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intervalo


Yakasia. Bajo este nombre se encuentra Yulia Mar, una madrileña entusiasmada por la fotografía y la literatura. En julio del 2009 realizó la exposición “El susurro de Yakasia” en la Galería Nicole Blanco de Madrid. Ese mismo año colabora en diferentes actividades del espacio cultural Niram hasta que un año más tarde se inscribe en uno de los talleres literarios de la librería Fuentetaja donde estudia la estructura del cuento y el relato corto. En el año 2011 junto a varios compañeros del taller literario expone en el Teatro Amaya de Madrid una instantánea de gran formato. El proyecto incluye un microrelato impreso en cada una de las fotografías. Interesada en la fotografía en blanco y negro afirma que la ausencia de color no es lúgubre “al contrario, es elegante y no distrae los sentidos”.


inter valos.


PHOTOGRAPHY

Yulia Mar


Título original: intervalos Subtítulo: Yakasia Primera edición: junio, 2012 Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported. 2012 Prólogo: Fernando Manzanares, 2012 Introducción: Yulia Mar, 2012 Derechos exclusivos de edición en Español reservados para España y América Latina: Ediciones Sal de Plata Traducción: Yulia Mar, 2012 ISBN: 963-12-332-289685 Depósito legal: junio 2012 Ninguna parte de esta publicación, incluído el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del autor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal)


índice.

01.

Encuadres

02.

Iluminación

03.

To n o s

04.

Te x t u r a s

05.

Líneas

06.

Formas

07.

Retratos

08.

Té c n i c a s

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fotografía narrativa.

P r ó l o g o .

Ahorré durante un tiempo y en cuanto reuní el dinero me lancé a la tienda a por mi primera cámara réflex y un par de objetivos. No había caído en la cuenta de la logística necesaria así que tuve que hacer un esfuerzo adicional y salí de la tienda con una mochila que no desmerecía en nada ni a la marca, ni al precio de mi nueva cámara. Una vez en casa, bien aprendidas las instrucciones, comencé a imaginar y planear los viajes, rutas y marchas a montañas, bosques y lugares con encanto, donde debían esconderse las mejores fotografías. ¡Vaya, ahora creo que recuerdo dónde puse esa cámara!, junto a los tarros de conserva que hacía mi madre… ¡qué cabeza la mía! En fin, estaba contando… Fue una época de madrugones, de atardeceres, noches en vela siempre buscando la mejor luz y el mejor motivo. Ametrallé bichos, paisanos, y veletas, y al sol, al pobre, lo achicharré. Escuché un día, por enésima vez a alguien decir algo así como, -ah, pues son bonitas- seguido del desolador “boum” de un álbum de quinientas fotos al cerrarse. En cuanto me quedé solo, lo abrí y comprobé que, efectivamente estaba lleno de fotos bonitas, y vacías y planas. Y lo más gracioso, desmemoriadas. No recordaba por qué había disparado, qué me había llamado la atención, qué es lo que rodeaba ese instante y dónde fue tomado. Me sentí como si estuviera en el despacho de un taxidermista, como si hubiera arrancado de su entorno natural aquellas imágenes sin haber sido capaz de trasladar al papel absolutamente nada de la esencia que las rodeaba. Conocí a Yulia por la escritura y como todos quedamos al descubierto por nuestros trabajos, terminé de descubrirla por sus fotografías.

Tienen en las manos, en la pantalla, ese tipo de fotografía narrativa que muestran esas decisiones que empujan a una historia, un punto de giro, un avance o un retroceso en la trama, un falso clímax quizá… la esencia de lo que acaba de ocurrir y lo que ocurrirá. Lo que sigue a continuación son fotografías que lleva su tiempo ver, disfrutar, que abundan en el concepto de la elipsis, de que lo fundamental está oculto. Instantes perdurables que hablan por sí solos, que facilitan pistas para profundizar en el relato que asoma fuera de los bordes de la imagen. Yulia no carga con los pesos físicos de la mochila para transmitirnos una historia y mucho menos con la estúpida obsesión de que la buena foto está lejos de nosotros. Estamos ante imágenes que ocurren ahí mismo, instantes de lo cotidiano en nuestra calle. No se trata de fotografía de expedición y porteadores, la aventura queda para otro tipo de ambición. Aquí estamos hablando de historias construidas a base de detalles significativos, deseos universales y personajes comunes con los que empatizamos inmediatamente por ser reconocibles, por estar en imágenes que cada uno de nosotros podría ubicar de forma precisa en un rincón de sus recuerdos o deseos. Así son las fotografías que siguen. Vuelvan la página y sobre la textura de las fotos de Yulia, raspen una cerilla, observen cómo salta el fósforo, cómo suena la ignición y cómo irrita la nariz la química hirviendo. .

