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chile bohemio

En Valpo, como denominan los residentes a esta ciudad trasandina, la creatividad es un rasgo de su identidad. Allí cohabitan artistas alternativos, con consagrados y emergentes, quienes muestran su obra en talleres, galerías y calles.

dar visibilidad a un problema del siglo XXI: "¿cuál es el recuerdo más triste o más bello que tienes del mar?;¿cuándo fue la última vez que te bañaste en una playa de Valparaíso?; ¿cómo te gustaría que fuera el borde costero de la ciudad?" Las respuestas varían por la edad, por la procedencia o por la profesión, aunque en todas permanece la nostalgia y la sorpresa de comprender que naturalizaron la distancia que existe, desde hace décadas, con el océano. “Cuando visualizas la realidad problemática que tenemos en la costa, los pescadores desplazados, los derrames de hidrocarburos, las partículas de metales pesados producto de las cargas y las descargas en los puertos, la contaminación y el virus Isa, entre otros, uno se pregunta, ¿verdaderamente no es necesario crear una institución que se haga cargo de esto en un país como el nuestro, que

Valparaíso se erige como un anfiteatro con escaleras serpenteantes y subidas agotadoras. Llama la atención el colorido de sus casas y el desborde de murales que salpica sus paredes.

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arte a cielo abierto

ay algo en Valparaíso que inspira, con sus cerros desbordados de graffitis y sus casas pintadas de distintos colores, disparatadas y superpuestas entre sí, apreciables de cerca y a la distancia. La ciudad se erige como un anfiteatro con escaleras serpenteantes y subidas agotadoras que los funiculares ayudan a superar. Sin embargo, los porteños, gentilicio de los habitantes de esta ciudad al borde del mar, casi nunca se quejan de las condiciones geográficas del lugar. El encanto de Valparaíso también está en el desorden y la arbitrariedad de su puerto de gran calado, que por un lado, es el punto de conexión comercial entre Chile y el mundo, y por otro, el muro que separa al océano de sus habitantes. Molesto por esta circunstancia, Gonzalo Ilabaca, uno de los artistas plásticos más reconocidos de la zona, generó un movimiento en el que involucró a los porteños para que recordaran su pasado y su vínculo con el Pacífico. El proyecto se materializó como una instalación a la que llamó Museo de la Memoria y la Amnesia del Mar, que se compone de veintitrés testimonios de pescadores, abogados, oceanógrafos, trabajadores portuarios, poetas y estudiantes, algunos locales otros extranjeros residentes, que respondieron a tres preguntas que pretendían, desde una mirada artística,

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Por Yelly Barrios. Fotografías: García Tores.


La Sebastiana.

La designación de Patrimonio de la Humanidad de Unesco, como en otros tantos sitios con el mismo sello, es un imán para atraer turistas de todas partes del mundo. Una de las visitas obligadas es La Sebastiana, una de las residencias del poeta Pablo Neruda.

ción del Festival Teatro Container, que organiza todo su proyecto creativo utilizando una decena de estos enormes cubos metálicos como sede para charlas, presentaciones y también como sala de exposiciones.

fue cuando salí de Valparaíso rumbo a la isla Robinson Crusoe en donde está el archipiélago Juan Fernández. El más triste es no poder ver el mar desde mi casa, quemada en el incendio de 2014”, que fue uno de los más devastadores en la región. La disposición de los testimonios de cada uno de los protagonistas del museo efímero que creó Ilabaca se acompañó con un retrato y objetos de valor personal. El geógrafo Luis Álvarez eligió para la ocasión los que pudo rescatar de entre las cenizas: unas cajitas de lata, un estuche de lentes, monedas, un muñeco de metal y un par de fotos tiznadas. Cada objeto contenía en sí la intención de mostrar la diversidad

humana que vive entre los cerros que conforman Valparaíso. Para Ilabaca “La riqueza de Chile es el mar. El sueldo, la billetera, puede que provengan del cobre y el litio, pero, ¿a través de dónde se transporta? A través del mar. Lo tenemos totalmente olvidado. Tú le preguntas a cualquier porteño (de Valpo) ¿cuál crees que es el problema en tu ciudad? y te responderá que la basura, los perros, o la inseguridad, todos problemas derivados de esta distancia que separa la riqueza del del océano de su propia ciudad. Esa es la amnesia del mar”. El montaje de la instalación de Ilabaca se realizó en el interior de un contenedor en el marco de la VI edi-

Tres propuestas institucionales Entre las variadas actividades a pie de calle se incluye la oferta museística de la municipalidad y del gobierno nacional. Destacan el Parque Cultural Valparaíso, un antiguo centro penitenciario reconvertido en espacio de arte contemporáneo; el Museo Lukas, destinado a recordar al afamado caricaturista chileno Renzo Antonio Giovanni Pecchenino Raggi, que eligió Lukas como un apodo más práctico para definirse, y el Museo de Historia Natural de Valparaíso, un enclave interactivo y didáctico para aprender y divertirse. Ideal para niños y para adultos con espíritu aventurero.

