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UN SEGUNDO DE VIDA

Patricio Rivera Millapan

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CUENTO PRIMERO 19 SEPTIEMBRE 1973 San Miguel, 19 de Septiembre de 1973, alrededor de las 22 horas, el toque de queda comienza a ésa hora, estoy en mi casa, en el salon, con Pedro el « Copelio », tomandonos una taza de café. La noche está fresca y en dos días más entraremos en primavera, estamos con los oidos y los ojos pegados a la radio y a la televisión. ¡Wagner !... ¿Una emisión sobre Hitler ?... imágenes de las proezas militares y de guerra… por lo tanto… nunca Chile tuvo una guerra… al menos en éste siglo y la última pasó al final del siglo XIX… «¡ La única guerra que existe como ellos dicen (los putchistas) : es contra los marxistas-leninistas !» ¿Escondites de armas ? « Extremistas » capturados con las armas en la mano. Interrupción de los programas. Flash especial : Uno, dos, tres…cuatro Generales victoriosos nos hacen el « honor » de dictarnos nuevas leyes que borran completamente la Constitución chilena, por lo tanto una de las constituciones más justas de la tierra. Cambiamos de frecuencia y empezamos a escuchar las radios de los paises vecinos e incluso más lejanos ; Radio Moscú o Radio France Internacional, todas 2


captadas por las ondas cortas… Hay un llamado a la solidaridad por el pueblo chileno… ¡No estamos solos ! Una lista de nombres de detenidos, nombres de personalidades del Gobierno de Allende, Jefes de Partidos… Las informaciones son alarmantes : miles de muertos, cadáveres flotando en el río Mapocho que atravieza la Capital y que quedaron anónimos durante años. Radio Berlín : «¡ Los muertos, los prisioneros y los combatientes son todos comunistas ! ». El Copelio y yo no somos comunistas y estamos en la lucha, ahora estamos escondidos, la puerta con cerrojo, nosotros también somos combatientes… Y es verdad… fué una resistencia débil… que duró : un sólo día, el 11 de septiembre, llevada a cabo por voluntaristas arriesgando la vida para defender a su Presidente : Salvador Allende… Allende fué el primer mártir de ése fatídico 11 de septiembre de 1973. Obreros, empleados, estudiantes, intelectuales, campesinos, cuadros dirigentes, todos unidos para defender a Allende y la Constitución, muchos de ellos sin saber utilizar un arma. Una guerrilla urbana habría sido como un juego de tiro en una feria de entretenciones para los militares entrenados por los EE.UU. y la C.I.A, los amos de América Latina y hoy día del mundo.

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¿Qué hacer frente a una máquina de guerra ?... Y más encima… nuestras divisiones y diferencias al interior de la Unidad Popular. Empecemos por el Partido Socialista… varias fracciones : social-demócratas, reformistas, trotskistas, maoistas, pro-comunistas, dobles militantes, socialistas-miristas, elenos (Ejército de Liberación Nacional), su mártir fué Elmo Catalán, que combatió junto al Ché Guevara. El Partido Comunista desde el primer día pide a sus militantes de « no combatir » y realizar un repliegue táctico. Los otros partidos, casi todos son sorprendidos sin tener ninguna consigna de combatir o resistir, la Izquierda Cristiana, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), el MOC (Mapu Obrero Campesino), el Partido Radical, el API (Acción Popular Independiente), todos ellos, no pueden hacer ninguna cosa. En el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), acostumbrados a la clandestinidad y varios de sus militantes están preparados para reorganizar la resistencia. Sólo algunos focos de resistencia espontáneas del pueblo de izquierda en la zona sur de Santiago, en los cordones industriales, combates en los barrios pobres, los obreros del sector metalúrgico (Indumet), téxtil (Sumar) de la alimentación (conserveras), linea blanca (Mademsa) o del cobre (Madeco y Cobre Cerrillos), en las Universidades Técnica y de Chile y sobre todo en La 4


Moneda y en los alrededores de ella, en el Ministerio de Obras Públicas, todo éso duró hasta la muerte de Salvador Allende y el bombardeo a La Moneda. Mueren periodistas, guardias personales de Allende, defensores de la democracia, de la libertad y de la Constitución y muchos combatientes anónimoso caen bajo las balas de los militares o son hechos prisioneros. La noche del 18 de septiembre, escuchamos una explosión que hizo temblar la casita de madera, los vidrios de una de las ventanas voló en mil pedazos… la estatua del Ché Guevara que fué también asesinada… Salí sigilosamente de mi casa, salté el muro que se encuentra detrás de la Parroquia de San Miguel, fué allí que encontré los restos de la estatua del Ché. Que ironía : San Miguel Arcangel que ensarta a Lucifer con una lanza fué chocada por la cabeza de bronce del Ché… y las dos cabezas se encuentran cara a cara en el suelo… y al momento de agacharme para tomar la cabeza del Ché escuché el ruido de un motor… y para no ser sorprendido con la cabeza en mis manos, más encima durante el toque de queda, la lancé como si fuera una pelota de basquetball … y con mi nerviosismo, quise tirarla en dirección de los arbustos que se encontraban al lado de la estatua decapitada de San Miguel… en mi atolondramiento, no medí mi fuerza y la cabeza del Ché aterrizó directamente en el espacio libre dejado por la cabeza de San Miguel, reemplazándola… la cabeza del Ché se balanceó durante algunos segundos y se mantuvo en el cuerpo de San Miguel… El camión de los militares se acercaba disminuyendo su marcha… me 5


escondo detrás de los matorrales… un milico se dió cuenta de que algo raro sucedía… « el cuerpo de San Miguel con una cabeza barbuda y una boina con una estrella roja »… Y sin dudarlo, disparó, con odio, en dirección del simbolo de la lucha de todos los pueblos… La cabeza vacilando… balanceandose y cae en el lugar obscuro de los matorrales, justo allí… dónde estaba la cabeza de San Miguel, como oponiendose a separarse de ella y como si estuvieran discutiendo los dos de politica y religión. Un vez que los milicos se alejaban, salgo de mi escondite y no sé quién es quién y para no equivocarme tomé las dos cabezas y volví a mi casa. Copelio al ver las tres cabezas que entraban a la casa se dió el tremendo susto e instintivamente se levantó del sillón y corrió a buscar una Kalashnikov…pasó bala, yo le grité :¡para huevón que soy yo !... estaba confundido al ver las tres cabezas, pero se sintió mas seguro cuando se dió cuenta que eran las dos cabezas de estatuas y la mía después, por supuesto que exigió una explicación, después de obtenerla fué la risa que sirvió para decontractarse. Este incidente divertido, cierto, pero una vez que se instaló el relajo, nos invadió el miedo, era un signo… Tenemos miedo que nos sorprendan a los cuatro. Con Copelio tomamos la decisión de enterrar las dos cabezas en el jardín… juntas, como si fueran dos viejos amigos… El Ché parece decir con inquietud : « ¿Y las armas ? »… Y San Miguel reflexionando como enterrarle la lanza a Lucifér. 6


Fué como si las dos cabezas nos previnieran y nuestra decisión fué enterrar las armas lo más profundo posible y toda la noche estuvimos cavando para enterrar el arsenal de Tomás Moro. Una vez terminada nuestra tarea, nos instalamos frente al televisor y vimos las imagenes de destrucción de monumentos erigidos durante los tres años de la Unidad Popular, todos en mil pedazos, monumentos que eran simbolo de nuestra revolución, pensabamos en las dos cabezas enterradas en el jardín junto con las armas y por la eternidad… estabamos tomandonos el café cuando en ése instante… Ring… silencio Ring…Ring…silencio ¡ése es el Tata ! ¡No huevón !, debe sonar tres veces, o es la gringa o mi mujer… el toque de queda las trajo de vuelta hasta aquí… la última en partir fué mi esposa, pero éso fué hace una hora y la casa de mi viejo está apenas a 10 o 15 minutos y más aún ella anda en bicicleta… Yo tengo dudas todavía… escucho el silencio al exterior… ningún ruido podría presagiar lo que pudiera pasar, pero para asegurarme lo más pronto posible si son nuestros camaradas o mi compañera… corrí para abrir el portón,… unos 30 pasos me separaban… y al abrir el portón me encuentro de sopetón con personajes en uniformes verdes, cascos y metralletas… un culatazo que me envía por tierra y sin darme tiempo a ninguna reacción … otro golpe al vientre, me hace perder el aliento… estando en el suelo, unas botas me aplastan y 7


varias armas apuntan hacia mi, estoy completamente inmovilizado, con una arma en la nuca y otras en diferentes partes de mi cuerpo. Otro grupo de milicos entran en zig-zag al patio, escondiendose en cada árbol o arbusto que encuentran a su paso y poco tiempo después, 15 minutos… tiros… ensordecedores…ésos 15 minutos que parecían siglos… Copelio… sale de casa, más bién « lo salen », amarrado con alambres a sus muñecas en la espalda, lo arrastran del pelo… todo ésto pareciera una pelicula y por mi cabeza pasan imágenes y preguntas : « ¿Por qué me quedé aquí ? y Pedro ¿por qué insistió en quedarse ?... si ya lo sabíamos que por todas partes habían allanamientos, buscando armas, deteniendo gente, sabíamos también que habían juicios sumarios o que simplemente disparaban criminalmente por la espalda… ya sabíamos también que el Estadio Nacional era un campo de concentración, igual que el Estadio Chile y los regimientos y otros estadios a lo largo del país … que fusilaban a los militantes de izquierda… en el buque escuela « La Esmeralda », estacionado en el puerto de Valparaíso, concentraban a las mujeres donde las violaban para luego asesinarlas… las islas también sirvieron de prisión… Chile entero se convirtió en prisión, en una enorme prisión. ¿Donde está tu jefe ?...¿cuál es tu Partido ? y ¿dónde ?...y ¿dónde ?... y ¿las armas ?... y varias preguntas a la vez… después de cada pregunta…golpes y amenazas de muerte y yo continuo interrogandome : « ¿el Copelio estará todavía vivo ?... estaba en éso y lo diviso… si, todavía está vivo, está 8


sangrando y abundantemente, su rostro está rojo en sangre, la frente erosionada. Los milicos cambian de técnica, a cada pregunta que me hacen los golpes van hacia Copelio. Otros milicos comienzan a hacer hoyos en el jardín… ¿para buscar las armas ?, ¿están al corriente que enterramos las armas ?... no están tan seguros. Ruidos de tiros en la calle, ruidos de carreras, como si corrieran detrás de alguién y ahora es por los techos, gritos destemplados y una sombra se dibuja en lo alto del muro… ¡tira !,¡tira !,¡ah !, ¡le dimos al perro !... ...Silencio…el tipo que me custodia se enerva, se enoja y comienza a golpearme sin ningún motivo y a cada ráfaga de metralleta que escucha en la lejanía es otro pretexto para golpearme. Estoy boca abajo con las manos atadas en la espalda y completamente aplastado con el peso del celador. Los milicos cargan sus armas y al mismo tiempo gritando : « ¡tus cómplices están siendo todos eliminados y uno por uno… tu turno será pronto, salvo ¡si hablas !... ¡dime tu nombre !...¡tu apodo !...¡tu jefe !...¿quién es ése otro ?... ¡no escuché !...¡repite lo que dijiste !... yo ni siquiera había balbuceado ni la más minima palabra. Y de nuevo : « ¿Quién es tu jefe ?... ¿De qué Partido eres tú ?...¿Dónde están las armas ?...¿Dónde las

