Page 1


EL SECRETO DE YALGUARAZ ◆◆◆

Carlos Campana


_ 2 _


INTRODUCCIÓN Esta obra titulada “El secreto de Yalguaraz” tiene por objeto dar a conocer un poco más este lugar tan importante, como lo es la estancia. Hemos tratado de abarcar toda su historia desde sus orígenes, cuando su primer propietario, el acaudalado chileno marqués Andrés Toro Mazote y Cifuentes, la adquirió por merced real en 1700, pasando luego a ser propiedad de sus herederos. Pero en aquel sitio sucedieron diferentes acontecimientos que influyeron en la historia colonial de Mendoza. En el siglo XVII pasó por allí la ruta que conducía el ganado desde el litoral y el mediterráneo de nuestro territorio hasta Chile. Fue también en ese lugar donde se crió una considerable cantidad de ganado para venderlo al vecino país transandino y sirvió como posta para la ruta que comunicaba el Atlántico con el Pacífico. También la minería que transformaría al valle de Uspallata desde sus primeros tiempos, estaría marcada por el sello de Yalguaraz. Aunque luego la industria minera tuvo sus altibajos en el siglo XVIII. La estancia siguió con su modelo agroganadero de la mano de sus propietarios, los Guevara; luego pasó a ser de la familia Santander. Quizás el hecho más trascendental que le tocó vivir a Yalguaraz fue ser parte de las postas con el camino de los Patos y el de Uspallata. Por ende estaba destinada a vivir su gloria a partir de 1814, luego de la revolución de mayo, cuando los criollos dejaron de ser colonias para emprender la etapa de la Independencia. Sin dudas fue el paso del General José de San Martín

_ 3 _


por ella lo que le dio su mayor esplendor en su historia, al incorporarla como posta militar junto a las de Uspallata y Tambillo. Tres años después, la operación militar más importante de todos los tiempos estaba siendo preparada para liberar el territorio chileno de los realistas. Y en aquel enero de 1817, las tropas libertadoras partieron con más de 4.000 hombres por los varios pasos y lugares, teniendo en cuenta que su grueso tomaría por los caminos de Uspallata y los Patos. Allí el General San Martín y sus tropas acamparon, se abastecieron y durmieron. Todo culminó con el éxito de la campaña de la gesta libertadora. Luego, vinieron años oscuros para los dueños de esta estancia. Después de los problemas limítrofes entre Mendoza y San Juan, usurparon sus tierras a los legítimos propietarios y estos fueron presos sin motivos. Gracias a la cordura y al restablecimiento de las conversaciones de ambos gobiernos, nuevamente, pudieron recuperarlas. En 1872, la viuda de Joaquín Gómez, vendió la estancia a Saturnino Álvarez. Luego de 22 años las adquirió Juan Antonio Zapata. En 1940 perteneció a Gabriel Antolín, quien fue su dueño por muchos años. La producción del ganado caprino y ovino hizo que en 1945 recibiera un galardón en la Exposición Rural de Mendoza. La empresa incursionó en la elaboración de productos lácteos caprinos; se destacaron sus excelentes quesos de cabra. Actualmente la propiedad pertenece a la Minera San Jorge. Más de trescientos años tiene esta estancia que mantiene un secreto y en estas páginas será develado.

_ 4 _


_ 5 _


◆◆◆

Entre los miles de kilómetros que abarcó el recorrido indígena a lo largo de América del Sur, figura nuestra provincia, por donde pasaba la ruta Qhapaq Ñan que venía desde Quito. Así, la red de senderos, que se construyó bordeando la cordillera, fue desde San Juan hasta Uspallata, donde llegó a 25 kilómetros al norte de la actual Villa y luego pasó por Las Cuevas para desembocar en el Aconcagua. ◆◆◆


_ 8 _


LOS ORÍGENES DE YALGUARAZ El nombre de Yalguaraz tiene sus raíces en el idioma aborigen tupí-guaraní, ya que es posible que “aguará” esté relacionada con “aguará guazú”, que significa lobo pequeño. Recordemos que donde hoy se encuentra la estancia, existía una ciénaga llamada con el mismo nombre y este animalito habita en zonas abiertas y terrenos inundados. Los orígenes de Yalguaraz se remontan a tiempos inmemorables. Muy cerca de allí pasaba el Camino del Inca que fue construido entre los siglos XV y XVI, y que fue un extenso sistema de rutas creado por este pueblo. Esta importante línea de comunicación tenía cuatro rutas principales y las restantes secundarias convergían en la que fue la metrópoli más importante del Imperio, Cuzco, que en quechua, idioma original de los incas, significa 'ombligo del mundo'. El recorrido más importante era el Qhapaq Ñan o Camino Real, que tenía su punto de inicio en la capital de Ecuador, Quito, pasaba por Cuzco y finalizaba en Tucumán. Con una longitud de 5.200 kilómetros y alturas que superaban los 5 mil metros, el recorrido, de casi 4 metros de ancho, estaba trazado a través de cientos de montañas y sierras. Debido a su extensión, era el más largo construido por los aborígenes; en varias etapas del camino se almacenaban ciertos tipos de alimentos, como variedades de granos. La función de estos era abastecer al ejército incaico cuando emprendía una campaña de conquista y alimentar a los grupos viajeros durante los mitimaes, que eran una especie de emigración de familias desde pueblos

_ 9 _


leales a conquistados o viceversa, para cumplir funciones económicas, sociales, culturales, políticas y militares. Entre los miles de kilómetros que abarcó el recorrido indígena a lo largo de América del Sur, figura nuestra provincia, por donde pasaba la ruta Qhapaq Ñan que venía desde Quito. Así, la red de senderos, que se construyó bordeando la cordillera, fue desde San Juan hasta Uspallata, donde llegó a 25 kilómetros al norte de la actual Villa y luego pasó por Las Cuevas para desembocar en el Aconcagua. Muy cerca de la actual estancia Yalguaraz, se encuentra Tambillos sobre la ruta 39, que une Uspallata con Calingasta, a poco más de dos kilómetros de la estancia que lleva el mismo nombre que la construcción inca. De fácil acceso al público, el área fue cercada para su protección pero cuenta con carteles informativos para quienes se acercan a visitar el camino. Tambillos, que era denominado en sus orígenes como Collasuyo, formó parte del Tahuantisuyu o dominio de las cuatro regiones unidas por Cuzco. Uno de los objetivos principales de este trazado era llegar hasta el país trasandino, lugar donde los incas atravesaron el río Maule para continuar con su conquista. Sin embargo, esta travesía no fue fácil. Si bien uno de los motivos de la llegada de los Incas era la necesidad de expansión, el imperio se estableció en nuestra provincia porque se vio seducido por un suelo árido pero que reunía las condiciones hídricas necesarias para dedicarse de lleno a la agricultura y la explotación minera; tarea en la que tenían un especial interés por el oro y la plata, ya que eran importantes para la religiosidad. De

_ 10 _


esta manera, los ríos fueron usados de manera muy provechosa y este pueblo se convirtió en pionero en cuanto a sistemas de riego artificial. En nuestras tierras se cultivó el maíz, que era el alimento principal del imperio; la papa, que luego se transformaba en chuño; y el zapallo, entre otros vegetales. También las colcas (silos) cumplieron una función relevante, ya que fueron usados como lugares para almacenar los alimentos.

CONQUISTA ESPAÑOLA Para conocer más sobre la historia de nuestra colonización debemos remontarnos a junio de 1549, cuando se formó la expedición de Francisco de Villagra que fue enviado por el gobernador de Chile, Pedro de Valdivia, al Perú a buscar refuerzos militares para impedir la invasión de los nativos araucanos. Después de reunir unos doscientos hombres en el Alto Perú, Villagra regresó hacia el sur por el este de la cordillera, actual territorio argentino. En marzo de 1551 llegó a lo que es actualmente la provincia de Mendoza y al sur de lo que luego sería la ciudad. Desde este lugar ordenó a Diego de Maldonado marchar hacia Chile, quien junto a 8 de sus hombres descubrió el “Camino del Inca”. En tanto, Villagra continuó hacia el sur y llegó hasta el río Diamante. Al regreso de aquella travesía Maldonado le comunicó que había descubierto un camino por donde se podía llegar a Chile. Ambos emprendieron la marcha

_ 11 _


hacia el oeste, atravesaron la cordillera por primera vez y, luego de pasar frío y hambre, llegaron a Santiago de Chile. La expedición fue recibida con gran júbilo.

