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Sinopsis Fútbol, amigos y el cine son la parte más importante de la vida de Simon Murray, probablemente en ese orden. A pesar de estar solo, Simon se muestra cauto por lo que desea, y sus mejores amigos estan obsesionados por encontrarle esa persona especial para compartir su vida. Contra su voluntad, lo arrastran a una fiesta, donde irrumpe en una conversación de fútbol y acaba por defender el honor de la estrella Tyler Declan, sin saber que el atleta está presente y escucha. Al igual que toda su familia, Simon se deleita viviendo en Melbourne, Victoria, la casa del fútbol australiano y la meca de los verdaderos aficionados. Allí, los jugadores se consideran dioses y son tratados como tal, hasta que hacen algo para provocar su caída en desgracia pública. Declan está sufriendo un terrible año de lesiones, y el público es el encargado de eso, así que Simon fue su punto de apoyo en esas luchas. En esa incomoda primera reunión, ninguno de los dos tiene idea de que cambiaran la vida del otro para siempre. Mientras que Simon y Declan intentan una relación, hay otro obstáculo en su camino: mantener la homosexualidad de Declan un secreto en medio de la intrusión de amigos bien intencionados y medios de comunicación cada vez más sospechosos. Ellos luego se dan cuenta de que nada permanece oculto para siempre... y saben que la situación será cada vez más complicada cuando la vida privada de Declan se revele. Declan se verá obligado a tomar algunas decisiones difíciles que pueden implicar la pérdida de la carrera que él ama o el hombre que quiere. Y Simon nunca supo hacer las cosas más sencillas, para sí o para otros.

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Así que la pelota estaba en su cancha de nuevo. Me preguntaba de cuanto sería el tiempo de respuesta. Cuando llame a Dec, respondió casi de inmediato. —Hola —dijo—. Estoy contento de que llamaras. Espera un minuto. Lo pude escuchar moviéndose y el inconfundible sonido de una puerta cerrándose. —Hey, regrese. —¿Dónde estás? —Aun con mi gente. —Oh. —¿Cómo estas? —Bien —dije—. ¿Tu? Oh si, esto va de maravilla. —Mejor. —Mejor ¿cómo que no estabas bien? —Tuve un pequeño ataque de pánico, sip —admitió. —Bueno, ¿y por qué no me llamaste? —Sabía que ya estabas suficientemente estresado. —Siendo honestos, me agobio más que desaparecieras y no me llamaras, —le dije en un tono mesurado.

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Suspiro. —Lo sé. Lo siento. Se hizo el silencio. —¿Voy a verte antes de que te vayas? —Le pregunte. —Por supuesto, no seas tonto. Él y el resto de los Diablos se irían el lunes después de la Gran Final en su viaje de final de temporada a Nueva Zelanda. Era una tradición que todos los clubes seguían, y mucho más desde que destinos fiesteros como Las Vegas estaban prohibidos luego de unos pocos casos de conductas cuestionables y de que noticias de lavados de estómago llegaron a la prensa. —Bueno, no sabía que pensar cuando no volví a saber de ti. —Te dije que lo sentía Simon. —Sonaba cansado. —Mira, no te llamo para recriminarte. Solo quería saber que estabas bien. —Estoy bien. —Y quería saber si estábamos bien. —Lo estamos. —Bueno. Te dejo ir entonces. —Hey. Espera un minuto. —¿Qué? —Estamos bien.

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—Ya lo dijiste. —Solo quería repetirlo. —Yo… —Mierda, alguien viene. Me tengo que ir. Te llamo más tarde. La línea se desconectó y me quede mirando el teléfono, deseando que volviera a mí. Colgué el teléfono justo cuando escuche a Nyssa regresando a la oficina, por lo que fui a su encuentro y a prepararme una muy necesaria taza de café.

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Capítulo 18 Declan me envió un mensaje de texto más tarde diciéndome: Una noche más aquí. Te veo mañana si está bien para ti. Su elección de palabras me inquieto. ¿Desde cuando sentía que tenía que pedirme permiso para verme? Tenía la sensación de que las secuelas por la llamada de Jasper Brunswick estarían con nosotros por un tiempo. Roger no me devolvió la llamada. Y no lo esperaba, la verdad. Me pregunte si incluso le diría a Fran que había intentado contactarlo de nuevo, pero sabía que con Roger, siendo Roger, no sería capaz de contenerse a sí mismo. Por lo que tuve al menos la satisfacción de que su tiempo en la perrera se alargaría. El coche de Declan ya estaba en la entrada cuando llegue a casa del trabajo la noche siguiente. Fue agradable ver las luces encendidas en mi casa mientras caminaba por la creciente oscuridad, y aún más agradable pensar que había alguien esperando por mí. Especialmente cuando ha preparado la comida para uno. Podía oler el ajo incluso antes de entrar por la puerta. —¡Hey! —Declan me saludó cuando entré y me asome por la esquina de la cocina.

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—Oye para ti también. Él corrió a saludarme, sorprendiéndome con un abrazo de oso y un beso apasionado. —Espero que no te importe que cocinara para ti. —¿Estás bromeando? —Pregunté, contento que se pareciese más a su viejo yo—. Yo nunca rechazo una comida gratis. —No es cómo que es gratis, la mayoría de las cosas vinieron de tu despensa. —Es la intención lo que cuenta. Me miró con seriedad. —Es parte de mi disculpa por ser un idiota los últimos días. —¿Eso eras tú siendo un idiota? Necesitas mejorar tu juego, hombre, —le dije con más jovialidad de la que había sentido en ese período de tiempo específico. —Lo digo en serio. —Lo sé. —Descansé mi barbilla en su hombro—. Me preocupaste. Su mano descansaba sobre mi espalda como si tratara de consolarme después del hecho. —Podemos encargarnos de Jasper Brunswick, —riéndose suavemente. —¡Jesús! Un niño de cuatro años puede encargarse de Jasper Brunswick, —le dije, rodando mis ojos. Olfateé el aire—. ¿Bueno que me preparaste?

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Él se alejó para ver mi reacción. —Solo comida reconfortante está en el menú. Macarrones con queso y puré de patatas. —Espero que ninguno sea de paquete. —Comente con esperanzas, ya que seguramente sería lo que tendría si estuviera cocinando solo en casa. Él me miró ofendido. —Los macarrones con queso son la receta de Fran. Me llevo hasta la cocina, dándome un par de segundos para que me diera cuenta. —Espera, ¿la receta de Fran? —Si, ella me la dio. —¿Cuándo hablaste con Fran? Declan me miro con curiosidad. —Yo siempre hablo con Fran. No estaba seguro de si debía estar feliz con que se llevaran bien, o sospechoso con que se relacionaran a mis espaldas. Momentáneamente distraído mientras chequeaba la que estaba en el horno, Declan se giró hacia mí, vio la expresión en mi cara, y suspiró. —Ok, es tiempo de confesar. Oh, aquí viene. —¿Qué? —Le pregunte con recelo. —También he hablado con Roger. Sentí que necesitaba sentarme. En vez de ello me di la vuelta y fui a buscar una cerveza a la nevera. —Uh huh. ¿Por

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qué? —Quería pedirme disculpas por lo que paso en la cena de esa noche —me contestó—. ¿Me das una de eso? Tome un trago para calmar mis nervios y agarró una para él. —¿Cuándo? —Hace un par de semanas. —¿Y solo me lo estás diciendo ahora? —Me imagine que te enfadarías. —Me estudió cuidadosamente, mientras giraba su cerveza abierta—. Y estaba en lo correcto. —Debiste haberme dicho, —le dije. —Si, obviamente. —Pero me alegro de que el haya tenido las bolas de pedírtelas, al menos. —Bueno, ha tenido las bolas para decírtelo a ti también. —No comiences de nuevo. Levantó las manos en rendición. —Ok. Esta noche es sobre nosotros. —Eso suena mejor. —Pero déjame decirte una cosa. —Murmuró rápidamente—. Sigue intentando con él. Incluso si está siendo terco ahora. ¿No crees, sobre todo a luz con toda esta basura de Jasper Brunswick, que necesitamos a todos nuestros amigos?

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Me estaba agotando. Y usando la carta de Jasper Brunswick contra mí fue bajo, pero funciono. —Puedes estar en lo cierto —le concedí a regañadientes. Choco su botella contra la mía. —Amo cuando dices eso. —No te acostumbres a ello. —Era una amenaza vacía, y ambos lo sabíamos. —Ya sabes, el teléfono esta justo por allí, mientras yo termino esto… —Deja al hombre comer primero —proteste. —Tú siempre tienes una excusa. Me escabullí por detrás de él y lo abrace por la espalda. Su espalda era cálida y amplia, y me acurruque contra el descaradamente. —Pero esta es una muy buena. —Si, —riéndose entre dientes—. No está mal.

—Tengo algo que contarte. —Expresó Declan mientras estábamos comiendo. —¿Algo bueno o algo malo? —Le pregunte con cautela.

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Se rascó la barbilla de forma burlona, sus ojos brillando. —Probablemente pensaras que ambas. Solté mi tenedor y puse mis puños en una postura defensiva. —Ok, dime. Se rió, acercándose y bajando mis manos. —Hice una oferta para un apartamento ayer. Yo justo acababa de tomar un sorbo de vino y lo trague con un poco de dificultad. —¿Detalles? —Esta en el puerto, una gran vista del agua, seguridad en la entrada… No quería tornar las cosas vulgares, pero tenía que preguntar. —¿Cuanto? Menciono una cifra que me hubiera llevado más de diez años ganar. De hecho más tiempo. Bebí mas vino solo por la idea de ello. —¿Qué piensas? —preguntó. —Uh, wow. —No creo que ―wow‖ sea una reacción apropiada. —Bueno, yo soy feliz si tú eres feliz. —Esa tampoco es una reacción —señaló. Podría decirse que él estaba empezando a ponerse un poquito molesto. —No, en serio. Quiero decir, es tu apartamento Dec. Y si eso significa que tendrás un lugar que te atrape en Melbourne un poco más, entonces yo estoy en la jodida luna con ello.

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—¿Si? —¡Si! —¿Entonces estarías feliz de saber que aceptaron la oferta? Está bien, no había manera de que yo pudiese terminar este vino sin derramarlo embarazosamente por toda la mesa, así que deje el vaso. —¿Lo hicieron? —Sip. —Me miraba muy satisfecho consigo mismo. Me incline sobre él y lo bese. —Felicitaciones. —Gracias. —¿Cuándo puedo verlo? —Pronto, espero. Te enseño las fotos y todo lo demás después de la cena. —Eres un magnate de los bienes raíces —bromee—. Vas a estar en la sección naranja de la junta de dueños en poco tiempo. —Yo espero que te guste —dijo Dec—. Quiero decir, espero que pases mucho tiempo allí. —Supongo que mi humilde casa en Old Kent Road se desvanece en comparación, ¿huh? Me dio un pequeño guiño. —En absoluto.

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Declan saltó dentro de la cama, con una carpeta de manila, e inmediatamente se colocó en cucharita contra mí de nuevo. —Pague por la oferta de rápida resolución. Debo de ser capaz de tener las llaves en cuarenta días. —Wow, eso es rápido. —Todo aun me parecía bastante surrealista. No podía creer que en poco más de un mes, Dec tendría un espacio permanente aquí, aunque aun pasaría la mayor parte de su tiempo en Hobart. También tuve que admitir que a pesar de que dije que sería una manera de tenerlo amarrado a Melbourne, me sentía decepcionado ya que significaba que mi casa ya no tendría el mismo atractivo que solía tener. Él colocó las fotos en mi pecho, mostrándomelas con orgullo casi como si se tratara de sus hijos. —Mira esta vista. —No tiene las montañas como tu lugar en Hobart, pero aun así es bastante espectacular. —Luce mucho mejor en persona. —No puedo esperar para verlo. —Además hay también tres restaurantes en la zona de la planta baja, un mini-supermercado, y un gimnasio solo para los residentes.

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—¿Tiene un gimnasio? —Le pregunte asombrado, aunque probablemente sería el último lugar que yo frecuentaría. —Si, con una piscina y cuarto de vapor61. —Un cuarto de vapor, ¿huh? —Deja de pensar cochinadas, —se rió. Dejando de lado las fantasías pornográficas y la resistencia a mostrar interés en algo obscenamente burgués, el concepto de este apartamento estaba empezando a crecer en mí. Declan recogió las fotos, lanzó la carpeta a un lado, y se colocó en una de sus posiciones favoritas, en la que me usaba a mí como almohada. Mi brazo comenzó a quedarse dormido inmediatamente, pero ni en sueños lo movería. —También tiene un puesto extra de aparcamiento junto al mío, por si, umm... llegase a tener invitados o visitantes — dijo. —¿Tus padres? —le pregunte, haciéndome el tonto. Me dio un pequeño toque en un lado de la cabeza. —Sí. Ellos suelen hacerme visitas realmente largas. Recordé leer una escasez de espacio en equivalente a comprar nosotros estamos en sensación agradable.

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Sauna.

vez en un artículo en línea sobre la New York City, y que comprar era lo un anillo de compromiso. Está bien, Melbourne, pero aun así fue una

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—Incluso me asegure que no hubiese una política de no mascotas, en caso de que algún visitante que quisiera quedarse pudiese traer a su compañero felino. Santa mierda esto se sentía como un compromiso. Me besó en la cima de la cabeza. —Pensaste en todo. —Voy a verlo de nuevo el sábado. ¿Te gustaría venir? —Por supuesto. ¿Pero no vas a la Gran Final? —Voy a pasar por el apartamento primero. Abe y Lisa es probable que también vengan y quieren verte. Me apago un poco que todos ellos irían juntos a la final, y que tendría que hacer una solitaria caminata de regreso a casa. Dec y yo habíamos evitado hablar sobre ello, era una especie de acuerdo tácito ya que ambos sabíamos que era imposible para mí ir con cualquier pretexto cuando él estaba con el resto del equipo y sus novias. Pero él sabía que yo estaba pensando en ello, porque me murmuro somnoliento: —Llama a Roger. Ese mantra tantas veces repetido continuó resonando en mi cabeza mientras cerraba los ojos. Llamé a Roger al día siguiente y le dejé un mensaje. ¿Les sorprendería saber que él no me devolvió la llamada? Pasé por su casa la noche siguiente. Las luces estaban encendidas, y yo podía ver sombras que se movían detrás de las cortinas. Él y Fran no sabían que tenían a un acosador. Un acosador que estaba demasiado asustado de salir de su coche y al hecho de enfrentarse a sus demonios por tocar a la

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puerta y exigirle a su mejor amigo que hablara con él. Un acosador que era tan débil que sólo puso su coche a andar y se alejó. Nyssa estaba ocupada el viernes en la tarde. Nunca estaba demasiado ocupada para una comida agradable en el Pub los viernes, por lo que yo estaba de nuevo paranoico con la idea de que ella estaba reunida con Fran y Roger en el Napier, pero solo me sentía decepcionado, así que ni intente ir. Pensé en despedirla por no ser leal con su superior, pero decidí que iba a necesitar pruebas primero. Y realmente no me iba a estar deteniendo en el pub de camino a casa para mirar, patéticamente, a través de los cristales coloreados, tratando de distinguir vagamente las sombras de mis amigos. Dec no se quedó ese viernes ya que fue a beber con los chicos, y el desayuno tradicional de la Gran Final era al día siguiente. Pero el sábado tome el tranvía hasta la ciudad, y luego di un salto a la estación Southern Cross para cruzar el puente hacia el puerto. Parecía como si la última vez que estuve aquí, el puerto hubiera sido un agujero negro, desprovisto de vida. Ahora era una bulliciosa mini-metrópolis, y no podía dejar de preguntarme por la privacidad de Declan. Parecía que había más gente aquí que en mi tranquila calle. Tal vez, era porque había una sensación de anonimato entre las multitudes, que lo hacía sentirse seguro. Pero solo podía imaginar que sería peor en las noches, cuando los bares y restaurantes estuvieran en su mayor movimiento, aunque tendría la ventaja del garaje privado y cubierto en el edificio y su entrada discreta.

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Él ya me estaba esperando como me dijo que haría, justo frente a la puerta del vestíbulo, sentado en un muro de piedra arenisca y balanceando perezosamente sus piernas. Estaba usando una gorra ceñida y unas gafas de sol que lograban ocultar en gran parte sus rasgos faciales, además del disfraz de los pantalones de cargo casuales y la camiseta de manga larga. Saltó del muro cuando me vio y me saludó manteniendo una cuidadosa distancia entre nosotros. —Hey, —dijo. —Hey, —respondí. —¿Listo para verlo? —Seguro. Mierda, esto me estaba matando. Quería tener algo de vino con mi queso, pero una pareja normal podría haberse abrazado y besado, en lugar de este código de porquería que habíamos adoptado. A medida que entrábamos al vestíbulo usando una tarjeta de seguridad, me preguntaba si incluso, sin el secretismo de nuestra relación, nos sentiríamos confortables con demostraciones de afecto en público. Cuando lleguese el momento, sinceramente no pienso que ocurriría. Y no estaba seguro si era miedo o era solo el hecho o que fue así desde el inicio. Ok, miedo. Sabía que mucho de ello era miedo. Pero odiaba admitirlo, incluso a mí mismo. ¿Podía alguien que era gay sufrir su propia forma de homofobia? ¿O era simplemente sentido común combinado con un deseo de autopreservación y defensa?

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Lo único que sabía es que era demasiado temprano en la mañana para estar teniendo un debate filosófico conmigo mismo. —Estás muy tranquilo, esperábamos el ascensor.

—observo

Declan

mientras

Obviamente no podía oír las voces en mi cabeza. Lo cual era un alivio. —Disfrútalo mientras puedas, —le dije con ironía. —Me gusta cuando murmuras. Estoy acostumbrado a ello. Me asusta cuando estoy contigo, y de repente me doy cuenta que soy capaz de oír algo en el silencio. Le sonreí. —Pendejo. El ascensor indicó su llegada, las puertas se abrieron y entramos dentro. Regresando a nuestra burbuja privada, Declan gentilmente tomó mi cara entre sus manos y me besó. Con sentimiento y rapidez, le respondí felizmente, pero no estaba tan perdido para sentir que el ascensor comenzaba a frenar, por lo que me aleje. —Espero que no haya cámaras aquí. —Solo en el vestíbulo, —respondió. —Pensaste en todo —le dije asombrado. —Créeme, con el dinero que cuesta vivir aquí se hacen esas preguntas. —Me pregunto si tendrás algún vecino famoso.

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—No pregunté. —Solo imagina que un día tocan a tu puerta y es Cate Blanchett62 pidiéndote una taza de azúcar. Las puertas del ascensor se abrieron y me guió por el pasillo. —¿No vive en Sídney? —Tú tienes propiedades en dos estados, ¿por qué ella no podría? —Te lo prometo, si Cate me viene a pedir una taza de azúcar le pido un autógrafo para ti. —Demonios, quiero Elizabeth en su diván.

que

recree

unas

escenas

de

Dec se reía, e hicimos una parada brusca al final del pasillo. Una gran ventana mostraba una vista sobre el agua. Este lugar era tan elegante, que hasta los pasillos tenían vistas. Abriendo la puerta, Declan posó como una modelo de esos programas de juegos. —¡Ta ra! Caminé por el y era como estar suspendido sobre el océano. El apartamento estaba en la esquina del edificio, con ventanas que ocupaban la mitad de las paredes del salón y de la cocina. —Santa mierda, —suspire. —No hay vista del Monte jodidamente buena, —dijo Dec.

Wellington,

pero

es

—No estabas bromeando —murmure—. Wow.

62

Actriz de cine y teatro australiana, entre otros papeles ha trabajado en la trilogía del Señor de los Anillos, dando vida a la reina elfa Galadriel. Elizabeth, interpretando a la reina Isabel I, El aviador...

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De repente, yo estaba listo para olvidar mi arraigada lealtad con el proletariado y vender mi alma. —Joder sí. Me acerque a la ventana y me incline contra ella, casi podía sentir que estaba flotando en el aire. El viento llevó el salitre de las olas, y podía olerlo incluso a través del vidrio. Declan se paró detrás de mí y podía ver su reflejo. Me gire y sacudió las llaves frente a mí. —Salgamos al balcón. Yo lo seguí. Nos apoyamos en la baranda, con el agua debajo de nosotros. El viento era freso y fuerte. Cerré mis ojos e inspire profundamente. —Te extrañare repentinamente.

cuando

me

marche,

—dijo

Declan

Abrí mis ojos y lo mire. —Te voy a extrañar también. —Es bastante jodido, corriendo a la Gran Final hoy, y luego partiendo mañana. Esta es la última vez que nos veremos en un par de semanas. —Hey —dije tranquilamente— es la forma en que las cosas son. Está bien. —Yo estaba ya contento solo con lo que estaba diciendo, porque sabía que nunca hubiese podido sacar el tema por temor a sonar pegajoso. —¿Seguro? —Sí. Seguro. —Será mejor cuando regrese. Es fuera de temporada y estaré más tiempo aquí. —Además, estarás incapacitado, por lo que no podrás

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correr. —Dije aludiendo a su operación—. Eso ayuda. Se echó a reír. —Bastardo. —Yo estaré haciéndote un caldito de pollo y limpiando tu frente sudada por la fiebre. —¿Me harías sopa? Hice una mueca. —De sobre, probablemente. —Hey, que si estoy operado, quiero de la cosa real. —¿Qué si le pido a Fran que la haga y pretendo que la hice yo? —De la manera en que vamos, dudo que hayas hablado con Roger para ese entonces. —¡Hey! —protesté—. ¡Estoy hablando con Fran! —Y quiero sopa hecha a partir de cero. Por ti. Era hora de cambiar el tema cuando aún era capaz de hacerlo. —Me puedo imaginar acostado aquí afuera todo el día leyendo. ¿Para qué querría volver a entrar? Declan sacudió su cabeza, sabiendo lo que tenía en mente, pero dejándome salir con la mía por el momento. — ¿Por qué no hay espacio suficiente para una cama? —Aquí es más para una silla extensible. —Habrá que invertir en una. —Asegúrate que sea lo suficientemente grande para dos, —dije con brillo en mis ojos. Me miró, y el ambiente entre nosotros se puso serio.

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Podía decir que él quería decir algo, pero se aferraba a no hacerlo. No estaba seguro si era el momento, pero quería decirle sobre lo que quería hablarle desde esa ocasión hace un par de semanas. —Dec… Fuimos salvados o cruelmente interrumpidos, por el sonido del timbre de seguridad dentro del apartamento. — Deben ser Abe y Lisa, —dijo, dando un apretón rápido en mi brazo antes de dejarlos entrar. ¡Joder! ¿Nunca seriamos capaces de estar juntos? No pude reflexionar por largo tiempo en esta pregunta retórica, porque Abe y Lisa llegaron en tiempo record. Intercambiamos saludos, Abe estrechó mi mano y le dio un viril abrazo con una palmada en la espalda a Declan, mientras Lisa nos besaba a ambos. —Este lugar es increíble, —dijo Abe—. Un apartamento con dos frentes hacia el agua, Dec. Es bueno saber a dónde va tu salario. —Este deja a mi pequeño lugar en St. Kilda en vergüenza, —coincidió Lisa. —A mí me gusta tu lugar en St. Kilda, —dijo Declan—. Esta cerca de la playa y del Espy, y eso es todo lo que quieres. Ella se encogió de hombros amablemente. —No a menos que te guste la vista de la pared del complejo siguiente. —No te preocupes bebé —dijo Abe—. Cuando sea renegociado, seremos capaces de comprar un lugar como

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este. —¿Quieres que te cambien también? —Pregunté. Abe asintió. —Melbourne es el hogar. —Apuesto que los Diablos se odian por perderlos a ambos. —No tenían ninguna otra opción con los contratos creciendo. —Dijo Lisa, sonando con menos simpatía hacia el club. —Tal vez nosotros deberíamos comprar aquí, así Dec no puede escapar de nosotros. —Dijo Abe con un brillo diabólico en la mirada. —Joder, no. Estoy destinado a tener vecinos con clase. —Se rió Dec—. Escuche que Cate Blanchett está comprando aquí. Abe fingió darle un golpe, y Dec lo esquivo con elegancia. —Por supuesto solo me refería a Abe —Dec le dijo a Lisa—. Yo sé que tú tienes clase. —Sangrientamente correcto. —Lisa replicó—. Y solo para mostrarte cuanta clase tengo… Ella comenzó a rebuscar en el gran bolso que llevaba, que mas parecía un saco de compras que un bolso. Abe rodó sus ojos a Declan, y luego ambos se rieron con la fácil camaradería de su amistad, que me hizo sentir una punzada por Roger de nuevo. Lisa sacó cuatro copas de plástico y una botella barata de champaña que aún estaba fría.

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—¡Bebamos por tu nuevo hogar! Declan hizo los honores. El pop del corcho sonó como un disparo en el apartamento vacío y reverbero en las paredes limpias. El contenido de la botella se repartió entre las cuatro copas, brindamos por el apartamento y bebimos, haciendo todos malas caras por el sabor barato. Abe miró su reloj y dijo con pesar: —Es mejor que nos marchemos. Él y Lisa empezaron a hablar entre ellos, mirando deliberadamente en otra dirección, para darnos a Declan y a mi algo de privacidad. Dec me llevo a un lado de la sala. —Odio las despedidas apresuradas —dijo—. Y odio tener que hacerlo aquí, en vez de cuando en realidad deberíamos. Asentí. No había nada más que yo pudiera decir. Recordé lo que había estado a punto de decir en el balcón y desee poder decirlo ahora, pero la presencia de Abe y Lisa me detuvo. No debería ser, pero no era el momento ideal. —Realmente me gusta el apartamento —dije sin mucha convicción. Se inclinó y me besó. Lo acerque a mí y le susurré: — Vuelve pronto. Dec me sonrió. —Lo haré. Se apartó y todo lo que yo quería era volver a acercarlo. Declan dio una palmada. —Vámonos y veamos como los verdaderos futbolistas juegan una gran final.

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Abe se echó a reír, Lisa sacudió su cabeza y rodó sus ojos hacia mi para mi beneficio. Cerramos el apartamento detrás de nosotros y caminamos por el recinto del puerto. Declan realmente se estaba excitando con la idea de vivir aquí, aunque creo que era el tener una casa en Melbourne lo que tenía más atractivo para él. Nos separamos en el cruce de la estación con la calle Collins. Abe y Declan pensaron que sería mejor bajar por el MCG y probablemente no ser reconocidos, que tomar el riesgo de saltar a un tranvía y estar rodeados por adeptos y detractores del AFL. Lisa se resistió a la idea y dijo que tendrían que cargarla el resto del camino. —No dejes que los hobbits lo secuestren en Nueva Zelanda —le dije a Abe. —No lo haré. —Sonrió, chocando los puños conmigo a modo de despedida. Lisa me agarró y me abrazó. Me agarre a ella un poco más de lo que lo haría normalmente, pretendiendo que era un abrazo a Declan por aproximación. —Nos estamos viendo pronto, ¿ok? —Seguro. Declan y yo chocamos los puños con torpeza, en el mismo estilo en que lo hice antes con Abe. —Cuídate, —le dije.

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—Llama… —Roger. Si, lo sé, Oprah. Hizo una mueca. —Al menos podrías llamarme Dr. Phil, así me sentiría más seguro de mi masculinidad. Abe se rió a carcajadas y Lisa lo golpeó en el hombro ligeramente. —Si necesitas al Dr. Phil para probar tu masculinidad, yo todavía me quedaría con Oprah si fuera tú. —Me burlaba yo. —Adiós Simon. Me despedí con la mano, viéndolos mientras se iban, desapareciendo por Collins en su camino para cortar a través de la G por Elizabeth. Mi tranvía llegó pronto y giré mi cuello tratando de verlos una vez más. Los saludé a los tres a través de la ventana, viéndose cómodos entre ellos, como Los Tres Mosqueteros. Me devolvieron el saludo y recordé que en la historia eventualmente se convierten en cuatro. Esperaba que algún día ocurriera lo mismo con nosotros. Cuando llegue a casa, revisé mi contestador automático inmediatamente con la esperanza de que Roger hubiera dejado algún mensaje. No lo hizo. Antes de que perdiera la cabeza, tomé el teléfono y lo llamé. El contestador automático saltó. De nuevo. Has llamado

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a Roger y Fran. En este momento no podemos atenderte, así que déjanos saber quién eres. Tenía que estar en casa. ¡Solo faltaba media hora para la Gran Final, por amor a Cristo! A menos… que haya salido para la Final. Era inconcebible, pero posible. O tal vez él y Fran están teniendo una enorme barbacoa con todos sus nuevos amigos… —Uh, hola, —mi voz apenas por encima de un susurro—. Soy yo. De nuevo. Mira, sé que cuando estaba enojado contigo tú sabias que no sería para siempre. Del mismo modo que sé ahora que estás enojado conmigo y que tampoco será para siempre. Así que espero que más temprano que tarde hagamos lo inevitable y hablemos. Nos vemos. Creo que eso es lo que se llamaría poner todo en línea. Esta sería la primera vez desde que tenía doce años que vería la Final sin Roger. Estoy bastante seguro de que el hecho no se le escapó a él tampoco, y supongo que esperaba un milagro de última hora, del estilo de los de las películas malas de Navidad, donde todo sale bien al final. Todavía lo seguía pensando en el entretenimiento previo al juego, y durante el primer cuarto. Para la mitad ya había perdido la esperanza. Las cervezas bajaron suavemente, y mi almuerzo de un gran paquete de tortillas de queso y cebolla fue más que satisfactorio. Logre ver un breve vistazo de Declan en la tele, sentado en uno de los palcos VIP junto con el resto del equipo, mientras veían el juego que se desarrollaba. Me dormí antes del final del juego y fui despertado por el

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timbre del teléfono. Esperaba que fuera Dec o Roger, me tropecé al contestar, e intente que mi voz no sonara como si recientemente me levantara de entre los muertos. —¿‗lo? —¡Hey compañero! ¿Cómo estas? ¿Vistes el partido? La voz me era familiar pero no podía ubicarla. —¿‗ien es? —Muy gracioso. ¿Estas borracho? Algo hizo clic en mí. —¿Tim? Tienen que entender mi sorpresa aquí. Tim casi nunca llama por su propia cuenta. La única manera en que podría haber estado más sorprendido es si hubiese sido mi padre. —¡Por supuesto que es sangrientamente Tim! —Uh, ¿cómo estas? —le pregunte cortésmente. —Bueno, bueno. Es por eso que estoy llamando en realidad. —¿Oh? —¿Por qué era bueno? —Sí. Adivina qué. Este era Tim, así que podía ser cualquier cosa. — ¿Necesitas que pague la fianza? Él se rió. —Sí, claro. No, solo te llamaba para decirte que Gabby y yo acabamos de comprometernos. Si no hubiera tenido bien sujeto el teléfono se me habría caído. —¿Qué? —Sí. Finalmente me le propuse.

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—¿Y ella dijo que si? —Pregunte atónito. —Por supuesto que lo hizo, limpiaculos. Si no, no te estaría llamando para decirte que estoy comprometido, ¿o sí? —Claro, por supuesto. Bueno... felicitaciones. —Gracias mano63. ¿Quién habría pensado que me casaría antes que tú? —Hizo una pausa y se echó a reír—. Bueno, claro, no puedes. —Gracias por recordármelo. —Dije secamente. —Tendrías que conseguir a alguien primero. Todo en lo que podía pensar era ―por favor‖, que yo no sea el padrino. Él no hizo la oferta y me sentí aliviado. —¿Cómo reaccionaron mamá y papá? —Más emocionados que tú. Sabía que era mejor armarme con un poco de energía. — No, en serio Tim, estoy muy feliz por ti. ¿Ya han fijado la fecha? —Nos estamos dando un año. —Eso es probablemente lo mejor. Tú sabes, para darles el tiempo suficiente para planificarlo todo y ahorrar. —Si, lo sé. Yo quería en enero, pero Gabby insiste en que para dentro de un año.

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Diminutivo cariñoso de hermano.

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—¿Estabas listo para casarte tan pronto? —Me preguntaba como logro Gabby convertirse en Annette Bening y a él en Warren Beatty. Pero bueno, la gente podría pensar acerca de Simon Murray a la hora de intentar encontrar una razón para que Declan me gustara. Tim se rió de buena gana. —Bueno, cuando uno sabe, uno sabe. Creo que fue la única vez en que he oído decir a mi hermano algo no relacionado con el fútbol y con lo que estuviera de acuerdo. Excepto que no podía decírselo. Este era su momento de todas maneras, y me alegre por él... porque lo tenía. Quería llamar a Roger solo para compartir las noticias. Declan no sería capaz de comprender lo bizarro de este nuevo evento en mi historia familiar, ya que no era parte de ella. Pero al final pensé que había acosado al contestador automático de los Dalton lo suficiente por este fin de semana. Mi madre llamó unos diez minutos después de que Tim colgara, y sonaba ebria de felicidad, con la perspectiva de que alguno de sus hijos estaba enganchado. Especialmente porque tenía un significado universal para todas las madres, que era la promesa de nietos a continuación. —Hay solo una cosa por la que no soy feliz, —dijo. Esa es otra cosa acerca de las madres. Siempre hay algo que no las hace feliz. —¿Qué tu hijo favorito se vaya a ir de tu lado? —No, no es eso, —dijo con altivez. Y luego añadió al último momento— y no tengo un hijo favorito.

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—¿Qué es entonces? —Bueno, que no te ha pedido que seas su padrino. —¿Por qué lo haría? —Porque eres su hermano. —Pero si apenas nos tratamos. Su padrino debe ser uno de sus mejores amigos. Mamá suspiró. —Es la tradición Simon. —¿De quién es esa tradición? —pregunté—. Y es su boda, él puede hacer lo que quiera. —Pero… —En serio, mamá. Si a él no le importa, y a mí no me importa, ¿por qué a ti si? —Porque la gente va a pensar que es extraño que tu no… —¿Eso es lo que te preocupa? —También quiero que mis dos hijos se traten como hermanos de vez en cuando. —Eso no va a pasar si además me veo obligado a organizar su despedida de soltero. Podría decir que mamá se estaba agitando. —Simon… —Déjalo mamá. Sólo se feliz por la felicidad de uno de tus hijos. No te preocupes por los pequeños detalles. Ella no era feliz cuando colgó el teléfono, y sabía que probablemente no sería la última vez que escucharía de este

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tema. El anillo de compromiso ni siquiera había sido colocado aun en el dedo de Gabby, y de alguna manera ya había sido absorbido por este drama.

El sonido de un mensaje entrando en mi teléfono móvil me despertó a la mañana siguiente. Te llamo cuando llegue a la tierra de la gran nube blanca. Sonreí, y me estire bostezando perezosamente. Mejor Declan navegando por los rápidos y haciendo salto de bungee en Nueva Zelanda que yo. Bueno, probablemente no salte de bungee, sus jefes no quieren que haga nada que pueda afectar su rodilla. Además, probablemente hagan un tour por todos los pubs más que cualquier otra cosa. Mi domingo pasó sin problemas, leyendo los periódicos y haciendo un poco de planificación para el festival, lo que involucro un montón de llamadas por teléfono a Nyssa. Me mantuve pendiente por oír una llamada entrando, expectante por Declan y esperanzado por Roger, pero todo siguió como estaba. Mientras me preparaba un sándwich de queso para cenar, el teléfono finalmente sonó. Conteste, con cuidado del

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dedo que me había quemado en la parrilla. —¿Hola? Se oyó el sonido de alguien tomando aire, y luego Declan diciendo —¿Simon? —Hey, ¿llegaste bien entonces? Él tomó una respiración profunda y temblorosa. —¿Dec? ¿Qué pasa? —Todavía estoy en Melbourne. —¿Por qué? —Comencé a preocuparme. No sonaba como él para nada, más bien como si tratara de mantenerse entero pero tambaleándose al borde del colapso total. —Estoy en el St. Vincent64. —¿Qué pasó? ¿Estas bien? —Sí, estoy bien… —Se detuvo, respirando con cortas y rápidas inhalaciones. —Dec… —¿Puedes venir? —me preguntó con voz temblorosa—. Mi papá tuvo un infarto.

64

Es un hospital real en Australia.

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Capítulo 19 Encontré a Declan en el jardín en la mitad del complejo del hospital St. Vincent. Estaba en una esquina apartada, mayormente ocultada por arbustos y árboles grandes, sentado en un banco de madera y con la mirada angustiada. Quería sostenerlo, pero no estábamos en un lugar lo suficientemente privado. Declan terminó con cualquier razonamiento interno que tenía en el momento cuando me vio y se levantó de un salto, tirándome hacia él. Envolví mis brazos alrededor de él, y enterró su cabeza en mi hombro. Lo podía sentir temblar ligeramente mientras trataba de controlar sus sollozos, pero las lágrimas se adueñaron de él y todo lo podía hacer era pararme ahí y dejarlo llorar. Cuando finalmente se calmó un poco, lo llevé al banco y me senté a lado de él. —¿Estás bien? —le pregunté estúpidamente. Trató de sonreírme, pero falló. —Mejor ahora que estás aquí. —¿Alguna noticia de tu padre? —Todavía está en cirugía. —Cristo, Dec, ¿qué sucedió? Tomó un profundo respiro vacilante. —Estaba en el

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aeropuerto, esperando que llegara el resto del equipo cuando mi hermana llamó. Me subí a un taxi y llegué aquí cuando la ambulancia lo estaba trayendo. Aparentemente él simplemente se desplomó en la casa, justo en el pasillo. —Se quebró y pasó su mano por sus ojos. Miré alrededor para ver si no había nadie cerca, luego interiormente me recriminé por hacerlo. Si un hombre no podía confortar a otro hombre, visiblemente estresado, en los terrenos de un hospital, entonces ¿cuándo estaría bien? Puse mi brazo alrededor de sus hombros y él se inclinó hacia mí. —Estoy tan enojado conmigo mismo. —Dijo de repente. —¿Por qué? —Porque estaba allá arriba con mi familia, y estábamos todos estresados y llorando, y cuando lograba dejar de pensar en mi papá por un segundo, todo lo que quería era verte. —No puedes estar enojado contigo por eso —le dije. —¿Por qué no? Debería estar pensando en mi papá. — Discutió. —Porque somos humanos. Y cuando estamos molestos, afligidos queremos que nos conforten. Así que nos volvemos hacia la persona de la cual lo queremos. No respondió. —¿Siguen todos arriba? —Sí, mi mamá me dijo que saliera y tomará algo de aire y que caminara. Creo que la estaba volviendo loca. —¿Quieres regresar allá arriba?

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Me miró. —Pero acabo de arrastrarte todo el camino hasta aquí. —Como si me importara. Como si no quisiera estar aquí para ayudarte. —Froté su brazo en lo que esperaba que fuera un gesto de consuelo—. Además, me quedaré aquí. Y si lo necesitas, puedes bajar de nuevo y hablar conmigo. —¿Qué? ¿Te quedarías aquí afuera? —Toda la noche, si tengo que hacerlo. —Respondí honestamente. Hubiera hecho cualquier cosa para ayudarlo a sentirse aunque solo fuera un poco mejor; además, me llamó para que viniera, no Abe, ni Lisa. —Y te preguntas porque te —se detuvo y miró a otra parte. —¿Qué? Cambió de tema extrañamente. —Otra de las cosas que estaba pensando cuando debería haber estado pensando acerca de mi padre… Pensaba, ¿qué si hubiera sido yo en su lugar? Todo lo que quisiera es que tú estuvieras ahí, pero no estarías, porque mi familia ni siquiera sabe de ti. —Está bien. —No, no lo está. Y no es justo, Simon. No es justo ni para ti ni para mí. Un pequeño río de sudor causado por el miedo corrió y se deslizó detrás de mi cuello. Esto estaba sonando peligrosamente a discurso de ruptura. —Tienes suficiente en la cabeza, Dec. No empieces a preocuparte por cosas que ni

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siquiera han pasado. —Apuesto que mi padre no tenia previsto el sábado en la tarde, un ataque al corazón. —Dijo Declan amargamente. —Probablemente no. Pero igualmente... —Voy a estar en el hospital el próximo mes, Simon. Si seguimos así, lo mejor que probablemente podrás hacer es ir como un amigo de Abe y Lisa sin provocar demasiadas preguntas por mi familia. Eso no es lo suficientemente bueno. —Y nos preocuparemos de eso cuando el momento llegue. Tienes que concentrarte en tu papá. Me cortó besándome, hambrientamente y con desesperación. Su respiración era forzosa, y su mejilla estaba húmeda contra la mía. Sus labios dejaron de trabajar y se posaron sobre los míos, pero se quedó quieto en esa posición, sin ninguna señal de alejarse. Tracé lo largo de su mandíbula con el borde de mis nudillos, gentilmente, no rehuyendo su intensa mirada. Y aunque fuera tal vez el peor momento para hacerlo, las palabras salieron de mí en un apuro, las cuales debieron haber salido semanas atrás, porque sabía que eran malditamente ciertas. —Te amo. Se apartó, sus ojos muy abiertos. —¿Qué? —Sé que este no es el momento para decirlo —empecé débilmente. —Dilo otra vez. Lo miré quietamente, sin vacilación. —Te amo.

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Declan se rió y si lo estaba leyendo correctamente, se veía aliviado. —No sabes cuánto tiempo he estado esperando escucharte decir eso. No podía creer que hubiera sido tan difícil de decir, pero ahora todo lo que quería era escucharlo de él. No me mantuvo en suspenso. —Yo también te amo. Pero tú ya sabías eso. —No es que no lo hiciera antes, es solo que... Me besó. —Lo sé. —Realmente deberías ir arriba y revisar a tu familia. — Dije, aunque había una parte egoísta de mí que quería retenerlo aquí abajo después de este gran momento entre nosotros. —Sí, debería. —Me besó de nuevo y se paró—. Detesto enviarte de vuelta, pero ve a casa. —Quiero estar aquí para ti. —Dije. —Gracias. Pero ya lo has hecho, más de lo que crees. — Mirando cuan calmado parecía ahora que hace cinco minutos atrás, tenía que aceptarlo—. Llamarás, ¿verdad? Asintió. —Adiós, cariño. Lo miré caminar con sus manos metidas en sus bolsillos. Me di cuenta que nuestra pequeña esquina del jardín no estaba tan oculta como había pensado al principio, pero el espacio estaba vacío y la noche había caído mientras estábamos hablando. Miré fijamente al edificio encima de mi;

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todas las ventanas iluminadas de los cuartos en donde milagros y tragedias se estaban llevando a cabo, y esperaba que para el papá de Declan, fuera lo primero. No estoy seguro de cuánto tiempo me senté ahí, pero un adolescente caminando junto a mí me sacó de mi ensueño. Me frunció el ceño, y lo fruncí en respuesta, preguntándome cuál era su problema; luego llegué a la conclusión que en este lugar probablemente tuviera su propio drama con el cual lidiar. De mala gana me levanté, y comencé a caminar de vuelta al estacionamiento. De regreso a casa estaba cansado y ansioso, preguntándome como estarían Declan, su padre y su familia. Se sentía raro tener tanta emoción puesta en un hombre que ni siquiera sabía que existía, y aunque sabía que mis intenciones eran por el bienestar de Declan más que cualquier otra cosa, aun así esperaba que fueran cumplidas. Terminé quedándome dormido en el despertado por un mensaje de texto llegando.

sillón

y

fui

Papá está inconsciente. Todavía esperando escuchar de los doctores. Eso estaba bien, al menos. Envié una respuesta rápida y puse la alarma de mi teléfono móvil para levantarme en la mañana. No me molesté en levantarme e ir a la cama. Cuando la alarma empezó a sonar, me levanté aturdido, alimenté a Maggie, tomé una ducha, y tropecé fuera de la puerta. Traté de leer el periódico en el tranvía, pero no podía concentrarme. Justo cuando atravesé las puertas del trabajo un nuevo mensaje llegó de Declan.

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No quería despertarte. Papá está casi fuera de esto, pero los doctores lo dicen más como una advertencia que otra cosa. Lo tendrán en observación por unos días. Me quedo donde mamá mientras nos necesite, pero te llamaré. Así que, qué cuanta diferencia hace una noche. Declan había pensado que su mundo se estaba derrumbando alrededor de él solo hace doce horas atrás, y ahora las cosas parecían estar bien de nuevo. A pesar de dormir mal, también me sentí revitalizado y sorprendí a Nyssa con una alegría que era difícilmente parte de mi rutina del lunes por la mañana. No duró mucho. Alrededor de las dos de la tarde, Nyssa vino a mi oficina con una expresión de perplejidad. Tenía la edición de la tarde del Herald Sun65 en su mano. —¿Qué hay? —pregunté. —Creo que el secreto que has estado guardando acaba de salir —murmuró—. Sin intención de juego de palabras66. Colocó el periódico ante mí, y sentí mi estómago caer cuando vi el titular. ¡ESTRELLA DE LA AFL EN SECRETA SORPRESA GAY! Y ahí, adjunto a la izquierda del mar de palabras aparecía un recuadro donde había series de fotos de Declan y yo en los jardines del Hospital St. Vincent. No habían dejado

65

El Herald Sun es un tabloide real mañanero basado en Melbourne, Australia. A lo que se refiere Nyssa es que cuando uno sale del armario se dice “he is out” y al referirse de que la noticia salió “is out”. 66

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nada a la imaginación… una de nosotros abrazándonos, otra besándonos, y finalmente una mía sentado solo en la banca. —Entonces, ¿cuál es la historia? —preguntó Nyssa. Estaba anclado en mi asiento con tal sentimiento de miedo, que no me podía mover. —Parece que ya la obtuvieron.

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Medio Tiempo Del Herald Sun, 1 de Octubre. ¡ESTRELLA DEL AFL EN ESCÁNDALO SECRETO GAY!

Por Peter Van Niuewen Estas fotos exclusivas, entregadas al Herald Sun por un miembro perspicaz del público, revelan que uno de las más conocidas estrellas del AFL está pretenciosamente en una relación homosexual secreta. Esto vendrá indudablemente como una sorpresa para los fans de los Demonios. El centrocampista Declan Tyler, Medallista del Brownlow, aparentemente es gay. Estas fotos, sin embargo, disiparán cualquier duda. Fueron tomadas en las instalaciones del Hospital St. Vincent, donde el padre de Tyler fue internado luego de sufrir un ataque cardiaco el domingo. El fotógrafo, que no desea ser nombrado, quien es un menor de edad, estaba visitando a un paciente y observó a Tyler y su acompañante

desconocido. Hizo lo posible para obtener estas imágenes con la cámara de su teléfono móvil. Cualquier intento de encontrar a Tyler para hacer un comentario fue fútil, mientras que la familia Tyler está en reclusión en el hogar familiar en Glenroy. Al momento se conoce muy poco sobre el misterioso hombre en las fotografías, pero ha de notarse que esta ha sido la peor temporada de Tyler desde que se volvió un profesional. La junta directiva de la AFL, el entrenador de los Demonios Scott Fraiser, y el director ejecutivo del equipo Ed Wallace también han declinado responder al momento de esta impresión.

Un

jugador

estrella

reticente.

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De la columna “La Escena”, Reach Out, 3 de Octubre. NO TAN SORPRENDENTE PARA MÍ

Una editorial de Jasper Brunswick Parece que el mundo heterosexual se ha molestado innecesariamente sobre el hecho que Declan Tyler, una de las

mayores estrellas del AFL, ha sido expuesto. Esto ha llevado a un escándalo sobre el alivio que uno de los mejores jugadores en la historia reciente no podría ser un marica, después de todo, los maricas son más conocidos por llevar un bolso y no un balón, ¿no es cierto? Al momento parece inimaginable para los que miran a Tyler merodear por el campo como un gladiador moderno que una estrella del deporte de su calibre podría ser homo, y hay muchos que intentarán escribir sobre las recientes fotos publicadas como falsos posados con personas parecidas o excelentes trabajos de Photoshop. ¿Pero qué significa para el futuro de Tyler en su campo escogido? ¿Está lista la AFL para un deportista abiertamente gay? ¿El mismo Tyler está listo para esto? Yo sugeriría

que probablemente no lo está, o por otra parte saldría del closet por su propia voluntad. Han existido rumores sobre Tyler por algún tiempo. Y no solo en la comunidad gay. Tyler ha estado poco dispuesto a discutir su vida personal y su relación con la frecuente asistente a los Brownlows, Jessica Wells. La privacidad siempre automáticamente invita a la suspicacia por parte del público en general. ¿Pero quién es el hombre misterioso en las controversiales fotografías? No es un extraño para el Reach Out. De hecho, ha sido perfilado por nosotros y está a punto de ser entrevistado de nuevo. Simon Murray, de 27 años, es el director del Festival de filmes Triple F, quien actúa como una vitrina para lo verdaderamente oculto e independiente del cine y que también presenta un gran número de piezas LGBTQ en sus programas cada año. Hemos reimpreso una entrevista previa que tuvimos con él en esta edición, destacando la sección donde habla acerca que lo que para él significa seleccionar

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filmes amigables con la comunidad gay.

mostrará en su vida, con Declan Tyler, dentro y fuera de su relación.

Pueden asegurar que nosotros probablemente escucharemos mucho sobre él en la prensa que saldrá en las próximas semanas como un nuevo interés que se

Solo algo es seguro… la vida como la conocen nunca será igual.

Entrevista página 6.

con

Simon

Murray,

Del Herald Sun, 4 de Octubre.

¡EL AMANTE SECRETO DE TYLER ES REVELADO!

385 Por Peter Van Niuewen.

Un periódico semanal gay ha revelado la identidad del hombre misterioso en el centro de las recientes fotografías de Declan Tyler. Simon Murray, de 27 años de edad, es el director del festival de cine Triple F, que se especializa en exhibir cine independiente, usualmente con un gran número de participaciones relacionadas con contenido homosexual. Los intentos de contactar a Murray han sido infructuosos, y su asistente

Nyssa Prati se reúsa a realizar algún comentario. El columnista gay Jasper Brunswick, quien ha trabajo muy de cerca con Murray en el pasado, fue la fuente que reveló la identidad del novio secreto de Tyler. “Hemos estado centrados en esta historia por bastante tiempo” Brunswick comentó en una entrevista telefónica, “al no tener el hábito de exhibir a la gente. Sin embargo, al ver que la historia de Declan Tyler se volvió titular en otros medios, ahora se ha convertido en una noticia importante, y no podríamos ignorarlo. Todas

las

partes

en

este

caso

Sean Kennedy


permanecen en silencio. Tyler permanece en reclusión en su hogar familiar en Glenroy mientras que su padre está bajo tratamiento en el Hospital de St. Vincent; Murray mantiene su servicio de contestador como respuesta a sus llamadas. La señorita Jessica Wells no habla al respecto y su “compañera de habitación”, femenina igualmente, mantiene un silencio. La AFL y el club de Tasmania los Demonios están por entregar sus declaraciones. Llamadas a otros jugadores para comentarios no han sido retornadas, llevando a especular que el club ha sacado una orden de silencio.

“Esto va a ser algo grande tanto para la comunidad gay y la deportiva” comentó Brunswick. “La gente tendrá que cambiar su punto de vista en todo ámbito. Nunca hemos visto a un jugador tan importante salir del closet, y nunca en lo alto de su carrera. Él podría servir como modelo a seguir para mucha gente”. Entre tanto, este nuevo ideal modelo a seguir parece seguir ocultándose.

Para que ustedes opinen… página 12.

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Tercer Cuarto Capítulo 20 El mundo se había vuelto loco.

