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“1984” – George Orwell · George Orwell: Nació en 1903 en la India, con el nombre de Eric Arthur Blair. Su humilde origen le llevó a tener conciencia de la diferencia de clases, por lo que ejerció un periodismo de denuncia contra esta situación. Viaja a España durante la época de la guerra civil, donde cambian sus ideales, deja de creer en el comunismo ya que según él es otra forma más de dictadura. No cree que haya diferencias entre capitalismo, fascismo y estalinismo. Se da cuenta además de que la manipulación propagandística e informativa puede eliminar hechos como si no hubieran existido y es ahí donde empieza a forjar sus ideas sobre 1984. Tras una serie de acontecimientos como la Segunda Guerra Mundial, su trabajo como periodista en la BBC y en el Tribune ligado a la censura, la muerte de su mujer o sus problemas de salud comienza a desencantarse con el mundo y publica su obra maestra, 1984, en 1949. Es también en ese año cuando entra en estado terminal y fallece un año después.

· Resumen: 1984 nos presenta una situación extrema de totalitarismo en la que la vida de los ciudadanos está controlada por un Partido cuyo líder es el llamado Gran Hermano. Este personaje es capaz de vigilar todas sus acciones e incluso sus pensamientos. El protagonista, Winston Smith, sufre una evolución ideológica, dándose cuenta poco a poco de la situación en la que vive y sufriendo consecuencias.

· Personajes: Winston Smith Es el protagonista. Es un hombre de unos 40 años que comienza a preguntarse por la sociedad en la que está viviendo. Su trabajo en el Ministerio de la Verdad modificando el pasado le hace reflexionar acerca de la posibilidad de que todo lo que conoce sea mentira. A lo largo del libro sufre una evolución a medida que va investigando y acaba cayendo en el peor delito para el Partido que es el crimental, lo que le lleva a conocer la verdad y a sufrir las consecuencias. Este personaje representa la humanidad, la esperanza de la permanencia de los valores del ser humano dentro de una sociedad que trata de borrarlos. Por lo tanto, el lector va a tener fe en que consiga cambiar algo en ese mundo y se siente identificado con él. Julia Es una chica joven, aparentemente fiel al Partido, ya que pertenece a muchos grupos afines al Partido y participa activamente en todas las actividades propuestas por este. Sin embargo resulta ser todo una fachada para ocultar su rebeldía contra el poder. Julia podría representar la lujuria, una característica humana totalmente rechazada por el Partido. Esto se demuestra cuando se acerca a Winston y comienzan una relación amorosa a escondidas. 1


O’Brien Es un alto cargo del Partido que, en un principio, parece un traidor que usa su puesto para ir en contra del poder. Es uno de los que instiga a Winston a revelarse e incluso le entrega un libro de ideología contraria al sistema. Finalmente, este personaje no es lo que aparentaba. En realidad ha estado vigilando a Winston durante años y es quien le aplica los castigos por el crimental. Aun así, Winston le considera un amigo desde el principio al fin del libro. Este personaje es el máximo exponente del doblepensar, pues aunque sabe absolutamente toda la verdad sobre el Partido y sobre el pasado, lo obvia.

