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Tema 6. LA CULTURA JUVENIL E INFANTIL: LOS GRUPOS DE PARES 1.- El concepto de grupo de pares. 1.1. Grupo social. 1.2. Generación. 1.3. Grupo primario. 2.- Grupos de pares y socialización. 2.1. Funciones de los grupos de pares. 2.2. Evolución y formación de los grupos de pares. 3.- Cultura juvenil e infantil en España. 3.1. Infancia y juventud española. (Demografía). 3.2. La condición juvenil. 3.3. La cultura infantil.

1.- CONCEPTO DE GRUPOS DE PARES "Es un agente de socialización formado por un grupo social de miembros de edad homogénea, (igual generación); y cuyas relaciones son de tipo primario". Esta definición posee tres elementos: grupo social, generación y relaciones de grupo primario. Vamos a tratarlos por separado para comprender con más detenimiento lo que significa grupo de pares, de iguales, de edad, pandillas o peer group. 1.1. GRUPO SOCIAL A) Introducción al concepto de grupo social El grupo social como unidad de análisis en sociología Los elementos básicos del análisis social no son los individuos, sino los grupos. En sí mismos, los individuos no son el objeto propio de la Sociología. Efectivamente, las personas se relacionan entre sí, interactúan, pero esta interacción se realiza, generalmente, en el interior de los grupos a los que pertenecen. Por tanto, es el grupo, y no el individuo, el elemento último en el análisis sociológico. Esta es la razón por la que muchos sociólogos definen la sociedad, no como un conjunto de individuos, sino como un conjunto de grupos. Y a su vez, a la Sociología, como el estudio científico de los grupos sociales. Definición de grupo. Podemos definir grupo como aquello que está formado por una pluralidad de individuos. Sin embargo, a menos que se le dé a la noción de grupo un significado tan amplio que, en realidad, le vaciemos de todo contenido identificable y operativo, es necesario precisar más el concepto. Los aficionados al cine, los parados, los habitantes de las ciudades-dormitorio o los jubilados son, sin duda, pluralidades de individuos y, sin embargo, nada ganaríamos con identificarles como grupos. Si así fuera, habría tantos grupos como criterios quisiéramos utilizar para agrupar personas: los recién nacidos los que van a la escuela, los que miden 1,80 metros, o los españoles, serían ejemplos de


otros tantos grupos, lo que evidentemente vaciaría de todo contenido útil al concepto de grupo social y significaría llevar la cuestión a la oscuridad de una noche en la que todos los gatos son pardos. B) Características de los grupos sociales ¿Qué es lo que hace, entonces, de una pluralidad de personas un grupo social? Responder a esta cuestión equivale a enumerar las características que se consideran predicables de la noción de grupo social. a.- Interacción recíproca. En primer lugar, para que podamos hablar de grupo social, es preciso que sus miembros mantengan entre sí relaciones regulares que se ajusten a pautas normadas y que tengan una duración suficiente como para que tales pautas cristalicen en una estructura interna de status y roles. En otras palabras, que la interacción entre los miembros se realice conforme a pautas derivadas de la organización (aunque sea informal) de los individuos en una estructura de status y roles. No es necesario que tal organización esté formalmente reconocida, ni mucho menos que esté sancionada jurídicamente. Basta con que exista de hecho y la interacción entre sus miembros se ajuste a ella. Los empleados de una oficina bancaria, los integrantes de un destacamento militar, o los miembros de una congregación religiosa, forman grupos con una estructura formal reconocida y organizada de acuerdo con normas sancionadas en reglamentos, estatutos y leyes. La pandilla de amigos o el grupo de montañeros, son grupos sin una estructura formal, pero en el que las relaciones entre sus miembros se ajustan a una distribución real de funciones. b.- Conciencia de grupo. En segundo lugar, la existencia del grupo exige que sus miembros se identifiquen a sí mismo como tales. En expresión de F. H. Giddins, es necesario que entre sus miembros exista una conciencia particular de grupo, de modo que, en virtud de ella, se vean a sí mismo formando una unidad discernible. Sus componentes se ven a sí mismos como un nosotros perfectamente diferenciados de los otros. Más aún, como ocurre con el nacimiento de la conciencia de sí mismo (que analizábamos a propósito del proceso de socialización), la conciencia del propio grupo se forma a partir de la oposición del nosotros frente al ellos, y de las relaciones (de dependencia complementaria o de oposición) que se supone que le grupo propio debe mantener con los demás. c.- Existencia de objetivos, valores y actividades compartidas. Esta conciencia de grupo deriva del hecho de que sus miembros comparten un conjunto de objetivos, valores y creencias comunes. La existencia de objetivos, valores, actitudes y sentimientos compartidos, es otro rasgo esencial en la definición de grupo social. La cohesión del grupo depende del grado de aceptación de estos objetivos y valores que, con frecuencia, cristaliza en una simbología y una parafernalia ritual cuya función suele ser reforzar la conciencia de grupo y afirmar la vigencia de los valores y actitudes compartidas; en definitiva, reforzar la unidad e identidad del grupo. d.- Estabilidad y duración relativa. La emergencia de normas, valores y objetivos, así como la definición de los diferentes status y roles asociados, exige que la interacción entre los miembros, tenga una cierta duración en el tiempo. Esto distingue al grupo de una mera reunión accidental de personas. No obstante, la duración en el tiempo es un criterio relativo que depende enteramente del tipo de grupo de que se trate. Desde el grupo que se forma para la realización de una tarea concreta y se disuelve una vez finalizada ésta, hasta la estabilidad y permanencia del grupo familiar. e.- Reconocimiento como tal. Diríamos que esta característica es la complementaria a la de conciencia del grupo; aquí no se trata de asumir desde dentro del grupo un nosotros, sino que desde fuera sea el resto de la sociedad, o al menos el entorno más cercano, el que reconozca un vosotros. La identidad de los grupos sociales nace de la interrelación entre la conciencia de grupo y el reconocimiento exterior. La identidad del grupo: conciencia de grupo y su reconocimiento

