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ITINERARIO POR EL NORTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID. Equipo recomendado Ropa cómoda, chaqueta impermeable, botas de montaña ligeras, mochila con agua (1,5 litros mínimo), comida... Cámara de fotos, bolígrafo, cuaderno de campo y primaticos (quien los tenga) y ropa por si cambia el tiempo, sin olvidar un paraguas plegable que nos sacará de más de un apuro. Es recomendable llevar un pequeño bolso de mano con ropa de repuesto que se deja en el maletero del autocar. Al regresar puede uno cambiarse, si por la razón que fuera se hubiese uno mojado (o no). Fecha recomendada para la realización del itinerario: primavera OBJETIVOS: Este itinerario tiene como objetivo analizar el medio físico de la zona norte de Madrid: relieve, geología, vegetación e hidrografía, sin olvidar algunos elementos de la historia y actividades humanas. CONTENIDOS: a) Evolución del relieve – geología: Desde el punto de vista geológico, analizaremos la evolución del relieve peninsular y veremos las principales rocas y sedimentos del norte de la Comunidad de Madrid: •

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Sedimentos: De Alcobendas a S. Agustín de G. veremos arenas y gravas sin consolidar. Aunque se depositaron hace más de 10 millones de años, no se han llegado a convertir en roca y podemos desmenuzarlos con la mano. Estos sedimentos forman el sustrato de la mitad noroeste de la ciudad de Madrid. Rocas magmáticas plutónicas: En la Parada 1 del BERRUECO, veremos diferentes tipos de granito, y si nos fijamos en el tamaño de los cristales y en los diferentes minerales podremos diferenciarlos. El granito es frecuente en edificios y construcciones por su resistencia para la construcción, veremos buenos ejemplos de su utilización. Rocas metamórficas: En la Parada de Patones de Arriba veremos pizarras (rocas metamórficas de bajo grado). Debemos fijarnos en el tamaño de las micas, visibles con lupa. Rocas sedimentarias: En Parada CUESTAS DE PATONES veremos areniscas, dolomías y calizas del Cretácico. Las dolomías y calizas son de origen marino, y por lo tanto demuestran que la zona centro de la Península Ibérica estuvo cubierta por el mar. Algunas de estas rocas también se utilizan frecuentemente en la construcción. Sedimentos del Cuaternario en el valle y terrazas del Jarama.

b) Vegetación: El itinerario servirá para estudiar la vegetación característica del interior peninsular, en relación con las características del clima mediterráneo de interior o continentalizado y la


adaptación a los diferentes tipos de suelos (encinas, alcornoques, sabinas, pinos, vegetación de ribera…) . c) Hidrografía: El río Jarama y Lozoya, servirán de ejemplo para observar la formación de terrazas fluviales, repasar los elementos de un río y estudiar el aprovechamiento de sus aguas por el hombre. d) Historia, arte y cultura. La zona del itinerario cuenta con importantes vestigios de la presencia humana que abarcan desde la Prehistoria hasta la actualidad. Pese a que el itinerario se centrará sobre todo en el análisis del medio físico, se contempla la observación de construcciones singulares: atalaya de Arrebatacapas, canales de Isabel II y la presa del Pontón de la Oliva entre otros.

Descripción del itinerario Salida de Alcobendas por la Autovía del Norte (A-1) en dirección a La Cabrera. Se toma la M-127 hacia El Berrueco (parada 1). Después a Torrelaguna por la M-131 pasando por la Dehesa Vieja (parada 2), el puerto de Arrebatacapas (parada 3). En Torrelaguna se tomará la M-102 en dirección a Patones (parada 4) hasta llegar a la presa del Pontón de la Oliva (parada 5)


Introducción: La sierra de Madrid forma parte del Sistema Central, en la franja noroeste del territorio de la Comunidad. El sustrato geológico de esta zona está formado por rocas muy diversas (plutónicas, metamórficas y sedimentarias) caracterizadas por su gran antigüedad (Paleozoico y Mesozoico). Las rocas más antiguas son los gneises y esquistos (azul en la figura), rocas metamórficas que en algunos casos pueden superar los 500 millones de años transcurridos desde su formación original. Les siguen en antigüedad las pizarras y cuarcitas del norte de la Comunidad (verde oscuro en la figura), rocas sedimentarias originalmente depositadas en el fondo de un océano en el Ordovícico, cuando la Península Ibérica formaba parte del supercontinente Gondwana. Los granitos de la sierra (rosa en la figura) son rocas plutónicas que se formaron durante la llamada orogenia varisca, en el Carbonífero, época en que se formaron relieves que obligaron al mar a retroceder. Las montañas formadas durante esta orogenia se fueron erosionando durante más de 200 millones de años hasta que en el Cretácico la zona central de la Península Ibérica (Madrid y Segovia) volvió a quedar cubierta por el mar. Durante algunos millones de años (casi hasta el final del Cretácico) se formaron arenas, calizas y dolomías en las costas y mares tropicales de entonces. Las extensas capas que se depositaron en


el fondo del mar en el Cretácico superior, fueron después plegadas y fracturadas, y hoy podemos ver algunos restos de estas rocas en pequeñas franjas adosadas a los relieves principales (verde claro en la figura).

