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en los próximos tres años6, lo cual le obliga a hacer énfasis en la mejora de la productividad. Esto quiere decir que en nuestro país, aparte de la crisis económica, se produjo la decisión política de bajar el presupuesto para sanidad. Y se hizo de forma unánime por parte de todas las comunidades autónomas, ya que ellas son las responsables de los presupuestos de los Servicios Regionales de Salud. Es de suponer que esta decisión se toma bajo la presunción, posiblemente acertada, de que hay un gran campo para ahorrar en el sector sanitario mejorando la eficiencia, si bien se da en un contexto en que Sanidad acumula una deuda muy notable que se estima en torno a 15.000 millones de euros, siendo en este caso Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana las comunidades de mayor deuda, según los datos publicados por el Grupo de Trabajo de Análisis del Gasto Sanitario Público. Todo esto se produce en el marco de una cierta prepotencia histórica de Sanidad frente a las autoridades económicas, con un cierto abuso del carácter de “bien preferente” de Sanidad. Siempre Sanidad mostró una cierta desconsideración hacia el presupuesto, que no era ni mucho menos un referente de gestión. Eran habituales las desviaciones reconocidas o las facturas en el cajón. Todo estaba justificado ante la necesidad de salvar vidas humanas. Lo anterior, unido al gran peso de la sanidad en las finanzas autonómicas, entre el 30 y el 40% de los presupuestos de las comunidades autónomas, ha llevado a las Consejerías de Hacienda a mantener un cierto recelo y una cierta impotencia frente al control del gasto sanitario. Digamos que Sanidad se ha preocupado más por saltarse la lógica del gasto público que por explicar a las autoridades económicas la naturaleza y complejidades del gasto sanitario.

The Economist, 13 de enero de 2011

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6 The

Economist, 13 de enero de 2011.

12      Diez Temas Candentes de la Sanidad Española para 2011

En estas circunstancias, enfrentada a la necesidad de reducir el gasto y de hacerlo a corto plazo, Sanidad lo tiene muy difícil. Hay muchas razones que explican esta dificultad: en primer lugar, el sector sanitario público no está acostumbrado a hacer esos esfuerzos de gestión; en segundo lugar, los impulsores de crecimiento del gasto sanitario siguen siendo muy activos, particularmente, el aumento de la demanda y las nuevas tecnologías médicas; en tercer lugar, un cierto doble lenguaje de los políticos, que por una parte prometen todas las prestaciones, mientras que por otra recortan el presupuesto; también, problemas de diseño institucional del Sistema Nacional de Salud, del que el gasto farmacéutico es sólo un ejemplo; y, por último, un sistema de gestión por naturaleza muy descentralizado y con gran autonomía de los profesionales, que tienen capacidad sobre muchas decisiones de gasto. Puesto que el catálogo de prestaciones no se modifica, los ahorros de los que estamos hablando son costes que se podrían haber evitado sin un impacto negativo en la calidad. Hay amplias áreas tanto en el ámbito operacional como en el clínico donde es posible identificar y evitar el despilfarro. En el área operacional, temas como logística, revisión de procesos, sinergias entre hospitales, régimen laboral y productividad del personal, absentismo,… son áreas sobre las que se puede actuar. También sobre el área clínica: variabilidad en la práctica clínica, repetición de pruebas, errores médicos, infecciones hospitalarias, insuficiente orientación a crónicos,… Muy difícil, pero el sector sanitario tiene que intentarlo y tiene que estar en condiciones, en su caso, de explicar las dificultades de abordarlo. Sanidad tiene que presentar su caso a las autoridades económicas. La solución no es salirse permanentemente de la lógica de las cuentas públicas.

Diez Temas Candentes de la Sanidad Española para 2011  

Aflorar la deuda real de nuestro sistema sanitario e instrumentar medidas para su saneamiento es uno de los grandes desafíos a los que se en...

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