CONCIENCIA DE GRUPO IDENTIDAD DE GRUPO

SUBJETIVA E INTERNA NOSOTROS

RECONOCIMIENTO COMO TAL Y

OBJETIVO Y EXTERNO VOSOTROS


1.2. GENERACIÓN A) La edad como categoría sociológica Las dos categorías de interés sociológico que viene impuesta por la naturaleza biológica del hombre son: - La diferencias de sexo: hombre y mujer. - La diferencias de edad. Esta última es la que vamos a tratar en este tema. El devenir del tiempo en el hombre, le va a situar en un lugar y posicionamiento distinto con relación a la sociedad. En una misma sociedad coexisten individuos nacidos en momentos diferentes. Desde una perspectiva ajena al grupo, estos individuos pueden ser clasificados atendiendo a un sinnúmero de categorías, y de hecho las categorías utilizadas en las clasificaciones suelen ser más relevantes para el observador que para los observados. Sin embargo, las categorías de edad que cada sociedad o grupo considera

relevantes son las referidas a las actividades

fundamentales del grupo, tales como la producción, la reproducción o la guerra. Con frecuencia los individuos que pertenecen a un mismo intervalo de edad en estas clasificaciones constituyen no sólo una categoría estadística sino un grupo social con características propias. Algunas categorías de edad, tales como infancia, juventud, madurez y vejez son prácticamente universales, pero varían grandemente en su especificación y en la importancia y relativa que se les concede como criterio de adscripción social. En las sociedades desarrolladas, el avance de las técnicas estadísticas y las exigencias de la planificación económica han llevado a un conocimiento de la estructura de edades de la población superior a la que nunca hubo anteriormente. Es frecuente la publicación anual o incluso mensual de informaciones sobre el número de ciudadanos comprendidos en cada grupo de edad, en intervalos anuales que van desde los menores de un año a los mayores de ochenta. Sin embargo, el conocimiento de estos datos demográfico no significa un mayor conocimiento sociológico de esa sociedad si no son interpretados desde categorías relevantes para el análisis sociológico: escalas anuales a las pirámides de edad reducidas a los grupos de 0-14 años, 15-65, y más de 65 años, traslucen la interpretación del demógrafo de cuáles son los umbrales de edad relevantes en la estructura social de referencia, aunque no haga explícitos sus criterios. Nos hemos referido a algunas categorías casi universales, tales como infancia, juventud, madurez o vejez. Sin embargo, estas categorías y sus respectivos umbrales de paso varían considerablemente de unas sociedades a otras e incluso en una misma sociedad en función de la finalidad de la clasificación, los ámbitos sociales de referencia o los intereses del clasificador. B) La generación Hay que distinguir entre los contemporáneos (los que viven en el mismo tiempo) y los coetáneos (los que tienen las mismas edad los que son a la vez, jóvenes, maduros o viejos), que constituyen una generación. La vida humana se puede considerar dividida en períodos de unos 15 años: niñez, juventud, iniciación, predominio, vejez... El conjunto de los que son coetáneos en un círculo de actual convivencia, es una generación. El concepto de generación no implica, primariamente más que estas dos notas: - Tener la misma edad. (Hablamos de una zona de fechas) - Tener algún contacto vital. Podríamos realizar la siguiente clasificación tal y como la realiza Julián Marías, discípulo de Ortega y Gasset, en grupos de edad de quince en quince años aproximadamente: - Infancia (0-14) - Juventud (15-29) - Iniciación (30-44)