Mapa geológico de la Comunidad de Madrid

El movimiento continuo de las placas tectónicas que forman la corteza terrestre, y las colisiones entre esas placas, han dado lugar a las cordilleras montañosas. De ahí el nombre de orogenia, que significa origen del relieve, génesis de montañas. Las actuales alineaciones montañosas de la Península Ibérica -entre ellas el Sistema Central- se formaron durante la orogenia alpina, que comenzó a finales del Cretácico, hace unos 80 millones de años. En la Península Ibérica, la orogenia alpina se debió a una doble colisión: por un lado de la placa ibérica con la placa euroasiática para dar lugar a los Pirineos y la Cordillera Ibérica, y por otro la colisión de la placa ibérica con la africana para dar lugar a las Cordilleras Béticas y al Sistema Central. Otra consecuencia de la orogenia alpina -ya en el Plioceno, hace unos 5 millones de años- fue el basculamiento (inclinación) gradual de la placa ibérica hacia el oeste, hacia el Océano Atlántico,


de tal forma que las cuencas sedimentarias del interior de la península que hasta entonces eran endorreicas (Duero y Tajo) empezaron a "vaciarse" hacia el oeste, comenzando el drenaje de las cuencas hidrográficas para dar lugar a la configuración que vemos actualmente. Durante la orogenia alpina no sólo se formaron cordilleras, sino que, al mismo tiempo, según se iban formando los nuevos relieves, se iban erosionando. Los torrentes que entonces, igual que ahora, bajaban de las montañas del Sistema Central, arrastraban el sedimento, y más abajo se iban rellenando las zonas bajas con los materiales arrastrados. De esta forma, durante el Mioceno se formó una gran cubeta rellenada con los sedimentos procedentes de los sistemas montañosos que la rodeaban. En aquella época el clima era más cálido y húmedo que el actual, y los grandes cursos fluviales formaban extensos abanicos aluviales con los materiales que transportaban: los de mayor tamaño (gravas y arenas) se quedaban más cerca del área fuente, y los más finos (limos y arcillas) llegaban a las zonas lacustres, colmatándolas gradualmente. Los compuestos que iban en disolución en el agua también llegaron a los lagos, y son los que dieron lugar a las sales y evaporitas, llamadas así porque precipitan cuando su concentración aumenta al evaporarse las aguas. Aproximadamente dos tercios de la Comunidad de Madrid forman parte de esta amplia cubeta sedimentaria que los geólogos llaman la Cuenca de Madrid. La misma ciudad de Madrid se encuentra inmersa en esta vasta depresión tectónica que estuvo recibiendo sedimentos de los relieves circundantes durante millones de años. El sustrato de la franja central de la Comunidad de Madrid está formado por arcosas y conglomerados del Mioceno (ocre en la figura), originalmente depositados en abanicos aluviales procedentes de los relieves de la sierra. La red hidrográfica que podemos ver actualmente, con sus sucesivas terrazas y sus valles fluviales, se formó a partir del Plioceno, desde hace unos tres millones de años. Esta red discurre en su mayor parte por los valles que se excavaron en los materiales del Terciario que se habían depositado hasta entonces. Todo este proceso de erosión en laderas y montañas, transportando los materiales por los valles fluviales hacia el mar, se viene desarrollando desde el Plioceno y durante el Cuaternario hasta nuestros días. Los procesos geológicos permanecen hoy igual de activos que hace millones de años. Mirando a nuestro alrededor, interpretando el paisaje, y las rocas y sedimentos que forman su sustrato, podemos comprender la historia geológica de la Comunidad de Madrid. Desde la Salida de Alcobendas por la NI iremos recorriendo terrenos sedimentarios arcillosos. Se tratan de arenas arcósicas (arcosas), depositadas tras la orogenia alpina de la era terciaria. Se trata de un sedimento arenoso poco consolidado, con poca cementación, lo que le hace deleznable y fácilmente erosionable por los agentes atmosféricos Se pueden observar variaciones en la tonalidad y en el tamaño de los granos: son los estratos. Nos indican la acumulación sucesiva de diferentes capas en el tiempo: las más antiguas abajo, y las más recientes arriba. Si miramos la arcosa en detalle, preferiblemente con una lupa, veremos que está formada por granos de arena de composición variable, forma más o menos redondeada, y tamaño bastante grueso para ser una arena. Los geólogos clasifican los granos con más de 2 mm como grava. Cuando estos granos de varios centímetros son muy abundantes y con formas redondeadas, entonces a la roca o sedimento se le llama conglomerado. La composición de los granos es fundamentalmente de cuarzo, feldespatos y micas. ¿De dónde vienen estos minerales? Proceden de zonas más alejadas dónde las aguas y el viento han arrastrado los granos depositándolos lejos de su origen (las montañas de la sierra de Madrid) tras la orogenia alpina.


