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:indice

ll

Agradecimientos Introducci6n

I:?ARTE

I

HACIA UNA ANTROPOLOGIA CRITICA DE LA ANTROPOLOGIA 1..

Diferencia, hegemoniay disciplinamiento en antropologia

Lugar, poder y diferencia

21 23

Establecimientos antropol6gicos perifericos y "otras antropologias" Hegemonfas y disciplinamien to 2.

32 40

Singularidades y asimetrias en el campo antropo16gico tra.QSnacional

Cuestiones de encuadre: las singularidades Hacia una perspectiva sistemica: las asimetrfas

53 55 6o

Transfonnaciones tecnol6gicas y (nuevas) subalternizaciones Come n tarios finales

67

71

3路 Naturalizaci6n de privilegios: sobre Ia escritura y Ia formaci6n antropo16gica

Ansiedades de Ia escritura antropol6gica Fonnaci6n antropol6gica en Ia era de los posgrados

73

75

84


10 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

4· Red de Antropologias del Mundo Red de Antropologias del Mundo (RAM-WAN) Desplazamientos te6ricos El proyecto de Ia red Reacciones y cuestionamientos Conclusion es

95 98 100 108 111 116

PARTE II

EN TORNO A LA ESPECIFICIDAD DE LOS ESTUDIOS CULTURALES 5· Apuntes sobre estudios culturales

Para p erfilar consensos Disputas Conclusiones 6. �De que estudios culturales estamos hablando? Especificidad Legados Transdisciplinariedad Intezvenci6n Gesti6n cultural Conclusiones 7� En torno a los estudios culturales en America

121 125 136 148 153 153 159 160 163 164 166

Latina

169

Los estudios culturales desde Ia periferia Estudios (inter) culturales en clave decolonial

178 187

Epilogo. Antropologia y es�dios culturales: confl.uencias

y tensiones La especificidad de I a antropologia La especificidad de los estudios culturales Tensiones y confluencias

193 198 205 212

Referencias bibliograficas

22 1


Agradecimientos

Es te libra es el resultado de innumerables conversacio­ nes sostenidas durante los ultimos diez aiios con amigos y colegas , e n tomo a l a antropologia y l o s estudios cul turales. P o r el lado de la antropologia, los enriquecedores debates que gest6 la Red de Antropologias del Mundo han sido vitales para troquelar mu­ chos de los planteos realizados en la primera parte de es te libra. Agradezco por su honestidad y generosidad intelectual al nucleo impulsor de estos debates, en p articular a Marisol de la Cadena, Arturo Escobar, Susana Narotzky y Gustavo Lins Ribeiro . Tam­ bien quiero agradecer a Julio Arias, Claudia Briones, Alhena Cai­ cedo, Alej andro Grimson, Mauricio Pardo, Rosana Guber y Alcida Ramos por las edificantes discusiones sobre asun tos relacionados con las pnicticas antropol6gicas en nuestros contextos y sin las cuales hubieran sido impensables muchos de los argumentos aquf elaborados. En relaci6n con los estudios culturales, debo agradecer a Lawrence Grossberg por compartir su pasi6n en defender una pnictica intelectual, con texntal y polfticamen te relevante. Entre los muchos in terlocu tores cercanos a esta corrien te, tengo una particular deuda .intelectual con Axel Rojas, con quien he traba­ jado en conjunto a lo l argo de estos aiios, y quien ha conocido y comentado los borradores que finalmente forman parte de este libro. Tambien han sido de particular relevancia para decantar argumentos en diferentes momentos las conversaciones sobre al­ gunos aspectos aquf tratados con Juan Ricardo Aparicio, Santiago Castro, Jesus Martfn-Barbera , Cons tanza Mendoza, Juan Manuel Rodrfguez, Nelly Richard y Vfctor Vich . Muchos de estos inter­ cambios han tenido lugar en diferentes partes de America Latina,


1 2 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

en el marco de Ia Red de Posgrados �I). Estudios y Politicas Cul­ turales, impulsada y coordinada por Alejandro Grimson, a quien quiero agradecer muy especialmente por su apertura al debate y, sobre todo, por su capacidad para poner en cuesti6n no pocas certezas.


Introduccion

Antes que una disciplina homogenea confonnada por las mismas pnicticas, enfasis, agendas, entramados institucionales y estrategias metodol6gicas en todo el mundo, el campo an tro­ pol6gico transnacional se ha caractelizado por Ia existencia de tradicio � es provenientes de comunidades locales, n acionales o

regionales, cuyas especificidades, siguiendo a Cardoso de Olivei­ ra (2000 ) , esttin constitu idas _por paradigmas y "estilos" diferen­ tes. Sin dudas , la heterogeneidad ha sido una de las improntas de

Ia disciplina antropol6gica: no solo se pueden mm·car divergen­ cias significativas e ntre tradidones nacionales (como Ia francesa _ o Ia estadounidense) o regionales (como Ia antropologia crftica latinoamelicana y el estFuctural-funcionalismo em·opeo) , sino tambien en el intelior de estas fonnaciones an tropol6gicas na­ cionales (entre lo que aparece como "escuelas", por ej e�plo ) . Esta he terqgeneidad, sin embargo, n o excluye I a existencia de un campo an tropol6gico transnacional. Por empezar, mas alia de que ser antrop6Iogo signifique cosas distin tas en diferen tes lugares y momentos para ciertos colectivos, todos los antropo­ logos �e sien ten interpelados como tales, es decir, tienen rasgos en comun. Del mismo modo, una serie de Cliterios de recono­ cimiento y de traducci6n entre estas diferentes tradiciones (que pasan por apropiaciones y por disputas ) , asf como un conj unl:o de relaciones ins ti tucionalizadas en y entre las distin tas forma­ ciones nacionales constituyen es te campo transnacional . Por ul­ timo, este campo implica una serie de referen tes compartidos con respecto a Ia his tolia de la disciplina, una constelacion de trabaj os , autores y problematicas reconocidos como propios y, sobre todo, ciertos estilos predominan tes en el trabaj o i n telec-


14 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

tual (como Ia perspectiva e tnografica o el enfasis en Ia diferencia cultural) . Ahara bien, las visibilidades y audibilidades de las diferentes tradiciones antropol6gicas en el campo antropol6gico transna­ cional se encuen tran lej os de ser equitativas: algunas -asf como ciertos antrop6Iogos- tienen mucha mas presencia que otras. Las asimetrias en este punta han delimi tado las condiciones de con­ versabilidad en este ambito desde sus inicios. En Ia primera parte de este libra se examina una serie de as­ pectos relacionados con es tas dif erencias y jerarquizaciones en y e n u·e las tradicio nes anu·opol6gicas y los anu·op6Iogos. EI p1imer capftulo discute un conjunto de conc� p tualizaciones sugeridas por varios autoi·es para comprender el p osicionamiento distin­ to y desigual de las an tropologias del mundo. Con este obj e tivo en mente, se abordan de manera critica algunos planteos fun­ da�os en Ia dis tinci6n cen u·o/periferia, poniendo el enfasis en la relevancia de u n enfoque sistemico que de cuenta de las im­ plicaciones con tradictorias de las desigualdades estructurales en el campo an tropol6gico transnacional. Este capitulo concluye abordando algunos mecanismos que instauran y reproducen es­ tas desigualdades esu·ucturales desde el analisis de Ia hegemonia y el disciplinamiento . E n el segundo capitulo se argumenta que las concepciones nor­ mativas de la disciplina tienden a obliterar Ia multiplicidad de ge­ nealogfas, u·ayectorias y confi.guraciones de las an tropologfas exis­ tentes en el mundo. D erivadas de paradigmas naturalizados que pocas veces son obj e to de escrutinio, las singula1idades se opacan. Se propane, de este modo, una serie de planteos te61icos sobre la relevancia de comprender estas singularidades, asi como sobre las relaciones de poder que esu·ucturan las condiciones de existencia y de visibilidad en y entre las antropologfas del mundo. A partir del caso colombiano, el tercer capitulo se cenu·a en como se articulan ciertos p1ivilegios entre los an trop6logos, con relaci6n a las prcicticas de escritura y Ia fonnaci6n anu·opol6gica. Por una parte, se examinan las actitudes de algu nos investigado­ res en cuanto a la autmia de sus esnitos, cuya circulaci6n entor­ pecen adrede, asi como tambien dificultan u.na filiaci6n mas o


INTRODUCCION 15

menos explicita a una postura politica. Par otra, se cuestiona Ia decision de fomentar programas de posgrado de antropologfa en el pais, en detrimento de la �specificidad y relevancia de la forma­ cion de pregrado. La primera parte concluye con un capitulo dedicado a la Red de Antropologfas del Mundo. Ademas de realizar un breve re­ cuento historico sabre su surgimiento, en este capitulo se abor­ dan los desplazamientOS teOiiCOS mas significatiVOS asociadas a la conceptualizacion de esta red. Asimismo, se presentan algunos de los argumentos cenu·ales de Ia relevancia de ser-en-red o de en-redarse, como en un inicio se concibio la labor y el intercam­ bio enu·e los diferentes participantes. Se cierra este capitulo con el recuento de las criticas que se han realizado a algunos de los planteos esgrimidos en las publicaciones e intervenciones de los participantes de la red para sustentar la nocion de "anu·opologias del mundo". Los estudios culturales constituyen el objeto de inten!s de la segunda parte del libra. En esta parte, se cuestiona una tendencia -cada vez mas difundida- a equiparar los estudios culturales con estudios sabre la cultura, confusion habitual incluso entre quienes se dicen sus practicantes. Desde II).i perspectiva, para comprender la especificidad del proyecto intelectual y politico de los estudios culturales, es fundamental establecer una distincion entre ambos planteos: no alcanza con estudiar la cultura o lo cultural para ha­ cer estudios culturales. Si bien de cierta manera los estudios cultu­ rales "estudian" Ia cultura o lo cultural, esto no significa que cual­ quier estudio sabre la cultura o lo cultural pueda ser adecuada11urnle considerado como estudios culturales. Asumir esta transposicion implicaria subordinar a los estudios culturales una serie de tradiciones disciplinarias o campos inter­ disciplinarios que ya tienen su propia especificidad y genealogfa. Par ejemplo, si los estudios culturales debieran ocuparse de todos los abordajes sabre Ia cultura y lo cultural, se soslayaria el enonne y muchas veces valioso trabajo adelantado desde la antropologfa cultural, la sociologfa de la cultura, la ciitica cultural o Ia hist01ia cultural. En este sentido, los estudios culturales son mucho me­ nos, pero tambien alga distinto.


1 6 ANTROPOLOGIA

Y

£STU DIOS CULTURALES

Los u·es capftulos que constituyen Ia segunda parle del libro buscan dar cuent.:"l, de manera critica, de Ia especificidad de los estudios culturales. En el capflulo que abre Ia seccion, "Apuntes sabre estudios culturales", se presentan de manera esquetmitica los criterios sabre los que existida un consenso relativo entre el grueso de sus practicantes, y sc elabora ademas un mapa con al­ gunas de sus disputas cardinales. Entre los consensos estarfan, pues, su nocion de "cultura-como-poder"

y del "poder-como-cul­

tura", su enfoque transdisciplinario, su explfcita vocaci6n polftica y su encuadre antirrecluccionista, que ciertos autores han deno­ minado "contextualismo radical". Entre las disputas, encontra­ mos Ia cliscusion sabre Ia pluralizaci6n de las genealogfas de los estudios culturales; Ia preocupacion por Ia geopolftica del cono­ ci1niento, articulada por el colonialismo intelectual que realiza apropiaciones descontextualizadas de los estudios culturales; los cuestionamientos a los efectos de la institucionalizaci6n;

y los de­

bates sabre el lugar de la alta teoria que equipara los estudios cul­ turales con elucubraciones referidas a la teorfa social y cultural contemporanea. El si!$'-tiente ·capitulo, "cDe que estudios culturales estamos hablando?", se basa en un cuestionatio, de realizacion colec­ tiva, que clio nacimiento a un libra editado por Nelly Richard

(201 0 ) . He

decidido mantener el tono inicial de mis respuestas

a dicho cuestionario, que cubren aquello relacionado con el modo de entender los estudios culturales desde nuestro contex­ to y con las particulares preocupaciones de sus articulaciones e institucionalizaciones. El ultimo capitulo de esta seguncla parte se centra en algunos aspectos y disputas de como se entiende Ia genealogfa y la pr:ictica de los estudios culturales en America Latina, a partir de proble­ matizar Ia operacion analftica que equipara "estuclios culturales latinoamericanos" con pensamiento critico o con ·estudios sabre la cultura en America Latina. En el capitulo se aboga, entonces, por Ia posibilidad de concebir esta pr<ktica sin que pierda su es­ pecificidad ni su densidad l�istorica, cuestionando las "facilerfas" que subsumen bajo Ia etiqueta de estudios culturales todo aque­ llo que se haya hecho en la region en torno a Ia cultura.


INTRO DUCCION

17

El libro cierra con una reflexi6n sabre algunas de las conOuen­ cias y tensiones enu·e la antropologfa y los estudios cultural es. Lue­ go de seiialar los prejuicios tmis frecuentes de los an trop6logos con respecto a! campo de los es tudios culturales (y a Ia inversa), hay una breve carac terizaci6n de los dos campos; a conlinuacion, se plantean algunas de las tensio nes, asf como los posibles apones de los cuales se podrfan beneficiar mu tuame n te, en Ia medicla

en

que cacla uno decicliera abordar el conocimien to del o tro campo. Antes de concluir esta inu·oclucci6 n, no quiero pasar par al to una diferencia de enfasis en mi argumentaci6n. Para Ia primera parte he sostenido Ia necesidad metodol6gica de situar a Ia an­ tropologfa en el terreno de la he terogeneidad de las practicas )' ubicaciones de lo que se hace en su nom bre. Esto ha supuesto una desesencializaci6n y pluralizaci6n de lo que se e n tiende como an­ tropologfa en el marco de densas relaciones de poder de cliferen­

tes escalas ( u·ansnacio nal, regional, nacional y local ) , que visibi­ lizan y silencian a las disfmiles antropologfas y anu·op6logos .

En

con traste, en Ia segunda parte del libro el enfasis se centra mas

en

diferenciar entre lo que se hace en nombre de los es tudios cultu­ rales y de lo que -a mi modo de ver- constituye Ia especificidad de su proyec to intelec tual y politico. El argumento de "los estudios culturales no son una sola cosa, pero no toda cosa ameri ta ser con­ siderada estudios culturales" opera en el terreno de las clisputas par posicionar un estilo de labor i n telec tual y politica. No debe e n tenderse, par esta diferencia en Ia argumentaci6n, que fal te una labor intelectual y polftica en la antropologfa que dispu te un Iugar con muchas ou·as maneras de concebir y hacer antropologfa; tampoco, que los llamaclos estudios culturales que no se corresponden con los criterios sugeridqs aqu f para consicle­ rar su especificidad no puedan incluirse en el campo euwgrafico de Ia que, en clefinitiva, son los es tudios cttllurales Tealmente existen­ tes. Espero , mas bien, que los acentos puestos en la

argumcntaci6n

respecto de am bas partes sean productivos para vislumbrar ciertas cartograffas de las luchas que han constituido y clefiniran Ia antro­ pologfa y los estuclios culturales en sus anclajes perifericos.


PARTE I

Hacia una antropologia critica de Ia antropologia


Diferencia, hegemonia y disciplinamiento en antropologia 1.

Somos, como todo el mundo, c1ian.ras de nuestro tiem­ po, vestigios de nuestros compromisos. CLIFFORD

GEERTZ (2002: 2)

La difereilcia entre las formaciones sociales y culturales ha cautivado Ia imaginaci6n anu·opol6gica desde los comienzos de su constintci6n disciplinaiia: Se ha argumentado, incluso, que esta diferencia no solo ha sido objeto de estudio piivilegiado, sino condici6n de posibilidad de Ia antropologia como disciplina cien­ tffica (Trouillot, [1991] 2011). Durante una primera fase de-Ia pnictica antropol6gica institucionalizada, las formaciones sociales y culntrales que interpelaron predominantemente a Ia disciplina fueron las llamadas "sociedades piimitivas". Muchas de elias dis­ tantes geognificamente, implicaban un desplazamiento ffsico del antrop6Iogo para habitar "mundos ex6ticos". No debemos olvidar que en un piimer momenta de Ia constintci6n de Ia disciplina en Europa, Ia distinci6n entre antropologfa (o etnologfa) y folclore respondfa a una diferencia entre el estudio de una otredad radi­ cal en tierras distantes y el de las diferencias mas pr6ximas, las pequeiias diferencias. Desde entonces, gran parte de las premisas te6Iicas q ue hide­ ron posible este ejercicio antropol6gico han sido cuestionaclas, pero tambien se han u-ansformado las condiciones polfticas que garantizaban las relaciones del anu·op6logo con las poblaciones que eran su objeto de estudio por antonomasia. Los movimientos nacionalistas de descolonizaci6n y el surgimiento de nuevos Est.'1dos, Ia consolidaci6n de establecimientos y comunidades de aiuro­ p6Iogos en muchos de los sitios donde se hallaban esas "sociedacles


22

ANTROPOLOGIA Y ESTUDIOS CULTURALES

primitivas" y Ia problematizacion de los modelos de conocimiento cientifico que prevalecia n basta _mediados del siglo pasado son al­ gunas de las transfonnaciones mas evidentes y con mayores im­ plicaciones para las condiciones y caracterfsticas en las cuales se articulan las an u·opologias contemponineas (Ben-Ali, 1999). Mas recientemente , hemos sido testigos de u·ansfmmaciones significativas a escala mundial . En tenninos tecnologicos, habita­ mos un m undo donde los mecanismos de circulacion de ideas, objetos y capi tales no parecieran tener paralelo cuan titativa ni cualitativamente con las o tras facetas de este sistema mundo mo­ derno (Tsing, 2002). En las expeiiencias espacio-temporales y las subj e tividades individuales y colectivas tarnbien se han gesta­ do profundas transfonnaciones (Harvey, 1989 ) . Las condiciones de autonomfa y gobernabilidad de gran parte de ciertos aparatos de Estado (sabre todo los de Ia petifetia del sistema mundo ) se han vista socavadas desde multiples flancos, tanto supra como in­ fraestatales. Las predicas neoliberales forman parte de polfticas de entidades estatales, intergubernamentales o no gubemamen­ tales, y constituye_n un terre no de dispu ta no solo par parte de mo­ vimientos sociales, organizaciones de base y reyueltas populares, sino desde diseiios y retoticas alternativas de gobierno (Ferguson y Gupta, 2008). Estas y o u·as expresiones de nuesu·o tiempo son obj e to de debates academicos y politicos, en todo el espectro de posiciones, que van de las mas celebratorias a las mas demonizan­ tes, de las mas naturalizantes a las mas crfticas. En este contexto, tC6mo entender las relaciones entre diferen­ cia, Iugar y poder en y entre los establecimientos antropologicos de las distintas regi ones y pafses? �Cuciles son las condiciones y los tenninos de conversabilidad y de visibilidad de lo que, a falta de un mej o r termino, podrfamos Hamar "comunidad antropol6gica u·ansnacional"? c:Cmiles son las caracterfsticas y el lugar de las que se pueden considerar "antropologias sin hist01ia" o "anu·opolo­ gias del Sur" (Krotz, 1 993)? c:Son estas anu·opologias alternativas al modelo an u·opologico. o riginado en los pafses meu·opolitanos? En Ia primera parte de este capitulo se examina criticamente la distinci6n entre an n-apologias cenu·ales y perifericas sugelida par vatios anu·op6logos desde los aiios ochenta basta l a propuesta


DIFERENCIA, HEGEMONIA

Y

DISCIPLINAMIENTO 23

mas reciente de Ia categoria de sistema mundo de Ia antropolo­ gfa. La segunda parte se centra en el amilisis de varias concepnta­ lizaciones sabre particularidades de las antropologfas en la pei;­ feria del campo transnacional. Finalmente, en la tercera parte, se ofrece una explicacion sabre como se instituyen y reproducen las hegemonfas en la antropologfa y el lugar del disciplinamiento en este proceso.

LUGAR, PODER Y DIFERENCIA

A fin de comprender Ia diferencia de visibilldad y posicionamien­ to de las antropologfas en el campo antropologico mundial, es pertinente recurrir a una distin�ion, sugerida par varios autores, enu·e anti'opologfas meu·opolitanas o centrales y anu·opologfas perifericas. Una de las mas conocidas y citadas·en America Latina es la propuesta de Cardoso de Oliveira. AI contrario de lo que pudiera pensarse par asociacion con la temia del sistema mun­ do de Wallerstein, el termino "antropologfa periferica" se refiere, para este anu·opologo brasileiio, a "la ontogenesis del campo de la antropologfa, mas alia de su estrucntracion actual" ([1993] 2004: 37). Par tanto, la considera como una "categorfa eminentemente historica". Asi, las antropologfas pe1;fe1;cas pueden existir en cualquiera de los "mundos", basta in­ cluso en el rnundo europeo, siempre que sean identifi­ cadas en paises que no hayan registrado la emergencia de Ia disciplina en su territorio y, de esa manera, no ha­ yan ocupado una posicion hegemonica en el desarrollo de los nuevas paradigmas (Cardoso de Oliveira, [1993] 2004: 37). Para Cardoso de Oliveira (2000: 13), entonces, las antropologias metropolitanas o centrales selian aquellas donde se origino la an­ tropologfa y donde se han articulado los distintos paracligmas que constintyen la "matriz disciplinar", esto es, los Estados Unidos,


24 ANTROPO LOGJA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

Inglaten·a y Francia. Antes que paradigmas que se sustituye n me­ diante las revoluciones cientificas de las que hablo Thomas Kuhn para las ciencias naturales, la mau·iz disciplinar de la antropologfa "esta constituida por un corBunto de paradigmas simultaneamen­ te activos e insertos en un sistem a de relaciones bastante tenso, y es responsable de la identidad de la anu·opologfa, asf como de su persistencia, a lo largo de este siglo" ( Cardoso de Oliveira, [1993]

2004: �6).

Otro rasgo que clistingue las antro pologfas centrales de las pe•i­ fericas consiste en la pretension de universalidad de las piimeras, mi entras que l as segundas poseen un caracter particular en tanto se encuentran general mente orientadas "hacia las singulatidades de sus contextos socioculturales, h abituahnente u·ansfonnadqs en

obj etos casi exclusivos de i nves tigacion" ( Cardoso de Oliveira,

[1993] 2004: 37) . Esta disti ncion constituye el fundame nto de un p unta de vista y un proyecto politico diferente entre las antro­ pologfas perifedcas y las metropolitanas. Sabre este importante punta volvere mas adelante; par ahara, me interesa resaltar que para dar cuenta de esta particularidad de las anu·opologfas peii­ feiicas, Cardoso de Oliveira pro p a n e la nocion de "estilo". Para el anu·opologo brasileiio, las particulaiidades de y enu·e estas antro­ pologfas serfan adecuadamente examinadas como variaciones de

estilos.

No obstante, para las antropologfas centrales no es aplica­

ble esta nocion, en tanto elias mismas constituyen los p aradigmas originates que definen la disciplina. En sus palabras: Si esas diferencias se velifican en la periferia, pueden

y

deben ser consideradas mediante un amilisis estilfstico; no se puede decir lo mismo con relacion a las anu·opolo­ gfas cenu-ales, dado que esas antropologfas no tendrian sus diferencias explicitadas en terminos estilfsticos pues, de alguna m anera, estan enraizadas en sus paradigmas oiiginales, todos marcados por u n a pretension de uni­ versaliclad ( Cardoso de Oliveira, [1993]

2004: 37) .

De. esta man era, "la nocion de estilo remite a una individuacion o especificidad de

la disciplina cuando esta se singulaliza en otros


DIFERENCIA, H EGEMONIA

Y

DlSCIPLINAl\IIENTO 25

espacios" (Cardoso de Oliveira, [1993] 2004: 37) . Y ya que las an­ u·opologfas metropolitanas se presentan, segU.n este auLOr, como constitutivas de Ia: mauiz disciplinary con pretensiones universa­ listas, no es relevante pef!sarlas en terminos de estilos. La propuesta de Cardoso de Oliveira es interesante, pero tam­ bien problematica para entender los procesos y mecanismos que han operado en Ia visibilidad y posicionalidad diferencial de los disfmiles establecimientos antropologicos en el campo u·ansna­ donal. Es relevante que no limite al Sur Ia nocion de anu·opolo­ gfas perifericas, considerando que en cualquiera de los "mundos" (como en Europa) existen antropologfas perifericas. Sin embar­ go, considerar de arden historico Ia distincion anu·opologfas cen­ u·ales/perifericas para referirse a los pafses donde se origino o no esta disciplina tiene una doble limitacion. De un lado, como el misn1o reconoce, no permite pensar Ia estructuracion actual (ni sus despliegues, cabrla aiiadir); que es precisamente el intercs·de explorar un encuadre sistemico en el analisis del campo anu·opo­ logico mundial. Del ou·o, mas problematico aun, esa distinci6n no permite pensar las disimiles genealogfas que cuestionan Ia vision canonica, lineal y simplista del origen de Ia antropologfa en los establecimientos en los Estados Unidos, Franciay Gran Bretaiia. Esta vision descarta de entrada lo que Esteban Krotz. ( 1 993: 10) seiial aba como Ia "busqueda de antecedentes propios" para las antropologfas del Sur, o lo que Stocking (2002 ) indicaba respecto ·de que Ia histmia de Ia diversidad estaba aun par escribirse para el caso de las antropologfas metropolitanas. Ahara bien, esa ausencia de marcacion y natural izacion de las particularidades metropolitanas que se hacen pasar par "Ia clisci­ plina", el tener par sentado que unos paradigmas en tension cle­ sarrollados por elias constituyen Ia identidad o comunalidad de Ia mauiz disciplinaria, nos entrampa en una lectura esencialista que nos distancia de Ia comprension de Ia historiciclacl y multiplici­ dad de las practicasy relaciones concretas que han constituido los establecimientos antropologicos en cliferentes partes del mundo, asi como Ia posicionalidady asimetria entre ellos. Ademas, Ia vo­ cacion universalizante de las antropologfas metropolitanas de Ia que nos habla Cardoso de Oliveira debe ser objeto de escrutinio.


26 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

No podemos reproducir sin mayor crftica el hecho de que entre los antrop6logos metropolitanos exista Ia tendencia a imaginar que sus interpretaciones son de alcance universal, obliterando su lugar de enunciaci6n y la situacionalidad institucional y geopolfti­ ca de su producci6n (Mato, 2 00 1 ). En uno de los numeros de la revista Ethnos de principios de los aiios ochenta, destinado al amilisis de casas de seis antropolo­ gfas de diferentes pafses (India, Polonia, Sudan, Canada, Brasil y Suecia) , aparecieron dos artfculo.s importantes que elaboraban una lectura en terminos sistemicos relevantes para el analisis del actual campo antropol6gico mundial. En su introducci6n, titu­ lada "La configuraci6n de las anu·opologfas riacionales", Tomas Gerhol.m y Ulf Hannerz proponian ya Ia distinci6n entre antro­ pologfas cenu·ales o metropolitanas y perifericas, asi como las interconectadas nociones de .estilo y anu·opologfas nacio�ales. Con Ia distinci6n cenu·o/periferia, Gerholm y Hannerz ( 1 982: 6) buscaban dar cuenta de las desigualdades estructurales de las di­ ferentes antropologfas en el "arden mundial de Ia anu·opologfa", que tiene n�ucho_que ver con las posiciones pasadas y presentes de los respectivos pafses en el sistema mundo. Estas desigualda­ des se expresan en la asimeu·fa en el ejercicio de influencias de las. antropologfas meu·opolitanas o centrales con respecto a las perifericas. Los mecanismos par media de los cuales se acentua esta asi­ meu·fa incluyen la visibilidad desigual entre unas y otras en la industria editorial, cenu·ada en los pafses metropoliranos, y el predominio de los lenguajes de las antropologfas centrales, en particular, del ingles. Asf, "No existen L ] 'ban·eras naturales' en torno a lo que los anu·op6logos b1itanicos, estadounidenses o franceses escriben o publican en sus medias de expresi6n nativos" (Gerholm y Hannerz, 1982: 8). Los escritos de los antrop6logos meu·opolitanos tienden a ser accesibles internacionalmente (par las mediad ones lingiiisticas y de la industria editorial) , aunque es­ tos escriban para una audiencia local. Los recursos y las fundacio­ nes gubernamentales o p1ivadas en ciertos paises metropolitanos, como el British Council o el Programa Fulbright, son igualmente factores que conuibuyen a las asimetrfas en el flujo e influencia . .


DIFERENC IA, HEGEMONIA

Y

DISCIPLINAMIENTO

27

de unas antropologias sabre otras, asociadas con el lugar de estos p afs es concretos en Ia geopolftica mundial. Ademas de esta relacion de asimettia esu·uctural entre el cenu·o y Ia p etiferia, Gerholm y Hannerz consideran que existen especi­ ficidades de estilo nacionales que diferencian las antropologias entre sf. Estas especificidades tienden a reducirse en funcion del enfasis en Ia suptiesta uniformidad de Ia ciencia, que se imagina dividida solo en teiminos de tendencias teoricas, pero no par sus caracteiisticas nacionales (Gerholm y Hannen:, 1982: 14). No obs­ tante, Gerholm y Hannerz consideran que las particularidades na­ cionales, tanto como las de estilos cognitivos, de ben explorarse en terminos de las especificidades del sistema educativo, las cm·acte­ dsticas de Ia vida intelectual de cada pafs y pori a "constelaciori de eventos y circunstancias que parecen dar origen a ciertas sensibili­ dades, a Ia 'expeiiencia decisiva' 9e una generacion en particular" (Gerholm y Hannerz, 1 982: 1 5). En ultima instancia, para estos autores, las sin1aciones nacionales dan fmma a particulatidades que constin1yen las antropologias nacionales; y no solo para las anu·opologias peiifericas, sino ademas para las metropolitanas. Un imp ortante a.Specto resaltado por Gerholm y Hannerz es que, en el interior de las nacionales, tambien se presentan asimetrfas que no se pueden pasar par alto: "Las antropologias nacionales, no menos que Ia antropologia mundial, pueden tener su centro y periferia" ( 1982: 2 1 ). En sfntesis, conu-astando con los planteamientos de Cardoso de Oliveira, Ia distincion enu·e antropologfas pe1ifeiicas y cen trales sugerida par Gerholm y Hannerz busca dar cuenta de la situacion estructural del campo de Ia antropologia reconociendo Ia relevan­ cia de las particularidades en tenninos de estilos nacionales, tanto para las anu·opologfas perifericas como para las meu·opolitanas. EI otro articulo relevante para los propositos de mi argumenta­ cion, aparecido en Ia revista Ethnos, fue esciito par el histmiaclor de Ia antropologia George W. Stocking. Uno de los planteamien­ tos centrales de Stocking ( 1 982: 1 72) consiste en diferenciar, den­ u·o de Ia tradicion euro-estadounidense, entre las anu·opologias orientadas a Ia consu·uccion impeiial ( anthrofJologies of "empiTe­ building') y las mientadas a Ia constmccion nacional (anlhmfJo-


28 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

logies of "nation-bttilding'1. La distinci6n surgia del enfasis en el estudio de los ou·os distantes y exteriores, en el pdmer caso (an­ tropologias inicialmente halladas en los dominios coloniales o por fuera de Europa o los Estados Unidos) , o bien en el enfoque sabre los ou·os internos, en el marco del propio Estado-nacion. Para Stocking, esta distinci6n ha marcado de fonna significativa Ia construcci6n del obj�to y las articulaciones politicas de las antro­ pologias. Sabre este aspecto volvere mas adelante.1 · Stocking diferencia, ademas, dos grandes tradiciones antropo16gicas nacionales. De un lado, considera Ia existencia de unas tra­ diciones antropol6gicas hegem6nicas asociad.as a los paises que han sido dominan tes en Ia hist01ia de Ia ciencia moderna y en las cuales incluye a Gran Bretana, Francia, Alemania, los Estados Un i­ dos y Ia Union Sovietica (recordemos que esc1ibe en el mundo de pdncipios de los anos ochenta) (Stocking, 1982: 178). De otro lado, habla de antr?pologias perifericas entre las cuales distingue al menos u·es tipos en relaci6n con el especu·o de posibles vincu­ los con Ia otredad: las "secundadamente metropolitanas" (Suecia y Polonia) , las de "asentamientos blancos" (Canada angl6fona, Quebec y Brasil) y las de "excolonias" (India y Sudan) (Stocking, 19R2: 179 ) . Para una perspectiva sistemica del actual campo anu·opol6gico u'ansnacion al, es relevante destacar tres elementos de los plan­ teos de Stocking. Primero, que en vez de una distinci6n entre 1 Gusmvo Lins Rib e ri o y Anura Escobar h an plan te ado que esm distinci6n desconoce que en Ia ac nia lidad "detr.is de Ia co n s tru cc i 6n de i m p e rio siempre e xis te un Estado-naci6n" (2008: 25) . De ahi que ""las an tropologia� de Ia co n stmcc i 6 n de imperio sean tam bien an tropologias de Ia co ns tru cc i 6 n de naci6n" (Ribera y Esco b a r, 2008: 25). Obviamente, no se puede afinnar lo in verso, pu e sto que no todas las an tropologias de construcci6n nacional se a rti cu la n en su

edificaci6n impelial. Estos autores indican, incluso, que Ia relaci6n es mas c ompl ej a , ya que, de un l ad o , cie11as anu·opologias (como en Ponugal , Australia, Bra.�i l. Canada y Mexico) se ol"ienmn con mayor o menor enfasis al estudio por fuera de sus Estados-naci6n, sin que es to . sign i fi q u e que sean de construcci6n im perial; y, de l otro Iado, una an tropologia como Ia de F ranc i a o Ia d e .Ja p 6n se orienmn, de fonna simult.i nea Ia p1imera o a traves del tiem po Ia s e gund a , a Ia consUl.lC­ ci6n de i mpelio y de naci6n.


DIFERENC IA, HEGEMON iA

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DISCIPLINAMIENTO 29

antropologia autentica o "madura" (identificada con tradiciones como las francesa, britanica y estadounidense ) 2 y sus variaciones diletantes en las perifericas, lo que encontram os son articulacio­ nes polfticas de estudio de diferentes otredades, par pretensiones tan to de edificaci6n impe1ial como de consu-ucci6n de naci6n. Asf, aunque en la geopolftica contempor.inea se hayan sucedido variaciones sustantivas en esas Oiientaciones de cons u·ucci6n im­ peiial con respecto al mundo de los aiios ochenta, esto no signi­ fica que dichas pretensiones · hayan sido abandonadas ni que en la: actualidad no marquen diferencias enu·e los es tablecimientos antropol6gicos. Par tanto, si se comparan los establecimientos e n los Estados Unidos y en Colombia, e s evidente que el primero se encuenu-a marcadamente 01ien tado bacia el estudio de otredades en lugares por fuera de sus fron teras, mienu·as que en Colombia casi Ia totalidad de los estudios y_las intervenciones antropologicas se despliegan dentro del propio pafs. Un segundo elemento, la sugerencia del concepto mismo de tradiciones antropol6gicas hegem6nicas, es una pista para aventu­ rarse a elabo:r:�r de manera mas profunda las relaciones de poder · y diferenciaci6n que c anstituyen el actual campo de las an tropo­ logfas: este punta sera tratado mas adelante. Por ttltimo, a1 propo­ ner una topologia denu·o de las antropologfas perifericas (inde­ pendientemente de la medida en que se compartan los terminos y c1iterios concretos de su tipologizaci6n ) , nos invita a problemati­ zar las lectm-as simplistas que asumen como un todo homogcneo estas antropologfas. Mas recientemente, el anu·op6logo j apones Takan1i Kuwayama (2004) vuelve sabre Ia distinci6n entre anu·opologias cenu-al.es y perifericas para dar sustento a Ia noci6n de sistema mundo de Ia

2 Las tradiciones concret<IS que aparecen como d paradigma de Ia antropologia dependen delIugar desde el cual uno esu! examinando el campo. En gran parte de America Latina yen los Estadus Unidos,

las tradiciones mas salientes sonIa francesa, Ia inglesa oIa esmdouni­ dense. Algunas escuelas italianas, alemanas y hasta holandesas tiencn su relevancia en cienos establecimientos de America L.·uina (Guhcr y Visacovsky, 1999).


30 ANTROPOLO GIA

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ESTUDIOS CULTURALES

antropologia (woTltl-system of anthmpolog;y). Segiin Kuwayama, "la antropologfa constituye un 'sistema mundo' en el cual los Estados Unidos, Gran Bretaiia y Francia estan posicionados en el 'centro' o nucleo. Su poder hegemonico ha relegado a otros pafses, espe­ cialmente aquellos con tradiciones intelectuales no-occidentales, a la ' perifelia' o al margen del sistema" (2004: 36). Kuwayama (2004: 42 ) es consciente de los problemas analfticos de un mo­ delo como el que propane, en tanto oblitera las especificidades y fluidez de las antropologias reducidas a una clasificacion dualista.3 El hecho de que considere a la antropologia japonesa -marcada en ciertas fases par lo que Stocking denomino como una orienta­ cion a la: construccion imperial, situada en un pais del Norte y con un establecimiento consolidado que sobrepasa los dos mil practi­ cantes- antropologia pe1iferica nos indica que las antropologias perife1icas no son para nada homogeneas ni el simple resultado de una 01ientacion a la constmccion nacional o de pertenecer a un pais del Sur. Otro aspecto que introduce Kuwayama es el de las tradiciones intelectuales no occidentales, referidas a la utilizacion de lenguajes nacionales que no circulan en Occidente y tambicn al evidente cacicter eurocentrico de las pcicticas de formacion, de estilo y de argumentacion, incluso entre las antropologias peri� fericas en pafses mas o menos occidentalizados, como serfa el caso de· Alm!lica Latina y el Ca1ibe.4 Kuwayama desclibe algunos de los dispositivos de la hegemonfa que operan en el sistema mundo de Ia anu·opologia. En plimer Iugar, indica el consistente patron de negligencia de las antro­ pologias centrales con respecto a las antropologias marginales o pelifericas. Este patron implica que solo quienes, siguiendo una

3 En este s e mido, Carlos Alberto Uribe precisaba: ''las anu·opologias perifericas no constiLUyen un todo h omogeneo, como ciertamente tampoco lo son las antropologias cen trales"

(2005: 71) .

4 E n esta d i reccion, hace ya mas d e una decada que I a an trop6loga afroamericana Faye Harrison escribi6 que: "Ia an tropologia se man tiene com o un proyecto i n telectual-e ideologico- predominantemente occi den tal que esui inscri to en Ia relaci6n de poder que fuvorece seccion es de clase y bloques historicos de pertenencia o con alianzas al mundo de Ia m i n 01ia blanca" ( [ 1 99 1 ] 1 997: 1).

·


DIFE RENCIA, HEGEMONIA

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DISCIPLINAMIENTO 3 l

actitud mimetica, se pliegan a los estilos de argumen taci6n y escli­ tura del centro, quienes asumen publicar en sus revistas y editori a­ l es , s on objeto de reconocimi�nto en las antropologfas centrales: "Es ta practica plantea un gran dilema a los academicos peiife­ ricos/nativos porque la conformidad al cenu·o puedG aparecer como imitativa, mienu·as que la no conformidad probablemente resu ltara en el desconocimiento de su u·abaj o par ser incompren­ sible" (2004: 40). En segu ndo Iugar, Kuwayama se refiere a que en las antropo­ logfas centrales confluye la comunidad local, dentro de la cual se esclibe, se debate y se inserta el trabaj o de sus anu·op6logos (sabre todo si se trata de Ia estadounidense) , con la audiencia anu·opol6gica global, mientras que en la pe1iferia los antrop6logos deben escindirse entre Ia comunidad local y la audiencia global. En tercer Iugar, anota la asimeu·ia entre los establecimien­ tos antropol6gicos, resultante . de Ia "intimidad peculiar" ell' la relaci6n colonial, en Ia cual, como resultado de los legacl< �� coloniales, las clases educadas o elites locales hablan a sus ant i­ guos colonizadores en su lengua. Esto ha contribuido, dice, a Ia preeminencia en el sistema mundo de antropologias como la de la India (2004: 44). Finalmente, en concordancia con este argumento, Kuwayama (2004:.44) indica que las elites de los paises pelifericos y centrales constituyen a menudo una relaci6n simbi6tica, por lo que no es de sorprender que los vinculos enu·e los anu·op6logos de los cen­ tros y las perifetias puedan ser bien esu·echos, incluso mas que los de estos ultimos y las poblaciones marginalizadas }' subal ter­ nizadas de sus respectivos paises. El bag;Ue de clase privilegiacla y Ia actitud elitista de algunos anu·op6logos en pafses perifericos como Colombia y ciertos vinculos insti tucionales clonde logran tener una presencia predominante parecen mosu·ar Ia acertado de este punta de Kuwayama.5

5

Este argumemo se elabora con detalle en el capitulo

3.


32 ANTROPOLOGIA

Y

ESTU D I O S CULTURALES

ESTABLECIMIENTOS ANTROPOLOGICOS PERIFERICOS Y "OTRAS ANTROPOLOGIAS"

Las primeras investigaciones sobre las implicaciones para el cam­ po anu·opol6gico de las relaciones entre el Iugar donde se de­ sarrollan los estudios y el m�gen del antrop6logo se articularon en torno a la categoria de "anu·opologias indigenas" (indigenous anthmpologies) y a Ia Asociaci6n de Anu·op6logos del Tercer Mun­ do.ti Con motivo de un simposio en Australia, en julio de 1978, al que fueron invitados participantes de diecisiete paises,; se propu­ so ese termino como categoria de trabajo para � ndicar "Ia practica de Ia antropologia en el propio pais, sociedad o grupo etnico" (Fahim y Helmer, 1980: 644). Con el mejor espiritu del mundo de Ia Guerra Frfa y algo inspirados en el vocabulario de Ia teoria de Ia modernizaci6n, las anu·opologias indigenas se asociaban a las practicadas en el Tercer Mundo o, lo que se consideraba lo mis­ _ mo, a las de los paises no occidentales. Aunque se reconocia que algunos "antrop6logos occidentales" estaban volviendo su aten­ ci6n bacia intereses o problemas domesticos, las anu·opologias indigenas se p ensaban como propias del Tercer Mundo. Ese con­ cepto suponia que la relaci6n entre el lugar de Ia investigaci6n y Ia identidad del anu·op6logo tenian implicaciones de foi1do: Muchos argumentan que las premisas fundamentales de Ia empresa anu·opol6gica son, o cleberian ser, l �s mis­ mas sin importar Ia identidad del investigador o el lugar

6

De acuerdo con Fahim y Helm e r fundada en Housto n , Texas, en

(1980: 645), esm asociaci6n fue 1977, con el o bjetivo de coinbatir

los p reju icios de Ia amropologia con respecto a Ia gen te del Tercer Mundo, haciendola m e n os emocentrica e n eluso del le n guaje y de los paradigmas.

7

Esm re union fue fimmciada porIa 'Venner-Gren Foundation fo r A n th roph ological Research (Fahim y Helmer,

1980: 644).

Un aspecto

por explora r es como est.1.bleci m i e n tos metropolitanos y amropolo­ gias hegem6n icas se consti tuyen en mecliadores cle Ia consolidaci6n de debates y posiciones sobre las relaciones de poder en el campo transnaci o n al cle Ia an tropologia.


DIFERENCIA, HEGEMONIA

Y

DISCIPLINAMIENTO 33

(l�c�s) de la i��e�tigilci6n..No o):>sta �t�, el. supuesto sub­ y.;.���te en el con�ept() de: trab�jo de las ''antmpologi�.

·

in.digen�" es ql,le un c;imbio en el.ac:tor (�.e. locai en .. . . . c�ntraste cqn focineo) i�nplica un cambia en ei papel }' .. _·1� p er�pectiv� dei. antmp6logo (Faq iw y·H�lrner,_ 1980: ;

. 64;4)._

'

s� establec;fa a,si una.dis.tind6n. sustan#va entre "anti·op6logos f�ra�e()s �- ()�cidentales" y "antmp6Iogos ·de( Tercer M:t�ndo o

J;lQ�cd 4 �n:tales\ qtte se exp.resa,ba en c\iferend�. en. el papel y \� p�rspectiva_ant,rop()l6gica. &t mieni:ras los anu:op6logos oc­ cid�nta}es operaban c::n u.n ambieiite acad�mico dftramente esi:a­ . ' J?licido. y del �uai participaba qn l!igllificativp numer(). de coiegas, lo� de los pai�es .nq occjden �l�s: �rabajaban en general par fuera de un establecimiento ac<,J.qentic9� parti(;ipa,lcio a rp.enud() �e pro� gra.mas_ guperJ;laJ.nentales miex;ttadqs a .Ia oqtepci? n d¢ res�tltado� . COI1CretOS 0 en :op·o tipo de Japores, objeto. de disc usion }' evalua­

cion pubHca (Fahi!ll y:l{elmer, JQ8(): .6:4'7) .)..os f<.t�tores pr()fesio­ · nales y.so.c iop 9).iti� �� � I;J..(r�IJ.ta.dos por lo.s antr() p6iqgos.lo�aies en los p�s�.s d�IT�rc�r Mupdo implicab�n..�ii<;t Jap 9r cie 1�esp11e�ta � · necesidades locales diferente de las agendas estrictamente acade­ micas desde las q ue operaban antrop6logos foraneos de los esta­ blecimientos occidentales. Asi, Ia premisa de Fahim y Helmer era que:· "si Ia antiopologia es un pmducto de Ia sociedad en Ia q ue existe,Ios ml�s deben ser diversos antes q ue _ estandarizados, y los roles de los antrop6logos deberian presumiblemente variar de un pais a otro }' flucttiar a lo largo del tiem'po" (1980: 647). De-esta manera, el lugar y Ia identidaci no eran simples suple­ memos o agregados de un modelo de cienciauniversal, sino aspec­ tos innianentes ados tipos de antropologias distintos. Para Fahim y Helme� (1 980: 647), Ia dicotomia enu·e antrop6logo indigena o foraneo tiene un caracter heuristico, pues busca evidenciar Ia di.(ei�e#ei<l en_ los' pi·oblelmis eticos }'de invesi:igaci6n q ue enfrenta . . cada uno,-sin. desconocer q ue los primeros .establecen posiciones triJ.1}' diversas'con respecto a los grupos locales. ·Fahim y Helmer totnaii dis tan� a. del. c;oncept9 de· ''antropologfas, indigenas" par


34 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

la ambigtiedad que puede acaiTear,8 y tenninan sugi1iendo que estas problematicas se pueden examinar mejor desde la distincion entre antropologos foraneos y antropologos locales. Muy cercano a "antropologias indigenas", pero sin superponer­ se con el, esta el concepto de "antropologias nativas". Formulado en los aiios setenta por Delmas Jones; se refiere a una "serie de teorias basadas en preceptos y supuestos no-occidentales en el mismo sentido que la antropologia modema se basa y apuntala las creencias occidentales" ( [ 1 9 7 0] 1 988: 30-31 ) . En este sentido, "antropologia nativa" indica un modelo radicalmente diferente del que se identifica como occidental. Por tan_to, para Jones, esta diferertcia tiene profundas implicaciones politicas sabre la des­ colonizacion del conocimiento antropologico en general. Seglin Fahim y Helmer ( 1 980: 645 ) , estos dos conceptos no se superpo­ nen, ya que las antropologias nativas serfan solo una faceta de las indigenas; para elias, estas ultimas no solo comprenden las diver­ sas relaciones que se pueden establecer entre el antropologo local y Ia gente estudiada, sino que tambien se interesan por las conse­ cuencias epistemologicas y operacionales de estas relaciones. En America Latina, las elaboraciones paralelas de Esteban Krotz y Cardoso de Oliveira han sido paradigmaticas para pensar las es-

8

E n tre las cdticas refe ridas a! modelo de las an tropologias indigenas,

son d e particular relevancia las sugeridas par Talad Asad al final d e l anicu l o de Fah i m y Hel mer. En primer Iugar, Asad

(1980: 661)

pone

en cuesti6n Ia posibilidad de establecer una homogeneidad discipli­ naria bajo el r6tulo de "an trop6logos occidentales", y mucho mas para el de "an trop6logos no-occidentales". Asad tambien argumenta que n o se puede asumir que u n miembro d e una naci6n o de u n grupo etn ico siempre posee I a misma perspectiva que otros miembros de est.a naci6n o grupo etnico. Las perspectivas pueden variar par po­ siciones diferentes en te rminos de clase social , Iugar de orige n , trayec­ torias person ales, generaci6n y gen�ro. entre otras. Finalmente , Asad llama Ia atenci6n sabre no asumir sin mayor exame n el supuesto de Ia garantia de u na suerte de plivilegio epistemico de los paradigmas natives: "Despues d e todo, no existe garan tia de que los 'paradigmas . indigenas ' sean mejo res [ . . . ] No es el o ligen de unas teodas dadas, m e todos y expl i caciones Ia que nos dir.i si son mas adecuadas (cual­ quiera sea su definicio n ) que las que tenemos, sino algU.n in tento de demostrar que son en efecto mas adecuadas"

( 1980: 662) .


DIFERENCIA, HEGEMONIA

Y

DISCIPLINAMIENTO 3 5

pe cifici dades d e los establecimientos antropologicos d e I a region. confluencias y diferencias con el modelo de las antropologfas indigenas son muy interesantes. Para Krotz ( 1 993: 8) , una de las cuatro caracteristicas de las antropologfas del Sur consiste preci­ samente en que los estudiosos y los estudiados son ciudadanos de un mismo pais. Mas que una simple cercania geognifica enu·e los Iugares donde se recoge y se analiza Ia informacion, lo que Krotz enfatiza es el hecho de que los estudiados pueden conocer y de batir los resultados del u·abajo antropologico y, mas relevante aun, que: Las

[El hecho de que] estudiados y estudiosos son afectados (aunque no necesaliamente de Ia misma manera) por decisiones polfticas y economicas emanadas de las insti­ tuciones publicas en cuya c;onfiguracion y legitimacion ambos taman parte crea un vinculo entre intereses pro­ fesionales e intereses sociales · y politicos muy diferente del que puede darse en el caso de un investigador visi­ tante con respecto al gmpo social que estudia durante un tiempo ( 1 993: 9). Ademas de esta suerte de destino politico compartido, Krotz (1993: 9) indica que las valiables socioeconomicas , religiosas, re­ _ gionales, etnicas y de genera forman parte de los estudios mis­ mos, ubicando de manera diferente a los antropologos del Sur con respecto a los foraneos. Por su parte, para Cardoso de Oliveira ( [ 1993] 2004: 40) , la antropologfa latinoamericana ha implicado una nueva dimension de Ia practica antropologica y, por tanto, el surgimiento de un nuevo sujeto epistemico, puesto que las labores de los an tropolo­ gos latinoamericanos no se vuelcan al estudio de otros-distantes, sino que se realizan en una doble inscripcion cientffica y polftica en relacion con los otros intemos que participan del mismo pro­ ceso de construccion de Ia propia nacion. En este sentido, mas que una replica de Ia situacion dominante de las antropologfas centrales, en America Latina:


36 ANTRO POLOGlA

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ESTUDIOS CULTURALES

Se trataria [ . . . ] de un punta de vista diferente, signifi­ cativaniente reformulado, en el cual Ia iilserd6ri. 'del i . qbseniad?r �;to es, �el antrop6logo coilio chidadanb de · u'n pais fl<ltcio·n. ado en diferentes driias:.:. acaba pof' · ' � cupar un iuga� como 'pi·Ofe� id n al de :I a' d!scipliha en Ia ' etriia d(nni na.nte, cuya incomodidatt etica solo es diluida 'si pala a. ia ·ac c i 6n ·�e<t' en' Ia ac'ademia 6 ftieia de' -� lla-'-' �omri· interpn!i:e y d efe'ns b r de �quena5 minbn:rul ·etnkas • : _ , , , ; : ; : ., ( Cardoso d.e biiv�ira; [1 993] 2ob4: .41 ) .' · · ·

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De ahf que , para el anu·op6logo latinoamericano "Ia pnidka' de su profesi6n pasa a incorporar una pnictica politica, cuando no en sti �o�pottamie.nia; ' -�in: duda eri· 'sli r�fh�:ki6n te6rica'1 : (Car­ doso de olivefra:�' [1993j ' 2004:' 41 ) . Lo ·�ue· esia e n' j uegb para e i antropoi'o go' en. estos 'p afses es, p6r 'tatito, "su· 'ciudaditn'ia y 'iii proje­ sion, condebidas a�nbas como la� dos caras de't.l'na misrii a 'mdneda" ( Card� so d«:! Oli�eira, [ i 993]2004: 41; el desi:acado es' agi·� gado) .9 En ��·Ith·�� d � i6s 'apd �-'te� de Kl'dt:Z' y· Cardos.o' de OI'iveh-\i; · i a co­ l om bia� a Myria,m Jitneh o (�000, 2005) ha ' i ri di:cadi:) hi 'e's p � ci fici­ dad cie I� anti·6prii6giiis eri Co l o ili bia �n pa1�tic�ilary de ' Am eric a Latina en general en terminos de Ia condid6ri. de d)Cilidadania de lo.s aqtrop6logos y los grupos humanos con los cuales traba­ j�. :En· es�� �ehtldo, at'idrta que . ''13: �ori�tniccioil. de co n'o cimieiitb an:tropo.l6gico . se 'reaiiza eri condiciones do rid� ei: o lio- es 'parte coi:i.'s titutiva· y p roblerrta't:ka ·del s'f mismo; y ella iniplidi 'un 'esfiier� zo peculiat0 de to'n cep titaliiad6t'l y niodifica Ia relaci6i:i ; del an� u·op6logo con st� p ropio ql.!-eha<;:er" Uitl:leil:a, ' 2005:' 4 6 ) '. Estd 'se traduce e � Un (l rehici6n en la que l.a produccicJn 'de' tOnodi� if!iJ.to

,

que. en esto consiste Ia especificid�d de las an tropologfas iatinoarrielicanas, una especie de · dstilo r�giclliilli que las diferencia �e otras antropologfas pelifericis.y de_.construcci6n de naci6�: ��Au�que Ia p;trticipacipn. en Ia C()nsqucci6n de Ia riac!6� . . no sea un monopoiio del �lrjtropoiogo liuinoamericano [:.'. ] entiendo · · que· eJL�1nelica Latina diCha ·panicipacion astiirie contornos -bastan te especificos. Me refiero a Ia especificidad. antropolpgiqt, lJ.Si co,1n,o.a , su horizonte te6Jico, identificables �n .vario� p_aises latinom:nericanos ' : . ' ' : ' co m o indigenismo" ( [ 1 993] 2004: 42)'.

9 Para Cardoso de Oiiveira es' claro

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DIFERENCIA, H EGEMON IA

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DISCIPLINAMIENTO 37

an tro pol6gico se encuenu·a estrechamente ligada a u�a interven­ d6 ri po lftica, ya que ''los sectores estudi�dos no soh eiltendidos coni. b nnindos ex9ticos·,' �slados, lej<inos o frfos� Sino to��, cop_ar­ uci es.�n la coniuilccion de nad6n y dempcdcia en estps pafs��·· ' . . <Jiihe�o, 20'0 5: 46) . · '· · · En· su �llalisis hist6ri"co de la antropolc)gfa en Cplombia,Jimerio 1!i'ai-�a el �ui·gimiento . de la .figiu'a del "1I1ve&tigad6r.:Ciud�dai1�" �it: rib.a." coi.'rlente: c�:ftica de fos mode los" m� conv�rid"o"Uai�s y que deny6 · en una anu·opologta "cornprbrri�tida". Hi ':Esta St�p�n'e bn'ci; esp�cifiddad que no "pt.u!de "ser mediq� .� n· tedilino� . de ar&itlos . publicados o debates te'6ricos ' tonven2iohaJ�s! ·:su pi-od{kd.iShi:io: circuia a la· tnariera. · de los pt·bdtiCtos usuafes ' de' cqil.ocirnierito,_ eid "ohb.a . de . ariictilos fen.sayos; ; sir{cf"qiie est fcO'ritenida en\i� aht�ndante tuerpb de 'teitos; infdi-m.es y concej:>f9� iechic()s iffe di-· tds><:on es.ta5a circulad6n ,. ·ui��n.o; �woo: t 7�) . ".t\Iites' bien', sll · e�p�tific ida(l' i·adi23:' �h iin.a 'sede . de: "l.ntei�'ehdorifis cort'' "di\;�i:saS . implicad.ories polftic.as y sod�les (20oo: I 76f' , . . ' ' : · · · · . , ; Para evidericia� ���· e�pedfi�idades del �s6ibl�clihierito' 'antr<lp6� . 16gico colombiiino, Franc;:ois Con�ea (2005) examjn<!- las condicio­ nes de ejer�icio, orlenta'd6n y "bpitalizad6n" d� 'los resliltados de los ¢xttanjerbs. qt�e ' h�c�ri I:J.i�bajo cie' �ampo . eri C6Ioffihia de las qtilb.aD. 'coO.stiniido hi ·pr.ici:bl.' d.e 1<>� ant!·opo"iogos- · d�l pars. 1 1

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. 10 En una di,reccion s�mejante parecen haberse articulado ,OlJ:<lS tra�

. . . . did.ones' antropol6glcas e�ll l:i. region"; como lo evidencia el tl'abajo · · de.Rosana Guber y·sergio Visacovsky para Ia Arge n ti n a : �Asr, para fines de los sesen ta, Ia Argentina con tab� qm un cre!= ie n �� 1iumero de an tropologos que no se defi n fan ni como folkl orologos, ni como etnologos, ni tampoco como prehistoriadores, sino como otra cosa : · que, j:irontamente , rei:ibio el nonibre de Antroj>alogfa SoCial. En Ia Argentina esta designa�;ion n o rem i tia a I as escuela� dominames de los Estados Un idos y Europa Occidemal, s i 110 que se defi n ia, _por , <>posi c i on , a Ia An tropoiogfa oficial, poi- ima'p r.ii:tica proxiriia a Ia gestion y al amilisis de Ia Argentina modern a. Sus nuevas cultores se definieron como i n telectuales com prome tidos con Ia real idad nacio­ nal , refonnulando los debates m e tropol itanos desde el contexto y el · perisamiento laun·oaniericanos" ( Gi•ber y Visacovsky, 1999: ·s r · 1 1 Para ·u n anaiisis de las diferericias en los tiempos, e ncuad re y alcance · . de las modalidades d e hacer trab,Yo de i:alnpo en tre los imtropologos brasilei1os y los extranjeros, \•ease Ranios ( 1990) ; ' · :


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ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

En primer Iugar, los extranj eros cuentan con financiaciones que pocos anu·opologos del pais pueden obtener; 12 ademas los exu·an­ j eros (o quienes siendo colombianos ocupan su Iugar) responden a demandas disciplinarias y a comunidades academicas cuyo ejer­ cicio consiste principalmente en contrastar sabre el terreno (en cualquier parte del mundo) las elaboraciones te6ricas en proceso para, con una age_11 d a y ritmos previamente establecidps, producir disertaciones, Iibras o articulos que senin publicados siguiendo las lfneas de argumentacion, los estilos y fonnatos de los estableci­ mientos antropologicos de los que proceden. En este sentido, Ia antropologfa de los extranjeros hecha en Co­ lombia se refiere predominantemente a condiciones de ejercicio y Iugar definidos solo par sus contribuciones academicas al cam­ po disciplinaiio. Estos anu·opologos tienden a seguir una version de profesionalizaci6n de Ia disciplina que, a pesar de las febriles crfticas sabre Ia representaci6n etnognifica (o tal vez en gran par­ te par elias ) , se mantiene par fuera de toda discusi6n: A pesar de la variedad de deconstmcciones, las crfticas y los cuestionamientos que han sonado en los ultimos aiios, es mas bien Ia version especffica del profesionalis­ mo la que enfrentamos. Esta version es britanica o esta­ dounidense 'clasica' : un anu·op6logo de campo, en un­ ou·o Iugar, se enfrenta y supera las difi.cultades, escribe sus hallazgos en un texto Hamada etnografia (yuxtapo­ niendo teoria y datos) y es empleado en una institucion academica (Ben-Ari, 1999: 390) .

