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En sus casas Marcos Vasconcellos Naranjo

2º Premio V Certamen “Valle de Esteribar” 2013


EN SUS CASAS

Lorenzo salió de su casa con la bata rosa puesta. Estaba enfadado porque le molestaba el ruido de los hierros del toldo del vecino, y fue a decirle algo al respecto. Llamó al timbre. –Julián… Buenos días. Soy Lorenzo. –Ah, sí, Lorenzo. Voy…espera. Era martes por la mañana. También se escuchaban –del interior de otras casas– sonidos de radio, batidora, cisterna, aspiradora y telefonillo porque el cartero comercial estaba llamando a todos los pisos. En el rellano y por la escalera olía a comida, café recién hecho y productos de limpieza. Julián abrió la puerta. Era un hombre de cincuenta y tantos años, calvo, bajito y delgado: vestía de una manera extraña… Como si fuera un marinero o algo parecido. –Pasa, hombre. –No, verás; yo sólo... –Pero pasa, hombre. –Bueno, es sólo un momento.


Lorenzo entró en el piso de Julián. Era una casa de los años setenta con muchos espejos, ornamentos dorados, tapetes de ganchillo, portafotos y muebles antiguos. Le llamó la atención como iba vestido su vecino y que desde el recibidor Lorenzo podía ver como en el salón se movían mucho las cortinas blancas. –Dime, Lorenzo, dime. –Ah, sí, yo… Oye, es original el pijama. –No es un pijama; es el uniforme de la marina. También tengo la gorra… Está por ahí, no he podido… Lorenzo le interrumpió, fingió que no le había escuchado y siguió a lo suyo. –Vale. Oye, mira… ¡Que si no te importa hacer menos ruido con los toldos! –Vaya, lo siento pero…no depende de mí. Lorenzo puso cara de extrañeza. –Es el viento. Hoy el mar está… Es el barco, no puedo dominarlo. -¿Me tomas el pelo? Julián estaba serio y convencido de lo que decía. –No, no… es una situación crítica.


-¿El mar? ¿Dominarlo? ¿Situación crítica? ¿Pero qué me estas contando? A ver, Julián, que nos conocemos de toda la vida. Que lo que tienes delante de tu balcón es un descampado donde cagan los perros. –Cada uno ve lo que quiere ver, pero yo te digo que es el mar y que hoy está muy agitado. –Claro, claro, y por eso estás vestido de marinero. Ahora todo encaja… –Es el uniforme de la marina, ya te lo he dicho antes. Mira esto es de la Armada… Julián le muestra el parche de un escudo cosido en la camiseta. Lorenzo se gira para un lado y para otro, se pone de puntillas y mira hacia el salón por encima de su vecino. –Vale, sí, claro…el uniforme. ¡Pero bueno! ¿Qué es eso, Julián? ¿Qué te has montado en la terraza? –He intentado reproducir lo que pasó en la fragata de… –Vale, vale, no me lo cuentes. A ver, a ver… ¿Esto desde cuándo te pasa, Julián? Lorenzo intentó pasar al salón, pero Julián se le impidió con los brazos cruzados –Quieto, Lorenzo.


–¡Pero si tienes puestos los ventiladores! –Lo siento, no puedo entretenerme. Verás… el mar, el viento… Si no voy ahora…vamos a volcar y… Lorenzo le interrumpe exaltado. – ¡Bueno, ya está bien! –Oye, mira, Lorenzo, déjame. Cada uno que haga lo que quiera en su casa. Vale, trataré de hacer menos ruido al izar la vela, pero no te prometo nada. –Claro, claro, todo depende del viento y del mar, entiendo. Y si es sólo lo de la vela, yo te puedo ayudar... ¡Pero vamos a ver… Nos estamos volviendo locos con esto del paro! ¿Qué pasa, que ya no sabemos qué hacer con nuestro tiempo libre? No, si ya verás: nos van a meter a muchos en el manicomio. ¡Que aún tenemos cincuenta y cinco años, hombre, que todavía nos pueden llamar! –Ya, bueno; yo ya hace mucho que no espero… Voy a lo mío. –A lo tuyo, claro, claro. No sé si gritar o reírme. Tú no estás bien, Julián, te lo digo yo. ¿Y tú mujer, qué dice? –Pues como la tuya… Mientras no nos vean y hagamos los recados. –Pero vamos a ver…


–Lorenzo, vete a casa; déjame en paz en mi casa y con mis cosas. Yo no te digo a ti que no hagas tanto ruido con los tacones de tu mujer, ni que pongas a un volumen tan alto las canciones de la Jurado, ¿no? –La más grande –¿Qué? –Bueno, eso…que seríala radio grande… –Ya. ¿Y lo de pintarte las uñas con la diadema puesta?… Que el día que te vi en la terraza... –Vale ya. –Pues eso…-Y por favor, esa bata… Lorenzo se mira la bata; parece que le da un poco igual su aspecto; sale de la casa y se queda delante de la puerta. –Ah, sí, la bata; lo primero que he cogido. Tú dirás lo que quieras, Julián, pero esto que haces no es normal. No gana una para disgustos; quiero decir…uno, que no gana uno para disgustos. Bueno, haz lo que tengas que hacer con “el barquito”;pero procura hacer menos ruido, hombre. Julián va cerrando poco a poco la puerta. –Adiós, Lorenzo.


–Adiós, Julián. Lorenzo se va de casa de Julián hablando solo, apretándose el cinturón de la bata y criticando al vecino. –No, si ya lo digo yo… Un día nos hundimos. Verás. Tiempo al tiempo. Después, cada uno volvió a sus cosas en sus casas. Y en las casas de los vecinos se podía escuchar un taladro, un secador de pelo, una televisión, una puerta corredera, una mujer que gritaba a su nieta por teléfono y el sonido de arrastrar unos muebles por el suelo.

FIN

En sus casas  

de Marcos Vasconcellos Naranjo. Segundo premio del V Certamen de Relato Corto "Valle de Esteribar"

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