El clima era más cálido y húmedo que el actual, la vegetación diferente, y el relieve formado por grandes abanicos aluviales, es decir, grandes llanuras con pendiente que bajaban desde montañas situadas al norte, hacia lagos situados al sur, por la zona de Madrid ciudad. En cambio, el paisaje que vemos hoy es resultado del encajamiento del río Jarama y su afluente el río Guadalix en estos sedimentos poco consolidados. Como las arcosas no han estado enterradas a mucha profundidad, no están suficientemente compactadas y cementadas para convertirse en una roca dura y resistente a la erosión. Por lo tanto, el relieve de esta zona es alomado, sin afloramientos rocosos, y cuando no hay vegetación son frecuentes las cárcavas y pequeños surcos de erosión por la escorrentía del agua de lluvia que arrastra los granos. Al aproximarnos a la Sierra, comienzan a divisarse formaciones graníticas cuya observación culminará en El Berrueco

PARADA 1. EL BERRUECO: M-131

El objetivo de esta parada es ver diferentes tipos de granito, los minerales que lo forman, su tamaño de grano, su grado de alteración, etc. Al mismo tiempo, veremos el uso que la gente del lugar a dado a esta roca, desde piedras de molino a dinteles de ventanas, pasando por recipientes. En las canteras de la zona se explota el granito como materia prima para la construcción. El Berrueco es un municipio situado al norte de Madrid en la prolongación más oriental del macizo granítico de La Cabrera. El relieve de este término es muy accidentado. Sus altitudes oscilan desde los 1.176 m. del Pico de las Vacas hasta los 865 m. de cota aproximada del pantano de El Atazar. Al oeste se localiza el cerro de Las Cabreras, con varios afloramientos rocosos por encima de los 1.500 m. que constituyen auténticos hitos pétreos paisajísticos. También destacan el cerro del Moro y la Atalaya de El Berrueco (1.030 m.) que forman parte de la cuerda divisoria de aguas entre los ríos Lozoya y Jarama. El terreno es de naturaleza rocosa y pedregosa. Se localizan varias canteras de granito y una mina de plomo argentífero sin explotar. Destacan también en el término numerosos manantiales y fuentes famosas por sus finas aguas, de las que sobresalen las del Hornillo, el Ortigal y Matalobos.


En el entorno próximo al núcleo urbano se encuentra una gran dehesa boyal con numerosos fresnos. El objetivo de esta parada es ver diferentes formas de relieve y tipos de granito, los minerales que lo forman, su tamaño de grano, su grado de alteración, etc. Al mismo tiempo, veremos el uso que la gente del lugar a dado a esta roca, desde piedras de molino a dinteles de ventanas, pasando por recipientes. En las canteras de la zona se explota el granito como materia prima para la construcción. a) Relieve-geología: El Berrueco se localiza en las estribaciones del Sistema Central. Su término municipal está formado por rocas silíceas de la era paleozoica, principalmente granitos (300 millones de años de antigüedad), restos del Macizo Hespérico que se erosionó a lo largo del mesozoico. El relieve se rejuveneció durante la era terciaria como consecuencia de la orogenia alpina que produjo la fractura del zócalo (antiguo Macizo Hespérico arrasado). Los bloques fracturados se levantaron dando lugar a las montañas del interior del zócalo o, se hundieron, dando lugar a las cuencas o depresiones interiores del zócalo (cuenca del Duero, del Tajo y Guadiana). La zona del Berrueco está formada principalmente por granitos como el propio nombre de la población indica: Berrueco deriva de berroqueño, berrocal, es decir zona de grandes acumulaciones de bolas graníticas fruto de la meteorización química y mecánica de esta roca. b) El granito: origen: El granito se forma por la solidificación y consolidación de un magma por enfriamiento en la corteza terrestre. Esto significa que antes de enfriarse era un fluido viscoso y muy caliente (más de 800ºC), como la lava volcánica, pero sin salir a la superficie. El granito se ha enfriado lentamente y en profundidad, dando tiempo a que crezcan los cristales de minerales. Esto hace que los podamos ver claramente a simple vista, sin necesidad de lupa, mientras que en las lavas volcánicas a veces son muy pequeños porque no les ha dado tiempo a crecer. Como el enfriamiento y la solidificación del granito duran tanto (miles de años), da tiempo a que se vayan formando unos minerales antes que otros, y a que haya cambios en la composición final. Las diferentes temperaturas y composiciones dan lugar a diferentes tipos de granito, de grano más grueso o más fino, con mayor o menor cuarzo, etc Una característica del granito es que suele ser homogéneo y no presentar estratos. Por lo tanto, los únicos planos de debilidad para la alteración de sus minerales son los planos de fractura. Entre varios planos de fractura que limiten un gran bloque de granito, la alteración de los minerales progresa desde la fractura, que es por donde circula el agua, hacia el interior del bloque. Esto da lugar a frentes concéntricos de avance de la alteración. La roca alterada pierde la cohesión y los granos se desmoronan, haciendo que no sea apropiada para la construcción. Evidentemente, si después de alterarse bajo tierra se erosionara, entonces la parte del granito próxima a las fracturas, que es la más alterada y deleznable, sería arrastrada por el agua. Después de la erosión quedarían sólo formas redondeadas como las de la foto, tomada al norte de El Berrueco. Estas formas, llamadas berruecos, son frecuentes en las áreas graníticas de la Comunidad de Madrid, y son las que dan el nombre al pueblo.


