Page 1

Universidad de Barcelona, Facultad de Bellas Artes Narració Gráfica i Il·lustració. Ej. 02# 3º de Diseño, D1 Alba Fajula Martinez

El trueno tardó 7 segundos en seguir al estallido de luz del que había sido el mayor rayo de toda la noche. A pesar de haber caído tan lejos, su luz llegó hasta el remoto punto en el que se encontraba el barco. El Pelicano, un barco de mercancías del tamaño de un trasatlántico mediano, surcaba los mares rumbo al puerto de Buenos Aires, Argentina. Las olas del Atlántico se levantaban y se picaban contra el barco haciéndolo mecerse de forma violenta en medio de la tempestad. Las luces de los faroles de las cabinas brillaban como luciérnagas bailando en plena oscuridad. Dentro, unas siluetas humanas temblaban en su interior en medio de una discusión. Faltaban apenas dos horas para atracar y llevar a tierra los enormes compartimentos metálicos cargados hasta arriba de azúcar, sal, harina, y otra sustancia blanca y en polvo que no era ninguna de esas ultimas. Un hombre embutido en un traje de Armani con un anillo de oro en cada uno de sus rechonchos dedos daba golpes en la mesa mientras despotricaba sobre lo grave que sería si algún compartimento cayera al mar y se perdiera alguno de sus pequeños paquetes escondidos. El otro hombre de dos metros de alto, calvo, y con lo que parecía una chinchilla metida en su bolsillo de la americana raída asentía y escuchaba mientras pelaba cacahuetes. Nadie más sabía el auténtico contenido de la mercancía que llevaba El Pelicano salvo ellos. De repente, un sonido quebró su conversación, y no era ningún relámpago. Un cubo de limpieza rodó hasta los pies del gorila. En la puerta entre abierta un hombre delgado con el típico mono azul de conserje les miraba con ojos como platos y se estremeció al ver que ambos sacaban un arma. Sin emitir sonido desapareció en la oscuridad del pasillo que bailaba al son de las olas. “Lo habrá oído, sigámoslo y no dudes en disparar”. Los dos hombres se precipitaron contra la puerta y salieron corriendo tras el tercero. Abriendo y cerrando puertas, chocando contra una u otra de las pareces metálicas del pasillo, solo los flashes de los rayos daban suficiente para ver sombras que corrían de un lado a otro. En una de las puertas el gorila encontró a dos grumetes medio en cueros y abrazados en el cuarto de las escobas. Tras amordazarlos y encerrarlos en el armario, salió a la cubierta del barco donde el romper de las olas se confundía con el agua de la lluvia. El gorila vio la figura meterse entre los comportamientos para alcanzar la puerta del paso de los camarotes. Corriendo y resbalando, resbalando y corriendo, chocó violentamente contra la sombra. Forcejeando se precipitaron contra la barandilla justo para descubrir que ninguno de los dos era el hombre que buscaban. Cayeron hacia el mar y se hundieron, volvieron a salir a flote, y gritaron y salpicaron para tratar de ser vistos. Una luz cegadora acompañada de un sonido estruendoso les enfoco con una forma circular perfecta. Al momento, un helicóptero les tiraba una escalera, y arriba una patrulla de policía costera les esperaba con dos pares de esposas. Gracias a los gritos de los grumetes y al aviso vía morse del tercer hombre, localizaron la posición del barco y enviaron ayuda inmediata. Amaneciendo, y de una vez amainando la gran tormenta, los dos hombres arrestados eran llevados a un coche patrulla esposados por la policía de Buenos Aires. Muchos agentes se dedicaron a inspeccionar los paquetes que se encontraban dentro de los compartimentos, otros a interrogar al capitán y al resto de la tripulación, y el jefe de policía felicito al valiente hombre que había dado la alarma. Mientras hablaba, el hombre educadamente le puso la mano


extendida ante su rostro, se sacó una pequeña libreta del bolsillo trasero y escribió un mensaje para el policía: “Lo siento, no le entiendo. Soy sordo”.


Ej 02# Relato corto  

Relato corto hecho a partir de tres cintad adhesivas de diferentes colores sobre un papel blanco.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you