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La naturaleza vuelve a los hombres elocuentes en las grandes pasiones y en los grandes intereses. Voltaire

Cuando encuentro a quien domina el arte de conmover, deleitar o

persuadir con la palabra, no me queda mรกs que concederle un lugar en un estrado. Estas pรกginas son la tribuna en la que presento a aquellos que han cautivado mi atenciรณn con sus diversas elucubraciones.

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Atellier Iram..........................................................6 http://atellieriram1.blogspot.com/ Miradas íntimas http://miradasintimas.blogspot.com/....................13 Donde habita el monstruo……………………………….14 http://dondehabitaelmonstruo.blogspot.com/ Jarabe de amapolas……………………………………….18 http://jarabedeamapolas.blogspot.com/ El almacén de los días perdidos…………………………20 http://elalmacendelosdiasperdidos.blogspot.com/ The Fújur Times………………………………………………24 http://islasfujur.blogspot.com/ Letras y Recetas http://letrasyrecetas.blogspot.com/.......................30 Mangia with Mario………………………………………….38 http://mangiawithmario.blogspot.com/ De mi cosecha........................................................43

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Vínculos Escrito por: Iram de la Rochefoucault Sábado, marzo 26, 2011 La vida es hacer vínculos, por todo, por todas las razones, por todos los motivos, siempre nos dejamos llevar por el aprecio, afecto o a veces por la costumbre. Pero no, cuando hay vínculos la llamada costumbre no cabe porque cuando existe un aprecio real y un afecto sincero lo que nos lleva a pensar en rutina es olvidado, cuando hay vínculos sinceros hay unión real sin intereses de por medio. Sí, hay quien confunde los vínculos con eso llamado amor carnal que es uno de los disfraces del deseo. Pero se sabe que el deseo no lleva a nada más que a la destrucción de quien desea como del objeto o persona deseados. Cuando alguien obtiene lo que desea acaba la ilusión y termina la razón de su existir. Pero si nos olvidamos del simple deseo podemos crear vínculos y al crear vínculos creamos real y verdadero aprecio que nos lleva al real y verdadero Amor.

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Claro está, la gente común, la masa, siempre habla del amor, de “estrechar vínculos” y del aprecio. Pero casi siempre se habla con desdén sobre ello, de hecho la palabra amor se considera más allá del vínculo cuando no es así, una sin la otra no pueden existir. El Amor, el real y verdadero, aquél que no está basado en el deseo y la posesión primeramente inicia con el vínculo. Dos personas se conocen, se tratan, intercambian, se comunican a veces incluso en silencio, se agradan, se pueden identificar, se reconocen en el otro, al iniciarse el conocimiento mutuo puede iniciar una relación que puede llevar a un simple compañerismo o camaradería, pero ya hay un vínculo, pequeño o débil, sí, pero vínculo al fin. Este vínculo puede romperse si deja de haber entre esas personas intercambio de información, primeramente se debilita al no tener ya contacto con esa persona y finalmente se quiebra. El vínculo deja de existir o puede darse de nueva cuenta pero de manera débil. Al contrario, cuando la identificación e intercambio de información es constante el vínculo se reforzará y puede ser que se haga tan fuerte que llegue el momento en que se hable de amor real. El vínculo es como la tela de araña. La araña arma su tela con materia creada desde el interior de su cuerpo, hace su construcción a su gusto y necesidad. Algunas veces crea grandes extensiones de tela y en otras se conforma con una pequeña telita pegada entre las esquinas de las paredes o ventanas. Los insectos revolotean alrededor de la tela, algunas veces atraídas por las luces de estas construcciones, otras por accidente. Y contrario a lo que se piensa, la araña no siempre se interesa en todo insecto que ha caído en sus redes, no, hace una selección. En algunas ocasiones un insecto se ve atrapado, la araña lo observa, lo analiza y puede dejarlo escapar

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o hace caso omiso a que esté ahí y el insecto escapa, pero cuando cae un insecto que le interesa a la araña ésta lo llena de más tela, le da vueltas, lo atrapa hace más fuerte la tela que apresa al insecto y se queda con él…claro está, esta metáfora no es precisamente la más adecuada, tal vez, por que sabemos que los insectos que le interesan a la araña no los retendrá para hacerlos sus amigos sino para comérselos y luego tirar su cuerpo seco el algún rincón con toda la indiferencia, pero el asunto era ver que los vínculos son tan delgados como las telas de las arañas, son débiles, son delicados y pueden romperse en cualquier momento. A menos que nosotros deseemos hacer más fuerte ese vínculo; si es así entonces trabajaremos en crear una doble, triple o cuádruple tela hasta lograr que sea muy fuerte y aún así es tan delicada que puede romperse con cualquier esfuerzo mínimo, resistirá, sí, pero dará de sí en caso de que probemos su resistencia una y otra vez. Así es la vida también y los vínculos, las manos del destino jalarán ambos lados de la fina y delicada tela del vínculo, y de hecho hará lo posible por romperla, pero depende de qué tanto nos interese mantener ese vínculo y de qué tantas vueltas y refuerzos hemos hecho para retener lo que consideramos importante para nosotros. Aunque sí, también es verdad que el vínculo entre personas también depende de qué tanto hacen ambas partes para reforzar el vínculo. Así, si sólo un lado es reforzado una y otra vez y el otro no entonces el destino hará un esfuerzo mínimo y podrá romper esa tela que sólo se mantiene por un solo lado. En ese caso es un esfuerzo inútil por que el vínculo realmente nunca ha existido o existe pero muy debilitado.

