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MADRES ADOLESCENTES


SER MADRE A

Cada año un gran número de adolescentes quedan embarazadas. Muchos padres y educadores intentan ayudar y se preguntan qué pueden hacer para ayudar a sus hijos a vivir esta etapa de la vida y prevenir este tipo de situaciones. No podemos olvidar que los adolescentes muchas veces están confundidos y necesitan de alguien que les dirija y oriente, que les ayude y enseñe a tomar decisiones.


LOS 14, 15, 16, 17… la mayoría de las adolescentes que se quedan embarazadas no lo desean y la decisión de tener ese hijo conlleva una gran responsabilidad para la que normalmente no están preparadas. En este caso es fundamental el respaldo emocional que pueda obtener de su familia, pareja y amigos aunque lo más frecuente es que se encuentren con el rechazo de la familia, la ausencia de su pareja que no desea saber nada del tema, y con el aislamiento de sus amigos.


CONSEJOS • Inicia cuanto antes tus chequeos médicos

• Realiza cambios en tu estilo de vida – Fumar, beber alcohol…

• Mantén una alimentación equilibrada y sana – Consume frutas, verduras, proteínas en carnes, pescado, huevos y comidas con ácido fólico (lentejas…)


CONSEJOS • Ten presente el ejercicio – no sólo para mantenerte activa si no para descargar sobre la actividad física todo el estrés del cual puedes ser objeto mientras estas embarazada.

• Te ayudará acudir a las clases prenatales – aprenderás tareas básicas: cómo amamantarlo, cómo cambiarle el pañal, cómo reconocer una situación de emergencia…

• Infórmate sobre las escuelas especiales para adolescentes – es importante que termines la escuela para tener mayores oportunidades laborales


Si tu familia te apoya… Cuentas con una ayuda esencial. La contención de tus padres, hermanos o quienes te rodean es fundamental para que puedas relajarte y disfrutar esta etapa. Sin duda alguna, estrecharás aún más los vínculos con quienes te cuidan y entenderás desde otra perspectiva todo lo que los mayores han echo por ti hasta ahora.


Si tu familia no está de acuerdo… Piensa que tal vez no es el momento para que ellos entiendan lo que sucede. Seguramente a tu alrededor, hay gente que sí te brindará lo que precisas (familiares más lejanos, fundaciones, profesionales, centros de tu ciudad para madres adolescentes).

Seguro que más adelante cambian su postura. Lo que importa en el presente es que tengas un hombro en el cual puedas apoyarte: búscalo, lo vas a encontrar.


Si el padre se hizo cargo… Piensa que juntos estáis iniciando una familia y aunque no tengas claro cómo comportarte, estés asustada o desorientada, lo tienes a él y tenéis posibilidades de ser muy felices. Nunca se sabe qué nos deparará el destino, ¡y son tantas las veces que nos sorprende gratamente! Aprovecha y afronta todos los buenos y malos momentos con él, no todas las chicas de tu edad que están o han estado en tu situación tienen la misma suerte…


Si el padre no quiere saber nada… Esto no implica que estés sola ni que en el futuro, tengas que aceptar al primer chico que se te acerque. Tendrás la misma capacidad de elegir quién os acompañará a tu hijo y a ti. Fortalécete con el cariño y la comprensión de tus seres queridos y tomate el tiempo que necesites para que tu elección sea la acertada. Si el padre se desentiende de su propio hijo, ya dice mucho de él. Así que lucha por este bebé y aunque sea sin la figura del padre, seguro que serás toda una madraza!


ENLACES DE INTERÉS Quizás te has podido sentir perdida en algún momento, sin saber donde acudir y sin tener muchas respuestas… Aquí puedes investigar sobre algunos centros y entidades que te ayudarán a estar informada!!!

• Fundación Madrina http://www.madrina.org/

• Fundación RedMadre http://www.redmadre.es/

• Red de apoyo a jóvenes embarazadas y madres y padres sin recursos http://ongmania.org/red-de-apoyoa-jovenes-embarazadas-ymadres-y-padres-sin-recursos

• Centros de acogida para madres adolescentes


EXPERIENCIAS Son minoría. Eligieron dar a luz. Ésta es la historia de unas mujeres, de diferentes edades, que en su momento decidieron seguir adelante con su embarazo. Eran menores. Y tuvieron a sus bebés sin saber el vuelco que daría su vida.