HACIA CUYO En noviembre de 1560 el gobernador de Chile, Don García Hurtado de Mendoza, nombró a Pedro del Castillo como “capitán general y teniente gobernador para poblar, fundar, repartir tierras y encomendar indios en la provincia de Cuyo”. La expedición partió con 38 hombres a fines de enero de 1561. Los expedicionarios atravesaron la cordillera en dirección al este y pasaron por los valles de Aconcagua y Uspallata. El 22 de febrero los colonizadores llegaron al valle de Huentota y tomaron posesión del territorio. Castillo ordenó al alférez Alonso de Campofrío de Carabajal que tomara el estandarte real que traía la expedición -de color damasco carmesí con una cruz negra- y diera varias vueltas con su caballo por el descampado. Castillo y los demás españoles se agruparon para realizar el acto de fundación. El teniente gobernador designado en nombre del rey Felipe II, a través de uno de los misioneros que hizo de intérprete, comunicó al cacique y a otros principales e indios que allí estaban, que serían “vasallos y sujetos al rey de Castilla de ahora y para siempre”. El 2 de marzo, Pedro Ruiz del Castillo realizó legalmente la fundación y la denominó "Mendoza" en honor al

_ 12 _


gobernador de Chile que dispuso la expedición. Los escribanos Juan de Contreras y Francisco de Horbina levantaron una serie de actas. Después de esto, Castillo tomó una cruz alta y la puso en el lugar donde debería ubicarse la iglesia. Acto seguido alzó en sus manos un “árbol gordo por rollo y árbol de justicia” y tomó a todos los presentes juramento en un libro misal que tenía en su poder el padre Hernando de la Cueva. Todos prometieron “sustentar la nueva ciudad y no despoblarla, salvo por una gran causa como hambre, por sed o por fuerza de muchos enemigos”. El escribano Horbina nombró a los representantes del Cabildo y por último Castillo prestó juramento como teniente gobernador. El 9 octubre se procedió a repartir las tierras a los primeros colonos de la nueva ciudad.

POR SEGUNDA VEZ El 22 de octubre de 1561, Pedro del Castillo fue reemplazado por el comendador Pedro de Mesa, quien fue enviado por el nuevo gobernador de Chile, Francisco de Villagra. Este último poco después designó a Juan Jufré como el nuevo teniente gobernador y se le confirió el título de capitán general en las provincias de Cuyo, Caria, Famatina, Tucumán y Nonogasta. El nuevo colonizador partió con una expedición de 40 hombres rumbo a las provincias de Cuyo. Al llegar a la pequeña fortificación construida por Pedro del Castillo se

_ 13 _


◆◆◆

Es de destacar que la antigua ruta denominada de Sotomayor partía desde Buenos Aires, pasaba por Córdoba, seguía por San Juan y desde allí descendía por la pampa de Yalguaraz -hoy cerca de la ruta provincial 39- hacia Uspallata, para luego cruzar el paso de la cumbre hacia Santiago o Valparaíso. En poco tiempo, este camino le permitió a Mendoza insertarse en los mercados de Buenos Aires, Córdoba y otros lugares. Podía enviar vinos y frutas secas y, a su vez, comprar ganado. ◆◆◆


asentó un tiempo y luego siguió con sus tropas hacia la provincia de “Conlara” (actual San Luis), en donde encontró a una población aborigen pacífica y tierras muy fértiles. De regreso al valle de Huentota, Jufré buscó otro sitio más apropiado para una nueva fundación ya que el asentamiento de Pedro del Castillo era una pequeña fortificación. El 28 de marzo de 1562 Jufré y sus expedicionarios fundaron la nueva ciudad; se buscó un sitio que fuese propicio para el establecimiento de los pobladores. El acto fue iniciado por Juan Jufré, quien, en el lugar indicado, "alzó con sus manos un árbol gordo por rollo y picota y el árbol de justicia". Luego tomó juramento a los presentes e hizo saber que fundaba la ciudad de la Resurrección del Valle de Cuyo, en vísperas de Pascuas y en el nombre del rey Felipe II. Concluida esta ceremonia se procedió a labrar un acta por los escribanos, en la cual se incluían los límites del territorio que abarcaba desde “la banda del norte hasta el valle que se dice de Huanacache, y por aquella comarca de dicho valle, hacia abajo y por la banda del sur hasta el valle del Diamante; y por la banda del este el cerro que está junto a la tierra de Cayo Canta y por la banda del oeste hasta la cordillera Nevada”, según consta en uno de los escritos. A la ceremonia central le siguió inmediatamente el reparto de solares, tierras, caballerías y estancias. El expedicionario también fijó los lugares para erigir la iglesia, la casa del Cabildo de la ciudad, el hospital y varios conventos. Después de estos actos quedó formalmente constituida la ciudad y fue trazada con solares “de 225 pies de frente y calles de 35 pies de ancho”.

_ 16 _


Según consta en las actas, la incipiente ciudad se delineó en unas cinco cuadras de ancho por cinco cuadras de largo. Muchos de los expedicionarios que acompañaron a Juan Jufré fueron los directos beneficiarios de estas nuevas tierras. El nombre de “Resurrección” se debió a que el acta de fundación fue confeccionada en vísperas de Pascuas de Resurrección. Luego de realizar el reparto de tierras Juan Jufré dejó a su hermano Diego a cargo, y se marchó con sus tropas hacia Chile, llevándose a cuatro de los hombres que estuvieron en la primera fundación. Lope de la Peña, Juan de Villegas, Juan de Maturana y Pedro Márquez, partieron entonces al territorio trasandino para reclamar sus derechos de encomiendas a la Audiencia del Perú.

LOS PRIMEROS HABITANTES DE USPALLATA Años después de ser fundada la ciudad de Mendoza, se instalaron varias familias que provenían de Chile y de otros lugares. Fue allí que comenzaron a recibir tierras a través de las llamadas “mercedes reales”. Don Pedro Moyano Cornejo -quien ocupó gran parte del valle de Uspallata- fue el primer propietario que se estableció en el lugar, gracias a que al terminar el siglo XVI, el entonces gobernador Rodrigo de Quiroga, le extendió una merced real. Importantes cuadras de tierras fueron otorgadas para la radicación de estancias en diferentes zonas del norte del

_ 17 _


valle de Uspallata. Estas tierras contaban con lugares donde los bañados y márgenes de arroyos eran propicios para la cría de ganado. En 1600, llegó a Mendoza el capitán Juan de Godoy y Alvarado, quien varios años después, se casó con doña Paula de Videla, viuda de Nicolás Moyano Cornejo. Este capitán aprovechó que le entonces gobernador de Chile Alonso de Rivera visitó la región y le solicitó un pedazo de tierra en Uspallata, pero al norte. La merced fue otorgada en 1612, y el jefe militar se convirtió en el segundo propietario del valle. En 1622, Juan Amaro de Ocampo, uno de los personajes más importante y ricos de la ciudad de Mendoza en ese momento, a través de una merced real, otorgada por el gobernador Osores de Ulloa, obtuvo más de mil cuadras para estancia en la misma zona uspallatina. Estas fueron luego adjudicadas a los monjes agustinos, quienes las utilizaron para la explotación y fundición de minerales que extraían de los cerros aledaños. Moyano Cornejo, Godoy y Amaro fueron los primeros propietarios que se asentaron en Uspallata.

EL CAMINO DE BUENOS AIRES A CHILE Con mucho esfuerzo, los habitantes de Mendoza seguían sosteniéndose en aquella tierra casi inhóspita. En 1583, el general Alonso de Sotomayor (1545-1610) planificó una ruta que uniera el océano Pacífico con el Atlántico a través de un corredor. La importancia de este corredor era

_ 18 _


vital para la defensa del virreinato del Perú. Esta nueva ruta pensada para defender el territorio, permitía recibir tropas de España en el puerto de Buenos Aires; evitaba que las naves se dirigieran hacia el sur y cruzaran por el Estrecho de Magallanes. De esta forma se ahorraba tiempo y la seguridad de llegar sanos y salvos. Desde Buenos Aires se dirigían a Córdoba y luego a Mendoza, donde luego, cruzaban la cordillera de los Andes. Cuando llegaban a Chile, el puerto de Valparaíso permitía embarcarse hacia Lima. La ruta denominada de Sotomayor, a pesar de que se pensó como camino de defensa, inmediatamente se utilizó con fines comerciales y comenzaron a importar ganado tanto caballar como vacuno desde diferentes lugares. Muy pronto el camino pasó a ser transitado por civiles y militares. Se enviaba una gran variedad de bienes desde el Río de la Plata, Tucumán y Paraguay hacia Chile. Por su parte a principios del siglo XVII, el flamante gobernador de Chile, Alonso de Rivera inauguró su mandato con un plan que buscaba proveer al ejército de algunos recursos materiales esenciales para su manutención. Organizó un plan para la práctica de la agricultura en las estancias reales y apuró la importación de ganado desde el actual territorio argentino para poblar esas estancias. Es de destacar que la antigua ruta denominada de Sotomayor partía desde Buenos Aires, pasaba por Córdoba, seguía por San Juan y desde allí descendía por la pampa de Yalguaraz -hoy cerca de la ruta provincial 39- hacia Uspallata, para luego cruzar el paso de la cumbre hacia Santiago o Valparaíso. En poco tiempo, este camino le permitió a Mendoza insertarse en los mercados de Buenos Aires, Córdoba y

_ 19 _


otros lugares. Podía enviar vinos y frutas secas y, a su vez, comprar ganado. Uno de los que aprovechó esta situación fue el capitán Antonio Moyano Cornejo. Además de tener las tierras en el valle de Uspallata, era el propietario de carretas y en Córdoba vendía trigo, jabón y velas. También con el tiempo se pudo traer desde el Paraguay tabaco y yerba mate, que se llevaban a Chile. Entrado el siglo XVIII, se utilizaría una alternativa en la ruta que tendría un acceso más directo pasando por Villavicencio para llegar luego llegar al Paramillo de Uspallata. Este camino modificaría el anterior. También en ese siglo, se creó por primera vez un sistema aduanero entre la Capitanía General de Chile y las provincias de Cuyo. Por esta causa se estableció un control aduanero que incluyó la construcción de un sistema de puestos y guardias en toda la cordillera. Estos puestos revisaban toda la mercadería que los muleteros llevaban y también efectuaban el control de los arrieros y viajeros que transitaban la ruta entre Buenos Aires y Santiago de Chile. A la vez, se completaba este servicio con un pequeño resguardo militar que tenía como finalidad brindar una mayor seguridad al tráfico en la cordillera.