FERNANDO MANZANARES


i n t r o d u cc i ó n .

Se empieza a escribir con el pensamiento

y se foto-

grafía con lo que tenemos detrás de los párpados, una mirada

inconsciente que elige donde pararse y materializa nuestro mundo interior. Cuando estoy en la calle o en cualquier lugar haciendo fotografías me siento realmente feliz. Contemplo la ceremonia que se consuma a cada instante con la fascinación de un niño, lo material se humaniza y lo humano se manifiesta sin saber que ha sido visto, entonces el tiempo se dilata y mi mente deja de funcionar, lo cual es un alivio en ese momento comprendo que a menos que presione el disparador la presencia del acontecer que hay frente a mi objetivo se desvanecerá por el túnel del olvido para siempre. Nada ni nadie quieren ser borrados para siempre, sin mas y sin embargo así sucederá. Prolongar lo que vi un poco más, captar la belleza que alberga, ver los ángulos insospechados que la luz y las sombras me descubren y podrían haber pasado desapercibidos es una sensación indescriptible. Escribir es otra cosa. Todos escribimos en silencio. Con el pensamiento narramos el mundo en que nos dejaron caer en un monólogo interior que nos acompañará toda la vida. Personalmente escribir me duele y me extenúa. Es un trabajo de introspección que muestra una parte del proceso que soy pero para ello tengo que escarbar en un lugar que la mayoría de las veces está arrasado. Intervalos soy yo, y Yakasia también, o mejor dicho, lo que me gustaría llegar a ser. Una identidad trazada por mí que me inventa día a día.


gracias. A ti


fotografias.


encuadres.

01. Horizontal 0 2 . Ve r t i ca l 03. Inclinado 04. En picado 05. Contrapicado 06. De cerca 07. De lejos


horizontal.

Entera y frente a un pĂşblico que no es otro que ella misma por un momento se ha transformado en aventura y horizonte. Ahora es capaz de ordenar toda la borrosidad que lleva dentro, tolera cada uno de los matices que destilan sus sentimientos y se conduce por un horizonte repleto de piezas que encajan perfectamente pero que son imposibles de pronosticar.

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vertical. Cuando estoy en la hora lánguida y azul del náufrago me siento ingrávida y noto el pulso de todo lo inerte que hay en mí. Sin embargo hay un sustento que se levanta de su lecho abriéndose paso entre la grieta con una sensación casi irreal. Es una luz que espera sin esperanza y palpita en vertical para prorrogarme. Vertical es la columna que soporta el peso del mundo y lo que divide el plano en dos. Es todo lo que está abajo y pretende estar arriba y todo lo que está en lo alto e ignora su caída. Vertical es el ascensor donde viaja el ánimo. Vertical es lo que queda en pie tras la tormenta.

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inclinado. Se inclina porque es despierto, inquieto, un raudal. Los días de quietud infinita hace una mueca y sesga el puente con ojos de borracho vertiéndose como una botella de hartura. Es un parpadeo de espontaneidad que se tuerce a propósito para festejar que quebramos la rutina, una expectación consumada frente a la invención lírica de la existencia.

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en picado. Es el descenso de una avioneta haciendo piruetas en el firmamento de las dudas, la mirada que descubre un jardĂ­n arrasado por una tromba de melancolĂ­a lo irremediable buscando tocar suelo, el ojo que todo lo observa, que todo lo imagina, que conoce el secreto.

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contrapicado.

Contemplar la escalera de la vida con vista de gusano es mala cosa, imposible, colosal. En los momentos de mirada convaleciente nosotros, espíritus desguazados sólo nos vemos como una caída, como un gurruño que con todo el aire viciado del mundo en los pulmones se queda petrificado en las arenas movedizas del miedo. Y que lejano se ve el mañana que con seguridad nos cogerá el paso, que desafinado el tiempo que siempre se levanta de nuestra cama con el rostro torcido y que poco nos transparentamos, que nada nos enaltecemos, qué manera más bonita de detenernos en pleno tránsito. Seamos honestos, hay que desear lo imposible.

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de cerca. VĂŠnceme despierta, que la distancia no me pille confundida, mientras tanto, harĂŠ como que no me doy cuenta.

