor se hace mayor donde te encuentras, el ventilador no puede levantarla; sientes como si cargaras notas, recuerdos, lo sofocante del aire, con tu cuerpo. Piensas, imaginas y a pesar de no contar con toda la información, sigues especulando ese momento dentro de la

recámara. Mantienes los ojos cerrados y ves a tus padres, trasnochados, brindándote cuidados, te embarga un sentimiento provocando la salida de tus lágrimas. Compartes un momento con tus padres que bien a bien no recuerdas, los adviertes muy cerca de ti a pesar de las grandes distancias; con tu madre, kilómetros; con tu padre, la muerte. Las últimas notas de la sinfonía, te devuelven la imagen del momento, lloras, entonces tu madre te levanta en brazos para tranquilizare, para acurrucarte. Y te canta. Arbolito, arbolito del campo verde hazle sombra, hazle sombra mi amor se duerme. Ω


Mario Alberto Carrillo Ramirez-Valenzuela

TRES DE ENERO y letrados

fragmentos

Till now they send him dreams and no more deed  Ezra Pound

13 (Tres de enero, 1924) A golpe de ceniza, besó la pólvora tu frente. Ni el grito de la luna ni la tos de los muertos desviaron el plomo. La aurora bajó las pestañas.


y letrados 14 14

No te conozco. He quemado la noche persiguiendo la anatomía de tus pasos y no te conozco. En el mercurio tu nombre no halla eco, inventa una piedra sin surcos, un rostro de sol indirimible y no te conozco. ¿Cómo hará mi aliento para hender [hasta la muerte? ¿Cómo haré llegar el aullido [de tus hijos insomnes? Los libros reposados en el óxido sólo contienen migajas de huesos, letras y fotografías roñosas como figurillas de barro inmóvil. Y tu voz es arandela, es dragón extinto. La ciudad dejó de ser fuego, alimentándose con luces sordas, difuminando los ensalmos que te invocan y yo, no te conozco.


…Salve, oh, miseria oh, estatua azucarada oh, pétalos de sangre oh, ropa vieja oh, pan tullido oh, loca palomita salve, oh, miseria… Regresarás al ojo de tus hijos, a la hacienda escamosa, al ladrido enlutado por la brida. Regresarás, pastor, [con ochenta y seis arrugas a consagrar el hemistiquio.

(Tres de enero, 1924) Un hombre languidece en el paredón blanco, lo esperan once sombras. Junto al umbral del tiempo entonan el camino humeante. El alba no quiso salir de su sábana. Ω

y letrados

Llena mi vaso con tu hambre, [pastor de las horas, forja el equilibrio en nuestros oídos donde germina la náusea y la voz. Las manos de mis padres [tienen pies escondidos, tienen flores de polvo y [henequén ahogado. Caminan hollando el relámpago [del estiércol, alimentando a las palomas con la cáscara de los días, cantando:

15


y letrados

DANIELA ROGÁ

16

EL HOMBRE CHIQUILÍN

Se encogía. Las señales eran claras. Su estatura diminuta, su pecho abollado, cada vez más hundido, su voz chillona e incomprensible, su corazón roto. Al pasar de los tiempos, se le escuchaba cada vez menos: es más pequeño cada vez, anunciaba una vecina, debemos tener cuidado, podemos lastimarlo, avisaba otra vieja en mecedora, inmóvil como la vida. Nadie supo por qué, ni cuándo, ni en dónde había sido sorprendido por el estupor del ensueño, de la ilusión atrabancada. Nadie conocía al culpable, al invasor de sus venas aprisionadas por el olvido. Nadie. Sólo él, que aunque diminutamente invisible, No perdería, ni su llanto, ni su memoria. Había desaparecido. No se olvidó. Jamás se olvida.


entrevista con

Orlando Ortiz Exitoso guionista, articulista, periodista, redactor, director creativo, conferencista, coordinador de talleres literarios y docente, ha colaborado en numerosas revistas, suplementos culturales y diarios de la capital y del interior de la República. De su obra destacan los títulos Jueves de Corpus (1973) y Sólo sé que así fue (2005), que entregan una visión ríspida y vital de los años que siguieron al movimiento estudiantil del 68. Ha publicado, además, los volúmenes de relatos Búsquedas (2007) y Diré adiós a los señores; de crónica-ensayo, Vida cotidiana en la época de Maximiliano y Carlota (2009), y Volveré de ultratumba (2009), novela juvenil.

y letrados

ENRIQUE PADILLA

17


◊ Maestro,

y letrados

usted estudió letras en la unam. Pero, hablando con propiedad, ¿cómo fue su entrada a la literatura en tanto que profesión?

18

En realidad son dos cosas muy diferentes: escribir y, por otro lado, estudiar letras. Yo ya tenía la inquietud de la escritura desde antes de ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. Ahí, incluso, la carrera fue una especie de choque. Hay que tomar en cuenta que yo venía de la provincia, de Tampico; incluso cuando estaba allá no sabía que había carrera de letras. Yo pensaba que lo que los escritores estudiaban eran leyes, derecho, porque las personas que escribían allí en Tampico eran abogados. Entonces comencé a enterarme de que había carrera de letras cuando conocí a Raúl Moncada Galán, un dramaturgo, que fue a hacerse cargo del grupo de teatro en el irba, el Instituto Regional de Bellas Artes, y como asistía a sus clases cuando comenzaba a montar una obra, generalmente siempre platicábamos después y fue como supe que había carrera de letras. Ya para entonces yo comenzaba a escribir cuentitos, incluso lo primero que escribí fue teatro. Aquí, cuando entro a la facultad, sí sentí que era algo que no respondía a mis inquietudes. No obstante, seguí estudiando y al mismo tiempo escribía. En esa época sale la revista Punto de partida y lanza la primera convocatoria de concurso para cuento y poesía. Yo envié un texto que tuvo suerte: sacó el segundo lugar, si mal no recuerdo, no fue el primero, pero fue el segundo, o algo así. El día de la premiación en la Dirección de Difusión Cultural de la unam conocí a los que habían sido jurados, Julieta Campos y Emanuel Carballo. Él estaba empezando con la editorial


