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En esta edición: Narrativa • Princesa Hernández / Poesía • Jorge Zárate Canela


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La chica Tutti Bond Princesa Hernández

Visor 89

oy fue un día cansado. Fui quien me convenía ser. Miércoles 5 de marzo, el reloj despertador suena con la canción “Clandestino” de Manu Chao, las 6:30 de la mañana, mi cabeza parecía explotar, sólo habían transcurrido 4 horas de sueño, lo último que recordaba era la casa de Luis, la botella de vino que entre él Laura y yo nos tomamos y las risas a veces falsas, a veces ciertas. Todo quedó atrás y llegó el miércoles, hacía tiempo que no me levantaba tan temprano así que aproveché para poner la canción 6 del cd 2 del magnífico álbum “Tiempo de las cerezas”, disfruté la canción, los primeros sonidos del día; me sentí melancólica e inmediatamente después me planché el cabello, me maquillé, me puse mi hermoso pantalón blanco con brillitos en las bolsas, mi blusa blanca de tirantes, mis tacones y un poco de gloss en los labios, parada frente al espejo sentí que ya era suficiente y que no podía hacer nada más por mí, era la más linda de mi habitación y por lo tanto del mundo. Me perdí en el camino, no supe exactamente a qué dirección llegar y ya iba retrasada 15 minutos, la cita era a las 9:00 a.m y por más que apresuraba mi paso, los estúpidos tacones no me dejaban ir más rápido, de pronto vi a lo lejos una carpa enorme y un anuncio de muchos colores que decía “Expo dulces Susy”, por fin había llegado. Entré a la expo y busqué mi stand, era el 16 y se trataba de dulces de una marca que jamás había escuchado en mi vida llamada Tuttibond. Estaba un anciano desdentado de ojos verdes a quien le pregunté si era el Licenciado Quiroga, con un gruñido me contestó y dijo: —Llegas media hora tarde —y un bla bla bla que no quise escuchar, le eché la culpa al tráfico y de pronto ya tenía una banda y una charolita con dulces para promocionar. Me paré frente al stand y rápidamente me di cuenta de que el panorama pintaba aburridísimo, no había gente, un mal animador, mala música y caras largas por todos lados. El anciano me miró durante largo rato, después se acercó y me dijo ¿No iban a enviar a una rubia? No lo sé, contesté sintiendo el bochorno de mi melena negra y abundante. Mi diálogo con las personas era sencillo: “¿Gusta probar la nueva y deliciosa Chocopita?” me sentía estúpida y hueca pero pese a todo, la gente se detenía y algunos (muy pocos compraban la asquerosa chocopita).

Yo era rígido y frío, yo estaba tendido sobre un precipicio; yo era un puente. En un extremo estaban las puntas de los pies; al otro, las manos, aferradas; en el cieno quebradizo clavé los dientes, afirmándome. Los faldones de mi chaqueta flameaban a mis costados. En la profundidad rumoreaba el helado arroyo de las truchas. Ningún turista se animaba hasta estas alturas intransitables, el puente no figuraba aún en ningún mapa. Así yo yacía y esperaba; debía esperar. Todo puente que se haya construido alguna vez, puede dejar de ser puente sin derrumbarse. Franz Kafka

Unas rubias con minifalda se daban vueltas para divertir a los caballeros, más que una inocente expo de dulces me sentí en un prostíbulo y pensar en la analogía me divirtió. Veía a las demás edecanes comiéndose los dulces, la de Ferrero no disimulaba y metía a su bolsa todos los chocolates que podía, mientras que la de M&M deshacía las lunetas en su boca no en su mano jajajajaja. Apenas habían transcurrido 3 horas y yo sentía que no podría aguantar más los tacones, pero justo cuando pensaba en irme aunque no me pagaran, llegó la botarga de paleta payaso, a través de la rejilla por donde le entraba aire, pude ver una cara morena llena de sudor, me preguntó si era yo la misma que había estado en la expo de HSBC, le contesté que sí y me dijo que él ahí también había sido botarga pero que representaba a una tarjeta de débito, lo cual me hizo burlarme de él inevitablemente y así empezó mi romance con la botarga, pronto empezamos a bailar y cuando fue la carrera de botargas él ganó y me dedicó su triunfo (me sentí honrada). Después de la hora de la comida la botarga de paleta payaso y mi única diversión ya no estaba y una vez más tuve que aguantar al anciano avaro que me decía insistentemente, no regales demasiadas chocopitas porque me voy a la ruina. Pronto la tarde cedió al tiempo, un par de mensajes y Él nunca llamó. Salí de la expo, me puse mis tenis, prendí un cigarro y el polvo que alzaba un ventarrón me envolvió. Tenía ganas de llorar, de gritarle al cielo, de abofetearme por querer huir de mis abismos con sonrisas falsas y pagadas, jugar a ser la guapa cuando por dentro estaba destrozada. Como tregua comenzó a sonar en mi mente una tonadita ¿dónde estás?, ¿cuándo vas a despertar del sueño de tu libertad? Sí, me imaginaba en ese cuarto blanco a Jaime Urrutia, Bunbury, Calamaro y Loquillo cantándome, sonriéndome convidándome de un poco de paz. Me dejé llevar por mi fantasía roquera y fue así como llegué a mi casa y empecé a escribir estas líneas.

Obra gráfica Portada: Turista extraviado de Ángel Torres Página 2: Sueño velado de Miguel Andrade Rivera Contra: Al otro lado de la calle de Ángel Torres


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Poema

Vedlo ahora de codos y de bruces en el césped, mirada cejijunta, indagar indiscreto a todas luces, sosteniendo en las palmas su pregunta… Gabriel Zaid

Jorge Zárate Canela

Mis labios de arena c a e n sobre tu frente Partículas que no dicen más ni tiempo ni espacio ¿Acaso nos arrastra al ocaso? ¿Ocaso nos arrastra al acaso? Un grito del instante nos llama una ternura errante un recuerdo suspendido I Pasaron las páginas de la calle. El camino se abría en dos hojas. La del regreso, la del comienzo. Entre un vaho de gente avanzaba; un repertorio de rostros negados al habla, una multitud de voces negadas al rostro. Mis pasos eran dos velas que goteaban sobre la acera. Mis pasos eran dos velas que goteaban sobre la cera. ¿A dónde? En una esquina el sol mostro su sombra

En la otra el viento se detuvo

Comienzo

Regreso

Apareció tu nombre

Apareció tu cuerpo

Pasaron las páginas de la calle.

Visita la versión web de Cámara en www.ciudadcultura.com Director General: Gabriel Sánchez Andraca

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Cámara es un suplemento quincenal del Diario Cambio editado en la ciudad de Puebla, México. El contenido de los textos es responsabilidad de sus autores.


IV Jorge Zárate Canela

Allá del otro lado el polvo encarna en hombres que pasan. Se confunden las presencias con la niebla. Se confunden los rumores con el eco. En una masa de olvido e indiferencia todo se funde y Allá del otro lado cae todos los días el cristal del destino.

se confunde

El trayecto se fragmenta en invenciones del momento. el trayecto nos muestra las s p r c o e e a a i n s del sentido. Donde se dibuja y borra la geometría del encuentro. Allá del otro lado está

la calle.


Cámara 89  

Suplemento de letras e imágenes

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