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escondistes ?...¿Aquí ?...¿En tu casa ?... ¡Ya puh cabrito !... di algo, al menos… ¿tenís una pistola escondía ? ». Otros soldados, hacen hoyos por todas partes y en uno de ésos hoyos nos metieron a Copelio y a mí, sólo nuestras cabezas sobrepasaban a la superficie, quedando frente a frente, mirandonos directamente, sabíamos que nos observaban… yo estaba con un sólo ojo abierto… el otro había recibido un bototazo que me lo cerró completamente… trataba de hablarle a Copelio, con el ojo bueno… « los milicos no han encontrado nada »… logré susurrar : Ché, Ché, Ché y Copelio, moviendo su cabeza negativamente para hacerme comprender que hasta ése momento no habían encontrado nada y al ver que un milico lo descubrió haciendo ése gesto, me dice San Miguel, San Miguel…el milico al pillarnos… nos escupe y cada uno de nosotros recibió una patada en nuestras cabezas, yo la recibí de nuevo en mi ojito ya cerrado, sangré a borbotones de la herida que ya estaba cerrada. Tengo frío y dolóres, la tierra está húmeda todavía por las últimas lluvias de principios de septiembre, se me congelan los huesos y una gran piedra horada mi espalda, no siento ni mis pies, ni mis brazos, es como si me hubiesen cortado los miembros… todo lo que pasa delante de mis ojos, perdón delante de mi ojo, pasa en aceleración. ¡Encontramos el escondite !... «el tesoro ». El oficial se lanza corriendo hacia mí, me tira de los cabellos, sin importarle nada… y así sacarme del hoyo…

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¡huevón !... ¡conchas é tu madre !... dime al tiro que hay en ése hoyo… ¿hay una trampita ?... ¿una mina ?... ¿de Cuba ?...y ¿qué es ése bulto ?... ¿por qué es tan duro ?... ¡No toquen nada, podemos saltar todos !... vamos a dejar a estos dos huevones que sigan paleando…escondamonos. ¿Qué hay allí ?, me pregunta el milico… Timidamente respondí : ¡no sé ! ¿Es tu casa ?... Si o no… ¡Si, es mi casa !... Entonces continúa cavando, hijo e’puta, palea y ojo a cualquier movimiento extraño o te volamos la cabeza. En esos momentos yo pienso en Lucifer que quedó con San Miguel sin cabeza…tiene que estar « cagado » de la risa… estaba en éso, cuando vienen a desatarme, pero el nudo estaba tan apretado que el cuchillo hirió mis muñecas al cortar la cuerda. Nuevamente mi cabeza partió en viaje y ésta vez con las cabezas del Ché y de San Miguel… me fuí… lejos…en las minas, al pique más profundo que ése hoyo que estaba frente a mí y soñando despierto para escaparme de allí, yo no sé si ése olor que siento, es de los explosivos que estaban unas horas antes escondidos en el jardín de mi casa o si se trataba del olor de la mina « La Flor de Té » de Andacollo que imaginaba y recordaba.

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En ésas imágenes veo a mi compañera con su « guatita » redondita, fruto de nuestro amor, está jardineando, en ése mismo lugar… ese recuerdo me hace sonreir tiernamente… cuando… en ése momento un gato pasa rápido y atravieza el jardín sigilosamente, es el gato de las vecinas del asilo de ancianas. Una ráfaga de metralleta quebró e iluminó la noche en la obscuridad del jardín y vuelvo a la realidad… el gatito dió un enorme salto y quedó cortado en « mil padazos y su cabeza separada de su cuerpo que se desintegró en sangre… era la noche de las cabezas. ¡Ya cabrito, cava !... al tomar la pala, mi visión va de nuevo al recuerdo, mi hijita de apenas 5 meses en mis brazos… si yo pudiera transmitirles mis emociones a mis verdugos para calmar su furia, decirles que somos seres humanos, que tenemos una familia, una mujer, hijos, que sufrimos, reímos,lloramos y amamos. Yo cavo, yo cavo y cavo, encuentro pedazos de polyestireno blanco, miro alrededor mío, un escenario de fin de mundo, como si hubiesen estallado mil bombas en el jardín, observo objetos quebrados al interior de la casa y un gran desorden que logro avizorar por la puerta abierta, el muro de madera del chalet fué arrancado, pedazo a pedazo, 6 meses más tarde, mi familia me contará en que estado encontraron mi casa. ¿Estaban los militares informados ?,¿Por qué insitían tanto ?, ¿Sabían que había un escondite de armas ?... pero no estaban completamente seguros… Esa duda me queda hasta hoy día y seguirá en mi mente… Tres 12


posibilidades : la 1ra, una vecina, hermana de un general golpista (Viaux) ; la 2da ; una confidencia hecha por alguién de la familia y la 3ra ; una traición, sospecha hacia un miembro de Dirección, fué detenido, luego liberado sin cargos y finalmente exilado rapidamente, hoy, ocupa cargos importantes en el gobierno concertacionista. Yo continuo a temblar de frío, de miedo y dolor, imaginandome lo peor…no me queda que esperar…sólo la muerte y comienzo a hacerme ésa idea, salvo que en mi interior guardo una leve esperanza de salvarme, mil ideas me atraviezan como estrellas fugaces que se desvanecen en un milésimo de sgundo. Yo continuo cavando, lentamente a sabiendas que allí mismo, en éste preciso lugar se encuentran escondidas un centenar de armas y varias cajas con municiones, granadas y explosivos… un grito, me saca del sopór en que me encontraba… ¡Apurate !...¡Más rápido !... ¡T’estai avivando !...¡Creís que no nos damos cuenta que nos querís empatar !... ¡Yá !, cuenta la firme, tú debís saber que allí hay una trampa… ¿Dónde están las conexiones de la bomba ?... el vivillo sabe dónde están… es por éso que cava como una señorita. El milico, un oficial, gatilló su arma, apuntando y obligando a apurarme, la actividad me reanimó… mis músculos se reactivaron, mis miembros reviven y a cada palada de tierra yo me aferro a la vida, encontrar ése tesoro es vital, es un pasaporte para vivir…¡qué

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contradicción !... puede significar al mismo tiempo… mi muerte. El polyestireno continúa a surgir en pedazos pequeños y finalmente yo toco madera a 1m50 de profundidad. Con Copelio trabajamos con determinación… todos exclamaron al unisono : ¡Listo, lo encontramos !... ¡es el arsenal !... ¡para !...¡para !... ¡imbécil !... ¡stop !: grita el capitán… y todos se lanzan sobre mí y me sacan violentamente del hoyo, para apropiarse de la pala y ser los primeros en sacar « las armas », olvidando las de ellos al lado mío al alcance de mi mano. Treinta milicos en el jardín y unos cien al exterior…si hubiesemos intentado alguna cosa, habría sido un suicidio… ¡Atención !... ¡es una mina !... grita un pelado al tocar un objeto metálico, ¡traigan una lámpara más potente !... ¡llamen a los antiminas !... …¿Qué escondiste allí ?... Copelio balbucéando, dice :¡ SSSSAAANN MI MI MI GU EL… ! ¿¿¿San Miguel ???... « ¿no tenís otra chiva ? »... « ¡perro’e mierda ! »…¿qué San Miguel ?...¿la pilsener ?... « serís gil… que te la vamos a créer… elige otro cuento del mismo tipo y… ¡Te saco un ojo con el yatagán !...

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Y yo todavía en el suelo continúo imaginandome a lucifér riendose de San Miguel decapitado y confundido con una cerveza… …Aparecen tres personajes con trajes de astronautas que aterrizan en el jardín, tomando infinitas precauciones par rastrojear el hoyo y « desminar » a San Miguel. Uno de ellos retira su escafandra y exclamando decepcionado y amargado : ¡sólo es una cabeza !... ¡no es una mina !. ¿Una cabeza ?...¿y…hay un muerto ?...¿y…su cuerpo ?... preguntan todos atolondrandose en el hoyo. El astronauta en jefe, levanta la cabeza y la exhibe : no hay más que ésto y es de bronce y todos los ojos se fijan sobre la cabeza del santo, el jefe dice : ¡que huevones somos ! estos dos también, no valen nada, no nos sirven para nada y todo esto por nada y nos vuelven a amarrar empujándonos a la calle brutalmente…Copelio, yo y San Miguel a quién más tarde lo devolvieron al hoyo. Ahora nos encontramos pegados a la muralla trasera de la parroquia…al salir veo a mis vecinos, en pijama, nos miran aterrorizados y con pena por lo que pueda sucedernos. Nosotros, irreconocibles, parecíamos espantapájaros ensangrentados, llenos de barro, los pelos parados como si hubiésemos visto una « pelicula de terror » o

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leido un cuento de « brujas », la ropa en tiras, con las manos atadas a la espalda. ¡¡¡Pelotón !!!... ¡en posición !... ¡ustedes !... los vecinos vean bién, lo que haremos con estos delincuentes extremistas « upelientos », ladrones de cabezas de estatuas de santos y al mismo tiempo mostrando la cabeza de San Miguel. Yo suspiro, suavemente y pensando : « parece que no encontraron al Ché », « lo dejamos cuidando las armas y en un hoyo más profundo ». Una vecina al verme, me reconoce y sin decir nada se pone a llorisquear. ¡¡¡Pelotón !!!...¡¡Carguen !!... ¡Apunten !... ¡¡¡¡¡Fueeeegooo !!!!!... Las armas de seis milicos que apuntan sobre nosotros, lanzan una llamarada, vomitando fuego, veo salir rayos de cada uno de los fusiles… cierro los ojos por un corto instante, apretando los párpados fuertemente, mientras el ruido me horada los oidos… Mi cuerpo lo siento frío…extraño…este dolor no es nada comparado al de los golpes…estoy acribillado… pero no siento nada… sólo siento el ruido…un golpe de un bulto que cayó al rebotar en el suelo… es un cuerpo que cae… al mirar de reojo… es Copelio que cayó, con un ruido seco…¡mierdas !... lo mataron éstos asesinos. Me atrevo…no quiero que se den cuenta…¿es así la muerte ?... miro hacia abajo…mi cuerpo…¿qué extraño ?...mi sangre no se vé, no la veo salir de mi 16


cuerpo… pero si siento un líquido caliente que baja por mis piernas, siento el pantalón mojado con ése líquido y mis zapatos también. Una voz : ¡ése todavía está vivo !... Y un « pelao » llega corriendo se instala frente a mí y me dá un culatazo fénomenal haciendome caer. Se acerca el Capitán que desenfunda su pistola, luego la apoya fuertemente en mi sien y diciendome : ¡cabrito, esto no es un juego y si tú creíste que lo era, se terminó !... y apoyando su dedo al gatillo…cierro mis ojos, ya no siento miedo, estoy viajando a otro mundo y de nuevo « Ché Guevara » que me cierra un ojo : « las armas se salvaron » y « ustedes también ». Los dos fuimos tomados como sacos de papas, nos balancean a la parte trasera de un camión. Le pregunto a Copelio : ¿qué pasó ?...¿estamos todavía vivos ?... El me dice : ¡era sólo un simulacro de fusilamiento !... « ¡ el Ché y San Miguel nos salvaron, por ahora ! ». El camión pasa por delante de la Parroquia y allí vemos la estatua de San Miguel sin cabeza y el cuerpo del Ché en pedacitos del en la vereda del frente en el parque Subercaseaux. ¡Copelio !...¿Adónde nos llevan ?, él me hace un gesto negativo con la cabeza.

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Me imagino nuevamente, la cabeza de San Miguel que volvió al hoyo, hablando con la cabeza de Ché Guevara en una gran discusión ideológica : San Miguel : ¿Y tú ?...¡gran pecador, tu pregonas la lucha armada !... ¿qué opinas de ésto que pasa hoy día. Ché Guevara : ¿Y tú ?...¡gran santo, que apoyas a los patrones que tienen el poder, a los ricos… ¿cuál es tu opinión hoy día que no tienes cuerpo ? San Miguel : Mi patrón es Dios y nadie más. Ché Guevara : El mío es el pueblo y tu Dios es imaginario, pero no importa, quédate con tus creencias y pongamosno de acuerdo,…pero antes :¡gracias, por salvar a mis camaradas ! Y al unisono :¡¡¡Finalmente los dos defendemos la vida !!!… Tres años más tarde, otro allanamiento, en Don Bosco, otra excavación en ése mismo jardín, pero a mayor profundidad, encuentran un gran arsenal : « Las armas de Tomás Moro ». Lo curioso es que era ver en la foto : una ametralladora de gran calibre, la 30-30 con dos cabezas en posición de tiro, detrás de la culata, mejilla contra mejilla… las dos unidas en la tierra parecían defender el arsenal.