Un contingente completo de medios de comunicación australianos parecía estar acampando afuera de mi puerta. Solo podía asumir que tenían cómplices que estarían haciendo lo mismo en la casa Tyler en Glenory, y mis suposiciones fueron confirmadas cuando lo vi en las noticias esa noche. Había empezado a llevar mi coche al trabajo, los días que iba, batallando sombríamente entre los periodistas mientras dejaba mi casa cada mañana, deseando que tuviera una de esas horribles casas nuevas con un garaje y una puerta que llevara directamente a la cocina así podría escapar en relativa privacidad. No respondí las preguntas que me eran tiradas, ni siquiera para decir ―no hay comentarios‖ la respuesta determinada dada en muchas noticias por el objeto acosado del artículo. Enfureció al grupo, y sus preguntas se volvieron más punteadas y gradualmente aún más insultantes para

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poder provocar una reacción en mí. —Simon, ¿tienes algo que ocultar? —Simon, ¿tu silencio se debe a que estás avergonzado? —¿Dónde está Declan? ¿Ya han roto ustedes dos? Cantaba canciones en mi cabeza para distraerme. Eventualmente terminaba por casi ni escucharlos, estaba demasiado ocupado concentrándome en cualquier canción que me sirviera de ayuda. Nyssa había tenido que aguantarlos en el trabajo y ahora estaba asegurando las puertas para que nadie pudiera entrar caminando como si nada desde la calle y demandar hablar conmigo. No ayudaba que Nyssa estuviera enojada conmigo por haberla mantenido en la oscuridad. —Es solo que pensé que éramos amigos. —Dijo el mismo día que el periódico había aparecido con las fotografías. —Lo somos. —Dije muy serio. —No se siente así para mí ahora mismo. —Es una situación difícil, Nyss. No podía decirle a todo el mundo. Solo Fran y Roger sabían. —Desde luego que sabían. Su radiante disposición se había evaporado. Como lo había hecho la mía. Le tomó a Declan dos días llamarme. —¿Estás bien? —preguntó. Ningún saludo.

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—Yo debería preguntarte eso. —Siento no haberte llamado enseguida… no tienes idea de lo loco que ha estado por aquí. —Me lo puedo imaginar. —Dije secamente—. Tuve a un periodista tratando de arrastrarse desde la basura hasta la puerta del gato. —Te he visto en las noticias. —Creo que todo el mundo me ha visto en las noticias. Mi mamá las está grabando para el show del error, probablemente para ser emitido dentro algunos años. Para mi cumpleaños número treinta. —¿Cómo lo está tomando tu familia? —Creo que una mejor pregunta es, ¿cómo está la tuya? Tomó un largo y gran suspiro. —Maldición, Simon. No puedo hablarte así por el teléfono. Quiero verte. —Eso probablemente sea realmente difícil. —Lo sé. Incluso Jess tiene gente esperando afuera de su casa. —Conozco un lugar donde podemos ir. —¿Dónde? —su voz tenía un suave matiz de esperanza. —Donde Fran y Roger. —Pero vosotros estáis... —Roger y yo estamos bien. ¿Puedes estar ahí en una

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hora? —Claro —se detuvo— Simon, solo en caso de que hayas estado preocupado… te amo. Sonreí por primera vez en días. Había una parte de mí que quería castigarlo por no haber estado en contacto, pero no pude. —No ha cambiado por mi parte tampoco, tonto. Desde luego, no había estado tan convencido un par de días atrás. Estaba seguro de que Declan me odiaba porque solo después de haber entrado en su vida por un corto tiempo, la había arruinado. No escuchar de él solo parecía consolidar ese miedo en mi mente. ¿Estaba en casa siendo reprendido por su familia y presionado a decir que esto solo fue una aberración, que era toda culpa mía? ¿Estaba siendo pintado como el malo predador gay que corrompió a su inocente hijo? Tan pronto como me liberé de Nyssa -cosa que no fue difícil, ya que estaba tratando de evitarme de cualquier manera solo para llevar a casa lo molesta que estaba conmigo- traté de llamar al teléfono móvil de Declan solo para encontrar que estaba apagado. Dejé el trabajo temprano, estúpidamente coloque mi bufanda sobre la mitad de la parte inferior de mi rostro pretendiendo que hacía frío pero realmente era para evadir mi detección, mientras veía mi borroso perfil en al menos media docena de los periódicos que estaban siendo leídos en el tranvía. Había estado relativamente a salvo el primer día, cuando mi nombre no había sido todavía filtrado al público. Pero mientras llegaba a mi teléfono móvil, empezó a sonar.

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Sorpresivamente, era mi madre. —¿Qué hay mamá? —¿Dónde estás? —En mi casa. —¿Tan temprano? —No me estaba sintiendo bien. —Espero que no te contagies con ese virus que anda suelto. Tu tía Mary no pude salir del retrete por ¡tres días! Había una vívida imagen que no haría nada para hacerme sentir mejor. —Solo un resfriado, creo, mamá. —Bueno, solo estaba sentada aquí riéndome un poco. Adivina por qué. Me senté en el sillón, cayendo pesadamente. —¿Por qué? —No ¡tienes que adivinar! Maggie saltó a mi regazo, le rasqué detrás de las orejas. —¿Papá se comió accidentalmente el pastel de Tim otra vez? —¡No! —¿Qué es, entonces? —pregunté impacientemente. —Acabo de ver el periódico. ¡Oh Demonios no! —¡Y aparentemente Declan Tyler de los Demonios, es homosexual!

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—¿En serio? —pregunté, siendo esas palabras todo lo pude decir. —¡Y nunca adivinarás la parte chistosa! —¿Esa no era la parte chistosa? —pregunté débilmente. —Su novio, bueno, supongo que lo llaman pareja, ¿verdad? ¡se parece a ti! —Uh. —Se lo mostré a tu padre, y dijo que no había ninguna manera de que pudieras ser tú. —¿Qué, piensa que no soy lo suficientemente bueno para Declan Tyler? —pregunté indignado. Mamá se rió. —Bueno, es solo que… él está algo fuera de tu liga, ¿no lo crees? Sería como si Tim saliera con, no lo sé, una supermodelo. Herido, tomé un respiro y deje con toda la dignidad que pude reunir. —De hecho, mamá, soy yo. Mamá partió en risas. —Oh, Simon, ¡basta! —¡No estoy bromeando! —Solo asegúrate de comprar un periódico y revísalo, ¿Okay? —Mamá. —Te llamó después, cariño. Mientras colgaba, miré a Maggie. —El mundo entero se

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ha vuelto malditamente loco. Continué sentado ahí con el cálido gato en mi regazo, mirando a la pared ante mí. Parecía como un perfecto momento para congelarlo en el tiempo, no tener que lidiar con las demás consecuencias. Arqueólogos podrían encontrarme en tres siglos y algo y nunca saber mi historia o las controversias asociadas a mí. Sería decepcionantemente catalogado en el registro de un museo y amontonado en su sección de archivos que se vería como el sótano del pentágono en The X Files67. Y ahí seríamos olvidados por la eternidad. Sería una gran dicha comparada con mi situación actual. Los golpes en mi puerta nos hicieron saltar a Maggie y a mí. Mientras ella voló a la seguridad de la cama, cuidadosamente me moví detrás de la puerta, gritando: — ¿Quién es? —Roger. Era él. Ningún periodista podría fingir esa voz tan bien. Abrí la puerta inmediatamente, y ahí estaba parado. Sus manos estaban en sus bolsillos, y me miraba tímidamente. —Hola.

67

The X-Files (en España Expediente X, en América Latina Los expedientes secretos X o Los archivos secretos X, en Argentina Código X) es una serie de televisión estadounidense de ciencia ficción y misterio, que se emitió por la Cadena FOX, y creada por Chris Carter, centrada en los casos que investigan dos agentes del FBI, clasificados como "Expedientes X": Fenómenos paranormales, avistamiento de ovnis, criaturas extrañas, etcétera. Fue estrenada el 10 de septiembre de 1993 y terminó, después de nueve años de emisión, el 19 de mayo de 2002.

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Eso fue lo único que alcanzó a decir. Estaba sorprendido de encontrar sus brazos llenos de mí. Lentamente me abrazó también. —Esto es… muy acogedor. Oye, ¿estás llorando? —No, —olisqueé—. Cállate. —¿Puedo pasar? —preguntó—. Porque si la prensa se presenta, mañana estaremos en una portada, y te acusarán de engañar a Declan. Me reí, y esta vez no la sentí forzada. —Pasa. Era como si el mes pasado no hubiera sucedido, aunque Maggie estaba tan sorprendida de escuchar su voz que regresó para investigar y luego felizmente dejó que Roger le acariciara la panza. —Vi el periódico. —Dijo. Nos pasé unas cervezas del refrigerador. —¿Es por eso que decidiste perdonarme? Se encogió de hombros. —Pensé que me necesitarías. —Pensaste bien, —admití—. Discúlpame por haber sido un estúpido acerca de perdonarte. —Siento haber sido un idiota en primer lugar. Y luego por haber sido un imbécil contigo cuando tú dejaste de ser uno. La disculpa perfecta. Ahora que las cosas estaban bien entre nosotros, lo golpeé en el hombro. Y no con la intención de bromear. —

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¡Viste la Gran Final sin mí! —¡Hey! —gruñó—. Si sirve de algo, me la pasé muy mal. —Me quedé dormido —admití. —¡Sacrilegio! —exclamó Roger. —Es verdad. —Fran trató de verlo conmigo. Se aburrió y me dejó en el segundo cuarto, nunca volvió. —Debiste haberme llamado. Habría estado ahí en cinco minutos. —Lo sé. Debí haberlo hecho. —Finalmente se levantó de donde estaba agachado acariciando a Maggie y se sentó en el sofá frente a mí—. Entonces, ¿cómo te sientes? —¿Acerca del artículo? No tengo ni una maldita idea. Pretendo que no está pasando. —¿Qué dijo Declan? Me encogí de hombros. —Tus suposiciones son tan buenas como las mías. —¿No has hablado con él? Sacudí mi cabeza. —Su teléfono móvil está apagado. Probablemente no ha dejado de sonar. —Estoy seguro de que te llamará. —Claro. —Respondí, a pesar de que mi tono indicaba lo contrario. —Eres un desgraciado hijo de puta. —Suspiró Roger—.

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Voy a llamar a Fran, le diré que venga a aquí, y comeremos la cena y te animaremos. —No necesito que me animen. Pero la idea de los tres juntos otra vez era la única cosa que podría animarme a estas alturas, aunque quedaría en un distante segundo lugar si recibiera una llamada de Declan.

Solo tendría un día más de anonimato. Pero viví con el miedo del descubrimiento, junto con el temor de que Declan estaba escogiendo no ponerse en contacto conmigo. Nyssa no se ablandó rápido conmigo ese día, su enojo decreciendo en un nivel bajo de piedad de mi desplegado drama. Se deslizó en mi oficina después del almuerzo y anunció que Jasper Brunswick estaba al teléfono. —¿Quieres que me deshaga de él? —me preguntó—. Sé que no te gusta hablar con él, en el mejor de los casos. Eso era todo. Sabía lo que venía. —No, lo tomaré. — Nyssa asintió—. Línea dos. Cogí el teléfono mientras me dejaba en paz. —Simon Murray.

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—Simon, es Jasper Brunswick. —He estado esperando tu llamada. Debes amar lo que está pasando. —Wow, sé que equivocado sobre mí.

me

odias,

pero

estás

totalmente

—En serio. —Me burlé. —Te hice un favor la última vez que hablé contigo. Y créelo o no, estoy llamando para ofrecerte otro más. —¿Y cuál es? —El pequeño secreto de Declan ya se sabe. Así que ahora vamos a estar publicando algunos artículos acerca de eso.

397

—Bien por ti.

Sean

—Voy a nombrarte como su pareja.

Kennedy

Si hubiera podido alcanzarlo por la línea para desgarrar su garganta, lo hubiera hecho. Me tomó todo el autocontrol que tenía para abstenerme a responder. —Tú ya estás fuera del armario, Simon —dijo rápidamente, para tratar de justificarse él mismo—. No es como si te expusiera contra tu voluntad. Has hecho entrevistas para el Triple F, en donde no has ocultado tu sexualidad. Y los otros periódicos te encontrarán eventualmente. También tenemos que imprimir noticias. —Y asegurarse de tener la primicia, ¿verdad? — pregunté, finalmente capaz de hablar otra vez, en lugar de


simplemente emitir un rugido de indignación. —Si la tenemos, seríamos estúpidos por no tomar la ventaja de ella. Estoy llamando para darte la oportunidad de hacer un comentario. —¿Quieres un comentario? —pregunté—. Jódete. Ese es mi comentario. Colgué. Era infantil y sin ningún propósito, pero se sintió bien. Me senté en mi escritorio, tratando de descubrir que hacer. El Reach Out publicaría esta noche y estaría en las calles mañana, lo que significaría que la noticia se esparciría lo suficientemente rápido para que los otros periódicos y diarios online se enteraran en la tarde. Estaba en la posición de Declan ahora, y podía entender porque se había mantenido incomunicado. Tal vez podía tratar vencer a Jasper en su propio juego, ganarle la primicia exponiéndome yo mismo a la prensa. Pero me di cuenta de cómo se vería, como si estuviera tratando de capitalizar la historia, vendiéndola al público. El pequeño maricón cazafortunas de Declan Tyler. ¿Y qué pensaría Declan, especialmente cuando no hemos hablado el uno con el otro? Seguramente adonde sea que fuéramos desde aquí debería ser una decisión que la tomáramos juntos, aún sí ya no estuviéramos juntos. Como Declan obviamente estaba haciendo conmigo. Decidí que sería más elegante quedarme en silencio. Dejar que Jasper tuviera su primicia. Esperaba que se sofocara con ella.

398 Sean Kennedy


Con el estómago revuelto, agarré el teléfono y llamé a mis padres. Esperaba anhelantemente que nadie estuviera en casa. Los dioses me sonrieron, al menos en este instante. El contestador automático tomó el mensaje. —Hola, es Simon. Escuchen, necesito decirles algo chicos. Lo que creyeron que era una broma, ¿el asunto de Declan Tyler? Bueno, no lo es. Y la prensa me ha encontrado. Solo quiero advertirles en caso de que empiecen a llamarlos o ir a la casa. Por favor no les digan nada. Gracias. Estaba asombrado de cómo soné tan calmado. Llamé a Nyssa de vuelta a la ofician y le dije básicamente la misma cosa. Íbamos desde amarillo a alerta roja. La siguiente mañana amaneció como cualquier otra. Miré con atención fuera de mi ventana, pero mi césped estaba libre de cualquier miembro de los medios o de la vida salvaje. Había hecho una gran expedición de compras la noche anterior para así esconderme aquí si lo necesitaba, sin la necesidad de irme por un par de días. La calle se veía tan pacífica, era surrealista. Y todo se fue al carajo a las doce y media. Dejé la primera llamada ir al contestador. Era ese tipo Van Niuewen del Herlad Sun, solicitando una entrevista. Después Today Tonight 68llamó, seguido por A Current Affair69 68 69

Es un controversial Noticiero Australiano, producido por Seven Network. Es un programa australiano de aventuras románticas.

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y Who Weekly70. En ese punto, no podía soportar sus amables y acompasadas voces ofreciéndome sus servicios para revelar mi historia al mundo entero, así que apagué el contestador automático y desconecté mi teléfono de la pared. Justo después de las cuatro, probablemente la cantidad de tiempo que les había tomado localizar la dirección de mi casa, comenzaron a llegar a mi puerta. Estaba acostado en el sofá leyendo un libro cuando el sonido de puertas golpeándose me hizo saltar del susto. Mi casa estaba silenciosa como una tumba, ya que no quería darles ninguna señal de que estaba en la casa. Me deslicé por el cuarto para mirar atentamente detrás de la cortina. Reconocí a la periodista, una de esas ultra serias que aún adoraban el santuario de Jana Wendt.71 Le señaló a su camarógrafo que la siguiera y se dirigió rápida y de manera importante a la puerta de mi casa. Estaba aquí para obtener las noticias. ¡Demonios! Cada toque era diligente. Mi corazón estaba martillando; me retiré como si tuviera visión de rayos x o sensores de calor al estilo Terminator72 que detectarían mi presencia. —¿Crees que está en casa? —escuché su pregunta al camarógrafo, quien solo se encogió de hombros en respuesta. Tocó de nuevo la puerta y se quedó ahí, furiosamente en silencio.

70

Es otro periódico australiano. Es una periodista australiana presentadora de A Current Affair. 72 The Terminator es una película estadounidense de 1984, dirigida por James Cameron y protagonizada por Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y Michael Biehn en los papeles principales. 71

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—Lo esperaremos afuera, —dijo finalmente—. Huh, afuera, esa es buena. Claro. Yo seguramente la quisiera a ella contando mi historia con esa clase de verdadera empatía. Caminaron atrás de su camioneta, sacando sillas plegables para sentarse a esperar. Pronto fueron seguidos por otros reporteros de la televisión, diario y de la radio. Cada vez que uno nuevo aparecía, se reunían con aquellos que ya estaban acampando afuera en mi césped, todos aliviados que nadie había logrado hablar conmigo todavía y todos preguntándose dónde estaba. Parecían que habían practicado el orden de su llegada. Sus voces llevadas hacía mí, escondido en la casa; No se molestaban en hacer silencio.

401

—¿Crees que está en casa?

Sean

—Probablemente está aquí o en la casa de Tyler.

Kennedy

—¿Crees que la familia de Tyler sabe sobre él? —Bueno, lo saben ahora. Risas. —No contesta ninguno de sus teléfonos. —No se puede ni escuchar sonar su teléfono. —Probablemente tiene la línea desconectada. A las cinco inserté mis auriculares en el televisor y conecte en el primer boletín de noticias, sorprendido de ver mi casa siendo reportada en vivo. Me di cuenta de que pude


ver a Maggie sentada en la ventana a lado derecho del hombro del reportero, mirando al espectáculo ante ella. Giré mi cabeza y pude ver su trasero y su cola asomándose afuera desde atrás de la cortina. Luego hicieron otro reportaje en vivo, esta vez a la casa de los Tyler donde ni siquiera tenían un gato en el alféizar de su ventana para indicar que había vida en la casa. No podían acampar afuera toda la noche, ¿verdad? Cuándo lo único que estaba garantizado conseguir era algo de atención de mi gato. Imaginaba el titular de la siguiente edición del Reach Out, probablemente diría: AL AMANTE DE TYLER LE GUSTA EL COÑO DESPUÉS DE TODO. Apagué las noticias y tamborileé mis dedos para tratar de captar la atención de Maggie. Aún estaba muy distraída por el circo de afuera, que por el sonido de puertas cerrándose, había recibido a otro invitado. Eché un vistazo alrededor de Maggie y me di cuenta que era peor que otra manada de periodistas apareciendo. Eran mis padres. —¿Son preguntó.

amigos

de

Simon

Murray?

—un

periodista

—¿Son sus padres? —preguntó otro. Mi padre guardó silencio, como siempre, y se abrió camino a través de ellos con una mirada de seguridad en su rostro. Mi mamá fue más suave, y pude escucharla cantando. —¡Disculpe! ¡Permiso!

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—¿Sabían ustedes que su hijo estaba viendo a Declan Tyler? —¿Sabían que era gay? —¿Sabían que Declan Tyler era gay? Giré mis ojos. Quienes quieran que hayan preguntado eso deberían arrancarles el título por no seguir una línea lógica de preguntas. Corrí a la puerta de enfrente tan pronto escuché sus pasos en las escaleras. Abrí la puerta de un tirón, pero me quedé oculto detrás de ella. —¡Entren aquí, rápido! —siseé. Podía escuchar a la muchedumbre escandalizándose. —¡Está en casa! —¡Bastardo! Tan pronto como mis padres entraron, tiré la puerta para cerrarla. Esperaba ver el perfil de varios periodistas estrellándose contra la madera, como los desventurados predadores en Looney Tunes73, pero simplemente se amontonaban en mi terraza. —Bueno —dijo mi madre— ¿me puedes dar una taza de té? —Uh, claro. ¿Papá?

73

Looney Tunes es una serie animada de la Warner Bros que coexistió junto con la serie Merrie Melodies, y es la segunda serie animada más larga en transmitirse ininterrumpidamente. Los personajes más famosos de Warner Bros también son conocidos popularmente como Looney Tunes, a veces mal deletreado como Looney Toons, creyéndose un apócope de «cartoon» -«dibujos animados» en inglés.

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—¿Tienes alguna cerveza? Asentí, y me miró vagamente sorprendido. A pesar de que siempre tenía cerveza en las raras ocasiones que venía. Me siguieron a la cocina mientras empezaba a preparar sus bebidas. —Eres un tapado —dijo mamá, casi con admiración—. Pensé que bromeabas acerca del asunto de Declan Tyler. —¿Por qué no me llamaste ayer, después de haberte dejado el mensaje? —pregunté. —Oh, nos conoces y a esa maldita máquina —dijo mamá— nunca sabemos cómo usarla. —Entonces ¿cómo se enteraron? —pregunté. —Bueno, querido, estás en las portadas de todos los periódicos. Y por supuesto, todos empezaron a llamarnos. Papá habló por primera vez desde que entró. —¿Es Declan Tyler realmente… tú sabes? —Si, papá, él es realmente... tú sabes. —Le pasé su cerveza. —No lo parece. —¿Tenemos que tener una fachada? —le respondí mientras llené la tetera—. ¿Tengo esa clase de fachada? —No empecéis —nos advirtió mamá— vinimos para saber cómo estabas. —Estoy bien.

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—Bueno, nosotros no. —Dijo papá furioso—. El teléfono ha estado sonando toda la maldita tarde. —Lo siento —dije— esto acabará pronto. —¿Dónde está él? —preguntó mamá. —¿Quién? —dejé la tetera en su base. —Declan Tyler, ¡por supuesto! —¿Vinieron para verlo a él o a mí? —Estás siendo un brabucón. —Advirtió mamá. —¿Puedes culparme? —Debiste saber que esto pasaría. —Dijo papá haciendo una rabieta. —¿Me culpas de esto? —le pasé a mamá su té. —Claro que no —dijo mamá disculpándose por el comportamiento de papá. —¿Es en serio? —preguntó papá. —¿Qué? —Su… relación. —Lo dijo de una manera como si fuera algo incomprensible. —¿Quieres decir si solo estamos teniendo jodiendo? —lo dije para ser cruel, para obtener la reacción que quería. Y no me decepcioné. Papá se sonrojó visiblemente.

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—¡Simon! —exclamó mamá. —Eso era lo que quería oír. —No era eso maldita sea. —Dijo papá. —Bueno, no estás cómodo con relación, y no estás cómodo con joder, así que ¿cómo te vas a sentir cuando te diga que nos amamos mutuamente? Aparentemente tampoco fue bueno. Papá tomó un gran trago de su cerveza. —Si está enamorado de ti, ¿por qué no está aquí? —se mofó mi papá. —Espero esta basura del público en general, —respondí calmado—. Supongo que era estúpido de mí esperar apoyo de mi familia. —¡Basta, ustedes dos! —dijo mamá—. Tú padre tal vez diga lo contrario, Simon, pero él quería venir aquí y estar seguro de que estabas bien. Se preocupa por ti. Papá empezó a terminarse la cerveza. Tenía que admitir, era muy impresionante que él hubiera venido aquí. Antes de que pudiera decir algo, pudimos oír la conmoción de afuera. Les dije a mis padres que se quedaran en la cocina, y crucé a la sala para mirar por la ventana otra vez. Roger estaba rodeado por periodistas, que demandaban saber quién era y cómo me conocía, incluso especulando si era un ex novio o no. Lo vi volverse a la pequeña multitud y colocar a Fran a lado de él. Estaba buscando a tientas en su

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bolso y sacó mi llave de repuesto. Entraron y tiraron la puerta detrás de ellos. Se quedaron ahí por un momento, en shock y pálidos, antes de encontrarme en la sala. —Trajimos alcohol. —Dijo Fran, alcanzando de su cartera una botella de ginebra. —Y es eso por lo que son mis mejores amigos. —Dije. Fran atravesó corriendo la sala para abrazarme. —¿Estás bien? —Si, bien —luego suspiré—. Mis padres están aquí. Me echó hacia atrás y rió. —Pensé que vi un cielo rojo sangre con peces lloviendo por el camino hacia aquí.

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—Lindo. —¿Quién es? —mi madre preguntó desde la cocina.

Sean

—George Neus74. Quiere entrevistarte.

Kennedy

Mi madre llegó animadamente a la sala, arreglándose el cabello, luciendo abatida. —Oh, hola, Roger, Fran. —Señora Murray. —Murmuraron educadamente. —¡Simon! emocionada.

—mi

mamá

protestó—

me

tenías

toda

Roger y Fran se rieron entre sí. —No sé de lo que se están riendo —les dijo mamá severamente—. Estoy segura que sabían acerca de todo esto mientras Simon mantenía a su propia familia en la oscuridad. 74

Reconocido escritor, periodista y presentador australiano.


—Lo sentimos, Señora Murray —replicaron al unísono. Mamá frunció los labios. —¿Una taza de té? Sacudí la botella de ginebra de Fran frente a ella. —Creo que tendremos algo más fuerte. —Ginebra y tónica, ¿Sr. Murray? —preguntó Fran. —No, estoy feliz con mi té, gracias. —Roger. —Fran hizo una señal al alcohol—. Rápido. Mientras Roger me lo pasó, le di la botella. Podía escucharlo saludando a mi padre, y empezaron a hablar acerca de la Gran Final. Cualquier cosa del fútbol que no tuviera que lidiar directamente con Declan Tyler. Mi mamá deambuló por la ventana y miró afuera. — Todavía están ahí afuera. —Musitó. —¡Mamá! —siseé—. ¡Sal de ahí! Te van a ver. —¿Y qué si lo hacen? —demandó—. ¡Es tu casa! No pueden hacerte esconder en ella. Fran me dio una sonrisa simpática. —Vas a tener que enfrentarlos tarde o temprano —me dijo mamá. —Lo sé. —Suspiré. Afortunadamente, Roger llegó con las bebidas, y dispuse de la mía en un solo trago. —¿Te importa darme otro?

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Roger me dio su propio vaso sin decir ninguna palabra, le pasó el tercero a Fran, y despareció de vuelta en la cocina con el vaso vacío. —Está bien entrenado, —dijo mamá. —Como un cachorrito. —Fran respondió irónicamente. —Entonces ¿Cómo es que no tienes fotos de él? — preguntó mamá, sus ojos escaneando la sala. Le di un sorbo constante a mi bebida, deseando desmayarme. —No sería un secreto si pongo cosas como esas a la vista, ¿verdad? No quería decirle acerca de la foto escondida en mi habitación, la única de los dos juntos. Al menos hasta donde sé. Lisa la había tomado cuando estaba en Hobart, Declan y yo juntos en el sofá. Era una foto terrible; estaba medio riendo y medio rebuznando como un burro mientras Declan me miraba divertido. Era una foto sincera, pero no estaba nada favorecido en ella. Por supuesto, la amaba. Así que no estaba dispuesto a enseñársela a mi madre como prueba de nuestra relación. —¿Estabas esperando que los tabloides lo dejaran pasar? —preguntó mamá. —Bueno, están aquí ¿no? Roger regresó, cargando una jarra. —Ahorra viajes. — Dijo. Agarré la jarra y empecé mi tercero.

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—No te vas a volver alcohólico, ¿verdad? —preguntó mamá. Pensé en beber directamente desde la jarra. Mamá y papá se fueron no después de un buen rato, decepcionados de que no hubieran obtenido mucho de mí y más aún, molestos de no haber visto a Declan. Esperaba que ese fuera un largo camino por recorrer, y como yo no lo había visto en días, podía ser más largo de lo que esperaba. Fran y Roger eran los amigos que me apoyaban como siempre. Y cuando terminé estúpidamente borracho y terminé vomitando y sollozando en el retrete, me dijeron que solo tenía una noche en que podía dejarme ir así y no se fueron hasta que me dejaron sobrio de alguna manera. Brevemente me levanté alrededor de las cuatro de la mañana y alcancé la foto de Declan y yo fuera del libro donde estaba escondida. Supuse que ya no había razón para esconderla y la apoyé contra el reloj despertador. Si todo fuera bien de aquí en adelante, conseguiría un cuadro para enmarcarla. Estaba aún luchando contra la resultante jaqueca de las travesuras de la noche anterior mientras conducía a casa de Roger y Fran para encontrarme con Declan. Era la segunda vez que salía de la casa. Algo de la manada de los medios había disminuido, pero aún había suficientes de ellos para hacerme luchar para llegar a mi coche. Lo que se sintió como miles de preguntas fueron disparadas hacia a mí, agrupandose en un caos

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incomprensible. Flashes de cámaras me cegaban mientras intentaba sacar el coche a la carretera, y me pregunté si mi suerte era tan mala que probablemente arrollaría a un reportero mientras tratara de escapar. Mantuve un ojo en el espejo retrovisor todo el tiempo, tratando de averiguar si alguien me había seguido. Me estaba comenzando a sentir como si estuviera atrapado en una mala película de mi vida y me preguntaba que actor de telenovela traerían para interpretarme. Pero me las arreglé para llegar donde Fran y Roger ileso. Ninguno de ellos estaba en casa, así que me puse cómodo en el sofá más cercano a la ventana, así podría ver a Declan. Él llegó unos diez minutos después que yo. Estaba abriendo la puerta para él antes de que entrara, y no estaba seguro de si golpearlo o besarlo. Una vez que entró al departamento y me miró, hice ambas cosas. Lo sacudí un poco, pero antes de que pudiera reaccionar lo estaba besando. —¡Idiota! —murmuré antes de echarlo atrás—. ¿Cómo está tu papá? Me agarró del brazo y me atrajo de vuelta a él. —Lo siento. Lo hice todo mal, ¿está bien? Debí haber estado al teléfono para ti en primer lugar. Pero... Ahora que estaba aquí, enfrente de mí, mi ira se estaba aplanando. —Lo sé. Créeme, lo sé. Pero de verdad estaba malditamente asustado de que me estuvieras culpando. — Declan negó con la cabeza.

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—¿Lo hiciste, en cualquier aspecto? Tomó un respiro. —No a ti. Pero estaría mintiendo si no te dijera que desearía haber tenido más control sobre mí mismo esa noche. Miré abajo a la alfombra, demasiado asustado para ver su expresión. —Entonces ¿qué ha estado pasando? ¿Qué dijo tu familia? ¿Tu entrenador? Me llevó al sofá, y nos sentamos. —Mamá quería tratar de mantener a mi papá fuera de esto al principio, solo por su salud. Pero no había manera de hacerlo, quiero decir, tiene una televisión en su cuarto y el chico del periódico va por las salas cada día. Papá sabía cuando mamá y yo fuimos a visitarlo esa noche. —¿Y? —¿Sabes lo que apesta, Simon? No pude ni siquiera ir a verlo al hospital. Tenían reporteros acampando afuera también. Un sujeto trató de meterse a su cuarto para obtener unas palabras, pero una enfermera lo agarró antes de que pudiera preguntar cualquier cosa. Mamá es atropellada en el parque cada vez que va a visitar a papá. Esta es la primera vez que he dejado la casa. —¿Lograste hablar con él por teléfono? —Si. —Declan se rió un poco—. Dice que siempre obtengo el centro de atención dondequiera que vaya y en cualquier cosa que haga. —No suena como un gran apoyo.

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—Él es mi papá —dijo Declan simplemente—. Me ama. Solo que, siendo un papá, jamás lo dirá. Tienes que leer entre líneas. Pensaba que era una manera linda de ponerlo y de recordar como mi mamá había clamado que mi padre se preocupara por mí. Tal vez Declan era más sabio que yo. —¿Y tu mamá? —Lo mismo. Pero como te dije antes, pensaba que ella ya sabía. Y ahora quiere conocerte. Instantáneamente me sentí enfermo. —Oh. Declan se rió. —Pensé que así sería como te verías. De cualquier manera, mis padres lo aceptan. O al menos, sería más llevadero si los medios se retiraran un poco. Los jefes creen que si hago una conferencia de prensa podría ayudar. —¿Una conferencia? ¿Están de acuerdo en dejarte hacer eso? Declan hizo una mueca, y supe que no todo era tan fácil como lo ponía. —No pensemos en eso por ahora. ¿Cómo estás? —Estoy bien. Solo quiero que todo esté bien entre nosotros. —Yo también lo quiero. —¿Crees que sobreviviremos a esto? —pregunté. —Más vale que lo hagamos.

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Sabía que había mucho más para hablar, pero no parecía el momento adecuado. Nos besamos, nuestros cuerpos respondiendo el uno con el otro lejos del consuelo, necesitando estar juntos para consolidar este lazo que se había debilitado estos últimos días. Como siempre había sido cuando estaba con Declan, sentí que todo era bueno y correcto y sería prácticamente perfecto si el mundo nos dejará en paz a la larga. Y por un instante, así lo hizo. Empecé a sacar la camisa de Declan, y él alejó mi mano. —No aquí —jadeó—. No podemos. —No estarán en casa por un tiempo —le aseguré, mordiendo ligeramente su oreja. —Sería raro… Pero estaba empezando a ceder. Lo levanté del sofá y lo guié al cuarto de huéspedes. Nos despojamos de nuestras ropas apuradamente, hambrientos del uno del otro. Me miró mientras lo empujaba gentilmente en la cama. Lo mantuve acostado mientras acariciaba con las palmas de mis manos sus abdominales, y aplicaba presión en sus hombros. Mientras arqueaba su espalda para besarme me senté a horcadas sobre él, y alzó sus rodillas para acercarme mientras nos olvidábamos del mundo de afuera una vez más.

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Capítulo 21 —DEC —murmuré— despierta. Se movió atontado, tratando por un momento, de resolver donde estaba entre el ofuscamiento de su sueño. —Fran y Roger estarán en casa pronto —le dije—. No es exactamente esta la manera de anunciar nuestra presencia. Declan se sentó. —Oh Mierda, esto está de mala muerte —coincidió con un bostezo. —Roger algunas veces puede ser un mojigato. El hermano de Fran hizo una broma una vez acerca de que su hija había sido concebida en esta habitación, y Roger prácticamente llamó a un exorcista para que limpiara este lugar. No pude resistirme a acurrucarme más cerca de él, tratando de esparcir su calor en mi propio cuerpo. Declan resopló, y sonreí cuando su brazo me acercó aún más. —¿Es para lo que utilizan el cuarto de invitados? —¿Concebir bebes? No, creo que generalmente es solo un lugar para que amigos y familia puedan dormir cuando están demasiados ebrios para conducir. —Vamos, será mejor que nos levantemos —dijo Dec con pesar, y giró sus piernas fuera de la cama, buscando sus

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boxers en el suelo. Me lancé fuera de la cama y lo abracé por detrás. — Quizá podemos preguntarles si podemos quedarnos aquí. Tal vez para siempre. Se inclinó hacia atrás y me besó con ternura. —Creo que la prensa nos rastrearía y terminaría encontrándonos. —Encontró mi camisa junto a sus pantalones y la arrojó sobre su hombro golpeándome con ella el rostro—. Por mucho que odie decirlo, vístete. Renuente me puse la camisa, reconociendo de mala gana que me dejaría tentar a regresar a la cama. Dec se rió. —Ponte pantalones, exhibicionista. —Quieres que me ponga pantalones, encuéntralos

por

mí. Llegaron volando a través de la habitación junto con mis boxers. —Aunque, te ves muy bien —dijo con cariño. Puse mis manos en la cadera y lentamente las moví en una mísera imitación de un baile sensual. Declan empezó a carcajearse, lo cual no era exactamente la respuesta que esperaba, hasta que se abalanzó por un beso. —Realmente te ves muy bien —murmuró. Deslicé mis pies dentro de mis boxers después de que ya estaba ligeramente duro, Declan se sentó en la cama para volver a ponerse sus zapatillas de deporte.

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Estire el edredón de la cama cuando él se puso de pie y dio un paso atrás para inspeccionar la habitación. —Se ve decente, ¿no? —No sospecharán nada. —Sonreí. Lo empujé fuera de la habitación y fuimos a la cocina. Declan empezó a preparar café, me deslicé sobre el banco del mostrador, feliz de ver como se movía tan confiado en el dominio de Fran. —Me preguntaron súbitamente.

que

quería

hacer

—dijo

Declan

Me había distraído viendo sus manos y deseando que estuvieran otra vez sobre mí. —¿Quién? —Los jefes. Dijeron que me apoyarían con lo que fuera que decidiera hacer, pero creo que esperaban que accediera a encubrirlo. Al menos por el momento. —¿Cómo podrías encubrirlo? —pregunté. Declan lentamente puso sus manos sobre el mostrador pero no me miró. Su mirada fija en el mármol falso. De repente era la cosa más interesante en el mundo, y yo sabía porque. —Culpándome —repliqué en un mero susurro. Él aún no me miraba. —Si. —¿Qué, el depredador amigo gay tomando ventaja de tu

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hora de necesidad? — Sentía como mi voz se empezaba a elevar. —Algo así, —su voz, sin embargo, era tan plana como amarga. —¿Y que dijiste? Podía decir por su postura avergonzado como a la defensiva.

que

se

sentía

tanto

—¿Lo pensaste, cierto? —no podía creerlo. Ahí estaba en el teléfono, solo unas horas antes, declarándome su amor para luego follarme; y ahora estaba básicamente admitiendo que estaba considerando dejarme caer en la espada por él. —Claro que pensé en ello. —Dijo delicadamente—. Pensé en cada maldita posibilidad, cada escenario. Esa es la manera como soy, Simon. Pienso detenidamente las cosas. No solo actúo sin pensar como tú. Quería lanzarle algo. Pero me contuve. —¿Crees que solo ―actúo sin pensar‖? ¡Dios Declan, siempre, desde que empecé a salir contigo, he estado planeando las cosas con el más mínimo detalle! Cuando llamas, ¿cómo no pensar con suspicacia? —Lo sé. —¿Entonces cómo es eso de ―actuar sin pensar‖? —Quise decir que naturalmente actúas sin pensar. Sino fuera por mi, estarías luchando con la prensa y diciéndoles que se vallan a la mierda.

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—Si, y no lo haré por que cuando se reduce a eso, todo lo que quiero hacer es protegerte. Él rió. —No creo que eso sea un problema ahora. —¿Qué, crees eso ahora por que como estamos expuestos ya no podré hacerlo? ¿O no querré hacerlo? En todo caso, la presión ahora será peor porque antes solo estaba paranoico acerca de la posibilidad de todos mirándonos. ¡Y ahora en verdad lo estarán haciendo! —Simon… —rodeó el mostrador de la cocina y se dirigió a mí, solo que mi lenguaje corporal le advirtió que se apartara lentamente. —¡No puedo creer que lo consideraras! —No seriamente. Y solo por un minuto. Mi mirada clavada en él. —Fue un minuto muy largo. Abrió la boca para defenderse, pero la cerró cuando escuchó la puerta abrirse. —¿Tenemos visitas? —Oí que decía a Fran. —Somos nosotros —respondí, sin apartar mi vista de Declan. —¿Nosotros quienes? —preguntó Roger. Entraron a la cocina riendo. Trataron de intercambiar saludos con nosotros, pero rápidamente cayeron en la cuenta de los altos niveles de drama que nos estaban rodeando. Me excuse y salí para poder tomar aire fresco. Pensé que si me

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quedaba allí más tiempo podría enfermar. No pasó mucho tiempo para cuando escuché a alguien abrir la puerta y pararse detrás de mí. Esperaba que fuera Declan, pero era Roger. —¿Qué sucede? —preguntó. —Tratando de buscar un poco de paz y tranquilidad — dije malhumoradamente— pero solo trajimos toda la mierda con nosotros. —Aún es muy pronto —dijo Roger en un intento de confortarme—. Tienes que creerlo, en verdad. —¿En verdad? —Pregunté—. Los jefes le preguntaron a Dec que si deberían encubrirlo diciendo que yo me lancé sobre él cuando estaba alterado por lo de su padre. Y que no fue reciproco cuando las fotos fueron tomadas. ¿Y sabes qué? Él lo consideró.

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—¿Y? —preguntó Roger. Le miré con un gran asombro. —¿Crees que está bien? Roger se encogió de hombros. —Creo que es humano. —Genial. —Creo que también considerarías todo si estuvieras en su posición. —No lo haría. —¡Por amor a Dios, claro que lo harías! —Roger se burló—. Apuesto a que cualquiera de nosotros lo pensaría por


un momento. Sería una completa fantasía, tener una pastilla milagrosa que resolviera tus problemas aunque estos fueran prácticamente imposibles —Roger se sentó en el escalón superior y me arrastró con él— y pienso que si tan solo fueras honesto contigo mismo y te pusieran en sus zapatos por solo un minuto, sabes bien que también lo considerarías. Pero lo que importa es que él no accedió. Porque eso no es propio de él. —Ese fue un bello discurso, Rog. —Vete a la mierda. —En serio, ¿Declan sabe que tienes una atracción hacia él? —Cabrón. Nos quedamos en silencio por un momento hasta que finalmente murmuré. —Gracias. —Simon, de momento, vas a elegir tus peleas. Y, por supuesto, tu siendo tu, estás eligiendo las equivocadas. ¿Que hay con eso de que los amigos pueden decirte la verdad, no importa cuan dolorosa sea, y tengas que apañártelas? Asentí. —Lo sé. Es solo que duele, eso es todo. — Ya lo captas, chica. Lo golpeé en el hombro y nos apoyamos uno en el otro, riendo. —Son momentos como estos cuando desearía fumar — murmuré— estos momentos necesitan cigarrillos.

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—Pero tu odias el olor a humo. —La voz de Declan se escuchó a través de la puerta entreabierta—. Te quejas si la vecina de al lado está en su patio y enciende un cigarrillo. Roger se levantó. —Le dejaré tomar las riendas y que te reprenda por ser un cabrón. Como siempre. —Mientras abría la puerta y rodeaba a Declan, le preguntó: —¿Te quedas a cenar? —Suena bien —dijo Declan—. Gracias. —¿Simon? Me encogí de hombros. —Quiza...También. Los dos hombres en la entrada se lanzaron una mirada de conmiseración, probablemente preguntándose por qué me aguantaban. Declan salió y se sentó junto a mí. Continué mirando el desmoronado cobertizo que nunca fue usado y que ya empezaba a ser devorado por la vegetación. Declan alcanzó mi mano, y la apretó, frotando mi pulgar por el dorso del suyo, un silencioso gesto que le hacía saber que ya no estaba molesto. —Sabes, —dijo, y aclaró su garganta pues sonaba un poco oxidada— siempre pensé en este día, y como actuaría cuando pasara. Y en mi cabeza estaba insoportablemente noble y aceptaba salir del armario con dignidad. Le mire a los ojos, quise hablar pero me cortó. —Así que ¿cómo crees que me sentí cuando pasó, y me dieron esta opción, esta salida que podría hacer todo desaparecer? Podría hacer que se detuviera, por solo un

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momento, todo este miedo e inseguridad, esta preocupación de que aún no estoy listo. Le dejé hablar, y llevé mi mano sobre su brazo. —¿Cómo crees que me sentí cuando realmente lo consideré, por un breve momento, dejando que el hombre que amo cargara todo el peso por mi? Créeme, no importa cuan enojado estés conmigo, me odio más por ello. Escucharlo allí, dejando salir sus más profundos miedos, hizo que el poco enojo que aún permanecía en mí, se esfumara. Y Roger tenía razón, Declan no es tipo de hombre que seriamente consideraría ese curso de acción. No estaba en su naturaleza, después de todo. —No estoy molesto Dec. Tenía razón, es una reacción natural pensarlo. A veces puedo ser un condenado pedante, esperando que la gente actúe mejor de lo que debería, cuando ni siquiera estoy en esa posición. Y si lo estuviera quizá haría lo mismo. —Lo haré —dijo—. Saldré del closet y lidiaré con lo que sea que suceda. Asentí. —Simon, tu eres parte de esto. Por que lo que sea que suceda cuando haga esto, tu serás parte de eso. ¿Estás de acuerdo con eso? —Por supuesto que lo estoy. Suspiró, y supe que se sentía tan inseguro de todo como yo lo estaba.

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—Así que, ¿qué hacemos ahora? Me levanté y de un tirón lo atraje hacia mí. Lo abracé firme y dije: —Iremos adentro y les ayudamos con la cena. Se rió. —Si tan solo todo fuera así de sencillo. Si, si tan solo. Un MUY CIERTO sentimiento que nunca se ha dicho. Cuando llegué a casa, mi patio estaba vacío. Sin embargo supe que sería por un corto tiempo y que los reporteros llegarían por la mañana. Declan regresó a lo de sus padres, diciendo que probablemente estaría al teléfono por el resto de la noche en llamadas de conferencia con su entrenador mientras los convencía de lo que quería hacer y que entendieran la logística de todo eso. Recibí un texto antes de irme a la cama, que decía: Mañana es el Día L. No pude dormir, me sentía enfermo. El fiel paquete de reporteros regresó por la mañana, y resolví ignorarlos mientras entraba a mi coche y hacia el camino a la ciudad. Cuando entre a la oficina, Nyssa se reunió conmigo en la puerta y entono teatralmente: —Los jefes están aquí, jefe. —¿Qué? —pregunté. Pienso que la única manera para describir mi verdadero sentir era horrorizado. Ellos nunca venían a la oficina, Nyssa y yo siempre debíamos arrastrar nuestros

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traseros por toda la ciudad para reunirnos con ellos. Normalmente pensarías que sería que como estábamos en nuestro propio territorio tendríamos la ventaja, pero no pensé que este fuera el caso. Nos estaban mostrando que tan serio era esto, que tuvieran que dejar el suyo. —Te están esperando en tu oficina. —¿Cómo fue que han podido caber todos? Nyssa se encogió de hombros. —Oh, y Alice Provotna te ha dejado al menos cincuenta mensajes. —Alice Provotna es la menor de mis preocupaciones ahora —le dije—. Deséame suerte. Nyssa cruzó los dedos y los movió frente a mí como si estos pudieran crear un escudo para protegerme de los miembros de la junta directiva quienes probablemente estaban decidiendo mi destino mientras hablábamos. Tomé el camino más largo por el pasillo. ¿Ha sido este pasillo siempre así de largo? En serio, normalmente eran solo tres pasos. Empuje la puerta para abrirla con tanta confianza como pude mostrar. Mientras hacia camino, por mi extremadamente pequeña y ahora extremadamente abarrotada oficina, traté de parecer tan imperturbable como me fuera posible. —Buen día, a todos. —Dije casualmente, agradeciéndoles silenciosamente que al menos no hubieran tomado mi silla mientras buscaban una para sentarse. Deje mi portafolio bajo el escritorio y tomé asiento.

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—Simon —Brian Emery asintió hacia mí en cuanto tomé asiento—. Vaya días que has tenido, ¿no? No quería que empezaran a acusarme de evitar mis responsabilidades en el trabajo. —Bueno, lo genial de este trabajo es que puedes hacer gran parte desde casa. Especialmente cuando tienes una buena asistente como Nyssa. Lucy Anderson me miró con curiosidad a través de sus gruesas gafas. —Entonces, ¿el trabajo ya se está terminando? Calmadamente conté hasta tres en mi cabeza. —Por supuesto. Vamos a toda prisa. Estamos exactamente en el punto en el que deberíamos estar. ¿Hay un problema? —Simon, no estés tan a la defensiva. —Dijo Brian, levantando sus manos en señal de paz—. No estamos aquí para darte un sermón acerca de cómo se han estado manejando las cosas últimamente. Después de todo tu vida privada es tu vida privada. Asentí. —Siempre y cuando no afecte el festival —Lucio se aseguró de puntualizarlo amigablemente. Jon Daintry finalmente habló. —Por lo cual estamos aquí. —Creí que habían dicho que sabían que el festival no había sido afectado —dije.

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Brian asintió. —Pensamos, utilizar esto para nuestro beneficio.

quizá,

que

podríamos

—¿Cómo? —Cualquier publicidad es buena publicidad —dijo Brian—. Si conseguimos que Declan Tyler asista a la Fiesta de inauguración y a unas cuantas de las otras celebraciones… —¡Aguarda un momento! —Lo interrumpí— tu… —No es momento de hacerte el ofendido Simon — dijo Lucy. —¿Ofendido? —Pregunté—. Son mi vida y su vida de las que están hablando. Él ya tiene suficiente con que lidiar sin tenerme a mi haciéndolo desfilar por los alrededores como si se tratara del último accesorio. —No es como si os estuviéramos pidiendo que hagais algo fuera de lo ordinario. —Dijo Lucy—. Digo que, normalmente traerías a tu pareja a un evento, ¿no? —No lo he hecho en los pasados dos años — puntualicé. —¿Ha habido parejas que traer? —Preguntó Jon. De hecho las ha habido, al menos en mis años como asistente, pero jamás se interesaron un poco como para darse cuenta. Permanecí en silencio. —¿Te gusta tu trabajo, Simon? —Brian preguntó. Lo mire furioso. —¿Es una amenaza?

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—No una amenaza, no. Pero no puedes negar que esta es una oportunidad perfecta para cimentar tu posición con el festival. Tomamos un riesgo contratándote… —Y ya fue pagado —dije amargamente—. En los pasados dos años, promociones, patrocinios y la asistencia han aumentado. —Ahora tenemos la oportunidad de llevarlo más lejos —sugirió Lucy, no muy gentilmente. Los tres me miraron, como si su presencia combinada pudiese romperme. —Si Nyssa es tan buena como dices que es —dijo Jon— fácilmente podría ocupar tu puesto. Creo que sí iban a romperme, que iban a por mi. ME dejaron para que ―lo pensara‖, y me ―pidieron‖ que tuviera mi decisión lista para después del mediodía. Me senté con mi estado de depresión, odiándome por tener que claudicar. Si hubiera sido unos años atrás, les hubiera dicho que se fueran todos a la mierda. Pero desde entonces, he crecido cómodamente en un trabajo que disfruto, conseguí una hipoteca, y me asenté en un falso sentido de seguridad que no podía atreverme a perder. Nyssa vino a mi rescate con varias tazas de café, y para tratar de animarme me suministró un donut con una de ellas. Y luego a las doce, me dijo que Declan había llamado con prisa, incapaz de ponerme en la línea porque en ese momento me estaba ―divirtiendo‖ en mi reunión con los jefes, y estaría

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ocupado cuando tratara de llamar más tarde. La conferencia de prensa sería en una hora. —Se oye sexy aún por teléfono —dijo Nyssa. —No tienes idea —repliqué soñadoramente—. Luego me salí de ese trance y encendi el televisor. Las noticias de última hora ya estaban anunciando que Declan Tyler y los Demonios habían llamado a una conferencia de prensa, y se esperaba que Tyler, ―aclarara todo con respecto a su reciente controversia‖. Lo querían de la manera sucia. Pero sabia que Declan no sería menos que elegante mientras les miraba. Nyssa siguió dándome miradas de preocupación hasta que le pedí que se retirara, aunque le prometí que podría regresar a la una para poder ver la conferencia de prensa. Necesitaría el apoyo moral. Era como el día de la copa de Melbourne, excepto que era la confirmación de la sexualidad de una estrella del deporte lo que detendría a la nación, y no una carrera de caballos. Ian Roberts, un jugador de la NRL, había salido del closet un par de décadas atrás, pero eso era rugby. Nadie lo había hecho jugando para la AFL. Esto era historia, y yo estaba en el centro de esto. Escondiéndome bajo mi escritorio todo el camino. ¿Debí haberme ofrecido a enfrentar la prensa con él? ¿Acaso sintió que no debía pedírmelo? En ese momento me sentí como si me hubieran quitado todo de las manos. Apenas si teníamos suficiente tiempo juntos para tratar y discutir estas cosas, todo iba demasiado rápido. Tal vez, este sería el primer paso de Declan para tomar el control de su propia vida

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y dictar como era el modo en que las cosas se iban a manejar. Nyssa entró corriendo a mi oficina cuando faltaban cinco minutos para la una. Cargando rollitos y bebidas para el almuerzo. —La prensa ha dejado todo lo demás en suspenso —me dijo— deben tener a todo mundo corriendo al Domo para la conferencia. Le quite mi rollito ansiosamente. Se podría pensar que con la situación estaría muy nervioso para comer, pero la verdad es que estaba hambriento. —Bien por mi, quizá no tan bien para Declan. —¿Cómo te sientes? —Nyssa preguntó, arrastrando una silla junto a mi. —Hambriento. —Dije con la boca llena. Nyssa se encogió de hombros, aceptando mi respuesta. Ella también parecía estar bien, por la manera que desgarro su rollito y atacó su ensalada. En la pantalla, un reportero hablaba desde el fondo del estudio. Podías divisar la larga mesa llena de micrófonos a la derecha de su hombro, y las banderas de los Diablos desplegadas del techo. El vestíbulo estaba atestado de todas las clases de medios de comunicación y los usuales miembros del público que se colaban a estos eventos. Los pases difícilmente eran checados, al menos si tenías alguna clase de cámara colgando de tu cuello. Solo pregúntenle a Roger. Pero esa es otra historia, para otro momento.