◊¿Qué edad tenía usted, maestro? Esto fue en el 67, así que tendría veintidós años… sí, por ahí. La novela apareció en el 68. Creo que eran finales del 67 cuando la termino, se la doy, le gusta, pero me dijo vamos a trabajarla, porque era una novela muy compleja, con muchas cuestiones de orden tipográfico que obviamente iban a espantar a los linotipistas de entonces, y a los correctores… con muchas palabrotas, y en efecto, el corrector que tenía Diógenes, una persona muy ortodoxa –creo que era un viejo español, le puso muchas marcas que eran

Yo pensaba que lo que los escritores estudiaban eran leyes, derecho, porque las personas que escribían allí en Tampico eran abogados. para considerar y que por fortuna Emanuel me dijo tú decides y yo le dije pues no, a mí no se me hacen pertinentes. Y él dijo de acuerdo, no hay problema. Sí fue difícil porque había unas cuestiones tipográficas que los linotipistas no entendían; entonces encontramos la manera de marcarlas para que entendieran, y luego las correcciones. En fin, el caso es que apareció en el 68. Es muy posible que se haya ido a linotipos a principios del 68. Mientras la novela estaba en proceso de edición, a través de Emanuel me puse en contacto con Arturo Cantú, que estaba encargado de la página cultural que publicaba el periódico El Día. Comencé a colaborar con ellos con reseñas. Al mismo tiempo, también me puso en contacto con José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis que estaban… pues podríamos decir como responsables del suplemento cultural de la revista Siempre! Formalmente era…

y letrados

Diógenes y tenía un programa, llamémosle así, o proyecto que era publicar seis novelas de jóvenes escritores mexicanos en una especie de concurso. Entonces me preguntó, en aquel momento, si tenía novela. Yo le dije que no, novela terminada no, que estaba escribiendo una. Me dijo: ¿por qué no me la llevas para ver cómo está, a ver si es posible publicarla? Le llevé lo que tenía más o menos; me dijo: pues me gusta digamos el arranque, por qué no la sigues escribiendo a ver si cuando la termines me gusta. Y me metí a escribirla de manera intensiva. A los dos, tres meses tenía esa novela, fue rápido porque la tenía ya muy hecha en la cabeza.

19


y letrados 20

Muchos se acercan a la literatura con la idea de que todo es producto de las musas. Yo creo que deben tener también conocimiento de las herramientas que se utilizan para escribir.

cómo se llama, Benítez… bueno, ahorita me acuerdo. Ellos en realidad eran los que realizaban el trabajo de revisión de materiales. Colaboré allí también con reseñas. Y de esa manera fue como empecé a incursionar «profesionalmente» en el ámbito de las letras, sobre todo como reseñista. Y en otra ocasión también allí mismo en El Día conocí a Miguel Donoso Pareja, escritor ecuatoriano, con el que tuve también una amistad muy estrecha. Él se encargaba de una serie de autores latinoamericanos, en la editorial Bogavante, manejada por un escritor colombiano. Me preguntó si tenía algo para publicar y sí tenía cuentos, porque yo había empezado a escribir cuentos. Me dijo pues a ver, muéstramelos para ver si se pueden publicar, y le llevé lo que podrían ser casi los borradores… todavía estaban algunos en un tipo de hoja, y otros a máquina, pero sin pasar en limpio. Y no sé, a las dos o tres semanas, o un mes le pregunté, oye, ¿qué pasó, Miguel, con mi libro? Dice: yo creo que para dentro de unos quince días sale. O sea que sin haberme avisado, ni nada… le gustó, lo mandó. Eso por un lado fue padre, por otro lado no tanto porque siempre había sido yo bastante afecto a cuestiones de juego tipográfico, y la persona que formó el libro no le entendió bien y salió con muchas broncas. Cuando lo vi ya estaba


◊¿Y todavía le gustan esos libros? Fíjate que sí. Hay mayor consistencia en la parte del concepto literario en la novela. En el libro que eran relatos, cuentos… Fue un libro que elaboré con mayor libertad. Aun cuando podríamos decir que hay una diferencia entre lo que escribo ahora con lo que escribo entonces, cuando los he releído siento que ya estaba lo que está saliendo ahora. Se siente que es el mismo autor pero son libros diferentes; ambos, dentro de su ámbito, dentro de sus peculiaridades, me siguen gustando.

◊ La experimentación con el aspecto

visual de las palabras es algo que todavía permanece en su obra reciente, como en Búsquedas, que salió en 2007... Fíjate que ya no me acuerdo. Pero por eso te digo… digamos que ahora con mayor moderación… ahora me concentro más… Yo creo que cuando uno comienza puede sentirse atraído por ese tipo de cuestiones,

pero ya con el tiempo, empieza uno a darle más importancia a otros elementos. Las cuestiones formales, entre comillas, ya no pesan tanto, y sí en cambio se privilegian otros aspectos. Ya tiene uno incluso más cosas que contar. Ya se han vivido veinte, cuarenta, cincuenta años más, hay más cosas qué decir.