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Sí, los vínculos personales están basados en dos partes, si sólo es un lado el que refuerza y el otro no, entonces pronto cederá al primer tirón del destino y el lado reforzado hará esfuerzos en retomar el vínculo y tratará de volver a unirlo, pero es inútil, cuando un extremo nunca ha hecho lo posible por mantener el vínculo con el otro nunca podrá unirse de nueva cuenta, es un puente colgante roto que al despegarse uno de sus extremos hará que pronto todo el puente caiga al vacío. Existen muchos puentes colgantes que cederán pronto, hay puentes que no llevan a algún sitio específico, son creaciones que sólo han sido creadas por ociosidad mal llevada, por deseo, por búsqueda de placer, por búsqueda de algo, lo que sea, pero nunca con un objeto específico. Son puentes que fueron creados sobre vacíos y que en cada extremo existe otro vacío más profundo. Cuando dos extremos quieren formar vínculos debe existir una razón o un objetivo. Si un extremo es vacío, inútil y poco alentador tratará de buscar otro que le sea útil para mejorar. Pero si ambos extremos son vacuos entonces no se llegará a ningún sitio, es ir de un desierto a otro. Los puentes se crean para intercambiar cosas que ambos extremos necesitan. Sí, parece algo muy absurdo, pero los vínculos se hacen porque dos extremos o dos personas necesitan una de la otra de algún modo. No es deseo, cuando hay deseo existirá vacío, es más bien una necesidad de retroalimentación mutua. Parece difícil de creer que entre dos personas de igual o distinto sexo pueda haber sólo una relación que no busque la satisfacción de deseos, pero sí, eso es posible. De hecho es lo ideal hallar personas a las que sólo se quiera

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ver por que sí, personas con las cuales uno quiera hacer un vínculo sólo por que sí. El error de casi todas las personas es que buscan vínculos por interés y deseo. Hacen vínculos con otros por obtener cosas o posesiones, hacen vínculos para satisfacer sus deseos sexuales o para hacerse de compañeros que les den la razón cuando lo necesiten o para obtener una especie de esclavos de sus deseos. Ese tipo de vínculos son los que no deberían existir, pero parece que son los que más aprecian y practican los seres humanos. Aunque sí, también es un ideal mucho más elevado el no hacerse de vínculos, pero eso sólo lo logran las almas que han eliminado de su Yo toda posesión material y espiritual y aunque no parece posible hacerlo es algo que cualquiera, con trabajo, mucho trabajo podría lograr. Pero siendo más realistas la mayoría de las personas necesitan crear vínculos pero lo que debe aprenderse es a realizar vínculos que nos den algo no hacerse de cadenas que nos hacen caer cada vez más en la desesperación y la frustración. ¿Cómo saber que un vínculo nos dará algo bueno a nuestro espíritu? Fácil, cuando ese vínculo no nos hace sentir sufrimiento sino todo lo contrario, cuando tener ese vínculo nos hace crecer y ser felices. Cuando hemos logrado ver la diferencia entre deseo y amor, cuando hemos logrado ver más allá de lo material, cuando ese extremo nos hace sentir que mejoramos es cuando hemos logrado hacernos de un buen vínculo y vale la pena reforzar el vínculo y seguramente si al otro extremo le damos también algo que necesita reforzará su unión con nosotros. No es difícil, simplemente es cuestión de saber que no sólo buscamos nosotros nuestro beneficio sino que buscamos beneficiar al otro por nuestras acciones.

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Claro está, la humanidad actual busca sólo satisfacer sus propios deseos, busca sólo darse a sí mismo placeres y beneficios materiales. Es ahí cuando se ve en problemas y ve sus muchos vínculos a punto de despegarse y cuando se da cuenta al fin de sus errores ha perdido todo lo que pudo haberlo unido a cosas que valían la pena, pero como siempre…ya es muy tarde. Si queremos crear vínculos fuertes y satisfactorios simplemente hay que saber conocerse a sí mismo y actuar conforme a lo que uno es. Esto es: Hay que ser libres para crear vínculos…….. Sí, parece contradictorio, pero sólo los espíritus libres pueden crear vínculos fuertes. No se espere que alguien atado a los deseos pueda crear vínculos fuertes, quien es débil a sus impulsos creará vínculos débiles, pero quien ha reforzado y templado su carácter y su Yo podrá crear una hermosa red parecida a esas que crean las arañas de las junglas: brillantes, armoniosas y fuertes. Pero seamos realistas, la época actual teme y evita los vínculos, sean cuales sean. Hoy día se dice que las relaciones, no sólo de pareja: amistosas, de colaboración, de camaradería, etc, entre más breves mejor…según dicen.. pero entre menos vínculo se tenga entre personas mayor es el sufrimiento y sensación de vacío, pero…se dice que hay que estar la moda, que hay que actuar como las mayorías para ser aceptados en ésta sociedad que tiende a la separación y al aislamiento mental y físico. Ya no se ven parejas que duren años juntos, ya casi no se ven amistades larguísimas, ya casi no es común que se hagan sociedades fraternas, de hecho ya muchos no se quedan en una misma empresa a trabajar…hoy día todo es cambio, cambio, aunque en ese cambio no se obtenga nada y la vida siga con sus vacíos que no pueden ser llenados con nada. Es por la falta de vinculación, por creer que no existen las relaciones