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Un silencio cayó en el vestíbulo mientras las cortinas se abrían, y lo más veteranos de los miembros de los Demonios salieron, seguidos del entrenador y finalmente de Declan. La habitación parecía una pesadilla epiléptica con todos los flashes de las cámaras dándole un efecto de club nocturno. —Es tan ardiente —dijo Nyssa. Otra vez—. No puedo creer que estés saliendo con el. —¡Oye! Yo soy ardiente. —Protesté. —No, no lo eres. No al estilo Declan Tyler. —Se dio cuenta de lo que dijo, y con una mano tapó su boca—. Sabes a lo que me refiero. —Si, sé a lo que te refieres. —Suspiré. Me dio un rarísimo abrazo con una mano, y casi se le desparrama todo el contenido de su rollito mientras seguía mirando la televisión. Ligeramente amargado -en serio, ¿qué ganaba todo el mundo señalándome que mi novio era mucho más atractivo que yo?- enfoqué mi atención a la situación que tenía en mano. Declan estaba de pie y haciéndose camino al atril, usando la más seria de las expresiones, mordiéndose el interior de su mejilla. —Hola —dijo, haciéndose para atrás, tal vez por lo ruidoso del micrófono—. Gracias por venir hoy. Tengo una declaración que leer. —Se aclaró la garganta y rascó su cuello nerviosamente—. Siempre desde que era un niño, todo lo que quise hacer era jugar al fútbol. Resultó que, dejando a un lado las heridas, era bastante bueno en eso. Nunca espere

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entrar a la liga oficial; siempre fue un sueño en realidad. Y no sabía, cuando pasó por primera vez, a los dieciocho años, que tan ―figura publica‖ te puedes convertir, y con eso, cuanto interés puede haber por tu vida privada. Para la mayor parte, me las he arreglado para mantenerla bien privada, pero últimamente ha habido artículos y rumores que podría ignorar y negar, pero no sería yo mismo. La prensa parecía Declan los miró y dio una sus notas otra vez. En el Nyssa resbaló sobre la mía,

ahora aguantar la respiración. sonrisa vacilante, luego consultó fondo de la oficina, la mano de y le agradecí por eso.

—Así que hoy vine para contarles mi propia historia directamente, en lugar de dejar que los conceptos erróneos y los mal infundados rumores de ciertos miembros de su, digamos, fina profesión continúen esparciéndose. —Tomó un largo respiro, y esperé que estuviera haciendo las cosas por su propio bien, y no por que las circunstancias lo hubieran forzado a ello—. Mientras que yo siempre he preferido mantener mi vida privada, de la manera en que fui criado. Ahora las preguntas han surgido y no me voy a esconder de ellas. Estoy orgulloso de decir que soy gay… La habitación estalló en un ligero zumbido de parloteo de emoción entre los reporteros, y en una cegadora lluvia de flashes de cámaras que trataban de capturar el momento exacto. —…y estoy muy feliz en mi relación, la cual ha sido recientemente el tema de discusión y primeras planas de los periódicos.

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—Aww. —Dijo Nyssa descansando su mano en mi hombro—. Está hablando de ti. —A menos que se refiera a su otro muy atractivo novio. —Dije. Ella me golpeó; Yo hice un gesto de dolor. —Nada, ni mi sexualidad o mi esfuerzo, o falta de él, en el campo de fútbol hacen un resumen de quien soy. Solo espero que poniendo fin a las especulaciones, pueda continuar con todas las facetas de mi vida con un respeto a mi privacidad, y también la de mi pareja, cuya vida ha sido también objeto de especulación y curiosidad. Gracias. Declan dejó en estrado mientras la prensa le disparaba preguntas, todas a la vez. El entrenador de los Demonios, Scott Frasier, palmeó su espalda en cuanto pasó junto a él para tomar el micrófono. —Estoy seguro que pueden entender que Declan ha dicho todo lo que necesita decir por el momento. —Dijo Frasier, mostrándose más como un ciervo capturado de lo que pareció Declan—. Responderé a preguntas relevantes, y me refiero a ―relevantes‖ —dijo haciendo gala de lo que lo hizo, el más infame e intimidante dentro del cuerpo de Entrenadores. —Wow, —dijo Nyssa—. Ese fue un gran discurso. —Lo fue. ¿Cierto? —sonreí. —¡Oh escúchate, suenas tan orgulloso! —Por supuesto que lo estoy. Esto ha sido algo grande.

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Solo espero que obtenga el respeto por ello. —Entonces, ¿cuándo podré conocerlo? Mi móvil sonó, y me levanté de la silla. —Aguarda un momento. —Estaba aliviado ver que era del móvil de Declan—. Hey. —¿Lo aliviado.

viste?

—Sonaba

emocionado,

asustado,

y

—Lo vi. —¿Qué piensas? —¿Quieres saber lo que pienso? —¡Por supuesto que quiero saberlo! —rió. —Pienso… —hice una pausa, para fastidiarlo— …que te amo.

434 Sean

—Suena bien para mi —no pudo evitar fastidiarme ahora—. ¿Estás en el trabajo? —Si. —Voy para allá, antes de que los medios me sigan. Cuando colgué, Nyssa me miraba en total estado de shock. —¿Acabo de oír bien? —¿Qué? —¡Has dicho que lo amas! —Oh Nyssa —sonreí abiertamente— esas son viejas noticias.

Kennedy


FIEL a su palabra, Declan se las arregló para vencer a la prensa y llegar hasta la oficina. Quizá porque aun estaban detenidos en el Domo, tratando sin éxito de conseguir más información, de su vida amorosa. Abrió violentamente las puertas de la oficina y Nyssa, quien estaba aún en alerta roja, las cerró inmediatamente tras él y luego tímidamente se hecho hacia atrás, convenientemente pasmada. Declan llegó hasta mi; yo estaba recargado en el escritorio de Nyssa, me arrastró hacia él, sosteniendo mi cara con ambas manos, besándome apasionadamente. En público. Sin miedo. Aún frente a las puertas de vidrio, donde cualquiera que pasara por delante podría vernos. Me gustó. —Uh, oye... ella es Nyssa —dije luchando por recuperar el aliento. Nyssa con los ojos bien abiertos mirando a su jefe quien nunca había dado ninguna demostración de afecto en público, dio un paso al frente y apretó la mano de Declan. —Hola soy Nyssa. Encantada de conocerte. Nyssa, Nyssa Prati. —Hola Nyssa. —Dijo Declan cálidamente, tomando su mano— Simon tiene muchas cosas agradables que decir de ti. —¿De verdad? —Dijo sospechosamente—. ¿Diciendo cosas agradables? ¿Ese Simon? Declan giró hacia mi.

¿Simon?

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—En verdad tienes personas tonteando con todo esta gran actuación de odio-al-mundo, ¿no es cierto? Me encogí de hombros. —Funciona para mi. —¿Te apetece un café, Declan? —preguntó Nyssa, tan linda ella. —Gracias, eso estaría genial. —Hasta puedo hacértelo irlandés. —Sonrió, pareciéndose a Fran y sospecho que hasta yo mismo nos veíamos así cuando hablábamos con Declan. —¿Por celebración.

qué

no?

—Giñó

un

ojo—.

Hagamos

una

—Entra a mi oficina. —Ofrecí. Asintió y dio los pocos pasos del escritorio de Nyssa a mi pequeña oficina. —Tengo una gran vista —dije. —Yo también —gruñó, y antes de que lo supiera ya estaba presionado contra la ventana con mis brazos llenos de lujuria futbolística. —Estoy muy seguro que esto esta en contra del decoro de la oficina. —Planteé. Su mano izquierda se había metido debajo de mi camisa acariciando la piel de mi estómago. —Probablemente tengas razón —sus labios ahora trabajaban mi cuello—. Y en verdad tienes gran vista desde

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aquí. —Te lo dije. Descansamos uno sobre el otro, y parecía que el peso que veníamos cargando desde hacia unos días se hubiera posado en nosotros. El sol de la tarde nos calmó en un silencio de ensueño, allí abrazados. ¿Lo había sentido, también él? Era un gran sentimiento. Nyssa tocó la puerta, y nos sonrió dulcemente. —Café —anunció. Dejándolos sobre mi escritorio y saliendo discretamente de la oficina. Fiel a su palabra, había un poquito de whisky en cada taza. —Besarse y beber en la oficina —dijo Declan—. Más vale que tus jefes no lo descubran. —Creo que ya me han perdonado, eso si es que entendieron su posición —dije sombríamente. Declan tomó su taza y se sentó junto a mi. Decidí adelantarme a cualquiera de sus movimientos y balanceé mi mano debajo de mi silla y tomé la suya y la sostuve fuertemente. —¿A que te refieres? —preguntó. —Básicamente fui regañado duramente esta mañana por los grandes jefes. —Dije. —¿Qué hiciste? —Nada.

Es

por

eso

que

han

estado

solicitando

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reuniones conmigo. —No te entiendo. —No le digas a la prensa eso. —Graciosito. ¿Qué anda mal? —Quieren que explote nuestra relación asegurándose de que asistas a nuestras premieres y garantizarnos una mayor atención de los medios. —Intente ver su expresión por el rabillo de mi ojo pero no parecía perturbado mientras le daba un sorbo a su café. —¿Y qué? ¿Estabas planeando llevar a alguien más como tu cita? —Bueno… —¿No creíste que quisiera ayudar a mi pareja en una mejor función de su trabajo? —No, pero… —¿Entonces cuál es el problema? —Solo que no tuve la oportunidad de hablar contigo de esto antes y asegurarme que estabas de acuerdo. Por que no me gusta el hecho de que salir contigo sea usado para los nefastos propósitos de otras personas. —¿Qué importa, si de todos modos estamos haciendo lo que queremos? —Supongo. —No soné tan seguro como se podía decir. —¿Entonces, me pedirás una cita? —Sonrió y trató de ocultarlo sorbiendo otra vez de su café—. Pídemelo

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amablemente, y probablemente diga que sí. —¿Me estas pidiendo que te pida salir a una cita? —Si, pero primero me gustaría ir a una cita que no se trate de un evento de los medios. —Quizá estoy esperando que tú me invites a salir. —¡Te lo pedí en nuestra primera cita! —¿Llevas incrédulamente.

la

cuenta

o

algo

así?

—pregunté

—Algo así —admitió. —Bien. Hey, ¿Declan? —Hey, ¿Simon? —¿Qué harás el viernes por la noche? —No lo sé, tendría que revisar mi agenda. —Cabrón. —Solté su mano, y tomé mi taza haciendo pucheros de bebé. —Deja de hablarme dulcemente, bastardo —murmuró, apretando suavemente mi cuello—. ¿Qué me estabas preguntando? Me tenía prácticamente ronroneando. —¿Quieres salir el viernes por la noche? —Seguro. Pero mis padres probablemente sean mi carabina75.

75

También llamados en otros países acompañantes, chaperon.

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Eso era todo. Solté mi taza y de la solapa del cuello de su chaqueta lo apresé acercándolo hacia mí. —Calla de una vez —le ordené, y lo besé.

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Capítulo 22 —Simon —Declan murmuró en mi oreja— ya volvieron. Con una sonrisa tonta, abrí mis ojos y gruñí. —Era demasiado bueno para durar. Mientras que Scott Fraiser seguía lidiando con las hordas, yo había salido del trabajo temprano, y junto con Declan nos habíamos escondido en mi casa, determinados a no responder a la puerta o al teléfono hasta el siguiente ataque. Después de desayunar, enfrentamos a los medios con la misión de llegar hasta el coche. Nos lanzaban preguntas, pero logramos empujarnos y hacernos paso hasta que cerramos las puertas y Declan dijo: —Tuviste tu declaración ayer. Ya es suficiente por ahora. Obviamente no era suficiente, juzgando por la manera que nos presionaban y gritaban esperando que el volumen nos hiciera responder. Declan estaba teniendo una reunión con miembros de su equipo en el Domo esta mañana para alguna clase de junta pre-empática donde todos podrían hablar de sus sentimientos acerca de cómo les afectaría todo eso. El resto del equipo sería conectado vía video-conferencia.

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—Hoy en día presionan más el ángulo psicológico, ¿no crees? —pregunté mientras girábamos a la izquierda en mi calle, refiriéndome a la aproximación del club ―bueno-bueno compartamos-sentimientos‖. —Todo procede en base a las reglas —Declan estuvo de acuerdo—. A veces me pregunto si unas cervezas en un bar conseguiría mejores resultados. —Oh, si. Alcohol. Extrema masculinidad, y controversia. No veo nada que resulte mal de eso. —Al menos saldría todo. No sería solo palabras. De todas maneras, no pudimos evitar reírnos de eso. Cuando viró a la izquierda para bajarme en la calle Bourke, me sorprendió reclinándose y besándome. —Te llamo. —Ok —murmuré y salí del coche. Me sentí extraño de haber pasado de escondernos de todo y ser muy cuidadosos a él siendo muy caballeroso y abierto. Hasta ahora todo parecía ir muy bien para él: el contragolpe no había aparecido -como inevitablemente lo haría- todos con quien había lidiado personalmente le habían apoyado. No había habido reacción de Publicidades Joe, aún. Desde su punto de vista todo iba Super-dúper, y me sentí fatal esperando que la burbuja estallara. Yo ya había estado allí: conocía el patrón. No quería ser quien le rompiera la burbuja, pero tarde o temprano tendría que derribar el primero de muchos muros.

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Me sentí aún peor cuando solo tomó unas pocas horas. Es como si lo hubiera maldecido y hubiese hecho que se hiciera realidad. ¿Era yo la reencarnación de Cassandra76? Apareció en la puerta de mi oficina. Nyssa le había dicho que siguiera de largo. Ella había ido en busca del kit médico y una bolsa de hielo, aún sabiendo que el médico del Domo ya lo había atendido. —No entres en pánico —dijo, quizá por que mi rostro ya había empezado a mostrar lo que ni yo aún reconozco como sentimiento. Yo ya estaba fuera de mi silla y cruzando la oficina, antes de que él diera un paso. —¿Quién demonios te hizo esto? Su mandíbula estaba hinchada. La piel rota en los bordes de los labios, dejando ver la sangre aún fresca que se adivinaba alrededor de los finales de la tirita de mariposa pegada a su piel. Hizo muecas de dolor cuando gentilmente lo inspeccionaba y bajó mis manos. —Fue ese maldito de Geoff Hendricks, ¿no es cierto? — demandé. Nunca me había gustado Hendricks, siempre se hacia el tonto en el campo de juego, aún para los estándares de los jugadores. —No fue Geoff. —Me miró, con lo que parecía una nueva luz en sus ojos—. Te ves muy encabronado. 76

En la mitología griega, Cassandra era hija del rey Príamo y de la reina Hécuba de Troya. Tenia el don de la profecía o la clarividencia.

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—¡Estoy muy encabronado! —¿Qué, vas a ir allí y defender mi honor? —¡Dame un minuto y lo haré! —Y lo decía en serio. Estaba echando chispas, listo para dejar salir toda la frustración que fluía últimamente en mí sobre quien quiera que había hecho eso. —Eso sería muy noble de tu parte, pero no quisiera que golpearas al padre de Jess. —¿Qué? —esa revelación me obligó a sentarme. Nyssa apareció detrás de él con la bolsa de hielo dándomela a mí.

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—¿Hay algo más que necesites? —preguntó. —Gracias Nyssa, yo me encargo —le dijo Declan, dándole una pequeña sonrisa. Nyssa me agradecimiento.

miró

para

confirmar;

y

yo

asentí

en

Declan me quitó el paquete y se movió por la oficina para hundirse con gracia en una de las sillas. Sostuvo el paquete contra su mandíbula y tomó una larga respiración. —Bien, escupe la sopa77 —dije caminando hacia él. —¿Puedo darte la versión corta? —No. —Arrastre mi silla alrededor de mi escritorio y así poder estar juntos. Revisé sus manos: no había heridas 77

Decir lo que uno sabe sobre un asunto.

Sean Kennedy


defensivas. No se defendió. Si eso era bueno, no lo podía decidir aún. —La reunión salió muy bien —dijo finalmente—. Me refiero a que la verdadera prueba será cuando regresemos a los entrenamientos. Ya sabes, hubo unas cuantas bromas, pero todo normal. Pero, cuando salimos, el papá de Jess estaba allí. Y solo me golpeó. Ni siquiera lo vi venir, solo lo oía gritar acerca de haber traicionado a su hija, ya sabes, ese tipo de cosas. —Suena como una terrible telenovela. —Lo fue. —Dibujo una sonrisa, aunque probablemente era algo doloroso—. Me alegro que haya sido dentro del santuario del Domo y que la prensa no estuviese cerca para capturarlo en cámara. Creo que estaba listo para propinarme el segundo golpe cuando Abe lo detuvo. La seguridad llegó y lo despacharon. —¿Lo despacharon? esperanzadoramente.

¿Con

un

arma?

—pregunté

Declan me miraba como si yo hubiera perdido la mente. —No, Lo despacharon a la salida, tarado. —Bien, no me importa si es el papá de Jess. Quiero que lo despachen. Y no a la salida. Declan agitó su cabeza, tratando de no reírse. —Carajo Dec, no es justo que te haya golpeado sin saber toda la historia. —¡Por supuesto que no sabe toda la historia! ¿Si no, que más pensaría? —Declan preguntó—. Ante sus ojos, su

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pobre hija ha sido usada y abusada por el chico que jamás podrá ni la amará. Ella es la victima, yo soy el tipo malo. El malvado, y marica predador rompiendo su corazón. —Creí que ese era mi papel. —Pregunté, intentándolo hacer sonreír. No lo logré. —No. Cautelosamente apreté su mano herida. —No eres un chico malo. Es como tiene que ser. —Jess y yo fuimos demasiado estúpidos al creer que podría funcionar. —Sin ofender, Dec —dije sorprendido que haya durado tanto.

gentilmente—

estoy

Asintió. —Probablemente. Solo me pregunto que hará Jess. Mantuve mi boca cerrada. Sabiamente. Esperaba que Jess no dejara que Declan cargara con todo el peso de sus acciones y con las de él mismo. No se me escapa la ironía de que esto era una exacta repetición de la posición de Declan unos días atrás, donde decidiría si continuar con la farsa o detenerse. Tampoco dije nada sobre que la ironía salió de él, pero parecía demasiado exhausto para darse cuenta. —¿Por qué no regresas a mi casa? —sugerí—. Aún debo trabajar aquí, pero tu necesitas un buen descanso.

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—No es cansadamente.

descanso

lo

que

necesito.

—Dijo

Dec,

—Bien, entonces ve y reúnete con tus amigos o algo así. Podemos vernos más tarde. —¿Tratas de deshacerte de mi? —No. Puedes estar aquí cuanto quieras. Miró sus pies —¿El suelo es cómodo? —Nunca he dormido allí. —Me encogí de hombros—. Usualmente me hago pelota sobre él cuando algo sale mal en la oficina. —Regresaré a tu casa. —Dijo—. Tomaré una siesta y comeré algo. —Se puso de pie, pareciendo un poco inestable—. Nos vemos más tarde. —¿Estás bien? —pregunté. —Si —dijo, por que sintió que tenía que decirlo. Y yo tenía que aceptarlo. Pero cuando me dio un rápido beso, puede probar la sangre en sus labios, y me hizo sentir mareado, vulnerable, y encabronado como el infierno. El sol recién había desaparecido en el horizonte cuando me fui a casa, y mi ya problemático estómago se sintió aún peor cuando me di cuenta que la presencia de los medios en mi calle era más grande. Lo curioso fue que la primera cara que vi no fue de uno de los reporteros de las más grandes televisoras, sino la de

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mi vecina. Dale Watson. Alguien a quien evitaba en la mejor oportunidad. —Simon, debemos hablar. —Dijo con firmeza. —Estoy ocupado, por si no te has dado cuenta. — Repliqué. —¿Darme cuenta? —Fulminó—. No se puede evitar darse cuenta. No pude evitar darme cuenta de que a pesar de que los medios estaban apretujados, estaban siendo extrañamente silenciosos. Y luego me di cuenta de que Dale se estaba preparando para una confrontación. Mientras que corteja a la prensa al mismo tiempo. —Lamento el caos últimamente —dije suavemente—. Créeme, no es algo que quiera. —Y aún grandiosamente.

así,

mira

todo

esto.

—Dijo

Dale

—Ya pronto se olvidará. Alguna estrella de telenovela o un político será arrestado por conducir en estado de ebriedad y se olvidará todo al respecto de mi. Oí a algunos miembros de la prensa cuchichear sobre ello: Sabían que era verdad. —¡Eso no es suficiente! ¡Todo mundo en la calle se ha aguantado esta mierda por mucho tiempo! —No hay nada que yo pueda hacer. —Repetí, solo queriendo entrar a casa.

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—No —dijo Dale con frialdad— la única vez que se pudo haber hecho algo fue cuando pudimos detener el hecho de que te mudaras aquí en primer lugar. Fue gratificante escuchar algunos susurros de asombro de la prensa por el arranque de Dale. ¿Pero, en verdad cree que logrará molestarme? He recibido mucho peores indirectas durante mi vida. Había muchos mejores insultos cuando asistía a primaria, por Dios Santísimo, y ni siquiera había salido del armario. —Si pudiéramos decidir quien puede o no mudarse a nuestro vecindario —dije— entonces me habría asegurado de tener una política anti-viejas-fanáticas-fisgonas. Más carcajadas del gallinero. Se pudo haber convertido en algo más odioso, podía ver el odio estrujarse en su rostro mientras planeaba un contra ataque, pero todo el mundo reunido alrededor de mi coche se distrajo abrirse la puerta principal y aparecer Declan dando un paso sobre la acera. La prensa inmediatamente hizo una línea recta frente a él, llamándolo por su nombre. Y luego Jess dio un paso tras él. Gemí para mis adentros. Iban a tener un día de campo con esto. —Oh, mira —dijo Dale desagradablemente, con una sonrisa de satisfacción en su rostro—. Es la novia de tu novio.

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Me quede perplejo por el contraataqué, así que solo rodé mis ojos. La multitud también estuvo momentáneamente sorprendida por la presencia de Jess, pero estaban bien preparados para responder ante inesperados sucesos, y la llamaron por su nombre lanzándole descaradas preguntas. —Jess, ¿son ciertos los rumores de que tu padre atacó a Declan esta mañana? —Jess ¿cómo estas lidiando con la revelación de Declan? —Jess, ¿sabías que Declan era gay antes de que se declarara? ¿Quién era el periodista con la vana pregunta? ¿Había alguna clase de alto grado escolar por experiencia laboral? Por que, mierda, necesitaban subir su juego si querían sobrevivir en esta profesión. Declan miró de regreso a Jess; ella asintió y caminó hasta tomar el centro del escenario. —No les robaré mucho de su tiempo —dijo alto y claro—. Y no se si será tan elocuente como lo fue Declan ayer. Pero la verdad es que, no soy la victima como algunos de ustedes disfrutan hacerme parecer. Oh, carajo. Aquí viene de nuevo. ¿Alguien organizó una semana nacional de ―sal del armario‖ y olvidó decirme? Al menos, quizá hayan notado que había tomado lugar en el frente de mi casa. De haberlo sabido hubiera rodeado para

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entrar por la puerta trasera. —Declan y yo siempre hemos tenido un entendimiento, un matrimonio por conveniencia, si prefieren, sin lo de matrimonio. Actuamos para servir de apoyo del otro cuando lo necesitábamos. Yo también soy gay y muy feliz viviendo con mi pareja. Creía que Dale Watson estaba a punto de estallar bajo el peso de sus propios prejuicios. Hubiera sido entretenido que pasara, que espontáneamente se consumiera como aquel tendero del libro de Dickens: Bleak House. Por desgracia seguía respirando, aunque más pesadamente. Ignorando el alboroto que se había desatado, Jess levantó sus manos. —Espero que ahora que esto esta a la vista, pueda haber un cese en las historias que presentan a Declan como alguna clase de cobarde o abusivo. Ambos sabíamos qué estábamos haciendo, y ahora estamos felices de estar viviendo nuestras vidas abiertamente, como siempre debimos haberlo hecho. De acuerdo, esa ultima línea estuvo un poquitín mojigata, pero le hacia ver bien ante el publico que clamaba sentirse ―traicionada y decepcionada‖ aun cuando no tenía derecho de estarlo. —¿Declan, tienes algo más que decir? —preguntó uno de los reporteros de la ABC. —No, hoy no. —Dijo animadamente. Captó mi mirada, y asintió para que se me burlara la prensa en mi propia casa, y lejos de la locura.

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Cuando me dirigía hacia el sonido de flashes de las cámaras, escuché a Dale Watson de detrás de mi. —¡Este vecindario apoya a los perros! Le sonreí a Dec en cuanto me llevó por las escaleras. Le día la espalda a la prensa y encaré a Dale. —¡Woof, carajo, woof! —dije, incapaz de mantenerme serio. Fue una respuesta tan estupida como las de Dale, pero fue efectiva. Teníamos a los medios de nuestro lado por el momento, y se carcajearon mientras Dale se escabullía desanimada. La mano de Dec se entrelazó con la mía, y esto solo hizo que las cámaras entraran en acción. —Adiós, damas y caballeros de la prensa. —Dijo cálidamente, pero bien firme. Entendieron a que se refería. Les había dado lo que querían, un infierno de show y una gran oportunidad de fotografiar. Ahora era turno de ellos de tirar la toalla. Quizá solo por ahora, por que no podíamos asegurar que se rendirían enteramente. Pero todos se alejaron y empezaron a recoger todo en sus camionetas mientras nos dirigíamos dentro de la casa y cerrábamos la puerta detrás de nosotros. —Eres todo un asno —dijo Dec con una risa. —Si, pues mírate con tu despliegue exagerado de poder —contrarresté.

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—Quizá solo se están desplegando a mi porche, por ahora. —Jess suspiró. Sin querer ser malo, probablemente no. Ella no estaba en el dominio público como Declan; interesarse en ella no rompería records de audiencia. Tal como yo siempre estaría en la sombra de Dec. Pero aparentemente, como dice la canción, yo sería el viento bajo sus alas, o alguna mierda como esa. —Como sea —continuó y me miró cara a cara— lo lamento, Simon. —¿Huh? No tienes nada de que disculparte. —Bueno, como que sí, usé tu patio frontal para mi propia conferencia de prensa. —Tomó una profunda respiración, tensándose ligeramente mientras exhalaba—. Y estoy segura que no estabas complacido de que mi padre usara a Dec como saco de boxeo. —Sigue sin ser tu culpa —dije honestamente. —Créeme, ahora esta molesto conmigo. Esta avergonzado por el hecho de ir tras Dec cuando no sabía la historia completa. —Jess —dijo Dec— esta bien. —Deja ya de hacerte el santo, de acuerdo. Ya tienes suficientes premios en eso. Él levantó su dedo medio, y ella se carcajeó. —Pero en serio. Haré que el viejo pedorro se disculpe en

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algún momento. —Mira —Declan replicó, su rostro grave—. Estoy seguro que preferirá olvidarlo. Y para serte franco, yo también. Así que dile eso. Jess, lo alcanzó y lo besó. —Gracias Dec. Luego me sorprendió besándome en la mejilla. — Cuídate, Simon. —Saluda a Robyn de mi parte —dijo Dec, un poco malvadamente. Jess le dio una sonrisa sarcástica. —Lo haré. ¡Jesús! Siempre quiso que saliera del armario, pero apuesto que no creyó que involucraría a la prensa en tan espectacular manera. —Quizá ahora me deje de odiar. —No cuentes con eso. —Jess abrió la puerta frontal y se asomó—. No hay moros en la costa. Y era cierto. Jess caminó hasta su coche sin alboroto. Y la vimos alejarse. —Entonces —dijo Dec despacio, mientras cerraba la puerta y se giraba hacia mi. —Entonces —repetí. —¿Qué crees que pase ahora? —preguntó. Justo ahora tenía cierta idea, pero ¿para un futuro a corto plazo? Mis ojos en blanco le miraron, y sonrió

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cansadamente. —Si, eso mismo pensé yo.

AUNQUE, es gracioso lo que la vida tiene guardado para ti. —Solía preocuparme mucho por él —dijo la señora Tyler— cuando iba a salir con Jess, o lo que yo pensaba que era salir… simplemente no parecían una pareja para mi, aunque mi esposo me dijo que estaba siendo tonta. Creo que muy dentro una madre sabe, aunque no lo quiera admitir para ella misma —tomó una larga respiración, y le dio un sorbo a su taza de té, haciendo una cara entre pena y fortaleza—. Pero me preocupé. Creí que tenía la solución, aun cuando yo amaba a Jess. Así que cuando todo ocurrió la semana pasada, y finalmente me lo dijo, no estaba tan sorprendida como creí que lo estaría. Estaba de vuelta a la escena del crimen: Hospital San Vicente. Si me hubieras dicho que estaría tomando té -bueno, estaba tomando café, por supuesto- con la madre de Declan la semana pasada, creería que te referías a un universo alternativo. Pero aquí estábamos. Declan estaba en la habitación de su padre, asegurándose de que todo estaba bien después de que me

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llevó para una presentación formal. Sí. Estaba teniendo la oficial bienvenida con los padres. Y parecía estar yendo bien, hasta ahora. Mucho mejor que la reunión que había tenido previamente con Alice Provotna. Quien aun estaba bastante fría con el hecho de que no había regresado ninguna de sus llamadas y que me había informado que el ángulo de su documental había cambiado. En lugar de solo enfocarse en el próximo Festival Triple F, ella había incluido el detrás de escenas del drama de mi relación con ―la recientemente declarada Leyenda del AFL, Declan Tyler‖. No le había dicho a Declan aún: tenía la esperanza de poder convencerla de lo contrario. Su contrato con nosotros, declaraba que ella tenía control artístico, y me maldije por haber permitido que los abogados dejaran ese punto pasar. Por supuesto, en ese momento, no tenía idea de que era lo pasaría pocos meses después de la fecha de firmado. —¿Esta preocupada ahora? —Le pregunté a la señora Tyler, tratando de no mostrar mi nerviosismo. Me miró tiernamente, pero podía decir que su cerebro estaba ideando una manera de poner sus sentimientos con mucho tacto. —Si, lo estoy. Deseaba que Nyssa estuviera allí para que hiciera mi café Irlandés. Traté de parecer inexpresivo. —No de la manera en que te imaginas. —La señora Tyler continuó—. Pero una madre nunca deja de preocuparse. Es solo que ahora tengo algo nuevo de que preocuparme. Declan ha encontrado a alguien, pero un nuevo paquete de problemas viene con ello.

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Me estaba preguntando si se estaba refiriendo a mi como el mayor problema, pero permanecí el silencio para darle el beneficio de la duda. —No estoy sugiriendo que la sexualidad de mi hijo… — fue aquí donde vaciló— no me gusta decir eso, suena muy clínico. Pero sabes a lo que me refiero. No me importa que Declan sea gay. Solo me importa que eso significara que su vida será muy difícil para él en ciertas maneras. Ningún padre quiere que su hijo sufra, y mucho menos a manos de otras personas y lo que puedan o no creer. Estaría mintiendo si dijera que no estaba muerta de miedo la primera vez que tuvo que salir al campo de juego o cuando uno de esos payasos de la televisión empiezan a hacerle bromas. —Tambien estoy preocupado por eso. —Admití. —No ayuda que lleve ensangrentada la nariz y un labio cortado de alguien que ha sido un amigo de nuestra familia por veinte años. Te preguntas que otras personas, que no lo conocen, son capaces de hacer. —Pero si usted es como las otras mamás —dije gentilmente— entonces espera lo peor. Le sorprendería las cosas buenas que puede haber. Me sonrió. —Eres muy encantador. Sonreí involuntariamente. —Dec dice que lo puedo ser, pero solo cuando quiero serlo. —Dice cosas muy buenas de ti. Estaba empezando a retorcerme bajo su fija mirada.

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—Tiene que hablar bien de mi. —Si, una de las primeras cosas que dijo fue que tu te auto-desapruebas. Veo que tenía razón. Me ruboricé. —Bueno… —Mi hijo piensa muy bien de ti, Simon. Así es como se, que a pesar de todo, está feliz. Puedo verlo en él, la manera como nunca habló de Jess. Lo puedes ver en sus ojos. Sabes, cuando tienes un hijo en el ojo público, otra de las cosas que te preocupa es que si las personas aceptaran a tu niño por quien es, o si solo están por su fama. —¿Usted que cree que estoy haciendo? —Hubo una parte de mí que se preguntaba si al principio Jess estaba haciendo lo mismo. Las madres pueden ser las más duras jueces del carácter, pero solo se debe a un equivocado sentido del amor. Pero cuando Declan me contó como se conocieron… —Oh, no lo hizo, ¿verdad? —Quería que el suelo se abriera y me tragara y pusiera fin a esa tortura. —Si, me dijo que lo insultaste. —Ese era el famoso encanto Murray del que oyó hablar, en acción. Ella sonrió, y pude ver que era la misma sonrisa de Declan. —Entonces supe que no ibas tras su fama. —No, hay mucho que amo de Declan, y eso no es algo de ello.

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Santa mierda, acababa de decir la palabra con ―A‖. Ligeramente en pánico, tosí, mis ojos húmedos. Ella me miraba con diversión, pero ligeramente gratificada. —Además, —dijo, una vez que me calmé— cediste a mucho por estar con él. No querías la gloria de estar con él. Tu estabas… fuera del closet… antes de conocerlo. Y tuviste que dejarlo de alguna manera solo para protegerle. Eso debió tomar su grado de sacrificio. No dije nada, por temor a sonar egoísta. —No va a ser más fácil a partir de ahora. —Ahora suena como una típica madre —le dije. Declan salía de la habitación de su padre para encontrar a su madre riéndose. Me sonrió con nerviosismo. Sabia que estaba a rebosar de preguntas pero tendrían que esperar para más tarde. —No te preocupes cariño —dijo su mama—. Estoy reservando las historias embarazosas de ti para otro momento. —Solo, por favor, esconde las fotos con el Mullet78. —Nunca se hizo un Mullet —me dijo. —Nunca lo hubiera dejado salir de la casa. —Si hay un Mullet en tu pasado, terminamos —le dije. —Vaya lista que estas compilando —dijo, empujando sus manos en sus bolsillos. 78

Corte de pelo, corto por la parte frontal y más largo por detrás.

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—No te preocupes, estas atascado conmigo por ahora. Ella no dijo nada, pero me miró apuntando sus ojos a los mios y luego llevándolos a los de Declan. Sabía lo que quería decir, pero confundió a Declan. —Entonces, ¿estas listo para conocer a papá? — preguntó. Esperando que esta otra reunión familiar se llevara lo más tranquilamente posible, no pude evitar escuchar la Marcha Imperial en mi cabeza mientras asentía y seguía Dec a la habitación. El padre de Dec se veía extremadamente sano para alguien que había acabado de sufrir un ataque cardíaco. Como su hijo, él estaba en gran forma. Había sido también jugador, aunque no logró jugar para la AFL. En lugar de eso estuvo en los más altos escalones de los clubes locales. Pero agradecidamente él no era un padre que tratase de vivir la gloria a través de su hijo. —Papá, —dijo Dec con suavidad—. Este es Simon. Saqué mi mano para apretar la suya, y fue apresada por un puño de hierro. —Así que —el señor Tyler habló con un tono débil de desconcierto— eres tu quien le ha volteado de cabeza el mundo a mi hijo. Declan estaba apunto de objetar, pero yo estaba acostumbrado a que los padres usaran una saludable cantidad

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de sarcasmo. —Creo catalizador.

que

tuve

parte que ver,

pero

no fui el

Asintió. —Llamame Barry. La enfermera entró al momento con los medicamentos. Ya iba a empezar cuando vio a Declan, y sus ojos se abrieron aún más cuando me vieron a mi allí también. Gracias a Dios el juramento hipocrático la detendría de salir corriendo y vender la historia a cualquier periódico: ―¡Declan Tyler Lleva a novio gay para conocer a su padre! ¡Médicos en espera! —¿En verdad Fred te hizo eso, Declan? —Barry preguntó, sorbiendo un poco de agua para tragarse las pastillas en cuanto la enfermera nos dejo solos otra vez. Dec cuadró su mandíbula. —Uh, si.

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—No se lo devolviste ¿verdad?

Sean

—¡No, por supuesto que no!

Kennedy

—¿Y tu, Simon? —preguntó Barry, divertido. —No estaba allí. —Repliqué. —¿Lo habrías hecho? —Soy más bien un hombre pacífico. Además, lógicamente, solo habría empeorado las cosas, y eso es algo que Dec no necesita. Barry se sentó sobre sus almohadas. —Buena respuesta. —Señaló—. No puedo pretender que estoy un ciento por ciento lidiando con esto aún.


Dec permaneció en silencio. Podría jurar que se estaba mordiendo el interior de su mejilla. Algunas veces cuando lo beso, mi lengua puede sentir esa área en constante curación, y por un instante muero de angustia. Pero no era un buen lugar para estar pensando en besarlo. —Pienso que tienes otras cosas en las que preocuparte, —dije— como en recuperarte. —No digo que estoy en contra o algo así —dijo Barry rápidamente—. Es solo que… es un poco sorpresivo. Me refiero a que, Silvia dijo que ya le había pasado por la mente en un momento. Yo no tuve el tiempo para hacerlo. —No hay mucho en que pensar papá, —dijo Dec— solo es. —Ya te olvidaste, Declan —dijo Barry, su tono cambiando al de padre—. Yo he estado en el campo también. No en el nivel en que estás tu, pero sé como pueden ser los chicos. Pueden ser las mejores personas en el mundo, pero si te tienen en la mira, puedes estar en problemas ¿Crees que no pienso en el próximo juego que tendrás? Además del hecho de que te estas recuperando y tendrás otra apertura. Maldita sea, el hombre ahora me estaba preocupando otra vez. Y Declan lo sabía. —Ahora solo tienen una razón distinta para hacerlo. — Dijo Dec—. No hace mucha diferencia. Antes lo hacían por que aparentemente yo estaba en mejores condiciones. Si lo hacen ahora por una venganza personal, la joderán por que

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se estarían concentrando en sus emociones. —¿Cuándo conseguiste un titulo en psicología? —Su padre se quejó, y luego giró su vista hacia mi—. ¿Tu qué piensas Simon? Le dí una cuidadosa replica. —Creo que Declan hará lo que le de la gana y creerá que es lo correcto. Y nosotros tendremos que apoyarlo. Y estar ahí para él. Dec me dio una pequeña sonrisa. —Y si alguien se mete con él, mas le vale cuidarse. La sonrisa de halago de Dec, hizo reír a su padre. —Parece un buen chico, Dec. Podía decir que Dec estaba perturbado por mi último comentario, pero feliz de que su padre me hubiera aprobado. —Si —dijo finalmente—. Es bueno. —Eso estuvo mejor de lo que creí que estaría. —Le dije a Dec mientras salíamos del ascensor y nos dirigíamos a través de aparcamiento subterráneo a su coche. Un par de personas se detuvieron cuando nos vieron y se susurraron algo al oído, pero seguimos nuestro camino. —Si, lo fue. Creo que lo ha aceptado de mejor gana de lo que cree que lo hizo. —Ahora solo tienes que sobrevivir a conocer a mi familia. —Me estremecí involuntariamente. —Aún no conoces a mis hermanos. —Declan me

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advirtió—. Mis padres no se comparan a ellos. —Genial. —No te preocupes. Estaremos bien. Hice una mueca. —No seas de mal augurio. Buscó alrededor por algo de madera que golpear, y cuando no puedo encontrar nada, uso la broma más vieja y me tomó en una llave de cabeza y frotó sus nudillos contra mi cabeza. Para cuando llegamos a su auto, su brazo se había enredado en mi cintura, y se sentía bien. Me PREGUNTABA si las cosas empezarían a sentirse normales entre Declan y yo o si así sería nuestra vida como la conocemos por siempre jamás. Tenía que ser el periodo de asentamiento, seguramente: la reunión con los padres, el primer frente a la prensa, ser llamado para una reunión con la junta directiva de los Demonios… Que era donde me encontraba en ese mismo momento, mis brazos cruzados en defensa. Declan se sentó a mi lado, lentamente meciéndose de lado a lado en su silla. —Si, probablemente te estés preguntando por que hemos querido reunirnos contigo, Simon. —Dijo Scout Frasier, decidiendo que él sería quien empezaría todo. —Tengo una idea —dije. Me preguntaba cuando la bella secretaria me traería el café que le había pedido. —Oh, —Ed Wallace, el CEO de los Demonios, preguntó: —¿Y cual sería?

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—Quieren asegurarse que siga sus reglas y así no ser más una vergüenza para el club como ustedes piensan que lo soy. Quizá una bofetada. Escuché a Dec dar un suave continuaba meciéndose en su silla.

gemido

mientras

Ed me sonrió. —¿Poquito paranoico, no crees Simon? —Dímelo tu. —Le respondí. —Es cierto que queremos discutir contigo un curso de acción… —Hah, —no se quien fue quien presionó en mi el botón de fastidio—. ¿Entonces dime cual es el curso? —La prensa y el público estan esperando oír tu historia —dijo Wallace—. Así que queremos intentarlo y ponerte allí en el punto de vista más amigable. Tenemos algunas ideas, pero queremos escuchar las tuyas y las de Declan también. Me vino a la mente un nombre en particular de un payaso de un programa de televisión. —Para empezar, él no va por ese rumbo. Exponerlo a ese anfitrión… Dec dio otro pequeño gemido, y le disparé una mirada. —¿Mi amigo, ―el pendejo anfitrión‖? —Preguntó Wallace, y algunos de los hombres dentro de la sala trataron de disimular sus sonrisas inútilmente.

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—Entonces si es amigo tuyo, ya sabes como es. —Dije fríamente—. Sabes que Dec no tendrá la más amigable de las bienvenidas. Wallace se encogió de hombros. —Tienes razón en eso. —¿Declan? —preguntó Scout. —Oh, ¿puedo hablar ahora? —dijo Dec intencionadamente, especialmente a mi, y se aclaró la garganta—. Estaba pensando en alguien de la ABC, si es que quieren. Todo el mundo se rió, pero sin maldad. —Declan, —dijo Wallace amigablemente— todos quieren tu historia por el momento. —Tracy —Scout le dijo a una perfecta mujer al otro lado de él—. Contacta a los de la ABC en cuanto terminemos. —¿Sabes que no te pagan nada si vas a la ABC, verdad? —Tracy le preguntó a Declan. —Creo que tengo el suficiente dinero para no tener que preocuparme por ello. —Declan le dijo. —Solo me aseguraba que lo supieras. —Dijo vagamente ofendida. —Creo que los de la ABC son la mejor opción —dije, sobresaliendo. —Muchos de la Comunidad Gay estan pidiendo entrevistas —Tracy continuó—. Deberías hacer al menos una de ellas. Querrán también hablar con Simon.

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—¿Uh? —pregunté estupidamente. —Eres parte de esto. —Declan me recordó—. Por eso estás aquí. —Creí que solo pedirían mi opinión —dije débilmente. —No seas ingenuo. —Dijo Wallace, levantando la mirada en cuanto su secretaria entró con una bandeja llena de tazas—. El público esta hambriento de los dos. Se sentirán traicionados si no te involucras en nada de esto. Tomé un largo sorbo de mi café, y coloqué la taza de regreso en la mesa. —¿Puedo preguntar algo? —esperé a que Declan volviera a gemir, pero solo se tensó ligeramente esta vez. —Adelante. —Asintió Fraiser. —Todos ustedes parecen estar aceptando esto muy bien. Llámenme cínico, pero creo que deberían ser un poquito más reservados en lugar de esperar a arreglar sesiones de fotografía y entrevistas para captar el mensaje. Ed asintió. —Entiendo por que piensas eso. Pero también somos un negocio. Y nuestros números van cayendo, al igual que las membresías. Menos números de miembros, significa menos dinero que ingresa al club y menores niveles de patrocinio. ¿Y sabes que es lo que trae más miembros y más patrocinio? —Publicidad —repliqué— en especial la positiva. —Correcto. —Dijo Wallace. —¿Sabias que hemos tendido mayor publicidad la

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pasada semana que en toda la segunda mitad del año pasado? —dijo Scott—. Y todo se debe a vosotros dos. Ahora quizás no todos estén contentos con la parte gay, pero nos hace ver bien si lidiamos con ellos positivamente. En especial con los medios al lado. —Bien, eso me hace sentir mucho mejor. —Murmuré. —No me conoces muy bien Simon. —Dijo Scott— pero siempre he tenido las mejores intenciones para con Declan, de corazón, sin importar qué. Y Declan sería el primero que confirmaría eso. Miré a Declan, y él asintió. Y ahora podía admitir que no era solo show. Y supuse que tenia razón, Declan había estado fuera de servicio por un tiempo, el club no lo había presionado más allá de sus capacidades, y aunque él fuera un artículo del club tanto herido como en su mejor forma, no podía más que creer en ellos. —Esto puede ser una bendición para el club. Mucha atención de los medios es puesta detrás de fotos de muchos jugadores emborrachados o consumiendo drogas. Esto es algo positivo que afecta personalmente a uno de los jugadores, y es algo que alguien puede dejar atrás. Espere por que alguna broma llegara a la parte trasera de mi cabeza, pero no lo hizo. Quizás realmente hablaban en serio. —En ese caso, debería decirle que una documentalista ya me estaba filmando para una parte sobre el festival. —Le dije— su nombre es Alice Provotna, y ahora dice que se quiere enfocar en Declan y en mi de igual manera.

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Ed anotó su nombre en su Blackberry —¿Puedes mandarme sus detalles? Me gustaría tener una reunión con ella. Estaba empezando a ver versiones de la reunión de la altamente artística y temperamental Alice Provotna con el mente-corporativa Ed, y sus inevitables acusaciones de que estaba tratando de controlar su proyecto. —Uh, claro. —Quizá le gustaría tener acceso a algunas de nuestras imágenes de Declan. Podemos discutir eso en la reunión. Pero Simon, mentiría si dijera que no estoy preocupado involucrándote en esto. Declan ha estado lidiando con la atención por años; esta acostumbrado. Tu no, así que necesitas ser cuidadoso. Especialmente cuando estamos tratando de mantener una imagen positiva. —¿Es una orden de silencio? —pregunté —¿Es una orden de se cuidadoso? —dijo Ed, sacando toda la parte del hombre de negocios protegiendo su producto. —Creo que resultó bien —dijo Declan caminando a su coche, y girando las llaves en su mano. Lo alcancé y se las arrebaté. —Yo conduzco. —¡Hey! —protestó—. ¿Sabes como conducir un SUV? —No puede ser tan difícil. —Me burlé.

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—Así que no crees que resultó bien. —Declan señaló. —Siento que estoy en libertad condicional. —Replique, activando el mecanismo de la puerta. Declan saltó al asiento del copiloto en cuanto abrí mi puerta. —No estás en libertad condicional. Pero tienes razón. Soy usado como alfiletero para la prensa y para el público. Me deslicé junto a él. —Olvidas que yo trabajo en el medio. —No personalmente, pero si como un representante de negocios. Él tenía un punto. —Por ti, trataré de ser cuidadoso. —Es todo lo que pido. Encendí el coche, lanzando la marcha, salimos del estacionamiento con Declan colgado para salvar su vida.

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Capítulo 23 ABC no tardó en llamarnos; fuimos citados para ir a una grabación la semana entrante. —Ahora que vamos a aparecer en los medios, —le dije a Declan— tienes que conocer a mis padres. Él rió ante la expresión en mi rostro. —Hablo en serio. Tanto como solo pensarlo me aterra como una mierda, si nos ven haciendo publicidad y no han tenido la oportunidad de babearte probablemente me asesinarán. —Bueno, no puedo tenerte muerto. —Declan sonrió—. ¿Pero tienes que intentarlo y asustarme tanto antes de hacerlo? —Solo trato de prepararte. —Le aseguré. Tim había intentado ponerse en contacto conmigo por toda una semana. Bueno, en su propia forma Tim de hacerlo. Lo que quería decir que lo hizo una vez al día, mientras que yo estaba en el trabajo, y luego sonaba sorprendido en contestador automático cada vez que tenía que dejar un mensaje. No se le ocurrió intentar llamarme al móvil u obtener el teléfono de mi trabajo con mi madre. Cuando finalmente hablé con él, pude escuchar el temor en su voz mientras intentaba aceptar que este extraño gilipollas de

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hermano estaba saliendo con Declan Tyler, quien ahora era una Celebridad Gay del Futbol. —¿Así que, realmente es una fruta? —preguntó. —Una tropical, —dije, prometiéndole a mi madre que no sería tan duro con el tonto. —¿Una de qué? Suspiré. —Una fruta. ¿Una banana de pronto? —¿Estás drogado? —No, pero yo pensé que tú lo estabas. —Gracioso. No, en serio… —Bueno, o es gay o realmente es bueno pretendiendo que lo es. —Que asco. No quiero escuchar de tu vida sexual. —Y yo no quiero que escuches de mi vida sexual. —Me alegra que eso esté arreglado. ¿Así que realmente es gay? Suspiré auditivamente. Tim finalmente agarró la pista. —En fin, haré una fiesta este fin de semana. —¿En serio? —los vellos en mi cuello se empezaron a erizar. Tim nunca se había molestado en invitarme a ninguna de sus fiestas antes. —Si. Es mi fiesta de compromiso.

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—¿No quieres decir nuestra fiesta de compromiso? —¿De qué hablas? —preguntó—. No estás comprometido. —Idiota. Quise decir, no es solo tu… ah, olvídalo. —En fin, ¿vas a venir? —Claro. —Dije, tratando de sonar más feliz de lo que me sentía al respecto—. ¿Puedo llevar a Roger y Fran? —Si, está bien, —hizo una ligera pausa—. ¿Pero no lo vas a traer? Jugué al bobo. —¿A quién? —¡Declan Tyler! —¡Oh, él! ¿Quieres que lo lleve? —Pues, él es tu novio o pareja o como sea que lo llames estos días, ¿no es verdad? —Ese es Tim, sensible hasta la última gota. —No lo voy a llevar simplemente para que presumas ante tus amigos. —Está bien. Sabía que todo esto volvería a mi madre, y no quería el sermón que resultaría de esto. Además, sería algo público, Fran y Roger estarían ahí para apoyarme, y solo tendríamos que hacer una visita obligatoria para que él conociera a la familia. —Le preguntaré. —Dije. Las famosas últimas palabras. —Genial. —Dijo Tim indiferente, aunque sabía que estaría fanfarroneando sobre la celebridad que iría a su fiesta a todos

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sus amigos al segundo en que fuera confirmado, si no antes. Colgué luego de despedirnos y golpeé mi cabeza contra la pared. PARECÍA que mi casa estaba en paz de nuevo. El campamento de reporteros había estado ausente por unos días, aunque llamaban de vez en cuando esperando para obtener algún comentario de mi parte. Ellos empezaban a darse cuenta que Declan aceptaba entrevistas y quería entrar en acción. Dale Watson, sin embargo, aún actuaba como Vigilante de Vecindario y asegurándose de mirarme ferozmente cada vez que nos cruzábamos. Dec emergió de la cocina, llevando bebidas frescas. Se sentó junto a mí en el sofá, y yo inmediatamente giré mis pies hacia su regazo. —¿Estás nervioso por la entrevista? —Preguntó Fran. —¿Yo? —preguntó Declan—. No realmente. —Mentiroso. —Lo reté, y él me frunció el ceño. Roger agarró una cerveza. —Ese tipo es muy bueno exponiendo a la gente. Probablemente te hará llorar. —¡Él no lo hará! —protestó Declan. —Yo no sé, —lo atormenté—. Te has guardado todos tus secretos por tanto tiempo, probablemente será como estar en el sillón de un terapeuta. Por eso es que siempre tiene una caja de pañuelos en el set. Declan gruñó y enterró su rostro bajo un cojín. —Este es un gran error.