En conu-aste con Ia labor de los antrop6logos extranjeros que hacen trabaj o de campo en Colombia, Correa sostiene que: "El antrop6logo nacional no solo esta obligado a poner a prueba

12 Con Ia excepci6n de quienes ocupen el lugar del antrop61ogo extran­

jero; esto es, que como estudiantes de doctorado o como academicos inscritos en los establecimientos metropolitanos accedan a esos re­ cursos y que, por tanto, respondan a las 16gicas y condiciones de esos establecimientos. ·


DIFERENCIA, HEGEMONIA

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DISCIPLINAI\11ENTO 3 9

sus resultados en el exclusivo campo academico; depende d e su comunicaci6n con otras experiencias te6rico-practicas, y, sabre todo, de los efectos de su discurso y de las implicaciones de su

conocimiento" (2005: 1 1 7 ) . Las observaciones presen tadas -desde las de Fahim y Helmer basta las de Kro tz, Cardoso de Oliveira, Jimeno y Correa- tienen en comun el hecho de seiialar la existencia de unas anu·opologias que se han venido imaginando y hacienda de modos distintos de los que generalmente aparecen en el grueso de los manuales y las genealogias disciplinarias. Esas antropologias suponen, para usar la expresi6n de Cardoso de Oliveira, un nuevo st� e to epis­ temico, pero tambien una actitud diferente frente a los st� e tos antropol6gicos con los cuales se comparten hm;zontes y destinos en el m arco de las comunidades nacionales. No es Ia curiosidad de Ia mirada distante o de la imagen propia que el espej o del _ imaginario de una diferencia radial pueda reflej ar en nombre de un conocimiento antropol6gico universal Ia que constituye esas "otras anu·opologias". Estas se caracterizalian par una relaci6 h con el conocimiento y Ia labor que no se ago ta en la formulaci6n de registros etnognificos o elaboraciones te6I;cas consignadas en articulos, libros, disertaciones doctorales y ponencias , cuya audiencia predominante es una comunidad antropol6gica en centros academicos. Mientras mas distan tes de esa curiosidad y mas mundanales y situados sean los "imperativos insti tucionales , academicos y polfticos de los que emergen y se consolidan esas antropologias, mas irreconocibles, borrosas e impuras aparecen a los oj os de los antrop6logos interpelados par las antropologias hegem6nicas. 13

13 No eslli de mas recalcar que es un error metodol6gico e hist6rico

yuxtaponer los establecimientos perifericos con las an tropologias subaltern izadas. En aquellos confluyen de forma con tradicto.-ia an­ tropologias hegem6nicas con an tropologias subalternizadas. Ademas, las otras an tropologias tmnbien se encuen tran e n los establecimien­ tos centrales. Por supuesto, las modalidades de existe n cia de esas antropologias subal tern izadas pueden tomar visos diferentes en 1mos y otros estableci mientos p recisame n te por el mayor o menor peso d e s u s institucionalizaciones.


40 ANTROPOLOGIA Y

ESTUDiOS CULTURALES

Ahara bieri, esto rio significa que los establecimientos antrop<r 16gi�os pe1if�ricos sea:n ' honiogerieos en las relaCiones ·de poder intemas, posiciones frente a los 'modelos doniinantes y articu'Ia­ ciones14 de lo polftico. En Colombia, por ejemplo, no es lo mis:.. mo hacer antropologia en ciudades de provincia, como Popayan . o Santa Marta, que en Ia capital; Bogota, . dada hi centralizacion de recursos y Ia corice.ritraci6n de institiiciones anl;topol6gicas·' eri es� 6Itima; · pero, inchiso en una misrria ciudad como Bogo­ ta, existen diferenda5 sigiiificativas entre una universid·ad privilda de' elite como Ia . de los . Arides y tina ·publica 'c omo Ia: NacionaL Esw diferenci� y especillddades de Iocaci6ri se traduceri en de" sigualdades en las condiciones y los tennirios de ia conver'sabilidad' antropol6gica· en el establedniiento antropol6gico en Colombia. Las posiciones con respecto a los mode los' de anti·opolog-las do­ minantes tambien abarcan una amplia: gama_· que va de�de quie­ nes se pliegan ciegain�nte y ope·I:an como siis mediadores locales baSta las po � iciories mas 'crfticail 'y ra:dit3.Ies 'que· se considei:an a:s{ mismas como a�ti�ntn:>pologia. 15 Con, t:especto 'a las atticulacio� nes: con lo politico, se: preseritari'. difete ri. da:s, tome!' en las . rhoda� lidades" mas (n � o ) iib � ntie� que operan dentro' de tin refo'trnismO' que no cu�stiona esp�duralrriente ' el sta:ti.1 quo, e 'irtcluso 'abiertos an tagorii�mos' en las 1n'a� ·fadic.iJ.es, que piensan' las' lntervencion�s; en te1minos de transforiiiaciones ·esn·ucturales. ·

Son va1ios los aspectos y pianos a considerar a fin de an·ojar luz sabre el lado mundanal y oscuro del disciplinamiento asf como sabre los anclaj es en los domini as sociales, econ6micos y polfticos de los que emergen y en los que se consolidan, displ!ian y disuel;

14 De mimera generai, se pue�e definii- ''articulaci6ri� co(no una rela·

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: cion cie una no reiacion. 15 AI respecto, veas� la eni.re\•ism realinda a Luis C;;� in�ririo Vasco ( 2006) . Tambien se p uede consult;\r'el articulo de Pel·ez (20 1 0 ) . ·

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DIFERENCIA, HEGEMONIA

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DISCIPLINAMIENTO 4 1

ven las formaciones antropol6gicas hegem6nicas . .En plim�r Iu­ gar,' �e· debe subrayar que las hegemonfas e � un estableciniie p, to "' ani:i"9po'l6gico no son simples imposiciones de fuerza ni ttl}<!. _d9. . �inad6n de orden ideol6gico a la man,era de. una "falsa conden­ ' "cia"' "iii siquiera en los establecimientos perif�lic�s. dond� . algun� de la5 hegem�nfas de las metr6polis_ tiepden a qsifi�ar�e C()IDO ' obj��o de c<>nsumo y diferenciaci6n .a tra.v�s de las m�diac;im�es ·; de_ant:iqpologos loc;:ales que)e pos,i cionan e� sus �sraJ:ile cimien �.<;>s . · 'jJ I�ec�sai�ente por s� labor de "traciucto�:es'', Las .he g�monfas �e ·.· ·e�tablecen en disptitas. perma11en tes, n�. s6l.o por ia defini,c; i6n de ' Yos t� rul.p._as·, romiaros, valoraciones y ten·enos d� Io. qti,e .constiti.I­ ·,ye' ro· .aritrcipoioiico �n tin lll()rji�nto _d et�rininadp co� resp�.c i:o a 'acdones particulares� sino taiiJ,bi�Il por qtiie�es se. ben�fi.dan con .. ; 'ios r�w.rsos material!;!S . y sim b6licos circulan tes. , . :Pa.r ta�w, no hay una hegemonia �pnsoiida4a r esrabie d� �,i.n a . .,,e� f para siemj:>r�, sino que Se ope�·a d�sde equiliblio� mas 0 I:ne­ ll�S iriesrabl�s y 'sobi·e funbitos preci�os, definidos f1:�rn�. a: pi:ras . potencia.J,e� . () _nf!ci.e�tes f() rmaciones hege�6ni�a.� - L� hegerno­ . nfal; '�purit_an <l( in <!-1)- ejo . d!'!l ci�seJ'.ISO a par.ti,r; ;d�l consentirni�nto; :�opera_p menq� cqn conten�4�s co�p(lrticlos _qtte cori m.O.cialid�cles '·Ci� prodvcci6n. dt:! :�;xterlq�jdades y aiianzasJr.o e� Ja i�a.geri d� ·Ia --�'ei:r� :c:le' �<>�mien.tcis: sino Ola. ci�' 'p osicione� d� 1�.· ·ci�e l�a�la,ba · '16 .;ms ·cr lii:� �e ci) . ric ta£6 rn.e , - . . ·.· n -�� ndo lu ��-. �rl a�u�o pologfa. _l�s hegern�nfas no s� p{te:<iep._ qesligar ta;iaritemente �e .ias qu� se articula.n en las d�"ll c iis s 9 c;iai�s las ' Im lli�niciades, , �i.t p qtie no sop.: un �hnple . r� P ej� de ' eir3_s . . Tiend� . ii obiiterar� e qi.te iqs estableCIJ:ll i entos a nu:opol6gi­ . cos se: coi?-stituyen m,e ciian.te p1:ocedimientos · de _ difer�nciaci6n, · c�rifluenFia y t�nsipn ·c on o tros · es.table.d miento� . disci plinarios . 'y, · . . cori qti!eries d�cen encai�riarlos {io . cual v��·fa enu·e l�s distin: . .

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c n ; James Cli.ff6rd e5cribe: En sil fli ilcion·amiento . . . . . flOnnal, _una dis_cip�i11a. no n e ce s i ta .re;!lment� un cqnsenso: sobre l os . · . . . ''.s up� es ios b.i.Sicos. Caine en i.ma alianza. he gem6 n ica, en Ia .p ersp��- . ' da . : ' . ' : tiva griiiri s na· se reqiliere 'el con�entlniient6, a.l gt Jnos iiilporcii!t�s ; i n !.f!re�es•su p.�rp�testi>s, n m espiritu. de vh�r. y dejar vivir a"traves de ; _, , · · diferencias" ( 2005: 27) . , 16 ·En Ia misma d i re c i 6

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42 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

tos pafses e incluso en tre localidades) . Las hegemonfas en an­ tropologfa muchas veces se refieren a hegemonfas disciplina­ riamente mas comprensivas, ya sea en sus sin tonfas y alianzas 0 en sus contrapunteos. Asf, par ej emplo, en el establecimiento estadounidense, lo que se ha dado en Hamar el "giro discursivo " o el "descentramiento del suj e to" condensa disputas de arden teorico explfcitamente asociadas a pugnas par hegemonfas que no se circunscriberi a los lfmites disciplinarios. Par 'tanto, es re­ levante comprender como se mueven y encaj an las hegemonfas en disciplinas concre tas en nombre de debates epistemologicos 0 teoricos, como incluso las hegemonfas de up.as disciplinas se atrincheran en una angustia defensiva, mientras que otras se abrazan febrilmente a estos debates. En los Estados Unidos y en America Latina, los estudios culturales, la teorfa poscolonial y los estudios de Ia subaltemidad se han destacado particularmente en la vinculacion, la contestacion o Ia defensa de las hegemonfas en antropologfa. El tercer aspecto es que, a partir de Gramsci sabemos que la hegemonfa no se limita al aparato de Estado, sino que se cons­ tituye y disputa en los diversos terrenos de la sociedad civil. Las hegemonfas establecidas en uno o entre diferentes establecimien­ tos antropologicos no son producidas exclusivamente par proce­ dimientos y din:imicas intrfnsecas a lo disciplinario o transdisci­ plinario, sino tambien a sus imbricaciones con las relaciones de dominacion, explo tacion y suj ecion que operan en la sociedad en su conj unto y, mas alia, en Ia geopolftica del sistema mundo. Una observacion trivial es que las hegemonfas suponen y movilizan una dimension materia) expresada en flujos de recursos e infraes­ tructuras que no caen del cielo desiguahnente distribuidas en un pafs en particular o en el mundo en general par voluntad divina. Los procesos historicos y presentes que han conducido al mismo tiempo a la acumulacion de riqueza y a Ia produccion de Ia pobre­ za desigualmente distribuidas son ampliamente conocidos como para indicarlos aquf. Ahara bien, lo que se tiende a obliterar es como estos procesos de asignacion y reproduccion de privilegios se vinculan en concreto con la formacion de las hegemonfas disci­ plinarias en antropologfa.


DIFERENCIA, HEGEMONIA

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DISCIPLINAMIENTO 43

Lo que resulta relevante para un establecimiento antropologi­ co en un momenta determinado y como se lo elabora no es un asunto meramente teorico � me.todologico: se encuentra atravesa­ do por intereses que constituyen a los antropologos como suj etos sociales en un lugar especifico, 17 asf como por intereses de los sec­ tares sociales que ini:ervienen directa o indirectamente en el siste­ ma educative y de produccion de conocimiento en general o del establecimiento antropologico en particular. Asf, por ejemplo, es en el cruce entre esos intereses y Ia operacion de la maquinaria institucional (disciplinaria, pero tambien gubernamental, no gu­ bernamental y empresarial ) donde se establecen las condiciones de posibilidad para que ciertos estudios (y no otros) sean pro­ puestos, financiados, escritos, publicados y citados. Finalmente, teniendo en mente estes . tres pianos interrelacio­ nados en los cuales se establecen y disputan las hegemonfas, se pueden seiialar algunos de · los mecanismos y procedimientos mediante los cuales se reproducen actualmente las antropologfas hegemonicas en y entre los diferentes establecimientos. La for­ macion profesional es quizas uno de los que tiene mayor impacto en el disciplinamiento de las subjetividades antropologicas y en la incorporacion de modalidades de lo que es posible pensar y realizar. Por tanto, donde, con quienes y como se forman pre­ dominantemente las nuevas generaciones de antropologos, pero tambien como se inscriben en su labor profesional, todo ese con­ junto permite entender las dinamicas de consolidacion, confron­ tacion y disolucion de hegemonfas en la antropologfa. Me refiero a un aspecto mas profunda que la simple constitucion de escuelas con sus figuras aglutinantes, aunque estas pueden entrar en la ecuacion en determinado momenta. Sin Iugar a dudas, desde la

1 7 Respecto de l a s articulaciones en tre lo social y lo academico en an tro­ pologia, se cuen ta con el ami.!isis d e Kant de Lima

(1992)

de las d i s­

tinciones en tre el establecimiento estadounidense y el brasil eiio. Las con exiones en tre los in tereses econ6micos de ciertos sectores se hace cada vez mas evidente con Ia gene ralizaci6n del modele corporative en las universidades y otras entidades academicas. AI respecto, para Ia antropologia brillinica, vease el articulo de Eeva Berglund ( 2006) .


44 ANTROPO LOGIA

Y

ESTUD I OS CULTURALES

formaci6n se ponen en juego cuestiones de· escilo, pero tambien de prestigio y de r�des, que posicionan de man�ra diferente a los antrop6logos. No obstante, el disciplinamiento de subjetividades antropol6gicas refiere a un plano mas profunda; esto es, al pro­ ces� de subjetivaci6n que constituye las identidades disciplinarias y que marca la manera en que los sujetos son interpehldos poria disciplina. Igualmente, par la incorporaci6n de modalidades de lo que es posible pensar y realizar, entiendo los habitos de pensa­ miento y acci6n como resultado cie la formaci6n profesional que son asumidos por los individuos, la mayorfa cle his . . y reproducidos . . . . . . : . veces, sin reflexion.a� sabre elias. Este aspecto de Ia fonnaci6n profesional contribuye a coin­ prender par que las ap tropol�gfas hegemonicas' esl:a(ioi.m.id�rises est:ii n . consolidandose globalmente como las formas hegeni6nicas en <:!1 campo mundiat.18 El colosal tamaiio · dd establecimi�nto estadounidense 19 produce y ali�eni:.� a la Iii ayorfa de los antr0p6l�gos, ·atray��d�· ha�ia sf a rri�ch�s p r�v�riie�t�s . ci'�' · 1 � . �:as diferent�s :r�giones d�l . �u:n<i� . E:s �acia v�z mayor �1 numero ·de . . . , . .

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' 1 8 'Para d Brasil, segun' Cardoso' de Oliveira, "La influend3.' frailcesa; · rimY. fuerte y hegem6nica durante las decadas: de. l 940 y -1950, fue S!JStitJ.1ida p r()gresiWIJientc; par .la influencia anglo-eslclld i:lu!Jidense en laS' d�i:ada.S 'sigliientes" (2000: 1 8 ) . Alg(i semejante 'ha sucedido en · Colombia; do'rtde cada ve:i:'adqtiieren mayor 'preseneia las discusiO­ ·ries y el estilo de argumentaci6n _de las .�n tropologias. hegem6nicas, . es�a,!=loun idens�s . Es ip:�portan t� no perdt:; r de_ vista, sin emb�rgo, . . . . que no en' todos los' estabiedmientos este protes6 se preseiwi: tbn la • rrtisma inten�idad; aunqtie Ia tendencia glcibal sugiere:qtie se vierien · . p�oclu!Oiendo estos desplaza�ientos. .. . ... . . . . . .. . . . 19 Gustavo Lins Ribeiro ( 2005: 59) hace un balance del niimero de an­ trop61ogos inscritos a las diferentes asociaciones, lo cual puede servir como un indicador del tamaiio de los estableci mientos antropol6gi­ cos. Cerca de once mil antrop61ogos eran, hace dos aiios, miembros de Ia Asociaci6n Antropol6gica Estadounidense (AAA) . A esta le se­ gufa en mimero la -Sociedadjaponesa para Ia Antropologia Cultural, . . con. poco de dos mil asociados; -Con entre mil y mil . quinientos asociadas estaban- la .Asociaci6n Rusa de Antrop6logos y. Etn61ogos, la·Asociaci6i1 Brasileiia de A,ntropologia y Ia Asociaci6n, Europea de .1\n tropologia· Social. La Asociaci6n de An trop6logos . Sociales del (ASA) apenas cuenta con seiscieiltos miembros, mientras que Ia francesa no supera los doscientos cincuenta.

mas

Commonwea:tth ·


DIFERENCIA, HEGEMONIA Y DISCIPLINAMIENTO

45

.- estudiantes que viaj an desde sus pafses a realizar, sabre todo, sus · ·esnidios doctorates. Ademas de la escala, cabe agr�gar d . au to­ , ce ntriunien:to y ' la modalidad eti que se realiza la foimaci6n an­ trop olo gka en ese establecimiento, que tiene fm!rte ii:ripacto en suhjetividades y habitos. Con "autocentramiento" me refiero a que efgrueso de la production antropcilogica allf se eiict1entra � di scu tiendo y citaildo an tropologos que operan deiltro de el o, · ·en:i ef niej o r,. de los casas, que publican en ingles. Por su parte; los estudiantes de ben cursar valios aiios una sei"ie de da:Ses y seini­ . nalids cibligatalicis y o u·o s opcionales en Ids ctiales se lds some te 'i utt iri teriso Iitirio de letturas, exposk'io'n es oralesf escritttra 'de ' e nS CI.}'bs e info rille S qi.te no SOld SOn obj eto de calificacion; sino de p�illianeiite esdtitiiiio :sohn� h. pei-Jonnmice 'd� cada esti.tdiante. ' Se bxaril i rt a: al estudiante c6nstantem�nte; · tli.nl:o sob1'e d ·n.iimejo .. de coni:enidos corii o sabre fas m a n eras d e: ai'giunentacion: ; oral y escrita, incluyendo umi. etique.ta · a:ca:demka y' 'rio hnatividades ge­ ner�mente no explicitadas, pero que forman parte del bagaj e de comp ortainien:'tos esperados�20'E s precisalnente 'eri ese plari'o don­ de se' ins'erta tina stiehe de seriti'dd co'mu'n disdplinaiid desde el cual 'o perih la:S aritropologias hegemorticas' &i 'e'strbledfuiento estad.ouriidense: Estb hace qu·e · en h.iga'tes 'corilo Colornb�a. por ejertipio; se' 'p ereioa urii crecien'te' ltifiuerida de 'esaS . �iii:i"op o l o­ gfas'li�gem6iiibis 'debido ert parte a ia J:tiediacion -�de algttiJ.OS de los an.tr6po't6gos' que 'h;i_ri redbido allf siis · tftulos de doctai�ado y ocupan lugares mas 6 rilenos -pli,ii.Ieg1ados.21 ·

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20 · Como Kani de Litna

. ( 1992) evidencia �n su an3.1isis de. la fon11aci 6n

. ' ; profesidnal' en' ei 'dsiabledmien'to estado'unidens'e, muchas de esias

manerns de· argtimen tar, etiqmitas y nomiativas u·e nen sen tido en tanto se articulan con preceptos y acti tttdes sociales muy especificos de los Estados U nidos. 21 Para el caso de las an tropologfas perifericas localizadas en las an­ teriores colonias, Eyal Ben-Ari sostenfa: "Considere el rriero heche . ·_de que -tint�s 'ariteri()res subditas· coloni�ies ·s�m eritrenados en Ia . . antigtia rrie'ti-6pciiis' cor ll a escntiira i:ie 'u ri it 'tesis 'd cidornl acerca de su . cultura de qrigen en e1 idioma de sus iintiguos amos: ES ta situaci6n re j:)reS�!l Jl �e nu�VO e) fa� tor C�·)c;niriJ e-n 'cur� o en . ias practi cas . . . i�si:itudonales i:ie Ia antropologfa 'coritempor.inea. A1 , ·p'�sibilitar' -pem1 i tiendo, invitando, atrayeriC!O::. que' l os acad�n1iccis del Terc er

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46 ANTROPOLO G IA

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ESTUDIOS CULTURALES

Esta figura del mediador de las hegemonias an tropologicas es crucial, sabre todo en los establecimientos perifericos: no se re­ quiere que "haya estado alii" (para darle una vuelta a la famosa expresion de la critica del presentismo etnografico y las politicas de la representacion antropologica) , aunque su autoridad pue­ de radicar en gran parte en eso. Cabe mencionar tambien que no todos los antropologos asumen una posicion mimetica con las hegemonias del establecimien to en el que recibieron o que fun­ damentan sus acreditaciones.22 La relevancia de la figura del mediador para la reproduccion de ciertas hegemonias tiene que ver con el aura de autoridad que pueda llegar a movilizar para si, la actitud de pliegue o rechazo de las hegemonias en cuestion y el lugar que ocupe en las relaciones · de poder insti tucionalizadas. En relacion con este punta, para el caso de los profesores de antropologia, Carlos Alberto U1ibe afir­ maba que en Colombia se considera que: Se es un "buen" docente universitario [ . ] en la medida en que se haga una mediacion adecuada con 1� antro­ pologia metropolitana. Esto quiere decir que ejercer la docencia universitaria impone la necesidad de actuar desde una posicion mimetica en relacion con un centro o cenu·os de produccion de conocimientos metropolita­ nos y, sabre todo, con relacion a las figuras tutelares de los correspondientes linaj es (2005: 76) . . .

Para el caso del Japon, Yamashita, Bosco y Eades seiialan alga se­ mejante: "muchos academicos japoneses adoptan como una es­ trategia en su can·era la exegesis e interpretacion de un teorico particular para las audiencias locales" (2004: 8) .

Mundo se unan a las discusiones de Ia an tropologfa academica, ,no se reproducen de nuevo las relaciones de poder del colonialismo?" (Ben-Ari, 1 999: 404) . 22 Estas hegemonfas pueden florecer en otros esmblecimientos en lanto se i ncorporen a las disputas locales, por to que sufren transformacio­ nes mas o menos profundas.


DIFERENCIA, HEGEMONIA

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DISCIPLI NAMIENTO 47

Los estudiantes de los pafses perifericos que viajan a realizar sus posgrados en las antropologfas centrales tienen su con·elato (estudiante que realiza su opuesto en Ia figura del investigador . tesis doctoral o profesional) cuyo obj eto de estudio se encuentra en p afses perifericos y que viaj a para recolectar informacion; y tambien en la figura de Ia "autoridad antropologica" que viene de invitado para dictar charlas magistrales o desarrollar seminatios. Las universidades e instituciones en Ia periferia del campo anu·o­ pologico mundial se circunscriben a fonnar anu·opologos locales y, en ocasiones, de manera incompleta o en una pri,m era fase que requiere del ritual del paso por los centros dominantes para com­ pletar posgrados a fin de adquitir credenciales y autoridad anu·o­ pologica. En este sentido, Esteban Krotz observa: La estancia en una universidad del Sur es vista, en el me­ jor de los casos, como una especie de trabajo de campo y [ . . . ] un numero exu·aordinario de antropologos del Sur han sido estudiantes y profesores visitantes solo en pafses del Norte y nunca del Sur; sin duda, esta situacion inhibe, aparte de todo lo demas, en propios y exu·aii.os Ia conciencia de Ia mera existencia de una antropologfa del Sur y conduce, en caso de tomar nota de ella, a con­ cebirla ·apenas como el "pariente pobre" de La antropo­ logfa propiamente dicha ( 1 993: 8) .23 Una actitud que puede considerarse como "mentalidad de perife­ ria" tambien conuibuye a la consolidacion de las hegemonfas y a Ia subaltemizacion de otras antropologias. Esta actitud tiene dos

23 Gerholm y Hannerz hacen una observaci6n parecida: "Los represen­

tantes del cen tro han ido a las periferia, o aquellos de las periferias al centro. No obstante, quien va don de no revela Ia jerarquia de las relaciones; aquellos del centro usualmente viajan para ensenar, mien­ tras que los de Ia periferia van mas a menudo a aprender. Siempre parece haber algunos estudiantes extranjeros en los depart.:tmentos de antropologfa de las universidades mas grandes de las metropolis, quienes en su regreso pueden ocupar una parte promi nente en sus antropologias nacionales" ( 1 982: 9) .


-::-4 8 . ANTROPOLOOIA Y: ESTUDIOS

C U LTURALES

posiciones que son como dos lados: de la misma .moneda: el lado de quien asume la actitud de - menosprecio de las formas. locales de conocimiento antropologico �a las que no corisidera en un pla­ no . de igualdad con las propias- y .que experimenta el sentimiento de un "deber civilizat01io" que lo obliga a insu·uir a los "nativos''; y el lado de quien se pone en el luga,r del mentalmente colonizado, con una posicion: "malinchiana�':. que se pliega deslumbrada a los designios y avatares de las . antropologias . hegemonic�.:� :Los. me­ canismo� que operan para: quienes as1.1men este. .Iugar pas;,tri . por lo que Carlos Alberto Uribe describe como ·el deseo . rnimetico de ser un Otro; de ocupar el lugar del A.lno y de I a Ley: .

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No es tanto que alguna anu·opologia del "Norte" silende nuestras "subdesarrolladas" 0 "endebles replicas" de an­ tropologia en tm escenai"io conspirativo, sino mas bien que . nosotros estamos bien contentos con el intento. de devenir O�:o,:de ser como :;elias.", .representantes de esta antropologia . metropolitana que , intentamos :duplicar . como nuestro �odelo y. rival (1 997: 25-26) ,. -' . . : :; .

Las revistas especializadas :y Ja industria editoria:Uarilbien son lu­ gares donde se constituyen y disputan fonnas. hegemoilicas. AI respecto, no todas las revistas especializadas .o casas :editoriales se encuenu·an en Ia misma posicion. Lo que se. puec!-e -seiialar, algo escuetamente, como una disu·ibucion desigual del prestigio, for­ ma parte del mismo engranaje ·de .recursos y disputas pa.Sadas que ·

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24 Este no es un fe n6meno exclusivo de los an trop6logos, sino que se conecta con una actitud i n tele c tu al de periferia. AI respecto, Gabriel

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Zaid escribfa, en un articulo sobre el fe ti c hi sm o de las cit<ts: "los aca­ demicos latinoamericanos [ . . . ] ci ta n d evotam e nte a . los -tmisJJscuros profesores eu ro p e os y. n orteamericanos, ignorando a sus cole gas na­ ciona l es o latinoamericanos, ya· nt:J se diga a l os simples escri tores. Re­ ferirse. a los trabajos de las insti tuciones extranjeras donde o btuvieron su doctorado es . una fonna de. recordar d6nde . es tuvi e ro n y de vestirse con su· ailtoridad.· Citan, tradtiten e invitari a ·sus profesores, apli can sus· m e to d os ; sueiian con ser autorizados como sus re prese n tantes , a cargo d e · una sucu rsaL Su maxima - ambici6n .es publicar d o n de el los . . . .. '' ' ' publican" ( 2003) . ·


Y

DIFEREN CIA, H EGEMONIA

D I S C I PLI NAl\II ENTO

1:9

se p royectan en el presente para posicionar de d i s tinta manera a �stas ·�evistas y casas edito"riaJ.es. ' Un� fomia importante de drculaci6n de las a n tropo l �gias h��emonjcru; SOn los textOS pti�licados eri fOl:lll<l d� a�ticulos }' ii6 ro�·. que se expresan no solo par medio de stis contenidos y p� i irl cas editori;Jes, sino t�bien en las plantillas de "las esu·ategias �r�in e.ntati�as, I� extension, citaciones y, par supuesi:o, el idi o m a �� �{que �parecen. 25 Asi, p a r eje�plo, para. m en d on a r el conte­ �ido;' e� la �-e�sta America"n Anthropologist, p ubl ic ad a par la Ame­ ri��� 'i\,�lth�opologicaJ. Association, se a.St�me co'r�·J.O; anu·opoi6gfa �. - �odelo boasiano de ias c'�atro raiTi as , qtte se ha constituido en uno de los ejes del sentido comun disci pl i n aii o estad �imld� �� se y mantenido gracias a su inercia institucion<il.2" Ahara bien, tanto en Stl tOniUltO impreso C01110 en las versiomis . eJecu·onicas, es cl�i-� qti� el volurnen y el alcan�e en los esi:ablecimientos pe­ riferii:: o s de las re�stas especiaJ.�z�das y de las casas editoriales de los ni'� tropolita�J.OS -e� esp�c'iaJ., las. d� 'los Estados U�idos y .Gran Bredii�.,. s� deben �n ·gi-an: parte � l as flgu�� de los . mediad() res y de l�' tr�ciucd�ri�s.Lo mismo oi�n�e en. d interior de t�ii.' e�table� · cim ie�i6; incillii i> ; �n)os 1nen·op�iita�6s: d6�d� �lgtui�s re�.j s tas }' casas editoriales poseeri m�yo� �is ihi lid ad �- in'ipaci:o · que ou·as, debido precisamente a sus vinculaciones con los tres pianos de la • . · a e �i.oriad o� . :· ' · a he, g�!h ri l� :r -� . . .Mas <ilia de Ia mayor o menor difusion de dei·tos con tenidos; es� ·espe(:i<iliz�das e 'ind�su:i�u �ditori�l conuibuy�n � co�� r.:ts . r�Visi:as' . .. .. :. . ... . . ' : ... ·

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25 · Para las ciencias p o l fri cas , Timothy W. Luke (2000) . hace un exame.n

p ome n o ri zad o de las pr.icucas d e d is c i p li mim ie n to de las ciencia�

p i>lftica5 e n: los ESritdos U n id os: Son de particular relevancia sus

ob se rva ci o n es sobre los procedimientos asociados a las p u bli caci o n es , y su Iugar en Ia normalizacion de los individuos y en Ia c o nso l id aci on de .c anones y de figuras d isciplinaria5. Gran parte de sus planteos son aplicables al est."l blecirilif:iHo an u·opo l ogi C o estadounidense y, m::is . ,_alia de .este,. en algunos. aspectos importantes, a los q1,1e en los centr()s · o pe � feri_as del sistema mundo yiem�n siendo objeto de trnnsfonn;t·. . i:iories radiCales eri reliiciofi con los e s ta li dares d e c a!i'dad, transpai'en· · · ' -' · . . . 'ciafproductividad acadernid: . . : 26. . Para un ex!lmen de I� disputas intern as y pos ici o nes crfticas en ton!o . . . . , . , , '!- este modelo, vease Segal y' Yan�gisa,ko ( 2005 ) , : L

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5 0 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

solidar las hegemonfas en antropologfa al modelar las formas de lo que es posible argumentar. Estas plantillas de Ia argumentacion antropologica posicionan de manera diversa a los antropologos, par Ia dificultad que implica manejarlas con destreza. Como nos recuerdan Yamashita, Bosco y Eades, "publicar en Occidente re­ quiere el manej o de complej os vocabularios teoricos y de estilos de escritura que estan cambiando constantemente, y que para los hablantes no nativos son extremadamente difieiles de adquirir y mantener" (2004: 7). Ahara bien, para Kant de Lima estas for­ mas son centrales en la imposicion de los Iimites de la produccion intelectual: El control en la produccion intelectual en general y en la antropologfa en particular como una disciplina aca­ demica, cientffica no es logrado en la academia por la censura de los contenidos de los enunciados o, al menos, no solo hacienda esto. Este control incluye la imposicion de las for-mas de exp-resi6n acadimica que, en ultimo an:ilisis [ ] imponen sus Iimites sabre la produccion intelectual en el proceso de su domesticacion (1992: 207). . . .

Estas formas de Io que es posible argumentar son igualmente mo­ deladas por actividades como los congresos disciplinarios, donde se regula el como de la palabra del mismo modo que el de los silencios. No obstante, los alcances de estos se relacionan con la presencia, lo que los limita en comparacion con las revistas espe­ cializadas y Ia industria editorial. Finalmente, en el posicionamiento y Ia disolucion de las formas hegemonicas de antropologfa y de las modalidades concretas de disciplinamiento, no se pueden dejar de considerar las practicas asociadas a la figura de los evaluadores. Quien evalua a quien, con que Ciiteiios e implicaciones constituye uno de los terrenos mas poderosos donde se disputan y reproducen las hegemonfas y donde los individuos deben plegarse a las expectativas discipli­ nan tes. En el establecimiento estadounidense, par ejemplo, esta figura del par evaluador es omnipresente y, en general, opera tras bambalinas emitiendo conceptos que se consideran inapelables e


D IFERENCIA, HEGEMONIA Y DISCIPLINAMIENTO 5 1

irreversibles.27 Interviene en las fases de formaci6n, desde las de los estudiantes basta las de los antrop6logos mas veteranos; desde la financiaci6n de un proyecto de investigaci6n o Ia publicad6n de sus resultados basta Ia posibilidad de ser contratados o despedi­ dos de los centros academicos. Todo esto ocurre en una profesi6n que se asemeja mas a la tarea de producci6n en una fab1ica que a la labor del artesano en su taller.28 De abf que, como lo ba indicado Don Brenneis (2004: 582) , en el establecimiento estadounidense, antes que estar en condicio­ nes de escribir textos sobre cultura (y de poder debatir en ellos sobre las representaciones etnogrcificas) , los antrop6logos de ben escribir por dinero para una audiencia de pares evaluadores que decidiran sobre su aceptaci6n o recbazo. Pero despues de haber logrado Ia financiaci6n y de haber escrito sobre cultura, los pares

27 "La evaluacion por pares es un proceso no solo de las propuestas para

Ia financiacion de investigacion, sino tambien los articulos para ser publicados en las revistas y los man uscri tos de los libros. Como tal , este p roceso es central en Ia vida academica en los Estados U nidos -casi omnipresente y siempre muy destacada-. AI mismo tiempo las rutinarias y recurrentes pr.icticas de interaccion mediante las cuales se logra Ia evaluacion por pares -y a traves de las cuales se configuran resultados consecuemes- se mantienen en gran parte desapercibidas, incluso para muchos de nosotros que estamos rutinariamente ligados a esta" (Brenneis, 2004: 582) . 28 AI respecto, cuestionando Ia narrativa del etnografo como Ia de Llll artesano que escribe textos de Ia cultura, Richard Fox argumentaba contundentemente : "Deberiamos conocer mejor antes que creer estos mitos del car.icter de Ia an tropologia como artesania. Incluso desde que se profesionalizo en Ia academia, Ia produccion de Ia an tropologia ha tenido Iugar no solo a traves de Ia e Ulograffa artesanal, sino tam bien bajo condiciones fabriles -por ejemplo, en los departamentos universitarios, en las reuniones profesionales, durante las conferencias acadetnicas y en las bibliotecas-. Admitimos i ncluso Ia 'disciplina industrial' encontrada e n los departamentos -cargas de cursos, evaluaciones de contratacion, politicas de sabaticos por ejemplo- y Ia fonna en Ia cual establece las condiciones para Ia (in) produccion de Ia an tropologia. Criticamos los tiempos de Ia discipli­ na puestos en escena en las principales reuniones: las ponencia� de diez minutos en Ia cuales no se puede decir casi nada y las secciones simultiineas a las cuales deseariamos asistir. �Realmente manufactura­ mos nuestro proximo proyecto de investigacion para Ia NSF o Ia NEH o lo vendemos?" ( Fox, 199 1 : 9) .


5 2 ANTROPOLOGiA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

evaluadores intervienen en los procesos de publicaci6n y de reco­ nocimiento institucion� de l.os resultados. Sin embargo,. los establecimieritos de los paises perifericos no se encuentran exentos de esta.S practicas. En Colombia, por, ej em­ plo, van de Ia mana con el posicionamiento de una serie de . inter­ venciones que corporativizan Ia preiducci6n academka, mediante las cuales se aplican mecanicamente criterios de cal�dad c()mo Ia indexaci6n de revistas especializadas y las evaluaciones de resul­ tados institucionales o individuales. En ·su aparente neutralidad, objetividad y consenso en Ia medici6n de Ia calidad y en la visua­ lizaci6n de la producci6n intelectual, se introducen supue�tos de las formaciones hegem6nicas de Ia antropologia. ·

·


Singularidades y asimetrias en el camp o antropologico transnacional 2.

En muchos lugares . del mundo se cuenJ:a en Ia actualidad con esta}:)lecimien�os antropologicos con. trayectorias e historias que se ,;emontan a varias generaciones y comprenden .varios centenares

(y a veces miles)

de practicantes (Ribeiro,

201 1 ) . Las comunidades

antropologicas ya no se circunsCiiben a un puiiado de antropologos en unos pocos paises de Europay en los Estados U nidos, don de, por primera vez, se constituy6. institucionalmente la disciplina. Ademas deJ . crecimiento demogcif;ico y la complejizacioh de estos primeros establecimientos, . en .gran • parte de · los pafses de . America • Latina,

Africa, ' Europa y Asia · han surgido comunidades ·de :antropologos

locales que realizan labores de -investigacion y docencia, asf como

de intervenci6n. social, diseiio . de -politicas publicas y participacion polftica,: entre otraS. Congtesos <;lisciplinatios; . publicaciones espe­ cializadas y programas de fonnacion en pre

y posgrado

existen en

muchos de estos; establecimientos desde hace varias decadas . •

Se corre el riesgo • de diluir la irriportancia de las singularidades

de: ios • establecimientos . antropologicos si se siguen ciertas i nter­ pretaciones de- la globalizacion que erifatiian Ia--homogeneizacion economica; •polftica y cultural del mundo. Es .errado entende r l a creciente ' interconectividad mundial como signa y garantia d e una comunidad antropologica planetaria · homogenea; - desj erar­ quizada y desterritorializada. En lugar de.ser una disciplina homo� genea :que se practica de la misma manera, con. el acento puesto en - los > mis�p.os 'ci:mceptos; agendas, : entrarilados instituciori.ales }; es�tegias· : metodologicas en . todo . eL mundo, h ay . sigilifii:: ativas variationes en .y entre los establecimientos en los cuales operan diferentes comunidades locales, nacionales o regionales. · La di� ferencia, entonces, ya no radica en la exterioridad y el obj e to de


54

ANTRO P O L O G IA

Y

ESTU D I OS C U LTURALES

es tudi o , sino que es consti tutiva del campo antropol6gico mun­ dial . De ahf la relevancia de comprender la singulruidad de los diferen tes establecimientos, las modalidades de financiaci6n, los vfn culos i n s ti tucionales espedficos denu·o de los que operan, las articulaciones con ou·as fonnas de conocimiento academico y, mas alia de lo academico, sus u·ayec t01ias, modalidades de fo r­ maci6n, subj e tividades disciplinaiias, esu·ategias argumen tativas y mecanismos de difusi6n, debate e instrumentaci6n. de los resul ta­ dos del trabaj o antropol6gico, en tre otros aspectos. O u·a cuesti6n asociada al ac tual campo anu·opol6gico trans­ nacional que merece nuesu·o examen se refiere a la asimetrfa. Si bien hay un incremento en el "viaj e " de ·an u·op6logos y an­ tropologfas como efecto de la mayor interconectividad a partir de la globalizaci6n, estos desplazamientos no se realizan con la misma i n tensidad y efecto en todas direcciones. Unos viajan mas que o tros y baj o diferentes premisas y alcances. Las condiciones matelial es de movilidad ( al igual que las lingiiisticas) , las formas de inserci6n y las direcciones de los flujos son distintas si se ti-ata de establecimientos antropol6gicos pelifelicos o centrales. De ahi que no solo deban considerarse las singula1idades de cada uno, sino tambien las asimeu·ias entre ellos. La plimera p arte de este capitulo presenta algunos C!itelios de encuadre p ara reconocer las singularidades de las antropologfas en el mundo. Se argumenta la relevancia de superar los enfoques que parten de concepciones normativas de una unicidad trascen­ den te de an u·opologfa, p ara plantear que es desde las practicas y las relaciones concretas que deben entenderse las especificida­ des de los diversos establecimien tos anu·opol6gicos. En la segun­ da parte, se exruninan algunos de los planteos asociadas a la Red de Antropologias del Mundo, sugeridos p ara dar cuenta de las diferencias y asime trias en el campo transnacional. En particu­ lar, se observa su dis tinci6n en tre an tropologfas hegem6nicas y subal temizadas , asi como los argumentos sabre la asime trfa en la visibilidad de las diferentes an tropologfas. El capitulo con­ cluye indicando la relevancia de aplicar sabre nues u·as propias practicas algunas de las enseiianzas que han resultado de la labor antropol6gica.


SINGULARIDADES

Y

ASIMETRIAS EN EL CAMPO 55

An tes que una etnografia o una historia de establecimientos an­ tro pol 6gi cos particulares para ilusu·ar mi argumento, o un ejer­ cicio comparativo que sustente los puntas de confluencia y dife­ renciaci6n enu·e ellos, este capitulo es una elaboraci6n te61ica de algunos planteos pertinentes para pensar Ia singularidad y la asim etrla en y enu·e las antropologias practicadas en diferentes partes del mundo; porque, a pesar de considerar relevante la fun­ damentaci6n empirica de esos planteos, he preferido Iimitanne al examen conceptual para los prop6sitos y alcances de este trabajo. Es necesario que el lector tenga presente que este capitulo ha . sido escrito desde Ia experiencia y Ia perspectiva de un anu·op6lo­ go colombiano que ha realizado sus estudios de posgrado en los Estados Unidos. Esto significa que el conocimiento de los estable­ cimientos antropol6gicos en ou·as partes del mundo (como las di­ similes tradiciones en Europa, � ia y Africa) es de segunda mano, a traves de la literatura o de algunas experiencias especificas y -he de reconocer-, en muchos aspectos, marcadamente limitado. Lo que me anima a presentar estos planteamientos es precisamente un reconocimiento de los lfmites propios que son manifestaci6n de un desconocimiento mas profunda y esu·uctural de los diferen­ tes establecimientos que habitamos.

CUESTIONES DE ENCUADRE: LAS SINGULARIDADES

Para dar cuenta del campo u·asnacional de las antropologfas, debe tomarse en serio la singularidad de las antropologias practi­ cadas en diferentes lugares del mundo. Esto significa abandonar la premisa ampliamente extendida de que existe algo asi como una "anu·opologia autentica" (que por lo general se identifica con tradiciones concretas ) 29 y de que sus variaciones en los paises pe29 Las tradiciones concretas que aparecen como paradigmas de Ia an­

tropologia dependen del Iugar desde el cual uno esu': examinando el campo. En gran pane de America Latina y en los Estados Unidos, las tradiciones mas salientes son Ia francesa, Ia inglesa y Ia estadouniden-


56 ANTRO POLOGIA

Y

ESTU D I O S CULTURA LES

rife1icos se deben entender como copias (la mayorfa de las veces diletantes) qtie ·s61o de fo rm a parcial {tin ·:ni:>-todavfa'') Y, des de una perspecti_va heterodoxa l�giari ser corisirle"iadas co�o arii:rO­ pologfa:. En " pa.Iabras del aritrop6logo niexi�ano Esteban Iliotz, estas antmpolqgfas "no son rediictibles a inera5 . 'extensicirie�; 0 ' repliCas ' (ac�o hnperfectas) de tin mod�lo aritropol6gico ori­ ginal. Mas bieri, rios encoritia�o� ante fomias de g�rierar cono­ eimien tos ari tropol6gicos que ti e ne n caracterfsticas : pai· ticttl ares;' ' . ( 1 993: 8) . . . . . . . Si bien es ias an tropologfa.S rio puedel1: cri"ri�idei:al:S� . coriio simples ii.n itadones, fun1bi�ll . es cierto que ei(eiia5 han . �pera­ do," des.qe SU instit�tciomil.izaei6ri, . p_rbcesqs cdntradict�Il.os . cle niirrietism!); suba.Itei:n"i"�kei6ri y corifl'ontad6n ¢ ol1 �e�pecto a �� ti·adicioi1es ·an trop"ol6gicas ·doniimintes. El c�estioriamientb ·�el suptiesto de que son desviacion de un pa:ti·6n riattii'aiizadci; rio m'arcado }' definido de aritem'a:rio biista abiii· un e spae i o " an aJ.itito para .exa:t:Uiriar las; :slrigui�ridades en sus p rop ids :terininos y cqn tados los pi·ace:� os i:: o iitradii:tbricis d� difen'!i:ici�ci6n tU nscripci6h en el' tampa antmpoiogico iriurid.ial. Por tanto; al .torriar en se:Iio 1a: �irigularid�d de slis diiei�ri tes artictila:cianes, se "l>tisdi; eVid�ri­ ci�r los especifkos eh·ti:amados h1sclttieioriales; ·�ridhles, polfrlc"6s . e intelectuales en los cuales erri;erge n y se modifi.ciiil his cllvets"as antropologfas. La especificidad de estos entramados no responde solo a cuestiones de valiantes nacionales o regionales, sino tam­ bien a los modos de relaci6n y a su posicionamiento con respecto a ou·as antrop�ldgf�.' La :s{ri�ilalidad- rio 'si gri ifid. aisiarii i�rh6 b ensimismamiento. :En este s�htidd, e� riec�s�rio cuesclonar tina lettuta n1etafisit� 0 esencia.Iista ( com:o . se qi.tiera' adjetivar) de la 0 � n tro polo gfa' (0 de laS ai:mopologfas) para cd�tl'arse en las .. pradi'cas 2o·nci·etas "(lo qti� los anti:op6log6s i·eahnel1te haten y eritinti�ri "eri tanto al-t­ trop6logos) , . a5f como en las dife1�entes . capa5 d� relaciories :que ,. . :. . . ' . .

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se. Pero L<'l.mbien algl.inai; escuelas italianas, alemimas y ha5ta holande­

' sas tie1ien su relevai1 cia · en cie\·tos estli.bleciniien tos de America Latina (veai;e Gi.Jbe r y VISacovsky,

1999) .

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S I NGULARIDADES

Y

ASIMETRJAS EN EL CAMPO 5 7

��nni,ten o in:tpiden estas pnicticas. Es necesali(} deja1� de pensar

en d eflpir l;;t anu·()p<;>logja desc;le ]..tn a pliori normativo, recumen­ dq a,·: �P, critetio ar.ticmlador (ya sea en el objeto, Ia _I�etoc;lol�gia, e1 , c:qnj unto de paradigffias o los contenic;l.os) , para ablir Ia po­ sibili dad de entender - Ia multiplicjdad de prac,ticas y rela�j(}nes q11e . d� h,e cho cpnstitllyen . las anu·opologias existentes, La den­ �id!!d, espe_cificid�d e his�micidad de las practicas y relaciones e.I1 IJigares co�cretos de ben toinarse_ en co_n sideracion ·como ele­ m ent9�fundaqJ.entales para .evitar disputas inago tables y esteriles q u� pretenden _detenninar . e n abstracto y ge .(orma nm;mativa lo q11e ,c onstituiria Ia comunalidad y las diferen,cias en y en�re las an u·opologias. 30 . , Asi,)a diferencia , en y .entre las antropologias no tiene un ca­ nic:;ter supl_e mentario o delivado de una identidad ptimordial y trascendente,· J)esde : esta perspectiva, s� _ cues tiona, ent�nces, _u n m.qd�l() . c;l.ifusioru�ta que Sl�byace - a _ m�tcho� amilis�s de_I siste�na l:t:l1l�l_do ,de Ia antropqlogi� _e n_ Jos . que se asume I_a _existencia de una: a,ntropolpgi_a. (en _singular) . identificada con ciertas tradicio­ pe� _(ptjncipahne.n.telas de �nglaterra, fr!lJ;lcia y los, Esta,d()S Uni­ dos). y, po�·- o�(}, !ado, ; una diversidad de, an,u·opolqgias hibddas p dedvac;las. _Del -J;Ilisnio modo, implic� el cues,ti o,rtamiento de alg9 asi c01,no , un ,rtucleo, una, esencia, un objeto, una metodologia, u11a ma�:z o, unos paradigmas definitorios de com unalidad _ tras­ c�nden� <;!}{presada con _Ip.ayor o men or vadacion e11 Ios difet�e�l­ tes c<;>n,textos. -

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3 0 AI men as desde finales d e los aii.os ·sesenta; se encuentran . pronun­

ciamientos disfmiles al respecto. En Rl!invenling A. ntluvjJo/ogy, par . ejemplo, Dell Hymes afirmaba taj antein e n te : de defiJ1 i r a an tropolagfa a i n d usa de i d e n t i fi ca rl a [ .. :] Deje q u e ia · an tropolagfa sea lo que hacen los an_trop6logos� ( [ 1 969] 1 974: 7) . Mas recientemente, el an u·op61ogo haitiano iVlich ei:Rolph Trauil,ot abre su lil:i ro sabre antropologfa e1i los tienipcis de g o ba l i iaCi o ri · · . cori 'el co ntu nde n te ·enunciado: "La an tro p ologfa es -lo - que hricen l os antrop61agas� ( [2003] 20 1 1 : 35) . Par s�! part�, .Jqh am1 es Fabi�lp (2008: 237) p u n tu ali za que io que hac�n los _an trop61ogos no _es una acti\'idad 'centrad a eil sfniismos ( co mo Jl�lede despi:eiici�J'Se de cie nas:imini festado nes extremas de es te te'no r e n el estab i ecimi e ri to . estadounidense) , sino en relaci6n con o tros.

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ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

Al seiialar Ia relevancia de e n tender las singularidades de las antropologias mediante el estudio de las pr:icticas que las consti­ tuyen, no p re tendo ignorar Ia p resencia de procesos de normati­ vizaci6n y subj e tivaci6n que constriiien y definen las condiciones de posibilidad de estas pnicticas . Par el contrario, deseo resaltar que estos procesos de nonnativizaci6n y subj e tivaci6n deben estu­ diarse hist6 rica y e tnognificamente, y no presuponer que se basan

en una definicion general de an tropologia. Con tal presuposici6n se corre el doble riesgo de no justipreciar la singularidad de las diferen tes an tropologias (sabre todo Ia de aquellas que han sido marginadas e invisibilizadas en los establecimientos cenu·ales y perifericos) y de equiparar de fac to Ia an tropo"Iogico con sus ex­

·

presiones dominantes. Ahara bien, Ia diversidad en y enu·e antropologias no hace de elias entidades cerradas, resultantes de un aislamiento y entrampa­ das en sus Ifmites. Su diversidad es mas bien resultado de sus cons­ tantes y multiples relaciones (dialogales y de poder) en diferentes

escalas que de su aislamiento. No obstante, al indicar las interrela­ ciones, tam poco se pueden desconocer los entramados especificos constituidos par relaciones, recursos, afectos, intereses, pasiones, par ej emplo, los que pueden definir los marcos del Estado o de Ia lengua. No se trata de una an tropologia que se difunde y Ilega de Ia misma manera a diferentes lugares del mundo, sino que, desde el comienzo, eso que se llama "anu·opologia", en singular, es esen­ cialmente efecto de una mirada reu·ospectiva y disciplinante que en ninglin Iado ha existido reahnente. Si uno va mas alia de los manuales que caricatm;zan y simplifican las genealogias de las dis­ ciplinas, Ia que se presenta en sus comienzos son diferencias sus­ tantivas, tensiones y dispersiones en y enu·e los distintos estableci­ mien tos (vease Stocking,

2002) .

lncluso cuando las antropologias

institucionalmente articuladas se circunscribian a unos pocos esta­ blecimientos ( como en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, y tambien en Alemania e ltalia, en u·e o tros) , detras de las nociones de "anu·opologia cultural", "anu·opologia social" y "etnologia" no estaba en j uego exactamente el mismo proyecto. A prop6si to de esto , Stocking destaca: "A pesar de I a aparente unificaci6n abarcadora del tennino 'an tropologia ' , en realidad


S INGULARIDA D ES

Y

AS IMETRIAS EN EL CAI\IPO 59

bay una gran diversidad dentro de la u·adicion an tropologka euro-amedcana. La histmia de tal diversidad esta todavfa par ser escrita"

( 1982: 1 72 ) . Podemos recordar, sin ir mas lej os, que la ar­

queologia o Ia antropologia fisica eran partes in tegran tes o no de un proyecto dependiendo de Ia tradicion, o de como los concep­ tos centrales de "cultura", "sistema sod�" y "esu·uctura" se discu­ _ tian de manera diferen te en estos establecimien tos. Par supues to ,

a1 intedor de estos no ha habido tampoco una homogeneidad o

-

co nsen so, como a veces se pretende suponer con nociones como

las de "escuela" o " teoria".31

Por tanto , el campo de las anu·opologias ha sido mas he teroge­

neo desde sus inicios de lo que tiende a presentarse. No obstan­ te, hoy p resenciamos una mayor complej i dad y profun dizacion de estas heterogeneidades, no solo por la consolidacion de mul­ tiples establecimien tos anu·opol6gicos e n diferen tes lugares del mundo, sino por Ia expansion demogr:ifica y tematica de los mas antiguos.32 La multiplicaci6n y densificaci6n de los es tablecimien­ tos an tropologicos no se encuenu·a predicada sobre una an tro­ pologia identica que se aclimatarfa, con mayor o menor exi to ,

a

las diferentes condiciones locales. Las vadaciones observables en el actUal campo anu·opologico mundial no deben considerarse como simples efectos de superficie de un nucleo plimordial que garantizaria su mismidad ultima y trascendente. Una de las implicaciones mas sustantivas de estos planteos ra­ dica en que, una vez situados en el plano de las practicas y rela­ ciones, se hace eviden te que los hordes de lo antropologico (las fron teras disciplinarias ) y, mas aun , de lo academico (las fra n teras que definen el conocimi e n to experto ) se desdibujan y problema­ tizan. No hay mas un obj e to , un metoda, unos heroes culturales o un conjunto de teorias garan tes de una coherencia maes u·a desde donde se podlia identificar, de una vez y para siempre, lo que

31 Para un examen de las dispersiones, los silenciamientos y las multi­

plicidades de Ia antropologia en Francia, que se ha imaginado como una entidad homogenea, vease Archetti (2008) . 32 Sabre esta expansion demogr.ifica y tematica en el establecimiento estadounidense, vease Geertz ( 2002) .