Bolas graníticas: Granito con formas redondeadas debidas a la erosión: las zonas de fractura están más alteradas y se erosionan más fácilmente, mientras que los núcleos no están tan alterados y aguantan mejor la erosión. Al erosionarse el granito se separan los cristales que lo formaban, originándose granos de cuarzo, feldespato o mica. Además, la alteración de los feldespatos y micas da lugar a minerales de arcilla de muy pequeño tamaño que son fácilmente arrastrados por el agua y alcanzan grandes distancias pues viajan en suspensión y tardan mucho en caer al fondo. Igual ocurre si los arrastra el viento, en cuyo caso las distancias pueden ser de cientos y miles de kilómetros viajando suspendidos en el aire. PARADA 2. VEGETACIÓN. LA DEHESA VIEJA: ALCORNOCAL: Dehesa Vieja (970 metros).


Descripción del itinerario La ruta se inicia en el pueblo del Berrueco y se dirige hacia el sur, a lo largo del Canal Bajo de Isabel II, con muy escasos desniveles. Partiendo del Berrueco en dirección a Torrelaguna por la carretera M-131 encontraremos fresnos,quejigos, encinas, rebollos y alcornoques, atravesando varios tipos de suelo (pizarras, calizas, etc). En esta parada el objetivo principal analizar la vegetación de la zona en especial la que forma la Dehesa Vieja. Tras las últimas casas de El Berrueco, se encuentra la Dehesa de Fresnos, donde los ejemplares de fresnos conviven con robles, sauces, arces de Montpellier y otros arbustos como el rosal silvestre, el majuelo o la zarzamora. Estos árboles nos van a ir acompañando –junto con algunos ejemplares de encina- hasta llegar a la Dehesa Vieja, integrada fundamentalmente por alcornoques (Quercus suber), especie que en la Comunidad de Madrid no es muy abundante y que aquí está nutridamente representada. La creación de la Dehesa ha contribuido a la conservación de este espacio, único por su gran riqueza ecológica, que de otra manera hubiera corrido el peligro de desaparecer. El alcornoque es un árbol propio del clima mediterráneo. Exigente en suelos, sólo crece en los de naturaleza silícea lo que explica su presencia en el Mediterráneo occidental, y en particular de extensas zonas de Extremadura, oeste de Andalucía y Gerona. Este árbol debió de poblar antaño


con profusión los niveles medios y bajos de nuestra sierra, a juzgar por los individuos que subsisten desperdigados por la Pedriza, Hoyo de Manzanares, monte de El Pardo, etcétera. Mas hoy, sea por los rigores del clima –el alcornoque apetece una ligera humedad en verano y no tolera las heladas intensas– o por la incuria humana, que rara vez repone lo que expolia, el único alcornocal de Madrid es el que tapiza la umbría del cerro de la Dehesa Vieja (970 metros), en Torrelaguna, abandonado para todo uso salvo para el cinegético. Desde la antigüedad el hombre ha aprovechado sus bellotas y ha desnudado su corteza exterior (cada diez o doce años) para la obtención de corcho, cuyas aplicaciones son bien conocidas: tapones, artes de pesca, aislantes, calzado... Un bonito itinerario para acercarse a este bosquete es el que, saliendo de El Berrueco por la carretera de Torrelaguna (M-131), vira a la derecha poco antes de llegar a la señal de fin de población para tomar por un camino de tierra que bordea la cerca de la dehesa boyal. De ella habrá que separarse un kilómetro más adelante, siguiendo el ramal izquierdo de una bifurcación hasta llegar a la altura de unas parideras o encerraderos, desde donde, tirando nuevamente a la izquierda por una hondonada, se ha de atajar hacia el Canal Bajo de Isabel II. Visible en la ladera de enfrente, la plataforma de este canal –que conduce agua desde la presa del Villar hasta los depósitos de Torrelaguna– permitirá al excursionista abrirse paso hacia el sur por una espesura de carrascas y quejigos, y plantarse, a dos horas del inicio, junto a los primeros alcornoques. El alcornoque, que a ojo de lego puede pasar por su prima la encina ('Quercus ilex'), se distingue por su corteza harto más gruesa, de entre 10 y 15 centímetros de espesor, resquebrajada y esponjosa. Tras acariciar esta portentosa piel, el excursionista continuará por sobre el canal hasta dar vista a la atalaya árabe de Arrebatacapas, buscando su arrimo para gozar de una panorámica que abarca la afilada sierra de la Cabrera y todos estos montes de vegetación mediterránea donde el rústico alcornoque, como un viejo siervo sin tierra ni amo, vive dejado de la mano de Dios y de los hombres.

