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Sinopsis La vida de Andrew es un cliché: es un hombre gay atrapado en un matrimonio sin amor, gracias a su madre religiosa y autoritaria. Entonces hay un par de movimientos nuevos en la calle, y Andrew se enamora de Nathan en una forma feroz. Nathan es recto, casado, y a punto de ser padre, pero después de una fatídica noche juntos en un club, Nathan tiene que enfrentar el hecho de que sus sentimientos por Andrew van mucho más allá de la de un amigo y vecino. Cuando la esposa de Andrew le pide el divorcio, la vida de ambos hombres es arrojada en el caos. Los argumentos acerca de sus responsabilidades para con sus esposas e hijos, dudando de sí mismos y entre sí, y algunas mentiras terribles hasta separarlos... pero nunca dejan de pensar uno en el otro.

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Capítulo Uno Andrew observó a la nueva pareja con ojo cínico. El señor y la señora recién casados, con los anillos a juego brillando a la luz del sol, el brazo de él alrededor de los hombros de ella, manteniéndola estrecha contra si. Él sólo podía ver sus espaldas a medida que se introdujeron en el vecindario de los buitres, pero Jesús, el hombre era alto, construido como una casa de ladrillos. Su esposa era pequeña comparada con el Sr. recién casado, apenas llegándole a los hombros, sin embargo, desde la perspectiva de Andrew era ella quien le mantenía a raya, con los dedos enganchados con firmeza, a los lazos de su cinturón. Ella no iba a dejarlo ir en cualquier momento pronto. Andrew no podía oírlos, pero él pudo ver al tipo riendo por alguna broma que Allison había hecho. Él sabía cómo eran estas cosas. Una invitación a una barbacoa, un intercambio de sonrisas corteses, entonces desaparecerían detrás de la puerta principal, sólo saldrían para el trabajo y las compras. Nadie tenía realmente amigos aquí, no a menos que tuvieras hijos, y luego estaban las reuniones de juego, viajes en grupo, y ginebras disimuladas a las dos de la tarde. Aún así, él tuvo que fingir que seguía las órdenes de Allison para los principiantes. Si había un pensamiento en la cabeza Andrew acerca de alguna de estas fiestas del vecindario, seria como él podría escapar. No importaba cuanto bebiera, o lo mucho que tratara de encajar, cada fiesta era larga y tediosa, aun después de haber acordado con Stephanie que, después de mostrar buena voluntad, pudiese retirarse a su cuarto oscuro. Estaba tan cansado de pretender ser algo que él no era. Andrew Matthews, esposo modelo, padre y el fotógrafo de la ciudad. Andrew miró su reloj. Media hora, entonces podría dejar a los vecinos con sus diversiones y desaparecer de nuevo en la habitación oscura. Veintinueve minutos y treinta segundos. Tomó un trago de su cerveza. Distraídamente, se preguntó cuánto tiempo habían estado casados. ¿Un mes? Seis semanas como mucho. Él pronosticó era que en nueve meses habría unos pocos recién casados con un cochecito, o... ¡espera!

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Tal vez la próxima semana, ¡a juzgar por el tamaño de ese estómago! Andrew se encontraba paralizado por el tamaño del vientre de la recién casada cuando se dio la vuelta. O bien había estado practicando antes de la boda o la intuición de Andrew había ido muy lejos. Escondido en una esquina, Andrew fue capaz de mirar libremente a la mujer. Teniendo en cuenta sus tobillos ligeramente hinchados atrapados en las tiras de sus sandalias de tacón alto, se sorprendió de que ella pudiera seguir adelante. A pesar de su avanzado estado de gestación, era una mujer delgada, con delicada estructura ósea. Andrew podía ver lo atractiva que era. Entonces por primera vez consiguió darle una mirada apropiada al marido. Mierda, era joven. Demasiado joven para estar casado y esperando un niño. Se veía como un atleta universitario en su primera cita, con todo el pelo desgreñado y los músculos ondulantes, con hombros anchos y caderas estrechas. —¿No se ven lindos? Todos los corazones y flores. Es taaaaaan encantador. Andrew miró a su esposa. Stephanie estaba mirando con disgusto algo que se acercaba, sus largos dedos envueltos con tanta fuerza en torno a la copa de vino que sus nudillos estaban blancos. Él suspiró en voz baja. Ellos nunca habían sido así. Él observó como el hombre, tan joven y enamorado, tenia una gran sonrisa en su rostro mientras abrazaba a su esposa cerca de su cuerpo. Andrew sintió una emoción que no había experimentado por un tiempo muy largo. Estaba celoso, envidioso del amor que se demostraban entre sí, y las sonrisas y el cariño de mierda y ¡joder! Él y Stephanie nunca se habían mirado el uno al otro de esa forma. Tomando otro sorbo de la cerveza, dijo: —espera hasta que las noches de insomnio los golpeen, entonces los corazones y las flores no contaran mucho después. Andrew miró la copa de Stephanie. Estaba vacía, como de costumbre. Se preguntó cuántas copas se había tomado. —¿Quieres otra? —Él agitó la botella hacia ella.

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Ella asintió con la cabeza. —Sí, ¿por qué no? El alcohol es lo único que hace soportable el día de hoy. Voy a averiguar dónde está Colin. Estaré de regreso en un momento. Andrew tomó su vaso, y luego se alejó hacia la cocina. La casa de Allison y Jim era igual que la suya, todos los aparatos de un blanco brillante en el mismo lugar. Él abrió la nevera encontrándola surtida de arriba a abajo con el vino. Allison era bien conocida por tomarse estas barbacoas muy en serio. Tomando una botella abierta de vino blanco, rellenó la copa de Stephanie hasta el borde, sabiendo que de lo contrario ella sólo se quejaría y cerró la puerta de la nevera para ir a buscar el cubo con la cerveza. —¿Hay ahí una para mí? Andrew buscó hasta que metió la mano en el agua helada para conseguir una botella. El Sr. recién casado le sonreía, con una expresión de esperanza en sus ojos. —Claro. Andrew le dio la que él había estado buscando, a continuación, consiguió otra para si mismo. —Gracias. —Dijo el hombre mientras abría la botella y tomaba un largo trago, su gemido de placer cuando el líquido frío golpeó la parte trasera de su garganta fue casi obsceno. Andrew trataba de no mirar. —Dios, necesitaba eso. De repente, el hombre pareció recordar sus modales, y limpiándose la mano en sus pantalones, se la tendió. —Nathan Peterson. Acabo de mudarme al número veinticuatro. Andrew abstuvo su deseo de reírse de él, simplemente sacudió su mano y dijo: —Andrew Matthews… Mi esposa Stephanie y yo vivimos en el número doce. —Andrew media más de seis pies1, pero este hombre lo 1

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empequeñecía tanto en altura como en físico, su apretón de manos era firme, pero sin aplastarle los huesos. Ociosamente, se preguntó como se vería el hombre en blanco y negro, sin camisa y húmedo. Quizás mientras lavaba el coche. Andrew prefería tomar sus fotos cuando la gente estaba haciendo algo. Se dio cuenta de que estaba sosteniendo su mano durante mucho tiempo cuando vio la expresión divertida de Nathan. Riendo nerviosamente, Andrew trató de entablar una pequeña charla. —Entonces, ¿has conocido a todos ya? ¿Recuerdas todos sus nombres? —No, ni uno solo. Tú eres Justin, ¿verdad? —él sonrío cuando Andrew le dio un resoplido apreciativo—. Si te digo la verdad, es un poco abrumador. Nosotros sólo hemos estado aquí cuarenta y ocho horas. —Puedes apostarlo. Aún así, pronto llegaras a conocer a todos, y serás arrastrado a estos eventos con la suficiente frecuencia. Allison y su amor Jim, no creen que todos seamos buenos vecinos. —Fiesteros alborotadores. Nathan frunció el ceño, tratando de recordar quiénes eran. — ¿Pequeña, rubia y delgada y viejo tío canoso? Andrew asintió con la cabeza. —Sí. Ellos componen el programa de vigilancia vecinal. El resto de nosotros simplemente caímos en la línea. —Huh. Bueno, me hago una idea. —Nathan miró a su botella. Estaba vacía. Él la agitó esperanzado hacia Andrew—.¿Hay alguna posibilidad de conseguir otra? Andrew movió su mano en dirección al cubo. —Sírvete tu mismo. Nunca te iras a casa sobrio de una de estas reuniones. No, si quieres mantener la cordura. —Él observaba, como Nathan removía con entusiasmo el cubo buscando otra botella—. Así que, ¿esperas tu primer hijo pronto? —¿Te has dado cuenta? —Nathan parecía estar saltando de emoción ante la perspectiva—. ¿Ositos de goma? —Sacó una bolsa medio vacía de caramelos de su bolsillo.

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Desconcertado, Andrew asintió con la cabeza y cavó en la bolsa. Sacando uno rojo él inclinó la cabeza hacia atrás y lo lanzó en su boca. Nathan añadió: —Alex parece que va explotar en cualquier momento. Espero que no. Explotar, quiero decir —agregó a toda prisa ante la mirada de desconcierto de Andrew. —¿Debo suponer que este es tu primero? —Andrew se echó a reír. El tipo era como un niño pequeño. Nathan se echó a reír con él, sin tener la más mínima ofensa. — Ciertamente lo es. Esta previsto en cuatro semanas. —Le ofrecía los ositos de goma de nuevo. Escogiendo uno verde, Andrew mordió un poco los miembros del osito antes de decapitarlo y tragar el cuerpo. —Jesús, ¿qué te había hecho el oso? —Nathan había estado observando todo el proceso con fascinación. —No tuvo oportunidad. Me lo comí primero —dijo Andrew con aire de suficiencia, tomando un trago, aunque el sabor amargo de la cerveza realmente no combinaba bien con el sabor del caramelo. —Recuérdame que no entre en contacto con tu lado malo —dijo Nathan arrastrando las palabras. Se sonrieron el uno al otro, entonces Andrew le preguntó: —¿Un chico de Texas? Nathan tocó la punta de un imaginario sombrero Stetson y dijo: —Sí, jefe. Nacido y criado en San Antonio. Andrew fingió gemido. —¡Oh, no! ¿Un aficionado de los Spurs 2? Creo que nunca podré hablar contigo otra vez. —Hablaba arrastrando las palabras lenta y profundamente, permitiendo que el acento que normalmente suprimía fuese más notable.

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Equipo de baloncesto y NFL (fútbol americano) de San Antonio.

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—¡Espera un momento! —los ojos color avellana de Nathan brillaban positivamente—. ¿Me tratas como otro fugitivo? ¿Solo soy yo el que va por el lado equivocado de las vías? —Nacido en Dallas, me traslade a Santa Fe cuando tenía diez años —confirmó Andrew. —¿Ah, entonces un Mavs3? —al asentir Andrew, el hombre joven continuó: —No estoy seguro de que deberíamos estar hablando, pero como somos buenos niños de Momma, vamos a dejar a un lado nuestras diferencias, por lo menos hasta que le demos una paliza en el culo a Madden4. Andrew se estremeció ante la referencia a las Black Sheep-Momma, pero mantuvo su sonrisa pegada a su cara. Por una vez, a él le gustaba esta nueva adición al barrio. Él esperaba que Nathan no fuese del tipo escondido detrás de la puerta. —En tus sueños, niño, —dijo él. Nathan gritó. —Tú eres tan repetitivo. —Ambos entraron en un ligero desafío con los ojos—. ¿Cómo hacemos para escaparnos de aquí sin fingir que estas intentando golpearme? —Él se abalanzó hacia delante para envolver a un sorprendido Andrew en un abrazo de oso. Agitando los brazos, Andrew se sintió aplastado contra una camiseta de algodón. Aspiró el olor de detergente para la ropa, el sudor y debajo de eso, algo que no podía definir. Sus manos, trataron de agarrarse a algo sólido, aterrizando en la espalda de Nathan. Joder, este hombre estaba hecho de firme músculo. Hizo a Andrew sentirse como un insecto palo. —No te atrevas a huir, Nathan Peterson. —Una brillante voz, cálida y femenina, tratando de sonar divertida pero con un hilo claro de irritación, los interrumpió. Andrew trató de separarse y conservar algo de su dignidad. Sintió más que oyó una risita proveniente de Nathan, su pecho vibró bajo su mejilla, y luego deslizó su brazo bajo su hombro y se volvió para atender a Alex. Aunque parezca extraño, Nathan no lo dejó ir, manteniéndolo en sus brazos dijo: — Ey cariño conoces a nuestros nuevos vecinos, este es 3 4

Abreviatura del equipo de baloncesto y NFL de Dallas, Dallas Mavericks. Jugador de la NFL.

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Andrew. Él es un Mav, pero no dejes que eso te desanime. Alex rodó los ojos. —Lo siento por mi marido, Andrew. Él es como un cachorro que ha crecido con las mismas costumbres. Bájalo, Nathan, — le ordenó, como si le hablase a un cachorro. —A Drew no le importa, ¿verdad? —Y Andrew fue exprimido por un segundo abrazo, antes de que Nathan obedientemente lo dejara caer de sus brazos y se acercara a su esposa, inclinándose para besarla en la mejilla. Andrew se debatía entre señalarle a Nathan que si lo levantaba de nuevo en sus brazos sus pelotas estarían en peligro, y pedirle que le abrazara otra vez. Otro brazo fue alrededor de su cintura, afiladas uñas se clavaron en su piel. —Así que, estaba esperando a que volvieses con mi bebida y en cambio, te encuentro tanteando al nuevo vecino. Un rápido trabajo Drew — Stephanie había seguido a Alex a la cocina y había sido testigo de toda la escena. Andrew estaba determinado a no darle a su esposa la satisfacción de verle ruborizado. —Estas celosa —le contestó— por que yo he conseguido un abrazo y tu no. Alex se rió, sin darse cuenta de las corrientes de tensión entre sus nuevos vecinos. —Él zarandea a todo el mundo. —Ella dio un codazo en las costillas Nathan—. Créeme. No entiende el concepto de espacio personal. Nathan extendió sus manos como en señal de rendición. —Solo soy demasiado amable. De todos modos, Drew y yo tenemos una cita para que lo lleve hacia abajo. Stephanie dejó escapar una risa fina. —Así como yo sé que le encantaría que tu le zarandearas, Andrew se comprometió a llevar a su hijo al parque esta tarde.

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Una amplia sonrisa dividió la cara Nathan. ¿Es que este chico nunca dejar de sonreír? —¿Tienes un hijo también? —Sí, Colin, él tiene nueve años —musitó Andrew—. Entrara en cuarto curso el próximo septiembre. —Ey, Nathan es profesor de cuarto curso. Él va a enseñar en la escuela primaria en Castleton. —Alex miró a su marido con gran orgullo. Para la sorpresa Andrew, Nathan se puso rojo brillante. —Yo estoy recién titulado. Este es mi primer trabajo —admitió. —Ese es el colegio de Colin. Tu estarás enseñando en su curso. — Stephanie sorprendió a todos al ir a la puerta de la cocina y gritarle a su hijo. Después de un minuto un niño delgado y desgarbado llegó a la puerta. Llevaba pantalones cortos, sin camisa, y como de costumbre, estaba muy sucio. Incluso sus odiadas pecas, de las que se quejaba en cada oportunidad, eran prácticamente imperceptibles con la mugre que le cubría el cuerpo. Su madre lo dirigió en la dirección de Nathan. —Colin, conoce a tu nuevo maestro, el Sr. Peterson. —Jesús, es enorme. —Colin se quedo boquiabierto, mirando a Nathan. A Andrew le hizo gracia darse cuenta de tanto el profesor como alumno parecían muy avergonzados cuando todo el mundo se echó a reír. Stephanie dio un codazo a Colin. —¿Qué se dice? —Encantado de conocerle, Sr. Peterson, —dijo cortésmente. Su nuevo maestro vino a su rescate. —Nate, hasta que llegue septiembre, al menos. —Nathan le tendió la mano y Colin se la estrechó como le habían enseñado—. Vamos a volver a Sr. P. el primer día de clases, ¿de acuerdo? Colin asintió con la cabeza. —¿Me puedo ir ahora, mamá? Porfaaaaa —se quejó Colin, desesperado por alejarse de sus padres y, peor aún, de su

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nuevo maestro. Todavía estaba de vacaciones. Así que, era demasiado pronto para pensar en la escuela. —Diez minutos, luego tu padre te va a llevar al parque a jugar al fútbol. —Afirmó Stephanie. Andrew echo un vistazo a su reloj, suspirando para si mismo. De modo que no había posibilidad de que él fuera al cuarto oscuro en primer lugar. Había estado tan cerca de escapar. Colin estaba fuera de la puerta de la cocina en el segundo en que consiguió el permiso, casi derribando a Jim y Allison, que habían venido en busca de los nuevos vecinos. Ellos se echaron hacia atrás mientras él corría pasándolos, y luego entraron en la cocina, complacidos de ver a Andrew y Stephanie haciendo un esfuerzo con Nathan y Alex. —Hola. ¿Que están ustedes haciendo? ¿Tiene todo el mundo algo de beber? Jim, necesitamos más cerveza. Nathan casi a terminado. —Como de costumbre, Allison se hizo cargo tan pronto como entró en la cocina. Era bastante más joven que su marido, pero no había duda de que era la fuerza impulsora en su relación. Jim parecía contento de permitir a su locomotora ir por delante, y a cambio ella le dio una casa bien organizada y cariñosa, si, era mandona, y firme. Nathan les dio a todos su más amplia sonrisa. Andrew estaba casi cegado por la forma en que la cocina de repente se iluminó. —Estoy bien, gracias, Allison. No me importaría tener otra. Tengo que pasear a los perros esta tarde, y Drew aquí me ha invitado a jugar al fútbol con él y su hijo. —Andrew se atragantó con el último trago de su cerveza. A medida que farfullaba sus disculpas sin aliento, una enorme mano le dio una palmada en la espalda. —¿Estás bien ahí Drew? ¿Estas intentando parecer debilucho fuera de nuestro juego? Dame diez minutos para cambiarme y recoger a los perros y estaremos de camino. Andrew levantó la vista para ver a Nathan dándole un guiño apenas perceptible. Junto a él, Alex los veía divertida. Allison sonrió a todos. Esto era justo lo que más le gustaba, todos sus vecinos siempre estaban bien.

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Él le devolvió la sonrisa a Nathan. ¿Una tarde en el cuarto oscuro escondido del mundo, o una tarde bajo el sol -pateando el culo muy bonito de su nuevo amigo- en el fútbol? No había discusión. —¿Crees que puedes vencernos a mi hijo y a mi? Vamos por todas.

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Capítulo Dos Desde la distancia, Nathan podía ver la concentración en la cara de Colin mientras colocaba el volcán. Llevaba su uniforme normal de pantalones cortos y suciedad. Como su maestro, había aprendido en una semana de clases, que Colin pasaba más tiempo en la tierra que sobre sus pies, algo que se suponía que él debía desalentar. Pero ambos, profesor y alumno, tenían un acuerdo tácito de que iban a ignorar esa la directiva por completo. Sonrió al ver el trabajo de Colin. Era obvio que era hijo de Andrew, desde el boca llena a la piel pálida y pecosa hasta el brillante azul que generaban sus ojos. Colin era más seguro que Andrew, sin embargo, con una sonrisa arrogante que lo llevaba, metía y sacaba de muchos líos. Andrew rara vez cobraba vida con la misma intensidad que emanaba Colin. Andrew siempre hacía sentir Nathan un poco protector, mientras que con Colin, Nathan quería chocar los cinco con él la mitad del tiempo y estrangularlo sin sentido la otra mitad. Nathan se había acercado a la casa de Andrew, con la esperanza de que estuviese libre. Él estaba desesperado por escapar de su casa y de su mujer, que parecía decidida a apoderarse de todas las habitaciones llenándolas con los pañales, polvos, chupetes y parafernalia de bebés que Nathan no sabia ni que existían. Su idea de volver a casa y celebrar que, durante su primera semana como un maestro, no había sido devorado por sus alumnos, había desaparecido cuando una pandilla de mujeres de la familia y amigas de Alex, habían invadido su sala y su cocina. Después de dos horas de tener el culo apretado por mujeres de mediana edad, que habían tomado demasiados martinis, estaba desesperado por salir. Atrapado en el sofá, Alex le dio una brillante mirada cuando él hacia ademán de despedirse. Susurrándole una promesa en voz baja de un baño caliente, masajes y desayuno en la cama la había apaciguado lo suficiente para escapar de las vecinas. El camino a la casa de Andrew era fácil ahora. Desde el segundo en que Nathan se había auto invitado al parque, él y Andrew encontraron a un buen amigo en el otro, pasaba muchas noches intentando que Alex le

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permitiera hacer trampa en los videojuegos, jugando baloncesto con Colin, y generalmente actuando como si tuvieran cinco años cada vez que tenían la oportunidad. Incluso Colin no estaba demasiado avergonzado de tener a Nathan como un vecino, en particular uno que le ayudaba a vencer a su padre en todos los partidos que jugaron. Lo único de lo que él no había convencido a Andrew de hacer todavía es que viniese una mañana a correr con él y los perros. —Oye Colin, ¿Esta tu padre dentro? —preguntó Nathan. Colin estaba en el patio delantero. Miró brevemente a Nathan cuando pasó. —Papá está en el estudio tocando la guitarra. Gary estará aquí mañana. —Frunció el ceño mientras se apartaba de su recreación para el experimento de la escuela—. ¿Cree que esto va a funcionar, Sr. P? —Me puedes llamar Nathan o Nate fuera de la escuela, Colin, —su maestro le recordó—. Hmm, no estoy seguro. Puede que necesites más refrescos aparte de eso. O si quieres hacer un verdadero desastre, prueba con Coca-Cola Light y Mentos. No te he dicho nada, evidentemente. ¿Quién es Gary? —Era la primera vez que había oído hablar de él. Se habían pasado la primera semana del semestre lanzando cohetes al edificio, explotando bombas de agua, y discutiendo la manera de destruir el mundo. No había hecho mucho para cautivar al portero de Nathan, pero incluso Colin había admitido a sus padres que Nathan era un poco frío para ser un profesor. Colin levantó de un salto. —Gary Stevens es un amigo de papá. Él toca en una banda. Le preguntare a mamá si ella tiene algunos más. Nos vemos, señor... Nate. Nathan hizo un gesto perezoso con la mano y dio la vuelta a un lado de la casa hasta la puerta de la cueva, interesado en escuchar lo que Andrew estaba tocando. Técnicamente se trataba de la puerta del sótano, pero los Matthews lo habían convertido en una gran habitación, con cama y sofá, donde Andrew vivía la mayor parte del tiempo, mientras que Stephanie y Colin ocupan el resto de la casa. Su hijo parecía dividir su tiempo entre los dos.

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Para Nathan, que se había criado en un hogar con una gran familia feliz, esto le parecía totalmente incomprensible, pero Andrew se había negado a hablar de ello, y Nathan no quería poner en peligro su creciente amistad entrometiéndose más. Como de costumbre, la puerta de la cueva estaba abierta, y Nathan podía oír los acordes suaves de una guitarra y a alguien cantando. Dudó un momento antes de bajar, a sabiendas de que Andrew se detendría en el momento en que él supiese que Nathan estaba allí. El acento que Andrew intentaba tanto suprimir era más evidente cuando cantaba, su voz más rica y profunda de lo normal. La canción llegó a su fin y él bajó las escaleras, parpadeando un poco hasta que sus ojos se acostumbraron a la relativa oscuridad de la madriguera. —Hey —gritó. Andrew levantó la vista de donde estaba sentado en el sofá, con una gran sonrisa en su rostro al darse cuenta de que era Nathan. —Hey tú. ¿Entonces, sobreviviste para contarlo, profesor? Nathan se complació ridículamente de que alguien se hubiese dado cuenta del gran problema que esta semana había sido para él. Naturalmente, en casa, todo estaba centrado en el niño y, con el nacimiento tan inminente, Nathan se sentía culpable de siquiera mencionar la escuela. Él le devolvió la sonrisa a Andrew. —No sólo he sobrevivido, acabo de ver a tu hijo recreando la lección. —Deberías haber estado aquí para ver la bomba de agua de ayer — dijo Andrew con ironía. Nathan hizo una mueca. —Oh, no, ¿qué tan mal fue? Andrew le dio una sonrisa de satisfacción. —Creo que simplemente te diré que si Stephanie te hubiese visto en ese momento, la ampliación de tu familia no seria una opción.

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—Creo que me quedaré por aquí, entonces, mientras que Colin está experimentando —dijo Nathan, decidiendo que era mejor ocultar que él ayudaba a Colin. Cambiando de tema, dijo: —No sabía que tocabas la guitarra. Colin dice que tu amigo estará aquí mañana y que él tiene una banda. Andrew asintió con la cabeza. —Sí. Gary viene por aquí de vez en cuando. A veces me uno a él. Yo canto un poco, y él me paga por no vomitar sobre mi alfombra. Nathan levantó una ceja. —¡Fantástico! ¿Así que estoy invitado? —¿Qué diablos en la tierra estás haciendo cavando en mi patio delantero, Colin Matthews? ¡Y que desorden! —El tono de Stephanie se oía angustiado. Nathan sonrió tan inocentemente que Andrew rodó sus ojos. —Uh, de todos modos, supongo que sí, si quieres venir. No había pensado realmente que estarías interesado, para ser honesto. Es sólo los chicos y unas cuantas cervezas aquí abajo. —Andrew parecía un poco avergonzado por no pensar en ello antes. —¿Por qué no? Cerveza y la oportunidad de alejarme de la charla continúa sobre bebés y las mujeres locas. Por lo creo que debo tomar una cerveza ahora, ¿O esperas matarme de sed mientras me cantas algunas de tus canciones? —Nathan miró expectante a su anfitrión mientras se sentó y estiró sus largas piernas. Andrew lo ignoró y siguió tocando la guitarra. —Sabes dónde está la nevera. Sírvete tú mismo y ya que estas puedes conseguirme una también. Nathan hurgó en la nevera pequeña. —Está vacía. Nos bebimos las últimas hace dos noches. —Hay algunas más arriba. Voy a ir a buscarlas. —Andrew puso la guitarra en el suelo y subió las escaleras hasta la casa principal. Nathan volvió a sentarse en el sofá con un suspiro de satisfacción. Él estaba muy contento de estar lejos de las mujeres que ocupaban su casa en este momento. Había algo pinchándole en la espalda. Puso una mano alrededor para tratar de presionar hacia abajo, descubriendo que era la esquina de una revista, metida en su mayor parte por el lado del sofá.

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Nathan logró sacar la cubierta trasera llena de películas lo que atrapó su atención. Las miró, sólo para ver si había algo que valía la pena comprar, y sus ojos se agrandaron al darse cuenta de qué clase de películas estaban en venta. Él se dio vuelta y miró a la cubierta, de repente con la boca seca. Este tipo de revista de piel era lo último que esperaba encontrar en la casa de Andrew. Nathan pasó las páginas con curiosidad, manteniendo un oído alerta por si Andrew volvía. Siguió hojeando las páginas, a pesar de que era la última cosa que quería ver. Un nombre llamó su atención, y echó un vistazo a la fotografía. El modelo estaba diseñado, sin duda, para el trabajo, pero fue su expresión lo que le llamó la atención, curiosamente vulnerable y sensual al mismo tiempo. El fotógrafo había capturado algo más que el cuerpo en ese plano. Nathan se preguntó cínicamente si el lector alguna vez ha mirado tan arriba como para verle la cara. —Sí, voy a llamarlo por teléfono más tarde. —Andrew estaba, obviamente, gritando a Stephanie mientras cerraba la puerta del sótano en la parte superior de las escaleras—. Lo siento, por la pelea. Tengo que llamar al electricista mas adelante. Nathan rápidamente metió la revista detrás de los cojines del sofá, donde la había encontrado, concentrándose en mantener sus reacciones bajo control tan pronto como pudo. Andrew no parecía darse cuenta de que algo estuviese fuera de lugar mientras le hablaba sobre los problemas con la electricidad que habían invadido la casa desde que se había mudado aquí abajo. Dándole a Nathan una cerveza, Andrew se sentó de nuevo, cogiendo la guitarra y colocándola sobre su regazo. —Así que, ¿todavía quieres oírme tocar? ¿Estás bien, Nathan? Te ves un poco enfermo. —Andrew parecía preocupado mientras miraba a su amigo. —Um, ah, sí. —Nathan se quedo mirándole, perdiendo el poder de decir algo coherente por un momento—.¿Qué carajo? —No parecía lo apropiado para gritar a un nuevo amigo al que apenas conocía.

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—No tienes que hacerlo. No me ofenderá si no quieres. No es del gusto de todo el mundo. ¿Quieres ver una película? —Andrew sonaba preocupado. —No, no, por favor. Quiero oírte tocar. —Nathan se dio cuenta de que su falta de reacción era desconcertante para Andrew—. Estoy un poco cansado. Voy a sentarme y escucharte. Andrew le estaba dando una mirada curiosa. —Está bien, entonces, pero siempre puedo parar. Nathan se echó hacia atrás en el sofá y cerró los ojos, dejando que la música cayese sobre él. Si era honesto, podía decir que no escuchó ni una sola nota. Estaba demasiado ocupado preguntándose por qué no le había preguntado a Andrew qué es exactamente lo que fotografiaba en su pequeño estudio en la ciudad.

—¿Has invitado a Gabe aquí? ¿Ahora? Alex levantó la vista de la pila de chalecos y botas pequeñas que estaba reorganizando por enésima vez. Ellos estaban disfrutando de un momento de paz en su casa ahora que los invitados se habían ido, y Alex estaba esperando tener la posibilidad de disfrutar una noche para sí misma, no perturbada por Gabe, el mejor amigo de Nathan, todavía firmemente decidido a revivir sus días universidad. —Sí, ¿tenías algo en mente? Es sólo por esta noche. Andrew se va a reunir con algunos amigos y yo pensé que Gabe podría disfrutar eso. —Gabe podría, pero no estoy segura de Andrew. Él es un buen tipo, normal y Gabe no es así. —Alex rebuscaba el calcetín azul pálido con limones del que solo tenia uno en la mano. Nathan observaba de brazos cruzados que el monstruo del calcetín había atacado incluso antes de que naciera el bebé.

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Nathan se humedeció los labios, la boca súbitamente seca. Agradable y normal, Andrew. El hombre que había estado casado durante una década, vivía en su propio sótano, tenía un hijo de nueve años de edad, y un trabajo de tomar fotos de hombres desnudos en revistas gay. Jesús, eran vecinos de una sórdida industria del porno. ¿Debería decirle a su esposa esto? —Gabe es un buen chico, Alex. Él es un poco idiota, a veces, pero es un buen tipo. Al menos tú sabes a qué atenerte con él. Alex resopló en eso. —Lo más lejos posible, si tienes algún sentido. ¿Dónde está ese maldito calcetín? —Aquí está. —Nathan se inclinó hacia abajo y recuperó el diminuto objeto de punto de donde había caído debajo de la mesa. —Gracias —dijo Alex, agradecida. Agacharse le era casi imposible ahora. Metió los dos juntos y los colocó en la creciente pila de ropa pequeña. Los fuertes golpes en la puerta les hizo saltar a ambos. —Sutil como siempre —se quejó Alex—. ¿No puede tocar el timbre como todos los demás? —Ella se irguió y fue a abrir la puerta antes de que Nathan se hubiese movido. —¡Alex! Te ves más como un pavo de Acción de Gracias cada vez que te veo. —Nathan dio un respingo al oír el saludo tan poco diplomático que Gabe le dio a su esposa. Afortunadamente, Alex se rió y se metieron en la cocina. —Me siento como un pavo en este momento, relleno y listo para ser cortado. —Nate, monstruo descomunal. Ven aquí y abrázame. —Gabe tiró su bolsa en la esquina de la cocina y Nathan fue arrastrado fuera de su asiento y envuelto en un abrazo de oso. —¡Jesús, Michaels, estás más feo que nunca! —Él lanzó a Gabe sobre su hombro y salió corriendo con él.

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Mientras corría por el camino, Gabe golpeaba su espalda en un intento vano de conseguir que se detuviera, Nathan vio Andrew y Colin salir de su camioneta, que estaba estacionada detrás de una espeluznante y brillante camioneta verde. Colin tiró de la camisa de Andrew para atraer su atención. Andrew levantó la vista para ver al maestro de su hijo cruzando por la tranquila calle, con un hombre adulto agitándose en sus brazos. — Uh, Sr. P ¿qué hace? Nathan se detuvo al final del camino de entrada de los Matthews. — Hola, Colin. Solo estoy diciendo hola a mi amigo Gabe. —Él giró en redondo para que Gabe quedara frente a Colin—.Da la bienvenida a Colin, Gabe. Gabe saludó débilmente a Colin. —Hola Colin. —Él golpeó el hombro de Nathan otra vez—. Bájame hombre o voy a vomitar en tu espalda. —Se deslizó de Nathan hasta el frente y se paró sobre sus propios pies, aunque bastante inestable. Él se tambaleó hacia un lado para descubrir que padre e hijo lo estaban mirando con expresiones sorprendentemente similares. Él le tendió la mano, esperando que fuera en la dirección del hombre, de acuerdo a su cabeza, el mundo todavía estaba girando. —Gabe Michaels. Mejor amigo de Nathan, compañero de la universidad, y consejero en la vida de lo bueno, lo malo, y lo puto, lo siento Colin, lo feo. —La boca de Andrew tembló en el ultimo comentario, entonces se presentó—. Andrew Matthews, vecino, el fotógrafo de cualquier persona que quiera. Creo que ya te han presentado a mi hijo. —¿Andrew Matthews? ¿De qué me suena ese nombre? —Él frunció el ceño mientras le estrechaba la mano a Andrew. Nathan entró en pánico, sabiendo que su amigo tenía una amplia selección de porno. Lo último que necesitaba era que Andrew se enterase de que Nathan conocía su secreto. —Me tengo que ir, Gabe. Alex me estará esperando. —Y comenzó a arrastrarlo lejos de los Matthews. Afortunadamente, Gabe no se resistió y siguió obedientemente Nathan por el camino.

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—Hey, esperen un minuto —Andrew los llamó— Gary ya está aquí. ¿Por qué no vienen y se conocen todos ahora? Nathan dudó un instante demasiado largo. Tiempo suficiente para ver por la expresión en los ojos de Andrew que se dio cuenta de Nathan estaba tratando de huir a su casa, y suficiente tiempo para Gabe de interferir. —Suena increíble. ¿Hay cerveza? Tienes cerveza, ¿no? —Por un momento, Gabe sonaba preocupado. Andrew rodó sus ojos. —Hay un cubo allí. Por supuesto que tengo cerveza. Colin, por favor acompaña a Gabe para que conozca a los muchachos. Sólo quiero unas palabras con Nathan. Al darse cuenta de que había sido superado por la promesa de barra libre, Nathan solo pudo ver como Colin llevó Gabe por el lado de la casa. Sólo esperaba que Alex no hubiese comenzado a preparar la cena, porque entonces nada más que un terremoto conseguiría apartar a Gabe de su cerveza una vez que hubiese comenzado. Alzando los ojos pudo ver a Andrew mirándolo con una expresión indescifrable en el rostro. —Ya has visto la revista. De todo lo que esperaba que Andrew dijese, no era esto. Nathan asintió con la cabeza, sin saber lo que venía a continuación. Andrew bajó la voz. Por supuesto, la última cosa que quería, pensó Nathan con cinismo, era que los vecinos escucharan esta conversación. — ¿Tienes un problema con una revista gay? No esperaba que fueses un paleto. —No lo soy —protestó Nathan no demasiado alto. Andrew miró a su alrededor a toda prisa, para comprobar que nadie estaba escuchando. —¿Cuál es el problema entonces? Me di cuenta de lo que encontraste mientras ordenaba esta tarde. ¿Es por que soy gay? —Tu, ¿qué? —La mandíbula de Nathan cayó al suelo.

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—Soy gay. Creí que lo sabías. —Andrew se puso pálido del shock, sus pecas destacando en un relieve marcado al darse cuenta de que esto era una novedad para Nathan. Nathan negó con la cabeza, diciendo: —Amigo, yo no tenía ni idea. No es que me importe, la verdad. Simplemente no hemos hablado mucho acerca de ti mismo. Creo que hemos hecho suficiente hablando los dos de nosotros durante estas últimas cuatro semanas. Él esperaba que Andrew le mirara más aliviado, pero en su lugar susurró: —¿Cuál es tu problema entonces? Un minuto yo soy tu nuevo mejor amigo y al siguiente me miras como si yo fuera algún tipo de pedófilo. —Fue por la foto de la revista. Tu nombre estaba en los créditos. Pensé que hacías fotos de familias y fotos escolares. Ya sabes, cosas normales. —Hago todo lo que paga la hipoteca —dijo Andrew—. Sé a la que te refieres. Lo hice como un favor al hombre. Conozco a su madre. Ella no quería que lo timaran. —¿Para... su... madre? —Dijo Nathan débilmente. Se sentía cerca de una pulgada de alto y Andrew lo miraba como si hubiera salió de debajo de una roca—. Lo siento mucho, Drew. Debería haber preguntado. —Nathan sacó la mano y tomó a Andrew por el codo para impedirle alejarse. Andrew se mordió el labio por un momento, negándose a encontrar sus ojos, y luego dijo: —Vamos. Vamos a ir y conseguir una cerveza antes de que Gabe y la pandilla se lo beban todo. Voy a presentarte a Gary. Él es mi Gabe. Fue sólo el alivio lo que le obligó a hacerlo. Nathan estaba tan contento de no haber destruido su amistad con Andrew para siempre, que lo arrastró a un fuerte abrazo, sujetándolo hasta que Andrew le correspondió. —Gracias hombre. Sólo tengo que dejarle saber a Alex que volveremos más tarde.

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Dejó al otro hombre y corrió por el camino a su casa, sin darse cuenta de que Andrew seguía mirándolo desde detrás, con una expresión preocupada en su rostro.

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Capítulo Tres —Apaga la maldita alarma. —No es mi alarma. — Balbuceó Andrew, intentando girarse y volver a dormir. —Esta sonando en mi oido tío, apágala —Gary golpeó su almohada enojado. Su almohada chilló fuertemente. —¡Auch! ¡mierda! ¿Qué estas haciendo? Andrew abrió un ojo para observar a Gary, con la nariz en su entrepierna, golpeando alrededor, tratando de apagar la fuente del sonido. —Mi teléfono, mi bolsillo —murmuró Andrew adormilado. Hubo un momento incómodo mientras Gary buscaba en los bolsillos de Andrew, luego escuchó como Gary decía: —Vete a la mierda, es la mitad de la noche —mientras contestaba. Andrew gimió mientras pensaba en quien lo podría estar llamando. —Nah, soy Gary. Estaba usando a Andy como almohada cuando su teléfono sonó en mi oreja. Andrew parpadeó mientras pensaba en como había sonado eso. Por favor Dios, que no sea su madre, aún si ella no conocía a Gary. —Como sea, nueve y treinta sigue siendo la mitad de la noche cuando te fuiste a la cama a las cinco de la mañana. ¿Qué es lo que quieres Nate? —No, ¿en serio? Oh, bien hecho amigo. ¿Un pequeño niño? Eso es fantástico. ¿Cuándo? —hubo una pausa mientras Gary escuchaba— espera, me sentaré en el hombre hasta que se despierte.

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Extendiendo su mano hacia Gary, Andrew dijo: —Estoy despierto. Dame el teléfono. Gary se lo entregó, Andrew bostezó rascando su estómago ausentemente mientras saludaba a Nate. —¿Alex tuvo al bebé? —Si, ayer en la noche. —La voz de Nathan sonaba cansada en su oído, su acento más pronunciado de lo habitual— el bebé esta en cuidados especiales, tuvo problemas para respirar. Los doctores dicen que no es muy serio pero lo mantendrán aquí por un tiempo. Andrew se levantó, completamente despierto ahora. —Lo siento Nathan, ¿Alex está bien? —Si ella está bien pero algo cansada, fue un parto difícil. Escucha hombre, me están enviando a casa para descansar y por un poco de comida. ¿Podrías recogerme? No me siento bien para coducir. —No hay problema, dame diez minutos para cambiarme y tomar un poco de café. ¿Alex necesita un cambio de ropa? Puedo mandar a Stephanie a buscar algo mientras me preparo. —Eso sería bueno, se lo haré saber —aceptó Nathan agradecido. Andrew cortó la conexión y se levantó, balanceándose ligeramente, mientras su dolor de cabeza debido a varias cervezas y poco dormir le golpeaba. Gary estaba sentado y buscando sus botas. —¿Estás bien para conducir? —Ante el asentimiento de Andrew, dijo: —te vas a rescatar al chico, oh buena es esa. —Sacó una bota de debajo de la mesa— ¿Andy? —¿Si? —Andrew se detuvo en la parte inferior de las escaleras que conducían a la casa. —Ten cuidado. —Ya no había rastro de humor en su rostro.

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Andrew lo observó, algo confundido. —Claro, conduciré con cuidado. —Eso no es a lo que me refería —Gary pasó una mano por su rostro. Estaba obviamente incómodo, y Andrew tenía el mal presentimiento de que sabía lo que Gary quería decir. —Estoy muy cansado para juegos, tío —Andrew se colocó su chaqueta por los hombros. —Nathan es un chico muy atractivo, pero está casado y ahora tiene un bebé recién nacido. —Dijo Gary, esperando que su amigo no se ofendiera. Andrew suspiró lentamente. —No te preocupes. Es tan hetero que duele. No voy a intentar cambiarlo. —Frunció el ceño y observó a Gary—. ¿Realmente crees que caería tan bajo como para seducirlo? Gary se le quedó mirando fijamente. —Estaba más preocupado de que te enamoraras de él y salieras lastimado. No sería la primera vez. —¿Alguna vez me dejaras olvidar a Matt? Gary se puso de pie y colocó sus brazos alrededor del otro hombre. —No si evita que cometas el mismo error otra vez. —Le dio un rapido abrazo— solo no te involucres demasiado ¿ok? Andrew le devolvió el abrazo, sabiendo que se estaba aferrando y preguntándose si la advertencia de Gary estaba llegando un poco tarde. Una vez que escuchó las buenas noticias, Stephanie fue voluntariamente a la casa de los Peterson y empacó rápidamente un bolso con ropa cómoda para el día y algunos pijamas para Alex. Remató el bolso

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con un regalo de ella y de Andrew y una carta hecha por Collin. Entregándole el bolso a su esposo, le hizo prometer darle a Alex sus saludos. Conduciendo fluidamente hacia el hospital, Andrew se alegró que el tráfico matutino se hubiera despejado con la mayoría de las personas ya en el trabajo. Ya se sabía el camino hacia el área de cuidado maternal y en poco tiempo estaba tocando la entrada de seguridad. —¿Si? ¿Puedo ayudarle? —La voz incorpórea era fríamente eficiente. —Soy yo Janice, Andrew. —Andrew, hola bebé. No me di cuenta que estuvieras de servicio hoy. —La voz sonó de repente más amistosa y el timbre sonó abriendo la puerta de la unidad. Caminó a través de la estación de enfermeras. Como era usual a esta hora de la mañana, la estación era ruidosa. El personal estaba ocupado, tratando de que las nuevas madres se lavaran y vistieran, y unos cuantos recién nacidos estaban llorando ruidosamente dentro de las habitaciones. El personal lo saludaba mientras pasaba y él los saludaba también, conociendo a la mayoría por su nombre. Janice estaba en la estación de enfermeras y le sonrió mientras se acercaba. —Buenos días Andrew. No esperaba verte aquí esta mañana. ¿Cómo está Stephanie? —Andrew le dio un rápido abrazo mientras le respondía. —Está bien, hoy no estoy aquí por trabajo. Sólo vine a recoger a Nathan Peterson. —Ah si, buena cosa también. El pobre hombre está prácticamente muerto sobre sus pies y hay mucho de él que podría dañarse si se cae. — Ella le señaló para que lo siguiera por el pasillo. Andrew sonrió ante la imagen del texano cayéndose. —No me interpondría en su lugar si lo hace Janice, tal vez serías tú

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la que saldría herida. ¿Cómo está su bebé? —El bebé Daniel esta muy bien. —Dijo profesionalmente. Él le dio su mirada. —No me des esa mirada Andrew, sabes que no voy a decir nada, no debo —Janice habia sido una enfermera por demasiado tiempo para no ser profesional, incluso con una amigo como Andrew. —Lo sé, pero ¿estará bien? —presionó. —Habla con Nathan, aquí está. Andrew levantó su mirada para encontrarse con su amigo caminando por el pasillo, luciendo completamente exhausto, con sombras bajo sus ojos y sus hombros caídos. No había visto a Nathan desde el domingo por la mañana, luego de su sesión con Gary y la banda. Bajo la instrucción de Stephanie, había echado a Nathan y a Gabe justo antes del almuerzo, señalando que Alex los esperaba con el almuerzo a ambos. Si se acordaba correctamente Nathan seguía usando la misma camisa, ahora arrugada y sucia. —Oye Nathan ¿cómo estas? —Mantuvo su voz tranquila y regular. Nathan alzó su mirada, aliviado de ver a Andrew esperándolo. —Gracias por venir, sé que pude haber tomado un taxi. Espero no haber causado problemas con Gary. Andrew movió su mano despreocupadamente. —Ningún problema en absoluto. Él ya se iba de todos modos. — Levantó la bolsa que Stephanie había empacado—. ¿Quieres darle esto a Alex antes de que nos vayamos? Asintiendo, Nathan dijo: —Sí, solo espera un momento mientras me despido. No está realmente de humor para visitas en este momento. —Dale nuestros saludos por mí, la veré en otra ocasión —Andrew

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observó como Nathan entró en una de las habitaciones laterales. Observando el ir y venir de la unidad de cuidado, estaba esperando pacientemente cuando Lauren, una de las enfermeras más antiguas salió de la pequeña cocina. —¡Andrew! Encantada de verte. ¿Estás aquí por trabajo? —Se acercó y le dio un abrazo. —Hoy no, vine a recoger a Nathan Peterson. Nadie me ha reservado esta semana. —¿Reservado? —No había visto a Nathan emerger del cuarto de Alex y llegar a su lado. Lauren sonrió y le desordenó el cabello, haciéndole sentir como un niño de cinco años. —Este chico es nuestro fotógrafo favorito. Toma fotos familiares y de recién nacidos. La mayoría de los padres lo utilizan. Nathan lucía un poco confundido. —Pensé que solo tenias un estudio. Los inicias jóvenes. Un poco picado y todavía dolido desde la última vez que conversaron acerca de la profesión de Andrew. Andrew explotó. —¿Preocupado de que corrompa a niños, Nathan? No lo hagas. Solo tomo fotos cuando me lo piden. Entonces se sintió mal por lo herido y sorprendido que parecía Nathan por su vehemente respuesta. —No, no. No quise decir eso, hombre. Solo me refería... Fue interrumpido por el ceño fruncido de Lauren, no entendiendo el amargo intercambio, le dijo a Nathan. —¿Este dulce hombre? ¿Corrompiendo niños? Querido Jesús, difícilmente. Solo quise decir que hace las fotos más importantes. Graduaciones, bodas, bautizos. Las personas se sienten seguras con él. Incluso se ocupa de aquellos donde...