6o ANTROPOLOGIA Y ESTUDIOS CULTURALES

constituye lo anu·opol6gico. Ahara bien, si estas fronteras se ven desdibuj adas desde el plano de las multiples prckticas de las antrO:. pologfas del inimdo, rio·es para ·abrazar un relativismo o mitivisirio epistemol6gic6; rio se J1uede desconocer que estos lfrriltes se iris• t:auran coristantemerite ' como relaciones de •poder ' institU.cionali.. zadas que defirien una exterioridad toristittitiva (no homogenea i ' . -- . . y sierripre problematica) . "

HACIA UNA PERSPECTIVA SISTEMICA: LAS 'AsmETRiAS • A

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Por ari tropologfas hegem6nicas' se· enii'eiide �I cdrUt.lnto "de for� maCion'es discui·siva.S y' 'practica:s institi.iCiomi.les ' asociadas 'cori l� norinalizaci6ri de la antropologia · acad�mica- llevada · a ·cabo piincipa:Imerite en los Estados· Unidos; · Gran 'Breiaiia y Francia'' (Ribeiro y Escobar, 2008� 19). De ahf qt1e- la hegeinoi:lia refierci. a - hi · configuraci6n :y ·riattiralizadon - cie caD:oii�s ; disciplinarids y de s-Libjetividades 'qtie<intei:pdan · a los ahu·opoldgos n'O· solo en los' e� tabledmierttds' ' ceritrales',' 's irio' 't�iii. b ieri' -'en: · l6s . peiiferi�os: Erite hdida · d � esia' in anera;· · I � h�gehiortla ' rio e8 · tanto la ' dorrii� riaci6it t onio !rrip �siciori 6 coei-d6ri; sill'o To: que ·toh d 'paso del i:i_e mpo: se 'corivierte' en' 16s; precfp i'tados del seritidC>' !toiri.uif dis.. ciplinalio, y desde alli-opera' te ndiendo a mai:lterierse friera 'de _ , . .· '- - ' : . · tod o exam eri . . . : . , ; - : , , _ , , Las anti'opolog!as suba.Iterriizadas seriart ·aquellas fonitas· de· M� ·

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cei· anti�opblcigla que, pen" diversos ID:otivosi 'no encajan en las arii� tulaciories· hegein6rikas eri uri momenta dete'rni.ii-uidoi-Entoiices; habitarian en los 'margenes · e intei·sticios - de los estableeiniieiitcis anu·opol6glcos de la 'petifeiia, pei·o tambien de los centraies� ' Eri establechriieritos ·c eniiales ccimb el de los Estados Unidos, 'se ha� Han anu·opologfas imbalternizadas y; en tin · establedmieri.to peri� fe1ico como el de Colombia, tambien operan las hegem6nicas . Ahara bien, con el concepto de "anu·opologfas subalternizadas" no 'se busca apelar a l.in Oti"o' (ahara entonu:ado = en · d inteliOI' del ca�po antropql6gko, per,o a)ln iiP,aiD��� o com<:i -" �nomalfa"' "delivaci6n", �·desviaci6n'\o .':' particulatismo�': culturalista) con el


SINGULARIDADES

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A S I M ETRIAS EN EL

CAMPO

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obj etivo de "mejorar" o de "corregir" este campo desde una pro­ pti��.t:ii·_ rnti.Iticulturalista, de acci6n <ifinnauva o de polfticas de Ia . id ertti da<;l.' ni, m e ri o s aun , ti n a cdebraci6n del :relativismo episte­ ihitb· donde �aie t6do": Tami:>a co se pl:etende sugelir que hu; 'anc tro p ol ogias subaltemizadas sean necesat;amen te ''rri�6-res" que las. h �ge inonicas. :En esi:a distinci6ri no reside tin re l a tivi s m o epis­ iemid) rii u:d juido d.e' 'atden morai que �tiibl.tirfa a l as· p'riln�i·as las · segundas 'operarfan tiri�:'fid�i:e�da dem.oniaca m fe: �: u·a.s .que . · : ' . ,. . ' ; Jn' rci ici�tio�es ang�li�ales�. ;· · b��d� · 1�_-p efsp�ctiva d e l cam.'po in ti·Op o i 6 gi c o tran�.i1 a:cional · a Ci�: Uri� ibiTriadaii · ri.adonai· Cieteniiinai:ui; e n to ri ces , 's�rfan · subal­ t��:kiz�a�s aqu�ila�. in'odatidade� . qlu� tienden i 'se/ 0 qlitei·acias . 0 �b��briocidas p ar ou�as' qti� se positibhan y :naturalizah comb his [6i-iri.a5' aci.etuadci.S y ·pei·tihi:!ntes cie' 'co'ri tebir y ·hacer· i�mtrop6lo­ gfa:: Eri.i:iehdo; par' ta.nt6, las sub�ltemiza:ciori.es y lhs hegemonfas -c'oi#o . el ��stilt�do: de m iii ti pies 'y perinaneJl tes dispti tas y posido� n�ni �n tos . �h l � s te n:e n os 'in�tittidonale�, discursivos y Stt bjeti�•o s qtie 'd.dfihen ei c�rrtpb trahs'ri;aci9n'al y·C:Ie:i�s ' d.istinfu foririatiohes ii�d<;>ndies . de i� 'antropoio gfa. 'N'o . las consici.e ro, entohces, c6n1b i.ifi�(Jriktit�staci4n d� c t.ial idacl¢s.iiifii'ns �ti•?de I6s' a rJ.t}o poiogbs 6 de l�··tr�dldio'nbs .an tropol6'gi'cas,' n(les ·a:tr!b(l}•o l.1!h 'iinplic#cia de-.s�p�d<:Jridad' b inf�-��ofi�ad ' m bi·al: · � pisteirii�a a' polftic<i p bl; el Iriero hecho' de articulai·se' 'colno heg�m-6riicas o' S�Ibaltei"nii�d:as e� ll·il . in affi�'rno dere nilin ado . ·· Mu � h� :d.e las: s ubait� rn iia C:ia s pueden. ent.ertderse mas· p1·ecisa� irierite' �0�0 ''antropologfas ou·as" en tanto estan basadas en tma ��i'ad6ri <:.on el coriocimiento y la)abOl� anu·opologica que' rio se ag�ta en' ia' fonnulad6n de regi s u·os e tno grati c 6s 0 elc:i.boi·a�iones teori'das consignadas �n . artfcitlos, . iibros, disertaciones d'odoi·a­ les y ponencias cuya audiencia predoniinai:lte es una cotintnidad en c�n n:a·s ac ad.e in i c os . Son antropologias que, par sus' p i·a c ti cas y 'fortnas de �rticulaci6n, dificilrii e nte sedan reconocidas coino �ales descf.e muchas de las hegem6nkas; No existen en frmci6ri de bl.tscar tal ' l:ecoriocimlento pot p�rte de las · es tab l e c i rii i e n­ tos arit�·o p 616 gi c�� - dot�iilahtes,' a ' e s c ai a glo b al 'y en las fOI'imi­ ciories nac i�n al e s : No las im agi n arii o s .coin� anorii.alias rii 'conio �e s�aci o n es o defivaciories dileian tes · de "hi an trbpologf�;, (en "

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6 2 ANTROPOLOGIA

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ESTU DIOS C U LTURALES

singular) , encamada en los canones antropologicos de los cen­ tros imperiales. No son apropiaciones locales de "una disciplina universal" que solo encontrarfa su "verdadera" expresion en los centros imperiales. Las relaciones entre las antropologfas hegemonicas y las subal­ temizadas (sean o no estas ultimas antropologfas ou·as) no son las de entidades autocontenidas que existirfan independientemente unas de ou·as, tal como consideraban las culturas los culturalistas de la primera mitad del siglo pasado. No pensamos las relaciones de poder entre las diferentes anu·opologfas como relaciones entre entidades constituidas de antemano y aisladas unas de otras, sino estructm"adas en lo que puede denominarse "el sistema mundo de la anu·opologfa". La relevancia analitica de este concepto radi­ ca en la posibilidad de dar cuenta de las relaciones estructurales de poder que operan entre los diversos establecimientos anu·o­ pologicos y enu·e las distintas tradiciones en y entre tales estable­ cimientos (Ribeiro , 2005; Ribeiro y Escobar, 2008) . Al poner en cv:idencia la geopolitica del conocim:iento que configura el campo de la an tropologia - a escala global, se muestra que unas tradicio­ nes y establecimientos antropologicos de la periferia o subalter­ n:izados han s:ido constituidos como "antropologias sin historia", mientras que otras tradiciones y establecimientos centrales o he­ gemonicos son naturalizados como "la historia de la antropolo­ gfa", como encarnaciones paradigmaticas de la disciplina (Krotz, 1 993) . Por eso, en Iugar de suponer que las diferencias enu·e las tradiciones se reducen a un asunto de diversidad cultural de sus practicantes, prefe1imos considerar los_contextos y las situac:iones (epistemicos, institucionales, politicos, economicos) que esu·uctu­ ran las diferencias como desigualdades. Las antropologfas hegemonicas operan tanto como las subalter­ nizadas en paises como los Estados Unidos, Portugal o Colombia. Las articulaciones concretas entre unas y otras en el marco de una nacion, region o localidad especifica no se pueden suponer de antemano , porque no derivan automaticamente del Iugar de esa nacion, region o localidad en el concierto geopolit:ico global. No obstante, la correlacion de fuerzas y las disputas entre ambas valian tanto en un establecimiento anu·opologico concreto como


SINGULAR I DA D ES

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ASil\IETRIAS EN EL CAMPO 6 3

en e1 campo transnacional en un momenta determinado. Esta conceptualizacion de antropologias hegemonicas y subalterniza­ das tiene la vent3Ja, para el amilisis, de pensar en tenninos de una geopolitica del conocimiento que, aunque con expresiones espaciales concretas, no sigue de manera automatica la distincion geognifica enu·e pafses ni, mucho menos, implica una apologia nativista o nacionalista de los establecimientos antropologicos de la pe riferia del sistema mundo. En otras palabras, estos con­ cep tos parten del "reconocimiento de la necesidad de una crf­ tica que mine Ia simple definicion geogrilica de Ia 'peiifeiia' y del 'cen tro', especialmente cuando esta definicion se reviste de una reversion esencialista de los terminos en aras de esgrimir un nativismo como supuesto privilegio epistemico" (Colectivo WAN , 2003: 267) . Desde Ia perspectiva del Colectivo WAN (2005) , es relevante provincializar las antropologias hegemonicas, descen­ u·arlas y marcarlas, mostrando los mecanismos y las relaciones de poder par los cuales a su interior y con respecto a otras anu·opo­ logfas (en los cenu·os y en las peiiferias) constituyen ban·eras en Ia transfonnacion de las actuales condiciones y los tenninos de conversabilidad antropologica global. Gustavo Lins Ribeiro ( 20 1 1 : 83) ha propuesto las nociones de "cosmopolitanismo provinciano" y "provincialismo metropolita­ no". Par "cosmopolitanismo provinciano" entienden Ia caracte­ rfstica de que los anu·opologos de las antropologfas perifericas generalmente conocen y se refieren a Ia historia, los auto res y las discusiones de las metropolitanas. No hacerlo puede poner en tela de juicio su competencia disciplinaiia. En cambia, los antro­ pologos localizados en los establecimientos metropolitanos rara vez evidencian conocimiento de las antropologias perifericas y, menos aun, taman a sus autores y literaturas como interlocuto­ res del mismo nivel que sus colegas at home (Gupta y Ferguson, 1997: 27) .

Lo mas paradojico de estas politicas de Ia ignorancia es que las antropologias perifericas tienden a desconocerse enu·e sf, incluso cuando se encuenu·an geogrilica y Iingi"tisticamente cercanas. Es probable que un antropologo en Colombia sepa mas de las discu­ siones, los autores y las problematicas de las antropologias esta-


64 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

dounidense, francesa o inglesa que de las de Venezuela, Ecuador,' Panam� o .ATgentiila. Alga similar puede .plaritearse para."Ar1ica y' Asia, donde los pasados laz�s coloniales atln signan las tendencias . en los vinculos intelect{tales. Es · relevante agregar que, ' au'n que en mi caso puedo tener algunas referencias de las antropologfas mexicana y brasilena, lo contraiio es �xtraordinario, ya qul las asimetria5 se reproducen en el interior de las "regiori�s; e in�l �s() en un mismo pai� ; ·entre �us, capitales y provincias. L�s lnfli..I �ri�ias y 01ientacic:mes difere�tes tam bien son determinadas por los Iuia­ res en los Ci.Iales los an tropologos redben SU fomiacion Y eiltr�n�� mieni:o, ya sea en sus p·afses 0 fuei-a de ; ..ellos: y, en· este ultimo cas a, . . . . . . . . .: . en qu� lugar en particular. . Esta asimetrfa en el recoi:J.ocimienio es lo que Estel:ian){roti ( 1 993) ha denominado el "silenciamierito de las antropologfas de Sur". que se produce por el abierto" descOn()cimi¢�tci de . su existencia poi· parte de los antro p 6logos en las meir6polis 6, niuy a irtentida", · por .c.o nsici.erai�his "como \:Ina espede' de 'eco ; (/�er� si6n diluida de la antropologfa prppiamen�e dicha que es y _si gri e; siendo ' tinicamente la· generada en los pa�ses Oliginmios' de i� disciplina, documentada en sus · re\�stks· y 'enipn:isas ·editorial��. prpduci_da y trans i�ii:id(l en sus . universidades" "(Krot:Z," "i 993:' '7) Es t� �ilenc;iainient� _s� expresa co� crei3.mep.te· en los ·. cu�os de . las universida(les sot>re el pensamiento a:ntropblo gico 0 en los: . mani.uiles sobre la historia de la disdpiiria�' doncl� gene�a1J.1?.eine Se omiten allt<n:es }'. COll tl;ib�ICiOneS . por f� �ra � e las . tradkiones estadounidense, ' francesa y britanica. Asf, las del Sur aparecen como �ntropblogfas sin his�oria� - �omo simple� .co p ias dilera:rires de las "verdaderas a� u·opologfa�", que co11stituyen ta his to ria y los paradigmas de la disciplin·a. Esta idea no' se encueni:ra solo en la� centrales, sino ' ta�bi�n en · 1� mismas ant1�op� l() gi�s d �l Sur; lo que indica cuan poco ex�ninadas y extendidas son ciertas premisas sobre las que se edifican y expresan no solp _ diferencias; sino tampien jerarquizaciones� Que _esta idea drcute y' s�a, .am­ pl!amente ace i nada en las an tropologias penf�rjca,s· es e�plica}Jl� precisamen te po; las operaciones hege1:ri<Sn.ic� que �a�uraliz a.n unos c<i�?Iles y geneaiogf�s ,C Q mQ . la, an ti·opologf� y la. hiSt()ri� : · - disciplinaria. , · · - · · ·· · · •

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SJNGULARIDADES

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ou·o aspecto importan te es el relativo a que el silenciamien to . no s o lo afec ta a las antropologias de los paises del Sur, sino a es­ tab lecimien tos an u·opol6gicos _c onsolidados en ciertos paiscs del Norte . Asi, las antropologias en los paises como Ausu·ia, Alema­ ni a, Italia, Canada, Espana o Japan son tambien obj e to de tales sil enciamien tos. Sabre el ultimo pais, par ej emplo, en un libra sa bre las antropologias en el este y sureste asiatica, los editores se­ n alab an que "a pesar del gran n(unero de anu·op6logos en Japan

.y del inmenso volumen de sus publicaciones, aun es sorprenden te cuan poe� conocido es este u·abaj o en Occidente" (Yamashita,

Bosco y Eades, 2004: 6) . Esto nos indica que las relaciones de visibilidad y los posiciona­ mientos de las antropologias apuntan a procesos y mecanismos mas complej os que Ia simple expresi6n automarica, en el campo u·ansnacional de las anu·opologias, de l as relaciones de poder y de riqueza en tre el Norte y el Sur. Por supuesto que las condiciones materiales y el arden de posibilidades en que se inscriben los es ta­ blecimientos no son los mismos, en general, en los del Norte y en los del Sur, pero las "an u·opologias sin histmia" no son patrimo­ nio exclusivo de estos t1l timos. Como nos recuerda el anu·op6logo colombiano Carlos Alberto Uiibe (2005: 7 1 ) , estas diferencias nos alertan sabre los 1iesgos de considerar, sin mayor examen, a las anu·opologias pe1ifericas como una to talidad homogenea. La ceguera respecto de ciertas u-adiciones y su silenciamiento, sin embargo, no puede entenderse adecuadamente como si m ple ignorancia maniquea de algunos antrop6logos en ciertos paises del Norte que pen•ersamente pretenden desconocer a sus colegas en establecimientos antropol6gicos perife ricos. En plimer Iugar, porque muchas de estas actitudes son compartidas y abiertamente reproducidas par los colegas y los establecimientos perife ricos. En segundo Iugar, porque denu·o de los establecimientos an u·opo16gicos mas visibles y audibles en el campo trasnacional, no son pocas las tradiciones an tropo16gicas (autores, escuelas, historias, modos de hacer antropologia) que han sido invisibilizadas y silen­ ciadas. Lo que aparece como anu·opologias y antrop6logos esta­ dounidenses (o ingleses o franceses) en el campo u·ansnacional , o incluso en los relatos-dominantes denu·o de Ia misma fonnaci6n


66 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

n acional, es el efecto de una. "selecci6n de tradici6n" (en el senti­ do de Williams) . En los ultimos aiios parece estar consolidandose un inten!s·, en algunos ambitos de los establecimien tos an tropol6gicos centrales y perifericos, por examinar las polfticas de la ignorancia en y en­ tre las diversas antropologfas en el campo mundial, asf como par revisar los supuestos sabre los que se constituyen y operan estos establecimien tos. Publicaciones de nlimeros especiales de revis­ tas, libros y even tos en diferentes partes del mundo dan cuenta de este creciente interes.33 Gada vez hay mayor sensibilidad entre los antrop6logos y las instituciones en los establec�mientos centrales para asumir la colaboraci6n y el reconocimiento de sus colegas en la periferia, cuestionando las modalidades extractivas de "investi­ gaci6n minera"34 que han prevalecido. De o tro lado, aunque ya desde hace varias decadas algunos antrop6logos han estado ela­ borando cliticas a los modelos meu·opolitanos de an tropologfa y al colonialismo intelectual, recien en la actualidad han conflui­ do disfmiles voces en establecimientos perifericos que esgrimen preocupaciones sabre las nuevas y antiguas modalidades que sos­ tienen una asimetrfa con los colegas y establecimientos dominan­ tes y sus med.iadores locales.35 Parece entonces que ha llegado el tiempo en que la historia del campo anu·opol6gico mundial sera reesoi ta con la paulatina irrupci6n y posicionamiento de las que basta ahara han sido "anu·opologfas sin historia".

33 Una m uestra de las publicaciones son los Iibras colectivos de Boskovic (2007) ; Ribeiro y Escobar (2008 ) ; Segal y Yanagisako ( 2005) ; Grim­ son, Ribeiro y Seman (2004) ; Yamashita, Bosco y Eades (2004) , asf como las difere n tes series de Anthropology News Lellers sobre las an tro­

pologfas de diferen tes pa•·tes del mundo.

34 En el contexto acacll�mico frances, circula esta expresi6n para hacer referenda al modelo de tomar los datos afuera para analizarlos y

publicarlos en casa. Agradezco a Elisabeth Cuni n por Hamar mi atenci6n sabre esta noci6n y sobre el interes que se atestigua sobre las antropologfas perifericas, como lo evidencia un numero especial del

joumnl ties A ntlzropologues ( 1 1 0-1 1 1 ) , 2007. 35 Vease, por ejemplo, el primer numero de

Antipotltt, revista de an tro­ pologfa de Ia U niversidad de los Andes en Bogota. Puede consultarse en Ia siguiente direcci6n: <antipoda.uniandes.edu.co>.


SINGULARIDADES Y ASIMETRIAS EN EL CAMPO 67 TRANSFORMACIONES TECNOLOGICAS Y (NUEVAS) sUBALTERNIZACIONES

En algunos aspectos, hacer antropologia hoy parece ser bien dis­ tinto de Io que era hace solo veinte aiios. Para mencionar una experiencia obvia, las pnkticas escri turales y comunicacionales en Ia disciplina han sufrido el impac to de las transformaciones tecno­ I6gicas como Ia computadora personal, Internet y el cotTeo elec­ . tronico. Incluso para Ia mayo ria de quienes habitamos e hicimos antropologia durante muchos aiios en un mundo sin estas posi­ bilidades, es muy dificil imaginar gran parte de nuestras labores cotidianas actuales sin estas y o tras pr6tesis tecnologicas. Esctibir un articulo en una computadora portatil mientras se hace trabaj o de campo, comentar e l avance d e investigacion d e un colega o es­ tudiante que se encuentra a cientos de kilomeu·os, hacer circular y acceder a artfculos y libros en versiones electronicas, o realizar btlSquedas en bases de datos en diferentes Iugares del mundo son situaciones que ahara forman parte del trabaj o cotidiano de muchos antrop6Iogos. La posibilidad, no solo de esctibir antropologia, sino tambien de comunicar y sistematizar ei conocimiento antropol6gico p a­ rece haber tenido cambios en titmos y escalas inimaginables no muchos aiios atras. Si consideramos el plano de estas transfonna­ ciones tecnol6gicas, podriamos afirmar que ultimamente se ha ido consolidando un inusitado escenatio donde es posible visibi­ lizar, preservar y comunicar el conocimiento anu·opologico com­ partido y enriquecido con colegas en cualquier parte del mundo gracias a Ia capacidad tecnol6gica. Un antrop6Iogo en un pais perifetico como Colombia o Angola, mediante una terminal de computacion en su universidad o Iugar de u·abajo, puede tener acceso no solo a un volumen de informacion de lo que hacen sus colegas en cualquier otro Iugar del planeta, sino que tambien puede contac tarlos e interactuar con elias. A su vez, los an tropo­ Iogos de cualquier sitio en el Norte podrian acceder a una serie de u·abajos de sus colegas ubicados en los es tablecimien tos anu·o­ pologicos mas distantes, asi como establecer relaciones directa­ mente con elias.

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68 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

Estas interacciones no son solo virtuales, por supuesto. Los eventos academicos en los que confluyen antrop6logos de dife­ rentes pafses no son cosa del pasado, y quizas hoy mas que nun­ ca se ha incrementado el numero, Ia frecuencia y las direcciones en que los anu·op6logos viaj an para una actividad que implica Ia participaci6n de colegas de otros lugares. No hay que olvidar, ademcis, el creciente flttio de estudiantes de pafses del Sur que se dirigen a universidades del Norte para completar sus estudios de maestrfa o doctorado ni el de los colegas del Norte que son invita­ dos como profesores, conferencistas o asesores en universidades o institutes del Sur. Dadas las transfonnaciones tecnol6gicas y las interacciones anotadas, cabe preguntarse si nos encontramos en un proceso tendiente a Ia configuraci6n de una autentica comunidad antro­ pol6gica transnacional , heterogenea y plural. 0 si, por el con­ trario, nos enconu·amos con que estas transfonnaciones no han logrado socavar viejas ban·eras existentes entre las anu·opologfas y los anu·op6logos de diferentes partes del mundo. La cuesti6n serfa entonces, �basta que punta han revertido o han afianzado los dispositivos convencionales con los que se han constituido las hegemonfas y subalte1nizaciones de las antropologias en el cam­ po transnacional y en las diferentes formaciones nacionales las relativamente recientes transformaciones tecnol6gicas en ciertas pcicticas esc1iturales y comunicacionales de los antrop6logos y Ia ampliaci6n del numero de sus interacciones? Como se ha indicado, uno de los dispositivos que han definido hegemonfas y subalternizaciones en al campo de Ia antropologfa transnacional es el de ciertas competencias lingiHsticas. Hablar, escribir y publicar en algunos idiom as (como el ingles y -cada vez menos- el frances) tiene potencialmente un efecto de visibilidad mayor que hacerlo en ou·os (como el castellano o el japones) . Esto no se relaciona con el numero de colegas hablantes en estos idiomas (que en j apones o en castellano no son nada desprecia� bles) , sino con la forma en que estci configurado el campo antra- . pol6gico u·ansnacional, en el cual un idioma es el dominante en las interacciones en los escenarios a los que confluyen colegas de diferentes lugares. Este predominio del ingles en el campo u·ans-


SINGULARIDADES Y ASIMETRIAS EN EL CAMPO 6 g

nacional de la anu·opologia hace que no resulten audibles ni vi­ sibles aquellas tradiciones y aquellos colegas que hablan en otros idiomas, posicionando de manera diferente a quienes tienen el ingles como idioma materna o que, por cuestiones de clase social , como e n America Latina, han tenido la posibilidad d e aprenderlo en colegios bilingiies, con regulares estadias en los paises angl6fo­ nos del Norte: Es importante no perder de vista que esto se refiere tambien a las competencias academicas de modalidacles de argu­ mentacion y practicas esctinn-ales asociadas. En relacion con este aspecto, las u·ansfonnaciones tecnologi­ cas y los carribios seiialados no solo no han cliluiclo el predomi­ nio del ingles sino que lo han reforzado. Las pttblicaciones seiia­ les y los Iibras an tropologicos que circulan en In ternet estan en irigles en su gran mayoda. Las pollticas de la traducci6n siguen robusteciendo Ia prevalencia de los u·abaj os produ cidos en esa lengua, que se traducen en vez de posibilitar la escritura en otros idiomas. En las reuniones internacio nales tam bien se asume que sus participantes hablen en ingles. Muchos hemos sido testigos ' de qtie se descartan colegas en un even to detenninado· por su desconocimiento o fal ta de fluidez en esa lengua. Sin embargo , no son pocos los escenarios, · como univetsidades o institutos en America Latina, a los que son invitados colegas que solo hablan ingles o frances para dar charlas o conferencias con traducci6ri. simultanea. Ahora bien, una cantidad de an u·op6logos ubicaclos en esta­ blecimientos perifeticos del Tercer Mundo -muchos de ellos sin filiaciones a instintciones universi tarias o academicas convencio­ nales- se encuentran con la dificultad del acceso a la infonna­ ci6n producida principahnente en ingles, a Ia que se le agrega no solamente el tener que contar con el aparato tecnol6gico indicado para avanzar en sus investigaciones, sino el hecho de que muchas de las bases de datos de las revistas academicas no son de libre acceso, para no hablar de las versiones elecu·onicas de los libros. Les resul ta aun mas dificil lograr que sus elabora­ ciones (que, en muchas ocasiones, no son escritas ni publica­ das) lleguen a ser visibles y audibles en el campo antropol6gico transnacional .


70 ANTROPOLOGlA

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ESTUDIOS CULTURALES

Ademas de estos impedimentos, las visibilidades y audiabili­ dades en el campo an tropol6gico transnacional (y cada vez mas en las formaciones nacionales perifericas) se encuentran asocia­ das a Ia fti aci6n y disputa de prestigios (capital simb6lico, en el sen tido de Bourdieu) en las insti tuciones academicas, como universidades o editoriales, lo cual a su vez troquela una asime­ trica distribuci6n de recursos y posicionamiento de tradiciones antropol6gicas y de antrop6logos. En las ultimas d e cadas, con las transfonnaciones tecnol6gicas y la profundizaci6n de las i n­ teracciones, el p restigio sigue concentrado fundamentalmen te en un puiiado de instituciones en los Estados Unidos, Inglaterra y, cada vez con menor incidencia, Francia. Con las diferencias . del caso, estas m a trices tienden a reproducirse en el plano de las formaciones nacionales . En su conjunto (tanto en el plano del campo u·asnacional como en el de la formaciones nacionales) , operan como garan tes de la conservaci6n de ciertos p rivilegios y determinan la exclusio n puntual o total de u·adiciones y an­ trop6logos asociadas a las instituciones academicas con escaso p restigio o no que � incluso, se mantienen por fuera del es table­ cimien to academico . E n suma, la capacidad tecnol6gica para escribir, comunicar, sis �ematizar y visibilizar el conocimiento tiende a reforzar dispo­ sitivos de subalternizaci6n de anu·opologfas y an trop6logos en el campo u·asnacional . �n Iugar de favorecer la consolidaci6n de un campo u·ansnacional heterogeneo y plural, lo que parece domi­ nar son unas pocas expresiones y modalidades de las u·adiciones antropol6gicas del mundo. Las transfonnaciones acaecidas en las ultimas decadas han reforzado las limitaciones en la visibilidad y audiabilidad de las anu·opologias subalternizadas. Todo parecie­ ra indicar que el campo u·ansnacional todavia se encuentra muy distante de posibilitar y alimentar la complej a heterogeneidad de anu·opologias existentes en el mundo , hacienda mas problemati­ co el asimeuico reconocimiento de ciertas modalidades y voces de la pnictica anu-opol6gica.


SINGULARIDADES Y ASIMETRIAS EN EL CAMPO 7 1 coMENTARIOS FINALES

El expresidente de la American Anthropological Association, Don Brenneis, mostraba su sorpresa por la aparen te inconsistencia de los antrop6logos que en general evidencian habilidades ex­ traordinarias para examinar situaciones complej as en sus trabajos de campo, pero que "son considerablemente menos analfticos sobre las redes institucionales que habitan diariamente aqui en casa" (2004: 581 ) . Esta inconsistencia es la punta del iceberg que evidencia la dificultad de los antrop6Iogos para aplicar sabre sf mismos el aparato analitico que han desarrollado en el estudio detallado de las mas variadas e inusitadas manifestaciones huma­ n as. El gi.u eso de los anu·op6logos, incluso aquellos que debaten febrilmente sobre su disciplina, tiende a mantener fuera del ami­ Iisis y del campo de visibilidad los entramados institucionales de Ia pnictica propia, la urdimbre de premisas no habladas sabre las que se construyen los establecimientos anu·opol6gicos y las subj e­ tividades articuladas con ellos. En general, el enfasis estli puesto· en "escuelas", "paradigmas", "rupturas epistemol6gicas", despla­ zamientos metodol6gicos y heroes culturales, y no en las condicio­ nes de emergencia y transfonnaci6n del · ejercicio, de Ia diferen­ ciaci6n y de lajerarquizaci6n de los anu·op6logos mismos a partir de Io que hacen y dejan de hacer, asi como de las narrativas que suelen tejer sabre si y los silencios que estas suponen. Si alguna enseiianza han dejado las innumerables investigacio­ nes hechas durante el siglo pasado, es que las maneras en que los seres humanos pensamos el mundo y las fonnas de habitarlo se encuenu·an estrechamente imbricadas pero varian significati­ vamente. Lo que hemos estudiado de multiples maneras en los diferentes escenarios sociales y culturales en todo el planeta, pa­ rece ser mas dificil de comprender cuando intentamos volver Ia mirada bacia nosotros mismos en nuestra labor de an u·op6Iogos. Da la impresi6n de que algunos aspectos sustantivos de nuestras propias practicas se vuelven un punto ciego dificil de someter a examen. No es extraiio observar Ia tendencia a naturalizar nuestra propia identidad disciplinaria apelando a narrativas que preten­ den establecer especificidades y uniciclades a traves del tiempo y


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ANTRO POLO G JA

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£STU D I O S CULTURALES

el espacio, que desconocen las disfmiles antropologfas realmente existentes. Asf, aunque Ia gran mayorfa de los antrop6logos he­ mas "desesencializado" nuestros analisis de las identidades 0 las culturas que estudiamos, cuando pensamos nuestras identidades disciplinarias, se instaura nuevamente una mirada esencialista y nos aferramos a entidades trascendentales que nos garantizarfan la existencia de una antropologfa unica, proveniente de un lugar (mftico, miginario) o presente par debajo de las apariencias o cliferencias superficiales. Para comprender el sistema mundo de la antropologfa necesi­ tamos "desesencializar" nuesu·a concepcion de las anu·opologfas, tanto como provincializar las expresiones doml.nantes que tien­ den a naturalizarse como paradigmas no marcados que definirfan los terminos y el especu·o de las variaciones. Lo que relaciona a las diversas anu·opologfas son practicas institucionales y subjetivi­ dades cambiantes, objeto de disputas en y enu·e las anu·opologias y los antrop6logos en un campo anu·opol6gico mundial santra­ do de diferencias y jerarqufas respecto de las visibilidades y los posicionamien tos.Aunque Ia disciplina en sus distintas expresiones tiene enu·e sus problematicas fundacionales Ia comprensi6n de Ia diferencia, pa­ reciera que sus instinteionalizaciones en el campo transnacional y en las formaciones nacionales no penniten tamar realn1ente en setio estas diferencias en el interior de la disciplina, en la medida en que algunas de estas formaciones ponen en cuesti6n el sentido hist6rico y politico que constituye Ia disciplina como una profe­ si6n liberal de academicos ocupados en alimentar sus carreras .


Naturalizaci6n de privilegi.os: sobre la escritura y Ia formaci6n antropol6 gl ca ·

Los antrop6logos privilegiados, asf como la gente pri­ vilegiada en todas partes, evitan examinar demasiado detalladamente im sistema del cual se benefician. SUSAN DI GIACOMO ( 1 997: 94) El epfgrafe de este ensayo llama la atenci6n sobre la existencia de una desigualdad en tre los an trop6logos e n re l a­ ci6n con ciertos privilegios que derivan de un sistema del cual se benefician algunos antrop6logos, por Io· que estos, como otra gente privilegiada, tienden a evitar un examen detenido que po­ drfa poner en cuesti6n sus privilegios . El fragmento citado fue esoito pensando en el establecimiento antropol6gico estado u ni­ dense, lo cual puede parecer extraiio para quienes observan desde una antropologia periferica ( Cardoso de Oliveira, 2000; [ 1 993] 2004) o del Sur (Krotz, 1 99 3 ) . No son pocos los que des­ de estas antropologias tienden a percibir a tal establecimiento como rebosante derecursos financieros y academicos para todos sus integrantes. Sin embargo, el establecimiento antropol6gico estadouniclense no solo es · bien heterogeneo, sino que se encuentra au·avesado por relaciones de poder que no detenninan esos privilegios de una manera equitativa. Como consecuencia de un denso entra­ mado de mecanismos institucionalizados, algunos anu·op6logos se encuenu·an en posiciones p1ivilegiadas en tenninos de su v:isib:i­ lidad y posibilidad de :intervenci6n para reprodticir o confrontar los canones. El resultado es el posicionamiento de algunos antro­ p6logos, agendas y trad:ic:iones, y Ia consolidac:i6n de la margina­ ci6n o subalternizac:i6n de ou·os.


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ESTUDIOS CULTURALES

Ahara bien, Ia existencia de antropologos privilegiados como resultado de Ia desigual distribucion de beneficios del sistema no se limita al establecimiento antropologico estadounidense. En una antropologia periferica o del Sur como Ia de Colombia es po­ sible encontrar diferencias que pueden considerarse privilegios derivados de un sistema que beneficia a unos y excluye a otros. Par lo demas, los privilegios en el establecimiento estadounidense y en Colombia no se encuentran desconectados, aunque tampoco son reflejo uno de otro. Esta conexion surge del hecho de que ambos form an parte de un sistema mundo de antropologias mas amplio donde se disputan constantemente y en _diferentes pianos a Ia vez (local, regional y mundial) lo que en un momenta deter­ minado constituye no solo los canones, las tradiciones 0 las genea­ logias aceptadas de Ia disciplina, sino tambien las mismas fronte­ ras disciplinarias, esto es, el Ciiterio de pertinencia e identidad disciplinaria (vease De Ia Cadena, 2008; Ribeiro y Escobar, 2008; Yamashita, Bosco y Eades, 2004) . No obstante, ciertas diferencias radican en que, en este sistema mundo de Ia antropologia, no to­ dos los antropologos ni todas las anu·opologfas estan en igualdad de condiciones para hablar y ser escuchados en esas disputas: exis­ ten limitaciones de arden lingii fstico, estilfstico, argumentativo; de acceso, de recursos y de visibilidad, entre o tros, que condenan a unas a aparecer como "anu·opologias sin histmia" (Krotz, 1 993) , mienu·as que o tras se muestran no solo con historia, sino como la historia de Ia antropologia. :r.._os mecanismos que intervienen en la dis � bucion desigual de beneficios y, en consecuencia, en Ia consolidacion de privilegios merece ser objeto de detallado escrutinio y de debate. En este ca­ pitulo sugiero que ciertas practicas de Ia escritura y Ia formacion en Colombia pretenden consolidar los privilegios de unos cuan­ tos, profundizando Ia marginacion y exclusion de Ia gran mayorfa de antropologos del pafs; y que indican tambien detenninadas ar­ ticulaciones polfticas de Ia anu-opologfa, a veces en contradiccion con Ia retorica de los antropologos en cuestion, quienes hasta po- . san como adalides d e sectores subalternos o abiertamente ctitican las actitudes coloniales de sus colegas metropolitanos.


NATURALIZACION DE PRIVILEGIOS 75 .ANSIEDADES DE LA ESCRITURA ANTROPOLOGICA

Hace va1ios aii.os, en una reunion a la que fui invitado para hacer sugerencias sobre el contenido y el diseii.o de una pagina web de una instituci6n gubemamental con un grupo de reconocidos co­ legas, se desat6 una fuerte discusi6n sobre la idea de colocar en In ternet sus publicaciones y trabajos. Aunque habia escuchaclo ( o leido) a estos mismos cole gas to mar posiciones "progresistas" a favor de los grupos subalternizados con los cuales trab.Yaban, insistiendo en la relevancia del "compromiso" y de trabaj ar temas alta:mente sensibles y 1iesgosos, o confrontando a investigaclores exu·anjeros por lo que consideraban posiciones asimetricas y abiertamente coloniales, ante la sugerencia de que sus publica­ ciones y las de la instituci6n gubemamental en cuesti6n fueran asequibles para el publico en general, la reacci6n negativa fue unanime. Entre otros argumentos, aducian que eso significaria que las publicaciones de la insti tuci6n no se venderian, o que llevaria a que sus trabajos fuesen copiados sin el reconocimiento debiclo de su autorfa. Este ultimo razonamiento era el eco de una clis­ puta que uno de los colegas habfa tenido poco tiempo antes con uno de sus auxiliares de investigaci6n, a quien habfa acusaclo, mediante cartas al director de esta instituci6n y al de la universi­ dad donde el asistente cm·saba sus estudios, de haber plagiado el marco te6lico (y, mas especificamente, el uso de un par de cate­ gmias de anaiisis) con el que estaba elaborando la investigaci6n para la cual habfa sido conu·atado. Segun el colega, su asisten te le "habfa robado" unas referencias bibliogrilicas y una serie de categorfas analfticas. Este episodio remite a una serie de cuestiones sobre como los antrop6logos, a traves de los escritos que producimos, entende­ mos el lugar del au tor y su relaci6n con los mecanismos y alcances de la circulaci6n de esta modalidad de conocimiento anu·opol6gico. Es un hecho .que nos ataii.e, en la academia o fuera de ella, de muchas maneras. No toclos somos "autores" de textos (m·ales


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y escritos) ni lo somos de la misma forma.36 Por las posiciones en los entramados institucionales o las trayectorias, algunos escriben mas que o tros y en fonna diferencial; pero ademas, lo que se escri­ be adquiere disfmiles valoraciones o visibilidades. El litmo y el volumen de la esclitura en antropologia, sus con­ tenidos y matrices de argumentaci6n, asf como la valoraci6n con la cual se percibe un escrito no dependen exclusivamente de va­ Iiables personales ni de las habilidades o voluntades individuales. Existe un conjunto de entramados institucionales (academicos y por fuera de la academia) que median tanto el proceso de la escrit:ura como sus condiciones de posibilidad y los umbrales de visibilidad y de circulaci6n de los resultados. Algunos son esCiitos sin nombre, producidos en una labor gris y "tras bambalinas" en entidades gubernamentales o no gubernamentales, en movimien­ tos sociales, en sectores empresariales: infonnes, documentos ins-. titucionales, comunicados . . . Otros, en cambio, firmados, se pro­ ducen para conservar la marca de sus "autores", para ser lefdos, hechos circular y citados siempre en relaci6n con el nombre de ese "autor". No se p�blican todos los escritos, aunque la mayoria de ellos se dan a publicidad, en mayor o menor medida: esto es, son objeto de lectura, comentario o fuente para otras personas, ademas de su autor. En algunos casos, el autor los hace circular entre sus cqlegas mas cercanos, mientras que no son pocos los bon·adores, los trabajos de grado o los infonnes que se hacen publiq:>s en biblio tecas, centros de documentaci6n o incluso en paginas web. He estado usando el tennino "autor" encomillado porque se tiende a considerar que la relaci6n entre un individuo (o un gru­ po de ellos) y "su" esCiito es transparente. Desde esta perspectiva, se asume que el "autor" es el escritor y, como tal, son suyas las ideas, las categorfas y los datos que constituyen el escrito. Aunque en cierta medida siempre se tome algo de o u·os escritos o autores

36 Me centran': en l o escri to. Los textos m-ales como prese ntaciones, en trevis tas , ponencias, conceptos, e tc., ame ri tan un amilisis en sus propios tenn i nos, aunque en algu n os aspectos apliquen los plan tea­ mien los q u e se h acen para lo escrito.


NATURALIZACI ON

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PRI V I LEGIOS 7 7

(Io que se indica con las referencias del caso ) , se argumenta que Ia particular composicion o in terpretacion, asf como Ia que se presenta como Ia novedad u odginalidad de las ideas, las catego­ rfas o los datos, lo que marca la especi.ficidad de su autorfa. Ahara bi en , esta autorfa es traducida, sancionada y regulada en terminos de p ropiedad intelectual y de derechos de autor. No necesitamos una ge nealogfa de esta categmia como pdncipio de individuaci6n en Ia sociedad contemponinea (vease F01\cault, 1 984) , para mos­ trar 'c uan dificil es persistir en considerar al individuo como enti­ dad con stituyente de Ia "autorfa". Las condiciones de posibilidacl de producir las ideas, las categorfas y los datos presentados como fundamentos supuestamente de autorfa trascienden a los indivi­ duos especffi.cos; mas todavfa hoy; ante la acelerada circulaci6n de imagenes, ideas, objetos y gen tes que -como algunos indican (veanse Inda y Rosaldo, 2002; Trouillot, [ 2003] 2 0 l l ) - constitu­ yen los efectos mas obvios de Ia globalizaci6n. Par supuesto que son individuos concretos quienes las encaman y ejercen Ia pnk­ tica de la escdtura, pero solo mediados par una sede de circuns­ tancias institucionales, sociales y conceptuales, que no pueden desdeii.arse. El autor-individuo como heroe cultural forma parte del imaginado social con una histoda muy particular que tiende a reducir (cuando no a borrar) las multiples mediaciones e interpe­ laciones (academicas y no academicas ) que lo constituyen. c:Por que, entonces, algunos asumen su funci6n de "autores" desde una regulaci6n de Ia circulaci6n de "sus" escritos que en­ fatiza y garantiza Ia marca de su "propiedacl" en terminos de "cle­ rechos" como inclivicluo, hacienda todo lo posible para que ou·os no se apropien "indebidamen te" de su rrabajo? c:Que hay detras del afan de los "derechos de autor" en tenclidos de esta· manera? c:Que motiva a un colega a desplegar una sede de acciones de encubrimiento, de \ri.gilancia y conu·ol para e\ritar que le "roben" sus ideas o datos? Y, finalmente, c:tiene esto alga que ver con las articulaciones politicas de la proclucci6n del conocimiento anu·o­ pol6gico y la posicion politica de los anu·op6logos o es un aspecto sin ninguna relaci6n y sin mayor importancia? Como lo ha demostraclo Ia cliscusi6n sabre Ia escritura etno­ gnifica en el establecimien to estaclounidense durante Ia decada es


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ESTU D I O S CULTURA LES

de los ochent;:,., los esC1itos antropologicos estan au·avesados por relaciones de poder entre las que se destacan las politicas de re­ presentacion e tnogr:ifica: quien representa a quien, en que ter­ minos y dentro de que juegos y efectos de verdad son algunos de los indicios que evidencian esas relaciones en el interior del tex­ to antropologico (veanse Clifford, 1 9 9 1 ; Clifford y Marcus, 1 986; Marcus y Fischer, [ 1 986] 2000) . Luis Guillermo Vasco (2002) cuestiona acertadamente estas interpretaciones "posmodernas", porque ftian lo politico en el acto de Ia escritura, donde un ente individual (el antropologo) se debate sobre su "autoridad textual" y apela a mecanismos retodcos para consu·uir un texto reflexivo, polifonico o dialogico (enu·e o u·as esu·ategias) ,· para revertir las fonnas convencionales de representacion etnogr:ifica. Vasco lla­ ma la atencion sobre el hecho de que las relaciones de poder no se circunscdben al texto ni pueden ser exorcizadas por un acto de voluntad individual limitado a los generos de esoitura. AI conu·a­ Iio, elias se articulan. en el u·abajo de campo, en el trato con esos otros hechos obj e to del conocimiento anu·opologico, ya que esos vfnculos se originan en el Iugar esU'Uctural que la anu·opologia ocupa en Ia reproduccion de los imaginarios y tecnologias politi­ cas de conocimiento de Ia sociedad que, a su vez, Ia hace posible (Vasco, 2002 ) . A.unque I a clitica d e Vasco tiende a cadcatudzar y a colapsar en Ia nocion de "antropologia posmoderna" una arnplia gama de posiciones y tendencias en el establecimiento estadounidense, y a pesar de que su vision de la antropologia es bastante discutible al limitarla a los pueblos indfgenas, no cabe duda de que las poli­ ticas del conocimiento antropologico no se pueden circunscribir al acto de escdtura. Sin embargo, de esto no se sigue que este acto de escritura y Ia acti tud del anu·opologo frente a sus escdtos esten mas alia o por fuera de las articulaciones polfticas del cono­ cimiento anu·opologico y de la posicion polftica de los anu·opo­ logos. Sin pretender inu·oducir por Ia puerta de atrcis una nocion volunta1ista e ingenua del autor-individuo, me interesa examina� estas articulaciones y, sobre todo, como se manifiestan en ciertas posiciones respecto de la "propiedad" sobre lo esc1ito.


NATURALIZAC ION DE PRlVILEG IOS

79

Como, quien y que se escribe, asi como para que y para quien se escribe no son preguntas novedosas entre los antropologos en Colombia (veanse Arocha y J.<riedemann, 1984; Barragan, 2005; Caviedes, 2007; Perez, 2 0 1 0 ) . La diferencia en la actualidad radica mas en las condiciones y apuestas de los proyectos que parecen estructurar el campo de la disciplina en el pais y en el mundo. El precepto de "publica o perece" es una arista de estas transfor­ maciones en la academia, como tambien lo es la expansion del establecimiento antropologico. El "publica o .perece" se posiciona cada vez mas como un principia rector de la antropologia aca­ demica. En esta esfera, se ha ido consolidando paulatinamente como sentido eomun disciplinario el hecho de que no solo impor­ ta publicar, sino cuando, cuanto y donde se publica. Generalmen­ te se hace a titulo individual y son una abierta minoria las publica­ ciones de articulos o libros entre dos o mas autores. Tanto en las percepciones de los colegas como en las evaluaciones institucio­ nales, la frecuencia, el volumen y el sitio de publicaciones gravitan sabre gran parte de las valoraciones respecto de la relevancia del trabaj o de un anu·opologo en particular. Tambien, por supuesto, enu·an en j uego juicios sabre este u·abajo y su autor, el lugar de la teoria, su originalidad o la particular posicion en relacion con la economia polftica de la citas.37 La expansion del establecimiento antropologico no es simple­ mente demogcifica -esto es, del creciente numero de antropolo­ gos involucrados-, sino esencialmente de los alcances y enu·ama­ ·dos que ha ido consolidando mediante los diferentes pianos de su exterioridad constitutiva (la cual no es, por lo demas, absolu­ tamente clara ni esta al margen de disputas) . En los ultimos aiios,

37 Las c i tas y referencias son de l a s mas interesantes vetas de exame n de l a s politicas e n Ia p roduccio n . distribucion y consumo de Ia au­ toridad y autorizacion de u n au tor o u n a obra. De ahf que se pueda denominar a este ambito "eco nomfa pol ftica de las citas", fo rzando qui:z:is Ia analogfa para pensar en d i fe re ntes "modos de produccion", como los abiertmn e n te colon iales

hasta l os que materializarfan las

mas abmptas robinso n adas i magi nables. Para una divertida y pene­ trante crftica de diversas pcicticas sobre las citas en academi cos l i teratos, vease Zaid

(2003 } .

y


80 ANTRO POLO GiA

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ESTUDIOS CULTURALES

se han abierto en . Colombia el mismo numero de programas de antropologfa que los que habfan existido por nui.s de treinta anos, se materializaron las primeras maesu·fas y doctorados. Para men­ cionar solo el volumen de los estudiantes de pregrado, compara­ do con dos decadas au·as, hoy es abismalmente mayor el n(uuero de esrudiantes matriculados cada semesu·e; esos alumnos taman las clases programada.s y tenuinan sus estudios en tiempo.s esti­ pulados, pensando en conseguir cuan to antes un trabajo como anu·op6logos o pasar inmediatamente a sus estudios de posgt·ado. Esta imagen conu·as ta con la tendencia imperante basta la decada de los ochenta, . cuando habfa un escaso punado de ma­ triculado.s, que se mezclaban con los estudiante s sempi ternos y pronto se tornaban desordenados en sus estudios, de acuerdo con intereses que no se correspondfan necesa1iamente . con los del programa, que abandonaban para regresar semestres des-­ pues -o no volve r nunca mas- y cuyos trabcyos de grado les lle­ vaban anos (Pardo, Res u·epo y Uribe, 1 997) . La eficacia (medida en riuuo y volumen de graduados ) de la producci6n de nuevas anu·op6logos ha variado significativamente (sabre esto volvere en el siguien te apartado ) , y se comprueban cambios demogra­ ficos paulatinos e n la composici6n, las edades y las habilidades de los antrop6logos. En cuanto a los alcances, este numero cre­ cierite ha ampliado y multiplicado los escenarios del ejercicio an­ u·opologico no solo en la academia (en los pianos universitario y tecnologico ) , sino tambien en lo que se considera ambitos no academicos, como el aparato de Estado, entidades no guberna­ men tales y movimientos sociales, enu·e otros. Del mismo modo, en lo pertinente al analisis antropologico (en tenuinos academi­ cos y no academicos ) , se ha ampliado el horizonte mas alia de los expertos de la indianidad. Ante estas u·ansformaciones de la antropologfa en Colombia, �como leer que algunos anu·opologos se plan teen la cuestion de derechos de autor en los tenuinos aniba esbozados? (Que hay deu·as de evitar a toda costa que le "roben" a uno ."sus" datos, in­ terpretaciones, preguntas o, incluso, una bibliograffa , para pensar un problema? (Por que se ven con recelo las nuevas tecnologfas para la circulacion de escritos y publicaciones, como un proble-


NATURA L ! ZAC I O N DE PRI V I LEGIOS

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1na en Iugar de una oportunidad para que se extienda, divulgue y de mocratice el acceso a los trabajos de diferentes autores? (Se trata de simple egoismo entra,mado con rasgos delirantes de unos pocos individuos o de naturalizacion complice de las tendencias mercantilistas sobre los bienes culturales? En mi opinion, no debe considerarse esta actimd como un asunto meramente personal, de "caracter" ( esto es, . de que el antropologo en cuestion sea egoista o, incluso, que posea rasgos delirantes o abiertamen te paranoi­ cos) , ni como una falta de comprension critica de los mecanismos en juego en una fonnaci6n social que tiende a mercan tilizar y naturalizar la propiedad privada, extendiendola a todas las esferas de la vida humana. Aunque estos dos aspectos son vadables que pueden entrar en la ecuacion en casos individuales, tal actitud ante la escritura puede explicarse como una posicion polftica que encaj a en la reproduccion de los tenninos que imponen la elitiza­ cion�8 del establecimiento antropologico y sus estrechas articula­ ciones con el principio "publica o perece". Poner trabas a la libre circulacion del even tual conocimiento derivado de un escrito en nombre de la "propiedad intelectual" del individuo-autor es asumir una posicion politica con respecto a un estableciiniento anu·opologico que oblitera las condiciones sociales de produccion de los auto res y d e sus escritos para asignar lugares y privilegios. No es de extraiiar, entonces, que sean indi­ viduos en posiciones privilegiadas quienes defiendan estas trabas. Algunos lo hacen reconociendo abiertamente su defensa del es­ tablecimiento, del cual consideran que tienen el mas natural de-

38 Con "elitizaci6n'' no q u ie ro simplemente afinuar que Ia an u·o p olog i<t es un conocimiento e litista (Ia cual ha sido cierLo desde su constitn·

y a pesar de que e n gran parte se ha hecho a nombre de I a "ai Le· o de las articnlaciones e n los paises perifericos que han intentado, con mayor o menor exito , revertir su caracter eli tism) , sino q ue los m ecanismos de reprod ncci6n del actual est..<lblecim iento cion

ridad su balterna"

an tropo16gico en el m u n d o en general y en los paises perifericos en particular '"'l cada vez

mas de Ia mane

de Ia consolidaci6n

de

una metitocrncia donde u nos pocos i n d ivid uos son p tivi legi ados

en

tenninos laborales, pero tam bien e n relaci6n con e l acceso a recnrsos · i n telectuales y de posibilidades de i n t e rvenci6n y de visibilidad.


8 2 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

recho a usufructuar monetaria y simb6licamente; pero no faltan quienes apelan a racionalizaciones secundarias -par ejemplo, su nostalgia par las publicaciones impresas- como argumento para impedir que sus u.-abajos o publicaciones circulen en formato electr6nico. 39 En este sentido, es una inconsistencia politica, par decir Io me­ nos, que sean esos mismos defensores a ultranza de un estable­ cimiento disciplinario de privilegios quienes aparezcan tomando posiciones crfticas con respecto a Ia dominaci6n, discriminaci6n o explotaci6n de los sujetos subaltemizados, a nombre de los cuales hablan, o que se muestren indignados par las "relaciones verticales" que pretenden .i:Q.troducir sus colegas extranjeros. De esta manera, establecen una separaci6n entre las polfticas de cir­ culaci6n y acceso de sus escritos de un Iado y, del otro, las polfticas que asumen ret6ricamente en sus textos o en Ia pnictica frente a relaciones de subaltemizaci6n en Ia formaci6n social colombiana o de sf mismos frente ai trato desigual de otros colegas. Problematizar el lugar del individuo-autor como obstaculo para Ia libre circulaci6n del conocimiento antropol6gico como crftica de los intereses que reflej an y reproducen situaciones de privi­ legios no es lo mismo que abogar par Ia supresi6n del reconoci­ miento a los aportes de un au tor en el trabajo de otros. Menos aun es desconoter que los escritos son conversaciones colectivas en proceso en las cuales las referencias son indispensables y deben ser evidentes, puesto que operan como hipertextos (o enlaces)

39 Ademas, es relevante anotar que esta actitud frente a los escritos se

conecta con el lugar que ocupa el curriculum vitae en el posiciona­ miento academico y !aboral de los individuos. El soci6logo espanol Jesus Ibaiicz esc1ibia al respecto: "Para acceder a u n puesto academi­ co se contabilizan extensiva o cuantitativamente los meritos del can­ didate o postulante. De ahi que su actividad se oriente, en Ia mayoria de los casos, a acumular meritos, a acum ular valor de cambio dejando de lado el valor de uso. El unico texto que cuenta es el curriculum, que no registra Ia pericia profesional, sino que Ia simula. Los impera­ tives del negotio imponen una i nflaci6n: para acumular meri tos y/o tener mercancfas para vender interesan productos en can tidad y no producciones en calidad. Lo que cuenta es decir y no el tener que decir" ( 1 985: 69) .


NATURALIZACION DE PRIVILEGIOS 83

que permiten a los eventuales lectores tener una vision de con­ junto y moverse en multiples direcciones a partir de un escrito determinado. Las referencias y los reconocimientos a los autores concretos deben operar desde el dicilogo abierto y colectivo, no desde el modelo de propiedad y ocultamiento que reproduce los pdvilegios de unos cuantos. Para recurrir a una analogia proveniente del ambito de los pro­ gramas operati.vos, en las politicas de circulacion del conocimien­ to antropologico existen dos grandes mode los: el de Windows y el de Linux. En el modelo de Windows, Ia relacion que se establece es la de un propietado proveedor de un servicio con sus clientes consumidores. El lugar de propietatio opera como una practica de ocultamiento de los codigos y las condiciones de posibilidad de desarrollo del programa operativo, que perpetua la dependen­ cia absoluta del consumidor y se ampara en un sistema de clere­ chos de propiedad intelectual · reforzado par aparatos policfacos de control y de vigilancia. En el modelo de Linux, en cambia, hay una comunidad de usuarios, con codigos abiertos y de acceso publico, con el proposito de que, a medida que los individuos se apropien de ellos, esten en posicion de resolver problemas en forma conjunta y establecer nuevas desan·ollos. Linux supone una relacion entre los individuos y con la esciitura y desarrollo de los codigos diametralmente opuesta a la de Windows. Par su­ puesto, ambos encaman proyectos politicos y eticos radicalmente diferentes respecto del conocimiento y los derechos de propie­ dad intelectual. Windows naturaliza y p rofundiza una nocion de individuo-autor como propietario que reifica una fonnacion so­ cial donde los privilegios de unos cuantos son ideologica, militar, politi.ca y jurfdicamente defendidos par una gama de adeptos de Ia exclusion. Linux, en cambia, es un modelo que cuestiona el presupuesto del autor-propietatio. En el afan de ocultar y limitar Ia circulacion de sus trabcy os, algunos antropologos en Colombia reproducen un modelo de conocimiento semejante al de Windows. Es el autor-propietatio quien ofrece un escrito tenninado, y bajo condiciones de repro­ duccion reguladas, a un lector-consumidor. Este consumidor no ti.ene otra opcion que "pagar" monetatia y simbolicamente par el


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ESTUDIOS CULTURALES

resultado, lo cual reproduce Ia situacion de piivilegio que otor­ ga poder al autor-propietaiio. En el aparato de vigilancia y con­ trol policiaco, las ansiedades de ser robado o plagiado est:in en el primer plano. Desde luego, existen diferencias con el modelo de sistemas operativos que he usado como analogia. Windows es un autor-corporacion de canicter piivado, mientras que no pocos de los antropologos que abogan par el ocultamiento y Ia limita­ cion de Ia circulacion de sus esciitos han sido formados o trabajan en entidades gubernamentales o publicas. Desde Ia mas estrecha logica de Ia propiedad ptivada, lno es un con trasentido que el aprovechamien to de productos (los autores como antropologos y sus escritos ) pagados total o parcialmente con l os impuestos de los colombianos se supedite a los intereses de autores-individuos cuyo fin es reproducir sus privilegios? Seguramente , estos antropologos tienen en mente el sistema · universitario y academico estaclounidense (en el cual no pocos han realizado sus doctorados) , donde esta situacion se encuen­ tra naturalizada y donde las publicaciones en soporte electronico . o p apel est<in sujetas _a estrictas regulaciones para garantizar que solo quien las compre debidamen te tenga acceso a elias. Pero lno es este modelo precisamente una posicion politica, con respecto al conocimiento y a los derechos intelectuales, que refleja Ia re­ lacion individuo/sociedad encarnada par los Estados Unidos (el mismo que defiende ideologica y militannente su way of life sin importar sus "efectos colaterales" ecologicos, sociales y politicos en el mundo en general) ?