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Después de haber pasado a un segundo cerca de la muerte… yo comprendí, que cada segundo…cada segundo de vida…Yo lo viviré plenamente…

CUENTO SEGUNDO PERRA VIDA… VIDA DE QUILTRO Eramos un grupo de amigos, más que amigos, estudiantes de la Universidad Técnica del Estado en La Serena, entre cordillera y océano. Habíamos creado un circo, nuestro circo, una creación de los estudiantes de minas… único en el mundo entero, a cielo raso, un circo con estrellas, las del firmamento, en el estadio llamado : « La Bombonera », parecía una caja de bombones gigante… allí dabamos nuestras representaciones… nuestro espectáculo. Improvisando, fabricabamos nuestro material : la red , el trapecio, la cuerda, los cilindros, los mástiles, las roldanas, todo lo teníamos a mano en los talleres de la universidad… Inventabamos nuestros números, buscando las peores dificultades, tomando riesgos increíbles : « La escalera de la muerte » con la flaca Lucy Fierro y el Marcos Barrantes.

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El número de equilibrismo en « rola-rola », estaba asegurado por « El Garrafa », pasaba « cocido », y mientras más cocido estaba, mejor realizaba su número, sin caerse jamás de los cilindros que rodaban sobre una superficie de 50 centímetros cuadrados a una altura de 2 metros y sobre este cilindro una tabla… su dificultad aumentaba… con otro cilindro… otra tabla… hasta llegar a cinco o seis… no recuerdo con exactitud… me ponía tan nervioso que prefería mirar hacia el público… y ellos ahogaban un grito en la garganta… mis compañeros acostumbrados a verlo curado se sentían inseguros creyendolo a cada maniobra, en el suelo… su actuación era de gran calidad… más aún… en la cumbre sacaba una botella de bolsillo y se « pegaba » el último trago… « Ghandi » el « Fakir »Claudio Contreras, estudiante en Construcción Civil, se atravezaba rayos de bicicleta por todo el cuerpo… incluso el sexo en las sesiones privadas… « Al Trapecio » : El « Flaco » Salas, la Carmencita Latorre y como parador el « Rubio » Caballero. « El Zebra », otro equilibrista, su sobrenombre lo recibía, porque era « medio rayado ». « Alberto Rico », pero su verdadero nombre era Abel Torrico : su especialidad pararse en las manos, desafiando las leyes de gravedad, estudiante en construcción civil, era capaz de pararse en un dedo sobre un palo de escoba, su número también era riesgoso, en la altura, sobre cuatro botellas… una silla y sobre ésa silla… otra y otra y otra, hasta llegar a un número indeterminado, no podría decir cuantas, pero creo que él sería capaz de llegar a tocar « las 20


estrellas »… En una oportunidad se vino al suelo con todo, quedando abajo de una montaña de sillas… Espectáculo de los « Tonies » : « Marraqueta », »Colisa »y « Hallulla ». « Ay que Nervios » :expresión que usaba durante cada aparición al « redondel » del circo, su consorte « El Burro » Contreras, sobrenombre utilizado no precisamente por sus orejas y se cuenta que su instrumento llegaba hasta las rodillas en posición de descanso… …Después estaban : «El Rafaela » Zapata, muchacho esbelto, afeminado, con una voz de tono agudo y aflautado y un poco para mofarse del « fleto »Raphael de España, conocido cantante… … « Mojón de Playa », por lo negro y seco… … « Mincha »Tapia : originario del pueblo que llevaba su sobrenombre, así logró hacer conocer éste pueblo olvidado, para convertirlo en capital de un país imaginario… El fué, el Presidente del sindicato de tonies… « El Tenebroso » « Mefistófeles »Gonzalez, hipnotizador, su número era tan largo y aburrido que era así que lograba hacer dormir al público… Una vez hechas las presentaciones de todos estos personajes que quedaron grabados como una imagen en mi cerebro durante todos estos años y que hoy los pongo en el papel…y que pareciera extraída de algún sueño o de alguna película de Fellini o de Kusturica…

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…Pero volvamos a la realidad… cuando de pronto…ruido de tambores… Un rayo de luz en la pista y el « Señor Corales » en éste caso « El Pato »Cáceres, anunciaba : « ¡Y ahora Señoras, Señoritas y señores, respetable público ! »… « ¡Aquí les presento nuestra celebre estrella ! »…¡¡¡SACA PUNTA !!!... … Y en éso aparece un perro (el público al verlo, se revolcaba riéndose en sus asientos)… Ese perro era horrible…pelado, sucio, se suponía que era blanco, sus manchas negruzcas eran de grasa, a él le encantaba meterse debajo de los camiones y mientras más grasa había, más contento quedaba… su cabeza parecía a la de una rata… su cola era pelada, como la de un elefante… su cuerpo era como el de un mono, una oreja carcomida por las peleas con otros perros, caía lacia, y para aguzar su instinto, lograba sólo levantar la otra, en cambio sus caninos estaban intactos… pero lo más divertido era « la punta »rosada y brillante, siempre afilada, fuera de su capuchón… es por éso que lo bautizamos con un distinguido nombre : SACA PUNTA. Saca Punta era competente y profesional, él sólo, habría podido reemplazar todos los otros números, los conocía todos, más eficáz que el « jongleur » de bastones y pelotas, más equilibrado que el artista de la cuerda floja, el que siempre se caía en medio de su número, no así Saca Punta… más elástico que un cortosionista… más ligero que un trapecista y más divertido que un tony… …Pero sobre todo fiel y puntual, nos dimos cuenta de ésas cualidades, cuando desaparecía, justo la noche 22


anterior de las representaciones… vueltos locos toda la banda partía en su búsqueda y a veces ésa busqueda se prolongaba durante toda la noche y volvíamos desanimados y tristes, sin encontrarlo, ni en la playa, ni en la colina de la « deshonra », lugar donde se levantaba el edificio de la Universidad de Chile, rival de nuestra Universidad, tampoco en el « Premier », dónde acostumbraba pasar a tomar pilsener, no sólo era conocido en la universidad… toda la ciudad sabía de él… « ¿Qué sería del Circo sin él ?... … Al final, volvía, pero en la mañana, más pelado aún, las orejas en pedazos, más feo que nunca, herido… Asomaba al horizonte de la calle que daba a la entrada principal de la universidad, en cuyos escalones los alumnos solían sentarse en las horas de pausas… Saca Punta con su cola levantada, jamás entre las patas, él nos informaba su triunfo, sea con las perras o en las peleas, seguro que era un mentirosillo, no siempre ganaba… … Iba por las novedades donde el « Estimado », era el barcito frente a la UTE, lo bautizamos así, pues su propietario a quién nunca conocimos su nombre, le decía a todo el mundo : ¡hóla, mi « estimado » amigo !, o ¡mi « estimado » cliente !, ¡ « estimado » alumno !, ¡ « estimado »pensionista !,¡ « estimado »profesor !, ¡ « estimado » vecino !... … No sólo ibamos a tomar la fresca « escudo », el café con leche, o el « sanguche de potito », el « estimado » también tenía piezas para alojar y piezas para pasar el rato, jugar cacho o , dominó o cartas o jugar a otra « cosa », pero dejemos de lado su biografía y 23


ocupemosno del famoso Saca Punta… que pasaba donde el otro famoso, quién se ocupaba de él, lo cuidaba y curaba sus heridas, lo invitaba a comer y a beber, por supuesto que no era agua, en general tomaban pisco con papaya y después se hacían confidencias sobre mujeres y perras… … A las tres de la tarde, él interrumpía al estimado en medio de su estropajosa conversación de comercio y de estudios no hechos y « Saca Punta » venía a integrar la « troupe » y hacía su entrada triunfal, cierto que le gustaba beber un poco… o más de un poco… pero el estaba más borracho por los aplausos,… un drogado de la pista. Después del espectáculo, todos, íncluidos nuestros admiradores partíamos a beber nuestro habitual metro cuadrado de pilsener…Saca Punta trotaba delante de nosotros, encabezando el cortejo, marchaba con las patas delanteras y cuando estaba bién « hecho », danzaba en las patas traseras y si estaba borracho se dormía en su espalda, con el lomo en las baldosas, las patas plegadas al vientre, « guata » arriba y la « punta »extendida hacia las estrellas, grotesco… igual todos lo adorabamos y lo seguimos recordando. El lunes, cambio en el empleo de tiempo ; Saca Punta estaba frente a la universidad, a la entrada, en lo alto de la escalera, con el fin de que todos lo acariciaramos, lo tocaramos o le dijeramos algo agradable o simplemente lo saludaramos : ¡hóla !...¿cómo estás Saca Punta ?...¡buenos días Saca Punta !… él, orgulloso sentado en sus cuartos traseros, respondía con un ladrido o con un languetazo en la mano del que lo 24


acariciaba, según el aprecio o reconocimiento a alguno de los estudiantes… movía su horrible cola, le gustaba que lo rascaran, especialmente las mujeres y a los « profes » le transmitía sus pulgas y sus garrapatas… ¡ah !, el amaba a las mujeres y sobre todo a las que usaban mini falda, él manifestaba su interés por las hermosas piernas… y de todo lo que seguía a su vista bajo las faldas… veíamos el brillo en su mirada… la húmedad de su lengua y… que era más larga que de costumbre… bién entendido la tensión de su « punta », nosotros decíamos : « ¡a Saca se le puso el nervio de punta ! ». Sabíamos cuando él reconocía sus verdaderos amigos… por la forma de inclinar su cabeza de lado para escucharlos mejor y… cuando el tono aumentaba, por ejemplo : en la calle entre uno de sus amigos estudiantes y un agresor, el gruñía y mostraba sus colmillos creando el temor sobre el agresor… y después que un « paco » probó su fuerza… sobre todo la de sus mandíbulas en la masa nalguda de su trasero… nadie en La Serena deseó sufrir éste castigo que él administraba y en buena fé como justicia divina. Durante una de nuestras prácticas en la mina, él…Saca Punta fué el único en darse cuenta que « Mefistófeles » Gonzales faltaba… Saca Punta como Orfeo, lo buscó por todos los túneles, galerías, piques, socavones, en los cruces del laberinto de ésa infernal obscuridad, cuando lo encontró, corrió a avisarnos con ladridos desgarradores… Saca Punta gemía suavemente, cuando sacabamos al hérido de la profundidad del pique.