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de lejos. Ahora sólo quiero recuperar la fragancia de lo que se queda quieto, la distancia que se hizo el día en que me desplacé de mí centro, así que apártate un poco, disuelve las palabras que nunca me dijiste y tráeme agua. Trae también algo de tristeza y no me prometas nada, que mientras el mundo recita su ruido yo me iré lejos, a otro universo de versos sueltos.

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iluminaciones.

01. Luz dura 02. Luz suave 03. Contraluz 04. Artificial


luz dura. AllĂ­ donde las formas han terminado de ensayarse y sin embargo nada ha perdido su coherencia nos quedaremos para ser intensos. AllĂ­ donde los contornos chocan y las luces se vuelven llamas caminaremos compactos, y bajo el beso de su luz dura destaparemos la imperfecciĂłn que nos persigue, huiremos de lo plano, definiendo la sombra y el vigor que llevamos dentro.

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Somos duros como todo lo vigente, caminamos graves, sin apoyarnos en criterios ni excusas, desfilamos algo cansados bajo un cielo de papel arrugado mientras con la yema de los dedos vamos acariciamos las fachadas abrasadas de tiempo.

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luz suave. Lo suave huye del concepto y se excusa del misticismo para emplear su luz blanda en direcciรณn opuesta a la sombra, escondiendo la rareza que lleva dentro, torciendo la cabeza cuando alguien viene con preguntas hondas. La luz suave sufre el desรกnimo del que estรก roto y sabe que no sirve para lo que fue fabricado.

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contraluz.

Su luz es una esfericidad que observa todo desde el otro lado, un contorno que deja una huella espectral y aleja la realidad con su angustia c贸smica, dificulta el c谩lculo e invita a la imaginaci贸n.

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luz artificial. El hombre siempre se esconde detrás de sus palabras, pero la verdadera historia es una melodía inenarrable, un devaneo intuitivo donde todas las ideas no son más que fronteras a crédito, las emociones se vuelven intransferibles y las victorias silenciosas. Lo que queda, el resto, sólo es un tapiz de vocales y consonantes

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tono.

0 1 . To n o b a j o 0 2 . To n o a l t o


tono bajo. Para el que está en lo profundo esta luz no es la que canta ni ríe contigo sino más bien el símbolo que no quiere salir de su encantamiento. Es un agua estancada, una fiereza en paz, la tristeza de la infancia y su nomenclatura que ve pasar a través de la ventana lo que es de otros.

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tono alto. Cuando uno vuelve del mundo comprende que todos los hombres son huĂŠrfanos y en esa frontera de lo vivido se estĂĄ entre el llanto y la histeria, entre el blanco mĂĄs puro y el negro mĂĄs apagado y el tono es alto, los renglones inmerecidos, el atajo imposible, el final se celebra.

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texturas.

01. Artificial 02. Natural


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artificial. Con que seguridad y eficacia nos arropa, con que insípida estabilidad nos seduce. Nos organiza como a un ejército de muñecos de plástico impulsándonos por un mundo que no confunde, que carece de contradicciones, donde todo es propicio al escepticismo y nada comulga con el enigma. Nada nos puede pasar, su textura es artificial.

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natural. Recita su obra sin importarle la recaudación de taquilla. Posee la gracia de lo finito y a la vez transmutable. Es sincera porque no entiende lo enmascarado y misteriosa porque su ensortijado es una ecuación imprevisible. Extravagantemente lánguida, serenamente etérea, a veces un poco trágica, para todos excepto para ella.

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lĂ­neas.

01. Rectas 02. Cur vas


rectas. Lo recto une dos puntos de forma directa pero quita tiempo a la vida para que se desvĂ­e. Te cruza de acera sin rodeos, omitiendo la perplejidad de lo imprevisto, la fiebre de lo espontĂĄneo, la aventura del cambio. Es inhumana e inflexible.

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cur vas. La vida está llena de curvas que entre vuelta y vuelta nos va llevando. Es una espiral que nos aleja del principio para poder encontrarnos con nosotros mismos, para que nos ensayemos en un compás de acierto error. Es la curva de la sonrisa, la silueta del corazón, el recorrido del viento, el surco del agua. Su línea es la tilde que pone música a la monotonía.

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formas.

01. GeomĂŠtrica 02. Natural


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geometría. Geometría es la medida del mundo, su modo de andar, su grafía, su actitud. Es el tamaño que usa, la anchura de su complicación, la profundidad de su simpleza, el enfoque que recibe y tiene, su ademán, su posición, la armonía de sus partes, la mitad de un ombligo observando la otra.