- Predominio (45-59) - Vejez (60- ) A nosotros nos va a interesar las dos primeras: la infancia y la juventud. 1.3. GRUPO PRIMARIO. (Ver apuntes del tema segundo) Dentro de la clasificación que hacíamos de los agentes de socialización en el tercer tema, situábamos a los grupos de pares o de iguales como: - Edad homogénea. - Sin intención explícita socializar. - Grupo primario. Según Cooley el grupo primario se caracteriza por el reducido número de miembros que lo integran, lo que permite unas relaciones cara a cara entre todos sus miembros. Frente a la impersonalización y el anonimato que caracterizan las relaciones de los individuos en otro tipo de ámbito sociales, en el grupo primario todos los miembros se conocen personalmente y mantienen relaciones directas. Este hecho unido a la existencia de un clima afectivo generalmente intenso, hacen posible la expresión libre y espontánea de la personalidad de sus miembros. 2.- GRUPO DE PARES Y SOCIALIZACIÓN 2.1. FUNCIONES DE LOS GRUPOS DE PARES (edades no adultas) En la literatura se ha propuesto una amplia gama de funciones evolutivas específicas de la interacción entre compañeros y, particularmente, entre amigos (grupo de iguales): a) Algunos autores han puesto de relieve la existencia de una función socializadora, especialmente en lo referente al aprendizaje por parte del niño del control de los impulsos agresivos y sexuales en formas socialmente aceptables. b) Otros autores se han centrado sobre el papel que juegan las relaciones entre compañeros en la formación de la identidad personal del niño. El niño se apoya en el feedback que recibe de los otros y en la comparación directa con los atributos y las características de los otros. El grupo de compañeros tiene una función esencial para proporcionale al niño esta información sobre la que se basará su visión de sí mismo. c) Lejos de limitarse a dar al niño información sobre sí mismo, el grupo de compañeros también juega un papel crucial al proporcionarle el conjunto de valores dentro de los cuales se va a interpretar esta información. d) La adquisición de las habilidades sociales de más alto nivel a través de la interacción con los compañeros también ha sido puesta de relieve por algunos investigadores. e) También se ha sugerido la existencia de un papel crucial de la interacción entre compañeros en el proceso de desarrollo cognitivo. Para Piaget, el conflicto que produce la interacción con compañeros igualmente egocéntricos da un impulso al proceso de descentramiento, un proceso que en sí mismo, según Piaget, determina la estructura del desarrollo cognitivo en todas las esferas. f) Parsons, desde una perspectiva más sociológica, añade que los grupos de pares o de compañeros es un lugar donde el niño puede alcanzar status adquiridos. g) Además es el escenario idóneo para ejercicio de la independencia fuera del control adulto, encontrando aquí fuentes de aprobación y aceptación no-adulta. 2.2. EVOLUCIÓN Y FORMACIÓN DE LOS GRUPOS DE PARES.


Cuanto más crece un niño, más actividades busca fuera de la familia, y también más probable que se vea influido por grupos que hallen fuera del pleno control de los responsables del centro de enseñanza, aun cuando la mayoría de las actividades del grupo tengan lugar en el ámbito escolar. Así vamos exponer el desarrollo y evolución de los grupos de pares en relación y de acuerdo con las tres fases principales de la escolarización: a) Etapa preescolar o infantil: Los niños más pequeños suelen jugar solos durante la mayor parte del tiempo, y cuando empieza a relacionarse con otros niños rara vez forman grupos, prefiriendo por lo general jugar en parejas. A esta edad, tanto las amistades como los pequeños grupos son de constitución variable, tienen una existencia temporal y se dan entre individuos de ambos sexos. Así, los rasgos característicos de todos los grupos a esta edad tan temprana consisten en sus reducidas dimensiones, su escasa perdurabilidad y su configuración mixta, por lo que se refiere al sexo. b) La etapa de enseñanza primaria. Alrededor de los siete años, los grupos de pares carecen de una estructura fija y siguen siendo inestables, dado que sus miembros varían de forma bastante apreciable incluso dentro del mismo año escolar. Sin embargo, ya se ha iniciado la división en grupos de un solo sexo, mencionada antes. Hacia los ochos o nueve años, esta división se vuelve más marcada, y después de los nueve años aparecen grupos bastante separado de varones y de niñas. En esta fase no se verá nunca a un niño jugando con niñas o viceversa, y dentro del grupo de pares se aplican severos castigos que garantizan que cada sexo se adecuará a la conducta que de él se espera. Los grupos de niños son más numerosos y están más rígidamente estructurados que los de niñas y éstas tienden a formar parejas o tríos, pero más íntimamente unidas. Hacia los once-doce años, cuando los alumnos entren a la enseñanza secundaria, los grupos de pares han crecido de tamaño, sobre todo en el caso de los varones, se han vuelto más permanentes, y están más formados por individuos del mismo sexo. c) La etapa secundaria. Los grupos se forman en torno a diferentes actividades, a las cuales se les atribuía un status determinado dentro de cada categoría de grupo. Los grupos de pares existentes entre estos adolescentes (teenager) podían clasificarse en tres categorías. En primer lugar, estaban los grupos basados en los juegos que se practicaban en el patio de recreo; en dichos grupos las normas se centraban en las reglas propias de los juegos, y en ser un buen deportista. En segundo lugar, hay grupos que se limitaban a hablar temas muy diversos: deportes, televisión... Y en tercer lugar, están los grupos de chicos brutos, en los que el status se conseguía mediante el éxito en peleas físicas. A medida que confían más en su capacidad para elegir a sus amigos, los grupos se vuelven más permanentes y más estructurados. Además, en la medida en que sus intereses se hacen más estables. Los grupos dentro del centro docente se diferencian más, se especializan y se centran menos en la vida escolar. 3.- CULTURA JUVENIL E INFANTIL EN ESPAÑA. 3.1. INFANCIA Y JUVENTUD ESPAÑOLA. (DEMOGRAFÍA). Distribución de la población infantil y juvenil en España

1981

INFANCIA (0-14 años) % Col % Fila

HOMBRE S 4.983.303 51,4% 26,9% MUJERES 4.702.427 48,6% 24,5% TOTAL 9.685.730 100,0% 25,7% 1991 INFANCIA (0-14 años) % Col % Fila HOMBRE S 3.869.483 51,4% 20,4% MUJERES 3.658.141 48,6% 18,5%

JUVENTUD (15-29 años) % Col % Fila

TOTAL % Col

4.428.229 50,6% 23,9% 4.328.699 49,4% 22,6% 8.756.928 100,0% 23,2% JUVENTUD (15-29 años) % Col % Fila