· Reflexión: Por definición, una distopía es, por contraposición a la «utopía», una obra en la que se describe una sociedad opresiva y cerrada sobre sí misma, generalmente bajo el control de un gobierno autoritario, pero que es presentada a los ciudadanos de a pie como una utopía. 1984 es el ejemplo más célebre de distopía, ya que en el lugar donde transcurre la historia, Oceanía, se da una situación como la descrita, en la que los ciudadanos están sometidos al poder del Gran Hermano y el Partido. La característica que tienen las distopías de presentarse como utopías se ve claramente, por ejemplo, en el nombre de los ministerios que conforman el gobierno del Estado. El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra; el Ministerio de la Verdad, de las mentiras; el Ministerio del Amor, de la tortura y el Ministerio de la Abundancia, del hambre. Un término muy significativo del libro es doblepensar. Esto es la facultad de autoconvencerse de que las realidades que impone el partido son ciertas. Por ejemplo, hay un momento del libro en el que el protagonista, encarcelado, es sometido a interrogatorios y torturas y le muestran una mano con cuatro dedos y le dicen que el Partido dice que hay cinco y le preguntan cuántos ve. Él dice que ve cuatro y es castigado, y aún así, sigue viendo cuatro. En este caso, doblepensar sería autoconvencerse de que hay cinco y verlos realmente. Esto está también relacionado con ver como utópico lo que en realidad no lo es. El mayor de los delitos en esta sociedad es el crimental o crimen mental, que consiste en no aceptar el doblepensar o dudar sobre lo que impone el Partido. Los ciudadanos pueden cometer este crimen incluso inconscientemente, y serán castigados duramente por ello, eliminándolos totalmente del sistema, como si no hubieran existido nunca. Un ejemplo de esto es un vecino de Winston, el señor Parsons, quien conscientemente es fiel al Partido y a sus doctrinas y que sin embargo, en sueños se delata inconscientemente hablando en sueños y es delatado por sus propios hijos. Con esto se muestra además que la ideología del Partido se inculca desde pequeños, y el lavado de cerebro llega a tal extremo que el vínculo familiar queda anulado. El miedo a cometer un crimental es la primera señal de que se está cometiendo. Por lo tanto, para evitar ser descubierto hay que mostrar sumisión al Partido. La primera muestra de esta sumisión se basa en la aceptación de los tres eslóganes del Partido: La guerra es la paz; la esclavitud es la libertad y la ignorancia es la fuerza. Para estar en paz hay que mantenerse en un estado de guerra constante, pues en algún momento Oceanía ganará; para ser libre hay que someterse al partido porque sino mueres y cuanto más ignorante eres menos posibilidades tienes de caer en el crimental. Por lo tanto, todo se reduce a la idea del doblepensar generado en esta distopía que se muestra en el libro.

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Esta se basa en la deshumanización, se trata de eliminar todos los valores del ser humano dejándoles vacíos y automatizados. Todo ello en busca de un poder basado en “el odio, el miedo, la rabia, el triunfo y el autorrebajamiento”. A los ciudadanos de esta sociedad se les prohíbe amar, todo acto afectivo es castigado, por lo tanto, prohibido el amor la única alternativa es el odio; que llevado al extremo es el dolor, que se convierte en la base del sometimiento. Sin embargo, hay personas, como el protagonista, que todavía creen en la humanidad, enfrentándose al poder opresor. Una muestra de ello sería el siguiente fragmento extraído del libro: Después de que le expliquen los principios deshumanizadores del partido y la sociedad que este pretende crear, el protagonista contesta que no lo van a conseguir, lo que da lugar al siguiente diálogo: -

¿Acaso crees en Dios, Winston?

-

No.

-

Entonces, ¿Qué principio es ese que ha de vencernos?

-

No sé. El espíritu del Hombre.

Sin embargo, esta pequeña esperanza que se nos presenta a lo largo de toda la historia se acaba desvaneciendo, pues todos acaban convenciéndose de su condición deshumanizada y rindiéndose al Partido. Otra cuestión importante en el libro es el poder basado en el control del pasado. “Quien controla el presente controla el futuro. Quien controla el pasado controla el presente”. La única manera de mantener una dictadura es mediante la mentira y la manipulación de la realidad. De este modo, el Partido utiliza los medios de comunicación para controlar a la población, suprimiendo los hechos que le son perjudiciales y generando otros nuevos a su gusto y necesidad. Como siempre se actúa según lo que se ha aprendido del pasado, en esta situación en la que la historia se basa en los intereses del Partido, los ciudadanos del presente toman como modelo un pasado construido por este. Por lo tanto, se anula la confianza de los individuos en su memoria debido a la falta de pruebas que sustentes sus recuerdos. El pasado, en continuo movimiento, dará lugar a un futuro inmóvil, construido también por el Partido. De esta forma, el Gran Hermano, lo único que permanece constante, será aquello a lo que los ciudadanos puedan aferrarse siempre. Toda esta manipulación la llevan cabo los propios ciudadanos a través del Ministerio de la Verdad donde trabaja el propio protagonista. En él se modifican todos los documentos que no coincidan con el nuevo presente creado por el Partido y que constituyen una amenaza contra el sistema. Una de las manipulaciones más sorprendentes es el de la lengua. Se crea un nuevo idioma, la neolengua, a través del cual se suprimen realidades contrarias a la ideología del Partido, basándose en la idea de que todo aquello que no se representa no existe. Además, es otra forma