◊Aparte de narrativa, usted también tiene

ensayo, crónica, y además periodísmo ¿Usted diría que este observar constantemente la realidad ha influido de algún modo en su escritura? Periodística, y también como guionista de historietas. Creo que no es que esté influyendo en mi escritura, sino que se da como un proceso natural. Hago una distinción en cuanto a los códigos de cada una de las escrituras. No es que las cuestiones guionísticas o periodísticas estén influyendo en la narrativa, sino que yo soy quien influye en ellas. Son códigos distintos, y lo que sería mi pensamiento, mi modo de sentir, de analizar, se está quedando en ellas. No es que haya una especie de concupiscencia genérica, sino que yo hago la diferencia: si voy a escribir un guión, es una forma; si voy a escribir un cuento, es otra; si voy a escribir crónica, otra; pero siempre, en todas, está quedando Orlando Ortiz.

y letrados

publicado, ni siquiera revisé pruebas, que digamos eso sí lo hice con la novela que publiqué con Emanuel, En caso de duda. Entonces fue así como aparecieron dos libros seguiditos. Eso me puso en contacto con otras instancias literarias, me invitaron a conferencias, etcétera.

21


y letrados

◊ En

22

un taller que tomé con usted, se presentó como escritor, pero también como narratólogo, y durante éste, hizo bastante énfasis en ciertos elementos de la narratología, porque pueden contribuir a darle forma a los textos. ¿Qué tanto le recomienda a un autor joven que conozca estos elementos?

Se los recomiendo en la medida en que es preciso que no se queden en el mundo de las musas. Muchos se acercan a la literatura con la idea de que todo es producto de las musas. Yo creo que deben tener también conocimiento de las herramientas que se utilizan para escribir. Es necesario conocerlas para poder sacarle provecho a lo que se escribe, y sobre todo, para hacer de la escritura un oficio. Si tú te pones a analizar cuántos escritores mexicanos tienen el nivel de producción de un Javier Marías, de un Pérez Reverte, verás que son muy pocos. Muchos están con la idea de estar dándole vueltas a lo mismo: no tienen la costumbre de estar escribiendo y forzando la creatividad a que produzca. La creatividad, o si tú quieres, el cerebro, es como un músculo. Si no lo ejercitas, se atrofia. En ese sentido, es conveniente estar escribiendo, escribiendo, escribiendo. Tú puedes revisar, etcétera, pero el escribir siempre es necesario. Ahora, esto qué te


◊ Muy

ajeno a escuelas, corrientes, paradigmas… ¿usted cree que hay algo distintivo de la narrativa de estos días en nuestro país, algo a lo que se le esté dando mayor relevancia, que podamos llamar específicamente posmoderno o contemporáneo?

Bueno, posmoderno sí, porque se trata de romper con lo que se llamaba modernidad, pero que sea un denominador común, no lo veo. Hay una diversidad de estilos, preocupaciones, temas, que no logra tener la consistencia que tuvieron por ejemplo los Modernistas, los Contemporáneos, o incluso los de la Onda. Si acaso el «grupo» que más estaría actuando como tal en cuanto a una pretendida universalidad temática serían los del Crack, que dicen, sí, ya basta de cuestiones rulfianas, de campesinitos, y buscan temas que están fincados en Europa, incluso en las épocas clásicas. Son los que estarían actuando más en consonancia entre ellos; pero fuera de allí no veo una corriente, una tendencia que logre aglutinar algunos autores o logre darles un denominador común.

◊ Maestro, usted ha estado trabajando varios años en el proyecto de la Fundación para las Letras Mexicanas. Pero, hablando de la cotidianidad, ¿cómo es un día normal en su vida?

Pues generalmente, lo que hago al despertar es tomarme un café y trabajar, trabajo un rato. Cuando tengo que salir de casa, en una ciudad tan agobiante como el D.F., voy a donde tengo que ir, ya sea a la fundación o a la Casa Villaurrutia para dar un taller, un curso o hacer otro tipo de gestiones, y cuando regreso ya no tengo fuerzas. Entonces trato siempre de aprovechar las primeras horas para trabajar en lo mío. Es decir, en algún cuento, novela... en algún cuento infantil o novela juvenil. Mi producción en la actualidad es más reducida que cuando era joven. Entonces escribía, se puede decir, noche y día, y si tenía mucho trabajo en el día, me seguía en la noche. Ahora ya no aguanto en la noche. Por eso mejor aprovecho por la mañana el tiempo para escribir lo que tenga que escribir… ya sea la colaboración con La Jornada Semanal, etcétera.

◊Ésta es una pregunta que yo quisiera no tener que hacerle, pero usted es de Tamaulipas. Con la situación actual que se vive en el país, de una violencia mucho

y letrados

reclama: conocer las herramientas que manejas. Conocer las técnicas, saber cómo puedes hacerlo… porque si te quedas nada más en la musa… estás jodido.

23


y letrados

más franca que en otras décadas, ¿qué puede decir sobre lo que ocurre en su estado natal?

24

Pero no sólo en el estado natal. Es una cuestión nacional que, desde mi punto de vista, obedece a que no se ha realizado trabajo de inteligencia. Es decir, se actuó con violencia para repeler violencia, y tú sabes que a toda acción corresponde una reacción de igual o mayor intensidad. Faltó trabajo de inteligencia para descabezar, digamos, de manera efectiva, los núcleos de la delincuencia organizada, no para acabar con la infantería. Lo que hacía falta, o lo que está haciendo falta es acabar con los estrategas. Creo yo que en ocasiones incluso no son ajenos los intereses que están implicados dentro de un plan de un Estado. Por eso hacen caso omiso de esos estrategas que están dentro del mismo Estado.

◊¿Ve algún curso posible… qué cree que

pueda pasar si se continúa con esta estrategia y a qué costo?