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No terminó debido a que Nathan levantó sus manos como si se rindiera. —Estoy seguro de que lo hacen, Lauren. No quise decir algo diferente Drew. Andrew suspiró bruscamente. —Lo lamento también. Debes estar agotado. No quise comenzar una pelea. Vamos, vayamos a dejarte en casa. Lauren ¿llamarás si ocurre algún problema? De otra manera, me lo llevaré a casa para que coma y duerma. Lauren asintió diciendo: —Claro que lo haré. Y se fueron de la unidad. Nathan parpadeó cuando el frío aire de la mañana y la brillante luz del sol le golpearon. Siguió a Andrew al SUV, colapsando agradecidamente en el asiento cuando la puerta se abrió. Descansó su cabeza de la ventana, sin decir nada mientras Andrew salía del estacionamiento del hospital y se dirigía hacia la autopista. Nathan estaba tan tranquilo que Andrew pensó que se había quedado dormido y fue tomado por sorpresa cuando habló de repente. —No quise decir que eras un peligro para los niños. Sabes que nunca pensaría eso. —Pero lo hiciste. Pensaste que estaba explotando chicos jóvenes — Andrew dijo suavemente, girando hacia la autopista. —Nunca dije eso. —Protestó Nathan. —No tuviste qué, tu reacción fue obvia —Andrew sabía que estaba demostrando cuan dolido se sentía. Nathan giró para observarlo. —Bueno, ¿qué esperabas que pensara? Eres mi vecino, tienes un hijo

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y tu nombre aparece en una revista porno. —Esperaba que fueras un poco más abierto que eso. Pero debí haberlo sabido. Eres un buen chico Texano después de todo. —Era difícil mantener la amargura que sentía. —¿Qué se supone que significa eso? —Nathan se sentó más erguido, la ira era obvia a través de su tono cansado. Andrew giró hacia su vecindario y resopló ligeramente. —Nate, no peleemos ahora ¿vale? Ni siquiera te he preguntado sobre el bebé. ¿Dijiste que tuvo algunos problemas para respirar? —Si, es enorme comparado con el resto de los niños, pero el nacimiento tardó tanto tiempo y él... —Hubo un sonido como el de un sollozo reprimido, y su voz se perdió. Andrew se giró para observar a Nathan sentado con el rostro hacia otro lado, sus hombros temblaban. Andrew colocó su mano sobre el brazo de Nathan brevemente, luego condujo los últimos minutos hacia su calle, dándole tiempo de recuperarse. Mientras se estacionaba en su entrada, Nathan se enderezó y alzó la mirada, pasó una mano por su rostro intentando borrar el rastro de sus lágrimas. Parecía avergonzado mientras decía: —Lo siento, por eso. Supongo que estoy cansado. Andrew negó con su cabeza. —No hay nada de que disculparse. Créeme, te entiendo mejor de lo que piensas. Hablaremos más después. Ve a casa, toma una ducha y duerme un poco. Ven a cenar cuando te sientas listo. Stephanie o yo podemos hacerte algo de comida cuando tengas hambre. Nathan observó su casa, abrió la puerta del auto y se giró hacia Andrew. —No quiero regresar a la casa sin ellos allá, se siente incorrecto.

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Dudó por un momento, entonces Andrew ofreció: —¿Quieres dormir en mi cama por un rato? Puedo holgazanear un rato en el cuarto oscuro mientras duermes. Tengo algo de trabajo que hacer de todos modos. Asintiendo agradecido, Nathan salió del auto. Siguió a Andrew hasta el sótano, luego se detuvo cerca de la cama, luciendo un poco inseguro. La cama estaba hecha. Ni Andrew ni Gary habían llegado lejos anoche. —Aquí —Andrew le arrojó una vieja sudadera y una camiseta— le diré a Stephanie que regresamos. Ve a la cama Nate, antes de que te caigas y rompas algo. —Gracias hombre —Nathan subió a la cama, se quitó sus zapatos con los pies y sostuvo la ropa de Andrew ya que no estaba seguro de tener la fuerza para cambiarse. —Duerme, Nate. Me mantendré en contacto con el hospital. Prometo despertarte si algo cambia. —Andrew le dijo suavemente y subió por las escaleras hacia la casa, dejando en paz al hombre más joven. Nathan durmió la mayoría del día, comatoso en la cama mientras Andrew trabajaba a su alrededor. El hombre mayor no entendía completamente porque no quiso irse a su casa, pero no importaba realmente. La luz se desvanecía cuando dio a Nathan una sacudida para despertarlo ofreciéndole café recién hecho. Frotándose sus ojos con sueño, con su cabello revuelto y en su cara, Nathan se sentó, aceptando el café murmurando un gracias y preguntando: —¿Qué hora es? —Cerca de las siete. Ante la mirada de pánico de Nathan, dijo con dulzura: —El bebé esta bien, hemos llamado al hospital tres veces, ha estado durmiendo pacíficamente, Alex también se encuentra bien. Stephanie está con ella ahora mismo. Dice que hay una horda de mujeres extrañas que siguen preguntando cuando van a verte de nuevo. Nos pidió que te dejáramos dormir y que no regresaras hasta que comieras debidamente. Por alguna

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razón no quiere que te desmayes y aplastes al bebé. Por cierto, Alex quiere que te duches también, dice que apestas. Ante el indignado balbuceó de Nathan, sonrió. —Sus palabras, no mías. Tiene razón sin embargo. Estás podrido, amigo. —Le lanzó a Nathan una gran toalla—. Ve a lavarte, tendré un filete esperando por tí cuando salgas de la ducha. Él estómago de Nathan rugió apreciativamente aún cuando su rostro seguía indignado. Andrew rió y lo empujó fuera de la cama. —Ve pequeño chico, ve a limpiarte. Revisaré detrás de tus orejas cuando salgas así que asegúrate de limpiarlas bien. —Como si pudieras alcanzarlas —Nathan se burló mientras se estiraba antes de ir obedientemente hacia la ducha. Andrew tragó pesado. La camiseta que Nathan estaba usando era una de las suyas y consecuentemente algo pequeña para el hombre más grande. El descolorido material se subió mientras Nathan se estiraba, exponiendo una línea de planos músculos, rodeados de unos afilados huesos de cadera. Andrew agradeció que Nathan le dio la espalda antes de que viera la desnuda lujuria que seguramente estaba escrita por todo su rostro. No iba a hacer esto de nuevo. Se lo prometió a Gary. Nathan estaba fuera de los límites. Casado, con un bebé, hetero. Correcto.

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Capítulo Cuatro Hace doce semanas, se convirtió en un padre. Hace doce semanas, se convirtió en un padre, y este pequeño paquete dormía en sus brazos dándole a su vida una vuelta al revés. Acarició el rostro del bebé suavemente, sonriendo cuando Daniel fruncía su cara. Se durmió, acurrucándose en el calor de su padre. Nathan a veces no podía creer a veces como esa pequeña vida estaba en sus manos. Cuando él y Alex se habían convertido en padres, era como si todo lo que siempre quiso eran préstamos sin importancia en comparación con esta personita que lo necesitaba. Desde el primer aliento el pequeño Daniel había capturado su corazón. Tres meses después, Nathan seguía embelesado con su hijo. No estaba tan encantado con las noches sin dormir, los asquerosos pañales y el constante e incesante asesoramiento, desde el cartero hasta el empleado detrás del mostrador en la tienda local. ¿Había alguien en el mundo que no necesitara darle el beneficio de su experiencia? Si no hubiera sido por Gabe, con una opinión de la paternidad que está a la par con Bush, Andrew y Stephanie, cuyo único consejo había sido —Haz lo que crees que es correcto y que se jodan los demás”, Nathan pensaba que había una buena posibilidad de que se hubiera vuelto loco en las primeras etapas. En su lugar, había escuchado a sus nuevos amigos, ignorado todos los demás, y tanto él como Alex habían explorado los altos y bajos de la nueva paternidad con su hijo como su guía. Nathan miró la foto de su nueva familia, tomada un par de días después de que Daniel naciera, por Andrew, por supuesto. Fue una excelente foto de los tres Peterson, dado como un regalo de Stephanie. Nathan se había sentido incómodo con la idea después de su encuentro con Andrew, pero se había presentado como un hecho consumado por las dos mujeres, y Nathan tuvo que admitir que tenía razón. Andrew artísticamente brillada incluso a través de una foto prosaica como la de ellos. Nathan recorría el contorno del rostro de Daniel con las yemas de los dedos. Había sido una simple foto lo que le había hecho por fin entender

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que Andrew comprendía acerca de la familia. Él se había sentado a solas en la cocina, dormitaba tranquilamente en una taza de café con leche, cuando él había visto una foto enmarcada, escondida en la parte posterior de su armario, apenas visible entre los quehaceres de la vida diaria. No había nadie más en la cocina: Andrew no se había levantado aún y Stephanie y Colin estaban ocupados en otra cosa, así que fue y lo tomó, soplando el polvo de la superficie. Era de un pequeño bebé en una incubadora, cables y tubos unidos a él, casi un extraterrestre viendo su apariencia. —Ese era yo. Nathan saltó de culpablilidad cuando Colin habló detrás de él. No lo escuchó entrar en la cocina, por lo absorto que había estado con el recién nacido en la foto. —Yo era prema…. prematuro al nacer, así que necesitaba todos esos tubos para mantenerme vivo. Papá tomó la foto por si acaso hubiese muerto. —La simplicidad de la declaración le hizo darse cuenta por qué Andrew había entendido lo asustado que estaba cuando Daniel luchaba por respirar. —¿Cuánto tiempo estuviste en el hospital —preguntó, asombrado de que el pequeño fragmento de la foto se había convertido en el niño sano y vibrante frente a él. —Fueron cuatro meses antes de que pudiéramos llevarlo a casa, y otro año antes de que dejáramos de preguntarnos si iba a vivir —dijo Stephanie, sonriendo mientras abrazó con afecto en torno a su hijo. Ella había entrado en la cocina detrás de su hijo y los encontró en la conversación. Nathan se quedó mirando la foto. —Debes pensar que soy bastante tonto al preocuparme por Daniel, después de su experiencia. —Hubiese deseado que Andrew dijera algo sobre eso cuando estaba en la camioneta. Se acercó a él y le apretó el brazo—. Él es tu bebé, y ninguno de nosotros piensa que eres tonto ni por un minuto. Alargó la mano a su bolso de mano, puesto en la mesa, y sacó una foto. Era Daniel, tomada mientras estaba todavía en la incubadora. Él no se

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veía tan extraño como Colin, pero todavía parecía muy vulnerable. Nathan miró hacia abajo y las lágrimas llenaron sus ojos. Stephanie deslizó un brazo alrededor de él y lo abrazó hacia ella. —Alex pidió a Andrew que la tomara mientras aún estaban en el hospital, sólo para poder recordar lo pequeño que era. Debes dársela a ella. —He comprado una cámara para tomar todas estas fotos, y no he podido tomar ninguna —a un ahogado Nathan le temblaba la fotografía en la mano. Ella le dio un abrazo rápido. —Para eso están los amigos, cariño. Ahora ve y patea a mi perezoso marido de la cama, y consigue te lleve al hospital. Él tiene dos citas hoy.

—¿Qué esperabas? —Gary le preguntó, mirando por encima del borde de su botella de cerveza—. Es un club gay. Él difícilmente va a esconderse en un rincón. Nathan vio bailar a Andrew, envuelto alrededor de un hombre mayor. —No estoy seguro exactamente. Supongo que cada vez que miro, hay otro lado de Andrew Matthews. Es confuso. Allí estaba en un club gay con Andrew y Gary, su primera noche desde que el bebé nació, y Andrew estaba en la pista de baile casi tan pronto como pasaron a través de las puertas. Nathan no lo había visto en absoluto. Terminó tratando de hacer una pequeña charla con Gary sobre más y más cervezas, preguntándose por qué Andrew se había molestado en invitarlo después de todo. Los ojos de Gary eran agudos mientras observaba Nathan. —¿Qué importa? Sólo lo conoces hace cuatro meses. —És mi vecino, y padre de uno de los niños de mi clase —protestó Nathan.

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—¿No es un amigo, entonces? —Había un borde duro en la voz de Gary. Nathan miró a Gary, luego a Andrew, que parecía más feliz y más relajado de lo que Nathan le había visto desde hacia semanas. —Claro que es mi amigo. Sólo que es un nuevo amigo, y cada vez que pienso que lo conozco, encuentro algo más sobre él. —Así que es gay, ¿y qué? Oh, espera, se me olvidaba, que eras un buen chico de Texas —dijo Gary con sarcasmo. Nathan frunció el ceño. —¿Qué pasa con esta mierda de Texas? Tu y Andrew, los dos lo dicen. ¿Me llamas homofóbico porque vengo de Texas? Andrew es texano también. Así que eres tu quien llega a eso. —Sí, y mira lo que pasó con él. —Gary apuntó la botella hacia arriba, terminando las quejas de Nathan. Nathan golpeó su puño sobre la mesa. Todas las botellas saltaron, pero afortunadamente no se cayeron. El barman miró para ver si había un problema, pero con un movimiento de cabeza de Gary volvió a tomar las órdenes. —Yo no sé lo que pasa con él, porque no me dice nada, y no importa si es gay o hetero. —Ante la mirada incrédula de Gary insistió— no me importa. Gabe es bi. He... bueno.... —Se detuvo, con la esperanza de que Gary no hubiera notado la oportunidad gorda. Gary tomó un trago de su cerveza. —¿Tu has... bueno? —Hemos tonteado juntos —murmuró Nathan, jugando con la etiqueta de la botella. Fue hace mucho tiempo, una mamada de borracho después de una fiesta, y Nathan realmente no pensaba mucho en ello. Él lo disfrutó, lo que podía recordar, pero no tenía deseos de repetir la experiencia, y Gabe nunca lo había mencionado de nuevo. Gabe era mucho más aventurero que él, sus hazañas sexuales que cubría mucho mas de lo

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que Nathan había nunca oído hablar siquiera quería pensar.

y una buena cantidad que ni

Alzó la vista para ver a Gary mirándolo, con la boca ligeramente torcida, como si no estuviera seguro de si se divertía o no. —Sí, puedo ver que has dado la vuelta al bloque —Gary arrastró las palabras. Depende de Andrew para informarte sobre su pasado, pero es un buen hombre, Nathan. Uno de los mejores. Él está bien con Stephanie y Colin, por ellos, y sólo de vez en cuando se pone una noche de fiesta en la que no tiene que fingir ser algo que no es. —Gary se volvió para enfrentar a Nathan. A decir verdad, Nathan estaba un poco intimidado por este hombre. Era evidente que era ferozmente protector de Andrew, y hasta ahora no parecía que le agradara Nathan tanto. —Le gustas mucho a Andy, pero tu reacción a la revista le preocupa. Él tiene un montón de secretos que no son de conocimiento común del público, y si salen, la vida no sería tan buena para él. —¿Más secretos? —Preguntó Nathan con ironía. Gary agitó la botella al camarero, que asintió con la cabeza y se inclinó por un par de cervezas frescas. —Creo que te ha contado ya un buen montón de ellos. ¿Y ahora qué vas a hacer al respecto? ¿Decirle a tu bella esposa acerca de él? Nathan sacudió la cabeza. Vio que Andrew había dejado de bailar con el hombre mayor y que ahora estaba enfrascado en una conversación con otra persona. Nathan se sorprendió que no pudiera oír nada por el nivel de la música. —No, no puedo. En cualquier caso, estoy bastante ocupado con el bebé. No es que me importe nada más que yo. Gary sonrió al camarero que había traído sus cervezas a la mesa, más una extra, presumiblemente para Andrew. —Gracias, Rick. Él saludó con la mano, dio una de las botellas a Andrew, que dejó a su compañero y se unió a ellos por primera vez esa noche. Andrew se dejó caer en la silla al lado de Nathan, llegando a la

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cerveza con impaciencia. Estaba cubierto de una fina capa de sudor, y Nathan podía ver su camisa húmeda aferrarse a él. —Dios, necesito esto — dijo, bebiendo profundamente. —Bebe, Droopy5. Estas varias cervezas por detrás de mí y Nate. — Gary sonrió, revelando incluso, el blanco de los dientes como un tiburón. Andrew levantó las cejas mirando en dirección de Gary. —¿Lo estás pasando bien, Gary? —Él sigue vivo, ¿no? —Respondió Gary. —Apenas —murmuró Nathan, pero Andrew lo oyó dándole una mirada divertida. Descansó un brazo alrededor de los hombros de Nathan y lo apretó suavemente. —No te preocupes por Gary. Es un oso de peluche, de verdad. Gary los miró a los dos. —Con colmillos, y que no se te olvide. Nathan amortiguó su impulso inmediato de esconderse detrás de Andrew, en lugar de buscar refugio en su cerveza. Andrew aún se aferraba a él, apoyándose un poco en la punta de su botella de cerveza y bebió de nuevo. Nathan podía sentir ondas de calor saliendo de él. Se sorprendió cuando de repente Andrew se puso de pie, arrastrándolo con él. —Vamos, bailemos. Nathan sacudió la cabeza. —Uh, no gracias. Soy un pésimo bailarin. Tengo dos pies izquierdos muy grandes. Fue a sentarse de nuevo, pero Andrew se aferró a su brazo con una gran sonrisa en su cara. —¿Sabes lo que dicen de los hombres con pies grandes? Alex debe ser una chica muy afortunada. —Y arrastró a Nathan a la multitud, haciendo caso omiso de todas sus protestas. Nathan miró sobre su hombro a Gary, pidiendo su ayuda. Él se limitó 5

Personaje de dibujos animados, es un perro antropomorfo, con un rostro lánguido, de ahí su nombre.

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a sonreír y lo espantó hacía adelante, pero Nathan no podía evitar ver la mirada de preocupación en sus ojos. Sabe demonios cuántos bailes más tarde y Nathan había muerto en sus pies. Las cervezas, combinadas con noches sin dormir y un trabajo agotador lo habían convertido en un peso ligero, reflexionó con tristeza. Podía oír la risa burlona de Gabe ahora. ¿Nathan Peterson renunciando antes de la medianoche? Cuando tropezó con alguien por cuarta vez, sabía que era hora de que ceder. Andrew había desaparecido después terminar el último baile, apuntando en la dirección del baño. Se habría ido también, pero había sido atrapado por un grupo de chicas hetero muy jóvenes, usando el club como punto de partida para su noche. Se habían congregado a su alrededor, retorciéndose y andando a tientas. Se había sentido como un antílope en un grupo de hienas. Andrew, bastardo traidor, se había retirado con cara de solidaridad femenina, dejándolo a merced de su oferta. En el final, sin embargo, el cansancio se impuso. Gracias a Dios diciendo adiós a las chicas, se tropezó en busca de Andrew. Un rápido vistazo a la mesa de reveló a Gary lamiendo a un tipo de pelo largo, pero ni rastro de su vecino. Nathan se dirigió al baño, decidiendo que si se encontraba con Andrew o no, él se iría a casa. Alex había ido donde su tía con el bebé, pero los perros necesitan un paseo matutino y Nathan desesperadamente necesitaba un poco de sueño de belleza. El baño estaba vacío, para su alivio, y disfrutó de una muy necesaria meada. Estaba por terminar cuando la puerta de la caseta detrás de él se abrió de golpe. Nathan quedó en estado de shock al descubrir a un hombre contra una de las paredes, con las manos excavando en el pelo corto de otro chico más joven de rodillas delante de él. El tipo de pie tenía los ojos medio cerrados mientras gemía suavemente, y no parecía haberse dado cuenta de que tenía audiencia. Como una polilla a una flama, los ojos de Nathan estaban atraídos irresistiblemente a la sonrojada polla que se deslizaba húmedamente dentro y fuera de la boca hinchada del otro hombre, sus labios brillantes y manchados con saliva. El hombre en el suelo, cambió de lugar, sus ojos parpadearon hasta la puerta abierta. Por un momento pareció inmutarse por

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ello, entonces Nathan vio el momento exacto en que la lujuria y la emoción se transformaron en pánico, ya que Andrew se dio cuenta de que lo estaba observando. El hombre gritó de repente, y empujó con fuerza en la boca de Andrew. Distraído por la presencia de Nathan observándolo, Andrew se atragantó y asfixió con el esperma que le llenó la boca. Nathan se vió a sí mismo, descubriendo que estaba parado con su pene todavía colgando. Rápidamente lo escondió y salió del cuarto de baño antes de que Andrew pudiera moverse. Él realmente, de verdad no quería hablar con Andrew ahora.

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Capítulo cinco Diez días antes de Año Nuevo Nathan estaba planeando lecciones, haciendo tiempo mientras Daniel dormía y Alex tomaba un baño caliente, cuando hubo un leve toque en la puerta. Maldiciendo suavemente, abrió para descubrir a Andrew, levantando la mano para tocar nuevamente y mirándose como si quisiera correr. —Uh, ¿puedo… puedo pasar? —Andrew tartamudeó. —Claro. —Nathan retrocedió, dejando entrar a Andrew. Nathan no había visto a Andrew desde la noche en el club. Se había ido inmediatamente, sin molestarse en hablar con Andrew o Gary. La imagen de Andrew arrodillado, la expresión de lujuria en su cara mientras lamía la polla de un completo extraño en un sucio baño, estaba grabada en su memoria. La escena completa y la vileza del acto le causaban rechazo. Trato de decirse que no era importante, pero sabía que estaba mintiendo. —Ofrecimiento de paz. —El hombre mayor levantó un six-pack que había traído con él. —Gracias. —Nathan no tomó la cerveza inmediatamente, esperando a ver que quería Andrew primero. —Mordiendo su labio, Andrew puso la cerveza en la mesa del pasillo —. Necesitamos hablar, Nathan. La mejilla de Nathan se torció, pero no dijo nada, se recargó contra la puerta principal y cruzó los brazos. A pesar de la falta de valor, Andrew continúo. —Quiero explicarme acerca de la otra noche. No era mi intención que vieras… —Su voz se apagó.

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—¿Haciéndole una mamada a un tipo que nunca habías visto en un baño inmundo? —siseó Nathan, sin querer que Alex escuchara. Andrew suspiró. —Eso, entre otras cosas. Gary señaló que era injusto de mi parte esperar que entendieras cuando no te he dicho nada acerca de mi pasado. —¿Tu crees? —Nathan arrastró las palabras sarcásticamente. Andrew lamió sus labios secos. Nathan notó cuan llenos y rechonchos eran. Claro, que él lo había notado cuando estaban alrededor de la polla de aquel tipo. —¿Me dejaras explicarte? —Andrew no estaba rogando, pero había algo en su voz que suplicaba que Nathan entendiera. Nathan negó con la cabeza. —No, no lo creo. No creo que realmente quiera saber tus sórdidos detalles. —Abrió la puerta y le dio a Andrew su cerveza—. Adiós, Andrew. Andrew tomo el six-pack y se fue sin decir una palabra. Nathan cerró la puerta de golpe y se inclinó sobre esta, los ojos cerrados contra el dolor que había visto en los ojos de Andrew. —¿Eso te hizo sentir mejor? Sorprendido, Nathan abrió los ojos para ver a su esposa, enrollada en una bata y con una toalla en el cabello, bajando las escaleras. —¿Perdona? —No es conmigo con quien deberías estar disculpándote. Eso fue bastante desagradable, Nathan Peterson, y nada como tú, —dijo fieramente. Él la miró, completamente confundido. —Tu no entiendes... —Entiendo bien. Lo encontraste dándole una mamada a alguien y ahora lo tratas como si fuera algún tipo de leproso. Nunca esperé que fueras un homofóbico. —Alex se veía furiosa. Nathan solo la miró, con la boca abierta. —¿Sabes acerca de eso?

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Levantando los hombros, dijo: —Claro que lo sé. Stephanie me contó. He estado esperando que hables conmigo. Jesús, ¿él no tiene suficiente sin un muy mal llamado amigo que es un completo idiota? —Hey, me empiezo a cansar de ser el malo aquí, —Nathan cortó—. Apenas conocemos al hombre y tu ya lo estas defendiendo. Alex pareció afectada. —Sé que él nos dio la bienvenida al área y se hizo nuestro amigo. Sé que nos cuido cuando nació el bebé, y sé que él y Steph han estado juntos los últimos diez años debido a sus padres. ¿Así que si de vez en cuando deja salir vapor? Él no lo hace frente a Colin o Steph. Madura, Nathan. —Ella pasó de largo hacia la cocina—. Serías estúpido si perdieras un amigo solo porque no apruebas todo lo que hace. Tú no tienes problemas con Gabe, y es una puta. Nathan siguió a Alex a la cocina. —Andrew es el que actúa como tonto. Alex se sirvió jugo de naranja y miró a Nathan sobre el vaso. —Creo que encontraras que ese eres tú. ¿Podrías sonar más como un niño de cinco años? Ve y habla con él. Saca lo que sea que sea fuera de tu sistema, porque te puedo decir que no dejaré de ver a Stephanie solo porque no puedes sobrepasar el hecho de que a él le gustan más las pollas que las vaginas. Nathan regresó a su planificación del trabajo. Honestamente él no había esperado que Alex tomara tal actitud liberal ante el comportamiento de Andrew. No había esperado que Andrew lo hablara con su esposa, y ni que decir que ella lo hablara con Alex. Nathan se encontró más confundido que nunca acerca de la relación entre Andrew y Stephan. Mierda, ¿por qué no podían ser sus vecinos la familia Walton? Hubiera sido mucho más tranquilo.

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Nueve días para Año Nuevo —Buenos días, Colin. ¿Esta tu papá? El joven apuntaba el balón al aro sin mucha suerte. Parecía menos animado de lo normal. Colin levantó la mirada hacia su profesor. Nathan notó que su arrogante sonrisa habitual estaba ausente. —Hola, Sr. P. No, fue a recoger a los abuelos al aeropuerto. —¿A los abuelos? —Nathan preguntó. —A los abuelos Matthew. Los padres de papá. Vienen para Navidad y Año Nuevo. —Colin estrelló el balón de nuevo en el aro, fallando de nuevo. La bola rebotó hacia Nathan. Él la levantó y la arrojó ausentemente al aro, mirando como entraba perfectamente. —No pareces muy feliz. ¿Hay algo mal? Colin dudó. Estaba hablando con su amigo y un amigo de sus padres. Al final dijo: —El abuelo es divertido y la abuela cocina ricas galletas. Nathan miró el rostro abatido del joven. —¿Pero? Escucha Colin, prometo que no diré nada a tu mama o a tu papá. —Papa se enfada mucho cuando la abuela esta aquí. A ella no le gusta que él duerma en el sótano. Él ha estado realmente de mal humor los últimos días. —Colin sonaba como si el mundo fuera a acabarse. Nathan le arrojó la bola al chico, no queriendo seguir esa línea de conversación. —Ah, bien. Prometo no decir nada. Tan solo sacare a los perros a caminar. ¿Quieres acompañarme?

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Colin se iluminó de inmediato. —Perfecto. Sólo iré a preguntar a mamá. —Corrió adentro, llamando a su madre. Ella obviamente accedió porque él estaba de regreso en unos pocos segundos, vistiendo una gruesa chaqueta y botas. Recogieron los Springer Spaniel de Nathan y pasaron una hora persiguiendo a Tyler, Ruby y Mollie alrededor del parque. Para cuando terminaron la caminata, ambos estaban de color rojo brillante por el frío y el esfuerzo. El ánimo de Colin había mejorado considerablemente, y estaba ocupado contándole a Nathan sobre una ida al cine cuando regresaron a casa. La SUV de Andrew estaba estacionada en la entrada. Llegaron a la entrada. Colin miró hacia el coche y dijo: — Regresaron. ¿Quiere venir y saludar, Sr. P? Nathan negó con la cabeza. —Hoy no. Necesitas saludar a tus abuelos. Hablare con tu papá luego. —Bien. —Colin se hincó de rodillas y les dio a los perros un último abrazo, recibiendo a cambio descuidados lengüetazos, y corrió por el camino. Andrew abrió la puerta del frente tras que tocara. Nathan pensó que el hombre se veía cansado, su piel pálida, marcas oscuras debajo de sus ojos. Andrew vio a Nathan y a los perros esperando en la acera, y apresuró a Colin para que entrara a la casa, intencionadamente ignorando a Nathan. Sin saber que era lo mejor, Nathan caminó rápidamente de regreso a su casa. Él no se percató de la figura mirándolo desde la gran ventana a un lado de la puerta.

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Ocho días para Año Nuevo Estaban parados fuera de la casa de Andrew, otra vez. Nathan se dio cuenta de que era una especie de punto focal, discutiendo la fiesta de Año Nuevo a la que asistirían todos los vecinos. Allison y Jim intentaban convencer a unos reacios Nathan y Alex de asistir. Por el contrario, Allison estaba hablando y Jim escuchaba. Nathan no estaba seguro de si Jim alguna vez tenía la oportunidad de hablar. Alex no estaba convencida de que fuera a quedarse despierta lo suficiente para ver entrar el Nuevo Año. Nathan estaba reacio a ver a Andrew. Allison y Jim vestían suéteres navideños hechos en casa, copos de nieve azul con blanco y renos. La pequeña y rubia Allison de alguna manera se las arreglaba para verse linda y esponjosa en el suyo. En cuanto a Jim… Nathan decidió no pensar como Allison había logrado convencer a su marido de mediana edad y canoso, de usar algo tan incorrecto. —Deben venir, chicos. Toda la gente de por aquí es bienvenida. — Allison obviamente no entendía la palabra no. —Los padres de Nathan estarán con nosotros para el Año Nuevo, Allison. No creo que sería justo dejarlos cuidando al bebé, —dijo Alex. Nathan gimió para sus adentros, sabiendo lo que venía después. Allison agitó las manos en señal de protesta. —¿Por qué cariño, tráiganlos también? Mientras más mejor. No, no hay excusas. Ustedes vengan a la fiesta y nosotros cuidaremos del bebé y de sus encantadores padres. Los jóvenes padres se miraron entre ellos y se rindieron. Podían aparecer un momento y luego fugarse a casa. —Está bien, los veremos ahí, —aceptó Alex.

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—¡Perfecto! —Dijo Allison—. Por cierto, será en casa de Stephanie y Andrew este año. Estoy segura de que están encantados de saberlo, viendo que son tan buenos amigos y todo eso.

Día de Navidad —Entra al coche, Colin, y no pongas tus dedos por todo el cristal. Dejas marcas de grasa. Nathan regresaba de la caminata con los perros cuando vio a una extraña mujer parada a un lado de la SUV de Andrew. Estaba vestida en un suave traje de color lila. Un hombre formalmente vestido –una apuesta segura de que era su esposo– subió al asiento del pasajero. Colin vestía una camisa elegante y pantalones largos y una expresión malhumorada. Alguien había hecho un obvio esfuerzo por controlar su cabello, ya que parecía como si hubiera sido gelificado en su lugar. Nathan sonrió. Él nunca había visto al chico tan limpio y pulcro, y Nathan solo podía adivinar el trauma necesario para mantenerlo de esa manera. La mujer volvió la mirada a la casa. —¡Apúrense, ambos, o llegaremos tarde! Podrían hacer un esfuerzo. Es solo una vez al año, — gritó impacientemente. Stephanie salió, nerviosamente. —Lo siento, mama. Tan solo checaba que el pavo estuviera cocinándose. ¡Oh, hola, Nathan! ¡Feliz Navidad! —¡Hey, Señor P! Feliz Navidad —una animada voz interrumpió.

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Nathan se volvió a ver a Colin asomando la cabeza por la ventanilla del coche. —Feliz Navidad, Colin. ¿A dónde vas? —Iglesia. —Colin hizo una cara—. La abuela nos hace ir cada año. Su abuela suspiró. —Una vez al año, Colin. ¿Es mucho pedir? Nick, ve y encuentra a Andrew. Me pregunto, ¿qué retiene a ese chico? Nathan solo sonrió, y despidiéndose, movió las correas de los perros y les animó a seguir. Justo cuando llegó a su propia entrada, miró hacia atrás. Andrew seguía a su padre por el camino pavimentado. Estaba vestido de manera similar a su padre, haciéndolo ver más viejo que sus veintiséis años, y usando lentes que enfatizaban su madurez. Al abrir la puerta del conductor, Andrew encontró la mirada de Nathan. Color brillante manchó sus pómulos, pero esta vez asintió con la cabeza ligeramente. Nathan asintió en respuesta. Después de todo, era Navidad. Paz y buena voluntad a todos los hombres y toda esa basura.

Seis días para Año Nuevo Nathan estaba dormitando tranquilamente en el sofá, Daniel se extendía sobre su pecho, resoplando tranquilamente en su sueño, cuando el timbre sonó, despertándolo. —Yo atiendo —gritó Alex, bajando las escaleras. Abrió la puerta para encontrar a Stephanie y una pareja mayor en la puerta. Stephanie estaba sonriéndole disculpándose. —Hey, Alex, ¿podemos entrar y ver al bebé? Los abuelos han oído mucho acerca del pequeño Daniel de Colin.

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—Claro que pueden. Entren. —Ella los condujo a la sala donde Nathan estaba tallándose los ojos adormiladamente. —Nathan, los padres de Andrew han venido a ver al bebé. —La voz de Alex le advertían ser amable. Enrollando un brazo protectoramente alrededor de Daniel, Nathan se sentó. Stephanie se acercó y besó su mejilla, levantando los brazos por el bebé. Él se levantó, dándole a Daniel a Stephanie. Protestando por el movimiento, el bebé se sobresaltó, luego se enrolló en ella, buscando su pulgar volviéndose a dormir. Stephanie les presentó a Nick y Ruth. Nathan le dio la mano a ambos y luego los invitó a sentarse, disculpándose por su somnolencia cuando se presentó. —Daniel durmió mal anoche, así que yo lo cuide para que Alex pudiera dormir un poco. Supongo que me está pasando factura ahora. Ruth le sonrió. —Está bien, cariño. Es bueno ver a un joven haciéndose cargo tan bien de su esposa, —dijo, gentilmente acariciando la mano del bebé—. Yo hubiera querido que mi Nick hubiera sido tan útil. ¿Puedo sostener al bebé? —Tras que Alex asintiera, levantó al bebé de los brazos de Stephanie. Estaba tan concentrada en el bebé que no vio a su marido poniendo los ojos en blanco con Stephanie. —Claro, —Ruth continuó: —Andrew fue muy bueno con Colin. Siempre lo estaba cuidando, ¿no es así, Stephanie? —Ella miró a Nathan —. Él cuidó a Colin mientras Stephanie salía a trabajar después de que nació. —Le frunció el ceño a su nuera, quien ignoró la mirada—. Es demasiado raro para mi tener a la madre trabajando y al padre cambiando pañales. De alguna manera no es correcto. Los labios de Stephanie estaban fuertemente apretados, pero no dijo nada. Nathan se dio cuenta que era una vieja discusión. Alex deslizó un brazo alrededor de la cintura de su esposo. —Nathan gana más de lo que yo nunca gane, ahora que es un maestro calificado. No tenía sentido ir a trabajar, al menos mientras el bebé es tan pequeño.

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Ruth asintió. —Esa es la manera en que tiene que ser, querida. Las mujeres son mucho mejores cuidando bebes que los hombres. —Dijo. Nathan pensó que había al menos dos personas, sino tres, en aquella habitación que no estaban de acuerdo con ella. Sin embargo, era obviamente no lo correcto el discrepar con la Abuela Matthews públicamente, juzgando por la forma en que Nick y Stephanie mantenían sus cabezas bajas. Nick se empujó a sí mismo para decir: —Andrew y Stephanie hicieron muy buen trabajo criando a Colin, querida. —Lo sé, Nick, pero aún así pienso que después de todos los problemas por los que pasamos, que habría sido bueno que Stephanie criara al bebé, —espetó ella. Stephanie miró en tono de disculpa a Nathan y a Alex. —Lo siento, chicos, ustedes no necesitan estar escuchando viejos argumentos de familia, particularmente después de una mala noche. Alex le sonrió con simpatía. —Está bien. No estaba bien para Nathan, y tuvo un mal momento tratando de controlar su expresión, resistiendo la urgencia de quitar a su bebé de entre los brazos de Ruth antes de que los contaminara a todos con sus visiones pasadas de moda. No había duda de porque Gary y Andrew tenían un punto de vista tan cínico de los chicos de Texas. Deseaba que Andrew pudiera conocer a su propia mama, una amorosa y animosa mujer que creía firmemente que los hombres debían contribuir a la crianza de sus propios hijos. Se acercó y tomó a Daniel de los brazos de Ruth, haciendo caso omiso de su graznido de protesta. Se metió a Daniel en el hueco de su brazo, y con educación pero con firmeza dijo: —Es momento de que alimentemos y bañemos al bebé. Tomando la pista, Stephanie comenzó a guiar a Ruth y a Nick fuera del cuarto. —Gracias por dejarnos ver al pequeño. ¿Vendrán a nuestra casa para Año Nuevo?

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Alex miró a Nathan antes de asentir. —Eso creo, si podemos llevar a los padres de Nathan. Stephanie le dio un abrazo. —No hay problema. Me encantara verlos ahí. Uh… ¿Nathan? Nathan la miró. —¿Sí? Ella caminó hacia donde estaba él y suavemente para que Ruth y Nick no pudieran escucharla dijo: —Ve y ve a Andrew antes de ir a la fiesta. Le debes eso. Atrapado entre las dos mujeres, no tuvo opción, así que asintió. Nathan solo esperaba que no fuera muy tarde para arreglar las cosas.

Cinco días antes de Año Nuevo Nathan tocó gentilmente la puerta del sótano de la casa de Andrew. No quería ir a la puerta principal en caso de que la abuela Matthews decidiera infligir más de su filosofía sobre la crianza infantil. La SUV estaba en el camino, así que sabía que Andrew estaba en casa. Esperó por un par de minutos y luego tocó la puerta. Esta vez escuchó sonidos dentro del cuarto y un —Espera. Ya voy. La puerta fue abierta. Viéndose un poco agitado, como si hubiera sido sorprendido por el llamado a la puerta, Andrew sonrió a su visita hasta que se dio cuenta quien estaba parado en la entrada. —¿Qué quieres? —dijo, la cara tensa. No se movió de la entrada. Nathan levantó el six-pack de cerveza en su mano. —Decir que lo siento por ser un total tarado, y espero que podamos ser amigos de nuevo.

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—No, no creo que podamos, Nathan. No creo poder siempre preguntarme si algo más te molestara. Lamento que me vieras mamándosela a ese tipo, pero eso fue todo. —Miró a Nathan con tristeza—. Gracias por la disculpa, de cualquier modo. Adiós. La puerta se cerró en la cara de Nathan, y lo dejo parado ahí solo en el frío.

La mañana del cuarto día antes de Año Nuevo —Estamos aquí. Ahora ¿dónde está ese nieto mío? ¿Por qué no está en mis brazos ahora? La madre de Nathan era como una brisa de verano, soplando por la casa. Llegó con abrazos para Alex, un especialmente apretado abrazo para su hijo más joven, y para su más nuevo nieto, un beso en la frente y un abrazo que duró hasta que el abuelo exigió su turno. No convencida, Teresa se lo entregó, con el entendido de que Daniel se le regresaría muy pronto. Alex pusó los ojos en blanco a Nathan, pero ella adoraba a Teresa y a John Peterson, y sabía que era solo un acto. Seguido a la muerte de sus padres, ella se había sentido muy sola en el mundo. La familia de Nathan no había reemplazado a la suya, pero la habían hecho sentir tan bienvenida que aquello movió un poco a un lado la soledad. Por su parte, Nathan sintió que podía relajarse y sonreír de nuevo por primera vez en semanas. Su mamá estaba aquí, y nada era demasiado para que ella no pudiera manejarlo. Una vez que la excitación inicial muriese, Nathan los llevo a recorrer la casa y el vecindario. Allison y Jim estaban en su patio delantero, lavando el coche. Nathan notó que los suéteres navideños habían cambiado a la

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versión con un santa rojo y elfos. Ellos se acercaron tan pronto como vieron a Nathan con sus padres y se presentaron. Colin estaba jugando con su padre y abuelos. Él saludó con la mano a su maestro, y Nick asintió para decir buenas tardes hacia todos ellos. Nathan saludó también, explicando quien era a Teresa y a John. —¿Estas teniendo problemas con sus padres, Nathan? —preguntó Teresa. Nathan volteó hacia abajo para mirarla. —¿Por qué dices eso? Teresa lo miró con su mejor mirada de “¿con quién crees que estás hablando jovencito?”. —Porque aquel hombre que parece extremadamente guapo está haciendo todo lo que puede para no mirarte a los ojos. —Es una larga historia, mama. —Nathan se estremeció ante el escrutinio de su madre. Teresa lo tomó del brazo. —Entonces regresemos a casa y podrás contarme todo al respecto. Nathan frunció el ceño sospechosamente. —¿Ha estado Alex hablando contigo? Es algo trivial, en serio. —Ella podría haber mencionado una o dos cosas últimamente. — Teresa parecía segura mientras arrastraba a Nathan de regreso a casa—. Claro, que el hecho de que te arroje dagas a la espalda no debería molestarte entonces. Nathan se detuvo y miró sobre su hombro, alcanzando a ver la expresión asesina de Andrew antes de notar que lo habían sorprendido y mirar hacia otro lado rápidamente. —Silencio. ¿Deberíamos tener esa platica? —Teresa asintió satisfecha. —¿No crees que Nathan está lo suficientemente crecido para arreglar sus propios asuntos, Teresa? —preguntó John.

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—Tonterías, nunca serás suficientemente viejo para lidiar con tus problemas. Soy tu madre, Jonny. Es mi papel el interferir.

Diciembre 29, tres a.m. —¿WHAFCKWA? —¿Gabe, eres tú, amigo? —Nathan estaba encaramado en una silla de la cocina, susurrando tan quedo como podía. Daniel había terminado su alimento nocturno y lentamente se estaba durmiendo en su regazo. —¿N-Nate?¿Qué hora es? Maldición, son las tres a.m. ¿Qué quieres? ¿Estas bien? ¿No es Daniel o sí? —El balbuceo incoherente de Gabe se terminó cuando paró para tomar aire. Nathan sonrió. —Todos estamos bien. Solo necesitaba hablar contigo. —¿En medio de la maldita noche? —Nathan escuchó un bufido, luego— no, está bien bebé, vuelve a dormir. Es solo mi tonto mejor amigo despertándome. Se ha vuelto un bebé. —Lo siento. No pensé que podrías tener compañía, —se disculpó Nathan. Gabe bostezó sonoramente por el teléfono. —¿Qué pasa? Debe ser importante si estas llamando fuera de horas de oficina. Nathan dudó. Ahora él no sabía que decir.

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—¿Nate? —Gabe comenzaba a sonar un poco molesto. —Es Andrew. —¿El vecino? ¿Qué pasa con él? —No me habla. Lo descubrí mamándosela a un tipo en un club gay, y entonces yo lo ignoré, y ahora no me deja disculparme, y Alex piensa que son un tarado, y mi mamá cree que es por tu sabes quién, y yo no sé qué hacer, y en verdad quiero arreglar las cosas. —Nathan se detuvo, dándose cuenta de que estaba sonando como un niño de cinco años otra vez. —Jesús. —Hubo una pausa—. Has estado fuera de ti por este tipo desde que lo conociste. Aquella no era una pregunta. —Si. —Nathan suspiró. Confió en que Gabe lo entendiera. —¿Por qué? Nathan se estaba preguntando si el Año Nuevo alguna vez llegaría para que pudieran volver a cierto tipo de rutina. Entre la rutina del bebé de alimentos nocturnos y demasiadas mujeres en la casa todo el tiempo, haciendo cariños al pequeño, tenía que escapar. No estaba durmiendo bien. No escuchaba a Daniel cuando su llanto despertaba al resto de la casa o trataba de ignorar otras cosas que habían empezado a molestar sus pensamientos. Empujando todo fuera de su mente, Nathan salió de un lado de Alex, dejando sin mucho gusto el calor de su cama para ir al baño. Se vistió en silencio, presionó ligeramente un dedo contra la boca de su hijo dormido, y bajo las escaleras. Los perros se levantaron felices de verlo cuando entró a la oscura cocina. Nathan abrió la puerta trasera para que ellos pudieran hacer lo que tuvieran que hacer en el patio, temblando un poco mientras llenaba sus pulmones de aire helado. Silbando calladamente, tomó las correas y se

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encaminó hacia el parque. Una larga caminata aclararía su mente y le daría algo de paz. Aun estaba oscuro cuando llegó al parque, pero los caminos estaban bien iluminados. Conocía suficientemente bien el área para evitar los lugares congelados, y tras estirarse bien para calentar, empezó a correr, lentamente al principio, luego a buen paso. Los perros se mantuvieron felizmente corriendo a un lado suyo mientras corrían, desviándose de vez en cuando para olfatear algún arbusto o decir hola a los pocos perros por ahí. No había mucha gente alrededor a esa hora de la mañana, y a la mayoría de ellos Nathan los conocía. Él asintió hacia algunas personas mientras pasaba, pero principalmente se concentró en mantener su mente en blanco, tan solo sintiendo el ejercicio en su cuerpo y disfrutando ser el mismo. Nathan resopló ligeramente al pasar por una inclinación. Se empujó aún más, pensando que su entrenamiento había estado en pausa desde que Daniel había llegado a su vida. Cuando alcanzó la parte alta de la colina, perdió el balance en un parche de hielo. No logro mantener el equilibrio, y cayó al suelo junto con lo que fuere que había golpeado. Aterrizando en piso congelado, Nathan descubrió que había caído la mitad sobre un hombre que estaba maldiciendo en voz alta debajo de él. —Jesús, lo siento, hombre. ¿Estas bien? —Nathan se rodó bajando del hombre, parpadeando al golpearse el tobillo. —No estoy seguro. No estoy acostumbrado a ser nockeado por un maldito Yeti. ¿Qué demonios crees que estás haciendo? —el otro hombre gritó, aun acostado boca abajo en el camino. Los perros corrieron a ver qué estaba pasando y juntaban sus narices entusiasmadamente con la cara del extraño. —¡Tyler, Ruby, atrás! Nathan intento evitar que los perros lamieran al pobre hombre, y luego notó la rígida postura del hombre. —Hey, lamento eso. Mis perros se emocionan un poco. ¿No te gustan los perros? Aquí déjame ayudarte.

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El hombre se rodó, mostrando su rostro por primera vez. —No, gracias. —Dijo Andrew— puedo arreglármelas. Se levantó, lamentándose mientras lo hacía, dejando a un impactado Nathan en el suelo. —Andrew, lo siento mucho. No era mi intención el… Andrew se limpió, mirando sus manos raspadas. En la escasa luz, Nathan pudo ver un corte que empezaba a dejar salir sangre en su mejilla. Volvió la espalda a Nathan mientras miraba alrededor. Nathan se dio cuenta que había un trípode y una cámara colocados a un lado, afortunadamente sin afectación por la caída. Estaba muy frío en el suelo, el frío penetrando los huesos de Nathan por primera vez. Nathan trató de ponerse de pie, cayendo de nuevo por el fuerte dolor en su tobillo torcido. Acallando un grito, intento nuevamente, esta vez atrayendo la atención de Andrew. —¿Qué pasa? —Andrew sonaba menos enojado, su voz mostrando su preocupación. —Mi tobillo. Duele, —dijo Nathan, mientras se ponía sobre sus manos y rodillas. —Quédate ahí. Veámoslo antes de que te levantes. —Andrew estaba a su lado y lo llevo de regreso al suelo—. Espera un minuto. —Fue al equipo cerca de la cámara y trajo un almohadón. —Aquí, siéntate en esto. Nathan logró arrastrarse hasta el almohadón sin golpearse demasiado el tobillo. Andrew se arrodillo enfrente de él, alcanzando su pie. Antes de tocarlo, miró a Nathan. —¿Está bien si hecho un vistazo? Nathan asintió, mordiendo su labio, ya que incluso el mínimo movimiento estaba empezando a doler como el demonio. Andrew gentilmente pero a conciencia examino el tobillo. —No creo que te lo hayas roto, Nate, pero necesitaras un vendaje. — La voz de Andrew era más suave ahora. —Pero los perros… Alex, —Nathan protestó.

