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TEXTOS TEMÁTICOS SOBRE EL MUNDO DE LA TRADUCCIÓN, EL LENGUAJE Y LAS LENGUAS PARA EL BLOG DE UNA AGENCIA DE TRADUCCIÓN

TEXTOS, CONCEPCIÓN DE LA IDEA Y MONTAJE FOTOGRÁFICO PROPIOS


REDUCIR COSTES Y MEJORAR LA CALIDAD, ¿ES POSIBLE? Cualquier persona medianamente sensata diría que no se puede hacer más barata una cosa al mismo tiempo que se aumenta su calidad. Esta persona, seguramente, no pertenece al sector de la traducción. Las memorias de traducción permiten el almacenamiento de unidades lingüísticas, sean palabras sueltas, segmentos más complejos o, incluso, frases y párrafos, en diferentes idiomas. De esta forma, se crea una valiosa base de datos que conecta la traducción entre pares de lenguas, con la cual podemos ahorrar tiempo a la hora de realizar traducciones para el mismo cliente, o bien para un campo temático similar. El funcionamiento es bien simple: abrimos el texto que se debe traducir, lo conectamos a la memoria de traducción de los dos idiomas correspondientes y el programa en cuestión nos ofrece las traducciones almacenadas que, total o parcialmente, coinciden con trozos del nuevo texto. Los beneficios de estas aplicaciones son claros: por una parte, ahorramos tiempo en teclear el texto y en buscar la terminología que corresponde a cada palabra; por otra, garantizamos que siempre que en el texto original aparezca la misma expresión, en el idioma al que traducimos emplearemos también la misma forma, cosa que dará homogeneidad y coherencia al texto. Las memorias de traducción multiplican su valor si tenemos en cuenta que también nos aseguran que traduciremos del mismo modo los textos presentes en los diferentes soportes en que nos comunicamos. Como vemos, ganamos calidad por medio de un recurso tecnológico que, de rebote, nos agiliza el trabajo. Manual

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LA TRADUCCIÓN Y LAS EXPORTACIONES Imagine el caso de una empresa puntera en su territorio que aspira a conquistar los mercados internacionales. Ha puesto todo su empeño en distribuir eficazmente, organizar transportes rápidos y fiables, contratar a excelentes representantes en el extranjero…, pero el negocio no prospera. ¿Qué ha podido pasar? Muchas veces sucede que las empresas planifican sus exportaciones hasta el… penúltimo detalle: lo hacen casi todo bien, pero se olvidan de asegurar una excelente calidad en las traducciones. Las características del producto, las instrucciones de un aparato, las condiciones de una garantía o la información de contacto son aspectos que forman parte del producto o servicio. Por ello, cualquier error de traducción en la documentación que lo acompaña puede acabar con una brillantísima estrategia de marketing. Nuestro producto puede llegar fácilmente a los cinco continentes, pero si al tomar tierra el propio envoltorio contiene una traducción ridícula, el esfuerzo no habrá valido la pena. Con una cuidada programación el producto puede salir a la misma hora en veinte países a la vez, pero si nadie entiende de qué va, tendremos veinte países desaprovechados. Podemos contar con excelentes comerciales en el punto de venta, pero si explican una cosa y el folleto cuenta otra, estaremos perdiendo el tiempo. Así, en estos tiempos de constantes adelantos en los transportes y en las comunicaciones, ¡qué pequeño se ha vuelto el mundo, y qué grande, a la vez, la responsabilidad de saber llegar a los clientes potenciales que tenemos repartidos por todo el planeta! Y ¿qué puede ser más importante que comunicarnos correctamente con ellos en su propia lengua?


GADGET ¿Qué relación pueden tener la Estatua de la Libertad, las cerraduras francesas y la ignorancia de los marineros? Aunque cueste creerlo, la respuesta es que todas estas cosas se han asociado al origen de la palabra “gadget”. Está popularmente extendido que el término proviene de la empresa Gaget, Gauthier & Cia, encargada de la fundición de la Estatua de la Libertad, que para anunciar su inauguración, en 1884-85 empezó a vender réplicas a pequeña escala de la famosa dama. ¿Pero qué es exactamente un “gadget”? Son esos pequeños inventos que parecen salidos de mentes ingeniosas, tan útiles como curiosos, como relojes calculadora, llaveros linterna, navajas multiusos y, cómo no, multitud de dispositivos electrónicos portátiles. Cuando pensamos en un “gadget”, rápidamente nos vienen a la cabeza los sorprendentes artilugios con que se desenvuelven James Bond o el simpático personaje de cómic Inspector Gadget. Hoy en día, también decimos “gadget” cuando hablamos de miniaplicaciones propias del mundo de la informática e Internet (agenda, conversor de monedas, herramientas de traducción…). Para el Oxford English Dictionary la palabra “gadget” se remonta a la década de 1850, como evolución de la palabra francesa gâchette, un mecanismo de cerradura, o de gagée, herramienta. En todo caso, “gadget” aparece impreso por primera vez en 1886 en Spunyarn and Spindrift, un libro de Robert Brown en el que unos marineros emplean esta palabra para referirse a un objeto cuyo nombre han olvidado. En fin, la palabra “gadget” nos sirve como un práctico comodín cuando queremos identificar objetos cuyo nombre no recordamos. De hecho, también vale para cosas cuyo nombre nunca hemos sabido, o aún más, que tal vez nunca ha existido. Y podemos ir más allá, pues también recurrimos a esta muletilla para denominar cosas que, aunque intuimos de alguna utilidad, no sabemos exactamente qué son.


WIDGET Trekking, hockey, curling, bobsleigh, cricket, crocket… ¿Será “widget” un deporte más, de estos raros que nos divierte ver de vez en cuando en canales de televisión por satélite? Pues no. Por “widget” entendemos la versión informática, virtual, de los “gadgets”, si bien a menudo estos se usan como una categoría global que engloba a los primeros. Aunque el origen de la palabra “gadget” no está del todo claro, sí que está más aceptado que ha contribuido a crear el término “widget”, que sería un creativo compuesto de “window” y “gadget”. El significado abstracto y difuso de “gadget” se mantiene en “widget”. En el mundo de la informática y de Internet se emplea para referirse a un sinfín indeterminado de pequeños programas gratuitos, tan prácticos como fáciles de desarrollar, que permiten un acceso inmediato y muy visual a funciones que el usuario utiliza con mucha frecuencia. Incluyen, pues, llamativos relojes virtuales, calculadoras, ventanas con información meteorológica y todo aquello que la imaginación pueda sacarse de la chistera. Quizá llegará el día en que, inmersos en la cultura de que en las TIC es posible todo lo que anhelamos y que puede iluminarnos la existencia, acostaremos a nuestros hijos con un cálido susurro de “Felices widgets…”.

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