18.491.741 19.191.622 37.683.363 TOTAL

4.896.480 4.726.143

18.962.222 19.764.961

50,9% 49,1%

25,8% 23,9%

49,1% 50,9% 100,0% % Col 49,0% 51,0%


TOTAL 7.527.624 100,0% FUENTE: Censo de 1981 y 1991

19,4%

9.622.623

100,0%

24,8%

38.727.183

100,0%

Observaciones y comentario de la tabla anterior. - La infancia ha bajado en los último años su número de efectivos absolutos y además, su peso en la población total española ha pasado de ser más de la cuarta parte en 1981 a menos de la quinta, diez años después. (A principios de siglo representaba más de la tercera parte de la población). - La juventud actual está siendo la más numerosa de toda la historia, tanto del pasado, como del futuro, debido al comportamiento de la natalidad y la fecundidad. - En relación al sexo podríamos destacar el peso mayoritario de los varones en las dos categorías de edad, aunque es mayor la masculinización en la infancia que en la juventud. Esto contrasta con la mayoría de mujeres en el total de la población española y en el sistema educativo. 3.2. JUVENTUD ESPAÑOLA. A) Definición de la condición juvenil

Los rasgos que mejor definen a la juventud, según las opiniones de los españoles de 18 y más años, son: la forma de ser, la edad y las ganas de vivir. Concretamente, sólo un 19% de los entrevistados menciona la edad como uno de los rasgos que mejor definen a la juventud, mientras que un 24% se refiere a aspectos físicos (incluida la salud), y un 55% menciona rasgos que se refieren más bien a aspectos relacionados con el modo de vida, la forma de ser, la personalidad en definitiva. (FUENTE: CIRES "Juventud" Mayo de 1993) En general, podemos definir la condición juvenil como la conjunción de tres factores igualmente relevantes: la edad, la precariedad transitoria y la cultura juvenil. a.- Factor edad. Hemos dicho que la edad juvenil comprende entre los quince y los treinta años. Tradicionalmente, la edad juvenil discurría entre los quince y los veinticinco años. En los últimos tiempos hemos asistido a la prolongación de esa edad. Así, los estudios sociológicos de principios de los años 80 sólo consideraban de los quince a los veinticinco años como edad juvenil. A finales de los 80, la inclusión de una nueva franja de edad (de los veinticinco a los treinta) fue acompañada con una percepción nueva de los problemas de los jóvenes. Podemos afirmar que hoy se ha generalizado la conciencia de que hasta los treinta años dura la juventud. Sólo que los estudios, las condiciones más tópicas que generan la condición juvenil, así como el grado de madurez humana (afectividad, la experiencia de vida...) son sensiblemente distintas en esta segunda juventud que en la primera. Por lo general, existe un tránsito más o menos marcado entre una edad y otra (es especialmente significativo en la gente que finaliza los estudios universitarios, los abandona o que accede al mercado de trabajo). También por regla general la precariedad (en lo que tiene de transitorio) disminuye a medida que pasan los años, produciéndose una incorporación paulatina a las condiciones de vida adulta. No se observa según la encuesta del CIRES un fuerte consenso respecto a cuál es la edad en la que se produce el tránsito de la niñez a la juventud. En efecto, alrededor de una cuarta parte de los entrevistados opinan que


le paso de niño a joven se produce al pasar de los 14 a los 15 años, pero casi una quinta parte afirman, respectivamente, que el paso se produce de los 16 a los 17, o después de los 17. Y la escasa relevancia que la edad, por sí misma, tiene para precisar el paso de unas categorías de edad a otras, se pone otra vez de manifiesto al preguntar por la edad a la que se pasa de joven a adulto. Una cuarta parte de los entrevistados señalan expresamente que no depende de la edad, y casi una quinta parte afirma que ese paso se produce después de los 29 años. En realidad, sólo la mitad de los entrevistados establecen el paso de joven a adulto antes de los 30 años, lo que puede ser resultado de la prolongación de la permanencia de los jóvenes en el hogar familiar. En general, la referencia a que el paso de joven a adulto no depende de la edad o que se produce antes de los 29 años es algo más frecuente entre los jóvenes (de 18 a 29 años) que entre los mayores (de 65 y más años), quienes tienden a establecer ese paso después de los 29 años. b.- Factor de precariedad. Son dos los problemas esenciales en donde se viene a concretar la precariedad de los jóvenes españoles: el desempleo juvenil, y la dependencia de la familia. b.1.- El paro juvenil. Cuando se habla de la situación de los jóvenes en el mercado de trabajo, lo primero que se suele destacar es su posición de desventaja con respecto a los adultos. El indicador que con mayor frecuencia se utiliza es la tasa convencional de paro. Y en efecto, como se puede apreciar en la tabla la tasa de paro de los jóvenes siempre ha sido superior a la media de todas las edades. Por otra parte, también se observa que las tasas juveniles tienden a fluctuar con mayor intensidad que las correspondientes al conjunto de edades. Sin embargo, la situación es mejor que en 1985: en dicha fecha, casi la mitad de los parados (el 48%) tenían menos de veinticinco años, mientras que en la actualidad el porcentaje correspondiente apenas es del 35%. Sin embargo, estos datos resultan engañosos. En efecto, aludiendo a estas cifras, a menudo se oye decir que cerca de la mitad de los jóvenes menores de veinticinco años está en paro. Esas afirmaciones no tienen en cuenta el hecho de que la actividad económica representa para los jóvenes una parte cada vez más pequeña de sus actividades vitales, de hecho la tasa de actividad de los menores de 20 años no ha parado de descender desde hace dos decenios, colocándose en un 27,2%. Resulta necesario, pues, analizar el conjunto de las situaciones en las que pueden encontrarse los jóvenes, para comprender mejor la incidencia y evolución de su actividad económica. Los estudiantes, cada vez más numerosos en proporción entre la juventud española, se consideran como inactivos... Por otra parte, existe una notable divergencia entre la incidencia del paro en los varones y en las mujeres, que ha variado a lo largo del tiempo. Durante la primera crisis, mediados de los setenta, el paro afecta por igual a los dos sexos, aunque las mujeres llevan una peor parte. Durante el período de recuperación, el paro masculino disminuye de forma muy sustancial, pero el paro femenino sólo mejora de forma paulatina. Durante este período se produce un claro proceso de feminización del paro. En la cresta de la expansión, las mujeres representan más de la mitad de los parados (frente a una proporción de un tercio en el empleo). La última crisis ha afectado más gravemente a los varones. b.2 Dependencia y autonomía de la familia. El período juvenil, caracterizado, entre otras cosas por la dependencia económica y residencial de los jóvenes con respecto a su familia de origen, es en la actualidad muy prolongada en el tiempo y está incluso prolongándose cada vez más. La fuerte caída de la nupcialidad en los último años, por un lado, y la posposición


