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CAMNITZER EN MADRID

El artista pedagogo y viceversa Nació en Alemania y creció en Uruguay, donde se radicó con su familia huyendo de la guerra en Europa. Consolidó su carrera en Estados Unidos, país de residencia desde los años 60’. Hoy, el Museo Reina Sofía homenajea a este creador que declara que la educación le interesa por encima del arte.

es tal el efecto, que durante el recorrido el espectador evita los lugares tal y como lo haría si estuviese allí el objeto que él define. Se pisa la alfombra, se esquivan las sillas y las mesas. Por eso, las palabras son aquí un elemento más al servicio de las artes visuales, no son territorio exclusivo de la poesía, de la literatura o del ensayo. Es la imaginación la que construye el espacio. La pieza es parte de Hospicio de utopías fallidas, una retrospectiva que el museo de arte contemporáneo español dedica a Camnitzer, figura clave del arte conceptual latinoamericano desde la segunda mitad del siglo XX. El artista pedagogo, o el pedagogo artista, que desarrolló una obra prolífica como ensayista, crítico de arte, comisario de

exposiciones, conferencista y creador de acciones y objetos. Su trayectoria se centra en la capacidad transformadora del arte, al que considera en esencia un producto de la reflexión. “Mi utopía –dice Camnitzer en el texto difusión de la muestra– es una sociedad igualitaria, justa, sin clases, creativa y con el poder equitativamente distribuido. Para entrar en el proceso de esa utopía necesito que la educación sea creativa y ayude a crear, y que lo que llamamos arte sea educativo y genere aprendizaje. El acento en la educación entonces ya no está en transferir información, sino en aprender a accederla. Y, en lo referente al arte, tampoco está en el objeto llamado 'obra de arte' sino en los procesos que su presencia genera en el espectador, y

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ara que existan las cosas, primero hay que nombrarlas. En una sala de la planta 3 del Edificio Sabatini en Madrid, sede original del Museo Reina Sofía, hay una habitación abarrotada de sustantivos. Tiene un empapelado de flores en la pared, un cuadro, una mesita, una mesa servida, cuatro sillas, una alfombra, una biblioteca de cinco estantes. Es Living Room, una obra de 1969 de Luis Camnitzer, y todo el espacio está construido con conceptos. El artista (1937), concibió una situación visual con la representación mental de significantes lingüísticos. Son las palabras las que componen la sala, y

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Por Yelly Barrios. Fotografías: Roberto García Tores & Archivo Museo Reina Sofía


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La exposición comienza con una obra en construcción. Un lápiz suspendido en el aire, apenas sujeto por un hilo, se mueve con la ayuda de un ventilador. Con ese suave vaivén se trazan líneas curvas y parejas, unas sobre otras. A veces alguna corriente de aire provoca sutiles variaciones en el dibujo que va haciéndose a sí mismo, conforme pasa el tiempo, como un surco gris en la pared blanca. En la primera sala del recorrido se exponen cinco autorretratos del artista (aguafuerte sobre papel) correspondientes a los años comprendidos entre 1968 y 1972. En ellos, la presencia es la palabra otra vez: su nombre, su apellido, su firma con lápiz. Así es también la obra Fragment of a map de 1968: un marco constituido por cuatro frases en inglés en letra mayúscula (fragment of a map, linear wound, arbitrary line, two pieces) en el que se atraviesa una delgada línea roja que va desde un vértice superior a su opuesto inferior. La exposición se despliega sobre tres ejes temáticos abiertos en el transcurso de las prácticas artísticas del creador. El primero se concentra en “el conceptualismo de Camnitzer” que,

tomando como punto de partida la desmaterialización del objeto artístico y la relación con el arte, plantea procesos de pensamiento que abordan la realidad política y social, según se explica en el texto difusion que se entrega en el museo. Las primeras obras que anuncian estas ideas se inscriben dentro del Mail-Art y pertenecen a la década de los 60': Adhesive Labels (1966) y Envelope (1967), y más tarde otras como la serie Autorretratos (1968-1972) o la instalación Living Room (1969). El segundo eje supone el desenlace natural del anterior, con obras más declarativas en las que los elementos visuales adquieren mayor prominencia. Son las que el curador denominó como “arte político”. Allí encaja Leftovers, una obra de 1970 concebida a partir de 80 cajas de cartón, grasa teñida y acetato polivinilo. Las manchas rojas de la tela que recubre las cajas gotean y se encharcan en el suelo. Son como sangre derramada en una obra más declarativa y evocadora en la que los elementos visuales adquieren mayor prominencia. “Leftovers, es un homenaje a las vícti-