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—No. —Dijo Roger—. El gran error es ir todos nosotros a la fiesta de compromiso de Tim. Sentí esa momentánea puñalada de la lealtad familiar que me hizo querer acércame a Roger y golpearlo. Yo sé que critico a mi familia todo el tiempo, pero yo era familia. Nadie más tenía permitido hablar mal de ellos. Incluso si Roger era lo más cercano a una familia. Fran lo abrazó no tan sutilmente, y él se veía sutilmente escarmentado. —¿Así de malo lastimeramente.

va

a

ser?

—Declan

preguntó

Fran y Roger se quedaron en silencio. Yo suspiré y tomé un trago de mi cerveza. —Uno, es mi familia, que pueden hacer el intento de comportarse —le dije a Declan—. Dos, los amigos de mi hermano estarán ahí. Tres, también la familia de su prometida. Gabby, si recuerdas diciéndotelo, me preguntó si era el gay. Cuatro… —¿Qué tan larga es esta lista? —Declan me preguntó. Clavé mi talón un poco salvajemente en su regazo, y él aulló. Fran casi escupe su cerveza por toda la habitación. —Continua. —Dijo Declan entre sus dientes apretados. —Cuatro, —continué—. Joder… ahora perdí el hilo del pensamiento. —Clávale otra vez y que se calle. —Roger sugirió. —Simplemente tienes suerte que su pie no esté en tu ingle. —Declan le dijo. Roger quedó pálido con la idea.

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—Cuatro, —dije, ignorándolos a ambos—. Poniendo al punto dos y al tres juntos, combinados con el número uno, probablemente signifique que el Apocalipsis finalmente sucederá, y estaremos en el centro de todo. Nada te salvará Declan Tyler. Lo que me lleva a cinco. —¡Detente! —gruñó Fran. —Cinco. —Dije, grandiosamente—. Declan Tyler será el foco de la atención de todos. Y aunque él te quiera allá para mostrar su conexión contigo, mi hermano probablemente terminará resintiendo que todo el mundo estará mirando cada movimiento tuyo. Y mi hermano odia no ser el centro de atención. —Corre por la familia. —Murmuró Roger, y Fran no pudo evitar una segunda explosión. —No existe una sexta, ¿no es así? —Preguntó Declan. —Estoy seguro que puedo pensar en una. —No lo hagas. —Alegó Fran. —Está bien. —Me quejé—. Después no digas que no te advertí. INTENTABA aparentar un aire de grandiosa indiferencia frente a todo y fracasar al hacerlo. Como siempre, mis amigos fueron rápidos en sorprenderme en ello. Declan ya había experimentado su primera exhibición de reacción contra su estilo de vida mediante el padre de Jess, sin embargo, no esperaba puñetazos en la fiesta de compromiso de Tim y Gabby, tampoco pensaba ser un barril de risas.

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Lo que pensaba que significaba que si me amaba. Tendría que hacerlo, exhibirse de esa manera. Pero supongo que todos salimos de nuestra zona de confort. La entrevista en ABC fue perfecta, de hecho. El entrevistador puso cómodo a Declan y fue compasivo, encantador, gracioso, y extremadamente exitoso al intentar extraer los detalles que el público se moría por saber. Declan y yo a veces nos veíamos raros frente a una cámara discutiendo sobre nuestras vidas privadas y nuestra relación, pero parecía que funcionaba para nosotros pues los medios al día siguiente fueron muy positivos en sus reportes respecto a la entrevista. Tal es el poder de los medios al permitir desviar el lado oscuro de la opinión pública, porque eso significaba que Declan aún se mentía levemente a sí mismo pensando que esto sería siempre así. Animado por el éxito de la entrevista, Declan aceptó hacer un par más, aunque yo le advertí que no se sobrexpusiera a sí mismo. Él ya aparecía bastante en la prensa antes de salir del closet, simplemente por ser futbolista. Cuando empezara la temporada tendría el doble de la atención ante su regreso, tanto por su juego como por sus recientes revelaciones. No quería sobrexponerme particularmente ante los medios, a pesar del hecho que a mis jefes les hubiera gustado. Acepté hacer una entrevista más con Declan por el momento, como parte de la emisión regular ―Los Dos‖ del Weekend Australian Magazine, donde perfilaban a una pareja y su relación. No seríamos el primer doble gay en aparecer en la publicación, pero éramos los más ―famosos‖. El fotógrafo nos hizo posar en las casetas del MCG con el campo

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extendiéndose detrás de nosotros, vacío e inflexible. No estaba seguro lo que trataba de decir, pero yo sé que Declan estaba estresado sobre la posición que quería que nos tomara, que nos viéramos casuales pero afectivos, pero no tan afectivos como para asustar al público en general en su desayuno del sábado. Al final era mejor poner sonrisas al frente, y nuestras manos firmemente apretadas entre nosotros. La entrevista y la sesión de fotos fue todo lo que pudimos ver de los dos esa semana. Nyssa y yo estábamos en plan de batalla, pues el festival iniciaba la semana entrante. Alice Provotna estaba enfurecida porque Declan no parecía estar cerca tanto como ella quería; tenía que recordarle repetidamente que Declan no trabajaba para la Triple F y que él tenía su propia vida y trabajo. Podía decirse que en la noche de apertura no se alejaría de nuestro lado, desesperada por captarnos en cada último cuadro de filme que tenía en su cámara. Declan aún pasaba tiempo con su familia y yendo y viniendo entre ellos y el Domo mientras que sus jefes pensaban un plan de acción ante el bombardeo de los medios y para retomar su carrera de nuevo. —Más vale que esta operación te arregle, —lo amenacé por el teléfono un día—. De otro modo, todos me culparán por tu declive. —Me aseguraré de jugar bien. —Dijo secamente—. Para que tu rostro esté a salvo. —Gracias. —Hacerte quedar bien es por lo que vivo. Cuando llegó el viernes me sentía consumido, más de lo

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usual, y lo último que quería hacer era ir a la maldita fiesta de compromiso. Lo que quería hacer era dormirme en el sofá con Declan y luego despertarme en una feliz mañana de sábado de desayuno y sexo. En cualquier orden. Nyssa estaba molesta por que la tradicional excursión Sal al Bar estaba cancelada, y solo sería modificada cuando le dijera que el resto de nosotros nos hallaríamos firmemente en el primer círculo del infierno. Le dije que podría presentarse si quería, pero era más inteligente que el resto de nosotros. —Te ves exhausto. —Declan me dijo cuando llegué a casa y colapsé en el sofá. —Simplemente sostenme si me desmayo. —Contesté. Se quedó mirándome preocupado. —¿Te veías así en la víspera del festival del año pasado? —Probablemente peor. —Cerré mis ojos, incluso cuando sabía que me podría dormir en segundos. Sentí el calor y la presión de los labios de Declan, que fue lo único que en el momento pudo despertar de mi coma fingido. —Vamos, Bello Durmiente. —Sonrió mientras abría mis ojos para encontrarlo parado junto a mí. —Chistoso. —En serio, estuviste roncando lo suficiente como para romper las paredes. —¿Estaba durmiendo? —de un tirón me senté. —Son las ocho, tenemos que recoger a Fran y a Roger.

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—¿Qué demonios? ¿Me dejaste dormir? —No te dejé hacer nada. Pero parecía que lo necesitabas. Lo arrastre sobre mí y lo empecé a besar de nuevo. Él gentilmente me levantó, aunque intenté resistirme. —¿No sería mejor quedarnos aquí? —le pregunté. —Sabes que tenemos que irnos. —Te dejaré que me hagas lo que quieras. —Bonito, prostituyéndote para salvarte de ver a tu familia. —¿No estás tentado? —Nop. —Mentiroso. ¿Ni siquiera un poco? —Tienes babas secas en tu mentón, —dijo, cuestión de hecho—. Es bastante asqueroso. Lo empujé a un lado, y se rió, viéndome mientras pisoteaba hacia el baño. Hubiera preferido tomarme una ducha, pero tenía que lavarme las babas de mi rostro y ponerme desodorante fresco y colonia. Era solo mi familia, después de todo. Y Declan estaba siendo tan animadamente molesto, no era como si tuviera que hacer un verdadero esfuerzo de viernes en la noche por él. Aunque a decir verdad, lo que estaba haciendo ahora no era tan lejos de mi verdadero esfuerzo. —Lástima que no puedas lavar las muecas de tu rostros.

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—hizo la observación mientras caminaba a la sala. Le lancé un cojín. Lo agarró fácilmente y me lo lanzó de regreso. Yo, por supuesto, lo dejé pasar, y voló al estudio. —Qué bien. —Dijo Declan. Me dirigí directo a la puerta y dejé que Declan cerrara mientras que continuaba carcajeándose a mis expensas. LOS CUATRO nos quedamos de pie frente a la puerta de mis padres como si estuviéramos a punto de asaltar las puertas del castillo, cansados por la batalla como estábamos. La música retumbaba a lo lejos, algún rock genérico que no reconocí. Hombre, ¿me estaba desconectando tanto de la juventud de hoy? De pronto lo estaba, especialmente si utilizaba frases como ―La Juventud de Hoy‖. También había mucha griterío con la música, el toque entre botellas de cerveza, y agitación en general. El olor a carne de barbacoa flotaba alrededor, y el estómago de Roger refunfuñó en anticipación. —¿Huelen eso? —pregunté—. Huele a espíritu joven. —Incluso Tim es muy viejo para el espíritu joven. —Dijo Fran, escondiendose más a dentro de su abrigo—. ¿Podemos entrar? Me estoy congelando. —Aún hay tiempo para correr por nuestras vidas. — Declaré. —Él es así antes de cada fiesta. —Roger le dijo a Declan. —Si Simon, —Fran se metió—. ¿Recuerdas la última fiesta que te obligamos a ir? ¿Dónde estarías si no hubiéramos

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hecho eso? —Desesperadamente solo e infeliz. —Roger contestó por mí. —Muy cierto. —Declan dijo satisfecho. —Todos ustedes… apestan. —Dije sin convicción, y caminé frente a ellos, probablemente para mi propia perdición. Unas cuantas personas acordonadas en el hall me miraron mientras entraba, probablemente tratando de averiguar a qué lado de la fiesta de compromiso pertenecía. Como dije, Tim y yo no tendemos a juntarnos mucho. Pero cuando Roger, Fran y Declan aparecieron detrás, hubo una mirada instantánea de reconocimiento en sus ojos. Empujamos a través del camino a la cocina, donde mamá le estaba dando órdenes a Gabby y algunos de sus amigos alrededor. Mamá chilló cuando me vio, mostrando más entusiasmo por mi aparición de lo que la etiqueta social normalmente lo hubiera permitido. —Hola, mamá, —dije, manejando de manera extraña su abrazo exuberante—. ¿Ya has probado el jerez? —Solo un vasito o dos. brillantes—. Hola, Roger, Fran.

—Contestó

con

los

ojos

—Hola Señora M. —Contestaron al mismo tiempo. —¿Y quién es tu amigo? —me preguntó, haciéndose la tonta. Retorciéndose con vergüenza por el intento de dejar esa táctica usada, contesté: —Este es mi amigo, Vincent van

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Gogh. Ella frunció el ceño. —Muy gracioso. Declan puso un pie al frente para rescatar la situación, extendiendo la mano. —Encantado de conocerla señora Murray. Soy Declan. —Claro que lo eres. —Prácticamente ronroneó—. Déjame decirte, Declan, tienes tus manos llenas con este muchacho. Fran resopló; Roger la clavó en las costillas. —Creo que puedo manejarlo. —Declan dijo complaciente. Esta vez, Roger resopló y trató de cubrirlo con algo de tos cuando me vio mirando el cenicero en la mesa como si fuera a golpearlo con eso. Gabby y sus amigas se acercaron rápidamente, y fui empujado a un lado mientras que Declan era rodeado por ellas, esperando para hacerlo su conocido. Fran y Roger miraron horrorizados y se escabulleron para unirse a mi, justo cuando mamá me llevó a una esquina más profunda de la cocina. —Él es encantador, —dijo con aprobación. —Ah, gracias. —Realmente encantador. —Hum, está bien. —¿Vosotros dos…? —¡Simon! —Interrumpió Fran—. ¡Bebidas! La quería besar, estaba tan agradecido. —¡Van en

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camino! Roger inició una pequeña conversación con mi madre mientras cruzaba a la nevera, abriéndola, y pensando si cabría. Si no fuera por toda la gente abriéndola, buscando bebidas, podría ser una opción. Mamá estaba distraída por el microondas sonando. —Tu hermano está por atrás. —Anunció de pasada a mi lado. Le pasé a Roger y a Fran sus bebidas; Declan aun seguía rodeado así que tenía la suya. —¿No deberías rescatarlo? —Preguntó Roger. —Creo que usualmente está acostumbrado abordado. —Contesté encogiéndome en hombros.

a

ser

—Eres el peor novio. —Fran me amonestó. —Sip. —En ese momento, en todo lo que pensaba era en mi propia piel. Gabby se salió del grupo y corrió afuera. No me había saludado todavía. Fran alzó sus cejas y de forma calmada bebió cerveza de su botella. Mi futura cuñada regresó con su prometido a rastras. Pasaron junto a mí para reunirse a la brigada de Declan. —Un placer verte, Tim. —Lo llamé con fuerza, sin recibir respuesta. —Qué bien. —Comentó Roger. Saqué el regalo de compromiso que los cuatro le habíamos traído, fuera de mi mochila y lo dejé sobre la mesa de la cocina con los demás. Con Declan y la mayoría de la

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familia preocupada, me deslicé a mi antigua habitación para dejar mi mochila en el suelo y colgar mi abrigo por el corto tiempo en el que nos quedaríamos. No podrías decir que viví una vez aquí; hice lo posible por sacar la mayor parte de mi presencia y llevármela cuando me mudé. No era que quisiera sacarme de la casa: solo quería que mis cosas estuvieran conmigo. La habitación era más como un sitio para almacenar cosas, sin embargo, una vieja cama simple estaba contra la esquina para cualquiera que quisiera quedarse. La puerta se abrió, y Declan se deslizó entrando. —¿Ya te estás ocultando? —Yo podría pensar que eras tu quien tenía mas razones para ocultarse que cualquiera. Se encogió en hombros. —Estoy acostumbrado. —Miró alrededor—. ¿Esta es realmente tu habitación? —Mi habitación intencionadamente.

está

en

mi

casa.

—Dije

—Sabes a lo que me refiero. Simplemente no me imagino a ti viviendo aquí. Parece que no hay nada tuyo por aquí. —Si, porque está en mi casa. Abrió su boca para decir algo, pero parecía que lo pensó mejor. Se me acercó y deslizó su brazo por la curva del mío. —¿Realmente no estás cómodo, no es así? Suspiré y me dejé ser más maleable contra él. —Lo puedo soportar.

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—¿Entonces no estás en tensión por mí? Asentí de mala gana. —Simplemente no quiero que nadie sea un idiota contigo. —Si lo son, lo son. —Se encogió de hombros—. Pero no puedes dejar que te dé una úlcera, estresándote por algo que no ha sucedido. —Supongo que no. —Eres un candidato principal para un ataque cardíaco antes de tus cuarenta, Simon. —Murmuró—. Por si no te diste cuenta, he tenido suficientes preocupaciones por mi padre, y no quiero empezar a buscar señales amenazantes en ti. Genial. Llega la culpa sobre todo. —No tienes que preocuparte. —Pero lo haré, porque tú lo harás. —¿Así que también te pondré en una tumba temprana? Él rió, pero me dio un beso en respuesta. Respondí un poco más entusiasmadamente de lo que debí, pero supongo que me quería sentir tranquilizado. Y por supuesto ahí fue cuando Tim entró. —¡Ah, que asco! —chilló y de manera inmadura palmeó sus manos sobre sus ojos—. ¡Las gafas, no hacen nada! — Dijo en un acento austriaco muy fuerte, imitando al Hombre Radioactivo de Los Simpson. Declan me dio una mirada comprensiva. Tim hecho un pequeño vistazo entre sus dedos. —Si ya terminaste, Declan, quiero que conozcas a algunos de mis

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amigos. Estaría tentado por decirle que se largara luego de esa escena, pero Declan asintió con mucho más esfuerzo del que hubiera dado. —Hola, hermano. —Dije enfatizando. —Si, hola. —Dijo despectivamente—. Vamos, Declan. No tengo toda la noche. Ahora fue mi turno para darle una mirada de disculpa. Pero Declan no tuvo la oportunidad de verme pues Tim se lo llevó rápidamente. Me quedé, ahí, en mi habitación vacía y luego lentamente junté el coraje para desafiar la vorágine una vez más. APENAS pude ver a Declan durante la siguiente hora. Cualquiera que fue a la fiesta estuvo en apuros al intentar creer que éramos una pareja, al ser rara vez vistos en los mismos círculos. Especialmente cuando mi círculo consistía en Fran y Roger, escondiéndonos en una esquina oscura. No es que pensara que las parejas deberían estar pegadas por la cintura, pero afrontémoslo, mi cita era más popular de lo que yo era, incluso entre las personas que yo conocía. La presencia de Declan era el tema de la fiesta, pero yo tuve mi parte de miradas desvergonzadas y ciertos murmullos igualmente. En un punto cuando Roger desapareció al ir por más bebidas y Fran lo siguió para ir al lavabo, me quedé de pie estúpidamente en una esquina por mi cuenta, esperando que las sombras me escondieran suficientemente bien. Básicamente, era mi posición usual en cualquier gran situación social -a menos que se tratara de trabajo y fuera forzado a salir con el fin de ganar mi cheque- y créanme, me trajo memorias de la fiesta donde conocí por primera vez a

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Declan. De nuevo, me estaba escondiendo, y él estaba en el centro de la atención, incómodo en medio de personas que pedían su atención pero que no lo conocían del todo. Un pequeño grupo de los amigos de Tim, que vagamente reconocí, se pasearon por donde estaba. Las usuales pequeñas bromas sobre el compromiso y la fiesta fueron intercambiadas, pero pronto fueron a lo que de verdad querían descubrir al venir a mi esquina. —Sé que lo he visto por todos lados en la televisión, — dijo uno— ¿pero de verdad sales con Declan Tyler? Era así de difícil de creer, al parecer. —Si está en la televisión, debe ser verdad. —Dije, forzadamente animado. —¿En serio? —preguntó el número dos. Suspiré. —Sip. Ellos rieron, y los vellos detrás de mi cuello se erizaron. Tenía la sensación que no eran contadores de secretos de la RPF 79liberados del internet por una noche. El chico con ellos, cuyo nombre, vagamente recuerdo que era Brian, me miró estrechando sus ojos. —¿Así que eres responsable por el hecho que su forma de jugar sea una mierda? Aparentemente era un maldito Yoko Ono ahora. —Él ya estaba lesionado en la pierna antes que apareciera. 79

RPF: Rehabilitation Project Force o Fuerza para el Proyecto de Rehabilitación, es una actividad liderada por la Cinesiología que evita el contacto de personas con medios de comunicación y el exterior de sus instalaciones.

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—¿Estás seguro que no es una herida en la ingle? —la chica número uno rió. Sacudí mi cabeza tristemente. Ella era la cosa más tonta en la tierra. —Si, eso fue gracioso la semana pasada cuando lo dijeron en The Footy Show80, e incluso entonces no fue tan gracioso. Podrías haber pensado que habrían entendido el mensaje luego de eso, pero no lo hicieron. No debieron tener suficiente con las entrevistas que habíamos hecho con los medios o no pensaron que fueron hechas las preguntas pertinentes. La segunda chica se me acercó y me preguntó lentamente. —¿Así que, sabes que Declan es este jugador de fútbol candente y bueno? —Si, he escuchado algo al respecto. —Respondí, esperando que me viera tan aburrido como sonaba. —Y tú eres un chico involucrado en teatro o algo así. —Cine —La misma cosa. Pues, no, no del todo. Pero dejé pasar eso. —¿Eso te hace, como la mujer? Saben, uno como que que puede ser la gente. ignorante. Y luego te dan solo para recordartelo. Y 80

olvida de vez en cuando lo tonta Y si no es tonta, simplemente una bofetada en la cara con ello, yo sé que se supone que dejes

Programa de tipo crítico deportivo en Australia que trata los problemas y temática del Fútbol australiano, a veces de forma cómica e incluso grosera.

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expuesta la otra mejilla y tratar de ser el educador dispuesto a ayudar o lo que sea, para dejarles ver de alguna forma la estupidez que emiten, pero fueron más allá esta noche. —¿Lo dices en serio? —pregunté. —¿Qué? —contestó ella, con sus ojos bien abiertos. —En serio, ¿cuántos años tienes? Debes tener la misma edad, o cercana, a la de mi hermano, ¿verdad? —Veintiséis. —Ok. Entonces tienes edad suficiente para tener algo de experiencia en la vida para saber que esa fue la más estúpida y jodida pregunta que me podrías haber preguntado. De pronto deberías saber de qué hablas antes de abrir tu boca. —Con mis mejillas ardiendo y sin sentido de clase, asalté mi casa. Pero aun pude escucharla diciéndole a los otros. —Los maricas pueden ser rencorosos. Si. Claro que lo podemos ser. Fran aun estaba en la fila para el lavabo, y empujé para ir a mi habitación. Me puse mi abrigo, agarré mi mochila, y me fui de regreso a la fila mientras me fui al frente de la casa. Oí a Fran llamándome, pero la ignoré. También ignoré a Roger mientras pasé por la cocina, donde lo había asaltado mi madre. Afuera en el césped del frente, tomé una respiración profunda y terminé inhalando una bocanada de humo de segunda mano. Me di la vuelta para ver a mi padre escondiéndose y fumando un cigarrillo.

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—¿Papá? —Me descubriste. —Admitió. —Oye, son tus pulmones. —Dije. — Hablé con tu… —se calló, incapaz de decir la palabra—. Declan. Parece ser un buen chico. Debió matarlo al decir eso acerca de un jugador de futbol que no era de Essendon. —Si. Lo es. —Siempre parecía atascado con la prensa y en los juegos. Pero no lo está. —No. No lo está. Papá finalmente notó mi mochila. —¿Ya te vas? Esto fue lo que más hablamos en bastante tiempo, así que de repente me encontré con menos ganas de irme. — Estaba pensando en eso. —No han servido el pastel. Y o tu hermano o tu madre harán algún tipo de discurso que nos avergonzará a todos. —Una razón más para irme, entonces. —¿Por qué crees que me oculto aquí afuera? —mi padre rió y luego empezó a toser. Con mucho tacto evité la lección de fumar, y pude sentir que estaba agradecido por eso. —¿Y por qué tus amigos no se van contigo? —preguntó. —No creo que sepan que me iba. Solo necesitaba salir. —¿Por qué?

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—Algunos de los amigos idiotas de Tim. —¿Qué dijeron? —papá se levantó inmediatamente, listo para ir a mi defensa. Es gracioso cómo la familia puede ser tan graciosa respecto a algo ellos mismos, pero si alguien más lo demostraba tenían su caspa. —Nada, realmente. Simplemente no estaba de ánimo para oír esas tonterías. —Suenas agitado. Tú no eres así. —Bueno, Declan está ahí adentro y todos están alrededor de él, lo que está bien. Pero yo juego limpio, así que ellos piensan que pueden preguntarme todas las cosas que les da miedo preguntarle. —¿Como qué? Suspiré. No sabía si papá entendería. —Ellos simplemente me preguntaron si era la mujer. Mi papá estaba en silencio. Limpió su garganta. —Ah, ¿lo eres? No pude creer que él hizo exactamente lo mismo. Mi papá era usualmente brusco, pero muy inteligente. Hubiera pensado que él lo supiera. —Si, papá. Soy la mujer. Cuando vamos a casa le paso a Declan su pipa y sus pantuflas, me pongo el delantal y hago galletas para que lleve al entrenamiento del día siguiente. —Solo hago una genuinamente perplejo.

pregunta.

—Dijo

papá,

sonando

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—Y es una tonta. Soy un hombre, y él es un hombre. Somos gay porque nos gustan los hombres. Ninguno de nosotros es ―la mujer‖. Fue lo que más le he dicho al respecto del asunto desde que salí del closet. Al menos no utilicé la palabra ―pene‖. Pero no tuve oportunidad de escuchar cuál hubiera sido su respuesta, porque Fran salió de la casa. —Ahí estás —dijo—. ¿Qué sucede? —¿Puedes ir y conseguir a Declan por mí? —pregunté—. Me voy. —Roger ya está haciendo eso. —Contestó, queriendo preguntarme más pero siendo restringida por la presencia de mi padre.

493

—Nos vemos, papá. —Dije casualmente.

Sean

—Adiós, hijo. —Respondió, igualmente casual.

Kennedy

Empecé a caminar hacia la calle a donde Declan había aparcado su coche. Sabía que pasaría un momento antes que Declan y Roger salieran de la casa y luego se despidieran de mi padre, al ser infinitamente más educados que yo. Y me encontré pensando en el padre de Declan, y en su ataque al corazón y cómo fui un tonto al dejarlo al saber que estábamos mal, porque, ¿cómo me sentiría si algo le pasara? Pero mis ojos se punzaron, y mi garganta estaba adolorida, las marcas de alguien de mal genio tratando de mantenerlo todo por dentro. Me recosté contra el SUV de Dec y esperé a que se me unieran.


—¿ME VAS a decir qué sucede? —Dec murmuró. Acabábamos de dejar a Fran y Roger en su casa. Le había dado a Fran un resumen cuando se me había unido en el coche, pero desde entonces había estado bastante callado. Declan se quitó la camiseta, y como siempre no pude evitar mirarlo, contento porque incluso luego de meses de salir con él aun podía tener el mismo efecto en mí. Y enfurézcanse conmigo al tener a este caliente, amable, gracioso, paciente e inteligente hombre esperando a ser parte de mi vida, aún me obsesionara por personas que realmente no deberían producir algún sonido en mi radar. —¿Fue la fiesta? —Declan continuó, quitando la cubierta de la cama y saltando a ella—. Pensaba que estuvo bien. No pude evitar bufar burlonamente. —Por supuesto que lo fue. Para ti. —¿Qué? —Todos estaban admirados por ti. No se atreverían a decirte nada. Molesto con el hecho de que había dejado sus pantalones y camiseta tirados en el suelo, los recogí y los dejé encima de la cómoda, aunque siempre fui culpable de hacer la misma cosa. Él se rascó. —¿Supongo que alguien te dijo algo? —Algunas cosas. —¿Puedes dejar de hacer eso y venir a la cama?

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Puse mi ropa sobre la suya y lo hice. Declan intentó enroscarme, pero yo permanecí rígido. —¿Qué te dijeron? —Nada —murmuré—. No quiero hablar de eso. —Si, pues, no me gusta que estés molesto con algo y no me lo digas. —Simplemente, llegaron a mí, y odio que lo hubieran hecho. —¿Cómo lo hicieron? —Al insinuar que porque futbolista, yo debo ser la mujer.

tu eres el

gran hombre

Él respiró profundamente e intentó sin éxito, acercarme a él de nuevo. —La gente puede ser muy idiota. —No lo entienden supongo. —No deberías molestarte, Simon. —Sé que no debería. Pero aun así lo hice. Por lo que haces, es como si tuvieras un pase libre. —No tengo un pase libre. —Declan dijo fuertemente. —Sabes a qué me refiero. Ves, es por esto por lo que no quería hablar al respecto. —Simon… —murmuró. Finalmente me dejé relajar contra su cuerpo.

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—Tú eres mi hombre, Simon. —¿Si? —Tú lo sabes, yo lo sé. El resto puede irse al infierno. Calmado, cerré mis ojos. El sueño llegó rápidamente. EN ALGÚN punto durante la noche me agité despertándome y me di cuenta por su respiración que Declan también lo estaba. —¿Qué sucede? —pregunté atontado. —Solo pensando. —Respondió, sonando más alerta que yo. —¿Sobre? —Todo. —Eso no suena bien. —Bueno, más específicamente pensando en ti conociendo a mi familia, ahora que conocí a la tuya. —¿Debería estar preocupado? —No lo creo. Quiero decir, podrían darte algo de mierda, pero no significaría nada con ello. —Entonces por qué estás tan despierto, ¿pensando en ello? —Porque sí. Bostecé. —Tiene sentido. —Me di la vuelta para verlo a la cara y dejé caer mi brazo contra su cadera—. ¿Alguna vez

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deseaste intercambiar con ellos? —¿Intercambiar qué? —Vidas. —¿Como Freaky Friday81? —Como la versión de Jodie Foster, si. —No. Me gusta mi vida. Cada cual tiene sus problemas. —A veces parece que los problemas de otros no son lo que parecen. —Todo es relativo. —Contestó Declan—. No puedes evadir el dolor de otro tan fácilmente. —Supongo. —¿Me estás diciendo que quisieras cambiar vidas con Tim? Encogí mis hombros. —No. Pero no puedo evitar pensarlo a veces. —¿Tú? Tragué fuertemente, encontrándolo difícil admitir lo que diría después. —Es solo que a veces envidio a Tim. —¿Y no crees que te envidia a veces? —Déjalo ir. —En serio. Él te miraría y vería a un universitario, trabajando en un puesto con mucha responsabilidad, en los 81

Fue una película, bueno dos. Una de 1976 (De la que habla Simon) Con Jodie Foster y Otra con Lindsay Lohan en el 2003. Básicamente se trata de una hija y su madre discutiendo y cambiando de cuerpos para entenderse. Es graciosa, al menos la reciente.

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medios… para él, tú eres probablemente un chico súper seguro que consigue todo lo que quiere en la vida. Y ahora tienes el caliente novio celebridad… Sacudí mi cabeza. —Ahora, en serio, deja de decirlo. Él rió. —Solo digo que puede ir en ambos sentidos. ¿Por qué lo envidias? Suspiré. —Porque él sabe lo que quiere, y nunca parece cuestionarlo. Es como si siempre supiera qué estaba destinado a hacer, y simplemente lo hace. Y ahora está a punto de casarse y tarde o temprano saldrán hijos… —¿Así que es el sueño tradicional lo que quieres? —No —repliqué. Luego mordí mi labio— de pronto, bueno, la idea cruza mi mente de vez en cuando. ¿No te pasa igual? —Por supuesto. Siempre pienso en el futuro. —Pero no es tan fácil con nosotros. —Lo que explica probablemente por qué a ti no te gusta pensar en el futuro. —Es bastante espantoso tratar con tu vida diaria sin dejar de considerar la grandeza del futuro. —No hay nada que diga que no podamos tener ese tipo de vida. Solo que vendrá de forma diferente. —¿Qué tanto lo piensas? —Pregunté. —Tanto como cualquier otra persona lo hace. —¿Una casa en los suburbios? ¿Los hijos?

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—Si. —¿Conmigo? —No, con el chico con quien voy a cambiarte. Bostecé, con el sueño queriendo llevarme de nuevo. — ¿Piensas en cómo ocurrirá? —Los sueños no deberían pensarse con logística. Ahí es cuando piensas demasiado. —Alguien tiene que hacerlo en una relación. Por ejemplo, ¿cómo tendremos hijos? ¿Acaso tú y Jess entran en un acuerdo donde tiene un hijo para nosotros y otro para ella? — Perdido en intentar imaginarme ese arreglo, continué—. Pero entonces si ella usa tus soldados, eso significa que los chicos se separan, lo que no es justo para ellos. Complaciéndome, Declan sonrió. —Entonces usaremos tus soldados. —Es el mismo problema. O para asegurarnos en tener un hijo parecido a los dos, de pronto mi hermana podría darnos un hijo. —Ahora si me estás asustando. —Ves, por eso deberías pensarlo día a día. —Me has convencido por ahora. —Supongo que podríamos comprar un bebé. Declan hizo una mueca e intentó no reírse. —Me alegra que nunca digas esto en tus entrevistas. —¿Qué?

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—Pues, tu humor es muy selectivo. —Es lo que muchas celebridades o gente adinerada hace, ¿no es así? Podríamos comprar un pequeño niñito africano y llamarlo Senze-tonguecluck-niña. —¡Simon, cállate! —Declan ahora sostenía su estómago. Dejé descansar una de mis manos sobre la suya y susurré. —Me gustaría tener una familia contigo un día. Un día muy, muy lejos. Mucho, bastante, lejos. Pero un día. —Entendido. —Dijo Declan—. Pero, es bueno escucharlo. También me sonaba bien.

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Capítulo 24 —Estoy en la quinta ronda ahora. —Nyssa se quejó, teniendo que gritar un poco para ser escuchada sobre el ruido de la música mientras que nos sentábamos en el cuarto trasero del Napier—. Me gustaba más Simon cuando estaba desesperado y sin cita. Le lancé un posavasos, y gritó cuando la golpeó en la frente. —Para tu información, —le conté— nunca estuve desesperado y sin citas. Tú querías inclusive tener una cita para no estar desesperado y sin pareja. —Tú lo querías. —Fran me acusó—. ese entonces.

Tú no lo sabías en

—Tonterías. —Respondí brillantemente. —Ella tiene razón. —Roger dijo desesperado. —Por supuesto que estarías de acuerdo con ella. —Tengo que hacerlo. Lo escribió en nuestros votos. Él recibió un puño en el brazo de parte de su clemente esposa por esa. —Aww. De todas maneras, podemos decir que lo querías por lo rápido que te acomodaste en la felicidad en pareja. —No estoy hundido en la felicidad de pareja. —Mentí.

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Los tres cacarearon y abuchearon en una ininteligible cacofonía. —¿Qué eres entonces? —Preguntó Nyssa. —Soy ahora… muy feliz. —Sonreí. Roger hizo sonidos agitados. El posavasos que le había lanzado a Nyssa ahora había regresado a mí como un boomerang al final de mi nariz, y la froté con un aire de herido. Mientras que los otros continuaban burlándose de mí, me abalancé un poco sobre mi silla para ver a dónde se había ido Declan. Como lo sospechaba, estaba encerrado en la barra con fans rodeándolo. Tenía su rostro público de decencia puesto aunque intentaba hacer malabares para llevarse cinco cervezas y un paquete de patatas fritas. —¿Crees que necesita una mano? —Fran preguntó, muy cómoda como para ponerse de pie. Con pereza meneé mi mano. —Nah, está con su adorado público. Solo dañaríamos su estilo. Era algo a lo que me tenía que acostumbrar; ser la invisible mitad una semi-pública pareja. Yo sé, tocar los violines, ¿no es cierto? No era que me importara; no quería publicidad propia para mí, pero no disfrutaba ser empujado a un lado en cualquier momento que cualquier desconocido pusiera a Declan como objetivo y lo adulara hasta que tuviera su autógrafo o hiciera algún comentario acerca de su carrera, el cual ya habría escuchado miles de veces antes. De alguna manera, era gratificante que Declan aliviara sus miedos ahora

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que el público generalmente lo aceptaba. Simplemente estaba contento por que se mantuviera fuera del internet; estaba aprendiendo a mantenerme alejado de ciertos foros. —Lo siento por eso. —Dijo Declan, deslizándose de regreso a su asiento. Las cervezas chapotearon un poco contra la mesa y mojó el paquete de patatas. Fran lo recogió con desagrado antes de limpiar la envoltura y abrirla para todos. —La cerveza probablemente esté ya caliente, amigo. — Roger le reprendió. —Ponla afuera por tres minutos, estará bien. —Declan respondió. —La tomaré como venga. —Dije, alcanzando mi botella. —¿No es eso lo que dicen de ti en la prensa? —Roger preguntó inocentemente. Todos lo miramos, y él tomó un trago nervioso de su cerveza. Declan sacudió su cabeza y me sonrió. Las cosas estaban muy bien en el momento. Aunque Nyssa y yo trabajáramos a todo vapor al momento, y tuviéramos que acomodar a nuestras familias y amigos a nuestro horario en pequeñas ráfagas, estaba agradecido porque tenía a Declan para que me pasara un café en las mañanas y le diera de comer a Maggie cuando no llegaba a casa a tiempo. Desafortunadamente también significaba que tenía muy poco tiempo para él. Pero por suerte estaríamos de regreso juntos dentro de un par de semanas al empezar el festival mañana en la noche y la experiencia previa me había

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enseñado que elaboración.

todo

pasaría

rápidamente

luego

de

la

—¿Has sabido algo de tus padres? —preguntó Fran. —Tú sabes que mis padres nunca han creído en el concepto de RSVP82. —Le recordé. Le había enviado a mamá y a papá una invitación para la noche de apertura. Los llamé durante la semana y me enteré que papá aparentemente estaba molesto por la manera en como me había ―enfurecido‖ en la fiesta y cómo aparentemente lo había insultado igualmente. Había intentado explicarle a ella cómo me había molestado y le había dado los detalles de nuestra conversación. Mamá no fue simpática. —Él te hizo una pregunta. —Dijo.

504

—Fue una pregunta tonta. —¿Cómo preguntan?

la

gente

se

supone

que

sepa

si

nunca

Ella me tuvo ahí. Pero no había entendido si le hubiera intentado decir que luego de una vida de recibir acusaciones deshonrosas posando como preguntas inocentes, a veces era difícil decir cuándo alguien lo dice de buena fe -aunque dicho de mala gana-. De pronto debí decirle eso, pues después de todo, ¿cómo se supone que las personas sepan? Pero estaba cansado y no estaba preparado para tener una conversación profunda y significativa cuando estaba sobreviviendo con cuatro horas de

82

Para los que desconocen este concepto significa, traducido del francés al español “Responda por favor”. Es una forma cortés de pedirle a un invitado que avise su asistencia al evento al que fue invitado.

Sean Kennedy


sueño por noche. Y no por una agradable y divertida razón como ser distraído por Declan. Así que en vez de eso les envié la invitación, esperando que les demostrara que no había malos sentimientos y que entendieran que era con las mejores intenciones. Y como le dije a Roger, mis padres nunca respondían a RSVPs. —Podrías simplemente llamarlos. —Dijo Fran. Declan mantuvo sus manos arriba haciendo el símbolo internacional de reconocimiento de pues sí, eso sería lo más obvio por hacer, pero esa no es la manera cómo el tonto de mi novio hace las cosas. Fran lo entendió y sonrió. —La pelota está en su cancha83. —Dije brevemente. —―La pelota está en su cancha‖ —Roger hizo la mímica—. ¿Dónde he escuchado eso antes? Lo ignoré comiéndome una patata frita. —Pobre bebé. —Dijo Declan dulcemente—. ¿Estamos todos conspirando en tu contra? —Déjenme en paz. —Le dije. —El señor congenialidad ataca de nuevo. —Dijo Nyssa—. Hablando de cosas, jefe, ¿no es hora de regresar al trabajo? Desafortunadamente lo era. —No te preocupes, cuidaremos a tu chico. —Me dijo Fran. —Él puede cuidarse solo. —Dije. Con la fuerza del hábito, me encontré inclinándome por un beso, y luego recordé 83

Esta expresión significa que es hora de actuar: refiriéndose al tenis como base de la frase, cuando está en tu lado de la cancha es tu turno de golpear la pelota.

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dónde estaba y me alejé. Declan me agarró por la cremallera de mi chaqueta y me estiró de regreso por un pico en mis labios. —Idiota. —Murmuró él. Nadie parecía darse cuenta; nuestra usual esquina era algo oscura. Sacudí mi cabeza suavemente y dije: —Te llamaré cuando esté de camino a casa. Roger y Fran me miraron sombríamente. —Adiós. — Dijeron al mismo tiempo, incómodos. Nyssa y yo salimos de mala gana del calor del bar y caminamos a la calle Napier, acercándonos a mi coche. He caído en el hábito de conducir hasta el trabajo desde que el bombardeo de los medios había empezado, y aunque ya había acabado, mi dependencia en el carro y la pereza pura había me habían ganado. Además, simplemente no me sentía tan anónimo en el transporte público como antes. —¿Qué fue todo eso? —preguntó Nyssa, poniéndose sus guantes mientras caminábamos por el ligero aire nocturno. —¿Qué? —Tú sabes qué. —Nyssa colocó sus manos envueltas por sus guantes en sus bolsillos; era tal el frío. —No es nada. —Nunca supe que fueras tan gracioso al salir en público con alguien antes. —Si, pues, nunca salí con alguien que saliera con su propia oficina de prensa tampoco.

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—Pues, Declan se veía cómodo al respecto. Se hacía más silencioso al alejarnos del bar, y bajé mi tono de acuerdo a la distancia. —Declan no entiende la inmensidad que tiene. Es solo que es muy nuevo para él. —¿Qué es tan nuevo? Deja de ser tan incierto. —Estar fuera del closet. Es diferente para él que para el resto de nosotros. Habíamos llegado hasta el coche; Nyssa caminó hasta el lado del pasajero y pasó sus brazos sobre el techo mientras esperaba a que abriera las puertas. —¿Qué, tiene algún pase especial? —Más o menos. —Suspiré y le quité el seguro a mi puerta. Entrando, me incliné y dejé que Nyssa entrara. Puse las llaves en la encendido, pero no encendí el auto. —Él es una celebridad, Nyssa. La gente lo trata de manera diferente. Le tienen temor. Podrá recibir bromas suaves pero no recibe la otra mierda. —¿Luego no se apareció en la oficina con los efectos de alguna broma suave en su rostro? —Señaló Nyssa. Tuvo razón en eso. Era muy difícil de explicarlo a quienes no lo vivían. —Para mí, Declan lo está manejando muy bien, y tú eres él que actúa como si quisieras regresar al closet. Encendí la ignición y puse el coche en marcha. —Cállate con tu percepción y tus interesantes juicios. Tenemos un festival que organizar. INTENTÉ NO despertar a Declan al arrastrarme dentro de

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la cama en altas horas de la mañana. Él se movió de todas maneras y gimió mientras de daba la vuelta para encender la lámpara de banquero. —Vuelve a dormir. —Le dije. —¿Por qué no quisiste besarme? —me preguntó. Directo y al grano. —Dec, estoy exhausto. —¿Esa es tu razón? —Te besaré ahora, si quieres. Él cerró sus ojos, y yo esperaba que se quedara dormido. Pero sus ojos se abrieron de una, ahora con claridad y en penetrantemente alerta. —No intentes el acto tierno, incluso cuando lo haces muy bien. —¿Soy tierno? —encendí la sonrisa tímida para él.

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—Dije que podría ser. —Gruñó

Sean

—Está bien. —Era un acto ajetreado, de todos modos.

Kennedy

—¿Entonces qué fue eso? Él permaneció apoyado sobre la almohada mientras me colocaba a su lado. —Es solo que debes tener más cuidado, eso es todo. Aun te estás… ajustando. Existen reglas para la conducta pública. —Ah, —Declan chasqueó sus dedos sarcásticamente—. No lo sabía, porque no me entregaron el manual cuando salí del closet. ¿Hay algún número donde pueda llamar para que me manden una copia?


—Es como los gatos y la caza. Es intuitivo. —¿Así que me estás llamando gato piojoso? Intenté no sonreír en esta lamentable analogía que había iniciado. —Si, estás perdiendo algún tipo de cromosoma generacional. —En caso que no te hayas dado cuenta, Simon, es como si tuviera un letrero invisible en mi cabeza anunciando mi sexualidad. No siento que como si tuviera que ocultarlo nunca más. ¿Joder, por qué no puedo despedir a mi novio con un beso, como cualquier otro chico haría con su novia? —¡Porque no es seguro! Tienes que elegir tus momentos. —¿No te sentiste seguro en el Napier? Suspiré. —No cuando estoy saliendo a una calle oscura con solo Nyssa para protegerme. Sabes, Los Ángeles de Charlie: Al límite84 puede que sea una de sus películas favoritas, pero realmente no creo que puede pelear como Drew Barrymore si se diera la oportunidad. —Eso quizás sea lo más gay que te he escuchado decir. —No, lo más gay que probablemente me has escuchado decir es ooh Declan, sii, sii. Declan intentó no reír. —¡Deja el acto tierno! Le di la naturalmente.

84

mi

sonrisa

más

tierna.

—Pero

me

Famosa película en continuación de la primera parte de los Ángeles de Charlie, protagonizada por Cameron Diaz, Lucy Liu y Drew Barrymore.

sale

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Trazó sus manos hacia mi lado, deteniéndolas en el dobladillo de mis bóxer. —Ok, lo entiendo. Hay un momento y lugar. —Odio pensar de esta manera, sabes Algo de preocupación cruzó por sus ojos. —¿Alguna vez te han…? —No. Pero siempre sabes de alguien a quien le haya pasado. Eso sucede. Dios, Dec, ya te ha pasado a ti. Supongo que me da más miedo a mí de lo que realmente me estremece. Me dio un beso. —Oye, fue diferente conmigo. —Si, era alguien a quien tú conocías. —No creo que tenga que ver conmigo siendo gay, pienso. Creo que tenía que ver más con traicionar a Jess. —No importa. ¿Crees que no me preocuparé cuando regreses al campo de juego el año entrante? —Oye. —Dijo gentilmente—. Estás olvidando que tengo dieciocho chicos más para apoyarme si algo sucede. —Supongo que eso es algo. —Sabes, siempre puedo llamarlos para que te escolten a tu coche la próxima vez que sea tan estúpido como para besarte en un bar lleno de gente. —Buenas noches, Declan. —Dije malhumorado. Pero pienso que me quedé dormido con una sonrisa en mi rostro.

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—Nos encontraremos con Abe y Lisa allí, ¿verdad? —Sip. Ellos van a tomar un taxi. Lo mismo Roger y Fran. Caminé hacia la habitación, fresco después de cepillarme los dientes. Declan se veía resplandeciente en una camiseta rojo profundo y pantalones negros. —¿Me veo suficientemente respetable como el compañero del director del festival? —Preguntó Declan. —Todo eso y un paquete de patatas fritas. —Dije aprobandolo—. Ese rojo se verá bien frente a las cámaras. Especialmente la de Alice Provotna. —Mierda, ¿debería cambiarme? —Nop —Veo que llevas el mismo uniforme. —Dijo secamente. Estaba totalmente de negro, aunque tenía puesta una camiseta de manga corta sobre mi camisa. —Hay color por detrás. —Le dije.

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Declan miró alrededor y sacudió su cabeza al mirar el estampado de Patty Hearst85. —¿Intentas hacer una declaración? —Si. Las chicas con armas son calientes. —Que bien. —Pero no tan calientes como tú. —No te pongas juguetón. No podemos llegar tarde. —Jodido aguafiestas. —Lo golpeé en el pecho, y se acarició con un aire de herido—. Sabes que no necesitas llegar tan temprano, te vas a aburrir por todas las cosas de último minuto que Nyssa y yo tenemos que hacer. —¿Qué clase de compañero de apoyo sería si no llego contigo? —preguntó burlonamente—. Además, tú me retaste. —Ah, es verdad. —Me burlé—. Vamos entonces. El conductor del taxi estaba emocionado por tener a Declan Tyler en su coche, así que habló con él todo el trayecto a la ciudad, y yo me quedé sentado mirando por la ventana, dejando que la charla de estadísticas y heridas, fuera un zumbido de fondo. —Parecía agradable. —Dijo Declan al bajarnos cerca de la Estación de la calle Flinders—. También dijo que no le importaba que fuera ―uno de esos homosexuales‖. —¿Lo hizo? —pregunté.

85

Para los que no la conocen fue la hija de un político estadounidense, que fue secuestrada y durante este secuestro se unió a sus secuestradores. Ellos eran izquierdistas con ideales parecidos a los del Ché Guevara. Eventualmente fue encarcelada por robar un banco. La estampa que lleva Simon es una imagen de ella con un rifle, que se podrá encontrar en Wikipedia en inglés.

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—Sabía que no ponías atención, porque no te ofendiste de repente. —Debí estar distraído por los palitos de queso. Declan resopló. —¿Qué dijiste? —¿Le agradecí? —¿Qué? —¿Qué más iba a decir? —Espero que no esperes una propina. Declan me agarró por el brazo al estar a punto de poner un paso al frente del tranvía. —Pude haberlo logrado. —Tonto, Yo no podría haber hecho eso, y soy un atleta profesional. Discutimos de buena manera acercándonos a las escaleras al frente de la plaza Federación, donde el Centro Australiano para la Imagen Movible86 nos permitió agraciadamente tener nuestra noche de apertura en una de sus galerías subterráneas. Nyssa estaba esperándonos, sentada en las escaleras que llevaban al lobby. —Los escuché a los dos desde un kilómetro de distancia. —Simon está nervioso. —Le dijo Declan. 86

Australian Center for the Moving Image o ACMI es un centro cultural en Melbourne dedicado a las artes cinematográficas del Estado de Victoria, de Australia y en general del Mundo.

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—Siempre lo está en las noches de apertura. —No, no lo estoy. —Protesté. —Está malhumorado… —continuó Declan, y luego sonrió— . Gruñón. Así es como puedes decirlo. —¿Ya llegó el vino? —le pregunté a Nyssa. —¿Ya vas a empezar? —preguntó ella. —Estoy haciendo una lista de chequeo. —Protesté—. Aunque creo que deberíamos todos tomar una copa solo para acomodarnos. Declan resopló de nuevo. —¿El catering87? —le pregunté a Nyssa, ignorándolo. —Alistándose. —¿Los operadores de cine? —En camino. —Yo estoy aquí también. A esta fuerte y nueva voz todos volteamos a mirar para ver a Alice Provotna parada detrás de nosotros, con su maleta para la cámara colgada de su hombro y su boca puesta en una austera línea imponiendo con una boina estilo cliché en su cabeza. —Hey, Alice. —Dije.

87

Para los que desconocen éste término, hace referencia a los banquetes, buffets, servicios de bar y comidas en eventos sociales.

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—Declan. —Dijo ella, dándome el más helado cabeceo asintiendo antes de enfocarse en el verdadero objeto de su atención—. ¿Tendrás tiempo más tarde para una entrevista personal? Nyssa y yo inmediatamente miramos a otro lado para que no nos muriéramos de la risa. —Ah, claro. —Dijo Declan. Se volteó hacia mí—. ¿Dijiste algo sobre vino? LISA me dio una abrazo de oso al mismo tiempo que Abe y yo chocamos puños en lo que fue la menor muestra de multitareas. —¿Llegamos muy temprano? —Preguntó Lisa. —No. —Dije mientras que la luz montada sobre la cámara de Alice me golpeó en el rostro. Lisa y Abe miraron a la mujer invadiendo nuestro espacio personal con una curiosidad recatada. —¿No vamos a terminar en un tonto detrás de cámaras, verdad? —preguntó Abe. —¿Estás insultando mi trabajo? —preguntó Alice, su voz alzándose hasta un tono casi histérico que toman al autoproclamarse genios, cuando su arte está siendo cuestionado. —No, no, para nada. —Abe respondió rápidamente. —Bien. —Dijo, y se alejó. —Waw,

ella

es…

interesante.

—Abe

murmuró,

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apareciendo algo pisoteado. —Abe, —dijo un hombre joven, acercándosele—. Frank Jason, del The Age. ¿Puedo tomarte una foto con Declan? Abe asintió, y ellos desaparecieron entre la multitud. Aun sujetándome, Lisa me dio una pequeña sonrisa. — Bienvenido al mundo de las nov… parejas de los jugadores de fútbol. Hizo un pequeño puerro que nos hizo reír. —Lo siento. —Dijo Lisa. —Para nada. —Contesté—. Así que así es como se siente ¿hah? —Ah, probablemente nos agarrarán en algún punto para asegurarse que tengan una foto de nosotros juntos. Me sorprende que no te hayan puesto a ti y a Declan a posar, son los queridos por los medios del momento. —Contra tu voluntad. Lisa asintió. —Si, pero siempre tendrán un poco de caché. —Quieres decir el factor de raro. Me golpeó en la cabeza. —¡Aww! —Merecías eso. —Me regañó. Nos dimos cuenta de la presencia de Alice otra vez. —¿Tú no grabaste eso? —le pregunté con una sensación de hundimiento.

