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En las profundidades del bosque. Te invitamos a aventurarte‌


Todos los días, al salir del colegio, Susana y su hermano, Mateo, se dirigían hacia su casa esperanzados de encontrarse por el camino algo con lo que pudieran divertirse los dos en casa. Siempre ocurría lo mismo: En el camino no había rastro alguno de algo nuevo, es decir, no encontraban nada.


Después de 2 semanas de clases, Mateo y su hermana ya se habían acostumbrado a aquel recorrido monótono y, mientras lo hacían no se dirigían la palabra, ya que se perdían en su imaginación. Mateo se encontraba ancioso por lo que había estado soñando las noches anteriores, no sabía qué hacer, hasta que decidió contárselo a su hermana.


-¡Susana!, quiero compartirte algo que sé que te va a gustar tanto como a mí, dice Mateo eufóricamente. -Cuéntame, ¿Qué te tiene así?, como en otro mundo… (Responde Susana) -No es nada malo, no te preocupes, al contrario, es algo genial. He soñado que tú y yo hemos emprendido un viaje. - ¡Un viaje?, ¡Estás loco?... A ver, ¿y adónde se supone que es el viaje? - Hacia el centro del bosque, sus profundidades… Pero déjame contarte cómo es, no pongas esa cara. -Está bien. Sigue. -Te contaré por días, pues llevo unos tres días soñando en el mismo sitio, eso sí, distintos sucesos.


El primer día, casi recorrimos la mitad del bosque, (¡andamos como nunca!), estabamos anonadados de tantas cosas nuevas, raras, exóticas, frágiles, fuertes, etc. -¡Sigue, sigue! -Se nos pasó muy rápido ese día, sin darnos cuenta era de noche y teníamos que voler a casa, pues a esa hora mamá llegaba de su traba y, como todos los días, se alegraba al vernos. Pero, ¿Sabes algo? -¡Qué? - Habíamos conocido la parte del bosque más callada, así que ni te imagines la otra parte.


Llegamos a casa justo a tiempo, mamá no había llegado. Al poco tiempo nos fuimos a dormir. -¿Cómo fue el segundo? -El segundo día fue mucho mejor que el primero; entramos en el bosque por otra zona, no queríamos ver los que ya habíamos conocido, ésta era mucho más llena de animales o, tal vez, no eran tan tímidos, se acercaron a nosotros muchos animales salvajes , pero, como siempre has sabido, me encantan los elefantes, así que fue en el que más me fijé; a ti, según mi sueño, te agradó más la jirafa. -¡Claro!, es mi animal favorito.


-Lo que aún no puedo creer es que los animales nos entendieran y, a parte de esto, después de unas horas, se decidieran a hablarnos… Lo sé, suena muy loco, pero así son mis sueños. E resto del día no lo pasamos jugando con nuestros nuevos amigos y ellos se encargaron de mostrárnos el resto del bosque. - Ya adivino lo que pasó luego. Nos devolvimos a nuestra casa y luego nos acostamos a dormir. -Pues te equivocas, ese día llegamos tarde a casa… -¿En serio?, cuéntame cómo fue eso… -Pues estábamos a punto de irnos, pero en ese mismo momento eschuchamos un grito fuertísimo que probenía del bosque, fuimos a averiguar qué era y ¿adivina qué era? -¿Qué? -Un arbol herido. -¡Qué locura!, un arbol no grita… Ah!, perdón se me olvidaba que en tus sueños no hay reglas generales. -Pero lo curamos. Afortunadamente llevábamos unas bendas y tú, como siempre, buena música.


Qué locura… ¡Ah!, se me olvidaba, ¿Llegamos a nuestra casa? -

-Claro, aunque muy tarde y con un buen regaño. -Bueno, te sigo contando, no falta mucho. El siguiente día, entramos al bosque directamente a ver cómo estaba el árbol que el día anterior habíamos curado. -¿En serio?, ¿Cómo estaba? -¡Como nuevo!, pero habían algo mucho peor… -¿Qué? -Muchos árboles del bosque estaban heridos y algunos ya había muerto… Andaba por ahí alguien haciendo travesuras con una herramienta que los lastimaba profundamente. En ese momento, comprendí el dolor de los árboles y pensé en algo que parecía ser la solución…


-¿Y cuál era la solución? -Deferderlos de esas malas personas que se divierten haciéndoles daño y, también, curando a los que ya estaban heridos. -¿No eran muchos? -Sí… Eso pensé, por eso fui en busca de ayuda. -¿Y la encontraste? -Claro que sí, todos los niños amamos la naturaleza, por eso siempre queremos lo mejor para ella.


-¡Qué lindo! -Sí, y así acaba mi sueño… -¿Qué tal si no sólo se queda como un sueño?... -Explícame… -Sí, hacerlo realidad, ya sabes… - Me encanta la idea, pero hay un problema. -¿Cuál? -No tenemos amigos que nos ayuden a curar los árboles. -¡Cómo que no?, todos los niños del mundo queremos el bien para nuestra naturaleza, cualquiera querría ayudarnos o ¿Qué dice ustedes?... ¡Si ves!, todos quieren. -Entonces, qué esperamos, vamos a hacerlo… ¡VAMOS IMPEDIR QUE NUESTRA NATURALEZA FENEZCA!...

FIN…


En las profundidades del bosque