Page 1

La luna roja de Siberia - Una novela de J.M. López

S

ergei llevaba horas corriendo, adentrándose en un bosque que parecía infinito, sin destino, sin rumbo, a merced de su instinto. Por su cabeza sólo rondaba la idea de huir, no se atrevía a mirar atrás, sorteaba descomunales cedros que le hacían a la vez de verdugo, lastimándole severamente y dificultando su paso. Calzaba un par de botas desgastadas, unos pantalones roídos y una enorme casaca de un alto cargo de la justicia al que había matado con sus propias manos. Su barba era frondosa y blanquecina, el paso del tiempo había hecho justicia en su cabellera y en los cauces de su cara, en la que lucía un enorme moretón en el pómulo. Una mueca involuntaria reflejaba el dolor que sentía al notar que comenzaban a infectarse las numerosas heridas que afligían su famélica figura. La noche se empezaba a hacer eterna, la escarcha se clavaba en la piel como dardos envenenados y su huida parecía la cacería de un veloz felino intentando capturar a su presa; la diferencia es que, esta vez, él era el botín. Sergei empezaba a bajar el ritmo, se podía oír su respiración accidentada en la serena noche siberiana. Ahora, los macizos que le flagelaban a su paso empezaban a escasear y le ayudaban a tomar impulso, no sin tener que pagar un alto precio por ello: sus manos ensangrentadas y llenas de punzadas de corteza de roble eran la moneda. Sergei emitía un gemido extraño y se decía a sí mismo: — ¡No pares, corre, corre! —su atormentada cabeza no podía crear un plan para enfrentarse a su miedo.

www.whitecloudpalace.com


La luna roja de Siberia - Una novela de J.M. López

Por un momento Sergei se detuvo. Era un claro del bosque, libre de árboles y en el que se reflejaba la luna llena, una mística y extraordinaria luna llena que iluminaba hasta el último rincón de ese descampado. Su respiración era seca y agitada. Miró hacia lo alto buscando el firmamento estrellado, abrió su boca agrietada y, torciendo el gesto, tomó una bocanada de aire como si le fuera la vida en ello. Se encorvó y puso sus temblorosas manos sobre sus escuálidas rodillas, todo eso en un segundo, sólo un segundo. Levantó su cabeza y vió su sombra consumida, proyectada en la maleza del descampado. De repente reapareció ese hedor pestilente a carne putrefacta que le perseguía desde hacía horas. Sergei se dio la vuelta y buscando a alguien o algo gritó con desesperación: — ¿¡Qué quieres de mí!? Un profundo silencio fue la respuesta. Sergei bajó la guardia y exhaló el aire, y un fuerte estruendo se oyó a lo lejos. Asustado sacó un pequeño puñal oxidado que llevaba guardado en la taleguilla; tembloroso, sin saber a qué apuntar y con el pánico aflorado en la mirada observaba cómo el ruido ensordecedor se iba acercando hacia él. Era atronador, un eco sacado de las entrañas del infierno, acompañado de una fuerte ventisca. Sergei retrocedió unos pasos, no creía lo que venía hacia él, levantó su mirada y, aterrado, vio atónito cómo esos descomunales árboles centenarios que antes le obstaculizaban se desplomaban como naipes al paso de algo que, por su destrucción, debía de ser monstruoso. Cuando todo señalaba que el final de algo desastroso le alcanzaba, entornó su mirada, apretó los dientes, cerró los puños y, abatido, dejó su destino a lo que surgiese. Notaba cómo el ruido de los árboles al caer era, preocupantemente, www.whitecloudpalace.com


La luna roja de Siberia - Una novela de J.M. López

cada vez más cercano. Pensó en un instante en suplicar a Dios, pero sabía que no le serviría de mucho, su relación con el Altísimo haría que se pusieran las cosas aun más feas. Cuando abrió los ojos tenía el corazón que se le salía del pecho y el estruendo desapareció. Sólo quedaba una enorme senda de gran distancia que se perdía en la negrura de la noche, una vía en la que se observaba una devastación descomunal y que fuera lo que la hiciese, extrañamente, no estaba allí. Sergei se quedó petrificado, movía sus ojos en todas direcciones buscando una explicación, sin saber qué había hecho eso. Relajando su demacrado cuerpo, dejó caer el puñal de su mano lentamente e inspiró de nuevo una pizca de aire. Todavía aturdido por lo acontecido, se giró y vió un pequeño charco de agua cristalina, el pobre estaba exhausto y necesitaba un pequeño sorbo para tomar fuerzas, así que se aproximó a él y, con cierta dificultad, hincó sus rodillas en el fango de alrededor y, con sus dos manos haciendo de tazón, tomó un poco de agua. Sergei notaba cómo el agua helada caía por su garganta como si fuera ácido. Sus agrietados labios se desquebrajaban, pero no le importaba, apenas los sentía. Mientras tomaba agua veía su reflejo, se quedó parado un instante… observándose… Se dio cuenta de que era un pobre viejo. Su imagen en el charco empezó a hacer ondas, la tierra empezó a vibrar. Como un león agazapado manteniéndose al acecho, se giró observando que las sacudidas venían del sendero, volvió a apreciar ese olor que le abrumaba cada vez más cerca, observaba que de la negrura que había al final de aquel camino, un halo de tinieblas teñía de sombras todo a su paso y se estaba acercando a él. Sergei miraba con recelo e incertidumbre, pensando que era alguna ilusión óptica, pero no era así. A medida que la oscuridad engullía todo a su paso, en un acto reflejo, Sergei se agachó y cogió de nuevo su enrobinado puñal… Pero de nada le serviría, el aroma era cada vez más latente, casi asfixiante, www.whitecloudpalace.com