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Saca Punta pasaría en las noticias de las 20 horas y nosotros también, así el resto de la humanidad descubriría la existencia del Circo de Estudiantes Mineros, en fin… toda la humanidad que hubiese podido captar el canal regional y como todos los « inocentes y niños » de la tierra… cuándo una cámara nos enfocaba, hacíamos gestos con las manos y sonrisas estúpidas e imbéciles para hacernos reconocer por nuestras familias, pero… si, pero, nosotros no sabíamos que la emisión, no sería jamás difundida porque ése día en todo el país hubo un cambio de programa radical… ¡un golpe militar !... un maquiavélico pantomimo, un payaso siniestro y cruel llevaba la parada del poder. Fué así que un mes más tarde, del « Gran Circo Minero » no quedó nadie, muertos, desaparecidos, en prisión, en los estadios como campos de concentración, en las embajadas buscando ¡ asilo !, la palabra de nuestra canción nacional deshonorada y en el exilio forzado de otros camaradas del circo. Sólo Saca Punta y nuestro padrino « El Estimado, reían del último pase mágico de los « Estudiantes Artistas » :DESAPARECER… en éste número Saca Punta también nos imitó y… ¡puf !, nadie lo vió nunca más y todavía en el tiempo, años después todo aquél que va a la mina de la Escuela de Minas de La Serena : La 26 de Agosto, día del aniversario de la fundación de la Escuela… escuchan un aullido lastimero por las galerías de la mina… el mismo que escuchabamos cuando Saca Punta lloraba a algún amigo desaparecido. Marcos Barrantes, estudiante de Construcción Civil, número :la escalera de la muerte, detenido desaparecido 26


en 1973 sus restos fueron encontrado años después en una fosa común. Militante Socialista. Claudio Contreras, estudiante de Construcción Civil, número : « fakir », detenido desaparecido desde 1974, sus restos aún no han sido encontrados. Militante del MIR. Agustín Martinez, estudiante de Ingeniería Mecánica, detenido desaparecido, sus restos no han sido encontrados, militante del MIR. Sedomil Lausic, estudiante de Ingeniería Mecánica, detenido desaparecido, sus restos no han sido encontrados, militante del Partido Socialista. A través de ellos, sólo por nombrar algunos, hay muchos de ésa gran casa La Universidad Técnica del Estado de La Serena, (nombre que hoy día queremos recuperar), quiero rendir homenaje a los luchadores por la libertad y la democracia que defendieron a Salvador Allende y La Constitución política que tuvo vigencia hasta 1980 y que fué cambiada e impuesta por la tiranía del dictador. Otros compañeros de La Serena que partieron en prisión, condenados por tribunales militares, torturados y expulsados del país, otros partieron voluntariamente al exilio, obligados por la persecusión política y otros que a través de los años han ido desapareciendo, muertos por enfermedad o accidente :

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Mario Valdebenito, estudiante de Ingeniería Mecánica, militante del MAPU, dirigente estudiantil, « tramoyista » del circo, muerto en el exilio en Venezuela. Patricio Vergara, estudiante de Construcción Civil, Canta autor, fallecido en Venezuela en Noviembre de 2009. Patricio Cáceres, estudiante de Ingeniería Mécanica, Señor Corales del Circo Minero, muerto en accidente de moto en el año 1998. Olegario Perez, militante socialista, estudiante de Construcción Civil, « Clown »del Circo Minero (Marraqueta), fallecido en el año 2009. A la gran familia de estudiantes de La Universidad Técnica del Estado de La Serena, a los ausentes y presentes, a los antiguos y a los nuevos… Uni…teiní… teiná… Pato Rivera, estudiante de Ingeniería en Minas,militante del Partido Socialista y combatiente del 11 de septiembre de 1973 en defensa de Salvador Allende y de la Constitución Política. Ex-preso político, condenado a muerte en primera instancia, condenado a perpetuidad y expulsado del país, actualmente residente en Francia.

CUENTO TERCERO « PEINETA » GONZALEZ 28


Salíamos de la caserna militar de la Escuela de Especialidades ubicada en el paradero 33 de la Gran Avenida, ibamos tirados en el piso del microbús, así los militares evitaban que cualquier transeúnte se diera cuenta que en el vehículo iban prisioneros… Nadie de nosotros podría saber adonde íbamos… tratábamos de seguir el recorrido de la micro, agudizando nuestros sentidos y cada viraje sea a derecha o izquierda y por el tiempo que demorabamos en llegar a destino nos daba una idea… incluso las peores…¿seríamos fusilados ?... ¿arrojados al río mapocho ?... pero jamás pensamos que el paradero final era el Estadio Nacional… allí mismo dónde se realizaban las principales gestas deportivas del país…entre otras el campeonato mundial de fútbol de 1962. Entramos por uno de los túneles secundarios y medios ocultos del público exterior… bajando del bus recibimos el tratamiento de rigor… el famoso « callejón obscuro »… éste era un juego de nuestra niñez y servía para ridiculizar a los perdedores de un juego… pero éste no era un juego y se trataba de adultos… y al descender la escalerilla de la micro… un pié se cruzó en el camino y caí… la cabeza directamente al suelo, éso nos pasó a todos, quedando ensangrentados y con el riesgo de perder un ojo o un diente o varios a la vez… Y al ponernos de pié sentíamos una lluvia de culatazos que caían sobre nuestra espalda… Los golpes venían de todas las direcciones, había que tratar de pasar rápido… protegerse la cabeza con los brazos… el pasadizo parecía interminable… unos treinta 29


uniformados para el « recibimiento » nosotros otros treinta… manos y pies amarrados de tal forma que sólo podíamos dar un medio paso… más encima amarrados entre nosotros, si uno caía, todos caían como un efecto de dominó. Enseguida venía el tratamiento psicológico… se trataba de quebrantar nuestra moral, nos dejaban de pié en el pasillo, siempre amarrados y llamaban uno por uno a los prisioneraos para que asistieran a las torturas que eran inflingidas sobre los otros prisioneros y así mostrarnos lo que recibiríamos a nuestro turno. Una golpiza salvaje y sin medida, con bastones de metal enrollados en caucho… muchos perderíamos el conocimiento y para despertarnos nos baldeaban con agua glacial y sucia y posteriormente se nos obligaba a permanecer de pié y si nuestras rodillas sufrían algún quebranto, el que caía era obligado a punta de culatazos a levantarse. ¿Dormir ?... era imposible, si nos sorprendían cerrar los ojos, significaba una nueva golpiza. Fuimos trasladados a una « escotilla », así se las llamaba a las entradas que llevaban a las graderías del estadio… los treinta que llegaríamos juntos, pronto seríamos separados a diferentes escotillas y trece de entre ellos no los veríamos nunca más sin saber adonde partirían. En ésta escotilla la número 3, tuvimos un momento de reposo, después de haber vivido entre tres y cuatro horas de terror… ésto sirvió para curar nuestras 30


heridas, éramos unos trescientos en un túnel de 20 metros por 10 de betón armado, en el falso techo se apreciaba la forma de las graderías, de los aposentos del público que asistía al estadio…éste pasaje era frío, corría un chiflón de viento, estaba en declive de unos 30 grados, era como una « ratonera », el acceso estaba cerrado por rejas de barras de fierro, igual cosa la abertura hacia las graderías…¡estabamos en una prisión !... pero era el Estadio Nacional, con cadenas y un gran candado. El viento soplaba con un silbido… lo sentíamos en los huesos… nos calaba los huesos y traspasaba nuestros oídos y sobre todo áquellos que quedaban al medio y que no lograron encontrar un « huequito » bajo las dos plataformas a los lados del pasillo, éstos eran espacios vacíos e inútiles, olor a orina, con toda seguridad los espéctadores solían hacer sus necesidades en ése lugar ; para nosotros revestía una gran importancia, era el único lugar donde no había inclinación y se sentía menos el viento. Al otro lado de los barrotes, los guardias militares y un murmullo que nacía…crecía…invadía, de pronto al centro de todo este griterío y escándalo…alguién preguntaba : ¿Quiénes son los recién llegados ?... el rumor se congeló y vino una avalancha de preguntas… : ¿De dónde vienen ?... ¡ De la Fach ! ¿No vienen del Estadio Chile ? ¿Cuál Comisaría ? ¿Cómo te « llamai » ?

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Conmigo llegó el « Peineta » González, otros tres que no conocía y eran de la misma industria… decenas de rostros nos miraban… fijos… se dieron cuenta que estabamos sucios, barbudos, llenos de costras de sangre seca y además cansados. Entre los que ya estaban, habían vecinos, colegas de trabajo, compañeros de universidad y mucha gente que se conocían entre si. ¡Mira allí !... hay un compadre que es de tu familia. Nuestras voces salieron, balbuceantes y al retomar confianza, logramos hablar y por primera vez escucharnos, felices… ¡de estar vivos !... al calor de éste grupo… Hablabamos, nos mirabamos, un calor humano, ¿pero ?... siempre había un pero y sobre todo el miedo que se adueña de éste nuevo estado de tranquilidad y venía de éste lugar desconocido que « hipotecaba nuestro futuro ». ¿Qué es ésto ?... El corredor de la muerte… el deslizamiento hacia nuevas torturas… otras siniestras sorpresas y mi piel se eriza cuando mi vista vió ése paquete :… Un hombre, hecho ovillo, ensangrentado, por tierra sobre el cemento frío… Yo no me daba cuenta que mi cuerpo estaba igual al suyo… ensangrentado… salvo que yo estaba de pié… El había llegado antes que yo… El murió poco tiempo después… ¡Son las dos de la madrugada !: me responde él « El Peineta » leyendo mi pensamiento.

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Todas las voces mezcladas en el mismo rumor y en éste ruido… el silencio cayó… Un disparo… un grito… las rejas se abren con gran estruendo y otro grupo que llega… son 18… a engordar nuestra masa y la misma escena se renueva… Mientras tanto, es cuestión de dormir también, no hay cama, no hay frazadas, nos apretamos unos con otros para darnos un poco de calor… ése calor humano…algunos cigarrillos circulaban de mano en mano para reemplazar el hambre y la sed. Son las tres de la madrugada… el frío y la dureza del cemento hacían estragos en mis huesos e impedían que yo pudiera pegar una pestañeada… Los elementos de la naturaleza estaban también contra nosotros… llovía, una lluvia fina, el agua helada y cuando de pronto… un brutal y violento sismo agita el suelo, sacándonos de nuestra calma… queremos salir del tunel… el pánico nos bloquea en masa en las rejas a las dos salidas… los milicos tiran hacia el techo del corredor y el miedo del terremoto y de los militares que disparaban, nos obligan a tirarnos al suelo… las balas rebotaban y arrancaban pedazos de cemento del cielo falso y caen sobre nosotros…aumentando el miedo…no queríamos quedar enterrados bajo el betón… gritamos a todo pulmón : ¡Abran !,¡Abran !... el pánico subió en intensidad al interior y al exterior de las rejas, los milicos, al vernos que empujabamos las rejas de fierro… aterrorizados ellos mismos por el temblor y al mismo tiempo creyendo un « amotinamiento » empiezan a tirar sobre los que estaban en la primera fila… cuyos rostros 33


descompuestos por el terror del miedo… comienzan a caer los primeros… hay heridos y muertos, los otros, nosotros buscamos protección, dónde pudiéramos, no había dónde esconderse… y arriesgando nuestras propias vidas, empezamos a ocuparnos de los heridos administrandoles los primeros auxilios… improvisando con camisas para parar la sangre… ¿hay algún médico ?...o ¿algún enfermero ?... entre nosotros con el material de a bordo, alguno tenía aspirinas en sus bolsillos… Todos nos quedamos con la ansiedad de la réplica, esperabamos el segundo sismo, el que hace caer las cosas que el primero desestabiliza… …Hubo un momento de silencio… « aguaitamos » con los sentidos bién despiertos, observando los ojos de los milicos y mirandonos entre nosotros, para escuchar el mínimo ruido subterráneo… no podíamos predecir lo que pasaría después y éso era peor que estar en el momento mismo del temblor… la angustia… … Un oficial dá órdenes de abrir las rejas que dan hacia las galerías y hacia la cancha de fútbol, lo primero que hicimos fué transportar a los heridos, entre cuatro nos ocupabamos de cada uno de ellos, enseguida venían los muertos, todo hecho con rapidez, pero ordenadamente…rápidamente abandonamos los túneles, sobre todo por el temor que éstos fueran a hundirse, nos imaginabamos ver las galerías caer como un castillo de cartas… …Nos fuimos instalando en el centro de la cancha, dejando los heridos y muertos tirados en el pasto… en 34


muchos casos empujados por las bayonetas las que clavaban en nuestras espaldas, así los milicos nos obligaban a instalarnos en el terreno deportivo. Sentimos lo que esperabamos… el segundo sismo, el miedo nos invadió… los que todavía salían da las escotillas y de los camarines, se apresuraron, corriendo en forma desordenada y en todas lsa direcciones, nadie quería quedar atrapado en una eventual tumba. Una de las torres de proyectores se desploma y cae con gran estruendo, estrellandose en las tribunas, aumentando el pánico de todos…prisioneros y celadores. Allí me dí cuenta de ésta pesadilla… de todas las escotillas, unas 20, de los camarines, de los túneles, de todas partes de ése Estadio salían hombres y mujeres y hasta niños, de las galerías llenas de prisioneros que descendían precipitadamente hacia el centro de la cancha, que se cubre rápidamente de cabezas obscuras de ésa gente de izquierda, de allendistas… comprendí que eramos miles, todo un pueblo… que como cadáveres vivos avanzaban como en una película de « zombies »… todos torturados, con heridas aún sangrantes. También me enteré que en el velódromo, se torturaba y todos los que pasaban por ése lugar, volvían en penoso estado… era la antecámara de la muerte… … La piscina olímpica, vaciada del agua para convertirla en el lugar de las ejecuciones… los fusilamientos se realizaban allí.