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Andrew apretó su brazo. —No es problema. Déjame liderar con los perros. Le diré a Alex, y la llevare a emergencias. El dolor en el tobillo estaba dominando el pensamiento de Nathan, pero sabía que Andrew había llamado al 911 y estaba hablando con el operador. Empezó a temblar por el dolor y el shock. Andrew sacó una manta y la enrolló alrededor de Nathan, luego se sentó a un lado de él para tratar de mantenerlo caliente. Tyler y Ruby se habían dado cuenta de que algo estaba mal con su papá y estaban sentados a un lado de él, mientras Mollie, indiferente a su dolor, paseaba a un lado para investigar la colina. Algunas personas se detuvieron para preguntar si podían ayudar, algunos reconocieron a ambos hombres. Andrew les aseguro que Nathan estaba bien, y siguieron su camino. Nathan termino recargándose sobre Andrew mientras el hombre más grande deslizó un brazo a su alrededor para sostenerlo. Concentrándose en intentar no sollozar como un bebé por el dolor, Nathan había dicho muy poco. De pronto un pensamiento se le ocurrió y dijo: —¿Andrew? —¿Huh? ¿Estas bien así? —Andrew movió un poco la manta. —Estoy bien. Escucha, Drew… —Se detuvo, sin saber exactamente qué decir. Andrew dejo de respirar. Al menos eso pareció. Las pequeñas nubes de vapor de su respiración en el frío cesaron. Nathan volvió su cabeza para ver a Andrew mirando fijamente el suelo enfrente de él, el corte en su mejilla seco, con una oscura costra. —Lo siento, realmente lo siento. Fui un total imbécil contigo, una y otra vez. —Hubo una larga pausa. Andrew no dijo nada, y tampoco comenzó a respirar—. Drew, di algo, cualquier cosa, ¿por favor? ¿Respira? Haz algo maldición. Andrew exhaló sonoramente. —Un día tendrás que decirme porque.

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Nathan tembló, y Andrew lo atrajo hacia sí. —Lo haré, —Nathan prometió. Estaba decidiendo si debería continuar o solo rendirse al dolor cuando vio a los de la unidad de emergencias acercándose. En unos minutos fue sujetado y subido a la parte de atrás de la ambulancia. Andrew estaba esperando pacientemente fuera con los perros, ahora con sus correas. —Llevare a los perros de regreso y llevaré a Alex al hospital, —dijo mientras las puertas se cerraban. Nathan cerró los ojos durante el trayecto, el dolor en su tobillo entremezclado con el conocimiento de que Andrew quería una explicación que Nathan no estaba seguro que pudiera darle.

La tarde de Año nuevo, en el sótano de Andrew. —Hey, es bueno verte. No estaba seguro de que hubieras recibido mi mensaje. —Andrew restringió la urgencia de tirarse a los brazos de Gary. Andrew había abierto la puerta ante un toque impaciente. Gary estaba parado en la entrada, guitarra en mano, y mirándose como si necesitara cinco días de sueño. Andrew miró alrededor de él para ver si alguien más estaba ahí. —¿No hay nadie más contigo? Gary pasó un brazo flojo alrededor de Andrew. —Nah, todos están en alguna reunión. Pensé que necesitarías algo de apoyo, como tu mamá está aquí. —No tienes idea. —Andrew dejo entrar a Gary al cuarto y cerró la puerta detrás de él.

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Tan pronto como el resto del mundo estuvo escondido, acercó al hombre más bajo para un abrazo y un beso. Gary enredó sus dedos en el cabello de Andrew, usando su mano libre para apretar el trasero de Andrew, acercándolos aún más. El beso fue demandante y apasionado, sabía a cigarro, moka, y café fuerte, cómodamente familiar. Andrew se inclinó dentro del abrazo, sintiéndose seguro y feliz por primera vez en días. Enredó sus dedos en el cinturón de Gary, acercando aún más al hombre. Gary frunció el ceño y se alejó del beso. —¿Qué ha pasado, Drew? Parece que estas tratando de salvar la vida. Andrew retrocedió, fuera de los brazos de Gary. Pasó las manos por su cabello, haciendo que se levantara. —Nada ha pasado. —Ante el resoplido de Gary de incredulidad, dijo: —Bien, algo ha pasado, pero no es importante. —Si claro. Vamos, dile al tío Gary. ¿Quién ha molestado a mi chico? —Gary sonó como si estuviera hablando con un bebé. Andrew rió. —Eso te hace sonar como un pervertido. —Solo soy un pervertido detrás de lindos jovencitos con buenos traseros. —Dijo Gary levantando las cejas hacia Andrew, ignorando los “Ugh” de digusto de Andrew. Andrew le mostró el dedo pero eso no detuvo a Gary de arrastralo a un abrazo. —¿Dejaras de evitar el asunto y me dirás? Andrew descansó la cabeza en el hombro de Gary. —La noche que todos estuvimos en el club, Nathan me descubrió mamándosela a un tipo en el baño. Él escapó y no me hablo después. Ha sido difícil desde entonces. Maldiciendo silenciosamente, Gary abrazó a su amigo. —¿Qué demonios esperabas? —Un poco de entendimiento. ¿Es demasiado pedir? Siempre hay algo mas con él, pero no puede o no quiere decirme. —Andrew sacó la frustración a la superficie.

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—Olvídalo, Andrew. Él no merece la pena la molestia. No necesitas preocuparte. —Gary desestimo el problema con el vecino—. Ahora, ¿Tenemos algo de tiempo para divertirnos antes de la fiesta? —¿Lo que quiere decir que quieres que te folle antes de que mi mamá baje y nos encuentre? —dijo Andrew. Gary negó con la cabeza. —No. Lo que quiere decir que yo quiero cogerte duro y rápido en la ducha antes de que tu mamá baje y encuentre a su pequeño niño siendo muy malo. Andrew rió y llevo a Gary hacia la ducha. Gary era el mejor amigo de sexo que pudiera tener. Después de la ducha, Andrew estaba en sus jeans, los dos últimos botones desabrochados, mientras buscaba alrededor por una camiseta para usar para la fiesta. Gary estaba recostado en su cama, usando solo pantalones. Estaban hablando acerca del problema en el que estuvo Gary la noche anterior cuando, sin tocar, Ruth abrió la puerta de la casa y bajó. —Stephanie quiere saber si puedes ir por mas cerveza, Andrew. Está preocupada… oh… Gary. Hola. No me di cuenta que estabas aquí. En verdad, chicos no deberían acostarse medio desnudos. Alguien podría tener la idea equivocada. —Ella apretó sus labios mientras miraba la escena. —Solo estamos alistándonos para la fiesta, mamá. Gary necesitaba una ducha después del largo camino. —Andrew abrazó a su mamá, tratando de tranquilizarla. Encontró a Gary poniendo los ojos en blanco y molestándolo sobre la cabeza de Ruth. Le agradeció a Dios que no hubiera bajado quince minutos antes, cuando ambos habían estado en la ducha disfrutando de una lenta y deliciosa cogida, a pesar de la promesa anterior de Gary. Una puerta de baño cerrada nunca había sido una barrera para su mamá. —Bien, vístanse, ambos. Son casi las siete y necesitas ayudar a Stephanie y a Allison. —Su voz era afilada. Gary se levantó de la gran cama y le dio a Ruth un abrazo. —Feliz Año Nuevo, Ruth.

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Ella dudo un poco desaprobatoriamente, pero al final abrazó a Gary también. Sin importar cuanto lo intentara, Ruth encontraba difícil el permanecer enojada con Gary por mucho tiempo. Él había sido amigo de Andrew por mucho tiempo. Usualmente las fiestas de este vecindario eran un gran infierno. Después de la primera vez que fueron a una, Andrew había obtenido un arreglo con Stephanie de que podría escapar a su cuarto oscuro una vez que saludara a los vecinos. Ella había estado lo suficientemente borracha para acceder. Y solo había una cosa peor que atender a esas reuniones. Eso era organizarlas en casa. Andrew no estaba seguro porque Allison siquiera se molestaba en rotarlas. Toda la fiesta era organizada por ella desde el inicio hasta el final, incluyendo el menú, el tipo de cerveza, y la lista de invitados. A la familia que recibía se le permitía cierto número adicional de invitados, a discreción de Allison. —Después de todo, cariño, esta es una fiesta para nuestra calle no para cualquiera, —le había dicho una vez cuando él se había atrevido a preguntarle sobre el plan maestro. Ahora él sabía que no debía decir nada y tan solo hacer lo que se le decía. ¿Quién era él para contradecir a la mujer con la lista de cosas por hacer? La presencia de Nathan los últimos meses había aliviado algo del aburrimiento. Ellos se quedaban tanto como era educado de su parte y luego se escapaban con Colin con el pretexto de caminar a los perros de Nathan. Incluso la tensión entre ellos no importaba cuando todos jugaban soccer en el parque, todos los perros haciendo su mayor esfuerzo por robar la pelota. De hecho, más y más de los hombres de la calle habían empezado a preguntar si podían ser disculpados para participar en el juego de soccer. Allison difícilmente podía discutir; era un evento comunitario después de todo. La fiesta de Fin de Año era uno de los más grandes eventos en el calendario social, sin embargo, y no había posibilidad de que ninguno fuera disculpado para ir a jugar. Mientras Andrew y Gary iban en coche a comprar más cerveza, Gary preguntó: —¿Estará Joe ahí? —Claro que si, —Andrew contestó, deteniéndose en un semáforo en rojo.

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—¿Sabe tu mamá? —La voz de Gary sonaba desesperada y divertida al mismo tiempo. Andrew lo miró. —¿Acerca de él y Stephanie? Nah, difícilmente. Explotaría. Gary suspiró impacientemente. —¿Cuándo será que los dos se encararan a tu mamá? Andrew, ya han sido diez años. Colin es lo suficientemente grande para entender, y mejor aún, vosotros ya no sois unos niños. —Lo sé, lo sé, es solo que… —La voz de Andrew se desvaneció. Gary sabía las razones por las cuales él y Stephanie estaban juntos tan bien como él. —¿Si? —Parecía que esta no sería la noche para que Gary retrocediera. Andrew respiró profundamente. —¿Qué haríamos con el dinero? No puedo financiar dos casa y ella tampoco. —Siempre podrías vivir conmigo, —Gary señaló. —Pero Colin... —Andrew intento con la siguiente excusa. —En algún momento próximo, Drew, tendrás que enfrentar la realidad. Eres un hombre gay atrapado en un matrimonio. O enfrentas el hecho de que eres gay o te quedas atrapado, pero antes o después tendrás que escoger. Antes de que la decisión sea tomada por ti. —El tono de Gary era brusco pero amable ahora. Andrew se preocupo al respecto. Seguramente Gary no iba a hacer algo estúpido como exhibirlo con los vecinos. —¿Qué significa eso? —Significa que mamársela a ese tipo frente a tu vecino de al lado, un vecino con problemas al respecto, fue malditamente estúpido, ¿y qué hay entre vosotros? Apenas se conocen y están actuando como niños de cinco años, —dejo caer Gary.

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—No es cierto, —Andrew pudo sentirse haciendo un puchero. Quizá Gary tenía razón. —¡Punto! Cristo, cualquiera pensaría que te has enamorado de ese idiota. No es así, ¿cierto? —Gary era como un perro con un maldito hueso. —¡No! —Andrew sabía que había perdido la discusión, pero no iba a aceptar ninguna atracción. —No muy convincente, Droopy. —Gary se recargó en el asiento. Andrew negó con la cabeza mientras volvía toda su atención al tráfico. —No me llames así. Noche de Año Nuevo, acercándose las nueve p.m. Los Peterson y su invitado, Gabe, dejaron su casa e hicieron el corto viaje hasta el número doce para la fiesta. Nathan caminaba lentamente sobre las muletas. A pesar de las protestas de Alex, estaba determinado a ir a la fiesta de Año Nuevo. Le debía eso a Andrew. Stephanie le había asegurado que podría encontrar una esquina tranquila para sentarse durante la noche. Nathan tragó duro cuando accidentalmente puso algo de peso sobre su tobillo. Iba a ser una larga noche. Andrew miró mientras Nathan se inclinaba contra la pared. Él podría jurar que el esfuerzo de levantarse y sentarse del sofá cada vez era demasiado. Los Peterson habían llegado hacia un par de horas, y ahora la fiesta estaba en su apogeo, todos disfrutando la comida y bebida ofrecida por Andrew y Stephanie. Todos excepto Nathan. Había líneas de dolor alrededor de sus ojos y boca, y arrugaba la cara cada que se movía. Nathan levantó la vista y encontró a Andrew mirándolo. Hizo un visible esfuerzo por sonreír. Andrew se acercó a él y posó una mano sobre su hombro. —¿Quieres ir a casa?

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Nathan dudo, no queriendo ser grosero, luego asintió. —Si. Mi pierna duele como el infierno. No quiero llevarme a Alex conmigo. Ella no sale mucho. No sé donde están mamá y papá en este momento. Estaban hablando de ir con Jim para un momento tranquilo antes de medianoche. —Iré a buscarlos. ¿Está bien si te acompaño a casa? —Andrew dudo en preguntar. Ante su asentimiento, apretó el hombro de Nathan gentilmente y fue a buscar a Alex. Ella estaba en la cocina platicando con Stephanie y Joe. A diferencia de su esposo, Alex estaba teniendo una fiesta brillante. Desde que el bebé había nacido, rara vez tenía la oportunidad de disfrutar. Ahora Alex estaba aprovechándolo lo mejor posible, gracias a la oferta de Teresa de cuidar al bebé y las bebidas generosas de Stephanie. Andrew sonrió mientras Alex reía acerca de algo que Stephanie estaba diciendo. Se estaba balanceando gentilmente, y Andrew reconoció que estaba bastante en el camino de estar completamente borracha. Ella levantó la mirada mientras Andrew se acercaba. —Hey cariño, esta es una gran fiesta. —Si, estaba borracha. —Nathan necesita ir a casa. Sin embargo, quiere que te quedes, así que lo llevare a casa. —Andrew le sonrió. —¿Necesitas ayuda? Nathan es un hombre grande, —preguntó Joe. Andrew negó con la cabeza. —Está bien. Creo que le pediré ayuda a Gabe. ¿Dónde está él por cierto? Se sorprendió cuando los tres se veían bastante avergonzados. —Uh… Gabe y Gary, ellos, uh… —Stephanie tartamudeó. —Están haciéndolo en tu cuarto. —Alex se rió, un poco demasiado fuerte. Volvió a reír y trastabilló al querer tomar su bebida. Hubiera sido cómico si alguien hubiera visto a Andrew, Stephanie, y Joe simultáneamente mirando alrededor para ver si alguien había

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escuchado. Afortunadamente, ninguno de los vecinos o padres estaba en la cocina. Allison estaba en el comedor, y los más viejos estaban donde Jim para escapar del ruido por un rato. —Creo que he perdido mi cama por esta noche, —suspiró Andrew. —Está bien, cariño. Puedes tomar la cama de Gabe. No estará en casa, —Alex señaló. Andrew asintió. —Gracias Alex. Quizá haga justo eso. —Miró al amante de su esposa—. Si necesito tu ayuda, gritare. Depende de que tal este Nathan. —No te preocupes. Andrew regresó al comedor. Allison estaba en un calentado debate con Michael y su esposa acerca de la economía del estado. Nathan estaba intentando escuchar, pero sus ojos estaban más cerrados que abiertos. —Vamos chico, a casa. —Andrew habló suavemente. Nathan abrió los ojos. —¿Alex? —Ella está bien. Borracha, pero bien. —Andrew intento mover a Nathan sin golpear su pie. Nathan sonrió y resopló ligeramente. —No tiene mucha oportunidad de eso estos días. —Lo sé. Ahora vamos a levantarte. —Andrew esperó a que Nathan hiciera el primer intento, luego deslizó sus brazos debajo de los brazos de Nathan alrededor de su espalda para abrazarse así mismo mientras Nathan se levantaba. —Mierda. —Dijo Nathan mientras intentaba levantarse, inclinándose pesadamente sobre Andrew. Después de un minuto o dos, Nathan recuperó el balance. Andrew los soltó y observó al joven hombre. Gotas de sudor poblaban la frente y labio superior de Nathan, y sus ojos estaban brillantes, con lágrimas sin derramar.

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—Te tengo, —Andrew dijo tranquilizadoramente, reforzando su agarre sobre los brazos de Nathan—. No te dejare ir. —Sin pensar al respecto, una mano se levantó y acarició la cara de Nathan. Por un breve momento Nathan se inclinó hacia el toque, luego la realidad de lo que estaban haciendo los golpeó. Andrew dejo caer la mano pero no soltó a Nathan. Se inclinó para recoger las muletas, y se las entrego a Nathan. Esperó hasta que Nathan estuvo listo, luego –coloco una mano en la parte inferior de la espalda de Nathan– lo encamino a la puerta. Nathan se inclinó pesadamente en las muletas mientras caminaba lenta y dolorosamente. —¡Mierda! Nunca creí que un esguince dolería tanto, —dijo. Andrew acarició su espalda. —Lamento mucho que cayeras sobre mi así, Nate. —También yo, —estuvo de acuerdo Nathan—. Pero no fue tu culpa. ¿Dónde está mi bebé? —Daniel esta con tu mamá y con la mía, en casa de Allison. Pensaron que era más tranquilo que aquí, —explicó Andrew. Nathan se detuvo de repente. Andrew vio que el color desaparecía de su cara. —¿Vas a vomitar? —No. Si. Quizá. No aquí. —Nathan respiró profundamente y algo del color regresó—. Sácame de aquí, por favor, antes de que haga el idiota, —rogó. Allison dejo de hablar por un minuto para darle un beso de despedida a Nathan, y los demás le desearon feliz Año Nuevo. Andrew notó sus miradas especulativas mientras dejaban la habitación. Se detuvieron en la entrada para recoger el abrigo de Nathan. Para ese momento Nathan se mantenía de pie con visible esfuerzo y se quejo cuando Andrew le ayudo a ponérselo.

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Alex salió para darle a Nathan un abrazo, seguida de cerca por Stephanie y Joe. Puso los brazos alrededor de él y lo acercó para un beso. El movimiento obviamente le provoco dolor, y a Andrew le costó trabajo no gruñirle a Alex por lastimar a su esposo. Nathan se separó, sonriéndole a su pequeña esposa. —Disfruta, Lexi. Tomate un trago de Año Nuevo por mí. No te apresures en volver. Ella lo acarició gentilmente, pero Andrew pudo ver la preocupación en sus ojos cuando le acarició la cara. El gesto era casi idéntico al que Andrew había hecho unos minutos antes, y el mismo pensamiento debió ocurrírsele a Nathan, porque sus ojos buscaron a Andrew. —No te preocupes por Daniel. Tu mama lo tiene en su habitación esta noche, —Alex le dijo, sus ojos suaves. Nathan asintió. Colin salió del cuarto de los niños para darle a su papa un abrazo antes de que se fueran. Ambos respiraron con alivio mientras dejaban el ruido atrás. —Gracias por eso. —Andrew habló por ambos mientras caminaban. Nathan suspiró audiblemente. —Solía amar las fiestas. Ahora solo quiero volver a abrazar a Daniel o a caminar a los perros. Incluso patear tu trasero en el juego. Andrew resopló mientras procesaba lo dicho por Nathan. —¿Debería sentirme afortunado de que me pones por arriba de las fiestas en la cadena alimenticia? —Oh, ahora si te refieres a las fiestas de Allison, tendré que reconsiderar. —Nathan pretendió pensar. —¡Bruja! —¡Lo sé! Ellos se sonrieron uno al otro contentos, luego Nathan tropezó agarrándose la pierna mala. —¡Maldición!

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Andrew estaba a su lado en un instante, un brazo a su alrededor para darle a Nathan algo en que apoyarse. Las lágrimas que habían amenazado antes se derramaron sobre sus mejillas mientras el dolor se hizo demasiado intolerable. —Hey, cuidado. —Andrew sin pretender que había visto o no las lágrimas. Al final buscó un pañuelo, limpió las lágrimas, y dijo: —sopla, — mientras sostenía el pañuelo contra la nariz de Nathan. Obedientemente Nathan sopló, sorprendiendo un poco mientras reía y trataba de retener un sollozo al mismo tiempo. Se recupero lo suficiente para murmurar sus gracias y continuaron hacia casa de Nathan. Tres perros muy excitados los saludaron a su llegada. Andrew decidió que la cosa más fácil para hacer era encerrarlos en la cocina con comida. Sin embargo, Nathan murmuró algo sobre malcriarlos, eso no detuvo el plan de Andrew. Una vez que Andrew tenía a los perros asegurados y a Nathan dentro de la casa, miro las escaleras. —No te veo subiendo por ahí, —remarcó mientras le ayudaba a Nathan a quitarse el abrigo. —Dormiré en el sofá-cama del estudio, —acepto Nathan. Andrew miró en el estudio. La cama estaba ya hecha y había una camiseta y unos pantalones de pijama sobre el cobertor. Nathan caminó hacia la cama y se sentó con alivio. —Te dejaré para que te cambies. ¿Quieres algo de beber? —Andrew ofreció, sintiéndose un poco incomodo ahora. —Uh, solo un poco de agua, gracias. Necesito tomar mis medicinas. —Nathan comenzó a quitarse la camisa. Rápidamente Andrew se dispuso a dejar la habitación, pero no antes de mirar un poco la piel desnuda y el flash de un pezón oscuro. Se volvió antes de que su cara lo traicionara. Cuando regreso, Nathan no parecía haber avanzado mucho. Su camisa estaba desabrochada pero eso era todo. Los hombros caídos, estaba sentado en el sofá-cama viéndose miserable. Levantó la cabeza cuando

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entraba Andrew. —Creo que me rendiré respecto a cambiarme. Es demasiado trabajo duro. —¿Demasiado dolores? —preguntó Andrew. Nathan asintió, las líneas alrededor de su boca se hundieron un poco más. —Aquí, toma las pastillas. —Ofreció al hombre más joven las tabletas y el vaso con agua. Notó que la mano de Nathan temblaba un poco mientras obedientemente tragaba el medicamento. Andrew esperó unos minutos, después tomó el vaso de la mano de Nathan. —Vamos, te ayudare a cambiarte. Te sentirás mejor. Nathan no argumento, así que Andrew deslizó hacia abajo la camisa de Nathan, notando el juego de músculos debajo de la piel bronceada. Moría por fotografiar a Nathan, pero no creía que él apreciaría la oferta de una sesión de desnudos. Cuando Nathan había sacado la cabeza de la camisa, Andrew dijo: — Acuéstate y te quitaremos los pantalones. —Se ruborizo cuando los ojos de Nathan encontraron los suyos—. Yo, yo quise decir… —Lo sé, —Nathan murmuró mientras desabrochaba el cinturón. Con cuidado, Andrew deslizó los pantalones por las largas piernas de Nathan, tratando de no tocar su tobillo. Nathan no dijo nada, pero sus ojos estaban fuertemente cerrados, y Andrew pudo ver sus manos cerrándose en puño ocasionalmente. Andrew hizo su mejor esfuerzo en ignorar lo que estaba cubierto por ajustados bóxers negros. —¿Quieres dejarte lo demás? —Si. —Nathan se sentó, respirando un poco alterado—. Necesito orinar. —Debiste ir antes, —Andrew le regañó gentilmente.

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Nathan sonrió débilmente. —No necesitaba ir entonces, papa. Andrew le frunció el ceño. —¿Quieres que, uh, consiga una botella o algo? —¡Demonios no! —Nathan se acercó a la orilla del sofá-cama y se levantó, el brazo de Andrew alrededor de él para recobrar el balance—. Creo que las medicinas para el dolor están haciendo efecto, —murmuró. —Vamos. Antes de que te caigas y te rompas el otro tobillo, — Andrew le urgió, dándole las muletas. Andrew guió a Nathan al baño y de regreso, un proceso que parecía alentarse conforme las medicinas hacían su efecto. Para cuando llegaron de nuevo a la cama, Nathan estaba completamente sudado, y se había puesto muy pálido. Andrew tomó un bote de basura, poniéndolo prudentemente a su alcance. Nathan cayó en la cama con un suspiro de alivio y permaneció tendido con los ojos cerrados. Andrew lo acomodo, luego checo las medicinas de Nathan, el bote de basura, y, a pesar de las protestas de Nathan, una botella, estaban a buen alcance. —No estoy malditamente invalido, —Nathan gruñó. —Si, lo estas. ¡Cállate! —Andrew le dijo firmemente— ¿No te crió bien tu mamá? —Si ella no está aquí para verlo, entonces estoy bien. ¿Por qué? ¿Le vas a decir? —Nathan abrió un ojo. —No soy un soplón, —Andrew le informó—. Ahora cállate y ve a dormir. —Si, Drew. Andrew vio que las líneas de dolor se suavizaban mientras el dolor cedía. Murmuró un buenas noches, se volvió y se fue. Miró su reloj. Eran

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veinte para las doce. Si se apuraba podría reunirse a la fiesta para celebrar el Año Nuevo. Trato de ignorar la voz en su cabeza tentándolo con yacer a un lado de Nathan. —¿Drew? —La voz de Nathan apenas por encima de un susurro. —¿Si? —Andrew miró por encima de su hombro. Nathan estaba mirándolo adormiladamente. —Quiero hablar contigo. Necesito hablar contigo. —Las drogas hacían a Nathan arrastrar las palabras un poco. Andrew negó con la cabeza. —Puede esperar, Nate, hasta que te sientas mejor. —Ahora. Siéntate aquí. —Nathan señaló la cama a un lado de él.

Jesús Cristo, ¿esta noche estaba diseñado como un tipo de castigo? No debía sentir lujuria hacia su hermoso vecino. Solo te tentaremos con su cuerpo y te haremos sentarte a una ínfima distancia a cada oportunidad. Andrew mordió sus labios. Vamos Matthews. Puedes hacerlo. —¡Siéntate! —Nathan sonaba como si estuviera hablando con uno de los perros. Andrew se sentó. —Aquí. —Nathan movió una almohada sobre él. ¿Qué he hecho para merecer esta tortura, Señor?— Ponte cómodo. Andrew se acomodo contra la cabecera, asegurándose de no golpear la pierna de Nathan. El otro hombre estaba tendido con los ojos cerrados, pero Andrew podía decir que no estaba dormido por el ligero fruncido de sus cejas.

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—Tengo una hermana. Su nombre es Amy. Es cuatro años más joven que yo. Andrew saltó y abrió los ojos. Había esperado tanto para que Nathan hablara que debió dormirse. Miró a Nathan con culpa, pero el otro hombre aun tenía los ojos cerrados y no parecía haber notado el lapso de Andrew. —No sabía eso, —dijo Andrew secamente—. Me has contado acerca de Bob, pero no sobre Amy. ¿No quiso venir para Año Nuevo? —No sé dónde está. Desapareció hace un par de años. —La tristeza en la voz de Nathan rompía el corazón. Tragando duro, Andrew supo que no quería escuchar la historia que seguía. —Lo siento, Nate. Ese debe ser duro para tu familia. —Si, así es. Lo que es peor es la razón de porqué desapareció. —El tono de Nathan era más afilado ahora. —No tienes que hablar sobre esto, si no quieres hacerlo, —lo calmó Andrew. Nathan negó con la cabeza, cuidadosamente, lentamente. —Creo que debo, Drew. Necesitas escucharlo si vamos a sobrellevar esta mierda. Respira profundo, Matthews. —Bien, ¿Entonces qué pasó? —Am tenía alrededor de catorce, y era alta, realmente alta. Bastante bonita también. Yo apenas me había ido a la universidad; Bob estaba en la escuela de medicina. Eran solo Am y mamá y papá. Supongo que se aburrió un poco. Luego alguien le dijo que ella sería bastante buena en el modelaje, y eso era excitante. Así que no le dijo a nadie, pero fue y se hizo unas fotografías. —Nathan se detuvo para respirar profundamente. —Nathan… —Andrew de repente entendió a donde podría ir todo aquello. La voz de Nathan se volvió angustiada. —Pero el fotógrafo, no era, él no…. Él no era como tú.

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Andrew acarició el brazo de Nathan tranquilizándolo. —Está bien. Entiendo la idea. —Él le dijo que nunca lo lograría si no se desnudaba, así que ella lo hizo. Luego él… —Nathan guardo silencio—. Ella no le dijo a nadie, ni siquiera a sus amigos. Nos enteramos cuando uno de sus supuestos amigos empezó a mostrar las fotografías en la escuela. —Así que cuando tu viste el… —Andrew supo que tenía que escuchar el resto de la historia ahora. Nathan hablo molesto. —Sí. Aquello no fue lo peor. Ella, uh, empezó a trabajar en clubes. Mintiendo acerca de su edad. —¿Cómo camarera? —No. —La voz de Nathan era plana. —Ah maldición, Nate. ¿Por qué hizo eso? —Andrew talló su mano contra sus ojos, sintiéndose más viejo de lo que era. —Ella hacia dinero. Necesitaba dinero. Suficiente para cubrir su hábito. Mi hermana, la drogadicta. El fotógrafo… se volvió su novio. La enganchó. Andrew no sabía que decir. Nathan abrió los ojos y miro a Andrew directamente. —La última vez que la vi, se la estaba mamando a un tipo en el baño. Había ido a buscarla. —Maldición. No hay duda de porqué me odiaste. Nathan cerró los ojos de nuevo. —No te odié. Solo no pude manejarlo. Un minuto eras un hombre casado, al siguiente…. Lo siento fui tan tarado. Todos seguían diciéndome que eres un hombre decente.

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—Desearía que me lo hubieras dicho antes, pero ahora entiendo. — Andrew no pudo resistir el pasar suavemente su mano sobre las sábanas y manta, sobre el brazo de Nathan. De repente pudieron escuchar acallados gritos desde afuera. Nathan se reacomodo bajó la ropa de cama. —Voy a dormir ahora, —murmuró—. Feliz Año Nuevo, Drew. Andrew sonrió a su amigo con cariño. —Feliz Año Nuevo, Nathan. Duerme bien. —Se inclinó y le dio a su amigo un beso en la mejilla, luego se levantó de la cama. Apenas había llegado a la puerta cuando Nathan hablo de nuevo. —Te vi con ese hombre. Lo odié. —La voz de Nathan era dura ahora. —Lo sé, Nate. Lo siento mucho. —Andrew suspiró. Andrew miró a Nathan. Solo podía ver el cabello de Nathan sobresalir de las mantas. —Desee ser yo. Me odié a mí mismo. Te odie. Andrew se detuvo antes de responder. —Yo también, —dijo, muy bajo. No hubo respuesta, solo un pequeño suspiro.

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Capítulo Seis —¡Apúrate, papa! ¿Qué estás haciendo ahí? El Sr. P ha estado listo desde hace mucho. —Colin corrió a la parte superior de las escaleras al sótano y gritó. Pudieron escuchar que Andrew juraba en respuesta. —El Sr. P nos dice cuando tenemos que irnos, —le informó—. El perfecto Sr. P va a terminar con las bolas cortadas si tengo que escuchar esto todo el fin de semana. —¡Escuche eso! —El perfecto Sr. P gritó desde las escaleras, sonriéndole a Colin. —¡Maldición! Nathan sonrió cuando escuchó a Andrew maldecir de nuevo, dándose cuenta que inadvertidamente había hablado en voz alta. —Hmmm, necesitamos pensar en un castigo, Colin, para cada vez que tu papá maldiga este fin de semana. ¿Qué podría ser? —¡Genial! Um, ¿podríamos hacer que cocine? —A las ideas de castigo de Colin les faltaba un poco de imaginación. —¿Has probado la comida de Nate? —dijo Andrew mientras subía la escalera—. Claro que yo voy a cocinar. —Eso es cierto, Colin. Podré ser un increíble maestro, pero mis habilidades son tristemente penosas en el departamento culinario. —Nathan puso su mano sobre el corazón en burlona sinceridad. Ante la mirada de incomprensión de Colin, Andrew dijo: —Significa que no puede cocinar. —Suspiró teatralmente—. ¿Qué te enseña tu maestro si no puedes entender esas cosas? Colin sabía la respuesta a esa. —Esta semana incendiamos el salón, y tuvimos que llamar al servicio de bomberos.

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Nathan gruñó. Andrew se volvió hacia él, con las cejas levantadas. —¿Debería preguntar? —Mejor no. Un pequeño experimento se salió de control. No soy muy popular con el Director Skinner en este momento. —¡Puedo apostarlo! —Andrew sonrió ante el pensamiento de la reacción del director. Stephanie estaba fuera de la cocina sosteniendo una gran taza de café. Los ojos de Andrew brillaron. —¿Es para mí? Ella sonrió cuando el intentó hacerse con la taza. —No lo era, pero si es la forma más rápida de sacarte de la casa, adelante, —dijo, pasándole la taza, poniendo resignadamente los ojos en blanco. Nathan miró como Andrew inhalaba el café. —Realmente deberías bajarle la cafeína, —observó—. ¿Qué fue eso? —preguntó mientras Andrew murmuraba mientras bebía—. Espero que no estuvieras maldiciendo de nuevo. Andrew lo ignoró mientras volvía a bajar las escaleras. Salió unos minutos después con una gran mochila y varias bolsas más. —Solo iremos por una noche, Drew. No necesitas una chaqueta para cenar, vamos al bosque. A las ardillas no les interesa, —Nathan observó. —¡Ha, ha! —Andrew dijo agriamente—. Son bolsas con cámaras. No me arrastraras al final del infierno sin algún tipo de entretenimiento. Nathan le dio una sonrisa torcida. —Cualquiera pensaría que no te entusiasma el viaje. —¿Crees? —Andrew soltó las bolsas con un agradecido suspiro—. ¿No sería posible ir a algún lado con una cama y almohadas?

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—¡Aguafiestas! —Culpable del cargo. Nathan le guiñó un ojo a Colin. —Tu papá necesita salir más al campo. Experimentar la naturaleza de primera mano. —La última vez que lo hice, un estúpido idiota corrió hacia mí y me tiró, —Andrew apuntó recordándole. —Si, bueno, ni decir que fue la mejor parte, —Nathan murmuró. Recogió algunas de las bolsas y las cargó en la camioneta—. ¿Listo para irnos? —No. —Andrew agarró fuertemente su café. —Bien. Vamos, Colin. ¿Dónde está tu amigo? —Nathan sonrió ampliamente. Colin llevaría a su mejor amigo con él, Bobby. Ambos Andrew y Nathan, como padre y maestro, pensaban que esa era una muy mala idea. Bobby era… activo. De hecho, Nathan tenía todo un conjunto de otras palabras para describir a Bobby, pero activo era la única que usaría enfrente de Colin. Desafortunadamente Colin era terco y Bobby era su mejor amigo, así que no había negociación y Bobby fue invitado. Cuando Andrew le había preguntado a la mamá de Bobby si su hijo podría ir a un viaje a acampar, pudo escuchar los festejos mientras se alejaba. Andrew le dijo a Stephanie que de hecho ella había derramado su café, y luego inmediatamente se había registrado en el hotel lujoso más cercano para el fin de semana. Sin arrepentimientos, entonces. —Recogeremos a Bobby en su casa, —Andrew le informó a Nathan mientras cargaban la camioneta—. Espero que estés listo para esto. —¿Para Bobby? No estoy seguro de que alguna vez estaré listo para Bobby. Es como preguntar si estás listo para un terremoto. Preparado es mejor. —Nathan tenía una mirada burlona en la cara.

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Andrew tenía otro mal presentimiento acerca de este viaje. —Uh, oh. ¿Debería estar preocupado? —Los planes de Nathan siempre parecían involucrar el explotar cosas. Nathan palmeó su espalda. —Nah. Estarás bien. Y respecto a Bobby… espera y veras. —¿Estas seguro que necesito ir en este viaje? —¡Sube! Andrew lo estudió. —Hey Colin. Hey Sr. P, Andrew. Muévete, Colin. ¿Dónde está tu DS? ¿Has comido algo? No me gustan esos. ¿Tienes Cheetos? ¿Iremos a McDonalds? No me gustan los nuggets. ¿Tardaremos mucho en llegar a donde vamos? Ma dijo que les dijera que debo ir al baño cada hora. ¿Vamos a dispararle a algo? ¿Estamos cerca ya? Adiós, Ma. Y esa fue la presentación de Bobby al viaje de acampar. Dos horas más y Nathan estaba listo para matar al pequeño. Seguramente sería homicidio justificado tomando en cuenta el comportamiento no razonable de Bobby. ¿Cuántas veces tenía que preguntar un niño “Estamos cerca” antes de entender el maldito mensaje? Miró a Andrew, quien se veía muy malditamente relajado. ¡Maldito! Tan pronto como empezaron el viaje se había puesto los auriculares y borró a todos a favor de un ritmo bastante irritante, o lo que era el canturreo y la pierna llevando el ritmo. ¡Oh si! La pierna molestó a Nathan. No soportaría que Andrew empezara a tocar la guitarra de aire con su pierna. Y si, ahí estaba. ¡Maldito! Llegar al campamento logró que Nathan volviera a su buen ánimo. Los chicos salieron del coche tan pronto como pararon, riendo y corriendo

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alrededor, mirándolo todo. Nathan les dio la tarea de encontrar el mejor lugar para poner las tiendas. En algún punto a lo largo del camino, Andrew se había dormido, y no despertó incluso cuando habían parado. Estaba recargado contra la puerta, con la boca abierta, roncando un poco mientras dormía. Nathan miró a su amigo. Podría dejar que Andrew durmiera un rato o podría despertarlo e involucrarlo en la diversión. No había competencia realmente. Hizo lo que hubiera hecho cualquier amigo en esa circunstancia. Nathan abrió la puerta del pasajero y vio a Andrew caer al duro suelo. —Buenos días, dormilón. Levántate y se feliz, —exclamó en voz alta. —Maldición. —Los ojos de Andrew se abrieron mientras golpeaba el suelo, moviendo los brazos sin sentido. Miró hacia arriba para ver a Nathan parado sobre él, riéndose de él—. ¡Tu maldito! —¡Yup! Me la debías, Matthews, por cada vez que tuve que escuchar ¿ya llegamos? —apuntó Nathan con una sonrisa retorcida. Aun tumbado en la tierra, Andrew le sonrió a su amigo. Intentó una expresión inocente pero falló miserablemente. —Lo siento, hombre, no lo escuché. Estaba durmiendo. Nathan se inclinó y movió las manos para que Andrew se parara. — En el viaje de regreso, yo tendré el iPod. —No si lo obtengo primero. —Papá, Sr. P vamos. ¡Lo encontramos! Es perfecto. —Colin corrió hacia ellos, Bobby detrás. Andrew despeinó el cabello de su hijo, riendo mientras Colin se hacia atrás y se peinaba, rogándole que fuera y mirara. —Bien entonces, veamos ese lugar. Nathan es el líder, él puede decidir. —Los dos hombres sonrieron el uno al otro sobre las cabezas de los niños y se dejaron guiar para inspeccionar el potencial del lugar escogido para las tiendas.

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Proclamándose satisfecho con el lugar. Nathan puso a todos a trabajar, sacando las tiendas y organizando su lugar. Había algunos otros campistas en ese momento así que se extendieron. Los niños estarían compartiendo una tienda y los hombres la otra. La idea de estar tan cerca de Andrew causó incomodidad en Nathan por unos instantes, pero se dijo que estaba siendo estúpido. Estaban en contacto cercano todo el tiempo. Quizá era porque la tienda era un lugar tan pequeño, tan personal, y él aún tenía fuertes sentimientos acerca de la visión de Andrew mamándosela a un tipo en el club. Mientras tanto, Andrew se quejaba de no haber tomado suficiente café esa mañana, y él como esperaban ellos que funcionara, sin mencionar que fuera feliz, si no obtenía más cafeína. Colin le informó a Nathan que su papá tan solo se quejaría más si no se satisfacía pronto. Levantando las manos en desesperación, Nathan mandó a los niños en una misión de encontrar troncos y varas para el fuego. Había huecos seguros en el campamento para permitir un fuego seguro. —Me pregunto cuánto tiempo pasara antes de que Bobby haga algo estúpido —dijo Andrew mientras golpeaba unas piquetas6 en el suelo. —Me sorprende que haya durado tanto sin hacerlas, —estuvo de acuerdo Nathan—. Aún tengo pesadillas acerca del viaje al zoológico. Se refería a un viaje de la escuela que terminó abruptamente cuando Bobby decidió que quería compartir su almuerzo con los leones. Nathan aún despertaba sudando frío cuando pensaba que tan rápido hubiera terminado su carrera como maestro si Bobby se las hubiera arreglado para terminar de escalar la cerca. Nathan solo agradecía a Dios que con su altura vinieran largos brazos para agarrar de regreso al niño. Estaban enterrando la última estaca cuando Colin corrió de regreso a las tiendas, sin Bobby. Los hombres se miraron entre ellos resignadamente. —¡Papá! Bobby se cayó al río. Esta colgando de una rama y se ahogara. —Colin sonaba más excitado que preocupado. 6

Clavo de metal de unos 20 centímetros usado para sujetar los vientos o cuerdas de la tienda al suelo.

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Andrew miró su reloj. —Duro toda una hora. Debe ser algún tipo de record. Nathan se levantó, estirando los músculos de la espalda. No estaba tan preocupado. Comparado con los leones, un poco de agua era un juego de niños. Bobby fue pescado del río, empapado y muy arrepentido. Andrew le dio una toalla y Nathan hizo lo mejor para darle un firme sermón. Bobby asintió y estuvo de acuerdo en ser un poco más cuidadoso. Y lo fue, por al menos otro par de horas, hasta que estaban rostizando malvaviscos y tomando chocolate caliente. Nathan miró a los niños, quienes estaban riendo mientras ponían los malvaviscos en el fuego. Incluso a la luz de la fogata pudo ver los rastros de tierra en la cara de Colin. A pesar del frío, estaba vestido con una camiseta y shorts. Bobby estaba más limpio, pero solo apenas, su cabello ondulado colgaba alrededor de sus orejas mientras se inclinaba hacia adelante, metiendo su palo más en el fuego. —Bobby, ten cuidado. Te harás… —dijo Nathan, mientras se daba cuenta de lo que Bobby estaba haciendo— …¡fuego! Bobby comenzó a brincar mientras las puntas de su cabello capturaron una chispa. Andrew aventó su cobertor sobre la cabeza de Bobby, tratando de evitar otro desastre. Puso los ojos en blanco a Nathan mientras sentaba a Bobby con una nueva vara, la vieja habiendo sido arrojada al fuego con el pánico. —¿Pensé que estabas preparado para esto? —le preguntó a Nathan, acordándose de su anterior conversación. —Recuérdame nunca decir eso de nuevo. —Nathan levantó los hombros—. Nada pudo prepararme para esto. Miró como Andrew inspeccionaba su cobertor en busca de marcas de quemadura. El cabello de Andrew estaba más largo de lo que era cuando se

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conocieron y se curveaba alrededor de sus orejas, las puntas capturando la luz del fuego. Sus lentes habían resbalado por su nariz, y ausentemente, Andrew las empujó hacia atrás con un dedo. El gesto dejó un pequeño rastro de ceniza en su nariz. Andrew levantó la vista, encontrando la mirada de Nathan. Avergonzado al haber sido sorprendido mirando tan fijamente, Nathan se sonrojó, pero Andrew le sonrió tímidamente. Nathan tragó duro y devolvió la sonrisa. Algo había cambiado en ese segundo. Tan solo no sabía exactamente qué. Nathan se despertó lentamente. Podía escuchar a los niños reír en su tienda y el sonido de las aves ante el nuevo día. La luz del sol se filtraba a través de la tienda mientras sonreía flojamente. Volvió la cabeza para mirara a Andrew, aun dormido. Nathan sabía que tendía que utilizar drásticas medidas para hacer que Andrew se levantara. Él rara vez se dejaba ver antes de las once de la mañana en casa, e incluso así era protestando. El hombre se veía como si hubiera sido arrastrado al límite y perdido la pelea. Dormía sobre su estómago, su cara contra la almohada, y levemente de lado. Nathan sonrió, contemplando la idea de sacarle una foto para chantajearlo en el futuro. Incluso mientras veía, Andrew se movió, su bolsa de dormir quedo atrapada entre sus piernas, dejando su espalda y traseros desnudos. Como Nathan, Andrew se había metido en la bolsa de dormir usando una camiseta y pantalones. La camiseta se había subido hasta quedar alrededor de su pecho, y los pantalones, un poco sueltos después de innumerables lavadas, estaban a media cadera. Nathan se dio cuenta que había más al descubierto de Andrew de lo que normalmente veía. Sintiéndose un poco culpable de mirar, pero aun así incapaz de resistir la urgencia, Nathan se giró silenciosamente a un lado y estudió a su amigo.

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Las pecas de Andrew no estaban solo en su cara, Nathan se dio cuenta por primera vez. Estudió el patrón mientras se extendían por la espalda, hacia abajo, hacia su trasero y extendiéndose debajo de la línea de la cintura. Su piel era pálida comparada con la de Nathan, testigo de la cantidad de tiempo que pasaba metido en el cuarto oscuro en lugar de afuera. Nathan se preguntó si se quemaría rápidamente con el sol. Acercándose, Nathan se dio cuenta que eran como olas. Se preguntó que había pasado para causar ese efecto. Nathan cambió su atención hacia arriba, viendo el fino cabello que cubría los brazos de Andrew. Para un hombre que pensaba que el ejercicio era una pérdida de buen tiempo de sueño, sus brazos estaban bien desarrollados. Pensándolo, el equipo de la cámara debería pesar una maldita tonelada, eso quizá ayudaba. Sus largos dedos estaban ligeramente curveados, lo que llevó a Nathan a pensar en cómo se sentirían alrededor de la polla de alguien, su polla, y eso hizo que sus mejillas se encendieran. Nathan se tomó el tiempo de estudiar su cara, las pecas en todos lados, incluyendo sus orejas. Colin era igual. Dios, el hombre tenía largas y finas pestañas. Nathan se mordió los labios. Esto era como admirar a una chica, excepto que Nathan no estaba seguro de haber pasado alguna vez tanto tiempo estudiando a una novia. Andrew bostezó, mirando a Nathan. Miró como el hombre más viejo se volvía sobre su espalda, frunciendo el ceño mientras sus atrapadas piernas lo bloquearon por un momento hasta que volvió a quedarse dormido. Su estómago estaba expuesto, la camiseta casi mostraba sus pezones. Había solo el más mínimo rastro de vello ahí… oh maldición. La boca de Nathan de repente se secó. La cintura de los pantalones de Andrew se había deslizado tan allá que la punta de su polla sobresalía, y estaba duro. En su sueño, Andrew rascó su vientre, dejando su polla más expuesta, roja y goteando contra su vientre. Nathan se volvió, su cara en llamas, con vergüenza. Tenía que salir de ahí antes de que hiciera algo realmente estúpido, como tocar. Se salió de su saco de dormir, tratando de no molestar a Andrew.