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somos el décimo con más extensión de mar en el mundo y el primero en Latinoamérica?”, concluye el testimonio de Rodolfo Ponce, marino mercante, presidente de la Alianza Marítima de Chile. Luis Álvarez, director del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Valparaíso, opina que “los parques hacen a una buena ciudad, hacen los espacios públicos, el espacio de vida y la sostenibilidad. El gran parque, nuestra gran área verde de Valparaíso es el mar, solo que es azul. Si fuera verde quizás entenderíamos que es nuestra gran plaza. Si no entendemos nuestro mar, difícilmente tendremos sustentabilidad. Mi recuerdo más bello

En 2003 el casco antiguo de Valpo, con la Aduana, la Iglesia Matriz, y las áreas urbanas comprendidas por los cerros Alegre y Concepción, fue designado Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Es que Valparaíso es centro histórico, administrativo y universitario de referencia en Chile. Es sede del Congreso Nacional, de la Armada, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, de la Aduana, y de los servicios de Pesca y Acuicultura. Según un censo realizado en 2012, unas 300 mil personas son residentes permanentes. Si además se considera el área suburbana, es la tercera más poblada de Chile con casi un millón y medio de habitantes. Aunque es difícil explicar cómo, muchos de ellos se dedican a las artes plásticas ya sea como galeristas, creadores, coleccionistas o como

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El origen de su fama


Izquierda, Bertrand Coustou, fundador de Bahía Utópica, la primera galería de Cerro Alegre. Derecha, Herna Freire, alma máter junto a su esposo, José Martínez García, del Taller de los Alquimistas.

la industrialización del arte y que en el concreto de Ciudadano Arte pretende volverlo manual. “Yo soy una máquina de trabajar. Hay que tratar de vivir con lo que tiene sentido para uno. En un momento mi inquietud fue encontrar cómo vivir de mi arte. Fue a partir de allí, y de un momento conflictivo de mi vida, que comencé a explorar otros horizontes. En Valpo supe que había mucho por hacer y entonces me aboqué a mi tarea”. Su taller de xilografía da a la calle y las ventanas y la puerta están abiertas todos los días para que quien camine por allí, y sienta curiosidad, entre. Y funciona. Hace un año tuvo un pico de exposición en redes sociales con la llegada de Germán Garmendia y su novia Lenay Chantelle Olsen, conocida como Lele. El chileno es una verdadera estrella de YouTube con más de treinta millones de seguidores. Ella, una cantante, conductora de televisión y actriz estadounidense con un perfil en Instagram igualmente célebre. Tal contacto con un público muy joven, al que poco contemplan los artistas más conservadores, le dio al cubano una visibilidad que no calculó. Si se sigue en dirección ascendente por la misma Almirante Montt, en el número 372, está Bahía Utópica. Sus fundadores, la chilena Nancy Arancibia Moya y el francés Bertrand Coustou, la definen como la primera galería de arte de Cerro Alegre. “Cuando abri-

mos en 2008, habían muchos talleres en la zona, pero nada que reuniera a consagrados y emergentes. En aquel momento comenzamos a trabajar con los creadores más reconocidos de la ciudad. Ellos tenían más que perder que nosotros y apostaron por la propuesta que aquí permanece”, comenta Coustou. Pasó una década desde entonces. Como ayer, lo que los define es la búsqueda de talento. La galería mantiene consigo a los artistas más destacados de la ciudad: Gonzalo Ilabaca, Felipe Quiñones, Pablo Villegas, y mira de cerca a los nuevos creadores. “La elección de qué artistas emergentes inte-

grar a la galería es difícil. Aquí se respira arte, con muralistas que están en el top ten de los mejores del mundo, como Inti Castro. Aquí vienen muchos estudiantes de Bellas Artes atraídos por este espíritu. Llegan a probar suerte, pero entrar en una galería no es tan rápido como parece. A nosotros nos interesa conocer al creador, saber que tiene oficio, cuáles son sus deseos, conocer su pasión”. En la calle Lautaro Rosas entre Miramar y Templeman, está Hiperfocal, el espacio de trabajo y galería del fotógrafo porteño Alberto Lagos, y el Taller de los Alquimistas, de Jorge Martínez García y su esposa ecuatoriana, Herna Freile.

Hiperfocal comenzó en Santiago de Chile en 1994, aunque el formato de trabajo lo inició Lagos bastante antes en París, donde vivió diez años. Desde 2006 el método de trabajo que le caracteriza es la emulsión fotográfica y los temas que le inspiran son los cotidianos para los porteños: el troley, los taxis colectivos, los murales, los puestos de frutas y verduras del mercado El Cardonal. “Estoy súper agradecido porque estas fotos las he disparado todas yo, o sea que lo que está aquí es mi arte y a la gente le gusta”. En el caso de Jorge Martínez García y Herna Freile, la obra se expone en una de las salas de su propia casa. El estilo

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Cristian Rojo en su casa y galería, Espacio Rojo, un punto de visita obligado. De ahí el gran nivel de artistas que maneja su espacio.