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a largo plazo. Claro está, si quien podría buscar relacionarse no se siente totalmente libre y no se conoce seguramente nunca podrá crear vínculos por que su presencia y compañía no creará nada más que una sensación de cierto relleno, pero no llenará nunca la vida de alguien. Quien llena la vida de alguien es quien se sabe libre y que puede aportar mucho a muchas personas, quien no tiene nada dentro no podrá crear nada y sus vínculos serán tan raquíticos que se pasará la vida buscando compañía y nunca la hallará. ¿Quiere esto decir que sólo algunos pueden crear vínculos? Sí, desafortunadamente sí, hay quien busca mucho hacer amistad, que se humilla incluso, que hace circos maromas y teatros para conseguir la atención, pero regularmente estos individuos quieren tener atención pero ellos no quieren dar atención y he ahí el error. Nunca crearán vínculos por que su vida es vacía, por que no funciona así la creación de lazos amistosos o amorosos, crear esos vínculos es crear primero lo que uno puede dar y luego repartir.. “Amor es dar sin esperar recibir. Por que quien da recibe y quien recibe reparte” Alejandro Jodorowsky, Fábulas pánicas. He ahí la fórmula de creación de vínculos, hacerlo es fácil, creerlo es difícil. Pero, como sé que el mundo actual está lleno de incredulidad y que eso de la creación de afectos es algo pasado de moda, sé que no lo harán y sé que harán lo posible por olvidar y hacer caso omiso de cualquier intento de vinculación amistosa o amorosa…De hecho, dirán que eso no existe.

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Serie de tres Publicado por: Carmen Jiménez Miércoles 22 de diciembre de 2010

Vuelvo. Me detengo en seco. Reanudo la marcha. Camino. Me encuentro. Me pierdo. Vuelvo. Sigo. Subo. Bajo. Me escondo. Me atrevo. Tomo un atajo. Llego. Sigo las flechas. Busco. Encuentro. Sigo buscando. Me lleno. Me vacío. Vuelvo. Siempre vuelvo. Y siempre vuelvo a irme. Penitencia. Me castigo. Me perdono. Rezo. No rezo. Lo he olvidado. Hago penitencia. No valen tres padrenuestros, ni tres avemarías. Me esfuerzo. Peleo. Me rindo. Lucho. Pierdo. Gano un día. Sumo. Resto. No cuadran las cuentas. Equivocación. Me equivoco. Rectifico. No sirve. Vuelvo a equivocarme. Es ya una costumbre. Vivo. No muero. Me sorprendo. Soy fuerte. Respiro contra todo pronóstico-. Ayer está muy lejos. Mañana también. Hoy puede que sea una equivocación.

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“Al dar la vuelta a la esquina” Escrito por: Lucía Sábado 23 de julio de 2011

Un simple descanso de 10 minutos da para mucho. En esos 10 minutos bajé a la calle, fui al supermercado, compré unos maíces tostados para mi compañero de trabajo y una Pepsicola y un cóctel de frutos secos para mí. Volví, subí las escaleras y de nuevo a sentarme. Ahora, que es tarde de viernes, en lugar de ordenar la prensa me he puesto a escribir un rato. Y todo ello mientras reflexionaba acerca de mi estado actual tanto físico como intelectual.

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Salí del portalón y me crucé con un tipo extraño,no extraño en la manera de vestir, ni en la manera de andar pero sí en la manera de mirar. Un breve pensamiento se cruzó por mi mente mientras pasaba a mi lado. ¿Y si de pronto hiciese algo lo suficientemente grave como para acabar con mi vida? (Esto lo pensé sin saber qué tipo de hombre era, si tenía dolor de cabeza o no, si acababa de recibir una mala noticia, si se había pasado con el Romilar siguiendo los consejos de Escotado...) Evidentemente las probabilidades de que eso pasase en una ciudad como ésta son ridículas pero, me dio por pensar en ello. No sentí miedo del tipo, simplemente lo pensé. No me aparté temerosa, simplemente lo pensé. Lo primero que me vino a la cabeza fue mi hijo, ni mi marido ni madre ni mi hermano ni mi padre...mi hijo, ni siquiera mi muerte, solamente mi hijo, mi hijo sin mí, no porque yo sea especial, porque soy su madre. Es curioso cómo nuestra vida puede cambiar. Ahora con apenas un mes para cumplir los 35 noto determinadas cosas que, sinceramente, creí leyendas urbanas. Me duelen los huesos, cada vez me canso antes de tiempo, cuando voy a alguna tienda y paso por delante de un espejo el reflejo es ya el de una señora...y lo peor no es eso, lo peor es precisamente que alguien me llame señora. Por que hay varios tipos de decir ese "Señora"...

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Que alguien diga de una "Es toda una señora, elegante, distinguida" pues me recuerda, inevitablemente -aunque nunca fue una mujer a la que admirara especialmente- a Lady Di, que llevaba muy bien sus 36 años, pero cuando un niñato de 20 años me dice "Oiga señora, ¿está usted a la cola?" pues...vamos a ver, me recuerda a mi abuela María en la cola del Prika (cuando era el Prika y no Carrefour) que como vivía al lado, allá iba ella en zapatillas y (no en bata, pero vamos) sin peinar. Sin embargo el tratamiento "Señorita" me recuerda a las maestras de escuela (que se ve que no merecían el tratamiento serio de Señora, todavía no sé muy bien por qué) con gafas de pasta (ahora tan cool) y falda por debajo de la rodilla. Tanto un tratamiento como el otro provocan en mí cierto sentimiento de malestar, no sé muy bien por qué pero lo hacen y ciertamente a ambos les veo un cierto toque de, ¿cómo decirlo? de aire despectivo… 16