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—Por supuesto. —Alice contestó lacónicamente. Gruñí, pensando cómo mi familia probablemente le encantaría rebobinarlo una y otra vez la escena donde me golpean en la cabeza. —Por supuesto que lo hiciste. Satisfecha, Alice se escabulló de nuevo. —En serio, ella es como Nosferatu. —Encogí mis hombros. Lisa rió, y estaba contento al ver a Roger empujando a su paso por la multitud. Lo abracé con felicidad, y él me preguntó que si ya estaba borracho. —Solo de felicidad. —Entonces deberías sentirte bien de que Fran está de tras de mí con tus padres.

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—¿Ellos vinieron? —pregunté.

Sean

Roger asintió. —Ah, mierda, no vas a llorar, ¿no es así?

Kennedy

Con los ojos secos, lo golpeé. —¿Estás borracho? Aunque estoy algo conmovido. —Tú me lo dices. —Lisa y Roger murmuraron al mismo tiempo. Ellos se rieron de su propio ingenio, y los dejé en eso. Fran aun estaba luchando entre el lleno auditorio, agarrando una copa de vino por su vida. Ella protestó al arrebatársela y le di un saludable movimiento, pero la necesitaba para fortalecerme. —Habéis venido.


—¿Por qué no lo haríamos? —preguntó mamá. —Bueno, no lo sé, porque no respondieron a mi RSVP. — Le recordé. Ella se inclinó para besarme en la mejilla. —Nadie hace ya eso en estos días, querido. —Qué gracioso, todos los demás aquí lo hicieron, — murmuré mientras le ofrecía mi mano a papá para estrecharla—. Hola papá. —Gran público. —Dijo papá aprobándolo. —Si. —Fue mi sensacional y brillante respuesta—. Bueno, es más grande que el año pasado, al menos. Eso es siempre algo bueno. —Vamos por una bebida, querido. —Mamá le dijo a papá, y se fueron en busca de un bar. —¿Aun sigues viendo ese documental del caníbal que se volvió un pintor famoso? —preguntó Fran. —Si, ¿por qué? —Solo me estoy asegurando de tener asientos junto a tus padres para que pueda ver su reacción. —Toma fotos, solo en caso que me lo pierda. Fuimos en busca de nuestras varias parejas. Y, por supuesto, más alcohol. DECLAN y yo tuvimos que sufrir por lo que parecía miles de fotos que tomaron de nosotros y de Nyssa y tartamudeé

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durante los discursos de la noche de apertura que tuvimos que hacer antes que el público finalmente se arrastrara dentro del teatro para ver las proyecciones de estreno. Agradecido por que las introducciones entre los cortometrajes serían manejados por los presentadores invitados, Nyssa y yo decidimos ir al hall y probar nuestro éxito. Pronto se unieron nuestros amigos, y encontramos una esquina oscura dónde ocultarnos, aunque el siempre presente aparato de comunicación tenía que presentarse sobre la mesa en caso que uno de los asistentes se le presentara una emergencia. —Una noche terminada. ¡Quedan doce más!

—Anuncié

con

grandeza—.

Chocamos nuestras copas, juntos, y luego como búhos, parpadeamos confundidos al darnos cuenta que uno de los fotógrafos de diarios nos había emboscado. —Eso me recuerda, —Declan murmuró mientras intentaba recobrar el sentido de lo que me rodeaba— tu pequeño amigo me arrinconó hace un momento. Solo que no pude decírtelo antes. —¿Quién? —Jasper Brunswick. —¡Ese bastardo! —Siseé— no lo vi, solo pensé que tendría suerte y que no había aparecido por aqui. —No, él está aquí. Nos arrinconó a Abe y a mí y quería obtener una cita de mi parte. —¿Ese chico? —preguntó Abe—. Ah, si, eso fue genial. —¿No dijiste nada, verdad? —Le pregunté a Declan.

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—Ni una palabra —Eres muy astuto. —Y si sigues bebiendo, tendré que llevarte cargando hasta el taxi. —¿Harás eso? —¡Joder, no! ¡Cambia a una Coca-Cola! Empecé a protestar, y Abe nos divirtió con una historia de cómo Declan tuvo que cargarlo del Casino Crown hasta la línea del tranvía de St. Kilda para poder llevarlo hasta la casa de Lisa luego de perder un juego la temporada pasada. El comunicador sonó reviviendo. —¿Simon? Lo recogí. —¿Si, Bron? —Estamos en los últimos diez minutos, así que el entreacto se acerca. Le agradecí y les alerté a las personas del catering para que empezaran a servir bebidas. La multitud surgió del teatro, y estábamos ahogados en el ruido blanco del alboroto. Mamá y papá se me acercaron, y pude ver por sus expresiones que habían tenido suficiente del cine avanzado del año. —Tu papá está cansado, amor. —Mamá mintió dulcemente—. Es suficiente por esta noche. Somos viejos, ya sabes. —Gracias por venir. —Les dije, y de hecho estaba agradecido. Mamá me dio un beso rápido, y estreché la mano

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de papá; me di la vuelta para verlos irse y vi a Declan llevándolos a la puerta. Conversaron cómodamente juntos; de hecho, Declan parecía más el hijo que yo, con la tranquilidad que mostraba junto a ellos. Declan rió, estrechó la mano de mi padre y me tuvo a la vista. —Eres un muy buen yerno. —Le dije mientras se me unía. —Tengo que ayudarte. —Se me lanzó de nuevo. Dimos la vuelta para regresar a la mesa que nuestra multitud había adaptado y terminamos justo frente a Jasper Brunswick. No había escapatoria, aunque busqué una. —Tenemos que dejar de tropezarnos entre nosotros, Declan. —Jasper ronroneó. —Ah, debes estar jodiéndome. —Dije. Jasper reconoció mi presencia al rodar sus ojos. —Simon. Sentí que Declan tomó mi codo, un aviso para mantener mi compostura. —¿Disfrutando los filmes, Jasper? —preguntó Declan preguntó decentemente. —Parece que la calidad se desvanece cada año. — Respondió Jasper—. No me pregunto si te desesperas más por patrocinio, Simon. El agarre de Declan en mi codo se incrementó, e hice un sonido no comprometedor al agarrar otra copa de vino del plato que pasaba en manos de un mesero. —Yo sé que ustedes dos sienten que tienen razones para culparme por algo de la prensa que han tenido, —continuó

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Jasper—. Especialmente tú, Simon. No he olvidado lo grosero que fuiste por el teléfono, pero por suerte no sostengo rencores. Me preguntaba por qué, con la fuerza de sus dedos, Declan no trituraba las pelotas de fútbol cuando agarraba una en el campo de juego. Seguro tendría moretones en la mañana. Jasper decidió apelar directamente a Declan al ser implacable. —No tengo nada que ver con tu salida del closet. No expongo a la gente. ¿Sabes por cuánto tiempo sabía de ti antes de escribirlo? La boca de Declan permaneció en silencio.

estaba

cerrada

firmemente,

y

—Creo recordar cuando dijiste que él juega justo. —No pude resistir recordarle. —Todo lo que quiero es una entrevista. —Jasper admitió. —Ya he hecho entrevistas. —Declan dijo firmemente—. Hay algo que se llama sobre-exposición. —No estás cerca de la sobre-exposición. —Jasper le aseguró, y traté de analizar su última frase por alguna posible suciedad intencional. —Precisamente porque no estoy haciendo entrevistas en el momento. —Asintió Declan. —Ustedes dos me lo deben. —No te debemos nada. —Le dije. —No quieren que la prensa local gay tenga una idea

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negativa de vosotros, ¿no es así? —¿Es eso una amenaza? —le pregunté. Jasper rió. —¿Así que el futbolista tiene los sesos de los dos? Si, Simon, es una amenaza. —Ok, Jon, eso es todo. —Escupí—. ¡Fuera! Al oír su verdadero nombre, Jasper hizo una mueca. —Si, claro, como si me fuera a pelear contigo. Yo tampoco quería pelear. Principalmente porque los dos nos veríamos absurdos. —Lo pensaré y te llamaré. —Dijo Declan, empezando a apartarme a un lado antes que pudiera causar algún daño. —¡No, no lo harás! ¡Acabó de insultarte! —discutí mientras me arrastraba a una cabina y se deslizó entrando a mi lado para que no pudiera escapar. —De hecho, él te insultó a ti. —Declan me recordó. —¡No puedes hacer una entrevista con él! —De pronto tenga razón. La prensa local estaría feliz, y los mantendría de nuestro lado. Necesitamos su apoyo. —Creo que estamos muy bien. Declan suspiró. —Si, por el momento. Necesitamos pensar a largo plazo. —Esta no es una temporada deportiva. No puedes pensar en tanto por delante. —Deberíamos. —Encogió sus hombros.

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Empecé a rasgar un posavasos y puse los pedazos en el cenicero que tenía al frente. —No me gusta que piense que ha ganado. —Dios, Simon, deja de actuar como un mocoso. No se trata de ganar. Lo fulminé con la mirada. —Me acabas de llamar mocoso. —Si. Porque te estás comportando como uno. No pude decir más, porque pensé que explotaría y diría algo peor. A pesar de estar enrojecido por el alcohol, aun estaba algo sensible. Declan alcanzó mi mano. —Enfurruñarte no te hará ver menos que un mocoso. Aparte mi mano fuera de la suya. Él suspiró. —¿Sabes qué? —pregunté. —¿Qué? —Hay dos en esta relación. Eso significa que tengo voz y voto en las decisiones que nos afectan. En este momento te estas tomando la voz para tomarlas todas. Su tono fue moderado. —Porque eres a veces un maldito cabeza hueca. Jasper Brunswick podría ser una herramienta, y me agrada tan poco como a ti, pero hay pros y contras en todo. Regresé al método del silencio para evadir una pelea.

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Eso molestó más a Declan. —Está bien, voy por una cerveza. Asentí. Declan se sentó por un momento, el silencio entre nosotros era grueso e incómodo. Luego se puso de pie sin decir nada y fue al bar. La campana sonó por el intervalo, y la gente empezó a regresar al teatro. Declan, con una cerveza en su mano, me miró, pero permanecí sentado. Vi sus hombros hundirse ligeramente, y siguió a todo el mundo. Recogí el comunicador. —¿Bron? Todos están adentro ahora. Puedes empezar el segundo programa. El hall estaba desierto, y ahora que me sentía raro y solo tenía toda la atmósfera del hotel en El Resplandor88. Pero por el momento no me pude mover. NO ESTOY seguro por cuánto tiempo me quedé sentado ahí, pero eventualmente me concentré lo suficiente para que me formara una idea. Coloqué el comunicador en mi bolsillo y me dirigí a la papelería. Una colección de postales de filmes australianos estaban a la venta en el mostrador, y aunque no había nadie que tomara mi dinero a cambio de una, seleccioné una tarjera y dejé dos dólares junto a la caja registradora que estaba cerrada. Era una imagen del hit internacional Babe89, con el cerdito titular parado en el campo, su molesto pero de algún modo, 88

Es una película de horror psicológico de 1980 donde un hombre llega a un hotel con su familia y tiene alucinaciones que le “piden” que mate a esta. 89 Es una película australiana de 1995 sobre un cerdito que hace las veces de perro pastor. Una película muy tierna, para darle algo de ternura al seco de Simon.

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encantador estribillo de la la la saliendo de su boca. Por detrás, escribí con garabatos yo sé que puedo ser un cerdo obstinado, pero por fortuna soy tan bonito como éste, y como él, valgo estar cerca. Conserva esto para que lo recuerdes. Sonriendo por mi propia ternura percibida, detuve a una camarera y le pregunté si podía dársela a Declan. Sería fácil encontrarlo; le había asignado un asiento en la fila de discapacitados para que pudiera estirar sus largas piernas. Ella sonrió al ver la imagen en la tarjeta, pero prometió no leerla. Regresé a la cabina, con una oleada de fatiga invadiéndome. El estreno y las noches finales siempre eran las peores, pero lo bueno era que todo terminaría en dos semanas. Descansé mi cabeza contra el revestimiento de felpa de la cabina y cerré mis ojos. Pude escuchar los sonidos mudos del cine saliendo de las puertas del teatro al abrir los ojos y se redujo al cerrarse de nuevo. —¿Debo tirarte una cubeta? —una voz preguntó. Abrí mis ojos de nuevo y le sonreí a Declan. —Lo siento. De deslizó a mi lado. —Si, yo también. —Oing. —Murmuré. Él rió. —¿He sido un loco controlador últimamente? —No un loco controlador, no. —¿Pero algo parecido? —Oye, ¿sabes qué? No vayamos a eso. Simplemente seamos perfectos juntos de ahora en adelante y la envidia de

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todos nuestros amigos. —Suena bien. —Introdujo su mano en su bolsillo y sacó la postal—. Voy a laminar esto, sabes, para que dure por toda la eternidad. Traté de arrebatársela, pero por supuesto, fue muy rápido. Cedí. —Esa tarjera va a regresar para torturarme. —Eso espero. —Declan rió y me inmovilizó contra la pared de la cabina—. Ah, espera. —Dijo maliciosamente—. ¿Este es un lugar seguro para besarte? —Estamos en un festival de cine de vanguardia. —Le recordé—. El único lugar seguro sería la Calle Oxford durante el Mardi Gras90. Él rió, y sus ojos eran eléctricos a pesar de la atmósfera sorda de la cabina. Enrollé mis brazos alrededor de él y lo aferré mientras nos besábamos. La cabina se inundó de luz al escuchar el sonido de un flash de cámara. Desconcertados, nos volteamos para ver a Jasper Brunswick parado junto a nosotros. —¡Gracias por la exclusiva! —alardeó, y luego salió corriendo antes que pudiéramos desenredarnos de nosotros mismos. —Esa mierda. —Suspiré. Declan topó su cabeza contra mi hombro. — Supongo que eso soluciona ese problema.

90

También llamado Martes de Carnaval. Es una fiesta o carnaval antes del Miércoles de Ceniza en el calendario cristiano. Puede ser también el día de la marcha del orgullo gay. Depende del lugar.

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Quise estar de mal genio, pero la diversión me invadió, en contraste. ¿Cómo podría estar molesto cuando mis brazos estaban llenos de Declan, y estaba donde quería estar? —¿Así que así es nuestra vida? —reflexioné. —¿Muy buena? —Preguntó Declan. En realidad no podía negarlo.

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Capítulo 25 —¿DÓNDE está Declan? Al haberme exprimido la vida fuera de mi cuerpo, me las arreglé para alejarme de Fran y recobrar la respiración suficiente para poder decir: —Está en Hobart. Es una semana de partidos como locales. Y también me agrada verte, Franny. —Oh, ya sabes que eso viene sin decirlo. —Me reprendió por encima de los sonidos de un vuelo proveniente de Nueva Zelanda anunciado en los altavoces. Roger la hizo a un lado para tener su turno conmigo. — Hola, amigo. —¿Dios, eso es un bronceado? —Pregunté en shock. —La cantidad de tiempo que ella me hizo pasar caminando bajo el sol, lo bueno de todo es que no regresé con un melanoma91. —¿Quién es ―ella‖? —Fran protestó—. ¿La mamá de los gaticos? Joder, cómo los había extrañado. Fue la primera Navidad que tuve sin Roger, y aunque piensen que estaría distraído por tener mi primera navidad con Declan, la ausencia de mi mejor amigo fue una llaga. 91

Es un tipo de tumor que cambia el color de áreas de la piel. Se relaciona con el cáncer de piel.

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—Es bueno verlos, chicos. —Dije sinceramente. —Oh Dios, se puso sentimental. —Dijo Fran abrazándome de nuevo. —Solo nos fuimos por diez semanas. —Roger me recordó. —Fueron unas largas ocho semanas. —¿No nos extrañaste durante las primeras dos? —Roger se veía herido. Los labios de Fran cepillaron la línea de mi cabello. —Para alguien que nos extrañó por tanto tiempo, fuiste una mierda manteniéndote en contracto. —Empezó a movernos hacia el carrusel de las maletas. —¡Les mandé defendiéndome.

un

mensaje

de

texto!

—Dije

—Texto —murmuró Fran con desdén. —Creo que hablé más con Dec que contigo. —Dijo Roger. —Si, él es Don Perfecto, ¿no es así? Puedes hacerlo tu mejor amigo. —Alguien está irritado. Suspiré, mirando cómo las maletas empezaban a derramarse sobre las orugas de goma. —Me asaltó la prensa en el parking. Los ojos de Roger se ampliaron. —¿Hubo desorden callejero?

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Fran ocultó su sonrisa tras su mano. —Si, hubo desorden. Por suerte, una linda rubia salió de la nada y los detuvo por mí. —¿Aun los siguen persiguiendo? —preguntó Fran. Encogí mis hombros. —A veces. Y a veces tienen la suerte de vernos en público y en el acto. Pero se ha incrementado por el momento, ahora que ha iniciado la pre-temporada. —Pero Declan no está jugando, ¿verdad? —preguntó Roger. —Eso solo incrementa el interés. —Me quejé—. Todos están como ―cuándo va a jugar‖, ―por qué lo mantienen al margen del campo de juego‖, ―no se ha recuperado de su operación‖, bla, bla, bla… —Estás haciendo de su niñero. —Fran sonrió—. Estoy seguro que se recuperó lo suficiente. —Aunque, tiene mucha mierda con la cual lidiar. —Debiste odiar tener competencia, entonces. —Se rió Roger. Fui a golpearlo, pero fallé cuando se movió a un lado para agarrar una de sus maletas. Fran agarró mi brazo y lo acarició con afecto. —¿Así que cuando veremos su nuevo apartamento? Ellos se habían ido antes que Declan se mudara de forma apropiada. —Ya está hablando de una cena tan pronto como

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esté de regreso de Hobart. —Ya me conoces. —Dijo Fran—. Donde quiera que haya comida, ahí estaré. —¿Alguien dijo comida? —Roger reapareció con una maleta en su mano. —Más vale que haya regalos en eso. —Le advertí. —Podría haber una bola de nieve. —Roger encogió sus hombros. —Así que, ¿de verdad Declan está mejor? —preguntó Fran—. Solo hubo la información que uno puede obtener vía mensaje de texto de tu parte, él estuvo muy reservado al respecto cuando hablaba con él, y no quería creer lo que decian en las redes de internet. Hice una mueca al recordar cuan seguido tuve que ayudarlo a cambiarle los asquerosos y sangrientos vendajes. Incluyendo secar su frente con fiebre y alimentarlo con sopa de pollo. —Lo está logrando. —Dije en un tono bajo, mirando suspicazmente a los otros pasajeros a nuestro alrededor—. Pero la verdadera prueba será cuando entre a un partido. Especialmente porque los demás jugadores no serán fáciles con él. —¿Qué? ¿Por que salió del closet? Encogí mis hombros. —Es el juego. Podría ser un factor, pero… —¡Endurécete o lárgate! —dijo Roger, un poco entusiasta, causando que todos a nuestro alrededor nos vieran.

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Automáticamente me alejé hacia Fran cuando mi paranoia me hizo creer que un centelleo de reconocimiento empezó a registrarse colectivamente en los ojos del grupo. —Si. — Dije—. Eso. —Maldito estúpido juego. —Murmuró Fran. —Simplemente no lo entiendes. —Roger contrarrestó. —¡Ve y busca las maletas! —ordenó, y él se fue a hurtadillas—. Honestamente —volteó su atención hacia mí— ¿y su familia? ¿Cómo están tomándolo todo? —Esto empieza a sentirse como el inicio de uno de esos inicios de programas de televisión. En capítulos anteriores de Simon y Declan… —Dame un descanso. No te he visto por mucho tiempo. Me tienes que contar todo. Y luego me tendrás que contar todo en gran detalle. Esos últimos y pocos meses se habían ido volando en una mancha apenas discernible. Justo cuando Fran y Roger se habían ido y yo me sentía solo, Declan me introdujo a la tenebrosa realidad de sus hermanos sobreprotectores. Todos habían estado impacientes en hacerme saber cuánto les importaba su hermano y cómo era una amenaza a su seguridad y felicidad. —Me amenazaron con enterrarme donde nunca pudiera ser encontrado si le hacía daño a Declan. Fran se burló. —¿Hablaban como el cliché de una canción country todo el tiempo?

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Sonreí. —De hecho son muy simpáticos. Lo aman. —¿Qué no hay para amar? —Cuidado. —Gruñí. —¡Estoy casada! —rió— no muerta. —¿Qué? —Roger preguntó consigo otra maleta detrás de él.

suspicazmente,

llevando

Simplemente sonreímos. —Nada. —Está hablando de qué tan caliente le parece que es Declan, ¿no es así? —demandó Roger—. Claro, ella tiene permitido hacer ese tipo de cosas, pero si yo miro a una chica en una playa italiana entonces, de repente, eres capaz de tener una aventura. —Está exagerando. —Dijo Fran excusándose. —¡Me diste duro en las pelotas! —¡Te golpeé en el mentón! ¡Pareces un bebé! —Fran frunció el ceño—. Y la diferencia es que no tengo chance de estar con Declan. —Yo no sé. —Arrastré las palabras, queriendo añadir más combustible a este pequeño fuego—. Creo que él tiene un pequeño enamoramiento de ti. —¿En serio? —preguntó Fran, dándole a Roger una gran, enfermiza pero dulce sonrisa. Sus ojos se extendieron al darse cuenta que una de las maletas daba vueltas en el carrusel—. ¡Ya regreso! Roger se deslizó hacia mí. —¿Eso no es cierto, no es así?

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—¿Qué? —pregunté inocentemente. —Declan teniendo un enamoramiento de Fran. —¿Quién no retóricamente.

se

enamoraría

de

Fran?

—Pregunté

Roger se dio la vuelta para ver a su esposa alzando una maleta grande fuera del carrusel con facilidad. —Si. — Sonrió—. Ella es grandiosa. —La más grandiosa. —Asentí. —¡Eso es! —Fran chilló al unirse a nosotros—. ¡Vamos! Estaba contento de regresar al aire libre al cruzar el puente que llevaba al parking. Estaba contento al ver que los fotógrafos con los que me había encontrado hace un momento, ya no estaban a la vista. Probablemente habían encontrado una noticia llamativa con la llegada de otro vuelo al aeropuerto. Por otro lado, si Declan hubiera estado con nosotros… —¿Acaso los papás de Dec te están tratando como el hijo que nunca tuvieron? —Roger preguntó mientras que cargábamos las maletas dentro del coche. —¿No es momento que escuche historias del viaje? — Traté de evadirlos. —No es dulcemente.

tan

interesante

como

esto.

—Dijo

Fran

Suspiré y le quité el seguro al coche. Entramos y automáticamente gemí ante el calor.

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—Hermano, es tiempo que tengas un coche con aire acondicionado. — Refunfuñó Roger. —¿Hermano? —Pregunté. —Dile a tu papito rico que te compre un coche nuevo. — Presionó Roger. —Cállate. —estaba hirviendo— me gusta mi coche. —Y no quería admitir que Declan me había ofrecido comprarme un coche nuevo, pero me negué. —¿Así que, los papás de Declan? —Fran repitió. Pretendí que me concentraba integrarnos a la autopista.

en

los

caminos

al

—¡Simon! —gimoteó. No había manera de evitarlos. Justo como era difícil evitar la familia de Declan cuando finalmente le entregaron el apartamento en The Docklands -desafortunadamente Cate Blanchett no era su vecina como había esperado- y más aun cuando lo operaron antes de Navidad y estaba encerrado. Habrían pensado que se había quedado solo, defendiéndose por sí mismo en un témpano de hielo en el polo sur el número de veces que se aparecían sin anunciarse, a pesar del hecho que me había quedado con él, incluyendo a Maggie, durante su convalecencia. Navidad había sido un tiempo extraño, era la primera donde tenía una pareja con la que quería compartir la temporada propiamente como una; antes, si tuviera un novio por el momento de las festividades de fin de año, hubiera

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evadido cualquier posibilidad de hacer las cosas familiares con ellos. Pero no había escapatoria esta vez; mi familia había adoptado a Declan, y la familia de Declan hizo todo el esfuerzo por incluirme igualmente. Me encontré en una nueva y extraña posición de tener suegros y cuñados, y también asegurarme que mis padres y mi hermano estuvieran en la misma posición. Declan estaba sorprendido por el hecho que esto fuera tan diferente para mí e intenté resistirlo; era extremadamente cercano a su familia, aunque podrían cuestionar la ironía de eso, por que nunca les había contado que era gay hasta que había parecido salpicado en la portada del Herald Sun besando a su novio. —Es algo raro. —Admití—. Aun no parece real, como si todo el mundo aun estuviera comportándose lo mejor que pudiera. Siempre son agradables conmigo, pero siento que estoy esperando a que el verdadero drama familiar empiece. —Siempre tienes que ser el pesimista. —Dijo Fran—. Probablemente pueden ver qué tan serios sois. Después de todo pasaron de bailar juntos en la agonía del amor matutino a una vieja pareja casada en un par de meses. —¿Es eso un cumplido? —pregunté. —Pues, tú piensas que nosotros somos grandiosos. — Señaló Roger—. Y somos una vieja pareja casada. —Como dije, ¿es eso un cumplido? —Si no estuvieras conduciendo, te golpearía. —Y los caminos de Victoria les saludan por la conducción responsable de un vehículo motorizado. —Dije con toda la seriedad.

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Fran gruñó desde el asiento trasero. —¿Es muy tarde para regresar a Italia? DE HECHO, sí lo tomé como un cumplido, porque Declan y yo estábamos bien entre nosotros. Era algo nuevo para los dos, y yo pienso que éramos cuidadosos protegiéndolo porque no sabíamos que una relación podría ser de esta manera. Era cierto otra razón era nuestra actitud ―nosotros contra el mundo‖ que resultó de la continua intrusión de la prensa en nuestras vidas personales, aunque no nada parecido al nivel de fiebre que había alcanzado la salida del closet de Dec. Mirando al pasado, pienso que vivíamos en un estado de felicidad suspendida que vino a para cuando Dec empezó a ir y venir entre Melbourne y Hobart para iniciar su entrenamiento de la pre-temporada. El periodo de la luna de miel había terminado, con el interés en aumento por parte de la prensa, los jefes del club, y los fans quienes querían ver cómo funcionaba su rodilla en anticipación a la temporada que se avecinaba. Dec intentó estar fuera del foco de atención lo más que pudo, pero no pudo. Aunque no estaba hablando con la prensa, ellos no podían dejar de hablar de él. Su entrenador había decidido mantenerse sentado fuera durante la pre-temporada, lo que simplemente intensificó las especulaciones sobre su eventual retorno. Cuando quiera que hablara con él por el teléfono, conmigo estando en Melbourne y él en su apartamento en Hobart, él sonaba bastante miserable. Volé a verlo un par de veces cuando podía alejarme del trabajo, pero realmente no lo animé en absoluto. Le daba picazón regresar al campo de juego.

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El primer partido de la temporada era uno alejado para los Demonios. Ellos jugarían contra Carlton en el Domo, y hubo una conferencia de prensa previa al juego donde Scott Fraiser finalmente le dio a la prensa y el público lo que estaban esperando: El Regreso de Declan Tyler. Sentado al lado de su entrenador en el pódium, Declan se veía imperturbable como siempre se veía. Nadie adivinaría lo petrificado que estaba. —Me mantuvieron al margen por mucho tiempo, —me dijo, cuando nos encontramos en su apartamento en Docklands luego esa tarde. —Ya hemos pasado por esto —le dije—. No lo han hecho. El momento en que salgas al terreno, será como si no te hubieras ido. —No sabes eso, —dijo malhumorado— no tienes idea. Era cierto. No lo sabía. Quiero decir, podría relacionar lo que él sentía con la manera como yo me sentía en algunas situaciones de mi propia vida, pero la de Declan siempre sería diferente. Nunca sabría lo que se siente ser un jugador; solo tendría la perspectiva del fan del juego. No sabía lo que era ser visto como el dios del equipo, su salvador, y también su chivo expiatorio si algo salía mal. Añádele a eso todo el disparate que hubo al ser una celebridad, un modelo a seguir, y el nuevo chico de poster de los derechos gay, creo que el tipo estaba decidido a ser un poquito emo de vez en cuando. Lo senté en el sofá a mi lado e intenté sostenerlo. Se sentó rígido, como si estuviera pasivamente resistiendo a un

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policía en una protesta de anti-globalización. Eventualmente se ablandó hacía mí, y lo sostuve fuertemente. —Te quiero preguntar algo. —Dije. —¿Qué? —su voz fue amortiguada contra mi camiseta. —¿Te importaría si fuera al partido? Se sentó y me miró formalmente. —¿Irías? —¡Por supuesto que iría! Quería decírtelo hace tiempo, pero pensé que de pronto no querías que lo hiciera. —¿Por qué no lo querría? —¿Por qué no me preguntaste? Gruñó. —Pensé que mejoraríamos en la parte de la comunicación. —Ok, entonces comunícate. Yo te diré por qué no lo hice, si tú lo haces primero. —Por gallina. —Declan sonrió—. Pero está bien. Quiero que vengas al partido. Pero pensé que de pronto al ser un tonto estresado últimamente sería lo último que quisieras hacer. Además la atención de la prensa será grande. Y probablemente se enfocarán en ti si vienes. No quería ponerte presiones. Tu turno. —Casi lo mismo. —Respondí—. Supuse que habías tenido suficiente con qué lidiar sin mí. Especialmente si los medios se involucraban. Pensé que todo eso te distraería y te sacaría del juego. —Pasé mis labios por la línea de su cabello—. Quiero estar ahí y apoyarte.

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—Por eso es que deberíamos hablar. —Dijo Dec, gentilmente acariciando mi mejilla con su pulgar—. Somos un equipo. El equipo de nosotros. —Eres un bastardo sentimentaloide. —Reí—. Lo amo. Y te amo. —¿Ahora quién es el sentimentaloide? Nos besamos, y era uno de esos momentos donde me sentía perfectamente seguro que aunque a veces parecía que fuéramos nosotros contra el mundo -El equipo de nosotrosprevaleceríamos. —Vas a necesitar a alguien que te muestre los oficios, sabes. —Dijo Dec. —¿Los oficios? —Si. Alguien que haya estado en esto anteriormente y sepa cómo manejar el asunto de ser una esposa de futbolista. —Tú no acabaste de llamarme esposa de futbolista. —Le dije, dándole un puñetazo en el estómago—. ¡Nunca lo hagas! Agarró mi puño, lo desenroscó, e hizo que el suyo se ajustara. —Sabes a lo que me refiero. —¿Así que, alguien que sea mi Yoda? —Si. O, tu Yoda, alguien debe ser. Y yo sé quien. —ESTOY tan contenta de tener un amigo raro con quien pasármela. —Decleró Lisa, dándome un fuerte abrazo. —¿Raro? —hice eco.

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Me dio un beso en la mejilla. —No lo tomes como algo personal. Pero eso es lo que las ENAs92 creen que somos. De hecho, probablemente me has quitado la corona. Las ENAs eran las Esposas y Novias. Mal acrónimo, lo sé. Y no es muy inclusivo con los géneros, ahora que estaba presente. —Oh, —dije, y luego pregunté con sorpresa—. ¿Por qué pensarían que eres rara? Lisa me miró, tratando de ver si lo decía en serio o si era un tonto. —¿Ah, porque soy la única asiática en un enjambre de Anglosajones93? Cada vez que me presentaba por primera vez con alguna de ellas, tenían problemas ocultando el hecho de sorprenderse al poder hablar inglés. Lisa sonaba más Aussie94 que incluso Roger y podría tomarse a Abe bajo la mesa; yo pensaba que era mejor que las otras chicas fueran intimidadas por ella. —¿Así de exclusivas son? —pregunté. Debí parecer preocupado, porque Lisa inmediatamente empezó a dar marcha atrás. —No, no realmente. Bueno, un poquito. Les da miedo la diferencia. Pero entonces, también lo soy. No me siento muy cómoda alrededor de… —¿Gente normal? Lisa rió. —¿Normal? Apenas son normales ellas mismas. 92

ENAs: Originalmente es WAGs: Wive and Girlfriends, pero queriendo tener una cortesía al español, ENAs hace referencia a Esposas y Novias (De los jugadores de fútbol) 93 Es un antiguo pueblo el cual hace parte del origen sanguíneo y cultural de Gran Bretaña, y por consiguiente de Australia, al ser Inglaterra su colonizador. 94 Un gentilicio australiano local.

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—La mayoría de la gente pensarían que lo son. —Digamos que empezamos con el pie izquierdo. Ya estaba nerviosa al lidiar con ellas; hicieron un par de comentarios estúpidos pero bien intencionados, y me molesté. —Eso no suena como algo que yo haría. Lisa me había visto en situaciones sociales demasiadas veces como para tratar eso como una broma. —No te preocupes. Una vez que te asocien conmigo, serás un paria social. Probablemente esperan algún chico que puede discutir de zapatos y de Sexo en la Ciudad95 con ellas, no alguien que quiere discutir el metaexistencialismo de David Lynch 96. —¿Sexo en la Ciudad aún es popular? —Con ellas, sí. Y tú no diferencias un tacón de cuña de un estilete. —Yo sé que los estiletes son buenos para apuñalar a la gente. Lisa sonrió. —Asegúrate de deslizar eso dentro de la conversación. Empezamos a pasar del Harbour Esplande hacia el Domo, donde la multitud empezaba a acumularse para ir al partido. —Debimos ir por un trago primero. —Gemí. —Puedes comprar una cerveza una vez que estemos dentro. 95

Es una serie de televisión , la cual sacó un par de películas, donde un grupo de amigas muestran algo de sus vidas sociales involucradas en sus aspectos personales. Tambien llamada Sexo en New York. 96 David Lynch es un cineasta y actor norteamericano con tendencias surrealistas.

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—¿Lo dices en serio? Tengo una hipoteca. No puedo pagar una cerveza del precio de partido. No estaba seguro si estaba siendo paranoico, pero sentí como si fuéramos reconocidos cuando Lisa y yo caminamos entre el tropel de gente. No todos, pero parecía que había algunas personas que se daban codazos entre ellos y miraban en nuestra dirección. Había sido el objeto de más artículos -y a la prensa le gustaba deslizar una mención mía, cuando quiera que discutían sobre Declan- que lo que a la gente normal le gustaría. Nunca, en mi vida, quise ser una celebridad, y mucho menos una celebridad por defecto. En la entrada, Lisa mostró nuestros pases, y fuimos llevados al cubículo de los jugadores. Ya había un pequeño grupo de quienes suponía que eran las ENAs, allí, quienes dejaron de hablar tan pronto como entramos. Era tan cómodo como sonaba. —Bueno, chicas. —Dijo Lisa alegremente, pero con un tono de falsedad que nunca le había escuchado antes—. Aquí estamos, el inicio de una nueva temporada. —Y no son chicas todas. —Dijo una mujer, mirándome intencionadamente. —¡Lo sé! ¡Hay un pene entre nosotras! —dijo Lisa en horror burlón, enlazando su brazo entre el mío—. Estoy segura que ya lo saben, pero este es Simon. —Se aseguró que toda la atención estuviera en ella antes de añadir innecesariamente— la pareja de Declan. Esa palabra y todas sus connotaciones, provocaron una

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reacción de sonrisas desagradables reprimidas y miradas al lado por parte de la versión australiana de Esposas de Futbolistas97. —Holas. —Dije, sonando más confiado de lo que estaba, aunque había una parte de mí que también lo disfrutaba desde un punto de vista puramente sadomasoquista. Hubo débiles murmullos de bienvenida, y el agarre de Lisa tenía sobre mi brazo, se tensó. —Están siendo tímidas, Simon. No te preocupes, se acostumbrarán a ti. ¿Por qué no nos consigues unos asientos? Yo iré por cerveza. Fue el equivalente de tirarme a la guarida de los leones. Me deslicé entre algunas de las mujeres en la segunda fila y tomé dos asientos al final. Bajé la silla y me hundí en ella, esperando que un hueco me tragara. Volteé a mirar y ofrecí una sonrisa forzada a la mujer sentada lo más cerca de mí; ella solo miró de regreso. —Estás disfrutando la atención, ¿no es así? —demandó ella de repente, y de nuevo, el silencio se posó sobre todos. —¿Qué? —pregunté, mi tono más afilado de lo que me hubiera gustado. —Parece que te gusta tener tu cara en los periódicos. — Me acusó. La miré hacia abajo. —No los llamo o invito, si a eso es a lo que vas. —Apuesto a que te gusta.

97

Fue una serie británica que trataba del drama de las esposas de los futbolistas de Soccer en Gran Bretaña.

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—Pues no, no me gusta. —Y no sabía por qué hacía el intento de justificarme ante ella. Ella resopló. —Me hubieras podido engañar. —¿Estás siendo amable, Rachel? Respiré con alivio y me odié por ello cuando Lisa apareció al final del pasillo con dos vasos de plástico con cerveza. —Solo empiezo a conocer nuestro nuevo amigo aquí. — Rachel mintió entre sus dientes apretados. —Me pareció que lo acusabas por se una perra en busca de fama. —Dijo Lisa al moverse entre las otras mujeres sentadas, quienes, por supuesto, escuchaban cada palabra dicha entre nosotros. —Para nada… Rachel gritó y saltó de su asiento cuando algo de cerveza salió agitada de uno de los vasos y aterrizó en al frente en su blusa. —Lo siento, —dijo Lisa, sonando todo menos arrepentida. —¡Perra! —Rachel escupió, limpiándose—. ¡Hiciste eso deliberadamente! —Nah, —dijo Lisa despectivamente— solo soy tonta. Pero te lo repondré, y te daré diez dólares para que puedas ir a Supré98 y comprar un reemplazo. Si estuviéramos en una película, alguien chasquearía sus dedos y dibujaría en el aire diciendo ―oh, no lo dijo99‖, pero 98

Es una cadena de ropa juvenil con tendencia a ser atrevida, provocativa y sugestiva. Con eso devuelve lo de “Perra”.

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todo el mundo miraba sus pies para que no provocaran a la bestia. Rachel miró con desprecio a Lisa una vez más y luego salió disparada en dirección a los baños. O al menos disparada lo mejor que pudo al tener que navegar entre filas de asientos hacinados. Lisa se sentó a mi lado y me pasó uno de los vasos. — Malgasto de buena cerveza, —dijo algo molesta. Golpeé mi vaso contra el suyo en celebración. —Nah, creo que se sacrificó por una causa digna. —Bebo por eso. Una de las chicas al frente se dio la vuelta en un gesto amistoso y dijo: — ¡No puedo creer que te llamara una perra en busca de atención cuando era ella la que fue a los Brownlows con un vestido escotado por la espalda y con un tanga de diamantes! Lisa resopló. —Casas de cristal, Jackie. Tus pechos se cayeron de tu vestido cuando estaban sirviendo el postre. Jackie sonrió afectuosamente, perdida en el recuerdo. — Si, ese era un gran vestido. Así que, Simon, ¿qué vas a llevar puesto a los Brownlows si tú y Declan siguen juntos para entonces? Lisa y yo la miramos por su falta de tacto, y yo dije lentamente: —No lo sé. Ropa, supongo. Jackie rió cortésmente, pero se veía desconcertada. — Claro. —Estaba contenta que el silbido sonó y los jugadores 99

En algunas sociedades anglosajonas, las amigas o familiares demuestran apoyo o desprecio, de forma graciosa, cuando se dice un insulto, diciendo “No, she di’n’t” (No lo hizo o dijo), entre mujeres. En algunos casos hacen una L en el aire. En algunas películas norteamericanas podrán encontrar este comportamiento.

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de Carlton empezaron a correr dentro del campo para que pudiera empezar a ignorarnos con la mejor excusa en el mundo. Lisa le dio un codazo a mi muslo con el suyo y chocamos nuestros vasos juntos de nuevo. —Eres uno de nosotros ahora. No hay escape. Tomé un sorbo de mi cerveza y esperaba que Rachel se la tragara el retrete para que no la viera de nuevo. DESAFORTUNADAMENTE el retrete no se comió a Rachel, pero parecía feliz al pretender que no existíamos desde ese momento. El sentimiento era más que mutuo. Algunas de las otras chicas se ablandaron con nosotros, pero Lisa me aseguró que eso sería lo mejor que recibiría para que no esperara nada más. Parecía que iba a quedar Lisa y yo en un campo y todos los demás en otro. A menos, por supuesto, que alguien, por loco que parezca, uno de nosotros nos infiltráramos en el grupo, por lo tanto suplantaría mi papel como chico nuevo y por consiguiente condenarme a convertirme e incrementar el número de los del lado oscuro. Solo habían pasado seis minutos del primer cuarto cuando todo el infierno se quebró dentro del campo. Declan había recibido un pase, y hacía su camino hacia el poste de gol de los Demonios cuando fue tacleado por Fraser Johnson del lado opuesto. Todos cayeron en una ráfaga de piernas y brazos, cayendo unos sobre otros, y cuando estaban de pie, Declan inmediatamente empujó a Johnson lejos de él. Vi la cómo sucedía la acción en la gran pantalla; Declan se veía furioso. Johnson le estaba obviamente fanfarroneando porque Declan fue una vez más, y Johnson inmediatamente lo empujó en

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respuesta. Pasaron solo segundos antes que ambos equipos se vertieran dentro del centro del campo, ansiosos por empezar a pelear unos con otros. Los árbitros en pánico se echaron ellos mismo dentro del combate, llamando a la calma mientras que Lisa y yo hacíamos muecas mientras mirábamos desde lo alto. Ella señaló a Abe tirando a Declan hacia atrás, evitando otra confrontación con Johnson: casi tenía la boca espumosa. Su entrenador solicitó suspender el juego y llevó a Declan de regreso a su campo para interrogarlo. Luego de unos momentos acalorados parecía que no llegaba a ningún lado, y el entrenador mandó otro jugador para regresar al juego. El silbato sonó, y uno de los árbitros lanzó el balón de regreso al juego. —Mierda. —Gruñó Lisa—. ¿De qué crees que se trate todo esto? No lo quería decir, aunque tenía mis sospechas. Por suerte, Rachel estaba ahí para tomar el turno para resolverlo por nosotros. —¿Eres estúpido, o esa cerveza ya llegó a tu cabeza? — Rachel arrastró sus palabras—. Johnson obviamente insultó al modelito100 aquí. —No soy el Yoko Ono de este equipo. —Gruñí. Rachel resopló. No estoy seguro si pilló la referencia, aunque entendió la intención. —Estarán bien. —Dijo Lisa, aunque no sé si lo decía por tranquilizarme o tranquilizarse ella. 100

Boy toy: En inglés hace referencia a los chicos de buen cuerpo, chicos juguetes. Por eso colocamos “modelito”.

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—Si es reportado, acabarán sus posibilidades de un premio Brownlows en su primer juego de regreso. —Dijo Rachel. —Calla tu maldita boca, o yo lo haré. —Lisa la amenazó. —¡Oigan! —grité—. ¡No necesitamos un pleito aquí también! Lisa giró sus ojos pero acarició mi rodilla. —¿Siempre es así de entretenido aquí? —le murmuré al retornar nuestra atención de regreso al juego. —Solo si Rachel está alrededor. —¿Alguna vez está ausente? —pregunté esperanzado. Lisa sacudió su cabeza. —Grandioso. De pronto deberíamos comprar nuestros propios pases la próxima vez. —No podemos. Los medios les encantaría publicar historias de peleas entre las parejas de los jugadores, si pudieran, y si estamos ausentes de este lugar, les daría más combustible. Estamos aqui para apoyar a Abe y a Dec, eso es todo en lo que podemos pensar. —Hombre, eres una muy buena esposa de futbolista. — Dije burlonamente—. ¿Lo tomaste del libro guía? —Cállate, ahora eres uno de nosotros. Me estremecí. —Más vale que no piensen que iré a los

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Brownlows con un vestido. —Yo iré en pantalones si vas en un vestido, —ella me retó. Reí. —Ni lo pienses. No soy tan estúpido. Lisa suspiró. —Que pena. EL RESTO del partido pasó sin ningún incidente, aunque parecía que había una tensa atmósfera respecto a todo. Una vez que los Demonios salieron del campo, todas las ENAs se levantaron como una sola entidad y salieron del cubículo. —Stepfrod, parte de uno. —Lisa murmuró. Me dio una palmada en el muslo—. Pues sobreviviste. ¿Cómo te sientes? —Bien. Solo que quiero saber cómo está Declan después de todo. Ella asintió. —Si. Solo estoy contenta que Abe no lanzó un puñutezo. —Pues, él se ha suavizado en el último par de años. — Dije, recordando vagamente que solía ser conocido por ser un poco volátil. —Solo porque Dec y yo lo hicimos posible. Somos muy convincentes cuando nos confabulamos. —Apuesto que así es. Vimos cómo las multitudes bajo nosotros se volcaban saliendo del estadio, y cuando parecía que había menos aglomeración, bajamos. Y fue ahí cuando realmente empecé a sentirme nervioso. Conocer a las esposas de los futbolistas había sido una

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perspectiva aterradora suficiente por si misma, así que pasar a través de los futbolistas mismos parecía ser más desalentador. Habría intentado escapar y verme con Declan después si Lisa no hubiera puesto un control estricto sobre mí. Abajo en las entrañas del estadio encontramos un asiento un poquito alejado de las ENAs y esperamos a que los futbolistas emergieran. Cuando lo hicieron, parecían un grupo apenado. Una pelea en el campo que había involucrado tanto al capitán como al vice-capitán mas la perdida con el otro equipo significaba que estaban hoscos y en silencio. Ningún arrullo por parte de sus parejas subió sus espíritus al salir en pares como una versión rara del Arca de Noé. Al ir pasando por donde estaba sentado con Lisa, algunos de ellos me veían con dureza, obviamente reconociéndome. Aunque una pareja asintió, el resto ignoró mi presencia. Excepto por Rachel, por supuesto, quien no pudo evitar poner una sonrisa malvada. —Hombre, la odio. —Dijo Lisa confidencialmente. —¿En serio? —Le pregunté, redundante—. No lo puedo notar. —Tu también la odias, —continuó en una voz musical. —No es mi persona favorita, no. La puerta de los vestuarios se abrieron de nuevo, y Declan y Abe emergieron. Se veían mucho más agotados que el resto del equipo. Lisa se levantó de un salto e inmediatamente abrazó a Abe. Me quedé atrás, sin saber qué hacer, e inconscientemente guardé mis manos en mis bolsillos.

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Abe asintió al verme y se volteó a ver a Declan. —¿Una bebida? Declan sacudió su cabeza, y parecía como si le tomara mucho esfuerzo hacerlo. —No iré esta noche, amigo. Abe asintió de nuevo, consiente de no presionarlo. —Te llamaré mañana. —Claro. Lisa me miró con simpatía, entendiendo que estaba en el mismo bote. Ella me dio un abrazo rápido de despedida, y luego ella y Abe se habían ido, dejándonos a Declan y a mí solos. Me dirigí hacia él y le di un abrazo. Se quedó quieto contra mí, sin respuestas, y me retiré. —Ah, ¿ahora si me vas a abrazar? —preguntó. —Lo siento, no sabía qué… Él suspiró. —Era solo Abe y Lisa. No te habías preocupado antes. El mismo viejo argumento de nuevo. Me quedé callado. Declan me miró, luego se dio cuenta que no obtendría una respuesta por parte mía y empezó a caminar hacia el parking. Lo seguí. Aunque Declan vivía a una corta distancia, distancia de caminata, de verdad, durante los juegos había decidido que era mejor conducir a casa que arriesgarse a

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aguantar a los fans acercándose al área de Docklands después de todo. Especialmente cuando tuvieran tiempo de beber entre su salida y la de los jugadores. Era sentido común para un jugador. —¿Me vas a decir qué sucedió ahí? refiriéndome a la gresca al inicio del partido.

—pregunté,

Me miró por un segundo, pero continuó caminando. — Nada que decir. —Ah, ¿entonces eso fue una pelea amigable? —Solo déjalo, Simon, ¿está bien? Wow, me lo mandó. Empezando a enfadarme un poco, me quedé callado para que no pudiera explotar. No dijimos una palabra hasta que nos aparcamos en su complejo. Declan apagó el coche y se quedó ahí por un momento. —Mira, —dije, mi voz sonaba un poco ronca desde que había forzado a dejarla callada—. Voy a dejar que se te pase y me iré a casa esta noche. Declan se dio la vuelta y me miró. —No. Solo sube. —Estás molesto, y no me estás hablando. —No estoy molesto, y hablaré contigo. —Wow, eso sonó muy tentador. —Simon, por favor. —Declan dijo cansado. Tomé su mano y la acaricié. Él la acarició como respuesta. Estuvimos callados en el ascensor, pero no había una

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tensión extraña entre nosotros esta vez. Cuando las puertas se abrieron en su piso, lo sorprendí tomando su mano. Su apretura era fuerte pero cómoda al ir caminando lentamente tomados de las manos hacia su puerta. Dentro, Declan tiró su bolsa de deporte en una esquina y se desplomó sobre el sofá. —Está bien, —dije sentándome a su lado—. Cuéntame. Él gruñó. —Vamos, ya sabes cómo es mi imaginación. Probablemente estoy pensando en algo que es diez veces peor de lo que en realidad es. —¿Qué crees que pasó? Rasqué suavemente su oreja como lo hacía con Maggie y fui premiado con una sonrisa. —No se requiere de un genio para adivinar que fuiste insultado. —Si. —¿Qué fue lo que dijo? —Lo usual. Bueno, no lo usual. Fue todo nuevo. —Respiró profundamente—. Quiero decir, he sido insultado anteriormente. Es solo que esta vez había una nueva munición para usar en mi contra. Un pequeño pensamiento dudoso empezó a formarse en el costado trasero de mi mente, influenciado por la pequeña indirecta de Rachel. —Como dijiste, los insultos no son algo nuevo, y probablemente has sido insultado cientos de veces antes.

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—Más, probablemente. —Está bien, has estado muy calmado con todo lo que ha sucedido desde que saliste del closet. ¿Por qué te llegó hoy? —Solo lo hizo, eso es todo. De nuevo, la sensación dudosa, combinada con el hecho que no me miraba. —Fue algo sobre mí, ¿no es así? —Dios, Simon. ¡No todo es sobre ti! —espetó. Moví mi mano a un lado. —Está bien. Declan cubrió su rostro con sus manos, se veía cansado. —Lo siento. —Solo dime, Dec. —¡Si! —admitió finalmente—. Te insultó. Lo alcancé y bajé sus manos para que me viera. —Lo debiste haber ignorado. —No lo entiendes. Hay una etiqueta. No insultas la familia o las novias. —Bueno, eso es, entonces —dije, tratando de aliviar las cosas— no hizo algo malo, porque no soy tu novia. Una tecnicidad, por supuesto… —Sabes a lo que me refiero. —Gruñó—. Y eres familia. Eso me hizo besarlo con locura. Y él respondió, finalmente de nuevo como es Declan. —Waw, nunca he tenido a nadie defendiendo mi honor

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antes, —lo molesté. —Él sabía lo que hacía. —Dec, debiste dejarlo pasar. —No pude. —No tienes que defenderme. Por Dios, Dec, si te dan una amonestación saldrás de la competición del Brownlow. —Que se joda el Bronwlow. —Dec murmuró. —¿Qué se joda el Brownlow? —pregunté en shock—. ¿Qué tipo de futbolista eres? Él me estudió y me dio una sonrisa cuando se dio cuenta que estaba burlándome de él. —Uno con integridad. —Un verdadero caballero blanco. —Admití. —¿Qué habrías hecho? —preguntó Dec—. ¿Si hubieras sido tú en el campo de juego? —¿Si te hubieran insultado? —pregunté—. Les haría pagar. Declan rió y se arrojó sobre mí. Aplastado, caí sobre el brazo del sofá, y una vez más ―el equipo de nosotros‖ se cerró contra el mundo.

