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La vida dentro de un salon

Salón: dícese del sitio o lugar

salón, un viernes a las 11 de la

un delincuente. “Uno los

donde se divertía la gente en los poblados pequeños. Un salón es lo contrario a una discoteca. No hay tragos caros, no se venden cócteles, no hay música de moda, ni barman, ni chicas guapas con diminutos trajes. Lo que hay en un salón son unas cuantas mesas, bancos, espacio para bailar cuanta cumbia

mañana. El lugar es pequeño, las mesas de madera color concho de vino están arrimadas a la pared, en medio hay un pasillo por donde la gente llega hasta la barra, va al baño (al fondo) o sale del local. Desde hace rato están sonando las canciones de Vicente Fernández. Hay cuatro clientes, solos, cada uno en su

distingue al paso, por cómo hablan y cómo piden las cosas. También se nota cuando empiezan a juntársele a algún cliente que anda solo. Lo siguen a los baños, le sirven la cerveza”, añade. Ellas. “Viky” es madre soltera de una niña de siete años, que se queda con la abuela mientras

soporten el par de viejos parlantes y gente bebiendo cerveza o aguardiente hasta desmayarse. En algunos pueblos aún se conserva la “tradición” de divertirse en este tipo de lugares. En las ciudades estos han ido desapareciendo. En Santo Domingo se encuentran

mesa, bebiendo Pílsener. “Viky”, “Jazmín” y “Lucía” atienden el local. Tienen entre 25 y 30 años de edad. Ellas no se prostituyen, pero dicen que eso depende de cada una. ¿Quién viene a beber en horas de trabajo?, pregunté. “Aquí viene toda clase de gente, pero sobre todo personas que salen de

ella trabaja de lunes a sábado, desde las diez de la mañana hasta las ocho de la noche, que es cuando cierra el salón. “Lucía” vive con un hombre que trabaja en Quito y viene cada 15 días. Ella siente que no es el indicado, y espera encontrarse un nuevo novio. “Jazmín” es del oriente, vino a

unos cuantos, y para agradar a la clientela son atendidos por chicas, que, además, suelen prostituirse. Esta historia empieza aquí en un

sus fincas, a veces también vienen delincuentes pero nosotras no los atendemos”, señala “Jazmín”. Según ella le es fácil distinguir a

Santo Domingo hace cuatro años siguiendo a su hermana. Arrienda un cuarto a pocas cuadras del salón, que lo utiliza por unos días cuando está en la


ciudad. “Estoy viviendo por Quinindé y trabajo en una bananera, cuando no hay

Según ellas les pagan 40 dólares quincenal, dinero que no les alcanza. Sin embargo, dice

que cuando algún cliente le ofrece dinero por sexo ella acepta siempre y cuando

embarque me vengo para Santo Domingo y trabajo aquí. Ya lo

“Jazmín” que si hay algún cliente que le ofrece dinero por

necesite los dólares y que el tipo no sea “muy feo”. “No porque

hacía antes, pero me fui porque se gana poco y no alcanza,

acostarse con ella, prefiere no hacerlo, porque su novio le da el

una trabaje aquí quiere decir que es puta, todo depende, aquí no te

vengo cuando estoy libre para hacerme una platita aquí”.

dinero que le hace falta. “Lucía” en cambio manifiesta

obligan a prostituirte, si una quiere lo hace”, concluye.

La vida dentro de un salon  

salones de eventos sociales

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