No lo sé, quizá sea solamente que necesito que esta media hora de trabajo se pase lo más pronto posible aunque luego sea de las que lucha con uñas y dientes en contra de este veloz paso del tiempo al que estamos condenados a sufrir sin poder recurrir a ese chasquido de dedos de aquella maravillosa señora que detenía el tiempo como quien le da un beso a su marido

Obra gráfica de Martin Lewis: La gran sombra, 1925

Danza de sombras, 1930 Arco. Medianoche,1930

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“Mientras” Escrito por: Coquelicot Jueves 5 de agosto de 2010

Debí haber escrito desde hace muchos días pero no pude. No podía ni pensar, me la pasé alucinando por lo menos 5 días, soñando en que mis pies se hacían muy pequeños y que podía calzarme con tazas de té inglesas pintadas a mano. Llegué a escuchar mis tintineos sobre el piso de la cocina. Me concentraba por horas para no sentir mas, respiraba profundo y en total silencio tratando de escapar pero el dolor llegaba puntual y entonces pensaba que la vida era terrible. Y sí que lo es, está llena de recovecos cavernosos donde aprendes de memoria cada punto frágil de tu cuerpo, donde sientes cada nervio y sabes que no podrás comer, que deberás tragar otra dosis de ibuprofeno y que la noche será de insomnio feroz. Ayer que salí de mi estado, decidí que mientras el mundo, la vida sigue en su loca carrera, mientras se abre o se cierra un espacio,

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mientras me manda la buena o mala nueva sobre mi futuro, mientras el tráfico, la mala educación, las frustraciones, mis muelas, mis errores... Yo voy a seguir los pasos de la tetera y soñaré en volverme japonesa, llenaré de gracia mis movimientos cada vez que me acuerde, soñaré con ir a Nueva York el próximo abril y me confeccionaré un precioso sombrero para el Easter Parade aunque probablemente el próximo abril me encuentre decorando el árbol de mi ventana. Seguiré en el camino amarillo de todos los días y cantaré una y mil veces la canción de las habichuelas. Aprenderé por fin alemán y dedicaré mis días al teatro, envejeceré azul llena de árboles en la piel. Se me romperán varios platos, varias ilusiones y varios sueños. Tal vez me tomaré muchas cucharadas de horribles medicinas y venenos pero mientras todo eso sucede no habrá una mínima partícula de amargura, ni una pequeña grieta de podredumbre, seguirá la canción de las habichuelas porque la vida es terrible sólo a veces.

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“El enigma del cinco, la isla de Manhattan y la fecha de caducidad” Escrito por: Tesa 16 de mayo de 2011

-Tiene que ser un mensaje, ¿si no cómo te explicas que sueñe algo tan raro? -¿Un mensaje del número cinco? Dice mi pareja en tono burlón.

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-No sé de quién es el mensaje, pero reconocerás que no es normal soñar algo así. -Tus sueños no son normales, cielo. Siempre me sorprende que recuerdes qué sueñas con tanta precisión. Ajeno a mi desasosiego, le da un bocado a la tostada mientras consulta la agenda. -¿Me estás escuchando? - Te escucho. Has soñado que... “...el cinco no es una aberración matemática, es un enigma atrapado en las proporciones de la isla de Manhattan”. -¿Y? -Genial y raro. ¿Por qué no escribes un cuento? - Pero ¿por qué el cinco? Ni siquiera me gusta ese número. Vuelve a su agenda sin más. Ya son muchos años juntos. Y sabe que diga lo que diga seguiré con mi obsesión hasta que encuentre una respuesta que me satisfaga. Mientras me ducho, me visitan los cinco lobitos, tiene la loba. Los Jackson Five mueven las caderas en la alfombra del baño… Me visto. Asisto con Delibes a un velatorio en Cinco horas con Mario. Me voy de aventuras con Los cinco, de Enid Blyton, recuento los cinco

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dedos de las manos, pinto de escarlata las cinco uñas de cada pie y chequeo los cinco sentidos corporales. Escribo el número... y ¡vaya! el C-I-N-C-O tiene 5 letras. Y es el único número que concuerda su numeral con las letras que se necesitan para escribirlo. No sé, no me convence… Los musulmanes oran cinco veces al día, una barbaridad. Yo, ninguna, ¿una temeridad? Salgo a la calle con la obsesión viajando por mi mente. Sumo los números de las matrículas de coche. Multiplico por cinco el precio del pan y del periódico. Regreso a casa, escucho música, trato de leer, pero no puedo concentrarme. Miro fotos de New York y… ¿Y si la clave no es el cinco sino Manhattan? Consulto la Wikipedia. Nada. Nada. Nada… ¡Alto ahí! La isla de Manhattan tiene 21,5 kilómetros de largo Recuerda, nena, me digo “… el enigma está atrapado en las proporciones de la isla

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de Manhattan” Entonces, ¿el cinco? Pura maniobra de distracción. Estoy harta de verlo en las pelis de espías. La tarde antes del sueño, había comentado con una amiga que me gustaría saber mi fecha de caducidad. Y ahí está. Un regalo de los hados del subconsciente. 57 + 21,5 = 78,5 Concretamente septiembre de 2033. Me quedan poco más de 21 años. Una vida o un suspiro. De momento voy seguir al pie de la letra lo que decía Voltaire: “El arte de la vida consiste en hacer de tu vida una obra de arte” Así que voy a intentarlo con mucho humor, ternura, empatía, creatividad y un toque de locura. No pienso perder el tiempo. Ay, minino de mi corazón, y tú más extravagante. ¡Tiene tela el modelito!

