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2012

XOLO

La oriunda.


oriundo, da. (Del lat. oriundus). 1. adj. Que trae su origen de algĂşn lugar.


Después de la muerte, el Xoloitzcuintle guiaba el camino de los guerreros aztecas al inframundo. Por eso se les enterraba en la misma tumba. XOLO rinde tributo a ese perro flaco y pelón que babea rumiando por los pestilentes pasillos del infierno, rememorando sus pasos. Revelando así entrelíneas, las trayectorias de los túneles y las veredas escondidas al Mictlán.


Colaboraciones: xolo.vagabundo@gmail.com


xolo CONTENIDO

01

02

03

Literatura

Literatura

Fotografía

“Aracnofilia”

“Cositas”

“Las agujas”

José Orias

Physick Noise

Lorena Sequeyro

04

05

06

Literatura

Poesía

Sugerencias

“Noche de punx, mordidas y pierrotazos”

“Reflexión de un video”

Música

Javier Ibarra

Sebastián András

‘Wild Teen Punk From Peru’ de Los Saicos por Milton Trujillo Pacheco Cine ‘Buffalo 66’ de Vincent Gallo por Wasted Fates


01

ARACNOFILIA

10 minutos antes de las 8:00am, salí debajo de tu cama y fui a la esquina del cuarto. Esperé a que tu despertador comenzara a zumbar. Sin embargo sacabas tu brazo de las sabanas para alcanzar el botón de snooze una y otra vez. - Cinco minutos más!, te repetías en voz baja. La última vez que sonó, arrancaste el enchufe de la pared y lo arrojaste contra la esquina. Casi muero aplastado entre los pedazos que volaron por el cuarto. Supongo estabas decidida a romper la rutina, o simplemente harta de su misma tontería. De igual forma ese día quedaría cicatrizado en todo tu cuerpo. Pero eso, sería solamente mérito mío. Que apetitosa te mirabas ahí tendida, rodando bajo el ligero roce de las sábanas de seda, era increíble como recubrían tus nalgas, la suavidad con que se deslizaban sobre ellas, como un rio corriendo sobre dos piedras perfectamente redondeadas. A ratos, una de tus piernas alcanzaba a asomar de entre las sábanas, descubriéndose lentamente hasta el muslo, mientras yo, degustaba morbosamente con cada uno de mis ocho ojos, esperando el amanecer de tu vagina. Éste llegaría una hora después,


cuando encendieras un delgado cigarrillo de marihuana aun en tu cama y, después de unos toques, decidieras por fin incorporarte a la mañana. Tu cabello era rubio, como de sirena, lavado con agua de mar y a la altura de tus pechos, pequeños y poco más que perfectos. Tus ojos eran lentos y rojos, y bajo el rojo había más verde, de expresión modorra y vidriosa. Tu boca gruesa, me hacia soñar con ser un cigarrillo. ¿Qué mejor que ser tu vicio? Y, me pongas en tu boca después de cada trago de cerveza, te amaría hasta la cirrosis. Eyaculando humo en tu garganta hasta llenarte los pulmones y derramarlo por tu nariz, congestionándote de mí hasta el cáncer. De cualquier manera, siempre terminas muerta en mis fantasías. Creo que simplemente se vuelve inevitable seguir sucediendo. Aunque uno sepa el final y lo mire acercarse poco a poco, eventualmente llega a estrellarse con él. Es imposible parar. Una vez de pie, fuiste a abrir las ventanas para dejar entrar un poco de sol, pero este día no había salido, el cielo estaba cubierto por nubes y olía a lluvia de menta. Llevabas una camiseta larga de Pink Floyd que llegaba a nivel de tus nalgas y te agradezco que no usáras calzones. Apagaste el porro en el cenicero para encenderlo más tarde y pusiste a sonar un disco antes de entrar en la regadera. “Ultra” de Depeche Mode. Me gusta tu oscuridad matutina, es sensual. Mientras te bañabas, escuché “Barrel Of A Gun”, “The Love Thieves” y “Home”. Cuando comenzó “Its No Good” apenas salías del baño, desnuda y empapada, era perfecto. Prendiste un incienso Rhadda Krishna amarillo y te lanzaste sobre la cama a secarte rodando sobre las sábanas, justo como cuando tenías 10 años. A éste punto me tenías ya enamorado. Mis glándulas salivaban veneno al mirarte revolcar, y mis colmillos, se fantaseaban perforando tu piel. Frente a tu cama, descansando sobre un diván negro, se encontraba el uniforme de sobrecargo que no usarías el día de hoy. De seguro habías obtenido el trabajo pensando en recorrer todo el mundo, viajando gratis de playa en playa, retratando la vida con la Nikon análoga que habías heredado de tu abuelo. Fotografías de bahías lluviosas y miradas melancólicas, de animales muertos y de la gente que llora afuera de los hospitales. Pero lo que más te gustaba, eran los desnudos. Revelábas en tonos azules y tenías una fijación por las manos grandes y los labios gruesos. Ellos te miraban con cara de idiotas, enamorados de la libertad de tus piernas. Supongo les excitaba la idea de verse sometidos por ellas, que ilusos. Que ilusa. Lo cierto es que eras una niña confundida, con un culo de diez y buen gusto por la música, pero aun no lograbas hacer nada con tu vida, o tal vez no estuviera en tus planes hacer algo con ella, sólo fumarte el resto de tus años en un gran porro y viajar desde la comodidad de tu diván. Entonces, me desplacé sigilosamente sobre mis 8 patas, aproximándome a él. Estaba seguro que no te percatarías de mi presencia. Te levantaste de la cama y caminaste desnuda por la habitación, te acercaste a mí sin enterarte. Cogiste el uniforme, lo