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El cierre de la tienda se abrió fácilmente y Nathan salió, inhalando profundamente el aire fresco de la mañana. Intento ser tan silencioso como fuera posible para que los chicos, quienes parecían estar jugando algo que incluía muchos gritos pero que los mantenía en la tienda, no se dieron cuenta de que había despertado. Se metió en su tenis7 y caminó algo, poniendo distancia, desesperadamente necesitando aliviarse en todo sentido. Tan solo no estaba seguro de que era más urgente. Al final Nathan estaba inclinado sobre un árbol, su cabeza descansando contra su brazo, masturbándose tan rápido y silenciosamente como pudo. Se vino duro y seco, dejándolo respirando fuerte contra el árbol, con imágenes no deseadas en la cabeza. Después, regresó a las tiendas e inició el fuego. Andrew eventualmente salió, usando una bata, y exigiendo café. Nathan trató de actuar tan naturalmente como fuera posible, pasándole un poco de café negro y dejando a Andrew reintegrándose a la raza humana a su propio tiempo. Los niños habían desaparecido, y los dos hombres se sentaron silenciosamente alrededor del fuego, disfrutando la paz. Justo cuando Bobby se atoró en un árbol. Bobby no planeó quedarse atorado en un árbol. Bobby probablemente no planeaba muchas cosas. Pero eso no lo detenía. Maldición, ese era un árbol malditamente alto. Nathan miró a Bobby, sujetado de una rama, a unos buenos quince metros de altura. Estaba detenido precariamente en una fina rama, negándose a moverse. Colin estaba abajo, mordiendo su labio. La risa ante el predicamento de su amigo se convirtió rápidamente en algunas lágrimas cuando se dio cuenta de que su amigo estaba genuinamente atorado. Ahora estaba agarrado al brazo de Andrew mientras los dos hombres discutían que hacer. La propuesta de Colin de cortar el árbol fue rápidamente hecha a un lado. 7

Zapatillas de deporte.

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Se enfrentaron a la propuesta de que uno subiera al árbol para rescatar al niño. Andrew suspiró. No había batalla. Él era más liviano y más ágil que Nathan, y además, a Nathan no le gustaban las alturas. —Estas construido como un maldito Yeti y ¿no te gustan las alturas? —Andrew miró a Nathan con incredulidad mientras el maestro murmuraba sus razones para no trepar al árbol. Nathan pateó la tierra suelta con la punta de su zapato. —Siempre le he tenido miedo a las alturas. Me hacen ponerme verde y desmayarme. Lo siento, amigo. —Bien. Lo hare yo. —Andrew miró hacia arriba al petrificado niño en el árbol. Había parado de llorar pero estaba claramente aterrado—. Bobby, voy a subir. Andrew soltó la mano de Colin y caminó alrededor del árbol, buscando el mejor camino para subir. Luego se quitó la bata de Nathan y empezó a trepar, dándole a Nathan una excelente vista de su trasero. Nathan descartó los pensamientos que sobrepoblaban su mente. En un minuto o dos, Andrew había alcanzado a Bobby. Nathan miró como Andrew se aseguró así mismo para ayudar al niño a bajar, ocasionando y tranquilizándolo para que soltara la rama. Andrew fue muy paciente con él, acariciando su espalda cuando los nervios alcanzaron al pequeño niño. Andrew esperó mientras Bobby se soltó eventualmente, permitiendo a Andrew maniobrar con él para bajarlo a la siguiente rama. Lentamente, rama a rama, Andrew maniobró a Bobby para bajar el árbol hasta que Nathan fue capaz de alcanzarlo y bajarlo. Por un segundo el niño se abrazó a él, luego estaba en el suelo, mirando hacia arriba donde había estado. —Eso. Fue. ¡Genial! —Bobby bailó alrededor apuntando al árbol—. ¡Debo hacerlo de nuevo! —¡No! —Ambos hombres gritaron a Bobby simultáneamente, Andrew aun sentado en el árbol.

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—Tengo otros planes, —dijo Nathan cortante—. Vosotros dos regresar al campamento y les mostrare que estábamos haciendo. ¡Directo, sin distracciones! Estaban claramente asustados, mientras rieron y dijeron: —Claro Sr. P lo que usted diga, señor. —Colin y Bobby corrieron, golpeándose el uno al otro mientras desaparecían entre los matorrales. —Puedo ver que están realmente asustados, maestro. Mucho respeto ahí. Nathan levantó la vista a Andrew, aun sentado en una de las ramas bajas. —¿Bajaras pronto, o tan solo te sentaras ahí siendo de poca ayuda? Andrew negó con la cabeza. —¿Con Bobby allá abajo? Creo que sería más seguro quedarme aquí. —Puede que tengas razón en eso, pero de ninguna manera cuidare a ese niño yo solo. —Nathan gruñó. Claramente no había estado preparado para cuidar de Bobby. —Cobarde. —Andrew le sacó la lengua. Lo que fuera que Andrew iba a decir se perdió cuando Nathan tiró de las piernas de Andrew para bajarlo del árbol. Solo que Nathan no había tomado en cuenta el tamaño y peso de Andrew. Se encontró golpeando el suelo con Andrew sobre él. —¡Ooof! —El aire salió completamente de sus pulmones—. ¡Maldición! Nathan intentó conseguir aire tratando de persuadir a sus pulmones de funcionar otra vez. No fue una tarea fácil ya que había un peso muerto sobre su pecho. Abrió los ojos para descubrir a Andrew mirándolo preocupado. Estaba tan cerca que Nathan pudo ver cada línea en sus ojos, oler el café que no había tenido tiempo de terminar. Andrew lo miraba fijamente. Nathan se dio cuenta de que miraba su boca. Nathan se lamió los labios nerviosamente, y Andrew siguió el movimiento, su lengua inconscientemente imitando la de Nathan.

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Se sintió endurecer, los delgados pantalones haciendo nada por ocultar su reacción al tener a Andrew sobre él, pero no era el único. Estaban tendidos así que sus pollas estaban tallándose una contra otra, cada pequeño movimiento de sus cuerpos aumentando su excitación. —Ah, maldición, Nathan, —Andrew susurró suavemente. Nathan sintió a Andrew inclinarse hacia adelante, presionando sus cuerpos para que estuvieran más juntos—. Esto no es justo. Andrew tocó sus labios con los de Nathan, luego se quitó. Miró al hombre hacia abajo, mordiendo su labio, pero no dijo nada mientras caminaba hacia el campamento. Nathan permaneció tendido en el suelo, sintiendo como si le hubieran puesto una prueba. ¡Maldición! ¡Maldición!

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Capítulo Siete Andrew estaba impaciente. Mientras se aproximaban al club, la impaciencia se convirtió en un hambre persistente, y necesitaba satisfacerse o haría algo estúpido. Había estado inquieto durante semanas, si era del todo sincero desde el viaje para acampar. Gary había intentado tranquilizarlo, pero nada funcionaba, y al final se hizo evidente que sólo podían hacer una cosa. Gary fue y habló con Nathan. El club era nuevo. Gary y Nathan lo habían sacado a rastras de su habitación oscura y lo había llevado a la ciudad para un fin de semana de chicos. Eso estaba bien. Excepto que Gabe estaba con ellos y era evidente que Gary y Gabe quería pasar un buen rato en esquinas oscuras, lo que significaba que no contaba con Gary para calmar su hambre. Era una noche; podría hacerlo, quizás, si le daban permiso. Andrew estaba impaciente. Esperaron pacientemente en la cola para entrar al club, aunque Andrew no podía permanecer tranquilo. Se mecía de un lado a otro hasta que Nathan prácticamente tuvo que sujetarlo para detener sus movimientos. Mientras atravesaban las puertas, Andrew parecía un tigre olisqueando a su presa. Había visto a un hombre de pelo rojo dorado en la cola por delante de ellos, y quería acercarse para observarlo. Cuando empezó a avanzar para acercarse a su presa, Nathan le tiró del brazo para atraer su atención. —¿De verdad necesitas esto? —Sus ojos comunicaban todas las palabras no dichas. ¿Tienes que follarte a un extraño?

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Andrew asintió, casi vibrando bajo la mano de Nathan. Estaba ansioso por alejarse antes de que la urgencia de dejarse llevar se transformara en una acción de la que se arrepentiría. Por favor, aléjate. —¿Por qué? —Porque no puedo tener lo que quiero, Nathan, —susurró Andrew. Porque no puedo follarte a ti. Nathan lo miró durante un largo instante, luego dejó caer su brazo. —Ten cuidado, Drew. Por favor. —Te lo prometo. Es sólo para disminuir la presión, es todo. —Me ayuda a no hacer algo estúpido. —Lo siento, Andrew. —Desearía que fuese yo. Andrew apartó la vista. —Lo sé. Sí. Gary rodeó a Nathan con un brazo. —Deja que se vaya, Nate. Estará más contento una vez que se haya divertido un poco. Andrew estaba impaciente. El retraso le ponía de los nervios, aun así tenía que hacer que Nathan lo entendiese. Miró a Nathan fijamente, suplicando su comprensión. Nunca había sentido que necesitase pedir permiso, pero esta vez era distinto. Nunca habían dicho nada en voz alta, sólo miradas y gestos. Nathan asintió con brusquedad, y Andrew le sonrió agradecido. Se abrió paso entre la multitud, sin mirar atrás. Allí en algún lugar había alguien que podía aliviarle de la presión que se estaba formando en su interior.

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Bailó durante horas, a veces solo, a veces agarrado a otro hombre. Andrew quería más, follar más, pero nadie le llamaba la atención. El hombre que había visto en la cola no estaba por ningún lado. ¿Dónde estaba? Andrew estaba tan impaciente que quería salirse de su propia piel. Volviendo del baño, pasó por esquinas oscuras. Gemidos y murmullos invadieron sus oídos, acrecentando el dolor en su interior aún más. Mientras andaba, una mano se cerró sobre sus ojos y otra lo agarró firmemente por el brazo. Andrew entró en pánico mientras era arrastrado, incapaz de ver, hasta que fue empujado contra una pared, aplastando su cara contra la textura rugosa de la pared. Andrew luchó para liberarse. No iba a dejar que lo agrediesen sin pelear. Pero las manos no lo dejaban ir. En vez de eso, el cuerpo del otro lo forzó a acercarse aún más a la pared. Podía oler a sol y sudor mientras el extraño apretaba su cuerpo contra el de Andrew. Andrew no podía ver nada. Un dedo de luz se extendía a través de la puerta, pero estaban demasiado lejos para que sirviese de algo. Respiró profundamente, para tratar de calmarse. —Deja que me vaya. —Trató de gritar, pero las palabras no salieron. Estaba sujeto por unas manos grandes que cubrían las suyas y la sensación de una polla dura oprimida contra su cadera. Cuando dejó de resistirse, las manos se deslizaron por sus brazos y le giraron, aún dentro de un abrazo. —¿Qué estás...? —Un dedo se posó sobre su boca, impidiéndole hacer su pregunta. Una mano le agarró por los hombros, empujándolo con decisión hacia el suelo. Era evidente lo que el hombre quería. Sin embargo no era lo que Andrew necesitaba. Quería que lo follasen tan duro que olvidase hasta en qué día estaba, no dar a alguien una mamada rápida.

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Él tomaba la decisión. ¿Pero el hombre? El hombre olía a sol y sudor. Las manos de Andrew se deslizaron por el cuerpo en frente suyo. No veía una mierda, pero podía sentir la fuerza de los músculos bajo el suave vaquero. Avanzó hasta alcanzar la cima de sus piernas. Deteniéndose un momento, puso las manos sobre el bulto, apretando con suavidad. La mano sobre su pelo tembló. Andrew sonrió y apretó su cara contra él, oliendo el detergente mezclado con excitación. Abrió la boca sobre la erección a través del vaquero, sintiendo la polla moverse bajo sus labios. ¿El tipo quería una mamada? Podía hacerlo, pero a cambio Andrew obtendría lo que quería. Fue a por la hebilla. Las manos del hombre revolotearon sobre las suyas por un momento, como si estuviese indeciso. Parecía un comportamiento extraño después de su agresión. Andrew se detuvo, dejando que las manos se posasen sobre las suyas, y juntas desabrocharon la hebilla. Bajó la cremallera y lo acarició a través de los húmedos boxers. Una mano lo agarró del pelo, tirando con insistencia. Bastardo avasallador. No se lo iba a follar sin un condón. Andrew rebuscó en su bolsillo. Siempre llevaba suministros. Andrew lo liberó de los confines de sus boxers con habilidad y le puso el condón. Jesús, el tipo la tenía grande. Sin más preámbulos se llevó la cabeza a la boca. Podía oír al hombre gemir mientras sus caderas embestían sin control, follándose la boca de Andrew. Andrew agarró al hombre por las caderas, deteniéndolo. ¿El tipo quería que se la chupase? Vale, se la chuparía, pero con sus condiciones. Andrew tiró de los vaqueros y los bóxers, liberando al hombre lo suficiente para poder meter una mano con la que agarrar y acariciar sus pelotas. Lamió el falo, aprendiendo la forma y la textura bajo el látex. Un lento deslizamiento en su boca, llenándolo, golpeando el fondo de su garganta. Quería, Andrew quería más de esto. La inquietud volvió, pero el hombre, el hombre olía a sol y sudor.

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Andrew agarró al hombre por las caderas, sintiéndolo temblar bajo sus dedos. Andrew podía oír ruidos a su alrededor, gemidos apagados de deseo y ánimo pero nada procedente del hombre que tomaba en su boca. La única indicación eran las manos, apretándose y relajándose en el pelo de Andrew mientras Andrew lo chupaba lenta y cuidadosamente hasta la inconsciencia. Exploró la cabeza con lentas succiones mientras su lengua mojaba la parte inferior, luego con profundas embestidas para enloquecerlos. A Andrew le dolía la mandíbula y parecía que le iban a arrancar el pelo de raíz, pero siguió, sus manos deslizándose hasta el trasero del hombre, los firmes músculos se flexionaban bajo sus manos mientras lo acercaba. El hombre estaba a punto de correrse. Andrew cambió a succiones superficiales para llevarlo al límite, después se apartó provocando un sonido obsceno. Escuchó una protesta de sorpresa mientras se levantaba. —¡Fóllame! —ordenó. Luego se giró, sin detenerse a observar la reacción del otro hombre. Andrew desató sus pantalones, se los bajó hasta los muslos, apoyó las manos contra la pared y esperó. El hombre no se había movido. Andrew no estaba seguro de si podría encajar un rechazo en ese momento, pero esperó, aparentemente relajado. Justo cuando Andrew pensaba que había echado todo a perder, el hombre suspiró ruidosamente y se colocó detrás suyo, como al principio, pegándose a Andrew una vez más, sol y sudor invadiendo el olfato de Andrew. —¿Estás seguro? —preguntó en la oreja a Andrew, arrastrando las palabras, su respiración despeinándolo. —Hazlo. Yo, yo ya estoy listo, —admitió Andrew. Los dedos que habían estado acariciando sus caderas se cerraron con fuerza ante la admisión, después Andrew estaba contra la pared y finalmente, finalmente estaba lleno, la impaciencia siendo follada en sumisión mientras el hombre lo empalaba en una única embestida. Ambos estaban demasiado fuera de control para aguantar demasiado. El hombre apretaba con crueldad las caderas de Andrew mientras

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bombardeaba erráticamente en su interior, y Andrew no paraba de retorcerse, animándolo, sin importarle que alguien oyese sus súplicas sin sentido. Podía sentir sus pelotas encogerse, y rodeó su polla, que aún no había tocado, con la mano. El primer toque fue suficiente para hacer que se corriera, chorros escapándose repentinamente entre sus dedos. Apretó la polla que estaba en su culo y eso llevó al otro hombre al filo, sus caderas bombardeando y dando sacudidas en Andrew mientras se corría. Los dos hombres se apoyaron sin fuerzas en la pared, todavía abrazados mientras se recuperaban de sus orgasmos. Andrew sintió como si se hubiese librado del dolor lacerante de su interior, y sonrió mientras sentía los brazos del otro hombre a su alrededor, manteniéndolo contra su pecho, aún respirando con agitación por el esfuerzo y su cara enterrada en el cuello de Andrew. Su sonrisa se desvaneció cuando sintió la calidez de las lágrimas deslizarse por su cuello. Andrew no dijo nada, pero se abrazó a los brazos del hombre que lo estrechaban. Tras un momento pareció calmarse, y Andrew dijo: —Está bien, Nate. De verdad. Al momento estaba solo mientras el hombre se soltaba y lo dejaba en la oscuridad, aún apoyado contra la pared. —Está bien, —se repitió Andrew débilmente.

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Capítulo ocho La furia y el resentimiento le revolvían el estómago mientras Andrew se metía entre la multitud sin mirar atrás. El aburrimiento mientras bebía cerveza tras cerveza, con poco que hacer excepto ver a Gary y Gabe darse el lote o peor, entrever a Andrew abrazado a otros hombres. Volviendo del servicio lo vio solo y sin pensar, por un breve segundo sin pensar en las consecuencias de sus actos. Estaba adormilado. El calor de un verano texano era débil bajo los árboles, pero en la hamaca, Nathan dormitaba tranquilamente con su pequeño hijo acurrucado contra él mientras dormía. Daniel estaba echando los dientes. Sus mejillas de un rojo brillante y sus quejas habían dejado extenuados a sus padres y abuelos. Para darles un descanso después de otra noche en vela, Nathan se lo había llevado a la hamaca. La calidez de la mañana y el suave movimiento adormecieron al salvaje niño, y su padre lo siguió en una inquieta siestecita no mucho después, sus sueño repletos de una sola persona. La sensación de los músculos jugando bajo la piel, las manos aprendiendo en la oscuridad. Una leve aspereza donde debería haber suavidad, fuerza compacta casi pegada a él donde debería haber un flexible y pequeño cuerpo. La sensación de que lo que hacía estaba mal poniéndolo tenso pero anhelante. El shock cuando se le ofrecieron... la sensación. Apretado, resbaladizo... ofrecido pero no sumiso. El olor a especias y alcohol, sudor de bailar, los ruidos de los otros... todo gritaba que eso estaba mal a sus sentidos. Un zumbido en su pierna lo molestó. Nathan trató de apartarlo como a un molesto insecto hasta que se dio cuenta de que era su teléfono en vibración. Lo buscó a tientas, deseando que dejara de sonar antes de que contestara. —¿Sí? —respondió con tranquilidad, cuidando de no molestar a Daniel. —¿Has hablado con él ya? —el tono brusco de Gabe importunó a su somnoliento bienestar.

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—No. —Putos cabrones. —Gabe cortó la conexión. Perplejo, Nathan se quedó colgado, el teléfono aún encajado bajo su oreja. Suspirando al darse cuenta de que Gabe seguía enfadado con él, Nathan acarició el pelo suave y oscuro de su hijo. Daniel resopló con suavidad, arrugando la cara mientras dormía. —Es tan fácil para ti, muchachito. Comer, jugar, dormir. Esa es tu vida. No tienes ni idea, y espero que nunca la tengas. —La voz de Nathan era suave y triste. Ni idea de lo que se siente al darte cuenta de que quieres algo más que tu existencia ordenada. El trabajo, los perros, sus amigos y su hermosa familia justo ahí, eran importantes, pero quería algo más. Puede que lo hubiese tenido, sólo una vez. La oscuridad, el anonimato. Pensó, no, esperó, que Andrew no se hubiera dado cuenta de quién era. Esperó que que hubiese pensado que era un polvo sin nombre, sin rostro. Un poco de excitación para aliviar su hambre. Nathan liberó su ira, su necesidad, su confusión en el polvo y al final, en ese breve instante apoyado en el otro hombre, sacando fuerzas de él, se consoló con la carencia de culpa de Andrew, la falta de conocimiento de lo que habían hecho. Hasta que llegó el nombre susurrado: —Todo va a ir bien, Nate. —¿Estás bien, Nathan? ¡No! —Uh, ¿Dr. Bob? —Nathan levantó la cabeza para ver a su hermano mayor, agitando una cerveza fría ante él. —¿Hay sitio para mí ahí?

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Nathan se apartó, protegiendo a Daniel mientras Bob se subía a la enorme hamaca. Los hermanos la habían construido el verano en que Nathan cumplió los dieciséis años. Había sido lo suficientemente grande para acoger a los tres hermanos. Cuando su hermano se acomodó, Nathan apoyó a Daniel en la parte superior de su pecho y, aceptando una cerveza, se la bebió agradecido. Los hermanos permanecieron en silencio durante unos minutos, el movimiento natural de la hamaca internándolos en un estado de sopor. —¿Qué está pasando, hermanito? La voz de Bob lo sobresaltó, molestando al niño dormido. Nathan calmó a Daniel hasta volverlo a dormir, posponiendo el momento en el que tendría que responder. ¿Pasando? No estaba pasando nada. Tenía una vida perfecta. —¿Qué te hace pensar que algo está pasando? —respondió, tratando de ganar más tiempo. Bob tan sólo levantó una ceja, dándole la mirada de estás de mierda hasta el cuello perfeccionada por los hermanos mayores a través de los tiempos, pero dijo suavemente: —Pareces... distante, casi infeliz. No tu yo molesto habitual. Comprendiendo que no iba a conseguir escaparse de su hermano, Nathan buscó una manera de desviar el tema. Pasándose una mano impaciente por el pelo, dijo: —Sólo estoy cansado, ¿sabes? Daniel y el nuevo trabajo y todo. Simplemente demasiadas cosas. —Su boca se curvó en una sonrisa suave cuando miró a su pequeño hijo, acurrucado en su cadera—. Algunos días no estoy seguro de seguir en este planeta. Levantando los ojos al ver que su hermano lo miraba, una expresión indescifrable en su rostro. Nathan observó como Bob tomaba un largo trago de cerveza, aparentemente dándole vueltas a las palabras de Nathan. —Es verdad que han pasado un montón de cosas este año, —asintió su

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hermano. Nathan dejó escapar un suspiro de alivio—. ¿Estás seguro de que no pasa nada más? —¿Qué quieres decir? —Nathan cubrió un momento de pánico con otro sorbo de cerveza. Bob tiró de la etiqueta de la botella de cerveza, deslizando sus uñas bajo el papel mojado. Parecía muy incómodo, pero Nathan no estaba seguro de lo que quería decir. —Mamá ha mencionado que estabas teniendo problemas con un vecino. Nathan dejó de respirar. —Un poco, hace un tiempo, —afirmó con cautela—. Ya está olvidado. Hemos sido amigos durante meses. —Huh, Alex dijo algo acerca de un viaje de acampada infernal —Bob aún estaba tirando de la etiqueta, negándose a mirar a Nathan. —Sí, fui con Andrew, su hijo y un amigo para un fin de semana en el Parque. Estuvo bien. Aparte del incidente del árbol... y el arroyo... y el fuego. Bob sonrió y quiso saber más. Nathan dejó escapar un suspiro de alivio cuando comenzó a hablar a Bob sobre las travesuras de Bobby en el campamento, esperando haber desviado la atención de su hermano de sí mismo. Se había agotado el tema del campamento y pasó al último partido cuando Bob dijo de pronto: —Cuando estuve con vosotros antes de Navidad, lo vi. —¿Viste a quién? —le preguntó Nathan. No, no había funcionado. —Andrew. No estabais hablando, pero te estaba mirando desde lejos. —la voz de Bob había vuelto al tono serio de antes.

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Nathan frunció el ceño. No estaba seguro de adonde quería ir a parar Bob. —Me quería matar en ese momento, apuesto lo que sea. Estaba siendo un completo imbécil con él. Bob, ¿de qué va realmente esto? —Te estaba mirando como si fueras el sol, la luna y las estrellas, envuelto para un regalo de Navidad. —Bob se movió incómodo en la hamaca por un momento antes de volver a mirar a Nathan. Nathan abrió la boca para burlarse, pero al ver la cara de su hermano se detuvo antes de que las palabras fueran pronunciadas. —Debes estar equivocado, —murmuró Nathan. —¿Lo estoy? —preguntó Bob—. Mira, Nate, no quiero molestarte y no hubiera dicho nada, pero... —y aquí Bob añadido el factor decisivo— mamá me preguntó si pasaba algo. Ha estado preocupada desde que lo conoció en Año Nuevo. Dice que algo se siente mal. Nathan lo miró con incredulidad. —¿Qué? ¿Qué coño creéis tú y mamá que está pasando? Es un vecino y un amigo, ¡eso es todo! —Su voz se alzó con su ira, inquietando a Daniel, que frunció el ceño y gimió en su sueño. Nathan respiró hondo y le acarició el pelo a Daniel, tratando de calmarlo y calmarse a sí mismo—. Mira, ninguno estaba contento con la pelea, y no hay sol, ni luna, o lo que sea. Jesús, Bob, ¿quién crees que soy? Sí, Nate, sigue diciéndote eso a ti mismo. Ni siquiera se lo puedes ocultar a tu madre y tu hermano mayor. Dios sabe lo que diría si se enterara de lo que su niño ha estado haciendo. Su niño acechando a su amigo, empujándolo a un cuarto oscuro y obligándolo... no, no obligándolo. Hubo un momento en el que pudo sentir a Andrew entrar en pánico, y de repente pareció relajarse en sus manos, y Andrew tomó el control... ofreciéndole... mierda... ofreciéndose a sí mismo.

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Miró a su hermano, sin verlo en realidad, todavía perdido en la oscuridad, perdido en la sensación de lujuria e ira. El enfado con Andrew por llamarlo por su nombre, por la pérdida de la capa reconfortante del anonimato, por hacer a Nathan enfrentar su adulterio. —Ey, cariño, ¿estás conmigo? Había abierto los ojos para encontrarse con el rostro preocupado de Alex mirándolo, esta misma mañana. Preocupada pero con un toque de fastidio. Moviendo la cabeza al darse cuenta de que estaba divagando mientras hacia el amor. Pidiendo perdón, la culpa en su interior haciéndole prestar especial atención a sus necesidades hasta que estaba casi llorando cuando se corrió. Su gratitud le carcomió aún más, ya que no podía conseguir alejar de su mente el recuerdo de otro cuerpo reaccionando bajo el suyo. —Ey, ¿Nathan? ¿Estás aún conmigo? —Bob frunció el ceño, pero sus ojos reflejaban su preocupación. Nathan tragó saliva y asintió con la cabeza. —Sí, lo siento. Estoy bien. —Tomó un largo trago de cerveza, tratando de ordenar sus pensamientos. —Tonterías. —Dijo su hermano sin rodeos—. No estás bien. No soy estúpido, Nathan, y tampoco lo es mamá. Si no actúas de manera más convincente, nunca te creerá. —No es... —¿Te lo estás follando? Nathan lo miró con la boca abierta. Bob le devolvió la mirada. —Yo, yo... —Bueno, ¿lo estás haciendo?

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Nathan se mordió las uñas y asintió. Bob exhaló ruidosamente. —Por Dios, hermanito, te has metido en un buen lío. ¿Alex lo sabe? —No, por supuesto que no. No es nada. —Miró a Bob suplicante—. No esperaba que sucediese. Quizás la primera ves se podría disculpar, Nathan Peterson, ¿pero qué hay de la siguiente?¿Eso no fue por rabia, verdad? El redoble de tambor acusador empezó a golpetear en su cabeza aún más fuerte cuando su hermano resopló y dijo: —¿Nada? ¿Estás seguro? ¿Qué pasó? Empieza desde el principio. —Rebuscó debajo de la hamaca y sacó un par de cervezas de donde habían estado manteniéndose frescas—. Creo que vamos a necesitar éstas. Nathan aceptó la suya y tomó un trago mientras se preguntaba por dónde empezar. ¿El viaje de acampada, Año Nuevo, la primera vez en el club, o la primera vez que se conocieron, y la sensación de Andrew mientras Nathan lo abrazaba? Se distrajo por las palmaditas de Bob en su pierna. —Está bien, puedes hablar conmigo. Todo va a estar bien, Nathan. No me molesta… me refiero a la idea de ti y Andrew. —¿En serio? —Nathan levantó una ceja mientras miraba a su hermano. Bob no era conocido por sus ideas liberales mientras crecían. Bob sacudió la cabeza. —Siendo médico, uno ve un montón de cosas. Los viejos prejuicios y toda esa basura que sueltas de niño, no parecen importar ahora. He hecho nuevos amigos también, amigos gay. Así que no importa lo que me digas, Nathan. Estoy preocupado por ti, ¿vale? Un nudo se formó en la garganta de Nathan, y tuvo que tragar saliva

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un par de veces antes de poder hablar. Nunca había sido tan cercano a su hermano, siempre sintió que Bob lo trataba como a una pequeña plaga irritante, ¿pero ahora? Ahora quería descansar su cabeza sobre el hombro de Bob y llorar sin parar. Tomó un hilo suelto del chaleco de Daniel cuando empezó a hablar. —Fuimos a un club hace unas semanas. No pasó nada antes de eso, lo juro, a excepción de que los dos sabíamos que queríamos hacerlo. — Nathan hablaba entrecortadamente. —¿Y qué pasó? ¿Se te insinuó? —preguntó Bob con suavidad. —Más bien al revés. —Ante la mirada sorprendida de su hermano, Nathan dijo: —Lo sé, no podía soportarlo más, toda la tensión y las miradas. Nunca he hecho nada como esto antes. —¿Así que sólo pasó una vez en el club? —Bob parecía que podía lidiar con eso. Tomó todo lo que había en Nathan admitir, avergonzado: —No. —¿Habéis seguido desde entonces? —Bob sonaba como si estuviera tratando de ser comprensivo. Nathan sacudió la cabeza. —No exactamente. No iba a ser así. Iba a ser un polvo anónimo en el club. Él no tenía que saber que era yo. Ante la mirada perpleja de Bob dijo: —Lo arrastré a un cuarto oscuro antes de que me viera. —Tú, él, yo... creo que no voy a preguntar, —tartamudeó Bob—. Así que... ¿él sabía que eras tú? —Sí. —¿Y qué pasó? —preguntó Bob una vez más.

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¿Qué pasó? Lo que pasó fue una estupidez, pero Nathan no podía sacárselo de la cabeza. Era lo primero en lo que pensaba cuando se despertaba y lo último en que pensaba antes de irse a la cama. —¿Estás seguro de que quieres oír esto? —Nathan no estaba seguro de que fuese una buena idea soltarle todo a su hermano. No era como si hubiesen compartido antes sus problemas. Bob miró seriamente a Nathan. —¿Si quiero oírlo? No. Pero tú necesitas decírselo a alguien antes de que te devore por dentro, y yo sería un hermano de mierda si no te ofreciera un hombro. Vamos, no voy a preguntarlo de nuevo. Nathan suspiró y se recostó en la hamaca. Daniel se volvió de tal manera que quedó extendido sobre el regazo de Nathan, gimoteando levemente mientras se chupaba la mano. —Huí cuando dijo mi nombre. —Decirlo en voz alta lo hacía sentir aún más cobarde. Bob tiró de la etiqueta de la botella de cerveza una vez más. —Andrew dijo tu nombre cuando tú, eh… Nathan se ruborizó. —No, fue después. Me dijo que todo iba a estar bien, y salí corriendo. —Entonces, ¿qué pasó? —Bob era sin duda persistente. Nathan ordenó los acontecimientos en su mente. —Me encontré a Gary y Gabe y les dije que iba a volver al motel. Luego me fui del club. Bob parecía confundido.

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—¿Por qué estabais en un motel? —Fin de semana de chicos. Andrew estaba, eh, inquieto. Gary pensó que una noche un nuevo club le vendría bien. Darle la oportunidad de jugar un poco. Así que nos fuimos a Waterstown. Tenía un enorme club ga... —Nathan no estaba muy seguro de cuánto revelar. —¿Club gay? —preguntó Bob—. ¿Andrew es gay? Pero está casado con esa adorable morena, um, ¿Stephanie? Nathan miró a Bob con atención. No importaba lo que hubiera dicho antes, Nathan no estaba seguro de que su hermano fuese tan abierto como había dicho. —Sí, es gay. Su madre le obligó a él y a Stephanie a contraer matrimonio cuando ella se quedó embarazada. Sólo tenían dieciséis años. Estaba tratando de ser un buen chico cristiano hetero. Bob hizo un gesto de simpatía. —Eso es duro. Un error y tienes que cargar con una esposa y un hijo. —No parecía juzgar a Andrew, y Nathan respiró con más facilidad. —Andrew es un gran padre, pero a veces necesita soltarse un poco. —¿Y va a un club? —Bob parecía más feliz al comprenderlo. —Sí. Él y Gary, ellos jueguetean, pero son más amigos que otra cosa. A mí particularmente no me gusta ir a los clubes, pero Gabe quería encontrarse con Gary de nuevo, —continuó Nathan. Bob se atragantó con un trago de cerveza, escupiéndolo y llenándose de cerveza. —¿Gabe? —jadeó débilmente—. ¿Gabe, jódeme los ojos con esas bazookas, Michaels? ¿Está jugando para el otro equipo ahora? —Bob se removió durante un minuto, tratando de encontrar un pañuelo para limpiarse la nariz.

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Encogiéndose de hombros levemente, Nathan sonrió ampliamente. —¿Qué puedo decir? Es un shock para los dos. —No lo dudo, —murmuró Bob. —De todas formas, me fui del club, pero yo compartía habitación con Andrew, porque los otros chicos querían estar juntos. Así que tendría que hacerle frente tarde o temprano. —Nathan acarició la espalda de Daniel con su mano, en busca de consuelo. —Oh, mierda. Nathan se pasó una mano por el pelo. —No sabía que hacer o decir, y cuando él apareció, hice lo peor que podía hacer. —¿Darle un puñetazo? —Besarle. Bob frunció el ceño. —Acababas de tener relaciones sexuales con el tipo. ¿Cuál era el problema por besarlo? —No fue... no fue un beso agradable. —Por Dios, ¿podría sonar más como un niño? Por la ceja que Bob había alzado, estaba claro que él pensaba lo mismo. —¿Qué tipo de beso que era, exactamente? —Lo empujé contra la pared al entrar por la puerta y lo besé.

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En todo caso, las cejas de Bob estaban en peligro de desaparecer bajo el flequillo. —¿Supongo que Andrew estaba un poco harto de que lo empujasen? —Supongo, —coincidió Nathan— porque se deshizo de mí a empujones. A mí se me fue un poco la cabeza, me fui cabreado al cuarto de baño, y cerré la puerta. —¡Ay! ¿Cómo se tomó tu berrinche? —Fue algo más que un berrinche, —insistió Nathan. Bob le dirigió la mirada de hermano mayor. —Sí, claro. Así que te comportaste como un idiota. Y después, ¿qué? —Me senté en el retrete y esperé. No pasó nada. —¿No tocó en la puerta o te llamó? —Nop. De hecho, al final abrí la puerta y me encontré con que Andrew se había ido a dormir. Bob miró a su hermano con la boca abierta. —¿Quieres decir qué...? Nathan asintió. —Estaba desnudo, bajo las sábanas, y dormido. —¡Por Dios! Necesito más cerveza, mucho más cerveza. No te muevas. —Bob se bajó de la hamaca y se alejó hacia la casa. —Y una botella de leche para Daniel. Creo que se va a despertar pronto. —Le gritó Nathan. —¿De qué murió tu último esclavo? —se quejó Bob.

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—Sabes qué, me voy a levantar y molestaré a Daniel, y entonces tú puedes encargarte de él. —Nathan hizo ademán de levantarse. —No, no, —se apresuró a decir Bob—. No osaría molestarlo después de la noche de insomnio que obviamente ha tenido. Nathan se mostró magnánimo al no sonreír mucho mientras lo veía irse. Se echó hacia atrás y cerró los ojos, no adormilado como antes. En su lugar, los acontecimientos de esa noche estaban desarrollándose como una vieja película ante sus ojos. Bob tenía razón. Necesitaba hablar con alguien sobre eso. Alguien que no fuera Gabe o Gary o, Dios no lo quiera, Andrew. Si iba a tomar alguna decisión sobre su vida, necesitaba el apoyo de su familia. El tintineo de las botellas alertó a Nathan de la vuelta de su hermano y le impedió a él y a Daniel de caerse de la hamaca. El movimiento oscilante despertó a su pequeño hijo, que comenzó a llorar, y pasaron unos minutos antes de que la leche caliente le tranquilizara lo suficiente para que los dos hombres pudieran reanudar su conversación. Bob esperó hasta que Daniel se acomodó para decir: —¿Así que Andrew estaba roncando y tú estabas...? —Lívido. —No me extraña. Entonces, ¿qué hiciste? —¿Qué podía hacer, despertarlo? —preguntó Nathan—. Me desvestí y me fui a la cama, tratando de calmarme lo suficiente para dormir. —¿Y lo conseguiste? —No. Estaba muy enfadado. —Nathan sonrió con tristeza a su hermano. Cuando era niño su temperamento había sido legendario, y su hermano había estado en el extremo receptor muchas veces. Bob le lanzó una mirada burlona.

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—Hasta el momento no estoy oyendo mucho más aparte de un poco de sobeo en un club. ¿Un poco de sobeo? ¿Así es como clasificaba su hermano a una mamada y un polvo? Nathan se preguntó si él era el raro, si se lo estaba tomando demasiado en serio. Tal vez así fuera. —No estaba dormido. —¿Oh? —Fue increíble la entonación que su hermano logró dar a una sola palabra. Nathan sacudió la cabeza. ¿Cómo podía describir el estar ahí, tendido en la oscuridad, los puños apretados, con ganas de ir y gritar a Andrew, despertarlo y... ¿Y qué, rogarle por algo de atención? ¿Cómo podía describir cómo fue el silencio que le hizo darse cuenta que Andrew estaba fingiendo dormir? No hubo ronquidos, nada de respiración más profunda, sólo el silencio, una espera expectante, silenciosa. Se había incorporado, sabiendo lo que iba a hacer. ¿Lo más sensato, darse la vuelta e irse a dormir? No. Se levantó de la cama y, buscando a tientas su camino hasta la otra cama con cuidado, fue y se sentó, asegurándose de no hacerlo sobre Andrew. No por un movimiento o un ruido dio Andrew alguna indicación de que estaba despierto. Nathan había dudado por un minuto, y luego puso la mano en el hombro de Andrew, diciendo: —¿Drew? Andrew había hecho un ruidito, casi un suspiro, casi un sollozo, y luego alzó un brazo y tiró de él para besarlo. —De vuelta a los besos, —comentó su hermano—. ¿Fue este un beso agradable? ¿Un beso agradable? ¡Este fue un beso a lo Westley y Buttercup, Shrek y Fiona, Brad y Angelina todo enrollado y aumentado un billón de veces!

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—¿Huh? Consternado, Nathan miró a su hermano. —Sí, hermano mío. Lo has dicho en voz alta, —dijo Bob, ni siquiera intentando ocultar su sonrisa—. ¿Así que fue un beso bueno? —¿No acabo de decirlo? —murmuró Nathan. Daniel se terminó la última gota de leche del biberón, y después de las últimas succiones esperanzadas, soltó la tetina y miró a Nathan soñoliento. Sus mejillas todavía se veían enrojecidas e hinchadas. —¿Todavía estás cansado, hombrecito? —murmuró Nathan, y lo colocó en su hombro, dándole palmaditas en la espalda con dulzura. Daniel eructó con pereza y, después de lloriquear durante unos minutos, se acomodó para dormir. —Todavía se ve un poco febril, —observó Bob. —¿Es esa su opinión de profesional, Dr. Peterson? Bob se echó a reír. —Esa es la opinión del tío espero-conseguir-algo-de-sueño-estanoche. Así que lo besaste y estallaron fuegos artificiales. Y después, ¿qué? Nathan acarició la espalda de Daniel. El bebé estaba caliente y pegajoso por el calor del verano, y Nathan se preguntó si debería llevar a Daniel dentro para darle un baño refrescante. Cualquier cosa para evitar responder a la maldita pregunta. —¿Nathan? —le animó su hermano. —Luego me hizo el amor. Y eso es lo que lo hizo tan maldita y aterradoramente real. Andrew no se lo folló o se la clavó en el colchón. Le hizo el amor a Nathan. Si hubiera

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sido un caso de otra mamada o un polvo rápido, hubiera sido increíble, pero más fácil de desechar como cosa de una sola vez. Pero desde el principio, Andrew dejó en claro que quería algo más que sexo. Nathan se encontró sobre su espalda. Andrew tiró de la sábana y la pasó sobre sus cabezas, lo que los encerró en su propio mundo privado. Nathan se asustó por la intimidad de esta acción. Por una fracción de segundo las ganas de huir fueron casi abrumadoras, y luego Andrew llevó las manos a la cara de Nathan y le besó de nuevo, el deseo de huir derritiéndose bajo sus labios. Nathan no quería decirle a Bob cómo Andrew podía entregarse, cómo alivió los temores de Nathan. No quería decirle lo que era ser reducido a dos palabras, susurrando por favor y más mientras Andrew se pasaba horas besándole, lamiéndole, y tocándole el cuello y el pecho antes de que pasase algo más. No quería que Bob supiera qué se sentía al tener los dedos de Andrew enroscados en torno a él, qué correcto se sentía que lo sostuviesen así. Y sobre todo no quería hablar con Bob sobre cómo se sentía al ser penetrado por primera vez, primero por los dedos de Andrew, después, con Andrew susurrando suaves palabras de aliento en su oreja, por su polla, la sensación de demasiado pasando a más, ahora. ¿Cómo podía decirle a Bob que nunca se había sentido así, cuando él y Alex hacían el amor? Que su bella esposa, a quien adoraba, nunca le había llegado a su corazón de esa manera. Levantó la vista para ver a Bob mirándolo, una extraña expresión en su rostro. Era casi como si estuviera celoso. —Estás muy callado, —comentó Nathan. Bob suspiró, agitando distraídamente la parte superior de la botella de cerveza vacía. —Hay mucho que considerar, —admitió. —Lo sé, —asintió Nathan—. Yo... lo siento si piensas que la cagué, Bob.

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Bob miró seriamente a su hermano. —Creo que has complicado tu vida, y tienes que pensar bastante sobre lo que quieres realmente. Por Dios, eres un padre maravilloso, un profesor fantástico, y has sido un gran esposo. Sólo estás muy confundido en este momento. —He sido un gran esposo. No ahora, sin embargo. He cometido adulterio. —Y Dios, su estómago se sentía tan condenadamente mal cada vez que pensaba en ello. —Te has enamorado, —señaló Bob. Se incorporó, haciendo que la hamaca se moviese violentamente—. No va a ser fácil, sea cual sea la decisión que tomes. Nathan sacudió la cabeza. —No hay nada que decidir. Tengo una esposa y un hijo a los que cuidar. Bob le dirigió una mirada muy seria. —¿Así que quieres convertirte en otro Andrew? ¿Atrapado en una relación en la que no quieres estar porque no eres lo suficientemente valiente para coger lo que quieres? Nathan no podía creer lo que su hermano estaba diciendo. —Tengo un hijo que me necesita. Perdería mi trabajo si esto saliese a la luz, si dejase a Alex por Andrew. —Probablemente, —coincidió Bob—. Pero hay otros puestos de trabajo docente, y tú eres un hombre decente. No abandonarías a Alex y Daniel. —Es demasiado pronto, demasiado, para tomar esta decisión. —Los golpeteos en la cabeza de Nathan se pusieron en marcha de nuevo.

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—Habla con Andrew. Por lo menos ten esa conversación, —insistió Bob, mientras se bajaba sin gracia de la hamaca. —¿Cómo sabes...? Bob soltó un bufido. —Porque soy tu hermano, estúpido. Y no me he pasado la última hora escuchándote hablar sobre él sin darme cuenta de que es probable que no hayas hablado con él desde esa noche. ¿Estoy en lo cierto? —Sí, tienes razón. Es sólo que parecía un poco difícil tener una conversación en la fría luz del día. —Incluso si te despertaste con la cabeza en su pecho y tu mano alrededor de su polla. —Es hora de crecer un poco, hermanito. Ahora me voy a dormir un poco, para prepararme para las actividades de mi sobrino esta noche. — Bob se inclinó y besó a Daniel en la coronilla. —Bob, —dijo Nathan, su voz ronca de repente—.Gracias. Bob le revolvió el pelo, un gesto que había hecho desde que Nathan era un niño pequeño. —No te preocupes. —Desapareció en el interior de la casa. Solo una vez más, a excepción de la pequeña forma adormecida que era su hijo, Nathan se mordió los labios al pensar en su próximo movimiento. Marcó un número en su teléfono y esperó pacientemente. —¿Andrew?

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Capítulo Nueve Andrew comenzó el día de hombre casado, con la certeza de que nada pasaba en su pequeño mundo, aparte de la pequeña cuestión de un hombre que ahora ocupaba cada momento de vigilia. Andrew terminó el día como hombre honesto, por primera vez en su vida adulta, aunque no sabía qué demonios había sucedido. Andrew se retiró de su cuarto oscuro de revelado, con los brazos llenos del equipo que quería organizar. —¿Necesitas que te eche una mano? Saltando a la voz inesperada, miró por encima del hombro. Stephanie estaba dejando su bolso y se dirigía hacia él con los brazos extendidos. —Gracias —coincidió Andrew. Tomó lo que podría abarcar en sus manos, colocándolo sobre la mesa detrás de ella. Andrew hizo lo mismo con el resto de los elementos, luego dio un paso atrás para mirar a su esposa. —Uh, no es que sea ingrato, pero ¿por qué estás aquí? —preguntó. Stephanie limpió una tosca mancha en la parte superior del mostrador. —Necesito hablar contigo sin la audiencia de Colin. Es más difícil ahora que tiene vacaciones. Se ha ido por ahí a casa de Bobby durante unas horas. Andrew levantó una ceja, pero se limitó a decir: —¿Quieres un café? Ella asintió, mostrando su expresión de alivio al aplazar la conversación durante unos minutos más. Él la miraba discretamente, mientras hacía una taza de café. Stephanie estaba preocupada por algo.

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Mascaba su cabello mientras esperaba a que él regresara. No la había visto hacer eso desde que se armó de valor para hablarle sobre Joe. Oh, Dios... Unos minutos más tarde, empujaba una gran taza de café frente a Stephanie, con una sensación de hundimiento en la boca del estómago. Esperó hasta que hubiera bebido un poco, luego puso una mano sobre la suya. —¿Me lo vas a contar ahora, Steph? Vamos, no te morderé. Ella lo miró, luego soltó sin pensar, —Joe y yo queremos casarnos. Tragó duro, y luego le dio una débil sonrisa. —Ya era hora, cariño. —¿No te importa? —preguntó Stephanie en voz baja—. ¿Tu mamá, Colin...? Andrew apretó su mano. —¿No crees que ya es hora de que nos enfrentemos a mi madre? Ella ha controlado nuestras vidas durante mucho tiempo. Y nuestro hijo es fuerte. Se las arreglará. Stephanie sollozó de manera temblorosa. —¿Y tú, Andrew? ¿Te enfrentarás? —Tengo que hacerlo, ¿no? Aún tengo que mantener a mi hijo. ¿Quiere Joe hacerse cargo de la hipoteca? —Andrew trató de sonreír, pero sabía que parecería forzado. Ella asintió con la cabeza. —Está feliz, pero no tienes que apresurarte a salir corriendo. El sótano es tuyo, hasta que organicemos todo. —Creo que iré a vivir con Gary, al igual que él ha estado conmigo durante años. En cuanto a Colin, es más mayor ahora. No me necesita tanto. —Andrew se mordió el labio para que dejara de temblar. Stephanie no se dejó engañar, y ella le acarició la mejilla suavemente. Su relación había sido muy cercana, aunque poco convencional, a lo largo de los años, y herir a su marido era la última cosa

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que quería hacer. —Él siempre te necesitará; tú lo criaste, ¿recuerdas? No te estamos desplazando. No dejaré que suceda. Será bueno para ti tener algo de tiempo sólo para ti, sin embargo. Necesitas alejarte un poco. Andrew miró con cautela. —¿Por qué necesito alejarme? Con su mano cayendo a la mesa, Stephanie dijo: —Nunca te he juzgado o criticado tus elecciones. Siempre has sido discreto, te has mantenido alejado de casa, pero esto que estás haciendo ahora... es peligroso y alguien va a salir lastimado. —Ella lo miró a los ojos—. No es que estés jugando con fuego. No en tu propia puerta de casa. Impresionado hasta la médula, Andrew le preguntó: —¿Cómo lo sabes? —No se había dado cuenta de que Stephanie había sabido acerca de sus sentimientos por Nathan. Ella le dio una triste sonrisa. —¿Has visto la forma en que le miras? Está escrito en toda tu cara, y eso no es mucho mejor. Incluso Jim me preguntó si estábamos bien después de la víspera de la fiesta de Año Nuevo. Eso sí, Allison probablemente le incitó a ello. —Sentía dolor. Lo llevé a casa —Andrew se puso lívido; ¡la vieja bruja entrometida! —¿Qué se supone que debía hacer? ¿Dejarle en la agonía? —Hey, soy yo con quien estás hablando. Yo sé que estabas haciendo lo correcto, entonces. —Hizo una pausa—. ¿Y ahora? Es un poco más que eso ahora, ¿no? Andrew, la gente está empezando a hablar, y eso está perjudicando a Alex. Nathan ha estado muy desagradable desde que volviste del fin de semana fuera. Distante, irritable. —¿Ella dijo eso? —preguntó con voz ronca Andrew. Stephanie asintió con la cabeza. —No sé lo que pasó, cariño, y no quiero saberlo, pero ve donde Gary durante un par de semanas. Disfruta de la vida un poco. Olvídate de Nathan. Andrew se encogió de hombros. —Si te pidiera que olvidaras a Joe, ¿podrías hacer eso?