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Hago un giro alrededor mío, para poder darme una mejor visión de todo lo que ocurría y en una panorámica… no podía creerlo, era una pesadilla, en esta mezcla, en esta multitud, encuentro amigos o conocidos, todos con marcas de la violencia desatada por un régimen que comenzaba a instalarse bajo el terror… a uno de ésos amigos no lo veía desde que terminamos el liceo, hacían ya siete años, al lado de él…un Senador de la República y de a poco reconozco personalidades del mundo político, del deporte, periodistas, cantantes, obreros, estudiantes, campesinos, también niños con sus madres, es decir…un pueblo. Me encuentro frente a frente con el Director de la Industria de Cobre, yo soy ingeniero en ella, me entero por él que 500 asalariados de la empresa se encuentran detenidos, yo le informo que conmigo se encuentra « Peineta » González y que fuimos trasladados desde la Fach. « Peineta », su sobrenombre lo recibió por la manía de peinarse en cualquier momento… sacaba su peineta del bolsillo y trataba de alisarse sus cabellos rebeldes de « indio », toda la usina conocía al « Peineta » por su tic, pero también por su actividad sindical y por su voz… él cantaba… canciones picarescas y por sobre todo por su inmensa alegría, estaba lleno de vida, contagioso, ésa alegría de vivir comunicativa y atractiva… era pequeño, desordenado, moreno y su rostro picado por la viruela…parecía haber recibido un disparo de perdigones en la cara… ¿El pelo ?... como un puerco espín, sus cabellos resistían al kilo de gomina en una titanesca lucha. 36


Al medio de los prisioneros, el cuenta como lo detuvieron : « Mientras él asistía a la parada militar, justo una semana después del golpe, borracho y gritando : ¡ El general tiene caca en la cabeza y a grito pelado, varias veces, lo « pescaron », los de la policía militar y él continuaba gritando, lo golpearon rudamente para hacerle callar, lo llevaron a un tribunal militar, lo juzgaron y condenaron a 20 años y un día de prisión »… …Todos nosotros que lo rodeabamos, casi al únisono le preguntamos : ¿Por qué 20 años ?... ¿Por qué un día ?... El « Peineta », muy suelto de cuerpo nos respondió : « ¡Un día por ofensas a la autoridad suprema… Y 20 años por revelar secretos militares ! »… … Imaginense, en medio de la noche, un trueno de carcajadas, en un silencio de angustias, la risa contagia a todos los prisioneros… comprendiendo así que era una de sus historias, creadas por su imaginación… … La risa avanzó en circulos concéntricos y llega hasta los que no habían escuchado el chiste y también hasta los soldados, que… como carceleros, estaban obligados a demostrar en todo momento de su autoritarismo dictatorial… habrían podido continuar impávidos… pero ésta vez sus rostros se volvieron humanos y sonrieron de la « salida » de « Peineta », quién reinventó la alegría, acto natural de éste pueblo mestizo, reir de su propia desgracia. A las 9 de la mañana, todavía estabamos bajo los efectos de una noche agitada, con muertos, heridos, sismos, resonaban en nuestros oídos los disparos y quedaba en nuestra retina, la imagen de la sangre… Nos instalaron en las tribunas, allí debíamos esperar… en 37


una larga espera, que nuestros nombres fueran voceados por los alto-parlantes del estadio para ser « interrogados », todos sabían que debían presentarse al temido « disco negro », si no lo hacías, te iban a buscar con violencia y el resultado era peor, como no teníamos nada de que reprocharnos, pensabamos que al presentarse voluntariamente al llamado, saldríamos en libertad más rápido… … Los más antiguos transmitían a los recién llegados el significado de dicho llamado y del lugar dónde iríamos… … Una vez que nos identificabamos, dos soldados venían a buscarnos y nos llevaban a un « fiscal », quién sabía tanto de « leyes y de justicia » que un « bebé de astronomía ». Para romper el estado de angustia, « Peineta » inventaba juegos, componía canciones, la galería del norte debía cantar las cuatro primeras estrofas, la tribuna mar, las otras cuatro, el sur otras y el cordillera las otras… finalmente de todas las galerías se escuchaba cantar en una « ola » de voces y además a « capella »… poco poco un ambiente de campeonato tomaba lugar y reemplazaba la realidad : « esperando nuestro turno para la tortura ». Y cuando los que habían sido « invitados » al « disco negro », volvían, pero en un estado tal que lo hacían arrastrados por otros presos o en una camilla completamente inertes, algunos con los miembros quebrados, ensangrentados, con marcas dejadas por el fierro caliente o por quemaduras de cigarrillos… otros con dibujos en la piel, hechas al cuchillo… llevaban el nombre de la organización a la que pertenecían… … 38


Peineta mostraba allí otra faceta de su personalidad… venía hacia ellos para darles reconfort y sanarlos, gracias al curso de primeros auxilios que él pretendía haber seguido. ¿Quién no escuchó alguna vez sus tonterías y sus chistes ? ¿Quién no logró sonreir al menos, al escucharlo o al verlo ?... Esto para significar que su « espiritú » escapaba de las garras del « infierno ». Sólo « Peineta »González fué capaz de establecer un contacto humano con nuestros « carceleros », su personalidad abrió una brecha en el mármol de hostilidad que los militares nos manifestaban continuamente. El, no fué brutalizado, cuándo contó ésta otra anecdota : « El Jefe Supremo de la Armada de Tierra y el Comandante en Jefe de la Policía uniformada fueron en visita oficial a las Naciones Unidas en Nueva York, estaban al pié del rascacielos, el General le dice a su Comandante : ¡Llamemé el ascensor ! El comandante puso sus manos en la boca y gritó : ¡Asceeennsooorrr ! ¡Nooo !, ¡imbécil !, llamelo por los botones. Y el Comandante toma un botón de su guerrera y lo lleva a sus labios y en voz baja dice : ¡Ascensor !... … El Sargento que estaba frente a « Peineta » González y que se daba cuenta a que personajes se refería… tanto reía… que su frente se llenó de sudor… de sus ojos 39


saltaban las lágrimas y su gran vientre subía y bajaba a cada espasmo de risa… Los otros milicos no reían cuando « Peineta »González cantaba « LIBRE », una canción de su composición que se convirtió en himno de 25.000 gargantas en ése Estadio y luego transmitida a otros lugares de detención de Prisioneros Políticos. Esa mañana él reía, él reía todavía… cuando del micrófono se escuchó su nombre : « éééssseee Galvarino González, preséntese al disco negro ». Nunca más volvió. Todos nosotros lo esperamos. Guardamos una esperanza, queríamos verlo… aparecer con sus bromas su voz, sus chistes y sus cantos… Por éso mismo lo destruyeron, para hacerlo desaparecer… El mantenía la moral de los prisioneros en lo más alto a través de su animación artística. Y pensar que él pudo haber sido un gran animador de la televisión de éste « PAIS ». « Peineta » González inventó la OLA, que fué inaugurada en el Mundial de Fútbol de México y que se sigue utilizando en todos los estadios del mundo hasta hoy día.

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CUENTO CUARTO CELDA 67 Dos metros cuadrados de ladrillos desnudos y el suelo de tierra… Una verdadera prisión de país subdesarrollado. La Cárcel de Alta Seguridad de Santiago de Chile… cerca de varios Regimientos en el centro de la ciudad y muy cerca del río Mapocho. Allí… viví tres años, después de sufrir todo lo que cualquier prisionero político puede soportar para quedar vivo, soportando la tortura brutal y sádica impuesta por individuos sin ninguna humanidad ni escrúpulo. Me encuentro con la novedad que estoy condenado a muerte… y mi única esperanza… el único rayo de luz dentro de mí… de mi miedo y éso me consolaba… la ejecución debería realizarse en seis meses más… ¡por supuesto !... yo quiero vivir y amo la vida y es por éso que comienzo a preparar mi evasión. La única herramienta que tenía a mi alcance… era mi cerebro y éste confundía la realidad con el sueño… habían dos formas de fugarse : la primera era nocturna, a través de quimeras… mis manos empuñan barrotes de caucho… atravieso muros de mantequilla… luego camino por calles tranquilas, abrazo a mi mujer y a mi hija, beso a mi madre, reímos con mi padre, escucho reir a mi hermana y mi hermano me hace bromas, todo como antes… una vez satisfecho vuelvo a mi celda y espero 41


todo el día rehacer el sueño, el mismo trayecto, los mismos gestos hacia de los que yo quiero… después, poco a poco, ésta primera forma de salir me hizo decidirme por una segunda manera para que así el sueño se concretice en realidad. Igualmente, yo pasaré delante de los guardias sin que ellos me vean, mis paseos se convierten en tomas de medidas, dos pasos son un metro y medio, yo debía disimular cuando me sorprendía decir a alta voz : « ¡hasta aquí cinco metros más tres metros ! »… … A golpes de pies juzgaba la consistencia del suelo, probaba con mi lengua la tierra, para reconocer la arcilla del cálcareo, evaluaba el espesor de los muros, guardaba en stock, metódicamente en mi cráneo… todos los datos… todos los cálculos. Decidí que sería a través de un túnel y éste comenzará en el espesor del muro, de allí bajaría varios metros, preví exactamente todos los casos de figuras para hacer frente a todos los imprevistos. ¿Y si descubren la entrada del túnel ? ¿Dónde esconder la tierra ? ¡Alguién tendrá que esperarme afuera ! ¿Cuántos tipos armados en lo alto de los muros ? ¿Cómo vestirme ? ¡Y tantas y más cuestiones y preguntas ! ¡¡Putas !!... y yo que creía que sería más fácil. La celda 67… comencé por decorarla, a modo de papel mural, tapizé con diarios que tenían fotos de hermosas mujeres a todo color y en el centro de donde comenzaba el forado, la más hermosa y desvestida de todas. 42


Durante la noche, sacaba el cemento alrededor de cada ladrillo, hasta soltarlo completamente y sacarlo por entero. Y durante el día, una doble página sobre los avances tecnológicos de la minería, y nuevamente una « hermosa » completamente desnuda, con cualidades que resaltaban a la vista, así volvería a esconder « mi obra », tenía que hacer uso de mucha paciencia, en ése pequeño espacio, 24 horas se convertían en 60… Me concentré dos días a rascar el cemento de un sólo ladrillo, al otro día continué con el siguiente y así cada día. El cemento lo hacía desaparecer por las alcantarillas y dejaba que el agua se encargara de transportarlo. Pasó una semana, un lúnes, introducen a un tipo en mi celda, profesor de matemáticas de la misma universidad dónde yo fuí estudiante, al entrar en confianza con él, le conté mi plan, él aceptó con entusiasmo mi proposición y utilizando sus conocimiento en cálculo, se puso rápidamente operativo, así éramos dos a rascar el cemento de los ladrillos… nos habíamos gastado dos cucharitas de té en quince días… teníamos que desplazar cada noche 24 ladrillos para cavar en el suelo… en la mañana, teníamos que volver a ponerlos en su lugar, el comienzo del túnel ya está avanzando, la tierra la escondíamos entre dos muros… descubrimos que había un espacio de 75 centímetros, que nos ayudó enormemente… más tarde utilizaríamos el entretecho.