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de suprimir el pasado ya que la lengua tiene mucha historia y pertenece a otra época que se quiere borrar. Al finalizar el libro hay un pasaje que se llama “principios de neolengua” donde se habla de lo citado anteriormente, “una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras”. De esta forma, se limita la capacidad de expresión y de pensamiento, pues solo son capaces de mostrar lo que sienten por medio de unas reglas que son impuestas por el Partido. Por ejemplo, no se puede sentir la oscuridad si en su vocabulario y en su pensamiento solo existe la inluz. Todo esto conduce a la creación de una sociedad que es relatada por Orwell tal y como él pensaba que podía pasar 35-40 años después de escribir 1984. Esto nos lleva a conocer su personalidad y su falta de esperanza en el ser humano, pensando que nos podíamos convertir en lo que escribe en el libro. Es sorprendente que estuviera tan desilusionado en su época como para pensar que iba a suceder todo eso en tan poco tiempo, pues 40 años en historia es un periodo muy corto. Teniendo en cuenta esto, pensamos que la época actual la consideraría como el principio de la distopía que propone en 1984.

· Influencias: 1984 ha tenido una gran influencia y repercusión como se puede ver en el cine, la televisión, las obras literarias y la vida cotidiana. Aunque 1984 sea la mejor y más conocida obra basada en una distopía, otras muchas han escogido este tema como hilo argumental. Por ejemplo, La naranja mecánica, de Anthony Burguess, se trata de una distopía en la que al protagonista, un muchacho excesivamente agresivo se le somete a un tratamiento para erradicar ese comportamiento que consiste en generar más violencia dentro de su ser. Por lo tanto, en el mundo de Burguess la agresividad se inculca en los seres humanos haciéndoles convertirse en monstruos, eliminando muchos valores humanos al igual que se hace en 1984. Un ejemplo más actual sería la trilogía de Los “Juegos del Hambre” de Suzanne Collins. Se muestra una sociedad dominada por un partido liderado por el presidente Snow, quien, al igual que el Gran Hermano, modifica el pasado ayudando también a controlar el presente. Sin embargo, se utiliza una estrategia diferente en la cual, en vez de eliminar el pasado, se toma como ejemplo un fracaso de rebelión anterior para disuadir a la población de volverlo a intentar. Anualmente se celebran los “Juegos del Hambre”, basados en la violencia, la muerte y, sobre todo, en el espectáculo. Sin embargo, el presidente permite la supervivencia en ellos de uno porque al contrario que el Gran Hermano, él considera importante que el pueblo tenga esperanza para que no se desmorone todo. De la misma forma, esta autora, al contrario que Orwell, considera que es relevante que la protagonista luche contra el sistema y tenga algún tipo de resultado. Habría que destacar la influencia que ha tenido en la televisión con los llamados realities, sobre todo Gran Hermano, que tiene ese nombre por esta novela. En estos programas podemos ver prácticamente 24 horas al día la “realidad” de quien sale en ellos a través de cámaras, convirtiendo la vida de varias personas en espectáculo.

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Por último, podemos ver también su influencia en el cine en películas originales como V de Vendetta. En esta película la trama transcurre en torno a la misma sociedad que en 1984 en la que también hay un personaje protagonista, V, que es consciente de la realidad en la que vive e intenta luchar contra ello. Sin embargo, al contrario que en el libro, se convierte en un símbolo para el resto de la población que decide posicionarse en contra del gobierno existente manteniendo viva la esperanza. Además, esta película ha influido en la sociedad actual como icono de rebelión. Además, existen muchas adaptaciones de las novelas citadas anteriormente, al igual que de 1984. (TRAILER) http://www.lecturalia.com/video/trailer-de-1984-basada-en-la-novela-de-george-orwell