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natural. Su naturaleza resuella con grito sordo, dejĂĄndose caer como un niĂąo en el abandono de cualquier ley. Impregnada con la erĂłtica de la supervivencia ha viajado por grutas imposibles, por firmamentos desbastados. Es una primavera de rima asonante y recovecos insospechados cuya soberbia fragilidad es tan ajena a sus errores como a su belleza.

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retratos.

01. Clave alta 02. Clave baja 03. Efecto Dragan 04. Grupo 05. Mascota 06. Instantes


clave alta. Hay personas que como no se dicen hay que inventarlas, expulsar de ellas la contaminación del ser y sumergirlas en la inocencia de nuestra fantasía, coronarlas con la pureza de lo intacto, aunque no hay nada más puro que la anarquía del sueño y ensoñar su nitidez, su blancura sin vértices, desterrarlas hasta la amnesia absoluta de la página en blanco, convertirlas en un súbito en estado gaseoso. Es la clave alta, la luz, el ángel que hay en ti.

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clave baja. Hoy me siento tan sola como cuando era niña, un desorden dentro del orden, la sobriedad formada por la memoria, la lucidez suspendida en el campo del abatimiento. Si pudiera, cerraría todas las puertas y ventanas para que no salieran los negros ni las sombras y el desaliento me pueda repasar desde la habitación más profunda e intuitiva del pensamiento, y allí en su regazo oscuro, destapar los otros relieves.

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Efecto Dragan. Abandona por un momento el muro que levantaste para protegerte y d茅jame ver tu imperfecci贸n, desnudar las cicatrices que te ganaste a pulso, los pliegues que te sostienen. No pienses que est谩s mostrando tu flaqueza porque yo s贸lo veo la naturaleza de lo complejo, la hermosura de lo delicado, el suspiro de la resistencia.

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Grupo. Siempre lo pensé así, el grupo es el mejor lugar donde tantearte, donde exagerarte, la balsa que te impulsa al retiro o al furor, la escena donde se erige tu cadalso o se negocia tu soldadura, el paraíso para ser inventado, o para manipular al invisible, al que decidió no decidir, el lugar donde se reparte el papel, el mejor espacio para olvidarte de ti.

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Prana. El ser que siempre me espera para al rato ignorarme. ¥Alma de gato‌!

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un instante.

Nos cautiva y yergue con realidad renovada, empujándonos como asombros de carne a succionar un relámpago de ardor, cegándonos con su denodada insignificancia, desviando la melodía con su síncopa. El instante es lo único que nos reconcilia con el minuto que resbala por la pared de la indiferencia.

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La biografía está tan llena de instantes como de estrellas la galaxia, es un manantial inagotable, la inercia donde se forja la evolución. Siempre encuentran el hueco acertado, se presentan sin aviso y se dispersan sin porqué. En sus brazos se nace o se muere, se gana o se pierde la razón, indisciplinados, atroces, intuitivos, son pequeñas entidades de evasión.

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tĂŠcnicas.

01. Profundidad de campo 02. Movimiento congelado 03. Enfoque selectivo 04. Estela 05. Barrido 06. La noche y una luz fija


profundidad de campo. No siempre que se habla se quiere decir algo, a veces simplemente se habla para tejer el tiempo, para entretener el final que ronda cada esquina. Y no siempre que se escucha se hace con el entendimiento sino con el propio tumulto que llevamos dentro. Sin embargo el amor comprende bien en silencio, sabe manejarse por el bosque de símbolos como un animal que declara su intención con el gesto. Es otra suerte de vocabulario que se muestra sin decir, traduce sin entender porque hay cosas que son imposibles de contar, y si lo haces, faltas a la exactitud, lo enmascaras con la palabra, con la costra que cubre el mesurado compás de la vida. Ellos se habían instalado hacía tiempo en las entrañas de la corriente, como dos animales que oscilan de la misma cuerda, mientras tanto el horizonte se ensanchaba alrededor dispersando su entendimiento en una renovada profundidad de campo.