tiraste al piso y encendiste un cigarrillo. Lo fumabas ansiosamente, como buscando aliviarte. Se consumía tan rápido, que la ceniza nunca caía al cenicero. Entonces echaste el culo a leer sobre el diván. Habías conseguido los diarios de Anais Nin y los devorabas con urgencia. Tenías los labios entre los dientes y el sexo pulsando. Pasada media hora, descruzaste las piernas. Habías intentado paliar la ansiedad de tu entrepierna con cinco cigarrillos, sin éxito. Entonces volviste a encender la bacha y después de unos toques, el cuarto estaba plagado de humo. Se te antojó una visión nublada y con los ojos casi cerrados. Tu agitación y entonces la mía, aumentaban mientras leías con lascivia las fantasías de Nin con el elegante Barón. Tus pezones comenzaron a hincharse, y después de prender otro palito de cáncer, y fumarlo y carburarlo a todo pulmón, lo dejabas en el cenicero a la mitad. Estabas que no te aguantabas. Con una mano cambiabas de página, y con la otra, acariciabas tu vagina usando todos los dedos. Te concentrabas en el clítoris y me hubiera encantado soplarle algunas palabras sucias con mi aliento gélido. Sobabas tus labios húmedos haciendo círculos a la derecha, y, conforme tus ojos avanzaban en el libro con atención, resbalabas un dedo hacia adentro y después hacia afuera. Masajeabas la vulva, y ya inflamada metías otro dedo y después otro y te mojabas tanto y te encantaba y luego la mano casi completa. Yo no pude contenerme más, tenía que estar adentro de ti. Para entonces sonaba “Sister Of Night” y aprovechándome de tu concentración, comencé a subir por una de las patas del diván, mientras tarareaba “Sister of night, da ra ra ra ra and your body’s a fire, daa ra rar that burns in desire’s name. Te veías hermosa masturbándote. Ocho veces hermosa. Cegada por el éxtasis, la catarsis fue inminente. Mientras tus ojos en blanco, me aproximé a tus piernas y sin pensarlo dos veces, me lancé contra el interior de tu muslo. Te enterré los colmillos y le inyecté mi veneno. Gritaste despavorida y arrebataste la pierna intentando sacudirme de ella. La agitaste en el aire, hasta conseguir que mis colmillos se rompieran y yo saliera volando de vuelta a la esquina donde había comenzado. Me gusta cuando crees que puedes defenderte, pero en el fondo, eres realmente víctima del pánico. Estabas histérica, gritando colmada por la desesperación, el miedo, la aracnofobia. Yo estaba un poco aturdido por el golpe contra la pared, pero en general estaba bien, me repuse después de unos segundos, me volví a montar sobre mis patas y fui hacia ti con rencor, maldita perra. Es que me encanta tu abrumación, me corrompe como el veneno empieza a actuar y deprime el tono muscular. Entonces caes al piso, e inútilmente intentas levantarte y vuelves a caer, y te arrastras por el suelo, como la prostituta que eres. Es algo sibarítico, esto de tenerte a la merced de mis antojos, indefensa, asustada y con el coño mojado. A mi paso, soltaba torvas carcajadas al aire, estaba nervioso por ti, incluso me temblaban la boca y las patas, tampoco me aguantaba las ganas, estaba ponzoñosamente excitado. Me aproximé a tu vagina y comencé a crecer,