PARADA 3. ALREDEDORES DE TORRELAGUNA


En torno al en torno al km. 6 de la M-131 entre Torrelaguna y El Berrueco, se localiza una de las atalayas musulmanas conservadas en la Comunidad de Madrid. La atalaya de Arrebatacapas (s. IXX). El vehículo se puede aparcar junto a la carretera: si es autobús entrando un poco en el camino que sale a la izquierda justo en la curva (indicado con una estrella amarilla en la foto aérea), y si es un coche algo más adelante en un pequeño ensanchamiento. Después de disfrutar la espectacular vista que se nos ofrece hacia el norte, andaremos por la cuneta de la carretera hacia el nordeste.

Esta atalaya árabe, es una de las muchas torres defensivas árabes de Madrid. Con el nombre de atalayas se hace referencia a un conjunto de torres que controlaban el paso a las vías de comunicación y valles habitados en época islámica. Esta torre de vigilancia es cilíndrica, con una leve tendencia tronco-cónica, tiene un perímetro exterior de 19 metros y una altura aproximada de 12 ó 13 metros en origen, aunque hoy presenta uno o dos metros menos porque está desmochada. Arranca en vivo de la roca del terreno, pero se alza sobre una base de 30 centímetros. La única entrada se encuentra a unos 2,5 metros del suelo. El interior estaba dividido en tres pisos separados por un suelo de madera con un hueco en el que se ubicaba una escalera de mano. Es de especial interés por su emplazamiento, sobre todo paisajístico. La atalaya está construida con hiladas de mampostería irregular y argamasa mezclada con piedras para rellenar los muros. Cuando los vigías musulmanes avistaban a las tropas cristianas que entraban en su territorio, mediante señales (humo, fuego si es de noche…) avisaban a la atalaya más próxima y visualmente conectada a ella, que –a su vez- hacía lo propio con la siguiente y así sucesivamente, posibilitando que las poblaciones preparan su defensa, en especial la de Toledo que estaba conectada con la Sierra de Madrid mediante este sistema de atalayas.


Desde el punto de vista geológico, esta atalaya ofrece unas vistas privilegiadas donde confluyen los territorios de eras geológicas y rocas muy distintas. Esta parada es interesante, pues aparte de ver muchos tipos de rocas y de diferentes edades, se disfruta también una espectacular vista del entorno de la sierra. Es el sitio ideal para ver cómo cada tipo de roca o sedimento da lugar a un tipo diferente de paisaje. Esto es porque el sustrato geológico, o sea, las diferentes rocas y sedimentos, originan un tipo de relieve y un tipo de vegetación en función de su composición y resistencia a la erosión, entre otros factores.

Imagen: Vista hacia el noroeste desde el mirador. En primer término aparecen arenas, areniscas y dolomías del Cretácico superior (95-85 millones de años), y al final pizarras del Ordovícico inferior (480-460 millones de años).

Desde el mirador (indicado con una estrella amarilla en la foto aérea) hasta la siguiente curva, la carretera corta capas de dolomía, arenisca, y arenas, fundamentalmente. Deberemos fijarnos en el tamaño de grano, composición, y grado de consolidación y resistencia. Al final del recorrido, pasando la curva siguiente, veremos otro tipo de roca totalmente diferente: pizarras. Se trata de una roca metamórfica que es el resultado de enterrar arcilla y limo a gran profundidad (varios kilómetros), con lo que se ve sometida a elevadas presiones y temperaturas.

Imagen: Areniscas y dolomías del Cretácico. Origen Las dolomías y arenas se depositaron hace más de 80 millones de años, en el Cretácico superior. Evidentemente, el paisaje de entonces era completamente diferente: la zona estaba ocupada por amplias playas y marismas, con un mar somero y cálido bajo clima tropical. En la lejanía, hacia el oeste, se verían pequeños relieves que quedaban de la erosión de una cordillera antigua, y hacia el este, el ancho océano. En este tipo de ambiente se acumularon las arenas procedentes del lejano oeste, removilizadas por el oleaje y las mareas. Por eso son de tamaño de grano pequeño, y bastante bien redondeadas en comparación con las de la Parada 1. Imagen: Pizarras del Ordovícico. En cuanto a las pizarras, proceden de un antiguo sedimento de arcilla y limo que se depositó en el fondo del mar. Lo sabemos porque en ellas se han encontrado fósiles de organismos marinos, algunos de ellos ya extinguidos desde hace mucho tiempo, y que además nos permiten saber cuándo se depositaron. Las pizarras son bastante impermeables y silíceas, dando relieves alomados. En este tipo de rocas los únicos resaltes son algunas intercalaciones de cuarcita o vetas de cuarzo. Al