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—¿Yo? Probablemente. Dolería, pero podría hacerlo. —Stephanie no podía mirarlo a los ojos sin embargo. —No estoy seguro de que pueda olvidarme de él, Steph. Lo amo — admitió Andrew, diciéndolo en voz alta por primera vez. Ella le apretó la mano otra vez. —Cariño, ya sé que lo haces, y Dios sabe que si hay alguien que se merece el amor eres tú, pero es un esposo y padre de un bebé. Está fuera de los límites. Vete y consigue un poco de espacio para respirar, para todos vosotros. ¿Por favor? Andrew asintió lentamente. El trabajo era tranquilo y no sería difícil de conseguir cobertura para el trabajo en el hospital durante unas pocas semanas. La enormidad de lo que Stephanie le acababa de decir se estrelló sobre él como un maremoto. No tenía ni idea que había sido tan obvio. Stephanie estaba observándole muy de cerca. —Sabes, es la primera vez en diez años que te he visto demostrar tanta emoción. Ya es hora de que empieces a vivir de nuevo. Se puso de pie y siguió su ejemplo. —¿Será mejor ir y decirle a nuestro hijo? Andrew tragó saliva; no le entusiasmaba esa conversación en absoluto. —Hey, Mamá. —Andrew agarraba el teléfono tan fuerte que tenía los nudillos blancos. —¿Andrew? ¿Eres tú? ¿Por qué tu voz suena tan áspera? ¿Qué te pasa? —las preguntas preocupadas de su madre bombardearon su dolorida cabeza. ¿Áspera? Tal vez sea porque le dije a mi hijo que no me volvería a ver durante semanas. Tal vez porque le dije a mi hijo, al cual crié, que alguien más va a llenar su tiempo con su papá. Tal vez sea porque mi hijo y yo hemos estado llorando a lágrima viva durante las dos últimas horas.

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¿Qué pasa? Huh, ¿por dónde empiezo? Soy gay... todavía. He jodido a uno de los vecinos... otra vez. Por lo menos éste no quedará embarazado. Sólo está el pequeño problema de que está casado y es papá. Ah, y me estoy divorciando porque mi mujer está enamorada de otro hombre. —¿Andrew, estás todavía ahí? —Mamá, tengo algo que decirte. —Ya sabía que algo andaba mal. ¿Qué pasa, hijo? ¿Necesitas que tome un vuelo hasta allí? Puedo conseguir un vuelo hoy. —Parecía como si estuviera alcanzando ya su maleta. ¡Dios, no! —Mamá, por favor, necesito que pares un minuto —susurró. El apoyo de Andrew sobre su control era frágil, y su madre no estaba ayudando. Hubo un ofendido silencio en el otro extremo de la línea. —Stephanie y yo vamos a divorciarnos. —Sabía que se mostraba el cansancio en su voz. El silencio se prolongó durante más de un minuto. —¿Mamá? ¿Me has oído? —Andrew Timothy Matthews... —La voz de su madre era aguda ahora. Uh-oh. —...Por favor, dime que lo que acabas de contarme es una especie de broma de mal gusto. No os vais a divorciar. Nunca. No lo permitiré. Andrew cerró los ojos mientras escuchaba la perorata de su madre. Se sentían irritados y arenosos, realmente deseaba haber tenido el sentido

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común de quitarse sus lentes de contacto antes de llamar por teléfono a su madre. Le sorprendió que no hubieran sido arrastradas con todo el llanto que acababa de tener. —¿Andrew? Habla conmigo, muchacho. Andrew hizo una mueca. —Estoy aquí. —Voy a tomar un vuelo hoy. Dile a Stephanie que prepare una habitación. Veré si el Pastor Jim está libre. Necesitará una habitación también. —¡No, mamá, definitivamente no! No tomes un vuelo. No estaré aquí. Voy a ir a casa de Gary durante un tiempo. Además, no hay nada que el pastor pueda hacer para que cambiemos de idea. Es algo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo. —No digas cosas como esas. ¿Qué pensarán los vecinos? Estás casado a los ojos de Dios. El divorcio es un pecado, y tienes a Colin. ¿Qué pasa con él? —Me di cuenta de que estás más preocupada por lo que los vecinos piensen que por tu nieto —Andrew señaló secamente. —No te hagas el listo conmigo, Andrew Matthews, ¡no lo toleraré! —Espetó Ruth. Andrew suspiró. —Lo siento, mamá. Pero, honestamente, no hay nada que puedas hacer por arrastrar al Pastor Jim hasta aquí. Stephanie... Stephanie ha conocido a otro hombre, y quiere casarse. Me alegro por ella. Es hora de que se establezca con él. Joe es un buen hombre y él la hará feliz. —Tu eres su marido. —Es sólo de nombre. Ya lo sabes. —¡Andrew! —el tono conmocionado de su madre hizo eco claramente en el sótano.

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—Soy gay, ¿recuerdas? —Apenas podría olvidarlo —replicó ella—. Pero seguro que tienes más tonterías que esa ahora. Andrew contó hasta diez y luego añadió un extra de diez para no quedarse corto. —No es algo que se deje de ser, mamá. —Pensé que sacamos esas tonterías de ti cuando tenías quince años. —Tú y el pastor hicisteis lo posible —dijo Andrew sombrío—. Todavía tengo las cicatrices para probarlo. —Obviamente, no lo suficiente si todavía estás soltando esa abominación. Andrew se frotó las yemas de los dedos sobre las cicatrices en su culo. Incluso a través de la tela de sus pantalones podía sentir las largas líneas, interrumpidas por las marcas de la hebilla. —No puedes apagar a golpes la homosexualidad de alguien. Yo hubiera pensado que tu y el buen pastor habríais aprendido eso a estas alturas. —Pero llevas casado diez años. Dejaste a Stephanie embarazada. —Y lo hemos estado pagando desde entonces, al permanecer en un falso matrimonio que ninguno de nosotros quería. Sólo me la follaba para quitarte de encima mio. ¡Sólo no fui lo suficientemente inteligente como para usar un condón! —gritó Andrew, frustrado más allá de lo soportable por el fanatismo de su madre y los diez largos años que había soportado viviendo una mentira. —¿Cómo puedes decirme estas cosas a mí? —Ruth se atragantó. Andrew sabía lo que venía después y en silencio, articuló las palabras con ella—. Yo soy tu madre. Te amamanté cuando eras un bebé, te limpié la rodilla cuando te caíste... —Y me golpeaste con un cinturón, con hebilla y todo, cuando me atrapaste besando a Nick bajo las gradas.

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—Fue por tu propio bien —se quejó ella. —Sí, fue tan bueno que he pasado una década fingiendo ser algo que no soy, y condené a Stephanie de la misma manera. —Exhaló Andrew ruidosamente—. Mira, ha sido un infierno de día y... espera, mamá. —Paró de hablar cuando escuchó a Colin gritar fuera en su puerta. Ignorando el graznido irritado de su madre, fue a ver de qué se trataba la conmoción. Andrew encontró a su hijo, literalmente, protegiendo su puerta principal, aunque no podía ver de qué hasta que Colin se movió a un lado y vio a Nathan de pie en el camino pareciendo anonadado. —¡Es todo por tu culpa! —Colin estaba gritando a su antiguo maestro —. Eran felices antes de que aparecieras, y ahora... —Tomó aliento que se transformó en un sollozo— ahora se están separando y es por tu culpa. ¡Aléjate de mí! —gritó cuando Nathan hizo un movimiento hacia él. Andrew colgó el teléfono a su madre sin decir adiós y salió a la luz del sol para tratar y evitar una mayor confrontación. —Colin, ¿qué pasa? ¿Por qué gritas a Nathan? Puso una mano sobre el hombro de Colin. Su hijo lo miró con la cara desagradable e hinchada debido a horas de llanto. —Yo te vi... y ahora dejas a mamá... te vas a casa de Gary... te vi encima de él cuando regresé al árbol... estabas feliz antes de que él viniera y te hiciera llorar... todo por su culpa... le besaste y ahora no me quieres ya más. Nathan parecía horrorizado. —Colin, yo... —Se detuvo cuando Andrew sacudió la cabeza brevemente. Andrew se arrodilló sobre el caliente pavimento y se volvió a Colin para alejarle de enfrentarse a Nathan. La boca de Colin se estrechó con rebeldía como si estuviera esperando una reprimenda de su padre por gritar a su profesor, pero no pudo detener las lágrimas rodando por su rostro, frescos rastros de lágrimas en la tierra. Los ojos de Colin se dejaron caer al suelo.

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—Mírame, Colin —dijo Andrew con calma, esperando hasta que Colin hubiera arrastrado su mirada hacia su padre antes de continuar. En su visión periférica podía ver a Stephanie venir corriendo por un lado de la casa, obviamente, alertada por los gritos, pero la ignoró, ignoró a Nathan, y sólo se centró en la figura angustiada de su hijo. —Colin —Andrew continuó en el mismo tono de calma—. ¿Realmente crees que me marcho por su causa? El sonido de Colin sollozando arrancó el corazón de Andrew. A pesar de sus valientes palabras a su madre, su hijo era una de las pocas cosas buenas que había obtenido de su falso matrimonio, y la angustia de Colin era demasiado para soportar. —¿Lo crees? —preguntó de nuevo. Colin negó con la cabeza. —Pero él te hizo llorar y te besó y ahora te vas. —Mamá y yo te explicamos por qué me voy. No tiene nada que ver con Nathan. Es sólo por un par de semanas para un descanso. Voy a volver, Colin. Te lo prometo. —Andrew sabía que lo decía en serio. Tenía que hacer un corte limpio de ello, por ahora, conseguir que todo se enderezara en su cabeza. —¿Vas a volver? —Colin estaba mirándole, sus grandes ojos azules fijos en Andrew. —Por supuesto que sí, Colin. —Stephanie se arrodilló al lado de Andrew—. Es tu papá y te ama. La cara de Colin se desplomó de nuevo, pero esta vez de alivio. Sus padres lo acogieron en sus brazos, y durante unos minutos se acurrucaron en la puerta de entrada, la pequeña familia tratando de darse consuelo mutuamente. Nuevas lágrimas se derramaron por las mejillas de Andrew, irritando los ojos inflamados cuando enterró su rostro en el cabello de su hijo. Alzó

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la vista para ver de pie a Nathan torpemente en el camino, sin saber si irse o quedarse. —Ve adentro. —Andrew asintió con la cabeza hacia la puerta. Nathan parecía indeciso cuando se cernía sobre ellos. —¿Estás seguro, Andrew? Puedo volver más tarde. —No, necesito hablar contigo y no voy a estar por aquí durante unos días. —Sus brazos se apretaron cuando sintió a Colin sacudirse en sus brazos. Nathan entró en el sótano, dejando a la pequeña familia en el paso de la puerta. Andrew acarició el cabello de su hijo. Había llegado a ser más largo que el año pasado y ahora se enroscaba alrededor de sus orejas. —Colin, tengo que hablar con Nathan. —Colin abrió la boca para decir algo, pero Andrew lo detuvo—. Colin, yo sé lo que viste y hablaré contigo acerca de ello, pero no ahora. Por favor, déjame hablar con Nathan, entonces vendré a buscarte. Esperó a que Colin asintiera con la cabeza antes de dejarle ir, entonces se puso de pie, la mano apretando el hombro de Stephanie. Andrew se estiró, y mientras lo hacía, se dio cuenta de que Allison y Jim estaban en su patio delantero, examinando su pequeña escena. Habían sido testigos de todo. Andrew no tenía ninguna duda de que probablemente habían oído todo también. En sus momentos más oscuros estaba bastante seguro de que Allison tenía micrófonos ocultos en todas las casas también. ¡Mierda! Los vecinos se apartaron rápidamente cuando se dieron cuenta de que habían sido capturados espiando, pero no antes de que Andrew viera la expresión en el rostro de Allison. Era muy parecida a la que había usado en el Año Nuevo cuando Andrew ayudó a Nathan a casa, sólo que con un poco menos de especulación y mucho más conocimiento. Andrew entró en su sótano y cerró la puerta detrás de él. Por un breve momento, se inclinó contra la puerta con los ojos cerrados. Las últimas horas habían sido muy duras, con difíciles conversaciones, y no

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esperaba que ésta fuera mejor. Abrió los ojos para encontrar a Nathan mirándolo fijamente, una expresión indescifrable en su rostro. —Hola —dijo Andrew estúpidamente, sin saber por dónde empezar. Se preguntó que si se lo pedía amablemente, a lo mejor Nathan le envolviera en ese gran abrazo suyo y le dejara llorar a lágrima viva. Lo cual le recordó. —Espera, tengo que quitarme mis lentillas. Mis ojos me están matando. Pasó junto a Nathan, todavía de pie en silencio en medio de la habitación. Su silencio empezaba a ser preocupante. Un par de minutos más tarde, una breve lucha, y estaba libre de las lentes. Andrew se echó agua en la cara y miró su reflejo en el espejo. Parecía destrozado. Su rostro estaba tan pálido, las pecas destacaban en agudo relieve y sus ojos estaban enrojecidos e hinchados. Pegando una sonrisa en su rostro, volvió a la sala de estar, sólo para encontrarse con un par de brazos encerrándole, y finalmente, su cabeza estaba apoyada en el pecho de Nathan. —Yo... —empezó, amortiguado por los pliegues de la camisa de Nathan. —Shhh. —Sintió, más bien escuchó, el rumor suave y su cabeza fue acariciada, tanto como había acariciado a Colin unos minutos antes. Andrew abrió la boca para hablar de nuevo y en su lugar se encontró llorando en el pecho de Nathan, sollozos silenciosos que se intensificaron cuando finalmente dejó salir el dolor y la angustia del día. Encontró sus manos aferrándose a la camisa de Nathan, sus dedos enredándose en el material blando, sollozaba su dolor y confusión. Nathan no dijo nada y no lo soltó. En cambio, les maniobró hacia atrás de modo que ambos se sentaran en la cama de Andrew, y luego continuó reteniéndolo hasta que el hombre más mayor había llorado hasta quedarse seco. Durante unos minutos se quedaron en la misma posición. Andrew estaba demasiado cansado para moverse, teniendo el consuelo del

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sonido tranquilizador de los latidos del corazón de Nathan. Se preguntó si debería estar avergonzado por derrumbarse tan completamente delante de su amigo, pero en ese punto, no tenía la energía para preocuparse en realidad. Por último, sin embargo, Andrew levantó la cabeza y miró a Nathan. Nathan aflojó los brazos un poco, pero no lo soltó por completo. —Te ves como una mierda —le dijo a Andrew sin rodeos. —Me siento como una mierda —coincidió Andrew, volviendo a pasar una mano por su cara. Nathan lo soltó y desapareció en el cuarto de baño. Volvió con una toalla que usó para limpiar el rostro de Andrew, sosteniendo la barbilla con una mano grande, mientras que pasó el paño frío sobre los ojos y las mejillas. —Eso me sienta bien —murmuró Andrew, dejando que Nathan le cuidara como si fuera un niño pequeño. Nathan hizo una pausa por un minuto mientras enjuagaba la ropa de nuevo, y luego otra cuidadosa pasada a la cara de Andrew y acabó, dándole una palmadita seca con la toalla. —¿Estás mejor? —preguntó. —Mucho mejor —murmuró Andrew, empezando a sentirse un poco avergonzado por la forma en que había perdido el control. —No lo hagas —dijo Nathan. Andrew miró hacia arriba, un poco confuso, ya que no había dicho nada. —No te sientas avergonzado —repitió Nathan—. Parece como si hubiera sido un día espantoso. Andrew asintió con la cabeza. —Lo ha sido. —¿Quieres contarme al respecto? —Nathan caminó hacia donde estaba la cafetera. Como es normal, Andrew había hecho una cafetera lista

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para beber, pero la olvidó. Nathan sirvió dos tazas, vertiendo la crema y el azúcar en la suya, y las trajo de vuelta a la cama. Andrew lo miró, pensando que hasta que conoció a Nathan ni siquiera tenía crema y azúcar en su sótano. Aceptó su taza con un murmurado gracias y bebió un largo trago, ignorando el casi-dolor cuando el líquido caliente y negro pasó por su garganta. —Debes tener una garganta de hierro fundido —comentó Nathan, no por primera vez. Andrew no le hizo caso, concentrándose en poner tanto café dentro de él como fuera posible antes de que tuviera que hablar. Nathan dejó que el silencio continuara un poco más, entonces dijo: —¿Así pues, tú y Stephanie finalmente vais a separaros? Andrew asintió con la cabeza. —Sí. Joe le pidió que se casara con él. Está un poco harto de esperar. No puedo decir que lo culpe. —No, en absoluto. Llevan juntos desde hace un tiempo ya. —Hizo una pausa y continuó: —Veo que has hablado con Colin. ¿Y tus padres? —Estaba hablando con ella cuando comenzó lo de Colin. Lo siento, hombre, estaba muy molesto. No me di cuenta que realmente nos había visto... en el camping. Nathan señaló con la mano en un gesto desdeñoso. —No te preocupes, lo entiendo, y no es como si nosotros no nos hayamos, eh, besado. Yo, eh, me pregunté a qué se refería, me hizo llorar. Andrew sintió que se le quemaban las mejillas, y quitó un hilo suelto en su edredón para evitar la mirada de Nathan. —Me atrapó después de que me echaras de la casa, justo antes de Año Nuevo. Él sabía que me acercaba a tu casa. Colin me sorprendió viniendo unos minutos más tarde, todavía con las bebidas, y yo, eh, estaba llorando un poco. —Andrew miró hacia arriba y atrapó la mirada

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sorprendida de Nathan—. Yo estaba enojado y molesto —dijo a la defensiva. —Lo siento —susurró Nathan—. No tenía ni idea. Fui un completo idiota. —Está en el pasado y olvidado. Lo había olvidado hasta que Colin lo mencionó. Normalmente no soy tan cobardica. —Andrew estaba cada vez más rojo cuando Nathan levantó una ceja—. Excepto hoy, tal vez. Nathan echó un brazo alrededor de él, abrazándolo más apretado hasta que Andrew se relajó contra su hombro. —¿Dónde vas a vivir? ¿En el estudio? Hay un apartamento en la parte superior, ¿no? —Sí, pero lo alquilé y el contrato de arrendamiento no está vencido todavía. Voy a vivir con Gary por un tiempo, hasta que pueda encontrar un nuevo lugar. Tal vez me mude allí permanentemente. —Andrew se dejó inclinar en el calor de Nathan. Sintió el brazo alrededor de sus hombros tensarse, entonces Nathan se alejó. Andrew levantó la vista, confundido por la retirada de Nathan. —¿Estás pensando en mudarte a Los Ángeles... para siempre? —dijo Nathan muy lentamente. Andrew asintió con la cabeza. —Tengo algunos contactos allí y sería más fácil empezar mi negocio en algún lugar donde me conocen que empezar de nuevo en un pequeño pueblo. —No podía leer la expresión de Nathan, pero por la contracción en la mejilla, habría dicho que Nathan parecía claramente molesto. —¿Qué pasa con m... Colin? ¿Con...? ¿Conmigo? —Stephanie va a reducir su jornada por un tiempo. Con el dinero que va a venir de Joe, está feliz de hacerse cargo del cuidado del niño hasta que nuestro hijo sea más independiente. —Andrew optó por responder a la

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pregunta que Nathan había preguntado en realidad, en lugar de lo que iba implícito. —Veo que has pensado en todo, —escupió Nathan, hundiendo sus manos en los bolsillos. —Espero que sí. Por supuesto, siempre y cuando el trabajo llegue, puedo seguir conduciendo o volando de aquí a Los Ángeles, y Colin puede venir a visitarme —explicó Andrew pacientemente. —Oh, bueno, eso es todo entonces —dijo Nathan. ¿Qué me estoy perdiendo? Nathan se dirigió a la puerta. Andrew se sentó, estúpidamente congelado en su lugar cuando el hombre que amaba salió furioso, mientras se preguntaba una vez más lo que había perdido. Nathan puso una mano en la puerta cuando se detuvo, giró sobre sus talones y se dirigió de nuevo a Andrew. Se puso de pie delante de él y gritó: —¿Dime algo? ¿Ibas a decirme que te marchabas o sólo que te ibas a la mierda, a casa de Gary y me dejas para que lo sepa a través de los vecinos? ¿Cuándo vas a ir exactamente? —Mañana, a primera hora —dijo Andrew débilmente, inclinándose un poco hacia atrás—. Lo llamé por teléfono y va a reunirse conmigo en Los Ángeles pasado mañana. —Así que si yo no me hubiera acercado, ¿te habrías molestado en decírmelo? —¡Claro que lo habría hecho! —Andrew se estaba cabreando poderosamente con todo el mundo que le gritaba hoy. ¡Ni siquiera había empezado!—. Nathan, Stephanie sólo me lo ha dicho esta mañana. Sabía que iba a verte hoy. —Se pasó la mano por el pelo—. ¿Cuál es el jodido problema?

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—¿Problema? No hay ningún problema, Andrew. ¿Por qué debería haber un problema? Vete a la mierda. a Los Ángeles, deja tus problemas familiares atrás, déjam... —Nathan tenía los puños apretados ahora. De repente, Andrew se puso de pie obligando a Nathan a dar un paso atrás. —No hay un... de nuevo. Esto es todo acerca de ti, ¿no? Te importa un huevo Colin o Stephanie. Todo gira en torno al hecho de que te dejo aquí. Oh, no, no vas a alejarte de mí esta vez. Tiró del brazo de Nathan, mientras trataba de salir, obligando al hombre más alto a detenerse en seco.—Quita tus manos de encima mio — le escupió Nathan. —Qué eres, ¿una virgen miedica? —Pero le soltó—. Por Dios, he tenido a mi esposa diciéndome que quiere el divorcio, estoy perdiendo mi casa, mi madre quiere que el pastor me azote el trasero como solía hacerlo. —Andrew asintió con la cabeza furiosamente al ver la expresión sorprendida de Nathan—. Oh, sí, puedes ver las cicatrices, si piensas que estoy mintiendo. Mi hijo no me habla porque piensa que me estoy tirando al vecino y huyendo de él, y el vecino.... El jodido vecino, o debería ser el vecino que finalmente jodí, en realidad, que se escapa en cada maldita oportunidad, está cabreado conmigo porque voy a tratar de recuperar mi vida. ¿Dime si me he perdido algo? —dijo Andrew sin aliento, su pecho agitándose, mientras trataba de calmarse. Joder, se sentía como si fuera a tener un derrame cerebral. Nathan sacudió la cabeza. —No, eso ya lo cubre. —Parecía sorprendido por la ira de Andrew. ¡Bien! Ya era hora de que dejara jodidamente de pensar que soy un juguete con el que puede jugar cuando le dé la gana. —Voy a ir a casa de Gary para pensar. Tú-tú tienes un montón de cosas de mierda en las que pensar. Yo soy sólo el último de tus problemas. —Pero necesitamos hablar. Necesito hablar sobre ello, —dijo Nathan desesperadamente. Agarró a Andrew por los brazos, casi sacudiéndole.

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Andrew se encogió de hombros. Hablar era todo lo que había estado haciendo durante todo el día, y mira lo lejos que había llegado. Miró al hombre de pie delante de él. Dios, amaba a este hombre, y tenían que resolver lo que quiera que fuera, pero simplemente no podía tratar con ello ahora. —Nate, ha sido un horrible día de mierda, y tengo un largo camino por delante mañana. Sólo vete ahora. —¿Así que es eso? ¿Hemos terminado así sin más? —La voz de Nathan ligeramente atada. Andrew miró a Nathan con tristeza. —Nunca empezamos, Nathan. Una jodida, eso fue todo. —No te creo. —Nathan miró si Andrew le había golpeado en el estómago—. Fue algo más que una jodida. —Las palabras de su hermano volvieron a él. ¡Un error en la oscuridad! —¿Lo fue? Eres un hombre casado, Nathan, con una adorable esposa y un hermoso bebé. Un hombre heterosexual. No puedo esperar otros diez años, mientras decides lo que eres. Lo hice una vez. Su nombre era Matt. Esperé dos años, sólo para que decidiera que estaba más enamorado de su esposa que de mí. Es hora de que crezca un poquito también. No voy a esperar más tiempo para que otra persona decida mi felicidad. —Andrew vio el dolor abrumar a Nathan. Adelante, Drew. Golpea al hombre cuando está deprimido. Andrew vio cómo Nathan se volvió y salió de su casa y de su vida. Las lágrimas que no habían estado muy lejos amenazaban con estallar de nuevo, pero Andrew aspiró con fuerza, negándose a ceder. Como le había dicho a Nathan, tenía un largo viaje en coche mañana y todavía no había hecho las maletas. ¿Llorar como una magdalena? Eso podía esperar. La alarma se disparó al igual que un claxon en el oído de Andrew por el jodido amanecer. Él gimió cuando se dio la vuelta y extendió un brazo para golpear la diabólica cosa y silenciarla. Dándose la vuelta boca arriba, Andrew se rascó el vientre y se preguntó si las mañanas y los relojes de alarma habían sido inventados por el diablo como instrumentos de tortura.

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Miró por encima al bulto en la cama junto a él. No se había movido en absoluto, y en su lugar parecía estar roncando ligeramente bajo el edredón. Andrew tragó saliva mientras contemplaba el bulto. Colin se había deslizado de la planta baja al sótano la noche anterior y le preguntó si podía dormir en la cama de su padre por última vez antes de salir para ir a Los Ángeles. Andrew había hecho palomitas de maíz en el microondas, y juntos bebieron refresco y vieron su película favorita antes de ir a la cama. Tan cuidadosamente como pudo, se deslizó fuera de la cama y caminó hacia el baño para una ducha. Cuando salió, Colin estaba sentado en la cama, bostezando y frotándose los ojos. Parecía relativamente limpio por una vez, debido a la insistencia de su padre en que tomara una ducha antes de meterse en la cama. Colin miró a Andrew, su labio inferior temblaba un poco al recordar lo que iba a ocurrir ese día. Andrew se sentó en la cama y tiró de Colin en su regazo, envolviéndolo en un abrazo de oso. —Estaré de vuelta pronto. Te lo prometo —le susurró al suave cabello de Colin. Podía sentir las lágrimas calientes contra su pecho y agregó las suyas propias cuando los dos pensaron en las próximas semanas. —¿Volverás para el comienzo de la escuela? ¿Por favor, papá? Siempre me has llevado a la escuela el primer día. —Colin parecía mucho más joven que sus años mientras suplicaba a su padre que volviera. Andrew lo abrazó con más fuerza. Era una tradición, y no la iba a romper ahora. —Te prometo que estaré aquí. Panqueques en casa de Bob para el desayuno y un paseo a la escuela después. —¿Va a ser Joe mi papá ahora? —preguntó Colin en voz baja. Andrew hizo una mueca. ¿Podría ser apuñalado con más fuerza?

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—Yo soy tu padre y siempre lo seré. Sólo va a cuidar de ti cuando yo no esté aquí, Colin. Hazle caso porque lo digo yo, ¿de acuerdo? ¡Lo digo en serio! —,añadió Andrew mientras miraba a la rebelde cara de su hijo. Colin se relajó contra él. —Muy bien —resopló—. Pero no voy a llamarle papá. Andrew le apretó con fuerza y se levantó de la cama. —No, no lo hagas. Ese es mi nombre. Me tengo que ir, chiquillo. Lo siento. Las lágrimas amenazaban con salir de nuevo, pero Colin asintió con la cabeza. —Iré a buscar a mamá —dijo, y subió corriendo las escaleras hasta la casa. Andrew respiró hondo al ver a su hijo salir. Ah, joder, esto es tan duro. La camioneta estaba cargada y no había ninguna razón para demorar su partida por más tiempo. Andrew se volvió para decir adiós y se encontró a Colin esperando, casi pisándole los talones. Andrew se arrodilló y lo abrazó en silencio, con los brazos de Colin en un apretón mortal alrededor de su cuello, durante largos minutos. Al final, sin embargo, tenía que irse. Andrew se desprendió de Colin y lo entregó a Stephanie. Se lo entregó a la que pronto iba -a-ser-ex-esposa con un beso en la mejilla, diciendo: —Te llamaré cuando llegue allí. Estaba en la SUV y listo para salir antes de que mirara a Colin y le saludara con su mejor imitación de ¡Volveré! Andrew sonrió cuando Colin rodó los ojos. A medida que se alejaba, Andrew miró por el espejo retrovisor. Colin estaba envuelto en los brazos de Stephanie, pero tenía los ojos secos, decidido a ser valiente por su padre. Fuera de la vista de su familia, Andrew no fue tan valiente, y las lágrimas fluyeron libremente. Pasó por delante de la casa de Nathan. Las persianas estaban echadas y no había señales de vida. Nathan estaba normalmente levantado en esta época, preparándose para su carrera con los perros. Andrew nunca había salido con él, prefiriendo en cambio el calor de su cama. Sólo una vez,

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deseó que hubiera hecho el esfuerzo de levantarse más temprano, para disfrutar de la salida del sol por la mañana en vez de verlo a través de una bruma borrosa de las lágrimas. Tenía una última cosa que hacer antes de irse, algo que no había discutido con nadie. Andrew se detuvo afuera frente a la entrada del parque, su parque, donde habían corrido desde la primera barbacoa del barrio para jugar al fútbol con Colin y los perros. Durante el año cada vez más y más hombres se les habían unido, y la intimidad se perdió, pero todavía tenía un lugar especial en el corazón de Andrew. Allí fue donde se había sentido vivo por primera vez en muchos años. Recordó la conversación con Stephanie un par de días atrás. Suprimir cualquier emoción había sido fácil, y mucho, mucho más seguro. Entonces Nathan entró en su vida y luego ¡zas! Las barreras fueron derribadas con un brazo sobre sus hombros y su nariz aplastada con el aroma de la luz del sol y el sudor. Andrew se deslizó fuera de la SUV y se dirigió a través de las puertas. Hizo una pausa, tomando una bocanada profunda de la brisa matutina, y empezó a divagar. No tenía una agenda fijada; sino que sólo quería caminar y recordar. Corrió brevemente para llegar a la colina donde Nathan le había derribado. Ese fue el momento, Andrew se dio cuenta de que no importaba lo que hiciera este hombre, cómo se comportara con Andrew: había algo especial en Nathan Peterson. Algo que le daban ganas de perdonar todo el daño y los estúpidos malentendidos que había causado a Andrew. Se detuvo en la cima de la colina, haciendo una pausa para recobrar el aliento, de acuerdo, así que no era un bicho raro en forma como el hombre que perseguía sus sueños. —Deberías venir conmigo algunas mañanas en vez de holgazanear en la cama. Andrew cerró los ojos. Esto era injusto. Atormentándole así. Una visita rápida y se habría ido.

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—¿Ni siquiera quieres decir hola? —La perezosa voz cansina se había convertido en algo más aguda, casi suplicante. Andrew abrió los ojos y se dio la vuelta. Nathan estaba apoyado contra un árbol, los perros a su lado, jadeando. Parecía enrojecido y sudoroso, como si acabara de correr mucho para llegar a este punto. Andrew podía ver que estaba pretendiendo ser indiferente por la forma en que estaba apoyado casualmente contra el tronco del árbol, pero la tensión estaba escrita alta y clara en las líneas alrededor de la boca y las sombras oscuras bajo sus ojos. Dio un paso hacia Nathan, abriendo la boca para recibirle. En su lugar, se encontró a sí mismo dando un chillido claramente impropio de un hombre cuando estaba envuelto en los brazos de Nathan, siendo girado y empujado contra el tronco del árbol para que Nathan pudiera forzar un musculoso muslo entre las piernas de Andrew. Andrew trató de protestar, corrección, Andrew trató de pensar en algo para protestar, ya que sin la voluntad, su mano serpenteaba alrededor del cuello de Nathan, atrayéndole para un beso. Su otra mano se deslizó por debajo de la camiseta sin mangas de Nathan, sintiendo el juego de músculos sólidos bajo la piel húmeda. —¡Joder! Nathan se quejó desde el fondo de su garganta, el estruendo llegando a Andrew a través de sus labios aplastados juntos, sus lenguas lamiéndose sobre los dientes, y luego, entrelazándose brevemente. Andrew podía sentir el roce de la barbilla de Nathan capturándola en su propia barba y la presión de su cuerpo, enorme y sobrecogedor, forzando su espalda dolorosamente contra la corteza del árbol. Fue estúpido y peligroso besarse al aire libre así, y Cristo, Andrew no tuvo fuerzas para preocuparse. Todo lo que quería hacer era molerse en el muslo de Nathan, y conseguirlo tan rápido como pudiera. Las manos de Nathan estaban por todas partes: ahuecando su cara, deslizándose sobre su culo, deshaciendo su cinturón y... oh joder, ... manos así deberían ser ilegales en todos los estados. Su mano agarró el eje de Andrew y le sacudió con fuerza, con el pulgar frotando sobre la ranura. Andrew estaba siendo maltratado, empujado tan fuerte que casi estaba fuera de los dedos de sus pies y lo odiaba, le encantaba, joder, lo necesitaba tan condenadamente

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tanto. En su desesperación, puso sus manos sobre los hombros de Nathan para tratar de conseguir algún tipo de control. Un golpecito más sobre la cabeza y eso fue todo; se iba a correr, derramándose en la mano de Nathan, casi sollozando de alivio. Nathan levantó la mano, sin parecer seguro de qué hacer con una palma de la mano llena de esperma. Andrew inclinó la cabeza y lamió un sendero por el desastre. Nathan parecía débilmente asqueado por un minuto, hasta que Andrew lamió una, y otra vez largas lamidas húmedas sobre su palma que hizo que Nathan se estremeciera y temblara debajo de él. Lentamente Andrew limpiaba la mano de Nathan, chupando cada dedo hasta que no quedó nada de sí mismo, luego le dio un beso, compartiendo el sabor por última vez. El beso continuó, y continuó, hasta que la fuerza de Nathan se agotó y bajó a Andrew al suelo. Las manos de Andrew se deslizaron por su pecho, frotando en los pezones tensos bajo la negra camiseta sin mangas. —¿Quieres que te chupe? —gruñó, sus labios rozando el oído de Nathan. Nathan se estremeció. —¡Dios, sí! Andrew miró más allá de Nathan. Era temprano, pero la gente usaba el parque para pasear al perro o para correr. Estaban a la vista de cualquier persona que utilizara este camino, y tanto como ahora estaba fuera y orgulloso, Nathan todavía tenía que vivir aquí. Un poco tarde para la prudencia, Andrew. Había un grupo de arbustos a un lado, y arrastró a Nathan más allá, a un lugar más apartado. Los perros siguieron, un poco descontentos porque su paseo se interrumpiera. En el momento en que estuvieron ocultos Andrew giró y avanzó sobre Nathan, agarrando el dobladillo de la camiseta, tirando hacia arriba y sobre la cabeza de Nathan. —Uh, Drew, ¿vas a desnudarme en público? —Había diversión en la voz de Nathan cuando fue maltratado por Andrew. Andrew le ignoró cuando comenzó a besar a Nathan por el cuello y abajo por el pecho, con cuidado de no marcarlo, deseando poder morder y

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chupar, que se le permitiera reclamar a Nathan como suyo. Su lengua se deslizó sobre un pezón, lamiendo a su alrededor luego tirando suavemente del nudo, cuando sus dedos jugaban en contrapunto con su compañero. Nathan estaba murmurando algo, pero Andrew no podía entenderlo. Captó lo esencial cuando Nathan comenzó a presionar con urgencia sobre sus hombros. Andrew continuó sus ligeros y succionadores besos hasta el torso de Nathan, deteniéndose sólo por un minuto para apreciar la piel tersa, tonificada y el vientre plano allí, para que él lo tocara. La noche en el club había sido todo sobre explorarse el uno al otro en la oscuridad. Ahora era la luz del día, real, e iba a mirar, sabiendo que nunca podría tener otra oportunidad. Levantó la vista para ver a Nathan mirándole fijamente, como si también estuviera tratando de memorizar todo lo que era Andrew Matthews. Andrew se había perdido en su mirada, abrumado por la oscuridad en sus ojos. —Te necesito. Necesitas esto —le susurró Nathan, rompiendo el momento. Andrew asintió con la cabeza y sin ceremonias bajó los pantalones cortos de Nathan. —¡Cuidado! —Protestó Nathan, y entonces sus ojos volvieron a rodar en blanco cuando Andrew le chupó abajo—. Oh, Dios mío, Andrew. Andrew quería. Quería que este momento no terminara nunca. Quería oír a Nathan entusiasmarse con su nombre una y otra vez mientras su lengua jugaba sobre su cabeza. Nathan era enorme y estaba duro y joder necesitaba eso en su boca, volviendo a saborearle, sentirle. Lo llevó tan lejos como pudo, hasta que la cabeza estaba empujando en la parte posterior de la garganta. Nathan había estado inquieto, las manos vagando sobre su cara, su pelo, y luego cuando Andrew logró llevarlo hasta el fondo del camino, de repente se quedó inmóvil, murmurando: —Dios, oh Dios, oh joder, por favor. Y se corrió, un sinfín de chorros calientes en la garganta de Andrew. Nathan trató de retroceder, pero las manos de Andrew cubrieron el culo, sosteniéndolo en su lugar hasta que hubo terminado. Andrew le soltó

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cuando se suavizó, simplemente descansando en la mejilla durante un minuto contra el corto pelo, inhalando el olor anclado a este hombre. Nathan cubrió la cara de Andrew, sus dedos acariciando su mejilla mientras bajaba de su orgasmo. Un perro ladrando a lo lejos, le sorprendió, de pronto haciendo que Andrew fuera consciente de lo vulnerables que eran. De mala gana, subió los pantalones cortos de Nathan y buscó por ahí la olvidada camiseta sin mangas. Nathan la localizó y la recogió sacudiéndola fuerte para desalojar las hojas y ramas que se aferraban al material. Sonrió a Andrew. —Voy a parecer como si hubiera estado rodando entre los arbustos. Andrew le devolvió la sonrisa, entonces la idea de lo que habían estado haciendo les golpeó a ambos y vieron cómo la mirada de Nathan se volvió peligrosa y dura y Dios, le hizo anhelar mucho más de este hombre. Esto no era suficiente. —Andrew, tengo que... Andrew dio un paso atrás. —Tienes que irte. —No fue una pregunta. Nathan asintió. —Yo no quiero, pero... —Sus ojos parecían preocupados, y eso más que cualquier cosa impidió a Andrew alejarse mientras iba a ser abandonado una vez más. Esta es la razón por la que no podía quedarse, siempre quedándose atrás por la familia. Necesitaba más que eso ahora. Se encogió de hombros, aparentemente indiferente. —Entiendo, Nate. Tengo que continuar en la carretera de todos modos. Tengo un largo camino por delante. Nathan le miró sin poder hacer nada, cuando comenzó a hacer su camino fuera de los arbustos, Nathan silbando a los perros, que se habían alejado cuando se aburrieron. Tyler y Ruby se encaminaron hacia ellos, contentos de estar de nuevo en movimiento. Como de costumbre, Mollie estaba más allá en su propio asunto.

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En silencio, caminaron hacia las puertas, donde la SUV estaba estacionada. Andrew trató de pensar en algo, cualquier cosa para retrasar el momento de la separación, pero su estúpido, senil, jodido e inútil cerebro estaba en blanco. —Seis meses. —¿Qué? —Andrew frunció el ceño cuando Nathan se detuvo de repente, sujetando su brazo para evitar que se fuera. La mirada del hombre más joven penetró en él, rogándole que escuchara. —Dame seis meses. ¡Oh! Andrew sacudió la cabeza. —Nate, he pasado por esto. No más esperar por nadie más. ¿No son diez años suficientes? —Miró a Nathan. El hombre estaba muy pálido y tragaba convulsivamente. Andrew notó un ligero brillo en sus ojos. —Te quiero —espetó Nathan. Cerrando los ojos contra el serio rostro de Nathan, se preguntó por qué Dios estaba haciendo esto mucho más difícil para él. —Te amo también, Nate. —Miró alrededor. No había nadie a la vista, por lo que arriesgó un rápido roce de sus labios contra los de Nathan. No estaba muy seguro de por qué estaba preocupado por un beso, teniendo en cuenta lo que acababan de hacer—. Pero eso no cambia el hecho de que tengo que ordenar mi vida. —En Los Ángeles. —Nathan tenía el ceño fruncido, una profunda línea entre las cejas. —Tal vez —coincidió Andrew, ignorando la mirada furiosa de Nathan—. Estaré de vuelta en un par de semanas, al menos durante un tiempo. Le prometí a Colin que estaría por ahí en el inicio del nuevo año escolar, y tengo que cerrar el negocio.

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—¿Por qué no puedes vivir en Castleton, cerca de tu hijo, y sí, cerca de mí? —Dijo Nathan obstinadamente. —¿Seguimos como estábamos antes, quieres decir? —Dijo Andrew, alzando la voz con ira—. ¿Los viajes al parque, salidas nocturnas al club? ¿Es eso suficiente para ti? porque no lo es para mí. O tal vez eso sea lo que quieres. Yo puedo ser tu aventura de al lado, tu pequeña emoción cuando las cosas se ponen demasiado insulsas en casa. La cara de Nathan estaba blanca y apretada. —Eso es injusto. —¿En serio? —Podía ser contundente también. Nathan exhaló con fuerza, como si hubiera estado conteniendo el aliento. —Joder, Drew, ¿qué quieres de mí? ¿Quieres que me aleje de mi esposa y mi hijo, por no hablar de mi trabajo, por el cual me he preparado mucho y muy duro y en el que soy bueno? —Yo... yo... diablos, no quiero que hagas daño a Alex y a Daniel, pero sí, yo te quiero para mí solo. En mi cama, en mi vida... todo el tiempo. —La ira en los ojos de Nathan disminuyó con la admisión de Andrew—. Pero no quiero seguir esperando por algo que nunca va a suceder. Estoy tan condenadamente cansado de esperar. Quiero tener una relación. Tengo casi treinta años y nunca he tenido una relación de verdad con nadie. —No quiero vivir en Los Ángeles. Está demasiado lejos de Daniel —espetó Nathan. Los ojos de Andrew se abrieron más ampliamente. —¿Nate? Nathan se lamió los labios como si de repente estuviera nervioso. — Aléjate por un tiempo. Aclara tu cabeza. Te veré cuando vuelvas. Sólo... no hagas grandes planes sin hablar conmigo en primer lugar, ¿por favor? Había una extraña sensación en la boca del estómago de Andrew, extraña y aterradora. Pensó que tal vez, esta vez... —Asintió con la cabeza, sus ojos clavados en Nathan, luego se volvió hacia la SUV. Hora de irse.

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—Saluda a Gary por mí. Dile que mantenga sus manos fuera — Nathan gritó detrás de él, el perezoso acento texano calentando su corazón. Sonrió mientras seguía caminando. —Ninguna promesa. Un hombre tiene que tener algo de diversión mientras espera. —¡Eh! Andrew estaba seguro de que no iba a escuchar el: No con mi hombre. Nada nunca había pasado en la vida de Andrew sobre lo que tuviera el control. Siempre había estado en el final de las cuerdas de las marionetas de otra persona. Desde el momento en que había anunciado que pensaba que podría ser gay, su madre había controlado su existencia. Le había dado sermones, golpeado y finalmente obligado a contraer un matrimonio que no quería, porque no había sido lo suficientemente valiente para tomar una posición en contra de su mamá y decir, Esto es lo que soy: Andrew Matthews, un hombre gay. Y allí estaba él, veintisiete años de edad y acababa de tomar esos pequeños pasos fuera en el mundo por primera vez. Abandonar el lugar sin mirar atrás, y dejando atrás a su hijo y al hombre que amaba, al menos por un tiempo. No era el final, pero sin duda era un nuevo comienzo. Ya era hora de cambiar el disco y empezar una nueva canción.

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Capítulo Diez —He vuelto —gritó Andrew cuando retrocedió hacia el pasillo con una bolsa grande, un trípode y una cámara en precario equilibrio en sus brazos—. ¿Conseguiste las cervezas? Puedo volver a salir sino, —dijo, sin esperar respuesta. Trató de golpear la puerta para cerrarla, maldiciendo cuando algo volvió a golpear contra él, casi volándole por los aires. —Aquí, déjame ayudarte. —Dos grandes manos llegaron sobre él, tomando la bolsa y el trípode—. Gary está en la cocina con Gabe. Hay un montón de cerveza si llegas antes que esos dos. Un gran cuerpo caliente presionó contra Andrew por un breve momento, trayendo consigo recuerdos que Andrew había hecho todo lo posible por reprimir. Luego se alejó, dejando a su corazón tartamudeando en su pecho. —¿Na-Nathan? Andrew se volvió lentamente para ver al hombre que perseguía sus sueños de pie delante de él, sosteniendo el equipo de la cámara en sus brazos. Estaba sonriendo un poco tímidamente a Andrew, como si no estuviera muy seguro de su acogida. Cristo, se veía maravilloso, y empaquetado con más músculo aún si ese breve toque era alguna indicación. —Hola —dijo Nathan con voz ronca. —Yo tú umm —Andrew tartamudeó, incapaz de formar una frase coherente, ruborizándose cuando Nathan levantó una ceja, obviamente divertido por el farfullear atropellado en frente de él. —Es bueno verte también. Viajé con Gabe. Llegamos hace un par de horas. Andrew frunció el ceño. —Gary no me dijo que ibas a venir.

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Nathan parecía avergonzado. —Le pedí que no lo hiciera. Quería que fuera una sorpresa. Tenía la esperanza de que te alegrarías de verme. Te alegras de verme, ¿no? —preguntó con incertidumbre. —Sí, por supuesto —murmuró Andrew. Por supuesto que estaba contento de verle. Es sólo que podría haber dado algún tipo de aviso para que pudiera haberse preparado, reunido algunas defensas. No haber sido tan estúpido cuando se encontraron de nuevo. Dios, no quería mantener una conversación cortés. Quería joderle sin sentido aquí, ahora, en la mierda de alfombra del pasillo que olía a cerveza, cigarrillos, y al gato callejero que parecía que le gustaba venir a visitarles. Como eso era lo que iba a pasar. ¿Por qué diablos estaba aquí, sin embargo? La sonrisa de Nathan había vacilado. —Lo siento, amigo. No pensé. Yo, eh, puedo encontrar un motel o algo así. —Se pasó una mano por el pelo, haciendo que se notara por todo el lugar. Andrew quería suavizarlo como si se tratara de Colin. —Lo siento amigo, sólo me sacó de onda, verte aquí. Por supuesto que estoy contento de verte. ¿Cómo estás? ¿Y Alex y Daniel? —Andrew se apresuró a tranquilizarlo. Nathan parecía incómodo. Eso era comprensible. Estaba hablando de la mujer con quien había sido infiel con Andrew. —Están bien. No te importa que esté aquí, ¿verdad? Quiero decir, no han pasado seis meses todavía. Como Andrew necesitaba recordar la promesa que Nathan le había sacado. En realidad, habían pasado cuatro meses y doce días, pero ¿quién estaba contando? Probablemente podría decir las horas también si se lo pidiera. ¿Por qué estaba aquí? —Honestamente, está bien. Vamos a deshacernos de esta basura y tomar una cerveza. Le guió a su habitación. Una breve pelea con el armario monstruoso y el equipo estaba guardado. Andrew cerró la puerta en el desastre y volvió a mirar a Nathan, que lo miraba fijamente. Esperó un minuto, pero Nathan no dijo nada y su expresión no cambió.

