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1 Cuaderno encontrado

Caminaba ensimismado, mirando las baldosas, guiándome instintivamente hacia la plaza más cercana. Apabullado por las circunstancias. Un país que engañó mis sueños de adolescencia tardía. Una humanidad de seres planificados, que invariablemente piensan de una manera hasta los veinte años, mas o menos, y a partir de ahí desbarrancan, todos en la misma pendiente por la que creen ascender, masificándose y aspirando a una sola instancia, infausta, plena de materialidad justificada y sostenida. Un camino cuya meta llamamos madurez, término fácilmente asociable a resignación o extremaunción. Mis ojos lograron llegar a ese destino, habiendo aprendido a dejar de llorar, aunque el frío de la mañana, con sus ventiscas filosas a veces reaviva al ser sensible, al menos su apariencia. Diluí el rocío de los listones de madera en mi pañuelo antes de sentarme en el banco, con los brazos apretados a los flancos de mi cuerpo y las manos dentro de los bolsillos del sobretodo. Mi mente aún sostenía el último eslabón de las reflexiones que me acompañaron desde casa, en el un niño pobre que ni siquiera envidiaba los juguetes de su vecinito rico, crece y logra comprarle a sus hijos todo aquello que el no tuvo. La cadena se cortó cuando vi a un tipo, caminando en evidente búsqueda por la vereda diagonal que cortaba la plaza al medio. Me vio y el rostro pareció iluminársele, detuvo la marcha pero no mi contemplación. Me incomodó. Desvié la mirada hacia un perro, que modificaba su posición de acuerdo a los oasis de sol, cuya situación varía de acuerdo a la altura del astro, que en la


2 temprana mañana asciende más veloz e implacable que el tiempo. El desconocido se había acercado. -¿Es usted?- mencionó con voz nerviosa. No supe contestarle. Su abstracta pregunta materializó una duda. No quitó la desbaratada mirada ni yo argüí contestación. Pasaron eternos segundos. -Usted no sabe, y está bien que así sea. Yo lo conozco, tengo esta charla con usted desde hace 2 semanas. Y mañana, si no encuentro lo que busco vamos a volver a tenerla, excepto que usted ayer no haya venido, ¿cómo saberlo? Y cada vez que nos encontremos va a pasar lo mismo, pero no para siempre, usted alguna vez nació2.. El desconocido se sentó a mi lado, encorvándose hacia delante, tomaba su cabeza entre las manos, cuyos dedos tensos parecían a punto de resquebrajarse. Volvió a mirarme con sus ojos hundidos de locura y desesperación. La angustia que lo azotaba hacía que la mía pareciera rutinaria, apenas un juego. -Uno podría perder la cordura en esta empresa, y no me mintieron. Pero seguí adelante2 -Al decir esa última palabra su cuerpo se enderezó, los ojos parecieron ver más allá de lo material, y sus pensamientos continuaron en voz alta: -¿Se dice seguí, o adelante? La conjugación es un absurdo formalismo que no me sirve, ¿usted me entiende? –Preguntó contemplándome tal como un religioso lo haría ante una ecuación que explica a Dios. -Llevo dos semanas desandando; no logro contactar a nadie, quizá estén con miedo o no hayan soportado el cambio, es muy raro, es contrario a todo, se opone, contradice a la humanidad, desafía todas las teorías. Como siempre, los


3 científicos van a tener que reformular sus conceptos y afirmaciones, el mundo puede ser distinto, al revés, se puede cambiar2. Me levanté, alejándome de aquel joven enloquecido, maltratado por una vida que yo también sufro aunque con un poco mas de dignidad; dignidad que sucumbía cuando me alejaba de el, evitándolo, marginándolo, despreciándolo como lo hacía el padre con su pasado al convertir a sus hijos en esos niños con juguetes caros, chiches que en su propia infancia nunca necesitó. -Oscar, no me dejes solo, necesito contarte una vez más la historia. Así es probable que entienda un poco más. El desconocido mencionó claramente mi nombre. La irrigación sanguínea se detuvo un instante, entonces volví junto a el, que esperaba sentado y expectante. Con una sonrisa sacó un termo lleno de agua caliente y un mate. Lo miré pensando en la cantidad de cuerdos decepcionantes y razonadores cínicos que malogran nuestras expectativas y esquematizan nuestra locura, determinando absurdas categorías, como si se tratara de colores. -Amargo, por favor.- pedí al desconocido. -Ya sé, y tenías razón, es más rico, se saborea mejor la yerba.

