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Kazia Orantes

Profundidad en cada movimiento 6.7.


Magacín 6

SIGLO.21 DOMINGO 17 de juLio de 2011

Wendy García Ortiz se entrevista con una artista que de manera holista explora la danza

Kazia Orantes Profundidad en cada movimiento

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Es coreógrafa porque necesita transmitir sus reflexiones con un lenguaje corporal; gestora, porque le resultó lógico, y promotora porque en este país, es necesario. Su carrera profesional, tan fortalecida y seria, se debe a una virtud que el coreógrafo mexicano Vicente Silva Sanjines define en estas líneas: “Su fe en ella misma. Siempre cuesta creer en lo que se hace; es la parte más difícil. Pero cuando lo logras, tienes la oportunidad de trascender y de convencer a otros”. Así como la danza contemporánea expresa ideas, sentimientos y emociones por medio de movimientos menos rígidos que la danza clásica, la vida de Kazia Orantes se ha desplazado de una exploración a otra, tan sutilmente como sucede en sus coreografías. Nunca imaginó que aquel pasatiempo suyo de transformar sonidos cotidianos –como el mecánico abrir y cerrar de puertas del metro del Distrito Federal– se convertiría en una profesión que inició en México y se fortaleció en Guatemala. “Yo soy guatemalteca, pero crecí en México porque con mi familia tuvimos que salir al exilio cuando yo era más chiquita que mi hijo, que tiene 5 años”, explica. Y fue en aquel país del Norte donde empezó a estudiar danza. En su adolescencia, Kazia ingresó a la Escuela de Coreografía en México y su formación se centró en técnicas modernas y posmodernas, composición coreográfica y teatro físico, bajo la tutela de reconocidos maestros de México, Estados Unidos, Bélgica, Chile, Alemania, Corea e Israel. Y es con uno de ellos, con el coreógrafo mexicano Vicente Silva Sanjines, con quien dirigirá El objeto en el sujeto, propuesta escénica que se estrenará el próximo viernes (lea Danza-teatro). En 1999 su trabajo estuvo enfocado en diversas alternativas urbanas de danza-teatro y artes escénicas. “A pesar de que ya estaba creando coreografías, estaba consciente de que me faltaba mucho por aprender y un largo camino por recorrer”, cuenta. Pero no fue sino hasta cuando se vio sumergida en una depresión que le causó una lesión en las cervicales, que empezaría la vertiginosa exploración de su carrera. Decidió venir a Guatemala, a encontrarse con su familia, la cual ya había regresado un año antes. En 2001 empieza a prepararse en terapias alternativas y en 2003 en psicología.

danza-teatro El objeto en el sujeto promete reflexionar acerca del momento en el que un objeto deja de ser símbolo y produce emociones en el ser humano, al punto de hacerlo sentir como títere. Esta obra de danza-teatro se presentará el viernes 22 y sábado 23 de julio a las 7:30 p.m. en Artecentro Graciela Andrade de Paiz (9a. calle 8-54, zona 1. 2285-1692) y el martes 26, a las 7 p.m. en el Teatro de Bellas Artes (Avenida Elena 14-75 zona 1. 2251- 3735). La admisión para estas tres fechas es de Q25. El jueves 28 (7:30 p.m., Q30) habrá una última función en La Esquina (6a. calle Poniente #7, Antigua Guatemala. 7832-4761) antes de su temporada en México (Puebla, Distrito Federal y otros estados mexicanos).

“Aquí, decidí que ya no quería bailar porque empecé a ver la danza de otra manera. Me parecía egoísta bailar para que me vieran y me aplaudieran sin hacer algo por la sociedad, por la humanidad. Además, mi proceso de recuperación no estaba terminado”, explica. En ese momento le pareció más adecuado estudiar medicina, pues desde los 12 años una intensa lectura de Freud la hizo inclinarse por la psiquiatría. “Yo era una gran nerd. Me la pasaba en la biblioteca después de clases. Pero, pasado un año pensé que si seguía así, no podría hacer nada más”. Y, a pesar de haber intentado mantenerse alejada de la danza, durante su período de estudios, no pudo evitar hacer algunos apuntes de una coreografía que rondaba su cabeza. Pensó que sería útil cerrar ese ciclo que había dejado abierto, por lo que decidió montarla, a manera de despedida. Pero por el contrario, fue en este punto donde ya no pudo dar marcha atrás. “Cuando la presenté, con los bailarines Andrea Molina y Marcio Chamalé, la gen-