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“La civilización del espectáculo” - Mario Vargas Llosa · Introducción: Como se ha demostrado con el paso del tiempo, las sociedades no son estáticas, sino que cambian, ya sea para bien o para mal. Así se refleja en “La civilización del espectáculo” de Mario Vargas Llosa, que ha sido publicado este año. Este libro no es más que un ensayo que expresa una preocupación y una cierta angustia del autor al encontrarse en una cultura distinta a la que él conoció en su niñez, en la que están socialmente aceptados una serie de principios y valores que difieren de los de aquel entonces. Podemos enmarcar la publicación de este libro en una época en la que Kiko Rivera ocupa todas las portadas de las revistas por el simple hecho de haber sido padre, aunque no sería más que un padre cualquiera si no fuese porque es hijo de “La Pantoja”; y en el que “La princesa del pueblo”, Belén Esteban es noticia porque se ha retirado temporalmente de los platós de televisión (como si no lo tuviera que haber hecho antes). Una época en la que cuesta distinguir entre información objetiva y el amarillismo, y donde prima el valor cuantitativo sobre el cualitativo. Esto es a lo que Mario Vargas Llosa llama “Civilización del espectáculo”, donde lo que más importa es entretenerse y divertirse, para así olvidarnos de los verdaderos problemas que nos rodean. Llosa trata en este libro diferentes ámbitos de nuestra vida social, tales como la política, la religión, el cine, la música, el periodismo o el sexo, mostrándonos cómo nos hemos convertido en individuos pasivos que viven resignados con lo que el mundo les ofrece. En resumen, hace una crítica contundente tanto del concepto de cultura, como de todo en lo que ella se inscribe; crítica que nos abre los ojos ante la realidad social en la que vivimos, y de la que no somos conscientes. Esto hace que nos cuestionemos, por ejemplo, si somos capaces de pensar por nosotros mismos alejándonos de las ideas masificadas; es decir, ¿hasta qué punto la sociedad de masas nos absorbe de tal manera que perdamos nuestro individualismo?

· Reflexión: En la sociedad en la que vivimos prima el entretenimiento, y supone un valor esencial para nuestra vida que nos aleja de disciplinas más enriquecedoras, como hacer una lectura diferente a los best-sellers del momento. Como bien dice el autor, a partir de las situaciones dramáticas que viven los individuos, estos necesitan una vía de escape, y que mejor que el entretenimiento vacío de contenido con el que olvidar el sufrimiento. Quizá, este fuese el origen del “chismorreo”, es decir, puede que este “querer saber” sobre la vida (y sobre todo de las partes escandalosas) de los demás, surgiese con el único objetivo de distraer a una sociedad llena de problemas.

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¿Por qué si no sigue “Sálvame” siendo líder de audiencia en su franja horaria si no es porque se alimenta el deseo humano de conocer las intimidades más morbosas de los famosos de pacotilla? Y es que existe una retroalimentación entre este tipo de programas y su público, es decir, no solo alimentan este deseo, sino que se alimentan de él; viven de ello. Esto es el “panem et circenses” trasladado a nuestros días, solo que en lugar de ir al Coliseo romano para ver pelar a dos hombres de los que solo sobrevivirá uno, nos basta con encender el televisor y ver como estos famosillos se destripan entre ellos. Esto nos recuerda al libro que hemos mencionado anteriormente, después adaptado al cine, “Los juegos del hambre”, donde se envía a dos jóvenes de cada distrito, en los que está dividida la región de “Panem”, a luchar a muerte para la diversión de la élite. Este amarillismo se ha extendido a los medios de comunicación convencionales, hasta el punto que se ha hecho un hueco dentro de los periódicos, programas de radio y televisión que podríamos considerar serios. Un ejemplo de la expansión del amarillismo es el programa “Espejo Público”, que comenzó en 1996 emitiendo semanalmente reportajes de actualidad, y que cambió de formato totalmente en el 2006 para convertirse en un magazine contenedor matinal, es decir, pasó a ser un espacio que combina la información “seria” con la actualidad del corazón. Otro ejemplo a nivel global es el caso de los periodistas fotográficos que buscan capturar la mejor instantánea de una desgracia, como ocurrió en el 2008 en Nueva York cuando comenzó la crisis financiera y bursátil, en la que aun nos encontramos, donde los paparazzi se situaban bajo los rascacielos de Wall Street esperando la caída de algún suicida. Hemos llegado a un punto en el que se está perdiendo el límite que separa la libertad de expresión y la propia intimidad de cada persona. Constantemente, nos encontramos con periodistas que hacen entrevistas en las que se interesan por los detalles más escandalosos, olvidándose de la ética profesional. En el libro se cita el ejemplo de Ingrid Betancourt y Clara Rojas, dos mujeres que fueron secuestradas por las FARC durante seis años, que sufrieron el acoso del periodismo “basura” al tener que enfrentarse a preguntas relacionadas con las violaciones que habían sufrido. No tenemos que irnos tan lejos, también ocurre con el periodismo español donde periodistas como Jordi González se dedican a hacer entrevistas sin ningún rigor. Aunque no hasta tal extremo, somos nosotros también cómplices de la publicación de los aspectos más íntimos de nuestra vida privada con el uso masivo de las redes sociales. ¿Hasta qué punto podemos exigir privacidad, si nos vendemos continuamente en internet? Las nuevas tecnologías y la instantaneidad que las caracterizan alimentan la necesidad de novedad en la comunicación periodística actual. Se está convirtiendo en una carrera de fondo donde el que primero consiga la primicia es el que gana. No debemos extrañarnos, puesto que este tipo de periodismo pretende amenizar los contenidos y hacerlos comprensibles a la masa, rebajando el nivel cultural. Es muy común ver telediarios más dinámicos, que sean apetecibles para el público, donde se banaliza la información ofrecida. La cultura ha pasado de estar en manos de una élite a estar al alcance de casi todos, igualando así, los contenidos y dando lugar a una degradación cultural. Es decir, mientras que en el pasado había una separación clara entre la “alta cultura” y la “cultura popular”, ahora tan solo existe una: la cultura de masas. Y es que, como dice Mario Vargas Llosa: “ya nadie es culto si todos 7