Pasaron apenas dos horas, el me contó todo y yo escuché atento, sorprendiéndome a mí mismo a la hora de hacer esta transcripción, detallada y precisa, como si fuera un acto de mi imaginación resurgida, una locura ficcional de ribetes fantásticos y asidero científico nulo. “Mañana todo puede haber cambiado” dijo para comenzar, y no se detuvo. -Vengo del futuro, no un futuro lejano, no aún. Soy uno de los pioneros, hay otros en otras partes, y debemos encontrarnos para sobrevivir, para no


4 convencernos de estar locos. Encontramos la forma de viajar al pasado, no es tan difícil, pero sí desconcertante, perturbadora. Logramos invertir nuestro reloj. Para hacértelo fácil, nuestra vida normal es como un viaje al futuro, incierto de algún modo, previsible si pensamos en la evolución de la humanidad, viajamos 24 horas diarias hacia el porvenir, el mañana, arremetemos al futuro con una cadencia constante, todos igual y simultáneamente. Lo que un genio consiguió fue poner el reloj de arena al revés, ¡no! Mejor dicho, logró que la arena subiera y se amontonara en el receptáculo de arriba. Nosotros viajamos segundo a segundo, día a día rumbo al pasado, desafiando las leyes conocidas hasta ahora. Terminó la frase y escupió, pidiendo disculpas por el horroroso sabor de la infusión compartida. Cambió la yerba y extendió otro mate. Lo tomé, reflexivo, no estaba seguro de qué preguntarle. La primera impresión confundía, no lograba entender el objeto de un retroceso tan lento, tan innecesario. -Estas dos semanas me sirvieron para pensar mejor la respuesta2. Esa pregunta que estás tratando de enunciar mentalmente no hace falta que la menciones, me llevó tiempo pero creo que esta vez voy a ser más claro. La intención del equipo es cambiar el futuro. Hay eventos precisos a los que apuntamos, cuyos efectos marcaron el paso de nuestras vidas y debemos torcerlos, alterarlos. Cómo llegamos a esos momentos históricos si nuestro desandar es tan lento como la vida? Pues de la misma manera. Formaremos una descendencia, creando una sociedad paralela y secreta que avanza al revés para que ustedes tengan una vida real”. Lo miré un rato a los ojos, con ironía. Le pregunté si también sabía lo que pensaba ahora. Con una sonrisa me dijo que no, y que antes tampoco lo sabía,


5 apenas lo suponía por deducción teniendo en cuenta que las 12 charlas previas (futuras?) formulé la misma pregunta invariablemente. Quise saber entonces si mañana, cuando volviera a verlo se repetiría la escena. Me miró sorprendido, se cebó un mate y tras sorberlo me contó que yo mañana no me toparía con el, pero el si me vería ayer, si es que yo ayer vine a esta plaza. Recordé entonces que sí, de hecho hace dos meses que hago todas las mañanas el mismo camino, y que mañana volvería a hacerlo, solo que no entendí porqué no le vería. Argumentó que no es lo suficientemente enterado para comprender la paradoja, pero entendía que el viaje lo estaba realizando él no yo, por lo tanto el existió en su ayer, pero nunca podría formar parte de mi mañana. Quiso explicarme y a la vez interpretar el misterio con el ejemplo de un cuaderno que es escrito pasando las hojas como todos lo hacemos, de derecha a izquierda, marcando la letra A en cada una de ellas: esa letra sería la humanidad y su transcurso normal de los días. Una vez finalizado el cuaderno pasaríamos las hojas de izquierda a derecha, escribiendo una Z en todas. En este último caso la Z encontrará a todas las A en su camino, al contrario le ocurrió a la A, que sólo llenaba espacios vacíos. Quise entender que el camino de las Z desaparecería de mi destino, porque cada vez que la vea sería la primera, ya que Z no existió en la página 5 sin antes cobrar vida en la 6 y así sucesivamente, entonces A no reconoce a Z nunca porque viene desde delante; además la página 6 podría ser muy diferente gracias a la intervención de Z en las hojas anteriores, y resultó que mi mente se atragantó, vomitando toda aquella información imposible de configurar.