te me hacía comentarios positivos. Incluso, algunas bailarinas que estudiaban en la Escuela Nacional de Danza de aquel entonces me llamaron para preguntarme en dónde estaba mi academia, porque querían bailar conmigo. Y entonces, por lo que eso implicó para mi vida, ya no me fui”, cuenta. Algo tenía que suceder A partir de que obtuvo un contrato para montar la coreografía de graduación de aquellas estudiantes, Kazia continuó gestionando otras presentaciones. Y poco a poco fue descubriendo que en este país no hay condiciones para que los bailarines desarrollen su talento. “Si se gradúan, no tienen adónde ir”, reclama. Y además, por el lado de la coreografía, también observó que no hay programas de apoyo gubernamentales para la creación dancística, mucho menos para la difusión o promoción de la danza. “En la práctica no existen, probablemente sí en teoría, pero a lo mejor están metidos en algún archivo”, dice. A pesar de ello, Kazia sobrevive de la danza, porque ofrece talleres a jóvenes talentos, gestiona y promueve a varios bailarines que viven en el anonimato. Por eso le pareció necesario que estos jóvenes conocieran a personas profesionales para expandir sus conocimientos y aplicar nuevas técnicas, por lo que contactó a expertos extranjeros a quienes trajo a Guatemala con el apoyo de Artecentro Graciela Andrade de Paiz, el Ministerio de Cultura, la Embajada de México y algunos hoteles. “Yo pensé que algo tenía que suceder en este país. Era lógico”, comenta. “La escuela te da herramientas para poner en orden tus ideas. Aquí, entre los bailarines y actores en formación, hay muchos talentos, pero no tienen esos instrumentos que les permitan desarrollarlas”. Fue así como su nombre empezó a sonar en el mundo de la danza guatemalteca. Por ello, el Ministerio de Cultura le solicitó, en 2009, organizar el Día Internacional de la Danza y al año siguiente, el Festival Nacional de Danza. Gracias a ello, durante un mes, intercambiaron experiencias y conocimientos jóvenes de los departamentos, capitalinos y de otros países. “Yo estoy y estaré en proceso de formación toda mi vida y no considero que tenga una gran trayectoria, pero hay muchas personas que me han dicho que soy un referente para las nuevas generaciones de las artes escénicas”, se sorprende.


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Actualmente, Kazia coordina y gestiona el Encuentro de Danza Contemporánea de Artecentro, cuyas actividades sucederán durante varios meses, y su coreografía El objeto del sujeto forma parte de la programación. Todo se conjuga Lo que Kazia ha aprendido de la medicina, en la terapia alternativa y en la psicología, se ve reflejado en su trabajo, pues amplió su visión escénica. Sus investigaciones han girado en torno a propuestas de psicología transpersonal con autores como Ken Wilber y Claudio Naranjo. También exploró la programación neurolingüística, modelo que explica cómo funciona la mente y la percepción humana, cómo se procesan la información, la experiencia y sus diversas implicaciones. Precisamente por ello, artistas como Cecilia Dogherty encuentran muy enriquecedor interpretar las ideas de Kazia. “Las obras con ella tienen una exploración teórica y física del tema; es un trabajo integral, no sólo son pasitos de danza. Me gusta mucho de su trabajo la combinación de esos mundos, porque implican más elementos con qué jugar”, explica la bailarina. El proceso de creación para esta coreógrafa siempre debe tener un discurso definido, que le permita desarrollar cada movimiento con profundidad. Kazia llama holista al involucramiento voluntario de sus exploraciones previas, en su vida y en la danza. “No sólo se refiere al intérprete; se refiere a darle su merecida importancia a cada uno de los elementos que están formando la escena, a cada uno de los canales de percepción del espectador auditivo, visual, kinestésico. No sé si es que se crea una conexión, sólo sé que llegamos a más gente porque yo trabajo para ello”, explica. “Kazia lleva adentro el concepto de vínculo entre expresión corporal del simple movimiento y danza como arte, o sea como reflexión y conciencia de sí y del mundo. Con ella, la danza se desliga de técnicas o categorías y fortalece sus raíces en la determinación de no crear sólo para un fin transeúnte, más busca verdades”, declaró en 2008 el escenógrafo italiano Stefano Poda cuando vio su trabajo en un foro alternativo y la eligió como su asistente de coreografía en la ópera Carmen. “Creo más en las imágenes y en el cuerpo, que en el texto. A pesar de que yo utilizo texto en mis obras, lo que puedes provocar con los símbolos corporales va más allá. Hace que te metas con los arquetipos, en el inconsciente de la gente, en su ser más profundo. Entonces tú inicias la obra y el espectador la termina para él mismo, para su vida”, concluye la artista. T. Wendy García Ortiz wngarciao@gmail.com F. Eny Roland Hernández ehernandez@siglo21.com.gt

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Kazia Orantes