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En el atelier de esculturas y artesanía, tallabamos vírgenes y a San Sebastián, estos nos sirvieron de sostén al interior de nuestra obra… de nuestra galería o de nuestro socavón… yo estaba en mi salsa, era mi profesión… la minería, además con el profe de matemáticas, los cálculos salían perfectos. A nuestra celda llegaron dos nuevos prisioneros… desgraciadamente, porque la llegada de ellos hizo que nuestro trabajo parara y retardara el avance de las obras… teníamos que asegurarnos y saber quiénes eran exactamente y si podríamos confiar en ellos. Los 4 estábamos condenados a « penas » duras y largas… ¿yo ?… ya lo relataba antes… mi vida estaba en juego, el « profe » estaba a perpetua, de los dos recién llegados, el primero, a quién apodamos « el viejo » o el tata », por su edad : 70 años, tenía condena de 20 años y el segundo : « el indio », tenía 5 condenas, que sumaban mas de 100 años, de ésa forma se ensañaron con él, simplemente por ser Mapuche, pero aún nos quedaban dudas y desconfianza hasta que no demostraran lo contrario. Una noche, varios días después de conocerlo, « el Tata », se puso a gemir, suavemente en su rincón, no quería que lo viéramos o escucháramos, pero al darse cuenta que nosotros lo escuchamos y le manifestáramos que diera « rienda suelta » a sus emociones, se puso a llorar, en un llanto enérgico y sin tapujos, allí nos demostró, que él era « humano », como nosotros. En su vida profesional, él había entregado más de 50 años de sus pulmones a la mina, comenzó a trabajar 44


cuando aún era niño… Fué un honor tenerlo con nosotros y se consuela, cuando le confiamos nuestro secreto, de nuestro plan y comienza a participar aportando sus conocimientos en túneles y con su fuerza aún intacta a su edad, parecía un niño con un juguete nuevo, cada vez que entraba al « hoyo ». El otro, era un originario Mapuche, hijo de ésta tierra, discreto, desconfiado por naturaleza, tantas veces los « huincas » los traicionaron, por ése motivo es que no se iba a confiar fácilmente, pero lo hizo, al ver llorar « el viejo », con quién se ligaba una gran amistad y solidaridad, pasaron juntos la tortura y venían de otras prisiones, siempre juntos y sin agregar ningún comentario, se hizo digno de nuestra confianza y para él también nosotros le dabamos confianza… se integró rápidamente a éste núcleo y trabajó a « lomo partido », cavando como si él quisiera juntarse con el vientre de su « madre tierra », silencioso y obstinado. Los cuatro constituíamos uno sólo, siendo al mismo tiempo tan diferentes, de tener cada uno su « carácter », militantes de organizaciones diferentes también… nos convertimos en una verdadera fuerza nacida del deseo de ser libres, una unión que a lo mejor no hubiese podido darse en otras cirscuntancias. En un centenar de hojas de papel de tabaco, el « plano », en puzzle, para ubicarse tenía páginas : páginas 62 y 63 era el lugar que habíamos llegado hoy día o las páginas 40 a la 51, estaban al principio del túnel.

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Entre los « grafitis » y los artículos de papel mural, nosotros escribíamos nuestros códigos, nuestros mensajes, nuestros cálculos, nuestra carta de ruta, muy bién enmáscarados en las mismas letras del diario, por ejemplo, subrayábamos las palabras que estaban el lado de la que queríamos realmente que nuestro camarada leyera : « El atleta recorrió 100 metros en 10 segundos, era simple con ése mensaje sabíamos que nuestro objetivo eran 100 metros a cavar en 10 meses. ¡Mierdas !, los militares vienen a hacer un allanamiento, nosotros sufríamos en la angustia, tuve el tiempo de esconder los planos, en el remango de mi camisa… los « milicos » buscaron por todo el cuerpo, por toda la ropa « y nada »… ¿estarían dateados ?... ¡no !... es la rutina… tenían que utilizar cualquier medio para infundirnos miedo. Estabamos todos los prisioneros con las manos en el aire o detrás de la nuca, estabamos en el pasillo, esperando el resultado del allanamiento de las celdas, escuchabamos el ruido de objetos que rompían y el desorden de nuestras cosas… ya lo imaginabamos… … Y ¡Uf !... tranquilizados, respiramos, estamos felices de entrar en nuestra celda sin que nuestro secreto se descubriera… el papel mural en algunos lugares fué arrancado, salvo el de la entrada del túnel, que no fué ni siquiera tocado gracias a la hermosa « mina en pelota », un milico al salir hizo un comentario : ¡p’tas, la mina rica, nos dió lástima arrancarla del muro !, ¡se habría hecho pedazos !... el desorden era total… pero nuestro subterráneo está a salvo y podemos continuar nuestro sueño.

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Estabamos tan lejos en nuestro túnel, que tenemos apenas el tiempo de volver a la celda en la madrugada, teníamos que retroceder a reculadas para ganar la celda a nuestra vuelta. Un día encontramos un obstáculo : un bloque de betón armado, era de la construcción del metro… nos costó tres meses cruzarlo, era imposible sin herramientas, se necesitaría un perforador de minero… … Tomamos la decisión de cavar en profundidad, hacia el centro de la tierra… no conocíamos el espesor del bloque, ni cuán profundo era, ésas informaciones no las teníamos y sólo cuándo estabamos por abandonar nuestro proyecto de fuga, después de una operación, larga y dificil, llena de dificultades… un Ingeniero Francés del Metro, nos hizo llegar la información que necesitabamos, él no aceptaba el régimen fascista que se había instalado en Chile y sobre todo porque su familia había sufrido lo mismo en tiempos de la ocupación nazi en su país la Francia. El se enteró gracias al profe que trabajó en los cálculos iniciales de ésta obra magnifica, él le manifestó a través de un mensaje enviado desde la prisión y sacado clandestinamente por el Sargento de Gendarmería que simpatizaba con nosotros, la respuesta la obtuvimos por los mismos medios… el sargento no entendía nada ni el por qué de éstas preguntas sobre el metro y sólo pensaba que por nuestro nivel intelectual, nosotros seguíamos elevando nuestros conocimientos… por supuesto que no quisimos informarle nada… nuestro secreto tenía que seguir hasta el final de nuestra operación. Otra dificultad… comenzamos a tener problemas de respiración, el óxigeno nos faltaba… fabricamos un tubo 47


con lo que encotrabamos, metal, caucho, mangueras y tuberías de cobre o cañas de coligüe o bambú… el « Indio » a cada salida alrededor de la cocinería de la cárcel, robaba trozos de mangueras, cortandolo a pedazos, el jardincito que se suponía… él tenía que regar fué secándose por la falta de agua, la pérdida definitiva de la manguera, la llevabamos escondida, enrollándola bajo nuestra camisa como cinturas de caucho hasta la desaparición total del objeto. Al cabo de 120 metros de la cueva de topos, nosotros esperábamos surgir en un jardín al medio de un patio o a la orilla del río Mapocho. Fueron 702 noches de esperanza y de tierra… ¡raíces !, el cumpa Mapuche remarcó hacían dos días un olor que él identificó como típico de raíces… un « marino » habría gritado : « ¡Tierra ! », pero él dijo sobriamente : « ¡es un roble ! ». Nosotros lo imaginabamos entre dos bajadas, fuerte, a la luz y lleno de corazones y de iniciales entrelazadas hechas a cuchillo en su tronco… ¡ojalá pudiesemos abrazarnos pronto a su tronco !. Se acerca el final de nuestra aventura, calculamos que es el último día y la superficie la veremos mañana… la ansiedad nos afiebra y es dificil ocultar, repetimos sin fin las mismas consignas y de nuevo soñamos… evitamos de demostrar nuestra alegría o de miedo a que se produzca una catástrofe de último minuto. Una pesadilla, la última noche, me produce más angustia… cada uno en su cama pensando y con 48


esperanzas de encontrar la libertad y de comunicársela al otro… soñando despiertos… … El « Indio » corriendo en la montaña, en su montaña sagrada, él… « es una flecha que cruza el aire en el cielo »… … El « Profe », dando clases en La Sorbonne, en Paris… … El « Minero », en su propia mina, estaba sobre una pepita de oro gigantezca, grande como una pelota de tenis, «¡ compraré un velero para ser libre en el mar ! »… … ¿Yo ?, yo tengo miedo, miedo de encontrar en cada rostro un carcelero, en cada casa una prisión… yo tengo miedo de o ser más libre que aquí en prisión… de no tener la libertad de pensar como lo puedo hacer aquí, en mi encierro. Prefiero no preocupar a mis asociados de fuga, escondí y callé mis sentimientos, los que se convirtieron en pesadilla… Todos hablaban, salvo yo… y en un arranque para desahogarme le pregunto al « Viejo » : ¿grande, cómo qué ? ¿Qué ? « La pepita » « como una hueva »… … Lo que provocó la hilaridad de todos, sirvió para relajarnos y nuevamente estamos los cuatro unidos, íntimos en la risa… risa y angustia que aumenta… risa y ansiedad de vernos libres. Ojalá pudieramos volver a vernos, volver a encontrarnos afuera… Al mismo tiempo el « Viejo » dice : ¡nos encontramos en el « Chancho con Chaleco », promesa de « chanchos » y siento en mi paladar el gusto del vino que sirven allá y pienso cerrando mis ojos con 49


fuerza, para olvidar los adioses que hacen mal y que rompen el corazón… esperamos el día con impaciencia… el más largo de nuestras vidas… miramos con recelo la cara de los guardias, como si ellos pudieran de pronto comprender, nosotros temblabamos… todas las cosas se caían de nuestras manos… ése día no pudimos comer y el « Profe » estuvo con diarrea todo el día, la adrenalina nos subía al nivel máximo… Casi me pegan los tres, cuándo en la calle 2, yo digo a un camarada : ¡Chao !, ¡Adiós !, en vez de decir :¡hola !,¡buenos días !... Al fin…la noche, vemos esconderse el sol detrás de los altos muros de la prisión… la obscuridad gana el recinto carcelario, las 8 de la noche, el control habitual a cada celda… nosotros hacemos notar que somos bién cuatro, tranquilos y presos, hicimos un esfuerzo de diplomacia con el sargento de los « perros guardianes »… finalmente él se decide a cerrar la puerta metálica con un gran ruido del fierro del cerrojo. Comienza nuestra odisea, nos apresuramos, no pensamos en nada… sólo en salir… salir… uno detrás del otro… hay que apresurarse… mientras más rápido lo haremos, más posibilidad de sorpresa al enemigo y desaparecer en la naturaleza. Arrastramos nuestras herramientas para terminar los últimos metros de excavación, arrastrándonos con nuestros codos, rodillas y vientre, cada uno con un overol, para no ensuciar la ropa, nos pasabamos el tubo de respiración… primero va el « Indio » y va cavando con ardor y llegar allá… a la superficie… a la tan esperada libertad… ¡eureka !... sube a la superficie y devolviéndose, nos anuncia que estamos a orillas del 50


Mapocho, se saca el overol y nos dice : ¡chao ! y ¡hasta pronto, queridos « huincas » !... … ¡Buena suerte, « peñi » !... … ¡Mierda !, digo yo, así deseamos suerte a los artistas antes de pasar en escena… … El « Indio », salta un pequeño muro y desaparece en la noche, se esfuma y como buen conocedor de la naturaleza, en la obscuridad, alumbrado sólo por las estrellas, mostrando su capacidad de orientación… … Pasa un minuto, aguzamos nuestro oído… para asegurarnos que el « Indio » pasó bién todos los posibles obstáculos… … Es el turno al « minero » nuestro « Tata » o « Viejo »… ¡chao !,¡chao !... con lágrimas en los ojos… ayuda a salir al « Profe », lo besa en las mejillas… lloran juntos y volviendo al hoyo, me dice : ¡gracias, camarada !, ¡por haber tenido confianza en mí !, ¡lo recordaré hasta mi muerte, mi familia y hasta mis tatara nietos, sabrán de usted… … Soy el último en salir, me saco el overol, ellos me esperan, me abrazan y… ¡gracias, muchas gracias !, por darnos ésta oportunidad de encontrar la libertad y por hacernos compartir ésta aventura contigo y en un adiós prolongado desaparecieron en la obscuridad de la noche… Tiempo después, supe que el « Profe » está en Paris… El « Indio »en su tierra, en su querido pueblo, en la « Ñuque-Mapu », su madre tierra, junto a un « rehue » hecho de un « Foiwe », protegido por todos ellos para no volver al infierno dictatorial… El « Tata Viejo » en pasajero clandestino en un barco de carga huye del país, con rumbo desconocido… no tanto,

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porque llegó a Cuba, dónde fué recibido en héroe y condecorado por el propio Fidel… ¿Y YO ?... Yo ví mi mujer y mi hija, yo las ví, pero de lejos… no puedo, ni besarlas, ni abrazarlas, ni acercarme a ellas… Ellas son vigiladas por la CNI… no tengo otra alternativa que ir de escondite en escondite, en ésta gran prisión de la vida… yo paso de celda en celda… pero ya no tengo nada que cavar… no tengo dónde evadirme y en mis sueños yo rehago el camino inverso, cruzando muros para volver a la celda 67… Quince años después, en 1990, cincuenta y cuatro prisioneros políticos se evadieron, de ésta cárcel, los planos fueron transmitidos de prisionero a prisionero, para seguir la obra ya comenzada en 1975.