EXPERIENCIAS AINHOA CEACHE tiene 17 años. Sentada en el sofá junto a su novio, dice: “Adrián y yo nos conocimos en las fiestas de Alcorcón, en septiembre de 2007. A los cuatro meses me quedé embarazada. Como no me bajaba la regla, fui al ambulatorio y allí me lo dijeron”. Lo primero que sentí? Me asusté. El médico me dio un plazo: “tienes 15 días para contárselo a tus padres”. Tardé una semana en decírselo. Mi madre casi me mata. Ocurrió un viernes de principios de 2008, íbamos juntas en el coche. Ainhoa murmuró: “Mamá, el lunes va a venir Adrián a casa. Tenemos algo que contaros”. Su madre, casi con un sexto sentido, le respondió con otra pregunta: “¿No estarás embarazada?”. Lo primero que hizo mi madre al conocer la noticia fue llamar a la mayor de mis hermanas. Esta niña tiene que ir directamente a abortar, se dijeron. Cuando se lo contó a mi padre, el futuro abuelo, éste guardó silencio unos instantes y luego le empezaron a castañetear los dientes. No fue capaz de articular palabra.


EXPERIENCIAS La hermana mayor de Ainhoa está casada, tiene 36 años, un hijo de dos y otro de cuatro. Le saca 19 a la menor de la familia, una vida. Pero los primos, los hijos de ambas, se están criando juntos, como si el embarazo prematuro de la pequeña hubiera devuelto el equilibrio familiar. Comparten juguetes, ropa, el parque que se encuentra en mitad del salón. Ahora todo son bromas, pero hubo gritos, lloros, peleas, portazos, cenas a medias… Toda mi familia quería que abortara inmediatamente. A las seis semanas, mi madre me acompañó a hacerme la primera ecografía. Intentó convencerme con el poder de la imagen: “¿Ves?, ahora mismo no es nada, es como un garbanzo…” pero me negué. No soy capaz de matar a un ser humano. El reloj corría. Ainhoa ganaba el pulso y la familia acabó asumiéndolo. “Fue un disgusto tremendo, dice la hermana mayor. Pero cuando vimos que iba para adelante, lo aceptamos con resignación y nos pusimos a ayudar”.


EXPERIENCIAS ALMUDENA: Tiene ahora 26 años y su hija Andrea, nueve. Mi primera noticia llegó en forma de un retraso en la regla. Tres meses eran demasiados. Así que me encontré con mi novio en un McDonald’s y en los baños, sola, me hice el test de embarazo: dos rayitas, positivo. Mi primera reacción fue reírme, me dio un ataque de nervios y no recuerdo nada más. A mi novio, el padre, caminando detrás de mi de vuelta a casa. Él hablaba y yo había entrado en un universo paralelo. En lo primero que pensé fue en abortar, lo tenía clarísimo. Hacer otra cosa era una locura. Pero más que por ser joven, por un miedo terrible a mis padres. Miedo a decírselo, a lo que me iban a decir, a lo que me iban a hacer. La idea era abortar sin que se enteraran. No sé cómo lo hubiera hecho, quizá en algún sitio ilegal. Pasé una semana rumiando y pensé: “bien, he cometido un error, pero ya está hecho”. De pronto me pareció una barbaridad abortar sólo por miedo a mis padres.


EXPERIENCIAS A la semana se lo dije cambiando un par de detalles: comenté que “era la primera vez que mantenía relaciones y que falló el preservativo”. Sentí que debía tener a mi hija sin más. Había decidido seguir adelante. Mis padres me respaldaron. Yo seguí acudiendo al instituto, como si nada. Disimulaba la tripa bajo una sudadera ancha, mientras mi novio “hacía castillos en el aire”. Pensaba en un futuro juntos, hasta que me llegó la madurez de golpe poco después de nacer Andrea Había que inscribir en el registro a la niña, decidir los apellidos y tuve un pensamiento frío: “lo mejor para nosotras era no continuar con esa persona”. Me gustaba, pero no lo veía como pareja y familia. La niña se iba a criar en casa, conmigo y con mis padres. Así que corté la relación, Andrea se quedó con mis apellidos y aunque al principio el padre siguió viéndonos, sus visitas se fueron espaciando en el tiempo. Una discusión entre la ex pareja, a los tres años, lo alejó definitivamente.