LA GANADERÍA EN ESA ZONA Durante los primeros siglos, los nuevos pobladores de Cuyo iniciaron en el sur de la ciudad de Mendoza, más precisamente en los fértiles valles de Uco, Xaurúa y

_ 20 _


Llacorón, en los actuales departamentos de Tunuyán, Tupungato y San Carlos, un extraordinario desarrollo ganadero y agrícola. Uco y Xaurúa fueron las cabeceras en la ruta de ganado desde la tercera década del siglo XVII gracias al paso de portillo de los Piuquenes que conectaba Santiago de Chile con ese valle. Cabe destacar que a comienzos ese siglo, los caballos y las vacas provenían de los territorios del Este (Paraguay, Córdoba y Santa Fe) e ingresaban a Mendoza por la ruta del norte. El ganado entraba por San Juan y luego seguía hasta nuestra provincia. Después marchaba hasta el paso de la Cumbre para desembocar en el valle del río Aconcagua y finalizaba su camino en Santiago. Pero también en la zona del valle de Uspallata se inició la cría de ganado, que pronto motivó a varios terratenientes chilenos a cruzar la cordillera y tomar estas nuevas tierras para su cultivo y explotación ganadera.

EL PRIMER DUEÑO DE YALGUARAZ Durante el primer siglo después de la colonización de Mendoza y de la región de Cuyo, varios de los poderosos hacendados provenientes de Chile recibieron tierras en lo que hoy es nuestra provincia. Este es el caso de don Andrés de Toro Mazote y Cifuentes, quien llegó desde el otro lado de la cordillera para adquirir tierras en el valle de Uspallata, valiéndose de una merced real. La familia de Toro Mazote fue una de las primeras en

_ 21 _


◆◆◆

Pasaron más de 48 años de aquel establecimiento realizado por el capitán Toro Mazote y Cifuentes en la estancia de Yalguaraz para que su hijo, el maestre de campo don Andrés Toro Hidalgo, vendiera el 18 de julio de 1748 a don Buenaventura de Guevara grandes extensiones de tierras que comprendía Los Tambillos, el Chiquero y El Yalguará. La venta fue por trescientos catorce pesos. ◆◆◆


arribar cuando se colonizó el vecino territorio de Chile. Con el tiempo, fueron adquiriendo bienes y sus proyecciones comerciales incrementaron su fortuna. Don Andrés contrajo matrimonio con doña Antonia Hidalgo y Escobar en 1666. La mujer llevó de dote a su marido una cantidad de dinero igual a la que él tenía, o sea la suma de 15.000 pesos de a ocho reales. Con esta base y con las ganancias que obtuvo en compañía de su padre en la hacienda de Panquehue, llegó a reunir una fortuna de 150 mil pesos, aproximadamente. A fines del siglo XVII, se había convertido en uno de los mayores propietarios de tierras en Chile. En 1673 pretendió una encomienda vacante en la provincia de Cuyo, y para ello alegó en su favor los servicios prestados por su padre don Manuel, por su abuelo don Ginés de Toro Mazote y otros parientes, pero el gobernador de Chile no le dio preferencia. En cambio, el mismo presidente, cuatro años más tarde, le concedió otra encomienda en San Luis de Loyola, también en la provincia de Cuyo, y le hizo merced de muchas cuadras de tierra en aquel lugar. En 1695, Toro Mazote adquirió unas extensiones de tierra en el hoy departamento de Chacabuco, en San Luis. Actualmente allí se encuentran Villa Larca y Papagayos. Aquel poderoso hombre tuvo la idea de adquirir una gran extensión de tierra en el valle de Uspallata, un lugar que era estratégico para el comercio, la cría de ganado y para una nueva actividad que comenzaba a crecer: la minería. Así, el 11 de octubre de 1700, el capitán general del reino de Chile, Tomás Marín González de Poveda hizo una merced real a Toro Mazote por tierras situadas en al norte y oeste de Mendoza. Un mes después, Toro Mazote tomó

_ 24 _


posesión de estas tierras en jurisdicción del valle de Uspallata. El acta de posesión decía de la siguiente forma: “En el valle de Uspallata, Jurisdicción de la ciudad de Mendoza, en 20 de noviembre de 1700, ante mí el teniente Lorenzo Suárez, teniente de Corregidor y de Justicia Mayor del dicho valle, di la posesión en dicho valle; el paraje de Los Tambillos, Uspallata hasta el río y potreros de los Chacales y se extiende el Río Grande que baja á Mendoza, Yalguaraz, Leoncillos, Cortaderas, Manantiales al pié de la Cordillera y valle de los Patos, con todas las vertientes y demasías y en mi presencia y de los testigos que firman, metió en dichos parajes dos mil vacas el don Andrés Toro Mazote y me pidió le diera testimonio de ello, Juan Rodríguez, José Palacio, Francisco Vásquez”. En muy poco tiempo, la incipiente estancia de Yalguaraz comenzó a tener actividad y se convirtió en un centro para el pastoreo del ganado vacuno y caballar. Don Andrés falleció seis años después de adquirir la hacienda. A su muerte, Toro Mazote y Cifuentes dejó las haciendas y estancias que siguen: Panquehue, Catapilco, Putaendo y Tabon, en Chile; y el Rosario, San Lorenzo, en San Luis de la Punta; unos potreros llamados Tambillo, Manantiales, Leoncillos, Los Chacales, de los Patos y por supuesto los de Yalguaraz. El hacendado tuvo un hijo al que llamó también Andrés. Pero además tenía otro hijo fuera de su matrimonio al que le dio el nombre de Manuel. El primero heredó una importante fortuna en la que se incluía a las haciendas de Yalguaraz. Su viuda vivió 25 años más que él y testó a favor de su hijo Andrés Toro e Hidalgo el 25 de octubre de 1715. El

_ 25 _


nuevo heredero fue propietario de la estancia por más de 48 años.

EL AUGE DE LA MINERÍA EN LA ZONA Las primeras explotaciones mineras se realizaron por los misioneros jesuitas en 1614 y en 1640 quienes lograron extraer los minerales esenciales de la plata. Trabajaban en ellas cientos de nativos, que cargaban sobre sus espaldas, en capachos, grandes piedras de las cuales sólo se obtendrían unos gramos de minerales. Fue a principios del siglo XVII, cuando en aquel valle, unos aventureros encontraron una veta de oro. La noticia de aquel descubrimiento corrió como reguero de pólvora. En poco tiempo, buscadores de fortunas aparecieron en el Paramillo de Uspallata y las zonas aledañas. Aquellos, con sus picos, palas y barretas, pasaban sus días buscando el preciado metal. A muchos, encontrar una veta de oro o plata, les daba la posibilidad de insertarse en la vida social y económica. Esta “fiebre del oro” invadió la región por unos cuantos años. Fue tan así que las autoridades de aquel entonces, estaban interesadas en promover y fomentar la incipiente industria minera, brindando todo el apoyo a los intrépidos buscadores. En el paraje de Uspallata se fueron construyendo rudimentarios trapiches y pequeños hornos para fundir el metal. También se incrementó el número de barreteros y capacheros. Cabe destacar que el Cabildo de Mendoza deliberó en 1693 sobre dicha actividad, y encomendó al general Pedro

_ 26 _


de Trelles la tarea de inspeccionar las minas que ya se encontraban en explotación, además de fiscalizar el funcionamiento de los hornos de fundición. Trelles, en cumplimiento de su misión, presentó al Cabildo un amplio informe, lo que dio lugar a que se nombrara a un visitador. El cargo recayó en Juan Urdinola, que se desempeñaba como corregidor de Cuyo y alcalde Mayor de Minas y Registros. Tres años después, los miembros del Cabildo resolvieron que se nombrara al capitán Benito de Alarcón para ocupar el puesto en lugar de Urdinola, quien se trasladaría periódicamente a la nombrada zona minera. Para aquellos hombres, no fue fácil el no poder encontrar las supuestas vetas de oro o plata que imaginaban. Algunos como Juan Mayorga o González Pacheco, invirtieron mucho y no lograron cumplir con sus expectativas, las que optaron por abandonar. Es por eso que el impulso que en un principio tuvo la extracción de los minerales, decayó, al no satisfacer las ambiciones de los oportunistas. Tiempo después, la codicia de muchos hizo que perdieran más de lo que habían ganado y abandonaran el valle; la minería desapareció por completo. Sin embargo, resurgió durante el siglo XVIII, gracias a la consolidación del comercio externo, siendo el principal producto la plata y luego el oro. Esto contribuyó en gran medida a aumentar la fortuna de los altos círculos sociales de la época. Los impuestos ayudaron al Estado colonial español a financiar sus gastos.

