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En esta edición: Narrativa • Harald Rumpler / Poesía • Andrés Cisneros de la Cruz / Gráfica • Daniel Chastinet


2

Combatiendo al ciempiés

El profanador • Harald Rumpler

Visor 88

V

er el cielo chapopote, y el embate de la angustia vértigo al sentir a la Tierra colgada en medio de la nada y más si se está a la mitad de una desconocida calle oscura con mi sombra cataplásmica como única compañía y un vaso con ron y coca y no traigo encendedor para prender el último cigarro y el bulto de todo lo que me bebí en la fiesta comienza a hacerse más pesado y mis amigos que se han ido y sólo cincuenta pesos en la cartera y los árboles como patas de pollo y las casas como sapos narcotizados. Avanzar como sonámbulo hasta que pasa un taxi conducido por un hombre calabaza y le hago la parada y el taxi sigue de frente hasta ser devorado por la noche y de pronto esa sensación de alerta, ese hormigueo de todo el alcohol ingerido clamando ser liberado y el recuerdo de desagradables experiencias con la policía me aconseja que me aguante y que siga de frente y guiado por el demiurgo de mi intuición doblo esquinas y salgo a deformes calles gemelas y el hormigueo sigue en aumento hasta que ya no puedo más y en una caseta de cemento adosada a la pared veo el refugio perfecto y bajo el cierre de mi pantalón y cerrando los ojos cuasi en éxtasis descargo el líquido áureo que sale en chisguete como la sangre de un cerdo recién degollado. El fluir del tiempo con el de mi orina y de pronto unos gritoinsultos a mi espalda y es cuando me doy cuenta que estoy orinando en una capilla y la virgen de Guadalupe bañada en oro líquido y los gritos son lanzados por tres hombrecillos que con furia de King Kong empanochado corren hacia mí. Así que pongo en fuga mi oxidada humanidad y mientras corro a lo largo de la calle los hombrecillos me lanzan piedras y botellas y una me alcanza a dar en la espalda y sigo corriendo y los hombrecillos acortando cada vez más la distancia que me separa de ellos. Y las piernas ya no me responden y mis sienes atenazando mi cerebro y el corazón como pistón epiléptico. Doblo una esquina y me topo con un zaguán

abierto de par en par que vomita Cumbia Poder de Celso Piña. En el patio un enjambre de cabezas alumbradas por focos rojos se agita al son de la rola y me meto en medio del tumulto quitándome la chamarra para no ser reconocido y arrojándola entre el mar de piernas. Mis perseguidores entran bufando y preguntan a los invitados, y los invitados ya no están en condiciones y sólo manotean y balbucean y siguen bailando. Me escabullo entre la gente hasta llegar al fondo del patio y entro en la primera puerta que encuentro abierta. Me recibe una anémica sala muebles rojo burdel cubiertos con fundas de plástico. Varias imágenes de la virgen y de santos colgadas de la pared. Escucho al fondo de un pasillo la melodía de Bonanza, aquella serie gringa de vaqueros. Guiado por la musiquita western recorro el pasillo hasta llegar a la puerta entreabierta de donde sale la canción. Me asomo discretamente. En una habitación inundada de videocasetes —en columnas o regados por el suelo— una anciana de lentes oscuros y holgada sudadera negra de U2 devora unos roles de canela en su silla de ruedas mientras ve la serie de Bonanza en un televisor a blanco y negro. En el suelo una videograbadora despide una luz azul. La anciana detecta mi presencia y voltea. —¿Rodolfo? —No, soy amigo suyo. —Ese Rodolfo nunca viene a saludar a la abuela. —No se preocupe, al rato vendrá. —No creo, a qué joven le gusta la presencia de una vieja. —Mire, estoy un poco cansado de la fiesta, yo le puedo hacer compañía. —Faltaba más, joven, siéntese ahí en ese sillón. —Gracias, abuela. —¿No quiere roles de canela? Están muy sabrosos, yo misma los hago. —Claro, abuela. Gracias. —¿Le gusta Bonanza?