admiradores aficionados. Solo en Cerro Alegre se encuentra una muestra significativa de esta característica local. En la calle Almirante Montt 263, una de las de acceso principal a este cerro, está el taller de Ariel Flores, Ciudadano Arte como firma y como se le conoce en la región. Instalado aquí desde 2014, este cubano trotamundos pasó una temporada en Estados Unidos, otra en España y finalmente, eligió a Chile como país de residencia. Primero trabajó como ilustrador creativo para marcas internacionales como Pernod Ricard en Santiago de Chile. Después, fiel a su inquietud por el cambio, se mudó a Valpo. “En la creación artística me gusta explorar nuevos materiales, nuevas formas expresivas. El cambio es mi definición”, comparte Ciudadano Arte desde su taller tapizado con xilografías. En el presente, su estilo consiste en tomar un ícono del Pop Art como son las latas sopas de Campbell, de Andy Warhol, y redefinirlas para esta ciudad. “La obra no es solo la lata, es la idea completa”. En sus comienzos artísticos exploró otras técnicas, pese a que los temas que invoca en sus obras suelen ser una constante: la identidad y los paisajes de atmósferas fantasiosas en los que un edificio de Brasil, por ejemplo, puede encontrarse en un cuadro con la Patagonia chilena de fondo. Ahora se dedica a darle esta vuelta de tuerca al Pop Art, que en sus orígenes proponía

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Arriba, Gonzalo Ilabaca en el interior del container que albergó El Museo de la Memoria y la Amnesia del Mar. Abajo a la izquierda, Alberto Lagos, fotógrafo y fundador de Hiperfocal. Abajo a la derecha, Ariel Flores, conocido como Ciudadano Arte, y su obra.


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En otoño el clima en este puerto, fundado en abril de 1536, es variable. Las mañanas amanecen tapadas de una niebla que se dispersa a medida que el sol avanza. La luz más plena empieza a disfrutarse a partir del mediodía. del matrimonio se mueve entre el dibujo, la pintura, el grabado y las aguafuertes. Los temas que les mueven varían desde la poesía y la filosofía en el caso de él, a la soledad, la nostalgia y el concepto de hogar como lugar de creación, en el caso de ella. “Me importa trabajar desde el enfoque positivo de cada uno de estos tópicos. La soledad como punto de encuentro, tan necesario para crear y para conocerse a uno mismo. La nostalgia como una mirada al pasado que cuenta lo mejor que hay en mí”, explica Freile, que suele organizar su agenda entre la atención al público en el tallergalería y la introspección que necesita. Un poco más alocado y alternativo es Apolo 77 Casa de Arte. En este espacio vive el valenciano José Manuel de Belda, un abogado artista que se enamoró de una chilena y después de vivir varios años en India, decidió radicarse con ella para desarrollar su talento relacionado con lo figurativo. En su sala de exposiciones de Apolo 77 concentra artistas de distintos puntos de Chile; uno de ellos es Chávez, radicado en La Serena, al norte del país. Otros son: Gabriel Santander

de Puerto Montt, Reinaldo López o Amaru. “Hace dos años y medio que estamos con esto. Nos identifica la presentación de artistas jóvenes”. En otro de los tantos recovecos de Cerro Alegre, en Pasaje Miramar 175, está Espacio Rojo. La galería lleva el apellido de su fundador Cristian Rojo y es un lugar de encuentro con el arte contemporáneo contingente y con la propia ciudad. Cuando el visitante entra en esta galería es usual que su dueño les reciba. Su propia calidad de anfitrión es una invitación a quedarse y conocer lo que tiene para contar. “Espacio Rojo nace de la idea de promover a los artistas nacionales. Me formé en Estados Unidos, viví unos años en Los Ángeles, y luego quise regresar a mi país para poner esto en funcionamiento. Aquí es donde trabajo y vivo. La curaduría de la galería es mía y hay artistas como José Fernández, Matías Santamaría, Anis, Dalia Karü y José Oyarzún Sardi. Estamos en un punto obligado y por eso tengo que traer talento, es una obligación”. Cristian Rojo hace también un recorrido por la arquitectura del espacio

al que define como “la casa mentirosa”. Primero lo anuncia como un titular, mientras continúa con la visita guiada por las obras y después explica el porqué, desde el balcón que da al patio trasero: “Acá está el estómago de la ciudad. Desde aquí nos damos cuenta que la casa, que parecía de una planta única tiene dos más debajo. Por eso la llamo la casa mentirosa. Es un signo arquitectónico de distinción en Valparaíso. Desde afuera uno tiene una impresión y adentro se sorprende con las superposiciones. Y al mirar desde este balcón, se aprecia todo lo que caracteriza a la ciudad: sus casas abandonadas o quemadas, las construcciones aún en pie con mezclas de estilos arquitectónicos, como el racionalista, con sus formas que emulan grandes buques marinos, con las fachadas color azul cobalto que recuerda el océano Pacífico. Es más, en los días de mucha claridad, desde este balcón se ve el pico nevado del Aconcagua”, añade el galerista en voz baja, como quien revela un secreto que quiere mantener intramuros. Después, sin más, recita un fragmentos de Pablo Neruda.

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Valparaiso, arte a cielo abierto  

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