FORMACION ANTROPOLOGICA EN LA ERA DE LOS POSGRADOS

Luego de tenninada Ia defensa del trabaj o de Darfo Prieto, en el Departam ento de Antropologfa de Ia Universidad de los Andes, realizada en 1 99 6, escuche una argumentacion a Ia que entonces no pude dar credito , de boca de uno de los profesores presentes. Este profesor consideraba que los trab<1i os de grado realizados en el pregrado debfan eliminarse, ya que era pretencioso y en·ado


NATURALIZACION DE PRIVILEGIOS 85

exigir investigacion antropologica a estudiantes de pregrado. Pre­ tencioso, porque solo en un nivel de posgrado los estudiantes con­ tarian con la "madurez intelectual" y las herramientas para llevar a cab o trabaj os investigativos consistentes. En·ado, porque enu·e los egresados solo unos pocos se enfrentaban a una practica profe­ sional en Ia que debian desarrollar investigaciones, mientras que Ia gran mayoria continuaba sus estudios de posgrado o sus prac­ ticas profesionales en diferentes entidades estatales o no guber­ namentales que requerfan habilidades diferentes a las supuesLaS en Ia investigacion. De manera que el enfoque de un programa de formacion antropologica que suponia una practica profesional de investigadores resultaba desfasada de Ia realidad del mercado }aboral y las trayectorias de los egresados. En aquel momenta pense que esta lfnea de. argumentacion no significaba que se fueran a llevar a cabo las transfonnaciones sugeridas. No obstante, desde entonces, y no solo en el departa­ mento en cuestion, han aparecido los programas de posgrado y se han suprimido o modificado considerablemente los criterios exigidos para los trabajos de grado como requisito p ara graduar­ se. Reu·ospectivamente, entiendo hoy aquel razonamiento como una expresion de transfonnaciones de mucha mayor envergadu­ ra en Ia formacion antropologica y en el sistema universitario del p ais, que incluye tanto a las universidades publicas como a las p rivadas.411 Desde mi punta de vista, el diagnostico del profesor se basaba en una interpretacion equivocada de Ia funcion y las contlibucio­ nes del u·abaj o de grado en el nivel de pregt·ado. En ese momen-

40 Es relevantc no perder de vista dos cuestiones que nmtizan estos planteam ientos. Por u n lado, no todos los programas han rc n u nci a do al trabaj o de graclo, como l o s de Ia U n ive rsidad del Cauca. Algu nos p rogramas mas recientes, i ncluso, lo consideran cen tral, como l os de Ia U n h•ersidad jave 1iana o del Magdalena. Por otro lado, en ou·os programas, como los de Ia U n iversidad Nacional, estas Lr.tnsfonnacio-. n es e n

el trab.Yo de grado responden en gran parte a denmndas de

reesU1.1cturaci6n de Ia u n iversidad e n su conju nto,

a ve ces en con tra

de las consideraciones de algunos profesores sabre Ia rel evancia del trabaj o de g.-ado en el p roceso de fo nnaci6n .


86 ANTROPOLO G IA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

to , un componente sustantivo de mi propio trabaj o de pregrado consistfa en la revision de las tesis realizadas sobre la region del Pacffico; de m an e ra que era una verdad de a puiio que gran parte de las inves tigaciones en el area habfan sido realizadas precisa­ men te en el c o n texto de los u·abaj o s de grado. Solo unas horas an­ tes de salir pm·a l a exp osicion de Darfo P rieto, habfa terminado de esclibir mis fi c h as , en el cenu·o de documentacion del entonces llamado Ins titute Colombiano de Anu·opologfa (I CAN) , de la va­ liosa tesis de Natalia O te ro sobre el compadrazgo e nu·e indfgenas y negros en el Choco. Por tan to, ·co n la mas nipida revision de un cat<ilogo de las bib lio tecas de las universidades donde se ofrecia el programa o en el ICA.L"\1 , e ra empf1icamente " insostenible que los es tudiantes de preg�·ado no puclieran hacer investigaciones, ya que, de h e c h o , venfan haciendolo los ultimos treinta aiios. En ter­ minos esu·ictamente cuan titativos, es significative el volumen de investigacion an u·opologica en estos trabaj os de g�·ado . En

algu­

nas areas, incluso , solo se cuenta con la informacion consignada en trabaj os de grado . Por supuesto , cualitativame n te h ay g�·andes desigu aldades e n tre los trabaj o s que se comenzaron a producir desde el final de la decada de los sesenta. Algunos consisten en c o n uibuciones o liginales y valiosas, respaldadas por un solido cuerpo de i nformacion p roveniente del u·abaj o de campo o de la 1'evision documental . Otros, en cambio, son menos elaborados, y no faltan aquellos sabre los que uno se pregun ta cc5mo fueron aprobados p o r sus j urados y su direc tor. Pero , en realidad, estas valiaciones tambien se encuenu·an en publicaciones, articulos y libros de an tropologos consagrados y con estudios de doctorado; Con respecto al desfase entre la fmmacion de investigadores, las u·ayectmias y el mercado !aboral que enfrentaban los eg�·esa­ dos como argum e n to para transfonnar el preg�·ado y eliminar los trabcy os de grado o reducir las exigencias sabre ellos, considero que el problema radica en un e rror de apreciacion. Por supuesto que es acertada la o bservacion de que l os egresados de difere n tes prog�·amas de antropologfa tienden a ocuparse laboralme n te en diferen tes organismos del Estado o en programas y entidades no gubemamen tales o bien salen del pais para hacer sus doctorados, siendo relativame n te pocos los que se desempeiian en labores


NATURALIZACION DE

PRI V ILEGIOS

87

aso ciadas a Ia investigaci6n.41 Sin embargo, el supuesto que sub­ yace en este planteo es que el trabajo de grado y Ia investigaci6n en antropologfa son componentes que pueden estar presentes o no, si n que se afecte Ia formaci6n de los antrop6logos. En otras palabras, se asume que en tanto un egresado puede desempeiiar­ se como antropologo en ambitos distintos de Ia investigacion, se pue de prescindir de ella en su fonnacion. AI fin y al cabo -se razon a-, Ia investigacion serfa solo una de las tantas areas de de­ sempeiio de los antropologos, por lo que exigirla para todos es un abierto desajuste. Sin embargo, este supuesto es discutible, ya que no se trata solo de formar investigadores, sino de detenninar si en n!nninos pe­ dagogicos es posible consn-uir una sensibilidad y una perspectiva antropologica sin enfrentarse con una pregunta que se debe con­ trastar con el campo, el archivo y la literatura relevantes. Por mu­ chos Argonautas del Pacifico occidental que se lean, Ia sensibilidad y Ia perspectiva antropologica no se siguen de un conocimiento literario que no este mediado por los avatares e imponderables de Ia experiencia investigativa. Y el pun to no es que los egresados vayan a s�r investigadores o no, sino que, de hecho, son inter­ pelados por el entramado institucional y social como antrop6lo­ gos. No son pocos aquellos a quienes se les asignaran funciones o tareas en las que sera necesatio que sientan y piensen como antrop6logos; en esos casos, el conocimiento bibliografico no ayu­ dara mucho. c:: No habra una responsabilidad etica por parte de un programa que dice formar antrop6logos cuando se presente este desfase con sus egresados, mas aun si algunos llegan a ocupar po-

41 Todavia est<i. por hacerse un estudio e tnogrifico de los mecanismos concre tes que hacen que los egresados de las diferen tes universida­ des del pais tie ndan a i nsc ri birse !aboral mente de forma disti n ta. En terrninos generales, las dife rencias de clase social de estudiantes y profesores da cuenta de algu nos aspectos, pero en estos mecan ismos n o se refleja solamente Ia posicion de clase. Ademas, debe considerar­ se Ia variaci6n que ha registrado Ia composici6n social de estudianLes y p rofesores en las distin L\\S u n ive rsidades de las ciudades donde se ofrece el programa.


88

ANTROP O LO G IA

Y

ESTU D I O S C U LTURALES

siciones en las que deban tamar decisiones basadas en su compe­ tencia antropologica, que afecten Ia vida de personas cono·etas? Vale insistir en que este movimiento bacia Ia supresion o apo­ cam iento del trabajo de grado en el proceso de fonnacion de pregTado no es exclusivo del Departamento de Antropologia de Ia Universidad de los Andes. O u·os programas, como el de Ia Universidad Nacional, han seguiclo caminos semejantes. Ade­ mas, debe anotarse que las u·ansformaciones de los pregt·ados y emergencia de maestrfas

Ia

y doctorados no responden unicamente

a dimimicas intrfnsecas de Ia disciplina, sino que se insoiben en los cambios que se vienen elaborando en el sistema de fonnacion universitaria en Colombia, desde mediaclos de los aiios noventa, que se corresponden con Ia predica neoliberai. -12 Este no es el lu­ gar para examinar las razones esu·ucturales por las cuales cste sis­ tema esta en proceso de transfonnacion. iVIe limitare , en cambia, a considerar uno de los tantos resultados para Ia antropologfa: el de bajar el perfil del pregrado de antropologia para encajar los programas de posgrado. Por "baj ar el perfil del pregrado" entiendo Ia clisminucion de las exigencias hacia los est:udiantes, no solo en tenninos de sus t.rabajos de grado, sino en las expectativas de su fonnacion como anu·opolo­ gos en este nivel. Esto se materializa en Ia fusion de los estudiantes,

42 Es sab i d o q u e las categorias desde las cuales pe nsamos consti tuyen principios de i n te l i gibil idad, pero tamhien de i n te n·encion sabre el mundo.

Las

predicas de Ia globalizaci6n enmascaradas en e n u n c iados

como los de Ia "'e ficien cia" o Ia " i n te rnacional izaci6n" escin i m pac­ ta ndo cada vez mas e l sistema u n iversi ta1io en Colombia e n ge n eral y e n particular Ia practica an tropologica. Uno de l os aspectos en q u e este i m pacto se da con m ayor fue rz.'l. es en el posicionam i e n to de u n conj u n to de C l·i te •ios e i n d icadores de "calidad" que se imponen en Ia e\".ll uac i o n d e l dese mpefw de los i n d ividuos, de las e n tidades o de I<L�

publicaci o n es. An tes que •mos uiterios e i n d i cadores n e u trales que

apuntan a garan tizar el posicionam i e n to de Ia com u n idad cientifi ca nacional en el concie rto global (como lo d.ndidame nt e suste n tado desde I a predica neolibera l ) , lo que esta e n juego con estos ind ica­ dares es Ia profu n d i zacion de Ia hegemonia de los establec i m i e n tos academ icos de cie rtos cen tros meu·opolitanos mediante mecan ismos de nom1alizaci6n y gubernam e n tal izacion de los es tablecimien tos perife 1i cos.


NATURALIZACION DE PRIV ILEGIOS 8 g

du ran te el piimero }' el segundo a i m d e fonnaci6n, e n cursos gene­ rales , a los cuales confluyen alumnos de las mas diversas carreras, ara re cibir, recien en los dos ultimos, rapidos esbozos de los pro­ _ blemas , las temias y las metodologias disciplinatias. A esto se suma

p

un

mayor control y demanda de que los esntdiantes completen el

ciclo de clases en un petiodo estipulado. Ante las transfonuaciones de estos programas, sus egresados cuentan actualmente con muchas menos henamientas, comprensi6n y expe1iencia del oficio del an­ trop 6logo que los egresados de ou·os tiempos. El corolaiio es el ma­ yor acento puesto en la opci6n del posgt-ado, en el cual se completa­ tia y consolidruia esta formaci6n. En este sentido, serfa la respuesta a un

problema creado en gt-an meclida pm-a legitimar su existencia.

En vaiios aspectos, estas u·ansfonnaciones se inspit-an en mode­ los como el estadounidense, en el que la fonnaci6n disciplinaria se realiza en los posgrados, puesto que e l pregrado es un momenta de exploraci6n general de las diferentes disciplinas, en que se es­ p era que los esntdiantes encuentren su vocaci6n profesional. Na­ die con una concenu·aci6n

(major)

en anu·opologia se considera,

en

tenninos laborales, un anu·op6logo. Para serl o , hay que cursar

un

cloctorado. En Colombia, muchas cosas son distintas y, de allf,

el desfase de pretender inspirarse en ese tipo de moclelos para pro­ yectar las transfonnaciones en l a universiclad. Como ya menciona­ mos, ins titucional y socialmente , los egresados de los pregrados son interpelados como anu·op6logos en el p ais, y sus pr:ic ticas Ja­ bot-ales suponen competencias anu·opol6gicas que ya no poseen, como resultado de baj ar el perfil a los pregt·ados.

On-a diferencia

es el monto de recursos academicos y econ6micos destinados a la formaci6n doctm-al. En los Estados Uniclos, los posg1-ados funcio­ nan con financiamiento directo o inclirecto, a traves de becas

o

asistencias de investigaci6n o enseiianza pm-a sus estudiantes. Las bibliotecas son enticlades con recursos bibliogt·aficos significativos, numerosas bases de datos y amplio acceso fisico y electr6nico las revistas academicas. El cuerpo de profesores esta enfocaclo

a

a

Ia

investigaci6n, y sus esfuerzos de fonnaci6n se di1igen al p osgrado con un m:iximo de clos seminmios por semestre. En Colombia, Ia inu·oducci6n de los posgrados en la fonnaci6n anu·opo16gica n o s e corresponde c o n un incremento sustantivo en recursos finan-


go ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

cieros y academicos, y da Ia impresi6n de que las maestrfas son simples extensiones para unos preg�·ados apocados de antemano. El resultado es que Ia formaci6n antropol6gica en el pais se elitiza aiin mas con respecto a diez o veinte aiios atras, puesto que para acceder a una fonnaci6n profesional mas o menos del nivel que se tenia en aquella epoca, ahara los estudiantes de ben asumir los cos­ tas de un posgrado. c:Cuales son las polfticas y el impacto de este tipo de u·ansformaciones? c:No es posible pensar en un modelo propio de fonnaci6n de posgrados sin que esto signifique sacrifi­ car Ia calidad de los preg�·ados? Y, en ultima instancia, c:quien se beneficia y que esta enjuego con estas transformaciones? Debo ser enfatico en que no rechazo que se establezca una fm'­ maci6n de posgrado en el pais. Tampoco busco eva car Ia nostalgia par una "edad dorada" a Ia que habria que regresar y mantener a toda costa. AI contrario, - considero indispensable Ia formaci6n de posgrado en antropologfa en Colombia. Mi cuestionamiento radica mas en que se desconoce el potencial y Ia especificidad del sistema universitario desan·ollado par decadas -desde el cual se ha hecho el grueso de los aportes al estudio antropol6gico en Co­ lombia-, con el afan -segiin parece- de abrir programas de pos­ g�·ado y de emular ou·os sistemas, sin consideraci6n de sus anclajes institucionales y sus implicaciones. En mi opinion, en Colombia los posgrados en antropologfa deberian pensarse a partir de Ia consolidaci6n de Ia especificidad de los pregrados en el pais, no desde lo que se podria denominar una "mediocrizaci6n" forzada. Quienes eg�·esaron de los programas anteriores y luego realizaron sus posgrados en lugares como los Estados Unidos comprenden, par experiencia propia, Ia ventaj a con respecto a sus compaiie­ ros en C\.Ianto al conocimiento de Ia historia, las teorias clasicas, las metodologfas y el trabaj o de campo. Es precisamente la igua­ laci6n bacia abaj o , sin considerar las diferentes condiciones del sistema universitaJio y profesional, lo que me parece problemati­ co, mas aiin cuando los refonnadores no igualan bacia arriba los progra1nas de posgrado con recursos y oportunidades concretas que tiendan bacia su democratizaci6n. El diseiio y I a consolidaci6n de programas de posg�·ado de an­ u·opologfa en Colombia, inspirados mas en Ia democratizaci6n


NATURALIZACION DE PRIVILEGIOS 9 1

que e n I a elitizaci6n de I a pnictica anu·opol6gica, se deben vi n­ cular con Ia comprensi6n de las diferencias y especificidades de

Ia an u·o pologia en el p ais, respecto de las metropolitanas o cen­ trales . No es suficiente con establecer copias diletantes por un afan mimetico derivado del deseo de "ser-como-el-amo" -para u ti­ lizar una interesante con ceptualizaci6n de Carlos Alberto Uribe ( 199 7 )-, a partir de una equivocada lectura de lo que aparece com o la "intemacionalizaci6n" o "globalizaci6n", que da por sen­ tada la predica neoliberal. Fran�;ois Correa (2005) examina y compara las condiciones de ejercicio, orientaci6n y "capitalizaci6n" de los resultados de los antrop6logos extranj eros que hacen trabaj o de campo en Colom­ bia con las que han constituido la practica de los antrop6logos del pais. Como ilustra Con-ea en su articulo, no es solo que los antrop6logos extranjeros cuente n con financiamientos que pocos antrop6logos del pais pueden darse el luj o de obtener;�3 ademas, los extranj eros (o quienes siendo colombianos ocupan su Iugar) responden a demandas disciplina1ias y a comunidades academicas que exigen contrastar sobre el ten-eno (en cualquier parte del mundo) las elaboraciones te6ricas en proceso a los que interpe­ lan esas comunidades, para producir como resultados -con una agenda y ritmos previamente establecidos- clisertaciones, libros o articulos que ser:in publicados siguiendo las lineas de argumen ta­ ci6n, los estilos y los fm·matos de los establecimientos anu·opol6gicos de los que proceden. En este sentido, la antropologia de los extranj eros hecha en Colombia se refiere predominantemente a condiciones de ejercicio y un Iugar definidos por sus conuibucio­ nes academicas al campo disciplinario.�

43 Con Ia excepcion de quienes, emre los an tropologos n ac io n a l es , ocu­ pen e l lugar del an tropologo extra.�ero; esto es, que como estudian­ tes de doctorado o como academicos inscli tos en los establecimie ntos an tropologicos me tropol i tanos accedan a esos recursos y que, por tanto, respondan a las logicas y condiciones de esos establecimicntos. 44 Estas condiciones dife rentes tam bien se expresan en las trayec tolias profesi onales de quienes realizan sus trabajos de grado: "Mientras q ue, en Ia mayoria de los casas, doctorantes extra1�eros tenninan vin­ culados a las escuelas o en tidades que respaldan Ia realizacion de su

·


9 2 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS

CULTURALES

En contraste, ademas de los problemas de financiamiento men­ cionados, respecto de sus labores investigativas en el u·abaj o de grado profesional, Fran�;ois Correa afinna que: El ejercicio de Ia antropologia en Colombia ha estado

signado no solo por las orientaciones de Ia disciplina, que ultimamente ha promovido Ia ampliaci6n bacia nuevos objetos · de atenci6n, como los de Ia antropolo­ gfa en las ciudades, los movimientos sociales, de genera y raza, y, por supuesto, de Ia guerra y sus efectos, sino p or el ente:1dimiento del Iugar que ocup� las comu­ nidades locales en el contexto nacional , y este, en su articulaci6n intemacionaL La posicion del antmj16Logo no de-pende meramente de La ubicuidad de La disciplina que com­ jnmnete 1"estlltculos pam la ciencia, sino qu e sus afirmaciones involucran asuntos sociales, cultumles )' politicos. Su ejercicio

involucra resul tados academicos y sociales, de investiga­ ci6n y profesi6n, que comprometen su propia relaci6n con Ia comunidad en Ia que u·abaja. El antrop6logo na­ cional no solo esta obligado a poner a prueba sus resul­ tados en el exclusivo campo academico; depende de su comunicaci6n con otras experiencias te6rico-pnicticas, y, sabre todo, de los efectos de su discurso y de las impli­ caciones de su conocimiento " (2005: 1 1 7; el destacado - es agregado ) .

Estas diferencias en lo que podrfamos denominar, tomando un tennino elaborado por Mignolo (2003a) , " locus de enunciaci_6n" de los antrop6logos extranjeros y nacionales han sido igualmente subrayadas por diferentes autores.45 Myriam jimeno (2000, 2005)

trabajo d e campo, los preg raduados colombianos tienden al ejercicio profesional q u e , en su mayoria, depende del Estado, eventualmente de e mi dades pl"i\"oldas, orga niz<l.ciones no gubernamemales y, en con­ tadas ocasiones, de p yecto s sociocultu rales aut6nomos" ( Co rrea,

ro

2005: 1 1 1 ) . 45 S o b re Ia a n t o p olo gia militan te e n Colombia, vease Barragan (2005) .

r


NATURALIZACI O N DE PRI V I LEG I OS

93

ha indicado esta diferencia en tenninos de Ia situaci6n de cociu­ dadanfa de los antrop6logos en Colombia en particular y en Ame­ rica Latina en general con respecto a los grupos humanos con los cuales u·abaj an. En este " locus de enunciaci6n" en el cual el ej ercicio de Ia an­ trop ologia no puede dejar de ser politico, uno debe preguntarse por el lugar de los programas de posg�·ado en el pais tal como se vienen reaJizando, pero tambien por el paulatino cerramiento de condiciones de ej ercicio profesional de quien, por los mas diver50S motivos, no pueda o no quiera realizar un posgrado. Como ya he mencionado, socavar los preg�·ados existen tes en tin afan por aparecer con prog�·amas de posgrado constituye un error de calculo en el potencial y Ia especificidad de Ia anu·opologia e n Colombia, mas aun cuando estos programas tienden a plegarse sin mayor crftica a los mecanismos de nonnalizaci6n y guberna­ mentalizaci6n que 1igen las anu·opologfas dominantes. Quitar herramientas conceptuales y metoclol6gicas, y suprimir o reclu­ cir las expe1iencias investigativas asociadas a los u·abaj os de gra­ do en nombre de que recien en los posgrados se puede acceder legitimamente a estas es empobrecer artificialmente el ejercicio profesional; sin embargo, muchos (y en particular quienes no tie­ nen como pagar esos programas de posgrado) han enfren t.adu productivamente esta situaci6n hacienda en gran parte lo que es la anu·opologia actual en Colombia y elaborando los procesos de articulaci6n social y politica que han definido sus mej o res logros. El Iugar de los posgrados en anu·opologia en el pafs deberfa imaginarse de manera diferente de los modelos establecidos en sistemas universitarios que no poseen la 1iqueza y densidad de los preg�·ados que nosou·os hemos desarrollado. Ojala tambien s e ubique por fuera de las consuicciones temporales y econ6micas que impone Ia universidad-negocio, es decir, mas en funci6n de fomentar los vinculos entre los colegas y de profundizar Ia divcr­ sidad de las expetiencias y trayectorias adquiridas, con un interes por Ia democratizaci6n de Ia antropologia, y con una clara in ten­ cion de revertir los ptivilegios de unos pocos en las condiciones de conversabilidad e intervenci6n en la comunidad anu·opol6gica del pafs.


4· Red de Antropologias del Mundo

La ac tividad teorica es tambien una pnictica [ . ] . Un instrumento para cambiar el mundo (o evitar que cambie) . ..

JESUS IBANEZ ( 1 g 8 s :

2 1 6)

Las relaciones enn·e conocimiento y poder en la an tro­ pologfa han sido principalmente fonnuladas respecto de los vfn­ culos de la disciplina con aspectos externos a ella. Los calificativos de "comprometida", "solidaria", "crftica" y "militante" planteados . desde los aiios setenta en diferentes paises de America Latina y el Caribe condensan un sinniimero de expe1iencias y conceptualiza­ ciones sabre la pnictica antropologica en tan to posicion e insti\.1mento polftico de transfonnacion social. Si bien resulta valioso este conjunto de experiencias y concep­ tualizaciones, se puede afirmar que, en general, las relaciones cn­ u·e conocimiento y poder no tomaban en consideracion a Ia dis­ ciplina misma, puesto que se limitaban a establecer una division tajante enu·e antropologia "convencional" ( tambien dcnominada burguesa, positivista, academicista, meu·opolitana, etc.) y c o m­ prometida" (o -segii.n Ia corriente- militante, solidmia, crftica, de debate, polftica, revolucionaria) .�6 Entre los mas radicales, est.:'l division significaba el abandono definitivo de Ia antropologi�l por "

46 P a m un demllado examen de algu n as de est."l.� corrientes en Colom­ bia, veanse Mamicio Caviedes ( 2002, 2007) y A n d rea Lisseu Perez (20 1 0 ) ; para Mexico, Ia compilaci6n d e Medina y Ga1·cfa ( 1 983) ; para el Peru, Degregoli ( 2000) .


g6

ANTROPOLOGJA

Y

ESTU D I O S CULTURA LES

consiclerar que Ia disciplina quedaba de un !ado y el activismo o Ia pra.ctica politica, del otro. Es cmioso que, mas de trein ta aii.os despues, estas relaciones se sigan pensanclo clescle Ia gran division entre un monolitico ellos fren te a un monolitico nosotros, lo que, por lo clemas, facilmente se convierte en objeto de observaciones moralizantes.�7 Al operar clescle esta gran division, las relaciones entre Ia produccion de co­ nocimiento y Ia practica politica de Ia antropologia parecieran refelirse solo a ciertos actores que estan por fuera de la discipli­ na, eliminando la posibilidad de examinar con mas detenimiento como operan estas relaciones en el disciplinamiento mismo de los anu·opologos y en sus subj e tiv:idades. Muchos de l os anu·opologos que se consideran a sf mismos como "progresistas" ( tennino del Norte para referirse a lo que en c:iertos paises de America Latina se denomina "criticos" ) est.;in demasiado afanaclos en buscar afue-· ra, en el munclo, actores y proyectos que encarnen Ia cliferencia y Ia marginaliclacl, como garantia de una profunda y autentica sabi­ duria, como certeza de una nueva y verdaclera politica emancipa­ clora. Por eso, tienden a pasar por alto Ia pregunta sobre Ia forma en que las articulaciones de pocler pe1·filan el conocimiento anu·o­ pol6gico y sus propias subjetividacles. El presen te capitulo aborda esta pregunta desde la perspectiva de las elaboraciones colectivas realizaclas en el marco de Ia Reel de Antropologias del Mundo. Una de las preocupaciones cenu·a-

47 Por supuesLO que ah o r a las palabras son o u·as porque I a h isto•·icidad que nos toea se ha tr:a nsfonnado. Pareciera que ya n o operamos en Ia eslmctu ra d" sentimic'IJ/os ( e n el sentido de Will iams) de Ia revoluci6n como se articulaba e n los aiws s e te n ta , sino en I a de Ia cele braci6n de Ia d i fe re n cia, de I a o tre d ad; cada vez me n os e n I a de los partidos d e va n guard i a , para darle c abi d a a Ia de los movi m i e n tos sociales; no mas en Ia del p rolet.ariado y el cam pesi n o (Ia clase ) , sino e n e l de Ia ances­ trali dad r a c i a l i zad a y e tn i zada cncarnada en Ia indian idad y n e g 1i d ad ( I a c u l tu ra ) ; m e n us en el d e Ia i zq u i e rd a, Ia pol itica y el social ismo, pero cada vez m as e n Ia de I a i ntercul turalidad, Ia epistemologia y el p ri n c i p i a "otros m u ndos son posi b l es". Una labor de h istoria p o l i ti ca d e l p e nsam i e n to q u e esci por real i za rse es Ia d e l e n c u b rim i e n to m u y ge n e ra l i zad o de Ia estructura d e s e n ti m i e n tos dominan te, que esm­ bl e c e con Ia fu ena del sentido com lin u n a ca no g raffa pa rti c u la r de lo "progresism", dejan d ola por fue ra de s u histmici <iad.


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les que ha constituido esta red es el examen de las relaciones de p o der que se tejen en el intetior y entre las diferentes man eras de hacer y pensar las antropologias. Esta preocupaci6n no es nueva, sa bre todo para los estudiosos de America Latina o Africa (por p on er dos claros ejemplos) que han tenido posiciones ctiticas con resp ecto al colonialismo intelectual que pueden acarrear las ma­ neras de pensar y hacer antropologia desde los centres de poder. De diversas maneras, somas los herederos de un siimumero de discusiones dadas en multiples mementos y lugares, aunque se nos escapen a veces su justa comprensi6n y dimensiones. Como exp ondre en este texto, en la red se han ensayado fonnas de in­ terpretar y de encarar estas relaciones, para explorar dimensiones que antes no eran tan ev:identes o sabre las cuales no se habia puesto el acento aunque hoy nos parezcan cruciales. Ahara bien, no esci. de mas explicar que los plan teos presen­ tados a continuaci6n responden a una particular manera de e n­ tender las discusiones que hemos elaborado colectivamen te y sabre las cuales no tenemos ni pretendemos un consenso entre los participantes de la red. Muchos de los puntas son aun objeto de discusi6n y requeriran de aiios de trabaj o parajustipreciar sus implicaciones, al�ances y lfmites. Por tanto, setia desacertado leer los planteos de este texto como "la posicion" de los participantes de la red. Setia mas preciso verlas como una pa,-ticular puesta en limpio de innumerables conversaciones ( alguna de elias por es­ crito) que -por fortuna- se encuentran aun en marcha. El l ugar desde el que hablo no pretende ser el de la certeza ni el de la to­ talizaci6n, aunque por el uso de algunas expresiones de la lengua parezca a veces indicar lo conn·ario. Podemos partir del planteo de que la cuesti6n de las "an tro­ pologfas del mundo" como problematica implica, al menos, tres as p ectos interrelacionados: un reciente encuaclre conceptual para visualizar ciertas relaciones de poder y cliferencia en y entre las antropo­ logfas y los antrop6logos del mundo; 2. una se1ie de posicionamientos tendientes a subvertir, desde practicas concretas, estas relaciones; I.


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3. un p royec to de intervencion, con base en esa visuali­ zacion y posicionamien tos, desde la modalidad de la

red. A fin de ofrecer al lector informacion sabre la trayectmia y las caractelisticas de la Red de Antropologias del Mundo, el capitulo inicia con una breve introduccion sabre como surgio }' cuales han sido algunas de las activi.dades y momentos de esta red. Luego abordan! algunos de los desplazamientos te6ricos que constituyen el reciente encuadre conceptual de las "antropologias del mun­ do". En la �ercera parte, expondre brevemente como se i.nterpreta la existencia de la red e ilustrare algunas de las pnicticas concre­ tas que, alrededor de la revista elecu·onica, constituyen iniciativas relevantes para contri.buir a revertir ciertas practicas academicas dominantes. Finahnente, en la cuarta parte indicare algunas de las reacciones y cuestionamientos que han suscitado las propues­ tas sabre las "anu·opologias del mundo".

RED DE ANTROPOLOGIAS DEL MUNDO (RAM-WAN)

La RAM-WAN surge en el segundo semesu·e de 200 1 con la es" cri.tura a varias manos de un documento marco, despues de una serie de conversaciones directas o a traves de mensajes electroni­ cos de quienes se consolidarian en su nucleo impulsor inicial. La Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, es uno de los escenarios en los que se realizaron muchas de estas conversacio­ nes, debido a la confluencia en ese lugar de algunos de los parti­ cipantes de este m1cleo impulsor inicial. En 2003 se realizo en Europa una conferencia internacional con el apoyo de la Fundacion Wenner Gren. A partir de esta con­ ferenda, se publico un libra, editado por Gustavo Lins Ribeiro y Arturo Escobar, que recoge las diferentes ponencias. Ademas, hemos participado con simposios organizados por la red en el marco de congresos de anu·opologia (nacionales o regionales) en Argentina, Colombia, los Estados Unidos . e Inglaterra.


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Co mo colectivo, se han escrito varios artfculos publicados en di­ ve rsas revistas en ingles y castellano. Algunos de sus miembros, de form a individual o en coautoria, han escrito textos que recogen cier tos puntos de1ivados de las conversaciones mantenidas desde la re d. Igualmente, se han publicado en la pagina en Internet va­ rios n umeros de una revista electr6nica, que recogen muchos de l os trabajos de los miembros, pero tambien de o tros colegas con preo cupaciones coincidentes. ou·a de las actividades de la red se ha orientado a la docencia. Vari os de sus miembros han coordinado la ensenanza de semi­ n arios de posgrado en los Estados Unidos (Universidad de Ca­ rolin a del Norte, en Chapel Hill, y Universidad de California, en Davis) , en el Brasil (Universidad de Brasilia) , en Colombia (lns­ tituto Colombiano de Antropologia e Histoda, Universidad del Cauca y Universidad del Magdalena) para discutir las an lropolo­ gfas del mundo. Estas expedencias nos han inspirado para apoyar e1 diseno y la realizaci6n de program as doctorales (como el de la Universidad del CatlCa en Popayan, Colombia) , asf como del pro­ yecto ( todavfa en borrador) de una red regional de doctorados en Amedca Latina, explorando la combinaci6n de las tecnologfas virtuales con la actividad presencia! en los procesos de ensenanza. Constituida por antrop6logos de diferentes pafses del mundo, aunque con una gran may01ia de latinoame1icanos, la red ha tcni­ do diferentes momentos. La etapa de gestaci6n lleg6 hasta 2003, con una actividad sustancialmente de intercambio a traves de la correspondencia electr6nica del nucleo impulsor inicial (com­ puesto por seis colegas) . En ese momenta, ntvieron Iugar muchas discusiones, se intercambiaron referencias bibliograficas y se co­ menz6 a esclibir, en forma colectiva e individual, los plimeros textos. En el perfodo entre 2003 y 2006, se intent6 ampliar la red, crear la pagina elect.r6 nica, publicar el plimer numero de la re­ vista, llevar a cabo los primeros seminarios en difere n tes lugares y formular una investigaci6n e tnografica sobre la fonnaci6n de los antrop6logos a realizarse en Argentina, Brasil y Colombia. Desde 2006 hasta la actualidad, los planteos de la red se han ido visibili­ zando a traves de las publicaciones, pero las iniciativas colectivas son cada vez mas ocasionales, por no decir inexistentes.


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DESPLAZA�NTOS TEORICOS

Una de las caracteris ticas de los p1imeros momentos de la RAM­

WAN fueron las diferentes exploraciones teoricas. Y aunque en la actualidad existen ciertos puntas mas o menos compartidos, lejos se esl:li de tener clalidad o total acuerdo sabre ei conjunto de categorias que constituyen las condiciones de posibilidad leoricas de la red. Sin embargo, esto no se considera un problema, sino mas bien un indicador de la flexibilidad de la conceptualizacion elaborada colec tivamente desde la red. D esde los comienzos, ha existido cierta claridad de que la pro­ blematica que constitufa lo que ahara se denomina "an u·opolo­ gias del mundo" se referia a las relaciones de poder en y enu·e las distintas antropologias que se desarrollan en los diferentes paises y regiones. No obstante, identificar teoricamente en que consisten y como operan ha sido uno de los aspectos que llev6 a explorar diversas categorfas. Antes de presentar cada una de las categorias ensayadas, quizas sea mas productive indicar los despla­

zamientos teolicos mas generales realizados en la conceptualizaci6n de las anu·opologias del mundo. Tres ft� eron los desplazamientos mas relevantes en este proceso:

1. En los primeros borradores producidos, se pensaba en an tro­ pologia en singular, a veces con el plural al mismo tiempo usando una ban:a ( anln!pologia/s) . Aunque era clara que habia diferentes tradiciones y fonnas de hacer anu·opologia en el mundo, el de­ bate consistia en como entender las tliferencias. Una problematica que surgio en ese momenta (y que aun se mantiene como discu­ sion) es si Ia diferencia significaba solo un descenu·amiento de Ia disciplina, que Ia pluralizaba pero que mantenia Ia idea de que estas diferencias operan en el marco de una disciplina, o si, par el conu·alio, tamar en consideraci6n Ia diferencia entre las an­ u·opologias nos conducia inevitablemente a un cuestionamiento de la idea de una unica disciplina y, en tal caso, cuiles serian sus implicaciones. Para decirlo en o tras pa.labras, se pensaba en dos posibilidades con relacion a Ia diferencia enu·e las anu·opologias. Una mauiz

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dis ci plinar ( Cardoso de Oliveira, 2000, [ 1 993] 2004) , tdefiniria l as comunalidades teoricas, metodologicas y de paradigmas, mas alia de las variaciones de los estilos nacionales, regionales o epo­ c ales ? 0, por el contrario, esta supuesta comunalidad profunda, t se rfa una nan·ativa que, al contrastarse con una etnografia de las an trop ologfas en diferentes partes del mundo, perdelia cualquier con tenido, evidenciando mas bien relaciones de poder que tien­ den a inventar y naturalizar genealogfas, au tores y u·adiciones? Aquf se abre un debate que abordare mas adelante. No obstante, cualquiera fm!ra la respuesta, el movimiento bacia Ia pluraliza­ cion del analisis es un desplazamiento teorico importante en la elaboracion de las "antropologfas del mundo". Esta pluralizacion tiene como consecuencia mas relevante el abandono del modelo de una "antropologfa au tentica" (que por lo general se identifica con las tradiciones francesa, inglesa y esta­ dounidense) con variaciones entendidas como capias (la mayorfa de las veces, diletantes) que solo de forma parcial ( un "no-toda� via" ) y heterodoxa logran aparecer como antropologfa (localiza­ das fuera de las grandes tradiciones ) . Asi, la singulaiidad de cada una de las articulaciones anu·opologicas en las distintas locaciones debe entenderse en sus propios tenninos y no como aberracio­ nes o variantes de un pau·on definido de antemano. Ahara bien , es importante aclarar que esta singularidad no se entendia des­ de una posicion celebratoria de un nativismo o particulatismo epistemico esencialistas. Sob1:e este ultimo punta, no esta de mas subrayar que la propuesta de "antropologfas del mundo" no es una celebracion de los particularismos con el fin de sostener una especie de multiculmralismo, de polfticas de Ia identidad o de Ia accion afirmativa para mejorar "la anu·opologfa". En suma, esta pluralizacion apuntaba a cuestionar la idea de una genealogfa y unas u·ayectmias englobadas en un unico y coherentemente feliz proyec to disciplina1io; no era el simple reconocimiento de que existian diferencias en tre comunidades nacionales, regionales o locales en las cuales gravitaban ciertas discusiones, p reguntas y se consolidan determinados estilos o acentos. No se pensaba Ia diferencia enu·e las antropologfas como suplemento, un accidente o un derivado de una identidad pri-


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mordial y trascendente. Pero de esto no se derivaba que se en­ tendieran las diferen tes anu·opologfas como entidades discretas resultantes del aislamiento y entrampadas en sus limi taciones y particularismos. Su diferencia era concebida mas como resultado de las constantes y multiples relaciones (dialogales y de poder) en diferentes escalas que como resultado de su aislamiento. . 2 . O tra de las ideas , bastan te discutida, que constituye las condi­ ciones cle posibilidacl te61icas de las antropologfas del mundo consis­ tio en abandonar una lectura esencialista de Ia an tropologia (o de las antropologfas ) para Hamar la atencion sabre las practicas concretas (lo que los antropologos realmente hacen y dicen en cuanto tales) y sabre las relaciones que penniten o impiden estas practicas. Esto implicaba dejar de pensar en definir (nmmativa­ mente ) Ia o las anu·opologfas, asf como abandonar Ia tentacion de plantear una definicion de objeto, metoao, orientacion teorica 0 contenido que estableciera una iden tidad de Ia disciplina de una vez y para siempre, a fin de entender Ia multiplicidad de prac­ ticas y relaciones que de hecho constituyen las diferentes loca­ ciones de produccion anu·opologica. La densidad y especificidad de las p rcicticas y relaciones en lugares conC1·etos deben tomarse en consideracio n para evitar disputas inagotables y esteriles que pre tenden establecer en abstracto (y de forma nmmativa) lo que constituirfa Ia comunalidad y las diferencias en y entre las antro­ pologias. Esta "desesencializacion" de las anu·opologfas sugiere un proyecto de i nvestigacion que estci por desan·ollarse: genea­ logias de las diferen tes antropologias que no sean interpeladas par un tipo ideal nmmativo, sino que se centren en las practicas y relaciones concretas, y no solo en las esuictamente definidas como "acaden1icas".48

48 Una de las trabas mas fue•·tes del pe nsamiento normativo esta const.i tuida por el sen lido com u n disciplinario de ciertos colegas que consideran que Ia "alteridad'' es Ia categ01ia fundante de Ia disciplina an tropo16gica. Segli n tal posicion, Ia alteridad es consti tuyente de Ia pregu n t.< o, mas especificamente, de Ia ciencia an tropo16gica y sugiere el "problema epistemol6gico basi co de Ia·amropologia" (lo


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Una de las implicaciones sustantivas de este planteamiento ra­ di ca en que, una vez sintados en el plano de las pnicticas, se hace eviden te que los hordes entre lo antropol6gico y lo no an tropol6gico (las fron teras disciplinalias) y, mas aiin, entre lo academico y lo no academico (las fronteras que definen el conocimien to ex­ perto) se visualizan y problematizan. Ya no se podni hablar mas de un objeto, un metoda, unos heroes culturales o un conjunto de temias garantes de una coherencia maestra desde donde se podrfa identificar de una vez y para siempre lo que constiruye lo an tropo16gico de lo que no; menos aun, de unos principios epistemol6gi­ cos que distingan y den un plivilegio epistemico a "Ia an u·opologfa ·

(o antrqpologfas) como ciencia". Ahora bien, si esta perspectiva an alftica de las multiples practicas de las anu·opologfas del mundo desdibt�a las fronteras de lo disciplinario y de lo academico, no es para abrazar un relativismo e f>istemol6gico ni para desconocer que estas. fronteras se instauran constantemen te como relaciones

cual ha sido trabajado por Levi-Sttauss )' p01· Foucaul t) . Con respecro a este supuesro, exisren algu nos problemas cuando se quiere tomar Ia alteridad como el criterio de lo an tropologico por anronoma�ia: a) i m pl ica . ttansfonnar un hecho historico concre to (el "I ugar del salvaje" e n Ia division i n telectual de las ciencias, como argumenta Trou illot) en un criterio de iden tidad - transhistorico (en Ia pregun i..""l., el objeto o Ia perspectiva fundan tes ) ; b ) historicam e n te, n o es cieno que Ia an tropologia ( n i siquiera Ia "cien tifica" y Ia de los centros coloniales) se encuen tre ci rcunscri ta a ese concepto, como lo ha de­ mostrado Stocking ( 2002) ; c) si Ia al teridad es Ia pregu n ta antropolo­ gica y define Ia an tropologia como ciencia, emonces, lla an u·opologia estaria definida por el lugar donde se hace? Asi, lcualquier estudio sobre un grupo i n d ige na e n medio del Amazonas es an tropologico por defi nicion? lEl trab'!io de Said sobre Orientali.mw es an tropologia o, ademas de Ia alteridad , se requiere el "trabajo de campo", el "estar al ii"? Si este es el c d te rio, e n tonces seria un co n trasen tido hablar de amropologia h istorica (a menos que se redttiera a tradicion oral o a rep resen taciones del pasado por otros cultu rales) o de arqueologia como an tropologia; d) por ultimo, lcomo se emenderia "Ia alteri­ dad"? La diferencia cultural pod ria responderse . . . pero ,:a que nivel y con respecro a que? ,:La de un O tro radical? ,:Las dife rencias que se dan entre sectores, generaciones o regiones? ,:Y no serian an tro­ pologicos los trab'!ios sobre esferas distintas a Ia alteridad cultural, como Ia an tropologia de Ia modern idad, de Ia global izacion o de las corvoraciones?


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de poder desde las mismas pnicticas, definiendo asi una exteiimi­ dad constitutiva (no homogenea y siempre problematica) . 3. La forma en que conceptualizamos las relaciones de poder en y entre las diferentes tradiciones anu·opologicas constituyo el tercer desplazamiento que defini6 las condiciones de posibilidad te6,-icas de las "an u·opologias del mundo". P artimos de reconocer que han sido innumerables las crfticas hechas a la disciplina antropo �ogi­ ca en muchos lugares. Gran cantidad de elias han sido realizadas por los mismos antropologos, ya sea desde una actitud refonnista o desde la pretension de una transfonnacion radical. Ou·as han sido enunciadas desde una posicion que se conside ra fuera de Ia an�·opologia, ya sea porque quienes las hacen se situan en ou·as disciplinas (desde enfoques u·ansdisciplinaiios) o por fuera del establecimiento academico. El mapeo exhaustivo de estas criticas es una labor que esta por realizarse, sabre todo si incluye las criti­ cas hechas desde los establecimien tos antropologicos pe1ifeiicos, que sue len desconocerse afuera ( o, lo que es mas pate tico, igno­ radas dentro de ellos) . Debido a nuestras propias u·ayec torias intelectuales, en la con­ ceptualizacion de las relaciones de poder en y enu·e las antropo­ logias en el mundo, fueron de particular inspiracion los planteos del aimopologo brasileii.o Cardoso de Oliveira ( [ 1 993] 2004) y dcl . mexicano Esteban Krotz ( 1 993) . La distincion entre antropolo­ gias metropolitanas y perifericas de Cardoso de Oliveira, asi como sus conceptos de mauiz disciplinar y de estilos de antropologia, posibilitaron un primer acercamiento p_ara pensar en terminos de geopolitica la diferencia enu·e los establecimientos antropo­ logicos y su articulacion con las diversas formaciones nacionales. Por su parte, la categorfa de antropologias del Sur propuesta por Kro tz llama la atencion acertadamente sabre los silenciamientos y las invisibilizaciones de sus hist01ias y trayectoiias. Estas antro­ pologias aparecian como "sin historia" (en un interesante giro al concepto de Eric Wolf de "gente sin histmia") , marginadas por lo que puede considerarse como politicas de la ignorancia. Tambien fueron inspiradores dos articulos publicados en la revista Ethnos en 1 982: el texto de cierre del numero esciito por

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historiador de Ia antropologfa George Stocking Jr. y Ia intro­ ducci6n escrita par Tomas Gerholm y Ulf Hannerz. Del articulo _ de Stocking se puede subrayar su distinci6n entre anu·opologias · 01ie ntadas hacia Ia construcci6n nacional ( nation-building) y las orientadas hacia Ia construcci6n imperial ( empi-re-building) , al igual que su diferenciaci6n de las antropologfas perifericas (las se cundariamente metropolitanas , como Suecia y Polonia; las de los asentamientos blancos, como Canada y Brasil; y las de ex co­ lon ias como India y Sudan ) . A partir de este au tor, se retomaba, entonces, una actitud de histoi-izaci6n sabre Ia configuraci6n de anu·opolcigias desde modelos de o tredad, en relaci6n con prac­ ticas coloniales e imperiales (ya sea en territmios coloniales o en el propio Estado, en un colonialismo interno) , y una invitaci6n a una e tnografia de las diversas articulaciones de los estableci­ mientos petifericos segtin las particulares in terfases de las dife­ ren tes formaciones nacionales. Par su parte, Ia introducci6n de Gerholm y Hanner2: ( 1 982) sugerfa un enfoque sistemico de las relaciones de desigualdad en tre las anu·opologias metropolitanas y perifericas, ademas de ofrecer una serie de cuestionamientos sabre las relaciones de poder en Ia denominada "antropologia intemacional" y las inscripciones nacionales de Ia anu·opologia. A estos textos seminales , se pueden aiiadir los debates en tar­ no a las "antropologias indfgenas" (Fahim y Helmer, 1 980) y las "nativas" Uones, [ 1 970] 1 988, y Narayan, 1993) , asf como el descubrimiento de un momenta particulannente clitico de Ia antropologia estadounidense expresado en el libra Reinventing 1lnthmpology (Hymes, [ 1 969] 1 974) .4!1 Ou·os insumos relevantes fueron Ia etnografia de Ia articulaci6n de las relaciones sociales y los supuestos de Ia sociedad est.:1. dounidense con las practicas de Ia antropologia en ese pais, elaboracla par el brasileiio Kan t de e1

49 Es te e ra un significativo p recedeme de l o que luego fueron las criti c;1s sobre las pol iticas de Ia represen t:aci6n e m ogrnfica y Ia escritura de I a cul tu ra desplegadas e n Ia decada de los ochenta, y l as replicas y los cuestionamie n tos de principios de los �lOvenm que l lanmban Ia atenci6n sobre las prncticas insti tucio nalizadas que operaban de mro de Ia an tropologia es tadounidertse.


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Lima ( 1 992 ) , asi como la nocion de "antropologias con acento" sugerida par su colega Teresa Caldeira. No se puede pasar par alto el articulo del haitiano Michel-Ralph Trouillot ( [ 199 1 ] 20 1 1 ) sabre el "lugar del salvaje", que argumentaba sabre como �a an­ tropologia encaj a en una formacion y pnictica discursiva sabre la otredad como exterioridad radical producida par (y constitutiva de) la imaginacion occidental. Finalmente, tambien fue de impor­ tancia para la vision de antropologias del mundo el trabajo del sudafricano Mafeje (200 1 ) , quien, a partir de una relectura de la antropologia en el Mdca poscolonial y de una critica original a la Hamada "antropologia posmoderna", abre la posibilidad de pen­ sar una "razon posetnologica" que requeliria no solamente ir mas alla de la epistemologia sino desarrollar formas no disciplinarias de conocimiento y representacion. Con este bagaj e teo1ico, las primeras fonnulaciones sabre las. antropologias del mundo se plantearon en terminos de "dominan­ tes" y "subaltemizadas". La discusion entre los integrantes de la red llevo a retomar la categoria gramsciana de "hegemonia" para pensar las relaciones. de poder en y entre las diferentes antropolo­ gias en el mundo, asi como su correlato de las subaltemizadas. La ven taj a de esta nocion sabre la de antropologias metropolitanas radica en que se rompe con la tendencia a asumir la identidad en­ tre un establecimiento antropologico y sus antropologias, como si estas ultimas fuesen homogeneas y no existieran disputas y rela­ ciones de poder en su int�Iior. De esta manera, puede pbservarse que en un este.blecimiento como el estadounidense, el ingles o el frances (que suelen considerarse como antropologias metro­ politanas) operan antropologias hegemonicas, pero tambien hay muchas subalternizadas, relegadas a esta situacion precisamente por la consolidacion de las hegemonicas. Del mismo modo, en paises como Brasil, Mexico o Colombia, los establecimientos com­ prenden tanto anu·opologias hegemonicas como subalternizadas. Asi, no hay una correspondencia entre establecimientos meu·o­ politanos y antropologias hegemonicas, ni tampoco entre estable­ cimientos pelife1icos y antropologias subaltemizadas. Por tanto, este ultimo concepto no se superpone con el de "antropologias del Sur", "perifericas", "nativas" o "indigenas".


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Adem:is , Ia idea de an u·opologias hegem6nicas no se refiere a una imposici6n, sino a Ia configuraci6n del espacio en que se dan las disputas y los disensos: no apunta a Ia eliminaci6n de Ia diferencia sino a su producd6n y organizaci6n . Ciertamente, Ia instauraci6n de canones y su naturalizaci6n es uno de los efectos de Ia operaci6n de las anu·opologias hegem6nicas: Ia noci6n de hegemonfa se basa en Ia disputa permanente par el liderazgo denu·o de Ia pluralidad y en un j uego de equilib1ios inestables. No es un juicio moral sino Ia descripci6n de una correlaci6n de fuerzas, un mecanismo de visibilidades y silenciamientos, lo que da Iugar a I a formulaci6n de ese concepto . AI hablar de an tro­ pologfas · dominantes, se puede pensar que unas anu-opologfas se han impuesto por Ia coercion y que l as otras son someticlas por Ia fuerza. Este fue uno de los m otivos por los que se prefiri6, al comienzo, Ia noci6n de antropologfas hegem6nicas y subal­ ternizadas .511 Estas se encuentran estrechamente relacionaclas, no solo en un establecimiento particular, sino tambien, aunque de diferentes maneras, en tre los es tablecimien tos a nivel regional y planetaria. Por tanto , con el concepto de "sistema mundo de Ia antropologia" se ha llamado I a atenci6n sabre Ia diferencia en­ u·e las antropologfas practicadas en los diversos p afses o regiones del mundo, asf como sabre las relaciones estructurales de pocler entre elias. En suma, este terce r desplazamiento apunta a llegar mas alia de l as nociones de an tropologias metropolitanas y perifericas o del Sur, para pensar Ia singularidad y las relaciones de po­ der en y entre las an tropologfas en terminos de hegem6nicas y subalte rnizadas.

50 Con el transcurso de las conversaciones (ya fuera en tre el gmeso de los partici p an tes de Ia red o en tre algu nos de elias) . surgieron ou-as categorias que han ida dando cuen ta con mas detalle de las rela­ ciones en tre diferencia, I ugar y poder en y entre las an tropologias. "Otras an tropologias" y "an tropologias otras" ( Restrepo y Escobar, 2005) asi como Ia de "sistema mu ndo de Ia an tropologia" ( Ribeiro y Escobar, 2008) son algunas de elias.


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EL PROYECTO DE LA RED

Desde un primer momenta, la idea de la red ha estado estrechamen­ te ligada a las elaboraciones y discusiones sabre las anu·opologias del mundo. En el primer documento escrito en Chapel Hill , titulado "En-redarse: una propuesta para una Red de Antropologias del Mun­ do", en la primera mitad de 200 1 , la nocion de "red" ya fonnaba par­ te de la conceptualizacion. El primer borrador �e este documento dedicaba una parte a una detall ada disquisicion teorica sobre como se entendia la nocion de red y par que era pertinente como modali­ dad de intervencion para las antropologias del mundo.51 El termill:o "enredarse" capturaba la pretension de construir ac­ tivamente una red y, mas aun, de una propuesta que se fundaba en ser-en-red. Aunque no satisfacia completamente a algunos por la connotacion de 'estar enu·ampado ' que tiene en Castellano, se utilizo en la presentacion de la primera version de nuestra pagi­ na electronica y en el primer articulo publicado por el colectivo. Desde el primer momenta importaba todo lo que se hacfa, par­ que se suponia que 1� practicas de intervencion o las formas que albergaban la propuesta no eran secundarias ni simples apendices del contenido, seglin nuestra manera de concebirla. La red era un instrumento para poner a circular o para posicionar ciertas con­ cepdpnes pero tambien encarnaba en si misma la propuesta de interpretacion y de intervencion sabre el campo antropologico. E� el primer articulo publicado como Colectivo WAN (y que para algunos de nosou·os constituye una especie de "manifiesto") , esto . se argumentaba de la siguiente manera: Como colectivo queremos enfatizar que mas que un me­ toda, un conjunto de contenidos o un objetivo, conside­ ramos Ia red en si misma como una fusion de estos u·es

51 En Ia segunda version, esta elabornci6n te6rica qued6 como apendice ("Notas sobre teorias de red y sus aplicaciones a las antropologlas del rnundo") y l uego fue reducida a una discreta nota a pie de pagina

en el primer articulo colectivo publicado por el colectivo (Colectivo WAN, 2003 ) .


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aspectos. La red debeni ser [ ] el lugar de actuacion para la constante conexion de puntas neunilgicos -bien sean estos teoticos, politicos, de comunicacion o institu­ cionales, de tal modo que su es tabilidad, mientras exista, sea expuesta constantemente a o u·as p osibles formas de conocimiento y par ende, nunca tomadas como iinicas o preeminentes-. El caracter procesual de este metodo­ contenido-objetivo puede expresarse metaforicamente con la figura: enretlarse, es decir como un acto penna­ nente de conexion par el cual se articula la red que lo regenera y que alimenta las fonnas de conocimien to y las politicas encadenadas y/o producidas a traves de esta (Colectivo WAN, 2003: 1 0 ) . . . .