Bueno, de una u otra manera, se va a ganar la guerra. Es decir, el Estado, independientemente de quién esté de presidente, va a ganar la guerra. ¿Cómo? No sé. Y a qué costo. Qué va a pasar después, ése es el problema. Si tú revisas las gue-

rras del siglo xix, se preparó gente que después de terminada la guerra, al no recibir ya la soldada, el sueldo, se iba de delincuentes. ¿Va a pasar lo mismo?

◊Usted tiene una relación muy fuerte

con el estudio de la historia. La prueba es su libro más reciente, que presentó en la filu del año pasado, Vida cotidiana durante el imperio de Maximiliano y Carlota. Vaya, la literatura y la historia son intereses paralelos, pero en su caso particular, ¿a qué se debe este acercamiento?

Mira, de alguna manera, esto obedece a cosas circunstanciales. Cuando en el 68 aparece mi novela, Emanuel Carballo también estaba publicando una colección que se llamaba Antologías temáticas. Entonces estaban por allí de ejemplo «Los ricos en México en el siglo xix», los pobres. Y había un tema que se lo había encargado a varias personas y ninguna le había cumplido que era «la violencia en la historia de México». Me dijo: ¿te animas a hacer esa antología? Y yo le dije pues siempre acepto retos (eso ha sido algo incluso para la cuestión de la narrativa, la ficción... casi siempre me pongo retos para responder, digamos, con energía). Nada más le dije. Cuando comencé a ver la cosa, quise, más que irme a novelas o poemas, trabajar en textos de carácter


◊Maestro, a título personal, para escribir,

¿qué escritores le parecen necesarios, imprescindibles para un escritor joven que quiere escribir? Yo creo que fundamentalmente, viéndolo de manera particular y no canónica ni académica, deben ser esos autores que

y letrados

histórico. Me metí a investigar entonces desde la época prehispánica, con los cronistas de Indias, hasta el 2 de octubre. Eso me dio como una panorámica de la historia de México y descubrí que era algo interesantísimo. Por un lado fue así como nació mi aproximación, mi gusto por leer cosas de historia. Eso aunado, también, a que comencé a leer a los novelistas del xix, tanto su obra como sus vidas y se me hicieron apasionantes. Por otro lado, también estoy casado con una historiadora… es el intercambio de impresiones algo que se presenta cotidianamente y que acentúa más mi gusto por la historia, desde una perspectiva distinta. No es la del historiador, académico, minucioso, sino una visión diferente. Pero de ahí nace mi inquietud, es decir, de una aproximación que tuve a partir de investigar lo que ha sido la violencia desde la época prehispánica hasta el 2 de octubre y que después también ha seguido habiendo.

25


y letrados 26

te gusten. No fijar paradigmas, porque puede haber alguien que se meta a leer a Cervantes y piense… ¡ay, pinche aburrición! Es un autor importantísimo, pero si el joven que se acerca a él no descubre esos valores, tanto de técnica como humanos, no tiene caso que lo lea. Mejor que lea… pues casi todos se van con Bukowski, por ejemplo. Pero llegará un momento en que Bukowski sea insuficiente. Y buscarán otros, tal vez lleguen así, de una u otra manera, al Quijote. Y descubran lo fregón que es el Quijote, es decir, lo increíble dentro de los planos narrativos que maneja Cervantes, que escribió una obra contemporánea por completo, y propositiva. Pero si tú no lo descubres de entrada, si no te satisface la lectura de ése, déjalo y busca lo que te satisfaga. Hay autores que atraen más a los jóvenes. Carver, por decir otro.

◊¿Cuáles son los que lo han marcado? A mí, en principio, aunque parezca paradójico, fueron los autores franceses del realismo y naturalismo… tal vez porque lo que yo conseguía eran los libros de la colección Sopena, Colección Universal Sopena, se llamaba... Anatole France, Zolá, Balzac, Stendhal, Flaubert… Eran los autores que yo empecé a descubrir, y que

me emocionaban. Después autores como Joyce, Faulkner… me deslumbraron. Sin embargo, creo que no hay precisamente una calca de esos autores en mi obra. Son autores que me ha gustado leer. En la actualidad, gente como… ah, el que te decía, de Siempre!, era Fernando Benítez… autores como Tabucci, como Lobo Antunes, contemporáneos. Varios de ese tipo son los que me gustan en la actualidad.

◊Para terminar, ¿qué está leyendo ahorita, y qué le gustaría releer?

Ahorita estoy leyendo cuestiones sobre Tampico, documentos... libros como tal, no estoy leyendo. Tengo ahí como dos o tres para comenzar en cuanto tenga un tiempito. He estado muy cargado de talleres, ver los trabajos, evaluarlos. Y me gustaría releer… la obra de Faulkner, fundamentalmente. Sería algo que sí me gustaría releer. Y también Balzac, porque son autores que me marcaron mucho, los realista franceses. Balzac, Flaubert, todos ellos... Zolá... Pues muchas gracias, maestro. Ω


Una habitación Desde la aparición de su primera novela, En caso de duda (1968), Orlando Ortiz ha desarrollado una sólida escritura que abarca también el cuento, el ensayo, la crónica y el guión de cómic. Sus libros se caracterizan por una agilidad del oficio con la inventiva formal a partir del dominio de la teoría literaria. La necesidad del testimonio, del escrutinio de ciertas situaciones sociales y su inherente violencia, representa asimismo una pauta que hace de su obra una de las más congruentes de su generación. El cuento «Una habitación» fue tomado de Sólo sé que así fue, publicado por Conaculta en 2005, dentro de la colección Lecturas Mexicanas.

y letrados

ORLANDO ORTIZ

27


y letrados 28

Las envió Benjamín en 1969, desde Polonia. Estaba ahí becado por seis meses, para llevar un curso de cine.