La luna roja de Siberia - Una novela de J.M. López

así que con una mano sujetaba el arma y con la otra hacía de escudo en su boca. Sin perder de vista el umbral de oscuridad que se le aproximaba observó a lo lejos dos luces brillantes, como dos monedas de oro relucientes que se acercaban despacio, a una altura considerable. — Seguro que es un maldito y mugriento oso —dijo Sergei sabiendo que se engañaba. Él sabía que eso no podía ser un animal, su movimiento era exquisito y constante, se dirigía a él como algo sobrenatural. Cuanto más se acercaba, reconocía una figura con apariencia humana, translucida, enorme… de unos dos metros, con la mirada del diablo. Cuanto más se aproximaba, más temía por el desenlace. Esa criatura espectral estaba tan sólo a unos metros de él. El olor era asfixiante cuando pasó por su cabeza otra vez la idea de escapar, pero era tarde, estaba demasiado cansado para poder correr y el ente se había parado a apenas un metro de él. Sergei lo analizó de arriba abajo perplejo, su mirada era tan penetrante que se te incrustaba en el alma y mostraba una gigantesca sonrisa maliciosa llena de dientes afilados, que no paraba de friccionar emulando un ruido tenebroso. Esa especie de fantasma no le quitaba ojo de encima, los dos inmóviles, a menos de un metro de distancia. Sergei lo observaba con incertidumbre y el otro con deseo, con el apetito de una bestia que tiene agarrada a su presa. El ente se aproximó a él sin que pudiera reaccionar, lo atravesó como el que cruza la bruma, quedándose de espaldas el uno del otro. Sergei sintió por un instante cómo su cuerpo se helaba y cada vello de su piel se contraía, causándole un dolor semejante al del impacto de un proyectil, le faltaba el aire, se sentía como si www.whitecloudpalace.com


La luna roja de Siberia - Una novela de J.M. López

le hubiese arrancado un trozo de lucidez al rebasarlo. Se empezó a encontrar mal, aturdido, buscando algo a lo que agarrarse para no desplomarse al suelo, fue arrodillándose lentamente mirando a los lados, todo era borroso, por un instante no sabía dónde estaba. Cuando se encontró con el firme, apoyó sus manos en la tierra e intentó orientarse, jadeando y buscando el aire. — Sergei… Ízar… Jolodnaia —replicó lentamente el espectro con cierta ironía. — ¿Qué?... ¿Quién es? —dijo mientras intentaba recomponerse palpando la tierra, buscando su inútil arma, balanceándose y sujetándose la cabeza intentó alzarse sin acierto. — ¡Sergei Ízar Jolodnaia! —increpó de nuevo con tono más áspero e indignado, buscando réplica del débil Moscovita. Sergei comenzaba a situarse, a entender lo que decía el ente. Se incorporó con cierta dificultad y mirándolo de reojo le dijo: — ¿Por qué me persigues? —Sergei estaba asustado, esa figura fantasmagórica lo miraba como si lo conociese de toda la vida, sus ojos acusadores y su sonrisa bucólica no le recordaban a nadie, así que dudó de conocerlo. — Yo soy parte de ti… —dijo pausadamente, con la voz del diablo. Sin darle tiempo a contradecirle, señaló con sus largas y puntiagudas manos el centro de la planicie. Por un instante se quedó desconcertado, pues no sucedía nada… Pero de ahí, de la nada se originó una luz brillante, cándida, acompañada de un remolino que brotaba de su eje. La luz se hacía cada vez más grande y consigo el torbellino se hacía más poderoso. Sergei no podía ver, la luz era casi cegadora y el viento ciclónico, pero el fantasma seguía allí como si www.whitecloudpalace.com


La luna roja de Siberia - Una novela de J.M. López

nada, apuntando hacia el eje con su índice demoníaco, en la misma postura, creando algo extraordinario.

www.whitecloudpalace.com

La luna roja de Siberia  

Primeras páginas de "La luna roja de Siberia", una novela del escritor totanero J.M. Lopez

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you