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Transverberaciones


"Le veía en las manos de Ángel un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Esto me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. […]Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se me quite […] No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto.” Santa Teresa de Ávila


Este conjunto de versos y obra plástica lleva el nombre de transverberaciones, ya que, recibiendo el influjo teresiano (nací un 15 de octubre), los sentimientos aquí expresados, pasan de un golpe, hiriendo el papel en blanco, — alma en espera de improntas—, con la punta de un lápiz, un estilógrafo, una gubia, un pincel, un crayón que son espadas de un concepto divinizado.

Silvia Teresa Flota Reyes abril de 2011


I SĂłlo vives aprehendido en mi idea en un aliento de ser en abisal vacĂ­o. Fuera de mĂ­, te hallas como otro, indiferente, a las leyes que concibo; dentro, eres capricho de mi trazo libre y con punta de plata te tambaleo tras el suave esbozo arrepentido.


II Captado con mil besos de mariposa, intracranealmente, el quiasma te retiene. Se tira la línea hasta la encarnación de ti desde el claro oscuro cernido por el sauce, insinuándose con insistencia achurada en el acto de mi soberbia creación; vida, sueño, deseo o lo que seas.


III Si el pezón óptico extiende su zona ciega, el contorno de tu cuerpo queda perdido, difuminándose en pólvora mojada. Tu presencia alguna vez será un lienzo inmenso, recuerdo de una calidez atemperada; dos manchas marrones de acentos cadmios pintadas como síntesis de todo lo pintado. Moriré, sol; igualmente, morirás


IV Antes de ser el sentido abstracto de la muerte serás verbo en el discurso de mis ojos. Mientras te distinga, habrá razón en mi sintaxis, trasegada al cromatismo del destiempo. Verbo infinito, infinitivo, en acecho de la potencia; desmedido en todo ese ir entre fases de luna, catatónico en tu luz incandescente, trashumante en la tierra rarísima color de rosa.


V Jurar que no te volveré a ver es vaciarme el ojo con la punta del olvido; decir que andaré la pasión a tientas, que me quedaré tuerta de un alma, que mandaré suicidar a la niña que se dilata con la luz de tu espejo, que llenaré el hueco con arena de reloj para llorar minutos secos. En fin, jurar que no te volveré a ver es decir lo que no le incumbe al oculista.


VI

Ningún versado tendrá pista alguna de cómo una cámara lúcida deja de serlo; la mente revuelta con la visión lacerada desconocerá de súbito todo lo vivido, cosas abyectas, sólo cosas sin secuela y entre ellas yo, un bulto idiota en pares de escenas descompuestas sin hambre, sin sueño, sin móvil, destejiendo la trama del sentido.


VII Desde que el hastĂ­o humano reina moroso, instalado en el nido de la sensual sospecha, ningĂşn dios longevo e indispensable existe, Ăşnicamente yo, alterando la casta de la realidad con la yema de los dedos cargada de pigmentos, para recrearte ensartado por preguntas sagitales y capturarte vivo con la piel tatuada de misterios.


VIII Cada signo en tu hĂşmeda vitela, somete a mi trazo a un baile extĂĄtico ejecutor de un universo trasuntado: los siete mares, el cielo y sus seĂąales, la trinidad cromĂĄtica en diurno manifiesto, el filtro en haces del polvo de los muertos, la vida por nacer debajo de la tierra.


IX El canto de tu hechura reverbera los minerales del limo oloroso con el que te transfiguro en el ser que se burla del anatema testado. Cavernosa figura que no reconoce exterminio, te replicas al infinito a voluntad de mis manos; materia pr铆stina, s贸lo atada a mis bocetos, te desato para que recuperes el mundo.


X Pensar que no te volveré a ver es desconfiar de que puedo recordarte; creer que eres sólo un cuerpo, que no tienes sustancia, que no seré yo quien me vacíe el ojo, que eres tú el desalmado que me hace jurar palabras vencidas para abdicar a contemplar la vida. Sin un fin, es condenarme a vivir velada.