Se escuchan ruidos provenientes de la calle. El de unos chiquillos que juegan al futbol en el arroyo, sorteando los automóviles que eventualmente circulan por el rumbo. Quizá también el grito, apagado por la distancia, de una madre que regaña al hijo que se halla entre los jugadores. También se adentra por las semicerradas cortinas de la ventana una luz tibia y perezosa. Deben ser más de las nueve de la mañana. Sin embargo, en la habitación el tiempo es lo de menos, parece que siempre hubiera estado así, suspendido. Sin más futuro que el presente ni más pasado que el vivido con la vista puesta en el porvenir. La luz abarca de manera difusa apenas una parte de la habitación, dejando la otra en penumbra. No obstante, el haz más luminoso se vierte casi directamente sobre un viejo escritorio de madera oscura que se encuentra oblicuado entre una pared y la ventana. Un paño verde cubre la superficie, y sobre el paño pesa un grueso vidrio con las aristas esmeriladas, para matarle los filos. En el ángulo superior derecho hay una lámpara eléctrica cuya base de cobre se asemeja a la de un antiguo quinqué. La pantalla es verde por fuera y blanca en el interior. A escasos 30 centímetros de la lámpara, casi justo frente al sitio que ocupará una persona que se sentará a trabajar en el escritorio se encuentra un vaso que conserva en el fondo tres milímetros del agua que paulatinamente se evaporó y fue dejando en las paredes de vidrio una costra de sedimentos minerales mezclados con detritos vegetales. Un extremo del tallo toca aún el agua, en tanto el otro se inclina húmedamente marchito en el borde del recipiente y apenas alcanza a sujetar los resecos pétalos y entrañas de lo que fuera una rosa. A pocos centímetros de la base se encuentra un cenicero de barro cocido y esmaltado en negro y verde, típico de la alfarería michoacana. Entre el paño verde y el vidrio, en el extremo izquierdo, hay cuatro postales que muestran, respectivamente, un paisaje, un edificio y dos monumentos. Deben ser de algún país de Europa central. A la izquierda también, pero del vaso con la rosa, hay un


Benjamín.

y letrados

marco dotado de soporte en el que puede verse el retrato de un niño sonriente de aproximadamente dos años de edad. Su sonrisa es fresca, muy sana, y por el brillo de los ojos se podría adivinar que era feliz en el momento en que le tomaron la fotografía. Una leve corriente de aire mueve las cortinas y entra más luz. Pareciera que de pronto el cuarto hubiera respirado a todo pulmón, inhalando el oxígeno que entra por la ventanilla que olvidaron cerrar. Pese a la umbrosa permanencia y soledad. La habitación tiene una especie de luz propia, quizá tenue e irracional, difícilmente explicable pero no dísona. Por el contrario, muy acorde a la atmósfera general y a ese como calor vivo que todavía se encierra en ella y se niega a desaparecer. Del centro del techo cuelga, de una cadena corta, un globo de vidrio soplado color ámbar, irregular en su forma. La ubicación de la lámpara no es la original, pues en el cielorraso pueden percibirse tres manchas equidistantes en línea recta, que es fácil suponer correspondieron a los arbotantes. De uno de ellos sale un tramo de cable –blanco, como el techo– que va hacia la argolla que sujeta la lámpara de la parte superior. El interruptor debe estar fuera de la habitación. En el muro que da al norte hay un librero que ocupa todo el espacio, da vuelta en ángulo recto y se continúa poco más de un metro hacia el sur, por la pared que da al oriente. El librero llega hasta el marco de una puerta cuyo batiente fue sustituido por una cortina de bambú. Después de este accidente el mueble se prolonga, ocupando toda la pared. Es muy probable que no haya muro, sino que el mismo librero cumpla con esa función divisoria. Un mueble de poca altura se encuentra adosado a la pared del sur. Es a manera de consola, largo, con cinco puertas y dispuesto para contener en su interior papelería, documentos, folletos, apuntes y todo aquello que se guarda con la creencia de que algún día podrá ser útil. La madera está

29


y letrados 30

A Amalia siempre le gustaron. Éste lo encontraron en un bazar de antigüedades y Benjamín se empeñó en que lo compraran, aun cuando su presupuesto se desequilibrara. "Aguantona, de las que ya no se hacen”, acostumbraba comentar Benjamín, que la heredó de un tío.

entintada del mismo color que los libreros, conservando el trabajo en conjunto mucho de artesanal. Las puertitas, incluyendo el herraje, son de eso que llaman estilo colonial mexicano. La parte superior del mueble está cubierta de lado a lado por una carpeta de tela de yute rosa, cuyo perímetro deshilado desborda más o menos diez centímetros por el frente y los extremos. A la izquierda, sobre un mantelito de bramante blanco con labor de ganchillo alrededor, descansa un candelabro hebreo, de fierro. En el centro, sobre otro mantelito similar, hay un plato de barro y encima de él una maceta del mismo material. El tiesto, reseco, aún conserva el marchito esqueleto de una «chismosa». En el extremo derecho, que queda exactamente atrás del pesado escritorio, yace una tan negra como antigua máquina de escribir Remington. Entre el mueble y el escritorio, pero justo frente a éste, se encuentra una silla rústica, con el armazón de madera trabajada al torno. El asiento y el respaldo son de palma entretejida. Si alguien ocupara la silla tendría a sus espaldas una parte del mueble y el ángulo que forman las paredes del sur y poniente. A su izquierda un muro que después de metro y medio se interrumpe para dar paso a la ventana, misma que a los dos metros deja continuar la construcción de tabique que llega hasta la pared que da al norte. En la del poniente pueden verse carteles, fotografías, reproducciones de grabados enmarcadas, un «ojo de dios». El centro lo ocupa precisamente esta expresión de la artesanía huichola. De los afiches, uno es cubano, otro chileno y dos más nacionales, pero muy emparentados en todo con aquéllos. A la izquierda del «ojo de dios» y muy cerca del ángulo inferior derecho del cartel cubano, hay una fotografía de aproximadamente 20×15 centímetros. El tema es