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Capítulo 26 PODÍA DARME cuenta que Dec estaba despierto y lo había estado por unos minutos más que yo al luchar por los últimos vestigios de sueño y abrí mis ojos. —Buenos días. —Murmuró. —Hola. —Gruñí—. ¿Me estabas mirando? —De pronto. —Acosador. —No puedo evitarlo; eres muy lindo. Gemí y enterré mi cabeza de regreso a la almohada. —Especialmente cuando babeas. —En serio, ¿qué estabas haciendo? —Pregunté, con la voz apagada por el material. Su mano aplanó la almohada volteando mi cabeza para que pudiera verlo. —Ya te dije. Mirarte. Pensando en lo agradable que sería quedarnos en cama por siempre. —Empezaríamos a oler rápidamente. —Puedo vivir con eso. —Y muy pronto estaríamos nadando en nuestra propia

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mierda. Mi mundo se oscureció cuando su almohada fue, directo sobre mi cabeza y me empujó dentro de la mía. —¡Eres jodidamente romántico! —lo escuché silbar. —Lo amas. —Me atraganté. Luché por salir de la atadura y tomar aire y rodé, quedando encima de él. Él se quedó supino debajo de mí, y yo moví mis pulgares en direcciones opuestas sobre su mandíbula. Besé la parte de debajo de su mentón y me arqueé suavemente para besarlo apropiadamente. Sus manos pasaban por mi costado, y me estremecía cuando reposaron en mi espalda para sostenerme contra él. —¿Esto es mejor? —suspiré. Él me dio un tipo de gemido extraño como respuesta. Conocía muy bien su cuerpo. Corrí mi dedo a través de la sombra de las cinco que se había formado en la noche y reposó sobre una cicatriz en forma de luna creciente causada por un jugador de los Bulldogs que accidentalmente le había cortado la mejilla dos temporadas atrás. —¿Qué estás haciendo? —preguntó Dec. Me moví bajando por el largo de su cuerpo, deslizándome fuera de sus brazos. Él se arqueó como un gato cuando mi mano se arrastró por su pecho, y yo respiré su aroma mientras que bajaba a sus boxers hasta que encaré su infame pierna. —Admirándote. —Dije. Y lo decía en serio. Se veía protuberante, y el vello era más escaso que el que había en la

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otra porque las heridas dejaban marcas brillantes a lo largo de su piel. —No hay nada que admirar en eso. —Dijo Declan rápidamente. Lo miré. —Lo hay. Empecé a masajear la pierna, como lo tuve que hacer las semanas después de su cirugía cuando soportaba el tacto. Declan cerró sus ojos y se recostó. Trabajé en ello por unos minutos, sintiendo simplemente placer al hacer esto por él. Su mano acarició tiernamente mi cabello mientras que lo hacía. Parecíamos dos gatos bajo el sol estirándonos entre nosotros. Bajé mi cabeza y besé su herida. Declan abrió sus ojos. —Regresa aquí arriba. Cuando estaba encima de él de nuevo, me besó en la frente. —No me quiero ir de aquí. —Probablemente podamos forzarlo por un poco más. —Le dije. —Más un poco más. —Suspiró. Sonaba bien para mí. Pero eventualmente John y Yoko tuvieron que salir de la cama, y nosotros también. Si hubiera sabido lo que el siguiente juego de los Demonios en Melbourne llegaría a traer, alegremente me hubiera quedado en mi cama ahogándome en mi propia mierda. MI foto había aparecido en los periódicos luego del último

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partido. Me habían capturado como un pulgar hinchado en contraste con las ENAs; podría haber estado desnudo y mostrar mis genitales en un juego de ―uno de nosotros no es como los otros‖ al no poder ser más sutil. ¿El juego fácil de Dónde está Wally? Pregonaba la leyenda bajo la foto en el Herald Sun. De hecho fue la única vez que fueron graciosos. —No te estreses por eso. —Me dijo Declan. —No lo estoy. —Mentí. Él me estudió cuidadosamente. —Puedes evitar ir al siguiente partido, si así lo quieres. —No les voy a dar la satisfacción. —¿A quién? Las ENAs o a los periódicos. —Ambos. —Gruñí. Dec hizo una mueca. —No sé si amar tu actitud o preocuparme por ella. —Todo está bien. —Dije tranquilamente, aunque en secreto estaba de acuerdo con él. Pero sabía que si evitaba el siguiente partido, que iba a ser jugado en mi propia ciudad, los periódicos tendrían un gran día por ello. Declan aun no se veía convencido del todo, y cuando el día en cuestión llegó no me sentía seguro. Me levanté con un mal presentimiento, el cual se lo dejé a la paranoia, pero creo que las estrellas se estaban alineando en mi contra. Intenté convencer a Roger y a Fran de venir conmigo si podía conseguirles entradas, pero ya habían escuchado mi historia de horror de mi experiencia previa con Rachel de las

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ENAs así que declinaron. Por suerte, aun tenía a Lisa. —O somos extremadamente leales o unos glotones de castigos. —Me dijo cuando nos encontramos fuera de la puerta de miembros en el Domo. —¿Puedo preguntarte algo? —Dale —dijo, al inspeccionar debajo de su zapato e hizo una mueca ante el chicle que se le pegó. Tuvo suerte al no ser una jeringa. —¿Antes que apareciera, no tenías a alguien diferente que fuera amistoso en ese cubículo? Los ojos de Lisa se pegaron firmemente a la planta de su zapato. —Ah, a veces. Ella sonaba cautelosa.

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—¿Quién?

Sean

—Ah, solo una chica.

Kennedy

Crucé mis brazos y me quedé mirándola. Pude ver que ella miraba por debajo de su flequillo y me di cuenta que había sido agarrada en el acto. Ella suspiró, se puso firme, y se veía casi culpable. —Jess venía de vez en cuando. —Ah —No todo el tiempo… —Lisa dijo rápidamente. —Bueno, por supuesto que vendría. —Encogí hombros—. Tenían una historia que mantener.

mis

Ahora parecía como aliviada, y no estaba melodramáticamente rasgando mi pelo y aullándole a la luna


por la ―ex‖. —¿Pero te agrada más que yo? —la molesté. Lisa levantó su cabeza y me estudió. —Me agradan ambos en maneras muy diferentes. —Jodida neutralidad. —Murmuré, y empezamos a caminar hacia las barreras de la entrada. —Escuché eso. —Esa era la idea. —Contesté descaradamente. En ese punto todo parecía muy normal. Cuando llegamos al cubículo de los jugadores nos hicieron el examen una vez más, con Rachel mirándome con su ceño fruncido pensando en cómo me atrevía a estar aquí. Aunque, por el momento, mantuvo su boca cerrada. —¿Cómo te sientes? —Lisa preguntó cuando tomamos nuestros asientos. —Bien. —Murmuré. —¿Una cerveza? —preguntó. Apoyar a mi novio me iba a convertir en alcohólico, y Lisa sería mi instigadora. —Yo iré por ella. —No, tú siéntate. —Dijo, golpeando mi rodilla—. No tardaré. Me estaba dejando con los leones, de nuevo, pero permanecí con los labios apretados y me hundí en mi asiento, como si me pudiera ocultar de la vista.

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No tomó mucho para que Rachel se inclinara. —Te vi en el periódico de nuevo. Gruñí algún tipo de respuesta. —No puedes evitarlo, ¿no es así? —¿Envidia? —Le pregunté. No sabía por qué le respondía. Lo debería saber mejor. —Difícilmente —resopló. —Dios, Rachel, —dijo una de las otras mujeres. Creo que su nombre era Ana—. Déjalo en paz. —Parece que tienes tus seguidores. —Se burló Rachel. —Quizás sea porque no parece ser un psicópata. —Ana respondió—. ¿Podemos ver el maldito partido? Miré al frente. El campo estaba vacío; los equipos aun estaban en los vestuarios. Esto parecía ser un largo día. Si pudiera cerrar mis ojos podría jurar sentir el olor de sangre en el aire. Los Demonios salieron al campo, reconocí a Declan por su modo de andar a pesar de la distancia entre nosotros. Él corría con una seguridad causal, pero favorecido por su pierna derecha, al ser esa la herida. Tenía que conocer a Abe lo suficiente para seleccionarlo al encontrarlo corriendo al lado de Dec, flaqueándolo como un guardaespaldas leal. Me hizo sentir mejor saber que Abe estaba ahí protegiendo su espalda, al menos, estaba muy seguro que Dec no me contó la mitad de cosas que sucedieron durante el partido. —Está cojeando ligeramente. —Dijo Lisa preocupada.

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—Él está bien, —dije impasiblemente, aunque al darse cuenta también me hizo preocuparme un poco más. Debió escucharlo en mi voz, porque inmediatamente ella intentó encubrirlo. —Estoy seguro que Scott no lo haría jugar si no pudiera hacerlo. Asentí, tanto por ella como por mí. —Es un día frío. Su pierna juega mejor en días fríos. —Debería intentar y cambiarse a la costa Oeste. —Dijo Lisa—. Al menos el clima solo sería un problema en futuros partidos. Horrorizado, golpeé la madera bajo mi asiento. —Como si no fuera lo suficientemente malo él viviendo en Tasmania, ¿ahora lo vas a desterrar a Perth? —Puedo verte viviendo en Perth. —Molestó Lisa—. Todas esas playas y sol… probablemente te quemarías en llamas. Quería protestar, pero me distraje por el rugido de la multitud. Lisa y yo miramos, solo para vernos apareciendo en las gigantes pantallas alrededor del estadio. Joder, odiaba cuando hacían esto. Usualmente le daban a gente anónima del público la emoción de ver sus propios hocicos allí dándoles diez segundos de fama, pero lo que me hacía era que mi estómago diera retorcijones. Lisa tampoco estaba muy emocionada. Volteó su cabeza para que sus labios se oscurecieran lo suficiente y me murmurara. —Mierda. Intenta verte feliz. Siguiendo su iniciativa, volteé mi cabeza también. —

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Tampoco estás sonriendo. —A la cuenta de tres, tú dices algo, —dijo Lisa— y yo me reiré como si fueras el chico más gracioso de la tierra. Fue generoso de su parte hacer eso, así que dije: — estoy diciendo algo realmente gracioso en este instante. Lisa desató su risa. Ella podría haber sido actriz, pues era convincente. Podía escuchar a Rachel criticándome por detrás. — Definitivamente no es una perra en busca de atención. Me aseguré de estar sonriendo todavía a la cámara y luego darme la vuelta y estar contento que mi cara estuviera oculta cuando miré a Rachel a los ojos y le dije: — Por Dios, solo cállate. De repente, un pequeño grupo de las ENAs se desató en risas, contento que alguien además de Lisa había saboteado a Rachel. Debí verme como si estuviera en control de ese cubículo, rodeado de risas y mujeres adorables. Cuando regresé a mi asiento, todavía aparecíamos en la pantalla. Luego abruptamente desaparecimos, remplazados con otra sección de la multitud, quienes sostenían pancartas que lucían exactamente iguales. Lisa hizo lo posible por descifrar lo que era al inicio, entrecerrando los ojos contra el resplandor. —¡Malditos! — siseó. Aun no lo podía ver, pero podía escuchar la risita desagradable de Rachel soplando aire caliente dentro de mi

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oído, así que supe que no sería bueno. Mirando a la pantalla, pude verme. Más o menos cinco copias mías. Excepto que todas se veían raras, porque parecían que eran muñecas de papel con cinco diferentes vestidos puestos. Vestidos de mujer. Faldas cortas, vestidos largos, senos colgando fuera de un top con cuello y hombros descubiertos. Sentí un pequeño hilo de sudor cerca de mi temple. Me di cuenta que era un poster adulterado de una serie de televisión, al leer el titular decía ―ESPOSAS DE FUTBOLISTAS‖. La cámara se alejó, y me di cuenta que eran alrededor de veinte personas agrupadas en un grupo que los sostenían. Escaneé la multitud y pude ver algunos posters similares dispersos entre sí. Rachel, disfrutándolo demasiado, se inclinó y susurró en mi oído: —Lo imprimieron en un club de fútbol local. Se ve bien, ¿no crees? Tragué, prometiendo que no me vería molesto. —Es grandioso lo que puedes hacer con Photoshop estos días. Desearía que mis piernas fueran así de buenas. —No fue una buena respuesta, pero al menos Rachel estaba decepcionada por mi ausencia de llanto y por no haber salido hacia los baños. Además, Lisa estaba lo suficientemente furiosa por mí. — ¡Eso es muy jodido! —gritó. Y luego de lo que dijo Rachel, pensé que estaba a punto de saltar sobre los asientos y enfrentarla en una pelea de felinas digna de una telenovela. —Lisa. —Supliqué—. Siéntate. Ella lo hizo, reconociendo que no quería más atención hacia mí. Se sentó con un ruido sordo y vinculó su brazo a

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través del mío. —¿Estás bien? No pude responder. Ella exprimió mi brazo. —¿Quieres irte? Sacudí mi cabeza. La imagen en la pantalla cambió a los jugadores, y Declan apareció entre un grupo de jugadores que habían aparecido en el campo. Sentí un frío deja vu al suceder esto de nuevo. Podría haber arremetido contra el mundo, y las injusticias de todo, pero literalmente me quedé congelado. Miré aturdido cómo toda la acción se desataba en la pantalla. El agarre de Lisa se tensó. El grupo se disipó, y el juego continuó. Dec se veía furioso. Faltaban dos minutos para que la sirena sonara para finalizar el primer cuarto, pero parecía que todo había comenzado. Había un silencio incómodo en nuestro cubículo luego que la sirena dejó de sonar, y vimos a los jugadores dirigirse a sus respectivos entrenadores. —Desearía que dijeras algo. —Dijo Lisa. —Estoy bien. —Murmuré. Mi teléfono móvil vibró en mi bolsillo. Lo saqué, esperando que fuera Fran o Roger. Él número era privado. No tenía idea si debía responder. Lo último que quería hacer era encontrarme hablando con un contingente de los medios y negándoles un comentario al respecto de la situación. Contesté de todos modos. —Hola.

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—Simon. —Era Dec. Su tono era contenido, como si quisiera evitar gritar. —Hey. —Dije—. ¿De dónde me estás llamando? No tuvo que responderme; la gran pantalla mostró la imagen de Dec llamando desde cubículo de los entrenadores, Scott a su lado, incómodo. —Ah, ahí estás. —Sal de ahí, Simon. No tienes que soportar esta mierda. El cámara se dio cuenta de lo que sucedía, porque ahora estaba de regreso en la pantalla. Noté que Lisa se estaba rascando su nariz con su dedo medio; un acto de escuela pero uno ente el cual me hubiera reído si no estuviera tan molesto. —No. —¡Simon! Usé el truco de Lisa de nuevo, inclinando mi cabeza para que mis labios no se pudieran leer. —No les voy a dar la satisfacción, Dec. Es solo un maldito poster. —Puedo ver que estás molesto. —Declan, sin embargo, obviamente nunca le habían enseñado el sutil arte, como pude ver cuando reapareció en la pantalla. —¿Si? Pues puedo ver que tú también lo estás. —No soy yo el objetivo hoy. —¿Y? Probablemente será tu turno en el siguiente partido. ¿Y qué fue esa disputa en el campo, de todas maneras?

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—Nada. —Si, pues, esos posters no fueron nada también. —Dije, sonando más honesto de lo que me sentía—. Ahora, ríete como si hubiera dicho algo gracioso. Pude verlo obligado, aunque su boca aun estaba rígida. Estaba sorprendido que lo hubiera hecho, pero me hizo sentir un poco mejor. —Hablamos luego, Dec. —Adiós. Cerré mi teléfono y le di a Lisa una pequeña sonrisa. Hubo un golpecito en mi hombro. Ana estaba detrás de mí en pie, sosteniendo dos vasos de cerveza. —Pensé que necesitarías esto. —Dijo, pasándome uno. Wow. —Gracias. —Dije, agradecido. —Sostente, —encogió sus hombros—. Todos tenemos algo de mierda en algún momento. Se cansarán de ello. A menos, por supuesto, que seas Rachel. Escuché a Rachel haciendo una respuesta, pero se perdió en la traducción. Lisa me dio una mirada de sorpresa, pero Ana no había terminado. Ella le pasó la segunda cerveza. — Este es para ti, Lisa. Ahora era el momento de Lisa para sorprenderse. —Ah, gracias, Ana. —De nada. —Ana se dio la vuelta y se sentó en su asiento.

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—Joder. —Dijo Lisa—. ¿Estoy soñando? —Creo que hemos sido oficialmente aceptados como ENAs. —Dije. Juntamos nuestros vasos en un triunfo agridulce. LOS DEMONIOS perdieron el partido. Me enfurecí un poco cuando las otras ENAS salieron del cubículo, preguntándose si debería ser culpado por ello en los periódicos mañana. —Estás más molesto de lo que podrías. —Dijo Lisa. —Estaré bien. —Le dije. No se veía convencida —Solo vámonos, ¿ok? Cuando salimos del cubículo, vi uno de los posters ofensivos acostado en un asiento. Escuché a Lisa murmurar algo, al arrodillarse y recogerlo, probablemente para tirarlo en una papelera. La detuve, le quité el poster, lo doblé cuidadosamente y lo coloqué en mi mochila. —¿Simon, qué estás haciendo? —Nada. —Atormentándote, eso es lo que estás haciendo. —Mi madre ha estado haciendo un álbum de recortes. — Dije con desdén encogiendo mis hombros—. Ella también tendrá todo.

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Lisa metió sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y pasó a mi lado. Bajamos a los vestuarios en silencio; los guardias de seguridad asintieron al vernos, aunque mi paranoia hizo que sus saludos amigables se volvieran burlas y risas. La mayoría del equipo ya estaba saliendo; parecía que querían salir de allí lo más pronto posible. Me ignoraron fríamente, y por de facto, a Lisa. Al acercarnos, Abe sacó su cabeza entre las puertas de los vestuarios. Corrió hasta nosotros, con alivio en su rostro. —¿Cómo está él? —pregunté inmediatamente. Abe nunca mentía. —No muy bien. Se está saliendo de su cabeza con los jefes.

Sean

—¿Por qué con ellos? —pregunté estúpidamente. Pude darme cuenta que Abe temía mi reacción de lo que iba a decirnos. —Él quiere que la seguridad intente examinar todos los posters en el siguiente partido y confisque alguno que sea sobre ti. Si, eso imposible!

funcionaría.

—¿Se

volvió

loco?

¡Eso

sería

Abe no quería criticar a su mejor amigo al tornarse en su contra. —Te lo dije. Está molesto. —¿Puedo entrar ahí? —pregunté—. Tengo que detener esto. Es una locura. —Simon…

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—Abe. —Dijo Lisa, y eso fue lo que le tomó para capitular. —Está bien, entonces. —Suspiró él. Solo había visto en mi vida el interior de los vestuarios en las transmisiones televisivas, cuando seguirían a los jugadores luego de ganar para grabarlos cantando la canción del equipo en una armonía victoriosa. Siendo necesario decirlo, y siendo un fan de Richmond, nunca tuve la oportunidad de verlo tan seguido. Abe me guió pasando las bancas, y pude escuchar a Declan antes de verlo. Sonaba furioso, y al pasar la colección de casilleros pude verlo en una pequeña oficina, parado enfrente de una ventana con su entrenador y alguien más, que no pude reconocer desde mi posición, reunidos con la mesa directiva. —Oh, mierda. —Suspiré. Ed maldito Wallace. —Esperaremos afuera. —Dijo Lisa, agarrando el brazo de Abe siendo consiente que cuantas menos personas en esta situación, mejor. Asentí y me dirigí a la oficina mientras que Lisa y Abe regresaban a la salida. Dec me vio antes de llegar allí, y si era posible que se viera más triste, se veía así. Mi viejo amigo Ed estaba de espaldas a mí. Sentí mi estómago caerse. La última vez que lo vi y al entrenador Scott no había sido exactamente la fiesta de verano de la temporada, de regreso cuando Dec estaba en el hospital recuperándose de su operación y sus dos jefes me habían visto como intruso molestando su vaca de dinero.

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Golpeé la puerta y los demás hombres se volvieron a mirarme. —Hey. —Dije. —Simon. —Scott dijo cortésmente. Ed, sin embargo, me miró de mala gana. —¿Podemos ayudarte? —Me preguntaba momento.

si

podía

robarme

a

Dec

por

un

—Estamos un poco ocupados. —Me dijo Dec, su tono me decía que debía irme. Lo que, por supuesto, no haría. —Mira, Abe me dijo de lo que estáis hablando. —Esto son negocios deportivos, Simon. —Me dijo Ed. Me mantuve firme. —Es mi maldito rostro el que está fijo en todos esos posters, así que diría que es mi problema. —¡No puedes esperar, honestamente, que busquemos entre seis mil personas que asisten a los partidos! —Ed escupió. —¡Hey! —Dec advirtió—. ¡No le hables de esa manera! Miré a Dec, tratando de decirle que se calmara mediante los poderes de la mente. No quería hacerlo, y se cruzó de brazos defensivamente sobre su pecho. —¿Entonces? —Ed demandó.

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Pude ver a Dec bajo presión, esperando mi respuesta. —No. —Dije, finalmente—. No puedo. No es factible. Ed se veía complacido, Scott esperando ansiosamente la próxima explosión de Dec, y Dec sacudió su cabeza en mi dirección. —¿Entonces qué sugieres? —Ed de repente estaba bastante interesado en mi opinión ahora que pensaba que estaba de su lado. —No hay nada que hacer. —Encogí mis hombros—. Y no querría que nadie hiciera eso en mi nombre tampoco.

—Pero no deberían estar atacándote, —Declan dijo apretando sus dientes—. No eres un jugador. Ellos… Viejo argumento, y uno que no sería resuelto con un continuo refrito. —Dec. —Scott dijo con calma—. Ya sabes que los insultos suceden en el campo de juego. A veces, incluso, involucra a la familia. Solo porque eliges no hacerlo, no significa que otras personas no lo hagan. —Pero no son otros jugadores haciendo esto. — Argumentó Dec—. Esta es la multitud. Y nunca habían ido tras alguien que no fuera un jugador antes. Por eso es que esto es diferente. —Dec…

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—No deberías estas aquí, Simon. —Dijo Dec, mirándome enojado. Nunca lo había visto mirándome de esa manera anteriormente, con puro enojo. Claro, habíamos tenido peleas y grandes desacuerdos, pero siempre había intentado batallarlo con humor. Estaba más allá de eso en este momento. —No me vas a convertir en el chico del poster buscando censura. —Dije, con un tono hecho de hierro—. Piensa en lo irónico que eso sería. Podré no estar en ese campo como tú, pero puedo recibir mierda cuando me la arrojan. Y puedo lidiar con ello también. Dec y yo continuamos mirándonos, y ninguno de los dos quería retroceder. —Bueno, —Ed interrumpió, sonando mucho más feliz que cuando entré—. Eso es todo, entonces. —No, no lo es. —Dijo Dec firmemente. —Estas solo en esta, Declan. —Le dijo Ed con más de un indicio de satisfacción—. Estás solicitando lo imposible. —Esperaré afuera. —Le dije a Declan. Él no me respondió. Ed fue a estrechar mi mano, pero lo ignoré intencionadamente. Odié tomar la contraria a Dec, pero estaba molesto y siendo más que irracional. Esperé calmarlo, pero parecía haber empeorado las cosas. Abe y Lisa estaban esperando afuera del vestuario, y saltaron tan pronto me vieron emerger de allí como si fuera la

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entrada al infierno. —¿Qué sucedió? —preguntó Lisa. —No es bueno. —Dije—. Está enojado, y ahora piensa que estoy en su contra también. —Sentiría lo mismo si fuera él. —Dijo Abe— y si fuera a Lisa a quien le hicieran esa mierda. —Gracias, Abe. Eso es de gran ayuda. Abe se veía molesto por mis leves ataques. —Si, y yo haría lo que Simon hace. —Lisa frunció el ceño, decidiendo eso porque todo el mundo estaba compartiendo sus opiniones, así que ella también lo haría—. No le daría a esos estúpidos la satisfacción de pensar que me hirieron. —No lo entiendes… —Abe empezó. —¡Detente! —Lo interrumpí—. ¡Vosotros dos no vais a discutir por esto también! —Ok. —Dijeron juntos, escarmentados. —Mirar, Dec realmente está de mal humor. No tenéis que esperar si no quieren. —¿Estás seguro? —Abe preguntó rápidamente. No lo culpo; tuvo que soportar a Dec en el campo por casi dos horas. —No necesito protección —me burlé. Ambos se despidieron con un abrazo, aunque se veían renuentes a irse. Una vez que desaparecieron detrás de las grandes puertas de seguridad, me senté en uno de los sofás y

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saqué mi libro fuera de mi mochila. Había devorado dos capítulos, aunque mi mente realmente no procesaba nada de lo que leía, antes que Declan silenciosamente se parara a mi lado. Cerré mi libro y miré su rostro pétreo. —¿Cómo salió? —Ya sabes cómo salió. —Dijo Dec en un monótono peligroso. —Estás molesto conmigo. —Fue una declaración, porque ya sabía la respuesta. —No quiero llegar a eso aquí. —Ok. —Dije, sin alegría—. ¿Tu casa o la mía? El agarre de Dec se tensionó en su bolsa de deporte—. De hecho, quiero estar solo esta noche.

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Metí mi libro dentro de mi mochila. —Ah, vamos.

Sean

—No empieces. —Advirtió.

Kennedy

—Es estúpido, por nuestra parte, que peleemos por esto. —Intenté aplacarlo—. Tu sabes que no podrían hacerlo. Y cuando te calmes… —¡Estoy calmado! —espetó. —Si, suenas como tal. —Te dije que no empezaras. —Y tú suenas como un tonto. —Echaba chispas. La furia se encendía en sus ojos de nuevo. —Simon, maldita sea..


—En serio, no puedes molestarte así. Hablemos de esto. —No voy a hablar de eso aquí. ¿Recuerdas, Simon, que no hace mucho, dijiste que los harías pagar si estuvieras en mi posición, si me hubieran insultado? Lo hice. Pero era una vaga fantasía. —Por supuesto que me sentiría de esa manera. Pero hay maneras realistas de lidiar con ello, y luego está intentar que tu club pague por seguridad en la búsqueda de gente para que no sean malos con tu novio. —Gran manera de reducirlo, Simon. Me voy. Y ahí empezó a caminar, alejándose. —¡Hey! —grité. Dec se dio la vuelta y me dijo con voz ronca. —Nunca vuelvas a hacerme eso de nuevo. Hazme a un lado si lo tienes que hacer, pero no me hagas quedar como un maldito idiota enfrente de mis jefes. —Intenté hacerlo, si recuerdas Dec, pero tú te lo hacías a ti mismo. —Lo dije, y quería que ardiera. No dijo una palabra. Simplemente caminó en dirección al parking. Así que me quedé ahí. Y no tenía mi coche. Me quedé sentado ahí estúpidamente por diez minutos, preguntándome si se calmaría y vendría de regreso por mí. No lo hizo. Al final colgué mi mochila sobre mi hombro y salí del Domo, dirigiéndome a la Estación de la Cruz del Sur,

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entre al puente y bajando a la calle Collins para coger mi tranvía. Esta no era la manera como había imaginado que el resto del día iría. Ahora Dec ya estaría en casa, pisando fuerte en su apartamento. Me pregunté cuánto le tomaría calmarse. No esperaba la inevitable conversación que tendríamos que tener en donde regresaríamos a quién dijo qué y qué haríamos ahora. Solo deseaba que el maldito suceso nunca hubiera sucedido y que me hubiera escuchado desde el inicio. O que me hubiera dejar ir a casa con él y arreglarlo todo de una vez. El tiempo lo haría empeorar. Intenté perderme en mi libro pero no me pude concentrar y terminé colocando mi cabeza contra el vidrio frío de la ventana mientras que el tranvía traqueteaba en su camino, pasando por la Estación Parlamento. La chica al otro lado me miraba, y empezaba a sentirme nervioso. Finalmente se me acercó y murmuró: — Oye, ¿eres ese chico con quien sale Declan Tyler? Le di una sonrisa cansada. —Si lo fuera, ¿piensas que estaría montado en este tranvía? Ella se veía decepcionada. —Creo que no. Y me dejó en paz luego de eso.

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Capítulo 27 —¿ASÍ QUE, ya te ha llamado? —Preguntó Fran. —Sabes que te lo hubiera contado si lo hubiera hecho. — Le dije, meciendo mi cerveza. Ella frunció el ceño y luego su mirada fue de simpatía. — Simon, ¿has intentado llamarlo o estás siendo obstinado? Quería pretender que era el usual yo, todo lejano y seguro, a pesar del hecho que todos aquellos amigos cercanos vieran la verdad enmascarada, pero estaba muy cansado de ello. —Lo intenté. Varias veces, la verdad. Nos sentamos en silencio por unos minutos, dejando que el sonido de fondo del Napier tomara el lugar de la conversación. Finalmente, le pregunté lo que había querido preguntarle desde que me senté. —¿Tú has hablado con él? Me miró con tristeza y sacudió su cabeza. —Oh, —dije, derrotado—. calmándose… entonces.

Todavía

debe

estar…

—Probablemente esté más avergonzado por el hecho que perdió su calma por una vez. —Dijo Fran— siempre mantiene las cosas muy dentro de su pecho. Para ser tan abierto al respecto, y perder la vergüenza… bueno, él es un hombre.

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—¡Hey! Digo en nombre de mi género. —Déjalo, hombres.

—Fran

protestó—.

Estúpidos

y

malditos

—Si. —Asentí antes que pudiera detenerme. Ambos reímos, y fue la primera vez que lo hice en días. BORRACHO me dirigí de la parada del tranvía de regreso a mi casa y vi que el coche de Declan estaba estacionado en mi calle delante de mi casa y las ventanas de mi casa estaban ligeramente iluminadas. En vez de sentirme aliviado, estaba molesto. Estúpido y maldito licor, dentro de mi sistema. Sentí que esta no era una situación que debería encarar con malta y lúpulos. Abrí con torpeza la puerta dejando las llaves en ella y entré para encontrarlo sentado calmadamente en mi sofá con Maggie en su regazo. —Maggie, traidora. —Arrastré las palabras. —Entré por mi cuenta. —Dijo Declan innecesariamente. —Entonces debes conocer al camino de salida. —Dije con grandeza, quitándome los zapatos. —Simon… A tropiezos entré a mi habitación, sintiéndome enfermo del estómago aunque no era por el licor. Me acosté en mi cama, al no poder mantenerme en pie. Escuché el sonido de la campanita de Maggie; Declan debió levantarla de él, porque pude escucharlo caminar por el hall.

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—Vas en el sentido equivocado. —Grité. El colchón se hundio cuando se sentó a mi lado. —¿Has estado bebiendo? —Increíble, —dije— ¿cómo lo descubriste? Descansó su mano a mi lado, y yo me retorcí debajo de ella. —Simon, por favor. Me arrastré para sentarme aunque la habitación daba vueltas sin control. Declan me veía con preocupación. De pronto él debía pensar que me había vuelto alcohólico por la desesperación. —―Por favor‖ —aspiré— creo que dije eso en uno de los cientos de mensajes que te dejé. —¿Podemos hablar? —Intenté hablar contigo el sábado. No querías hacerlo. Ahora no lo quiero hacer. No respondió; solo se quedó sentado ahí. Y podría decir que estaba mordiendo el interior de su mejilla. Y solo esa pequeña cosa hizo que colapsara internamente. Le di abrazo rápido. —Mentí. Sí quiero hablar contigo. Pero creo que voy a vomitar. —Me acosté de nuevo, contento que la habitación dejara de moverse al hacerlo. Declan se acostó a mi lado, y sus brazos me abrazaron acercándome a él. Y misteriosamente, empecé a sentirme

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mejor. GRACIAS A DIOS, no tuve una resaca cuando me desperté horas después, pero estaba frío incluso cuando Declan aún me sostenía en sus brazos. Así que los eventos que parecieron un sueño de hecho eran reales. Nos habíamos quedado dormidos sobre las sábanas, y Maggie estaba en el nido formado por nuestras piernas. —Lo siento. —Declan murmuró, sintiendo que estaba despierto. —Yo también. Decidimos no presionar el problema. Ambos sabíamos cómo habíamos forzado las cosas, y no había necesidad en presionarlo. Pero debía hacerle saber una cosa. —Soy un chico grande, Dec. —Piensas en grande sobre ti. —Dec sonrió, sin poder resistirse. —Lo digo en serio. Puedo lidiar con las cosas. No te detendré cuando te preocupes por mí. No hará que deje de preocuparme por ti. Pero podremos lidiar con las cosas. Sus labios encontraron el hueco de mi cuello. Me di la vuelta para que estuviéramos cara a cara, ansioso de sentir su boca contra la mía. Nos besamos profunda y lentamente, saboreándonos entre nosotros. Reponiendo el tiempo que habíamos perdido los últimos días. Maggie, perturbada por los cuerpos en movimiento, salió volando por un suelo más seguro. El timbre de la puerta sonó.

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—¿Quién demonios está aquí tan temprano en domingo por la mañana? —gruñí.

un

—Es lunes. —Me recordó Dec. —Día festivo. —Lo corregí—. Es un domingo con otro nombre. Le di otro beso, contento que estuviera ahí para recibirlo, y me dirigí a la puerta. Escuché a Declan siguiéndome. Fran y Roger estaban parados en la entrada. Roger se veía ligeramente verde; Fran tenía puestas unas gafas de sol, a pesar que el día estaba nublado. Ella sostenía un par de bolsas de papel, grasientas y de color café, y Roger sostenía una por su cuenta también. —Cura para la resaca, —anunció ella—. No digas que no te amamos. Luego levantó sus gafas para revelar dos ojos rojos al ver más allá de mi hombro. Declan había aparecido detrás de mí. —Bueno, —dijo Fran, bajando sus gafas de nuevo—. Que bien que hemos traido más. Roger intentó darme una mirada intimidante al entrar. Falló, así que intentó con Declan. También falló. Me di la vuelta para seguir a Roger a la cocina; detrás de mí escuché un ruido sordo, y a Declan protestando. Volteé a mirar y lo vi frotando su hombro. —¡Ella me golpeó! —dijo con una expresión herida en su rostro.

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Fran me dio un guiño al seguir a la cocina. —Tienes suerte que no fue en tu rodilla. —Quiere decir que te quiere. —Le dije a Declan. Él continuó frotando el área dolorida. —No se siente como tal. —¿Podemos comer? —Roger gimió desde la cocina—. Tengo hambre. —Tú ve primero. —Murmuró Declan—. No creo que mi hombro pueda soportar otro golpe. Intentando ocultar mi miserablemente, guié el camino.

sonrisa,

pero

fallando

Y ASÍ eran las cosas para nosotros. Altas y bajas. A veces más bajas que altas. Pienso que es gracioso, porque experimentamos todo de manera diferente. Él había sido bombardeado en el campo de juego, pero nunca por parte de los fans. Yo, por mi parte, lo había recibido por parte de los fans. Los pinchazos de agujas en los partidos se mantuvieron en un nivel estable en vez de desaparecer como esperaba que sucediera. Dec llegó al punto donde quería que me mantuviera alejado por mi propio bienestar, pero yo, obstinadamente tomé mi lugar en el cubículo de los jugadores en todo partido que se diera en Melbourne. Lejos del campo también me había vuelto reconocido por el ojo público, y eso quería decir que ciertos miembros de este se sentían con el derecho de empezar a gritarme en cualquier momento que me vieran. Tuve que llevar mi iPod donde quiera que estuviera expuesto y solo, pero a veces podía escucharlos por

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encima de la música. Si estaba con Dec, nunca lo intentaban. Ellos querían ser su amigo, así que por defecto era tratado con gentileza. Aunque, Fran y Roger pudieron verlo de vez en cuando. —¿Cómo puedes soportarlo? —Preguntó Roger. —Solo tengo que hacerlo. —Quiero golpearlos por ti. —Gruño Fran. —Si quieres hacerlo, adelante, yo no he escuchado nada, así que no puedo ser responsable. —Dije. Y de alguna manera lo decía en serio, aunque no era algo sabio. La única ocasión negativa cara a cara que Declan experimentó fue en una entrevista de radio donde uno de los comentaristas le preguntó si era activo o pasivo. Cuando Dec tuvo que preguntarle si lo decía en serio, le dijo que no tenía sentido del humor. Declan salió de la entrevista temprano, los ejecutivos de los Demonios fueron con balística contra la estación de radio, y las líneas de batalla cayeron. Más tonterías de los programas de fútbol en la televisión lo amonestaban como si fuera un cobarde, aun Dec sabría que si hubiera ido a su programa ellos le habrían besado el culo. Estaba casi contento cuando los Demonios no llegaron hasta las finales, lo que significaba que tendría más descansos lejos de todo eso. No quiero discutir cómo los Tigres lo hicieron. Dec y el resto de su equipo fueron a sus tempranas vacaciones de fin de temporada, pero estaría de regreso a tiempo para la ceremonia de los Brownlows. El Brownlow. Esa era otra cosa en la que no quería pensar, estando en la misma sala con un gran grupo de gente

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que me insultaría en el campo para intentar provocar a mi pareja cada semana. Sé que insultar no se supone que fuera algo personal, pero eso no me ayudaba. —Has perdido peso. —Me dijo Fran como crítica, mientras que Declan no estaba. —Bien, puedo ir de compras en la sección de chiquitas en búsqueda de mi vestido para los Brownlows. —Contesté con amargura. Fran me dio una pequeña sonrisa. —He escuchado lo que dicen en ese programa. No sé por qué Roger mira esa tontería. —Él dice que es solo porque quiere saber los chismes de la casa. —No vale la pena. Especialmente cuando se burlan de tus amigos. —Ellos dijeron que me vería bien en un vestido. Ya sabes, porque soy una chica. —Hay peores cosas que ser llamado una chica. —Es cierto. —Encogí llamaron la pequeña dama.

mis

hombros—.

También

me

—Wow, así que son misóginos101 y homofóbicos. Intentan tildar cada caja, ¿qué habrá de nuevo? —No estás ayudando. —Puedo ir de compras de vestido contigo. 101

Para aquellos que no estén a tono con el término, hace referencia a la ideología que evidencia odio y aversión a la mujer.

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—Cállate Fran. —¿Qué vas a llevar puesto a los Brownlows de todos modos? —¿Te has convertido en Roger sorprendido que incluso sepas qué son.

de

repente?

Estoy

Ella se encogió en hombros. —Es impresionante lo que puedes aprender cuando de hecho te importa. —¿Te importan los Brownlows? —pregunté sorprendido. —Dos de mis amigos van a ir. —Señaló—. Fue una gran controversia el año pasado. No tiendo a olvidar de esa manera. Respiré profundamente. controvertido este año.

—Espero

que

no

sea

Fran se quedó mirándome; su expresión extrañamente indescifrable. —Eso espero también.

tan

589 Sean

era

—¿ESTÁS seguro que eso es lo que realmente quieres llevar puesto? Prácticamente lo primero que Declan me obligó a hacer cuando regresó a Melbourne fue ir de compras con él y finalizar el guardarropa para los Brownlows. Me dio risa al ver

Kennedy


que Declan se preocupaba por la ropa, y preguntándome si él quería un tonto montaje de película donde simplemente desfilábamos con varios trajes intercambiados al sonido de una canción primaveral. —¿Qué tiene de malo? —miré su reflejo en el espejo cuando se me acercó desde atrás y dejó su mano sobre mi hombro. —Es solo que… —¿Qué? —pregunté, gruñón y cansado. Había probado siete diferentes trajes, y odiaba ir de compras en el mejor de los días. Soy el tipo de comprador que no se probaría nada y solo tiraría la ropa sobre la registradora y saldría del sitio lo más pronto posible. Y luego rogaría que de hecho me quedaran bien cuando llegara a casa. —No es muy tú. ¿Eso fue un centelleo en su ojo? —¿Qué es yo, entonces? —Es solo que es muy simple. —Se ve como lo que llevaste puesto el año pasado. — Señalé. Era un traje negro, perfectamente agradable y tradicional, con un combo de una camisa blanca y un corbatín. —Exacto. —Dec estaba de acuerdo. —¿Así que es suficiente para ti, pero no para mí? —Deja de pelearme en esto. Lo tradicional me queda. Soy tradicional. —Lo dice un futbolista gay. —Me di la vuelta para tenerlo

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cara a cara. Declan rió. —Está bien, me agarraste ahí. Pero estoy hablando de ropa. —Solo porque los periódicos sigan imprimiendo esa foto donde aparezco con un traje verde lima… —Te gusta ese traje. —No es material para los Brownlows. —Ah, —dijo Declan, como si eso lo explicara todo. Se volvió a sentarse en el sofá y me arrastró con él. —¿No deberían traernos café? —me quejé—. ¿Lo ofrecieron? Nunca he estado en una tienda de ropa de alta marca como esta antes. Quiero las gratificaciones. Declan sabiamente me ignoró para enfocarse en el problema importante. —Quiero que estés cómodo en los Brownlows. —¿Y? —No vas a estar cómodo si no vas como tú mismo. Me hundí contra el costado trasero del sofá y un poco entre él. —No voy a estar cómodo si voy como yo tampoco. —Nunca estás contento. —Solo quiero decir, sé que voy a estar al extremo. Y a decir verdad, no quiero avergonzarte. Nos van a observar lo suficiente, incluso si antes le pido a Maria Von Trapp102 que me vista con las cortinas del lugar. 102

Fue la matriarca de los cantantes de la familia Trapp. Su historia inspiró la película Sonrisas y Lágrimas.

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—Incluso tu gusto no es tan malo. —Sabes a lo que me refiero. —Simon, tú no me avergüenzas. Tienes que superarlo. Quiero que vayas como tú, porque tú eres con quien salgo. Se dio cuenta lo mal que quedó estructurada esa frase y sacudió su cabeza. —¿Ves lo que me haces? —¿Qué tal si hacemos un compromiso? —sugerí. —¿Cómo? —Esa chaqueta negra larga, y me pondré una de mis asquerosas camisetas de bandas bajo ella. —Aun algo discreto para ti, pero al menos es mejor que lo que llevas. —¿Me veo tan mal en esto? —pregunté. Declan se echó hacia atrás evaluándome. —No creo que sea así del todo. Creo que te ves brillante. —¿Y aun me haces ponerme algo diferente? Él me besó. —Cállate, Simon. —Pero... El café finalmente llegó, y ahora era el momento de Declan para que jugara a ser modelo. MIRANDO hacia atrás, este podría ser el momento cuando todo empezó a volverse una mierda. O de pronto fue el poster

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de Las Esposas de Futbolistas lo que lo empezó. De todas formas, todo escalaba tan rápidamente que apenas había tiempo para reconocer lo que de hecho sucedía. Por supuesto, en retrospectiva podrían decir que todo podría manejarse mejor en todos los lados, pero se había edificado por un tiempo y unas cuantas experiencias hizo que todo explotara. Pero al empezar a prepararme para la ceremonia de los Brownlows, todavía me sentía bien, a pesar de los nervios esperados. Declan y yo nos estábamos vistiendo juntos, y me sentía un poquito como en un deja vu de hace un año, excepto que esta vez no vería a Declan entrar a la limosina con alguien que no fuera yo. —¿Ya has escogido la camiseta? —Declan me preguntó mientras abotonaba su camisa sobre su pecho. Abrí el guardarropa de nuevo y saqué algunas. —¿Patty Hearst, Kimba el León Blanco, o debería mostrar mi verdadera lealtad y llevar mi camiseta de Richmond? Declan me arrebató la camiseta blanca y amarilla y la echó dentro del guardarropa con disgusto. —Está bien. —Arrastré las palabras. Declan se abalanzó sobre mí y empezó a tirar mi ropa. — ¡Vístete! —De hecho me estás desnudado. —Señalé—. Pero me gusta. Me dejé manipular como si fuera un muñeco mientras que él levantaba mis brazos y me quitaba la camiseta. Me estremecí levemente al hacer frío en la habitación, pero mantuve mis brazos en el aire mientras Dec escogía la

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camiseta de Kimba y la llevaba sobre mi cabeza. —Bueno, estas a mitad de camino. —Sonrió—. Creo que puedo dejarte hacer el resto. —Puedes ayudar con mis pantalones. —Jódete. Alístate. Él desapareció hacia la sala, y abrí el guardarropa de nuevo para sacar una nueva camiseta que había comprado especialmente para esta noche. Era sencilla y de botones, de verde federación, y pensé que se vería bien con la corbata negra que había comprado también. Nunca pensé que sería dueño de una corbata en mi vida, pero siempre hay primeras veces para todo. Declan regresó a la habitación justo cuando alisaba la chaqueta, y me señaló. —Eso no es… wow. Te ves bien. Él también. Me sentí bizarro como si fuera al baile escolar. Excepto que finalmente iba al baile escolar del modo en que quería, con una pareja. —Te ves muy bien. —Dijo Declan. —Trata de no sonar muy sorprendido. —No te sorprendas si terminas en la lista de los mejores vestidos este año. Reí. —¡Adulador y mentiroso! Necesito verme bien cuando voy con el medallista de esta noche. —No me traigas mala suerte. —Hizo una mueca—. No creo que gane. De hecho, espero no ganar.

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Si fuera otro, no lo creería. Pero Declan odiaba la atención, incluso luego de los últimos seis meses. Antes que pudiera decir algo, el sonido de un claxón vino desde afuera. —Esa debe ser la limusina. —Dijo Dec—. ¿Listo? Él estiró su mano y yo la tomé. —Claro. Aunque mi voz sonó más estable de lo que yo estaba. ACORDAMOS compartir la limusina con Abe y Lisa. Lisa estaba algo borracha cuando Dec y yo nos montamos en la parte posterior de la limusina con ellos, y dijo que ambos nos veíamos deliciosos. Ella ya había allanado el mini bar, y yo estaba muy contento de ayudar. —Trata de dejar espacio libre para el bar en la ceremonia. —Abe dijo afablemente. —Solo nos estamos robando a nosotros mismos. —Dijo Lisa—. Así que, Simon, ¿de quién es ese traje? —Fácilmente se deslizó al rol de la presentadora de la alfombra roja. Me incliné hacia el micrófono invisible en su mano y dije elegantemente: —Bueno, planeo tener puesto a Declan después, si sabes a lo que me refiero. Dec sacudió su cabeza suavemente. —No lo incites.

mientras

que

Abe

reía

Mi sobre exagerado sentido de bravata se había extinguido rápidamente cuando la limusina se detuvo en el vestíbulo del Casino Crown. —Nosotros no iremos detrás de vosotros. —Molestó Lisa—

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. Seríamos opacados. Estaba contento que salieran primero, aunque me preocupó que me diera unos momentos extra para considerar saltar por la puerta y salir anónimamente hacia la noche. Mis pensamientos debieron ser transparentes Declan, pues me miraba con preocupación.

para

—Nos vemos adentro. —Abe dijo jovialmente, aunque él sabía que estábamos cagándonos del susto. Lisa nos dio a los dos un apretón de manos como apoyo y luego fue ayudada a salir de la limusina por Abe. —¿Estás listo? —preguntó Dec. —No necesitas ayudarme a salir. —Le dije, antes que su lado caballeroso se apoderara de él. Él me dio una mirada marchita. —¿En serio? —Pero mantente cerca. Él sonrió. —Estaremos bien. Y luego lo seguí afuera a los destellos de luz. Las fotos del día siguiente mostrarían a Declan, pulcro y seguro, siempre como un profesional. Y junto a él, yo apareciendo como un conejo en un camino rural mirando los faros de un coche aproximándose. Honestamente no recuerdo mucho de los tropiezos por el pasillo, mirando a los fotógrafos empujándose para obtener el mejor ángulo de nosotros o los admiradores detrás de las barreras gritando por un autógrafo de Declan. Recordando su promesa de permanecer cerca, Declan me hizo pasar por la

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barrera a su lado mientras que él firmaba cualquier mercancía de los Demonios que le pasaran. —¡Simon! No había forma que detuviera mi sonrisa instantánea. Fran y Roger estaban empujando su camino al frente de la barrera. Me moví hacia ellos y me acogieron en un abrazo de oso de ambos. —¿Qué están haciendo aquí? —pregunté, sorprendido pero complacido. —Apoyo moral, por supuesto. —Contestó Fran. —¿Está funcionando? —Preguntó Roger. —¡Si! —y no estaba mintiendo. Las serpientes en mi estómago se habían calmado de algún modo. Declan ahora los había visto y vino por su propio abrazo. —Desearía poder meterlos. —Dijo en tono de disculpa. —Pues… —Roger empezó a decir, pero recibió un codazo de Fran. —Divertiros —dijo ella, señalando detrás de nosotros—. Parece que os están solicitando para entrevistaros. Dec y yo nos dimos la vuelta para ver el presentador de la alfombra roja mirándonos para que nos atreviéramos a soportarlos. —Nos vemos después. —Dijo Declan. —Envíanos un mensaje de texto cuando salgais. —Nos gritó Fran. Lejos del círculo de confort de nuestros amigos tuve que

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luchar contra las náuseas de nuevo. Pero su presencia me había envalentonado, y mantuve una amigable pero neutral sonrisa en mi rostro mientras que Declan y yo nos parábamos en el podio para ser entrevistados. —¿Declan, cuales crees que son tus oportunidades esta noche? —preguntó la amable presentadora de televisión. —Está en juego entre algunos pocos de nosotros. —Dijo Declan con modestia. —Jugando suave. —El presentador rió entre dientes. —Para nada. —Para los teleespectadores en casa, —la presentadora preguntó, preguntó fallando pulcramente en su requerido papel al ser específica en género—. ¿Quién te vistió esta noche, Declan? Declan mordió el interior de su mejilla, suprimiendo su sonrisa. —Un diseñador local, Keith Ho. Luego se volvió hacia mí. —¿Y tú, Simon? Me acerqué al micrófono como si fuera la mano de Lisa y dije: —Los Ahorradores en la Calle Sydney. Estantería de seis dólares. Por supuesto, obtuve mi traje de la misma tienda que Declan. La anfitriona no supo que hacer con mi respuesta, así que con un pequeño destello de pánico eso desapareció rápidamente entre la fachada profesional, decidió tomar un rumbo diferente. —No será una sorpresa quien esperas que gane esta noche.

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—Probablemente no. —Dije suavemente. —¿Quién? —Ella rió alegremente, pretendiendo que no estaba en el juego. —Stephen Burrows de Richmond, por supuesto. Declan no pudo dejar de reír, especialmente cuando las mandíbulas de ambos presentadores cayeron. —En realidad, él es mi mayor fan. —Dijo rápidamente, y él nos movió del lugar hacia el interior rapidamente. —¿Cómo me fue? —pregunté inocentemente. —Eres malo —Declan contestó con una cara rígida. Abe y Lisa estaban esperándonos justo entre las puertas. —Vosotros dos vais a estar en las noticias con esa pequeña presentación, —dijo Lisa con una sonrisa malvada. —¿Cómo lo saben? —pregunté desconcertado. Abe apuntó sobre su cabeza, donde una pantalla gigante estaba trasmitiendo la alfombra roja en vivo. —Stephen Burrows estará contento de que lo apoyes. —Si, —Declan me dio un codazo en las costillas—. Podría utilizar tu voto. —Si pudiera votar, tú tendrías mi voto. —Dije con grandeza. —Mentiroso, pero gracias. —Dec se rió. Nos sentamos en la misma mesa en la que la mayoría de los jugadores de los Demonios lo hicieron. Anna y otras más

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de las ENAs nos saludaron cálidamente, mientras que Rachel y algunas de sus compinches pretendieron que no existíamos. Los compañeros del equipo de Dec fueron educados conmigo, pero había una distancia que no pude evitar sentir incluso cuando Declan parecía no ser consciente de ello. Si piensan que mirar los Brownlows desde casa es aburrido, es aun peor cuando de hecho asistes al evento. Especialmente si asistes como la cita de uno de los candidatos, porque la cámara estará sobre ellos todo el tiempo que sus nombres sean mencionados, y debes verte atento y dando apoyo. Nada sería peor que la cámara te captara bostezando o mirando al espacio con expresión vidriada, o rascándote la nariz; se esperaba que el nombre de Declan se escuchara bastante. Mi novio era un dios del fútbol. Todos en nuestra mesa esperaban que él ganara, y no era simplemente porque fueran compañeros de equipo. Parecía ser el consenso general por parte de todos en el teatro. Pero un cuarto del camino durante el conteo nos dimos cuenta que algo no estaba del todo bien. Dec no obtenía los votos esperados para él por ciertos partidos jugados, partidos donde había sido el jugador del día. Dec permaneció estoico, pero escuché a Abe siseando a mi lado y un ruido general por los alrededores de la mesa. Durante un corte comercial, Abe se inclinó sobre mí y le dijo a Declan. —Esto es basura. —Cálmate, Abe. —¡De verdad, Dec! —¿Qué crees que está sucediendo? —le pregunté a Dec

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en voz baja. —Nada. —Fue su corta respuesta. —Es obvio. —Dijo una voz al otro lado de la mesa. Miré para ver a Geoff Hendricks mirándome con un gruñido que parecía como si un villano estuviera atando a Penélope Pittstop103a las vías férreas. —¿Qué fue eso? —demandé. —Cállate, Hendricks —advirtió Dec. —¿De qué está hablando? —le pregunté a Dec. Dec sacudió su cabeza, pero Geoff continuó: —¿Te das cuenta de los partidos de los que no obtuvo puntos? Miré a Dec por algún tipo de respuesta, pero hubo un anuncio que regresábamos de corte comercial, así que tuvimos que colocar nuestras fachadas de interés placentero. Ahora que Geoff había señalado el punto, empecé a darme cuenta de los partidos de los que a Declan le negaron puntos. Y el patrón fue reconocido rápidamente. Había partidos a los que había asistido. Partidos donde Declan usualmente se había involucrado en algún tipo de riña. A la mitad de la cuenta de puntos, Declan era quinto donde al menos debería haber sido segundo, y parecía que iba a seguir bajando del liderazgo. —Vamos, chicos, —dijo Declan a la mesa, tratando de aliviar el ánimo—. No podemos esperar a ganar todo. 103

Más conocida por los hispano-parlantes como Penélope Glamour, un personaje ficticio de una serie animada llamada los Autos Locos, de los años 60 y 70. Es mejor buscar la referencia y entender el comentario.