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“Del fuego verde que encendió en mí el Bikram Yoga y los emparedados japoneses” Por: Princesa de las Islas Fújur Miércoles 26 de enero de 2011

Nunca me ha gustado mucho hacer ejercicio. Lo hago porque sé que es bueno para mi salud, pero nada más. De pronto me entran temporadas en las que sólo practico yoga; durante otros periodos sólo salgo a correr (aunque no soy buena corredora, confieso que empiezo a disfrutarlo). Al yoga llegué por casualidad, a correr llegué por los grandes novelistas que salen todos los días a inventar historias mientras se concentran en los kilómetros y el ritmo cardíaco.

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Hace algunos meses me enteré (no estoy segura de cómo) de una nueva práctica de yoga a 42º centígrados con 50% de humedad: Bikram Yoga. Me llamó la atención y pensé que cualquier ejercicio en condiciones climáticas extremas representaría un reto para el cuerpo, la mente y el espíritu. No sabía en dónde se podía hacer Bikram y lo dejé pasar, hasta hace unas semanas cuando una amiga llegó con un cupón de regalo para practicar durante quince días el yoga caliente en un lugar muy bonito y lujoso al sur de la Ciudad de México. Llegué muy, pero muy emocionada a mi primera clase. Comenzó de inmediato, sin meditación previa como se acostumbra en yoga. Treinta minutos después comencé a ver el reloj. Sólo pensaba en que quería salir de ahí y nunca más volver. Fui fuerte y resistí los noventa minutos pese a los mareos y naúseas que sentía. No logré concentrarme en otra cosa más que en sobrevivir. Nunca sudé tanto. Al salir mi cuerpo temblaba. Me duché con agua casi fría pero seguía acalorada. Salí a la calle, la temperatura era baja (lo sé porque la gente iba muy abrigada), pero yo sentía muchísimo calor. "Prendiste tu vida", me decían los que ya llevan tiempo con esta técnica. Al día siguiente, por alguna razón que desconozco, me dieron ganas de regresar. Volví al estudio de Bikram Yoga para mi segunda sesión. El maestro -quizá la palabra correcta sea "monitor"- era otra persona (alguien me explicó que siempre se turnan entre todos los que trabajan en ese lugar para que uno vaya "por la práctica y no por el profesor"). Sentí más naúseas y mareos que el primer día y tras cuarenta minutos me salí. Se supone que el reto es permanecer los 90

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minutos dentro del salón aclimatado, pero no lo conseguí. A nadie le importó que yo saliera. Nadie preguntó por qué lo había hecho o si me sentía mal. Regresé una tercera vez y entonces vino el desencanto. La nueva monitora repetía exactamente las mismas palabras y lo hacía en el mismo momento que los dos monitores anteriores: -Muy bien, ahora eres un emparedado japonés. Los instructores no hacen las posturas -que ciertamente están inspiradas en el yoga, pero que NO SON YOGA-, y yo, que no sé cómo es un emparedado japonés, me encontraba completamente confundida. La turbación fue mayor cuando la chica al frente del grupo (unas cuarenta personas) hizo notar públicamente que yo iba vestida de verde. Enérgica, y hasta agresiva, me dijo: "Si nuestro gurú Bikram Choudhury te viera te mandaría a sacar. A ver, verde, muévete a la derecha". A partir de ese momento mi nombre fue Verde (aclaro que ninguno de los guías tuvo la delicadeza de preguntar cómo me llamo). No entendí por qué la agresión hacia mi color favorito. Le pregunté y sólo me dijo que al gurú no le gustaba. Cualquiera que me conozca sabe que he dedicado gran parte de mi vida a escribir y estudiar cosas de color verde dentro de la literatura: ajenjo, hadas y duendes, dragones, colas de sirena, soles verdes (más allá del Sol Negro de la Melancolía). Muchas de las mejores cosas de mi vida han sido en verde. Tomé conciencia entonces de que, más o menos el cincuenta por ciento de mi ropa es verde. Tengo zapatos verdes, un coche verde, mi tapete de yoga es verde, mis ojos son verdes. En mi casa hay paredes verdes, vajilla

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verde, manteles verdes. Total, que tengo una vida verde. (Lo único que no hago es militar -ni lo haré- en el partido de ese color). Entre mis cosas favoritas de la vida hay un montón que son verdes: La limonada. Los espárragos, las coles de brusela y las alcachofas. Las botellas de Champaña y de Ginger Ale. El ajenjo. La ropa de las hadas. El mar. Los ojos de la diosa Minerva (¡y también los míos!). La regeneración. Los fujureros (que dan fujurcetes y todos los frutos conocidos y por conocer). Los bosques. Las selvas. Las montañas. Los árboles. Las alcaparras. El cuarto Chakra, el del corazón, el amor y el equilibrio. Ciudad Esmeralda (¿De qué servirían el Camino Amarillo y las Zapatillas de Rubí sin ella?). Los dragones. Las colas de las sirenas. ¿Cuántos tonos de verde habrán? Creo que ningún otro color tiene tantos matices:

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Verde menta Verde manzana Verde botella Verde limón Verde bandera Verde Kelly Verde olivo Verde hierba Verde esmeralda Verde lima Me sentí agredida. Ya me había sentido abandonada porque, aunque buscaba explicación en la gente que trabaja en el estudio, nadie me decía la razón de lo que sentía en el cuerpo. "Observa lo que sientes" fue la ¿respuesta? que siempre me dieron. ¡Pero si ya lo había observado y por eso quería que me lo explicaran! Llegué a casa triste, desconcertada. Quise averiguar por qué ese desprecio hacia el verde. Resulta que al creador de Bikram Yoga se le murió un familiar que vestía de verde, pero, como gurú, ¿no debería poder soltar y superar ese enojo? ¿Qué culpa tiene el pobre color? ¿Por qué tanta intolerancia y hasta discriminación contra quien lo viste? Y también me enteré de cosas que no esperaba, como por ejemplo que Bikram Choudhury tiene patentado su método. No me detendré en las patentes porque entonces hablaría de la patente del genoma del maíz, de la patente de la Virgen de Guadalupe y otras tantas cosas que me parecen absurdas. Nadie puede enseñar la serie de posiciones a 42º como lo hace Bikram si no se está

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certificado por él (la certificación cuesta unos 15 mil dólares). Y por supuesto, no se puede poner un estudio si no se le paga una cuota mensual al "gurú", ya que se trata de una franquicia. ¿Yoga en franquicia? Sí. Eso explica porque hacer Bikram es tan caro, "el yoga de los ricos". El acabose fue cuando vi una foto de Bikram Choudhury exhibiéndose en calzoncillos con dibujos de llamas, un monumento al mal gusto y a la vulgaridad. ¿Y yo no puedo vestir de verde porque le molesta? No pondré la foto aquí porque en las Islas Fújur y en los Fujuratos Unidos estamos en contra de la fealdad, pero si hay ojos que lo soporten pueden verlo en esta página. A fin de cuentas Choudhury es un empresario multimillonario que disfruta de su colección de coches de lujo y adora la comida rápida. Si me dijeran: "encontramos una manera de ejercitar tu cuerpo para que te pongas bien buena" lo aceptaría y tendría lógica en mi mente que los estudios se manejen como si fueran un McDonal's o Starbucks, pero me molesta que traten de verme la cara al decir que es un camino espiritual. Yo sólo encontré desapego por parte de los entrenadores. Me sentí cosificada. Al menos conmigo, Bikram falló como gurú -nunca lo consideré tal- y como empresario -perdió un cliente. Se supone que uno de los objetivos de Bikram es encender el fuego interno y eso sí que lo lograron: encendieron mi fuego verde. Reafirmaron mi identidad. Confirmaron que mi corazón es color esmeralda.

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“El oscuro mecanismo (Galletas con corazón de chocolate)” Escrito por: Analú Jueves 23 de junio de 2011 "Marco Antonio, Lourdes y Rómulo llegaron puntuales; de inmediato sacamos papeles y fingimos que copiábamos unos laboriosos mapas de geografía por si a alguien se le ocurría entrar a la sala de lectura sin avisar. Antes de retomar la lectura del libro que mi abuela me había dado con la advertencia de que se trataba “de lo más exquisito en cuanto a historias de fantasmas” les conté mi pesadilla; los tres me interrumpían con señas y pellizcos para referir las suyas. Todos habíamos soñado algo similar, niños fantasmales que entraban o salían de nuestras recámaras con miradas mortecinas y labios sellados de una blancura solamente vista en cadáveres de la funeraria. El más impresionado era Rómulo. Marco Antonio le dijo que no se quejara, después de todo se había pasado a dormir a su cama a mitad de la noche." El mecanismo del miedo (fragmento), Norma Lazo, Ed. Montena, 2010

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Haber leído "El Mecanismo del Miedo" fue -además de placentero- un interesante ejercicio de nostalgia que me llevó a recordar épocas más sencillas, en las que se inventaban "códigos secretos" para tratar de engañar a los adultos, tiempos pasados en los que las pesadillas implicaban la aparición de algún ser sobrenatural que desaparecía bajo el mágico cobijo de los edredones a prueba de monstruos o con la valerosa y temeraria excursión para comprobar que ni en el armario ni debajo de la cama había algún ser verde y viscoso de afiladas garras. Gracias al miedo podemos sentirnos niños de nuevo. Ese miedo benévolo que se exorciza con una lámpara de mano o con el muñeco preferido recostado a un lado y que se transforma en el más fiero guardián. En lo personal, tengo que confesar que siempre he preferido sentir ese tipo de miedo, y aún más en esta época (¿seré por ello una especie de Peter Pan?), aunque para ello sea necesario viajar a parajes donde existen mansiones que se derrumban devorando a sus habitantes, a callejones victorianos donde un mismo hombre da a luz a otro con su misma carne pero animado por lo más abyecto de su espíritu. Decenas de veces he preferido andar al lado de gitanos que cargan ataúdes con tierra transilvana o

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tomar de la mano a nanas que me cuidarán de no caer en algún lago o de algo peor... Desafortunadamente esa realidad me arranca cada vez con mayor descaro del goce de regodearme en esos miedos infinitamente misericordiosos puesto que se quedan atrapados facilmente, con el acto -siempre difícil- de cerrar el libro. Si bien es cierto que el escalofrío que provoca en la espina me acompañará por el resto de mis días, el miedo que esas maravillosas historias instigan nunca me ha obligado a mirar cada vez más seguido sobre mi hombro, ni impulsa a salir a las calles para gritar junto a otros bajo el signo de un dolor que se extiende, que tiñe de rojo, que trata de arrebatar el derecho a soñar. Por fortuna, ahí esta Norma Lazo con su más reciente texto, regalando líneas esperanzadoras envueltas en fantasía, volviéndonos partícipes de la herencia de las mujeres Berenguer con un mecanismo que -si tenemos empeño- podremos activar, estimulándonos a reconstruir un mundo en el que los niños puedan volver a trepar árboles, a rasparse las rodillas por jugar en los parques, a perderse en el cielo amasando nubes para volverlas animales, a que vuelvan a creer en monstruos y en hadas, en caballeros, en dragones y en perros y gatos que sonríen y en patitos que gustan de comer tréboles. Hago el compromiso de volverme cómplice de los niños de la historia y levanto la mano para ser yo la encargada de preparar las galletas para la hora de la lectura y que en el centro tengan chocolate oscuro para que nos conforte el espíritu ¿Me acompañas?