_ 27 _


DON BUENAVENTURA DE GUEVARA, EL SEGUNDO PROPIETARIO

Pasaron más de 48 años de aquel establecimiento realizado por el capitán Toro Mazote y Cifuentes en la estancia de Yalguaraz para que su hijo, el maestre de campo don Andrés Toro Hidalgo, vendiera el 18 de julio de 1748 a don Buenaventura de Guevara grandes extensiones de tierras que empezaban desde la: “(...) cordillera nevada, hasta 20 leguas, más o menos de la ciudad de Mendoza; desde el río que baja de la Cordillera de Los Patos hasta las ciénagas pertenecientes a los vecinos de la ciudad de San Juan de Cuyo, comprendiendo Los Tambillos el Chiquero y El Yalguará. La venta es por trescientos catorce pesos, no vale ni más ni menos, renuncia a lo primero y hace gracias de las demasías que hubiesen. Firman Andrés de Toro y Buenaventura Guevara ante José de Albares Hemrrosa”. En su testamento firmado en Santiago de Chile en 1749, el marqués Andrés de Toro Hidalgo aclaró que dejaba las tierras y potreros denominados Los Patos, a excepción de Yalguaraz, Tambillo y el Chiquero que había vendido a Buenaventura de Guevara un año antes, y nombró como heredera a su mujer. Esto deja en evidencia que don Guevara tomó posesión de las tres estancias. Por aquel tiempo, el nuevo comprador siguió con la cría de ganado vacuno, equino y luego, caprino. Fue a mediados del siglo XVIII que la minería volvió a surgir con mucha fuerza y algunos de estos buscadores de vetas llegaron hasta las tierras inmediatas a Yalguaráz para hacer sus exploraciones.

_ 28 _


Tras más de veinte años, Cuyo dejaría la Capitanía General de Chile para integrar el Virreinato del Río de la Plata a partir de fines de ese siglo.

EL RESURGIMIENTO DEL VALLE En 1782, con la nueva jurisdicción que incluía a las provincias de Cuyo a la Intendencia de Córdoba del Tucumán, se produjo una verdadera explosión comercial, más allá de las explotaciones mineras que se venían desarrollando en ese momento; el valle de Uspallata era el paso obligado de todo el transporte comercial desde Buenos Aires hacia Chile y viceversa. Sus postas constituyeron, después de la ciudad de Mendoza, el lugar donde todos los “muleteros” se reabastecían y recambiaban sus animales para poder realizar la arriesgada y peligrosa travesía por el llamado 'paso de la cumbre'. Así, en varias cuadras de terrenos adyacentes a estas postas, se plantaron alfalfares para el consumo de las recuas de mulas. El paraje empezó a comentarse de boca en boca. Hablaban de él los que transportaban mercadería, los que querían hacer fortuna, los funcionarios públicos y… por supuesto, el virrey del Perú. Desde aquellas tierras vinieron varios aventureros que llegaron al valle con el afán de obtener grandes riquezas. Y cruzando el Atlántico, muchos peninsulares hablaban de este pequeño poblado que comenzaba a hacerse importante por sus riquezas y por ser un punto estratégico

_ 29 _


◆◆◆

Fue a principios del siglo XVII, cuando en aquel valle, unos aventureros encontraron una veta de oro. La noticia de aquel descubrimiento corrió como reguero de pólvora. En poco tiempo, buscadores de fortunas aparecieron en el Paramillo de Uspallata y las zonas aledañas. Aquellos, con sus picos, palas y barretas, pasaban sus días buscando el preciado metal. A muchos, encontrar una veta de oro o plata, les daba la posibilidad de insertarse en la vida social y económica. Esta “fiebre del oro” invadió la región por unos cuantos años. ◆◆◆


para el transporte de mercaderías. A finales de ese siglo, Martín Ladrón de Guevara, el sobrino de don Buenaventura, se convirtió en el nuevo dueño de esos terrenos -incluida Yalguaraz- al recibirlos como herencia. En aquel momento la estancia, al igual que otros puestos, comenzó a formar parte de una línea de postas por las rutas de Los Patos y la del camino real o de Uspallata. Esto permitió acopiar mayor cantidad de ganado mular para recambio y el hospedaje de viajeros que pasaban la noche para seguir con la travesía hacia el paso de Las Yaretas, hoy provincia de San Juan-. Existen documentos que señalan que a principios del siglo XIX, se produjo un gran derrumbe de tierra por la ruta de Uspallata, lo que dejó por mucho tiempo el camino intransitable. Esta situación favoreció a la estancia y se tuvieron que realizar ampliaciones en la posta. Cabe destacar que su construcción era totalmente de piedra con techos de paja. También se tuvieron que agrandar los corrales. Mientras tanto, el resurgimiento de Uspallata tendría una bonanza que duraría más 30 años. Con la caída del régimen colonial, la zona y en especial la estancia de Yalguaraz, tendría un papel preponderante en nuestra independencia.

VIDA TRANQUILA La vida de los ciudadanos de Mendoza a principios de 1810 era muy tranquila; por aquel entonces, la pobla-

_ 32 _


ción estaba compuesta por unos 6.400 habitantes, entre blancos, negros y mestizos. Y en el valle de Uspallata los habitantes eran 85 personas distribuidas en 10 casas y haciendas dispersas. Varias de estas propiedades pertenecían a diferentes dueños, pero eran administradas por capataces con sus respectivas familias y peones que se dedicaban a la crianza del ganado o al acopio de leña, que servía para alimentar las bóvedas de fundición que allí existían. Según un censo efectuado en aquel entonces, en San Lorenzo había más de 30 obreros, mientras que la estancia de Uspallata, contaba con un maestro de posta llamado Valentín Ortiz, encargado de hacer el relevamiento. En ese momento, los varones jóvenes que vivían allí predominaban ante las pocas mujeres del valle. Esta situación respondía a la actividad minera y a la ganadería propia de la zona.

UN CAMBIO DE RUMBO Después de la derrota del ejército español en las Navas de Tolosa el 20 de enero de 1810, Andalucía cayó en poder de Napoleón, y su hermano José entró en Sevilla el 1º de febrero de 1810. Toda la casa real estaba prisionera en Francia. Con excepción de Cádiz y la isla de León, defendidas por el duque de Albuquerque con apoyo británico, todo el territorio español quedaba bajo dominio francés. La Junta Suprema se disolvió, presionada por el embajador británico Frere, pero en acuerdo con la Junta de Cádiz creó el

_ 33 _


Consejo de Regencia, que infructuosamente pretendió gobernar España y sus colonias en nombre del rey Fernando VII. El derrumbe del régimen español ya era total e inocultable, desafiado por los ismos monopolistas españoles y sin base popular. Esta, por supuesto, era una situación que venía gestándose desde el derrocamiento de Fernando VII, y que se extendía mucho más allá del Río de la Plata. En Chile, en 1808, cuando el gobernador Muñoz de Guzmán murió, la milicia criolla apoyó a su comandante contra el presidente de la Audiencia y lo ungió gobernador interino. Aunque la situación no duró demasiado, fue un duro golpe al orden colonial existente. Gradualmente, en toda la región se tornaría cada vez más difícil definir los términos de la legitimidad y la legalidad. Algo similar había ocurrido en 1809, en el Alto Perú, con las intrigas de infanta Carlota, que había conspirado para ser reconocida como soberana interina. En Charcas fue apoyada por Pizarro, el presidente de la Audiencia, pero los oidores de esta, que hacía tiempo se oponían a Pizarro, reaccionaron instituyendo una Junta Criolla que gobernó en nombre del rey cautivo. Esta fue una revolución de blancos criollos, y fue seguida por una revolución de mestizos en La Paz. Ambas revueltas fueron sofocadas por las tropas enviadas por los virreyes de Buenos Aires y Lima, pero ilustran la gradual quiebra del orden colonial antes de que éste sufriera un colapso total en Buenos Aires en mayo de 1810. La repercusión de los sucesos de mayo de 1810, se hizo sentir en Mendoza. La noche del 13 de junio de 1810, un joven oficial de milicia bajó rápidamente de su caballo para entrar a la sala del Cabildo mendocino. Se llamaba

_ 34 _


Manuel Corvalán y llevaba los despachos de la “Junta Gubernativa” instalada en Buenos Aires el día 25 de mayo de ese mismo año. La noticia estremeció a las autoridades, que inmediatamente se reunieron en la sala Capitular y resolvieron convocar a los vecinos más representativos de la ciudad para que participaran. Estos eran los más renombrados hacendados y comerciantes de la ciudad. El pueblo en sí, nunca participó de aquel acontecimiento. Los ciudadanos concurrieron al edificio del Cabildo. La sala Capitular se encontraba llena de gente. En un costado estaba el oficial Corvalán rodeado de un público fervoroso que le preguntaba por los acontecimientos desarrollados en Buenos Aires. Uno de los cabildantes leyó el acta del cabildo abierto del 25 de mayo, en la cual decía que había sido depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y se conformaba una Junta a favor del Rey Fernando VII. Todos celebraron este acontecimiento. Por su parte, las autoridades que estaban presididas por el subdelegado de la Real Hacienda y Guerra, don Faustino Ansay, Domingo de Torres, Joaquín Gómez de Liaño, trataron de ser más cautas con la noticia y esperaron que se desarrollaran los acontecimientos. Sucesivas reuniones se celebraron en torno a este delicado asunto y comenzó a surgir una oposición por parte de Ansay y sus colaboradores respecto a la adhesión a la Junta de Gobierno. En tanto el gobernador intendente de Córdoba, de quien dependía nuestra provincia, presionó para oponerse a las nuevas autoridades. La situación era muy tensa y existía mucha incertidumbre por parte de los representantes. Fue por eso que organizaron en la Sala Capitular, un cabildo abierto, para