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movimiento congelado. El paso siempre sigue su curso y mientras tanto dentro suena una canción. Me levanté del sofá dejando tendida la sombra aburrida y desencajada de mi ánimo y salí al mundo para inventarlo con los ojos, la cámara fotográfica más perfecta del mundo. Enseguida fui alcanzado por el repiqueteo de las pisadas, por el estribillo suave de las palabras dichas así como por las no pronunciadas. Anduve largamente embaucado por la enajenación de lo conocido con la cámara colgada al hombro, un antiguo hábito del que sólo me aleja la desidia. Las calles parecían dilatarse a mi paso, los edificios se plegaban alrededor, cuando llegué al retiro ignoré las hordas de turistas y atravesé un camino de hierba que me condujo hasta un parque agitado por risas de llamarada infantil. A la luz del mediodía los contornos parecían esencia, el pavimento de tierra de plata, la luz se disparaba en todas direcciones, destapando lo oculto y lo aparente, sobre todo lo insignificante para el ojo vago. Las madres de las criaturas se movían como sirenas, el pelo de los niños brillaba como un hechizo, los árboles se habían convertido en haces de albor, ya casi no quedaba materia, todo era luz y sombra. Mi respuesta fue inmediata, irrepetible. Al fondo una niña se balanceaba de un lado para otro en el columpio de la infancia. Mientras su visión se cuajaba en mi retina comprendí que tenía que tomar una decisión, se vive como testigo o se interfiere como fotógrafo, apreté el disparador y la niña permaneció allí más tiempo, mucho más tiempo que en cualquier lugar.

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enfoque selectivo. La muchedumbre se agitaba a su alrededor agrupándose y dispersándose como una legión de hormigas. Algunos parecían ir en busca de ese hueco que a todos nos aguarda en algún lugar, otros permanecían con la mirada perdida, clavados en la soledad de la compañía o del aislamiento personal, varados a primera hora de la mañana en las cafeterías como buques viejos, agitándose por las calles comerciales e inflexibles como una multitud ajena de caracolas que pasean por la orilla que mejor les funciona.

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Sin embargo él estaba lejos de allí. Mirando sin ver, permaneciendo sin estar. Solo era capaz de enfocar una imagen nítida en su pensamiento, su semblante de niña pálida y radiante en el silencio del despertar, la sonrisa horizontal que descorría como una cortina de humo que da paso al bolero y ese modo de andar con vestidos de hidrógeno. Dos meses sin verla y lo demás, todo lo demás se sostenía sobre un plano imposible. Lo imprescindible y lo alternativo, lo obligado e incluso lo necesario se diluían en una cartulina que se iba desenfocando. Levantó la vista del periódico y comprendió que era inútil seguir leyendo, las palabras rebotaban sobre una superficie impermeable que no se dejaba traspasar y de fondo un derroche de imágenes, su rostro, frases que ahora cobraban sentido, gestos naufragando en el quehacer del día y que ahora habían quedado fijados en la película del pensamiento. Miró el paquete de tabaco que había sobre la mesa con la intensa sensación de que era la cajetilla quien lo observaba a él, como esas fotografías de los que ya no están, que con presencia sigilosa nos vigilan y un desasosiego atroz se apoderó de él. Sintió toda la corporeidad de los recuerdos sin poder apartar su gesto de su ser. El resto comenzaba a difuminarse atrapado dentro de un enfoque selectivo.

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estela. Lo mecánico rebosa una inteligencia singular, una belleza tan delgada y apagada que es imposible derrotarla. Sin embargo, un día ves llegar algo nuevo que con fantasmal perfil de efigie se asoma como un guiño. Es tan extraño como un prodigio que no puede evitar seducirlo todo, arrastrando el universo mismo hasta el fin del anhelo. Es un posible de humo o un imposible de carne que exhala una estela a su paso y a uno no le da tiempo a pensarlo, hasta que al poco desaparece tal y como llegó...

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barrido. Lo sigo con la mirada y con todo el resto, atravesando fachadas de hormigón que ahora son de niebla, saltando vientos huecos y cornisas de escarcha, y caigo en el abandono lento de su código, dejando atrás la rendija de silencio en la que me refugiaba, una ausencia de tiempo en la que me iba forjando. ¿Me estaré alejando para siempre del quebranto de mi vida?, no lo sé, pero aparto a manotazos las luciérnagas de ceniza que golpeaban las paredes de mi cabeza hueca y me divorcio de mi estampa para seguir la suya...

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Una luz fija en la noche. Fijo en tu aire como la sangre en el cuerpo. Cierto como que el sol siempre brilla por detrรกs de las nubes. Enigmรกtico como la sombra del que casi se ha ido...

78


Silente como el รกnimo del desventurado, del vencido, del atrapado en el miedo. El sitio secreto que elijo para permanecer cuando me cuelga el esplendor pรกlido del desconsuelo.

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la noche y una luz en movimiento. No lo creerรกs, pero yo sigo creyendo...

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“Todos, incluso las constelaciones, lo único que necesitamos es una oportunidad.”


OTROS TITULOS EL GRAN NAUFRAGIO DE LA VIDA


“La fotografía en blanco y negro muestra sencillamente lo que somos, un baile de luces y sombras”

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intervalo  

un libro de fotografia y literatura