mas de las intervenciones estadounidenses en América Latina, tanto directamente como con intervención militar como por manipulación de los servicios secretos y de la tortura. Las cajas son restos mortuorios de esas víctimas. La obra se hizo en Estados Unidos en un ambiente ignorante de geografía, cultura política, por lo tanto es una obra más directa, más narrativa. Creé un choque ahí, ¿porqué esto?, ¿qué pasa? No es una obra que haría hoy. Pero en su momento también era una crisis para mí. Tenía una suerte de desconfianza del arte entre comillas y estaba empezando a considerar que, a lo mejor, lo que tenía que hacer era buscar el nivel exacto de lectura del espectador y comunicarme directamente con ese nivel. Dejar de lado esas ínfulas intelectuales y de educación con las que yo venía al campo. No es fácil porque no se trata de hacer una obra paternalista y trivial tenía realmente que aprender un nuevo idioma y en ese momento pensaba: 'después de esto se acabó el arte para mí, lo que tengo que buscar es esa comunicación directa'. Al mismo tiempo tenía que

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Utopías fallidas

Camnitzer defiende un arte que debe funcionar en total comunión con la educación entendida como aprendizaje, especulación, cuestionamiento.

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cómo transforma al individuo para independizarlo en su propia creatividad, sin tener que continuar consumiendo lo que yo haga como artista. Arte y educación son casi la misma cosa“. La exposición, que se inauguró el 17 de octubre de 2018 y finaliza el próximo 4 de marzo, presenta unas 90 obras entre vídeos, fotografías, collages, grabados e instalaciones. El recorrido que planteó el curador de la retrospectiva, Octavio Zaya, propone una revisión de toda la carrera de Camnitzer a través de sus trabajos más emblemáticos, con atención en los conceptos clave sobre los que ha trabajado: la desmitificación del papel del artista en la sociedad de consumo, la capacidad artística del lenguaje, la desmaterialización del objeto artístico, el poder evocador de las imágenes y la implicación activa del espectador.


puntillas, siete revistas abiertas y rígidas cubiertas por un betún marrón que impide identificar textos o imágenes. Hay además una lámpara color amarillo furioso sobre un soporte de hierro negro, esponjas de aluminio en el suelo, media botella de vino encastrada al piso, una ventana con vistas a un trozo de césped artificial y un castillo de naipes inmune a las caídas (o sí, eso quién sabe). En la tercera y última fase, la exposición se detiene en la producción más reciente del artista quien pone el énfasis en la defensa de un arte en comunión con la educación. Educación entendida no como enseñanza, sino como aprendizaje, especulación, cuestionamiento, desafío, descubrimiento. Este ideario se encuentra en la serie Cuaderno de ejercicios (2011/2017), en las instalaciones El aula (2005) y El museo es una escuela (2009/2018).

Escuela perturbable

A partir de esta retrospectiva, que subraya el enfoque pedagógico indivisible del artístico en el pensamiento crítico de Camnitzer, se negoció con las autoridades del museo que una de las salas expositivas se dispusiera con un doble fin. Por un lado como espacio para

la muestra en sí misma y por otro, como área de trabajo para el departamento de actividades educativas del Reina Sofía. Es así que desde la inauguración en octubre de 2018 en esta área, que componen dos pizarras escritas con letra manuscrita de una maestra de primaria acompañadas de dos mesas grandes de trabajo y sillas, funciona en El aula la Escuela Perturbable. Una escuela para perturbar el mundo del arte, para revisar conceptos y establecer nuevos parámetros de trabajo. La materialización de esta idea fue compleja desde términos técnicos, como la colocación de un enchufe en un espacio expositivo, hasta acuerdos entre las partes involucradas. Así quedó registrado en los archivos audiovisuales del museo. El 17 de octubre de 2018 se realizó en el auditorio del Edificio Nouvel el encuentro Hacia un socialismo de la creatividad del que participaron María Acaso, Selina Blasco (ambas profesionales de la educación en entornos artísticos) y Luis Camnitzer. La instancia ponía atención a los objetivos y propósitos de la escuela instalada en el corazón de la retrospectiva inaugurada ese mismo día. Allí se repasaron los antecedentes, se expresaron puntos de vista críticos, se compartió el proceso.