_ 35 _


definir la posición de Mendoza. A la reunión concurrieron unos 46 vecinos, entre ellos Ansay, Torres, Gómez de Liaño, Sosa y Lima, Godoy y Rojas, Espina Correas, Pelliza, Cobo y el escribano Real suplente, José Porto y Mariño. Cuando debatieron sobre si se oponían o apoyaban a la Junta, Ansay, Torres y Gómez de Liaño se opusieron al gobierno de Buenos Aires. Algunos de los asambleístas quedaron molestos por esta decisión y los dos alcaldes, temiendo una posible confrontación, exigieron que el comandante Ansay entregara las armas y pertrechos. A raíz de la negativa de apoyar a Buenos Aires, algunos vecinos se volcaron a las calles, tomaron la sala de armas del Cabildo y pusieron algunos guardias. Esta presión fue sentida y en una nueva asamblea se decidió elegir a un diputado para que representara a Mendoza ante la Junta. La elección recayó en Bernardo Ortiz y se designó a Isidro Sáenz de la Maza como nuevo comandante de armas. Los vecinos manifestaron su apoyo a la Junta con escarapelas blancas y el retrato de Fernando VII. Esto demostró que nunca French y Berutti repartieron cintas celestes y blancas, en aquella semana de mayo. En la fría noche del 28 de junio, Faustino Ansay, Torres, Gómez de Liaño y treinta vecinos asaltaron el cuartel para apoderarse de las armas. Entre ellos, se encontraban varios ingleses y portugueses, que habían sido prisioneros de guerra. Ya en el cuartel, y con los pocos soldados que habían reunido, se dispusieron a sostener la negativa de la Junta. A pesar de la actitud, no hubo derramamiento de sangre, gracias a la intervención del Presbítero Domingo García, quien calmó los ánimos y propuso que se celebrase un acuerdo entre las partes. La reunión se reali-

_ 36 _


zaría el 1 de julio. El acuerdo celebrado el 1 º de julio por una junta, reconoció que era importante la adhesión a la causa del Rey Fernando VII mediante la Junta de Buenos Aires. Días después de firmar este convenio, el gobierno de Córdoba solicitó armas y tropas, las autoridades provinciales negaron el envío, diciendo que había tenido lugar un acuerdo y que no podían socorrerlos. En la mañana del 10 de julio, el coronel Morón llegó a nuestra ciudad, con la misión de reclutar tropas y reunir armas para la expedición militar contra Córdoba. Esto produjo el apoyo incondicional a Buenos Aires y la destitución del comandante Faustino Ansay. La revolución había triunfado en Mendoza. Al poco tiempo, el gobierno de Buenos Aires envió a el capitán José Moldes como nuevo gobernante de la Provincia de Cuyo. Este nombramiento no fue bien recibido en el ámbito local. Una vez más el poder central intervenía en la vida político-institucional mendocina. En 1813 se creó la Intendencia de Cuyo y fue Florencia Terrara fue su primer gobernador intendente. Luego llegó Marcos Balcarce y tiempo después tomo posesión el entonces coronel José de San Martín.

UN NUEVO GOBERNADOR Ante una supuesta invasión realista por la parte occidental del territorio, el director Supremo, Gervasio Posadas, separó del mando del Ejército del Norte a San

_ 37 _


◆◆◆

El sargento mayor tomó el camino de las Llaretas y el 7 de diciembre se hospedó en la estancia de Yalguaraz. Luego siguió hacia la ciudad de San Felipe y arribó a la capital chilena. Al día siguiente de haber llegado a Santiago, se presentó al despacho del capitán general Francisco Marcó del Pont con la declaración de la independencia. El representante de Fernando VII lo recibió fríamente. Le preguntó cuál era el motivo de su visita y sin más, Álvarez le entregó el acta de la independencia de las Provincias Unidas del Sud. ◆◆◆


Martín y lo destinó a las provincias de Cuyo, para impedir el avance realista y la pérdida del incipiente gobierno de las Provincias Unidas. En setiembre de 1814, San Martín llegó a la provincia de Mendoza para ocupar el cargo de gobernador intendente. A los pocos días de desempeñar el mando político y militar de la provincia, llegó desde Chile una noticia nefasta: los realistas habían vencido en Rancagua a las fuerzas patriotas trasandinas el 2 de octubre de ese año. Inmediatamente, San Martín con un pequeño grupo de militares se desplazó hacia la cordillera con el objeto de reconocer los lugares en el valle de Uspallata por los dos pasos principales. En ese momento, una columna de aquel derrotado ejército chileno, se dirigió hacia Mendoza donde fueron recibidos por el gobernador en la posta del lugar. Mientras los patriotas chilenos marchaban hacia la ciudad de Mendoza, San Martín y su gente se establecieron unos días para ver las postas que comunicaban los caminos entre Uspallata y Los Patos. Fue en la estancia de Yalguaraz que fue recibido por don Domingo Santander, quien le dio alojamiento. En ese marco, se tomaron urgentes medidas preventivas de defensa. Una de ellas fue la construcción de fortificaciones y destacamentos en los pasos principales. El gobernador intendente informó al Cabildo de estos acontecimientos y solicitó a éste que los vecinos colaboraran con materiales para la construcción de estos puestos de guardia, en especial el de Uspallata. En esa guardia que se encontraba entre el camino a Villavicencio y el del Inca, se alojaban 10 soldados y estaban a cargo del entonces capitán de Granaderos a caballo, José Aldao.

_ 40 _


La misión de esta guardia era reconocer cuáles eran las actividades realistas en las rutas de la Cumbre como en la de los Patos. Cabe destacar que a partir de noviembre de ese año, se establecieron puestos militares en las postas de Uspallata, Tambillo y Yalguaraz para que a través de sus postillones comunicaran las novedades del posible cruce del ejército realista. La estancia Yalguaraz ofreció a los piquetes que recorrían la zona, resguardo y aprovisionamiento. Desde Mendoza, el gobernador San Martín, intentaba organizar un plan defensivo. Y a fines de 1814, llegaron las tropas de Buenos Aires, a cargo del teniente coronel José María Rodríguez, quien conjuntamente con Pedro Regalado de la Plaza y otros oficiales se establecieron en los cuarteles de la ciudad. A esta plaza militar se añadió el teniente coronel Juan Gregorio de Las Heras jefe del batallón N º 11, recientemente creado en nuestra provincia.

MOMENTOS DE CRISIS En 1815, la situación de las Provincias Unidas era crítica. En Cuyo, parecía que la invasión realista por el frente cordillerano era un hecho, y como si esto fuera poco, llegó la noticia a Buenos Aires que había partido una flota desde el Puerto de Cádiz con el objeto de sofocar la revolución que años antes se había producido en Sudamérica. Unos meses después fue confirmado que dicha flota estaba reaprovisionándose en Tenerife y que seguiría su rumbo hacia

_ 41 _


el Río de la Plata. Tras la alarmante información, el gobierno de las Provincias Unidas inmediatamente adoptó un plan creado por el general Miguel Estanislao Soler. El mismo consistía en un dispositivo defensivo de la ciudad e incluía implementar una línea de comunicación con los ejércitos del interior. El 9 de mayo, el director interino Álvarez Thomas, comunicó a San Martín que los realistas se preparaban para iniciar una invasión al Río de la Plata con una fuerza importante de buques y tropas de ejército de aproximadamente 10.000 hombres. Además el primer mandatario pidió ante el grave peligro que corría el gobierno, enviar todo tipo de recursos tanto monetarios como de armamento y soldados para defender la Capital. También, la construcción de una escuadra para vencer a los españoles. Por ello, a pesar de la difícil situación que vivían las provincias de Cuyo, el pueblo y cada ciudadano debería ofrecer su sacrificio por la libertad de la patria. Era necesario que brindaran colaboración. El gobernador de Cuyo comprendió la solicitud y comunicó al gobierno central que, a pesar del estado de pobreza en que se encontraban los habitantes, el pueblo colaboraría con todo lo que fuera necesario. Días después, San Martín y los ediles mendocinos se reunieron en la sala capitular para resolver aquel pedido y luego de poner algunos puntos, se emitió una proclama. Mientras tanto, el 30 de mayo de 1815, Martín Ladrón de Guevara, el propietario de la estancia Yalguaraz, hizo su testamento, en el que nombró a su sobrino don Domingo Santander como albacea y universal heredero de

_ 42 _


sus bienes. Desde ese momento la posta pasó a manos de su pariente.

