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EL NACIONALISMO 1. Lee detenidamente el siguiente texto: “No es preciso decir que la acción de los grupos de población que protestaba contra el trazado de sus fronteras constituía una amenaza más directa e inmediata para el statu quo1. En diversas regiones de Europa tal protesta se apoyaba en las diferencias de idioma, religión, costumbres, tradiciones, recuerdos históricos, desarrollo intelectual y sentimientos. Los grupos que poseían en común estos caracteres y sentimientos formaban una “nación”, a la que debía reconocérsele su derecho a llevar una existencia independiente. La conciencia de “nacionalidad” se había afirmado en la resistencia opuesta a la dominación napoleónica; pero entonces se había identificado con el sentimiento patriótico y con la reacción ante la ocupación extranjera. A partir de 1815, y esta fue la novedad, adoptó la forma de una doctrina: los gobiernos no tenían derecho a imponer su autoridad a poblaciones que la consideraban como extranjera; y el fraccionamiento del mapa político era inadmisible, ya que obligaba a vivir en distintos estados a poblaciones pertenecientes a la misma nación. Más o menos conscientemente, se trataba, en suma, de hacer coincidir “Estado” y “nación”. (…) La idea de nacionalidad, cuya base doctrinal había pertenecido ambigua en demasía durante los veinte años siguientes a los tratados en 1815, se convirtió ahora (…) en centro de las preocupaciones: Francia era el único gran Estado europeo que había experimentado tales dificultades. El principio consistía en hacer de forma que las poblaciones que perteneciesen a una misma nacionalidad se agrupasen en un mismo estado, y que en los estados en que las poblaciones fuesen de nacionalidad diferente, aquellos grupos nacionales se hallasen en libertad para disponer de su suerte. Pero ¿qué características origina la existencia de una nacionalidad? La concepción germánica, que se adaptaba a las ideas fundamentales del romanticismo alemán, consideraba a la nación como a un “ser viviente” que se desarrolla mediante la acción de una “fuerza superior” –el genio nacional (Volkgeist)–, el cual se manifestaba por ciertos caracteres hereditarios: comunidad de lengua, de costumbres, de tradiciones. Podía incluso afirmarse que las poblaciones pertenecían a la misma nacionalidad cuando presentaban esos caracteres comunes, aun en el caso de carecer de conciencia de tal parentesco y no desear vivir en común. Por consiguiente, esta tesis podía conciliarse con las ideas conservadoras –desde el punto de vista del régimen político de los estados–, ya que no requerían la comprobación de la voluntad popular. La concepción latina fue formulada por Mazzini en 1834: “Una nación es la asociación de todos los hombres que, agrupados por la lengua, por ciertas condiciones geográficas o por el papel que han desempeñado en la Historia, reconocen un mismo principio y marchan, bajo el impulso de un derecho unificado, a la conquista de un mismo objetivo definido… La patria es, ante todo, la “conciencia” de la patria”. El rasgo esencial de esta definición de la nacionalidad es, pues, la voluntad de vivir en común. Ciertamente, la comunidad de lengua, de costumbres, de tradiciones puede ayudar a la formación de tal voluntad, pero no es necesaria ni suficiente; el Estado debe, en suma, comprender a todos aquellos que quieren formar parte de él, cualesquiera que sean los motivos de su deseo. La Statu quo es una frase latina, que se traduce como “estado de las cosas”, que hace referencia al estado global de un asunto en un momento dado. Normalmente se trata de asuntos con dos partes interesadas más o menos contrapuestas, en el que un conjunto de factores dan lugar a un cierto equilibrio (statu quo) más o menos duradero en el tiempo, sin que dicho equilibrio tenga que ser igualitario, (por ejemplo, en una situación de dominación existe un statu quo a favor del dominador).

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expresión de esta voluntad implica que las poblaciones poseen el derecho de sufragio, por donde esta tesis se emparenta con las tendencias democráticas y con el concepto de la soberanía del pueblo.” P. Renouvin: Historia de las relaciones internacionales, tomo II, vol. I, Madrid, Aguilar, 1964, págs. 13 y 117. 2. En el fragmento puedes constatar varios elementos constitutivos del principio de las nacionalidades. Señálalos, fijándote en que se trata de elementos de distinto carácter: naturales, culturales, psicológicos, etc. 3. Los defensores del principio de las nacionalidades consideran que así como existen unos derechos individuales del hombre, también los hombres agrupados en colectividades nacionales deben ser libres de disponer por sí mismos de su suerte y de su futuro. ¿En qué frases del fragmento aparece reflejada esta idea? 4. En el texto se contraponen dos concepciones de la idea de nacionalidad. Sintetiza una y otra; ¿en qué radica su diferencia?; ¿qué consecuencias políticas se derivan de cada concepción?

Texto nacionalismo  

Texto sobre el nacionalismo italiano y alemán con algunas preguntas

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