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Galletas con corazón de chocolate 90 g de mantequilla a temperatura ambiente 50 g de azúcar granulada 1 huevo, sólo la yema 1 cucharadita de extracto de vainilla 1 1/4 cucharadita de polvo para hornear 150 g de harina blanca 13 piezas de chocolate oscuro 1 cucharada de azúcar morena 1 huevo ligeramente batido para barnizar las galletas ¡Hora de hacer galletas!

Acrema la mantequilla junto con el azúcar granulada. Agrega la yema y el extracto de vainilla. Aparte, mezcla el polvo para hornear y la harina y únelos a la mantequilla.

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Es importante que no uses las manos para hacer la masa, pues calentarías en exceso la mezcla. Envuelve la masa en plástico autoadherente y déjala en el refrigerador por una hora. Saca la masa y toma 13 porciones,.A mí me facilitó esta tarea el uso de una báscula pero si no tienes una forma un cilindro y ve cortando las porciones. Con cada fracción envolverás una pieza de chocolate, dale forma de bolita y colócalas en la charola para hornear cubierta con un tapete de silicón o ligeramente engrasada. Barniza las galletas con el huevo batido y rocía con azúcar morena. Mete al horno precalentado a 200°C y hornea de 10 a 12 minutos. Si resistes un poco deja enfriar, aunque calientes son una delicia pues escapará una erupción de delicioso chocolate oscuro.

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Con todo, la vida es buena, mientras existan las historias de horror y fantasĂ­a, la poesĂ­a, los cuentos... en fin, mientras hayan letras, recetas, esperanza, amigos y galletas de chocolate.

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“Un papa, un policía y sopa de tortilla” (Título original: “A Dad, a Cop and Tortilla Soup”) Texto original en ingles Escrito por: Mario Febrero de 2011 Los jalapeños son los duros del reino vegetal. Ellos no respetan el césped. Ellos te trompean en la taquería, en el estadio de béisbol e incluso en tu propia mesa. Y esos chicos malos de los pimientos en escabeche no buscan reformarse, su pasatiempo es el placer de hacer sufrir a tu paladar. Y lo hacen bien. Solía ir con mis hijas, cuando estas eran pequeñas, a visitar a mis padres para comer con ellos; mi padre les ofrecía un dólar por cada jalapeño que comieran. Tradición. Él había hecho eso mismo conmigo cuando era niño. Perdió un par de dólares en los últimos años, pero ni mis hijas ni yo nos hicimos ricos. Pero déjenme que les cuente que aun el bravo jalapeño tiene su lado bueno. Este pimiento picante es realmente capaz de algo asombroso. El jalapeño puede establecer vínculos entre la gente. Darryl era un ingeniero técnico. Como muchos, él tenía un trabajo demandante. Las largas horas de trabajo a menudo hacían que él saliera y volviera a casa en la oscuridad. No ver a su familia fue

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lo más difícil. Durante la semana de trabajo, tenía suerte si podía compartir media hora con sus dos hijos antes de acostarse. Un dolor, muy común entre tantos padres, roía su interior: la angustia de ver pasar el tiempo ante sus ojos mientras miraba, a su vez, a los niños crecer rápidamente. Así, cuando su hijo menor tenía 7 años, sucedió que se sentaron uno frente al otro y descubrieron algo que vinculó la trama de sus vidas, su amor por lo picoso de jalapeño. Todo comenzó con una salsa que involucró un amable competencia entre padre e hijo. ¿Quién podría cargar el chip de tortilla con más salsa? ¿Quién de los dos podía ponerle más salsa a un totopo? A medida que el niño creció, el y el papá comerían pimientos en vinagre uno tras otra. Con perlas de sudor en la frente y nariz acuosa, ni pa’ que llorar "tío". Mamá se unió a ellos y elaboró una receta para la sopa de tortilla que tenía sólo el justo toque de picante de jalapeño que la convertiría en el plato favorito de la familia durante años. El pequeño niño creció y se convirtió en un policía. Mientras usted y yo dormíamos durante las oscuras horas de la noche, este oficial patrullaba las calles. Para mantenerse despierto, entraba a una tienda 7-Eleven y compraba algunos jalapeños en escabeche. Sentado dentro de su patrulla tomaba un bocado de la más grande y Ajúa! Estaría

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bien despierto. Jalapeños: parte de nuestro equipo de prevención del delito. Actualmente, Darryl es un sobreviviente de cáncer. No puede comer una larga lista de alimentos por razones médicas, incluyendo jalapeños. Órdenes del médico. Su hijo, es mi amigo. Él es padre también, además de entrenador de fútbol, ejecutante de música, practicante de arte y mucho más; utiliza todas estas actividades para relacionarse con sus hijos. Su esposa se ha hecho cargo de la receta de su madre, sopa de tortilla, la favorita de la familia.