creciente en la edad de contraer matrimonio, por otro, así lo hacen suponer. Máxime, cuando en España los modelos familiares alternativos, tales como cohabitación, pisos compartidos o vivir solo, apenas se hallan extendidos y la pauta social que impera entre los jóvenes es la constitución de una familia a través del matrimonio. Las encuestas de juventud, auspiciadas por el instituto de la juventud y llevadas a cabo en 1984 y 1988, confirman estas suposiciones y evidencian una independización muy tardía de nuestros jóvenes del hogar de sus progenitores; sólo a partir de los veintisiete años (veintiséis en el caso de las mujeres) son mayoría los jóvenes que se han emancipado. Situaciones de los jóvenes de 15-29 (%)

SITUACIONES

1985

1988

-------------------------------------------------------------------1. En el hogar familiar y dependencia económica.

59

60

4

4

13

17

2. En el hogar familiar y autosuficiencia económica 3. Independiente del hogar y dependencia económica. 4. Independencia del hogar y autosuficiencia económica 24 19 FUENTE: J.L. ZARRAGA: Informe de la juventud, 1988, Instituto de la Juventud, Madrid, 1989 En la anterior tabla se recogen las situaciones de dependencia/independencia económica y residencial de una muestra representativa de nuestros jóvenes de quince a veintinueve años en las dos fechas en las que se levantaron las encuestas. Como pueden ver se distinguen cuatro situaciones distintas, que van desde la total dependencia en virtud de la integración en el hogar de origen y la dependencia económica de los progenitores hasta la autonomía adulta, caracterizada por la separación del hogar de origen y la autosuficiencia económica. Como situaciones intermedias se consideran, por un lado, la separación del hogar pero con dependencia económica y, de otro, la situación inversa, esto es, residencia en el hogar de origen pero con autosuficiencia económica. En esta tabla puede verse cómo sólo uno de cada cinco jóvenes menores de treinta años goza de autonomía plena, esto es, ha pasado a la condición de adulto. El caso más típico de esta situación es el de jóvenes casados que han formado su propio hogar y que son completamente autosuficientes en lo económico es el 80% de los jóvenes de este grupo. Sólo un 3,6% de todos los jóvenes han optado por la emancipación sin constituir familia. La gran mayoría, esto es, casi dos de cada tres jóvenes, se encuentra en una situación de dependencia total de la familia de origen, situación que se da, claro está, casi exclusivamente entre los solteros. La importancia relativa de las distintas situaciones de dependencia familiar de los jóvenes en 1988 no ha cambiado sustancialmente con respecto a 1984, si bien se apunta una tendencia hacia una mayor dependencia de la familia. Esta tendencia viene a confirmarse en una encuesta reciente realizada por la Fundación Santa María en 1999, donde el 92,5% de los jóvenes entre 15 y 24 años viven con sus padres Estos fenómenos son la base de otros que llaman mucho más la atención, pero cuya naturaleza última hemos de buscar aquí: La dificultad de crear un proyecto de vida personal y estable por parte de los jóvenes, la permanencia en el hogar paterno-materno, que evita que la precariedad se convierta en pobreza abierta y declarada (situaciones de pobreza encubierta), el incremento de valores de competitividad e insolidaridad, especialmente entre


