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¡Facundo Cabral: estallido eterno de la eterna vida!

Por Yanira Soundy

Digo “Facundo” y mis recuerdos se llenan milímetro a milímetro de flores frescas y chocolate recién hecho en el Colegio La Asunción. Mi alma siente la calidez de un hombre ideal, que no deja de soñar, ni de creer, que la felicidad se puede colorear de identidad. Le recuerdo en cada nota del salón de música - un espacio largo y con ventanales amplios-, en el piano con nuestro maestro y mi más querida letra: “No soy de aquí ni soy de allá”. Digo “Facundo” y palpo mi adolescencia, aquella falda a cuadros, un portafolio de poemas inspirada siempre en sus canciones, y este loco corazón hecho de alas y sueños. Respiro aquel aire de niña madura, con una conciencia social impregnada de ideales, nuestro amor por el mar y leer siempre tiradas en la arena. Vuelvo a caminar por los pasillos fríos del colegio y me detengo en sus pilares. Amanezco en un tiempo sin husos ni horarios: el suyo y el de todas las personas que escribimos poesía, pidiendo un mundo mejor para los seres humanos. “Facundo”…..“Facundo” y se llenan mis labios de promesas azules, besos en la voz, voces en los dedos. Queda un “tizón encendido”, “la manzana primera” y “el estallido eterno de la eterna vida”. Viví mi adolescencia llena de su nombre, durante la época que El Salvador enfrentó el conflicto armado, días grises donde jugábamos a escapar cantando música de protesta en los salones de clase: “La más hermosa brisa por la que vuelve el tiempo” En aquel entonces y ahora, siento lo mismo: “No soy de aquí, ni soy de allá” . Este planeta no es para las personas que perseguimos ideales. Hoy, usted es un “Caracol milenario que camina los sueños” y yo la estela frágil que lo aguarda irremediablemente. Vuelvo a sus letras y escucho sus enseñanzas en la música. “No sé quién va más lejos la montaña o el cangrejo” y como cuesta realmente aprender a ser humildes, por eso siempre “Más que el oro es la pobreza, lo más caro en la existencia”. Regreso a la despedida de bachilleres en el colegio, cuando cantamos “esencia de los mares que crece en la montaña, el pan de los pastores, la luz de la cigarra”. Digo Facundo, y se eriza la piel de la montaña, el pasto es más verde y la tarde se sonroja. Huele a café, pan recién tostado, libros de finales inconclusos, líneas que se cruzan en un turbulento vivir cada mañana.


“Si yo pudiera ser, solo por una vez, lo que tú crees que soy” sería el latido de aquel tiempo que vive aún eternamente en la memoria, la libertad infinita para su cuerpo en la luz. Y la razón del invierno, para llorar su muerte. Pero solo me queda de usted: “la pasión más divina que libera el Quijote” y “el sol maravilloso que incendia las arenas”.. Facundo: callaron su voz, pero su recuerdo es un “estallido eterno de la eterna vida”.

¡Facundo Cabral: estallido eterno de la eterna vida!  

Asesinato de Facundo Cabral, recuerdo a su memoria..

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