CUENTO QUINTO VIRGINIA La « troupe » estaba en Amsterdam… representación de Pantomimos y de pronto encuentro frente a mí esos ojos negros, una mirada profunda y seductora…¿adónde ví ésos ojos ?... busqué en mi memoria y dejé que mi cuerpo intérpretara sólo ésa pieza teatral de mimos sin prestar gran atención a lo que hacía en ése instante.

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El lugar era una iglesia vieja, convertida en sala de espectáculos y teatro… mientras yo trataba de buscar una relación entre ésa mirada con otra en el pasado… veo la estatua de la virgen que me miraba fijo detrás del público… Mi mente se iluminó de ése lejano pasado… Yo tenía 15 años y ésto pasó en la década del 70, yo era un muchacho imberbe que crecía como todo otro joven, deportista, inquieto y recién comenzaba a conocer el amor. Esta historia se desarrolló en un barrio del sur de Santiago, fué allí que la conocí, usaba trenzas y un uniforme de liceana, hermosa de 13 años, minifalda y calcetines blancos, muchachita con piernas perfectas de color nácar y a través de su blusa blanca sus pechos puntiagudaos hacían trabajar la imaginación. A la salida del liceo y por la primera vez de mi vida, tuve el deseo de acercarme a una chica, pero con una intención de tocarla, de mi primer empuje de pubertad, el que me llevó hacia ésa diosa. Traté de hablar, de balbucear y yo no escuchaba ni mi propia voz que se quedó atajada en el fondo de mi garganta… tentativa idiota… ella me miraba irónica, ridiculizandome. Como buen macho latino y precoz, ante mi orgullo pisoteado yo habría reaccionado de otra forma, escupiendo las palabras… pero para mi gran sorpresa y la suya también… recomencé… y contrariamente a lo anterior… utilicé la « dulzura »… con una voz suave… tierna y grave a la vez : « ¿Cómo te llamas ? -« ¿Quiéres que lleve tu bolsón ?. 53


¡Bingo !, su rostro cambió, sorprendida y con una sonrisa tierna y atropellando sus palabras : -« ¡Sí..í..í !... ¡me llamo Virginia ! » -¡Aléluya !... para alegría mía… creí ver, o no ver nada ni nadie… sólo ella… la gente en la calle desaparecía o quedaban fijos, sin moverse… los vehículos detenidos, como en las peliculas de dibujos animados, el perro callejero quedaba con su pata levantada frente al árbol y el hilo de pipí… pegado al tronco, como si fuera una escultura… los gritos de la ciudad se apagaron… el calor recorrió mi cuerpo… mis sentidos se afinaron… yo estaba embrujado… sus amigas y mis amigos de colegio nos miraban con rostros sorprendidos, sin decirnos nada… los dos pensabamos la misma cosa : « ¡envidiosos ! ». Un mes después y todos los días hacíamos el mismo recorrido, tomados de la mano, en mi otra mano yo tenía su bolsón, nos despedíamos a algunos pasos de su casa… allí, su padre reinaba sobre muchas prohibiciones y nueve hijos… cuatro varones y cinco mujeres. Una hora después de entrar, ella salía a las « compras »… nos escondíamos por algunos minutos para besarnos y tocarla a través de su uniforme. Los hombres de la familia construían la casita familiar en un barrio pobre… la fachada, era un gran muro de dos metros y medio de alto, en el borde superior del mismo, asomaban pedazos de vidrios de botella para disuadir a los intrusos y protegían la casa y la fábrica de estatuas de santos de yeso que el padre dirigía… … Mi osadía era tal, que un mes después, para encontrar la amada, yo saltaba ésa muralla, el deseo era enorme… 54


a esta edad… impetuosos, somos capaces de pasar cualquier barrera… al otro lado de ella me esperaba un jardín lleno de frescura y de verdor… agregado a ellos la dulzura y ternura… por éso mismo tomaba cualquier riesgo… … Conquisté al « quilterrier »… al principio se volvía loco ladrando y poco menos me habría « devorado » vivo… el « quiltro » se apodaba : « Quetehace ». Virginia simulaba estudiar en la pieza de las niñas, las tres menores… ella saltaba la ventana para caer en mis brazos y pasabamos horas besándonos y acariciándonos… con música de fondo : « ésos ojitos negros… que me miraabaan… ésa mirada extraañaa… », los autores, del « Dúo Dinámico », de España. A veces… yo venía a medianoche… éste momento era el más peligroso… la noche era más terrible que el día… el padre estaba absorto, trabajando en su fábrica, cualquier ruido despertaba sospechas… estabamos en el calendario a fines de julio, el invierno santiaguino hacía mella hasta los huesos, corría un viento salvaje y una lluvia fina y fría… amenazando de caer en « diluvio »… … Caminando en el barro de ésa calle, la de mi amada… lo que era natural en esta barrio de Chile… la iluminación era triste y una luz amarillenta, para alumbrar mi ritual de ascensión, apoyaba un pié en el poste y trepaba el muro… tenía un pasaje ya preparado… el vidrio del borde ya lo había hecho desaparecer. Estas escapadas nocturnas provocaban al mismo tiempo graves problemas en la relación con mi familia… a mi edad no tenía derecho a tener llaves de mi casa, por 55


lo tanto también tenía que saltar el muro de ésta y esto presentaba otros « bemoles en la música que estaba intérpretando »… usaba la casa del vecino para llegar al techo del garage de mi padre… debía recorrer 30 a 40 metros con el riesgo de recibir un balazo de algún vecino al confundirme con algún ladrón…o romper el pizarreño del techo… para caer de una altura de 6 metros… la otra dificultad era bajar… teníamos un perro… como en todas las casas… éste era grande, un guardián, de raza desconocida, negro, con corbata y patas blancas… era muy bravo… lo más grande, eran sus colmillos, ladraba enfurecido y no había que caer en su hócico… además el « hu…. » me confundía todo el tiempo, yo le hablaba en voz baja y el imbécil hacía como si no supiera castellano, se hacía el « cuico », yo le decía : -« ¡Cholo !,¡Cholo !, ¡soy yo ! »y el hijo’é perra…., me seguía ladrando, así pasaba una hora y más hasta que mi papá o mi abuelo me descubrían, el llamado de atención era terrible y el castigo también : -« ¡No hay permiso el fin de semana, la pichanga de fútbol que estaba en mi programa, caía al agua… menos iba a lograr unos pesos : o una « luca », ni siquiera una « gamba », sea para comprar una bebida o un regalito para mi amada… … Después del castigo, yo estaba « picado » : -« ¡Me las pagarás Cholo maldito !... … Y me cobraba la revancha, cuando él estaba amarrado, lo hacía dar vuelta alrededor del poste, allí aprovechaba para darle de patadas en el hócico y ojalá perdiera un colmillo, el mismo que me dejó una marca en el trasero, más se desesperaba y más se enrollaba y tanto tiraba que casi llegaba a ahorcarse… pero tenía tanta fuerza el bruto, que muchas veces lograba soltarse… mis pies 56


parecían alas para poder arrancar detrás de una barrera que él no podía franquear, desde allí yo me burlaba del Cholo. Volvamos a casa de Virginia y su perro « Quetehace »… él se convirtió en mi cómplice… al interior del jardín de mi amada, tenía que avanzar como los « comandos » y hacer invisibles del ruido hasta las pisadas, sigilosamente… parecía un « puma », casi arrastrandome por los arbustos de hinojo que perfumaban el jardín y con mucho cuidado de no pincharme en los rosales espinudos… y así llegar a su ventana… tocaba con tres golpes suaves el vidrio… Ya era medianoche, todas las luces de la casa estaban apagadas y no había ningún ruido al interior de la casa y las hermanitas ya dormían…Solo ella… esperaba con ansias cada encuentro nuestro, programado con regularidad cada noche. Las hermanitas se separaban por un año entre ellas y con Virginia también, participaban de los secretos de ella y yo pasé a ser el « Romeo » favorito… la cómplicidad de las tres hermanas siguió durando… hasta hoy… con el tiempo me enteré de muchas historias bellas y tragedias de ésa familia. Completaban el cuadro familiar, otra hermana, dos o tres años mayor que Virginia, quién participó también del círculo de « mosqueteros » de las tres hermanas… en edades superiores, dos varones, una mujer casada con hijos y el mayor de todos con dos hijos, quienes participaban junto al padre y la madre, de la vigilancia, cuidado y educación de las hermanitas, me faltaba el

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menor de todos, su único defecto era « gritar sin que lo apretaran » ése si que era peligroso… « un tiro al aire ». Nuestro código de comunicación, era la intérpretación de « las lavanderas de Portugal » a través del silbido… allí me enteré también que el padre era de origen portugués. El llamado de la selva era imperioso, tenía que verla, tocarla, resfregarnos, frotar nuestros cuerpos, sentir nuestros sexos a través de la ropa, los besos eran interminables, hasta quedar sin aliento : -« ¡Baby,Baby !,¡Te amo ! ». Esta vez iba determinado a llegar más lejos e imaginaba lo que sucedería, sin ninguna experiencia y todo lo que yo sabía, había sido escuchado en el círculo de amigos y compañeros del colegio… nos reuníamos para contar chismes acerca de las chicas y nuestra imaginación volaba lejos en la exageración y las mentiras… por supuesto que entremedio habían informaciones justas… sabíamos que mentíamos pero nos divertíamos enormemente. Era muy tarde, sólo se escuchaba el ruido del viento que movía las ramas de los árboles y las tejas sueltas de los techos… Virginia saltó por la ventana, yo la recibí en lis brazos, cruzamos el umbral de una puerta en ésa posición como recién casados. Encontramos un lugar con la paja que servía para el embalaje de las estatuas y de las estatuillas que estaban listas para ser entregadas a los compradores, también habían paquetes enormes de algodón, éstos dos 58


elementos nos servirían de lecho… saciarnos de nuestro amor… la cubrí de besos, empezando por su frente, su pelo, ojos, nariz, mejillas, orejas, cuello… sentía un temblor en su cuerpo y mi deseo que aumentaba, ella recibía con placer mis caricias y me entregaba las suyas,… sus labios húmedos,… su aliento joven,… suavemente perfumado que penetraba mi nariz… ya no podía resistir más y junté mis labios a los suyos en un beso largo, parecía interminable y podríamos estar horas así… nuestros dientes se entrechocaban y nuestras lenguas se entrelazaban en una presión furiosa… continuamos así, hasta que el tiempo se apagó, no supe cuanto, pudimos quedarnos en ésta « función cinematográfica »… … Mientras tanto, mis manos osaron por la primera vez, tocar sus pechos puntiagudos, erectos y tibios… antes sólo los apercibía al tocarlos con mi pecho a travez de la ropa… Ésta vez, pude llegar a tocarlos y acariciarlos pasando mi mano a través de su blusa de seda, desabrochando torpemente dos botones, uno de ellos saltó de mis dedos nerviosos, choqué con su sostén bordado, toqué sus dibujos, siguiéndolo con mi dedo índice… mi mano superó ésa barrera de género satinado y logré al fin tocar ésa suavidad lechosa… sus pezones duros y turgentes, me provocaron una emoción grandiosa que recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi bajo vientre… en ése instante yo estaba al máximo, « como tetera con agua hirviendo », mi sexo quería arrancarse de mi pantalón, creo que sería capaz de romper todos los obstáculos que se le presentaran… sentía un calor sofocante y eso que estabamos en invierno…