creen serlo”. Todo está masificado, desde la literatura hasta la ropa, pasando por el cine y las formas de ocio; todos compramos la misma ropa, leemos los mismos libros, vemos las mismas películas y nos divertidos de la misma forma. Sin embargo, no tiene por qué ser tan perjudicial para la sociedad como se plantea en el libro, pues aunque existen unos cánones comunes, no son iguales en todas las regiones del planeta, ni tenemos que seguirlos obligatoriamente: aún tenemos capacidad de decisión. La masificación tiene una connotación negativa que hace que saquemos conclusiones precipitadas de ciertas publicaciones literarias, musicales o cinematográficas; sin tener en cuenta que el talento no tiene que ser estar ni unido ni contrapuesto al éxito. A nuestro criterio, grupos como “Coldplay” han vendido millones de discos y ello no implica que la calidad de su música sea mala o que hayan cambiado su estilo por exigencias de las discográficas; al igual que películas como “The Artist” que han recibido el Óscar a mejor película merecidamente. Por otra parte, podemos encontrar casos opuestos como los libros de Steig Larsson que, aún vendiendo millones de copias, no podríamos calificarlos de aceptables. De esta saga, se puede añadir que fue adaptada al cine por un director sueco en 2009 y al no tener el éxito esperado, apenas dos años después se volvió a filmar, pero ahora bajo dirección americana y protagonizada por el famoso actor Daniel Craig. Quizás en este caso lo que ocurrió fue que faltaban unos buenos efectos especiales que llamaran la atención del público. Estamos viviendo la pérdida de la esencia del cine que lo ha caracterizado desde sus inicios, predominando la forma sobre el contenido. Esto también ocurre en la literatura, ya que se prefieren libros dinámicos, cargados de diálogos, en lugar de libros más descriptivos. Por ejemplo, uno de los best-sellers que triunfan entre “las maduritas”: la trilogía de “Cincuenta Sombras de Grey”, cuyo argumento se basa en la explicitación del sexo. Como diría el autor en este aspecto: “La desaparición de los prejuicios, algo liberador, en efecto, no puede significar la abolición de los rituales, el misterio, las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se civilizó y humanizó”. Esta frase refleja muy bien cómo la liberación sexual que se vivió en nuestro país a partir de la época del destape ha hecho que sea común publicar y leer libros de esta categoría, sin ningún tipo de prejuicios hacia los lectores. En nuestra opinión, en este libro se ha perdido la “magia” de la que habla Vargas Llosa, pues la excesiva descripción del acto sexual de sus protagonistas no da lugar a la imaginación e, incluso, resulta incómoda su lectura por el lenguaje soez empleado. Aunque es cierto que en algunos aspectos de la vida se ha perdido ese pudor hacia el sexo, no significa que en nuestro día a día hayamos banalizado el acto sexual, convirtiéndonos en animales guiados exclusivamente por el instinto. Nos ha llamado la atención la reacción del autor ante el caso de los talleres de masturbación ofrecidos por la Junta de Extremadura en un instituto para alumnos de 14 años, pues resulta bastante exagerada. No es verdad que con este tipo de charlas se pretenda enseñar a las personas cómo masturbarse, sino que se intenta eliminar tabúes arraigados en nuestra sociedad y son positivas para los adolescentes. No consideramos que se esté perdiendo el erotismo ni la intimidad sexual de cada uno pese a la libertad que podemos disfrutar para hablar de ello. Las expresiones artísticas con motivos sexuales han existido desde siempre, no hay más que ver cómo en las civilizaciones romanas y griegas se exhibían estatuas en las que se mostraba la cópula tanto entre personas como entre personas y animales; y donde se explicitaba la localización de las casas de prostitutas. Estas 8