6 El desconocido me dijo que con suerte mi futuro lograría ser modificado, pero que nunca podría enterarme ya que para mí no existiría otro pasado más que el que viví. Miró el suelo un rato, tratando de descifrar algo de lo que había dicho; cuando lo vi golpearse la cabeza levemente con el puño advertí que su ansiedad lo perturbaba intensamente. -Quizá esto es real, y nuestra vida sea un sueño delirante, sin leyes científicas, con muertos que no lo parecen, con la moralidad desatada estremeciendo nuestras convicciones, con desconocidos íntimos y tantas incomprensibles alternativas más; luego soñamos siempre en tono de pesadilla con el conocido mundo gris, rutinario, atado y miedoso, lleno de monstruos con formas atractivas y confiables que se alimentan de nosotros matándonos lentamente. Es probable que al despertar mañana recuerdes esta charla como un sueño, o apenas retengas una imagen como una fotografía, encontrándote a un desconocido en el banco de la plaza. Luego me contó de una casa en el campo, que empezarán a construir, por lo tanto, si alguien la descubre verá con el paso del tiempo como esta se irá deconstruyendo, pero consideró que estaría bien oculta. Quise saber como harían con los materiales, ya que probablemente lleguen al día en que todavía no fueron hechos. Hizo silencio y pude ver su aureola de tormento, la basta incertidumbre que hundía su mente en océanos de preguntas retóricas. -Sólo puedo experimentar, los formuladores de teorías se quedaron frente a sus libros y calculadoras, con sus asistentes sirviéndoles café.


7 Cuando le pregunté porqué aceptó exponerse al experimento, sus ojos brillaron dejando ver mi reflejo en sus retinas. Clamó apasionadamente que el mundo nunca soportó revoluciones violentas, que la misma perversión de matar transforma a las personas, convirtiéndolas en lo mismo que mataron o en una variante con un discurso diferente,. Como el niño pobre que ve desfilar delante suyo a otros con juguetes para el inalcanzables. Algunos de esos pobrecitos crecen y consiguen comprar a sus propios hijos esas cosas que desearon y no tuvieron, relegando a los que hoy son como el fue a los 5 años, ignorándolos como el fue ignorado. El niño que creció encuentra justicia en la venganza, omitiendo como él mismo fue olvidado, y eso se vuelve un espiral infinito, sin posibilidad de redención. Así es el equilibrio de la humanidad tal como está, y es lo que queremos cambiar, reemplazando líderes nefastos, modificando costumbres y evitando ciertos avances científicos. Llevará tiempo y sacrificio hacerlo, pero quizá mañana cuando despiertes vas a vivir en un mundo mejor, mas que humano. Lo miré con perplejidad, reprimiendo mi necesidad de encontrar algún rasgo familiar en aquel rostro. Le pregunté por los riesgos, y afirmó que son muchos. El principal temor es que luego de muchas generaciones los nacidos en esta circunstancia de viajeros podrían independizar su pensamiento y oponerse a efectuar los cambios para esa sociedad paralela que corre a su lado, o peor aún, pueden acostumbrarse a esa vida y olvidar la misión. -Basta. –Sugerí, muy confundido. Llegué deprimido a esta plaza y encontrarme con usted no sirvió más que para empeorar mi ánimo. Agradezca que no vaya a denunciarlo, las celdas son muy húmedas y frías en esta época.


8 -No me preocupa, mañana será ayer para mí, y nunca estuve en una celda.

Me alejé perturbado, no podía dejar de ponerme en su lugar, imaginando esa extraña vida que me hizo creer. No pude concebir que tras su sueño despertara ayer y no mañana, que el era nuevo todos los días a pesar de envejecer, que se reencontraba siempre con personas que jamás lo habían visto. Cuánto mas fácil sería para mi pensar que estaba en presencia de un loco, echarme una siesta y olvidarlo todo. Giré y aún me miraba, con esos ojos tristes y soñadores, como de cualquier hombre con menos de 25 años. Elevó su mano y tras una contracción facial con atisbo de sonrisa se despidió diciéndome “mañana todo puede haber cambiado”

Creo que por desconfiado lo volqué en estas hojas. Ahora las guardaré en el cajón del ropero donde amontono todas las porquerías que no me atrevo a tirar a la basura, de algún modo u otro me infunde respeto a pesar de que una vez allí dentro no vuelven a ver la luz. En ese lugar dejaré estas memorias, porque se que nunca mas volveré a revisar ese cajón.

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¿Ciencia ficción o posibilidad inconcebible? La juventud termina a los 25 años.