Amalia y Benjamín.

y letrados

una pareja de jóvenes , de indumento informal. A pesar de que el ambiente que los rodea es poco visible, puede deducirse que están en el patio de la Escuela Normal o de alguna preparatoria. La joven es de regular estatura, morena, pelo lacio que le llega casi a la cintura; sonríe, su cara es larga, de facciones angulosas, labios delgados no exentos de sensualidad, ojos de mirada brillante. Aprieta contra el regazo varios libros y cuadernos, con los brazos cruzados en una posición que inspira recato. Él es alto, más blanco que su compañera, pelo ensortijado, cara redonda, bigote, labios gruesos y mentón firme. Ella aparenta haber cumplido dieciocho años, y él, veintiuno o veintidós. El brazo derecho del joven descansa en los hombros de la chica, en tanto que el izquierdo cae a lo largo del cuerpo y la mano sujeta varios libros. Al pie se lee 3/V/67, escrito con bolígrafo de tinta azul. Muy cerca del librero, entre la reproducción de un grabado de Guadalupe Posada y otro de Julio Ruelas, hay una foto más. En un aula de escuela primaria está la misma joven de la fotografía anterior, con más edad, menos delgada, y un niño de seis meses en los brazos. Madre e hijo sonríen en tanto miran hacia una ventana por la que entra mucha luz. La fecha anotada al margen: 6/VI/71. Más a la izquierda, casi en línea recta pero levemente descolgada para no encimarse en el mango del «ojo de dios», hay una fotografía con la anotación de que fue tomada en oct. 1970. El tema es la joven, evidentemente embarazada, sentada en el prado de la explanada que está entre la biblioteca y la torre de Rectoría en la Ciudad Universitaria. Además de su abultado vientre resalta el brillo de sus ojos y el pelo corto.

31 La última que tomó Benjamín. Cuatro días más tarde murió asesinado, en San Cosme.

Ese día Benjamín regresó de Polonia. Ambos estaban felices, hacían planes para cuando naciera el niño y hablaban del mundo que deseaban para él.


y letrados

Desde niña le habían fascinado estos juguetes a Amalia. Luego fueron no pocas las tardes que con ellos divirtió a su hijo, el pequeño Federico. En esas ocasiones, después de las risas y el juego, la asaltaban los recuerdos, abrazaba al niño y reprimía.

32 Al día siguiente decidieron unirse y Amalia se fue a vivir con Benjamín a una modesta pensión.

La luz, aunque difusa, ha aumentado de intensidad. Ahora se puede apreciar que el librero del norte, en cada uno de los puntos en que se intersecan los entrepaños con los soportes verticales, hay clavos de los cuales penden muñecos. Son títeres con cabeza, manos y pies de barro; el cuerpo y las extremidades son de tela cuya textura y colorido varía según la caracterización. Los libros que ocupan esta sección son de literatura, pedagogía, teatro, poesía, cine y fotografía. En el entrepaño que va del «indio apache» a la «catrina» de vestido largo con vivos fosforescentes y plumas teñidas, llama la atención el Poema pedagógico de Makarenko, pues está colocado con la portada hacia el frente, mientras que de los otros sólo se ve el lomo. En el casillero siguiente descansan diez o cuando mucho veinte discos. En el muro opuesto –pintado con acrílica verde pálido–, a la izquierda, se halla una fotografía (27/VIII/68) de aproximadamente 30×20 centímetros, enmarcada. Podría ser el detalle de un encuadre más general, pero la ampliación conserva nitidez o quizá al particularizar un sector la toma adquiere más fuerza y dinamismo. Un grupo de estudiantes avanza hombro con hombro, gritando; se trata de una manifestación contestataria. En el grupo se encuentra la pareja de jóvenes motivo de una de las fotos que están en la pared que da al poniente –pintada del mismo verde pálido–. Ella luce aún el pelo largo –suelto, sujeto apenas por una diadema elástica–, un grito le llena la boca, el brillo de sus ojos es más intenso que nunca antes y toda ella es vigor y entusiasmo.


y letrados

Aun cuando el gesto de él proyecta convicción, fuerza y entusiasmo similares a los de su compañera, hay algo que al mismo tiempo transmite la impresión de que reprime un tanto sus emociones, de que es incapaz de dejarse llevar por el momento y las circunstancias. Hacia la derecha de la misma pared, en lo que vendría a ser el centro, destaca una especie de medallón blanquísimo, de aproximadamente 15 centímetros de diámetro. Es un objeto de cerámica, posiblemente originario de la Alemania Democrática, que representa en bajorrelieve las figuras de Marx y Engels. Una circundante inscripción en alemán remata el trabajo. Otra fotografía (nov. 74) completa el tríptico de elementos que decora la pared del sur. Ella, con más años, posiblemente veinticinco o veintiséis, pelo corto y lentes, se encuentra en el presídium de lo que parece ser una asamblea sindical. Su gesto es solemne, maduro, sin embargo, el brillo de los ojos no logran apagarlo ni el tiempo transcurrido ni las gafas que lleva puestas. De la calle entra el ruido de la chamacada que sigue jugando al futbol. Los gritos parecen ir a posarse en el librero que da al oriente, el cual ocupan, según se lee en los lomos, textos de economía, sociología, teoría política, filosofía e historia. Algo que atrae la atención es que entre los entrepaños que se hallan en la parte media y a todo lo largo del mueble, justo en el espacio que queda del borde del entrepaño al lomo de los textos, hay no menos de cuarenta ranas de diferentes