YALGUARAZ Y LA GUERRA DE ZAPA Al momento de llevar adelante la campaña libertadora, el General San Martín utilizó distintas estrategias para liberar el territorio de Chile y luego el del Perú. Una de las más importantes fue la llamada “guerra de Zapa”, una mezcla de estrategias militares y recursos de espionaje. San Martín enviaba información falsa a espías sobre futuros movimientos de las tropas y otras operaciones, creando en el ejército español mucha confusión. Esta guerra tuvo éxito para los patriotas, ya que permitió la desarticulación de las fuerzas españolas en Chile A fines de 1814, el entonces gobernador intendente coronel mayor José de San Martín, al comprender que el ejército realista iniciaría una invasión por algunos de los pasos de la cordillera en dirección a la capital de la entonces Provincia de Cuyo, organizó a varios ciudadanos para que simulando ser comerciantes u arrieros, vigilaran los movimientos de las tropas leales al rey Fernando VII. A partir de principios de 1815, estos agentes iniciaron la marcha por un paso menos conocido y sospechoso para una acción de espionaje: el de Los Patos; a pesar de que del otro lado de la cordillera existía una guardia realista. Y si mencionamos al camino de los Patos, no podemos obviar a la estancia Yalguaraz, una de las postas que los albergó y sirvió logísticamente para el reabastecimiento de

_ 43 _


mulas. Es posible que los propietarios o los peones de la hacienda no hayan tenido conocimiento sobre la misión que llevaba cada uno de ellos. Fue por aquel tiempo que San Martín convocó a su gente de confianza y los asignó a distintas misiones. Algunos se infiltraban entre los contrarios a la causa independentista en Mendoza. Entre los agentes más importantes que realizaron viajes a la cordillera se puede mencionar a José Mondaca, Justo Estay -quien era de origen chileno y fue un gran colaborador del Libertador- Domingo Pérez, Diego Guzmán y Valentín Ortiz, vecino de don Domingo Santander, en ese momento dueño de Yalguaraz. También muchas mujeres colaboraron en misiones especiales. A todos estos espías se les pagaba muy buen dinero, unos 10 pesos por misión.

RECONOCIMIENTOS Durante fines de 1814, 1815 y 1816, una de las acciones tomadas por San Martín fue el relevamiento de todos los cruces cordilleranos para construir pequeñas fortificaciones y destacamentos en los pasos principales, como La cumbre y las Llaretas, al norte del río Los Patos. A pesar de que había cartas topográficas de 1790 y de 1810, se comisionó a José Álvarez Condarco y al capitán de origen español, Francisco Bermúdez para el reconocimiento de las dos rutas que estaban activas hasta el mes de mayo, donde se cerraban estos pasos cordilleranos. Estos dos comisionados realizaron la confección de varios pla-

_ 44 _


nos, especialmente de los puestos que se encontraban en el camino y de sus distancias. Recordemos que en el mes de julio de 1816, el coronel San Martín, realizó con un reducido grupo del estado mayor, varios reconocimientos, en los que visitó las postas de Jagüel, Las Higueras, El Carrizal, Las Cuevas Norte y por último Yalguaraz. Allí pudo analizar cómo debería instrumentar el plan de marcha y sus itinerarios, como también ejecutar las líneas de comunicaciones entre ambas columnas. Toda esa información a través del reconocimiento, sirvió para enviarla a Buenos Aires, en donde se debería confeccionar, luego de la Independencia de las Provincias Unidas del Sud, un plan estratégico para desplazar a los realistas de Chile y del Perú. Luego de la declaración de la independencia de España por parte de las provincias del Río de la Plata se formó en Mendoza el ejército de los Andes. Se nombró general en jefe a José de San Martín, en agosto de 1816. La empresa era muy difícil para activar un ejército de casi 4.000 hombres que marchara por varios pasos hacia Chile. Todo se puso en marcha para cumplir con los objetivos previstos. Desde Buenos Aires, se enviaron armas, tropas y todo lo necesario para emprender la campaña. Algunos batallones y regimientos fueron destinados desde otros lugares a Mendoza. La movilización fue muy grande y era la última carta que les quedaba a los patriotas. Si el plan fracasaba, todo el sacrificio se echaría por la borda. Fue para el mes de diciembre de ese mismo año que el flamante General San Martín, comisionó al sargento mayor Álvarez Condarco, para que viajara al territorio trasandino y llevara una declaración del acta de la indepen-

_ 45 _


◆◆◆

El comandante Zapiola arribó con más de 500 hombres y un hospital de campaña que se establecería en el lugar por varios días. El objetivo de este hospital ambulante era asistir a los hombres que sufrían apunamiento, otros tipos de enfermedades y heridas producidas durante el trayecto. Entre los profesionales se encontraban varios frailes de la orden Betlemitas como Fray José María de Jesús, Agustín de la Torre, Pedro del Carmen y Toribio Luque. ◆◆◆


dencia de las Provincias Unidas del Sud. Así lo hizo, el 2 de diciembre partió desde Mendoza hacia Santiago de Chile Para algunos historiadores el viaje de Álvarez Condarco fue una jugada del Libertador que con la escusa de llevar una copia del acta de la independencia, para que los realistas no sospecharan, tenía como verdadero objetivo que el comisionado “trajera trazados en su mente” los planos de las dos rutas más importantes. Para este fin, el sargento tomó el camino de las Llaretas y el 7 de diciembre se hospedó en la estancia de Yalguaraz. Luego siguió hacia la ciudad de San Felipe y arribó a la capital chilena. Al día siguiente de haber llegado a Santiago, se presentó al despacho del capitán general Francisco Marcó del Pont con la declaración de la independencia. El representante de Fernando VII lo recibió fríamente. Le preguntó cuál era el motivo de su visita y sin más, Álvarez le entregó el acta de la independencia de las Provincias Unidas del Sud. La reacción de Marcó del Pont fue instantánea y el ofensivo documento de independentista fue quemado en manos del verdugo en la plaza mayor de la ciudad. Unas horas después Marcó le extendió un pasaporte al emisario patriota para que marchara de regreso a Mendoza y le recalcó que no haría lo mismo con otro representante de los "insurgentes", tal como les llamaban los realistas. El objetivo del viaje era muy claro: saber en qué situación política y militar se encontraba Chile para evaluar el desplazamiento militar a ese territorio. Álvarez partió rápidamente a Mendoza, pero por el camino Real o de la Cumbre. La estancia de Yalguaraz tuvo, de esta forma, par-

_ 48 _


ticipación en la historia patriótica. Sin embargo, le tocaría luego tener un papel más preponderante.

SE PREPARA LA CAMPAÑA Faltaban muy pocos días para que se pusiera en marcha la campaña de los Andes. Era enero de 1817 y todo estaba listo para la titánica operación de liberar a Chile de los realistas. Se ejecutó el acopio de toda la caballada y ganado por intermedio de Pedro Aguirre, quien estaba a su cargo, y que tenía por objetivo distribuirlos a las postas que estaban en el camino por donde deberían pasar las dos columnas del grueso del ejército. El plan consistía en dejar en cada una de las estancias, empezando por Canota y Uspallata, ganado vacuno y diferentes alimentos tanto para las tropas como para la caballada. También se dejaron en los puestos de Jagüel, Las Higueras, el Carrizal, Las Cuevas norte y Yalguaraz, lugar donde se montaría un hospital de campaña. Tras cruzar el río de los Patos y el arroyo Uretilla, detrás de Yalguaraz, llegarían a la estancia Manantiales, donde se ubicaría el cuartel general. El plan tenía como objeto ir en divisiones no mayores de 500 hombres, cada una hacia los lugares señalados. Las mismas pasarían por la ruta del norte y marcharían aproximadamente unos 3.000 soldados. Cada división saldría con un día de diferencia, una de otra. También se tuvo en cuenta un detalle muy importante que fue la marcha con el calendario lunar de cuarto creciente a luna llena.

_ 49 _


LAS DIVISIONES EN MARCHA El 9 de enero de 1817 salió desde el campo de instrucción en Mendoza, la primera columna al mando del teniente coronel Juan Manuel Cabot, en dirección a San Juan, con 40 infantes y 20 granaderos a caballo; al llegar a esta ciudad, se unieron 80 milicianos. Una vez reunidos, siguieron rumbo al noroeste hasta el paso de Aguas Negras. Su objetivo era invadir el territorio chileno, tomar el puerto de Coquimbo y la ciudad de La Serena. El 14 de enero se inició desde el campamento la marcha de la segunda columna. Esta caminó en dirección al sur, al mando del teniente coronel Ramón Freire, quien con 80 infantes de los batallones 7, 8 y 11 y 25 granaderos, pasó por el fuerte de San Carlos y continuó por el paso del Planchón. La misión era tomar Talca y Curicó. Desde La Rioja marchó el comandante Francisco Zelada, hacia el paso de Come Caballos con 50 infantes; en Guandacol, se unieron a esta columna 80 milicianos de caballería, al mando de Nicolás Dávila. Las instrucciones eran conquistar las villas de Huasco y Copiapó. Las tropas de Lemos emprendieron el viaje desde el fuerte de San Carlos para cruzar el Portillo e invadir San Gabriel con 25 blandengues y 30 milicianos. El día 18 partió desde el campo de instrucción, la “primera división de vanguardia”, al mando de coronel Juan Gregorio de Las Heras. Estaba constituida por el batallón de infantería Nº 11 con 622 hombres: 30 granaderos a caballo, 20 artilleros, dos cañones de pequeño calibre y el

_ 50 _


escuadrón de milicias de San Luis. El objetivo era marchar por el camino Real o de la Cumbre, combinar la marcha de la otra división principal y caer en dirección al valle de Aconcagua. Las Heras, por su experiencia como comerciante, conocía muy bien la ruta Mendoza -Santiago de Chile. Por ello, alteró el itinerario de marcha. El plan original, proponía una parada en la estancia del Jagüel para luego continuar por el camino de Villavicencio. El coronel optó por un recorrido mucho más corto y se dirigió a Uspallata, por la senda de la quebrada de Santa Elena. Tras aquella osada decisión, Las Heras acampó en la estancia de Canota y acortó tres jornadas. Recién el 19, la columna que se dirigió hacia el camino de los Patos, con el objeto de entrar por el valle de San Felipe y llegar hacia Santiago, inició su marcha desde el campamento: una primera división compuesta por el 4º escuadrón de granaderos a caballos y 4 compañías de volteadores y granaderos del batallón de infantería del Nº 7 y 8 con un total de 644 hombres a cargo de José Antonio Melián. Ese mismo día salió el capitán Luis Beltrán con algunas piezas de artillería rumbo al camino de la Cumbre. Marchó por Villavicencio. Al día siguiente partió la segunda división de la columna en dirección a Los Patos, a las órdenes del teniente coronel Rudecindo Alvarado, con 714 hombres. El 21 salió la tercera división al comando del brigadier Bernardo O'Higgins con 435 soldados. Al otro día, emprendió la cuarta fracción, encabezada por Mariano Necochea con 520 efectivos. El 23 de enero, partió la quinta división, con 553 soldados y los hospitales.