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—¿Qué te pasa? —preguntó, un poco inquieto bajo el escrutinio. —Has cambiado —comentó Nathan en voz baja. Andrew frunció el ceño. —El pelo es un poco más largo, supongo. Más pecas del sol. Sacudiendo la cabeza, Nathan dijo: —Eso no es todo. Pareces más libre, más... —Su lengua se quedó atada en las siguientes palabras—. Más obviamente gay. Andrew soltó un bufido. —Soy gay, amigo. Tú más que nadie debería haber pillado el mensaje. —Pero no me pareces como antes. —No vivo en los suburbios ahora. Puedo ser un poco más abierto, supongo. Me pasé la mitad de mi vida tratando de encajar en el ideal de paternidad heterosexual. ¿Puedes culparme por querer escapar? —La voz de Andrew se volvió más aguda, cuando concluyó. Nathan se acercó y le puso una mano sobre su brazo en un gesto tranquilizador. —Yo no dije que te culpara, o que me importara. Te ves genial. Esos reflejos rubios realmente te favorecen. Sólo necesito adaptarme, eso es todo. —Pero no te verías caminando por la calle con el maricón —dijo Andrew amargamente, no realmente aplacado. No importaba lo que pasara entre ellos, lo que parecía. Nate no podría hacer frente a la idea de ser gay o incluso bi. Andrew se estaba engañando a sí mismo si él pensara diferente. —Sí, me gustaría, contigo —dijo Nathan, simplemente, inclinándose hacia adelante y besándole. Andrew se aferró a la camisa de Nathan, arrastrándole más cerca para que cada parte de ese duro cuerpo musculoso se envolviera contra el de Andrew, y joder, si el chico no se sentía más grande y más fuerte que

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nunca. Todos los asuntos, todas las preocupaciones, fueron olvidadas en su deseo de tocar y sentir a Nathan Peterson, una vez más. —¡No.Besar.Jodas.Besar.Conmigo! —El besar le ponía más salvaje mientras la orden siseada llegó a su fin, y Andrew podía sentir los dedos de Nathan hincándose más fuerte en su espalda. —Tu quieres, —Nathan se quejaba contra sus labios, y luego eran tan sólo sus labios tocando, mientras arrancaban los botones en su prisa por desnudarse: sin delicadeza, sin sutileza, sólo un deseo urgente por la piel. Nathan no perdió el tiempo, una vez que estaban ambos desnudos, en levantar a Andrew en sus brazos y arrojarlo sobre la cama. El chillido de Andrew fue tragado cuando Nathan se encaramó encima de él y molió su boca abajo en la suya una vez más. —¡Joder! —Andrew gimió en su boca y saltaba debajo de él, la acción haciendo que sus pollas resbalaran y se deslizaran la una contra la otra. —¡Cristo! Deja de hacer eso o me voy a venir. —Nathan estaba virtualmente mordiéndose el labio. Andrew sonrió con malvada satisfacción, retorciéndose un poco, y Nathan jodidamente gruñó, la desesperación vibrando contra la boca de Andrew. La sonrisa desapareció cuando Nathan golpeó sus caderas contra Andrew lo bastante fuerte para que Andrew siseara fuertemente y tuviera que meter una mano entre ellos para agarrar la base de su polla. —¿Agún problema, Drew? —Nathan preguntó mientras una mano acariciaba la suave piel de la cara de Andrew y la cadera. Andrew no se molestó en responder, no podía concentrarse en conseguir desconectar y joder para una frase coherente. En su lugar, empujó en el hombro de Nathan, con la esperanza de conseguir la imagen. Hubo una breve pausa cuando Nathan se dio cuenta de lo que Andrew quería, entonces obedientemente se desplazó abajo de la cama para que pudiera concentrarse en el asunto en cuestión.

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Una larga lamida de bolas hasta la punta tenía a Andrew volando de la cama. Sólo las grandes manos de Nathan rodando por las caderas de Andrew le detuvo, y entonces se aferró a las sábanas, almohadas, cualquier cosa que pudiera tener en sus manos cuando Nathan lo tragó. —¡Jodida mierda! —Gritó, sin importarle que probablemente pudiera ser oído por la mitad el bloque de apartamentos. Nathan quizás no haya hecho esto antes con él, pero, obviamente, había estado tomando notas. Cada truco y giro que Andrew había hecho le estaba siendo devuelto con intereses, y mierda, ¿qué fue eso con la lengua? Clamaba por la pérdida cuando Nathan se quitó, y lo siguiente que supo fue que sabía que Andrew rodaba sobre su estómago con una almohada bajo sus caderas. —¿Qué...? —Trató de mirar por encima de su hombro—. Nate, ¿estás seguro de esto? Nathan le devolvió la mirada, los labios hinchados y brillantes. — ¿Quieres que me detenga? —Joder, no. —Entonces cállate y déjame volver al asunto. Andrew se calló, cualquier persistente preocupación silenciada por la cálida lengua lamiendo su columna vertebral. Siguió la curva de su espina hasta llegar a su culo. Había duda y luego hubo besos calientes en una mejilla, luego en la otra, abajo hasta que la malvada lengua estaba lamiendo sus bolas. Andrew descubrió que no podía respirar, no podía hablar, no podía pensar más allá del ahora, por favor ahora. El aire estaba clavado en el pecho, cuando sus bolas fueron absorbidas por el calor acogedor. Todo su mundo se redujo a esta cama y a este hombre. Se encontró gimiendo en la almohada cuando Nathan lamió la piel delgada detrás de sus bolas y se movió hasta que la lengua le lamía dentro en un beso negro8 lamiéndole abiertamente, una y otra vez, el calor, el Práctica sexual llamada también rimming o anilingus que consiste en el contacto entre boca y el ano. Estando también implicada la lengua. 8

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sudor, la enorme calentura de ello haciéndole volver a empujarlo en la cara de Nathan . Nathan no parecía prestarle atención, solo lamía y golpeaba hasta que Andrew le estaba pidiendo que le dejara venirse ahora, por favor. —Obscena boca sobre ti, Drew. —Obscena lengua sobre ti, Nate. Ahora, devuélvela donde pertenece —Andrew logró decir ahogadamente. Nathan soltó una breve carcajada. —¿Vas a rogar? —Por favor —rogó Andrew. Era un hombre necesitado, y en el momento firmaría la cesión de su vida si eso significaba que conseguiría que la lengua volviera a donde la necesitaba. —Me encanta escuchar tu voz. Tan jodidamente áspera —dijo Nathan antes de que hiciera lo que se le pidió, lamiendo y deslizándola dentro tanto como pudo conseguir hasta que Andrew estaba casi gimoteando de emoción. Andrew necesitaba más. —Jódeme —ordenó. —Sí. Andrew se acercó y agarró el lubricante y los condones de la mesilla de noche, y luego había un dedo y dos preparándole, abriéndole para esa polla enorme. —Joder, tus dedos son enormes —murmuró. Nathan deslizó una mano alrededor para extenderse posesivamente contra el ligero fondo suave del vientre de Andrew mientras que Andrew montaba sus dedos. —¿Demasiado para ti? —preguntó, sus labios rozando el cuello de Andrew. —Nunca —Andrew se atragantó, sintiendo los dedos rodar a través de su próstata. Gritó por la pérdida cuando Nathan retiró sus dedos.

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Nathan levantó a Andrew un poco, luego lo volvió a embestir abajo sobre su polla. —¡Jesús! —¡Mierda! Ambos juraron cuando la sensación les golpeó, y luego, todas las apuestas estaban fuera cuando Andrew se agarró de la cabecera para darle una oportunidad, mientras Nathan se apoderaba de sus caderas bastante firmemente para dejar moretones y empujaba y bombeaba, la sutileza y el ritmo se fueron al infierno cuando se estrelló contra Andrew. Andrew quedó sin aliento cuando sus bolas se apretaron, y luego se dejó ir con una mano sacándola fuera, vetas blancas disparando sobre la cabecera y las almohadas. Se sintió más que oyó gemir a Nathan cuando su propio orgasmo lo golpeó, y terminó sentado en el regazo de Nathan cuando el otro hombre se estremeció y jadeó en su oído, al final hundiéndose contra su espalda. Pasaron varios minutos antes de que ninguno de los dos tuviera energía para moverse, Andrew disfrutando de la intimidad del cuerpo manchado de Nathan envuelto alrededor del suyo. Al final, Nathan tuvo que moverse cuando un calambre amenazó sus músculos del muslo. Se separaron, Andrew tropezando con las piernas temblorosas para buscar una toalla para limpiar. Se la arrojó a Nathan y volvió a subir a la cama. Nathan se limpió y tendió una mano a Andrew, bajándole para abrazarle en la cama. —Realmente debería ir a saludar a Gabe —comentó Andrew, sin hacer ningún movimiento por dejar la seguridad del abrazo de Nathan. —Pronto —acordó Nathan. Andrew cerró los ojos, sólo por un minuto. Gabe podía esperar. Se despertó por un momento incapaz de procesar por qué había una caliente, sudorosa persona enroscada en torno a él en su cama. Entonces se acordó y la más amplia sonrisa se deslizó por su cara. Nathan estaba aquí

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en Los Ángeles y le había chupado, le había lamido dentro en un beso negro, y jodido. No es de extrañar que el culo de Andrew estuviera dolorido. No quería moverse, pero la naturaleza le estaba llamando y la mano de Nathan estaba extendida a lo largo de su vientre, presionando en su vejiga, haciendo la necesidad más urgente. Al final, se liberó con suavidad, sonriendo cuando Nathan resopló por el cálido espacio dejado atrás. Se puso unos pantalones de chándal y una camiseta y vagó fuera en busca del cuarto de baño y de cerveza. Andrew podía oír a Gabe y a Gary tocar Guitar Hero en la sala principal. Se limpió lo mejor que pudo y entró en la sala de estar. El asunto obviamente acababa de terminar, porque, Gabe miró hacia arriba, con una gran sonrisa extendiéndose en su rostro. —¿Terminaste de saludar a Nate? Andrew se ruborizó un poco, pero se limitó a decir, —Sí —y salió en busca de cerveza. Se dejó caer al lado de su compañero de piso unos minutos más tarde, botella en mano. —No me dijiste que íbamos a tener invitados este fin de semana —reprobó a Gary ligeramente. Gary levantó las manos en señal de rendición. —Juré mantener el secreto. Nathan quería que fuera una sorpresa. —Sí, lo conseguiste un poquito. —Andrew dio a Gary una mirada que decía que él se merecía algo mejor que eso. Gary asintió con la cabeza, en tono un poco de disculpa. —¿Dónde está mi chico? —Preguntó Gabe mientras se rascaba la pierna. —Está durmiendo. —Color escarlata se deslizó por la cara de Andrew otra vez, pero mantuvo su compostura.

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Gabe le dio una sonrisa. —Estoy seguro de que lo está. Ha sido una semana muy ocupada para Nate, con enterarse de lo del bebé y todo. Andrew se preguntó si era posible romperse en mil pedazos sin que nadie se diera cuenta. Ciertamente, ni Gabe, ni Gary parecían haberse dado cuenta de que estaba tumbado aquí destrozado. Podía oír a Gabe balbuceando acerca de Nathan y Alex y el bebé. Bebé. Nathan y Alex estaban esperando otro bebé y no se había dado cuenta. Había pensado, había dolor en su pecho... que Nathan había finalmente decidido que quería estar con él. Estúpido, estúpido... nadie nunca lo quiso. Dolor, daño... alguien gemía, jadeando sin aliento, necesitaba que se callaran para poder morir en paz... —¿Andy? Dolor. —¿Andy? ¿Por qué Gary le seguía llamando por su nombre? —Andy, amigo, mírame. —¿Qué pasa con él? ¿Por qué no habla? Andrew podía oír hablar a Gabe. Parecía presa del pánico. Andrew quería preguntar por qué, pero en realidad, el dolor en su pecho estaba más bien dominando sus pensamientos. —Está hiperventilando. Hay algunas bolsas de papel en uno de los cajones de la cocina. Ve a buscar una para mí. —Andy, concéntrate en mi voz. —Gary sonaba muy tranquilo. A Andrew le gustaba la calma. Tal vez pudiera recoger los trozos del corazón de Andrew, y tirarlos a la basura, así Andrew podría descansar—. Andy, respira en la bolsa.

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Estaba tratando, maldita sea, pero el dolor era demasiado. .... Respira... ... Respira... ... Respira... ...Menos dolor... —Bueno, está bien ahora. Lo estás haciendo bien. —La mano de Gary estaba frotando de forma tranquilizadora en la parte baja de la espalda de Andrew—. ¿Estás conmigo ahora? Andrew asintió con la cabeza y se apoyó contra Gary. Un vaso de agua presionaba en su mano, y se la bebió lentamente. Alzó la vista para ver la cara preocupada de Gabe a pulgadas de la suya. —Lo siento por el susto —se disculpó con voz débil. Gabe le dio unas palmaditas en el brazo. —Por Dios, eso daba miedo. Pensé que tenías un ataque al corazón. ¿Estás bien ahora, tío? —Sí, parece más dramático de lo que es. Estoy bien ahora. —¿Pero por qué tuviste.. oh mierda, tú no sabías, ¿verdad? Él no te lo dijo. ¡El estúpido hijo de puta no te contó lo del bebé! —La voz de Gabe iba en aumento por la agitación. Andrew quedó sin aliento mientras su pecho le dio otra punzada. Gary lo abrazó más cerca y le dijo: —Cállate, Gabe. Tiene que mantener la calma ahora. —Lo siento —murmuró Gabe—. Pero... —No sabía lo del bebé —confirmó Andrew, deseando poder ir a acostarse en su cama.

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—¿Qué está pasando? —La voz aguda de Nathan atravesó los pensamientos de Andrew mientras miraba a Andrew en los brazos de Gary —. Drew, ¿qué ha pasado? Andrew le ignoró y se volvió hacia Gary. —Tengo que hacer una llamada telefónica. ¿Me puedes llamar un taxi? —Claro. —Gary asintió y ayudó a Andrew a ponerse en pie, apoyándose en él, cuando se balanceó ligeramente. —Drew, ¿A dónde vas? ¿Qué está pasando? —preguntó Nathan con incertidumbre. Pudo haber estado en un estado diferente por toda la atención que nadie le prestaba. —Asegúrate de que se haya ido para el momento en que yo vuelva —dijo Andrew a Gary—. Me voy a casa de Rich para pasar la noche. —¿Rich? ¿Quién es Rich? Andrew, ¿por qué me abandonas? — Nathan se movió hacia adelante como para dejar que Andrew saliera de la habitación. —Lárgate de nuestro camino —avisó Gary, con un dejo de disgusto en su voz. —Le dije lo del bebé —dijo Gabe rápidamente, antes de que Nathan pudiera decir nada más. Andrew observó arrugarse la cara de Nathan. Cualquier esperanza de que todo hubiera sido un gran error desapareció, y con la ayuda de Gary, pasó junto a él y se fue a su habitación para encontrar su teléfono. La habitación olía a sexo. Su sexo. Andrew quería vomitar. Sin decir una palabra, Gary bajó a Andrew sobre la cama y fue a abrir una ventana. Su teléfono estaba en la mesita de noche donde lo había lanzado antes. Gary marcó el número y se lo dio a Andrew cuando empezó a sonar. —¿Hola, Andy? —Andrew agarró el teléfono con fuerza mientras oía la voz sorprendida de Rich. Trató de hablar pero su garganta se había atascado.

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—¿Estás bien? Gary arrancó el teléfono de su mano y habló. —¿Rich? Sí, bien, gracias. Escucha, Andy necesita un lugar para pasar la noche. ¿Está bien si te lo enviamos? Puede coger un taxi. —Hubo una pausa, entonces— le dejaré que te lo cuente. Sobre quince minutos. Sí, te veo entonces. Volvió a poner el teléfono donde lo encontró y empezó a rebuscar en los cajones de Andrew. —Te recogerá. —¿Qué? No, quiero decir, puedo coger un taxi —protestó Andrew. Gary se encogió de hombros. —Rich insistió, y por una vez creo que tiene razón. ¿Esta ropa está bien? —dijo, mostrando a Andrew lo que había metido en una bolsa pequeña. Andrew asintió con indiferencia. Estaba demasiado cansado para discutir con Gary. Hubo un toque tranquilo en la puerta y Nathan entró, Gabe con fuerza en sus talones. Si hubiera tenido la energía, Andrew se hubiera reído de la forma en que Gary se posicionó para estar entre Nathan y Andrew. —¿Qué quieres? Nathan se detuvo justo dentro la habitación. —Sólo quiero hablar con Andrew —dijo a Gary. Gary resopló. —Deberías haberlo intentado un par de horas antes, hijo. Es un poco tarde ahora. —No quise decir... yo sólo quería... —trató Nathan. —¿Una jodida de despedida? —Andrew se levantó con cansancio —. Está bien, Gary. Lo entiendo, Nate, de verdad que lo hago. Viniste a decírmelo en persona, supongo que debería estar agradecido por eso.

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Nathan pasó más allá de Gary para estar delante de Andrew. Estiró la mano para detenerlo, pero se detuvo cuando vio a Andrew retroceder alejándose. —No he venido para eso. Yo quería... quería explicar por qué... —Qué manera de explicar, —gruñó Gary. —Cállate, Gary. —Los dos dijeron. —Yo sólo quería volver a verte —dijo Nathan desesperadamente—. Ella... no puedo dejarla con dos bebés. Pero cuando te vi... —Lo que sea. —Andrew estaba cansado de ser razonable y no quería escuchar excusas. Cogió su bolso y el teléfono y se abrió paso más allá de Nathan, por segunda vez, olvidándose de la mano que Nathan sacó para detenerlo. El timbre sonó. Andrew fue a abrir la puerta. Como era de esperar Rich estaba en el otro lado, con la cara ilustrada con una expresión preocupada. Metió a Andrew en un rápido abrazo y le dejó caer un beso en la parte superior de su cabeza. —Gracias por venir tan rápido —murmuró Andrew, hundiendo el rostro en el hombro de Rich. Sentía a Rich acariciar su cabeza. —No hay problema. ¿Estás listo para irte? Andrew asintió y se marchó sin tomarse la molestia de decir adiós. —Por favor, Andrew, no te vayas. Tenemos que hablar. Enseñando su cara, se volvió a Nathan. —Lo entiendo, de verdad. No puedes dejar a tu esposa y tú eres un hombre decente. Pero yo no voy a esperar o fingir más. Vuelve con tu esposa e hijos. No te volveré a molestar. Volveré mañana. Asegúrate de haberte ido. Adiós, Gabe. Se volvió a Rich. —Salgamos de aquí.

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Rich deslizó su brazo alrededor del hombro de Andrew y lo condujo fuera del apartamento. Casi valió la pena escuchar la furia de Nathan. — ¿Quién coño es Rich? Y la de Gary. —No es tu jodido asunto —cuando la puerta se cerró detrás de ellos.

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Capítulo Once Iba a vomitar, iba a desmayarse, iba a hacer algo malditamente cobarde tan pronto como pusiera el pie en el camino de entrada de la casa que utilizaba para llamarla hogar. Los nudillos de Andrew estaban como el mármol blanco cuando el coche se detuvo en la calle y pudo ver su antigua casa con un familiar Impala azul aparcado en la calzada. —¿Estás bien? Dios, si escuchaba la pregunta una vez más... Era demasiado jodidamente tarde ahora. Andrew pudo ver a Colin correr alrededor de la esquina de la casa para recibir al coche, cuando se detuvo detrás del Chevy. Apenas pudo decir: —Llévame a casa —¿podía? Una cálida mano se apoyaba en los puños apretados y presionó suavemente. —Vamos, entremos. Te sentirás mejor una vez que hayas tomado un trago. Obedientemente, Andrew salió del coche, sólo para ser devorado en los brazos de su hijo. Su hijo, que parecía que había crecido otras cuatro pulgadas de pronto, y llegaba hasta más allá de sus hombros ya. Automáticamente sus brazos rodearon a Colin, sosteniéndolo cerca, y durante unos minutos hundió la cabeza en el pelo ligeramente grasiento de su hijo, feliz de tenerlo por primera vez en meses. No hablaron, Andrew sintiendo los hombros de su hijo temblar un poco contra su pecho. Sólo le sostuvo un poco más apretado y cerró los ojos. —Colin, ¿vas a dejar que tu padre entre por la puerta principal? El tono de desaprobación familiar de su madre penetró en su abrazo y Andrew suspiró, sabiendo que tenía que enfrentarse al mundo otra vez. Colin resopló y alzó la cabeza, un brillo malicioso en sus ojos, y sonrió a su padre. —Está enojada conmigo porque llegué primero. Ha

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estado diciendo a todos que debería ser la única en darte la bienvenida de nuevo. Sólo quiere demostrar que es genial. A la expresión desconcertada de Andrew, dijo: —Sí, eso es lo que pensamos, así que mamá se aseguró de tenerla ocupada hasta que llegaras. Andrew le devolvío la sonrisa, uniéndose en la conspiración del más joven de los Matthews. Echó un brazo sobre los hombros de Colin y se volvió para saludar a su madre, sabiendo que no podía postergar el momento por más tiempo. —Mamá, estás más bella que nunca. —Le dio un beso en la mejilla. Olía a lirios y rosas. Ella le dio una cálida sonrisa, y Andrew pudo ver que Ruth realmente estaba tratando de ser agradable en la cara, en contra de todo lo que ella creía. Sólo la pequeña bolsa de sus labios desmentía sus verdaderos sentimientos. Andrew se volvió hacia el hombre que había estado esperando pacientemente al otro lado del coche, mientras que los saludos se llevaban a cabo. Le hizo señas y el hombre se movió para quedarse de pie al otro lado de él. Tomando una respiración profunda, Andrew tomó su mano y dijo: — Mamá, quiero que conozcas a mi novio, Rich. Rich le tendió la mano a la mujer. Andrew contuvo el aliento mientras ella vacilaba y luego la tomó, diciendo: —Estoy encantada de conocerte por fin, Rich. —Encantado de conocerla también, Sra. Matthews. —La voz de Rich era ligera y agradable, sin mostrar señales de nervios cuando enfrentó su novio abiertamente a su homófoba madre por primera vez. Ella le dio una sonrisa tensa. —Llámame Ruth, por favor. Todo el mundo lo hace. Andrew la miró con recelo, más preocupado por lo agradable que su madre estaba siendo que por su comportamiento normal hostil a su

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homosexualidad. Sin embargo, su fachada amistosa no mostró ningún signo de deslizarse cuando abrió el camino a la casa para saludar a Stephanie y a Joe, y eso dejó a Andrew desconcertado por completo. Andrew deslizó su brazo alrededor de Rich y siguió a Colin y a Ruth a la casa, incapaz de detenerse a mirar por encima en el número veinticuatro, para ver si había alguna señal de vida. Rich atrapó la dirección de su mirada y él se ruborizó con aire de culpabilidad, pero su novio se limitó a asentir y le dio una sonrisa tranquilizadora. Se estrecharon las manos cuando Colin salió ahuyentado a la cocina, y por primera vez en más de dos años, Andrew se quedó en su vieja cocina, rodeado de su familia. Nathan vio el regreso a casa de Andrew desde la distancia, una larga distancia, ya que Stephanie le había dejado eso muy claro, a pesar de su amistad, no era bienvenido en cualquier lugar cerca del hogar KingMatthews durante la duración de la visita de Andrew. Sólo que no lo era, ¿verdad? No era sólo la visita de Andrew. Era Andrew y Rich. Rick y Andrew. Drew y Rick. De cualquier forma en que lo dijera, jodidamente apestaba. Así que ahora estaba viendo desde su dormitorio cómo Andrew se deslizaba fuera del nuevo Mercedes y estiraba la espalda. El conductor hizo lo mismo, y Nathan quería vomitar al ver la preocupación en el rostro del novio de Andrew. Chirriaba en los nervios de Nathan que, incluso desde la distancia pudiera ver que Rich era un hombre apuesto, la luz del sol capturando destellos rojos en su pelo oscuro. Por lo que decían Rich era un buen hombre y adoraba a Andrew. Era mayor que Andrew, de unos cuarenta años, y un exitoso contable. Él y Andrew habían estado juntos durante casi dos años, lo que Nathan supuso que estaba ligado con su desastrosa visita a Los Ángeles. Hacía casi dos años y medio desde que Nathan había sido capaz de estar cerca de Andrew. Ahora era el trigésimo cumpleaños de Andrew y había vuelto a casa para celebrarlo con su hijo. Colin venía corriendo de la esquina de la casa y hacia los brazos de su padre. Llegar a la adolescencia no había amortiguado su exuberancia, o

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su necesidad de estar sucio de pies a cabeza. Nathan miró con una sonrisa cuando Andrew besó a su hijo y lo abrazó estrechamente, a su hijo casi tan alto como él. Nathan sólo podía adivinar hasta qué punto la separación de Colin había afectado a Andrew. Nathan podía ver a Colin alejarse hablando, y luego vio a la señora Matthews de pie en la puerta principal. Se dio cuenta de que Rich se acercaba para saludar también. La sonrisa se deslizó fuera de su cara cuando se dio cuenta de lo contento que Colin estaba de ver a Rich. Vio cómo Andrew puso su brazo alrededor de Rich, y si eso no revolvió cuchillos en sus tripas, Andrew mirando su casa brevemente, lo hizo. La respiración se quedó enganchada en la garganta de Nate cuando se echó hacia atrás, para no querer ser visto, deseando ser atrapado, anhelando y doliendo cuando los tres entraron en la casa. El novio lo vio, sin embargo. Nathan se quedó en la ventana hasta que se perdieron de vista. No estaba seguro de si Andrew había mirado a la casa Peterson de nuevo, sólo brevemente, antes de entrar. Su hija resopló en sus brazos. Nathan le dio unas palmaditas en la espalda, aliviándola con suavidad hasta que se volvió a quedar dormida. Andrew se veía feliz. Nathan estaba contento por él. Dios lo sabe, que algo bueno tenía que salir de ese lío. Se volvió a encontrar a Alex mirándole desde la puerta. —El hogar de Andrew —dijo. —Tal vez dejes de mirar por la ventana ahora —le espetó ella y se marchó escaleras abajo. Mordiéndose el labio, se arrastró tras ella, Jess acunada en el hueco de un brazo. Daniel estaba jugando en la parte inferior con sus trenes de juguete. Alex pateó uno fuera del camino cuando atravesaba, ignorando los lamentos descontentos de su hijo. Nathan se apresuró a bajar las escaleras y recuperó la pequeña locomotora de debajo de la mesa del vestíbulo. —Aquí tienes, amigo. No hay necesidad de llorar —murmuró mientras se la entregaba a Daniel. Su hijo se calmó de inmediato y continuó con su juego. Nathan le revolvió el pelo cariñosamente y le dejó mientras seguía a su esposa a la cocina.

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Alex estaba limpiando un mostrador. Estaba fregando con tanta fuerza que estaba seguro de que era su cara la que estaba limpiando. —¿Qué fue eso? —preguntó poco después—. No tenías que desquitarte con Daniel. Ella se negó a contestarle. Eran casi cinco horas más tarde, cuando Andrew logró una tranquila palabra con su ex esposa. Stephanie había ahuyentado a Colin a la cama con la promesa de que podría quedarse hasta tarde la noche siguiente. Ruth y Nick se habían hecho cargo ellos mismos de conocer a Nathan y al nuevo bebé de Alex, y Joe y Rich estaban en la habitación anteriormente área de vida de Andrew. Andrew estaba acunando un Jack Daniels y viendo a Stephanie mientras preparaba la comida para el día siguiente al aire libre. No podía quitarse de encima lo familiar que era todo aquello. Habían pasado muchas noches como esta, Andrew poniendo a Colin en la cama, mientras Steph cocinaba y preparaba para el día siguiente. —Como en los viejos tiempos —comentó mientras picaba cebolla, cada pocos minutos añadiendo a la creciente montaña en frente de ella. Asintió con la cabeza. —Así es. Agradable. No tengo bastante con esto, de verdad. En realidad, no comemos mucho de eso en Los Ángeles. —¿No cocinas en absoluto? —Se restregó los ojos cuando el jugo de la cebolla fue demasiado. Sacudiendo la cabeza, Andrew tomó un sorbo de su bebida. —No mucho. Rich come y bebe en restaurantes tanto, que sólo tiendo a comer fuera con él, o un aperitivo, si no voy. Stephanie picó otra cebolla y la empujó a la pila. —¿Crees que tenemos suficiente? —Preguntó. —¿Para la fiesta, o para toda la población de Castleton?

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—¡Eh! No voy a tener a Allison criticando lo mucho que alimento a mis invitados. —Mordía su labio inferior mientras observaba la comida preparada. —Ella no va a venir también, ¿verdad? —preguntó con una mueca de horror. Sonriendo, Stephanie le lanzó un pedazo de cebolla. —¿De verdad crees que podría alejarla cuando se enteró que estabas de vuelta en la ciudad? Era todo lo que podía hacer para detenerla de venir esta noche. La calle completa vendrá mañana. —Excepto Nathan. —Excepto Nathan, —estuvo de acuerdo. Andrew trazó la forma de la copa con los dedos. —No es realmente justo mantenerlo alejado. Stephanie levantó la vista. —No me importa lo que sea justo. Me preocupo por ti. Me preocupo para que disfrutes tu fiesta de cumpleaños con nuestros amigos y tu hombre. Nathan puede irse al infierno. Mirando la expresión decidida en su cara, no tenía ninguna duda de que había dicho algo parecido a Nathan. —Gracias, Steph —dijo en voz baja, conmovido por su sentido protector. Habían trabajado tan duro para protegerlo después de su ruptura. Todos sus amigos y familiares lo habían hecho, incluso su madre, a su manera, pero sin hacer demasiadas preguntas. No le habían mencionado el nombre de Nathan ni una vez en más de dos años. Incluso cuando trató de sacarlo a colación, cambiaban de tema. Gary había dejado claro que Gabe no era bienvenido, mientras que fuera todavía amigo de Nathan, lo cual acabó con esa relación. Andrew todavía se sentía culpable sobre eso, a pesar de las garantías de Gary de que sólo había sido por sexo y diversión.

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Y esta noche, cuando Alex se acercó con la invitación a ver al nuevo bebé, un poco insegura de su bienvenida, se habían congregado en torno a Andrew, no dejando entrar a Alex en la casa hasta que estuvieron seguros de que Nathan no estaba con ella. Casi había tenido que abrirse paso entre la multitud para darle un abrazo y prometerle que podría traer al recién nacido mientras estuviera en Castleton. A ella le parecía... extraño a su alrededor, rígido y tenso, aunque sus palabras eran lo suficientemente amables y ella parecía estar bien con la idea de que su madre bajara a su casa. Hubiera dado mucho por ver la reacción de Nathan a Ruth en la puerta. —¿Cómo se las está arreglando Daniel con una nueva hermanita? Stephanie sonrió. —No creo que con cuatro meses realmente le haga tanto impacto. Andrew frunció el ceño. Cuatro meses sonaba mal. Si Alex estaba embarazada desde hace más de dos años atrás, ella debía ser mayor que eso. —¿Cómo estás? En serio, quiero decir, —Stephanie interrumpió su línea de pensamiento. Andrew levantó la vista. —Estoy bien. A su mirada escéptica, dijo: —Estoy llevándolo mejor. Días buenos y días malos, ¿sabes? —recogió con desasosiego la etiqueta de la botella de bourbon. Era un hábito que utilizaba para conducir a su ex esposa al enfado durante su falso matrimonio. Sonrió mientras tomaba la botella lejos de él, colocándola en el mostrador detrás de ella—. La mayoría de las veces puede hacerlos frente. —Rich dijo que estás viendo a un terapeuta ahora. ¿Ayuda? Se encogió de hombros, pensando en el reciente período de sesiones que había soportado con el hombre que parecía un marginado de la década de los setenta y era muy aficionado a la pregunta: ¿Cómo estamos hoy? Esto llevó a Andrew a la locura. Quería señalar que si se trataba de una sesión de terapia mutua Andrew debería estar cobrando una cantidad

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exorbitante, también. Sin embargo, hacía feliz a Rich, y se suponía que ayudaba... un poco. Eran las cinco y media de la mañana y Nathan había terminado mirando al techo. Se levantó de la cama, con cuidado de no molestar a Alex. Todavía estaba oscuro, pero no podía dormir. Decidió llevar a los perros a correr en el parque antes de que los niños se despertaran y exigieran su atención. Eran apenas dos ahora.. Mollie había muerto un año antes. Sólo le llevó unos minutos deslizarse en sus zapatos de correr y salir de la casa, con ambos perros pegados a sus talones. Recibieron suficiente poca atención en estos días y disfrutaría de la posibilidad de una carrera libre de niños. Nathan sentía la frustración la miseria golpeando durante millas. Corrió por el barrio, milla tras milla devoradas y su mente todavía en un tumulto de ira y más ira al pensar en Andrew y el efecto devastador que había producido en la vida de Nathan. Mudarse a Castleton había parecido como una aventura. Una nueva mujer, un nuevo bebé, y una nueva carrera en la que tan duro había trabajado para conseguirla. Un nuevo vecindario con nuevos amigos. ¿Y ahora? Comido por los celos, la infidelidad a su esposa, anhelando a Andrew tanto que podría gritar y no se le permitía acercarse ni a tres metros de él. ¿Por qué no le dieron una bofetada con una orden de restricción, al mismo tiempo? ¿Y por qué él era el malo de la película? Andrew había estado todo sobre él antes de que hubiera tenido la oportunidad de hacer algo más que hablar de su pelo, y luego habían estado discutiendo trivialmente después. ¡Joder! Paso. ¡Joder! Paso. ¡Joder! Cada paso otra palabrota. Nathan avanzó a través del parque, prestando poca atención a nadie ni a nada, los perros tomando la oportunidad de seguir sus familiares veredas de olor. Nathan tendía a hacer un circuito, así que sabían que volvía con ellos.

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Corrió hasta la colina, mordiéndose los labios para tratar de evitar las imágenes de Andrew contra el árbol parpadeando a cámara lenta a través de su cabeza. Llegó a la cima de la colina para descubrir que los perros ya estaban allí, arremolinándose felizmente mientras Andrew le rascaba la oreja. Andrew... acariciando a sus perros... Andrew. —¿Qué quieres? —Nathan no estaba de humor para jugar de forma agradable, estaba enojado, maldita sea. No se sentía mejor viendo la ceja levantada de Andrew. —Tú. Ah, joder, no había nada que pudiera haber llegado a Nathan con más fuerza. —Sólo... quiero hablar contigo. ¿Hablar? Deberías haberlo hecho años atrás, amigo. —No debería haberte abandonado de esa manera. ¿Eso crees? Nathan apretaba los dientes con tanta fuerza que le dolía la mandíbula. —Yo estaba...estaba.... Nathan, ¿vas a decir algo o simplemente vas a retorcerte de enfado conmigo? —Andrew se puso de pie y empezó a caminar hacia él. Nathan se alejó. —¿Dónde están tus perros guardianes? Andrew sonrió y a Nathan le golpeó de nuevo una vez más lo impresionante que era. —En la cama durmiendo si tienen algún sentido. Sabía que la única posibilidad de llegar a hablar contigo era ahora. —Su rostro se puso serio—. Realmente quiero hablar contigo, Nate. —¿Por qué ahora? —Nate estaba todavía muy enojado por la forma en que había sido tratado por doblarse tras una mirada suplicante.

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—Porque no estaba lo suficientemente bien antes. —Andrew estiró una mano, pero Nathan dio otro paso atrás. De ninguna manera quería que lo tocara. Tocar llevaba a no pensar, y no pensar llevaba a otras cosas que Nathan definitivamente no quería considerar. —¿Has estado enfermo? ¿Andrew había estado enfermo y ninguno de los hijos de puta habían pensado en decírselo? El estómago de Nathan se irritó ante la idea. Frunciendo el ceño, Andrew preguntó: —¿No te lo dijo Stephanie? —Decirme, ¿qué? —Nathan maldijo cuando su voz se levantó airada — Drew, nadie me ha mencionado tu nombre en meses. No se me permite incluso decir tu nombre. —Es lo mismo aquí. Supongo que pensaban que era lo mejor. Tuve.... —Andrew hizo una pausa—. Una crisis nerviosa. Supongo que se podría llamar así. Nathan se le quedó mirando con la boca abierta. —¿Por mi causa? Andrew resopló con fuerza. —¿Tan arrogante? No estando de humor para un estúpido desaire, Nathan persistió, — Fue por mi culpa, por lo que hicimos. —¿Joder, quieres decir? —Andrew se encogió de hombros—. En parte, supongo. —Ante la mirada de Nathan, dijo: —estoy bromeando. —No es gracioso, amigo. —No fue divertido —admitió Andrew en voz baja. —Así que. Qué. ¿Qué pasó? —Los perros se arremolinaban alrededor, confundidos por la hostilidad repentina de Nathan y Andrew que se había perdido en su propio mundo de dolor. ¿Y Nathan? Nathan estaba a unos treinta segundos de darle un puñetazo a Andrew o besarlo. Ninguna de las dos cosas ayudaría a su causa.

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Andrew miró arriba, confundido. —Uh, tuve una crisis, como ya he dicho. Salí de la casa de Gary y no volví. —¿A dónde fuiste? —A pesar de que Nathan ya había adivinado la respuesta. —Me quedé con Rich hasta que pude volver a trabajar. —Andrew hizo una pausa, se volvió a perder en su propio mundo. Nathan se sentó en una mancha de húmeda hierba y esperó. Andrew parecía indeciso por un minuto, luego también se sentó. Curiosamente, los perros parecían tranquilizados por esto y se alejaron para inspeccionar los botes de basura, por las sobras. Pasaron varios minutos antes de que Andrew empezara de nuevo. Nathan había esperado pacientemente en lugar de tratar de incitarlo. —Realmente no sé por dónde empezar —dijo finalmente. —Dime por qué tuviste un ataque de pánico. —Parecía tan buen comienzo como cualquier otro. —No lo sé. Fue una conmoción supongo. En un minuto estabas follándome sin sentido, la siguiente vez oía que ibas a tener otro bebé y todo el mundo estaba tan condenadamente en calma. Al igual que estaba bien darme por el culo, mientras que Alex estaba embarazada. —No esperaste exactamente a ese cotilleo local —señaló Nathan, herido por la insinuación de que todo era culpa de él. —Tú no me apartaste exactamente —replicó Andrew. Nathan miró a lo lejos, parte de su mente todavía funcionando para comprobar que sus perros habían desaparecido. —Yo no quería hacerlo. Necesitaba... algo. Andrew suspiró suavemente. —Yo lo necesitaba también. Te necesitaba y pensé que por eso estabas allí... para estar conmigo para

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siempre. Estúpido de mí, de verdad. Mi suerte nunca ha sido tan buena — dijo sin un rastro de amargura—. Cuando me di cuenta que era sólo una jodida de despedida, bueno, mi mente desconectó. Mi terapeuta cree que estaba pasándome factura la adolescencia. Nathan parpadeó. Eso era nuevo. —Pasé la mayor parte de mis años de adolescencia ocultando el hecho de que era gay a mi mamá, luego tratar con un nuevo bebé y el matrimonio. Nunca tuve adolescencia realmente. Él cree que yo sólo necesitaba algo de tiempo. Y lo hice. Me acosté en mi cama, lloré mucho, dejé de comer, actué como una adolescente hasta... —¿Hasta? —Que me di cuenta que era un hombre que me sentía bien conmigo mismo. —Andrew miró a Nathan, que se percató de cómo sus ojos se volvían suaves cuando discutía de su pareja. Nathan frunció el ceño. Había pensado que Andrew sólo había salido con Rich. —¿Rich...? Asintiendo con la cabeza, Andrew volvió a sonreír, una tierna sonrisa, mientras pensaba en su novio. Nathan quería golpearlo en el rostro. —Lo conozco desde hace años, pero sólo tuve que repensar la forma en que pensaba de él. Me abrazó, me dio de comer, no dijo nada hasta que estuve dispuesto a escuchar, y luego, me hizo volver a enfrentarme al mundo exterior como un adulto de nuevo. Le debo tanto. Vergüenza en conflicto con ira, Nathan escuchaba. —¿Por qué no me lo dijeron? ¿Gary, Joe, Steph? No tenía ni idea. ¿Estuviste enfermo y no pensaron en que querría saberlo? —No quería que el otro hombre viera la ira en su rostro. Nathan miró hacia arriba para encontrar a Andrew mirándole con los ojos abiertos. Su rostro estaba tan pálido que cada peca, cada lunar, se destacaba en relieve. —¿Y si te hubieras enterado? ¿Qué, entonces? ¿Habrías venido corriendo hacia mí y te hubieras quedado conmigo para siempre?

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—Drew, yo... —Sin embargo, mientras observaba, Andrew le dio una triste, cínica sonrisa. —No importa ahora. Lo hecho, hecho está, Nate. Pensaron que era lo mejor. Yo no podría haberte manejado tratando de ser amable conmigo. —Pero... —Estoy en ello ahora. Volviendo a ser un niño grande. Y he encontrado el amor con un hombre maravilloso en el proceso. —La cara de Andrew se suavizó. Nathan abrió la boca para hablar, pero Andrew le interrumpió. — Nate, quiero que vengas a la comida al aire libre. Para mostrar a todos que el tiempo ha pasado. ¡Diablos no! Nathan quería mantener intactas sus bolas. —No creo que eso sea una gran idea, ¿verdad? —Se movió inquieto en la tierra húmeda, tratando de estirar las piernas. Parar tan repentinamente después de su carrera había hecho que sus músculos se acalambraran un poco. Nathan no estaba preparado para que Andrew se deslizara repentinamente entre las piernas y colocara sus manos sobre uno de sus muslos. —¿Qué carajo crees que estás haciendo? —Cállate y déjame trabajar. —Andrew tenía el ceño fruncido mientras sus largos dedos buscaron los nudos en los músculos de los muslos. —Sólo necesito ponerme de pie. —Nathan estaba casi retorciéndose en su intento de alejarse de Andrew—. ¡Andrew, suéltame! —Empujó hacia atrás y se puso en pie—. Para, ¿qué diablos fue eso? —Apretando la mandíbula, miró hacia abajo con indignación al otro hombre. —Tienes un calambre —señaló Andrew innecesariamente—. Sólo estaba tratando de ayudar.

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—Tú... nos... tocamos... cosas que suceden. —Era maestro. Podía poner una oración coherente junta. Sí, pero no con Andrew tan cerca de su polla. —Hicieron que pasara. —Andrew hizo hincapié en el pasado—. Vamos, Nate. —Levantó una mano para ponerle de pie. Automáticamente, Nathan se la quitó hacia arriba—. Esto es importante. Mostrará a todos que no hay nada entre nosotros. Los dos hombres se miraron en silencio. El parque estaba tan silencioso que Nathan podía oír la rápida respiración de Andrew. —¿Te refieres a eso? —dijo Nathan finalmente—. ¿No sientes nada por mí en absoluto? —Sólo amistad —le aseguró Andrew—. Y podemos mostrar a todos eso, para que puedan retroceder y darme-darnos la oportunidad de llegar a conocerte otra vez. —Amigos, entonces. Que se dan la mano. Andrew miró abajo donde sus manos estaban juntas todavía. Tenía un agarre fuerte en la mano de Nathan. Lo dejó ir a toda prisa, pero Nathan suspiró. —¿Quién te está tratando de convencer, Andrew? ¿Ellos o tú mismo? Disfruta de tu fiesta. Ignorando la expresión de angustia de Andrew, silbó a los perros para atraer su atención. Ya era hora de irse a su casa y no mirar atrás para ver si Andrew lo estaba observando. No podía hacer eso. Calificar exámenes apestaba en el mejor de los casos. Calificar exámenes, cuando sus pensamientos deambulaban unos pocos cientos de metros de distancia apestaba a lo grande. Nathan se quitó las gafas y se frotó con cansancio las sienes. Había estado mirando treinta variaciones diferentes de “Lo que yo voy a ser cuando crezca” durante más de tres horas. Para ser justos, las respuestas no

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eran todas lo mismo. Todos los chicos querían hacer volar cosas... sí, el Director Skinner, el Sr. Peterson estaba aún empezando el cuarto grado para explotar la clase. Era, sin embargo, el nombre de pila de todo el mundo en el Departamento de incendios de Castleton. Las chicas tenían un poco más de inventiva, pero ninguna de ellas parecía tener ninguna ambición más allá de Castleton. Era deprimente. Todo estaba tranquilo en la casa. Ambos niños estaban con Alex en el número doce, y con excepción de los olisqueos de los perros, no hubo otro ruido que hiciera descarrilar el tren de sus errantes pensamientos. La reunión con Andrew le había desconcertado. Habría saltado a la oportunidad de unirse a la fiesta si no hubiera tenido que lidiar con los gemelos perros guardianes, Gary y Stephanie. Nathan no estaba seguro de cual de ellos tenía los dientes más agudos, y no estaba por averiguarlo. Maldita sea, necesitaba un descanso. Tomar un refresco de la nevera, vagó fuera hacia el patio trasero. Hacía frío pero no era insoportable, y se sentó en el escalón con vistas al patio. Durante el año pasado había puesto mucho trabajo en el diseño de un entorno favorable al niño, y estaba empezando a dar sus frutos. Ningún momento era demasiado pronto. Daniel mostró signos de parecerse a Colin y Bobby, con su propensión para el barro y el caos. ¿Debería desalentar a su hijo de jugar con el de Andrew? Tal vez deberían alejarse de aquí. Comenzar de nuevo en un nuevo barrio. Podía oír el ruido de la fiesta fuera hasta aquí. Los gritos y risas. Muy pronto los hombres se pondrían inquietos y escaparían al parque con los niños. Nathan podía sentir espasmos en la mejilla. Tyler se había colocado sobre los pies de Nathan. Distraídamente Nathan le rascó detrás de las orejas y el perro cerró los ojos en éxtasis. Un repentino ruido rondaba el lado de la casa que les perturbó a ambos. Tyler se sentó, gruñendo un poco. Cuando Nathan fue a levantarse, Ruby salió disparada más allá de él, ladrando con fuerza. —Oye, Ruby. ¿Dónde está Tyler? Al oír su nombre, Tyler despegó detrás del otro perro. Nathan frunció el ceño al oír la voz de Colin. Siguió a los perros y se encontró con Colin

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en la esquina de la casa. El muchacho se ruborizó, como si hubiera corrido una gran distancia. —Hola, Sr. P nos vamos al parque. Vamos. —Pero... —Peterson, saca tu culo aquí fuera. La mandíbula de Nathan se dejó caer. ¿Gary estaba gritando por él? Instintivamente, se cubrió sus bolas. Colin se rió de él. —¿Tiene un problema, Sr. P? —Diablos sí, eh, no, eh... —Se calló cuando Colin le dirigió una mirada de complicidad. —No te preocupes. Papá ha puesto a Gary una correa. Ha prometido no molestar a mamá y a los vecinos este fin de semana. La cabeza de Gary apareció alrededor de la puerta. Nathan dio un paso hacia atrás. No importaba que el tipo fuera la mitad de su tamaño. Siempre había estado cagado de miedo por él. —No prometeré nada de eso, Colin. Pero no morderé, a Nathan... por ahora. Nathan hubiera estado más convencido si Gary no le hubiera enseñado los dientes al sonreír. El bastardo era plenamente consciente del efecto que tuvo sobre Nathan. —Colin, saca a los chuchos de aquí. Los chicos están perdiendo la paciencia —ordenó Gary. Tyler y Ruby empujaron hacia adelante con entusiasmo, pero Nathan puso una mano sobre sus cuellos para aplazar su salida. —Espera. —Ellos le miraron, confundidos por los cambio de órdenes.