33 Fue una asamblea tormentosa. Amalia hizo severas críticas a la dirección y graves acusaciones en particular a algunos de los líderes. Fue expulsada. Esto acarreó la escisión del sindicato y etcétera.


y letrados 34

Caminaban por los alrededores del mercado de Taxco, curioseando. En uno de los puestos que se tienden en la calle para ofrecer monedas y llaves antiguas, fierros, aldabones, piezas supuestamente arqueológicas, espuelas herrumbrosas y chucherías por el estilo, Amalia se encontró la ranita entre un montón de honguitos de barro, tepalcates y puntas de obsidiana. Le pidieron 300 pesos. Regatearon. Lo menos, 200. Seguía siendo mucho dinero. La dejó y buscó sin encontrar algo más accesible. En el hotel, apenas entraron a su cuarto Benjamín exclamó: “Por ti he llegado al delito”, y sonriendo le entregó la pieza.

Sentada casi en el borde de este silloncito le habló a Federico de manera sencilla pero emotiva. El niño, que aún no cumplía los cinco años, la escuchó atento, presintiendo más que entendiendo, o quizá entendiendo el momento mas no los conceptos. Lo besó en la frente, lo abrazó con fuerza y durante varios segundos lloró en silencio, muy a su pesar. Pidió a su vecina que cuidara del niño mientras pasaban sus abuelos a recogerlo. Se puso de pie y fue hacia los agentes de la Federal de Seguridad que habían ido a aprehenderla.

tamaños y materiales: ónix, barro cocido, maderas, piedra, mármol, espiga de trigo, obsidiana, papel maché, hueso, etcétera. Sobresale una, de escasos dos centímetros, tallada en cristal de roca. En la parte norte de la habitación hay una salita de estar. Del lado de la pared con carteles, pero separado de ella, se puede ver un sofá-cama, mullido por el uso y tapizado con una tela estampada en colores vivos. En el piso se ve un tapete de lana; sus colores están apagados por el polvo mas dejan ver claramente el trabajo de los artesanos de Tlaxcala. Frente al sofá-cama se encuentra una mesa de tule, sobre la cual descansan un tocadiscos portátil y dos ceniceros iguales al del escritorio. Completan el mobiliario dos taburetes y un silloncito del mismo material que l mesa del centro. Ahora y aquí se respira un aire claro, cristalino. En las cortinas se dibuja una ventana de luz intensa y brillante. Debe pasar del mediodía. Ya no se escucha la algarabía de los chiquillos que jugaban en la calle; sin embargo, el cuarto comienza a impregnarse de alegres voces lejanas y sus muros, muebles y objetos se pueblan de la luminosidad que les inyecta un entusiasmo y anhelo de vivir que no se extingue, que sigue respirando en esta habitación que es, quizá, como muchas otras. Ω


MANUEL OLIVARES

Ernest Troelsh, historiador alemán, propuso en 1922 con su obra Der Historismus, una manera distinta de interpretar la historia de Occidente, alejándola así de los métodos que la habían mantenido inalterable desde el siglo XIX y que la mostraban como una catalogación fragmentaria. Troelsh, por el contrario, quería exponerla de una forma orgánica: una progresión global donde las manifestaciones históricas mostraran entre sí relaciones de filiación directas o indirectas, entre las cuales las esencias de unas, desgastadas y deturpadas, pero vivas aún, serían asimiladas en algunos casos por las que le suceden en una continuidad originada por las circunstancias más diversas. Por poner un ejemplo, en ese sentido la iglesia católica es la institución que permite la continuidad del complejo histórico grecorromano de la antigüedad a la Edad Media, pues concatena en sí el carácter cultural de aquél y le permite subsistir en el futuro. Como bien sabemos, a pesar de los fervientes estudios al respecto, no todo se preserva. Innumerables manifestaciones culturales sucumben al paso del tiempo. Órdenes enteros, al no poder asimilar los cambios y las nuevas circunstancias, pierden su fuerza vital, creadora, y paralizan la cultura de la que forman parte. Una cultura paralizada se convierte

y letrados

ANTIGUA

35


y letrados 36

entonces en espacio libre para que otras manifestaciones, venidas de otros lugares, lo ocupen. Tenemos pues que hay de la Vera Cruz, el primer ayuntamiento de la América continental: hoy lánguido pueblo casi deshabitado. De 1525 a 1600 todo aquello procedente del viejo mundo entró por allí: conquistadores, evangelizadores, esclavos; por el mismo lugar salió aquello con que las Indias sorprendían al mundo. Hernán Cortés fundó en La Antigua las primeras bases funcionales de la Colonia. De ellas no queda sino el recuerdo. El orden económico colonial, representado institucionalmente por la aduana, cayó como el edificio mismo que la albergaba;

el cual hoy, en el centro mismo del poblado, se derrumba bajo la sombra de las ceibas. Por el contrario, lo que sigue en servicio es la primera iglesia del continente, que se levanta entre la calma de esta villa casi despoblada. En total abandono, a un costado de tal reliquia arquitectónica, se encuentra una inquietante estructura de aluminio en cuya cúspide reposa el gran reloj digital que, en cuenta regresiva, mostraba el tiempo faltante para los festejos del Bicentenario. Una pequeña leyenda vuelta casi invisible por la intemperie informa que se trata del “Jardín del Bicentenario”, una de las tantas hierbas que el gobierno federal sembró a lo largo y ancho del