EXPERIENCIAS VIVIANA JIMÉNEZ, 16 años y madre de dos niñas (Nerea y Karen) Pregunté por él condón en el momento oportuno. Mi pareja, mayor que yo, respondió: “Yo controlo”. Yo tenía 14 y a los nueve meses largos me encontraba en un hospital de Reus (Tarragona) dando a luz a Nerea. A los 13, me empecé a mezclar con gente que no me convenía: “Pandilleros y eso”. Comencé a salir con un chico ecuatoriano de 18 años. Al mes de que éste dijera “yo controlo”, supe que estaba embarazada. Me callé la noticia. No me veía capaz de tener un hijo, me volví loca. Pensé en el aborto, pero matar a una criaturita era pecado. Decidí seguir adelante, más que nada por el cargo de conciencia. Así que a los 15 dio a luz a Nerea en Reus. Reencontré a mi pareja, hablamos de casarnos, de una vida juntos. Me mudé a casa de mis suegros, era el primer paso, pero para entonces estaba otra vez embarazada…


EXPERIENCIAS A medida que avanzaba el segundo embarazo, las cosas se torcieron con mi pareja y mis suegros. Nació Karen y la situación se volvió insoportable. Una asistente social me comentó la posibilidad de criar a mis hijas en una residencia pública donde hay guardería, apoyo de monitores, comida y otras 39 madres en situación de desamparo. Entre los planes de Viviana se encuentra aprovechar el tiempo para estudiar un curso de auxiliar administrativo. Suelen salir plazas para trabajar en alguna empresa. Después de abandonar dos veces el instituto, con cada uno de los embarazos, prefiere ganar dinero cuanto antes. “Estaré aquí, en la residencia, hasta que pueda conseguir algo de lo que vivir”


EXPERIENCIAS NATALIA: 31 años y su hijo Nicolás tiene 16 Lo primero que aprendí fue a ser más eficiente. Me volví tajante, iba al colegio y a casa, no había tiempo para más. Rompí con muchas amistades. Cuidaba de mi hijo, lo acostaba y de noche me acodaba sobre los libros. “Seguí estudiando. Quise darle la mejor madre posible”. Sigo en la universidad, acabando el doctorado en una carrera de ciencias, becada por el Ministerio de Educación. Pertenezco a una familia acomodada. “Salí adelante gracias a la ayuda de mis padres. Mi madre que no trabajaba, cuidaba de Nicolás mientras yo iba al colegio. Mi padre fue como su padre hasta que tuve una relación estable”. El padre biológico desapareció. Entonces, ella estudiaba en un colegio religioso de una gran ciudad española. Fue una historia breve y complicada, las primeras relaciones sexuales.


EXPERIENCIAS Cuando me quedé embarazada a los 15, sólo me atreví a hablarle a mi madre: “Ella nunca me dijo lo que tenía que hacer. Es religiosa, antiaborto, como yo. Pero seguí adelante con el embarazo por mí, no porque me dijeran que tenía que seguir. Mi madre me enseñó a ser madre. Cuando tienes esa edad te crees que lo sabes todo, ahora lo veo diferente, pienso en mí entonces y sé que era una cría”. “Con un hijo bajo el brazo, daba miedo a mi alrededor. A nadie le divierte salir por ahí y que alguien traiga a un enano llorando”. Mi abuela solía comentar: “Quien quiere a la flor, quiere a las hojas de su alrededor”. Poco después comencé a salir con mi actual marido. Al principio, éste creyó que Nicolás era su hermano pequeño. Luego lo asumió con naturalidad, cuando el crío empezó a llamarle papá. “Nos casamos hace siete años, cuando acabé la carrera. Hemos tenido tres niños más. Y los que vengan”.


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Revista madres adolescentes