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Dueños de su propio destino

S

i decimos que una persona es dueña de su propio destino significa, usualmente, que él o ella son capaces de tomar decisiones acertadas por sí mismos; ahora, si la misma frase

la aplicamos a un taxista adquiere una connotación

completamente diferente, muy alejada del encomio. Lamentablemente, los taxistas en Lima son dueños de su propio destino, literalmente hablando. Intente sino tomar un taxi desde Miraflores al Callao, o viceversa. Este proceso, generalmente sencillo en cualquier otro lugar del planeta, requiere de una

metodología

peliaguda,

compuesta

por 3 pasos: 1-

Estirar

la

mano

para llamar la atención del taxi.(Hasta acá todo normal) 2-

Preguntar

al

taxista si desea ir a un destino determinado. (Normalmente los usuarios suben al taxi y dicen adónde desean ir) 3-

Regatear el precio del viaje. (Lo usual es que hayan tarifas

definidas o, simplemente, que los taxis cuenten con ese milagroso aparato llamado taxímetro) Siendo pesimista, podría concluir que este es un proceso común para cada uno de los peruanos descarriados (esos que no tienen auto); sin embargo, si es optimista, hasta podría pensarse que es educativo, porque permite que, a través de la repetición, los visitantes extranjeros se adecuen, en tan solo medio día. Incluso podría relacionarlo desde el


punto de vista teórico con esa corriente de aprendizaje llamada conductismo. Es importante destacar que los pasos 2 y 3 ocurren en medio de la calzada y pueden tomar entre 4 a 5 minutos, tiempo estimado que depende de la capacidad negociadora del taxista y del cliente. Mientras todo esto sucede los autos que se han aglomerado detrás del taxi en cuestión, comienzan a lanzar bocinazos a diestra y siniestra, capaces de alterar al más calmado de los mortales. Incluso se pueden escuchar algunas palabras soeces, provenientes del milenario acervo cultural peruano, lo cual, si se ve desde el punto de vista gramatical, engrandece el vocabulario de los distinguidos visitantes foráneos. Para ahorrar los pasos 1, 2 y 3 usted podría pensar en llamar a una compañía de Taxi Seguro; estas empresas que abundan en Lima, tienen tarifas definidas para cada destino; sin embargo, puede suceder que no lo recojan en zonas consideradas inseguras, dentro de la ciudad, lo cual es ilógico, ya que si son seguros deberían brindar el servicio, a cualquier hora, desde y hacia cualquier destino Pero continuemos con los taxis regulares. Digamos que luego de un arduo proceso de negociación, donde abunda el regateo como técnica, dejó zanjados los pasos 1, 2 y 3; es entonces donde aparece el paso 4 que está relacionado con la forma de pago. Sucede que los taxistas son filosos matemáticos y esperan que siempre se pague con la cantidad exacta. Si tiene suerte y el taxista es una persona emprendedora, hará una parada de emergencia en un grifo, donde cambiará su billete, o tratará de realizar un trueque, ventana-ventana, con otro colega. De lo contrario

podría

desdeñosamente

recibir

la

reprimenda

del

enojado

chofer

que,

le recriminará su descuido. Por lo tanto, no se le

ocurra subir a un taxi con un billete de 50, o podría terminar, gracias a


su descuido, tres cuadras mĂĄs adelante, repitiendo los pasos 1, 2, 3 y 4 y asĂ­ hasta la eternidad.

Dueños de su propio destino  

La diabólica aventura de tomar un taxi en Lima.

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