como si hubiera inhalado cocaína, crecí, enorme, crecí por todo tu cuerpo, enredándolo en telarañas de seda. Caminé por los pechos y los acaricié con todas las patas, parecía la mano de un gigante negro, rozando la tersa piel café con leche de tus pezones. La imagen provocaba mi salivación y el veneno escurría sobre tus pechos. Me desboqué sobre ellos y curé mi locura sobre tu cuerpo. Al acercarme a tu rostro, te supiste el centro de atención de tantas miradas. Eras la víctima de un reality show de crímenes sexuales. Te miré por largo rato con los ocho ojos y sin parpadear, vigilando obsesivamente cada uno de tus movimientos. Pude sentir tu respiración acelerada, soplándome los cilios, las carótidas gordas de sangre, pulsando a tu cabeza desesperada. Pude sentirte transpirar profusa y febrilmente, y no logré resistir a empaparme en tu olor a fruta ácida, entre durazno, manzana y noviembre. Entre muerta de miedo y mojada del cielo. Sujetando tus manos y pies con algunas de mis patas, te sobé, mientras se levantaron puentes, que unían nuestras miradas. Me miraste a todos los ojos y yo miré fijamente todos los tuyos, establecimos contacto. Sentí algo en el estomago, era el tuyo, descendí por tu abdomen y al llegar a ti, separé todas tus piernas y te mentí con todas mis lenguas, te recité poesía, te mojé el oído, te arranqué promesas, te dije que sería solamente tuyo, te hice mía, te hice araña y me arañaste y nos enmarañamos de la noche a la mañana. Me miraste, y entonces lo entendiste, era inevitable seguir sucediendo, no podías ignorar tu instinto arácnido. Tu semblante se tornó hosco y mordiste mi rostro, me escupiste veneno y volviste a clavarme los colmillos por todo el cefalotórax. No pude hacer mucho por defenderme, y a decir verdad, tampoco tenía deseos de salvarme. Me desgajaste hasta conseguir arrancarme en varias partes. En el piso y sobre el diván, yacía la pedacería de mis miembros mutilados. Éste era el final, terminaba el disco y sonaba Junior Painkillers. Me pusiste en tu boca y me trozaste con los dientes. Me tragaste y me digeriste y llegando al final de tu intestino, me cagaste, como la mierda que soy.


02

COSITAS

Y La Ciudad Se Perdió En Nosotros... Caminábamos juntos y nos reíamos e imaginábamos todas las cosas y todas las bromas de las que nos reiríamos en el futuro, creíamos que tendríamos mucho tiempo para reír y quizá un poco más para soñar, nos olvidamos de pequeños detalles que nos harían aterrizar... nos bajarían de las nubes... nos ubicarían en la realidad... La ciudad entonces se volvía hostil, nos acechaba... quería tragarnos, los viejos y enmohecidos edificios se venían abajo con estruendos que arrancarían el alma de cualquiera.. todos nos querían devorar... la ciudad nos quería matar...huíamos pero no conseguíamos ocultarnos de la mirada de esa ciudad maldita... nuestra ciudad oscura que quería devorarnos... Al final logramos ocultarnos en un sueño en el leve halo de un suspiro.... al final las calles ya no eran oscuras... solo estaban vacías... la ciudad ya no hablaba... solo nos escuchaba... la ciudad se hacía pequeña... se perdía de nuestra mirada... la ciudad se perdió en nosotros... y nosotros nos perdimos hace mucho.