¿Y que pasa con el hijo del policía? Le encanta ese picante y encurtido pimiento. Sopa de Tortilla y pollo (Estilo de Mimi) ingredientes 6 tortillas de maíz 2 cucharadas de aceite vegetal 1 cebolla pequeña picada 1 diente de ajo machacado 1 lata de caldo de pollo , sin diluir 1 lata de caldo de carne, sin diluir 1 lata de crema de sopa de pollo (Swanson fue el favorito de la familia) 1/4 de taza de chiles jalapeños frescos picados 3 / 4 taza pollo cocido y picadillo de carne de pechuga 1 ½ tazas de agua 1 cucharada de salsa de carne 1 cucharadita de comino molido

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1 / 8 cucharadita de pimienta 2 cucharaditas de Worcestershire 1 cdta. de chile en polvo 3 tazas de queso cheddar Cómo preparar: Corta las tortillas en tiras, y reserva. Sofríe la cebolla y el ajo en aceite vegetal. Agrega los ingredientes restantes, excepto el queso y las tortillas. Dejar el preparado hasta su punto de ebullición. Tápala. Cocina a fuego lento una hora, removiendo de vez en cuando. Añade las tortillas y el queso. Déjala hervir a fuego lento 10 minutos. Para 8 tazas.

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De mi cosecha Mi amiga Elena Blasco

Para terminar con mis deudas de mi primer trienio resta únicamente hablar de mi amiga Elena. Sí, creo que eso es esencial, cómo puedo andar publicando esto y lo otro sin ni siquiera aludir la presencia en mi vida de alguien tan excepcional; porque cualquier

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persona que haya lidiado conmigo durante largas horas seguidas o, aun lo más difícil, emprendido un viaje a mi lado —no importando cuántos fueran los kilómetros de la trayectoria— y, después de eso, haya mantenido el ánimo suficiente para dirigirme la palabra, debe de ser EXCEPCIONAL. Aunque no se piense que en ello reside la extravagancia de Elenota; mucho más remarcable es su espontaneidad, su modo de destruir el mundo para reconstruirlo de manera más lúdica y su tenacidad de ser lo que se quiere ser. Déjenme que les cuente algo sobre ella, y no desesperen si al principio lo que relato pareciera una llana digresión. Ayer, al salir de ese trabajo que me ocupa y que en realidad es mucho más que trabajo, diría, pues, recomenzando de manera más exacta… el pasado 7 de septiembre, siendo las 4:40pm, tras cumplir mi ordalía, cabizbaja y derrotada, observé a

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dos chicos transexuales asumir la vida de manera tan alegre (realmente gay), que me dije “¡Qué feroz es poder ser tan feliz escuchando a tu voz interna mascullando: Plántate a tu gusto por el corredor de la vida”. Entonces, abrevié todo lo que pasó por mi cabeza en una sentencia, “debo ser lo que yo quiero ser”, sin embargo, de pronto me infligí severo golpe en la razón, “pero es imposible, ve en lo que se convirtió Oskar Matzerath, ¡en un fenómeno!” Ahora, si bien, en estos tiempos transgresores es una práctica común cambiar de sexo, yo no quiero cambiar de sexo, yo quiero cambiar de edad. NO QUIERO SER TRANSEXUAL, QUIERO SER TRANSEDAD. Luego casi lloro por darme cuenta de que ya no puedo ser niña y que si estoy dale y duro con eso, terminaré con un tambor escondido en la deformidad de mi cuerpo. Seguro que no logro tal objetivo porque este es un portento, sólo un ser EXCEPCIONAL puede lograrlo, Elena lo logró, es toda una transedad. Mi amiga, la transedad, es cada día más dichosa con la juventud que se devuelve con sus cirugías diarias, en las que los pinceles son el más fino escarpelo; ¡cuántas arrugas se quita estirando el lienzo o preparando un papel! Igualmente, con un snap shot modifica su material genético. Si no la conocen, la presentó ahora para que vean qué niña tan grande es y que fantasiosa es su ferocidad de caperuza montadora de mil lobos.

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El viaje que no será

Viaje perdido Tengo ganas de marcharme al limbo para ser entre las nubes y llover gotitas saladas de niñita asesinada por el cuchillo del hoy no hay más para ti, pequeña; ni rojo, ni azul, ni violeta; ni rojo, ni verde, ni pardo, sólo esa negrura de féretro bajo el blanco nimbus de la almohada-aureola. Pero ya no soy una párvula flexible y no puedo pasar jugando entre el bien y el mal por debajo de la vara de mesura, tal vez porque ya no es perdonable no estar confirmada en algo —en ese hueco de fe como prozac—, e, igualmente, el perdón no lo recoge la felpa del babero; entre un avión y otro, el silabario naufragó y, con él, mi defensa contra el aquí tampoco perteneces. De cualquier forma, aun si fuera cándida, hay malas noticias Hoy, desde el vaticano, el papa mandó clausurar el sitio de la espera, ya no existe esa morada de descanso, se ha cerrado la posada en el camino, y a disgusto pienso que — mientras se anillaba las manos; cepillaba, no sin esfuerzo al torcer el rabillo del ojo, la lana de la oveja perdida echada al hombro; ajustaba los Gucci para verme mejor, llamando a Rocco para que le encasquillara la mitra—, se sintió complacido de hacerme esta mala obra, después, en cualquier homilía dirá que ya no había ingenuos con que llenar el lugar.

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Silvia Tersa Flota Reyes, Das Limbus nicht existe (Non esiste piĂş)

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celebrando entre cronistas y transgenerosos