_ 51 _


Bajo la conducción del coronel Zapiola, un día después, se integró la artillería con 6 piezas, el parque y la maestranza con 31 obreros, a las órdenes de Pedro Regalado de la Plaza. Finalmente, el 25 de enero partió el General San Martín, con un reducido estado mayor, en dirección a su nuevo cuartel general en la estancia de Manantiales. Allí dirigió los movimientos del ejército de los Andes desde el 29 de enero hasta los primeros días de febrero.

EL PROTAGONISMO DE YALGUARAZ El 23 de enero de 1817 llegó a la estancia la primera división al mando de José Antonio Melián y por primera vez, los granaderos a caballo pisaron estas tierras; junto a ellos, las compañías de los batallones de infantería 7 y 8. Estos 600 hombres acamparon en pequeños grupos a pocos metros del casco que en ese momento era una construcción de piedra. Allí estuvieron acantonados un día solamente y partieron el 24 hacia Manantiales -hoy provincia de San Juan- por el camino de la Uretilla. Al día siguiente, proveniente de la posta de Las Cuevas norte, llegó la segunda división, a las órdenes del teniente coronel Rudecindo Alvarado con su batallón de cazadores, un escuadrón de granaderos a caballo y 50 artilleros. En el lugar hubo recambio de mulares para las cansadas tropas y el comandante Alvarado estuvo todo el día en la posta el día 25. Su división partió rumbo a San Juan

_ 52 _


unas horas antes de que llegara O'Higgins con sus hombres. El 25 por la tarde, el brigadier Bernardo O'Higgins acampó en las inmediaciones de la posta con cuatro compañías del batallón 7 al mando de Pedro Conde y 20 artilleros. El patriota chileno se alojó en el casco de la estancia en donde fue atendido por don Domingo Santander. En el campamento, las tropas durmieron a la intemperie por falta de carpas, pero fueron cobijadas por el fuego que encendieron con la gran cantidad de leña que había aprovisionado el establecimiento. También para apalear las bajas temperaturas de la noche, se sirvieron el charquicán cuyano y un poco de vino o aguardiente para cada soldado. Al amanecer del 26, el brigadier O'Higgins agradeció a todos los peones por su hospitalidad y partió con sus huestes al próximo vivac. Fue ese mismo día que le tocó el turno a la división de Necochea con 520 hombres. Pero la función de la estancia de Yalguaraz no consistía sólo en dar asilo a las tropas. Allí varios postillones (o chasquis) iban y venían casi con diferencias de 4 horas, trayendo los correos que enviaban el General San Martín y sus otros jefes para que el ejército marchara ordenadamente y en sincronización con las otras columnas. La estancia hacía de cabecera de las comunicaciones entre Uspallata y Tambillo. El día 27 y después de una marcha bastante forzada, arribó el comandante Zapiola con más de 500 hombres. Con ellos venía también el hospital de campaña que se establecería en el lugar por varios días. El objetivo de este hospital ambulante era asistir a los hombres que sufrían apunamiento, otros tipos de enfermedades y heridas pro-

_ 53 _


◆◆◆

El General San Martín y su estado mayor se alojó en la estancia y desde allí envió varias comunicaciones a los respectivos comandantes de las columnas principales para saber sobre sus posiciones y novedades. Por la madrugada, el Libertador emprendió su marcha al cuartel general de Manantiales; allí fue saludado por Domingo Santander y sus peones. Luego se dirigió por la espalda de la posta por el “Camino del Tigre”. ◆◆◆


ducidas durante el trayecto. Entre los profesionales se encontraban varios frailes de la orden Betlemitas como Fray José María de Jesús, Agustín de la Torre, Pedro del Carmen y Toribio Luque. También había otros colaboradores como Juan Manuel Porro y Rodrigo Sosa. El hospital prestó servicios a los enfermos por varios días. Estos, tras ser atendidos, eran trasladados a Uspallata y luego a la ciudad. La estancia había cumplido con el rol que se le dio en esta tamaña empresa. La división de Zapiola marchó hacia el próximo campamento. Por último llegó el General San Martín y su estado mayor a alojarse en la estancia. Allí existen datos que afirman que el jefe de la expedición envió varias comunicaciones a los respectivos comandantes de las columnas principales para saber sobre sus posiciones y las novedades que iban sucediendo en el camino. Por la madrugada, el Libertador emprendió su marcha al cuartel general de Manantiales; allí fue saludado por Domingo Santander y sus peones. Luego se dirigió por la espalda de la posta por el camino del Tigre (como le llamaban). La otra parte de la campaña fue dirigida desde la estancia de Manantiales. San Martín y sus colaboradores coordinaban las marchas de las divisiones más importantes y las auxiliares. Las pequeñas fracciones de tropas que salieron desde Mendoza en los días anteriores, convergieron en ese punto y se unificaron en dos columnas para luego partir siguiendo el nuevo itinerario -Patillos, Horquetas, Mercedario, Piuquenes, Horqueta de Leiva y Cuzco- a principios de febrero. Después de cruzar el paso de las Llaretas, y de enfren-

_ 56 _


tarse a los realistas en diferentes puestos, la columna se unió con la del entonces coronel Las Heras en el lugar indicado; luego se produciría la hazaña más grande. El 12 de febrero, el ejército de los Andes venció a los realistas en la cuesta de Chacabuco y dos días después entró a Santiago de Chile, victorioso. La empresa quedaba concluida y la gloria envolvería al General San Martín. Yalguaraz, una pequeña estancia, aportaría lo suyo para el éxito de esta campaña y quedaría eternamente en la historia de nuestra Independencia.

CUESTIÓN DE LÍMITES Después de estos grandes acontecimientos la estancia siguió con sus actividades normales produciendo ganado vacuno, equino y caprino. También la agricultura fue otra de las iniciativas que llevaron adelante sus dueños. En ella sembraron alfalfa y árboles frutales. Además se plantaron álamos que se fueron popularizando en los primeros años del siglo XIX. Pero luego de la Independencia se produjo en el país una ruptura que llevó a una guerra civil que duró muchos años. Esto produjo el estancamiento económico y la pérdida de miles de vidas. En 1820, las Provincias de Cuyo se desmembraron y cada una formó su propio gobierno. En años posteriores se iniciaron con la provincia de San Juan grandes problemas limítrofes; los sanjuaninos reclamaban como límite mucho más abajo de las estancias de Tambillo, Yalguaraz,

_ 57 _


el Quemado y también de Árbol solo. En enero de 1840 un triste suceso se produjo en la estancia, y tuvo como protagonistas a don Domingo Santander y a su hijo político, Joaquín Gómez. Como todos los días, los dueños realizan sus tareas cuando fueron sorprendidos por una partida militar enviada por el entonces gobernador sanjuanino, Nazario Benavidez, quien dio la orden de ocupar la posta. Ambos propietarios fueron llevados a San Juan y puestos en un calabozo. Los pobres mendocinos realizaron las respectivas protestas, pero la orden fue de desalojarlos de sus tierras y tomar posesión de ellas en nombre del gobierno de la vecina provincia. También fueron presos y despojados de sus tierras otros vecinos de la zona como Balmaceda y Tello. Después de un tiempo, se produjo una solución a este conflicto por parte de ambas provincias, los propietarios regresaron a Mendoza y sus estancias fueron restituidas. Es así que don Domingo Santander, cedió a su yerno Joaquín Gómez, el título de propietario de Yalguaraz.

DE LA GANADERÍA A LA MINERÍA Luego del dictado de la Constitución nacional en 1853 y la formación institucional del país, se destacó un resurgimiento por la minería, hecho que trajo como consecuencia el descubrimiento de varios depósitos de metales preciosos y base, en la región andina y centro del país. Uspallata no quedó al margen de este fenómeno, tampoco la zona de Yalguaraz.