Quizá No Estoy Muerto Hoy desperté con esa extraña sensación de dolor en el pecho, como si alguien lo hubiera estado presionando mientras yo dormía, como si alguien me hubiese golpeado sin haberme dado cuenta... fue mi primera inhalación consciente del día la que me dejó ver que no estoy muerto, creo que no estoy muerto, porque pienso en ti, pienso en que quiero verte... si estuviera muerto creo que no te recordaría. Si estuviera muerto no podría obligarme a creer que sientes algo por mi, no me engañaría pensando que tenemos un futuro... pues si estuviera muerto ya no habría futuro que temer... creo que aun no estoy muerto... porque siento una sed insaciable de tus besos... una sed desconocida, estúpida e infantil... nunca te he besado y esa sed pudiera ser solo una mala percepción de lo que eres... pero si estuviera muerto... no habría necesidad de querer besarte... preferiría no ir al infierno... Creo que tu tampoco estás muerta, pues creo en un universo tan hermoso que reúne a las almas que se pertenecen una vez que estas terminan su misión en la tierra... no, no estás muerta porque me sigues ignorando... no estás muerta porque sigues evitándome... Casi estoy seguro de que no estoy muerto, porque sé que te buscare en unos minutos solo para que me ignores... y no creo que un dios que ha reclamado mi presencia sea tan cruel como para no permitirme descansar del tormento que me produce amarte tanto...aun después de muerto. Creo que aun no estas muerta porque acabo de llamarte y tu mama sonaba tan tranquila, tan amable me respondió como siempre lo hace, con un muy atento, “No está, quieres dejarle un recado?” si estuvieras muerta creo que habría estado llorando. Creo que aun no estoy muerto porque sigo sintiéndome patético al recordar todo lo que he hecho y lo que estaría dispuesto a hacer por ti. Es probable que ni tu ni yo estemos muertos... creo que seguimos vivos... huyendo uno del otro... como si fuera de la misma muerte de quien huimos.


03

LAS AGUJAS Sueños que nunca empezaron ni tampoco pareciera que encuentran un final, quizá un lugar en un espacio y tiempo inexistentes donde se desarrollan éstas utopías fotográficas, aveces líricas y otras sombrías. Sin embargo y sin pesar de lo anterior logran establecer un vínculo narrativo con nuestra memoria colectiva, algo que quisimos ver o deseábamos ver, con la suficiente cantidad de información para hacernos creer que esto es parte de una película de otro tiempo, otro mundo el cual nos hubiera gustado ser parte de.


04

NOCHE DE PUNX, MORDIDAS Y PIERROTAZOS ¿Alguna teibolera les ha dado un pierrotazo? A un amigo de un amigo, sí. Ahora vive de esa historia, diciendo que fue mágico, inolvidable, que esa marca aunque haya desaparecido la llevará tatuada en su pecho. Eric, a quién conozco desde la universidad y con quién trabajo en una empresa de marketing. Nos contó que un viernes de quincena agarró el pedo con su amigo Jorge. Él comenzó a preguntar por todos lados lo de la teibolera y el pierrotazo. Después, en la oficina, Eric hacia lo mismo. Nos reíamos mucho con esa historia. Imaginábamos a una puta muy picuda, bien altanera y brava; tirando golpes y patadas en un privado o en la pista de baile. Ya fuera por instinto sexual o a la cadencia de irse despojando de sus prendas, muy al tiro de las nalgadas y de los lujuriosos dedos que deseaban comprobar si era sudor o en verdad se humedecía de placer. Jorge, únicamente recordaba el nombre de esa morra que le dejó aquel moretón en el pecho, Hiromi Watson. Así la llamaban a la pista. Era güerita, de sabroso cuerpo y de esas pueblerinas de ojitos verdes. Tenía un mes en los giros y en el arte del tubo. A lo lejos, parecía demasiado tímida, tenía todo el aspecto de vivir reprimida. Sin embargo, la canción de “El Ratón y El Queso” de Cártel de Santa la desnudaba sin freno alguno, le quitaba esa pena por el simple capricho de la feria y su controversial deseo de superarse en la vida. Quería convertirse en la defensora de las putas, en una abogada muy chingona, en la onda de Raquenel Villanueva.