Los mediodías solía ir a bucear a una escollera del puerto en donde aún era posible ver pulpos. Cuando los pulpos me veían se alejaban y yo los seguía, sin tocarlos, durante un buen trecho. Por las noches, después de contar las ganancias y las pérdidas del día, y anotarlas en un cuaderno muy grueso, me ponía a escribir, tirado en el suelo (no tenía mesa) y a veces pensaba en el ojo del pulpo que había visto ese mediodía y todo me parecía magnífico. Roberto Bolaño

Obra gráfica Ilustraciones de Daniel Chastinet (Fortaleza, Ceará, Brasil ) http://chastinet. carbonmade.com/ Advogato


• Andrés Cisneros de la Cruz

3

Hands Full Of Joy

(poema libre)

Clítoris púrpura

Si por ella fuera el mundo tendría más de cuatro puntos cardinales Por no ahorcar al más pequeño de los tres se esfuerza y prefiere cortarle la cabeza a una papa la mira desangrarse sobre la tabla de picar

Se sacude el tedio y abre los ojos deslumbrados ante la luz estrobo palpitándole en las sienes el estruendo de los hambrientos de muerte le agita el pulso

mira de reojo las botas hevy metal que compró hace cuatro años

Golpea con las piernas en el tambor del suelo y azota los puños contra la gravedad que la aplasta

Hierve el agua en su cerebro y el vapor le suda la cara

Toma vuelo deja que el impulso le aligere las piernas y toda la fuerza del cuerpo se le agolpe en el cuello

Se desnuda y se pone el corsé metálico golpea en la marca de su puño incrustado en la pared

Penetra las ligas pesadas del ring

Desamarra las lombrices rojas que le forman el cabello las menea, les deja roer el aire El cuero de las muñecas el tatuaje del ogro enfermo y la ira entera del mundo se funden en una mueca pintada de infierno

gira sobre la lona retumba es la hora de sentir el calor del rojo entre los dedos y olvidarse del tedio que le petrifica la rabia

Visita la versión web de Cámara en www.ciudadcultura.com

Big veGan crossing the city

Director General: Gabriel Sánchez Andraca

Director Editorial: Arturo Rueda

Coordinador Editorial: Miguel Ángel Andrade

Manejo Gráfico: Óscar Cote Pérez

Contacto: wezo_m@yahoo.com Consejo Editorial: Leopoldo García Castellanos, Araceli Lanche, Miguel Maldonado, Alejandro Meneses†, Beatriz Meyer, Efigenio Morales, Enrique de Jesús Pimentel, Gerardo Horacio Porcayo, Gabriela Puente, Marco Antonio Puente, Miguel Ángel Rodríguez, Harald Rumpler, Gerardo Arturo Zepeda.

Cámara es un suplemento quincenal del Diario Cambio editado en la ciudad de Puebla, México. El contenido de los textos es responsabilidad de sus autores.


Poema errático • Andrés Cisneros de la Cruz

Qué molesto es descubrir que estás equivocado Con el vaho de los cristales los dedos en los vidrios se hacen visibles —las huellas de los que abrieron las puertas y cerraron las ventanas El viento entró en la habitación y se llevó la muerte que en la noche desprendieron nuestros cuerpos El viento entró y llenó de un olor a vacío de nuevo la casa La música alza mis pies sobre la duela me alza manos, la mirada me alza hasta el plafón cubierto de telarañas Equilibrista sobre las blancas sedas resbalo doblado en la mitad para no desangrarme las voces dentro ya me habían dicho que no condujera en monociclo que no dejara que el vacío debajo de mis piernas me absorbiera pero seguí la voz ajena la externa voz que me dijo Está bien parece que todo está bien Y yo metros abajo cayendo no quiero reconocer que me he equivocado


Cámara 88