las capas de la población juvenil con posibilidades de conseguir puestos de responsabilidad social, política y económica... C) Factor de la cultura juvenil. a.- Pluralismo y crítica al concepto de cultura juvenil. Esta difícil situación social que supone el ser joven en una sociedad competitiva, de éxito y de riesgo, donde el trabajo es estructuralmente escaso (en el futuro ya no lo habrá para todos), ¿puede dejar de influir en la subcultura -o subculturas- que constituyen el ambiente juvenil? Es obvio que no. Rasgos específicos de la cultura general que todos, adultos también, vivimos colorearán lo que podríamos tal vez denominar el nicho ecológico donde los jóvenes viven. Ese hábitat viene a formar parte de otro más amplio: el de la sociedad adulta en la cual esperan integrarse. Pero, aun compartiendo con él rasgos comunes, se diferencia por otros que le son específicos. La cuestión central, para saber si se puede hablar con una cierta propiedad de una subcultura juvenil (como contradistinta de la cultura general de la sociedad adulta) sería, a nuestro juicio, ésta: ¿los rasgos diferenciales del mundo de los jóvenes representan valores centrales que son sustancialmente diferentes de los valores centrales del mundo adulto? La respuesta, sin embargo, se hace más compleja porque hay un indudable pluralismo de grupos juveniles, que viven en mundos socioculturales acusadamente diferentes. Por ejemplo, el mundo de la vida de los alumnos de empresariales parece tener muy poco en común con el mundo de la vida de los cabezas rapadas. De tal manera que es superior la distancia que separa a ambos grupos juveniles de la que puede separar de la generación de sus mayores a un joven de clase media alta, futuro profesional competitivo. Es cierto que una cultura implica un determinado modo de entender la vida y de estar en el mundo. Y que los jóvenes, en cuanto jóvenes, acusan una distancia generacional respecto al mundo de los adultos; esto es lo que los constituye precisamente como jóvenes: están en el mundo de una manera diferente; incluso por razones biológicas. Pero esta simple distancia generacional debe ser cualificada por una distancia axiológica (valores). Y no en cualesquiera valores, sino en valores centrales para poder constituirse en subcultura diferenciada. Lo que no parece ser el caso de la mayoría de la población juvenil. Así se desprende del Informe sobre la Juventud española, elaborado por el Instituto de la Juventud sobre una muestra de 5.000 jóvenes de ambos sexos, de toda España, entre mayo y julio de 1992. Una acentuada mayoría -en torno al 70%- viven, piensan, desean y actúan en términos de integración social. O al menos no de conflicto. A poco que analicemos los aspectos más importantes de la vida para los jóvenes que nos ofrece la siguiente tabla, nos daremos cuenta lo distante que se encuentra esta generación de jóvenes de la de los años 60. Por otro lado, los primeros aspectos que apuntan son totalmente reflejo de la cultura adulta, lo cual denota el fuerte componente integrador hacia la sociedad constituida por parte de la juventud actual.

Aspectos muy o bastantes importantes entre los jóvenes Familia Amigos y conocidos Trabajo Ganar dinero Tiempo libre Una vida moral Estudios, Formación... Una vida sexual satisfactoria Religión Política

70 59 57 49 46 42 41 37 6 4


FUENTE: Jóvenes Españoles 99 Fundación Santa María. b.- Movimientos sociales y juventud. Un elemento que nos puede ayudar a configurar la cultura, valores y criterios de la juventud es su actitud o identificación hacia los distintos movimientos sociales, y muy especialmente hacia los nuevos movimientos sociales, que configuran un resquicio para una subcultura utópica. La identificación de los jóvenes va fundamentalmente en la línea de la paz, respeto de la naturaleza y acogimiento a las desgracias de tipo general que se dan en la sociedad. Difieren bastante en las líneas de los nacionalismos y patriotismos, encontrándose en otros casos -como la homosexualidad, el aborto, la objeción de conciencia- en una situación de cierta duda y ambigüedad. Aprobación de los movimientos sociales de los jóvenes españoles (Medias: 1=nada, 4=totalmente) De apoyo y pro enfermos de sida Por derechos Humanos Contra la segregación racial Ecologistas Pacifistas Movimiento de la mujer De apoyo a inmigrantes Gays o lesbianas Pro vida Patrióticos Nacionalistas FUENTE: Jóvenes Españoles 99 Fundación Santa María.

3,35 3,34 3,26 3,26 3,13 3,12 3,10 2,85 2,84 2,40 2,12

c.- El influjo de la juventud en la sociedad: subcultura como integración o como utopía. El constatado fenómeno de la juvenilización de la cultura sugiere la falsa idea de un creciente influjo de los jóvenes en la configuración del modelo social. A este respecto, puede ser iluminador traer a la memoria el esquema que la conocida antropóloga R. Benedict construyó precisamente para tratar de tipificar ciertas culturas según el influjo de las generaciones jóvenes. a) Culturas postfigurativas, en ellas la generación adulta transmite con éxito la mayor parte de sus valores y pautas de conducta; son culturas que integran con eficacia a las generaciones jóvenes, mostrando una gran potencia socializadora. Lógicamente, el modelo de sociedad resultante es acentuadamente conservador; toda iniciativa de cambio provendrá de los adultos. b) Cultura prefigurativas; en ellas el fenómeno social de un cambio muy rápido tiende a disminuir la autoridad de las generaciones adultas. En consecuencia, la socialización no se realiza mediante la transmisión de las tradiciones, sino mediante una adaptación a las circunstancias del presente (para lo que las generaciones jóvenes están mejor dotadas). En consecuencia, los jóvenes son quienes prefiguran el modelo social hacia el que se camina. c) Como la realidad nunca se presenta tan nítida, se introduce entre uno y otro extremo el modelo de culturas co-figurativas. En ellas tanto las generaciones adultas como las jóvenes hacen aportaciones, en medida variable, a la evolución de la sociedad. Según este esquema -por simplificador que pueda aparecer- ¿dónde habría que situar a la cultura contemporánea española? Evidentemente, las apreciaciones pueden tener un margen muy amplio de subjetividad. Pero tal vez merezca la pena detenerse un momento sobre ello, parar terminar nuestra rápida ojeada sobre el pluralismo juvenil. Por ello, terminaremos insinuando nuestra propia apreciación.