_ 58 _


Ese año, se facultó al Congreso para dictar entre otros, el Código de Minería. Por otra parte, el art. 108º prohibió a las provincias dictar sus propios códigos después de que el Congreso lo haya sancionado. Pasaron cuatro años para que el presidente de la Confederación Argentina, general Justo José de Urquiza, instituyera el cargo de inspector general de Minas. Pero recién en 1886, el Congreso Nacional sancionó la Ley 1.919 que aprobaba el Código de Minería realizado por Enrique Rodríguez. Un año después entró en vigencia. Con este nuevo resurgimiento de la minería en todo el país y en especial en la provincia de Mendoza, Uspallata fue nuevamente lugar de exploración y explotación de la industria. Y para ese tiempo, en la zona de Yalguaraz se habían descubierto varias vetas de cobre. El 7 de febrero de 1872, la viuda de Joaquín Gómez e hija de don Domingo Santander, doña Margarita Santander viuda de Gómez, vendió por $ 4.000 a don Saturnino Álvarez la estancia que en ese momento limitaba al norte con el río de los Patos (provincia de San Juan), al sur con el cerro del cobre frente a Francisco Zapata, al este con las caídas del Paramillo, y el oeste, con las cumbres de la cordillera de los Patos. El nuevo propietario recibió de aquella recordada familia Gómez Santander, una considerable cantidad de ganado y de árboles. Con nuevos brios, varios mineros, comenzaron a explotar algunos cerros en la jurisdicción de Yalguaraz, que se transformó en lugar de trabajo para esa industria y dejó un poco abandonado el fuerte que tenía hasta ese entonces: el agro y la ganadería.

_ 59 _


◆◆◆

El general Mitre sabía que la estancia tenía un gran valor histórico, que San Martín había enviado varias comunicaciones desde ese lugar y, que además, allí fue donde se instaló el hospital de campaña. Mitre se alojó algunos días para poder observar los lugares en que acampó el glorioso ejército. Tras hacer las investigaciones correspondientes, el mítico prócer partió rumbo a la próxima estancia, Manantiales, para luego dirigirse por el paso de “Las Llaretas” o “Camino de los Patos” a Santiago de Chile. ◆◆◆


UN VISITANTE ILUSTRE Cuando la estancia estaba a cargo de don Saturnino Álvarez, en marzo de 1883, llegó a Mendoza el general y ex presidente don Bartolomé Mitre. Su visita a la provincia tenía el objeto de realizar investigaciones para editar una obra que desarrollara la vida del General San Martín y su gloriosa campaña libertadora. En aquella época todavía no había llegado el ferrocarril a la ciudad. Después de hacer un viaje desde Desaguadero en carreta, Mitre arribó a la capital. Entonces fue recibido por un entusiasmado público que lo ovacionó en plena calle mientras se trasladaba en su carruaje. No venía solo, lo acompañaba su hijo Bartolo o "Bartolito", como le decían cariñosamente. Ambos concurrieron a buscar documentación relacionada con la gesta emancipadora. Después de quedarse en la ciudad varios días, Mitre partió con una pequeña comitiva a realizar una travesía para conocer los lugares por los que había pasado el ejército de los Andes, en especial, la columna principal dirigida por el Libertador. Partió desde Mendoza e hizo su primera parada en la estancia de Panquehua, en casa de los González. Luego prosiguió su camino hacia el norte pasando por las estancias del Jagüel y sus siguientes estancias para llegar a la de Yalguaraz. El general Mitre sabía que la estancia tenía un gran valor histórico, que San Martín había enviado varias comunicaciones desde ese lugar y, que además, allí fue donde se instaló el hospital de campaña.

_ 62 _


Mitre se alojó algunos días para poder observar los lugares en que acampó el glorioso ejército. Cuando llegó fue recibido y hospedado en el casco de la estancia. Tras hacer las investigaciones correspondientes, el mítico prócer partió rumbo a la próxima estancia, Manantiales, para luego dirigirse por el paso de las Llaretas o camino de los Patos a Santiago de Chile.

ENTRE HISTORIAS Y PREMIOS Después de esta visita tan importante como la de un ex presidente de la Nación, en 1894, la hacienda cambió sus dueños. En esa ocasión, el hijo de Saturnino Álvarez, don Manuel Álvarez García -quien la obtuvo por herencia paterna- se la vendió a don Juan Antonio Zapata. Cinco años luego de la adquisición de la estancia, unos mineros llamados Andrés Clark y Ulises Isola descubrieron a unos kilómetros hacia el sur, una importante veta de cobre. Ya en el siglo XX, la estancia seguía con la producción de ganado y la agricultura; se producía alfalfa, árboles para leña y frutales. Mientras tanto, el viejo camino de Calingasta se desplazó unos kilómetros más hacia el este, comenzando a ser transitado por los primeros vehículos. En los años 30, la estancia había quedado en posesión de doña María A. Zapata de Suárez. En 1938, a pedido del entonces gobernador de la provincia Guillermo Cano, visitó la estancia el historiador mili-

_ 63 _


tar Leopoldo Orstein, quien llegó desde Buenos Aires con la misión de estudiar detalladamente el cruce de la cordillera realizado por el ejército de los Andes. Este viaje, lo había hecho con anterioridad el general Bartolomé Mitre. Su estadía en Mendoza y en especial en Yalguaraz, recibió una particular atención por parte de la prensa mendocina que comentó su paso y publicó algunos documentos escritos mencionando a la estancia y al derrotero que habían hecho las tropas libertadoras. En 1939 sus dueños ofrecieron estas tierras a Gabriel Antolín, quien un año después, adquirió más de 100.000 hectáreas. En estos campos existía gran cantidad de ganado caprino, alrededor de tres mil cabezas, y ovino, en menor dimensión. La estancia, a mediados de los años cuarenta, a través de don Gabriel Antolín mejoró su producción caprina anglo-nubian, y realizó una interesante elaboración de quesos de cabra. También su establecimiento fue galardonado en la Exposición Rural mendocina en diciembre de 1945 con la medalla de bronce y escarapela verde, tanto en hembras como en machos de esta misma raza. Los años que siguieron fueron importantes para la estancia; la finca tenía más de 50 hectáreas plantadas con alfalfares. Y según se cuenta, el ganado ovino era esquilado y sus lanas, vendidas a Buenos Aires. El dueño de la hacienda Yalguaraz, don Gabriel Antolín falleció el 8 de setiembre de 1970. Actualmente la propiedad pertenece a la Minera San Jorge. Hasta aquí nos hemos detenido en contar la historia de esta estancia, muchos se sorprenderán cuando hayan de

_ 64 _


concluir con estas páginas. Son más de trescientos años, en los que fue protagonista de la gran historia de los argentinos, el cruce de los Andes, y por ende, de la emancipación de tres países: Argentina, Chile y Perú; gracias a un hombre llamado José de San Martín.

_ 65 _


◆◆◆

La estancia, a mediados de los años cuarenta, a través de don Gabriel Antolín mejoró su producción caprina anglo-nubian, y realizó una interesante elaboración de quesos de cabra. También su establecimiento fue galardonado en la Exposición Rural mendocina en diciembre de 1945 con la medalla de bronce y escarapela verde, tanto en hembras como en machos de esta misma raza. ◆◆◆


_ 68 _


Documentos y bibliografía consultada Amunategui Solar Domingo. Mayorazgo Títulos de Castilla. Tomo I, litografía Barcelona, Santiago de Chile, 1901. Archivo General de la Provincia de Mendoza, independiente (en adelante AGPMI). AGPMI, carp. 23, 284, 285, y 485. AGPMI, Límites entre San Juan y Mendoza (sin clasificar) Archivo de don Bernardo O'Higgins, T. VII, Universidad Católica, Santiago de Chile, 1962. Archivo Mitre, copiadores 1816 (documentación inédita). Bertling Hans. Documentos Históricos sobre el paso de los Andes efectuado en 1817, por el General San Martín, Litografía e imprenta "Concepción", Concepción 1908. Diario Los Andes, (Mendoza). Colección 1883 - 2009. Documentos para la Historia del Libertador General San Martín T. IV, Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1954. Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, T. V, Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1954.

_ 69 _


Documentos referentes a la Guerra de la Independencia y emancipación política de la República Argentina T. I. Buenos Aires, Archivo General de la Nación, 1917. Espejo Gerónimo, El Paso de los Andes. Crónica histórica de las operaciones del Ejército de los Andes. Buenos Aires, La Facultad, 1916. Guido Lavalle R, El general Don Tomás Guido y el paso de los Andes. La Plata, 1917. Herrera de Flores, Marta B.; Tierra y propiedad en la Mendoza Colonial. Mendoza, Ediciones Culturales de Mendoza, 1994. Libro copiador de Gobierno y Hacienda, Año 1816, en: Anales del Instituto de Historia y Disciplinas Auxiliares. T. III, Mendoza. UNC, 1950. Libro copiador de la correspondencia del Gobernador Intendente de Cuyo, en: Anales del Instituto de Investigaciones Históricas, T. II, Mendoza, UNC, 1942. Mitre Bartolomé. Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana, Editorial el Ateneo, Buenos Aires, 2010. Rodríguez Gregorio, El General Soler, documentos inéditos, Buenos Aires, Cía sudamericana de billetes, 1909.

_ 70 _


_ 71 _


EL SECRETO DE YALGUARAZ

_ 72 _


El Secreto de Yalguaraz  

El Secreto de Yalguaraz de Carlos Campana

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you