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EDITORIAL

Estimados amigos

S

POR PATRICIO PEÑA DIRECTOR GENERAL

e veían venir las restricciones a las importaciones. La balanza comercial no petrolera registra un déficit abultado que puede volverse insostenible. No me cabe duda de que debían tomarse estas medidas, estableciendo licencias y cupos, más allá de que convengamos o no conceptualmente con ello, en virtud de que el crecimiento de nuestra economía depende también de las importaciones. Lo lamentable es que se recurriese a una medida coyuntural y política. Lo interesante hubiese sido que se adoptasen medidas que estimulen y catapulten las exportaciones, que es la mejor manera de equilibrar la balanza comercial. Y ¿qué es lo que no se ha hecho o se ha hecho mal para arribar a la conclusión de que el país no estimula la actividad productiva orientada a las exportaciones? En primer lugar, y derivada de un matiz ideológico, la falta de acuerdos comerciales (no me refiero a los de libre comercio) con nuestros principales mercados -EEUU, Europa, Rusia y Asia- nos pasa la factura. El gobierno se concentra en suscribir acuerdos con Siria, Irán, Guatemala y El Salvador, países con los que nuestro comercio es residual. Esto nos resta competitividad, como lo estamos viendo con el banano. En segundo lugar, la estructura tributaria del país repele la inversión: i) el anticipo del impuesto a la renta se convierte en impuesto míni-

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mo, al establecer que los ingresos, el patrimonio y los activos constituyen base para el cálculo del impuesto; ii) el impuesto del 2% a la remesa de capitales, inclusive para el pago de importaciones, de créditos externos y de dividendos a inversionistas; iii) la penalización tributaria a las empresas domiciliadas en jurisdicciones que no son consideradas paraísos fiscales por la OECD pero sí por el SRI. Podemos afirmar que con nuestros productos “exportamos impuestos”. Finalmente, la lenta incorporación de mecanismos de seguros de riesgo a las exportaciones no permite que la venta al exterior de ciertos productos crezca a tono con la capacidad productiva local. La orientación y acción política debería ser el resultado de una amalgama de decisiones: fomentar las exportaciones, con líneas de crédito y seguros de riesgo, privilegiar la producción nacional (lo que implica un régimen no exacerbado de sustitución de importaciones), por un lado y, por otro, desarrollar una estructura tributaria diferente. Nuestro sistema de comercio exterior debe incluir medidas y orientar sus esfuerzos con una perspectiva que nos haga menos vulnerables a los choques de la coyuntura. Chile y otros países de la región tienen acuerdos comerciales con la mayoría de sus mercados, no exportan impuestos y precautelan el riesgo de sus exportaciones. ¿Será que son ellos los equivocados?

Editorial Informercados Octubre  

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