La red no ha sido pensada para limitarse a lo digital, a su existen­ cia en Internet. Aunque son de gran relevancia las tecnologfas digitales, la idea nunca se ha circunscri to a una red en Internet para el intercambio de conceptos y expetiencias sabre las diferen­ tes antropologias en el mundo. Lo digital es solo una dimension , ya que e l tejido d e l a red se concibe a partir d e muchos medias y procesos, desde eventos concretos en diferentes partes del mun­ do (por ejemplo, simposios en congresos antropologicos en Co­ lombia y Argentina en aiios recientes) , la circulacion de recursos materiales y conversaciones e interacciones cara a cara, hasta el apoyo a procesos especfficos sabre la formacion de nuevas gene­ raciones de antropologos (como la preparacion compartida de programas de cursos) o la posibilidad de hacer visibles las formas concretas de hacer antropologia. En la practica, la red se encuentra aiin en gestacion. Aunque hemos contado con momentos y espacios de in tenso intercambio sabre los mas diversos aspectos relacionados con: la forma de pen­ sar las an tropologias del mundo, todavia falta mucho para con tar con una red descentrada, con multiples nodulos y que contlibuya a la transformacion de las condiciones de visibilidad en y enu:e las antropologias del mundo en general. Dentro de las actividades que hemos r:ealizado desde la red, cabe destacar la revista elecu·onica. Los cuatro niimeros basta


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ahora publicados responden a polfticas editmiales derivadas de · Ias discusiones de Ia red, que buscan intervenir en ciertas pnicti­ cas academicas tendientes a dominar cada vez mas Ia producci6n del conocimiento antropol6gico. Una de las pnicticas que se bus­ ca intervenir es la del monolingiiismo imperante en el gmeso de las colectividades antropol6gicas al igual que el creciente predo­ minio del ingles en escena1ios regionales y globales. De ahi que Ia revista publique en diferentes idiomas y que se parta de Ia premisa de que no todo debe u·aducirse al o del ingles. Es mas, como se senalaba en Ia presentaci6n de Ia revista, "existen materiales que circulan en cierto lenguaj e que no tienen por que ser traducidos al ingles en nombre de una mayor difusi6n. Asi como hay contex­ tos de enunciaci6n, tambien los hay de lecntra". Los derechos de autor enmarcados en copy1ight y Ia idea reifi­ cada del autor-individuo tambien son objeto de intervenci6n en . la red y ·particularmente en la revista. La red ha sido inspirada por la concepcion de circulaci6n de conocimientos del copyleft o el creative commons. Ambas propuestas problematizan la posicion politica de que el co nocimiento en general debe limitar su circu­ _ lacion segU.n los imperativos del capital. Antes que limitar, la idea del copyleft y del C1-eative commons es posibili tar la circulacion de los productos intelectuales considerados de una irreductible nantra­ leza .colectiva y politica. Por otra parte, en la revista se cuestionan los supuestos y las im­ plicaciones de la indexacion, asi como la parafernalia de la inter­ vencion de los pares evaluadores (peer review) para Ia publicaciori de los articulos. Tal como operan en Ia actualidad, desde ambos procedimientos se tiende a reproducir modalidades de posiciona­ mien to de las antropologias hegemonicas. Como se senalaba en Ia presentacion de la revista: "Que se mide y que no, como se hace, quien lo hace y b�o que supuestos y entramados instituciona1es constituye uno de los mas sutiles pero efectivos mecanismos de normalizacion y consolidacion de canones de las antropologias dominantes y hegemonicas". Tambien se ha ensayado la autoria colectiva no solo entre algu­ nos miembros de la red mas cercanos, sino tambien, y esto es lo mas relevante, desde la figura del Colectivo WAN. La dificultad de


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escribir a muchas manos se encuenu·a compensada par las discu­ siones de borradores previos en las que se aprende muchfsimo y en las que el respeto par el pensamie n to del o u·o dej a de ser una cuestion retorica para negodar argumentativamente las posicio­ nes asumidas como colectivo. Pero lo mas interesante de es te ej er­ cicio de escritura radica en que la figura colectiva. es una practica intelectual que interrumpe las tecnologfas de registro y valoracion desde las que opera la burocracia academica.

REACCIONES Y CUESTIONAMIENTOS

Con la aparicion de Ia pagina en Internet, las intervenciones pu­ blicas en eventos y Ia circulacion de p ublicaciones de algunos miembros de la red o los artkulos de autoria colectiva, comen­ zaron a aparecer reacciones y cuestionamientos a las elaboracio­ nes sabre las antropologfas del mundo. Algunos de elias pueden entenderse como respuestas a la falta de precision o claridad en Ia exposicion, mien tras que o tros apuntaban a indicar aspectos problematicos que no habfan sido contemplados suficientemen­ te. En general, las crfticas han sido muy valiosas para entender las limi taciones conceptuales o de enfoque de las antropologfas del mundo. Para los propositos de este capitulo, cabe resaltar las siguientes:

1. Lugary peso de la te01ia. Una de las reacciones enu·e los colegas ha sido indicar el gran peso de la teorfa en los planteos de las antropologfas del mundo en la manera en que se tejen las lfneas de argumentacion, pero tambien en la recurrencia a conceptu ali­ zaciones que solo manej an los conocedores de ciertas discusiones teoricas. Aqui surgen algunas preguntas: c:como se incorpora y opera la "teorfa" en los planteos sabre las "antropologfas del mun­ do"? �Responden tales teorizaciones a modos naturalizados de entender la labor antropologica? �Hasta donde estamos atrapa­ dos en canones que privilegian y distinguen Ia teorfa sabre o tras formas de conceptualizar en anu·opologfa? Y en ultima instancia,


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ique es la "teorfa"? iEsti toda "teoria" necesariamente enrnarcada en un logocentrisrno de corte occidental? Y con mayores implica­ ciones para la idea de la red: ies indispensable la te01izaci6n para el proyecto de visualizar y transfonnar las relaciones de poder en y entre las antropologias y los antrop6logos? iNa habrfa una esp e­ cie de "inflaci6n te6 rica" en los planteos? 2. Colonialismo intelectual. O tra de las observaciones sabre el tono y el contenido de algunos de los textos producidos radica en que, a pesar de las buenas intenciones, hay una tendencia a ha­ cerse eco del establecirniento anglosaj6n (y sabre todo del esta­ dounidense) para introducir una crftica que, parad6jicarnente, no haria 1mis que reproducir el colonialismo y la dependencia intelectual con respecto a ese establecimiento que, desde las ul­ timas decadas del siglo pasado, se va posicionando paulatina­ mente por e ncirna del frances. Asi, se ha llarnado la atenci6n sabre la paradoj a de que los conceptos, fuentes te6ricas y estilo de argurnentaci6n se e ncuentran clararnente ligados a teorias y rnodalidades de la an�ropologia dominante (que circulan prin­ cipalmente en la teorfa social estadounidense) cuando supues­ tarnente se aboga p o r una visibilizaci6n y un posicionamiento de ou·as an tropologias. Esto lleva a las siguientes preguntas: thasta d6nde es acertada esta observaci6n? Concre tamente, ique impactos puede generar este hecho ( efectivo o imaginario) en la configuraci6n de la Red de Anu·opologias del Mundo y en la forma en que se ha aborda­ do la problematica de las "anu·opologias del mundo"? En ultima i nstancia, ila argumentaci6n de las anu·opologias del mundo no deberfa evidenciar desde el analisis mismo un estilo de argumen­ taci6n (o, mejor aun, una pr:ictica) que no reproduzca la forma, los conceptos y las fuentes de anu·opologfas dominantes maneja­ dos por la creme de La creme? Mas aun, al recurrir a este lenguaje, fuentes te6ricas y estilo, ino es esto una suerte de colonialismo intelecmal en nuevas (o aun viejas) ropas? iNo se estin reforzan­ do ciertos consu·eiiimientos disciplina1ios que subalternizan di­ ferentes modalidades de la pr:ictica e imaginaci6n antropol6gica -quizas "menos te61icas"- en vez de problematizarlos y pennitir la


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p luralizacion del pais�e antropologico? En suma, y a pesar de que n o h emos concebido asf la labor de la red, tHO sera apenas una in ge nua vanguardia de un colonialismo intelectual?

3 . Cultumlismo y mttlticultumlismo. En algunos de los comentarios ha surgido la lectura, positiva y negativa, de que la problematica de las antropologias del mundo apunta al reconocimiento de la eli­ ferenda cultural en el interior de Ia disciplina para enriquecerla. Este pun to remite a dos aspectos distintos, aunque estrechamente 1'elacionados. El primero, que los plan teas sabre las relaciones de p oder en y entre las antropologias elaborados en el contexto de la RAM-WAN son esencialmente culturalistas y desconocen los "fac­ tores mate1iales", la economfa polftica o el amilisis institucional a escala global. El segundo, que esos planteamientos tienden a incorporar el multiculturalismo en la disciplina an tro p ologica y, p or tanto, apuntalian hacia una- reivindicacion de polfticas de la identidad a la manera en que el multiculturalismo se articula en el imaginario politico y teorico es tadounidense. Frente a este tipo de reacciones y cuestionamie.ntos, cabe p re­ guntarse par que esos planteos pueden leerse como una posi­ cion cultural.ista. t El hecho de que se haya recunido al lengm�j e p osestmcturalista en algunos de los escritos explicarfa que mu.:s­ tra posicion sea lefda de esta forma? 0, tal vez, tla razon de tal lec­ tura se relaciona con que la propuesta se ha movido en un n ivel muy programatico y sin estudios concretos? Fin almente, tSera que una problematizacion de la diferencia y jerarquizacion en y en tre las antropologias de los distintos establecimientos del mundo i m­ plica un giro multiculturalista en el interior de la disciplina, con sus polfticas de la identidad y su traduccion en cuotas de la accion afinnativa? 4. Nalivismo. Algunos han considerado que los planteos de Ia RAN-WAN consisten no solo en una apologia a los particularis­

mos culturalistas, sino tambien una apelacion a una especie de nativismo. D esde este nativismo se sostendrfa una superioridad epistemica y politica de los antropologos y las antropologfas "in­ digenizadas" o "del Sur", que serfan las realizadas por los an u·o-


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p6logos nativos del Tercer Mundo, cuya pnic tica se despliega en los establecimientos pelifelicos. Las elaboraciones te6Iicas sobre las "antropologfas del mundo" y la propuesta de la red aparece n a los oj os de algunos como un simple nativismo tercermundista, en el tual no tendrfan cabida los antrop6logos metropolitanos. Este tipo de reacciones emergieron, por ejemplo, cuando un co­ lega, nada convencional por lo demas, le expres6 a uno de los miembros de Ia red que no podia fon�ar parte de esta porque no era del Tercer Mundo. lSon los antrop6logos y las antropologfai; del Tercer Mundo lo que se intenta movilizar en la RA.!\1-WAN? lSe considera que, par el hecho de haber estado subalternizad os, estos antrop6logos y establecimientos suponen uria supe1iolidad epistemica y polftica? lo se trata mas bien de generar otra episte­ me para las practicas an tropol6gicas, mas aun, una episteme de la que cualquier antrop6logo del mundo podria apropiarse?

5. Epistemologias otras. Un pun to sugelido en valios comentarios de colegas (sobre todo los que no estan en la red, pero tambien algu­ no dentro de ella) es.Ia forma en que encaja la elaboraci6n de las antropologfas del mundo: lo que se podrfa denominar "epistemo­ logfas on·as" . Se trata de una pregunta par los limites de la "raz6n moderna" cuando se decide descenn·ar lo antropol6gico de unos p aradigmas; de una identidad trascendental, de ciertos heroes cult:urales; es decir, cuando en un movimiento de historizaci6n radical se consideran Ia pluralizaci6n y desesencializaci6n como vias analfticas relevantes para hacer emerger las diferencias y la desigualdad en y e n tre l as antropologfas articuladas en diferentes establecimientos del mundo. Se ha planteado que esto implicaria evidenciar que la "epistemologfa modema" es una modalidad de articulaci6n de l a p ractica antropol6gica que no necesariamen­ te habita en el centro de ciertas ann·opologias subalternizadas y que tiene su raz6n de ser en una configuraci6n del conocimiento (una episteme) muy particular. Asumir la diferencia y Ia desigual­ dad, lim plica desacatar como un particularismo mas las infulas de cientificidad o de discurso experto asociadas facilmente al imagi­ nario disciplinario? Para citar algunos interrogantes formulados por Susana Narotzky a partir de una de las reuniones sostenidas


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p or miembros de la red: "�hasta donde admitir la pluralizacion de discursos dentro del ambito de la ciencia anu·opologica? �Pueclen todas las fonnas de conocimiento 'conversar'?". Para formularlo de manera m:is radical todavia : �es la elaboracion de las an tropo­ logias del mundo una especie de "relativismo epistemico" cuya pluralizacion y desesencializacion se entienden como "todo cla igual"?

6. Disolttci6n de "La antropolog;ia ". No h a faltado quien considere que es un acierto o un problema mayU.sculo que la consecuen­ cia de los planteos sabre las antropologias del mundo sea la cli­ solucion de "la antropologia". En las reacciones y los cuestiona­ mientos hay dos posiciones extremas: quienes celebran y quienes se escanclalizan. Entre los p rimeros est:in aquellos que se plega­ rian a un relativismo epistemico o un particularismo culturalista (mencionados anteriormente ) o los que piensan que seria una "superacion critica" de los estrechos hordes disciplina1ios. Enu·e los segundos se encuentran quienes perc�ben nuesu·as posiciones como un ataque frontal a la iden tidad disciplinaria y a la cspecifi­ cidad de Ia antropologia como disciplina en el concierto de ou·as disciplinas sociales y humanas. Es por e llo que algunos han fornm­ lado preguntas respecto de si la problematizacion de rclaciones de poder en y enu·e las anu·opologias y an u·opologos del RA.t'vi­ WAN implicaria una disolucion de la anu·opologia; y, si asf fuera, en que rerminos. Sabre esto ultimo, cabe pregun tarse por que no y por que se lee la propuesta de esta manera. �Como se en tienclen , entonces, las relaciones entre las an u·opologias en plural y l a dis­ ciplina? M:is aun, �problematiza esta elaboracion del RAM-WAN la organizacion misma del conocimiento en "disciplinas"? �Es po­ sible ir m:is .all:i de Ia episteme de Ia modernidad y su division del trabaj o intelectual en disciplinas , sabre la cual se fundamento todo el pesado aparato academico de la modernidad? �Se poclria hablar igualmente de "sociologias", "geografias" y "psicologias" "del mundo" , por ej emplo, y tamar esta expansion como herra­ mienta para desestabilizar el edificio rigiclo de las ciencias sociales e "indisciplinarlas"?


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CONCLUSIONES

Diez aiios despues del nacimiento del proyecto de las Antropolo­ gias del Mundo, podemos indicar como su l agro mas destacado la elaboracion colectiva de una conceptualizaci6n sabre el modo en que operan los mecanismos de visibilizaci6n y silenciamiento de las diferentes anu·opologias, tan to en el campo transnacional como en los establecimientos anu·opol6gicos nacionales. En este marco, hemos dado contenidos especificos a concep tos como los de "antropologias h egem6nicas", "antropologias subaltemizadas" y "sistema mundo de la antropologia". Tres han sido los desplazamientos cen trales en esta conceptua­ lizaci6n: 1 ) pensar en terminos de "anu·opologias", en plural, en Iugar de que de "anu·opologia", en singular; 2) enfocarse en las pnicticas concretas y situadas de los an tropologos, y no en una de- . finici6n normativa y absu·acta de la antropologia; 3) comprender que las diferencias enu·e las anu·opologias tiene como dimension constituyen te las relaciones de poder en diferentes escalas (glo­ bal, regional, nacion � , local) y en varios aspectos que van desde Ia predominancia de ciertas lenguas y f01·mas de argumentaci6n, h as ta Ia configuracion de detenninadas subjetividades. En su conjunto , esta concep tualizaci6n interrumpe concepcio­ nes esencialistas y nonnativas de una idea de anu·opologfa en sin­ gular que establece una narrativa difusionista, segun la cual se bo­ rra el grueso de la labor anu·opologica realizada en las pe1iferias (o aquella elaborada al margen de las visiones can6nicas) . Esta conceptualizaci6n debe concebirse como la profundizaci6n de una serie de argumentaciones.sobre las relaciones entre las an�ro­ pologfas existentes en diferen tes p artes del mundo, desarrolladas a p artir de diferentes enfoques al menos desde los aiios ochenta. Cabe resaltar que la elaboraci6n conceptual del proyecto de las Anu·opologias del Mundo ha sido el resultado de un intenso de­ bate durante los primeros aiios enu·e un grupo de antrop6logos de Europa, los Estados Unidos y America Latina. Aunque gran parte de este debate se realiz6 a traves de correos elecu·6nicos, fueron de gran importancia ciertas reuniones realizadas en dife­ rentes lugares (Argen tina, Colombia, los Estados Unidos e Italia) .


RED

DE

ANTROPOLOGIAS

D EL l\IU NDO I I 7

Varias publicaciones colectivas o individuales, en tre las que des tac amos cinco numeros de una revista electr6nica y e l libra e ditado por Gustavo Lins Ribeiro y Arturo Escobar, abordan dife­ ren tes aspectos de Ia concep tuai izaci6n resul tan te del p roye c to de las Antropologfas del Mundo . Tam bien ameiita mencionarse una serie de cursos en pregi·ado y posgrado dictados par particip a n tes del p royecto en universidades de distintos pafses .''� El p royecto de las An tropologfas del Mundo tuvo, desde sus ini­ cios , el prop6sito de la creaci6n de una red cuyo objetivo consistfa en aportar a la transformaci6n de las condiciones y los t<�rm inos de conversabilidad en y en tre las diferentes antropologfas y los antrop6logos del mundo . La cons ti tuci6n de Ia red se entenclfa como una estrategia que encarnaba un estilo de intervenci6n en el campo antropol6gico, en Iugar de un simple instrumento. De ahf que nos definieramos como Red de An tropologfas del Mundo. A pesar de que se cre6 una pagina web y de que se adelantaron proyectos conjuntos, !a red no ha logrado consolidarse y, desde hace algunos ari.os, pennanece practicamente inactiva. Por tan­ to, habrfa que reconocer que el obj e tivo cen tral de con tribuir a transformar las condiciones y los terminos de conversabilidad en y entre las antropologfas del mundo se encuentra lejos de haber sido alcanzado. Mas alla de la visibilizaci6n de esta problematica enu·e algunos sectores cercanos a los participan tes de la reel, poco se ha logrado en este ten·eno. Ante las crecientes posibilidades tecnol6gicas para Ia comunica­ ci6n y Ia paralela p rofundizaci6n del p rovincialismo que caracteri­ za a buena parte de los es tablecimientos antropol6gicos, hoy mas que nunca se hace urgen te !a tarea de apun talar la visibilizaci6n y el posicionamiento de las practicas he terogeneas y los saberes multiples de las antropologfas y los antrop6logos a lo largo del mundo.

52 Algunos programas de estos cursos, asi como los n iuneros p u b l icaclos de Ia revisJa, pueden consul t.·u-se en el silio web de Ia WAN: <www. ram-wan.nel>.


PARTE II

En tomo a Ia especificidad de los estudios culturales


5 · Apuntes sobre estudios culturales

No pienso que el conocimiento este cerrado, pero sf considero que Ia polftica es imposible sin lo que he Hamada "Ia clausura arbitralia" [ . ] Es cuesti6n de posicionalidades. STUART HALL ( (199 2] 20 1 0: 5 2- 53 ) . .

"Estudios culturales" e s una expresi6n que cada vez circula mas entre los academicos y, en general, aparece asocia­ da (positiva o negativamente ) a otras como "posmodernidad " , "posestntct:uralismo", "temia poscoloriial " o "esntdios de Ia subal­ ternidad". En muchos casas, esta creciente circulaci6n ha estado marcada par posiciones abiertamente opuestas entre sus mas fer­ vientes defensores y quienes no le encuentran mayor relevan cia. No han faltado quienes les atlibuyen un Iugar epistemico privile­ giado para las ciencias sociales del pafs ni quienes los consideran simple y llanamente una moda pasajera e importada que fom e n ta el colonialismo intelectual y esci asociada a las ex travaga n ci as de laj erga deconstt'ttctivista. Enu·e estas posiciones exu·emas, se han ida incubando no pocos malentendidos. Una caracterizaci6n de lo que constituye los estudios culmrales permititia aborclar de for'" ma mas productiva estas pugnas y malentendidos. Sin embargo, Ia caractelizaci6n de los estudios cul turales no es tarea facil, ya que se encuentra plagada de disputas sobre como entender su especificidad, como trazar Iegftimame n te su genealogfa o cual es Ia relacio n con o u·as propues tas teoiicas difundidas hoy en el mundo academico (Grossberg, 2 0 1 0 ) . Es ta s disputas no son solo internas , esto es, en tre quienes dicen h acer estudios culturales, sino tambien enu·e academicos e in telectua-


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les que se posicionan par fuera (y, no pocas veces, abiertamente . en contra ) . Aunque no son exclusivas de los estudios culturales, estas discusiones evidencian no solo que internamen te no estan tan osificados como o tros saberes que se conciben a sf mismos como un canon naturalizado , sino que ademas dej an al descu­ bierto cuan "molestos" pueden ser para ciertas posiciones atrin­ cheradas e n supuestos epistemicos, teoricos o metodologicos que los estudios culturales ponen efectiva o imaginariamente en cuestion. Existe n al menos dos fo nnas de encarar la �arac tetizacion de los estudios cult urales. Una, que podrfamos llama � pmgramatica, consiste en, defender su especificidad desde la argume n tacion de ciertos crite rios. Esta fonna de pro ceder tiene la ve n taj a de disti n guir claram e n te los estudios cul turales de formaciones dis­ ciplinarias, corrientes academicas y elaboraciones teoricas con las que se tiende a confundirlos. No obstante, realizar este ejerci­ cio de carac terizacion puede ser problematico, ya que es posible caer facilmente en una posicion p rescriptiva que impone una particular concepcion tenida como paradigmatica, obliterando la pluralidad y contextualizacion que, como veremos, se con� sidera una de sus caracterfsticas. Ademas, un enfoque progra­ matico puede te nder a idealizar practicas que son mucho mas complejas y sabre las que se presentan no pocas contradicciones y tensiones. La o u·a forma, que se podria Hamar etnografica, consiste en pres­ tar mas atencion a las pr:icticas concretas, a los topicos estudia­ dos, a las publicaciones realizadas, a las inten•enciones politicas desplegadas par quienes sostienen que hacen estudios culturales. Esta forma de proceder penni tilia en tender los estudios cultura­ les en su complej idad y contra.tiedad, dimensionando las disputas y los disensos desde los con textos de su enunciacion . Tratare de esbozar, a c o n tin uaci o n , l o s rasgos de l a espe­ cificidad de los e s tudios culturales, desde la perspectiva p ro­ granuitica, p e ro sin desconocer algunos eleme n tos de arden etnografi c o . E n terminos exposi tivos, es quizas m as acertado comenzar, e n to nces, p a r aquellos rasgos sabre los que exis te mayor consenso, p ara ade n trarnos progresivam e n te en los te-


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES

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rr en os movedizos de las dispu tas mas airadas. Esta marrera de p ro ce der implica ir construyendo u n a cartografia de los es tu­ dios cultu rales que no p re tende aplacar los disensos, ya que e n estos se encuentra uno de sus a � p e c tos mas i n te resantes y fe­ cundos. Mas aun , el rechazo a establec e r una definicion ce rra­ _ da }' definitiva forma parte de u n o de sus rasgos m as preciados: "una de las caracteristicas disti ntivas de los estudios culturales es su antipatia a las d efiniciones congeladas que reemplazan el p ensamie n to creativo y p reviene la aplicacio n flexible" (Agger,

1 992 : 75 ) .

No obstante, la multiplicidad de versiones de lo que pueden ser los estudios culturales y la resistencia a una definic ion totalitaria y cerrada no significa que cualquier cosa que se haga en su nombre debe tener un Iugar en su inte1ior: no todo vale como eslutlios cultu­ rales. Como se sostendra mas adelante, h acer es tudios cul turales es mas complej o que el solo hech o de citar a un grupo de auto res o refelirse a de terminadas tematicas . En la actualidad, se puede registrar un creciente opo rtu nis­ mo en el "rfo revuelto" de los estudios cul turales. Hay quienes alegremente consideran que hacen estudios culturales par el hecho de estudiar la cultura, de ser " transdisciplinarios ", o par elucubrar sabre la globalizacion, las industrias culturales o la gestion cultural. Par otro lado, no faltan los que, indignados , acometen contra lo que imaginan que son los estudios cul tu­ rales, molestos par lo que consideran una impropia irrupcion en su disciplina. Aquf se encue n u·an anu·opologos que sien ten que les ha sido arrebatado "su" obj e to o que consideran que los estudios culturales estan de m as, que son redundantes, porque desde su propia disciplina ya se ha hecho o p uede hacerse Ia que estos pre tenden; los sociologos e histo riadores a quienes, mirando par encima del hombro, se les ocurre que eso de los estudios culturales es demasiado light o posmodemo; tam b i e n literatos, cm·adores y otros profesionales de la "al ta cul tura" que consideran profanada la esteticidad y superioridad civilizacio nal de los obj e tos cul turales que han cautivado su atencion, par par­ te de unos estudios culturales que los ubican ·en sus contextos de· produccion (haciendoles no mas, pero tampoco menos, que


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cualquier o tro producto cultural) y los trasladan al mundanal escenario de las disputas de poder."3 A causa de la convicci6n de que la especificidad del proyecto intelectual y politico de los estudios culturales importa y tiene mu� cho que aportarnos, es pertinente aclarar que, precisamente por su apuesta por la pluralidad y la context:ualizaci6n, no "vale todo", ni " todo es igual" en los estudios culturales. Estos no pueden ser lo que el caplicho de cada uno establece que sean. Y aunque, como acertadamente seiiala Mignolo, "Los estudios culturales no pueden identificarse con una agenda intelectual , sea esta la de Raymond Willia! ns o la de Stuart Hall, la de Lawr�nce Grossberg o de Nestor Garcfa Canclini" (2003b: 53) , de ella no se deriva que cualquier agenda cabe dentro ellos. Como argumentan Grossberg, Nelson y Treichler en su introducci6n a una de las primeras y mas conspicuas compilaciones en este campo, publicada en los Estados Unidos: Todavfa pensamos que importa como son definidos y conceptualizados- los estudios culturales. Aunque la pre­ gun ta de "que son realmente los es tudios culturales" po­ dria ser imposible de especificar para todos los tiempos y lugares, consideramos que en un contexto dado, los es­ ti.tdios culturales no pueden ser simplemente cualquier cosa ( 1 992: 3 ) . Los planteos expuestos e n este capitulo son e l resultado d e aiios de discusiones con estudiantes y colegas del primer programa de

53 En d iscusiones con algunos de estos c rfticos, no ha dejado de sorpren­ detme su abierta i gno ra ncia sabre Ia li teratu rn mas basica y ch1sica de los estud ios culturales. Muchos n o han atinado a enumerar u n solo libra o articulo lefdo de estud i os cul turales. Casi todos re prod ucen acrfticamen te l o que se cuestiona a los estudios culturnles en el tra­ b<Uo de Carlos Reynoso (2000 ) . En efecto, muchos de los malestares sabre los estudios culturales parten de un imaginario y de prejuicios caricatmizan tes y de segu nda mana, antes que de un ej ercicio serio de p roblematizacion de u n cam po que pocos se han tomado el traba­ jo de conoccr.


APUli.'TES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES

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posgrado de estudios culturales en Colombia, en el cual me de­ sempeiio como docente . Los debates sabre Ia especificidad y per­ tinencia de los estudios culturales tambien han sido recurrentes con colegas (que se imaginan denn·o o fuera de los estudios cultu­ ral es} de otras universidades del pafs y de o tros paises de America Latina. Por tanto, el presen te capitulo se puede entender como una puesta en limpio de una posicion con respecto a estas discu­ siones y debates, que ojahi contribuya a aclarar sus tem1inos en el marco de Ia creciente presencia y consolidaci6n institucional de los estudios cul turales en America Latina. ·

PARA PERFILAR CONSENSOS

Como ya seiiale, un paso importante en Ia caracterizaci6n de los estudios culturales consiste en identificar los rasgos m;\s ampl i a­ mente compartidos par las diferen tes vertientes y sabre los q ul' habrfa mayor consenso en cuanto a considerarlos critcrios que definirian el terreno de los estudios cul turales. Es importan tc te­ ner presente, sin embargo, que no todos los que consideran que haccn estudios culturales estanin de acuerdo en identificar estos cuau·o rasgos. Tal vez pueden p roponer ou·os mas, o considerar que alguno de ellos forma parte de una sola vertiente de estudios culturales. No obstante, como cualquier o tra fonnaci6n cliscursi­ va y dispositive institucionalizado, los estudios culturales no son cualquier cosa que los individuos se representen, incluso aquellos que supuestamente operan dentro de esta fonnaci6n y disposi­ tivo. H ay que recordar, ademas, que proponemos un abordaj e m as programatico que etnognifico para la iden tificaci6n d e estos rasgos.

DISTINCION ENTRE ESTUDIOS CULTURA.LES Y

ESTUDIOS S O B RE LA CULTURA.

Aunque no es dificil enconu·ar gente que dice hacer estudios cul­ turales por el mero hecho de que estan in teresados en estudiar


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fen6menos cul nt rales contemporaneos ,M una de las distinciones mas importantes p ara e n tender Ia especificidad de los plimeros radica en Ia diferencia taj ante que existe con los "estudios sob1-e Ia cultura". Para plantearlo de manera simple, digamos que los esntdios sabre Ia cultura constituyen un campo amplio y con tra­ dictmio donde se encuentran disfmiles encuadres disciplinatios, interdisciplinarios y u·ansdisciplinarios que se refieren a Ia "cultu­ ra" como su obj eto de analisis. Desde esta perspectiva, entonces, lo que se ha dado en Hamar "antropologia cultural", "sociologia de Ia cultura", "critic a cultural" y "estudios culturales" pertene­ c «: lia a este heterogeneo campo de los estudios sqbn1 Ia cultura. Por tanto, no se podrfa confundir esntdios culturales con estudios sabre Ia cultura, ya que los primeros sedan, a lo sumo, una parte o componente de los segundos. Si n embargo , existen algunas imprecisiones que deben evi­ tarse desde el p ri ncipia si se considera que los estudios cultu­ rales deben pensarse como parte de aquel campo. D e un lado, los estudios culturales n o son (o, al metl. os, no pre tenden ser) simple y llanamen te "estudios", sino constituirse como una prac­ tica i n telectual con una clara vocaci6n polftica. Del o t:ro lado, Ia "cultura" n o es un simple referente "alia afuera en el mun­ do", del cual tom arfan un aspecto o nivel de analisis, mien tras que o'tros saberes abordarian o tros aspectos o niveles . En Ia caracterizaci6n que realizare mas adelante , profundizare en es­ tos dos aspectos c ruciales en relaci6n con su especificidad. Por ahara, basta con indicar que los estudios cul turales no pueden confundirse con estudios sabre Ia cultura.

TRANS DISC IPLINARl EDAD

Tambien existe un virtual consenso en tre muchos de quienes ha­ cen estudios cul ntrales respecto de que Ia transdisciplinariedad

54 Como s os ti en e Cathe•i n e Walsh : ""En Am erica Latina, todavia se confu n d e n los estudios sobre Ia cultu ra con los estudios cultu rales" (2003b: 23 ) .


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 27

(o interdisciplinadedad en el vocabulalio de otros ) conslituye uno de sus rasgos distintivos: antes que disciplinatios, los estudios culturales establecerfan sus intervenciones desde un encuadre u-ansdiciplinario o , cuando menos, in terdisciplinalio. Esta trans­ disciplinaliedad estalia dada porque, para comprender las pro­ blematicas y preguntas propias de los estudios culturales, no basta con un enfoque o una metodologia de una de las disciplinas ya constituidas, como Ia sociologia, las ciencias politicas, Ia clitica Iiteraria o Ia anu·opologfa. Asf, las explicaciones de la cultura no se circunsCiiben a lo intrfnsecamente cultural (como tienden a hacer cierta antropologia y o tros reduccionismos culturalis tas) , sino que incorporan exterimidades, como las relaciones sociales, el poder o Ia economfa. Pero Ia u·ansdisciplinariedad a in terdisci­ plinariedad no se entiende en ellos como una mera yuxtaposicion mecanica de dos 0 mas disciplinas, e n una especie de simple su­ matmia que en ultima instanci a mantendria incolume la idcnti­ dad de cada una de elias. Se pueden identificar dos posiciones contralias extremas cuu respecto a esta transdisciplinariedad constitutiva de los es tudios culturales. D e un lado, aquella posicion que argumenta que la transdisciplinaliedad significaria en Ia practica un certificado de defuncion para las disciplinas o , cuando menos, para sus "versiu­ nes positivistas" que fragmentan la realidad (vease Florez, 2000) . Por tan to, desde esta postura, se consideraria a los estudios cul­ turales como una privilegiada sintesis supradisciplinaria. De o tro !ado , estaiia una posicion que asumiria Ia transdiscipli nariedad como una problematizacion de las disciplinas, sin que ello i m­ plique su negacion o supresion. En esta linea, podrian incluirse planteos como los de Santiago Castro-Gomez cuando argumenta que los estuclios culturales cleben pensarse como un campo de articulacion disciplinaria: "Los estudios culturales no son u n a 'an­ tidisciplina libre ' ' sino un area comun de conocimien to que ha conuibuido a una retroalimentacion de las disciplinas, esto e s , a una reestructuracion de los paradigmas u·adicionales" ( Castro­ Gomez, 2003: 71 ) . Algunos antropologos han afinnaclo, desacertadamente , que los estudios culturales pretenden arrebatarles su "objeto de estu-


1 2 8 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

dio", esto es, Ia cultura. Estos estudios son interdisciplinalios (o, mej or aun , u·ansdisciplinalios) porque su pregunta por las re la­ ciones entre cultura y poder los llevan mas alla de una disciplina ya constituida sabre lo cultural como Ia antropologfa: "la forma de su caracter interdisciplina1io es configurado sobre el reconoci­ miento de que mucho de lo que uno requiere para comprender las practicas y relaciones culturales no es, en un sentido obvio, culntral" (Grossberg, 1 9 97: 236) . Por tanto, su categorfa· de cultu­ ra no es equiparable a aquellas con las que ha operado el grueso de Ia antropologia. Si se confunden los u!rminos o las palabras con l�s conceptos o categorfas a las cuales se refiere, entonces no se comprendera que el concepto de "cultura" de los estudios culturales no es una apro­ piaci6 n (ilegftima, seguramente clesde Ia perspectiva de antrop6logos como Reynoso) de los elaborados por Ia anu·opologia. 5" En Ia anu·opologia, se han articulado categorizaciones de "cultura" dcsde diferen teS p erspectivas teOiiCas en SUS mas de cien aii.OS de existencia institucional: difusionismo, evolucionismo, materialis­ mo, ecologia cultural,-funcionalismo, esu·ucntralismo, intrepreta­ tivismo, posesu·uctu ralismo y performativismo son algunas de las tan tas e tiquetas que han circulado para dar cuenta de estas dife­ rencias e n su intelior. A pesar de ella, dos son los tipos de catego­ rizaciones que se han impuesto: la cultura como modo de vida y Ia cultura como sistema de significados o del arden de lo simb6lico. Para ciertas tendencias de los estudios culturales, la cultura res­ ponde a una problematica definida por su articulaci6n consti tu ti­ va con el poder y la representaci6n . Esto es, no se interesa par Ia cultura en si, como lo haria Ia an tropologia (u otros analisis cultu­ ralistas ) , sino par como se encuen u·a articulada constitutivamente con los dispositivos del poder (y de Ia resistencia) concretos, de

55 Michel-Rol p h Tmuillot ( [2003] 201 1 ) n o solo establece esta d istin­ cion e n tre palabras y conceptos, sino que tambien hace u n amilisis del co ncepto de cultu ra e n Ia an tmpologia estad oun idense y de como este tie n e grandes l i m i taciones e n e l imaginal"io social y pol itico co n u:mpornneo, al anicuhlr u n pensam iemo racialista desde un fu ndamenmlismo cultural.


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 2 9

particular relevancia politica para Ia comprension e intervencion en el presente. De ahf que el concepto gramsciano de "hegemo­ nia" haya sido de suma importancia en este tipo de amilisis. Los estudios culturales tampoco pretenden arrebatarle a Ia ci en cia polftica su objeto de estudio. La nocion de poder con Ia que se u·abaj a en elias no es Ia de las ciencias politicas, que tiende a circunscribirse a los aparatos de Estado, a Ia legitimidad del ej er­ cicio de gobierno y a Ia instin1cionalidad de Ia politica. Para los es­ tudios culturales, el poder es m as el ejercicio de ciertas relaciones de fuerza donde las subjetividades, corporalidades y espacialida­ des son producidas y confrontadas en diversas escalas {incluyendo las de Ia formacion del Estado, Ia nacion y el sistema mundo, no solo Ia filigrana de Ia individualidad o el lugar) .

POLITIZACION DE LA TEORIA

Y

TEORIZACION DE LO POLITICO

Un tercer rasgo sabre el cual existe cierto acuerdo consiste en que no se concibe a los estudios culturales como una labor exclusiva ni sustancialmente academica, sino que suponen una practica in­ telecty.al en estrecha relacion con intervenciones politicas concre­ tas. El proposito no es Ia acumulacion ampliada del conocimiento par el conocimiento mismo; ni su ostentacion, el conocimiento­ florero, el de Ia nota a pie de pagina o el enciclopedico, el que se considera relevante desde los esntdios culturales. AI conu·ario, los estudios culturales constin1yen una p ractica intelectual que se articula politicamente, en tanto "buscan pro ducir conocimien to que ayude a la gente a en tender que el mundo es cambiable y que ofrezca algunas indicaciones sabre como cambiarlo" (Grossberg, 1 997: 267 ) . Esto es lo que Smart Hall ha denominado Ia "vocacion polftica" o Ia "voluntad politica" de los estudios cul turales. Considerar a los esn1dios culturales como una practica intelec­ nlal nos invita a no superponerlos o subsumirlos en lo academico. Esto no quiere decir que los estudios cul turales no puedan ni pre­ tendan estar en ese ambito, sino que su horizonte de in tervencion y de existencia no se puede limitar al establecimien to academi­ co. Tambien es importante resaltar que su articulacion politica se considera una forma y no La forma de politizar la teoria y de


1 30 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

temizar lo politico. Lo que se conoce como "teoria critica" o Es­ cuela de Frankfurt es o tra forma de politizar la teorfa y de temizar lo polftico, pero no la forma de los estudios culturales. Si bien es cierto que, como indica Agger ( 19 9 2 ) , los estudios culntrales son teoria clitica o no son, de esto no se deiiva que toda temia clitica constintye estudios culturales. Los estudios culturales, como toda teoria critica, problemati� zan el imaginaiio positivista de un conocimien to por fuera de lo. politico (la t3Jante distincion enu·e hecho y valor, entre sujeto y obj eto , asf como la posibilidad de la neutralidad valorativa) para considerar que el saber tiene sentido en tanto se articula con la u·ansfo rmacion social, con un proyecto polftico. P ero constituyen una particular modalidad de teorfa crftica, dado su especffico estilo de practica intelecntal. No pretenden ser una filosofia ni operan en los niveles de abstraccion conceptual, como lo hace la Escuela de Frankfu rt. En tanto se basan en amilisis empiiicos, los es tudios culturales pretenden Ia 11 gurosidad en la argumentacion; suponen ejerci­ cios de investigacion-concre tos, manej o de la bibliograffa perti­ nente, u·abaj o de ten·eno y sabre fuentes documentales, porque la comprension de lo concre to en su especificidad y densidad no es reemplazable con simples elucubraciones teoricas ensimismadas y sin asideros en investigaciones especfficas. Esto no quiere decir que sean antiteoricos ni que esgriman un e1ppi1ismo ingenuo. Existe en ellos una sensibilidad teorica que no se puede confun� dir con el fetichismo te6Iico. No es lo mismo utilizar Ia teorfa para la fonnulacion de nuevas problemas y el planteamiento de preguntas, estrechamente asociadas al amilisis de lo concreto, que quedarse en la exegesis 0 el esnobismo teoretico. De ahf que, para los estudios culturales, la teoria es comextual­ mente especffica: "Si la teoria de uno le ofrece de antemano las respuestas porque dicha teorfa viaja con uno a u·aves de y en cada contexto , pienso que uno no esta hacienda estudios culturales" (Grossberg, 1 997: 2 62 ) . La teorizacion relevan te no es Ia de las alambicadas elucubraciones que en su pura absu-accion con tie­ nen todas las respuestas sabre el munclo. Desde Ia perspectiva de quienes sostienen esas abst1-acciones angelicales, no hay que


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 3 1

esfo rzarse intelectualmente , ni enlodarse desplegando las investi­ gaciones y pesquisas concretas que hacen emerger el conjunto de arti culaciones consuictivas de un suceso o de una pnic tica social , ni en tratar de vislumbrar sus vinculos historicos esu·ucturales. Y cuando es tas personas se taman Ia molestia de ojear los archivos o el ten·eno, lo hacen desde una violencia epistemica que los lleva sim­ plemente a "enconu·ar" lo que ya se sabia de antemano. Nada mas opuesto al lugar y a la concepcion de Ia teoria en estudios cultura­ les. Con base en el trabaj o sabre lo concreto, existe Ia posibilidad de elaborar formas de autmidad intelectual que, sin pretension de totalidad o universalidad, sean consideradas mejores fonnas de entendimiento sabre el mundo. De manera que no pueden juzgarse como una apologia al relativismo epistemico y, menos aun, de corte culturalista. Los estudios culturales tampoco entienden la temizacion de lo politico y Ia politizacion de lo teorico como una simple deriva­ cion de las politicas de la identidad de un sttieto subalternizado o "anonnalizado" (ya sea racial, etnica o sexualmente } . En este campo, lo polftico es con textualmente especffico , esto es, los si­ tios, objetos y fmiDas de las luchas de poder deben entendersc con textualmente. Las implicaciones politicas no estan inscritas in­ disolublemente, de una vez y para siempre, en Ia "naturaleza" de una posicion o plan teo. La que en un contexto puede ser politica­ mente progresista, en o u·o momenta o contexto puede ser abier­ tamente reaccionario. El nacionalismo fue Ia fuerza que alim ento muchas de las luchas anticoloniales en Africa y Asia, pero tam bien permi tio el ascenso del nazismo o de los fundamentalismos de la nueva derecha en Europa y los Estados U nidos. La apelacion a la indianidad, a Ia subalternidad, a los derechos humanos, a las inequidades de genera o al derecho a! aborto desde ciertos movi­ mientos sociales es a menudo resiste ncia abierta a! statu quo pero , e n ou·os contextos, puede operar como un aliado d e las fuerzas conservadoras y de derecha. Los esntdios cul turales son sensibles al caracter con textual de lo politico y a Ia necesidad de no obliterar el trabaj o intelectual setio, en oposicion a Ia fetichizacion de ciertas practicas y acto res, que muchos, con un facilismo politico bastante extendido, man-


1 3 2 ANTROPOLOGiA.

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ESTUDIOS CULTURALES

tienen fuera de todo escmtinio ( Grossberg, 2 0 1 0 ) . "Pesimismo del intelecto, optimismo de Ia voluntad": principia gramsciano que define este rasgo de la contextualizaci6n polftica en los estu­ dios culturales y su renuencia a sustituir el trab aj o intelectual por lo moral o lo politico . Es decir que, a menudo, en nombre de una posicion que se enuncia como politica o moralmente correcta ( que se asocia en una correspondencia directa a sectores explota­ dos, marginados y subordinados) , el trabaj o intelectual se reduce a celebrar y a hacerse eco de lo que se considera "progresista" de una vez y para siempre: no opera en esos casas el pesimismo del intelecto, no se escudriiian las complejidades, paradojas y tensio­ nes de Ia politica y moralmente correcto. Desde Iuego , los estudios culturales no se cm 1sideran a si mis­ mos como el paradigma o la panacea de la politizaci6n del trabajo intelectual y de la· tcmizaci6n de la agenda politica: Pienso que los estudios culturales son una particular for­ ma de contextualizar y politizar practicas intelec tuales. No obstante, los est.udios culturales no son una panacea intelectual, ni siquiera un nuevo paradigma intentan­ do desplazar a todos los competidores. No son el unico cuerpo importante de trabajo politico-intelectual , tam­ poco el unico enfoque comprometido con la interdisci­ plinariedad ( Grossberg, 1 997: 246) .

CONTEXTUALISMO RADICAL: A.t'\'TIRREDUCCIONISMO Y

TEO RIZACION SIN GARANTI AS

O tro aspecto bastante consensuado entre muchos adeptos de los estudios culturales es que estos deben pensarse como una reac­ ci6n a las diferentes modalidades de reduccionismo: "como pro­ yecto los estudios culturales buscan pnicticas capaces de acoger Ia complej idad y la contingencia, y de evitar cualquier especie de re­ duccionismo" (Grossberg, 2006: 47) . Reacci6n a los reduccionis­ mos de las expresiones del economicismo, del culturalismo, del textualismo. Es decir, a toda resuicci6n de Ia comprensi6n o el es­ clarecimiento de una problematica (ya sea culntral, de represen-


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 3 3

taci6n o d e poder) a u n aspecto o ambi to privilegiado, que arroj a al mundo d e la epifenomenalidad, d e la irrelevancia explicativa, el resto de aspectos o ambitos de Ia vida social. Desde los estudios culturales se busca superar los analisis que han convertido a la cultura en una variable sometida y dependiente de lo econ6mi co (como lo hacen las diferentes vertientes del economicismo ) , sin caer en el extrema de pensar Ia cultura como una entidad aut6no­ ma y autocontenida que se puede explicar exclusivamente en sus propios terminos (como a menudo lo ha hecho Ia an tropologfa) . En general, desde estos encuadres reduccionistas, la especificidad y densidad de lo concreto es dej ado de !ado, pues solo adquiere relevancia en tanto constataci6n de unos modelos te6ricos que existen de antemano. En oposici6n a este reduccionismo te6rico, los estudios cul­ turales se plantearfan como up. contexlualismo radical, como una temizaci6n de lo concreto, como una teorfa sin garan tfas. Para Grossberg ( 1 997, 2 0 1 0 ) , incluso, este rasgo del contexmalismo radical serfa especffico de los estudios culturales; es, ante todo, un tipo de pensamiento relacional que argumenta que cualquier practica, even to o representaci6n existe en una red de relaciones, por lo que no es anterior ni puede existir independien temente de las relaciones que lo constituyen: "La noci6n de contextualismo en los estudios culnu-ales es la idea de la relacionalidad, es clecir, el posntlado de que Ia relaci6n precede -es mas fundamental o n­ tol6gicamente- a los tenninos de la relaci6n" (Grossberg, 2006: 49 ) . De ahf que Ia categorfa de "contexto " planteada en estuclios culturales se refiera a esta clensa red de relaciones consti tuyentes de cualquier practica, evento o representaci6n. Esto supone ta­ mar distancia de una noci6n de contexto como simple tel6n de fonda o el escenario donde sucede algo, para considerarlo como su condici6n de posibilidad. Esta diferencia enu·e el contextualismo radical de los esntclios culturales y otro tipo de aproximaciones, como los estudios racia­ les, es identificada por Hall en su conu·ibuci6n al libro colectivo Policing the Crisis, dedicado a Ia articulaci6n en tre racializaci6n y panico moral en el ascenso del neoconservadmismo y el thatche­ rismo en Ia Inglaterra de finales de los aiios setenta. Los esntdios


1 34 ANTROPOLOGIA Y ESTUDIOS CULTURALES raciales (o antropol6gicos y sociql6gicos) no piensan a menudo en tenninos de formaciones "racializadas" , sino que estudian el racismo en sf mismo; no enfatizan -como se hace en los estudios culturales-, en las articulaciones de lo racial con otros aspectos de la vida social y polftica en los que se configuran la hegemon fa y las dispu tas de poder atravesadas par las practicas de significaci6n. El contextualismo radical de los estudios culturales permite com­ prender, par ejemplo, las transformaciones en -Ia reconfiguraci6n de la hegemonfa en t�na fonnaci6n social detenninada desde Ia racializaci6n de la criminalidad. Finalmente, es importante indicar que no hay que confundir contexto con escala. El contexto no se refiere a lo micro o Io local, por· oposici6n a una escala mas macro o global (McCarthy, 2006 ) . El contexto esta consti tuido par el en tramado de las relaciones (o articulaciones, si p refetimos un vocabulat2 o mas tecnico) consti­ tuyentes de un hecho (practica, represen taci6n, evento ) que pue­ de incluir diferentes escalas, pero siempre referidas a Ia concreto, es decir, a lo existente en un Iugar y momenta dados.

·

Los rasgos presen tados definitian un terreno dentro del cual se articulan diferentes vertientes de los estuclios culturales. Con es­ tos rasgos no se estan definiendo contenidos, tematicas, autores _ o metodologfas de investigaci6n que garantizarfan que ciertas practicas intelectuales pertenezcan al terreno de los estudios cul­ turales. Haccr estudios culturales no es simplemente citar a Stuart Hall (o a Foucault, D eleuze o Negti ) ni recunir a conceptos que comunmente se asocian con los estudios. culturales, como los de hegemonfa o articulaci6n. Tampoco hay garantia de estar ha­ cienda estudios culturales al estudiar Ia cultura (ni siquiera como proceso articulado a l as u·ansfonnaciones globales) o, incluso, las relaciones e n tre es ta con Ia polftica o el poder. Estudiar tematicas como cultura popular, medias de comunicaci6n, cibercultura, el capitalismo como hecho cultural o Ia globalizaci6n, o realizar un estudio empfrico de Io concreto no es suficientc para considerar que uno se encuentra en ei terreno de los estudios culturales. Me­ nos aun, asumir un compromiso polftico con sectores subaltemi­ zados como parte de Ia labor intelectual, o el de devenir en "ges-


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES

135

tor cultural" enmarcado e n las polfticas culturales, generalmente asociado a instancias o entidades gubemamentales. Los estudios culturales tam poco son definidos por las tecnicas de investigacion utilizadas: el amilisis de discurso no garan tiza que se esten hacien­ da estudios culturales como, a Ia inversa, la utilizacion de Ia etno­ grafia no dete1mina necesariamente que un trab<9o sea antropo­ logico y no uno de estudios culturales. Son las particulares amalgamas de los rasgos expuestos las que nos permiten detenninar si una pr.ictica intelectual se insc1ibe o no dentro del terreno de los estudios culturales. De una forma esquematica, esos rasgos se pueden presen tar asi.

1 . Su problematica, centrada en la imb1icacion de dos aspectos mutuamente cons tituyentes: lo cultu ral y l as relaciones de poder, lo q u e pennite q u e no se con­ fundan los estudios culiurales con estuclios sobre la cultura. 2. Su enfoque transdisciplinari o , surgido de una es trate­ gia explicativa que cuestiona los reduccionismos que . buscan explicar solo desde una dimension 0 cliv::Y e particular: el cul turalismo es un reduccionismo a la cultura, el textualismo es un reduccio nismo a lo textual, el economicismo es un reduccionismo a lo economico. 3. Su explfcita vocacion polftica, en el sentido de que lo que se busca con los estudios culturales no es sim­ plemente producir mejor teorfa para acumular cono­ cimiento, sino que es un saber para intervenir en el mundo, para desatar relaciones d e explo tacion, domi­ nacion y st�ecion culturalmente arti culadas. Esta voca­ cion polftica no es un antiteoricismo ni, m uc h o m e n o s , una simple sustitucion por la polftica del conocimiento concep tual y empfricamente riguroso. 4. Su contextualismo radical, que argumenta que la estrategia de metoda que define a los estuclios cultura­ les es el es tudio de contextos concretos. Los contextos concretos no son un asun to de escalas (no se refieren a


1 3 6 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

lo micro y lqcal ) , sino de articulaciones significantes y de relaciones de poder que han pe1mitido la emergen­ cia y particular configuraci6n de una serie de practicas o hechos sociales,

DIS PUTAS

Se podria afirmar que no habria m ayores diferencias de opinion entre los practicantes de los estudios culturales en los. puntas · planteados hasta aqui; o, mej or, que estos puntas no provocarian una �eaccion airada. Las disputas mas radicales se encuen tran en otros aspectos. En este apartado se abordaran aquellas que pue­ den tener mayor significado para comprender la especificidad de los alcances y limites de este campo. Sin Iugar a dudas, el listado de debates puede ampliarse bastante, pero la idea no es formular de m anera exhaustiva togas los que se han suscitado, sino mas bien con tar con elementos de j uicio para dar mayor espesor a la caracteiizacion anteiior, por media de la identificacion de algu­ nos debates centrales.

GENEALOGIA/ S

Se ha e ntablado una disputa en cuanto a la genealogia de los es­ tudios culturales. De un lado se encuentran quienes otorgan un gran peso al Centro de Esntdios Culturales Contemporaneos ( Cen­ terfor Contempomry Cultural Studies, CCCS) en la Universidad de Bir­ mingham y a lo que, mas generalmente, se conoce como los estu­ dios culturales britanicos. Del o tro, estan quienes consideran que es mas adecuado pensar en multiples genealogias (aunque no se haya apelado al nombre de estudios cul turales) y que los estuclios culturales biitanicos (y el CCCS) constituyen solo una de ellas. En la plimera posicion se ubicarian quienes esgrimen Ia inter­ pre tacion de que los estudios culturales tienen un clara y unico migen en las actividades intelectuales y en los pe �sonajes asocia­ das al CCCS. Para ellos, los nombres de Richard Haggart, Ray-


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 37

mond Williams, E. P. Thompson y, posteriom1ente, Stuart Hall corresponden a los "padres fundadores" de los estudios cultura­ les. Sus ya clasicos trabaj os56 perfilaron problematicas constintti­ vas y aportaron a I a identidad de los estudios culturales desde los aiios sesenta. Esto se encuen tra asociado a Ia institucionalizacion a n·aves de Ia inauguracion del CCCS en 1 964 baj o Ia direccion de Haggart y, sobre todo, a Ia dimimica inu·oducida por Stuart Hall como su segundo director desde 1 968 basta 1 979. Desde esta perspectiva, los aiios ochenta y !lOVen La deben en­ tenderse basicamente como los de Ia intemacionalizaci6n y expan­ sion de los esmdios culturales, p1incipalmente con su llegada y consolidaci6n en los ambi tos estadounidense y ausu·aliano. La conferencia intemacional ti ntlada "Los estudios culturales ahora y en el futuro" ( Cultuml Studies Now and in the Future) , realizada en abril de 1990 en Ia Universidad de Illinois, Estados Uniclos, serfa uno de los hitos mas relevan tes e n esta etapa.57 Desde esta Hnea de razonamiento , el siguiente paso en la internacionalizacion de los estudios culturales lo constimye su expansion bacia regiones como Asia y Amelica Latina a partir de Ia segunda mi tad de los aiios noventa. Quienes suscriben este modele de internacion alizacion y ex­ pansion de los estudios culturales desde un nucleo miginario no necesa1iamente consideran que estes se mantengan iguales en to­ das partes. Pueden perfectamente argumentar que, en cada uno · de los lugares a los cuales han llegado , han evidenciado trans­ formaciones e inflexiones que se corresponden con las caracte­ rfsticas intelectuales e institucionales locales. La diferencia enu·e las distintas modalidades existentes en el mundo se entendelia, entonces, como adaptacion e indige.n izacion de un unico nucleo originario. Para algunos, estas diferencias hablian adquirido tal

56 The Uses of Litemlure ( 1 95 7) , de Hoggart; Culture & Society ( 1 958) y 77u: Long Reuolution ( 1 96 1 ) , de Williams, 171e Maflillg oftlze English H11rlcing Class ( 1 963), de Thompson. 57 Se publico una compilaci6n de esta confe1·encia que se convi rtio nipidamenle en uno de los "chisicos" de los estudios culturales: Grossberg, Nelson y Treichler ( 1 992 ) .


1 3 8 ANTROPOLOGiA

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ESTUDIOS CULTURALES

profundidad que hoy dificilmente se podria hablar de una esp e­ cificidad de los estudios culturales e n general (solo seria posible p ara cada una de sus articulaciones locales ) , mientras que para o tros, en tanto se hable de estudios culntrales, no puede dej ar de existir un canicter comun subyacente a las m(tltiples diferencias, garantizado par una iden tificacion con el estilo intelectual y polf­ tico desplegado par ese nucleo oliginal. Esta genealogfa unica, con un oligen definido que · se difun­ de cada vez mas par el mundo entero, ha sido cuestionada par diversos antares (dentro y fuera de los estudios culturales) . Para estos, los esrudios culturales blitanicos constituyen una tradicion, importante sin duda, pero no Ia unica ni Ia oligi n alia de la cual se derivarian las demas . Asf, argumentan que en o tros contextos sociales e intelectuales, como en Ame1ica Latina, se han desarro­ llado u·ad�ciones independientes (volvere mas adelante sabre el · debate de si es pertinente llamarlas asf) , anteriores incluso a los estudios culturales britanicos. Par tan to, estas tradiciones Iatinoa­ m ericanas ( o australianas, asiaticas o estadounidenses) , no pue­ den entenderse como simples extensiones de los presupuestos y las elaboraciones realizadas par los estudios culrurales brit:inicos. D esde esta perspectiva, entonces, habrfa multiples genealogfas de los estudios culturales y, lo que en un lugar determinado se prac tica con ese nombre, responde a sus trayectorias y tradiciones intelectuales en relacion no solo con especfficos establecimien­ tos academicQs y articulaciones polfticas locales, sino tambien con la geopolftica del conocimie n to global. El enunciado de Je­ sus Martfn-Barbero ( 1 9 9 6 ) de que "Noso tros habfamos hecho es­ tudios culturales mucho antes de que esta etiqueta apareciera", caprura elocuentemente esta posicion. Desde esta perspectiva, Ia cen tralidad de los britanicos en las historias y narrativas de los estudios culturales deberia explicarse en terminos de geopolftica del conocimiento . Par tanto, como argumen tan Abbas y Nguyet Erni (2004) , se requiere provincializar y descenu·ar el modelo de los estudios cul turales b1it:inicos para constiruir unos realmente inte rnacionales. Para este conjunto de antares, entonces, los es­ tudios culturales deben comprenderse no como una unica tradi­ cion, sino como una comunidad transnacional de argumentacion


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 3 9

en Ia cual confluyen diferentes locus de enunciaci6n y tradiciones intelectuales.