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—Sólo saca tu culo al parque —dijo Gary con cansancio—. Los chicos quieren jugar y te quieren allí. Él quiere que estés allí. Estaré agradable por el amor de Dios. De vuelta a la esquina, Nathan se dio cuenta de que le habían dejado la pequeña opción de pasar la tarde abajo en el parque. ¿Calificar exámenes o jugar al fútbol? ¿Qué coño estaba esperando? No tenía que ir cerca de Andrew, Rich, o Gary en absoluto. —Sólo voy a cerrar la casa. Colin, ve por las correas. Gary, agarra a los perros. A los pocos minutos estaba en la acera uniéndose con los otros. Daniel había estado sosteniendo la mano de Andrew, pero a la vista de su padre, lo soltó y corrió hacia él. —¡Danny! Nathan utilizó la distracción de recoger a su hijo para superar la incomodidad de ver a Andrew y a Rich. Daniel se rió alegremente y empezó a contarle a Nathan todo sobre el helado de crema que Colin le había dado de comer. Por lo que Nathan podía decir, parecía consistir en caramelos, caramelos, y un poco de helado mezclado. —¿Tu madre te vio comer tantos dulces? Daniel negó con la cabeza. —Ningún caramelo. Helado. Colin me lo dijo —dijo todo importante. Su padre miró por encima de Colin, que le dirigió una amplia mirada inocente, los ojos muy abiertos. Nathan rodó los ojos hacia él y se volvió hacia su hijo. —Apuesto a que sabía asqueroso, ¿eh? —¡Oh, no, papá. Tenía un sabor delicioso. Daniel continuó tratando de convencer a su padre, mientras caminaban hacia el parque. Nathan acababa de llegar en el tema del saborcoles y gominolas de gusanos, mientras caminaban por las puertas.

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—Eso es asqueroso, amigo. —Gary hizo una mueca cuando Nathan bajó a Daniel para que corriera y se uniese a Colin y los perros para un revolcón en la hierba. Nathan abrió la boca para responder cuando Andrew se acercó a él, con Rich sobre sus talones. —Nate, este es Rich. Era un tipo bien parecido. Una sombra bajo suyo, 1,82. Nathan consiguió una puñalada infantil de satisfacción con que el hombre tuviera que mirarle arriba, el pelo rojo, ojos grises. Tenía unos cuarenta años, pero los llevaba bien, y le dio a Nathan una amistosa y abierta sonrisa cuando se dieron la mano. Nathan quería odiar al novio de Andrew, aunque sólo fuera para sentirse mejor, pero Rich era un tipo realmente agradable que parecía no tener problemas con reunirse con el hombre que había causado la crisis nerviosa de su novio. —Nathan. Genial, que te hayan arrastrado al final. Ven aquí. Estás en mi equipo. Colin, vamos. ¡Tenemos que golpear el culo de tu padre! — Michael corrió y lanzó el balón a Nathan. A los pocos minutos se encontró corriendo al lado de Rich y Colin con Andrew y Gary en el lado opuesto. Durante un tiempo puso todos los problemas e incomodidades a un lado, cuando jugaron al fútbol hasta que todos quedaron agotados y cayeron rendidos en la hierba. Afirmando que era demasiado viejo para jugar, Jim se había mantenido al margen cuidando de Daniel y los perros. Cuando los hombres se relajaron, repartieron botellas frías de refrescos y agua. —¿Qué quieres, Nate? —Agua, gracias, Jim.

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Gary se dejó caer junto a él. Nathan le ignoró durante unos minutos mientras observaba a Colin jugar con Daniel y los perros. Podía sentir a Gary inquieto a su lado. Con el tiempo perdió la paciencia. —Cualquier amenaza o advertencia que desees hacer, solo acaba de una vez. —¿Tengo que hacer alguna amenaza? —No desde donde estoy parado, Gary. Me alejé como querías. Y estar aquí ahora no fue mi elección. —Desde donde estaba sentado, podía ver a Andrew acurrucado contra Rich, mientras hablaba con algunos de los vecinos. —Lo sé. No fue la mía tampoco. Si por mí fuera, nunca habrías llegado a tres metros de él. Nathan oyó su tono de acero. Gary, al parecer, sólo podía actuar agradable durante tanto tiempo. Como él mismo dijo. —Sólo dejarte claro que si incluso piensas en recuperar tu pulido bate de nuevo, no va a ser de mi chico. —Ese es el asunto, ¿no es así, Gary? No es tu chico nunca más. Has perdido a tu rollete sexual al igual que yo. —Se volvió para dar una viciosa sonrisa a Gary. —¿Habéis terminado vuestro concurso de a ver quién la tiene más larga? —Una fría voz enfadada sorprendió a ambos. Nathan miró hacia arriba. Andrew y Rich se encontraban por encima de ellos. Andrew parecía furioso, sus labios apretados con tanta fuerza que Nathan podía ver blanco todo el camino alrededor. Rich no dijo nada. Sabia decisión. Se quedó mirando el suelo, preguntándose cuál de ellos le tomaría por asalto esta vez. —Sí, creo que sí. Nate y yo hemos hablado acerca de ti y decidido que no vales la pena, así que vamos a emborracharnos en su lugar. —

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Nathan saltó cuando Gary dejó caer un pesado brazo sobre los hombros. Lo apretó en un aviso tácito. Los ojos de Andrew se ampliaron y luego se echó a reír, llegando hasta golpear a Gary en la cabeza. Gary se encogió de forma espectacular. —¡Ay! ¿Qué fue eso, y por qué no golpeaste a Nathan? —Sólo porque me dijiste que no valía la pena ni una mierda —señaló Andrew. —¿Él no lo hizo? ¿No lo hiciste? —preguntó Nathan. Nathan sacudió la cabeza. —No, creo que te darás cuenta de que lo insultaste esa vez totalmente solito. Gary hizo una mueca. —Maldita sea, es mucho más divertido ser grosero con él con otra persona más. ¿Dónde está Gabe cuando se le necesita? Una hora más tarde la multitud en el parque de mala gana decidió apartarse de vuelta a las mujeres en su vida, y a la fiesta. Aunque Jim no parecía ansioso por volver a Allison y su tablón de anuncios. Cuando se acercaron a la casa, Andrew podía ver a Nathan mirándole y luego se alejó. Le tomó unos minutos darse cuenta de que Nathan no estaba seguro de si la invitación del parque se extendía a la casa. —Esperaré por ti mientras te ocupas de los perros, Nate —gritó, mirando a Rich para su aprobación. Su novio asintió con la cabeza, y Andrew salió de su lado para ir y estar junto a Nathan. Colin se unió a él, llevando a Daniel en sus brazos. El niño se había casi dormido, con la cara enterrada en el cuello de Colin. Gary se encogió de hombros y dirigió al resto de los hombres a un lado de la casa de Joe y Stephanie al patio trasero.

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Nathan llevó a Tyler y a Ruby alrededor de la parte de atrás y los dejó en la cocina. Después de unos minutos, se reincorporó a Andrew y Colin. Daniel todavía estaba muerto para el mundo en los brazos de Colin. —¿Quieres que te saque a Daniel de las manos? —Ofreció—. Sé lo pesado que es. —Es ligero. —Colin sostuvo al pequeño protectoramente. Andrew no se había dado cuenta de que, a pesar de la década entre ellos, Colin y Daniel eran muy aficionados el uno del otro. Había una punzada cuando reconoció que no había estado alrededor para ver su creciente amistad, y nadie había pensado ni siquiera en querer mencionárselo. Se preguntó cuántas otras cosas se había perdido. Le sonrió a Nathan. —Veamos si Gary nos ha dejado alguna cerveza. —Puedo —empezó Colin. —¡No! —Interrumpieron los dos hombres. Stephanie miró la expresión malhumorada en el rostro de Colin, cuando entraron en la casa. Levantó una ceja a Andrew, quien le articuló la palabra “cerveza” a ella. —Ah. Vamos a poner a Daniel en el estudio. Podemos oírlo cuando se despierte. Colin siguió a Steph dentro del estudio y puso al niño dormido en el sofá. Los dos hombres observaban, mientras colocaba cojines a su alrededor para evitar que rodara fuera. —Seguiré viniendo para comprobarle —prometió Colin a Nathan. —No me había dado cuenta de que los chicos eran tan cercanos — comentó Andrew a Nathan cuando Colin salió corriendo a la cocina en busca de una bebida no alcohólica.

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Nathan le dio una pequeña sonrisa. —No puedo comprenderlo tampoco. Son más como hermanos que vecinos. Supongo que va a cambiar cuando Jess se ponga de pie y Daniel se dé cuenta que en realidad tiene una hermana. Colin va a descubrir a las niñas en algún momento también. —Que Dios nos ayude —murmuró Andrew—. Tendrá que descubrir agua y jabón en primer lugar. ¿Cerveza? —Diablos sí. —¿Cómo estás? A la caza de un gran cubo de hielo fundido para una cerveza, Andrew se volvió para encontrar a Rich justo detrás de él. Sonrió a su novio y le atrajo para un abrazo. —Estoy bien. ¿Y tú? —Enterró su nariz en el cuello de Rich, disfrutando del calor y el olor ligeramente picante de su colonia. Rich le rozó más cerca, por lo que Andrew se sentía cálido y protegido. —Mejor ahora que no me vas a hacer correr por ese parque. Soy demasiado viejo para eso. Andrew levantó la vista y miró de reojo. —¿Ah, sí? ¿Eres demasiado viejo para otras cosas también? Rich le dio una sonrisa malvada, arrugando los ojos en las esquinas. —¿Quieres encontrar un lugar tranquilo y lo averiguas? —Sutilmente se frotó contra Andrew. —Jo... —Andrew se mordió el gemido que salió a la superficie—. En cualquier momento, Sr. Andrews. Con tal de que sea lejos, muy lejos de mi mamá. —¿Hasta qué punto eso tiene que ser? —Por lo menos a dos estados de distancia —dijo Andrew, sólo medio en broma.

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Rich se burló cuando se inclinó hacia adelante para darle un beso. — Mejor que sea más tarde entonces. —Más tarde —coincidió Andrew, sus manos deslizándose por el culo de Rich para tirar de él más de cerca. Mientras besaba a Rich, parte de su cerebro se sorprendió por su audacia en ir donde cualquiera podía ver: su mamá... Nathan... —No tienes que hacer esto, ¿sabes? —Susurró Rich en su oído. —¿Hacer qué? —preguntó Andrew, moviendo su cabeza de modo que sus labios se apoyaran contra los de Rich. —Hacerlo tan públicamente. No tienes que demostrar nada a nadie. Andrew presionó en el beso. —Tal vez quiera hacerlo —dijo, casi sin aliento—. Nunca he sido capaz de hacerlo antes. Muy bien, así que tal vez parte de él estaba actuando como un adolescente rebelde, pero nadie se quejaba cuando Stephanie daba un beso a Joe, ¿verdad? Aparte de su madre, por supuesto. Realmente esperaba que su madre hubiera visto esto. Arriesgó una rápida mirada hacia arriba. Nathan estaba mirando desde la puerta de la cocina. Había sido testigo de todo el intercambio. Bueno, pensó Andrew. Nathan tenía que ver esto. En la mente de Andrew había tenido la idea de eso, si sólo sus amigos pudieran verle actuando con normalidad con Nathan, las cosas volverían a ser como eran antes de irse a Los Angeles, podrían ser sólo amigos, a pesar de su atracción mutua. Le dio otro beso a Rich y dando un paso atrás, hizo un gesto más a Nathan. —¿Quieres otra cerveza, Nate? Nathan asintió con la cabeza y tomó la botella que Andrew le entregó, encogiéndose cuando sus dedos se tocaron brevemente. Andrew

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fingió que no se había dado cuenta y rebuscó en el cubo por otras dos botellas. Entregando una a Rich, le preguntó: —¿Sigue Daniel durmiendo? —Fuera de combate. Colin le alcanzó en el suelo. Claro, que estará levantado toda la noche si duerme demasiado tiempo. —Nathan engulló su cerveza—. Le despertaré pronto y le daré algo de comer. —No estoy seguro de que Daniel sea el único cansado. ¡Mira! — Rich señaló a la puerta abierta del estudio. Gary y Colin se habían acurrucado en el sofá al lado de Daniel. Habían empezado a jugar en la Xbox de Colin, pero se habían quedado dormidos en mitad del juego. Gary estaba roncando con la boca abierta. No era un espectáculo agradable. Andrew localizó a Jess, acunada en los brazos de su madre. Acababa de ser alimentada por Alex e hipó suavemente en el hombro de su madre. Ruth le dio unas palmaditas en la espalda suavemente, cuando murmuró cosas dulces a la pequeña niña. Rich siguió la dirección de su mirada. —Tienes un hermoso bebé, Nathan. —Nosotros —coincidió Nathan— hemos tenido mucha suerte con nuestros hijos. Hemos perdido tu toque mágico con las fotos, sin embargo, Drew. El otro hombre era bueno, pero de alguna manera simplemente no tan bueno como tu foto de Daniel. —Las cámaras están en el coche. ¿Quieres que me acerque antes de que salgamos mañana? La cabeza de Nathan giró bruscamente para mirarlo con consternación. —¿Te vas mañana? ¿Tan pronto? —Ante la mirada confundida de Andrew, se puso rojo—. Supongo que pensé que te quedarías aquí durante unos pocos días. —Tengo una reunión el lunes —explicó Rich—. Y Andrew un reportaje. —¿Ya trabajas de nuevo?

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—Sí. —Andrew no dio más detalles. Era para una revista gay, y recordaba claramente la última vez que Nathan vio una de sus fotos en una revista de pornografía. Nathan frunció el ceño y parecía a punto de preguntarle más cuando Joe deambulaba. —¿Más cerveza? —preguntó, agitando la botella vacía a su alrededor. —En el cubo, a pesar de que vas a necesitar más pronto. No querrás que Allison se queje —bromeó Andrew. Rich frunció el ceño. —¿Allison? —La pequeña rubia. —La de los espeluznantes jerseys a juego. —El tablón de anucios. Su frente se despejó cuando los otros hombres hablaban a la vez. — ¿La que se quejaba de la altura de la hierba en el patio? Joe asintió con la cabeza. —Ya lo tienes. Mis habilidades de siega no coinciden con las de Andrew. Siempre está quejándose de mí. La semana pasada fueron las malas hierbas. Nathan balbuceó mientras se atragantó con su cerveza. —¿A ti también? me dio un infierno con algunas malezas. Pensé que eran flores. Mientras observaba a los dos hombres intercambiar historias de horror acerca de sus encuentros con Allison, Andrew sintió una punzada de celos. Este era su mundo antes de que Joe se trasladara aquí. Ahora Joe tenía su casa, su hijo, sus amigos, e incluso sus espeluznantes vecinos. Se sentía feliz en Los Ángeles, pero a veces... a menudo, si era honesto, echaba de menos la vida que había dejado atrás.

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Un toque en su brazo le llamó la atención. Alzó la vista para ver la expresión de comprensión en el rostro de Rich. Inmediatamente se sintió culpable, aunque no tuviera nada de qué sentirse culpable. Rich le atrajo más cerca. —Vamos a volver más a menudo —le susurró al oído de Andrew. Andrew respiró hondo. Estaba bien. Podía tratar con ello. No estaba solo. Alex estaba borracha como una cuba y riendo. La mayoría de ellos lo estaban. No parecía molestar a Ruth, sin embargo, lo cual Andrew no entendía, porque si había una cosa con la que podía contar era la desaprobación de su madre sobre el sexo, el alcohol, y cualquier cosa divertida, especialmente en cuanto a Andrew se refería. Sin embargo, allí estaba ella, sin los labios fruncidos y comentarios socarrones. Se estremeció un poco y Rich apretó sus brazos. Andrew inclinó la cabeza para presionar un beso en la mandíbula de Rich para tranquilizarlo. —Estoy bien. Un poco cansado, eso es todo. —No se había escapado a su atención que los dedos de Nathan se habían apretado alrededor de su botella de cerveza. Alex estaba hablando en voz baja a su madre acerca de Jess. Andrew estaba a punto de preguntarle a Nathan sobre la discrepancia con la edad de Jess cuando Ruth habló. —Es hermosa, Alex. ¿Vais tu y Nathan a tener más hijos? La joven se echó a reír. —Espero que sí. Nathan va a querer un montón de niños con los que jugar. Andrew echó una mirada a la cara de Nathan. Extrañamente estaba blanco para una cara tan expresiva. La Sra. Matthews dio un beso suave en la frente del bebé mientras dormía. —Siempre quise más nietos, pero Andrew y Stephanie no parecían querer más.

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Stephanie apretó los labios. Era una antigua frecuente queja de su exsuegra. —Sabes por qué no tuvimos más, mamá. —Lo sé, pero desde que tuviste a Colin, ¿te habría matado tener otro? —Así que, no era tanto el cambio de personalidad entonces. —Andrew y yo no teníamos ese tipo de relación. —Steph estaba obviamente tratando de no perder los estribos con Ruth. Andrew podía sentir sus mejillas empezar a acalorarse. Podía sentir la tensión en los brazos de Rich, mientras lo rodeaban. Su madre dejó escapar un suspiro. —Deberías haber sido más como Alex, en lugar de alentar la enfermedad... de Andrew. —La homosexualidad de Andrew, no es una enfermedad, Ruth, — Stephanie espetó de nuevo automáticamente. Tomó un largo trago de su bebida—. ¿Qué quieres decir, más como Alex? Los tres hombres miraban cómo Alex le dio una sonrisa descuidada. Lentamente, Andrew recordó el número de veces que Steph había quedado destrozada de manera similar por esos eventos. Desde que estaba con Joe, no parecía sentir la necesidad de más. Ella estaba feliz y relajada, y se notaba. —Quedar embarazada lo habría mantenido contigo, querida, en vez de salir para estar con ese hombre. Joe resopló con fuerza. Andrew curvó los dedos donde los estaba cavando en el brazo de Rich. Atrapó a Nathan dándole una mirada comprensiva. —Para tu información... —Stephanie comenzó con vehemencia. —O sólo di que lo estás. —Alex hipo en su vaso—. ¿Más vino? — preguntó, agitando el vaso a Stephanie.

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—Ahora. ¿Qué quieres dar a entender con decir que estás embarazada? —Stephanie rellenó el vaso de Alex. Miró hacia donde los tres hombres estaban de pie inmóviles. No parecía que Alex siquiera supiera que estaban allí. Alex se encogió de hombros. —Nathan me iba a dejar por Andrew. Lo escuché hablando con Bob sobre esto, por lo que fingí estar embarazada. Yo sabía que él no me dejaría con dos niños. Es bastante fácil decir que lo había perdido y luego volver a intentarlo otra vez más tarde. No iba a perder lo que era mío. Andrew se preguntó si Rich pudo oír el estruendo de su sangre en sus oídos mientras trataba de respirar. Vio el color drenarse de la cara de Nathan, dejándolo tan pálido que se preguntaba si el joven hombre se iba a desmayar. La idea se le había ocurrido, obviamente, a Joe, porque había ido para quedarse de pie junto a Nathan y estaba hablando con él, su mano sobre su brazo. Andrew no podía oír lo que estaba diciendo con precipitación en sus oídos. Estaban como las piezas de un mecanismo de relojería con las teclas saltadas, todos mirando a la mujer que había hecho esa devastadora confesión en estado de embriaguez. Nathan estaba mirando a su esposa como si nunca la hubiera visto antes. Rich se aferraba a Andrew como si necesitara apoyo. Si Andrew lo pensaba bien, habría dado una sonrisa cínica, cuando su madre sacudió a la bebé y sonrió con aprobación a la mujer que le había hecho tanto daño. La aceptación de su sexualidad, obviamente, sólo fue superficial. Nadie se movía, excepto Alex mientras se servía otra copa de vino. Andrew no estaba mirando a Ruth en absoluto. Su mirada estaba bloqueada en Nathan. Egoístamente, en lo único que podría centrarse era en la idea de que Nathan había pensado en dejar a Alex para vivir con él. Había planeado marcharse. Nathan había querido a Andrew.

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Capítulo Doce Nathan podía sentirse temblar cuando salía de la casa, su angustia haciéndole difícil pensar con claridad. No sabía a dónde ir; todo lo que sabía era que no quería encontrarse con Alex a corto plazo. No podía garantizar la responsabilidad de sus acciones. —Vamos. —La voz de Andrew detrás le calmó el torbellino en la cabeza durante un minuto. Dejó que tomara su brazo y lo llevara dentro de la casa y al sótano. Una vez dentro Andrew lo empujó sobre el sofá-cama. Nathan vio cómo Andrew subía corriendo las escaleras en el interior de la casa y cerró la puerta. El torbellino en su cabeza coincidía con la agitación en el estómago. Nathan se centró en el tejido de algodón de sus vaqueros. Cuando eso no ayudó, cerró los ojos para tratar de obtener un control sobre sí mismo. Sintió que la cama descendía cuando Andrew se sentó junto a él. — Toma esto. El olor a licor fuerte asaltó su nariz justo antes de que tomara un trago. Nathan tosió y escupió cuando un camino quemaba por su garganta, pero el truco sirvió, calmando la turbulencia en su cuerpo. —Más —instó Andrew, mientras frotaba círculos reconfortantes en la espalda de Nathan. Probablemente ni siquiera se daba cuenta de que lo estaba haciendo, Nathan pensó mientras obedientemente bebía un poco más. —Suficiente —dijo Nathan, cuando Andrew trató de hacerle beber de nuevo. Tenía mejor control de sí mismo ahora. —¿Seguro?

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Nathan levantó la mirada a Andrew. Parecía querer decir algo, pero luchaba por encontrar las palabras. Al final miró a Nathan. —¿Es cierto? —¿Qué? —dijo Nathan estúpidamente. —Que ibas a dejarla y estar conmigo. ¿Me querías? —El abierto dolor en los grandes ojos de Andrew era casi insoportable. Nathan asintió con la cabeza. Las implicaciones de lo que acababa de escuchar les estaba golpeando duro a ambos. —Debe haberme oído hablar con Bob de ello. Ha estado, estaba, prestándome un hombro donde apoyarme. No tenía ni idea de que ella incluso se hubiera dado cuenta de que había algo entre nosotros. —Estás bromeando, ¿verdad? —Andrew le dio una mirada de incredulidad—. Un ciego podría haber comprendido que algo estaba pasando. —¿Qué? —Nathan sintió que estaba en un estúpido lío. Andrew se sentó junto a él otra vez, con más espacio entre ellos. — Tú y yo, no fuimos exactamente sutiles. Tontos argumentos, por no hablar de que estábamos bien uno en el bolsillo del otro o uno en los pantalones del otro. Alex no es estúpida. Estaba obligada a idear algo. —Pero fingir estar embarazada... —Estaba protegiendo a su familia, Nate. No tiene mucho y no iba a dejar de lado lo que tenía sin luchar. —¿Por qué la defiendes después de lo que nos hizo? —Nathan quería matar a la perra y ¿Andrew la estaba defendiendo? Andrew suspiró y dijo: —No hubo un nosotros. Eras tú y ella. Entiendo por qué lo hizo. Si tú... hubieras sido mío, yo no te habría dejado ir tampoco. —Su mano se deslizó sobre la de Nathan y sus dedos se entrelazaron juntos.

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—Lo tenía todo planeado. Mamá y papá estuvieron de acuerdo en ayudarme a apoyar a Alex y Daniel, mientras yo me acomodara contigo. Entonces, justo cuando me decidí a decírselo, ella me dice que está embarazada y no pude hacerlo, no podía dejarla sola con dos niños. —No, no podías —coincidió Andrew, apretando la mano de Nathan con suavidad. —Yo quería decírtelo. Vine a decírtelo, —enmendó—. Entonces, nos distrajimos... y te marchaste y yo... —Se calló, sin saber qué decir. —No te di una oportunidad, ¿no? Lo siento. Rich me echó la bronca por abandonarte de esa manera. Nathan encontró eso más difícil de creer dadas las circunstancias. Andrew vio la expresión de su rostro. —Sé lo que debes estar pensando. Nathan esperaba sinceramente que no fuera el caso, o estaría en problemas. —Pero Rich pensó que debía estar en contacto contigo. Trató de hablarme para que te llamara durante meses. —Entonces, ¿por qué no lo hiciste? —preguntó Nathan, su voz áspera contra el dolor de la admisión de Andrew. Se sorprendió cuando Andrew se arrodilló delante de él. Andrew alejó el vaso y encerró las manos de Nathan en las suyas. —Debido a que tenías un nuevo bebé en camino, Nate. Yo no podía alejarte de Alex. Te amaba, pero tu familia era más importante. Te necesitaban. Nathan se estaba ahogando en la mirada de Andrew. Apartó los ojos y miró fijamente a sus manos, las suyas más grandes rodeadas por los largos y pálidos dedos de Andrew. —No lo digas. —No quería oír confesiones de amor ahora—. ¿No me necesitas ahora que ya tienes a Rich?

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Andrew apretó los dedos casi dolorosamente y su voz, cuando llegó, era tosca, al descubierto. —No vuelvas a confundir el amor que tengo por Rich con el que sentía por ti. Te necesitaba, joder sabes que te necesito... te necesitaba. — Dio un traspié con el desliz—. Pero nunca fuiste mío y nunca me dijiste ni una vez que me querías, sólo yo. Y yo estaba tan condenadamente cansado de ser el segundo mejor. Nathan miró hacia arriba, sólo para ser destrozado por el dolor en esos ojos enormes. Vio una simple lágrima arrastrarse por la mejilla de Andrew. Sacó una mano libre para enjugar la lágrima. —¿Y ahora? Andrew le dio una sonrisa que casi le llegaba a los ojos. —Ahora estoy con un hombre al que quiero mucho... y sin equipaje... y tú tienes dos hijos maravillosos y una esposa que tienes que aprender a amar de nuevo. —¿Lo quieres más...? Andrew colocó un dedo sobre sus labios. —No tienes derecho a preguntar eso, Nate. Sólo se feliz por mí. —Tú no tienes derecho a pedir eso, Andrew. Has dejado mi vida en pedazos. Yo estaba feliz antes de conocerte. Nosotros estábamos muy contentos, Alex y yo. —¿Y ahora? —Andrew se hizo eco de su pregunta. —Siento como que tuve una oportunidad de ganar la lotería sólo para que me dijeran que fue un error, que alguien más tenía el boleto ganador. Dándole una sonrisa triste, Andrew dijo: —Bienvenido a mi mundo. Se oyó un golpe suave en la puerta exterior. —¿Andrew? ¿Está Nathan ahí? ¿Está bien? —Stephanie sonaba ansiosa. —Está bien. Sólo lavando los platos —gritó Andrew—. Danos cinco minutos y saldremos fuera.

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—Está bien. Oyeron que se alejaba y Andrew retrocedió un poco para dar un poco de espacio a Nathan. —Gracias —dijo Nathan brevemente. Andrew se sentó en cuclillas. —No hay problema. Será mejor que vuelva sin embargo. Es posible que hayamos empezado ya el rumor. —Que se jodan. La respuesta corta puso una sonrisa sincera en el rostro de Andrew, y por un breve momento disminuyó el nudo en el esternón de Nathan. Se inclinó hacia adelante y castamente puso un beso en la boca de Andrew. Tomado por sorpresa, los labios de Andrew se abrieron bajo los suyos y el beso cambió de casto a otra cosa, no sexual, más desesperado y pegajoso. Sabían que era de despedida, pero ninguno de ellos estaba dispuesto a dejar que el otro se fuera. No se acercaron más, conociendo la consecuencia inevitable del contacto mutuo. Podía sentir a Andrew agitándose bajo su boca, y retrocedió, tratando de ponerse bajo control. El tiempo se detuvo. Andrew asintió en acuerdo, sus ojos azules desenfocados y su boca roja e hinchada por los besos de Nathan. —Simplemente... —Nathan hizo una pausa mientras trataba de ordenar sus pensamientos— no niegues lo que sientes por mí. Nada de esa basura de “sin sentimientos”. Esto... —pasó los labios de Andrew con las yemas de los dedos— ...prueba otra cosa diferente. —No más mentiras —prometió Andrew. Nathan se puso de pie, levantando a Andrew con él. —Sé feliz, Drew. —Y tú, Nate.

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De alguna manera esta cruda despedida realmente fue la conversación más sincera que jamás habían tenido.

El Sr. RICHRAD ANDREWS Y EL Sr. ANDREW MATTHEWS INVITAN AL Sr. Y LA Sra. NATHAN PETERSON Y NIÑOS. ÚNETE A ELLOS EN EL GRAN HOTEL, PARA CELEBRAR SU MATRIMONIO. Llegó en el correo, un sobre pequeño, blanco, de apariencia inocua. Allí estaba la fecha, la hora, y en garabato desordenado de Andrew debajo, que había escrito: Si no podemos hacerlo de verdad, al menos podemos tener una gran fiesta. Esperamos con ilusión verte allí. Colin dice que va a cuidar a Daniel. La llamada telefónica siguió los pasos a la invitación. —Hey, escuché que tu chico va a llevarte él mismo la bola y la cadena. —Gabe. —Tendría que haber esperado esto. —Tengo una invitación para la despedida de soltero, ¿o debería ser soltera, cuando Droopy definitivamente consiguió un hombre rico? —¡Gabe! —gritó Nathan su nombre en un gruñido de advertencia de no lo empujes, amigo. Como siempre, Gabe prefirió ignorarlo. —¿Piensas que usará un vestido, rosa, o...? Nathan dejó escapar el aliento. Estaba harto de que Gabe fuera una completa pérdida de energía. —¿Realmente deseas algo, bobo, o sólo estás llamando para molestarme?

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—Eso es sólo un bono. Estaba llamando para hacerte saber que Joe y Michael te llevarán a Los Ángeles. Todo está organizado. Sólo tienes que parecer bastante-bastante vacío así. Estalló en carcajadas de risa. Nathan sólo esperó pacientemente a que terminara. —No sé si puedo ir todavía. No he hablado con Alex —dijo en tono neutral. Y no iba a ir con cualquiera. No había jodida manera de que Nathan fuera a Los Ángeles para ir de marcha con Andrew. De marcha, esquinas oscuras, ambos con el control de Daniel en su triciclo. Hubo una pausa en el otro extremo. —No vas a venir, ¿verdad? — Gabe conocía a Nathan demasiado bien. —No, no voy. —¿Qué pasa con la boda? Nathan negó con la cabeza a pesar de que Gabe no podía verlo. —Lo dudo. No podemos darnos el lujo de permanecer allí y estar muy lejos para conducir ida y vuelta en un día. —Puedes permanecer en casa de Gary, o de Andrew —sugirió Gabe.

Sintiendo que le había dado un puñetazo en la tripa, Nathan dijo: — No creo que fuera una buena idea, ¿verdad? —Supongo que no, —estuvo de acuerdo Gabe—. Nos, eh, pondremos al día. Más tarde, amigo. Nathan se quedó escuchando el tono de marcado.

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Alex respondió a una llamada a la puerta cuando Nathan estaba en medio de la planificación de clases, la mesa del comedor cubierta de libros y gráficos. —¿Nate? —Alex asomó la cabeza por la puerta—. Stephanie quiere saber si la cena del viernes por la noche está bien. —Sí, eso está bien. —Nathan no levantó la vista de sus papeles. —Y Joe quiere saber qué debería llevar para la despedida de soltero. Nunca ha estado en un club en Los Ángeles. —Sonaba confundida, como de hecho lo más probable es que lo estuviera. No le había mencionado la boda a ella. Nathan miró arriba. —Dile que iré más tarde, después de haber terminado esto. Alex frunció el ceño. —Nate... —Más tarde, Lexi, estoy ocupado. Volvió a su trabajo, sus ojos firmemente fijos en el planificador delante de él. Oyó el murmurado gruñido de frustración y luego los pasos de nuevo a la puerta principal. Nathan exhaló lentamente y tragó saliva en contra de las emociones que se acumulaban en su interior. Oyó la puerta frontal cerrarse, y luego Alex estaba en la entrada. —¿Vas a explicarme sobre qué es todo esto? ¿Qué despedida de soltero? Más en concreto, ¿quién se va a casar? —Andrew. —¿Andrew? —Repitió. —Eso es. Ahora bien, si me disculpas... —Oh, no, Nathan Peterson, no vas a salir de ello tan fácil. ¿Se va a casar y no me lo dijiste? —¿Por qué diablos iba yo a decírtelo, después de todo lo que pasó? —Le gritó a ella.

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Alex lo miró fijamente, y luego preguntó en voz baja —¿Te envió invitación? Nathan asintió, cansado de la conversación. —Lo hizo. La tiré. ¿De verdad crees que quiero ver que se case? —¿Alguna vez pensaste que podría quererte allí? —preguntó en voz baja. Se encogió de hombros. No había ninguna diferencia, no iba a ir. Luego había un mensaje de texto de Gary. ¡Y siendo un gilipollas... de nuevo! Nathan pulsó borrar. —¿De verdad tiraste la invitación de inmediato? Eran las siete y media de la mañana. Nathan llegaba tarde para la escuela. No quería esta conversación ahora. Iba a la caza de las llaves del coche bajo el montón de ropa de bebé en la mesa de la cocina cuando Alex le preguntó. —Ahora no, Alex. Llego lo suficientemente tarde ya. Daniel gateó hasta darle un abrazo. Nathan no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde, sus manos estaban cubiertas de yogur. Cuando puso a su hijo abajo, Nathan se dio cuenta de que tenía dos huellas de manos en la camisa. —¡Mierda! Ahora tengo que cambiarme. ¿No podías haberle limpiado las manos antes de bajarlo? —Lo hice —le espetó— después de su desayuno. Se apoderó del tuyo que dejaste sobre la mesa. Ya te he dicho antes, que no dejes las cosas ahí, una vez que hayas terminado.

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Nathan se puso rojo cuando se quitó la camisa. Sin decir palabra, Alex le entregó una nueva. Se la puso, casi arrancando los botones mientras trataba de poner sus brazos a través del abotonado de los puños. —¿Dónde está la invitación? Él resopló con exasperación. —Ya te dije que... —La tiraste. Sí, he oído eso, pero estás mintiendo. Te conozco, Nathan. ¿Qué es lo que realmente hiciste con ella? En silencio, se acercó a una pila de papeles sobre el escritorio. Alex lo llamaba el agujero negro de Nathan. Cualquier cosa y todo lo que apestara de ese lío y nunca saliera de nuevo. Él se la entregó. Ella la leyó y miró arriba, y Nathan se acordó una vez más de todo lo que había perdido, el duro nudo de la desesperación se alojaba debajo de su esternón. —¿No quieres ir? Se encogió de hombros. —No, pero puedo hacerlo si quieres. Es una fiesta. Nuestros amigos estarán allí. Puedes emborracharte. Ella se estremeció y dejó caer la invitación como si se quemara los dedos. —Por favor, Nathan, —susurró—. ¿No podemos pasar esto? Él es feliz ahora. ¿Qué pasa con nosotros? Nathan dio un ladrido corto de risa. —Un poco tarde para jugar a las familias felices, ¿no te parece? Él ignoró la expresión de su angustia y se volvió para salir. —Me fuiste infiel, ¿recuerdas eso, Nathan Peterson? Hizo una mueca cuando devolvió el golpe con la fría y dura verdad. Oh, sí, lo recordaba. Así que sí, Nathan sabía que su infidelidad había sido el comienzo.

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En algún momento de alguna manera, Colin llegó a la pubertad, y nadie, excepto Stephanie estaba preparado para ello. Stephanie había estado tratando con un adolescente cada vez de peor humor durante meses. A pesar de que como profesor, Nathan no esperaba que Colin cambiara tan drásticamente como lo hizo. Casi desaparecía todo el tiempo en su dormitorio, y cuando emergía, iba a desaparecer con sus amigos: un grupo de adolescentes que afirmaban su personalidad vistiendo todos de la misma forma. El amistoso, abierto, Colin de antes desapareció en tintes de cabello negro y ropa de color negro, y la única respuesta que daba a una pregunta era un gruñido. Había cada vez más fuertes enfrentamientos con Joe. Considerando que antes Colin había estado dispuesto a aceptar la disciplina impuesta por su, de facto padrastro, ahora argumentaba cada punto y tenía a Joe y Stephanie desesperados. Al final, después de otra tormenta de mierda, con Colin gritando: ¡Tú no eres mi padre! a Joe, llamaron a Andrew y le pidieron que hablara con su hijo. Nathan estaba enfrentado a Rich en la puerta de su casa un fin de semana por la tarde. Abrió la puerta para encontrar al novio de Andrew mirándole con un aire un poco desesperado y esperanzado en él. —¿Rich? Uh, ¿en qué puedo ayudarte? —Necesito escapar. Andrew y Steph están dictando la ley a Colin. Es un poco pesado entrar allí. ¿Puedo ocultarme un poco? —Sus ojos grises arrugados en los bordes al igual que Andrew lo hacía, y Nathan de repente podía ver por qué Andrew se sentía tan atraído por él—. Tengo un soborno. —Sostenía un six-pack de cerveza. No podía decir que no. Alex estaba fuera con los niños, mientras que completaba algunos informes. En verdad, la distracción era justo lo que necesitaba Nathan. Dio un paso atrás e invitó a Rich a entrar. —¿Quieres ver el partido de los Spurs? Rich hizo una mueca, pero dijo: —Veré la pintura de la pared si me sacas de la charla.

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Nathan sonrió. —Que mal, ¿eh? Rich se estremeció cuando tomaba la cerveza. —No tienes ni idea. Nunca he visto a Drew dictar normas antes. —Tomó un largo trago—. Incluso yo quería decir ¡Sí, señor! —Espera, ¿Andrew estaba dictando normas? —Nathan se sorprendió, nunca había visto a Andrew como un espeluznante disciplinario. —Créeme, terminé sintiendo lástima por Colin. Nathan estaba teniendo dificultades para que su cabeza sorteara esto. —¿Cómo se lo tomó Colin? —Bueno, seguía farfullando palabras de lamento, en lugar de burlarse, por lo que creo que el mensaje dio en el blanco. Podría pensárselo antes de ser tan rudo con Joe de nuevo. No creo que esperara que Andrew fuera tan firme. Pensé que le daría al chico un descanso y dejarlos en ello. —Rich hizo un gesto con la botella a Nathan—. Así que aquí estoy. Nathan hizo entrar a Rich a la sala de estar y señaló el mando a distancia hacia la pantalla de plasma. Un par de minutos más tarde estaba el partido, y Nathan estaba tratando de no pensar en lo extraño que era estar viéndolo con el novio de su ex amante. Estaban viendo la segunda mitad cuando se produjo otro golpe en la puerta. Andrew y Joe estaban en el otro lado, ya levantando la cerveza. Ambos hombres se miraron fuerte a los ojos, y Nathan se quedó atrás sin decir una palabra. Joe se acomodó en la larga silla. Andrew se dejó caer junto a Rich, dejando que Nathan se sentara al otro lado de él. Tanto Andrew como Joe abrieron una cerveza y drenaron las botellas casi de un trago. —Dios, no quiero volver a hacerlo. —Andrew se estremeció visiblemente cuando Joe asintió de acuerdo.

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Rick y Nathan se sonrieron el uno al otro. Nathan abrió otras dos botellas sin preguntar y se las entregó a los hombres. —¿Tendré que ir a buscar alguna más tarde al sótano? —preguntó con suavidad. Ambos asintieron—. Está bien, cuando el juego se haya acabado. Aparte de la presencia de Rich en lugar de Gabe, era como en los viejos tiempos. Discutían amigablemente acerca de los respectivos equipos en todo el juego. Un par de cervezas más y Nathan zumbaba, entumecido de alcohol propagándose gratamente hasta sus extremidades. Se dejaron caer en el sofá, con las piernas ligeramente rozándose, mientras se relajaban. Hacía tiempo que no había disfrutado de una tarde de chicossolamente, y menos de una improvisada. —¿Más cerveza, Nate? —Joe agitó la botella esperanzadoramente. —Claro. Nathan se levantó pesadamente. Para su sorpresa, Andrew se puso de pie también. —Te echaré una mano. Así podemos traer más cerveza. —Se inclinó para darle un beso a Rich. Nathan se alejó cuando la mano de Rich serpenteaba alrededor de su cuello y tiraba de él más de cerca. —¡La cerveza ahora, liarse más tarde! —Exigió Joe. Andrew dio a su novio un último beso prolongado y se puso de pie. —Listo —dijo, pasándose la lengua por el labio inferior. Nathan quería gruñir. O eso, o aplastar sus labios sobre los de Andrew y barrer el beso de Rich de su cara. —Sólo somos cuatro —observó Nathan, para distraer sus pensamientos—. Podría llamar a Michael y a Jim. —Estoy en ello —dijo Joe y sacó su móvil. —Alex me va a matar. Salió con los niños para darme la oportunidad de trabajar —dijo Nathan, mientras él y Andrew bajaron las escaleras hasta el sótano—. No va a estar encantada de verme destrozado después de una tarde con los chicos.

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—Steph se lo explicará. Es buena en eso. —Andrew se balanceó ligeramente—. Podríamos ir a la guarida si ella está realmente enojada. Hay una mierda de televisión allí, sin embargo. Nathan revolvió en la esquina por más botellas. Cuando salió triunfante con dos paquetes más, Joe gritó por la escalera, —Gary y Gabe están aquí. Necesitamos muchas más cervezas. —¿Gary y Gabe? ¿Qué coño está pasando, Drew? —Nathan puso los paquetes de cerveza en el suelo. Andrew estaba mirando el techo del sótano —. ¿Bueno? —se preguntó con severidad. Andrew tuvo la gracia de parecer avergonzado. —Pensamos que si Mahoma no iba a la montaña... —¿Me has tendido una trampa? —Nathan le miró boquiabierto. —No es exactamente una trampa. Más bien aprovechar la oportunidad para reunir a los chicos de nuevo. Steph y Joe me pidieron hablar con Colin, y yo quería pasar algún tiempo contigo y que no implicara que uno de nosotros tuviera una crisis nerviosa. Pensé... Rich pensó que podrías sentirte mejor si él estaba aquí. Menos tentación para que nosotros la jodamos. —¿Y la despedida de soltero? —Nos vamos a morir de jodida sed aquí, niñas. —El tono dulce de Gabe interrumpió su conversación. —Deberías haber traído la tuya propia gilipollas, —volvió a gritar Andrew. Se oyó un ruido en la escalera y Gary hizo su aparición en la penumbra. Parecía tener en cuenta la distancia entre los dos hombres y asintió aprobadoramente. —¿Estuviste de acuerdo con esto? —Preguntó Nathan con incredulidad.

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Sacudiendo la cabeza, Gary dijo: —Nah. Pensé que era una idea estúpida. Vosotros dos, hijos de puta no podéis mantener vuestras manos fuera. Pero fui invalidado por el jefe. —¿Andrew? —Yo, en realidad. Había una tos calmada en la parte superior de las escaleras. Nathan miró hacia arriba para ver a Rich mirando a Andrew con una tierna sonrisa. Se volvió con una confianza tímida que Nathan no había visto en Andrew antes. Nathan sacudió la cabeza. —No lo entiendo. Gary le sonrió.— No tienes que hacerlo. Simplemente relájate y disfruta de una tarde con los chicos. Alex ha terminado en la de Steph. Todo lo que tienes que hacer es abandonarte y comer comida rápida. Nathan se dio por vencido. Abandonarse hasta que se desmayara sonaba como una idea excelente. Con el novio y los perros guardianes aquí, él y Andrew no podía meterse en ningún problema. Le entregó la cerveza a Gary, Andrew, volvió a subir las escaleras. Tanto para que su tarde tranquila funcionara. En algún punto de la tarde, Gary sacó una guitarra. Hacía mucho tiempo que Nathan había oído cantar a Andrew. Había olvidado el placer que el hombre mayor tenía en dejarse ir y cantar todo country y rock mientras estaba sentado con la espalda apoyada contra el pecho de Rich. Michael, Jim, y Joe hicieron una versión muy exagerada de “It 's Raining Men” con Joe fuera sólidamente besado por Gary al final de la misma. Joe les hizo prometer que nunca se lo dirían a Stephanie y que nunca le darían un beso de nuevo en caso de que fuera marcado de por vida. Jim consiguió una permanente ovación con su interpretación de “Stand by Your Man” completa con relleno de melones debajo del horrible jersey. —Está bien, Nate, ¿qué vas a cantar para nosotros? —Preguntó Andrew, sonriéndole alentadoramente.

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Nathan sacudió la cabeza. —Me habéis oído cantar antes. ¿Quieres asustar a los vecinos? Michael soltó un bufido. —Todos están aquí. No te vas a escapar de ello tan fácilmente. Gabe tenía un brillo en sus malvados ojos, pero antes de que pudiera abrir la boca, Nathan se inclinó y le susurró al oído: —Si sugieres “I Will Survive”, alimentaré con tus bolas a los perros. Hizo un mohín, pero estaba claro que Gabe estaba frustrado, y consiguió una lluvia de restos de pan de ajo por su sugerencia alternativa de “Dancing Queen”. Por último, casi nerviosamente, Jim sacó un porro. Cuando Gary y Jim gritaron, Michael, Joe y Andrew lo miraron asombrados. —Pero... Allison... te matará —balbuceó Andrew. Jim le dio una mirada divertida cuando dio una calada y se lo pasó a Rich. —Está en casa de su madre hasta el lunes. Soy viejo, no estúpido. Además, tenía una gran cantidad de vida sin Alli. Es bueno recordarla de vez en cuando. Fue la mejor tarde que Nathan había tenido durante meses, y en el momento en que todos se marcharon, se dio cuenta del nudo de tensión que se había presentado bajo el esternón, por lo que había sido tan difícil de respirar, se habían ido. Jim y Michael salieron a trompicones sobre la medianoche, así destrozados se necesitaban mutuamente para apoyarse, e incluso entonces, Nathan tuvo que apuntarles en la dirección de sus casas. Gary y Gabe se habían aliviado en las habitaciones de Nathan con “sólo una noche, hijoputa” como despedida. Lo cual dejó a Andrew y a Rich. Cuando dijo adiós, Andrew le dio un abrazo. Nathan se agarró a él con fuerza, dándose cuenta esta vez que Rich no iba a estar furioso con él.

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Andrew enterró el rostro en el cuello de Nathan por un minuto, la tensión de su abrazo diciendo más de lo que cualquier palabra pudiera. Al final Andrew le dio un beso en la boca y dio un paso atrás, dejando que Rich entrara a decir adiós. Rich se acercó y lo abrazó y, dándole las gracias por la tarde, y se marcharon. A pesar de sí mismo, Nathan vio a la pareja desde la puerta, notando que en el camino Andrew echó un brazo sobre los hombros de Rich, cuando deambulaban por el número doce. Por primera vez, su intimidad no dejó un sabor amargo en su boca. Dios bendiga al alcohol, pensó cuando llamó a Tyler y a Ruby para dar un paseo nocturno.