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—Ese es le punto. —Dijo Geoff—. No hemos ganado nada este año. Esto era lo qué teníamos guardado. —Pues, obviamente no es así. —Respondió Declan. —Me pregunto por qué. —Geoff murmuró hacia su cerveza. —¿Tienes algo que decir, Hendricks? —preguntó Abe amenazante. Declan aclaró su garganta, y Abe bebió oscamente de su propia cerveza. El ánimo no mejoró, incluso cuando Declan pudo llegar al tercer puesto. Unas rondas más lo cortaron y los demás jugadores saltaron posiciones, y en los finales Declan pasó de cuarto a segundo, con solo un punto entre él y el primero. —Eso es todo. —Me susurró Declan—. Ya todo terminó. —Aun faltan dos rondas. —Le recordé. Él sacudió su cabeza. Él ya lo sabía. Aunque Dec había terminado en la ronda final con tres goles y una marca espectacular que lo habían reconocido como el Jugador del Día, recordé que hubo otro desastre en el campo. Declan no obtuvo puntos por la ronda y permaneció segundo, perdiendo por un punto de diferencia contra Francis Bevan. Declan aplaudió el anuncio. —Él lo merece. Es un buen jugador.

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Hendricks frunció el ceño. —Se suponía que tú debías ganar. —Pues, no lo hice. —Estoy contento que estés tan tranquilo al respecto. —Parece que te importa lo suficiente por parte de los dos. —Dec contestó de regreso. Cualquier escalada de sus francotiradores se detuvo cuando el entrenador, Scott Fraiser, se acercó a la mesa y asintió a Declan. Dec movió su silla hacia fuera, murmuró: — Perdónenme. —Y salió a un lado para hablar con su entrenador. —Regreso en un momento. —Le dije a Abe y a Lisa. —¿Estás bien? —preguntó ella. Asentí y me dirigí a los baños. No necesitaba ir, pero sí necesitaba un lugar semiprivado donde simplemente podría ocultarme por un momento y tratar de recuperar fuerzas. Solo había un par de chicos en los urinales cuando entré; me encerré en un cubículo y miré con trsteza la puerta la puerta. Escuché la puerta abrirse y cerrarse de golpe de nuevo y asumí que los otros chicos debieron irse. Abrí la puerta del cubículo para ir y rociarme agua en mi rostro y solo intentar enfriar el repentino calor que sentí formarse desde mi cuello hacia arriba.

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No estaba solo. Geoff Hendricks estaba parado cerca de la puerta, con algunos de los otros jugadores de los Demonios flanqueándolo. No quería que la paranoia me abrumara, así que asentí hacia ellos y continué en el lavabo. —¿Estás contento? —preguntó Hendricks. Tomé mi tiempo para lavarme las manos y lo miré por el espejo. —¿Con qué? —pregunté firmemente. —Costarle a Tyler su medalla. Cerré el grifo y me dirigí al secador. —No le costé nada. —Grité sobre el sonido del secador de manos. —Sigue diciéndote eso. —Hendricks gritó como respuesta, y su voz tambaleó cuando el ciclo del secador terminó, y tuvo que bajarla de nuevo—. Pero todos sabemos que lo hiciste. —¿Qué, él no puede tener una vida social como el resto de vosotros? —era gracioso como ya no me sentía paranoico o amenazado, solo estaba molesto—. ¿Está bien que tengáis novias, pero él no puede tener a alguien? —Nuestras novias no causan la mierda que tú sí. —Jack Hanley elevó la voz. —Yo no estoy causando mierda, todos a mí alrededor, sí. Incluso ahora. —Señalé—. Me seguisteis hasta a aquí, no al revés. ¿Qué pretendéis conseguir? ¿Creéis que Declan va a ver la luz de repente si me hacen algo?

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Me di cuenta por la expresión de algunos de sus rostros que no planeaban hacerme algo; más bien parecía que querían ventilarse sobre mí por la injusticia percibida contra su equipo. Y ahora reconocían lo malo que se veía que seis hombres se confabularan contra uno en un baño público. Hendricks abrió su boca para hablar de nuevo, pero la puerta principal se abrió de un golpe. Abe irrumpió dentro, e hizo erupción a la vista que tenía al frente. —¿Qué mierda está sucediendo aquí? —Nada. —Dije inmediatamente—. Solo estábamos hablando. ¿No es así muchachos? —Tanto tiempo pasándola con Declan significaba que podría utilizar sus manierismos fácilmente. Nadie me contestó realmente, así que continué: —Bien, eso es eso, entonces. Ellos salieron del lugar, un par de ellos mascullando disculpas hacia mí. Hendricks permaneció impenitente. Ninguno de ellos podía mirar a Abe a la cara. —¿Simon, estás bien? —preguntó, preocupado, cuando estuvimos solos. Me apoyé contra el lavabo, mis piernas poniéndose gelatinosas. —Si, bien. —¿Qué sucedió? Lo miré. —¿Cómo supiste cuando venir? —No fueron muy sutiles. Prácticamente ellos se pusieron de pie después que tú lo hiciste, y los vi dirigirse hacia aquí.

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Hubiera estado antes, pero fui asaltado por Scott. —Está bien. Creo que los hice sentir avergonzados antes que tú llegaras. —Ahora no te ves muy bien. Me sentí como si fuera a vomitar. —Estaré bien. Abe suspiró. —Declan se va a volver loco cuando se entere. Me di la vuelta tan rápido que sentí que las paredes seguían girando mucho después de que me detuve. —¡No puedes decirle! —¿Por qué no? —Porque se volverá loco. Y no puede enemistarse con todo su jodido equipo. —No puedes esperar que no diga nada. Porque cuando eventualmente le cuentes, se va a descargar conmigo, no contigo. —No, él estará molesto con ambos. Solo deberías dejarme manejarlo todo, Abe. Y ahora entendía por qué Declan y Abe eran los mejores amigos. Él se irguió y me dio una mirada de desdén. —Sabes, de pronto no te intereso, Simon, pero te veo como un amigo ahora. Y los amigos se cuidan entre ellos. Vine aquí para apoyarte, igual como lo hubiera hecho si fuera Declan. Y si hubiera sido Declan en esta situación, estarías besando mi jodido trasero por venir detrás de él.

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Nos miramos entre nosotros por un largo tiempo antes que admitiera. —Tienes razón. Y gracias. Pero Abe no había terminado conmigo. —Solo un consejo amigable. Yo sé que no le estás contando a Declan todo lo que te está sucediendo. Y eso es porque Lisa me cuenta, y está preocupada por eso. Eso me pone en una jodida posición porque sé algo que Declan debería. Debes ser justo con él. Asentí. —Está bien. Pero apuesto a que le ocultas cosas a Lisa para no herirla. —Si, y lo sabe de todas maneras. Por eso es que no aguanto y le cuento. Tú deberías hacer eso de vez en cuando. Pasé a su lado dirigiéndome hacia la puerta. —Gracias, Abe. —Si no le cuentas pronto, entonces lo haré yo. No era algo que quería que sucediera, pero tenía que admitirlo. Al salir del baño, recordé algo que dijo antes. — Oye, tú dijiste que Scott te detuvo antes. ¿Pensé que él estaba hablando con Dec? Abe por un momento se puso rojo, pero rápidamente dijo: —Ah, para entonces Dec estaba hablando con otras personas sobre la medalla. Regresamos al salón, y para entonces pude sentir algo secreto y vivo, cargándose entre nosotros. Miré a través de nuestra mesa y pude ver un futbolista conocido al lado de Dec. Dec estaba riéndose de algo que él acaba de decir y luego se inclinó acercándose para decirle algo. —Ah, —le dije a Abe débilmente cuando me di cuenta de

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todo. —¿Qué? —Abe preguntó. Muy rápido. —Es el ex. Abe no dijo nada. —Solo dilo, Abe —Yo… —Muchas gracias, después de lo que dijiste allá sobre secretos. —Simon… —No le cuentes lo que sucedió. —Salí del lugar caminando, y pude verlo mirándome. Volteé una esquina y encontré un pequeño rincón con un sofá. Busqué en mis bolsillos mi teléfono móvil y llamé a Roger. Él contestó luego de algunos timbres, y le pregunté dónde estaba. —Aun estamos en el casino. Siento que Dec no ganara. —Sonaba tan agraviado como si fuera él quien hubiera perdido—. ¡Eso fue arreglado! —Voy a vuestro encuentro chicos. Me dijo en qué parte estaba, y dije que estaría ahí en cinco minutos. Luego puse mi mejor rostro y me dirigí de regreso a la mesa. El ex me vio llegar y se fue antes que me presentara, y Dec no dijo nada de él al sentarme. Abe y Lisa me vieron de cerca; por la mirada en el rostro de Lisa podría decir que ya había sido informada por él acerca de los eventos en el baño y mi descubrimiento de la identidad de mi

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predecesor. —¿Oye, dónde has estado? —preguntó Declan. Se veía suficientemente inocente, y odié por un corto momento el hecho que no podía soportar su mirada. —El W.C. —encogí mis hombros—. Mira, Roger y Fran acaban de llamarme. Aún están en el casino. Pensé que podría ir y verme con ellos mientras terminas aquí. —¿Necesitas una sesión de charla? No podía creer que estaba actuando así cuando sabía lo que había hecho. —Algo así. —No será por mucho tiempo. —Me dijo. —Tómate tu tiempo. Me despedí brevemente de Abe y Lisa. Lisa me miró como si fuera tras de mí, pero probablemente ella no quería que Dec se enterara de que algo había sucedido. Salí de la sala tan rápidamente como pude, sin poder evadir la mirada de algunos de los jugadores y las ENAs de otras mesas me daban. Antes de llegar al hall, solte mi corbata, desabotoné el cuello de mi camisa y me puse mi chaqueta para que no resaltara mucho. Rodeé los medios en asamblea y tomé el camino de atrás al casino. Encontré a Fran y a Roger rápidamente, y se dieron cuenta que la noche no fue un éxito. Al menos me sentí de regreso con mi propia gente de nuevo.

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DE REGRESO a casa, Declan estaba tan callado como yo. Aunque había asumido que las razones por las que perdió, puntos vitales fueron los enfrentamientos que tuvo durante la temporada, nunca había sido suspendido por eso, y esa debió ser, realmente, la única razón por la exclusión de sus votos en esas rondas. Pienso que finalmente se dio cuenta que fue injusto, pero estaba tan cansado para que le importara en este momento. Y él probablemente asumió que estaba callado por que él lo estaba. Al menos Roger y Fran estaban emocionados por el hecho que los habían llevado en una limusina a casa. Roger rápidamente se había cansado del hecho de que ahora estaba con celebridades y ya no estaba tan fascinado por las estrellas. Y Fran y Lisa parecían haber encontrado un enlace inicial en su afecto por mí, lo cual rápidamente se había ido más allá al convertirse en el inicio de una amistad. Creo que también se habían dado cuenta rápidamente que ambas conocían los acontecimientos de la noche y se habían escabullido a una esquina, diciendo que era ―cosas secretas de mujeres‖ cuando eran cuestionadas por su conversación. Solo seguía esperando que Dec me contara sobre su reunión con su ex. Aunque creo que era estúpido de mi parte asumir que sus caminos no se habían cruzado durante el último año. Eso me hizo preguntarme cuantas veces habían hablado. Pero por supuesto, Dec no podría decirme nada

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mientras que los otros estaban con nosotros. Cuando fuimos los últimos en la limusina, esperé que finalmente me lo dijera. Cuando no lo hizo, esperé que lo hiciera de regreso en mi casa. Nos desvestimos para ir a la cama, y como siempre, una vez que estábamos bajo las sábanas se me acercó para acurrucarnos juntos. Permanecí acostado rígidamente a su lado. —¿Algo sucede? —preguntó. —No. ¿Sucede algo contigo? —pregunté. —De algún modo, supongo que estoy decepcionado por la medalla. —Encogió sus hombros—. Pero puedo quejarme contigo en la mañana luego que durmamos. Esperé para que él sacara el tema, pero por supuesto, no lo hizo. Eventualmente escuché su aliento profundizarse, y supe que estaba dormido. Estuve despierto por años.

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Capítulo 28 ME DESPERTÉ con dolor de cabeza y con el sueño tratando de perseguirme, pero Declan debió estar esperando a que abriera mis ojos. —Buenos días. Murmuré una respuesta. Podría haber estado medio dormido, pero no lo suficiente como para evitar que todo lo de anoche regresara inundando mi mente con una perfecta claridad. —Necesito hablar contigo sobre algo. —¿Puede esperar al café? —gruñí. Tenía la sensación que solo el café o drogas realmente fuertes podrían sostenerme en lo que viniera. —Nop. De otra forma perdería las agallas de decírtelo. Ok. Esto definitivamente no se oía bien. Me senté, pero Declan permaneció apoyado de lado sobre su codo. Con su mano libre rozó su pulgar sobre mi rótula. —Dispara. —Le dije descontento. Declan dejó salir un pequeño suspiro y luego mordió la bala104. —Mi ex se me acercó anoche.

104

Esta frase hace referencia a aceptar algo difícil, siendo consiente de ello.

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Decidí sacarlo de su miseria. —Lo sé, te vi con él. Su mano se hizo a un lado, y sacudió su cabeza. —Sabía que estabas raro por algo. —¿Es esa la única razón para contármelo? —¡No! —dijo con tal vehemencia que supe que no debería dudar de él. —¿Entonces por qué solo me lo cuentas ahora? —Me sorprendió, es todo. Además, no parecías muy hablador anoche. Tenía que concederle eso. —Es solo que… tenía que pensarlo un poco, es todo. —¿Qué te dijo? Pareció muy intenso. —Lo fue, —Declan admitió. Se levantó para sentarse a mi lado de forma apropiada y arregló la colcha sobre nosotros, y nos tapo con ella, estaba haciendo frío—. Me contó que quería decirme lo mucho que me admiraba por salir del closet, y que deseaba que pudiera haberlo hecho cuando estábamos juntos. Eso era lo que temía escuchar. Pero no pude decir nada. A mi garganta se le había hecho un nudo. —Entonces, piensa hacerlo ahora. —Continuó Declan—. Ha sido miserable el último par de años, y creo que él quería como disculparse por todo. Ya sabes, sin decir realmente lo siento. Hubo un límite de amargura en su última frase, y me

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preguntaba si de verdad te habías olvidado de alguien si aun te causaba el tener una emoción tan fuerte. —Él quiere regresar contigo. —Dije extrañamente. —Puede. —Declan encogió sus hombros—. No me importa si él quiere. —¿Por qué? —Dios, Simon, no seas así. —Solo míralo desde la lógica, Dec. Él rompió tu corazón porque no podía vivir la forma como tú querías, o al menos comprometerse. Ahora ha visto los errores de sus acciones y ahora está considerando salir del closet… —Si, considerando. — …tu dijiste que cuando los ejecutivos te ofrecieron encubrir todo y culparme a mí, lo pensaste. Así que no me digas que no pensaste en la posibilidad de volver con él… —¿Estás simplemente buscando una pelea? —No, solo quiero saber la verdad. Las palabras corrieron hacia el espacio entre nosotros, y Declan alcanzó mi mano. —Por supuesto que cruzó mi mente. Y deberías estar contento que te cuento la verdad. Porque aunque se me ocurrió, también supe que no debería actuar al respecto. —¿Cómo lo supiste? Él dijo que solo lo está considerando, si de hecho lo hiciera… —¡Porque estoy contigo, Simon! ¡Porque te amo! No a él.

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Me quisiste a pesar de quien era, y de lo que tuviste que hacer para poder estar conmigo. ¿Cuántas malditas veces tengo que repetírtelo? Cualquier terapeuta te diría lo obvio, que no puedes aceptarlo de repente porque no entendiste por qué alguien me preferiría sobre el aparente futbolista perfecto con quien Dec tendría más en común si el chico pudiera salir de sus problemas. —Yo también te amo, —dije, esperando que no sonara desesperado—. Y es por eso que llegó a mi cabeza anoche. No pude evitar ver la historia entre vosotros… la manera en que se veía tan cómodo contigo. ¿Crees que quiero ser paranoico al respecto? Declan sacudió su cabeza. —Pero a veces, es como si me hicieras a un lado deliberadamente porque piensas que voy a hacerlo un día por mi propia cuenta. Y podría pasar si lo sigues haciendo. Miré los picos que mis rodillas hacían bajo la colcha. Declan esperó a que dijera algo, pero no pude hablar. Más que todo porque pensé que me rompería ahí y ahora. —Me voy a duchar. —Dijo finalmente. Cuando escuché que el agua empezó a correr, me puse una camiseta y adherí algo de decencia a mi ropa interior y me dirigí a la cocina para alimentar a Maggie. Una vez que ella estaba comiendo felizmente, la miré por un tiempo y deseé que fuera un gato para que mi mayor problema en la vida fuera que mi humano abriera una lata de comida para mí tan inmediato como quisiera. Le rasqué tras la oreja una vez

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más, y se apartó como si fuera a robarle la comida. Sonreí y de dirigí al jardín delantero por el periódico. Al desenrollarlo de su envoltura plástica, la foto en la primera plana atrapó mi atención de inmediato. Era Francis Bevan, sosteniendo su medalla para las cámaras. Pero junto a él en una parte separada estaba la foto de Declan y yo. Tenía la mirada del conejo asustado, y Declan se veía perfectamente cómodo; el titular sobre nosotros decía ¿LE COSTÓ A TYLER SU MEDALLA? Por supuesto, el artículo fue hecho por mi viejo amigo Peter van Niuewen, el hombre que reveló la historia de nuestro beso en las instalaciones del hospital. Era la última jodida cosa que necesitaba. Rápidamente deshice el artículo; van Niuewen debió estar cerca de nuestra mesa anoche y escribiendo todo lo que Geoff Hendricks debió decir. Era un riesgo, una controversia, una distracción que resultó en Declan perdiendo su calma en el campo de juego y prestándose para ser inelegible por falta de puntos vitales lo que le daría el Brownlow. Volteé la página para ver la Carta del Editor; los fans ya habían enviado correos electrónicos con sus opiniones del tema. No era una sorpresa, la opinión de van Niuewen parecía ser la universalmente aceptada. Yo era el Yoko Ono de los Demonios. Tiré el periódico a la basura, pensando que era mejor que Declan no lo supiera hasta que tuviéramos suficiente tiempo para superarlo y poder actuar como si no nos hubiera afectado en lo absoluto. El agua se detuvo cuando regresé adentro. Declan se

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estaba secando en la habitación. —¿Dónde estabas? —preguntó. —Alimentando a Maggie. —Pensé escuchar la puerta del frente. —Estaba colocando la basura en el cubo. —Ah. Me acerqué y lo besé. Él estaba sorprendido, pero me besó como respuesta. Dejé mi frente sobre la suya, y nos quedamos sosteniéndonos. —¿Por qué fue eso? —preguntó. —Porque quería. —Muy buena razón para mí. Quería permanecer en este momento por siempre, pero nunca pueden durar tanto. POR SUERTE la idea del periódico no cruzó por la mente de Dec, iba a reunirse con sus hermanos para el almuerzo y tenía que apurarse para llegar a tiempo. Fui invitado, pero pensé que los lazos de hermandad deberían estar por encima, y tenía que ir de compras por el regalo de Nyssa. Proféticamente, arreglé un día de salud mental para el martes luego del Brownlow, así que tenía la sensación placentera al ir caminando por la calle Brunswick. Fran y Roger, y yo nos encontraríamos en El Hideaway105para tomar café después del trabajo, y así pudiera casi convencerme que no era Yoko por algunas horas… al menos hasta que Dec leyera los periódicos 105

Barrio residencial

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o viera las noticias. Sería de esperarse que sus hermanos ya le estuvieran diciendo en este instante. Miré por una vitrina dónde sabía que a Nyssa le gustaba ir de compras. Allí había un par de aretes llamativos con la forma de jaulas para pájaros en miniatura con un pequeño loro colgado de una rama en su interior. Estaban en el lado adecuado del irónico kitsch106; por lo tanto, perfectos para ella. Cinco minutos después estaba saliendo de la tienda, guardándolos en mi mochila, y accidentalmente me tropecé contra un chico intentando entrar. —Lo siento —dije automáticamente, y logré hacerme a un lado de él. Fui bloqueado por una mano puesta en mi pecho, y miré al chico para ver cual era el problema. —Oye, yo te conozco. —Dijo.

Sean

Lo miré, pero no parecía familiar. —¿En serio? —Si. —Sonrió maliciosamente—. Tú eres ese maricón en los periódicos. Grandioso. alejarme.

—Sip,

ese

soy

yo.

—Dije,

tratando

de

De nuevo, la mano en mi pecho. Intenté controlar mi voz, pero dije con un tono lleno de veneno. —Si fuera tú, de verdad movería tu mano. Se burló. —¿Qué vas a hacer al respecto?

106

Es un tipo de arte considerado pretencioso y de mal gusto.

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Kennedy


Moví de un golpe su mano a un lado. —Vete a la mierda. —Empecé a alejarme, pero me estaba persiguiendo. Un par de personas en la calle empezaron a darse cuenta de nosotros. Todo en lo que podía pensar era regresar a mi coche, el cual estaba a unas calles más o menos. Tenía la sensación de que si intentaba buscar refugio en una tienda, él me seguiría, y las cosas empeorarían en un área confinada. —Oye, chico rudo, —dijo— ¿adónde vas corriendo? Podía sentir mi rostro calentándose. La mayoría de las personas que nos estaban mirando tenían miradas de simpatía en sus rostros; creo que era más reconocido de lo que jamás pensé. Por supuesto, no ayudo el que estuviera en la portada del periódico de hoy. —¡Te estoy hablando! Simplemente no caigas en responderle. Eso empeorará todo. Solo súbete a tu coche y mantén tu boca cerrada. —¡Deberían sacar a tu novio, el maricón, de la liga! ¡No hay lugar para personas como él en ella! Ahora, no había forma que no fuera el chico rudo cuando me di la vuelta para verlo. Fue más como un golpe de suerte, lo agarré por sorpresa cuando lancé mi puño hacia atrás y llegó a su mejilla. Él se tropezó y cayó sobre su trasero, mientras que mi puño pulsaba de dolor. Después, Roger me informaría que solo los principiantes irían al rostro en una pelea. Ese era yo, por supuesto. Pero él volvió del shock de la sorpresa. Me miró y lamió una pequeña gota de sangre saliendo del borde de su labio. Con una sonrisa, sacó el celular de su bolsillo. —¡Eso es

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asalto, voy a llamar a la maldita policía! Al momento una pequeña multitud se había formado alrededor de nosotros. Sentí un pequeño surgimiento de pánico y saqué mi billetera de mi mochila. Nunca pensé que tendría uso, pero supe que sería lo mejor. Llamé al número que estaba en la tarjeta ejecutiva de Ed Wallace. Era el momento de traer las armas grandes, y no había una más grande que el Director Ejecutivo de los Demonios. —¿QUÉ quieres decir con que todo está arreglado? — preguntó Declan. —Ya te lo dije Dec, nos pusimos a cargo de todo. —Ed respondió suavemente. Me quedé sentado y en silencio al otro lado de Dec, mirando la superficie de la mesa. Estábamos en una de las salas de conferencia en el Domo. Ed había enviado una abogada a la estación de policía por mí, y conversaciones se habían establecido entre ella y mi ―víctima‖, cuyo nombre resultó ser Jason Terne. —¿Simon? —preguntó Dec. Continué mirando la mesa. Mi abogada –mierda, ahora tenía una abogada– habló por mí. —Declan, soy Nancy Hersh. Me encontré con Simon en la estación e hice lo posible para hablar con el señor Terne… —¿Quién? —preguntó Declan. —Mi víctima. —Le dije. Fue lo primero que le dije desde que llegué a la sala de conferencias con cara de tensión y

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preocupación. —No use esa palabra, señor Murray. —Nancy me instruyó. Pude sentir la mirada de Declan quemándome la piel. Subí la cabeza y nuestros ojos se encontraron. Él tenía cientos de preguntas por hacer, podría admitirlo, pero quería hacerlas cuando estuviéramos solos. Nancy se dirigió a él. —Hay seis testigos dispuestos a hablar a favor del señor Murray y testificar que fue acosado por el señor Terne, y que cuando el puñetazo alegado fue propinado… —¿Puñetazo? ¿Hubo un golpe? —preguntó Dec. Elevé mi mano. La piel de un par de nudillos se había separado, y había un vendaje en forma de mariposa cubriéndolos. Hubo preocupación que me hubiera fracturado uno de ellos, pero uno de los doctores que fueron llamados al Domo les echó un vistazo y declaró que estaban bien. —¿Tú lo golpeaste a él? —demandó Declan. —Presuntamente, —Nancy dijo rápidamente. —No presuntamente. —Dije suavemente—. Lo hice. —Únicamente puede decir eso en esta habitación —Nancy me recordó. Ed miró esto con algo de diversión. —En el momento en que el muchacho escuchó que otras personas testificarían contra él, dejó cualquier amenaza de presentar cargos. Y solo para asegurarnos que se quedara de ese modo… pues… —¿Ustedes lo sobornaron? —preguntó Dec.

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—No un soborno —Nancy interrumpió. Siempre le gustaba que las cosas fueran dichas a su manera para que no existieran oportunidades para recriminaciones posteriores—. Le pagamos por los derechos exclusivos de su historia. De esa manera no podrá decírsela a nadie más. Empecé a mirar la mesa de nuevo. Declan suspiró. —Increíble. —No puedes permitir la controversia, Declan, —le dijo Ed—. Ya ha habido suficiente. ¿No has visto los periódicos de hoy? Aun sin mirarlo, esperé a la respuesta de Declan mientras olvidaba respirar. —Si. —Entonces lo entiendes. —Supongo. ¿Supongo? ¿No hay ningún están equivocados? ¿Ninguna negativa de algún tipo? Lo miré, pero era Declan el que estaba mirando al otro lado de la mesa a cualquier cosa menos yo. —Los contratos ya han sido firmados. —Nancy dijo, empezando a recoger su maletín—. Así que no habrá más que hablar de ello. Gracias por llamarme, Ed. —No, gracias a ti por aclarar esto. —Ed se puso de pie para estrechar su mano—. Te acompaño afuera.

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Él asintió hacia Declan, pero me ignoró. Eso fue porque me había hecho a un lado antes que Declan llegara y me preguntó si pensaba que las cosas habían cambiado. Cuando estuve perplejo por su pregunta, me recordó que le había asegurado la primera vez que nos conocimos que tenía las mejores intenciones hacia Declan, de corazón. Luego él insinuó que me estaba convirtiendo en una carga, especialmente con mi ―comportamiento excesivo‖. Aunque supe que había arreglado esto para detener futura prensa negativa para Declan, había sido la única vía para salir de la situación relativamente ileso. Pero ahora tenía algo sobre mí. Y no tenía duda que probablemente lo usaría en mi contra en algún punto, de pronto en un esfuerzo para que Declan se diera cuenta que todo lo que todos los demás decían de mí era verdad. Y parecía que Declan no necesitaba mucha convicción en el momento. —¿En qué mierda estabas pensando, Simon? Fue la pregunta la que estaba temiendo, pero realmente no esperaba que la hiciera con tanta vehemencia. Pensé que se habría preocupado por mí primero y luego me dejaria explicarme. —No estaba pensando. —Murmuré. —Eso es jodidamente seguro. —Dec… —Todas esas veces en que te enfurecías conmigo por pelear en el campo…

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—¿Y alguna vez me escuchaste? —le recordé. —¡Pero al menos no actué como un santurrón para luego dar la vuelta y hacer lo mismo! Sentí como si fuera a vomitar. O a golpearlo. — ¿Santurrón? —Cuando tienes tus discursos de superioridad… —¿Superioridad? —parecía que todo lo que podía hacer era imitarlo por el momento. —¡Si, superioridad! Porque esa es la manera en la que actúas de vez en cuando, como si estuvieras por encima de los demás. Que tienes razón en todo, y todos deberían actuar como tú crees. Excepto que nunca lo haces tú. Solo haces lo que te place… —¡De pronto lo hago, a veces! Pero cometo errores. Y lo hice hoy. —¿Por qué no simplemente lo ignoraste? —Declan se estaba poniendo rojo; nunca lo vi tan enojado antes. Al menos no conmigo. —¡La misma razón por la que no pudiste ignorarlos cuando me insultaron en el campo! —grité—. ¡Porque puedo enfrentar el recibir mierda sobre mí de extraños en la calle, pero odio escuchar cosas sobre ti! En vez de decirme que lo entendía, porque sabía que era lo mismo desde su punto de vista, aun estaba muy molesto. —¡Es solo que no piensas las cosas!

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Estaba empezando a llenarme de su ánimo, y estaba a la defensiva. —¿Qué yo no pienso las cosas? Todo lo que pienso gira alrededor de ti y cómo te afecta. Y no importa lo que haga, todo es mi culpa. Tengo suficiente de la gente diciéndome eso, y luego cuando ellos están callados son los medios los que lo dicen. Incluso tu jodido jefe hoy dijo que era una carga para ti. La última frase no pareció registrarla. —¿Entonces por qué golpeaste a ese chico cuando sabías todo eso? ¡Debiste saber que haría que las cosas empeoraran! Me desplomé sobre mi silla. —Porque estoy cansado. Estoy harto de esto. Quiero un descanso. Esas palabras salieron de mi boca antes de darme cuenta. En mi cabeza tenía una hermosa y romántica fantasía donde Dec y yo cargábamos el coche y escapábamos por un mes, haciendo frente en alguna cabaña desértica en algún lugar… de pronto por La Gran Carretera Oceánica. Donde solo seríamos nosotros sin otras personas metiendo sus remos en el camino. Eso era todo lo que quería por un tiempo. Necesitaba eso. Y sabía que él lo necesitaba también. Pero Declan lo malinterpretó. —¿Eso es lo que quieres? — preguntó con frialdad. Asentí. —Entonces lo tienes. No pude comprender el vínculo entre lo que él decía, y la expresión en su rostro. Fueron completamente diferentes. — ¿Qué?

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—Disfruta tu descanso. —Dijo Dec. Parado ante mí, parecía una persona totalmente diferente. Un hombre frío, robótico, en modo apagado. Luego me di cuenta de lo que dije, y cómo podría ser escuchado. —Dec, no es a lo que me refería… Sacudió su cabeza. —Lo es. Adiós, Simon. Le grité por su nombre, pero cerró la puerta tras de mí. Me quedé sentado ahí por un momento, con mi mente corriendo por todo lo que se había dicho entre nosotros. ¿Era así de rápido como las cosas podrían terminar, con una simple y estúpida frase? Me puse de pie y corrí cerrando la puerta, a punto de abrirla, la perilla rodó bajo mi mano. Qué bien, Dec…

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Era Ed. —¿Todo bien, Simon?

Sean

—Gracias por lo de hoy, —dije apurado al pasarlo.

Kennedy

—Recuerda nuestra pequeña charla. —Gritó tras de mí. No me importaba nuestra pequeña charla. Corrí por el laberinto de pasillos, intentando encontrar mi vía al parking. En mi estado frenético me perdí, pero incluso con esa desviación podría haber alcanzado a Declan fácilmente. A menos que estuviera corriendo lejos de mí. Al momento en que abrí las puertas grandes al parking, el espacio reservado para los jugadores estaba vacío. Rápidamente saqué mi teléfono móvil y marqué su número. El otro lado de la línea timbró por años y luego fue desviada al


buzón de voz. Creo que lo llamé como seis veces, y a la séptima se desvió de inmediato. Había apagado su móvil. Lentamente, me dirigí de regreso a mi propio coche, en el cual Nancy me había traído desde la estación de policía para llevarme hasta el Domo. Esperé a que mi teléfono móvil timbrara y mostrara el número de Dec. Pero no sucedió.

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Capítulo 29 No sé cómo Nyssa lo hizo, pero ella hizo lo posible para mantener el festival en forma ante mi ausencia. La noche de apertura estaba a tres semanas. Sonó llena de pánico cuando le dije que estaría fuera del trabajo por un tiempo, pero debí sonar lo suficientemente decaído para que no dudara que estaba enfermo. Aun no podía creer que había llegado a esto. Incluso no podría decir que Declan y yo estábamos en el limbo de nuestra relación, porque no podría hablar con él para confirmarlo. Había tal aire de finalidad en todo, como si se hubiera dado por vencido conmigo completamente y me hubiera sacado de su vida para que no sintiera la necesidad de darme algún detalle. Roger y Fran finalmente se dieron cuenta que algo sucedía el miércoles cuando se le hizo imposible contactarme al día siguiente de los Brownlows. Nyssa les dijo que estaba enfermo, y cuando no pudieron contactarme en casa, ellos intentaron llamar a Declan. Y aparentemente Declan no estaba disponible y nunca retornó los mensajes que le dejaron. Así que ellos entraron por su cuenta a mi casa con la llave adicional, y me encontraron catatónico en mi habitación, escuchando cada canción depresiva que poseía una y otra

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vez. Joni Mitchell107 cantaba sobre cómo hizo que su bebé dijera adiós, y yo cantaba con ella cómo yo había perdido el mejor bebé que había tenido en la vida. —Ah, demonios. —Fran le murmuró a Roger—. Este es territorio de roptura. —Más vale que tú lidies con él, —Roger dijo con pánico—. Yo iré a hacer té. Ella lo despidió con un gesto. Joni dejó de cantar, y me di cuenta que había apagado el estéreo. —No lo hagas. —Gemí. —Cariño, no puedes seguir oyendo esto. ¿Qué sucedió? Enterré mi rostro en lo profundo de mi almohada. —Ya debiste adivinar. —No. —Dijo firmemente—. No puedo creerlo. —Créelo. —Dije. Y esperé hasta que Roger regresó, y todos nos sentamos en mi cama mientras les contaba toda la triste historia. —Así que es una estúpida falta de comunicación. —Roger encogió sus hombros—. Nada nuevo entre vosotros dos. —Suena diferente para mí. —Dijo Fran, la más inteligente e intuitiva de la pareja—. Declan ni siquiera habla con nosotros. —Me pregunto si Abe y Lisa lo saben. —Subí a Maggie dentro de mi regazo, y luchó para salir libre, pero no la 107

Es una cantante canadiense con raíces de música folk, jazz, y rock suave.

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dejaría. Ya había dejado que Declan escapara; Maggie ahora era mi prisionera de por vida. —Llámalos. —Dijo Roger. —No creo que pueda lidiarlo si me ignoran también. Maggie hundió sus garras en mi brazo, aullé y la dejé ir. Incluso mi gata me odiaba. —Bueno, no puedes quedarte sentado aquí por siempre, —me dijo Roger—. Tienes un festival que dirigir. Y Nyssa no te dirá esto, pero se está estresando. —¿Lo está? —Creo que llamó a algunos de sus amigos para que la ayudaran. —Fran dijo rápidamente—. Probablemente no pueda manejar otro día más que te tomes libre. —Todo esto va a estallar. —Dijo Roger, tratando de sonar tranquilizador. —No viste el rostro de Declan. —Le recordé. —Pero sabemos lo mucho que te ama. —Fran me recordó. —El amor no siempre gana. —Apunte. Roger arrugó su nariz. —¿Estás citando a Joni Mitchell de nuevo? ¿Y qué hay con Joni Mitchell? No es como si fueras una hippie de quince años. Lo golpeé en la cabeza con mi almohada; me dio una satisfacción momentánea. AL DÍA siguiente decidí que no podría dejar a Nyssa estancada ya más y conduje hasta el trabajo, revirtiendo mis

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maneras de evitar el transporte público. Ella estaba sorprendida al verme caminar por la puerta, e instantáneamente corrió hacia mí, y me dio un gran abrazo. —Fran te contó. —Le dije categóricamente. —No lo creo. —Dijo—. Espera y verás. Escucharás de él pronto. No respondí. Ella me empujó de regreso para que me mirara apropiadamente. Su sonrisa valiente casi me hizo derrumbarme. —Voy a hacerte un café. Ve y siéntate, te lo llevaré. Le di las gracias y me llevó a la oficina. La luz entrando por las ventanas me hizo poner una mueca, y bajé las persianas. Había una pila de mensajes y correo acumulado en mi escritorio. Sabía que no habría nada de él, pero busqué por el nombre de Declan de todas maneras. El nuevo Reach Out salió de la pila; no pude encarar leerlo así que lo tiré en la papelera. Pero vi que había una foto de mia y de Declan en la primera página, tomada en los Brownlows. El recuadro que la contenía decía cómo esto era un momento definitivo para la historia del deporte gay. Me preguntaba cuanto tiempo pasaría antes que esa foto se utilizara en un nuevo título una vez que el rumor de nuestro rompimiento se esparciera: el frecuentemente utilizado y cliché En tiempos felices. En letras grandes al lado de la foto: EXCLUSIVA: DECLAN NOS CUENTA SOBRE SU NOCHE. PÁGINA 2. Rápidamente pasé a la segunda página, y allí había una

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foto de Declan solo, radiante frente a la cámara. Fue tomada la misma noche, pero obviamente cuando no estaba alrededor. El texto del nombre del autor decía Una exclusiva de Jasper Brunswick. ¿Qué demonios? ¿Cuándo Declan habló con Jasper? ¿Jasper maldito Brunswick? Nyssa entró en la habitación silenciosamente y dejó una taza de café enfrente. Sostuve el periódico. —¿Habías visto esto? Sus ojos se ampliaron, y sacudió su cabeza. —No. ¿Qué dice? —Estoy a punto de leerlo. —¿Piensas que deberías? Le di una leve sonrisa. —Estaré bien, Nyss. —Ok. Te dejaré en ello. —¿Nyss? Se dio la vuelta, con una mirada de preocupación aun en sus ojos. —¿Si? —Gracias. Ella asintió y cerró la puerta tras ella. Puse mi atención de regreso en el periódico. Jasper parecía convertirse en un periodista apropiado ahora. Su tono chismoso y repugnante casi había desaparecido por completo al escribir cómo Declan era un pionero y un modelo a seguir, y lo que estaba haciendo haría las cosas más fáciles para

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personas en la misma situación en el futuro. Resultó que Dec había hecho una entrevista telefónica el martes en la tarde, obviamente antes que se enterara de mis desafortunadas aventuras en la Calle Brunswick con Jason Terne. Recree el artículo, escuchando la voz de Declan en mi cabeza mientras respondía las preguntas de Jasper sobre el último año. Sentí un dolor peor que cualquiera que jamás hubiera experimentado, especialmente cuando se le preguntó sobre el Brownlow: Jasper: ¿De verdad crees que ser gay, y tener abiertamente una pareja, trunco tus posibilidades de obtener una medalla? Declan: No creo que eso como tal me costó la medalla. Es solo que me dejo llevar por mi temperamento en el campo a veces, y durante el año, por varias razones, y creo que fue en mi contra cuando llegó la hora de las votaciones. Quiero decir, si los árbitros por sí mismos fueran homofóbicos en ese respecto, no hubiera estado tan cerca de ganar. Simplemente no hubiera tenido puntos en lo absoluto. El hombre era elegante. Yo era un total estúpido. Jasper: ¿Cómo te sentiste esa noche? Declan: Suena estúpido, pero como un millonario. Cuando no tienes que vivir oculto en el closet, la gente no se da cuenta lo mucho que da por sentado… el solo privilegio de estar en público con la persona que amas. Por mucho tiempo, quise eso, y este año sucedió. Tuve la oportunidad de compartir la noche con Simon, y fue la mejor sensación.

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Jasper: Si él te ―costó‖ la medalla. Declan: Entonces valió más que el precio. Jasper: Gracias por tu tiempo, Declan. Declan: Gracias a ti. Desgarré esa página del periódico, lo doblé, y lo guardé dentro de mi billetera. Sé que me atormentaría cientos de veces al releerlo, memorizando las hermosas cosas que Declan dijo sobre mí, y reprendiéndome por echarlo todo a perder. A menos que me diera por vencido. Guardé todas mis cosas de nuevo y salí corriendo de mi oficina al escritorio de Nyssa.

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—¿Estás bien? —preguntó, poniéndose de pie.

Sean

—Nyss, tengo que irme, lo siento. ¿Estarás bien aquí hoy?

Kennedy

Ella asintió. —No pensé que vinieras, así que llame a unos amigos para que me ayudaran. —Gracias, —le dije, dándole un rápido beso. —¿Adónde vas? —gritó tras de mí, pero ya estaba muy lejos para responderle. TOMÉ EL tranvía hasta la nervioso. Aun recibía miradas miraban entre la portada del hombre de la fotografía con el ellos.

Calle Spencer, inquieto y de los pasajeros quienes periódico y comparaban al que estaba de pie frente a


Una vez fuera del tranvía corrí por la Estación de la Cruz del Sur y a través del Puente Webb, hasta el complejo de apartamentos de Declan. Todo lo que me hacía falta era una cabellera roja y una canción tecno europea de fondo108. La llave adicional de Declan aun colgaba de mi llavero, aunque solo planeaba llegar hasta la puerta de seguridad; pero mi coraje tambaleó cuando de hecho llegué allí, así que presioné el botón de su apartamento. Tomó un poco, pero una voz contestó. —¿Hola? Una voz femenina. Desconcertado, me quedé ahí. —¿Simon? —Ahh, si. —Es Lisa. —¡Ah! —Demonios, estos porteros automáticos109 de verdad podían distorsionar la voz—. Ah, hola. ¿Cómo sabías que era yo? —Video-teléfono. —Me recordó. Si, así de nervioso estaba. El número de veces que estuve aquí, debí recordarlo. —Te dejaré entrar. Tire de la puerta abriéndola cuando sonó un click, y en el ascensor me pregunté qué recepción recibiría cuando entrara. 108

Esto hace referencia a la película Corre, Lola, Corre, que tiene un cliché por cómo la protagonista corre en las adversidades que se cuentan en este largometraje. 109 También llamado citófono.

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¿Acaso Lisa le preguntó a Declan si podría subir? ¿Se molestaría con ella? Nos saludamos en la puerta y me dio un gran abrazo. — He querido llamarte. —Yo también. —Admití. Asentí hacia la puerta—. ¿Cómo está? Lisa me miró con tristeza. —Él no está aquí. —¿Qué? —Pasa. Sacudí mi cabeza. Sería muy extraño. —No mientras él no esté. Ella me tomó del codo y me llevó dentro del apartamento. Se veía igual que siempre, excepto por la brillante omisión de Declan. Era muy normal; no debería ser así, cuando siento que todo ha cambiado. —¿Dónde está? —Tasmania. ¿Ni siquiera estaba en el estado? Cuando alejo a las personas, tienen que irse muy lejos supongo. —Ambos, él y Abe tuvieron que ir a entrenar a un equipo junior, reclutando nuevos miembros que puedan iniciar el año entrante. Es algo como de Relaciones Públicas, modelo a seguir, algo así. —¿Por qué estás aquí? Caminó hacia el balcón y deslizó la puerta abriéndola. Nos

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quedamos bajo la luz del sol, lo que era cálido aunque el aire estaba frío. Me incliné contra la barandilla para tener soporte. —Le dije a Declan que recogería sus mensajes y correo. La miré, y mi estómago había llegado cerca de mis tobillos. —¿Escuchaste los mensajes que le dejé? —Disculpa, tenía que hacerlo. —Su mano descansó sobre la mía—. Oye, rompieron mi corazón. —Aun no me ha hablado, —dije— así que no puede estar tan enfurecido. Lisa hizo su mano a un lado. —No seas un tonto, Simon. Declan está devastado. Ha ido hacia un modo de completo apagón, que es lo que hace cuando está molesto. No vive, existe. No podría soportar que ella estuviera molesta conmigo también. —Yo sabía que estaría molesto. Solo quiero que me hable de nuevo. Ella asintió. —Tendrás que dejar que se acerque a su propio tiempo. —¿Y si no lo hace? Lisa se veía como si quisiera tener mejores respuestas para mí. —No lo sé. Me senté en una de las sillas de sol. —Tengo que dejar de hacer esto. —¿Qué? —No es que me proponga buscar un melodrama. —Le dije—. Solo creo que puedo manejar las cosas, y las pongo

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peor. Y cada vez que juro no hacerlo de nuevo… pero luego me convenzo que es diferente esta vez, y puedo manejarlo. Simplemente lo sigo haciendo una y otra vez. Ella se sentó en la otra silla. —¿Puedo ofrecerte un consejo amistoso? —Si, por favor. —Dije de verdad y con agradecimiento. —Tuviste la persona perfecta para hablar sobre esto la otra noche, y lo hiciste a un lado. Abe probablemente era la única persona que podía entender por lo que has estado pasando. —¿Abe? —pregunté confundido. —Si, Abe. —Ella rodó sus ojos—. Eres muy denso a veces. —No tengo argumentos aquí. —Lo decía en serio. —¿Tú crees que Abe no recibe mierda de algunos tontos porque es el mejor amigo de Declan? ¿Qué no le preguntan que si son más que amigos? Excepto que lo dicen peor que eso. Es insultado en el campo por igual. Hacen pequeñas bromas sobre él en todos los shows por igual, pero de verdad no le importa. Porque Dec es su mejor amigo, y lo ama. Excepto que los chicos hétero no se dicen eso entre ellos. Es estúpido, lo sé. Su discurso me llegó. —¿Le contó a Declan lo que sucedió? —Dec no es estúpido. Él lo sabe. Pero lo deja pasar por que son tan cercanos. Y tú lo tienes que superar, Simon. ¡Dios! De verdad tienes que abrirte a la gente en vez que pensar que tienes que lidiar con todo por tu propia cuenta.

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—Lo sé. Ella me dio un suspiro exasperado. —Tú lo dices, pero aun no creo que lo comprendas. Estabas acostumbrado a estar soltero por tanto tiempo que olvidaste cómo ser parte de una pareja. No es fácil, pero otras personas no son tan resistentes como tú lo eres. —No quiero resistirlo, no quiero ser resistente. —Dije suavemente. —Pues, dile eso a Declan —pausó— cuando te deje hacerlo. —Desearía que estuviera aquí. —Si es consuelo, apuesto a que él también. —¿Pero él desea que yo esté aquí también? —No lo sé. Deseaba que fuera más comprensiva hacia mí, pero necesitaba el amor rudo. También me preguntaba si ella simplemente estaba evitando revelar los sentimientos de Declan en su nombre. Todo lo que quería era hablar con él, dejar de sentirme vacío. Lisa revisó su reloj. —Bueno, tengo que irme. Tengo una entrevista con la cooperativa del edificio. —Miró mi expresión de perplejidad—. ¿No te dije? Abe y yo vamos a comprar aquí. —Eso es estupendo. De verdad.

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Regresamos al apartamento dirigiéndonos al ascensor.

y

cerramos

todo,

—Piensa en lo que dije. —Me dijo Lisa cuando se bajó en el cuarto piso. Asentí. —Gracias. ¿Y Lisa? —¿Si? —¿Abe no me odia, verdad? Ella sonrió y sacudió su cabeza. —Pero eso podría cambiar si de verdad rompes el corazón de Dec. No querrás saber lo que planeó hacerle al ex. Realmente no lo quería saber, pero la idea de perder a Dec era, de hecho, más aterradora. AUNQUE mi carrera loca a The Docklands no me dio el resultado que esperaba, me sentía internamente mejor cuando llegué a la oficina. Nyssa y sus amigos estaban haciendo una fila de llamadas, finalizando el catering y las invitaciones para la noche de apertura, y todos ellos me saludaron calurosamente cuando entré. Nyssa tuvo la deferencia de no preguntarme por lo que ella ya sospechaba que era la razón de mi ausencia, aunque sabía que más adelante me interrogaría por los detalles. Pero sí me dejó desconcertado cuando me siguió hasta la oficina. —Alice Provotna vino a verte. Había pasado mucho tiempo desde que me vi con Alice. Ella había decidido adaptar el enfoque de su documental para que fuera un pedazo ―en un año de la vida‖ de Declan y su

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primer año de estar fuera del closet, pero una boda familiar la había mantenido alejada de los Brownlows por lo que estaba agradecido, incluso por el problema anterior que había ocurrido entre Declan y yo. —Oh, —fue todo lo que pude decir. —Dijo que ha tenido problemas para hablar con los Demonios hoy sobre la obtención de videos. De hecho, los acusó de ser cautelosos y reservados. Oh, mierda. Todo lo que necesitábamos ahora era que ella oliera algo en su nuevo papel auto-otorgado de autora de documentales. Este no era el final que había imaginado para su documental. Ni siquiera quería que fuera el último acto de una historia antes del esperado final feliz. —Quería saber si podrías usar tus contactos para tirar de algunos hilos. —Nyssa continuó infeliz, consciente del efecto que podría tener en mí. Asentí. —Ok. Me voy a casa Nyss, pero si llama de nuevo solo dile que veré que hacer. Era una forma de evitarla; ambos lo sabíamos, pero Nyssa asintió. —Claro. —Gracias por su ayuda chicos, —le dije a sus amigos—. Mantengan un registro de las horas que han trabajado, me aseguraré que obtengan algún tipo de paga. Los dejé más contentos de lo que estaba, porque la solicitud de Alice había traído mis miedos de regreso. NO SUPE de Declan nada de nada, aunque intenté llamarlo a su teléfono móvil y su línea en Hobart una y otra

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vez. Me negaba a darme por vencido. Ahora que los amigos de Nyssa se les había prometido un pago por sus servicios, se ofrecieron para hacer más trabajos para el festival, y no fui a trabajar por el resto de la semana. Juré que si terminaba pagando de mi propio bolsillo valdría la pena. Todo lo que quería hacer era quedarme en casa y sentir compasión por mí mismo e intentar comunicarme con Dec. Evadí llamadas de mis padres y de Alice Provotna, con miedo que si me suplicaban, se enteraran que algo andaba mal. El viernes la invitación a la boda de Tim y Gabby llegó por correo, a nombre de Declan y yo. Se celebraría en la primera semana de Diciembre; llené la respuesta para que fuera enviada, diciendo que ambos asistiríamos. Hacer pequeñas y estúpidas cosas como esas eran lo único que me daba esperanza. Quería imaginar una realidad parelela donde Declan y yo asistíamos a los Jardines de Fitzroy, discutiendo alegremente al saber, sin ninguna duda, que lo haríamos, muy probable pues desearía no estar allí, y Declan me tendría que mantener en la línea. Luego haríamos que algunos de los invitados a la recepción entraran en shock cuando bailáramos lentamente cuando las parejas fueran invitadas a juntarse en el vals nupcial. Dejé que mi contestador automático recogiera llamadas de cualquier número que no reconociera mi identificador. Revisando después, la mayoría eran de fuentes de medios que querían un extracto de voz sobre los Brownlows. Los ignoré. El artículo de Jasper me causó un poco de agitación cuando fue citado por la AAP110 y lo imprimieron en sus periódicos. Temía pensar que Declan fuera contactado para 110

Asociación Australiana de Prensa: una agencia australiana de prensa.

