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Comenzamos con una pequeña explicación sobre cómo se obtiene la energía eólica que más tarde se eleva al tendido eléctrico.

Las aplicaciones de la energía eólica se pueden clasificar, según su ámbito, como aplicaciones centralizadas, caracterizadas por la producción de energía eléctrica en cantidades relativamente importantes, vertidas directamente a la red de distribución, o aplicaciones autónomas. En el marco de las aplicaciones centralizadas, en las que siempre será necesario que la potencia base de la red la proporcione una fuente de energía más estable, cabe destacar dos grandes tipos de instalaciones eólicas: Aerogeneradores de gran potencia: se están llevando a cabo experiencias con aerogeneradores en el rango de potencias de los MW con grandes esperanzas, ya que la potencia que se podría instalar sería muy grande. Parques eólicos: se trata de centrales eólicas formadas por agrupaciones de aerogeneradores de mediana potencia (alrededor de 100 kW) conectados entre sí, que vierten su energía conjuntamente a la red; la generalización de estas instalaciones contribuiría a una importante producción de electricidad de origen eólico en el futuro. Por su parte, las aplicaciones autónomas de máquinas eólicas de pequeña potencia pueden ser rentables en muchos casos, según las


condiciones eólicas y las características concretas de las diferentes alternativas que se comparen. En resumen, las aplicaciones de la energía eólica de forma autónoma están basadas principalmente en las necesidades de pequeñas comunidades o de tareas agrícolas, pudiendo sintetizarse en los siguientes puntos: Bombeo de agua y riego Acondicionamiento y refrigeración de almacenes

Refrigeración de productos agrarios Secado de cosechas Calentamiento de agua Acondicionamiento de naves de cría de ganado Alumbrado y usos eléctricos diversos

Una pequeña guía respecto al diseño interno de un molino de viento:



Aplicaciones de la energía eólica.