XI Transgrede tu luz mi norte umbrĂ­o entre el pienso nunca enverdecido y las flores limitadas por el gris del cielo. Fiat lux, y la luz se hizo alrededor de ti, alrededor de mi pupila renacida sin juicio en un mundo creado sin inhumana prisa


XII No fueron siete días; no, no fueron, durante mi pubescencia preparé mis manos, se afinaron como artífices de un reino marginal sin pretender encomio o altar en el corazón de la fe. Ninguna certeza emanará de mi ser de diosa triste si no es de la apetencia de la tumba de tu alma.


XIII Transfiéreme lo que la conjetura no toca sin trastocarlo por la mundana apariencia. Irísame antes de que no convenga. Debo tentar el índigo loto de tu frente, acariciando tu violada trascendencia y la palabra azul en la nuez de tu garganta, inyectada por el verdor del tumbo acorde cuando libe el amarillo de tu ramo santo con que tornaré naranja el ansia rubicunda.


XIV Armonizando el color de tus poses encuentro el acento de tu mueca diferida en la clara fuga de las palabras que te iteran desde la misma frรกgil punta de fresca hojarasca con que aquellos รกrboles de Ruysdael escoltan, impasibles, el camino austero. Y mis ojos buscan el color bermejo en el trino guarecido en tu fronda y, en la copa, tu alma cantora mece mi paso por este andar de senderos reservados.


XV El camino no es el mismo, ni qué decir. Los jóvenes de ayer lo araron con los pies transidos Hoy, los ancianos de mañana doblegan la crecida espiga con la cuervísima intención de visitar a la muerte en su casa pero, aun en el enjambre de balas de hechos desdoblados, veo brotar de tus labios, con un sí y un no, tu adolescencia y el tiempo es único. Restablecido en el recuerdo perenne, te puedo mantener en su borde con oleosa espesura.


XVI Los párpados censuran tu imagen —la que tengo de ti, figurada con mordientes—; la lengua se enrosca como caracol: húmeda, vascularizada, tierna y babosa calla su desnudez hambrienta con su opérculo, se trepa en el nicho del mutismo; las manos duermen en el sexo del viento, su quietud acurruca el onanismo insomne y el alma, el alma fragua tu esencia.


XVII Incluso, sellado el cuerpo con tu ausencia, ocultando el descalabro con los ojos quietos y con la boca perdida entre manos crispadas, el pulgar de la infancia buscador de sapiencias, a travĂŠs de la cata trasvasa tu estampa, tu rostro surge diluido en semitonos. Remojada existencia ensimismada, eres azĂşcar y ĂĄcido en la plancha.


XVIII Por ese rostro, sí. ¿A imagen y semejanza de quién?; de ti que eres telúrico e ígneo. Por ese rostro, sí. Amaso un meandro para errantes; sólo porque sí. Abro un espacio de más en estos cortijos: mis manos, mis ojos, el tiempo en mí.


XIX Con peso, tama帽o, valor e intervalo he mudado la discordancia por dios esbozada por tu anhelante figura de canon 谩ureo, segmento medido en extrema raz贸n de infinita cifra de existencias armables. Impacta de nuevo en la tensi贸n del lienzo, la coloratura de tu voz entre fraseos, percutiendo el motivo de hacerte icono.


XX con la abundancia mineral, cocino la cognición con la que cargo el pincel para explotar el sentido de las cosas haciendo eco en el plexo de mi época subiendo el tono por sacra escalera hasta algo simpático o vago en mi animalidad donde el concepto amamanta el dilema y se encaraja, pero aguanta, la mordida tierna porque abre la herida que entrevé el blues cluster en disminución y crecimiento contrario.


XXI se oye todo transazulado, en la arterial cava: clic, clic…el vino rojo gotea siguiendo la presión, después, el shock, el deslumbre sobrentendido: como el caballo azul, tu espíritu se resuelve fuera. Lejos, rumias tu propia vida. Te desconozco No oigo mi obra en el ojo del contemplador; una nueva vida enmarcada, curada por expertos, late lejos; te miro, lejos; lejos te entiendo como antes.


XXII Razonar que no te volveré a ver es asimilarte en mi propia experiencia, aceptar que vivas ebrio en otras intuiciones, que te reflejes en ellas, que puedas dibujarte en otra alma que te haga el centro de otra esfera, que a nadie negaré el placer de recrearte para reír minutos de otros ecos. Al fin, te doy la razón de que puedes ser distinto.


Transverberaciones  

Écfrasis: Versos y obra plástica

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