La respuesta más obvia -y la menos comprometida- sería la más ecléctica: la cultura española sería cofigurativa. Pero ¿en qué puntos lo es, y hasta qué grado?. La impresión es la de que nuestro actual modelo social es fuertemente postfigurativo. La posible rebeldía juvenil ha sido mayoritariamente domesticada por al acción combinada de un doble factor disciplinante: la publicidad que incita al consumo (y que presenta el crecimiento en el consumo como un crecimiento en la felicidad), por una parte; y la escasez y problematicidad de las expectativas de trabajo bien remunerado, que implica la dedicación de las energías juveniles a la preparación de un futuro difícil y competitivo Una muy notable mayoría de la población juvenil se adapta a las duras condiciones del presente. La utopía se aleja del horizonte y el pragmatismo se instaura en la juventud. Su pluralismo viene a ser diferentes modos de integración social. Esta impresión, estadísticamente sostenible, debe ser atenuada por el posible influjo que ejerzan las subculturas utópicas (feminismo, antimilitarismo, ecología-desarrollo...). Todo ello son indicios innegables de una acción co-figurativa en la que juega un papel considerable la generación juvenil. 3.3. CULTURA INFANTIL. A) La cultura infantil como apropiación del mundo adulto. El marco temporal en el que se desarrollan las actividades que hacen posible la llamada cultura infantil, cultura de y para niños, en el tiempo libre se ve inundado, como veremos en el próximo tema, por el consumo de T.V. La vida cotidiana de la mayoría de los niños se ve inmersa en el mundo medial de los adultos, con unos medios de comunicación que desde esta óptica aportan al niño modelos y formas diversas, información en definitiva variada y desconexa que el niño trata de organizar, comprender y asimilar como puede y que le obligan a estructurar cada vez más su vida y experiencia atendiendo a estas condiciones de multiplicidad medial, a falta de otras posibilidades más satisfactorias, como los amigos y el juego. La pregunta que aquí se nos plantea es si todo ello permite a los niños alcanzar hoy, con fórmulas adecuadas, la apropiación de la realidad que precisan.

FRECUENCIA SEMANAL CON QUE VEO LA TELEVISIÓN. DIARIAMENTE

5 A 6 DÍAS

79,2 %

3 A 4 DÍAS

8,5 %

1 A 2 DÍAS

6,0 %

6,2 %

NO CONTESTAN 0,6 %

FUENTE: Los valores de los niños españoles 1992. Fundación S.M. No es sólo la apropiación de la realidad a través de los medios de comunicación "adultos", sino también a nivel de valores y normas existen una correspondencia entre el mundo adulto y la infancia. Aún con las dificultades que una comparación de este tipo conlleva, puede observarse, en la parte superior, la coincidencia entre los valores transmitidos y los valores internalizados que ocupan lugares similares.

NORMAS QUE SE CONSIDERAN IMPORTANTE TRANSMITIR A NIÑOS

LUGAR

NORMAS QUE LOS NIÑOS HAN INTERNALIZADO COMO IMPORTANTE

BUENOS MODALES

1

SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD

SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD

2

OBEDIENCIA


TOLERANCIA, RESPETO AL OTRO

3

BUENOS MODALES

OBEDIENCIA

4

TOLERANCIA, RESPETO AL OTRO

AFIRMACIÓN PERSONAL

5

AFIRMACIÓN PERSONAL

TRABAJO DURO

6

SENTIDO DE LA ECONOMÍA, AHORRO

SENTIDO DE LA ECONOMÍA, AHORRO

7

TRABAJO DURO

ABNEGACIÓN

8

ABNEGACIÓN

FUENTE: La Sociedad española de los 90 y sus nuevos valores. Fundación S.M. FUENTE: Los valores de los niños españoles. Fundación S.M b) La cultura infantil como interacción entre iguales. Importancia de la interacción entre iguales. Nos cuestionamos ahora qué importancia tiene para ellos la interacción entre iguales, así como la el tiempo de juego y la relación sin la tutela de los mayores. En conjunto, los niños españoles dan mucha importancia a la interacción con iguales (78,8%) frente a los que le conceden escasa consideración, 1,5% y 1,1% respectivamente. En conjunto se aburren mucho cuando no están con sus amigos (50,5%). Frente a ellos, el 25,5% dicen no aburrirse sin ellos. Como era de esperar los datos estadísticos muestran que, por edades, los más pequeños prefieren a sus padres más que a sus amigos como compañeros de viaje en las excursiones. A partir de los 10 años, los porcentajes disminuyen sensiblemente: la tendencia se invierte a favor de los amigos. Los datos no hacen sino poner de manifiesto un hecho conocido, que, a medida que aumentan, con la edad, las oportunidades de participar en actividades con iguales, éstas les permiten experimentar relaciones más nuevas y satisfactorias. Esto conlleva que la influencia del grupo de iguales en su conducta y su significación va aumentando a medida que el niño madura. Hoy como ayer los niños, sienten la necesidad fundamental de estar con otros niños, jugar relacionarse, convivir, que no es otra cosa que percibir y asimilar juntos el mundo. El grupo de iguales es un elemento importantísimo en el espacio vital del niño, dentro del cual lleva también a cabo su propio desarrollo y socialización.