otro lado del valle, las dolomías que se ven son muy resistentes a la erosión, pues están bien cementadas. Esto es lo que hace que sean frecuentemente utilizadas en las construcciones urbanas, y que originen importantes relieves como los que vemos en esta parada. La dolomía y la caliza están hechas respectivamente de dolomita y de calcita, dos minerales de carbonato que son lentamente disueltos por el agua. Al disolverse estas rocas va quedando un residuo formado por componentes insolubles en agua, como arcillas, cuarzo, etc. Descontando las fracturas, las rocas carbonáticas no suelen ser porosas, como las arenas o areniscas, así que no pueden retener el agua de lluvia o de escorrentía, que inmediatamente se infiltra por las fracturas. Además, el agua que las disuelve se vuelve gorda (dura), y todo esto hace que la vegetación tenga que estar especialmente adaptada. Un buen ejemplo de adaptación es el árbol que está cerca de la curva con el pie protegido por un muro. Se trata de una sabina albar, especie de árbol protegida en la Comunidad de Madrid por su escasez, y que está especialmente adaptada a ambientes extremos: muy frío en invierno, muy caluroso en verano, y escasa agua disponible. PARADA 4 PATONES DE ARRIBA – CUESTAS CALIZAS DE PATONES La 4ª parada se hace en Patones de Arriba, conocido por haber permanecido más o menos aislado durante cientos de años, a pesar de estar documentado su origen, llegando incluso alguno de sus siempre pocos habitantes a haberse autoproclamado rey de los Patones. Destaca su arquitectura de pizarra en perfecto mimetismo con el paisaje. Las pizarras son rocas metamórficas que datan de la era primaria en la que se plegaron. Posteriormente, se depositaron margas y calizas de origen marino y, después, al perder profundidad el mar, se depositaron los yesos, que en Patones no aparecen. Las calizas cretácicas se aprecian si, desde Patones de Arriba hacia Patones de Abajo descendemos por un camino paralelo al cauce de un pequeño torrente. Aparecen sus formas típicas: grietas, cuevas y surgencias, ya que las rocas pueden contener acuíferos por fenómenos de disolución. Al final de la cuesta se extiende el valle del Jarama donde las calizas son sustituidas por las arenas y areniscas porosas del Albense y los aluviones del río.


De Patones de Abajo hasta el Pontón de la Oliva, la carretera discurre a lo largo del valle a nivel del contacto entre la cuesta calcárea y el aluvial del río. Vemos el dorso de la cuesta en la que los estratos buzan hacia el río, y sobre él el trazado de las conducciones del Canal de Isabel II que llevan el agua hasta Madrid. El más próximo a nosotros es el canal de la Parra, el primero en entrar en servicio en 1858, fecha de la inauguración de la presa del Pontón de la Oliva.

Relieve estructural en cuesta

A la derecha de la carretera se extiende la llanura aluvial del río Jarama, formada por gravas de cuarcitas de tamaño grueso, de gran importancia hidrogeológica, pues conforman un acuífero en comunicación con el río. Al volver de Uceda, cerca de la confluencia de los ríos Lozoya y Jarama veremos algunas instalaciones de interés relacionadas con este hecho: – Estación de aforo en el cauce del río Jarama, perteneciente al Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) que registra de forma automática el caudal del río. En su parte superior veremos la antena de transmisión de datos. – Pozos Ranney, ahora en desuso, que drenan aguas del aluvial. Este tipo de pozo es de escasa profundidad, unos 15 a 20 metros, pero de su base parten conductos radiales de drenaje de centenares de metros a lo largo del aluvión.


Vemos la conducción del pozo cruzando la carretera y remontando la cuesta. La sobreexplotación de este acuífero trajo consigo la formación de algunas formas de hundimiento (dolinas) en diferentes lugares de la llanura que actualmente no se aprecian pues fueron rellenadas a lo largo de los años noventa. Además la extracción de agua iba agotando las reservas hasta que los pozos dejaron de ser operativos en los años 80. – Azud de Valdentales). Un azud es una pequeña presa destinada a la derivación del caudal fluvial. En este caso, se construyó con la intención de favorecer la retención de agua en el aluvial, aguas arriba para así alimentar los pozos Ranney cuando el nivel era muy bajo. Sin embargo, esta iniciativa tampoco pudo solucionar el descenso en la producción de los pozos y fueron finalmente abandonados.

Azud de Valdentales.