El artista comentó entonces que en su concepción original de El aula en lugar de mesas había pupitres de los años 50 y que ante la dificultad de conseguirlos decidió ampliar la conceptualización de la obra. Asimismo recordó y comentó experiencias a partir de la lectura en voz alta de algunos de sus ensayos más reconocidos, como La enseñanza del arte como fraude o textos publicados en el Catálogo de la Bienal del Mercosur de 2007 en el que se presentaron experiencias de trabajo dedicadas a la educación del arte tal como la que defiende el artista. Y en ese entorno debatió, replicó y dejó claros sus puntos de vista. La situación de réplica se generó a partir de la presentación de la obra El museo es una escuela. Dicha pieza surgió en 2005 a partir de un entredicho entre Camnitzer y el director de un museo en el que desarrollaba un trabajo de curaduría pedagógica. Mientras recordaba el episodio no se detuvo en detalles aunque sí mencionó que aquel jerarca le dijo: “esto es un museo, no una escuela“. Entonces renunció. Las ponentes que lo acompañaban en el auditorio el 17 de octubre compartieron luego con el público y con él que decidieron tomar esa obra y perturbarla. La idea fue colocar una lona en la

entrada del edificio del museo con las frases: “La escuela es una fábrica“, “El museo es una escuela“. “¿Solo eso?“, preguntó Camnitzer. “Sí, solo eso“, le respondió una de las expositoras que le acompañaban en el escenario. “Eso es un cambio y no me lo habían dicho –sostuvo él con una voz cuyo tono no cambió–. Falta el subtítulo. Ahí no dice que el artista aprende a comunicarse y el público a hacer conexiones. Esa es la importante. ¿Quién hizo la censura?“. La respuesta fue que no se puede decir y que la lona quedaría así. Entonces él acotó: “bueno, lo firman ustedes. La polémica que se da me parece interesante, pero eso no es mío“. Justificó que la obra, que es como un “chantaje subversivo“ en el que se obliga al museo a asumir un contrato con el público para cambiar el actual rumbo de las circunstancias en el arte, pierde su propósito. Dijo que siente que la misión de su obra fue traicionada. Con eso la Escuela Perturbable, que tiene como misión perturbarlo todo, cumplió su propósito, en apariencia sin proponérselo. En la entrevista con el departamento de comunicación del Reina Sofía (para presentar Hospicio de utopías fallidas) el artista reflexiona otra vez sobre estas

cuestiones al decir que la palabra arte nos confunde. Por un lado refiere a un agente cultural para cambiar la sociedad. Por otro es una forma de generar productos para la venta. “Es extraño que en las escuelas de arte no haya un curso de ética. Como los hay en medicina, por ejemplo. En arte se intervienen las emociones y la mente de la gente y eso a nadie le importa. El proceso ético es tan importante en medicina como en el arte y es un tema que tampoco se toca“. Este 27 de febrero, a días del cierre de la exposición el 4 de marzo, se realizará un acto simbólico, educativo y artístico: Defensa de la tesis doctoral de Luis Camnitzer en el marco de Liberis Artium Univeritas de Isidro López Aparicio, artista andaluz. La propuesta, tal como se justifica en la web de Instituto de Arte Contemporáneo de Madrid, “surge como un compromiso común con la formación en el mundo del arte, ante una universidad altamente institucionalizada y jerárquicamente estructurada”. La tesis, que se titula Falsificación original, versa sobre ese mismo tema, el de toda la obra de Luis Camnitzer, el de su vida: el vínculo indivisible entre lo artístico y lo pedagógico o mejor, entre lo pedagógico y lo artístico.

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encontrar alguna forma de satisfacer mi neurosis como artista y eso es muy difícil. Yo pensé que era fácil”, comenta el artista en una entrevista concedida al departamento de comunicación del Reina Sofía. El siguiente espacio en el recorrido museístico se adelanta con un sonido repetitivo y desordenado. Se trata de diez proyectores de diapositivas sostenidos sobre diez plataformas diversas: hay sillas de madera y metálicas, cajones plásticos de fruta, taburetes de madera, tarros de pintura. La luz de cada uno de ellos proyecta un blanco luminoso en la pared, y nada más. Por eso el sonido es presencia en Lección de historia del arte, leccion n°1 (2000). En El Mirador, una instalación de 1996 que sucede a la anteriormente citada, gobierna un silencio tenso. Las paredes de la sala están pintadas de negro y dirigen la atención a una habitación algo más estrecha e iluminadísima que se encuentra allí. A su paso, el espectador la rodea y puede observar, como quien husmea por una mirilla, lo que transcurre dentro, que sin ser aséptico lo evoca. En un ángulo hay un catre de cristal sostenido sobre tuberías oxidadas y una almohada usada. En otro ángulo una percha de la que cuelga un pañuelo viejo con

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“¿Por qué separar la palabra de la imagen? Empecé a describir situaciones visuales usando palabras”.

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Luis Camnitzer, el artista pedagogo  

Nació en Alemania y creció en Uruguay, donde se radicó con su familia huyendo de la guerra en Europa. Consolidó su carrera en Estados Unidos...

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Nació en Alemania y creció en Uruguay, donde se radicó con su familia huyendo de la guerra en Europa. Consolidó su carrera en Estados Unidos...

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