PREFIERO IR DE EXCURSIÓN CON MIS PADRES QUE CON MIS AMIGOS EDAD 8-10 AÑOS + 10 AÑOS

MUY DE ACUERDO 24,2 9,6

ACUERDO 16,2 8,8

INDIFERENTE 38,6 44,6

DESACUERDO 10,5 21,4

MUY EN DESACUERDO 10,5 14,7

FUENTE: Los valores de los niños españoles 1992. Fundación S.M. Lugares terciarios e interacción real. La llamada cultura infantil, además de otras formas de expresión ya tratadas más arriba, comprende también los modos de conducta que se desarrollan en la interacción entre iguales. Incluye, por tanto, las relaciones que los niños establecen entre sí, fuera de los entornos institucionales más formalizados de la familia y la escuela. Estos entornos constituyen los denominados "lugares terciarios". Son zonas de encuentro donde desarrollan sus interacciones mutuas, donde se apropian de la realidad y el mundo social lejos del control adulto. Lugares donde


aprenden a conocer y a conocerse desde, por y en cuanto niños. Son lugares comunes como patios de vecindad, parques, zonas de juego al aire libre, ludotecas, piscinas, asociaciones, edificios abandonados, etc. Las relaciones que en estos lugares se establecen proporcionan al grupo de juego no sólo los elementos de conexión necesarios para mantener la adaptación del grupo y su supervivencia, sino también para la necesaria evolución individual y como grupo. No olvidemos que el desarrollo infantil tiene un objetivo: llegar a ser adulto. Convertirse lo más rápidamente posible en adolescente y adultos. Apropiarse en definitiva de los modos de conducta que conlleva la madurez biológica y social. Estos lugares juegan un papel fundamental en este proceso pues a través de las relaciones de iguales y los modelos a que se ven expuestos van desarrollando e interiorizando las características propias de los roles juveniles y adultos a través de un desarrollo -en general- unísono y acorde con sus necesidades evolutivas. Cuando estas relaciones entre iguales no se actualizan en el tiempo libre y, en su lugar los niños se ven expuestos reiteradamente a modelos de acción adultos, tratan de apropiarse de ellos aunque no cuenten con la madurez y desarrollo evolutivo adecuados (ya sea a través de la TV o la propia interacción con los mayores), que se convierten así en configuradores decisivos que favorecen la identificación con modelos inadecuados. Analizar con qué frecuencia los niños juegan con otros niños, fuera de casa y el colegio, y cuándo en la propia casa, puede ayudarnos a identificar cuál es su participación y actividad real con iguales en lugares terciarios. En primer lugar, se pone de manifiesto un dato: las pocas posibilidades de juego socializado que los niños tienen. Los mayores porcentajes se agrupan significativamente en la parte inferior de la escala alguna vez al mes. Sin duda lo más significativo es la escasez de juego socializado en los niños.

FRECUENCIA DE ACTIVIDADES LÚDICAS SEGÚN LUGAR DE UBICACIÓN ACTIVIDADES

TODOS LOS DÍAS

Jugar con los amigos fuera de cas. Merendar con los amigos fuera de casa. Jugar con los amigos en casa

MAYORÍA DE DÍAS

UNA VEZ SEMANA

ALGUNA VEZ MES

MENOS

13,4

12,4

24,1

20,2

29,8

2,4

4,0

11,2

29,7

52,7

4,3

9,9

16,1

38,0

31,6

FUENTE: Los valores de los niños españoles 1992. Fundación S.M.

Conocer en este contexto cuáles son sus preferencias reales, puede ayudarnos a conocer su grado de satisfacción y la adecuación o no del deseo a la realidad en que viven los niños. Los datos son significativos y muestran la diferencia entre lo que prefieren y viven...

PREFERENCIAS DE DISTINTAS ACTIVIDADES Salir con los amigos Jugar con tus amigos Ir a merendar

82,3 % 69,6 % 64,8 %

o Ver la tele 16,5 % o Ver tu programa favorito 29,2 % o Hacer deporte 33,3 %

FUENTE: Los valores de los niños españoles 1992. Fundación S.M. En general la socialización de los niños se ve positivamente incrementada por las interacciones con sus amigos. Sin embargo, el poder de los iguales como agentes socializadores varía en la medida en que la orientación de


la sociedad adulta estimule y posibilite o no a los niños la interacción con iguales, ya que, una vez establecidos los contactos, es incuestionable que los niños se influyen mutuamente. BIBLIOGRAFÍA. DOCUMENTACIÓN SOCIAL (1994) Los jóvenes, Monográfico de Documentación Social n95, Madrid. ELZO, J. y OTROS (1994) Jóvenes españoles 1994, SM, Madrid. ELZO, J. y OTROS (1999) Jóvenes españoles 1999, SM, Madrid. PÉREZ ALONSO-GETA, P.M. y OTROS (1996) Valores y pautas de crianza familiar, SM, Madrid PÉREZ ALONSO-GETA, P.M. y OTROS (1992) Los valores de los niños españoles 1992, SM, Madrid.


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