civilizaciones se han caracterizado, precisamente, por su buena organización social: no olvidemos que son el seno de la democracia. Este erotismo fue capado, literalmente, por la Iglesia Católica y la Santa Inquisición, que poco a poco fueron convirtiendo al sexo en un elemento prohibido y ocultado de cara a la sociedad. Aunque la Iglesia ha perdido el poder de sumisión hacia el pueblo, nuestra base social sigue sustentada por los principios cristianos. También hay que decir que, aunque la religión forme parte de la cultura, el Estado debe ser laico y fomentar el respeto entre las diferentes religiones practicadas dentro de un mismo país, pero esto es una utopía. Ante la Constitución somos un Estado laico, pero en la práctica la Iglesia aún goza de ciertos privilegios de los que no disponen otras religiones. Estamos de acuerdo con Vargas Llosa en que los valores que transmite la religión son importantes para la formación moral de cada persona, aunque no es la única fuente de difusión de estos. Es exagerado creer que “si desapareciese este antídoto, la vida se iría tornando poco a poco un aquelarre de salvajismo, prepotencia y exceso”. El ser humano, por su naturaleza, tiende a organizarse socialmente; por ello, no nos vamos a volver salvajes simplemente por no tener ese “antídoto” que es la religión, siempre y cuando no nos veamos obligados a luchar por nuestra supervivencia. Somos seres políticos, así lo demuestra el nacimiento de la democracia, como hemos dicho anteriormente. Hay que matizar que, en la actualidad, en los países democráticos se está dejando de creer en la política y en sus componentes. Para la mayoría de los ciudadanos la política es un “nido de corrupción”, ya que eso es lo que se les muestra cotidianamente en los medios de comunicación; pero eso no tiene por qué ser la única razón por la cual nos mostramos pasivos ante ella, pues la cultura que nos rodea no nos incita a participar en la vida política. Quizá, otra posible razón es que no consideramos el “derecho” a votar o a involucrarnos en temas políticos como tal, es decir, no valoramos ese derecho que, por suerte o por desgracia, no hemos tenido siempre. Según Mario Vargas Llosa, los bajos salarios son un incentivo para la corrupción, ya que los intelectuales o las personas mejor preparadas prefieren puestos de trabajo donde los sueldos son más elevados, como las empresas privadas. Sin embargo, un delito como este nunca puede ser justificado. En España, sin ir más lejos, los políticos tienen un sueldo bastante aceptable, por lo que no necesitan llegar hasta el punto de robar el dinero de los contribuyentes. Por todo esto, nos preguntamos: ¿Cómo vamos a confiar en la política si escuchamos a personalidades como Zapatero decir frases del tipo: “nos interesa que haya tensión”? Para concluir, resulta irónico que Mario Vargas Llosa critique la cultura de masas, cuando su propio ensayo es, en sí mismo, un producto destinado a un público masivo, masticado para su fácil entendimiento. Dicha cultura tiene un carácter efímero y pasajero, que implica que lo que hoy tiene éxito, mañana pase a la historia. “Con una irresponsabilidad tan grande como nuestra irreprimible vocación por el juego y la diversión, hemos hecho de la cultura uno de esos vistosos pero frágiles castillos construidos sobre la arena que se deshacen al primer golpe de viento”.

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1984 (George Orwell, 1949) y La civilización del espectáculo (Mario Vargas LLosa, 2012)