Las rocas de Patones


El relieve en la zona de Patones es curioso. Los materiales más antiguos, las pizarras, son los que están a mayor altura a pesar de situarse por debajo de todos los demás.

Lo primero que sabemos de esta zona es que en ella se depositaron gran cantidad de materiales durante el paleozoico.

Después estos materiales se deformaron y transformaron en rocas metamórficas como las Pizarras (las rocas más antiguas que encontramos). Esto debió ocurrir mientras se enfriaban los magmas graníticos de los alrededores.


Las siguientes rocas, las calizas del secundario, nos sugieren un mar con una importante acumulación de sedimentos calcáreos.

Después el mar se retiró, elevándose el terreno y alejándose mucho la línea de costa. Los materiales que se elevaban eran a la vez erosionados, y sus fragmentos rellenaron una zona de depósito durante el Terciario.

En el Cuaternario un río, el Jarama, discurre por la zona presentando una gran variedad de las formas típicas de los valles fluviales.


PARADA 5. EL PONTÓN DE LA OLIVA

Presa del Pontón de la Oliva

La presa del Pontón de la Oliva fue construida en 1852 sobre una anterior del siglo XVIII, que alimentaba el canal de Cabarrús. De este Canal que empezaba en el Pontón de la Oliva y acababa


aguas abajo en un lugar conocido como “El Roncadero”, sólo quedan restos y lleva el nombre del fundador del Banco de San Carlos, luego Banco de España. Hasta mediados del S. XIX, Madrid se abastecía de agua gracias a 54 fuentes. Este suministro se quedaba escaso para los 260.000 habitantes de la capital, un número que además aumentaba rápidamente. Por ello era necesaria una mejora del suministro, algo de lo que se ocupó Juan Bravo Murillo, el Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas bajo el reinado de Isabel II. En 1848 ordenó algunos estudios preliminares para explotar el agua de los ríos cercanos a la capital. El 15 de diciembre del mismo año se aprobó el anteproyecto para traer agua a Madrid de los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera. Pensaban utilizar el agua del río Lozoya por su calidad. El 11 de agosto de 1851 el Rey Consorte Francisco de Asís puso la primera piedra de la presa. En 1856 la presa estaba lista para ser probada. La inauguración de la presa tuvo lugar el 24 de junio de 1858, cuando estuvieron finalizadas las obras de ese sector del Canal de Isabel II. EL primer depósito que abastecía Madrid se construyó en el Campo de Guardias, en la calle Bravo Murillo. Posteriormente se construyó una fuente en la Calle ancha de San Bernardo para celebrar la llegada de las aguas a la capital. La construcción fue realizada por 1.500 presos y 200 obreros libres con los medios de la época. Entre estos medios se incluía el uso de palomas mensajeras como medio de comunicación. Aparte de las duras condiciones de trabajo, también sufrieron una epidemia de cólera en el campamento de construcción. Se construyó una presa de gravedad que utiliza su propio peso para contener el agua. En su base la presa tiene un espesor de 39 metros, y en la parte superior 6.72. La longitud es de 72.44 m y la altura total, incluyendo 5 metros de cimientos es de 32 metros. La presa se construyó con sillería de piedra y mortero de cal. También hay una torre de captación de una altura similar a la de la presa. Pese al gran esfuerzo que supuso, pronto se vio que la presa no iba a solucionar los problemas de abastecimiento de Madrid. Sufría numerosas filtraciones debido a la propia tipología del terreno, lo que hacía imposible llenar adecuadamente el embalse. Esto obligó a que en 1860, sólo 2 años después de la inauguración, se tuviera que construir la pequeña presa de Navarejos ya que en época de sequía las filtraciones hacían imposible la captación de agua del Pontón de la Oliva. El final del Pontón de la Oliva llegó con la construcción de la presa del Villar, aún hoy en funcionamiento y que recibe el nombre de un poblado de la zona ya desaparecido entonces. La primera piedra se colocó el 26 de junio de 1870, y el embalse empezó a funcionar en 1873, aunque las obras no se finalizaran hasta 1882. La presa del Villar es una obra notable, ya que es la primera presa abovedada construída en el mundo, y además sigue en activo 140 años después del inicio de su construcción. La presa del Pontón de la Oliva nunca funcionó a pleno rendimiento, y su vida útil fue muy corta. Su fracaso no se debió tanto a una mala ejecución de las obras como al desconocimiento de las propiedades del terreno. Esta presa se construyó como punto de partida del Canal de Isabel II (creado por Real Decreto de 18 de junio de 1851), proyectado para cubrir la creciente demanda de agua ocasionada por el aumento de población de la ciudad, que por entonces superaba por poco el cuarto de millón de habitantes. Hasta entonces la disponibilidad de agua dependía de las fuentes públicas y privadas alimentadas por los viajes de agua, galerías de origen árabe (qanats), construidas entre los siglos XIV (y quizá ya a principios del XIII) y XIX, que drenaban los acuíferos para conducir el agua hasta la ciudad (para más datos consúltese, por ejemplo, el texto Geología, Geomorfología, Hidrogeología y Geotecnia de Madrid, AA.VV. Ed. Ayuntamiento de Madrid, Col. Temas Urbanos, 10. Ecología). En aquel primer trazado del Canal de Isabel II, realizado siendo ministro de obras públicas Juan Bravo Murillo, trabajaron penosamente más de 1.500 obreros y unos 2.000 presos para construir, durante siete años, los 77 kilómetros de canal que llevarían el agua del Lozoya hasta Madrid. La