COLONIALISMO INTELECTUAL

Una discusi6n relacionada con la ante1ior consiste en la

fo rma

de interpretar el creciente in teres en los estudios culturales en algunos parses de America Latina, y la pertinencia de apoyar tan­ to la creaci6n de programas de formacion en las universidades baj o esta denominacion , como Ia articulacion de redes , even tos o publicaciones en estudios culturales .58 Al respecto, Daniel Mato (2002) ha argumentado que en muchos p arses de America Latina la importacion de la e tiqueta de estudios culturales en Ia creacion de programas universitarios, en Ia realizacion de eventos acade­ micos y publicaciones o como mat1iz de interpretacion de lo que se produce en la region implica no solo Ia obliteracion de las re­ laciones espedficas entre las practicas intelectuales sabre cultura y poder y los procesos sociales desde los que han operado gra� parte de los intelectuales en Ia region, sino que tambien es una expresion de un nuevo colonialismo intelectual de expansion del es­ tablecimiento estadounidense (en particular sus area studies) , de sus p rincipios de inteligibi lidad y "polfticas de Ia ignorancia". El colonialismo intelectual asociado a Ia importaci6n descon­ textualizada a los parses de Ame rica Latina de ciertas modalida­ des de estudios culturales (sabre todo de las versiones textualis­ tas, Light y posmodernas estadounidenses de los departamentos de literatura inglesa o de los Latin American Studies) es una de las acusaciones mas recun-en tes por parte de diferentes academicos, tanto en el campo de las humanidades (Richard, 200 1 ) como en el de las ciencias sociales (Follrui, 2003 ) . Frente a este tipo d e argumentacioucs, autores como 'Wal ter Mignolo ( 2003b, 2003c) han suge1ido que en los estudios cultura-

58 Para un in teresante debate al respecto, vease Ia i n troducci6n y los ca­ pftulos de Daniel Mato y Walter Mignolo en el libro colectivo editado por Walsh (2003a) .


1 40

ANTROPOLO GIA

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ESTUDIOS CULTURALES

les de Ia region debe diferenciarse entre los proyectos insti tucio­ nales y los intelectuales. Los primeros responden a las din:imj.cas y presiones del mercado y de Ia geopolitica del conocimiento, par lo que no sorprende que en esta epoca de creciente inj eren­ cia del modelo corporativo del establecimiento academico esta­ dounidense en las universidades de America Latina se busque crear programas de estudios culturales. No obstante , los proyectos intelectuales que pueden adoptar esa denominacion no necesa­ riamente tienen que responder a I a importacion de la.S agendas, auto res y problemas de los cultural studies estadounidenses o briti­ nicos. Mignolo esti pensando en ejemplos como el doctorado de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad Andina Simon Bolivar en Qui to, cuyo proyecto intelectual ha sido el de la decolonialidad: cuando desde Ame1ica Latina se dice que los "estudios culturales" son proyectos del Primer Mundo o de Esta­ dos Unidos, o imperialistas o como se quiera, se asume que junto con el nombre llegan tam bien los proyectos in telectuales. Esto es, que aceptar el nombre es tambien aceptar los proyectos intelectuales. Las casas pueden sin duda ser asf, pero no tienen que serlo ( Mignolo, 2003c: 4 1.2 ) . Retomando la distincion de Mignolo y teniendo en mente l a aceFtada critica de autores como Mato , Richard y Fallori, u n o se podria preguntar entonces si u n p royecto intelectual inspirado en cierta vertiente de los estudios culturales (que podria llamarse "coyunturalista" y que se encarna en autores como Stuart Hall y Lawrence Grossberg) necesa1iamente implica una omisi6n de las tradiciones y pnicticas intelectuales locales de la relaci6n entre cultura y poder; y tam bien, si este proyecto intelectual puede ope­ rar dentro de las insti tuciones ya existentes (por ej emplo, solo en Bogota ya existen tres maestrfas en estudios culturales) como una intervencion estrategica desde esta modalidad de temia crfti­ ca para problematizar Ia crecien te elitizaci6n, banalizaci6n y cor­ porativizacion del establecimien to academico en gran parte de


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 4 1

los paises latinoamericanos. 0 , para plantearlo e n o tros tenninos, �acaso no valdra Ia pena disputar los contenidos de lo que se ha ido posicionando iil.stitucionalmente como estudios culturales, conu·a el reacomodamiento elitista y el letargo polftico del esta­ blecimiento academico?

EQUIVALENCIA ( 0 NO) CON TEORIA SOCIAL Y

CULTURAL CONTEMPORANEA

Otra discusion se refiere a como situar los estudios culturales con respecto a o tras conientes intelectuales q1.1e circulan en los esta­ blecimientos academicos. Para algunos autores (dentro y fuera de los estudios culturales) , existe una equivalencia entre aquellos y las teorias posmodernas, la teorfa poscolonial o los estudios de la subalternidad.59 Consideran que las citas de Foucault, Deleuze , Denida, Laclau o Negri y Hardt son una indicacion de que se est:i frente a un trabajo de estudios culturales (sabre todo si se usan palabras como "eurocenuismo", "transdisciplinario", "polfticas . de la representacion" , "glob alizacion" o "biopoder") . Todas estas corrientes intelectuales y autores se confunden en los estudios culturales, gran campo que l os contendxia y reunixia en su seno. Dentro de esta posicion, se encuentran u·abajos inu·oductmios como el de Sardar y Van Loon (200 5 ) , don de p rcicticamente se taman como equivalentes los estudios culturales y la teoria cul­ tural y social contemporcinea: Edward Said, con su u·ab� o sabre o rientalismo, Gayaui Chakravorty Spivak con su cxitica a Ia auto­ ridad intelectual y las politicas de representacion del subalterno, los estudios de la subalternidad, la teoria queer, D onna Haraway y la globalizacion . . . todo cabe dentro de los estudios cul turales.611

59 P re fi e ro trnd ucir subaltem studies como "estudios de Ia subal temidad" antes que como "estudios subaltemos" : que se pretenda capturnr Ia perspectiva del subalterno n o es lo mismo que cal i fi carlos como subal· ternos. Sobre esta discusi6n, vease Beverle)' (2004) . GO Esto no sucede solo con es te tipo de textos i n troductorios; tambien se puede encon trnr tal supuesto de equivalencia e n el gmeso de las compilaciones que circulan en Ia academia estadounidense. Vease , por ejemplo, During ( 1 993 ) .


1 4 2 ANTROPOLOGiA. Y ESTUDIOS CULTURALES Para o tros autores ( tambien practicantes o no de los estudios cul turales) no se puede establecer esa equivalencia. En p1imer Iugar, y de manera general, porque diferencian entre estudios culturales y estudios sabre la cultura ( como se expuso anterior­ mente ) . En segundo Iugar, porque es necesa1io comprender las inscripciones historicas especfficas , epistemicas y politicas de las diferen tes corrien tes intelectuales. Asf, afinnan que confundir la teo rfa posmoderna con los estudios culturales (en Birmingham , par ej emplo ) es evidenciar que no se han comp re ndido las u·ayecto rias, supties tos e insCiipciones de estos dos proyectos contrarios. Quienes consideran a los estu dios culturales como posmoderno$ tienden a confundir, i ncluso, esa teolia con el posestruc turalismo. La· teorfa posmoderna puede considerarse como una inversion de los paradigmas modernos de explicacion de lo social e hist6rico y de articulacion de la polftica. Es la negacion epistemica de las me tanarrativas modernas sabre lo social, sabre el suj e to o Ia historia, donde las nociones de totalidad social y de detennina­ cion son radicalmente �uestionadas (Morley, 1 998) . Par eso, para sus crfticos, Ia teoria posmoderna constituye otra metanarrativa en negativo (una antimodernidad, si se quiere ) , una gran nega­ cion reactiva a cualquier p osibilidad de pensar Ia totalidad social y cualquier principia de determinacion. Todo esta "libremente flotan te" y cualquier enu·amado de identidad, institucional o de agenda social, no es mas que alga arbitralio sin ningii n punta de fy acion o sedimentacion que lo constituya.61 El posesU'l.tcturalismo, en cambia , es una coniente teolica que se asocia al "giro discursivo", a una redefinicion del sttieto y la des­ totalizacion de la nocion de esu·uctura. En este sentido, la -teolia posestructuralista ha cuestionado los modelos de subjetividad e iden tidad existentes, en tanto suponen Ia nocion liberal burguesa del individuo autonomo que preexiste a las relaciones sociales.

61 Tambien debe tenen;e p resentc que existen diferencias emre teorfa

posmodema, posmodem idad y p osmodernismo. Sobre es1as distincio­ nes, vease Morley ( 1 998) .


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 43

Especificamen te, el posestructuralismo consiste en el conj unto de posibilidades analfticas que se desprenden del giro discursive (que se diferencia del textual y del henneneutico) argumen tan­ do: que la realidad social es di s cursivamente constituida ( que no es l o mismo que decir que es solo discurso ni, menos aun, que el discurso es igual al lenguaj e ) , problematizando asi la distinci6n ontol6gica entre lo real y la representacion ; que los sujetos son producto de condiciones historicas especificas desde las cuales ar­ ticulan su agenda, la cual no se agota en la reproducci6n de las condiciones de su emergencia; y que la nocion de totalidad social es solo provisionalmente cenada, un punta de llegada antes que de partida del amilisis. Inspirado en la genealogia foucaulti ana y el deconsuuctivismo denideano (sin que Foucaul t o Denida sean posesu·uc turalistas en sentido esuicto ) , el poses tmctur£!.­ lismo es una "invencion " estadounidense elaborada en los ai1os ochenta.62 De esta man era, aunque no pocas vertien tes de los estudios cul­ turales se alimentan del posesu·ucturalismo, esto no significa que sean equivalen tes a el y, mucho menos, a la teoria posmoderna. Es mas, si en los estudios culturales pueden resonar aspectos del posestmcturalismo y sus conuibuciones, su antirreduccionismo y una teorizacion sin garantias los conducen a un Iugar opuesto a Ia teoria posmoderna. En una palabra, en terminos epistemicos y politicos, Ia teolia posmodema es incompatible con el proyec­ to de los estudios cul turales. Par tanto, se p uede considerar que Ia expresion "estudios culturales posmodernos" constituye un oximoron.63 Los estudios de ·la subalternidad se remontan al trabaj o de un gmpo de estudiosos de la India a p1incipios de los anos ochenta,

Para profundizar e n Ia caracte rizac i6n del posestructm-alismo,

veanse Gibson-Gmham ( 2002) y Laclau ( [ 1990] 2000 ) . 6 3 Esto n o quiere decir q u e n o se a difici l encon tra r academicos q u e se imaginan haciendo estudios cul turales, pero que en Ia p ni.c ti c a est.-in

62

operando desde posiciones posmoderuas, conu-adicto rias con I o q u e hemos mostrado que consti tui rfa culturales.

Ia especificidad de l os estudios


1 44 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

que buscaban cuestionar las vertientes de las historiograffas elitis­ tas dominantes ( tanto Ia colonial como Ia nacionalista) sabre su pafs. Esta es una perspectiva que resalta Ia agenda de los sectores subalternos. Sus problemas por las fuentes, Ia represen tacion del subalterno y los limites de Ia histmiografia que atraviesan Ia ex­ periencia colonial y poscolonial de Ia India son fundamentales. Influidos, sabre todo e n un comienzo, por Gramsci y posterior­ mente por el posestruc turalismo, se· diferencian clarameQte de Ia carac terizacion de los estudios culturales que hemos presentado en Ia primera parte de este articulo. Los estudios culturales pue­ den retomar algunas de las elaboraciones y problematicas de los estudios de Iii subal ternidad, como lo relativo a las politicas de Ia representacion (Rodiiguez, 201 1 ) . Pero de esto no se sigue que los ultimos sean necesariamente estudios culturales (o viceversa) . En este sentido, John Beverley, una de las figmas fundadoras del Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos, considera: "en vez de pensar que los estudios subalternos son un componente dentro de los estudios culnt rales, seria mas correcto decir que re­ presentan una manera_ alternativa de articular las preocupaciones de los estudios culturales" ( 1 996: 9-1 0 ) . Algo analogo puede argumentarse para Ia teorfa poscolonial. Esta teo ria se refiere a Ia expedencia colonial como estntcturante tanto del colonizado como del colonizador, no solo en el pasado sino tambien en el presente. El colonialismo continua teniendo dectos estructurantes de subjetividades, corporalidades, conoci­ mie n tos, espacialidades y pnic ticas sociales. El trabaj o de Edward Said, Orientalismo, constituye un referente fundacional de los es­ tudios y de Ia temia poscolonial. Autores como Fran tz Fano n son "redescubiertos" e incorporados en las genealogfas de este tipo de estudios. Nuevamente, no se puede confundir estudios culturales con teoria poscolonial, aunque esta l"tl tima haya sido inspiradora y sea apropiada por los p1imeros.

TEXTUALISMO

Tambien se discute sabre la interpretacion de las inflexiones en los estudios culturales desde Ia teo rfa l iteratia. Para quienes se


APUNTES S O B RE ESTUDIOS C U LTURALES 1 45

paran del lado de las ciencias sociales, lo que ha sucedido con la u·aslaci6n de los estudios culturales britanicos a los Estados U ni­ dos a finales de los aiios ochenta y principia de los noventa es una tendencia bacia su textualizaci6n, y esto ha implicado la paula tina perdida de in teres par "el control empfrico y metodol6gico de sus afinnaciones" ( Casu·o-G6mez, 2003: 63) asociada a la crecien te in­ fluencia de las teorfas literarias del establecimiento universitario estadounidense; asf, dicen aquellos cliticos, los estudios culturales se han textualizado, lo que en muchos casos ha significado: "su despolitizaci6n, amplitud y la fal ta de rigor y seriedad metodol6gica" (Walsh, 2003b: 23) .(;� Las crfticas sabre la textualizaci6n de los estudios cul turales se pueden resumir de la siguiente manera: 1. Una marcada despolitizaci6n, puesto que lo politico se circunscribe a la deconstrucci6n textual, confundienclo c6modamente el analisis cultural con la intervenci6n polftica. Lo polftico se limita a un compromiso pura­ mente textual que considera la mera lectura decons­ tructiva como la fonna mas pertinente de la polftica. 2. Una academizaci6n expresada en la subordinaci6n de los estudios culturales a los imperativos del estableci­ miento academico estadounidense, como el rapido · ascenso en la carrera academica a partir de las practi­ cas del "publica o perece", de los temure t·racks, de las disertaciones doctorates en las que prevalecen ejercicios reiterativos de citaci6n, de crfp tica y "fluida" temizaci6n con ctiticas y tematicas prefabricadas en el munclo de lo "polfticamen te correcto". 3. Una banalizaci6n de analisis cen trados en aspectos de cultura pop estadounidense (sabre Madonna, par ejemplo ) que se limitan a establecer una semi6tica o

64 Del otro lado del espectro, esLO es, desde Ia teo rla critica lite raria, se

ha cuestionado que los estudios cultu rales han sido cooptados por Ia� metodologias y agendas positivistas de las ciencias sociales (Richard, 200 1 ) .


1 46

ANTROPOLOGIA

Y ESTUDIOS CULTURALES

una pragmatica de los significados de estos productos culturales, celebrando a menudo las posibilidades de "resistencia" e n la esfera del consumo. 4. Una estetizaci6n, a menudo asociada con posiciones posmodernas , que "convierten los estudios culturales en una metodologia vacua para la lectura de los textos cul turales que no tiene anclaj e politico real" (Agger, 1992: 1 ) . Las problematicas de Ia identidad y Ia repre­ sentaci6n tienden a sobreenfatizarse desde una esteti­ zaci6n en Ia que desaparece cualquier referenda a Ia clase.

INSTITUCIONALIZACI ON

Las implicaciones de la institucionalizaci6n de los estudios cul ttl­ rales han sido tambil�n tema de fue rtes debates. Par un !ado, estan quienes argume n tan que Ia crecien te institucionalizaci6n de los estudios culturales ha significado, en gran medida, el aborto de su proyecto politico y de. sus posibilidades criticas. Los estudi os cul­ ttlrales han tenninado siendo apropiados par universidades y es­ tablecimientos (muchos de ellos de elite ) , cuyas agendas y ritmos responden mas a los requerimientos de Ia burocracia academica que a ·intervenciones con algiln tipo de relevancia en el mundo (academico y mas alia de Ia academia) : "Como un sitio institu­ c ional, los estudios culturales reinsciiben los protocolos academi­ cos y disciplinarios en contra de los cuales siempre han luchado" ( Grossberg, 1 997: 2 34) f>5 De unos estudios culturales marginales fecundados par las labores de docencia de adultos y un genuino in teres par comprender mejor el mundo para intervenir sabre el en la Inglaterra de los aiios sesenta y setenta, se ha pasado a unos estudios culturales como moda intelectual del establecimiento

65 En este sentido, Agger concl uye : ··uno se pregun ta si el movimiemo de los estu dios cultu rales n o se ha convertido simpleme n te en otra disciplina o prOlo-disciplina segura de su existencia, aparte de otras discipli nas con las que comparte el espacio, los recursos y los estu­ dian tes de Ia u n iversidad con tempor:inea" ( 1 992: 77) .-


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 47

estadounidense, atrapados par Ia pr.ic tica eufemfs tica de Ia po­ lfticamente em-recto y de l as polfticas de Ia identidad facilmen te articuladas a posiciones posn?-odernas . De ahf que Beverley argu­ mente: "Aquf aparece de nuevo el problema al cual me referf an­ teriormente : es decir, el peligro de que los estudios culturales en su inevitable insti tucionalizacion se conviertan en una especie de costumbrism o posmoderno" ( 1 996: 1 3 ) . En Colombia, los estudios culturales se han insti tucionalizado, en los ultimos cinco anos, en programas de maestrfas en universi­ dades de elite (solo una de ellas es publica) den u·o del marco de las polfticas de ciencia }' tecnologfa de Ia entidad gubernamental que se han desan-ollado en el pais, siguiendo estrechamente los c1iterios y las formas de operacion del establecimiento estadouni­ dense. En terminos generales, son p ocas las experiencias e inte r­ venciones crfticas dentro o fuera del establecimiento acach�mico que se han derivado de estos programas hasta ahara, ya sea por parte de sus docentes como de sus estudiantes y egresados. No parece ser este el caso de Ecuador, donde Ia Universidad Andina Simon Bolfvar ha consolidado un programa de doctorado de es­ tudios culturales con un componen te critico asociado al proyec to decolonial, siendo gran parte de sus estudian tes becados y prove­ nientes de sectores mucho mas populares. Para o tros autores, sin embargo, Ia ins titucionalizacion de los estudios culturales no implica necesariamen te su despoli ti­ zacion ni su acomodamiento en el establecimiento academico convencional . AI contrari o , l a presencia de los estudios cultu­ rales debe leerse como Ia exp resion de luchas que se libran en el interior de Ia universidad y del aparato disciplinario por las p racticas de p roduccion y control del significado: "la insti tucio­ nalizacion de los estudios culturales no conlleva necesariamen­ te a su despoli tizacion. Siendo I a universiclad un importan te ' aparato ' de p roduccion de conocimien tos, su funcion a! inte­ rior de las es tructuras academicas es m uy importante" ( Castro­ Gomez, 2003: 7 1 ) .


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ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

CONCLUSIONES

Si bien se considera a los estudios culn1rales como un campo plu­ ral en el que aparecen como constitutivas multiples vertientes y dis­ putas, esto no significa que no pueda establecerse una especificidad del campo. Su apuesta por Ia pluralidad, las tensiones y los debates como cri teria de vitalidad intelectual no debe llevar a Ia conclu­ sion de que todo cabe dentro de los esn1dios culturales; pluralidad no es lo mismo que ausencia de cri telio sabre su propia especifi­ cidad. Tampoco es falta de definicion de un proyecto intelectual que, por amplio que sea, no puede ni pretende incluirlo todo. De manera . general, y para los propositos de este capitulo, puede decirse que los estudios culturales refieren a ese campo transdisciplinario consti tuido por las pnicticas intelectuales para comprender e intervenir, desde un enfoque contextual, en cierto tipo de articulaciones concretas entre lo cultural y lo politico. El pluralismo metodologico y de las tecnicas de investigacion supo­ ne, sin embargo, un metoda especffico: escudriiiar, en la den­ sidad de lo concreto, 1<!- red de relaciones constitutivas de una problematica dete nninada par Ia interseccion de lo cultural y lo politico. La comprension asf ganada no es considerada el fi n ulti­ mo, sino Ia condicion de posibilidad y ambito de sus intervencio­ nes. Politizaci6n de lo te61ico y teorizaci6n de lo politico: es uno de los enunciados que algunos practicantes de los estudios culturales suelen i nvocar para desclibir este aspecto de su labor intelectual, que o tros tienden confundir como una simple sustitucion de lo i ntelectual por lo politico (o, mas funesto aun, por lo polftica­ mente correcto ) . Los estudios cul turales, como suele afinnar el intelectualj amai­ quino Stuart Hall (uno de sus p rincipales exponentes y funda­ dor de una de sus vertientes mas interesantes) , constituyen una conceptualizacion sin garantias, es decir, sin reduccionismos de ninguna clase. Por tanto, siempre estcin atentos a comprender, desde lo concre to y en su singularidad, los densos vinculos y las intersecciones en tre el poder y Ia cultura. De ahf que, sabre todo en Ia vertiente asociada a Hall, conceptos como "articulacion" y "hegemonfa" hayan sido centrales para orientar Ia labor.


APUNTES SOBRE ESTUDIOS CULTURALES 1 49

En varios pafses de America Latina, la discusi6n mas visible fren te a la creciente institucionalizaci6n y posicionamien to de los estudios culturales supone dos puntas estrechamente relaciona­ dos. Uno de ellos es el debate sabre si los estudios culturales sig­ nifican necesariamente una practica de colonialismo intelectual en los pafses latinoamericanos. El o tro punto consiste en la discu­ si6n sobre Ia adecuaci6n de subsumir en Ia etiqueta de "estudios culturales latinoamericanos" las labores y los apm·tes de los mas diversos autores y tradiciones intelectuales (veanse Mato , 2002; Mignolo, 2003b y 2003c; Richard, 2001 ) . No es gratuita Ia preocupaci6n por las practicas de colonialis­ mo intelectual que pueden asociarse a ciertas apropiaciones de los estudios culturales. No obstante, tampoco se puede apelar a un (auto ) orientalismo latinoamericanista o a un provincialismo nativista para rechazar en bloque los debates, los retos y las inco­ modidades que suscitan estos estu�os en contextos intelectuales como los nuestros. Por supuesto que no pocos de los planteos asociadas a ellos tienen una (a veces larga y profunda) historia en America Latina. Tam bien es cierto que una apropiaci6n irreflexi­ va de los estudios culturales tal como son predicados en el estable­ cimiento estadounidense supone apoyar polfticas de Ia ignorancia y geopoliticas del conocimiento. Pero tampoco se deben ensalzar las practicas in telec tuales en America Latina; sabre todo ahora con el avance avasallador de un establecimiento academico que responde a cri te1ios de ope­ radon y validaci6n centrados en indicadores definidos por una burocracia academica que ha naturalizado , baj o el eufemismo de "internacionalizaci6n", paradigmas de calidad propios del sistema corporative estadounidense. Finalmente, podemos seiialar el escozor que provocan los estu­ dios culturales a ciertas figuras represen tan tes de una especie de nobleza osificada en disciplinas como Ia antropologfa, Ia socio­ logfa, Ia historia o los estudios literarios o en ciertos paradigmas crfticos como el marxismo. El mero hecho de escandalizar e in­ comodar a practicas y elites sedimentadas hace de Ia apropiaci6n contextuada, crftica e in·everen te de los estudios culturales una tarea a todas luces pertinente.


c!De que estudios culturales estamos hablando? 6.

La escritura es una especie de juego de definicion de los terminos propios en contra de los usos no deseados . STUART HALL

·

( 1 ggg: 2 3 0)

En diferentes lugares de Ametica Latina, los estudios culturales tienden a generar desconcierto. En algunos, la relacion predominante con los estudios c·u lturales es de mucho escozor y tension porque se les asocian y anibuyen las mas diversas banali­ dades, cuando no la simple expresion de una moda intelectual importada. En otros, se los abraza como si fuesen una panacea. Hay muchos miedos y especulaciones respecto de los estudios cul­ turales, pero tambien un manton de seducciones y embn.tios. Los estudios culturales no son nombrados ni se los lleva a cabo con las mismas implicaciones en los diferentes paises. En Argen­ tina, par ej emplo, es una etiqueta que no esta institucionalizada y con la cual parece que pr:icticamente nadie se siente comoclo . En Colombia, el asunto es distinto; solo en Bogota, en los ultirnos aiios se han creado maestrias de estudios cultural.es en u·es de las mas visibles universidades del pais: Ia Nacional, Ia Javeriana }' Ia de Los Andes. O tros programas de maestria o doctorado, en estas u on·as universidades, apelan a la e tiqueta de estudios culturales para nominar cursos, lineas de investigacion o posibles tem<l.ticas de trabajo. En congresos, publicaciones y presentaciones de las distintas ciencias sociales y humanidades aparece, cada vez con mayor frecuencia, el amenazan te o seductor espectro de los es tu­ dios culturales. A.sf, en Colombia la institucional.izacion de los estudios cul tu­ rales no es una posibilidad a discutir, sino un hecho establecido


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ANTROPOLOGIA Y ESTUDIOS CULTURA LES

cuya tendencia parece conu·aria a sus pretensiones democratizan­ tes y crfticas: "Si observamos el proceso de instimcionalizac i 6n de los estudios culturales en Colombia, veremos que este se h a concen trado en el ambito academico capi talino y en program as de posgrado , lo que podrfa estar llevando a una elitizaci6n y cen­ tralizaci6n de los estudios culturales que, cmiosamente , parec e conu·adecir sus propios discursos" (Roj as , 2 01 1 : 8 4 ) . 61; Nos gus te o no, los programas de maestiia ya estan funcionando, y Ia etiqueta interpela las subje tividades y los discursos que circulan en el esta­ blecimiento academico. Dada la instimcionalizaci6n mencionada y las subj e tividades en j uego , no estarfamos tanto en el momenta de definir si la etiqueta serfa relevan te o no, como eri. el de dispu­ tar de que estudios culturales estarfamos hablando. En el actual proceso de inslitucionalizaci6n, los estudios culturales devienen ten·eno de disputa en el cual se torna pertinente internunpir la como.didad con la cual se articulan y florecen sus versiones ba­ n ales a fin de posicionar sus concepciones tmis relevan tes frente a los retos que se p resen tan en el problematico establecimiento academico y polftico del pafs. Por tanto , actualmente esta en dis­ puta una articulaci6n de lo que estos pueden llegar a significar en Colombia. Como veremos, esto supone una intervenci6n polftica en el terreno mismo de lo que constituye los estudios culturales. ·

66 Este auge en Ia insti tucionalizacion en torno al nom bre de "estudios culturales" responde a diferentes factores. Uno de los mas decisivos ha sido Ia transf01maci6n de un sistema universim.rio compuesto predom inantemente por programas de pregrado, hacia uno donde empiezan a tener cada vez mas peso los pos grados (maestrias y doctci­ J-ados) y don de las propuest<ls interdisciplinarias adquieren relevan­ cia. Esm transfonnacion ha sido catalizada por las politicas en ciencia y tecnologia llevadas a cabo por Ia en tidad gubemamental encargada, Colciencias. Otro factor de peso ha sido el regreso al pais de una generacion de academicos con fom�acion doctoral impactados por Ia expansion de los estudios culturales y otras vertientes de Ia teoria social con tempor.inea en el contexte anglosajon (plincipahnente los Estados Unidos) durante los aiios noventa. Finalmente, se pueden iden tificar lineas de u-abajo elaboradas desde los aiios setenta y ochenm. en torno a con!unicacion y cultura, como las de jesus Martin­ Barbero, que se han identificado como estudios culturales.


t!DE QUE ESTUDIOS CULTURALES ESTAMOS HABLANDO?

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E SP ECIFICIDAD

Desde una perspectiva antropologica, se podrian zanj ar las in ter­ minab les disputas par la especificidad de los estudios culturales con un argumento de corte etnognifi.co. Esto es: los estuclios cul­ turales serian lo que hacen en su nombre quienes se reconocen como sus prac ticantes, �� como lo que les atribuyen los academi­ cos que no consideran como estudios culturales lo que ellos mis­ mos hacen. Baj a tal punta ·de vista, los estudios culturales serfan funcion de j uegos de discursos y pnicticas situados, que definen institucional y socialmente los contomos de un campo que puede ser obj e to de etnografias e histolizaciones espedficas. Esta ma­ nera de abordar la especificidad de los estudios culturales tiene gx·andes ventaj as , pero tambien desven tajas . Uno d e los beneficios e s escapar a l o que podriamos denominar el chanlaje Jttndacionalisla basado en que h ay una especie de iden­ tidad compartida que definiria casi transhistolicamente y mas alla de los contextos concre tos, de una vez y para siempre, lo que los estudios culturales serfan y lo que definitivamente no serfan . Se evitarfa asf el u·azado de muros insalvables y de aduanas de auten­ ticidad, donde las posturas policfacas y autoritarias florecen facil­ mente. Ninguna entidad metafisica, cuasi esencial, se constituiria en garante ultimo de lo que son o no los estudios culturales. Otra ventaja de esta perspectiva es tamar seriamente en consideracion las representaciones y las practicas insti tucionalmente articuladas de los actores mismos, lo que pennitirfa un abordaj e contextual­ mente especffico y en toda su densidad de lo que en un Iugar y momenta dados puede constituirse como estudios culturales. Sin embargo, hay dos desventaj as plincipales en este abordaje. Ptimero, el nominalismo que implica; es decir, se considera que Ia etiqueta de estudios cultu rales, la palabra, es criteria necesa­ lio y suficiente para que estos existan. Par tanto, no solo abarca cualquier analisis con tal de que quien lo haga -u o tro- considere que se trata de estudios culturales, sino que trabaj os que nadie reivindica como tales no lo serfan par esta sola razon . La segunda es que una posicion semejante abandona los estudios culturales (o cualquier otro campo intelectual) al relativismo epistemico y a


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su apropiaci6n por parte de agendas grises, de personas interp e­ ladas por sus can·eras academicas y microprestigios. Fi nalme nte, esta el hecho de que algunos personajes (que se conciben dentro o fuera del campo ) definan el trabaj o de otros como estudios cul­ turales, como ha sucedido con aquellos que desde sus posiciones docentes en los Estados Unidos embuten en la categorfa de Latin American Cultural Stuclies cualquier trabaj o o autor latinoameric a­ no de su parecer desde el siglo XIX bas ta la fecha. Jesus Mar­ tin-Barbero ( 1 99 6 ) , D aniel Mato- (2002) y Nelly Richard (200 1 ) , entre o u·os, han seii.alado diferentes implicaciones de esta violen� cia epistemica ar.nm talada en una geopolftica del conocimiento que atraviesa - las rel aciones en tre el establecimientci academico estadounidense y las practicas intelectuales en los distintos pafses latinoamelicanos. 67 Ahara bien, si se consideran las practicas de quienes oblicua o directamente consideran que su u·abcyo se encuenu·a enmarcado den u·o de los estudios culturales en Ametica Latina, es posible dis tinguir al menos cuatro posiciones diferentes. La plimera es Ia que considera que los_ estudios cul turales son equiparables con estudios sobre la cultu ra. Descle esta perspectiva, cualquier trabajo sabre u n aspecto o fen6meno que se supone cultural es suficien te para sostener que se encuentra en el campo de los estudios cul­ turales. ·Dentt·o de este terreno, hay quienes argumentan que Ia interdisciplinarieclacl (o transclisciplinaliedacl) forma pane de lo qtte definirfa a estos estudios, al igual que el cuestionamiento de Ia dicotomia alta/ baj a cultura. Desde esta pos � ci6n, suelen reali­ zarse estudios visuales, de Ia cibercultura, de Ia cultura popular y de la comunicaci6n, asi como Ia henneneutica de textos mas o menos convencionales.

67 'Esta pe 1·ti n e n te preocupaci6n por las pni.cticas de colonialismo in telectual no significa que se considere relevallle apelar a un (auto) oriemalismo latin oamericanista o a u n p rovi ncialismo nath·ista para rechazar en bloque los debates, los retos e incomodidades que suscit.'l n l os estudios culturales en contextos i n telectuales como los nuestros.


�DE QUE ESTUDIOS CULTURALES ESTAMOS HABLANDO? 1 5 5

La segunda posicion con cibe a los es tudios culturales como un campo particular i n terdisciplin ario ( transdisciplinariu a, incluso, n o disciplinario ) y ampliamente fl exible de es tudios crfticos sa bre Ia relacio n en tre lo cultural y Ia politi c o . De esta m anera, n o cualquier estudio sabre Ia cultura e n tra automati­ cam ente al campo de los estudios cul turales . Es ta postura tam­ bien tiende a e nfatizar su canic te r politico, aunque Ia circuns­ cribe al tip o de tematicas seleccionadas (donde las relaciones de poder s o n cen trales) y a Ia perspe c tiva crftica c o n Ia que se realizan los trabajos. Los practican tes de es te tipo de es tu­ dios culturales suelen trabaJar en altos n iveles de abs traccion teorica y de p roblematicas, que mantienen una semej a nza con estilos de aproximacion filosofica; de ahf que equiparen los estudios culturales con al ta teoria. Las situaciones empfricas son referidas como ilus traciones de sus ej e rcicios co ncep tua­ les, consiste n tes en juegos de in tertextu alidad e ntre a mores y teorfas con temporaneas, que derivan gen eralme n te e n Ia acu­ iiacion de un nuevo concepto a en mostrar las insuficiencias de ciertos plan teamien tos teo ricos. La tercera posicion se carac teriza par considerar que los esn.t­ dios culturales suponen una crftica del establecimiento academi­ co y de Ia teorfa eurocen uica, asf como una indisciplinariedad y una intervencion desde sectores subal te rnizados, como los movi­ mientos indfgenas y afrodescendientes. En este sentido, los es tu­ dios culturales son considerados un proyecto intelectual y politico que no se circunsc1ibe a insulsos ej ercicios acach�micos. Algunos de los practicantes de los esn.tdios culturales que siguen este li­ neamien to han sido influidos par los escri tos de amores cercanos a lo que se conoce como proyecto decolonial. Las preguntas e intervenciones giran en torno a los procesos y efecLOs de Ia sub­ al temizacion de ciertos grupos racializaclos, no como un asunto de pasado, sino como una dimension es tructuran te de nues tro presen te. Algunos de estos autores se refieren a su trabaJo con Ia denominacion de estudios (inter) cul turales. Finalmente , se encuentra Ia postura que establece una ui ple dis tincion : con respecto a los estudios sabre Ia cultura, con res­ pecto a Ia al ta teorfa y con respecto al i n tercul turalismo . Es en


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esta posicion donde adquieren sentido los debates sabre la es­ pecificidad que expondre a continuacion. Antes de empeza r a acercarnos a dicha especificidad, no esta de mas indicar que es ta posicion no quiere desconocer taj antemente la relevancia de los estudios sabre la cultura, de Ia alta teorfa o de los llamados al descentramiento en nombre de las o tredades de occiden te; sim­ plemen te considera que son p royec tos intelectuales y politicos diferenciables que merecen comprenderse en sus propios alc an­ ces y l fmites. Esta cuarta posicion empieza par argumentar que, aunque los estudios cultural .:!s deben considerase como un campo plural en el que son constitu tivas diversas vertientes y disputas, esto no sig­ nifica que no pueda establecerse su especificidad. Y la definicion de esta especificidad es un asunto de discusi6n politica en el te­ rreno mismo de los estudios culmrales. Implica un cerramiento arbitrario, aunque provisional, de lo que pueden significar en un momenta y I ugar determinado. A diferencia de las disciplinas aca­ demicas, la especificidad de los esmdios culturales no se plantea­ .tia en tenninos epistemologicos, te6ticos o metodol6gicos; es una preocupacion polftica, pero una preocupacion que no significa Ia cancelaci6n de Ia labor te6tica en nombre de un sujeto politico o moral determinado de an temano. Recogiendo una expresi6n de Lawrence Grossberg ( 1 997) , los es_ntdios culturales serfan una pennanente politizacion de Ia teo­ ria y una teorizacion de lo politico. La politizaci6n de Ia teorfa no consiste en reemplazar el ej ercicio teo1ico (el forcejeo con las categorfas, los autores y las investigaciones de lo concreto ) , por Ia reproduccion de una serie de enunciados osificados y moralizan­ tes derivados de Ia "posicion polftica correcta"; supone, al conu·a­ rio, que el conocimiento tiene sentido en tan to es impulsado pot una voluntad de intervenci6n y transfonnaci6n sabre el mundo. La teorizacion de lo p olitico se refiere, a su vez, a que el u·aba­ j o intelectual serio examine pennanerttemente los bemoles de Ia actividad polftica en aras de entender m ej o r sus articulaciones y limitaciones. En esta manera de en tender el trabaj o intelectual se puede insctibir el afmismo gramsciano: "pesimismo del intelecto, optimismo de Ia voluntad".


iDE QUE ESTUDIOS CULTURALES ESTAMOS HABLANDO? 1 57

Su apuesta por la pluralidad, las tensiones y las disputas como criteria de vitalidad intelec ntal no significa que todo cabe den tro de los estudios culturales. Si estos pueden carac te1izarse como an­ tin-educcionistas, como un pensamiento sin garantias, para retomar la sugerente y acertada fonnulacion de Hall, es porque no caben posiciones reduccionistas independientemente de la autmidad que las predique . Unos estudios que no se preguntan por su rele­ van cia e implicaciones polfticas a la viej a usanza del positivismo o a la mas reciente del nihilismo posmodernista no solo estan leja­ nos, sino que son antagonicos con la idea de la necesaria voluntad polftica en el proyecto de los estudios culturales. Flexibilidad y pluralidad no es lo mismo que celebrar una ausencia de criteria sabre su propia especificidad. Tampoco es falta de definicion de un proyecto intelectual que, por amplio que sea, no puede ni pre­ tende incluirlo todo. De manera general, Ia propuesta que orien ta mi discusion sabre Ia especificidad de los estudios cultu rales se podrfa for­ mular de Ia siguiente m anera: los estudios culturales remiten a ese campo transdisciplinario que busca cmnprender e intemeni·1; desde un enfoque contextu al , sabre cierto tipo de articu laciones concretas e n tre lo cultural y lo politico. "Campo transcliscipli­ nario" en el sentido de que los estudios cul turales son necesa­ riamente an tirreduccionistas, es decir, sus explicacio nes no se reducen a una dimension o vmiable definida de antemano, sea es ta el cliscurso, el suj e to , Ia cultura, Ia sociedad o Ia economfa. Sus abordaj es suponen poner en j uego no solo un pluralismo metodologico , sino enfoques conceptuales anclados en cliversas u·adiciones disciplinarias . "Compre n der e interve nir" porque los estudios culturales no operan como conocimiento osten toso ( una especie de "conocimien to-florero " ) , cuyo unico fin serfa su atesormniento sin mayo r razon que Ia satisfaccion de Ia curiosi­ dad intelectual o el engrosamiento de las can·eras academicas de sus practicantes. "Comprender e intervenir" significa que los estudios cultu rales se conciben como un conocimiento-herra­ mien ta, situado y preciso en el forcej e o teorico y empfrico por evidenciar y transfonnar condiciones concretas de explo tacion, dominacion y suj ecion.


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Los estudios culturales no son una disquisici6n eminente o predominanteme n te teoretica s abre el mundo desde genialida­ des que tratan de explicarlo e n su coherencia de sistema, sin o estudios de lo concreto , de elementos, de relaciones concretas en tre cultura y poder. De ahf que sean situados , es decir, que ad­ quieran determinadas caracterfs ticas e i nflexio nes dependiendo de los contextos intelec tuales y polfticos e n los que se articulen. Entonces, digo "enfoque contextual" , porque los esntdios cultu­ rales no son solipsismo ni especulaci6n de canicter me tafisico, sino estudios empfricamen te orientados sabre vinculos concre­ tos de cultura-como-poder, y tambien de poder-c<:>mo-cultura, en el mundo hist6 ricamente existen te ; son con textuales te6ricamente porque no estan garantizados par la cita de ciertos autores, ni se derivan mecanicamente de la utilizaci6n de unas teorfas sabre Ia cultura y el poder. Son politicamente contextua­ les, ya que lo que en un con texto dete nninado puede ser politi­ camen te progresis ta en o u·o puede ser abiertamente reacciona­ rio ( o , tal vez, mezcla de ambos al mismo tiempo ) , par lo que h ay que investigar los -ensamblaj es de fuerzas concretas con el obj e tivo de o rien tar las i nten•enciones polfticas relevantes . Esto no significa que los estudios culturales sean la (mica forma de articular volun tad p olftica en la academia, como tampoco que sea n ecesariam ente la mej or. Me refiero a cierto tipo de a-rticttlaciones concretas entre lo cultural y lo politico, en tanto la problematica de los estudios culntrales se consti tuye en las intersecciones enu·e la significaci6n y las relacio­ nes de poder expresadas en socialidades, corporalidades, subjeti­ vidades, espacialidades y tecnicidades concretas. De esta manera, el cruce, la sutura enu·e cultura y poder, es el Iugar espedfico donde los estuclios culturales encuentran los conceptos de cultura y de pocler que definen su problematica. En ellos, Ia cultura es pensada como un teiTeno de luchas par significados, y esos signi­ ficados constintyen el mundo; no son significados que estan en el nivel de Ia superesu·uctura o de I a ideologia, sino que producen materialidades. _


�DE

QU E

ESTU D I O S C ULTURALES ESTAMOS HABLANDO ? 1 5 9

LEGADOS SegU.n mi concepcion y practica_ de los estudios c u l turales, lo mas

inspirador de Birmingham se encuentra en el trabaj o de Stuart Hall. Concre tamen te, me ide n tifico con sus elaboraciones sa­ bre el proyecto de los estudios culturales como una p ractica in­ telectual con una irrenunciable vocaci6n politica anclada e n Ia comprensi6n de lo concre to. Sus plan teamien tos sabre la teorfa como un "forcej e o con los angeles", sin ningtm tipo de garan tfas ni ataj os, son oxigenan tes en un momenta en que impera cierta banalizaci6n de lo te6rico en ej ercicios de citas de au ta res , forum­ las es tereo tipadas y titulos de Iibras con los que se establece una relaci6n superficial y fetichista. Me identifico tambien con Ia insiste ncia de Hall en que ei trabaj o i n telectual se1io impo rta, sin caer en Ia reificaci6n de Ia teoria ni en el an ti temicismo o amiacademicismo de cierto tipo de activismos facilistas que tienden a Ia cancelaci6 n de Ia labor intelectual. De ahi, Ia relevancia de su convicci6n gramsciana de que el pesimismo del i n telecto desestabiliza las certezas autocom­ placientes y las inercias de la imaginaci6n politica en las que te n­ demos a reposar (sabre todo cuando nos s�n timos del lado de los j ustos ) , pesimismo que debe complementarse con el o p timismo de la volun tad, para que n o se convierta e n arrogancia ilus trada

o

au tori tarismo de los expertos. Fin al me n te , pero no por ser me nos relevan te, debo indicar que los aportes de Hall sabre rep resen­ taci6n, hegemonfa, emicidad-raza y cliaspora son los que mas he utilizado en mis propios trab,Y os. Tambien m e ide n tifico en la actualidad con las con tribucio nes de Lawrence Grossberg e n l os Estados Unidos. Par sus plan teos sabre el proyecto de los estudios cul turales y sus dispu tas con las vertien tes textualistas y trivializan tes, par sus esfuerzos para ge­ nerar condiciones de conversabilidad e n tre estudios culturales desde diferen tes lugares del mundo y por sus es tudios concre tos sabre modernidad y hegemo nia en los Estados Unidos, Grossberg consti tuye un clara refe re n te de lo des tacado de los estudios culturales. E n America Latina, el trabaj o de Claudia B riones en Argen tina es inspirador, aunque con mas dificul tades para iden-


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ESTU D I O S

C U LT U RA LES

ti ficarlo con los estudios culturales, ya que es una etiqueta con Ia que su autora se sien te i n c6moda. Sus plan teos sabre Ia aboii­ ginal idad, Ia iden tidad, Ia e tnicidad y las formaciones nacionales de al teridad, asf como su tarea larga y sostenida con los mapuches hacen del trab<9o de Briones un aporte significative y estim ulante. E n suma, en tre los actuales plan teos de los estudios cul turales, considero mas i n teresantes y que merecen tomarse en considera­ ci6n aquel los q�te man tienen su vocaci6n polftica, distanciandose de un si n n um e ro de p e rson aj es que los confunden con estudios sabre Ia cultura y cuya polftica se reduce a Ia banalizaci6n text tta­ lista de considerar que es suficien te hablar sabre el poder o hacer amilisis cultu ral.

TRANSDISCIPLINARIEDAD

La transdisciplinari edad (Ia i n terdisciplinmiedad o Ia no discipli­ naii edad, dependiendo_ de las inflexiones te6ricas de quien ar­ gum e n te) es cada vez mas un Iugar com lin en las ret6ricas de los practican tes de los estudios cul turales, pero sabre lo que no se tiene mayor claridad. No pocos de los que se dicen sus seguidores se I i m i tan a i maginar los estudios culturales como un mas alia, una superaci6n de las disciplinas, m uchas veces con el argumento realista de que, a n te un mundo tan complej o y globalizado, los obj e tos de las disciplinas son parciales. Se confunde a los objetos disciplinarios con una parcela de la realidad; se imagina, e n ton­

p

ces, Ia transdisciplinariedad como u n a pers ec tiva mas abarcado­ ra porque incluye o articula diferentes obj e tos. A menudo, esta candidez epistemica va de la mano de una arrogancia y un desco­ nocimiento de las disciplinas que dicen superar (y que mandan a recoger de u n p l umazo ) , asf como de un encierro en los estudios cul turales centrado en autores, tematicas y ret6ricas que devienen en canones. S i n embargo, Ia u·ansdiscipli nariedad en los estudios culturales n o se e n tie n de como una m era yuxtaposici6n mecanica de dos o mas disciplinas, en una simple sumatotia que en (tltima insta n cia m a n te n d rfa inc61 ume Ia iden tidad de cada una de elias.


� D E QUE ESTU D I OS C U LTURA LES ESTA II-lOS H A B LA N D O ?

I I) I

Por o tra parte, uno de l os elem e n tos retoricos que se encuen­ tra con frecuencia en sus disti ntos p racticantes en Colombia e� un ma:rcado discu rso antidiscipliilario, sobre todo en algunos cs­ tudiantes y profesores. El reto de Ia transdisci p l i nariedad no es negar las disciplinas. sino p roblematizar l os reduccion ismos disci­ plinarios o n o disciplinarios en los aborclaj es de las p roblem<'iti cas que in teresan a los estudios cul turales . El cuestionamient o rad ical al reduccionismo no apu n ta a que todo lo relacionado con las dis­ cipli nas sea considerado obsoleto e irrelevante, algo que pertene­ cerfa al museo de a n tigii e dades y curiosidades intclectuales, como lo es el telegrafo en Ia seccion de las tecnologfas de la comu n i ca­ cion. La formacion disci plinaria es un momenta y un I ugar m uy importan te para hacer estudios cul turales, aunque, por sup ucsto, no se los puede hacer manteniendo i ncolume cse adiestramien to. Mas alh\ de l os gustos o deseos personates, en cl con texto de institucionalizacion de l os estudios cul turalcs en pafses como Co­ lombia se corre el riesgo de que sean cada vez mas discipl i n a ri os. Este fenomeno se darfa, paradoj icamente, al m ismo ticmpo que

sus p racticantes p redican e nfaticam e n te la transdiscipl in ariedad, y n o pocos de ellos asumen posiciones an tidiscipli n a res con res­ pecto a Ia an tropologfa, Ia filosoffa, etc. Cabe aclarar que enticn­ do "disciplinamiento" en un sen tido mas an tropol ogico y socio­ logico (sigu iendo en esto algunos de los apo rtes de Bourcl ieu, Foucault y Wallerstein) que estrecham e n te epistemolc'igico. Las discipli nas no son solo un campo consti tuido de ohjetos, mctodos y problemas epistemicos que perm i ten c i e rto ti po de comprcn­ sion-p roduccion del mundo. Las disci plinas tambien estan deli ni­ das por una serie de practi cas i nsti tucionalizadas }' de procesos de subj c tivacion que normal i zan las condic i o n es de lo que es posiblc pensar y real izar desde u n a disci plina, a veces en rranca con tra­ posicion con l as rep resen taci ones que sus p racticames ti c n c n )' en un cian sobre ella. Estoy pensando e n la disci p l i n a como dis­ ciplinamiento, como qjaci6n de canones, como cstabl cci m ic mo de jergas comparti das, como i n terpelaciones i n d ivi d u a l es y colec­ tivas. En· este sen tido, se p uede apreciar que lo q u e se haec en nombre de los estudios cul tu rales en pa fscs como Colombia se h a ido discipli n a n do progresivarn e n te , a u n quc uno de l os rasgos de


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este proceso suponga compartir de fonna generalmente acritica una narrativa de autocelebracion, donde la transdisciplinariedad ocupa un Iugar central. En Ia Universidad Javeriana en Bogota, la reaccion inicial del grueso de los practicantes de las disciplinas (pero sabre todo de los antropologos y los sociologos) que pertenecen a Ia Facultad de Ciencias Sociales fue la de una marcada angustia defensiva y un rechazo fron tal o indirecto a los estudios culturales. Abiertamente conservadores no solo sabre la pureza disciplinaria sino tambien en te1minos politicos, varios antropologos, sociologos, historiado­ res y literatos de la facultad en Ia cual se creo el prog�·ama trataron de suprimir primero y de reducir al10ra al maximo Ia presencia de los incomodos estudios culturales. En general, armadas de Ia uni­ ca lectura que conocen sabre el tema (vease Reynoso, 2000) , re­ produciendo los estereotipos y lugares comunes, y siendo muchos de ellos practicantes menores que no tienen mayor produccion ni visibilidad en sus pro pias disciplinas, percibieron con panico el posicionamiento de los estudios culturales en la facultad. La relacion con los estudios culturales tam bien tiene otra histo­ ria en laJaveriana: I a de una institucion de investigacion anomala, el Instituto de Es tudios Sociales y Culturales Pensar, que no per­ tenece a ninguna facultad y ha sido el nicho del posicionamiento de los' estudios culturales con el abierto aval del grueso del equipo y de sus directivos. Es en este Iugar que nacio el programa de estudios culturales que se lleva adelante, junto con Ia Facultad de Ciencias Sociales. Un par de semina�ios internacionales, un cliplomado y dos Iibras son expresiones cl e lo que para finales de . los aiios noventa estaba gestindose en el contexto del Instituto Pensar y que de alguna manera se sigue realizando basta hoy. Por su parte, para las autoridades administrativas de Ia uni­ versidad, incluyen do los dos decanos que han estado a cargo de Ia facultad, los estudios culturales se piensan como un pro­ ·

grama ren table en tenninos de visibilidad insti tucional y de in­ gresos por matriculas. No obs tante, en general no tienen ma­ yor idea de lo que significan los estu dios culturales, mas alia de nociones generales como que conllevan una posicion critica e interdisciplinaria.


(DE QUE ESTUD IOS CULTURALES ESTAMOS HABLANDO? 1 63

INTERVENCION

La intervenci6n es el rasgo distintivo mas importante de los esm­ dios culturales. No pueden existir estudios culturales sin interven­ ci6n, ya que es en ella donde se materializa su voluntad polftica. Ahara bien, in tervenir no es reemplazar el ej ercicio intelectual consistente par un activismo celebratmio de los margenes y sub­ alternizaciones. No es populismo academico, ni diluci6n de Ia especificidad y Ia importancia de Ia teoria en un relativismo epis­ temico del "todo vale". Entiendo "intervenci6n" como praxis, esto es, una practica mientada te6ticamente hacia Ia transfmmaci6n , que, no es Ia de Ia Revoluci6n (con mayllscula} ni Ia de una teo­ rizaci6n totalitaria sabre el lugar de Ia vanguardia o del profeta. La intervenci6n puede operar en tres pianos y, a veces, en va­ rios al mismo tiempo. Uno de elias es Ia intemtpci6n de ciertos vfnculos concretos del senticlo comun y de los imaginarios colec­ tivos refeticlos a Ia intersecci6n entre las practicas significativas y las relaciones de poder. Inten·umpir, entonces, las articulaciones de Ia explotaci6n, dominaci6n y st�eci6n, que se naturalizan y que operan como no pensables pero que son los lugares desde donde se piensa. Un segundo plano esta constituido par las inter­ venciones como acciones detivadas de investigaciones concretas sabre las relaciones de poder localizadas, que lo involucran a uno mismo como sujeto, pero que no se limitan a Ia subjetiviclad incli­ vidual ni se quedan necesatiamente en lo local. En este plano, no es una intervenci6n en nombre de otms irrecluctibles y distantes (marginalizados, subalternizaclos} , sino descle las molestias exis­ tenciales del sf mismo en relaci6n con otms significativos, esto es, con quienes uno se identifica par sus proyectos politicos en tanto confluyen con los propios. Finalmente, intervenci6n en el senti do de propiciar los insumos te6ticos contextualmente basados para las transfo rmaciones estructurales y las Iuchas anticapitalistas. En­ tendida asf, Ia intervenci6n se refiere a las acciones que se Bevan a cabo explfcita y reflexivamente para mantener o transformar las condiciones de existencia de detenninadas colectiviclacles. Esta concepcion se distancia de las diferen tes modaliclades del asistencialismo social. El rasgo fundamental del asistencialismo


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consiste en despolitizar y descontextualizar los problemas socia­ les, a los que trata desde modelos teo dcos que presen tan esos pro­ blemas como anomalfas o disfunciones que pueden ser solucio na­ das apelando a Ia tecnologfa o Ia planeacion. En la pnictica, este asistencialismo propicia las relaciones de poder que garantizan la subaltemizacion y m arginalizacion de amplios sectores de la poblacion.

GESTI6N CULTURAL

Entiendo que, para la mayoria de las personas involucradas con los estudios culturales en Amelica Latina, la nocion de "gestion cultural" suele ser equivalente a Ia de "intervencion", sabre �ado cuando es l levada a cabo par (o en nombre de) la "gente". Una de las discusiones m as acaloradas que hemos sostenido en Ia Red de Estudios y Politicas Culturales es precisamente en to rno al Iu­ gar de Ia gestion cultural en los estudios culturales. Pero esta no es una posicion que se encuentre solo en el intetior de la Red, lo que podria attibuirse a las diferentes articulaciones de los estu­ dios culturales en los establecimientos academicos y las pnicticas intelectuales en los distintos pafses. . En Colombia, tambien se encuenu·an quienes consideran que los estudios culturales y la gestion cultural son equiparables; se argumenta que esta ultima seria ese aspecto de los estudios cul­ turales que implicaria una intenrencion nuis alia de la academia, con las comunidades, en los procesos de posicionamiento a traves de sus expresiones culturales o desde el diseiio y la instmmentali­ zacion de politicas estatales sabre la cultura. Independientemente de la genealogfa que amerita Ia catego­ rfa de "gestion cultural", asociada al posicionamiento de agendas y conceptualizacio nes neoliberales en la region, mi posicion es que nada hay mas opuesto a los estudios culturales que la gestion cultural. Desde mi perspec tiva, los estudios culturales no se pue­ den confundir con ges tion cultural y, mucho menos, cuando esta ultima se superpone con politicas culturales que operan como


�DE QUE ESTUDIOS CULTURALES ESTAMOS HABLANDO? 1 65

medidas de gobiemo sabre la cultura. No es que desconozca la potencialidad de subversion y los procesos de agenda de las co­ munidades en tomo a eso que se llama la "cultura" o "lo cultural". Tampoco se puede negar que desde el Estado (o, mas concreta­ mente, desde politicas de gobiemo especificas ) se puedan rea­ lizar procesos interesantes que cuestionen en ciertos puntas las relaciones de poder y petmitan el posicionamiento de sectores subalternizados. No obstante, el punta es que la gestion cultural supone una gubernamental.izacion (en el sentido de Foucault) del mundo y de la vida, una modalidad de gobierno de los o u·os y de si mismos en nombre de la cultura o de lo cultural. Esta gubernamen tali­ zacion en to mo a la cultura produce subjetividades, constituye agenciamientos, define nuesu-a histmicidad. No sari tecnologias de dominacion (entendida como "imposicion" ) , sino tecnologfas de gobierno que opet-an desde la constitucion de ciertos tipos de imaginatios politicos y teolicos, de producci6n de tenninos y prin­ cipios de inteligibilidad y modalidades de subj etividad, que esta• blecen condiciones de confrontacion, organizacion, resis tencia. Estamos asistiendo a una epoca en que la cultm-a en general y Ia diferencia cultural en particular consti tuyen los tenninos de in­ teligibilidad e interpelacion de un numero creciente de personas (no solo de expertos, fundonarios, politicos y activistas ) , asf como el campo de una serie de tecnologias de gubernamentalizacion y mercantilizacion de la existencia. La cultura y la diferencia culm­ ral han devenido el terreno desde donde se articulan nonnaliza­ ciones y se producen poblaciones, pero tambien han constituido el diagrama de poder desde donde ciertas subalternidades (a ve­ ces configuradas como tales par Ia visibilidad misma del disposi ti­ ve culturalista) establecen sus resis tencias. Igualmente, Ia culn1ra y Ia diferencia cultural son el anclaj e y la fuente de operacion del capital no solo con la produccion de mercancias e imaginatios, sino tambien con Ia apropiacion del amilisis cultural por parte de Ia racionalidad empresalial y de mercados. Mi punta es que los estudios culturales no pueden en tenclerse como gestion cultural. Par el conu·alio, suponen una problemati­ zacion de la gestion cultural, empezando par l os discursos que Ia


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celebran (independien temente de que sean enunciados en nom­ bre de las comunidades, la gente, los excluidos o los marginados) y que la consideran como un escenario ideal de la ( anti) polftica contemponinea. Por tanto, la funcion relevan te para los estudios culturales es evidenciar desde estudios e intervenciones concretas que l os discursos expertos sobre la cultura, las tecnologias de nor­ malizacion y las subjetividades asociadas suponen modalidades de suj ecion }' de disputa . Uno de los Iiesgos m as preocupantes que se enfren ta en los estudios culturales en Colombia -aunque parece que no solo en este pais- es su burocratizacion en las agendas estatales o en los sectores "oenegizados" (de las ONq) en nombre del impulso, la promocion , la mejora, la conservacion o la diversi­ ficacion de la cul tura o de lo culmral, sobre todo cuando se hace en n<;>mbre de las comunidades o a favor de la inclusion .

