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Jorge Mazariegos

“El paisaje es el pretexto”6.7


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Jorge

Mazariegos “El paisaje es el pretexto” Wendy García Ortiz se maravilla ante el talento y la trayectoria de este maestro del paisaje.


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DOMINGO 18 de septiembre de 2011

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Cuando “El Maestro” pinta, lanza un par de vistazos a su izquierda y dibuja algunas líneas en el lienzo de su derecha. Lo divide en tres planos. Traza líneas oscuras que apenas dan una idea de lo que después será la vista de la ciudad en el mirador de la Carretera Interamericana. Sus ojos grandes y redondos funcionan como un lente fotográfico que le guarda imágenes mentales, tonalidades, sombras y ayudan a grabar vistas panorámicas en su mente, detalles. En pocos minutos ya ha trazado todo un mapa que perfeccionará poco a poco, durante algunos meses. Una niña, que come su refacción cerca del pintor, se ha quedado con la vista fija en el lienzo. Se maravilla al comprender que ese señor, con cada movimiento de su mano, hace aparecer en el rectángulo blanco, todo el espectáculo que tienen enfrente, como si el pincel fuera una varita mágica. Jorge Mazariegos -paisajista oriundo de San Marcos, uno de los pintores más reconocidos afuera del país y quien celebra 50 años de trayectoria-, me dirige una enorme sonrisa y me confiesa que en ese lugar se siente “muy bien”. Y me lo dice con un tono tan sereno y cómodo, que no puedo evitar las ganas de estar en ese mundo al que él acaba de entrar (Ver recuadro Del Arte al Niño). “Cuando abrí los ojos, yo estaba rodeado de cerros y montañas. Si hubiera nacido en Nueva York o en otra ciudad, hubiera pintado otra cosa”, me dijo entre risas, horas antes, durante una entrevista. Los garabatos que Jorge hacía de niño sobre el papel eran muy diferentes a los de los demás. Mientras más dibujaba, más se daba cuenta de que algo tenía por dentro. Le quedó más claro cuando se dio cuenta de que los rostros que dibujaba eran tan fieles a la realidad que parecían fotografías. Seguramente, algo heredó de su padre y de su madre, dos maestros del área rural cuyas inclinaciones artísticas jamás pudieron ser desarrolladas. “Yo casi no tenía información de artistas. Yo empecé a trabajar en esto sin basarme en un pintor en especial. Lo hacía como me fuera saliendo”, confiesa. En su adolescencia, Jorge también estudió magisterio, pero nunca dejó de lado su afición a la pintura. Si acumulaba cuadros, le bastaba con poner un puesto en la feria patronal para venderlos. Así, instintivamente, se hizo popular entre los vecinos. “Nunca pensé que lo que yo deseaba, dedicarme 100% a la pintura, se haría realidad”, me advierte.


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DOMINGO 18 de septiembre de 2011


El día que todo empezó Mientras Jorge les enseñaba a pintar a una señora de San Marcos y a sus dos hijos, un personaje le habla por la espalda. Le dice “siga, maestro, porque lo quiero ver pintar”. Era el coronel Arana Osorio, el presidente de aquel entonces (1970-1974), según cuenta Jorge. Ambos entablaron una larga plática en la que el artista aprovechó para manifestar su inquietud de “estudiar pintura”. Ese atrevimiento le permitió acercarse al Ministerio de Educación, de donde lo enviarían a la Escuela de Artes Plásticas. Entonces, empezó su preparación académica y también la llegada de una serie de oportunidades que Jorge no desperdiciaría. Estudió un profesorado en Artes Plásticas en la Universidad Mariano Gálvez, Pedagogía y Psicología en la Rafael Landívar, Folclore y Conservación de Monumentos en la de San Carlos. Pero también, gracias a que un personaje de la Cancillería se interesó por un cuadro suyo, lo ayudó a buscar una especialización en España: Literatura Infantil en el Centro de Cultura Hispánica y la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, ambas en Madrid. De esta última han egresado otros artistas guatemaltecos como Manolo Gallardo y extranjeros como Botero. A partir de aquel encuentro con el presidente Arana, Jorge puede asegurar que casi todos los presidentes de Guatemala le han comprado un cuadro. Su trabajo no necesita mayor promoción que la vitrina de una oficina de gobierno para que museos de otros países o instituciones públicas extranjeras, soliciten su obra. Tiene presencia en el Museo de Arte Contemporáneo del Vaticano, embajadas de Guatemala en el exterior, Museo Nacional de Singapur, Museo de Arte de Uruguay y colecciones privadas. Ello, sin contar las que pueden encontrarse en el Museo de Arte Paiz, Museo de Arte Contemporáneo y Bellas Artes de Guatemala. “Algunos sé dónde están...… me pasó una vez, una cosa muy bonita: estando en una de las carreteras de Francia, entré a una gasolinera y vi en el almanaque de la tienda, uno de mis cuadros. Yo había ganado un concurso de esa marca de gasolina e hicieron un tiraje que circuló en todo el mundo”, confiesa divertido. “Los reyes de España tienen 3 de mis cuadros; el príncipe Guillermo tiene uno, el ex presidente Chirac tiene otro, cuando estaba Bush, me pidió 2”, enumera. Cuando hablamos de este tema, me muestra la fotografía de una visita que varios embajadores le hicieron a su estudio. Me los señala con el dedo: “Aquí está el de Argentina, el de Alemania, el de Canadá, de Cuba”, y debajo de esa imagen, otra en la que lo abraza el ex presidente guatemalteco Óscar Berger en la entrada del Museo de Louvre en París. Pese a ello, el maestro no lleva un registro formal de sus obras. “Yo lo que quiero es tiempo para pintar”, justifica entre risas casi infantiles.