inauguración tuvo lugar en junio de 1858 con presencia de la reina Isabel II, subiendo desde ese momento la dotación de agua de los madrileños de unos 6 a 200 litros por habitante y día (para la población de entonces). Aún se conservan las ruinas de algunas de las construcciones que sirvieron para el alojamiento de los presos, la capilla y el trazado del hospital, todas en el camino que lleva desde el aparcamiento hacia la presa. Los sillares son de la misma formación que las paredes de la cerrada donde se encuentra, una caliza dolomítica del Cretácico medio muy resistente, aunque proceden de canteras situadas en Patones y Redueña, a unos 15 km, desde donde eran transportados en carreta hasta la obra. Las construcciones auxiliares alrededor de la presa están construidas con una caliza de color crema a rosado (caliza rubia), menos compacta que la gris, que corresponde a un nivel estratigráfico superior, aproximadamente en la culminación de los cantiles que enmarcan la presa. Del extremo derecho partía el canal cubierto de conducción de agua que se continuaba en el canal de la Parra, construido en tubería de hierro forjado cerrado por roblones.

Desde el mismo momento de su inauguración se manifestaron problemas relacionados con la situación sobre calizas karstificadas, lo que originaba pérdidas cuantiosas por filtración. Además, también se perdía agua por el contacto entre el cuerpo de la presa y el sustrato calcáreo donde está cimentada. Esto último se intentó solventar con la adición de un muro de mampostería adosado a la base de la presa en su cara interna y construido con caliza rubia del entorno. Sin embargo, los problemas de filtraciones continuaron obligando a emprender nuevas obras hidráulicas para asegurar el abastecimiento de agua a Madrid, como el azud de Navarejos o el canal de Guadalix, que culminaron con la construcción del embalse de El Villar en 1882. Desde ese momento la demanda de agua no ha dejado de crecer al igual que la capacidad de agua embalsada, hasta tal punto que hoy día prácticamente se captan la totalidad de aportaciones de nuestros ríos.


En este punto el río Lozoya corta la banda de calizas cretácicas, que aflora en la región con dirección NE-SO y que presenta un buzamiento similar al de un relieve en “cuesta”. Aquí el conjunto calcáreo cretácico presenta un aspecto más compacto y homogéneo que en Patones. Las paredes verticales recuerdan a las de los típicos cañones calizos (como el del río Duratón) y ello se debe a que la mayoría de los cañones calizos del centro de España se desarrollan siempre sobre las formaciones calcáreas del Cretácico Superior, que adquirieron un gran desarrollo y extensión durante este periodo de tiempo. Desde las inmediaciones a la presa del Pontón de la Oliva, mirando hacia Uceda, se aprecian varios niveles de terrazas del río Jarama. Se interpretan como una consecuencia de movimientos tectónicos que modifican el nivel de base regional y no como resultado de variaciones eustáticas en el nivel del mar (glaciaciones), cuya influencia no alcanza estos ríos. Esto se manifiesta además en que, a lo largo de un mismo valle, podemos encontrar variaciones en las terrazas presentes. Desde el punto de vista geobotánico, la zona de la confluencia entre los ríos Lozoya y Jarama, próxima, está muy poco alterada. Aquí se desarrolla un bosque galería con álamos, sauces, alisos, etc. En las inmediaciones se puede encontrar un pinar de repoblación ( Pinus halepensis), alternado con un jaral (Cistus ladanifer) y un retamal (Retama sphaerocarpa). En la meta estaba la guinda: el cañón del río Lozoya y sus paredes cortadas, de setenta u ochenta metros, con torrentes, buitreras, cornicabras (Pistacia terebinthus), cojines de monja (Erinacea anthyllis), orquídeas, cantuesos (Lavandula pedunculata), aulagas (Ulex parviflorus)… La información de estos contenidos ha sido obtenida de :

http://www.ucm.es/info/diciex/programas/las-rocas/rocasdepatones/index.htm http://platea.pntic.mec.es/~cmarti3/2000/campo/jarama/recorr8.htm http://www.sociedadgeologica.es/archivos_pdf/g12triptico_madrid.pdf http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/patrimonio/rutas/geologicas/Itinerarios Geologicos/introduccion/default.asp http://de-otro-tiempo.blogspot.com.es/2011/11/el-ponton-de-la-oliva.html

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