CONCLUSIONES

A lo largo del capitulo he argumentado que el proyecto de los estudios culturales consti mye una pnictica intelectual con inspi­ racion .y finalidad politicas. Mi proposito no ha sido ftiar una defi­ nicion ultima acerca de lo que este proyecto intelectual significa e_n abstracto y descontextualizadamente, sino poner en evidencia Ia pertinencia de establecer clitelios sobre su especificidad, dadas las condiciones concretas en las que se despliega. Su apuesta es por una modalidad de pensamiento critico, con una clara fun­ damentacion empirica y contexmal que opera en el plano de lo concreto. Por tan to, la voluntad politica de los estudios culturales se materializa en que ( parafraseando a Marx) no solo buscan in­ terpretar el mundo, sino tambien in tervenir en el. Ante el creciente posicionamiento de las tendencias "elitizan­ tes" y positivis tas en las ciencias sociales y humanidades en Co­ lombia, la particular concepcion de los estudios culturales que he descri to y defiendo puede consti tuir una presencia desestabiliza­ dora e irreveren te que insista en la pertinencia politica del trabajo intelecn1al y en su dimension etica. Esta pertinencia tiene una do-


� D E QUE ESTUDIOS CULTURALES ESTAMOS HABLANDO?

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ble faz: de un lado, frente a l os que se encierran en sus torres de marlil de un establecimiento academico cada vez mas irrelevante, pero cada vez mas productivista en terminos de indicadores de ciencia y tecnologia definidos par Ia burocracia academica de las universidades y de la entidad gubemamen tal encargada. Del ou·o lado, frente al activismo antitemicista y antiacademicista que ce­ lebra, junto a los posmodernos y neoconsen•adores , el relativismo epistemico populista de que todo conocimiento es igualmente valido en tenninos de la inte1venci6n en los diagramas de poder que constituyen nuestro presente.


7 . En tomo a los estudios culturales

en America Latina

No son pocas las compilaciones y genealogias (sabre todo realizadas en los Estados Unidos) que suponen una equiva­ lencia entre los "estudios culturales latinoamedcanos" y el grueso de elaboraciones crfticas sabre Ia· cultura realizadas par autores · latinoameticanos. La operaci6n conceptual aqui consiste en iden­ tificar los trab.Yos en torno a la. relaci6n entre lo cultural y lo po­ litico (sobre todo cuando se refieren a lo que se denomina "cul­ tura popular" ) hechos por latinoameticanos desde Ametica Latina como estudios cultumles latinomne�icanos. De esta manera, es posible encontrar propuestas de definicion de los estudios culturales latinoameticanos que los anclan, en una tersa lfnea de continuidad, virtualmente en toda Ia producci6n del siglo XX de Ia teorfa critica latinoameticana: Los estudios culturales latinoamedcanos son, a nuestro entender, un campo de reflexi6n configurado desde la tradici6n critica latinoameticana, que se mantiene en dhilogo constante, muchas veces conflictivo, con escue­ las de pensamiento occidentales como lo son el estruc­ ntralismo frances, el posestructuralismo y el posmoder­ nismo; Ia lingii istica, Ia an tropologfa y Ia sociologia de la cultura; la Escuela de Frankfurt y la temia de la recep­ ci6n; la semi6tica y el feminismo; y, mas recientemente, los estudios culturales en sus vertientes angi oametica­ nas. Paralelamente, la larga e importante tradici6n del ensayo de ideas en Alnetica Latina tiene mucho que ver con el trabaj o que comienza con Bello y Sarmiento y aun no termina, sin descartar los presupuestos encerados en


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tendencias critico-te6ricas tan importantes como la crf­ tica de la dependencia, la pedagogfa del oprimido, la teologfa de la liberaci6n o las teorfas atinentes a la pro­ blematica cultural, como la transculturaci6n o la hete­ rogeneidad, variantes particulares mas recientes de ese pensamiento (Rios, Del Sarto y Trigo, 2003: 324-325 ) .68 De esta forma, pareciera que los "estudios culturales latinoameri­ canos" constituyen un campo desde mucho antes de que existiese esa etiqueta y que reline a los mas diversos exponentes. La lista de autores incluidos puede ser tan extensa como para abarcar a los ligados a la tradici6n ensayfstica de finales del siglo XIX y princi­ pios del XX: Los textos ensayfsticos latinoame1icanos de los autores ya mencionados de los siglos XIX y XX plantearon la necesidad de pensar las diferentes sociedades latinoa­ mericanas desde las relaciones etnicas, las emergentes identidades nacionales y la relaci6n entre modernidad y modernizaci6n. Estos textos fundadores crearon una p ractica intelectual que podriamos Hamar estudios cul­ turales avant la lettre ( Szurmuk y McKee Irwin, 2009: 1 1 ) . En la genealogfa propuesta por estos dos ultimos au tores, se considera no solo la tradici6n ensayfstica latinoamericana de los siglos XIX y XX ya mencionada, sino tambien el dicilogo y la apropiaci6n de ciertos enfoques te6ricos europeos (la Escuela de _ Frankfurt, el Cen u·o para Estudios Culturales Contemporaneos de Birmingham y el posestructuralismo frances ) , de los proyectos academicos en el Sur (los estudios del subalterno y el poscolonia­ lismo ) y el desa!Tollo de una agenda de investigaci6n en esmdios culturales en los Estados Unidos (Szurmuk y McKee Irwin, 2009:

1 0 ) . Para decirlo en ou·as palabras, desde Szurmuk y McKee Invin,

68 Esta misma definicion aparece en Ia introducci6n a 77le Latin Ameri­ can Cultural Studies Reader, firmada por Abril Trigo (2004: 3-4) .


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 7 1

'los estudios culturales latinoamericanos son el resultado de una tradicion propia que se remonta al siglo XIX pero que no des­ conoce las apropiaciones de desarrollos intelectuales europeos, . asiaticos y estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX: ,

Los estudios culturales surgieron como un campo inter­ disciplinario en el mundo angloparlante en los anos cin­ cuenta y sesenta, como parte de un movimiento demo­ cratizador de la cultura. En A.tn erica Latina, el uso del concepto de estudios cu.lturales es mucho mas reciente. Aunque el concepto parte de la tradicion britanica, tam­ bien tiene su origen en una tradicion que se remonta a la ensayfstica del siglo XIX y al ensayo crftico del siglo XX (Szunnuk y McKee Irwin, 2009: 9 ) . Si este es el panorama, no es extrano que autores y elaboraciones tan disimiles como el cubano Fernando Ortiz de principios de siglo o las de Jose Carlos Mariategui, Nelly Richard, Nestor Gar­ cia Canclini o Jesus Martin-Barbero sean englobados fdizmente bajo Ia rubrica de "estudios culturales latinoamericanos". Incluso algunos alcanzan a considerar estudios culturales intervenciones como Ia gestion cultural y cualquier tipo de articulacion con mo­ vimientos sociales (sabre todo con los etnicos) . Una de las preocupaciones en estas maneras de presentar los estudios culturales latinoamelicanos parece ser la de no conside­ rarlos como una simple extension, una copia mas o menos dile­ tante, de los blitanicos de los sesenta o de los estadounidenses de finales de los ochenta y principios de los noventa. No reducirlos a un apendice tardio de los estudios c ulturales en otras partes del . mundo es el gesto que sostiene el argumento de que lo que se ha hecho en America Latina en torno a las elaboraciones cliticas que incorp oran lo cultural son estudios culturales avant La lett111. Asf, en la introduccion a una compilacion que tiene por titulo Tlze Latin American Cultural Studies Reader, se argumenta taj antemente: Los es tudios culturales latinoamericanos no se origina­ ron en los estudios culturales britanicos o las temias oc-


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ESTUDIOS CULTURALES

cidentales _ posmodernas. Mucha antes de que los estu­ dios culturales blitanicos y los esc1itores posmodemos llegaran a America Latina, y mucho antes de que los estudios culturales blitanicos fueran acuii.ados en Gran Bretaii.a y el posmodemismo hubiese nacido, muchos intelectuales latinoamericanos ya estaban hacienda al­ giin tipo de estudios culturales. Del mismo modo, Ia ge­ nealogia de los estudios culturales de America Latina es multiple y eclectica, y no se relaciona directa y uni­ camente con las teorias posestructuralistas y posmoder­ nas. Tampoco son una rama de los estudios culturales de los EstaP.os Unidos, a los cuales en realidad an tece­ den (Tligo , 2004: 5 ) . Este planteo es retomado por varias de las figuras identificadas dentro del campo de los estudios culturales latinoamericanos cuando afinnan que estaban hacienda ese tipo de trabaj o antes de que existiese esa etiqueta en el mundo, o de forma indepen­ diente. Asf, por ej emplo, �n una entrevista muy citada, realizada en 1 996, Jesus Martfn-Barbero afinnaba, con respecto a su trabajo y al de algunos colegas en Amedca Latina, que: "Nosotros habfa­ mos hecho estudios culturales mucho an tes de que esta etiqueta apareciera" . En su respuesta seii.alaba: ·

Nosotros tenfamos estudios culn1rales desde hace mu­ c h"o tiempo. En Amelica Latina -para el campo de comunicacion, desde el libra de Pascuali en los sesen­ ta- hay una percepcion de que los procesos de comuni­ cacion eran procesos culturales. Hubo un momenta en que Althusser y todas estas casas aparecieron en America Latina, y se les p ercibi6 de manera muy oscura. Ese fue mi caso. Yo no empece a hablar de cultura porque me llegaron casas de afuera. Fue leyendo a Martf, a Argue­ das que yo Ia descubri y con ella los procesos de comuni­ cacion que habfa que comprender. Uno no ·se ocupaba de los medias: estaban en Ia fiesta, en Ia casa, en Ia can­ tina, en el estadio . El primero q�e me abri6 una cierta


EN

TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA

1 73

contextualizacion fue Gramsci, y luego descubrf en un viaje de estudios a Thompson, Raymond Williams, Ri­ chard Haggart, los tres padres de los estudios culturales ingleses. Los conocf a fines de los setenta. [ . ] Nosotros habiamos hecho estudios culturales mucho antes de que esta etiqueta apareciera [ ] America Latina no se in­ corpora a los estudios culturales cuando se pusieron de moda como etiqueta, sino que tienen una.historia muy distinta (Martfn-Barbero, 1 9 96: 4, 5 ) . . .

. . .

Martfn-Barbero n o es una voz aislada; ou·as figuras han formula­ do planteos parecidos: "autores como [Garcia] Canclini, Sarlo o Daniel Mato sostienen que los estudios culturales se producian en America Latina mucho antes de conocer el tennino" (Anoni­ mo, s/f: 20; vease tambien Szurmuk y McKee Irwin, 2009: 1 6 ) . Asf, entonces, ciertos autores latinoamericanos se habian adelantado a lo que suponfa Ia etiqueta de estudios culturales cuando fue acuiiada en InglateiTa en los aiios sesenta; o, tal vez mas adecua­ damente, lo qu.e luego empieza a identificarse en los aiicis noventa como "estudios culturales latinoamericanos" tiene una densidad histotica y una genealogfa propias. Es en este sentido que "Mu­ chos criticos han cuestionado el canicter cosmopolita de los esti.I­ dios culturales arguyendo que en America Latina los estudios cul­ turales tienen una tradicion propia anterior a Ia importacion de los modelos de practicas de estudios culturales que se miginaron en Ia academia norteameticana en los aiios ochenta y noven ta" (Szurmuk y McKee, 2009: 1 2 ) . Ahara bien, no son solo los trabaj os de autores latinoamerica­ nos los que se han incluido dentro de es ta etiqueta. En efecto , Ia lista d e autores y trabajos suele completarse c o n otra serie de au to res (latinoameticanos o no) que hablan sabre Ametica Latina desde el establecimiento academico estadounidense. Es impor­ tante anotar que en el establecimien to estadounidense, dado que existen los estudios de areas ( area studies) , los latin american studies reunen una amalgama de investigaciones y labor academica sobTe los pafses o la region de America Latina. Par tanto, desde este Iugar institucional, los latin american cultuml studies tienclen a con-


1 74

ANTROPOLOGIA

Y

£STUDIOS CULTURALES

siderarse como el grupo de autores y trabajos que se refieren a Ia cultura o a lo cultural, a Ia manera de estudios sabre Ia cultura en Ainerica Latina o sabre la cultura lati noameiicana.r.9 Ya sea como una proyecci6n hacia el pasado de los au tares y las tradiciones en Aineiica Latina (estudios culturales avanl la lellTe) o como un campo dentro de los lalin amelican studies, la noci6n de "estudios culturales latinoamelicanos" ametita ser cuestionada. An tes que nada, hay que tener presente que "el r6tulo de estudios cultu:rales latinoameticanos es una etiqueta de origen estadouni­ dense" (Szunnuk y McKee Invin, 2009: 1 6 ) . Independientemente de la geopolitica de Ia categoria (sabre la que volvere mas adelan­ te } , subsumir una multiplicidad de autores y proyectos intelectua­ les en esta e ti queta es problematico par varias razones. En primer Iugar, porque se esta confundiendo estudios sabre Ia cultura con estudios culturales. Ya he analizado este punta en de­ talle en los capftulos anteriores, par tan to, simplemente hay que recordar aqui que no bas ta con que hable de cultura -ni siquiera con pensar Ia cultura en sus articulaciones politicas y en una po­ sicion que va mas alla de las disciplinas- para que un abordcye es­ pecifico se insciiba en los estudios culturales. Confundir estudios culturales con pensamiento critico cultural, con estudios ctiticos de la cultura o con teorias contemporaneas cdticas culturales es un desf�e analitico donde opera una violencia epistemica gene­ ralmente fundada en "facilerias" (para retomar una expresi6n de Jesus Martin-Barbero en la enu·evista citada) . Par tanto, como lo indica Roberto Follati : "cuando se afinna que previamente ya se venian hacienda estudios culturales [en An1e1ica Latina] , estamos ante una 'verdad a medias ' . Estudios sabre Ia cultura, por supues­ to que ya los habia, y u·abajados por los mismos autores que hoy

69 De ahi que en el Dir.cionario tie es/tulios cttllurales latinonmerir.an.os, Szu r­

muk y McKee Irwin argumenten que: "EI tennino estudios culturaft..s se usa para referirse a un abanico de metodologias interdisciplinarias de investigaci6n. En este diccionario nos ocupamos espedficamente del area de los estudios culturales latinoamericanos, una empresa i nter­ disciplinaria y mul tifacetica enfocada en Ia cultura latinoamericanan (2009: 7 ) .


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 7 5

practican estudios culntrales [ ] Se hablaba de cultura desde an­ tes, pero se lo bacia de o tra manera" (2003: 5 6) . 711 En segundo Iugar, porque, como D aniel Mato (2002) ha argu­ mentado, con el "noble" pro posito de visibilizar Ia especificiclad y diferencia de una supuesta tradicion latinoamericana de los estu­ dios culturales, se tennina aplanando heterogeneidades irreduc­ tibles para subsumirlas en una etiqueta que solo tiene sentido en el mercado academico globalizado des de criterios y ptincipios de . inteligibilidad marcadamente estadounidenses. No se gana mu­ cho concibiendo el trabaj o de Fernando Ortiz, de Anfbal Quija � o o de Orlando Fals Borda como estudios culturales, pero se piercle bastante en Ia comprension de Ia heterogeneidad de los significa­ dos y efectos de sus labores intelectuales y politicas. Finalmente, porque "lo latinoamericano" no es en absoluto un marcador neutral y ausente de problemas. La "obviedad" de Ia adjetivacion que remite a una entidad geo-his totica con supuestas comunalidades epistemicas y sociologicas merece cuestionarse en sus posibles apropiaciones esencializantes y moralizantes. Aunque volvere sabre los problemas de Ia idea de America Latina y lo la­ tinoameticano mas adelante, par ahara hay que resaltar que los "estudios culturales latinoameticanos" no son de Ia misma mane­ ra latinoamericanos cuando son hechos sobre America Latina desde el establecimiento academico estadounidense que cuando lo son desde Ametica Latina (y tmis a lin: ese desde merece destacarse en el sentido de que las diferencias de clase, raciales, de genera, gene­ racionales, institucionales y de Iugar cuentan y son significativas en terminos intelecntales y politicos) . De estos cuestionamientos no se deriva, entonces, que conside­ remos que Ia genealogia de los estudios culturales en America La­ tina es Ia que los coloca en una posicion de replica mas o menos adecuada de los estadounidenses o de los britanicos. Considera­ mos, sin embargo, que existe una especificidad en America Latina . . .

70 Uno de los ejemplos extremos de equivalencia entre estudios cuiLUra­ les y teoria cultural ( i ncl uso no necesariamente critica) se encuen tra en el libro compilado por Valenzuela (2003) para Mexico.


1 76 ANTROPOLO GIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

con respecto a otra seiie de p royectos intelectuales y politicos en la region. No es adecuado reducir la heterogeneidad de estos y que se los conciba como simples ramas o subcampos de una tota­ lizadora nocion de estudios culturales. En este sentido, consideramos valiosos planteamientos como los de joh n Beverley (2003: 336 ) , cuando distingue entre los pro­ yectos intelectuales:

1. los estudios culturales, donde encuadra el u·abaj o de Nestor Garda Canclini y Jesus Martfn-Barbero; 2 . las diferen tes vertien tes de crftica cultural, donde ubica los aportes de Nelly Richard, Alberto Moreiras y Beatriz Sarlo ; · 3. los estudios poscoloniales, donde estarfa Walter Mignolo; 4. los estudios de la subalternidad, donde par aquel entonces situaba su u·abaj o y el de otros como lleana Rodriguez. . Independientemen te de l as discusiones que puedan desarrollarse sabre lo acertado o no de Ia cartografia sugerida aqui par Bever­ ley, parece acertada su crftica a Ia equiparacion facilista entre los "estudio� culturales latinoamericanos" y las conientes (contem­ ponineas o no) del "pensamiento critico latinoameiicano". A modo de ilusu·acion de la dispersion y heterogeneidad en Ia que se deberia examinar el Iugar de los estudios culturales en America Latina, se ha realizado el siguiente diagrama. Mi inten­ cion no es la exhaustividad, sino visualizar Ia multiplicidad de los proyectos intelectuales que han operado en Ia region y sus disimi­ les i nfluencias.


Primeras decadas del siglo XX

Transculturaci6n

Reyes I Rod6

Marlategui

Fernando Ortiz

C. L. R. James

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Estudios criticos de Ia comunicaci6n

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Estudios (inter)cultur�l �. s . eri clave decolonh:il .

· Alban, Canialho, · walsh .

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Fals, Borda

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Ochoa, Miller, Vich, Yudice

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Laclau, Gunder Frank

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Debate sobre feudalismo/capitalismo

Garcia Candini,

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Rodriguez, Beverley, Rabasa · •·

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· Estudios ·culturales

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Estudios de Ia subalternidad

Castro-G6mez, Mendieta

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' Antillimidad • :9�o��ste�ica

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Teoria poscolonial

Giro decolonial

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Stavenhagen

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MoraA:�. ·�o��i ras

Coronil, Mignolo

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Posoccidentalismo

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Fernandes, Quijano

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Sociologfa propia

Mattelar, Ver6n

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Teorfa de Ia dependencia

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Ortiz, Ribeiro

Ontologfa nila'c io �al•

Blaser,' de Ia. Cadena, · · · Escobar

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Mundializaci6n y posimperialismo

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1 78 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

LOS ESTUDIOS CULTURALES DESDE LA PERIFERIA

La creciente circulaci6n de la rubrica de estudios culturales en ciertos pafses de America Latina debe entenderse en el marco de lo que algunos Haman su "internacionalizaci6n'' (Abbas y Nguyet, _ 2004) . Aunque para algunos este proceso se remonta a Ia segunda mitad de los aiios ochenta con su traslado a los Estados Uni dos, es recien a principios de los noventa que logra consolidarse, al­ canzando diferentes partes del mundo. En lugares con tradiciones intelectuales tan disfmiles como Australia, Asia o America Latina, la n1brica de "estudios culturales" (con o sin la adjetivaci6n regio­ nal) empieza a interpelar las pr.icticas intelectuales de algunos o es utilizada como etiqueta para englobar su trabaj o desde afuera (es el c aso de "estudios culturales latinoamericanos", que se aplica desde el establecimiento academico estadounidense) . Asociado con el cruce del Atlantica, se ha indicado frecuente­ mente que los estudios culturales han pasado de un Iugar mar­ ginal en el establecimien to academico y de una clara vocaci6n polftica en sus orfgenes_ en Ia Inglaterra de Ia posguerra a una descomunal incorporaci6n en el coraz6n de Ia institucionalidad academica en los Estados Unidos, con efectos banalizantes y des­ politizadores. 71 Esto se ha revertido en algunas de sus corrientes

7 1 Puede consultarse el video de Roberto Follari refiriendose a esta banalizaci6n y despoli tizaci6n en el siguien te enlace: <bdigital.uncu.

edu.ar/fichas.php?idobjeto=440>. No obsta.nte, sobre las generali­ zaciones r.ipidas que descart<ln en bloque las pr.icticas y posibilida­ des de los estudios cultu rales en los Estados Unidos, Nelly Richard recuerda: ''Existen lfneas de ambigiiedad y de con tradicci6n en el in terior del programa academico de los estudios culturales que, incluso en los Estados Unidos, abren puntos de fuga dentro de su fonnato aparentemente tan seriado. En contra de l o s propios lfmites de burocratizaci6n academico-universit.< ria de los estudios cul turales, es siempre posible p1·esmr atenci6n a las formas altemativas mediante las cuales -para retomar una f6nnula de Jameson- 'el deseo' llamado 'es tudios culturales' bamlla contra su propia ortodoxia institucional [ ] . La libertad que ganemos para desplazarnos en medio de las . codificaciones insti tucionales del saber academizado nos permitir.i recombinar estrategicamente determinadas articulaci o nes de de b ate . . .


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 7 9

y concepciones, incluso en Inglaten-a. Daniel Mato lo indica de

esta rnanera: Ia creciente irnportancia academica de los Cultu-ral Stu­ dies en los Estados Unidos y Gran Bretaiia se ha dado combinadamente con una perdida de irnportancia de Ia condici6n politica que se supone le era propia. Su canic­ ter politico ha venido disolviendose en una ret6rica de Ia politica y los asuntos de poder que no pennite ver las practicas de los actores sociales, que en ingles se denomi­ nan social agents. Asi, buena parte de los Cultural Studies, esos que se hacen en ingles, ha devenido agentless, es de­ cir "sin actores sociales"; rnero asunto de anilisis de tex­ tos y discursos, que en el mej or de los casas son puestos en contextos respecto de los cuales -de todos modos- no se estudian practicas sociales especificas (2002: 30) . En lo que respecta a America Latina, los estudios culturales pare­ cen haber llegado para quedarse. La interpelaci6n de los estt�dios culturales, en algunos casas, se ha expresado como una identifica­ ci6n y apropiaci6n de Ia n.l.b1ica para dar sentido al u·abajo propio ( creando incluso prograrnas de fonnaci6n de posgrado, eventos o publicaciones con Ia etiqueta de "estudios culturales") . No obs­ tante, en rnuchos ou·os casas, esta interpelaci6n se ha expresaclo como una fuerte reacci6n a lo que se percibe como una imposi­ ci6n de rnodas acadernicas rneu·opolitanas (sabre todo estadouni­ denses) ' no solo ajenas a las tradiciones intelectuales propias, sino abiertarnente desconocedoras de estas. ;2

segll n las p rioridades de cada uno d e nuestros comextos )' los j u egos de fuerza que los mraviesan " (200 1 : 1 89) . 72 En tre los auwres que rechazan los estudios culturales con este argu­ mento de i rrelevante moda i n telectual metropol i tana se encuenU<m Carlos Reynoso (2000 ) , Roberto Follari (2003) y Remin Vega ( 2007) . El libro de Reynoso, que basicamen te argumenta que l os estud ios cul tu rales son una combinaci6n de teoria posmodema, banalidad te matica y ligereza metodol6gica, se

ha convertido

en un clasico d e

esta posicion y, al m enos en tre los antrop6Iogos mas conse"•adores


1 80 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

Seglln Daniel Mato (2002: 2 1 ) , en el contexto intelectual y po­ litico latinoameiicano, es pertinente distinguir entre lo que llama los cultural studies y los esntdios culturales. Los plimeros, asf en ingles, son enmarcados en una tradici6n anglosajona y definidos predominantemente por sus referencias te6ricas, autolidades aca­ demicas y tematicas. Aunque pueden reivindicar cierta especifi­ cidad de "lo latinoamericano" o de lo que se hace desde America Latina, suelen ubicar a Bhmingham y su Centro de Estudios Cul­ turales Contemporaneos como el punto de origen en Ia genea­ logia y como el paradigma de lo que se deberia hacer; lo cual no pocas veces entra en contradicci6n con lo que realmente se hace "porque el proyecto de los cultural studies, esos que se hacen en ingles, ha venido academizandose a Ia vez que despolitizandose" (Mato 2002: 30) . La carencia de una reflexi6n explfcitamente cri­ tica sobre el nombre es comiin entre quienes operan clentro de este modelo que, si seguimos Ia sugerencia de Mato, debe llamar­ se cultural studies.73 D e o tro lado, para Mato es posible identificar las apropiaciones estrategicas de Ia riibiica de estudios culturales para trabajos con conteniclos y agendas propias, que se evidencian en las fuentes utilizadas, las tematicas trabaj adas, los autores citados, las autori­ dades y genealogias u·azadas. Esta apropiaci6n esu·ategica puede ser el resultado de una reflexi6n critica explfcita con respecto a Ia "importaci6n descontextualizada" que mantiene una relaci6n de incomoclidad con Ia rii b rica de esntdios culturales o, por el contrario, puede ser el resultado de ignorancias y comodidades de ou·o tipo (como el caso de cierta burocracia academica que encuen tra esa expresi6n seductora para el pcisicionamiento en los mercados de posgrados locales o nacionales) . El posicionamiento en el imaginario y en el establecimiento academico de algunos pafses de Amelica Latina de los cultural studies, incluso en sus importaciones mas clescaradamente clescon-

disciplinariamen te, es Ia u nica referenda de los estud ios culturales. Para una replica al l ibro de Rernoso, puede consultarse el articulo de San tiago Ca.�tro-G6mez (2003 ) . 73 E n esto coincide Mato con Mattelart )' Neveu ( 2002) .


EN TORN O A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 8 1

textualizadas, no impide rescatar su articulacion con algunos pro­ cesos interesantes que dan Iugar a fonnas de problematizacion de las mismas politicas de Ia ignor'!-ncia sabre las que se sustentan.;� Mato no esta abogando por una posicion nativista desde el esen­ cialismo latinoamericano que rechazalia los dicilogos fecundos que pueden generar en Ia region los wltural studies ( como en su epoca lo hicieron ciertas apropiaciones del marxismo, de Ia se­ miotica o del feminismo) . Su cuestionamiento es mas de fonda y se refiere precisamente a Ia geopolftica de los cultural studies cuan­ do se hacen en o sabre America Latina con efectos invisibilizantes y desestructuradores de los proyectos intelectuales y politicos de mayor calado que el denomina "estudios y otras practicas intelec­ tuales latinoamericanas de cultura y poder":

·

No propongo adoptar una posicion esencialista, ais­ lacionista, ni folclorizante. No, no se trata de eso. Al contrario, propongo una posicion abierta, de dialogo e intercambios transnacionales. Propongo que veamos al proceso de institucionalizacion de los wltural studies que se hacen en ingles sin vocacion de autosubordina­ cion, sino simplemente con conciencia de contexto , de diferencia, de relaciones de poder, con acti tud crftica y mirada transdisciplinaria. Asi, podrfamos ver como (ver las fonnas en las cuales) Ia institucionalizacion de ese movimiento puede constituirse para nosotros en una oportunidad de intercambios intelectuales y constntccion de alianzas para impulsar renovaciones de interes en el ambito de las universidades y socieda­ des latinoamericanas, y a Ia vez tambien brindarle a ese movimiento propuestas renovadoras. Pienso que antes

74 Aunque los alcances y algu nos de los mecanismos de estas i m pon.a­

ciones son bien particulares del campo transnacional de los culluml studies y de Ia� transfommciones del sistema mundo en las ultimas tres decadas, tam poco se puede desconocer que este tipo de ··gestos de autosumisi6n in-eflexiva" encuen tran un fundamento nada desde•ia­ ble en practicas de larga data en Ia region .


1 8 2 ANTROPOLOGIA

Y

ESTU DIOS CULTURALES

que traducir descotextualizadamente la idea de cultu­ ml stuclies resulta epistemol6gica, etica y polfticamen te m as fructffero mirar a nuestro alrededor mas inmedia­ to y encontrar las maneras de nombrar todo eso que en terminos de cultum y poder estci pasando -y que vie­ ne pasando desde hace ya mucho tiempo-, de hacerlo mas visible y aprender de y con esas o tras experiencias cercanas . Nombrar insti tuye , y al instituir se gen eran mecanismos de producci6n, circulaci6n, control y deli­ mitaci6n de los discursos [ ] , y de las practicas , clara, y con ellos tambien sistemas de legi timacion y recono­ . . .

cimiento ( Mato , 2002: 41 ) .

y

esta c titica no solo es aplicable a lo que ha denominado los

cultuml stuclies. Con respecto a la apropiacion estrategica de los estudios cul LUrales (ya sea con o sin sus marcaciones regionales o nacionales ) , Daniel Mato ha explicado que la importacion de esta etiqueta como mauiz de interpretacion de lo que se produce en la region implica la obli teracion de las especfficas relaciones de las prcicticas intelectmtl es sabre cultura y poder con los procesos sociales y politicos desde los que ha operado gran parte de los intelectuales en Amelica Latina, y que estas relaciones no pueden ser requcidas a las expresiones legibles par el establecimiento aca­ demico (publicaciones, congresos, p rogramas, graduados, etc.) . - lndependientemente de que compartamos (como es mi posi­ cion) o rechacemos la argumentacion realizada par Daniel Mato, no puede desco nocerse que hay una preocupacion en torno a Ia interpretacion del creciente interes en los estudios culturales en algunos pafses de Ame1ica Latina y sabre la pertinencia de apoyar Ia creacion de programas de fonnaci6n en las universidades bajo esta rU.blica, asf como de Ia articulacion de redes, eventos, publi­ caciones o subj e tividades en torno a esa nocion_ En este sen tido, Nelly Richard seiiala: Son mi1chas las sospechas y reticencias que rodean la menci6n a los estudios culturales en America Latina, donde se los tiende a percibir como demasiado cautivos


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 83

del horizonte de referencias metropolitanas que globa­ liza el uso y Ia vigencia de los terminos puestos en cir­ culacion por un mercado lingii fstico de seminarios y de congresos internacionales. Para muchos, basta con que los estudios culturales hayan sido instintcionalizados por la fabrica de novedades de Ia academia norteamericana para hacerlos cargar automaticamente con el estigma colonizador de Ia dominacion metropolitana y p ara de­ clararlos culpables de solo favorecer las tecnologias de Ia reproduccion que expanden el mercado academico internacional. La moda de los estudios culturales habria ido borrando la densidad historica de lo local y de sus "regionalismos crfticos" (200 1 : 1 87) . En sus artfculos, tanto Mato como Richard hacen referenda a que los efectos de subal ternizacion y. borradura de la heterogenidad de Ia region son el resultado de relaciones de poder globales que permiten dar cuenta de que los diferentes lugares en el sistema mundo de la academia son constituidos por una asimetria en las condiciones de visibilidad (y, a Ia vez, en los silenciamientos) de lo que se hace pero tambien de quienes y en que terminos lo hacen. Para profundizar en esta idea, puede sernos de utilidad una perspectiva como la del "sistema mundo" sugerida por Wallerstein . El sistema mundo debe pensarse no solo en los registros mas ob­ vios como el de un arden economico o polftico mundial, sino que tambien pasa por aspectos · mas sutiles como las configuraciones culturales o, ampliandolo a lo que nos interesa, Ia organizacion de campos disciplinarios o transdisciplinarios. Desde Ia perspec­ tiva del sistema mundo, estos campos suponen una densa red de relaciones de flujos y jerarqufas, donde unos establecimientos academicos de ciertos lugares del mundo se encuenu·an mejor posicionados que o tros para defmir los terminos y las condiciones de las discusiones en el interior de cada campo. Refiriendose a los estudios culturales, Richard subraya el poder representacional y codificador que Ia red academico-meu·opoli­ tana ej erce sabre que aparece como estudios culturales y en que tenninos lo hace. Este poder representacional y codificador ope-


1 84 ANTRO PO LO GIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

ra tanto para los establecimientos metropolitanos como para los subalternizados ubicados en las peliferias. Como seiiala Richard, esto no significa considerar que Ia red academico-metropolitana es homogenea y carente de disputas internas con sus correspon­ dientes heterogeneidades, contrahegemonfas y subalternizacio­ nes. Tampoco significa que los establecimientos pe1ifelicos solo se limiten a copiar de manera diletante lo que se define en la red academico-meu·opolit(!na. El poder representacional y codificador de la red academico­ meu·opolitana no opera p1incipalmente median te coercion o imposicion por Ia fuerza, sino a traves de Ia interpelacion y el troquelamienJ:o de subjetividades, Ia distlibucion de recursos y reconocimientos (que son, a su vez, desconocimientos) . Apara­ tos como las industlias editoliales (que se publica y como) , los programas de fonnaci6n (con sus becas y redes) y las polfticas de financiacion son fundamentales para establecer los contenidos y tenuinos de los campos.75 Es en este marco que podrfamos argumentar Ia cuestion de las geopolfticas del conochpiento para el campo de los estudios cul­ turales. Como muestran Mato y Richard, no es lo mismo estar ubi­ cado en Amelica Latina y escribir en castellano ( o incluso no es­ cribir, para referirnos a las o u·as pnicticas intelectuales de las que habla Mato) que estar ubicado en el establecimiento academico estadounidense, en relacion con las pnicticas de visibilizacion y laS polfticas de la ignorancia con respecto a lo que aparece como el campo de los esntdios culturales (con o sin su marcacion regiO­ nal) . La ubicaci6n (geocultural, insti tucional y de enunciacion) importa. "Ser hablado" o "poder hablarse" pasa por Ia ubicacion, dadas las asimetrfas esu·ucturales enu·e las localidades geoculnu-a­ les ( los Estados Unidos, AnH�1ica Latina) , las localizaciones insti-

75 Con su alcan ce p r.icticam e n te m u n dial , conuibuyen a Ia definicion del sentido com lin de cada campo: de las autoridades, a utorizaci ones y sensibil idades rele\"<Ultes, las jerarquizaciones de objetos, marcos conceptuales y estrategias in e todol6gicas; Ia sedimentaci6n de pr.icti­ cas escriturales y argumen tativas; y e l establecimiento de los te1minos de Ia p rofesionalizaci6n de sus practicames.


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 85

tucionales (establecimiento metropolitano, es �blecimiento peli­ ferico) y los lugares de enunciaci6n (hablar de/sabre, hablar por, hablar desde, hablar con) .76 Indicado esto, es muy importante no perder de vista la heterogeneidad de estas dos ubicaciones para no pensar el asunto en terniinos de un conu·aste moralizador y esencialista que tiende a desconocer las diferencias y relaciones de poder que operan en cada una y las alianzas entre ambas (per­ versas en algunos casas; en otros, de abierta solidaridad) . Estas bon·aduras de las heterogeneidades con la excusa de un principia de inteligibilidad (efecto de las relaciones de poder que operan en el establecimiento academico metropolitano y en sus relaciones con los perife1icos) es abordada por Nelly Richard cuando se refiere a la distinci6n entre lo latinoame1icano como diferencia diferenciada y como diferencia diferenciadora. En el ptimer caso, nos enfrentamos a una homogeneizaci6n como otm (de la raz6n, de la ciencia, de Ia niodernidad, del individualismo, de Ia economfa) producto de las nostalgias imperiales articulaclas por el establecimiento academico estadounidense. De ahi que lo latinoamericano sea constituido desde los criterios de legibiliclad del establecimiento metropolitano, sus aporfas e imaginmios. Es clara, entonces, que nos enconu·amos ante una p olitica de Ia ig­ norancia, de desconocimiento de Ia heterogeneidad irrecluctible de lo latinomnericano a las hmigenes prefabricadas de una otre­ dad monolitica. Como contraposici6n a este tipo de polftica de I a ignorancia, Richard sugiere una politica de interrupci6n del dis­ positivo de codificaci6n y representaci6n meu·opolitano median­ te una esu·ategia de: "una diferencia diferenciadora que tenga en sf misma Ia capacidad de modificar el sistema de codificaci6n de las relaciones identidad-al teridad que busca seguir aclminisu·anclo el poder academico metropolitano" (200 1 : 1 9 1 ) . La noci6n de estudios culturales latinoamericanos corre el 1iesgo de asumir como una obviedad la idea de "latinoamericanidacl" , y el problema de ello radica en que se expone a que se Ia conciba

76 Retomo aquf, con algunas modificaciones especfficas, los n i \•cles

anal iti cos sugetidos po1· Richard ( 200 1 : 1 88- 1 89 ) .


1 86 ANTROPOLOGIA Y ESTUDIOS CULTURALES

como una esencia que da cuenta de una diferencia constitutiva de los latinoamericanos con respecto a o tras gentes (los estadouni" denses o los europeos, par ejemplo ) . Los latinoamericanos pen� sarfan o serian de esta o aquella forma par esa suerte de esencia compartida: Ia latinoamericanidad. Y como esta caracterfstica se piensa como una diferencia radical respecto de Occidente o de Ia modemidad, no es extraiio que tenninemos avalando imagenes que nos presentan como . ex6ticos a nosou·os mismos. En ocasio­ nes, estas cristalizaciones se cargan de una supuesta superioridad moral, como lo · ten demos a hacer con las imagenes de lo indfg� na. La latinoam ericanidad deviene entonces en garante de una exterimidad y, par ende, de una autenticidad que a· menudo es lefda como privilegio epistemico a · polftico. Ademas, si bien consideramos que los estudios culturales son siempre contextuales y situados, de ella no se deriva necesaria­ mente que Ia marcaci6n del Estado-naci6n (estudios culturales colombianos, argentinas o ecuatorianos) o de regiones geo­ hist6ricas, como America Latina, de cuenta adecuadamente de esta contextualizaci6n }� situacionalidad en Ia practica d('! los estudios culturales. En o ua.s palabras, Ia adjetivaci6n e identi­ ficaci6n no se corresponden tan facilmente con su ubicaci6n y contextualizaci6n. D esde .el Iugar donde se enuncian los estudios culturales, hay algunas preguntas, un tipo de bibliografia, unas conversaciones y problematicas que pueden marcar cierta especificidad, pero Ia latinoamericanidad es una entidad heterogenea, muy diversa. Los pafses de A.tne1ica Latina se caracterizan par una radical heterogeneidad en tenninos politicos. Esto tambieri puede afinnarse de las configuraciones academicas e intelec tuales, ya que las especi­ ficidades de las formaciones nacionales son evidentes. Pero mas profundamente, las fm·mas de articulaci6n de las experiencias de lo latinoamericano son mul tiples, dependiendo de diferentes factores. La clase es una de las mas obvias, como Ia de los cuer­ pos racializados o etnizados. No obstante, las . exclusiones o sub­ alternizaciones referidas a estos tres factores (y podrfamos haber mencionado muchos ou·os) no operan de la misma manera en distintos momentos en los diferentes pafses o regiones de Ameri-

·


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 8 7

ca Latina. Por tan to, siguiendo a Nelly Richard, es mas aclecuaclo refeiirse a estudios culturales sobre/desde Ame1ica Latina que a "es­ tuclios culturales latinoamericanos"; mas aun si recordamos que este i"lltimo termino nos remite a los p1incipios de inteligibilidacl y funcionamiento del establecimien to estadounidense.

ESTUDIOS (INTER) CULTURALES EN CLAVE DECOLONIAL

El texto "�Que saber, que hacer y como ver? . . . " corresponde a Ia introduccion escrita por Catherine Walsh para un libro que recoge los resultados del Primer Encuentro In ternacional sabre Estudios Culturales Latinoamericanos: Retos desde y sabre Ia Region Andina, realizado en junio de 200 1 . Como lo anota Ia autora, se buscaba aqui abrir un espacio de dialogo desde Ame­ rica Latina "sabre Ia posibilidad de ( re ) pensar y ( re) construir los ' estudios culturales ' como espacio de encuentro p o l itic o , crf­ tico y de conocimien tos diversos" (2003b: 1 2 ) . El encuentro, que marca el inicio del doctorado en estudios culturales latinoame­ ricanos de Ia Universidad Andina, evidencia ya Ia impronta de lo que luego devendria en lo que hemos denominado inflexion decolonial: El uso de "esn1dios culturales" no fue -ni tampoco es­ casual. Refleja una urgencia cada vez mas evidente en los pafses andinos de nombrar un campo intelectual dirigido al renovado pensamiento crftico inter y trans­ disciplinar; las relaciones intimas en tre cultura, polfti­ ca y economfa; y lo que Mignolo (2000) denomina las epistemologias fronte1izas, incluyendo aquellas p romo­ vidas par los movimientos indfgenas y afros [ . . . ] reflej a l a necesidad de articular desde Ame1ica Latina pero en relaci6n con o tras regiones del mundo proyectos intelec­ tuales, politicos y eticos que ponen en dialogo, debate y discusion pensamientos cliticos (en plural ) , que tienen como objetivo comprender y confron tar, entre o tras, las


1 88 ANTROPOLO GIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

problematicas de la colonialidad e interculturalidad, y pensar fuera de los lfmites definidos par el (neo) libera­ lismo (Walsh, 2003b: 1 3 ) . Varios son los elemen tos que desde entonces se ponen enjuego en esta particular concepcion de los estudios culturales. Prime­ ro, lo del pensamien to critico inter y transdisciplinar. A veces, a parti r del conocido libra de Wallers tein y o tros, Abrir las ciencias sociales, se afinna la limitaci6n de los abordaj es disciplinarios de la cultura, como en el caso de la antropologia cultural o la so­ ciologia de la cu ltura. En tal sentido, se considera que la cultura se tiene que - pensar en relaci6n con la economia y Ia politica, y no de manera aislada. En segundo Iugar, aqui ya aparece la noci6n de "epistemologias fronterizas" y el Iugar de los movi­ mientos indigenas y afros. Esto es lo que se elaborara desde la · argumen taci6n de lo interepistemico y el descentramien to del eurocen trismo. Tercero, el enfasis en que se trata de un pensa­ miento critico clesde America Latina y no simplemente sabre la region apunta bacia las geopolfticas del conocimiento y el lu­ gar de enunciacion que buscan no solo desmarcar los estudios culturales de lo que se hace en los Estados Unidos bajo esa eti­ queta, sino tambien establecer una conexion con las tradiciones de pensamiento critico latinoamericanas. Finahnente, aparecen ya la colonialidad y la interculturali dad como las problematicas que estarian en j uego . De ahi que Walsh afinne que: "Para los que estamos inyolucra­ dos en esta practica, el objetivo no es [ ] readoptar la practica de los cultuml studies iniciada en Inglaterra, sino consuuir puentes de convergencia enu·e proyectos intelectuales, entre comunida­ des interpretativas y entre las disciplinas que estudian lo social­ cultural, y tambien entre estas y los saberes locales" (2003b: 14) . Es en este sentido de no simple reproducci6n de los cultural stu­ dies ingleses, por no decir de distanciamiento con las vertientes menos criticas y textualistas estadounidenses, que Walsh refiere a los estudios culturales altemativos: . . .


EN TORNO A LOS ESTUDIOS CULTURALES

E..'\'

AMERICA LATINA 1 89

Desde mediados de los noventa y frente al cambia glo­ bal actual, los estudios culturales se encuenucm en ree­ valuacion y u-ansicion, especialmente en el hemisferio Sur, donde un campo o, tal vez mejor dicho, un proyecto de estudios culturales altemativos est:i emergiendo, vincu­ lado mas con el pensamiento crftico que con los intere­ ses anteriores de las indusuia culturales y del consumo (2003b: 23) .

Estos "estudios culturales alternativos" se diferenciarian de los cultural studies, pero tambien de la primet-a generacion de los estudios culturales latinoamericanos: "Es importante hacer una distincion enu·e esta primera generacion Uesus Martfn-Barbeto y Nestor Garda Canclini] , la ptimera escuela de estudios cul tu­ rales, y lo que algunos estamos llamando estudios culturales hoy" (Walsh, 2004a: 7) . Es en este sentido que se entiende la distincion que Mignolo realiza enu·e estudios culturales y el programa de investigacion modernidad/ colonialidad: La version latinoameticana de los estudios cul turales emergio en el h01izonte con los u-abaj os de Nestor Gar­ da Canclini y Jesus Martfn-Barbero [ ] . Garda Cancli­ n i segufa mas que todo la linea de Pierre Bourdieu, y Jesus Martfn-Barbero, quien es espanol pero reside en Colombia, tomo elementos de su temprano interes en la Escuela de Frankfurt y de su u-abajo sabre medias. La version de los estudios culturales de Garda Cancli ni y Martfn-Barbero se enfoca en los medias, en la ciudad y en las transfonnaciones tecnologicas en Ametica Lati­ na. Basicamente, su u·abaj o mas importante pertenece a la perspectiva de la modernidad, asi esta sea petiferica como en Latinoamerica. El programa de investigaci6n de modernidad/ colonialidad, y su consecuencia nece­ saria, la decolonialidad, se situa en un escenatio radi­ calmente diferente: en el lado oscuro de la modernidad (Mignolo, 2007: 1 65 ) . . . .


1 90

Al:I.'TROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

En escritos mucho mas recientes, Walsh ( 2 0 1 0 ) explicita los ras­ gos especfficos de su concepcion de los estudios culturales, a los cuales no en pocas ocasiones prefiere denominar "estudios (inter) culturales". Concibe los estudios culturales como un pro­ yecto i ntercultural, interepistemico y de orientacion decolonial. Lo de intercultural se entiende como un descen u·amiento del eurocentrismo p ropio de Ia modernidad occidental a u·aves del posicionamiento de modalidades de existencia que han sido subalterinizadas, como el caso de las poblaciones indfgenas y afrodescendien tes: Lo intercultural ha sido -y aun es- eje central de los procesos y Iuchas de cambia social en Ia region Andina [ ] . Asf nos interesan los espacios de agenciamiento, creacion, innovacion y encuentro entre StBetos, saberes, practicas y visiones distintos. Es en este sentido que asu­ mimos Io intercultural nombrando nuesu·o proyecto es­ tudios (inter) culturales, asf pensando desde esta region, desde las luchas, practicas y procesos que cuestionan los Iegados eurocent1icos, coloniales e impe1iales y preten­ den u·ansformar y consu·uir condiciones radicalmente distintas de pensar, conocer, ser, estar y con-vivir (Walsh, 2 0 1 0 : 220-221.) . . . .

Lo iiuerepistemico s e encuentra relacionado con l o intercultu­ ral. Enfatiza en Ia problematizacion de Ia geopolitica del conoci­ miento y en Ia dimension epistemica de Ia colonialidad. Supone Ia apertura a saberes y epistemologfas ou-as, en cuanto hmizontes en los cuales se puede fundar un proyecto decolonial (Walsh, 2010: 221 ) . Dada esta concepcion, Ia autora se pregun ta si "estudios cul­ turales" es Ia denominacion mas adecuada para su proyecto: A proposito de estas diferencias [al interior de lo que se nombra como "estudios culturales"] -y particularmente

con Ia emergencia en la region de un creciente numero de programas de estudios culturales- he cuestionado si este nombramiento es Io mas apropiado para el proyecto


EN TOR."'lO

A

LOS ESTUDIOS CULTURALES EN AMERICA LATINA 1 9 1

en que he estado envuelta durante los ultimos dace aii.os en la Universidad Andina Simon Bolivar en Ecuador" (2010: 2 1 1 ) . S u sugerencia de estudios (inter) culturales en clave decolonial es una acertada manera de enmarcar los alcances y prop6si tos del proyecto mencionado. Los estudios (inter) culturales en clave decolonial tienen una posicion central en el doc torado dirigido par Walsh en la Universidad Andina en Quito y han orien taclo la concepcion de los estudios culturales de sus egresados que se encuentran en va1ios pafses de la region. Tambien en Brasil hay una concepcion confluyente apuntalada por jose jorge Carvalho (vease Carvalho, 2 0 1 0 ) . No obstante, como se desprende con cla­ ridad del libro editado par Nelly Richard (20 1 0 ) , a excepci6n de Catherine Walsh, las concepciones de estudios cultu rales esgrimi­ das p ar los au tares de distintos pafses en America Latina no pasan par su inscripcion en el proyecto o vocabula1io de la inflex ion decolonial. Sin desconocer la relevancia de los estudios (inter) culturales en clave decolonial, los estudios culturales, desde mi perspecti­ va, constin1yen un proyecto intelectual y politico diferenciable , ya que estos ultimos se caracterizan par el contexrualismo radi­ cal y el antirreduccionismo en torno a la cul tura-como-pode r y el poder-como-cultura, donde lo intelecmal tiene una vocaci6n polftica, busca intervenir y transfonnar, pero no se circunscribe a u n a politica de denuncia del eurocent1ismo y de la colonialidad. Esta concepcion de estudios cul nu·ales no desconoce la relevan­ cia de los saberes de los sectores subalternizados par los efectos del eurocentrismo que ha fetichizado el "conocimiento cientifico" y la academia, como los poseedores de una verdad u-ascenden te , p ero no descarta como insumos in telec tuales relevan tes an tares em·opeos o estadounidenses como Foucault, Bourdie u, ·williams, Wallerstein, Rabinow, Thomson, Gramsci o Marx, par mencionar solo algunos. A partir de Chakrabarty (2008) , cabe clestacar que la acti n1d intelectual y polftica frente a estos autores no es des­ cartarlos, sino considerarlos indispensables y, a la vez, incladecua­ dos. Una labor intelectual que, como la cle los estudios cultu rales,


1 92

ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

busca comprender situadamente e intervenir contextuadameme no puede darse el luj o de descartar en bloque estos insumos de足 bido al "pecado o ri gi n al" del eurocentrismo, lo que no significa que desconozca Ia relevancia de evidenciar las geopolfticas del conocimiento en his que han operado y las clausuras que se han agenciado en su nombre.


Epilogo

Antropologfa y estudios culturales : tensiones y confluencias

Para saber como conocer mej o r es necesario conocer rnejor como nos organizamos para conocer: como se interiorizan en nosotros luibitos metodologicos y estilos de investigacion que consagran las instituciones y los dispositivos de reconocimiento. Se trata, por tanto , no solo de deconstruir los textos, sino que [ . . . ] vo lva m os otm, aj eno, nuestro mundo; que seamos e tnografos de nuestras propias instituciones. Hay un momenta en el que la ctitica epis temologica no puede avanzar si no es tambien an tropologia de las condiciones sociocultura­ les en que se produce. NESTOR GARciA CANCLINI ( 1 99 1 : 6 2 ) E n e l X Congreso Nacional d e An tropologia e n Colom­ bia, realizado en septiembre de 2003 en Manizales, uno de los tres simposios cenn·ales fue dedicado a la relacion en tre an t opolo�:,>ia y estudios culturales, subalternos y poscolon ial es . Los p a ticip an ­ tes de este simposio buscaban evidenciar los posibles aportes a la disc i p l ina an tropologica de las diferen tes corrientes teo ricas que en las ultirnas decadas han adquirido fuerza i nusi tada en estable­ cimientos acadernicos como el estadounidcnse o el bri tanico. Paradoj icamen te , uno de los an tropologos latinoam eri canos mas critico de los estudios cultu rales, Carlos Reynoso, es tuvo a r

r

cargo de la ponencia in augu ral del congreso. Reynoso presen­ to , adernas, o tra ponencia en uno de los simposios cen trales ; allf recogfa fragmen tos de su libra Apogeo ) decadencia de los '

estu­

dios cultumles, en el cual considera que "a despecho de la profu­ sion de apologias y de Ia sobreabundancia de alardes, el aporte


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ANTROPOLOGIA

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sustantivo de los es tudios culturales ha sido apenas modesto, y en la mayoria de los casas de un c anicter si se qt1iere trivial" (2000: 95 ) .

Enu·e los multiples comentarios que circularon en este congre­ so a proposito de las presentaciones de Reynoso y del simposio sabre estudios culturales, subalternos y poscoloniales, llamaron poderosamente mi atencion dos actitudes. En ptimer Iugar, la obviedad con que muchos de mis in terlocutores confundfan las diferencias entre los estudios culturales, subal ternos y la temia poscolonial. No solo aparecfan a sus ojos como equiva).entes, sino que a menudo las consideraban sinonimos de la categoria en­ globante (a veces con tono despectivo) de "temia posmoderna". En segundo Iugar, era sorprendente la forma visceral con que se rechazaba en bloque Ia relevancia para la antropologfa de los es­ tudios culturales, subaltern as y la teorfa poscolonial . Para algunos colegas eran expresiones posmodemas redundantes o diletantes que no ametitaban ninguna consideracion. Unos meses mas tarde tuve la posibilidad de participar en una reunion de profesores <!e la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Javeliana en la que se discutfan un par de artfculos sabre estudios culturales escri tos par dos docentes de esta univer­ sidad. La actitud de abierta hostilidad frente a los estudios cultu­ rales por parte «;ie mis colegas y de algunos sqciologos era explfci­ ta y beligerante, aunque en el u·anscurso de Ia discusion pronto fue evidente que su conocimiento de los estudi.os culturales se reducfa pnicticamente a una rapida lectura del mencionado libra de Reynoso. El desconocimiento bmtal alimentaba un rechazo singular ante lo que les parecfa un campo que, ademas de apa­ recer como un intruso inoportuno, se mosu·aba arrogantemente cuestionador de sus acreclitadas disciplinas. Lo que estas dos anecdotas ponen en evidencia es que parece haberse apoderado de algunos de los anu·opologos mas conven­ cionales una angustia dcfensiva ante la presencia y el posiciona­ miento de campos como el de los estuclios culturales. En general, el escozor que ellos p rovocan a ciertas figuras radica en la comocli­ dad in telectual que les btindan modelos teoricos mucho mas chi­ sicos, y en lo poco clispuestos a poner en cuestion esos modelos a


EPILOGO 1 9 5

partir de autores y elaboraciones que· escasamente se han tornado Ia molestia de examinar con detenimiento. Sus posiciones y pli­ vilegios adquiridos les penniten descartar a Ia ligera Ia relevancia de los estudios culturales para ht anu·opologfa o, incluso, para el establecimien to academico en general. Ahara bien, esta no es Ia iinica actitud demosu-ada .. El otro ex­ trema tambien puede identificarse facihnente, pero asociado a las generaciones mas j6venes y menos consolidadas en las estructuras de poder del establecimiento antropol6gico. La creciente influen­ cia de campos como los estudios culturales sabre Ia anu·opologia en el pais es explicable par las transfonnaciones que esta discipli­ na ha experimentado desde mediados de los aiios noventa y tam­ bien par el abn.nnador posicionamiento de los estudios culturales en los iiltimos aiios.77 En menos de diez aiios, en el presen te siglo, se han mas que duplicado los p rogramas de anu·opologfa en el pais. Muchos de estos programas de anu·opologfa se han establecido en Bogota y, Ia gran mayoria. en universidades privadas. Cuau·o progra­ mas de pregrado se habian establecido en los aiios sesenta y se mantuvieron treinta aiios sin mayores modificaciones; desde fi­ nales de los noventa, se han creado dace nuevas programas (de los cuales cinco corresponden a posgrado: tres maestrias y dos doctm-ados) .iR Este auge constituye un indicia de las sustantivas u·ansfonnaciones institucionales y generacionales que atraviesa Ia disciplina en el pais. Como corolario, el n(unero de es tudian tes se ha incrementado considerablemen te y, en los pr6ximos aiios, sus

77

Sobre estas dos posiciones para el con texto b li lii n ico de Ia segu nda

m i tad de los nove n m, \'ease el lib ro e d i tado por Peter Wade ( [ 1997]

20 1 2 ) . 7 8 Los cuatro programas ya establecidos era n , en s u orden d e apari· cion: U n i versidad de los Andes, U n ive rsidad Naci onal, U n i versidacl de Amioquia

( 1 967) ,

U n ivers idad del Cauca

( 1 97 3 )

.

Los programas

de p regrado que aparecen en Ia u l ti m a decada son: U n ive rsidad de Caldas, U n iversidad Externado, U n iversidad jave riana, U n i versidad del Rosalio, Un iversidad del Magdalena, e n el ICES! )' Ia Fundaci6n U n iversitalia Claretiana. Los de posgrado son: maestrias e n Ia U n i­ versidad de los Andes y Nac ional, docto rados en Ia Unive rsi dad del

Cauca y, mas reci e n temente , e n Ia U n iversidad de los Andes.