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Variaciones sobre un tema Sumado a su talento, el gran conocimiento que le otorgaron los estudios le permitió perfeccionar su técnica. Además, quiso permanecer expuesto a la obra de grandes artistas como Rembrandt, Goya, Leonardo, no sólo en libros sino visitando museos europeos, hábito que aún conserva. Y otra costumbre que no deja, a pesar de haber sido restringida por su médico, son los viajes al interior del país. A sus 60 años de edad, ya sobrevivió a dos infartos, pero aun así, le gusta recorrer las carreteras, deteniéndose donde considere que encontrará un buen ángulo y adentrándose por senderos poco explorados. Empaca junto a sus lienzos, espátulas, pinceles y óleos, un buen bulto de comida para permanecer horas pintando árboles, montañas, cielos y lagos. “En la mente fluyen miles de ideas porque una genera otra. Hay muchas variaciones sobre un tema”, me explica cuando se refiere a las diversas colecciones que tiene en su haber: el Altiplano, el oriente, los cañaverales, las plantaciones de banano, mercados, Antigua Guatemala, San Marcos. Aún tiene proyectos en su mente, como la reproducción de un paisaje que cuelgue de una pared circular, a modo de que el visitante pueda dar un giro sobre su eje y se sienta realmente sumergido en su cuadro. Jorge ya exploró miniaturas cuando hizo una estampa religiosa para un reloj de pulsera y un cuadro más pequeño que el pulgar que pintó con lupa. Aún realiza cuadros de más de 2 metros de ancho y además del óleo sabe usar el crayón, la acuarela, el lápiz, acrílico. Uno de sus 9 hijos, quien también lleva el nombre Jorge, acompañó durante su infancia al maestro. Lo veía preparar sus lienzos, su paleta de colores y las composiciones. Esa especie de escuela improvisada lo influyó para dedicarse también a la pintura, como su padre. “Lo que más admiro de mi papá es la pasión que tiene al momento de pintar y lo disciplinado que es con su trabajo”, cuenta el hijo. Algo que tienen en común todas sus pinturas es que guardan para la posteridad estampas de un país en constante cambio: ríos donde ahora sólo hay piedras, empedrados donde ahora hay asfalto, árboles donde ahora hay edificios, carretas donde ahora circulan tráilers.


“Yo casi no tenía información de artistas. Yo empecé a trabajar en esto sin basarme en un pintor en especial. Lo hacía como me fuera saliendo”.


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DOMINGO 18 de septiembre de 2011

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Los apuntes de un país Observar a el maestro “tomar apuntes” en el mirador de la Carretera Interamericana es increíblemente entretenido y silencioso. Lo único que se escucha es el sonido del pincel cuando raspa la tela rígida. Después de aquel mapa, empiezan a surgir los colores. Un azul sucio, grisáceo, acuoso para el cielo. Un verde mezclado con café, un mostaza y un violeta para los árboles. Luego, las figuras más pequeñas del lienzo, como el edificio de Tikal Futura, que dibuja con un pincel más delgado, casi fino. Jorge me explica que ese es el momento en el que desenrolla una bola de hilo. De izquierda a derecha va dibujando con más precisión las pequeñas paredes, ventanas, antenas. Así se nos van los minutos sin darnos cuenta. Una cocinera de los comedores del mirador se ha sentado a la par de la niña que refacciona, también para ver al pintor. Descansa su mentón sobre un brazo y parece ausentarse en cuestión de segundos. Yo, mientras tanto, volteo a mi izquierda y luego al lienzo, para comprobar que la vista de la ciudad se está plasmando ahí, casi exacta. “En cierto modo, persigo retratar a un país, y cada quien le dará su interpretación, pero yo sólo vivo lo que siento y el paisaje es el pretexto”, concluye el artista.

T. Wendy García Ortiz wgarcia@siglo21.com.gt F. Andrés Vargas avargas@siglo21.com.gt


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DOMINGO 18 DE SEPTIEMBRE DE 2011

DEL ARTE AL NIÑO Durante la VIII Expo-venta de arte contemporáneo que organiza la Fundación para la Superación Integral de Menores con Lesión Cerebral (Funsilec), Jorge Mazariegos será homenajeado por cumplir 50 años de trayectoria artística. En el evento se pondrán a la venta, obras del celebrado paisajista, pero también de más de 200 artistas guatemaltecos y extranjeros, entre consagrados y emergentes. La ceremonia de apertura de la exhibición se llevará a cabo el jueves 22 de septiembre, a las 7 p.m., en el lobby del Centro Empresarial Zona Pradera (final del Bulevar Los Próceres, zona 10). Permanecerá abierta hasta el 21 de noviembre.

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