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seguimientos por parte de la prensa cuando probablemente, lo último de lo que quisiera hablar.

era,

Al regresar al trabajo el siguiente lunes, estaba en lo que probablemente Lisa diría, en ―modo de apagado‖. Me dejé llevar por el festival, y Nyssa y yo nos perdimos en el loco horario de nuevo, donde solo veía mi casa cuando llegaba directo a la cama y me iba tan pronto como me levantaba en la mañana. Tuve que confiar en Roger y a Fran, de nuevo, para alimentar a Maggie, al no estar Declan para hacer ese trabajo. No se si era la loca cantidad de trabajo que tenia que hacer o si me había resignado a pensar que todo había acabado, pero no intenté llamar a Declan esa semana. Sin embargo si le envié una invitación a la noche de apertura. Garabateé sobre la invitación con desesperación Por favor ven. Te extraño. No sabía si funcionaría. Solo porque no habíamos hablado no significaba que estaba escondiendo lo que pensara hacer. Las noticias mostraron videos de él en Hobart una noche, ayudando a entrenar el equipo juvenil del cual Lisa me había hablado. Consciente que las cámaras estaban sobre él, tenía su sonrisa para la prensa puesta. O al menos quería que fuera su sonrisa para los medios. La posibilidad de que de hecho fuera feliz era algo que no quería considerar, aunque pienso que Lisa expuso que no lo estaba. Recibí respuesta de Lisa y Abe diciendo que iban a asistir a la noche de apertura del Triple F; aun sin respuesta de Dec. Estaba contento que hicieran el esfuerzo, aunque podría ser raro para ambos extremos. No quería que estuvieran en el

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medio. Faltando tres días para la noche de apertura colapsé sobre el periódico exhausto con un rollo de ensalada marchita para intentar encontrar quince minutos de paz y encontré paz viendo a Declan de regreso en las páginas sociales. El subtítulo decía ¿EL NUEVO DESLIZ DE TYLER? Y la imagen mostraba a Declan bajando unas escaleras, con las manos en sus bolsillos. Estaba en el proceso de darse la vuelta para mirar al chico que caminaba ligeramente tras de él, y ambos estaban riendo. El reportero comentó que habían estado saliendo ―por un tiempo‖ en Hobart. Me atraganté con el pedazo de rollo que tenía en la boca y tuve que escupirlo en la servilleta pues no había forma en que me lo tragara. Miré la foto, sin poder aceptar otra explicación. Estaba en el periódico, así que, por supuesto, debía ser verdad. La parte lógica de mi cerebro decía Declan no es así, no hay forma que esté con alguien más cuando no ha definido de una vez por todas lo que sucede entre él y tu; pero mi parte emocional y exhausta decía Lo jodiste todo, ¿por qué debería tener cortesía contigo de todas maneras? Y de verdad no pude pensar en una razón. Excepto que sabía que Dec no haría eso. Pero aun así dolió cuando llegué a casa más o menos a media noche y encontré un mensaje de mi madre preguntándome si habíamos acabado. Lo eliminé a la mitad de escucharlo.

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HABÍAMOS ARREGLADO todo para que fuera un poco diferente para la noche de apertura de la Triple F de este año, cabalgando de regreso al éxito del año anterior y lo que hizo para impulsar nuestra reputación. El Concilio de la Ciudad de Yarra111 nos había permitido usar el anfiteatro del Parque Studley, e íbamos a proyectar los filmes en una pantalla flotante en el río mismo; sería más grandioso que en la Plaza Federación el año anterior. No hubo rastro de Declan. Me armé de valor al aparecer con Roger y Fran, y cuando me preguntaron sobre Declan solo dije que tenía otros compromisos. Como no había hecho una declaración oficial, no lo haría tampoco. Había mucha especulación en los medios, sin embargo. Declan había aparecido en otra foto en las páginas sociales, parado en su balcón con un chico que no sabía si era de un bar o de una novela. ¿CAFÉ POR LA MAÑANA? La leyenda preguntaba fisgonamente. No podía creer que lo estaba aceptando; debía haber terminado. Había terminado dos semanas desde la última vez que hablé con él, y tenías que asumir que cualquiera que buscara alguna forma de reconciliación estaría en contacto en este punto. 111

En Melbourne, la Ciudad de Yarra es un aglomerado administrativo de distritos de esta ciudad.

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Le dije a Roger y a Fran que conduciría de modo que ellos podrían beber; el alcohol no sería mi amigo esta noche donde había tanto por hacer y tanto por ocultar. Labios libres hunden relaciones y botes. Mi espíritu se elevó cuando aparcamos el coche y caminamos hacia el anfiteatro. Las linternas chinas que Nyssa y yo habíamos colgado durante la mañana en las ramas sobre el camino llenando el aire con un brillo festivo, y la cantidad de gente aglomerándose garantizaban que la noche sería un éxito. —Se ve grandioso —dijo Fran. —Gracias. —Sonreí. —Si, —dijo Roger—. ¿Dónde está el bar? ¿Es abierto este año, verdad? —Todo clase. —Murmuró Fran.

Sean

—Solo espera a las fotos, Rog, —reí.

Kennedy

Al momento en que los fotógrafos y cámaras me vieron, surgieron acercándose. Sabía que no era por mí, solo pensaron que Roger era Declan desde la distancia. Los flashes rápidamente disminuyeron en número al darse cuenta que no estaba ahí, y solo estaban estancados con la mitad no famosa de la pareja y sus tontos amigos. —Simon, ¿dónde está Declan esta noche? —gritó uno de ellos. Mantuve mi voz clara y suave. —Tenia otros compromisos esta noche. —¿Qué

dices

sobre

los

646

reportajes

publicados


recientemente? —preguntó una mujer sosteniendo un micrófono blasonado con el logo de una estación de radio en la parte baja. Sonreí; me veía más tranquilo y cómodo de lo que de verdad estaba. —Deberían saber que no deben creer nada… —di una expresión exagerada de ups—. Lo siento, quiero decir todo lo que dicen los periódicos. De hecho salieron algunas risas en esa, y los tres volamos a la relativa seguridad. —Esa fue buena. —Dijo Fran reconfortándome—. Hiciste lo correcto. Nyssa se abalanzó sobre mí, y Roger se fue a buscar el bar. —Muchas personas te están buscando. —Dijo, agotada y olvidando saludar—. Pero las más persistentes son Alice Provotna y Gigi Jones. A Alice tenía que evadir. ¿Pero qué quería Gigi Jones conmigo? —¿Dónde está Gigi? —pregunté. —Cerca al proyector. Fran me dio un beso. —Ve. Yo iré a buscar a mi esposo. Seguí a Nyssa entre la multitud, no pude evitar buscar a Declan, esperando que estuviera con Lisa y Abe, incluso si estaba molesto y fuera difícil hablar con él. Porque solo con que estuviera aquí significaría algo. —No lo he visto. —Nyssa dijo suavemente, incapaz de evitar ver mi transparencia.

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—No estaba pensando en eso. —Mentí—. Solo me preguntaba por qué Gigi necesita verme. RESULTÓ que el miedo más paranoico de Nyssa resultó ser realidad. Mi cabeza había sido cazada. Gigi Jones organizaba otro festival de cine, más grande y ligeramente más influyente. Y ella me quería como parte de su equipo. Estaría a cargo de los participantes locales y nacionales, mientras que su otro equipo manejaría las adquisiciones extranjeras. Estaría a cargo de cinco personas y tendría un sustancial incremento de sueldo. Al sentirme culpable por considerar dejar la Tripe F -especialmente en la noche de apertura del actual festival- pensé que era una gran oportunidad. Pero había dos cosas por aclarar primero. —No puedo irme sin Nyssa. —Le dije a Gigi. Gigi rió. —Lo pensé mucho. ¡Dos son muy leales para sobrevivir en este negocio! La miré vacío. —¿Ya le preguntaste? —Si, y a pesar del hecho que sería una promoción para ella, dijo que no podría dejarte. —Gigi sacó una sonrisa pequeña de satisfacción—. Se sintió muy aliviada cuando le dije que te ofrecería el papel de líder de adquisiciones locales. Ahora tenía que sacar a flote lo que podría romper el acuerdo. —¿No me estás ofreciendo este trabajo por… pues, el hecho que he aparecido frecuentemente? —tenía que saber si Declan no tendría que estar a mi lado para funciones

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sociales requeridas, así la oferta fuera rechazada. Gigi me miró sobre el borde de sus gafas. —Contrato personal por lo que pueden hacer con su trabajo. He visto tu trabajo los últimos años, Simon. Tenía que esperar y acertar que no fuera cosa de suerte y luego asegurarme de agarrarte antes que alguien más lo hiciera. —Ah. —Los cumplidos todavía no me sentaban bien. —¿Entonces, qué piensas? —Tendré que hablar con Nyssa. Gigi rió con satisfacción. —Tendré tus tarjetas listas para el lunes. NYSSA me intercepto y me llevó al suelo, y rodamos sobre la hierba, como si no fuéramos organizadores del festival. —¡Esto es brillante! —aulló—. ¡Sabía que no me dejarías! Me pregunté por un segundo si alguna vez mostré tanta lealtad hacia Declan como lo hice con Nyssa esa noche, pero realmente pensé que esa era una cosa sobre la que no podría dudar sobre mí. Me senté con mis amigos en un pequeño grupo de árboles algo lejos del anfiteatro, donde nuestra conversación no distraería a los asistentes al festival quienes ahora veían el primer filme de la noche. Una botella de champaña había sido sacada del bar, y me permití tomar un trago de celebración cuando Nyssa y yo celebrábamos por nuestros nuevos trabajos.

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—¿Qué estamos celebrando? —vino una voz detrás de nosotros. Volteé para ver a Lisa con Abe de pie ligeramente detrás de ella. Por supuesto, esperaba a Declan, y no creo que ninguno de ellos se perdió mi expresión de búsqueda. Recobrándome rápidamente, salté para abrazarlos a los dos. —Estoy tan contento de que hayáis venido. Nyssa y yo habíamos sido cazados por otro festival, nos enteramos hace diez minutos. —¿De verdad quieres dejar la Triple F? —preguntó Lisa. —Ah, ya sabes, horizontes, bla bla bla.

—dije

improvisadamente—

nuevos

Lisa me agarró del codo y me alejó un poco de los otros, quienes pretendieron no darse cuenta aunque sabían exactamente de lo que hablaríamos. Pero antes que Lisa pudiera comenzar, me giré a Abe. —Solo quería disculparme por lo de los Brownlows. Abe encogió sus indiferencia. —Está bien.

hombros

con

la

característica

—No, no está bien. Fui un tonto. Abe rió. —Ok, lo fuiste un poco. Pero entiendo la razón. Solo intentaba ayudar. —Lo sé, y estoy intentado trabajar en ser más agradable cuando la gente me ayuda. —Alcé mi mano. Abe sonrió, le dio una rápida sacudida, y me acercó para un abrazo. Su cuerpo me recordó el de Declan, y me alejé rápidamente, más rapido de lo que lo haría con la mayoría de mis amigos. Se sintió

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familiar, pero mal—. Cuidado, hay prensa por aquí. —Ah, claro. —Abe dijo burlándose, y me dio un leve golpe en el hombro—. ¿Mejor? —Ese es el usual gesto de afecto, si. —De verdad pensamos que estaría aquí esta noche. — Dijo Lisa, retornando al tema que habíamos sacado. El elefante blanco en medio del festival. La amaba, pero las palabras se quemaron. —Lisa, por favor no me hagas creer algo que no sea verdad. —¿De verdad crees que te haría eso a ti? —preguntó. —No, —dije inmediatamente con honestidad—. ¿Pero de verdad lo dijo? Abe dio un paso al frente. —Lo estaba pensando. Pero de pronto pensó que verte por primera vez en donde la prensa estaría no era la mejor idea. —¿Pero de verdad lo pensó? —pregunté esperanzado. —¡Si! —dijeron en una exasperada unión. —¿Qué hay con el chico con el que fue fotografiado? — pregunté patéticamente. —¿Simon, qué te he dicho sobre ser estúpido? —Lisa preguntó, con una mirada como si quisiera golpearme. Asentí. —¿Está en casa? —Ahí fue donde lo dejamos. —Dijo Abe. —Pensáis…

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—¿Joder, tenemos que llevarte allá? —preguntó Abe. Sacudí mi cabeza. —¿Podéis llevar a Roger y a Fran a casa? Con eso arreglado, corrí hacia los otros. No estaba seguro cómo las cosas habían cambiado de repente, pero Declan debió decirles algo a ellos esta noche que no había compartido antes. Me arrodillé al lado de Nyssa y le susurré en el oído. Dejó salir una gran sonrisa y dijo: —Ve. Yo me haré cargo de todo. Mire a Fran; la sonrisa de Nyssa era prácticamente el reflejo de la de ella. —Tengo que irme. —¿Adónde va? —escuché preguntar a Roger. No escuché la respuesta de Fran al correr de regreso a donde Abe y Lisa, pero estaba seguro que era probablemente un comentario demostrando lo denso que podría ser a veces. PERO LAS sorpresas de la noche no habían terminado todavía. Al correr hacia el parking, alguien me llamó por mi nombre. Debatí seguir corriendo y pretender que no lo escuché, pero me llamaban de nuevo insistentemente. Me di la vuelta, solo para encontrar a Jasper Brunswick. —Hola, Jasper. —Dije sin aliento—. Hablamos luego, emergencia con las comidas… La razón por la que llevaba hablando con él por cinco segundos y no lo había insultado lo puso en alerta. —Estaba hablando con algunas personas de la prensa…

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Me pregunté si podría sacarlo del olor. —Sabes, quería agradecerte por la entrevista que hiciste con Declan. No podría estar más sorprendido si me hubiera arrodillado y le hubiera ofrecido un anillo de compromiso. —¿Disculpa? —Es solo que, fue agradable, eso es todo. De pronto deberías hacer más historias como esas en vez de hacer columnas de chismes. Ahora, de verdad tengo que irme… Sus ojos se estrecharon. —¿Por qué Declan no está aquí? —Tenía otros compromisos. —Suspiré. —Me he dado cuenta que han estado ―ausentes sin irse‖ desde los Brownlows. —Bueno, hemos intentado mantenernos muy discretos últimamente. Evitar la sobre saturación de los medios. ¿Sabes a lo que me refiero? Me miró sin un indicio de compasión. —No realmente. ¿Algo que quieras compartir, Simon? —Nop. —Sacudí mi cabeza con vehemencia—. Excepto, no comas pastelillos. Podrían darte problemas gástricos. Mentía; no había pastelillos. Jasper era implacable. —¿Qué me dices de los reportajes de Declan con otros chicos? Traté de parecer tan casual e indiferente como me fuera posible. —Tú probablemente debes saber mejor que nadie, cómo los medios pueden ser. Cualquier cosa para vender una

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historia. —Bueno, como señalaste, intento superarlo ahora. —Aja. —Pero regresando contigo y Declan, sería difícil intentar mantener una relación en estas circunstancias. Con toda la presión de los medios. —¿Qué, como ser asaltado intentando resolver una crisis epicúrea? —reí. Jasper no se rió. —Mira, Jasper. Estamos bien. Y antes que pudiera decir algo más, corrí. Estaríamos bien, solo si alguien me dejara salir de Fairfield112. En las películas hay un momento emocional y entusiasta cuando el héroe o heroína hacen algo magnífico y estúpido para tener su amor de regreso en el último momento. Me metí en mi coche, determinado a conducir a los Docklands y ver a Declan. Entraría por mi cuenta en su complejo, como estaba tan desesperado pensaría que el ascensor sería muy lento en llegar al piso principal, así que tendría que subir las escaleras -porque mi nivel físico mágicamente se incrementaría en mis fantasías-. Declan abriría su puerta, sorprendido pero feliz, porque mi presencia, por supuesto, es lo que más desea. Nos besaríamos apasionadamente, me diría que me estaba esperando, y luego iríamos a la habitación, nos desvestiríamos juntos febrilmente, y unas cortinas

112

Para que se ubiquen un poco, Fairfield es un suburbio de Melbourne, donde queda el parque donde se desarrolla el festival.

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blancas de encaje bajarían al fondo antes que la escena se oscureciera. O algo así. Por supuesto, si tu película es más como un melodrama de los años 40, hay una trágica casualidad que detiene los planes para que una reunión se dé. Y mi vida, al parecer, es más como un melodrama de los 40. Conducir con altos grados de adrenalina y emoción no es lo más inteligente por hacer. Estaba raro, ansioso, y lleno de miedo. En esa parte de Fairfield, porque mas bien era una parcela natural de matorrales, con poco alumbrado público para guiar mí camino. Así que cuando un perro, pasaba la carretera me desvié e hice lo posible por esquivarlo, pero olvidé que estaba al lado de un terraplén que hubiera sido más fácil verlo a la luz del día. El terreno parecía ladearse debajo de mí mientras mi coche se deslizaba hacia un lado pasando el terraplén, lanzando pedazos de grava. Al golpear el fondo de un ángulo, mi cinturón se soltó, y me caí sobre la puerta del pasajero, los faros mostrando lo cerca que estuve de golpear un árbol. —Ah, joder. —Intenté gruñir.

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Capítulo 30 CUANDO intenté moverme, si hombro gritó con dolor. De hecho, yo también grité de dolor. Mi frente palpitaba y se sentía pegajosa, y cuando me la toqué con mi mano sana, salió con sangre. Estaba calmado por raro que pareciera; cuando quiera que no hay algo malo conmigo tiendo a entrar en pánico y exagerar, pero parecía que al encarar una herida real era notablemente resistente. Sabía cómo las heridas de la cabeza tendían a sangrar libremente incluso si fuera una herida leve, así que estaba más preocupado por el brazo. Tratando de no moverlo en lo posible, me moví apoyándome en mi brazo bueno. Parecía que estaba en La Aventura del Poseidón113, aunque mi coche estaba de lado y no patas arriba. Tendría que salir por la ventana del conductor, que actualmente parecía un techo para el sol. Mi mochila estaba en mis pies, y la aseguré alrededor de mi cuello y empecé a retorcerme fuera de la ventana, usando mi hombro sano para asegurarme al otro lado del techo y salir. Pude escuchar voces sobre mí. Resultó que personas que pasaban por el carril contrario habían visto cómo mi coche se desviaba, y se habían detenido para investigar. Una ambulancia y la policía ya habían sido llamados, y mis buenos samaritanos me sacaron de la zanja y me llevaron al camino.

113

Es una película de los años 70, donde un barco de lujo es volcado por un tsunami en año nuevo.

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Para cuando la ambulancia llegó, la policía me había hecho la prueba de alcoholemia; mis tres sorbos de champaña apenas fueron registrados, y estaba libre para irme al hospital. Me sentí estúpido que una ambulancia fuera llamada cuando mis heridas no eran tan extremas, pero como los oficiales explicaron, no podía conducir por mi hombro, y el factor menor que mi coche estaba en un ángulo profundo en la zanja. Así que dócilmente esperé en el costado trasero y me acosté en la camilla; una de las ambulancias limpió la sangre de mi cabeza, inmovilizando mi brazo y aplicaron un par de puntadas para detener el sangrado. En el hall de la sala de emergencias en el hospital, supe que pasaría un rato antes que me viera un doctor. Era sábado en la noche, y aunque la noche todavía era joven, el lugar estaba lleno. Estaba contento que no me hubiera lastimado un par de horas después o estaría aquí hasta el lunes. Llamé al teléfono móvil de Roger; fue Fran quien contestó. —¿Bien? —contestó contenta—. ¿Puedes poner a Declan para saludarlo? —Ah, no quiero que entres en pánico, pero estoy en el Austin. —¿Te puso en el hospital? —gritó. Fue cuando me di cuenta que ella debía haber bebido bastante. —Contrólate, Fran. Pásame a Roger. Aunque Roger estaba más sobrio, aun era Roger, — ¿Declan te golpeó?

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—¿Hay alguien con un cerebro trabajando entre vosotros? —pregunté exasperado. —Ya estamos a casa. —¿Tan pronto? —Estábamos aburridos sin ti. ¿Por qué estás en el hospital? —Ni siquiera logré llegar a los Docklands. Me salí del camino en Fairfield. Creo que mi coche está completamente arruinado. Roger resopló. —Ya era hora que alguien acabara con esa miseria. —Gracias, Rog. De repente, entró en pánico. —¡Ah, joder, en verdad estás en el hospital! ¡Vamos en camino! —¡No te preocupes! ¡No quiero que piensen si quiera en conducir! —Eso era todo lo que necesitaba. —Pediremos un taxi. —En serio. Estoy bien. —Cállate. Vamos en camino. No hubo otro argumento, porque me colgó, y yo sabía que era inútil intentar llamarlo de regreso. Me senté, esperando a que gritaran mi nombre, y traté de evitar a los demás en la sala de espera concentrándome en la televisión a todo volumen sobre mi cabeza.

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—UNA CLAVÍCULA rota. —Diagnóstico el doctor. —¿Eso es todo? —pregunté, decepcionado—. ¡Duele como el infierno! El doctor hundió sus hombros. —Sigue siendo un hueso roto. —Esperaba que fuera algo de lo que pudiera sacar más simpatía. Él sonrió. — Estas cubierto en sangre desde tu cuero cabelludo. Eso te dará algo. Hice una mueca cuando colocó el cabestrillo sobre el hombro opuesto al fracturado y maniobró mi brazo hacia este. —¿Así que tengo que llevar esto por cuatro semanas? —Al menos. —Elevó la mirada—. Parece que tus amigos están aquí. Volteé la mirada, esperando ver a Roger y a Fran. Declan estaba de pie bajo una pequeña fuente de luz proveniente de la cortina que rodeaba mi cama. Esto era… interesante. Tragué fuertemente. —Hola. —Hola. —Contestó, con tono neutral. —La enfermera traerá tu papeleo. —Dijo el doctor y siguió con el siguiente paciente. Quería que se quedara, porque no sabía qué decirle a Declan. Excepto la pregunta obvia; la única pregunta que

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pude pensar. —¿Cómo supiste? —Roger me llamó en pánico. Hizo que sonara como si estuvieras en las puertas de la muerte. —Él es un negociante del pánico, y está borracho. Así que es propenso a la hipérbole. —Vine hasta aquí, esperando que estuvieras en un coma. Intenté morder mi propio disgusto que se agrandaba dentro de mí. —¿Sería la única forma en que me hablarías? ¿Si pensaras que no podría responder? Las manos de Declan se posicionaron defensivamente en sus caderas mientras se abalanzaba sobre mí. —Dios, Simon. Vine porque estaba preocupado. Y ahora me pregunto si todo esto fue una táctica para traerme aquí y así verte finalmente. Incluso él debió saber lo ridículo que sonaba. —Si, destrocé mi coche en la Avenida Yarra y le pagué a este doctor para que me diera este cabestrillo solo para que finalmente retornaras mis llamadas. —Agarré mi chaqueta y salte fuera de la cama, ignorando el repentino giro de la habitación. —¿Adónde vas? —Demandó Declan. —Por el papeleo. —Él dijo que la enfermera lo traería. Siéntate. —Déjame en paz. —Le dije. —Muy maduro.

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—Mira quien habla. De repente se inclinó sobre mí y fácilmente me recogió y me colocó de nuevo en la cama. Lo que fue más sorprendente fue cómo evitó mi hombro para que no doliera. Aunque mi orgullo si lo estaba. —Iré a buscar tu papeleo. Quédate aquí. Solo pude quedarme sentado y enfurecerme cuando desapareció. Ni siquiera pude encender mi teléfono y averiguar dónde Fran y Roger estaban mientras que estábamos en el departamento de emergencias y una leyenda urbana de forma confiable me informó que podría hacer explotar el corazón de alguien. Declan regresó y me alcanzó un papeleo portapapeles. Lo tomé y empecé a rellenarlo.

en

un

—¿Cuánto te hubiera tomado? —pregunté. —¿Qué? —Para que me hablaras. Frotó sus manos contra su rostro. —No lo sé. —Si solo me hubieras escuchado… —Si, pues, ese es siempre el problema, ¿no es así? Nunca nos escuchamos. —Iba en camino para verte. Me miró, y pensé que vi sus rasgos faciales suavizarse finalmente. —¿Si?

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—Lisa y Abe me contaron que casi vienes al festival. —Lo pensé. —¿Me hubieras dejado entrar, si hubiera llegado a tu casa? Evadió la pregunta. —¿Terminaste tu papeleo? Intenté alcanzar su mano, pero él la hizo a un lado. —Tú dices que no escuchamos, bueno, a veces tampoco hablamos. Declan miró su reloj, y mi enojo creció. —¿Tienes que estar en algún lado, Declan? —No. Pensé que cuando vino, significaba que estaba dispuesto a intentarlo y arreglar las cosas. Pero estaba cerrado, distante. De repente me encontré deseando que nunca hubiese venido. —¿Tu novio no estará preguntándose dónde estás? Declan se veía sorprendido. —¿Qué novio? —Eso sería correcto. —Dije sarcásticamente—. Tienes tantos recientemente, que probablemente no sepas de cuál hablo. —¿Los chicos en los periódicos? —Dec se burló—. Ya sabes cómo es. No puedo ni preguntarle la hora a un chico sin que empiecen a especular si lo estoy jodiendo. Han publicado fotos con mi cuñado, posibles nuevos jugadores... ¡Incluso el maldito chico del cable que fue a arreglar la línea!

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—¿Qué, entonces es tu ex del closet? —Puedes ser un verdadero idiota cuando quieres. —¡Esta noche me estás haciendo uno! —chillé—. ¿Por qué viniste? ¿Por qué no has hecho una declaración diciendo que rompimos? ¿Por qué no me has dicho si lo hemos hecho o no? ¿Por qué no me puedes hablar ahora? Sus labios estaban blancos, estaban tan tensos. —Solo no lo puedo manejar ahora. Lo presioné. —¿Estas viendo a alguien más? —No. —Oh, —estaba aliviado, pero aun no sabía lo que significaba para mí—. Pues yo tampoco. —No te pregunté si lo estabas —dijo fríamente. —Oh. —Era obvio que quería castigarme. No podía culparlo, pero me pregunté cuándo podría pagarle lo suficiente para que finalmente lo olvidara. Declan suspiró. —Dios, Simon. —Se veía como si quisiera decir algo más, pero lo pensó mejor. Sin otra palabra, empezó a caminar marchándose. Se detuvo solo unos metros, dio media vuelta, pero antes que nuestros ojos se cruzaran siguió caminando. Debí correr tras él, hacer que me hablara un poco más, o forzarlo a que dijera cualquier cosa solo para mantenerlo ahí. Pero estaba muy cansado. Los medicamentos estaban surtiendo efecto y mis piernas estaban débiles. Me arrastré

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hasta el escritorio de la enfermera y le pasé el papeleo. Dado de alta, caminé por la puerta del departamento de emergencias y me senté en una de las incómodas sillas plásticas de la sala de espera. Todo lo que podía hacer era mirar las paredes blancas frente a mí. Ahora mi brazo palpitaba dolorosamente, y cualquier tipo de movimiento en mi rostro me hizo consciente de la piel desgarrada contra los puntos que la mantenían unida. Creo que hubiera llorado si no supiera del daño que podría causar, y el estoicismo ganó. Sentí una mano sobre mi hombro sano. Alcé la mirada para ver a Fran y a Roger mirándome con simpatía. —Vimos a Declan en la distancia, marchándose. —Fran dijo, confundida—. ¿No se quedó? Sacudí mi cabeza. —Parecia en pánico por el teléfono cuando lo llamé. —Dijo Roger. —Bueno, obviamente tuvo un gran cambio de estado cuando vio que estaba bien. —¿Estuvo mal de mi parte llamarlo? —preguntó Roger preocupado. —No. —Le aseguré—. Es solo que… no sé que sucede. —Disculpa que nos llevara tanto tiempo llegar. Pasaron años esperando al taxi. —Me dijo Fran—. ¿Pero Declan no se ofreció a llevarte a casa? —No, no lo hizo. —Ese bastardo. —Roger se enfureció, parecía como que

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fuera a ir por él, cazarlo y traerlo de regreso. —Él no es el bastardo. —Dije exhausto—. Lo soy yo. Fran y Roger inmediatamente empezaron a intentar asegurarme que no lo era, pero me deshice de sus protestas. —¿Podéis llevarme a casa? Me flanquearon mientras me sacaban a la fría noche por otra prolongada espera para un taxi. Para ese entonces las drogas me hacían sentir como si estuviera volando, y podría simplemente pretender que todo el asunto de Declan nunca sucedió. EL SONIDO de un golpeteo me despertó en la mañana. Me había quedado dormido en el sofá mientras que las drogas y ante la dificultad de quitarme la ropa, si intentaba ir a la cama, propiamente me hicieron colapsar tan pronto entré por la puerta. Mi hombro palpitaba de dolor, y Maggie estaba acuñada entre mi pierna y el brazo del sofá. El golpeteo continuaba, y gradualmente me di cuenta que era alguien en la puerta del frente. —¡Ya voy! —grité, para que no se fueran cuando por fin llegara a la puerta. No era como que reconociera a la persona que estaba parada en mi puerta. Levantó sus gafas de sol hacia su cabello y me sonrió. —¡Te ves como si hubieras estado en una guerra! —¿Ha? —Pregunté estúpidamente. —¡No puedo decir quién está en peores condiciones, tú o tu auto!

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Miré a lo lejos para ver una grúa parada en mi acera con mi pobre coche colgando del costado trasero como la muerte misma buscando un trofeo. —Yo no arreglé que lo recogieran. —Le dije. ¿O lo había hecho? Sabía que estaba tratando de olvidar todo lo que involucrara a Declan la noche anterior. —Bueno, es recoger o hacer una entrega en otro lado — dijo, lo que no tenía sentido para mí. Me mostró su portapapeles, y mi estómago cayó cuando vi que bajo la información de contacto se veía el nombre de Declan Tyler. —¿Ese no es Declan Tyler? —preguntó el hombre con interés.

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—Ah, si, lo es. —Y estaba tan sorprendido como él. —Wow. —El chico estaba impresionado. Me miró un poco más de cerca—. ¡Por supuesto! Tú eres el novio. O eras. ¿Vosotros no os habéis separado? Ignoré era pequeña suposición al no tener una jodida idea. Y esto me hacía sentir como si hubiera caído en el País de las Maravillas. —Ya está pagado. —Explicó—. Pero tengo preguntarte si lo dejo aquí o lo llevo a esta dirección.

que

Miré el portapapeles. La dirección era de un garaje que pertenecía al hermano de Declan. Eso debía significar algo, y lo iba a tomar y correr el riesgo. —¿Lo deberías llevar al garaje,?

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El hombre rió. —¿De verdad crees que esa cosa allá afuera puede salvarse? —Hey —le dije—. Debes tener esperanza. Si, era obvio que estaba pensando en algo más que el coche. Pero él no debía saber eso. ME DUCHÉ y me vestí por mi cuenta con gran dificultad. La bolsa plástica con la que había envuelto mi cabestrillo no estuvo bien asegurada contra el agua, así que estaba un poco mojado luego de estrujarlo lo mejor que pude. Luego de llamar a un taxi, alimenté a Maggie y mientras arrasaba con el contenido de su tazón le dije: — Lo voy a recuperar, Mags. Su cola se elevó por el aire para decir, Ya era tiempo, joder. No lo dañes aún más. Los gatos son más inteligentes que nosotros los humanos. Al ser relativamente temprano para un domingo, el taxi no tardó mucho en llegar. Estaba fuera de la casa para el segundo sonido del claxón. —¿Adónde? —el conductor preguntó. —Docklands. —Dije, y le di la dirección del complejo de apartamentos de Declan. De alguna manera, el sol parecía más brillante hoy, el aire más fresco. Y realmente no era un fanático de la luz del sol, pero parecía como un presagio. Estaba contento con cualquier cosa que sirviera como un tipo de portento optimista sobre mi

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futuro. No pareció pasar mucho antes de ver el aviso de los palitos de queso, señalando la entrada a la ciudad. El amarillo parecía más brillante de lo usual, contra el poste rojo de la estructura que lo acompañaba. No estoy exactamente seguro lo que ese arte dice de la ciudad, pero lo amaba a pesar de todo. Le pasé al conductor el dinero por la tarifa y le dije que guardara el cambio, se inclinó hacia mí. —¿Así que tengo la exclusiva? ¿Van a regresar? Hombre, ya era demasiado reconocible para mi propio gusto. —No, no hay exclusiva. —¿Qué significa eso? —gritó tras de mí. Reí y corrí por la plaza hacia el complejo de apartamentos de Declan. Determinado a no estar nervioso, presioné el botón de su apartamento en la puerta de seguridad. —Estás aquí. —Escuché su voz diciéndolo, y luego se escuchó el click en la puerta de seguridad. Benditos sean los dispositivos de video. Para cuando emergí del ascensor, él ya estaba de pie en su entrada esperándome. Con mi brazo sano, lo metí dentro y cerré la puerta con mi pie. —¿Tomo esto como que recibiste tu coche? —preguntó con una sonrisa. Decir que estaba haciendo todo lo contrario a la noche anterior era un eufemismo. Y no podía aguantarme más.

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—¡Declan, me estoy volviendo loco! —chillé, agarrándolo de su collar con mi mano sana—. Solo necesito saber, ¿qué sucede entre nosotros? Me dirigió hacia el sofá para que me sentara, pero estaba muy ansioso. —Háblame. Me dejaste entrar, así que joder, háblame. —¡Lo haré, si me dejas hablar! Me puse más calmado. —Estoy escuchando. —Siéntate. —Declaró. Sacudí mi cabeza. —No puedo. Demasiado inquieto. —¿No vas a irte de aquí, verdad? —¿Qué, es mi turno? —Lo siento por eso. —Dijo. —No voy a irme a ningún lado, —le aseguré—. Pero, ¿por qué de repente hoy estás dispuesto a hablar conmigo? ¿Y por qué arreglaste todo para que recogieran el coche? —Porque, por alguna razón, amas ese pedazo de mierda que tienes por coche. —Dijo, como si fuera la respuesta más obvia—. Así que quise que fuera rescatado. El maldito coche se estaba volviendo muy metafórico para su propio bien. —Ok, ¿pero por qué estás preparado para hablar hoy? Él se sentó en su sillón, sus codos descansando sobre sus rodillas. —Me llené de miedo cuando Roger me llamó anoche.

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Pensé en lo peor, por supuesto, fue como ir al hospital cuando recibí la llamada sobre mi papá. Así que cuando llegué y vi que estabas razonablemente bien, fue como si esa preocupación se tornara en alivio… pero en vez de actuar aliviado me tensioné, y salió como rabia. Probablemente porque no tuve la oportunidad de hablar contigo apropiadamente. —Tú solo… te fuiste. —Le recordé—. Y el coche… fue una señal mixta. Declan rió. —¿Tú eres el que se queja de señales mixtas? ¡Dios! Simon. —Lo sé. —Admití—. La comunicación nunca fue nuestro punto fuerte. ¿Pero podemos hablar ahora? —Claro, si te sientas. Me pones nervioso, parado ahí. Hice lo que pidió, pero había una larga brecha entre los dos en el sofá. La calma entre nosotros tenía que llegar, pero empecé a hablar. Le conté todo sobre cómo me había sentido con las multitudes en los partidos, las molestias que tuve por parte del público, lo que los foros de internet decían sobre mí, la charla con Ed, el evento en los Brownlows, y cómo todo se había amontonado y causó que estallara y se diera la pelea con Jason Terne en la Calle Brunswick como resultó suceder y representó todos esos problemas en un pequeño paquete. Y Declan me contó sobre las cosas que me tuvo que ocultar, los detalles de los insultos en el campo de juego, cómo se sentía impotente al escuchar todas esas cosas dichas sobre mí y sin formas de hacer algo al respecto, su culpa al pensar que me había expuesto a todo esto y cómo temía que secretamente lo culpara por ello, y cómo siempre me había

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admirado al pensar que lo llevaba todo bien, pero que todo se le había venido encima con el problema de Jason Terne. —El descanso no era de nosotros, —le dije—. Suena muy estúpido ahora, por todo lo que ha sucedido después de todo, pero a lo que me refería era a nosotros alejándonos de todo por un tiempo. Perdiéndonos, solo tú y yo, lejos de toda esta mierda. Miró al suelo, mordiendo el interior de su mejilla. Debería tener un agujero para entonces. —Pude explicarme un poco mejor. —Dije dócilmente. Dec rió. —Joder, pude haberte preguntado a qué te referías en vez que saltar a las conclusiones equivocadas. —Nunca me separaría de ti. —Dije formalmente—. Soy más miserable sin ti de lo que soy contigo. —En el momento en que esa frase salió, gruñí, porque sabía lo mal que sonaba. Pero a Declan le dio risa. —Clásico de Simon Murray. —Tú sabes que digo cosas del modo erróneo, pero sabes a lo que me refiero. Él asintió. —Lo sé. —Es difícil salir contigo, Dec, no voy a mentir al respecto. Pero sé que tampoco es fácil salir conmigo. Fui estúpido. Dejé que todas las cosas negativas me invadieran cuando debí recordar lo que de verdad es bueno sobre nosotros. Que te amaba, y me amabas, y eso debió ser lo más importante. Todo lo que importaba. Su mano chispeó para moverse y agarrar la mía, pero la

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mantuvo en su pierna. —Odio no estar contigo, —continué, sin que me importara que sonara como un estereotipado personaje a punto de llorar en los momentos finales de una abismal comedia romántica—. Odio pensar que hice que estuvieras en mi contra, cuando te amo. Porque lo hago. —No estoy en tu contra. ¿No fue obvio cuando arreglé todo para que recogieran tu coche? Siempre te dije que era una trampa mortal. —No sabía que pensar. Solo tenía esperanza. —Fuimos igualmente estúpidos. En vez de escucharte ese día en el Domo, simplemente te corté. No pude pensar, y lo siento por alejarte. Pero no estoy acostumbrado a hacerlo. —¿Hacer qué? Pausó por un largo momento, y sabía que lo que fuera que diría le tomaría mucho en hacerlo. —Estar en una relación es también una sociedad. Algo que es equitativo. Donde la otra persona le da igual y siente cosas de forma apasionada. ¡Dios! Simon, estuve en una relación por dos años donde él se sentía seguro pretendiendo que no le importaba nada. Y pasé por eso. Así que no sabía qué tanto podría afectarme cuando te veía siendo herido o estando molesto porque tú sientes las cosas con más intensidad. —Estamos destinados a sentir las cosas intensamente, Dec. Incluso nuestro tipo de hombres. Declan resopló. —Si, solo que no hablamos de ello cuando deberíamos. Y luego estropeamos más las cosas.

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—Parece que estamos bien ahora. —Señalé. Finalmente, su mano se levantó y agarró la mía. Era raro porque mi mano más cercana estaba con el cabestrillo, y la sana estaba acuñada entre mi pierna y el final del sofá. Para hacerlo un poco más fácil, me acerqué a él. —Cuando dijiste que necesitabas un descanso, me revertí a como solía ser. —Continuó Declan—. Tenía que hacerlo. Y realmente no dejé de serlo hasta que Abe señaló que estaba actuando como mi ex solía hacerlo. Y él es la última persona que quiero ser en una relación. —¿Eso fue lo que casi se hizo ir al festival? —pregunté. Dec asintió. —Pero sabía que sería estúpido intentar hablar contigo con tanta prensa cerca. No sabía si me darías la espalda y me dirías que me jodiera. —No hubiera hecho eso. —No te culparía si lo hubieras hecho. Pero luego lo eché todo a perder en el hospital, y pensé que lo había jodido del todo. ¿Cómo pude dejarte cuando estabas herido? —No estaba a las puertas de la muerte Dec. Cálmate. —No importa. Sentí como si lo estuvieras cuando te vi sentado con el cabestrillo y cubierto de sangre. Debí llevarte a casa y cuidarte como lo hiciste cuando me operaron de la rodilla. Hice un gesto al cabestrillo. —Esto todavía tiene cuatro semanas para curarse. Mucho tiempo para que te redimas.

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—¿Eso es lo que quieres? —Pensé que no seríamos estúpidos —anote—. Esa es una pregunta estúpida. —Solo intento aclarar las cosas. —Dijo suavemente. Quería besarlo, sentir su cuerpo contra el mío, pero no sería Simon Murray si no lo tentara de vez en cuando. —De verdad que necesito un vaso de agua. —Dije, saltando y dirigiéndome a la cocina. Cuando alcancé el refrigerado y me di la vuelta, pude ver que tenía una pequeña sonrisa en su rostro. Me sentí mejor de lo que había estado en semanas. —¿Me vas a ofrecer uno? —preguntó. —Declan Tyler, oh dios del fútbol, ¿quieres un vaso de agua? —Eso sería agradable. Saqué dos vasos del aparador y la jarra de marca Brita del refrigerador. —Abe vino esta mañana. —Dijo Declan. —¿Si? —Estaba tan molesto cuando le conté lo del hospital que no aguantó y me contó lo que sucedió en los Brownlows. Me pare mientras servía el agua. —Pensé que tomaste eso muy tranquilamente. Espero que no te molestes con él por no decírtelo antes.

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—Pensé que tendrías algo que ver al respecto. —Se rascó pensativamente su rodilla—. Él contándome… me dio más de tu perspectiva, pero necesitaba oírlo de ti. Así que hoy iba a verte. Solo que tú me ganaste. —Ya me conoces. —Dije, colocando la jarra de regreso a la nevera—. Me pongo impaciente. Estaba asustado que si no venía tendría que someter a Roger y a Fran a encontrarme borracho con Vino Ginger de Stone y cantando Joni Mitchell de nuevo. —¿Vino Ginger de Stone y Joni Mitchell? Eres muy del siglo veintiuno —Declan molestó—. Tengo que disculparme con Fran y Roger. Ignoré sus llamadas. Cerré la puerta del refrigerador. —Tienes suerte que ellos disculpan fácilmente. —¿Tú, Roger y Fran? No le respondí; me distraje por algo colgado en el refrigerador. —Aun tienes la tarjeta. —Le dije. No me había dado cuenta cuando estuve aquí con Lisa. Pero no la había buscado exactamente o había esperado que estuviera ahí. Era la postal que le había escrito a él cuando discutimos ¿qué tan larga era nuestro historial de discusiones, de todas formas?- en la última noche de apertura de la Tripe F. Babe el puerquito valiente estaba trotando triunfalmente en el frente, y detrás mis garabatos decían: Sé que puedo ser un cerdo

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obstinado, pero por fortuna soy tan bonito como éste, y como él, valgo estar cerca. Conserva esto para que lo recuerdes. Volteé para encontrarlo parado detrás de mí. Le mostré la tarjeta. —La conservaste. —Eso era lo que la tarjeta decía que hiciera. Desearía haberla visto ese día; me hubiera dado la mejor confirmación de esperanza que pude tener. —¿Lo soy? —pregunté vacilante. —¿Qué? —preguntó. Le mostré lo que había escrito en la tarjeta. Él sonrió. —Si. ¿Quieres redimirla? —¿Puedo redimirla? —No seas obtuso. ¿Por qué crees que la conservé? —Supongo que sirvió a su propósito. —Dije—. Debí adherir válida para múltiples redenciones. —Me disponía a romperla, pero Declan me detuvo. Gentilmente me la quitó de los dedos y la adhirió al refrigerador con un imán de los Demonios. —Solo en caso que alguno de nosotros la necesite. Y luego me estaba besando, cuidando de no empujar mi brazo dentro de su cabestrillo al presionarse contra mí. Extrañamente estaba luchando por una posición cómoda, pero finalmente lo logró. Mi brazo punzaba pero no me importaba. Declan y yo estábamos juntos otra vez, pero esta vez no era la burbuja de nosotros contra el mundo. Esa fase de pensamiento había terminado, porque ahora habíamos dejado

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entrar al mundo y enfrentarlo cuando lo hicimos. Era más como un lazo, más fuerte que una burbuja, y más resistente. Él me llevó de regreso a hacia el sofá. —¡Oye, mi agua! —protesté. —Tengo algo más que decirte. —¿Algo bueno o malo? —gruñí. No quería que nada comprometiera en lo perfecto que este momento se estaba volviendo. —Definitivamente algo bueno. Nos sentamos en el sofá. —Entonces dilo. —Le he dicho a los Demonios que no voy a renovar mi contrato este año. Para Diciembre soy un agente libre. Wow, eso era inmenso. ¿Pero bueno? —¿Y? —Me voy a mudar aquí. Permanentemente. Conversaciones preliminares ya empezaron para firmar con un club de Victoria. —¡Pero estaría en las noticias! —Ed está molesto, lo quiere ocultar por el momento. Ya conoces a Ed. Lo conocía, teniendo esa experiencia de primera mano con las maquinaciones de Ed. —Así que no más relaciones a larga distancia. —Declan dijo contento—. Otro factor de problemas resuelto.

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—¿Tú estabas haciendo esto mientas que nosotros…? —no pude traer de regreso las palabras dichas por miedo a que sucediera otra vez. —Tenía esperanza. —Dijo simplemente —Desearía que me hubieras hablado para tener un poco. —Si, pues las cosas van a cambiar de ahora en adelante, ¿no es así? Lo besé. —Joder, si. No voy a volver a pasar por esto de nuevo. —Mis ojos se ampliaron cuando se me ocurrió—. ¿Con quién vas a firmar? Declan sonrió. —¡Por favor dime que es Richmond! —Como si Richmond pudiera comprarme. —Se burló. Me quede mudo durante un momento. —¡Ah, joder, cualquiera menos Collingowood! Me dejó callado besándome de nuevo. —Pareces a punto a desmayarte. —Se puso de pie y me alcanzó para alzarme y llevarme hacia la habitación. Creo que intentaba que durmiera un poco. Pero ahora que estábamos juntos de nuevo, nuestros cuerpos se movieron por su propia voluntad. Declan se quitó su camiseta; su pecho cogió una tez cremosa a la luz del sol. El invierno le había quitado su bronceado de entrenamiento. Algo de vacilación se veía en sus ojos mientras miraba mi cabestrillo, pero coloqué los dedos de mi mano libre en sus jeans y lo puse más cerca.

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Él jugueteó con los botones de mi camisa y me la quitó de uno de mis hombros, gentilmente desenganchando el cabestrillo para quitarme el resto de la camisa y dejarla caer al suelo. Cuando renganchó mi cabestrillo para soportar mi brazo otra vez, terminó de desnudarme, lentamente, dejando un rastro de besos. Piel contra piel, sin pretensiones. Todo la tensión y preocupaciones se colocaron a un lado para descansar; lo único importante era nosotros, aquí, ahora, y tan lejos como podamos vernos en el futuro. —Te extrañé. —Exaló Declan. Me di cuenta que esas noches que permanecía solo en mi propia cama atormentándome con su ausencia, él había estado haciendo lo mismo. Esto hizo que lo arrastrara más cerca con mi brazo sano y luego sostuve su rostro para que viera el mío. —No voy a ningún lado, nunca más. —Prométemelo. —Dijo con un tono ronco. No existirían mas desencuentros entre nosotros, en absoluto. —Lo prometo. —Le aseguré. Buscábamos comodidad entre nosotros, pero también hacíamos una reclamación, dejando que nuestro tiempo de separación se alejara hacia un campo de malos recuerdos y nada más. Su aliento era como fuego sobre mi mejilla mientras que cabalgábamos juntos; su beso mandó fuego a cada vena y fibra de mi ser. Luego del tiempo que pasé esperando por su toque, fue intenso, y así sus caricias eran infinitamente

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tiernas. Se arqueó contra mí; su necesidad era tan urgente como la mía, y le escuché llamarme por mi nombre mientras yo decía el suyo en la altura de nuestra pasión. Permanecimos entrelazados entre nosotros al fin, sin querer separarnos; habíamos gastado mucho tiempo alejados el uno del otro. Era mi turno de decirlo ahora. Algo había pasado entre nosotros ahora, algo teñido de arrepentimiento que había gastado nuestro precioso tiempo, tiempo que no tendríamos de regreso. Así que no pude guardarme las cosas y arriesgarme a caer en la misma vieja trampa de nuevo. —Te extrañé. —Nunca más. —Respondió firmemente, retiró el cabello en mi frente. Las palabras eran un contrato—. ¿Cómo está tu brazo? —Bien. No sé si fue por las drogas o las endorfinas.

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Él rió.

Sean

—¿Dec?

Kennedy

—¿Si? —No seamos estúpidos de nuevo. Sus labios estaban sobre mi frente cuando dijo: — Probablemente seamos estúpidos de nuevo, pero te prometo que no tan estúpidos. Cerré mis ojos; finalmente sentí la paz de nuevo. Adormecido con la calidez de Declan rodeandome, era fácil sentir que nunca había estado lejos. Escuché a Declan susurrar: —Estoy en esto por toda la


temporada, no por la primera ronda. Gruñí somnoliento ante la mala metáfora. —Cursi, Dec, cursi. Pero le dije que también estaba por toda la temporada.

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Tiempo Extra

FEBRERO. Un nuevo año, una nueva temporada de fútbol. Me senté en las bancas con Fran, Roger y Lisa. Debajo de nosotros, Declan y Abe salían al campo de juego con los nuevos colores de su nuevo equipo. La anticipación para ellos este año es alta; se negaron a ser separados en las negociaciones cuando dejaron a los Demonios, y aunque les tomo un tiempo para que sus contratos encajaran en los demás compañeros del equipo. Alice Provotna está una fila detrás de nosotros en el cubículo de las ENAs, filmándolo todo. Este es su último día de grabación, y luego hará su última edición de su documental. Declan y yo decidimos decir la verdad de todo, incluso de nuestra separación temporal, de modo que el filme pudiera recoger toda la presión que pesaba sobre nosotros durante nuestro año en el foco de atención. Lo que va a ser inusual es que será rodada por primera vez en el festival de la Triple F este año, y todos tendremos que asistir aunque Nyssa y yo ya no trabajamos para ellos. El interés en nosotros no ha caído exactamente, pero no parece tan controvertido ahora. La gente parece acostumbrarse a ello, aunque ocasionalmente ves algún idiota por ahí. Declan y yo aun discutimos, pero maravilla de

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maravillas, hablar entre nosotros, de hecho, nos ha ayudado a solucionarlo. La sirena suena para iniciar el partido, y Lisa y yo nos preparamos. Yo estaré apoyando el equipo de Declan hoy, pero mañana llevaré mi bufanda de Richmond cuando Dec, Roger y yo iremos a verlos jugar contra Hawthorn. Fran, por supuesto no ira. El partido de hoy probablemente será suficiente para ella por un año. Al mirar a Declan remontarse para hacer una marca, pienso lo mucho que ha cambiado mi vida durante los últimos dos años. En la vida, como en el fútbol, necesitas un buen equipo que te apoye. Yo tengo eso. Y si ustedes lo tienen, no importa lo que suceda, siempre estarán bien.

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Fin

Sean Kennedy


Sobre el Autor; Sean Kennedy, nació en 1975 en Melbourne, Australia, pero actualmente vive en la segunda ciudad más aislada del mundo (aunque todavía parece ser una conjetura sobre si en realidad es el número uno). Vivir en estas condiciones de carencia sólo puede afectar a su escritura, que es publicado por Dreamspinner Press.

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Coordinadores de Proyectos Zicaruth y Pervy Traductores Stefano; Solric; Gisel; Alfa Royal;Anaekha;Pitufina;Aldo.

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Correctores Wall e Isolde Dise単o y Formato Alfa Royal e Idum

Kennedy

 
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