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En cuanto a Virginia, su respiración era agitada, mientras mi mano siguió abriendo botones y tocando la seda de su cuerpo… de ése cuerpo que emanaba un perfume agradable que acariciaba mis fosas nasales y aumentaba aún más mi deseo. Virginia en su inéxperiencia y en su pudor me decía : -« ¡No !,¡no !... y de ése rechazo tierno mis ámigos jamás contaron, sin embargo… ella cerraba sus ojos y me invitaba timidamente diciéndome : -« ¡Te quiero !, ¡te amo !... … Ella no tuvo a nadie que la informara sobre sexo… sólo tenía una madre, un padre, harmanas y hermanos de guardia, estatuas de santos a quiénes manifiestamente todo lo que ella estaba viviendo, jamás les sucedió porque nadie decía nada y era un tema tabú… y estaba también el « Quetehace », pero ni hablar de él, pues lo que pillaba en su camino lo montaba, incluidas las piernas de la gente sin diferenciar mujer u hombre… las piernas le causaban viva emoción… recuerdo que ése invierno « el muy vivo » se enamoró de una pelota vieja de fútbol, a la que engaña luego con una gallina crestuda de plumas rojas y amarillas… pero, no nos interesa hacer una lista de sus conquistas, además él no hablaba y tampoco podía informar a Virginia sobre sexo… « real impunidad de la vida sexual de un perro ». ¡Que horror !... Virginia estaba obligada a decir ¡NO !... a pesar de adorar ésta osadía respectuosa que la conquistaba y que la quería seducir… desde el primer día, ella estaba fascinada por éste muchacho, mezcla de virilidad juvenil y de pureza infantil, que en su educación religiosa y familiar son palabras que no van juntas… y todas éstas escenas se sucedían bajo las 60


miradas cruzadas de Santa Teresa, San José y la muy Santa y pura Madre de Dios, con el niño Jesús en sus brazos… de yeso pintados con esmaltes de colores brillantes. En ése momento yo buscaba su mirada y la ví con los ojos en el cielo o más bién sobre los santurrones, obras de su padre, yo no sé porqué me puse a pensar en la « Inmaculada » Concepción, fecundada por el Espiritú Santo- así lo imaginaba yo- yo que estudiaba en un colegio de religiosos, con obligación de leer la Sagrada Biblia todos los días, confesarse y comulgar al menos tres veces por semana y lo más terrible : « Me imaginaba a ése Espiritú Santo fecundándola sin que le tocara un sólo pelo… ¡que técnica ! y ¡que puntería de tirador de élite !, además sabíamos que Don José no tenía nada que ver en éste trabajito, él estaba sólo para hacer muebles para el televisor plasmaperdón me equivoqué de época- sin darme cuenta, que mientras divagaba en el sexo de los ángeles y en la inmortalidad del cangrejo, pequeña pausa en la escalada de mi pasión ». Virginia, decidió en su deseo de aceptar ésa ternura masculina, en su curiosidad y en su amor por mí, en su deseo de probarse en su feminidad, dejó de resistir, ésa resistencia dulce que las mujeres oponen a los hombres y que hacen aumentar aún más el placer… ésta decisión de su parte la llevó por algunos segundos a no pensar en nada y ésto estuvo muy bién, en ésta locura de contradicciones, capté este relajo, que permitió a mis manos aventurarse en ésos « valles y montañas », llegué a su mini- falda de liceana y comencé por levantarsela para apreciar mejor sus piernas, la palma de mi mano, 61


tomó una rodilla, se deslizó por detrás de ella y avanzó en la suavidad única al interior de us piernas, volví a tornear ésas hermosas y suaves piernas para dirigir mi mano al nacimiento de sus nalgas… creo que estaba llegando rápido y seguro y…¡uuufff!, me veía en el séptimo cielo, pensaba que no era posible tocar tanta intimidad de Virginia, ésta niña-adolescente que yo amo… en ésta abstracción de mis pensamiento… cuando de pronto… mi mano tocó « ése triste y grosero calzón de lana, tejido a mano »… todavía hoy recuerdo ése instante, de ésa obra hecha a la mano… cierto, me hace reir… a ella sin embargo no la hacía reir y me explicaba que era a causa del frío de ése invierno santiaguino… ¡increíble !... que la sensibilidad y la sensualidad pueda romperse por la lana… ¡bién !, me dije, es tanto el amor y deseo por ella y ésta interrupción sólo es momentánea y no podrá romper el encanto y continué acariciándola y ella hizo lo mismo, nuestra pasión hizo olvidar el incidente… … En la penumbra, Virginia me susurraba dulcemente que pongamos punto final a tanta tensión y comenzabamos a sacarnos nuestras vestimentas… bajé mi pantalón hasta las rodillas y saqué su « maldito » bombacho de lana. La luz tenue dió rayos sobre la blancura de sus nalgas y de su bajo vientre… puedo apercibir la parte obscura de su pubis y de su monte de venus, como un pañuelo púdico de terciopelo…¡que extraño !, siento fuertes golpes en mi… ¡ah !... es mi corazón que bate, a grandes movimientos y lo siento en mi pecho, en mi garganta, en mis sienes, en mi nuca y sobre todo en mi sexo, cada vez con más fuerza y con más temperatura… 62


ahora es por todo mi cuerpo- siento el calor de mi fluído sanguíneo-no puedo describirles nada máspues, ya no veía nada… en esos momentos Virginia apoyó con fuerza su desnudo vientre sobre el mío, pegados piel con piel, sus cabellos fijaron una máscara en mi rostro, suavemente ella me dice : -« ¡Ya no puedo más !, ¡haz lo que quieras !, ¡pero haz algo !, y después : ¡no !,¡no !, ¡tengo miedo ! »… en ésos momentos mis dedos resbalaron sobre la « caballera suave » de su pubis… buscaron la abertura húmeda y cálida al medio de sus piernas… nuestra emoción era tal y tan fuera de lo común que nos aisló del mundo… nos impedía escuchar el mínimo ruido… ni ver el más grande objeto. Estamos solos, alrededor todo es vacío, ya no escuchamos el ruido del viento que soplaba sobre las ramas de los árboles y las tejas… cuando de pronto… un violento ruido, rompe el éxtasis de ése instante, nuestra carne se erizó… como piel de gallina, el hielo recorrió mi columna vertebral, nos miramos buscando una respuesta en los ojos del otro… sin respirar, boca abierta, afinando nuestros oídos al extremo… … Sin palabras ella articula : -« ¡MI PAPÁ !... … Y salió disparada, desapareciendo por el pasillo, olvidando su calzón de lana… … Quedé sólo, hice varios pasos, en diferentes direcciones, olvidando que mi pantalón estaba en mis rodillas, no sabía adonde ir… veo una puerta, allí me doy 63


cuenta de mi pantalón que cae a mis tobillos y me ímpide correr, lo subo rápido y nervioso, trato de subir el cierre del marruecos, olvido mi slip, me tiro los pendejos, alcanzo a decir : ¡auch !, no veo lo que hacen mis manos inútiles, no logro abotonar mi pantalón… busco donde esconderme, lo peor podría venir sobre mí y yo suplicaba : -« ¡Tierra trágame ! ». …. Y al momento de salir al jardín, alguién enciende una luz de la fábrica, un gran tubo fluorescente que se enciende a intérvalos cortos, pestañeando, ése lapso me salvó. Un relámpago cortó la noche y dejó ver una silueta gigante en el fondo del jardín… era el molde vacío de la Santa Virgen… en ése molde, el padre de Virginia, vaciaba el yeso caliente para construir su escultura… éste molde era en madera durísima y estaba constituido de dos grandes placas, como un sarcófago egipcio y se cerraba con crochets metálicos… … El molde estaba abierto… invitándome a entrar en él… no lo pensé dos veces y me deslicé a gran velocidad al interior, no pude cerrarlo y quedó una « rendija », por donde podía observar todos los movimientos del jardín. Nuevamente sentí que mi sangre se enfríaba cuando por la hendidura… veo un cañon de una metralleta y detrás del cañon un milico,y después… otro y otros más y más… ¡¡mierdas !!... ya comprendí… y el « perro feroz », aterrorizado, corría de un lado a otro buscando un refugio, no encontrando nada mejor que venir a mi escondite… gimiendo, la cola entre las piernas, 64


¡perdón !, entre las patas… mi presencia lo animó y comenzó a manifestar su alegría, moviendo ágilmente su rabo : -« ¡Ayayay !, ¡éste hijo’e puta es decir hijo’e perra va a denunciarme ! » « ¡ándate huevón !... no hay lugar para dos en las entrañas de la virgen y aún siendo mi cómplice, tú no arriesgas tanto como yo »… … Pero igual lo escondí al interior del molde, los dos temblabamos y sentíamos castañetear nuestros dientes, tuve que cerrar su hócico con mi mano y con la otra meterla en mi boca para evitar el choque de los dientes. La superstición… la creencia católica y la ignorancia de los militares que tienen cabeza sólo para usar un casco parecido a una bacinica-valga el alcance entre sus cabezas y los excrementos-me salvó que ellos no hurguetearan la intimidad « virginal » que ofreció protección a aquél que diez minutos antes esperaba desflorar a Virginia… otra « virgen »… … Ví pasar también al padre escultor y a los hermanos de Virginita… así se envía también en prisión a los « carceleros » de mi bien amada… pero en ningún caso estoy feliz, pues pienso en la suerte que van a correr, en su miedo, igual al mío. Transpirando helado, con terribles calambres en mis piernas y las extremidades dormidas, me pregunto : -« ¿Cuánto tiempo llevo escondido aquí ? »... a lo lejos escucho el crepitar de las metralletas… -« ¿Qué hora es ?...

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… Y los aplausos del público… me sacan de ésa vuelta al pasado… es el fin de nuestra representación en Amsterdam.. yo recupero mi « alma » en mi cuerpo y busco de nuevo ésa mirada, que me había hecho partir al pasado en Chile… a mis quince años, a otra época… triste de mi país… Yo tenía la impresión de haber actuado mal… absorto en mis recuerdos… escucho a mis oídos ésa canción que en el pasado me producía un gran placer : « … ésos ojitos negros… que me miiraabaan… », pero es sólo una ilusión… ésos ojos negros están saliendo de la sala, yo la persigo sin pensar en mi disfraz, todos se asombran, yo empujo la gente para llegar a su lado y grito : -« ¡VIRGINIA !,¡Espera ! »... la tomo por su hombro y ella dandose vuelta hacia mí, para saber quién la interpela… y mirandome en forma molesta y sorprendida, su voz sale tímida : -« ¡Yo no me llamo Virginia ! » -« ¡Me llamo Vanessa !, pero que curioso, mi mamá se llama Virginia… ella jamás ha venido a Europa y actualmente está en Santiago, en la calle…, del barrio… -« ¿Por qué ?... …. Anonado por la respuesta y avergonzado, con miedo por ésta realidad, no respondí a su pregunta y partí…devolviéndome a la escena… automáticamente miré al fondo de la sala y en lo alto del muro veo a la Virgen con la cabeza inclinada, como si mirara algo o alguién… y justamente a sus pies, un perrito, cachorro aún, parecido al « Quetehace », jugando con un trapo de lana, parecido a :… « ¡UN CALZÓN !

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Un Segundo de Vida  

Patricio Rivera Millapan