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Carlos Romero, Romero y el doctor Johan Reinhard. Ellos dijeron que habían encontrado los descendientes de estos niños, en un preso en Washington, acusado de abuso de menores. “Fíjate el subconsciente de ese gringo… ¡Asocia lo más sagrado de nuestra historia con lo más bajo que tiene su sociedad! Encontrar una línea directa de parentesco es como sacarse la quiniela cien veces seguidas y con el mismo número. Y nuestros científicos se hacen los distraídos, miran para otro lado, y siguen como si nada”.

PRIMERA RUPTURA La expedición tuvo dos momentos de quiebre. El primero estuvo encabezado por el arqueólogo Christian Vitri, Mario Lazarovich, Adriana Escobar, Alejandro Lewis y un fotógrafo de la National, quien, una vez en la montaña, comenzó a presentar síntomas de edema cerebral. "En ese momento, Reinhard minimizó la cuestión, decía que era por efecto de la puna, que ya se le iba a pasar. Pero nosotros, que conocemos la montaña, sabemos que si el tipo se quedaba dos o tres días más, se moría", señala Vitri. Mercado, en cambio, fue el único de los salteños que quedó en la expedición. "Yo mismo le pedí que no se vuelva para que quedara uno de nosotros y tomara registro. Que se quedara para tener un acto presencial de todo el proceso de excavación, de lo que se iba a hacer ahí", sigue Vitri. Una vez en Salta, Lazarovich recibió una comunicación desde el Llullaillaco: "Apareció un cuerpo. Dos. Tres". Enseguida se dispuso a preparar los materiales para el traslado: cajones con hielos para bajar los cuerpos y un espacio en Ciudad del Milagro, con alarma,

freezer y un grupo electrógeno que se le pidió al Ejército por si se cortaba la luz.

EL HALLAZGO Todo comenzó con «La Niña del Quehuar» -actualmente en el MAAM, preservada para futuros estudios- a 6.100 metros de altura, que se rescató en pedazos después de que buscadores de tesoros dinamitaran el lugar. Unos meses después, se hallaron las momias del Llullaillaco treinta metros más arriba en el volcán. Primero apareció «El Niño», el 17 de marzo y ese mismo día unos metros más al norte, Tony Mercado y el peruano Ruddy Perea encontraron, por casualidad, a «La Doncella». Dos días después, hallaron a la tercera momia «La Niña del Rayo».

> Christian Vitri “Podría decir que fue de pura casualidad, pero no, estoy seguro que ese encuentro con «La Doncella» tenía que ser así, que teníamos que ser nosotros quienes la encontráramos. Nos habíamos retirado del grupo. De repente le hice una broma al Ruddy, le amago un martillazo, él se abre de piernas para esquivarlo y el mazazo pasa de largo para el piso provocando un hueco, ahí nos damos cuenta que estábamos sobre un lugar especial. “Nos miramos y ahí nos quedamos. No dejamos que nadie se acerque. Cavamos hasta los 2,13 metros en total. Yo estaba dentro del pozo y lo

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