ahora de avizorar lo que el tiempo traerá consigo y ante eso no queda sino la suposición. En la incertidumbre constante la cultura occidental de la que formamos parte se afana en fincar manifestaciones perdurables. Antigua también es un espacio para la reflexión, para interpretar aquello que se puede contemplar ahora y esperar que el tiempo preserve algunas manifestaciones de nuestro presente para que el futuro se solace en la recreación de los rastros de nuestro existir. El tiempo dirige todo en dos direcciones. Lo que se preserva tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias que se le imponen. Se asegura así la continuidad en una parte de la cultura cualquiera que ésta sea. Si por el contrario las fuerzas vitales de determinada manifestación cultural son incapaces de adaptarse, el tiempo se encargará de borrarla y dejará únicamente las deslucidas huellas de su existencia. Ω

y letrados

país para conmemorar doscientos años de vida independiente, además de cien años de la revuelta armada que nos regaló una burguesía un poco extemporánea y castas políticas que duran hasta hoy en día. El reloj digital, inservible, indica la facilidad con que sucumben las manifestaciones de nuestra cultura, la poca resistencia que nuestro mundo de técnica opone al tiempo. Esta huella de un festejo nacional es una muestra de la forma en que medimos el tiempo, que se oxida y destruye bajo la lluvia y el sol, y contrasta con la presencia de la Iglesia. En quinientos años, casi a punto de cumplir un milenio, quizá de esa construcción no queden sino ruinas y del reloj digital que anunciaba en cuenta regresiva el festejo del Bicentenario, probablemente menos que eso. No es casualidad el nombre del sitio. Antigua habla del pasado, muestra sus restos y ofrece también un panorama inquietante de nuestro tiempo. En aquel lugar la coexistencia del olvido y la persistencia es palpable. Nadie es capaz

37


INVENTARIO

y letrados

María Elda Rodríguez Trujillo (Córdoba,Ver., 1970). Estudió Ingeniería Industrial en Producción por el Tecnológico de Orizaba. Cursó hasta el cuarto semestre de la carrera en Letras Hispánicas en la uabc de Tijuana. Ha sido publicada en el diario El Mexicano de Tijuana y en otros medios electrónicos. Actualmente realiza su tesis de licenciatura en la uv sobre adivinanzas de doble sentido. El cuento Febrilaciones fue finalista en Premios Nacionales al Estudiante Universitario 2005.

38

Mario Alberto Carrillo Ramírez-Valenzuela (Mérida, Yucatán, 1988). Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literatura Españolas por la uv. El poemario Tres de enero obtuvo el tercer lugar en el Primer Premio Regional Felipe Carrillo Puerto 2009. Víctor Manuel Gálvez (Xalapa, Ver, 1988). Dedica su primera juventud al estudio de la paleontología. Participa en talleres de dibujo y en el 2006 ocurre su primera exposición colectiva con la pieza Lobotomía. Para el 2010 aparece un conjunto de su obra poética titulado La T arriba bajo el sello Blacksmith Editions. Participa en lecturas colectivas de diverso género. Actualmente cursa el último semestre en la facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana. Tania Carrera (México, D.F., 1988). Obtuvo en 2006 el apoyo para jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Morelos en el área de poesía. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 2009–2010. Ganadora del premio Jaime Reyes 2010 de la UACM. Daniela Rogá (México, D.F., 1985). Obtuvo el título de Licenciada en Letras Hispánicas en la Universidad Modelo en Mérida, Yucatán. Fue alumna del Doctor en Letras Rubén Reyes Ramírez, así como de Beatriz Rodríguez Guillermo, actual Directora de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Es miembro de la Compañía Estatal de Teatro, donde se desempeña como actriz. Es cantante y compositora de Hierro 7 (propuesta musical) y labora en un periódico meridiano como correctora de estilo. Sus gustos literarios radican en la minificción y la prosa poética. Enrique Padilla (Tlaxcala, 1983). Ha participado en diversos talleres de creación literaria. Colaborador de revistas como La gaceta del FCE, La Nave, Tierra Adentro y Luvina, es autor del libro Mítica (ITC-CONACULTA 2005), por el que recibió el Premio Estatal de Cuento en el 2004. Su libro La ciudad para dos fue publicado en 2010 por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Alumno del séptimo semestre de letras de la Universidad Veracruzana. Manuel Olivares (Veracruz, 1990) cursa el séptimo semestre de la licenciatura en Lengua y literatura hispánicas en la Universidad Veracruzana. Aries, serigrafista y columnista del periódico El Heraldo de Xalapa.


La revista (y)letrados está buscando colaboradores para sus siguientes números e invita a las personas interesadas en la creación literaria y las artes visuales a enviar textos o arte gráfico a la dirección de correo electrónico yletrados@gmail.com LINEAMIENTOS Para los textos: Poesía, cuento, ensayo o alguna otra forma de expresión literaria; no sobrepasar las cinco cuartillas, a doble espacio, en Times New Roman de 12 puntos. Para el arte gráfico: Cualquier tipo de trabajo (fotografía, pintura, collage, grabado, entre otros) con resolución mínima de 150 dpi, considerando el formato de la revista. Todas las colaboraciones deberán incluir una semblanza del colaborador y serán recibidas en la dirección de correo electrónico yletrados@gmail.com. En caso de mandar más de una colaboración, favor de enviar cada una en su propio documento incluyendo en el título nombre o seudónimo del autor y nombre de la obra.

y letrados

Muerte al anonimato 39


3er núm / julio - septiembre / 2011