El desmadre se dio en la Av. Madero. No recuerdan en que table. “El Viene Viene” que los escoltó a la salida, al auto de Jorge. Resplandecía como un ángel de la guarda gracias al anuncio de un OXXO. Es lo único que recordaron a las seis de la mañana. Salieron bien mamados y con los bolsillos hechos mierda. Era la segunda ocasión que se iban de cachondos. La primera vez sí cumplieron la promesa de un viernes de quincena. Morbosearon un ratillo y se mamaron sólo una cubeta de Tecate Light. Salieron antes de las once de la noche se fueron a ver a las novias. Eric la llevó a cenar al Neuquen y Jorge a ver Batman: El Caballero de la Noche Asciende, a Valle Oriente. Pasaron al departamento de Eric, a que dejara su nave. Precopearon con un ocho de bohemias. Vieron los últimos veinte minutos de un León vs. Atlas. Matías “El Oso Polar” Vuoso anotó el gol que le dio el triunfo al equipo más alcohólico y fiestero de la Liga MX. Pasadas las once de la noche pagaban el cover de diez bolas. Al chile, los puteros aparenta ser lo mismo en cualquier lado. Pero varían los precios, las mamadas, las botellas, los culos que se pasean por ahí... todo es un enigma. Los tatuajes finos de una puta pusieron rebeldes a Eric y a Jorge, desquitándose con su mesero de la noche. Exigían una mesa en la otra pista, la cual tenía mejor ambiente; un cotorreo con más testosterona, con un punto más alto de erices. Esos tatuajes parecían haber sido hechos por las manos del mejor tatuador de la ciudad, por Lucio. La apariencia pin up de esa chiquilla les animaba la noche, deseaban verla bailar otra vez; aunque bien sabían que si alguno de los dos se apuntaba con ella, seguro iba a ser de las mamonas que no se dejan agarrar nada de nada. Desfilaban las putas, la cubeta se vaciaba, y en las últimas dos cervezas fue que Hiromi subió a la pista, acompañada de la voz de mariguano del Babo. Jorge, como si tuviera hemorroides, se paró de la mesa, fue con el mesero de la noche y la apartó con una jarra de whisky. También trajeron otra cubeta. Eric se mamaba como becerro y a Jorge le entraba la comezón de cotorrear con esa divina aparición. Cuando el mesero entregó a Hiromi, se la aventó a Eric. Rápidamente Jorge se la quitó de encima, pinche bato celoso. A Eric, luego luego se le acercó otra muy culona, presumiendo su tatuaje recién hecho la semana pasada, una Santa Muerte en la nalga derecha. Basto de un buen centón y se fue a un privado de una rola que le dejó los huevos morados. Al regresó, Jorge y Hiromi se besaban con demasiada pasión. Los interrumpió mencionando que se peinaría con su morra, queriendo hacerse el chistoso. Otra cubeta y otra jarra más por favor, pidió Jorge. Eric nunca supo que fue lo que hablaban Jorge y Hiromi entre tantas miradas y apretones. Cada vez que intentaba entrar en ellos, nada más no podía. No le quedó otra cosa que empinarse una cheve tras otra y aplaudir a las doncellas que desfilaban cada dos canciones. El table se fue vaciando poco a poco. Otra cubeta y otra jarra más por favor, volvió a pedir Jorge. La puta de tatuajes finos se subió nuevamente a bailar, ahora sí se quitó todo; era una pin up por excelencia. Eric lo sabía, su héroe de todos los tiem-


pos, Elvis, el rey del rock and roll, se lo había dicho. Las cerezas que tenía arriba de la cicatriz de la cesárea y la canción de “Echizo de Amor” de Tiger Army la delataban como una MILF que veneraba a Wade Walker “Cry-Baby”. No fue lo suficiente verla de tan cerca. Como quiera se estaba quedando jetón, sólo despertaba para cumplir con la rutina del aplausómetro. De esa manera esperó durante dos horas. El pedo fue que la loca de Hiromi, de estarle restregando su tanque trasero, tallándole la verga por encima del pantalón a Jorge, hasta que hiciera callo, y sobándole la erección con la palma de la mano en forma circular y mordiéndole el bulto con las muelas del juicio. Fue como lo indujo a lo más oscurito, al cuartito con candado y servicio completo. No se sabe cuanto varo soltaron esa noche. Regresando de ese palo, Eric había sido vencido por el sueño, lo cuidaba el mesero de la noche. Jorge lo despertó para finalmente alejarse de las cosas tan enfermas que pensaba y que nunca imaginó cumplir. Hiromi, demasiado peda, balbuceando y arremetiendo contra Jorge. Le exigía otra jarra más de whisky, o mínimo una cerveza; quería otro palo, más dinero y más cotorreo. Eric y Jorge estaban pedos pero no andaban tan pendejos como para terminar vergueados o dejando empeñadas sus identificaciones. La respuesta de Jorge fue «¡ni vergas Hiromi! ya no traigo varo, hazte a la chinga, ay pa’ la otra». Sonó tan rudo que no dudó en aplicarle una especie de calzón chino para despedirse con cariño. Ahí, seguramente, con una expresión de Gargamel enmascarado por un grandioso y legendario luchador, el más rudo de todos, “El Bocazas” Pierroth. Soltó el pinche pierrotazo. Se escuchó re duro, bien doloroso dicen que se vio. «¡Perate cabrona!», le dijo Jorge, sobándose el pechito. Al chile, se lo dejo ir con toda su madre. «¡Pinche pendejo, vete a la chingada!», le dijo Hiromi. La muy ojete se acomodó la tanga y se fue sin despedirse. A Jorge le ardía bien pesado, pero no tenía que ver del todo la clase de pierrotazo bien dado, algo por dentro le ardía muy raro. Al parecer quedó enamorado, se empelotó. Crudo y con lo inolvidable y fugaz del pierrotazo, al otro día buscaba a ese ser endemoniado; un ser que desapareció y ya ningún otro putero volvió a ver. En esa marca quedaron las consecuencias de la mala administración de la quincena y de la intriga de saber si a alguien más, alguna teiblolera le había soltado un pierrotazo.