1 96 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

egresados estaran trabaj ando en Ia academia, en sectores guber­ namentales y de ONG, y en el relativamente novedoso ambito del es tudio de mercado . Entre las transfo rmaciones, tam bien se encuen tra el abandono, pcicticamente, de las p oblaciones indfgenas y rurales como cen­ tros de in teres y Ia p reocupaci6n creciente par conceptos, au tares y tematicas que abarcan no solo los mas recien tes desarrollos de Ia antropologfa (sabre todo de Ia estadounidense) , sino precisamen­ te c ampos interdisciplinados como los estudios culturales.7!' Para algunos, estas transfonnaciones tematicas y conceptuales se leen como el posicionamiento de Ia antropologfa posmoderna. Entre estos "antro p ol_ogos posmodernos" se encuentran, entonces, los colegas con una vision mucho mas favorable de los estudios cul­ turales; incluso algunos de elias los conocen de primera mana y se encuentran participando directamente en la consolidacion de este campo en el pafs. Esto es un indicia del posicionamiento de los estudios cultura­ les en Colombia. Los ultimos diez aiios son, sin duda, los del boom de su institucionalizaci6� (con todas las implicaciones que esto puede tener) . No debe desconocerse, par ej emplo, que la aca­ demizaci6n y banalizaci6n son riesgos evidentes en los procesos de institucionalizacion de una modalidad de pensamiento crfti­ co como .los estudios culturales, sabre todo cuando ocurren en universidades de elite y ante Ia creciente presion de las politicas de Ciencia y tecnologfa que han ida natu ralizando unas practicas academicas cen tradas en dudosos indicadores de productividad y calidad. En los (lltimos cinco aiios, solo en Bogo ta han aparecido tres programas de maesuia en estudios culturales. Estas maestrfas, en los tres casas denominadas "Maestrfa en Estudios Culturales", fun­ cia nan en Ia Universidad Nacional, en la Universidad Javetiana y

79 Se puede considernr que en estas trnnsfonnaciones hay un paralelo en tre los movimie ntos an ticoloniales y el abandono de cienas tema­ ticas de Ia amropologia metropolitana y las del fon,·\lecimiento del movimiento i n d ige na y el abandono de las poblaciones i n d igenas por parte de los an trop61 ogos en Colombia.


EPILOGO 1 9 7

en la Universidad de los Andes. Ademas, hay otras que, sin llevar el nombre de esmdios culturales, se encuentran muy cerca de este campo, como la de Problemas Sociales Contemponlneos del IES­ CO y la de ciencias sociales de la Universidad Pedagogica Nacio­ nal. Par el lado de las publicaciones, encontramos revistas como N6madas o Tabula Rasa donde se publican varias contribuciones de autores influidos par los estudios culturales.uo En mis varios ari.os de experiencia como docente en e I program a de posgrado en estudios culturales en lajaveriana, he enconu·ado en muchos estudiantes y profesores sin fonnacion anu·opologica una actitud semejante de abierto desconocimiento de la anu·o­ pologia, a la cual se desecha con desprecio. Algunos d ocentes, incluso, han publicado artfculos au·ibuyenclole a la antropologia ciertas concepciones de culntra y metodologias que evidcncian su ignorar1cia sabre los debates y desarrollos realizados par lo me nos desde los aiios ochenta del siglo pasado.H 1 En estas discusiones, es relevante no perder de vista que no solo "la historia de Ia anu·opo­ logfa en Colombia puede ser mas abierta de lo que el canon clisci­ plinar quisiera", sino tambien que "los estudios culturales que hay actualmente en el pafs parecieran mas cerrados e inflexibles de I n que presumen" (Caicedo, 201 1 : 65) . Nos guste o no, al menos en Colombia, parece que los estudios culturales llegaron para quedarse. Para los antropologos y para los practicantes de estudios culturales, el reto consiste en ir mas alia de las caricaturizaciones mutuas (de ciego rechazo o d e i n­ genua idealizacion) , y examinar las confluencias y tensiones que se pueden enconu-ar en j uego. Como bien afinna Juan Ricardo Aparicio: "la ca1icaturizacion simplista que se hace desde cada es-

En el numero d e l segu n d o semestre del atio pasado , aparecen una selie de a n iculos dedicados a Ia re lac i o n e ntre Ia an tropologia y l os estudios cultu rales (\'eanse Aparicio, 2 0 1 1 ; Bocarejo , 20 1 1 ; Ca icedo, 20 1 1 ; �ojas, 20 1 1 ; y Valencia, 20 1 1 ) . 81 Asi, Diana Bocarejo pla n tea que ''los estu d i os cuiturales tie ndcn a c i ta r nociones sabre cultura bastante rebatidas dentro de Ia d isci p l i n a mism a, o a reproch a r a�pectos que ya h a n sido bastante cri tica dos y, lo que es m;is grave, a olvidar debates que p u ed c n llega r a ser d e gran relevancia" (20 1 1 : 42 ) .

80


1 98

ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

quina [ . . . ] puede llevar [ . . . ] a seguir un juego de mascaras don de solo tenemos retratos superficiales y homogeneos de las mismas practicas intelectuales" ( 2 0 1 1 : 28) . En este epflogo , partire de una caracterizacion de Ia anu·o­ pologia y de los es tudios culturales, para derivar de aUf un conjunto de posibles tensiones y confluencias. Esta tarea no es tan sencilla parece como a pdmera vis ta. Las discusiones sabre como en tender Ia especificidad de los estudios culturales son in tenninables, incluso respecto de si este campo debe o puede encontrar tal especificidad, dada su vocacion transdisciplinalia y abierta. Aunque valios an tropologos tienden a no p.reguntar­ se por lo especifico de la antropologia, porque suponen que ya tienen una respuesta clara, cuando uno va mas alia de las defini­ ciones de manual y del sentido comun , las certezas disciplinadas tienden a diluirse. A pesar de las dificultades de trabaj ar en este nivel de abstraccion , es un ej ercicio que permite plantearse cier­ to tip o de p reguntas y poner sabre la mesa de analisis una sede de supuestos.82 ·

LA ESPECIFICIDAD DE LA ANTROPOLO GfA

·

Para _muchos antrop6logos (Krotz, 1999; Ribeiro, 1 999; Da Matta, 1 999; Marcus y Fischer, [ 1 986] 2000; Rosaldo, 1991 : 46) , lo que establecelia la especificidad del campo disciplinar deriva de su Iugar en Ia comprensi6n de Ia altelidad cultural (volviendo fa­ miliar Ia que, a pdmera vista, parece caotico y exotica) y en Ia indagacion de nuestras propias formaciones culturales, teniendo presen te que esta altelidad cultural pennite descen tramos a no­ sou·os mismos (en un movimiento de exu·aiiamiento y desnatura­ lizacion de nuestros p ropios arbitrarios culturales) . Esta promesa de comprender o tros mundos y formas de ser implicaria directa o

82 Para un estudio mas especifico de Ia historia de los estudios culturales y Ia antropologia e n Colombia, ve ase Rojas (201 1 ) .


EPILOGO 1 9 9

i ndirec tamen te una desnaturalizaci6n de los mundos y las fonnas de ser que damos par supuestos (Dirks, Eley y Ortner, 1 99 4: 38 ) .H:I _Asf, el surgimien to de la an tropologfa moderna estarfa estre­ chamente articulada al cuestionamien to del eurocentrismo. En otras palabras , la evidencia de la complej idad y la coherencia de pnicticas socialt!s o culturales no europeas ha tenido el efecto de problematizar la arrogancia em·opea de concebir su propia ex­ periencia culmral como el pimiculo de la civilizaci6n humana y como paradigma de desarrollo moral. No obstante, en tanto este cuestionamiento se ha realizado desde l a racionalidad del cono­ cimiento experto (sea en nombre de un modelo de ciencia posi­ tiva o cuestionandolo ) , las rupnu·as con el logocen trismo (el n u­ cleo mas duro y pennanente del eurocen trismo) no han sido tan claras ni contundentes. En gran parte, la antropologfa a(m hoy es un conocimien to experto disciplinado que actua estrechamente ligado a los establecimien tos acad e micos. Par tan to , opera con los efectos de verdad }' baj o un regimen ante todo euroccnuico. La e tnografia ha sid o considerada como la expresi6n de un es­ tilo de trabaj o muy caracterfstico de la antropologfa. El abord;�e de las preguntas desde investigaciones que impliquen trabajo de campo -a menudo efecnmdas par un solo individuo y du rante pe­ rfados extensos- ha hecho que la antropologfa realice sus elabora­ ciones teniendo en consideraci6n el punta de vista de los sttietos estudiados y la experiencia de primera mano del anu·op6logo.s�

83 La constituci6n de

Ia an tropologia en estos te nninos tie n e que \'Cr

con I a division i n telectual del trab;Uo en las ciencias sociales p re ce d i ­

da por lo q u e Trou i l l o t ( [ 1 99 1 ] 20 1 1 ) dcnomina el td;ingulo consti­ mido pm· e l orden, Ia u top ia y e l sah.;ye. La anu·opologia se edifica ria sobre esta fonnaci6n discursi\'a abierta por el lugar del sal vaje . Pam Wal lers te i n , el terre n o en e1 que emerge n y se consol iclan las cienci<L� sociales puede caracte rizarse en tom o a tres ej es: ""Ia oposici6n entre el pasado ( historia) y el presen te (Ia economia, Ia ci enc ia pol ftica y Ia sociologf;�.) ; Ia antinomia Occiclen te (las c ua tro disciplinas mencio­ nadas ) / resto del mundo (Ia an tro p ologia y los estudios o ri e n m l es ) , y I a esm1cturaci6n del p resente n o motetico occiden tal alrededor de Ia distin ci6n liberal en tre mercado (Ia economia) , el Estado (Ia ciencia polftica) y Ia s oci eclad civil (Ia sociologia) " ( 2004: 144) . 84 En los aiios oche n ta, se realiz6 en el est.<1.bleci m i e n to an tropol6gico estadoun idense u n algi do debate sobre las ret6ri c as y las pol iticas de


200 ANTROPOLOGIA

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ESTUDIOS CULTURALES

Esto no significa que hoy Ia etnografia sea pau·imonio exclusi­ ve de Ia antropologfa. AI contrario, fonna parte, en sus distintas versiones, del utillaj e de metodologias e instn.unentos de investi­ gaci6n utilizado par otras disciplinas. No obstante, Ia etnograffa se adecua muy bien a Ia anu·opologfa par sus implicaciones, Iugar y densidad en Ia elaboraci6n del conocimiento antropol6gico, asf como por su Iugar central como ritual de paso en el proceso for­ mative. De ahf que Stocking (2002: 2 1 ) seiiale lo que denomina "etnografizaci6n" como uno de los aspectos que marcan las fran­ teras de Ia an tropologia. Mas que mantenerse en el nivel de las elucubraciones absu·ac­ tas sabre Ia verdadera "naturaleza" de los seres y el inundo en general ( del tipo de que es el Estado, el sttieto, Ia racionalidad o Ia ideologia) , Ia antropologfa implica una elaboraci6n que pasa par el u·abajo de campo propio o de los colegas en conversaciones situadas y, en algunos casas, ascendentes. No se niega a abordar tematicas generales como el Estado, pero lo hace desde una pers­ pectiva e tnogrill c a; plantea enunciados generales y de alto nivel de abstracci6n, pero Ia ru_ta para llegar a estos pasa par conside­ raciones etnogrill c as, y las fonnas de problematizarlos son muy distintas a las de Ia reflexi6n filos6fica. Sabre esta particulalidad, el antrop6logo mexicano Esteban Krotz afinna que:

··

Ia anu·opologia es una ciencia social empi1ica; es decir, aunque siempre tam bien se apoya en ou·os estudios y aunque incluye muy frecuentemente reconstrucciones hist6ricas , la base principal de un estudio anu·opol6gi­ co tipico es Ia info rmacion de primera mana sabre Ia

Ia represc ntaci6n e tnog rafica articuladas en las p nicticas escri turales can 6 n icas de los an trop61ogos. Este d ebate ha sign ificado Ia perdida de Ia "edad de Ia i n ocencia" de Ia labor etn ogr;ifica desde Ia cual operaba Ia "magia del etn 6gr.tfo" produciendo unos efec to s de ver­ dad asociados al p resen te e tnografico y a Ia autoridad del etn6grafo.

Para abordar los de talles de est., discusi6n, ve a n.se Clifford ( 1 99 1 ) ,

Rosaldo ( 1 99 1 ) y Stocking ( 1993) . Para una i n teresante crftica a los cuestionam i e n tos cen trados en el texto, \'eanse Pereirano (200•1) y

Vasc o ( 20 02 ) .


EPILOGO 2 0 1

vida d e dete rminados segmen tos poblacionales, rcco­ gida habitualmente a traves de la interacci6n personal e inte nsiva con integrantes de estos sectores sociales (200 9 : 14) . A diferencia de o u·as disciplinas en las ciencias sociales o huma­ nidades, la antropologfa no constituye un discurso fundamental­ mente nonnativo. Gran parte de las ciencias polfticas o del traba.j o social, y una parte importante de la sociologfa o l a mas com•en­ cional de los esntdios literalios u·abajan desde modelos norma­ tivos del analisis social: mas que descripciones, explicaciones 0 comprensiones, se mueven en el ambito de las prescripciones, contrastando un "deber ser" o "un p aradigma" con la "realidad" social o cultural leida desde la falta. La antropologfa cons tituyc una esu·ategia de producci6n de conocimiento sin pensar que la diferencia es desviaci6n o anonnalidad. La antelionnente expuesto significa que la anu·opologfa puede pensarse, a grandes rasgos, mas como una perspectiva y un estilo que par el Iugar o el tipo de poblaci6n en la cual se realiza el u-ab� o antropol6gico. Esto resulta obvio hoy en dia cuando los anu·op6logos y la anu·opologfa se han volcado al estudio de l as mas disfmiles tematicas en sus propias formaciones sociales y cul­ turales. · Pero unas decadas antes, la situaci6n era distin ta debido a que la antropologfa "tendfa, en la prac tica, a limi ta rs e princi­ palmente a los pueblos que, estigmatizados como 'plimitivos ' o 'salvaj es ' , fueron considerados como racial y culturalmente infe­ riores" (Stocking, 2002: 1 7) . En el mismo sen tido, el anu·op6logo peruano Carlos Ivan Degregori puntualiza: si bien la antropologfa fue definida como el estudio de la cultura en general, el quehacer anu·opol6gico plivi l e­ gi6 durante mucho tiempo el estudio de las cul turas de­ nominadas "plimitivas", preestatales, de las "sociedades lejanas y diferentes" [ . ] . Podrfamos definir entonces a la antropologfa como la ciencia o el estudio del O u·o, el radicalmen te diferente, el no-occidental ( 2000: 20) . . .


2 0 2 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

Esta tendencia fue revirtiendose en Ia segunda mitad del siglo XX, catalizada por las transfo rmaciones asociadas a las luchas an­ ticoloniales, el posicionamiento polftico de las poblaciones objeto de estudio y el resquebraj amiento desde dentro del dominio de los modelos cientistas y positivistas. Para finales de los ochenta y p1incipios de los noventa, en establecimientos anu·opol6gicos meu·opolitanos como el estadounidense o en algunos perifericos como el de Brasil o el de Colombia, Ia an tropologia no se podfa equiparar al estudio de las poblaciones indfgenas o "abmigenes". Las tematicas que convocan el in teres de Ia anu·opologia, asf como los horizontes te6ricos y el cuerpo de literatura desde �as cuales se realizan los debates y las investigaciones se han ampliado con­ siderablemente, a medida que se nota un abandono de tematicas y poblaciones que fueron imperantes. Esta es una de las razones par las cuales el histmiador de Ia anu·opologia estadounidense George Stocking ( 2002 : 1 1 ) considera que las fran teras discipli­ nares nunca habfan sido tan problematicas como en Ia actualidad. Un analisis mas sociol6gico y antropol6gico nos llevarfa a plan­ tear -siguiendo concep tualizaciones inspiradas de fonnas diversas en Bourdieu ( 1 995 ) , Ibanez ( 1 98 5 ) y Wallerstein (2004)-, que las disciplinas deben en tenderse como organizaciones que implican varios _ p lanos entrelazados. En p 1imer Iugar, im p lican una selie de p remisas de arden epis­ temi�o, de constituci6n de obj e to . Asociado con este obj eto, se puede identificar un conjunto de categorfas, de tematicas, au tares recurren tes y de definicion de mapas de interes que establecen Ia relevancia y valia de los p roblemas de trabajo. Obviamente, mas que un cuadro es tatico y h omogeneo, Io que encon tramos es una u·ansformaci6n pennanente en el tiempo y una serie de disputas en un momenta dado. Los parrafos anteliores examinan Ia disci­ plina an tropol6gica esencialmente en este plano. En segundo Iugar, las disciplinas implican una amalgama de relaciones institucionalizadas que se expresan de forma diversa en revistas, congresos, departamen tos, programas de formaci6n, 1ituales de paso, j e rarquizaciones, m arcadores de prestigio y de estigmatizaci6n, e tc . Esta amalgama de relaciones define Ia que bien puede denominarse el establecimi ento ( establishment) disci-


EPILO GO

203

plinario, que es menos Ia imagen de una comunidad de intereses y horizontalidad de relaciones que Ia de un terreno de disputas, disensos y, muchas veces, de conflictos abiertos. Asi, por ejemplo, en terminos generacionales, se establecen pugnas entre los mas j 6venes, que suelen ser audac.es y deseosos de transformaciones -Ia generaci6n de los gate keepers que conu·olan los puestos de po­ der donde se reproduce el statu quo de Ia discip�ina ( docencia, pares, editores, congresos, seminarios y demas eventos colegia­ dos) -, }' los mas viej os que, cerca de su j ubilaci6n, pueden ser mas reflexivos que l os an teliores. El establecimiento antropol6gico se articula par escalas, con una densa red de relaciones de poder y flttios de influencia en­ tre si: el que opera en el nivel global (el del sis tema mundo de Ia anu·opologia) , los que configuran establecimien tos regionales, los asociadas a las formaciones de Estados nacionales y los que se definen localrri.ente. De manera ge.n eral, puede decirse que en el sistema mundo de I a antropologia es posible identificar estable­ cimientos metropolitanos· o cenu·ales de un !ado y pe1ifericos o marginales del ou·o . · La centralidad o marginalidad de un esta­ blecimiento (regional, nacional o local) en · el interior del sistema mund o de Ia antropologia se refiere a su visibilidad o silencia­ miento, a su interpelaci6n o subsunci6n, en relaci6n con ou·os y consigo mismo. Los establecimientos meu·opolitanos o cen trales son los que encarnan Ia antropologia, los que se consideran como . Ia histmia misma de la disciplina (con sus heroes culturales y sus tradiciones idealizadas en "escuelas") , mientras que los peliferi­ cos o marginales se conciben como anu·opologias sin historia, diletantes capias de los paradigmas metropolitanos (Ribeiro y Es­ cobar, 2008) . En tercer Iugar, las disciplinas como o rganizaciones implican un plano de representaciones y pnicticas que consti tuyen estilos de pensamiento y escenificaci6n no solo de lo que aparece como p roductos identificables de Ia labor anu·opol6gica (un articulo, una consultorfa, una conferencia, un curso, etc. ) , sino tam bien de lo que podrfamos seiialar como un "sentido com lin" disciplin mio, lo que es tornado como pres upuesto. Es tos estilos de pensamiento y escenificaci6n au·aviesan las pnic ticas escriturales, las estrategias


2 04

ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

de argumentaci6n, los umbrales de lo que es posible decir y hacer en anu·opologia. En general, se mantienen por fuera del escrnti­ nio y de la reflexi6n del grueso de los antrop6logos. Se los apren­ de como parte del "oficio", se los incorpora como "habilidades" o como "requelimientos" en Ia labor antropol6gica. Por tanto, la fonnaci6n an u·opol6gica radica en gran parte en su paulatina apropiaci6n. Solo en perfodos de clisis extendidas se los pone en enu·edicho de cierta manera. A su vez, se podrfa argumentar que las diferencias enu·e estos es tilos marcan las distancias que separan tradiciones y an trop6logos. Aunque gran parte de los an­ u·op61ogos de diferentes lugares del mundo comparten algunos rasgos de estos estilos, las inflexiones regionales, nacionales y lo­ cales siempre estan presentes y, en ciertas ocasiones, pueden ser sustantivas. Finalmente, la antropologia como organizaci6n disciplinalia implica la consti tuci6n de subjetividades, de una selie de signifi­ cantes y marcas de identificaci6n de individuos concretos que son interpelados como ant1;pp6logos. La an tropologia pasa por el dis­ ciplinamiento de los sty etos que la encarnan y la reproducen, por la consti tuci6n de "nonnalidades" y, por tanto, por el estableci­ miento de una gradaci6n de desviaciones con respecto a detenni­ nadas idealizaciones. La reproducci6n de la anu·opologia implica Ia continua producci6n de las posiciones del anu·op6logo como styeto y sus posibles subjetividades. Aunque existen tendencias gene-racionales, las vatiaciones entre diferentes establecimientos y entre los anu·op6logos adscritos y que circulan por estos dan de hecho un amplio margen de diferenciaci6n. No obstante, no cualquier subjetividad puede operar y ser reconocida dentro de Ia organizaci6n disciplinalia. En suma, si seguimos los lineamientos propues tos por Michel­ Ralph Trouillot ( [2003] 2 0 1 1 : 3 5 ) , Ia anu·opologia es lo que los antrop6logos hacen. Es te planteamien to implica una desesen­ cializaci6n de Ia antropologia, para pensarla como organiza­ ci6n disciplinaria con los cuau·o pianos interrelacionados antes indicados.


EPILOGO 2 0 5 LA ESPECJFICIDAD D E L O S ESTUDIOS CULTURALES

Los estudios culturales se han caracterizado par ser un campo he­ terogeneo en el cual confluyen diferentes tendencias. Esta hete­ rogeneidad constitu tiva no significa que no ptieda establece rse su especificidad a partir de ciertos rasgos compartidos que lo definen como un particular proyecto intelectual y politico. Su pluralidad no se entiende como una celebraci6n relativista donde cualquier cosa cabe. AI respecto, Grossberg (2009) anota que, en este caso, el hecho de que las definiciones sean problematicas y excluyan a algunas personas que imaginan que hacen estudios cul turales no significa que sean innecesarias. AI contrario, lo que est<i en juego es Ia pertinencia intelectual y politica del proyecto de los estudios culturales (Hall, [ 1 992] 2 0 1 0 ) . De ahi que "abordar o defin i r Ia especificidad de los estudios cul turales es preguntarse par que im­ portan" ( Grossberg, Nelson y Treichler, 1992: 4) : De man era general, este abordaj e de su especificidacl puede ini­ ciarse planteando que los «::s tudios culturales refieren a ese campo transdisciplina1io constituido par las practicas intelectuales para comprender e intervenir, desde un enfoque contextual , cierto tipo de articulaciones concretas entre lo cultural y lo politico. Los estudios culturales estarian interesados en Ia cultura-como-poder del mismo modo que en el poder-como-cultura, intercs que serfa a Ia vez intelec tual y politico: "los estudios culturales son a Ia vez una tradici6n intelectual y politica. Hay una especie de doble arti­ culaci6n de Ia cultura en los estudios culturales, donde Ia 'cultura' es al mismo tiempo el terreno sabre el que procede el amilisis, el obj e to de estudio, y el si tio de Ia crftica politica y la in tervenci6n" (Grossberg, Nelson y Treichler, 1992: 5 ) . El meollo de gran parte d e I a confusion radica e n I a equi para­ ci6n de los estudios sobre Ia cui Lura con los estudios culturales. El punta de partida para comprencler Ia especificiclacl intelectual y

politica de los estudios culturales supone establecer esta clistin­ ci6n fundamental. EI mero hecho de reali zar estudios sabre lo cultural ( que pueden referirse incluso a Ia "cultura popular" o a las de los sectores sociales subalternizados) no implica que s e es ten hacienda estudios culturales . Tampoco el pensar lo cultural


206 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

en relacion con el poder significa necesariamente que se esten hacienda estudios culturales. Aunque los estudios culturales cons­ tituyen su problematica en esta articulacion enu·e lo cultural y lo politico, su especificidad implica no solo su estudio, sino tambien su inte1vencion: los estudios culturales son, a Ia vez, una practica intelectual y una vocacion polftica. Por eso, Ia comprension sabre Ia cultura-como-poder y el po­ der-como-cultura no se considera el fin ultimo, sino Ia condicion de posibilidad y superficie de sus intervenciones. En palabras de Grossberg, los estudios culturales Tratan de usar los mej ores recursos intelectuales dispo­ nibles para lograr una mejor comprension de las relacio­ nes de poder (como el estado de j uego y equilib1io en un campo de fuerzas ) en un contexto particular, creyen­ do que tal conocimien to clara a las personas mas posibi­ lidades de cambiar el contexto y, por en de, las relaciones de poder (2009: 1 5 ) . Una temizacion de lo polftico y una politizacion de lo teoiico (Grossberg, 1 997: 2 53 ) , he ahf una formulacion que au-apa ese rasgo infaltable en los estudios culturales: Ia voluntad polftica. Es por esto q�1e los estudios culturales nunca son solo esttulios, siempre son alga mas. Es por esto que no se circunscriben a Ia academia. Lo que no significa, sin embargo, que los estudios culturales sea£! antiacademicos o antiteoricos. La academia y Ia teorfa importan si, como consideran los practicantes de los esn1dios culturales, una mejor comprension del mundo y Ia labor intelectual tienen su Iu­ gar en Ia u-ansfonnacion del mundo. Esta voluntad politica no se debe confundir con una simple sustitucion de lo intelectual por lo polftico. En este punta, vale Ia pena detenerse en como Stuart Hall comprende Ia politica de Ia teorfa en su propia labor y, por supuesto, en su concepcion de los es tudios culturales: La politica de Ia teorfa. No Ia teorfa como Ia voluntad de verdad sino Ia teorfa como un conjunto de conocimien­ tos disputados, localizados, coyunturales que tienen que


EPILOGO 207

debatirse en una forma clial6gica, pero tambien como pnictica que siempre piensa acerca de sus intervenciones en un mundo donde producitia alguna diferencia, don­ de tendria algtln efecto . Fh1almente, una pnictica que entienda Ia necesidad de la modestia intelectual. Pienso que allf se encuentra toda la diferencia en el mundo entre entender la politica d.el tmbajo intelectual y sustitui1· el trabajo intelectual por la politica (Hall , [ 1 992] 2 0 1 0 : 63; el destaca­ do es agregado) . La no clausura del u·ab� o intelectual por parte d e Ia politica se enmarca en el cuestionamiento de todo tipo de recluccionismo. Esto hace de los estudios culturales, siguienclo una conocicla ex­ presion de Stuart Hall, un pensamiento sin gamntias. Evi tanclo l as certezas e?'plicativas que reclucen cualquier pregunta a unas cuan­ las respuestas prefabricadas,s5 los e.s tudios cult:urales buscan com­ premier contextualmente, y sin perder de vista la singulaiidad, los concretos amarres enu·e practicas de significaci6n y relaciones de poder. La importancia que han tenido para los estudios culturales nociones como "articulaci6n" y "hegemonfa" se entiencle par esa intencionalidad de dar cuenta de lo concreto y de su distancia clitica de las elucubraciones universalistas y generalizantes. Desdc esta pcrspectiva, los es tudios culturales enconu·arian su especifi­ cidad en el arden del metoda: como antirrecluccionismo, operan desde un enfoque contextual (lo que algunos autores denominan contextualismo radical) . El enfoque contextual argumenta que "un evento o practica (incluso un texto) no existe indcpendien­ temente de las fuerzas del contexto que lo constituyen en cuamo tal" (Grossberg, 1997: 255) . Dado que el con texto es un entra-

85 El economicismo es el tipo de reduccionismo mas cono c ido y c u es­

tionado . Consist.e en rem i li t· cualquiet· pregu nta a mm ex p licacion econ6mica. Cierms apropiaciones del psicoam'ilisis, l o q ue Ft·eud denom inaba el "psicoamlli s is si lves t.re", mm bien han eleven ida en t i l t reduccionismo. lncl uso ''ertiemes del pe nsam ien to c rit.ico, como el fem i n ismo o Ia t.eoria poscolonial, n o est.;i:n exent.as de est.as a p ro p ia­ ciones reduccion ist..<JS .


208 A NTROI'OLO G IA

Y

!·: STU D I OS C U I .TURA LES

mado de rel ac i o n e s especffi cas

y

releva n tes d e n u·o de las cuales

se consti tuye di cho eve n to , p rac ti ca o texto , este enfoque pon e el e n fasis en el ras treo de tales relaci ones. El contexto, asf e n ten­ dido, " n o es un m e ro teJ o n de fon d a , s i n o Ia mis ma condicion

de posibi l i da d de algo" ( G rossberg , s on en co n c r e to las

r el acion e s

1 997: 255 ) . AI

ras trear cuales

relevan tes, el e n foque con textual

se o p o n e a los d i fe re n tes tipos de 1·educcionismos que d e a n tema­ n o i m pon e n un ambito o dimension es pecffica ( I a econom ia, Ia sociedad , I a cul tura o cl d i scurso ) c o m o el p Ji n cipi o

e x p l i ca ti vo

o

de co m prensi o n . Los estu d i os c ul tu ral es co n s ti tuye n u n a modal i dad de temia crftica que se tom a se ri am e n te Ia labor i n vesti gativa conio el m e­

c a n i smo para co m p re n der m ejor l os vfnculos conCI·e tos e n tre Ia c ul tu ra }' el poder. El p roposi to d e esta c o m p rension es I a i n te r­ ven c io n , e n te n d i d a c o m o el socava m i en to del "se n tido com u n "

y

desde d o n d e ope ra n

se afi n can las relacion es de d o m i n a c i o n ;

como I a i n te r ru pci o n d e Ia ope ra ci o n y cons ti tucio n de cic rtas

s ubj e ti vi dades asociadas a Ia

re p ro d ucc i o n de tales relaciones;

como I a p osi b i l i dad de p o�i ci o n ar st!i e tos polfticos ex i s ten tes o i magi n ar Ia e m e rge nc ia de pol i tizaci o n . De ma n e ra

n u evas

que

s tti e tos pol fticos

Ia i nves tigacion

y

y

am b i to s de

Ia i nte rven c i o n se

e n c u e n tra n es t re c h am en te l igadas en los estudios c ul tura l cs . Com o ha sido sei1 al ado por c r f ti cos

2000) ,

los estuclios cul tu rales n o

y

a po l ogis tas ( Reyn oso ,

han desa rrollado m e toclol o gfas

o tecl1 icas de i n v es ti gaci on propias. Lo que para algu n os d e los c r ftic os mas disci p l i n ari a m e n te ori e n tados co ns ti tuye u n rasgo de deb i l i d a d , para va r i o s de sus prac tican tes , es to supone p recisa­ m e n te u n a de sus ca rac te r fs ti c a s mas s u geren tes , n e cesari a m e n te asoc ia da s a su

vol u n

tad tra n sd i s ci pl i n a r. Los estudios cul turales

u ti l izan m e todol ogias y tec n i cas de i n v es t ig a cio n naci das en di­ rc re n tes d i s c i p l i n as, pa ra e n s a m b l a rl as c reativa

y

fl ex i bl e m c nt e

c o n o u-as e n l o q u e b i e n p uede d e n o m i narse u n "eclecticismo estra tegico" o " p l u ra l i s m o m e todologi c o " . Este e nsa m bh� e no

es s i m pl em en tc I a c o p rese n c i a de varias m e to d ol ogfas o tecni­ cas, sino s u co m h i n a ci o n c rfti ca, pue s to que "las m e tod ologias [y las te c n i cas] s i em p re ca rgan c o n l os rastros de su h i s toria" ( Gro s sbe rg . Nelso n y

T re i c h le r

,

1 99 2 :

2) .

Par tan to , e J p l u ra l is m o


�:P i i.O G O

209

m e todol6gico y de las tecn icas de inves tigaci6n a! que apuestan los estudios cul turales supone un metoda especffico: escudri i1ar, en Ia densidad de lo concreto, Ia red de relaciones consti tutivas de una problematica de terminada p o r Ia in tersecci6n de Jo cul­ tural y lo polftico. El examen de Ia especificidad de los estudios cul turales q ue he presen tado se corresponde solo con una ve rtiente de lo que, bajo el nombre de estudios cul turales, se real iza en el m undo ac­ tualmente. Ni siquiera un numero sign ificativo de los que operan como practican tes de estudios cul turales desarrollan una labor i n­ telectual o polftica en los terminos establecidos sabre Ia especi ti­ cidad de los estudios c ul tu rales. Esta inconsistencia se explica por el auge de su insti tucionalizaci6n y el "carrerismo" oportunista de muchos de los que ahara llegan a! fes tfn de los estudios culturalcs. Muchos crfticos, por dentro y por fuera de ellos, han i ndicado esto como Ia banalizaci6n y Ia despolitizaci6n de esta discipli na: luego de su emergen cia en trab�os como los de Raymond Williams o S tuart Hall, en l os que todavfa sc obsenraba el impulso de su vinculaci6ri con Ia pol ftica en general , y en particular con formas organicas o n o de resistencia cultural por p arte de diversos sectores opri­ m idos, marginados o subordinados: [los estudios cul­ turales] han devenido -especial mente e n su cruce del Atlantica a la universidad estado unidense, y con mayor fuerza l uego de la "colonizaci6n" posesu·uc turalista de . los centros academicos- u n (alla) bien fi nanciado obj e to de "carrerismo" universitado y una c6moda

m a n c ra

de

sacar paten te de radicalismo ideol6gico-cu l tural despro­ visto del malestar de u n a c rftica de cor� u n to a lo que solfa llamarse eJ "sistema" (Grl"me r, 200 2 : 76) . Asociada a est..a. tendencia b acia Ia c rec i e n tc ba n a l i zac i o n , dcsp o l i­ tizaci6n y academizacion, se h a impuesto en tre varios de sus prac­ tican tes una celebracion relativista de que cualquier cosa pasa por estudios cul turales. Estos personajes argu m en tan q ue, co m o los estudios c u l tu rales son pl urales , transdisc i pl i n ari os, c rfticos y


2 1 0 ANTROPOLOGIA

Y

ESTUDIOS CULTURALES

abiertos, Ia pregunta par su especificidad no solo es impertinente sino tambien necia. Esto ha permitido que, en establecimientos academicos como el estadounidense, se acuiie el concepto de "estudios culturales la­ tinoamelicanos" de forma tal que los mas disfmiles pensadores 0 investigadores, del pasado y actuales, latinoamelicanos o latinoa­ melicanistas, que de alguna manera hayan abordado la relacion enu·e lo cultural y lo politico, aparezcan subitamente como auto­ res de este tipo de estudios culturales. Mas desconcertant� aun, el campo de la gestion cultural en el continente es subsumido tambien en el de estudios culturales latinoamelicanos (Del Sarto, Rios y Trigo, 2004; Szummk y McKee Irwin, 2009) . 81; Dos son las discusiones mas visibles con respecto al creciente posicionamiento de los estudios culturales en Atne1ica Latina. Una se refiere a las problematicas del colonialismo intelectual y de Ia geopolftica del conocimiento derivadas de su apropiacion descon­ textuada.Ki La ou·a tiene que ver con la relevancia de subsumir en la etiqueta de "estudios culturales latinoameiicanos" la amplia va­ liedad de autores y u·adiciones intelectuales latinoamelicanos que de una u otra fonna abordan asuntos culturales y polfticos en la region (Mato, 2002; Mignolo, 2003b; Richard, 200 l ),.HH Esta discu­ sion se hace evidente, por ejemplo, en la presentacion al panel sobre estudios culturales, en el marco del congreso internacional "Nuevas paradigmas u·ansdisciplinruios en las ciencias humanas",

86 Este pumo ha sido elaborado en el capitulo anLeJior. 87 Esta critica a los estudios culturales en tenninos de geopolitica del conocimiento no es exclusiva de autores latinoamericanos. Como lo submyan Ackbar Abbas y John Nguye t Emi. los estudios culturales se encuenu<�.n actuahnente en un momemo de "dilema poscolonial" en el cual : ''una amplia hcgemonia de Ia modcrnidad occidental es carla vez mas cuestionada entre los p mctican tes de los estudios culturales de todo el m undo, [por lo que] debemos tener en cuenta alguna fonna de internacionalizaci6n como tm esfuerzo -y un con texto critico- para facilitar Ia visib ilidad, transportabilidad y Ia traducci6n de los trabajos producidos fue1<1 de Norteamerica, Europa y Austr.ilia" (2004: 2 ) . 8 8 La i nstitucionalizaci6n d e los estudios culturales en America Latina encuentra una de sus p rimeras expresiones en Ia consti tuci6n de Ia Red Interamericana de Estudios Culturales, formada en -mayo de 1 993, en Ia ci udad de Mexico (lztapalapa) .


EPiLOGO 2 1 1

realizado en Bogota en 2003. En · ella, Fabio Lopez de Ia Roche sostiene: Entonces Ia pregunta seria como no desvalmizar las tra­ diciones intelectuales propias, con ciertos tipos de incor­ poracion abusiva de los estudios culmrales en sus ver­ siones inglesa y norteame1icana, que pueden darse no necesariamente de mala fe, sino por simple desconoci­ miento de las trayectmias intelectuales latinoamericanas y de las particulalidades y especificidades de nuestros pafses como lugares de enunciacion ( 2005: 3 1 5 ) . Sin caer en una idealizacion de las pnicticas i n telectuales de­ sarrolladas en America Latina ni en una posicion de encerra­ miento latinoamericanista en nombre de lo auten ticam e n te propio, hay que prestar atencion a l as criticas de las apropia­ ciones i rreflexivas y descon textuadas de los estudios cul turales . No es un asun to de que e tiqu e ta se u tiliza, como algunos nipi­ damente concluyen para desestimar con facilidad argumentos incomodos. La critica es mas sabre las politicas de Ia ignoran­ cia y Ia geopolitica del conocimien to avaladas en los proyec­ tos academicos articulados baj o el rubro de estudios culturales ( Roj as, 2 0 1 1 ) . Para concluir esta seccion, es importante reconocer que los ras­ gos de Ia especificidad del campo de los esmdios culturales dis­ cutidos no se cmTesponden con gran parte de Ia practica llevada a cabo en los programas con este nombre en el pafs o por todos aquellos que se consideran sus practicantes. Para muchos, y en con tra de lo argumentado en este libra, citar a algunos autores (Deleuze, Foucault, Mignolo, Bhabha, Lazzarato o, incluso, Hall ) , abordar ciertos temas (Ia globalizacion , Ia maquina desean te , I a biopolitica, el st9eto, I a corporalidad o las industrias cultura­ les) , e invocar retoricamen te Ia pluralidad, el caracter crftico y Ia apertura de pensamiento (con ciertos marcadores mencionados constantemente como transdiciplinariedad, situacionalidad del conocimiento y las relaciones de poder) es un indicia suficiente de que se encuenu-an realizando estudios culturales. Algunos de ·


2 1 2 ANTROPOLOGIA Y ESTUDIOS CULTURALES ellos, incluso, aparecen como autmidades en el campo, y entre sus labores esta Ia docencia en programas o cursos sobre estudios culturales. Por tan to, en el mundo realmen te exis tente de los estu­ dios culturales el asunto de su especificidad supone una disputa, incomoda para algunos, por el proyecto intelectual y politic� que se avala desde el campo.

TENSIONES

Y

CONFLUENCIAS

La antropologfa y los estudios culturales se necesitan mutuamen te y estcin construyendo una permanente critica ,mutua. PAUL WILLIS ( 1 997: 1 83 ) Algunos antropologos . o practican tes d e los estud.ios culturales h an considerado desde una posicion bastante crftica las relacio­ nes enu·e ambos campos. Para aquellos anu·opologos que siguen Ia lfnea de argumentacion propuesta por Reynoso (2000 ) , los es­ tudios culturales son redundantes porque no aportan nada sus­ tantivament� diferente o pertinente de lo que Ia antropologfa no haya hecho 0 pueda hacer, ni siquiera de una forma mas selia y consistente . Desde esta perspectiva, los estud.ios culturales serfan algo asf como una mala an tropologfa, una anu·opologfa light hc­ cha a las apuradas , que desconoc:: e Ia aplicacion adecuada de las metodologfas y el denso desarrollo antropol6gico de las temias de la cultura. No habrfa que derramar una lagrima por la desapmi­ ci6n de los estudios culturales, pues su embnti o es el de una moda pasajera, intelectu al e importada. Del lado de los practicantes de los estudios cul turales, no es ex­ u-aordinario encon trar autores pontificando sobre Ia irrelevancia de la disciplina antropol6gica con su supuesta noci6n de cultura esencializante, que responde a las condiciones coloniales de su surgimiento en el siglo XIX y Ia p1imera mitad del XX ( Castro­ G6mez, 2003 ) . Para estos autores, la noci6n de "cultura" de la antropologfa es incapaz de dar cuenta de un mundo producido


EPILOGO

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por las fuerzas de Ia "globalizaci6n " y las transformaciones, en todos los pianos de Ia experiencia social, que han acabado con las "sociedades aisladas". Ademas, estos afinnan que, como ha­ bitamos un mundo cada vez mas complej o e interconectado, las fragmentaciones arbitrarias de Ia realidad propias de disciplinas como Ia antropologia son epistemicamente erradas y polfticamen­ te paralizantes (Florez, 2000 ) . Para decirlo sin ambages, son varios los practican tes que asumen que las · disciplinas (y entre elias, ob­ viamente, Ia antropologia) estan destinadas a desaparecer, y que los estudios cul turales en su caracter transdisciplinario (o indis­ ciplinario, como les gusta decir a al�nos) est<in llamados a I a superaci6n de las disciplinas.8!1 La ignorancia abierta por parte de los antrop6logos que descar­ tan de un plumazo los estudios culturales tiene su coiTelato en el monumen tal desconocimiento de Ia discipli.na antropol6gica de esos prac tican tes de los estudios culturales que desechan arrogan­ temente Ia antropologfa (Valencia, 201:1 ) . A estos ultimos, se les podtia dar un listado de cientos de titulos sabre antropologfa de Ia modernidad, del desan·ollo o de Ia globalizaci6 n, para no men­ cionar el oceano de literatura existen te desde los ai1os setenta y ochenta sabre una noci6n de cultura que no se corresponcle con Ia idea estereotipada por fuera de Ia disciplina, que hoy son ya chi­ sicos para cualquier estudiante de anu·opologfa de los p rimero s semestres. A los antrop6logos que descartan los estudios culturales sin conocerlos, se les podrfa recomendar un ni'unero tam bien vo­ luminoso de Iibras y autores clasicos para los estudios cultura­ les, con trabajos concretos sabre el thatcherismo , l as audiencias, las subculturas j uveniles, }' las fo nnaciones racializadas, 0 mas recientes sabre Ia infancia o Ia tecnociencia y I a cibercul tura. Tambien se les podrfan indicar cientos de publicaciones sabre

89 Ante tamaiia i nge n uidad ( p a r decir Ia menos ) , Renata Rosaldo (2006: 257) afinna q ue u n curse i n troductodo a Ia an tropologia les pennitiria en te nder que Ia no c icin de cul tu ra para esta disci p l i n a a p u n ta mas a una dimension ll<lS\'e rsal a toda Ia conducta h u nmna que a u n dom i n i c separado como el dec01-ado de u n pastel.


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conceptos como ideologia, represen tacion, iden tidad, hegemo­ nia, articulacion y cul tura, elaborados par practican tes de los es­ tudios culturales como S tuart Hall, Raymond Williams o Lawren­ ce Grossberg. Estas ignorancias mutuas dependen no solo de limitaciones episu!micas o de trayectorias intelectuales, sino tambien de los intereses mas mundanos de disputa de recursos economicos o simbolicos: "la diferencia entre los estudios culturales y la an tro­ pologia tiene efectos en la situacion !aboral de las personas, en las imagenes publicas de las p lincipales instituciones anu·opologicas, en la organizacion de depanamentos academicos denu·o de las facultades de cieneias sociales" (Wade, [ 1 997] 20 1 2 : 1 4) . Como bien sostiene Wallers tein con respecto al rechazo desde las disci­ plinas establecidas a inusitadas modalidades de organizacio n de la produccion del conocimiento: Las disciplinas son organizaciones y, como tales, tienen sus cotos de caza, que muchos de sus miembros defen­ deiian a muerte de idea5 [ . ] que representen una ame­ naza para la configuracion histolica en la que las orga­ nizaciones se encuenu·an hoy en dia. No h ay discusion puramen te intelectual que pueda hacer cambiar de opi­ nion a Ia mayorfa de los cientfficos del mundo, porque ellos defienden sus "intereses" y tal vez la mejor forma de defenderlos es mantener el statu quo (2004: 1 47) . . .

Defensa de los "co tos de caza", del statu quo, par parte de· Ios an­ u·opologos que descartan desde Ia ignorancia los estudios cultura­ les. Par parte de los practicantes de los estudios culturales que del mismo modo rechazan la anu·opologia, las intenciones no obede­ cen a menudo a proposi tos mas nobles: buscan posicionarse a sf mismos den tro de establecimientos academicos. Par ul timo, algun os an tropologos dej an de !ado los es tudios cul turales con el argumen to de que responden a una moda importad a. Es ne cesari o recordar a estos a n tropologos (pero tam b i e n a los sociologos, economistas, politologos, e tc . ) que I a an trop ologfa tampoco es o riginaria de la region, sino un


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producto europeo y estadounidense importado par las eli tes locales: Ia ciencia antropol6gica como Ia conocemos hoy dia nace en el seno y como producto de Ia civilizaci6n eu­ ropea, y cuando dicha disciplina academica y actividad profesional se establece en Mexico, lo hace, al igual que en todo el Tercer Mundo, como resultado de un proceso de difusi6n que pnicticamente borra los vestigios de los antecedentes propios de Ia antropologia en estos paises (Krotz, 2009: 2-3 ) . Par otro lado, a algunos practicantes de esmdios culturales que rechazan Ia antropologia par ser "hija del colonialismo" cabe re­ cordarles que los esmdios culturales han sido acusados de colo­ nialismo intelectual y de eurocen"uicos. Estos desconocimientos muntos y tensiones no son Ia unica op­ ci6n en las relaciones entre anu·opologia y esmdios culturales. En diferentes paises, muchos antrop6logos han enconu·ado en los esmdios culmrales un campo fecundo de interlocuci6n, y algunos de los practicantes en esntdios culmrales sin formaci6n en anu·o­ pologia han recurrido a Ia producci6n de ese campo para ilumi­ nar te61ica o metodol6gicamente aspectos de su propio trabajo. En lo que sigue, indicare algunas de las confluencias que pueclen concebirse entre estos dos campos. En este nivel general, lo concepmal es el p1imer aspecto a considerar aqui. De acuerdo con las especificidades inclicaclas, Ia antropologia encontralia en Ia noci6n de "cultura" con Ia que operan los estudios culturales una invitaci6n a tamar en seli o las articulaciones enu·e lo cultural y las relaciones de poder. Como bien seiiala Maulicio Pardo, existen diferencias en Ia forma e n que se conceptualiza Ia cultura en ambos campos: La u-adici6n antropol6gica ha considerado Ia cultura de manera mucho mas holistica, como fonnas de vida social , como universes de pensamiento o de significaci6n, pero no ha sido cenu-al en esta disciplina Ia preocupaci6n par


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entender la cultura como uno de los factores clave de la desigualdad y la dominacion social (2005: 33 1 ) . 911 Para decirlo de manera contundente: la an tropologia ha pensa­ do la cultura p1incipal mente como diferencia, mientras que los estudios culturales lo han hecho como desigualdad. Par tanto, los estudios culturales ofrecen a Ia antropologfa un enfasis ana­ lftico en la consideracion · de lo cultural desde las relaciones de poder y viceversa. Los anu·opologos tendlian asf una vision me nos celebratmia e ingenua de la diferencia. En el caso exu·emo de aquellos antropologos que aun operan con nociones de cultura esencialistas , autocontenidas y discre tas, poner el enfasis en que la diferen.c ia es producida par y en relaciones de desigualdad y no un a p1i01i culturalista implicalia para ellos el cuestionamiento de su concepcion homogeneizante y comunalista de la cultura. Del lado de los estudios culturales tambien puede haber ganan­ cias en una relacion con la antropologfa. En efecto , el enfasis de Ia antropologfa en una nocion de cultura que se ha constituido en el exan1en de formaciones culturales muy disti.ntas de la sociedad modern a permi tiria una desprovincializacion y un descenua.mien­ to, hecho que enriquecelia los insuumentos intelectuales con los cuales los estudios culturales piensan esta sociedad. No es que los estudios culturales deban focalizar sus u·abajos e intervenciones tambiin en poblaciones "no occidentales" ( aunque no habrfa que descartar esta posibilidad ) , sino que un dialogo con la perspecti.va an tropologica pennitirfa comprender mej or, par conuaste o par comparacion, dispositivos culturales de dominacion, explotacion

90 Mas

adelame, el mismo au tor comi n u a elaborando el contra.�te: "Sim­

pl ificando al extre m o , se puede decir que Ia amropologia ha desa­ rrol lado dos te ndencias princi pales, no n ecesariamente en con tradic­ ci6n, e n cuan to a Ia conceptualizaci6n de Ia c u l tu ra: como diferencia

y peculiaridad de I a vida social -lo que nos hace d i feren tes- y como articulac i 6 n social d e Ia signi ficaci6n -l o que nos pem1 i te en tender­ nos-. Para los estudios cul turales Ia c u l tu ra ha sido p ri nc i palm e n te el campo de las re presen tacio n es expresivas r Ia manera dife1·e n cial e n que estas represe n t<lciones son constmidas o apropiadas por los disti mos secto rcs o clases sociales" ( Pardo,

2005: 33 1 ) .


EPILO G O 2 1 7

y subjerivacion que operan no solo e n Ia sociedad industrial mo­ dema. Este punta es senalado en tenninos de "exorizacion " de lo propio, a finales de los nov�n ta, par el antropologo britanico Signe Howell: A diferencia de Ia mayorfa de los estudios culturales, los

antrop6Iogos profesionales hacen su objeto de est1.1dio los mundos-vida diferen tes de su propia experiencia per­ sonal. Esto no excluye el estudio de las configuraciones sociales en el mundo occidental . Sin embarga, Ia heren­ cia de Ia previa concen tracion en el dramaticamente ex­ u·anjero ha dado Iugar a una exigencia metodologica de "exorizar" Ia familiar en aras de obtener una distancia y par tanto preguntarse par Io que es experimen tado como normal ( 1 997: 1 1 3 ) . Pero, mas alla del aporte d e esas o tras formaciones culturales, Ia an tropologfa contemporanea ha elaborado y problematizado sus conceptualizaciones de Ia cultura en direcciones bien cercanas a las modalidades de los estudios culturales (y, en ocasiones, tenien­ do en cuenta las con uibuciones de sus autores ) . Incluso algunos antropologos se han planteado preguntas tan relevantes para los estudios culturales como si es pertinente hoy Ia cui tura como cate­ gorfa analftica y si no hablia que abandonarla. De ahf que, como senala Caicedo: hay que reconocer que muchos de los u·abajos de grado · que se estan hacienda en los p rogramas de anu·opolo­ gfa, y, en general de las investigaciones de l os an tropo­ Iogos, sus preguntas e inquietudes pueden ser conside­ radas mas afines con los estudios culmrales que con Ia version clasica de Ia disciplina. Tan Iej os de esa version clasica como es tamos, para mf, muchas de las p regu n tas de los estudios culturales no son diferentes a las que se plantean desde la antropologfa (201 1 : 66) .


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Un segundo aspecto a considerar en las posibles relaciones entre la anu·opologia y los estudios culturales estaria mas enfocado so­ bre cuestiones de metoda. La antropologia podria emiquecerse del e nfoque contexntal que, como ya se dijo, mas que explicar o comprender un acon tecimiento o fen6meno culntral en sus pro­ pios terminos, traza las relaciones que lo constituyen , mostrando sus articulaciones con otros acontecimientos o fen6menos, sean estos culturales o no. Esto evitaria el culturalismo y la reificaci6n en que a menudo caen las explicaciones antropol6gicas Y 1 Por ou·a parte, la etnografia tal c o m o la entienden l o s antrop6logos seria un gran aporte para los estudios culturales.92 No es que estos ultimos desconozcan Ia e tnografia. AI contrario, trab ajos tan tempranos y ya clasicos como Aprencliendo a trabajar, de Paul Wi­ llis ( [ 1 977] 2008 ) , y Subcultums, de Hebdige ( [ 1 9 7 9] 2004) , evi­ dencian la utilizaci6n de la e tnografia en los estudios culturales. Aunque, como seiiala el mismo Willis ( 1 99 7 : 1 87) , Ia etnografia era mas bien marginal en aquellos tiempos y hoy cada vez tiende a diluirse en el creciente teoricismo de los estudios culntrales. Para Ia antropologia, I a etnografia entendida como metodolo­ gia (no exclusivamente como instrumento que se equipara con observaci6n p articipante) supone un encuadre de trabaj o de cam­ po en el que las representaciones de los actores sabre sus pric­ ticas , asf cc>mo un registro de las acciones de estos actores son centr�les en Ia interpretacion elaborada por el antrop6logo. Esto implica periodos p rolongados de i nvestigaci6n en terreno que no se pueden improvisar ni abreviar. La tendencia a denominar etno-

91 El "culturalismo" es Ia explicaci6n de Ia cultura en tem1inos exclusiva­

mente culturales, mien tras que Ia "reificaci6nn consiste en explicar o comprender que algo se explica en sf mismo. 92 Los aportes no se derivarfan tan to de Ia etnografia malinowskiana del presente en un iinico Iugar con una gen te que se asume como pormdora de una cultura (el isomorfismo en tre espacio, gente y cul­ tura que cuestionan Ferguson y Gup ta [2008] ) , sino de modalidades que tengan presentes las discusiones de los aiios ochenta alrededor de las ret6ricas y polfticas de Ia represen taci6n escritural etnognifica. Sabre este aporte de Ia an tropologfa a los estudios culturales desde Ia perspectiva britanica, vease Wade ( [ 1997] 20 1 2) .


EPILOGO 2 1 9

grafia a unas cuantas visitas y a haber realizado alguna:; entrevistas molesta a los antrop6logos: "muchos antrop6logos son crfticos de las defi.niciones de los no-antrop6logos de e tnografia" (Berglund, 2008: 224) . A partir de un tnbajo mas etnografico, los estudios culturales (sabre todo ciertas vertientes) podrfan evitar el riesgo del sobre­ dimensionamiento que se atribuye al texto como t"mica fuente analftica y la tentaci6n de los j ugueteos teon!ticos que buscan reemplazar los resultados de estudios sabre el ten·eno. En esto , la e tnografia d e inspiraci6n antropol6gica estarfa ofreciendo a los estudios culturales un insumo para que sigan operando como investigaciones de lo concreto, y no elucubraciones sin ningiin asidero e n el mundo. Finalmente, se puede identificar u n aspecto politico de las po­ sibles confluencias y tensiones e n u·e la anu-opologfa y los es tudios culturales. En el articulo ya citado, Mauricio Pardo plan tea las di­ ferencias de los ambitos en los que ambos campos han desplega­ do principalmente su clitica social: "Ambos campos de analisis se han desarrollado en terrenos diferentes cuando han abordado l a crftica social: l a antropologfa, frente a l racismo, fren te a Ia discri­ minaci6n e tnica y fren te al menosprecio por la diferencia cultu­ ral; los estudios culturales, frente a la dominaci6n cultural en las clases subalternas en l os cenu-os i ndustliales" (Pardo , 2005: 33 1 ) . Aunque en anu-opologfa podemos identificar, en el pasado y en ciertos antrop6logos actuates, una tendencia de crftica social en los tenninos presen tados por Pardo, Ia dimension polftica de la antropologia tambien puede examinarse -siguiendo en es to a Esteban Krotz- en funci6n de lo que implica su labor. Krotz ( 2009) argumenta que en la practica misma de Ia an tropologfa academica se encarna una politica, en tanto supone una crftica social (al desidealizar las cuentas alegres de bur6cratas y las pre­ misas liberales de los politicos) y cultural (al evidenciar que otros mundos son posibles y que las casas no tienen que ser como son ) , independientemente de que los an trop6logos y o tros actores so­ dales lo conciban de esta manera. Es to hace que Ia nocion de practica politica y su relaci6n con el conocimiento anu-opol6gico se complejice. No se u-ata de una "toma de conciencia" del an-


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trop6logo individual ni su . opci6n por los subal temizados, sino de implicaciones criticas inmanentes a la pnictica antropol6gica. Sin desconocer los terrenos sabre los cuales la antropologfa ha enfocado su crftica social, y los efectos politicos que pueden deri­ varse de la labor misma de la antropologfa, se puede argumentar que el mainstream del establecimiento antropol6gico se ha aca­ demizado y profesionalizado a tal punta que ha perdido todo tipo de voluntad politica. Imperan las 16gicas de la burocracia academica y los modelos gerenciales de producci6n de conoci­ miento antropol6gico, cuyo unico fin parece consistir en abultar los cmTiculos de los antrop61ogos. En este punta, el. llamado de los estudios culturales a coristituir­ se como teorfa crftica con intervenciones concretas oxigenaria a esa antropologfa sobreacademizada. Desde los estudios cultura­ les, este Hamada a que la teoria no sea autOITeferencial, a que la producci6n de conocimiento no sea el fin ultimo de la pnicti­ ca in telectual, no es un intento antiteoricista o antiacademicista de postular la sustituci6n de la labor intelectual por la politica (y menos la del universo eufemistico de lo politicamente correcto ) , como tienden a hacer los llamados al activismo o a sumarse a la causa de los justos. El sentido es, al contrario, que no se puede abandonar la premisa de que la pnictica intelectual constituye, a la vez, terreno e instrumento de la lucha politica. Los estudios culturales tambien tendrian otro aspecto que aportar a la antropologfa en terminos politicos: la problematiza­ ci6n de la version new age del relativismo cultural y epistemico con el que suelen operar algunos amilisis antropol6gicos. _


Antropología y estudios culturales disputas y confluencias desde la periferia eduardo restrepo  

En Ia primera parte de este libra se examina una serie de as­pectos relacionados con es tas dif erencias y jerarquizaciones en y e n u·e las...

Antropología y estudios culturales disputas y confluencias desde la periferia eduardo restrepo  

En Ia primera parte de este libra se examina una serie de as­pectos relacionados con es tas dif erencias y jerarquizaciones en y e n u·e las...

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