05

Reflexión de un video acabo de verte tener un orgasmo delicioso en mi pantalla tu cara, mi pito en tu cara tu boca tus dientes, tu lengua, tu boca mi pierna que se te sube y tu cara, tu gesto de placer cuando mi mano entra en tu vagina y tu rostro delata que acelera y acelera hasta que te arrebata y tienes un orgasmo y no sabes como digerirlo y te estremeces y estas al borde del llanto y dices “ay chiquito” entre lágrimas y se te dibuja una sonrisa enorme en tu boca y en tus ojos y tomas mi cara entre tus manos y me abrazas y sonríes y me besas y que hermosa cosalinda


06

SUGERENCIAS

MÚSICA Wild Teen Punk From Peru de Los Saicos 1965 / Perú El punk no nació ni en Londres ni en Nueva York, el punk es peruano. Mientras Los Beatles cantaban sobre estrechar la mano de alguna chica, el mismo año, Los Saicos estaban tronando amplificadores y desgarrándose las cuerdas vocales para ofrecernos esta joyita bien sucia. Guitarrazos estruendosos, tracas primitivas, bajos llenos de adrenalina y vocales desalmadas sobre enterrar gatos y fugarse de Alcatraz componen este brutal y asombroso álbum de la banda proveniente de Lima. Los Saicos son 4 salvajes chicos con un estilo agresivo y 100% visceral, que nos presentan un compilado que te va a dejar con las orejas sangrando pero deseando más. Conformado por grabaciones realizadas durante el periodo de 1964-65, este es un álbum lleno de rebeldía melódica y momentos de frustración psicópata que trasciende en el género por su honestidad y nobleza. “Con un buque de carga, preparando carbón, destrozando paredes, quiero volar!”. Si no te gusta es porque no te has ensuciado lo suficiente.

CINE Buffalo 66 de Vincent Gallo 1998 / EUA Considerado como uno de los “enfants terribles” favoritos de Hollywood, Vincent Gallo nos presenta un film quasi-biográfico psicóticamente cómico. Originario de Buffalo NY, Gallo asume la voz detrás de la frialdad y la trivialidad de vivir en los suburbios norteamericanos y toma el absoluto control de su debut desempeñando ambiciosamente distintos roles en la producción (director, guionista y actor) una de las características que le han conseguido bastantes detractores en la sociedad de críticos. Representándose como solo él podría, Vincent protagoniza a Billy Brown, un renegado que completa la sentencia de un crimen que no cometió y rapta a una joven bailarina haciéndola pasar como su esposa para engañar a sus padres, que parecen estar lejos de ser comprensivos y cálidos; Comportándose como un “verdadero cabrón” surge una relación entre Billy y Layla, dándonos momentos de inocencia ridícula y de tensión neurótica, sin embargo Billy tendrá que luchar contra sí mismo y sus propios demonios. Un soundtrack que fue compuesto casi en su totalidad por Gallo envuelve el resultado. Con excelentes actuaciones de Ben Gazzara y Christina Ricci, iluminación y fotografía que remontan a un lugar abandonado por la modernidad, esta cinta es cien por ciento recomendable, con todo y sus particularidades.


XOLO es un producto de ”El Huesos” y “El Sangre”. Hecho durante Noviembre del 2012. Diseño editorial por Milton Trujillo Pacheco. Foto en portada por Lorena Sequeyro. xolovision.tumblr.com México.

XOLO La Oriunda


XOLO Panfleto independiente.

xolo.vagabundo@gmail.com


La Oriunda #01