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Capítulo Trece La sensación de los suaves besos presionando contra su mandíbula agitó a Andrew de su inducido-agotador coma en el sofá. —Mmm, hola —murmuró y volvió la cara a ciegas, su boca buscando a Rich sin abrir los ojos. No estaba seguro en este momento si obligar a sus párpados a abrirse sería una opción. Lo besó suavemente y luego una mano cálida le acarició la cara. —¿Un día largo, cariño? —Largo y estresante —coincidió Andrew, luchando por sentarse y acoger a su hombre apropiadamente, pero Rich sólo le apretó contra los cojines. —Vuelve a dormir. ¿Quieres salir a cenar más tarde? Lo único que quería Andrew eran diez horas de olvido, pero sabía que Rich tendría hambre después de un largo día de trabajo. Estaba a punto de llegar a un acuerdo cuando Rich le dio un beso otra vez. —Estúpido de mí. Pediré que nos traigan comida. Vuelve a dormir. Andrew sonrió agradecido y se acurrucó abajo, notando vagamente la sensación de una manta envuelta en él cuando se hundió de nuevo para dormir. Se despertó unas horas más tarde con un movimiento suave en el hombro. —Drew, la comida está lista. Se sentó, con la cabeza confusa y descentrada. Andrew abrió los ojos para encontrar que Rich le sonreía, un plato en una mano y una taza enorme de lo que era sin duda el café en la otra.

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—¿Cafeína o alimentos calientes primero? Rich rodó los ojos cuando las manos de Andrew se dirigieron directamente hacia el café. —En realidad no debería estar buceando en tanto café tan tarde en la noche. Lo siento, ¿qué fue eso? —preguntó cuando Andrew hizo un gesto con la mano que ciertamente no fue un gracias—. Tsk, tsk, Andrew. ¿Tu madre estaría encantada de verte tan grosero con tu marido? ¿No te enseñó buenos modales? Andrew levantó la cara de la taza vacía de café. —¿De verdad quieres saber lo que mi mamá me enseñó? El humor cayó de la cara de Rich. —En realidad no, mi amor. Una noche de copas con Steph había dado lugar a que Rich averiguara mucho más sobre el estilo de mamá Matthews sobre la crianza de los hijos que Andrew había dejado escapar, y había visto las cicatrices en la espalda de Andrew, líneas de cicatrices blancas de la correa de fino cuero. Andrew le había restado importancia, pero a veces se despertaba para encontrar a Rich rastreando las cicatrices con las yemas de los dedos, y Andrew recordaba el dolor y la humillación en cada marca y cada borde. Había atrapado a Rich mirando a Ruth con absoluta aversión cuando pensó que no estaba mirando, aunque sabía que Rich era demasiado educado para decir nada a la cara. Se acercó a su marido para besarle y en silencio agradecer por acercarse a él. Rich tomó la taza de su hombre y le entregó el plato, ignorando la mueca de protesta. —Come primero, y luego una taza más de café descafeinado. —Riendo por la cara indignada de Andrew, entró en la cocina. —Eso no es café de verdad —le gritó Andrew. —No, pero es todo lo que vas a conseguir. Empieza, voy a estar contigo en un minuto. Andrew sonrió y se sentó con su plato de china. Rich vagaba de nuevo con otra taza de café y un plato para él mismo. Se sentó junto a Andrew y comieron en silencio durante unos minutos.

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Vieron a Conan O'Brien9 como lo habían hecho en la cena, el estilo fácil relajado satisfaciendo la falta de capacidad mental de Andrew después del día que acababa de pasar. Inevitablemente, su mente vagaba a la sesión que había hecho temprano, y las dificultades que había tenido. Lentamente había estado construyendo un negocio desde su regreso al trabajo después de su colapso. Fue ayudado por su trabajo con la banda de Gary. Después de años de tocar en pequeños clubes, finalmente tenían un contrato para tocar en lugares más grandes y habían recibido alguna crítica positiva en la prensa musical. Andrew había tomado algunas fotos de la banda, que habían sido publicadas, engatusando a otras y llegando las bandas a contratarle. Después de años de bailes de graduación de la escuela y fotos de bebés, estaba consiguiendo al fin algo de reconocimiento por su oficio. Una parte de él, sin embargo, se perdió en el pequeño estudio en Castleton y los viajes a las escuelas y hospitales. Podría haber sido un trabajo mundano, pero ya era muy apreciado y respetado por los padres de los niños. Era un grito lejano de la otra cara de su negocio del que no estaba tan seguro. Años antes había tomado unas cuantas fotos de un tipo que quería entrar en el negocio de la pornografía. Lo había hecho como un favor a su madre, que trabajaba en la unidad de maternidad, donde Andrew trabajaba como fotógrafo. Las fotos se hicieron en una revista, y el joven tuvo un breve paso como estrella del porno gay antes de decidir felizmente ir a la universidad. No le impidió, sin embargo, recomendar a Andrew a todo el mundo como fotógrafo para conseguir que empezara su carpeta de muestra. Y aunque Andrew había terminado con un flujo constante de jóvenes, hombres y mujeres, a sus puertas, y algunos de ellos, como la chica de hoy, sólo le hacían sentirse como el hombre que Nathan le había acusado de ser: un sórdido explotador y pervertido de carne joven. La chica había sido tan joven y estaba tan aterrorizada que Andrew había terminado insistiendo en que se pusiera su ropa de nuevo, le hizo un chocolate caliente, y la enviaron a casa con la suerte de la hermana de Nathan haciéndose eco en sus oídos. También había hecho un par de Conan O'Brien es un cómico estadounidense reconocido por presentar el programa de entretenimiento nocturno Late Night wit Conan O'Brien. 9

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llamadas para asegurarse de que llegara a su casa, y una llamada muy breve al amigo que la había enviado en su dirección. No sabía si la joven seguiría su consejo, pero no iba a ser responsable de ayudar a corromper a una menor de edad. —¿Quieres hablar de ello? —La voz de Rich se entrometió en su meditación oscura—. Estás cocinando una tormenta ahí, vaquero. Andrew suspiró y se dejó caer contra el sofá. Se frotó las sienes como si fuera a despejar la cabeza. —Era... una chica muy joven que debería haber estado probándose vestidos en el centro comercial en vez de quitárselos en frente de mí. —Ante la mirada inquisitiva de Rich, continuó: —La envié a su casa con una historia de terror y una sugerencia para que volviera a la escuela. Rich volvió a frotar el cuello de Andrew, sus dedos seguros buscando los nudos y la tensión. Un gemido escapó de los labios de Andrew en agradecimiento mientras se relajaba en el tacto. Rich trabajó en silencio durante unos minutos y luego dijo: —No tienes que mantener el ritmo con esas tomas de fotos. Sé lo mucho que las odias. Mientras Andrew fue a contestar, dijo: —No se puede ser responsable de todo, Andrew. —No me siento responsable. —¿No? Andrew se sentó, alejándose del masaje. —¿Qué quieres decir? No me siento responsable de cada cliente que entra por la puerta. Rich se detuvo un instante, como si necesitara elegir cuidadosamente sus palabras. Mientras Andrew esperaba que pudiera ver lo cansado que parecía Rich, las líneas alrededor de los ojos más profundas y su rostro más dibujado, y se sentía culpable, incluso hablando de esto con él. —¿Por qué sigues haciendo las fotos porno? Tus fotos de la música están despegando y no necesitas el dinero porno para mantener a tu familia. He visto lo que haces, ¿recuerdas?

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Andrew sacudió la cabeza. —Eso no quiere decir que yo sea financieramente seguro. ¿Qué hay con costear a Colin la universidad? Rich deslizó su mano a través de la de Andrew y entrelazó sus dedos juntos. —Drew, no estás solo ahora. Te puedo ayudar con eso. —Al movimiento de Andrew de su cabeza, dijo: —Sé que no quieres ser mantenido, sino que seamos socios, esposos, incluso. Lo que es mío es tuyo y todo eso. Todo lo que estoy diciendo es que no sigas haciendo algo que odias sólo porque sientes que tienes que hacerlo. No puedes proteger a todos estos jóvenes, y no todos vamos a terminar como Amy Peterson. — Eso dolió. —Yo... no creo eso —murmuró Andrew. —¿No? —Rich preguntó una vez más—. Sólo piensa en ello, ¿vale? Andrew asintió con la cabeza. No quería pensar. Sólo quería ir a dormir y olvidar el miedo de la chica de catorce años, de hoy y todos los otros como ella. Andrew esperaba que esta noche, por lo menos, una joven que nunca había conocido, pero que había forjado los dos últimos años de su vida no persiguiera sus sueños. Todavía estaba oscuro cuando se despertó de nuevo, esta vez en la comodidad de su propia cama. No está seguro de lo que le había molestado, Andrew arrojó a un lado la mano exploratoria para descubrir el espacio vacío a su lado. Se dio la vuelta y hundió la nariz en el calor dejado atrás, con ganas de que Rich volviera y se acurrucara con él. Oyó la descarga de agua en el baño y se relajó, medio durmiéndose otra vez, mientras esperaba que Rich se uniera a él. Andrew estaba casi dormido cuando sintió hundirse la cama y la piel fresca apretada contra su espalda. Murmuró en señal de protesta, cuando se estremeció. —Lo siento por despertarte, cariño —Rich le susurró al oído. —¿Crees que esto es infantil? —Andrew sacó el brazo de Rich en torno a él y lo empujó hacia su polla, medio-dura ya.

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—No, señor Matthews, creo que demuestra que eres todo un hombre —coincidió Rich cuando colocó la mano en torno al eje y lo meneaba lentamente. Reprimiendo un gemido, Andrew empujó contra él, sintiendo la polla espesa y dura de Rich contra su espalda. —Eso es... ah... bueno. —Empujó la mano más abajo. Obedientemente, Rich deslizó la mano por sus bolas, ahuecando por un segundo antes de rozar ligeramente las yemas de los dedos hacia atrás sobre la delgada piel enrojecida. Rich sonrió contra su oreja. —¿Sólo bueno? —preguntó, provocando la piel hasta que Andrew se revolvía contra sus dedos. —Agradable, incluso, —exclamó Andrew mientras sentía los dedos presionar contra él. —Sólo agradable, ¿hmmm? Debo estar perdiendo mi toque. Voy a parar, ¿lo haré entonces? —¡No te atrevas joder! —Andrew sujetó la mano de Rich entre sus muslos en el caso de que llevara a cabo su amenaza. —Si me comprometo a continuar ¿considerarías dejar que me vaya? Andrew volvió la cabeza para que pudiera capturar la boca de Rich contra la suya propia. —Yo nunca voy a dejarte. ¿Lo pillas? —Su voz era feroz en la oscuridad. —Lo pillo. —Rich sonaba ronco, como si estuviera a punto de las lágrimas. Andrew le dio un beso duro y se echó hacia atrás, dejando que sus muslos se relajaran, dando acceso completo a Rich. —¡Jódeme! —Dijo simplemente. Fue tomado por sorpresa cuando Rich lo empujó de nuevo en las almohadas y se sentó entre sus muslos. Incluso en la oscuridad de la habitación, podía sentir a Rich mirándole a los ojos. —No, yo no voy a joderte. —Cuando Andrew abrió la boca para protestar, dijo: —Pero voy a hacer el amor contigo, ahora y siempre.

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Andrew le atrajo para presionar un ofensivo beso en los labios, sacudido por la intensidad de los sentimientos entre ellos. —¿Qué hice para merecerte, Rich? Después de todos estos años... de estar tan condenadamente solo. —No pienses en ello, cariño. Estás aquí ahora conmigo. —Rich se movió abajo, salpicando besos todo el camino hasta el cuerpo de Andrew, haciendo una pausa para lamer sus pezones hasta que Andrew se retorcía debajo de él. No fue hasta mucho más tarde, cuando Andrew estaba tumbado sudoroso y bien escurrido en las manos experimentadas de Rich, que le preguntó: —¿Por qué te levantaste? —Rich murmuró algo dormido contra su pecho. Andrew le pidió que lo repitiera. —Indigestión. Estoy bien ahora. Frunció el ceño, Andrew pasó las manos por el cabello suave cosquilleando su pecho. —¿Indigestión de nuevo? ¿Esa es la cuarta vez en el último par de semanas? Mejor que lo revises, amor. Rich hizo un ruido que podría haber significado cualquier cosa, pero dijo: —Lo haré. La próxima vez. Duerme ahora. Andrew estaba revisando algunas de sus fotos cuando Nathan llamó. Estaba acurrucado en el sofá con los pies apoyados en el regazo de Rich. Su marido estaba haciendo una buena imitación de un pez de colores mientras dormía. Era un momento loco del año para él. Andrew lo veía poco, mientras salía antes de que Andrew fuera consciente y sólo regresaba por la noche, cuando normalmente estaba en la cama. Rich había regresado después de la medianoche la noche anterior, casi demasiado cansado para estar de pie. Andrew le echó una mirada y puso su pie en el suelo, insistiendo en que tomara el siguiente día libre, antes de que se desplomara. Rich había protestado, pero Andrew había amenazado con llamar a la oficina y hablar con su secretaria, Ida, si no obedecía. Ida era espeluznante. Era la típica secretaria matriarcal, que dirigía su oficina con vara de hierro. Nadie llevaba la contraria a Ida y vivía para

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contarlo. Con una sola excepción. Adoraba a Andrew, y Andrew regresaba esa adoración con flores, pasteles, y viajes a galerías y museos que no necesariamente habría ido por su cuenta. Cuando Andrew lo amenazó con la ira de Ida Reynolds, Rich sabía que era hora de dar marcha atrás. Por tanto, cuando Nathan llamó en la tarde del sábado, Rich había rodado fuera de la cama al mediodía para compartir el desayuno con Andrew y se quedó dormido antes de que cocinara. Andrew estaba escuchando su iPod mientras trabajaba y no se dio cuenta de su móvil que vibraba al principio. Fue sólo cuando el movimiento le llamó la atención por el rabillo de su ojo que lo agarró. —¡Sí! —dijo lo más silenciosamente que pudo en su prisa. —Uh... ¿Andrew? —¿Nathan? —Hola. ¿Cómo estás? Muy bien. Bueno. Una ruina temblorosa. Duro. Feliz de oírte. Joder. Por favor. —Mil gracias, ¿verdad? —Bien, bien. Hubo una pausa larga, incómoda. Di algo, idiota. —Uh... ¿querías algo, Nate? Hubo otra pausa y luego un suspiro. —Quiero que saques algunas fotos de nuestra familia. —¿Quieres decir tú y Alex y los niños? —Además, papá y mamá y Bob y su familia. Es el cumpleaños de mamá pronto, y quería unas fotos de todos nosotros. No hemos hecho ninguna antes de que Amy desapareciera. Mira, sé que estás ocupado, pero mamá ha visto tus fotos, y necesitábamos a alguien que comprendiera lo

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difícil que es. Si no puedes prescindir... —las palabras de Nathan se derramaron con precipitación. —Estaría feliz de hacerlo. —Andrew cortó a través de su balbuceo. —¿Lo harás? —Andrew podía escuchar otro suspiro, como si Nathan estuviera dejando escapar el aliento. —Por supuesto que sí. Déjame ver mi agenda. ¿Tienes alguna fecha en mente? Tan cuidadosamente como pudo, Andrew sacó los pies del regazo de Rich y se dirigió a su agenda. Hablaron de las fechas durante un rato, acercándose a tres posibilidades. —Llamaré a todo el mundo ahora y averiguaré cual es la mejor para que lleguen hasta aquí. No puedo decir lo agradecido que estoy, Drew. Andrew sonrió tristemente. —No te preocupes. En realidad tengo una idea que podría hacérselo más fácil a tu mamá y papá. Tengo que hablarlo con Rich, y cuando me llames, te lo haré saber. —¿Qué quieres decir? —preguntó Nathan, con un poco de desconfianza. —Oh, nada de qué preocuparse. Sólo un lugar donde podamos tomar las fotos que sea menos formal. Si lo deseas, Stephanie y Joe pueden estar allí. Colin puede entretener a los niños. Es una gran casa donde todo el mundo puede quedarse. —No estoy seguro que nos podamos permitir eso por el momento. El dinero es bien ajustado. —No te costará ni un centavo. Es el lugar de Rich. Un lugar donde solía vivir. Hago un montón de reportajes allí cuando está vacío. Todos podemos permanecer durante el fin de semana y darle a tu mamá y tu papá la oportunidad de relajarse, bueno, a todos vosotros realmente. Pregunta a Steph al respecto.

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—Eso suena muy bien. —La incertidumbre pasó a través de la voz de Nathan—. Pero ¿estás seguro de que no le importaría? —Le voy a preguntar. Hablamos más tarde. —Por supuesto, puedes usarlo. —Un par de brazos serpenteaban alrededor de la cintura de Andrew. Andrew saltó cuando terminó la llamada con Nathan. No había oído a Rich venir detrás de él. Se dio la vuelta en los brazos Rich y se inclinó hacia adelante para darle un beso. —Oye, no te oí levantarte.— Miró a su marido con cuidado, observando cómo su rostro estaba dibujado, las líneas aún profundamente grabadas en torno a sus ojos y la boca—. Vuelve a la cama, amor. Podemos hablar más tarde. Andrew lo condujo suavemente en dirección de la habitación. Rich sólo pareció hundirse en sus brazos y se dejó poner de nuevo a la cama. Mientras Andrew salía de la habitación, Rich dijo: —¿Ese era Nathan? Haciendo una pausa en la puerta, Andrew dijo: —Sí. ¿Cómo lo sabes? —Miró sobre su hombro a Rich. —Porque te amo. —Rich le sonrió—. Está bien que uses la casa, Drew. —Gracias —le susurró Andrew mientras se deslizaba fuera de la habitación. La breve conversación con Nathan había puesto en marcha todos esos sentimientos que tan duro trató de suprimir. Amaba a Rich con todo su corazón, pero había una parte de él, una gran parte que tuvo que reconocer, que nunca iba recuperarse de su relación con Nathan Peterson.

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Capítulo Catorce Nathan hizo cola para el club, cambiando impacientemente de lado a lado mientras esperaba que le dejaran entrar. Estaba solo, lo que le hizo estar inseguro, Gabe mandándole mensajes de texto para decir que llegaban tarde, y no podían presentarse todavía, desesperado por algo que sólo podía encontrar aquí. Era consciente de las miradas extrañas de la gente que le rodeaba, de la brecha entre ellos y él. Se preguntaba si un día no se le permitiría entrar porque no parecía lo suficientemente “gay”. Se acordó de otro club, otra fila, con Andrew vibrando a su lado. Entonces no había entendido realmente cómo Andrew se sentía, la inquietud y el hambre conduciéndole a la distracción. Ahora sin embargo, ahora comprendía esa sensación demasiado bien. Había días en que sólo quería salir de su piel y dejarla atrás. En esos días hubo una llamada a Gabe y un club anónimo en algún lugar: un lugar donde podía dejar su piel en la puerta y encontrar a un hombre que fuera lo suficientemente alto, y se inclinara lo suficiente. Si tenía suerte, podría tener pecas. Podía negociar los besos con los ojos cerrados y trabajos furtivos con la mano. En la oscuridad, quién iba a saber que él sólo susurraba un nombre. Entonces podría subir de nuevo a su piel y ser lo que tenía que ser... esposo, padre y maestro... en paz durante un tiempo. Pero sabiendo que iba a ver a Andrew en un par de semanas, pasar el fin de semana jugando a familias felices, la inquietud había vuelto y hubo otro mensaje de texto a Gabe. Este era un largo camino sólo por una mamada sin embargo. Gabe había insistido en probar este club en particular, lo que significaba que Nathan conduciría durante horas en ambos sentidos. Había tomado alguna negociación con Alex, y Nathan sabía que estaría agotado para mañana por la tarde. Finalmente atravesó las puertas. Gabe dijo que se reuniría él en el guardarropa. Nathan esperaba que no tuviera que esperar demasiado tiempo. Había visto a un hombre delante de él en la cola que se ajustaba a las necesidades de Nathan, alto y delgado con el tipo de construcción de la

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espalda que hizo que su corazón saltara de un golpe. Tratar de encontrarle de nuevo en la luz tenue del gran club era otra cosa. No podía ver a ninguno de sus amigos, y mientras esperaba para comprobar su chaqueta, le envió un mensaje a Gabe de nuevo. Estaba esperando una respuesta cuando entregó su abrigo. Parecía que el destino estaba de su lado. El hombre, su presa, parecía estar esperando, y por lo que Nathan podía ver, no estaba con nadie. Nathan sólo lo necesitaba que diera la vuelta y mirara a los ojos azules de Andrew. Su teléfono sonó. Lo comprobó automáticamente, y notó que Andrew estaba haciendo la misma cosa. ¡Disfrutad hijos de puta! Sí, gracias Gabe. Otro pitido. ¡No la cagues! Él levantó la vista para ver a Andrew que lo miraba con recelo. —No sabía nada de esto, —Empezó defensivamente. Andrew asintió con la cabeza. —Tampoco yo te he tendido... la trampa. —Gabe. —Rich, —corrigió Andrew. Nathan frunció el ceño. ¿Qué demonios estaba haciendo el marido de Andrew enviándole una cita a ciegas con su ex-amante? —Versión corta. Rich está en Londres. Me dijo que necesitaba salir una noche de fiesta y llamar por teléfono a Gary. ¿Llamaste a Gabe? — Nathan asintió con la cabeza y Andrew se encogió de hombros—. Ellos ponen sus cabezas juntas y... —¿Pero por qué?

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Andrew tiró de su brazo. Estaban retrasando la cola. Nathan comprobó su chaqueta y volvió a mirar a Andrew. Casi esperaba que si cerraba los ojos, Andrew desaparecería. Todavía estaba allí, apoyado contra la pared con una extraña expresión en su rostro. —¿Por qué Rich y esos hijos de puta nos hicieron, es decir, a nosotros, una encerrona en una noche de fiesta? —Honestamente, no sé. Puedo decirte que no fue idea de Gary. Tú sabes cómo se siente acerca de nosotros y Gabe no iría en contra de él. Todo lo que puedo pensar es que Rich tuvo algo que ver con ello. Rich y yo, no somos totalmente exclusivos, Nate. Nathan sintió que su mandíbula cayó al suelo. —¿Quieres decir que...? ¿Tienes relaciones sexuales con otras personas? —A veces. En raras ocasiones. Y sólo con su consentimiento. Somos hombres gays. No es lo mismo que las mamás y papás: renunciando a todos los demás hasta que la muerte nos separe. Ninguno de los dos abiertamente busca a otras personas, pero no es el fin del mundo si lo hacemos. —¿Pero no conmigo? —¡Yo no compartiría! Andrew le sonrió con tristeza. —Definitivamente no contigo. No es lo mismo que alguna mamada anónima en un rincón oscuro. —Él asintió al titubeo de Nathan, al darse cuenta de que por primera vez el hombre más joven realmente entendía—. Tú no eres un jovencito en la esquina. Rich lo sabe, y sabe que contigo sería todo o nada, de lo contrario, habría tratado de follarte ya. Y había un pensamiento que Nathan no quería explorar muy de cerca. Sí, él había tenido esos pensamientos también. Sólo verles besarse enviaba sentimientos encontrados a su cerebro y a su polla. —¿Por qué aquí y ahora? No tiene sentido. —Nathan se quedó más confuso que nunca. —No sé, y por el momento no me importa. Lo único que sé es que él ha dado su consentimiento y estamos aquí, juntos, solos. —Andrew dio un

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paso adelante así que casi tocaba a Nathan. Levantó la vista hacia él—. ¿Vas a bailar conmigo o marcharte, Nate? Nathan lo miró sin poder hacer nada. —Debería irme. —Su piel se sentía demasiado grande para él. —Ve, pues. —La brecha entre ellos se cerró infinitesimalmente. Los sentidos de Nathan se vieron desbordados con los ojos brillantes y los sabores. Tenía que dar un paso atrás grande, alrededor de una milla bastaría. —Sabes que no me puedo ir. —La inquietud se había convertido en ratas con jodidos y largos dientes royendo su interior otra vez. Andrew no estaba ayudando a la situación al alcanzarlo y presionando un seco beso en los labios. —Baila conmigo. ¿Tenía Nathan realmente elección desde el momento en que puso los ojos en él? Siguió ciegamente a Andrew a la pista de baile, presionando entre las multitud de jóvenes y francamente hermosos. ¿Andrew se fijaría en él, incluso una vez que comenzaran a bailar? Había visto a Andrew entrar en ese estado mental antes. Cuando nada más importaba, excepto su necesidad de bailar y follar. La necesidad que Nathan tenía en estos momentos. Andrew encontró un hueco en los bailarines y se volvió hacia él. Por una fracción de segundo, Nathan podía ver una duda momentánea en sus ojos, como si esperara que Nathan tuviera que dejarlo, mientras su espalda se volvía, y el brote de alivio cuando lo vio todavía allí. Abrió los brazos y Nathan se movió en vano hacia ellos, sintiendo como que estaba siendo tirado de una cuerda. Sin posibilidad de rechazar o alejarse de la ruina del tren que estaba seguro iba a suceder. Estoy en casa. Nathan estaba bastante seguro de que no iba a escuchar los comentarios de Andrew que susurraba contra su hombro, pero calentaba su interior. Le habían dado una noche. No había necesidad de joderla. Había que sacar el máximo provecho de ella antes de que recogiera su vida real

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junto con su chaqueta. Bailaban, se movían juntos como si no hubiera nadie más en el club. Rápido o lento, la música no importaba. Lo que importaba era que Andrew no estaba a más de un dedo de distancia de su cuerpo. Nathan había visto a Andrew bailar antes, en esos días en que la inquietud estaba en el cuerpo de Andrew en lugar de la suya. Se había añadido una frenética calidad de sus movimientos que no estaban presentes hoy. Andrew estaba bailando para él, sólo para él, y lo demostraba en cada giro sinuoso, cada deslizamiento contra sus caderas. Tenía sudor caliente, corriendo por sus cuerpos mientras bailaban, sus camisetas se aferraban a ellos casi obscenamente. Andrew se quitó la camiseta, dejando su pecho desnudo, y se lo guardó en el bolsillo trasero de Nathan. A pesar de ser mayor que la mayoría de los chicos en el club, Andrew era impresionante. Él seguía teniendo magro el músculo y la piel ligeramente bronceada. Nathan podía ver la atención que estaba recibiendo de los demás hombres, y tuvo que físicamente impedir que gruñera, ¡mío! en cada mirada no deseada, cada lamida de labios. Andrew dio un paso adelante y comenzó a deshacer la camisa de Nathan. Las manos de Nathan volaron para cubrir a Andrew, no seguro de desnudarse en público. Su camisa se separó cuando el último botón se había deshecho y Andrew se la deslizó de sus hombros. —Ahora se están haciendo puré —dijo Andrew mientras tomaba la camisa de Nathan. Nathan no se atrevió a mirar hacia arriba. A diferencia de Andrew, él no era realmente muy exhibicionista fuera del aula. Fijó la mirada en alguna parte sobre el ombligo de Andrew y el ligero rastro de pelo hundirse en sus pantalones vaqueros. Quería caer de rodillas y... —Mírame, Nate, —ordenó Andrew en voz baja. Nathan vio el juego de luces de colores sobre los abdominales de Andrew—. ¡Mírame! Nathan arrastró sus ojos hacia arriba y casi se quemó con la intensidad de la mirada de Andrew. —Mira a tu alrededor. Te quieren. Quieren tocar, tocar tu cuerpo hermoso, y si lo hacen... —Andrew se

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inclinó hacia adelante— voy a rasgar sus brazos. ¡Esta noche eres mío! — Susurró con fiereza. Nathan no miraba a su alrededor. No le importaba nadie más. Estaba siendo reclamado con cada mirada caliente, cada toque posesivamente apuntalaba a Nathan como suyo. Andrew fue marcando su territorio como si se hubiera enfadado con él, y la mordedura en su estómago cesó cuando los ratones fueron sometidos bajo el dominio de la posesión de Andrew. ¿Podrían las ratas ronronear? Las suyas seguramente lo hicieron cuando Andrew le reclamó. Bailaron de nuevo, aún más cerca, las manos deslizándose sobre la suave piel de los lados mojados de sudor. Una vez, sólo una vez un hombre trató de interrumpir y se vio obligado de nuevo por la ira en los ojos de ambos. Para todos los demás era obvio que no había ninguna razón para tratar de unirse a la fiesta de los dos. De vez en cuando bebían agua, ninguno de ellos quería alcohol para desdibujar o culpar a la noche, y después estaban de vuelta en la pista de baile, el culo de Andrew se molía contra Nathan hasta que Nathan gemía en su oído. Presionando su erección en la espalda baja de Andrew, Nathan se retorció lentamente para que se deslizara entre las mejillas de su culo. Podía sentir el aliento engancharse en el pecho de Andrew, bajo sus manos extendidas. Andrew agarró su mano mientras se movía por encima de su frente, presionándola hacia abajo hasta que sus dedos se estaban sumergiendo debajo de la cinturilla de los pantalones vaqueros de Andrew. La punta de la polla de Andrew rozaba las yemas de los dedos, duros, goteando contra su piel. Andrew tiró de su mano y chupó su propio sabor en su boca. Blancas estrellas explotaron detrás de los ojos de Nathan. Quería inclinar a Andrew adelante, aquí, en la pista de baile, empujar su polla en el tenso culo hasta que ambos gritaran. No estaba seguro de que Andrew lo detuviera, con público o no. —Tienes que parar —dijo, la voz tensa cuando trató de pararse de follar a Andrew.

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—¿Parar? —la respiración de Andrew le cosquilleaba la palma de su mano—. ¿Realmente quieres que deje de tocarte, Nate? —Su boca chupaba duro en los dedos de Nathan. Nathan gruñía, provocado más allá de lo soportable. Dio la vuelta a Andrew en sus brazos y lo besó, empujando la lengua en la suya, reclamándolo de nuevo. Lucharon por el control del beso, el baile olvidado, cuando se quedaron de pie en la pista de baile, perdidos en la necesidad de dominarse el uno al otro. Las uñas de Andrew arañaban en la espalda, nunca lo suficiente como para dejar una marca permanente, pero suficiente para hacer que el sudor picara momentáneamente. Andrew terminó la batalla, el pecho agitado mientras arrastraba el aire en sus pulmones. Dio un paso atrás y agarró el brazo de Nathan, guiándole a la parte de atrás del club. Encontraron un espacio aislado y reanudaron su beso, sólo que esta vez fue más lento, más profundo, sin deseo de dominar, sólo para probar y explorar y decirse el uno al otro con las manos, los labios y la lengua lo que se habían estado perdiendo durante tanto tiempo. El mundo reducido a este beso, un bálsamo para el dolor dentro de él. Nathan presionó a Andrew contra la pared, con las manos ahuecadas alrededor de su mandíbula, sintiendo el roce de la barba en la palma de sus manos. Sus manos eran lo suficientemente grandes como para acariciar detrás de las orejas de Andrew y observar el cabello suave y sedoso rizado por el cuello. Necesitaba empujar a Andrew en la pared, para sentir el musculoso cuerpo firme contra el suyo. Nathan empujó suavemente una pierna entre las de Andrew, provocando un gemido que tragó cuando puso una deliciosa presión contra la deliciosa verga de Andrew. Presionó de nuevo, queriendo escuchar el sonido que a veces perseguía sus sueños. Andrew estaba pasando sus manos sobre el pecho de Nathan y los lados, bajo la suave piel de sus brazos, los pulgares frotando los pezones, provocándolos en la dureza y luego hundiéndose más abajo, cayendo por debajo de la cintura de sus pantalones sueltos abriéndose paso al grueso pelo.

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Nathan rompió el beso para confesar, —Tus manos me están volviendo loco. —El pelo de Andrew le hizo cosquillas en la piel cuando asintió con la cabeza, tirando de él hacia abajo para otro beso. Su piel se sentía más sensibilizada. No importa donde tocara, los dedos de Andrew se arrastraban ligeramente a su polla. Necesitaba algo más que los ligeros dedos bailando sobre el bulto en sus pantalones vaqueros. —Tócame —le rogó, moliéndose contra él. Andrew desabrochó la cremallera de Nathan, deslizando su mano en los calzoncillos de algodón para encontrar a Nathan duro y anhelante. Nathan gimió en su boca, cuando Andrew le sacudía, poco a poco, su pulgar frotando la cabeza. Buscó los pantalones de Andrew, queriendo tocarlo también. Le temblaban las manos cuando llegó al botón para abrirlo y se deslizó en el interior. Andrew no llevaba nada de ropa interior y la mano de Nathan se envolvió alrededor de su polla dura, fascinado por el contraste de la piel suave y aterciopelada. Se sacudieron el uno al otro mientras se besaban, los besos cada vez más descuidados, más jadeantes en la boca, mientras se traían el uno al otro cerca del orgasmo. Andrew estaba gimiendo en la boca, levantándose de puntillas cuando Nathan le acarició más duro. A Nathan le resultaba difícil concentrarse cuando la mano alrededor de su pene se movía más profundo, ahuecando sus bolas, y otra mano se hizo cargo de acariciarle, moviéndose más rápido. Se corrieron juntos, chorros calientes extendiéndose sobre sus manos mientras temblaban el uno en los brazos del otro. Nathan levantó la mano y vio que Andrew pasaba la lengua por el lío, entonces él hizo lo mismo, girando su lengua entre los dedos de Andrew y chupando su sabor hasta que no quedó nada. Yendo al baño para limpiarse, Andrew terminó antes de que Nathan esperara a que fuera por él. Nathan se acercó a buscar a Andrew que hablaba con un hombre más joven. Miró durante un momento cómo el hombre le entregó un pequeño trozo de papel. La cosa fue que Andrew recogió los números de teléfono de la forma en que la mayoría de la gente coleccionaba menús para llevar. Fueron

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arrojados, literalmente, de su mano. Lo había visto suceder antes en el año en que eran vecinos, en clubes y bares, y una vez incluso cuando se detuvieron en una pequeña tienda con Colin a su lado. Este hombre le dio el número con una sonrisa de confianza. Él era joven, en sus primeros veinte, con pelo rubio blanqueado y una deslumbrante sonrisa. Hizo sentir viejo a Nathan y desgastado a los veintiocho años. Andrew se inclinaba hacia adelante mientras el hombre hablaba, y es obvio que se acercó como una invitación, porque el tipo estaba extendiendo la mano para tocarlo. Nathan se acercó por detrás de Andrew y lo atrajo hacia sí, un brazo acercándose posesivamente a través de su pecho, enviando un mensaje poco sutil a su rival. El hombre mayor subió y lo besó en la mandíbula. —¿Has terminado? Nathan asintió con la cabeza. —¿Quieres bailar otra vez? —Siempre. —Andrew se movió en sus brazos, pero lo tomó de la mano en su lugar. Sonrió al joven, ahora pareciendo un poco triste—. Encantado de conocerte, Kyle. Nathan también sonrió a Kyle. A juzgar por la forma en que retrocedió a toda prisa, podía haber aparecido menos que amable. —¿Asustando a cualquier competencia, Nate? —Preguntó Andrew ligeramente mientras caminaban de regreso a la pista de baile. —¿Que te da esa idea? —Murmuró Nathan. —El hecho de que hayas cortado la circulación de mi mano. — Andrew levantó la mano para mostrar que la sangre había desaparecido donde Nathan estaba apretando con fuerza. Nathan rápidamente se disculpó, pero siguió con: —Nadie te toca esta noche. ¡Nadie!

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Vio cuando Andrew deliberadamente descartó el número de Kyle en un bote de basura. —Sólo tú —Andrew coincidió felizmente, y se metió debajo del brazo de Nathan, cuando comenzaron a bailar de nuevo. Nathan tuvo cuidado de no dejar ir a Andrew en absoluto por el resto de la noche. Hacia el final se envolvieron en los brazos del otro. Se movían lentamente, arrastrando los pies en realidad, en el lugar. Andrew apoyó la cabeza con cansancio en la parte interior del cuello de Nathan, con una mano en el culo de Nathan y los dedos metidos en el bolsillo trasero de sus vaqueros. La otra mano se entrelazaba en la de Nathan y se apoyada en su pecho, sobre el corazón de Nathan. Nathan apretó los labios en la frente de Andrew, saboreando la sal en los labios. No quería que la canción terminara, no quería tener que dejarle ir y admitir que la noche llegó a su fin. —Te amo —le susurró contra la piel de Andrew. Andrew suspiró, estremeciéndose ligeramente en sus brazos, y Nathan se maldijo por romper el hechizo. Sólo había querido decirlo una vez, cuando no estaban enojados, emocionales o llorando. Alzando la cabeza, Andrew le miró a los ojos. —Te he amado desde el momento en que puse mis ojos en ti en esa estúpida barbacoa. No va a cambiar en cualquier momento pronto. —Puso la cabeza hacia abajo y Nathan apretó los brazos. La canción llegó a su fin y Nathan sabía que todo había terminado; la vida real estaba esperando a la puerta. Tenía que llevarlo a su casa para dar a Alex la oportunidad de sacar a Daniel a la fiesta de un niño mientras cuidaba de Jessie. Estaban de pie, todavía entrelazados, ignorando la vuelta de las luces y las personas cansadas charlando a medida que avanzaban hacia la salida. Al final, sin embargo, Andrew le dio un ligero beso en el cuello a Nathan y levantó la cabeza. En el brillo, Nathan podía ver su rostro, cansado, pálido y contenido, con una sonrisa en sus labios hinchados por los besos.

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La cola para las chaquetas estaba casi vacía en el momento en que hicieron su camino para recoger la chaqueta de Nathan. El chico detrás del mostrador le devolvió la chaqueta con un guiño a Nathan. Nathan sonrió mientras sentía que Andrew se movía entre él y el mostrador. —Relájate —le susurró al oído de Andrew. —¡Mío! —Andrew mintió, casi gruñendo al chico desafortunado. —Siempre —Nathan mintió, el dolor de la separación inminente ya en marcha. Salieron al aire frío de la mañana, mano a mano. Andrew se estremeció en su ligera camiseta y Nathan le rodeó con sus brazos, sólo para posponer el momento un poco más. Andrew inclinó la cabeza para darle un beso, y se levantaron juntos bajo una señal prometiéndoles que el mundo caería a sus pies si sólo tuvieran un soplo fresco de menta. Su despedida fue sencilla... Nathan alejándose a su coche y Andrew encontrando un taxi que lo llevara a casa. Ninguno de los dos miró hacia atrás, la noche robada quedó atrás. El largo viaje de regreso dio un montón de tiempo a Nathan para reflexionar sobre la forma en que se había convertido en lo que había encontrado tan peculiar en Andrew cuando se encontraron por primera vez un... hombre atrapado en un matrimonio a causa de su familia.

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Capítulo Quince La maquinilla de afeitar eléctrica zumbaba por encima de su barbilla mientras Nathan se preparaba para la escuela. El espejo mostraba negro apagado recubriendo sus ojos y bostezó con cansancio. Iba a ser difícil pasar el día sin quedarse dormido. La sesión de fotos para su madre había tenido lugar dos días antes, y había sido uno de los fines de semana más físicamente agotadores que había tenido durante mucho tiempo. ¿Cuándo fue la última vez que había intentado una voltereta, por amor de Dios? Pero al menos ahora todo había terminado, y tal vez podría salir del Big One 10 por un tiempo. ¿El Big One? Nathan sonrió mientras la maquinilla de afeitar se hizo cargo de la barba de su mentón; no olvidaría a ese hijo de puta deprisa. Nathan había tenido ocho años cuando sus padres le llevaron a la feria estatal. Para sus ojos pequeños, era una vista increíble, el color y el ruido y la presión de tanta gente abrumándolo. Apretó firmemente la mano de su mamá, mirando a uno y otro lado, y fue entonces cuando lo vio, el Big One. Era enorme, lleno de giros y vueltas, curvas y espirales, y Nathan sabía que tenía que ir en él. Estaba allí esperando por él, le llamaba. Le rogó a su padre que se le permitiera ir a la montaña rusa, usando todas las súplicas que su joven mente podía conjurar. Su madre negó con la cabeza y dijo que era demasiado joven, pero la conmoción de Nathan y el asombro completo de su padre dijo que si él era lo suficientemente alto, se le debía permitir pasarlo con ellos. Su madre abrió la boca para discutir, pero su padre silenciosamente le tendió la mano a su hijo y le dijo a su esposa que esa era su decisión y la mantendría. Nathan miró a su madre, cuya palabra era generalmente ley, en la casa familiar, y a su padre, que estaba contento de tenerlo de esa manera. Quería decir algo, pero un duro pellizco en el hombro de Bob era la palabra hermana de Cállate, tienes lo que querías, y sólo tomó la mano de su padre sin decir una palabra. The Big One también llamado El Grande, es un supuesto terremoto que según los científicos, se espera que tenga una energía superior a los 8 grados en la escala Richter. Suponen que las consecuencias serán catastróficas. Esta claro que en este contexto se refiere, a parte del símil de la montaña rusa, a una especie de situación alarmante y catastrófica y su consiguiente miedo visceral que suscita antes de enfrentarse a ella. 10

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Su madre le dio a su padre una dura mirada que le dijo que no había terminado todavía, pero ella no dijo nada más, simplemente tomó la otra mano de Nathan y se quedó de pie en la larga, muy larga cola para el Big One. Fue sólo una vez que estuvo en la cola y acercándose la hora de ir a la montaña rusa que Nathan empezó a tener dudas. A pesar de ser alto para su edad, Nathan admitió para sus adentros que tenía un poco de miedo por la magnitud del paseo. Su madre había estado observando su rostro. —No es demasiado tarde para salir de la cola, cariño. Podemos encontrar algo más para seguir adelante —dijo astutamente, apretando los hombros en un cercano abrazo de madre. Pero Nathan no iba a echarse atrás ahora, no importa cuán alarmante la enorme montaña rusa pareciera, avecinándose frente a él, y de hecho una vez que estuvo allí, se ató junto a su padre, una vez que su estómago se había bajado, y gritado alrededor de la pista , se dio cuenta que había aprendido una valiosa lección ese día. No importa cuán grande sea el paseo, la anticipación era mucho peor que el evento real. Así que, ¿las fotos de los Peterson tomadas a orillas del lago de la casa de Rich? Había sido sólo un Big One. ¿No? Bueno, sí, hasta cierto punto lo fue. Su completa relación con Andrew había sido como un paseo en el Big One: las cumbres de su amante, las profundidades revolviendo el estómago de sus peleas y separaciones, y los raros, muy raros momentos de amistad tranquila. Pero Nathan se había enfrentado a un sentimiento, algo en lo que no podía poner el dedo, un sentimiento que se hizo más fuerte cuando el sábado por la mañana de la sesión fotográfica había amanecido. Y esta vez, no estaba seguro exactamente lo que se estaba anticipando, sólo sabía que tenía todo

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el potencial para poner fin a todo lo que se saliera de los raíles y cayera al suelo. Sólo que no lo hizo. Terminar en un accidente de tren, eso es. Al final del fin de semana, cuando Nathan había esperado pasar la mayor parte de ella atado en nudos, descubrió que había sido uno de los mejores fines de semana que había experimentado durante un largo tiempo, y la mayoría de eso fue bajo la hospitalidad de Rich y la profesionalidad tranquila de Andrew como fotógrafo. Por primera vez se dio cuenta de por qué Andrew era tan bueno en lo que hacía. Incluso si el bastardo le hizo dar volteretas sobre la hierba. También descubrió lo buen besador que era Rich. Nathan pensaba en el pasado fin de semana mientras se limpiaba con hilo dental. Era un caleidoscopio de imágenes, de la luz de sol perezosa y los niños de Bob gritando de risa cuando Colin los perseguía por el patio. La visión de su madre llorando feliz -y triste cuando pensaba que nadie la estaba mirando- las lágrimas en los restos de su familia junta. De Alex y Stephanie arrullando a un bebé mientras Stephanie descansaba la mano sobre su estómago plano... había dado la noticia de la prevista nueva llegada en la mesa del almuerzo. Andrew, con sus cámaras y luces, Colin ayudándole con Daniel envuelto alrededor de su pierna, y todo al mismo tiempo que, la presencia de Amy Peterson con ellos. Por primera vez en mucho tiempo, los Peterson hablaban acerca de su ser querido perdido con amor y afecto, y se convirtió en parte de ellos de nuevo. Fue una buena cosa que la casa fuera grande, ya que, entre la familia Peterson y Matthews, se llevaron una gran cantidad de espacio. Andrew había invitado a Stephanie, Joe, y Colin para que pudieran ayudar a entretener a todos entre las fotografías. En privado, también sentía que Nathan y Alex podrían estar menos incómodos con sus amigos allí. No habían invitado a Gary y Gabe esta vez, ya que estaba destinado a ser un asunto de familia. Al final resultó que, Gary estaba de gira con la banda y no habría podido llegar de todos modos. Rich se había cerrado en banda ante la sugerencia de que se invitara a Ruth y a Nick también. Su excusa era que no había espacio, pero todos sabían que no iba a dejar que su homófoba suegra fijara el pie en su puerta.

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Andrew tomó cientos de fotos, formales e informales, de los Peterson, decidido a darles un día para recordar para toda la familia. Fotos de los nietos jugando, Nathan y Bob con sus esposas, Teresa y John con sus hijos. Andrew sólo hizo el completo proceso divertido, incluso llegando a que los hombres ya mayores dieran volteretas sobre la hierba, sus extremidades agitadas enviando a todo el mundo a dispersarse. Rich había organizado una cena formal por la tarde para que los niños pudieran unirse. Para detener a Daniel y a Jess de estar completamente cansados y molestos, Alex había insistido en tener un descanso en su habitación antes. Ambos estaban cansados de todo el juego y felicidad para sentarse en frente de Sesame Street por un tiempo. Alex tomó la oportunidad de tomar un baño y Nathan llevó a los perros a dar un paseo alrededor del lago. El sol estaba bajo en el cielo, proyectando un resplandor naranjarosado sobre el agua. Era tan hermoso y tranquilo. Nathan tomó la oportunidad sólo para estar durante unos minutos observando la actividad de las aves en el lago. —Es en momentos como éste que doy gracias a Dios por tal vista. — comenzó Nathan; había estado tan perdido en sus propios pensamientos que no había oído a Rich venir detrás de él. Se volvió para mirar al hombre mayor. Rich estaba mirando hacia el lago. A Nathan le sorprendió lo cansado que parecía, las líneas de su cara más profundamente grabadas, haciéndole parecer más viejo de lo que era. Rich se volvió a mirarlo y Nathan se sonrojó, avergonzado de ser sorprendido mirando. —Tienes suerte de tener esto —dijo apresuradamente. —La tengo —coincidió Rich. Se volvió para sentarse en un tronco caído justo detrás de ellos y dio unas palmaditas en el espacio junto a él. Un poco incómodo, Nathan se sentó junto a él. Tyler y Ruby no parecían demasiado preocupados por la interrupción de su paseo y se arremolinaron con alegría a lo largo de la orilla del agua. —¿Te dijo Andrew alguna vez cómo terminé siendo el dueño de esta propiedad?

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Fue tan repentino que Nathan se limitó a mirarlo. —Uh, no. Rich sonrió y se recostó contra el tronco de un árbol convenientemente detrás de su asiento improvisado. —Mi pareja anterior, Paul, era su propietario. —No me di cuenta que habías estado en una larga relación con alguien antes —dijo Nathan torpemente—. Yo realmente no lo había... —Discutido con Andrew, —interrumpió Rich—. Lo sé. No creo que haya estado precisamente en tu mente cuando estuvisteis juntos. ¿Qué le decía a eso? —Yo... eh... —¿Estoy demasiado ocupado tratando de entrar en sus pantalones para hablar de ti? Rich le palmeó la mano. —Está bien, Nathan. Paul murió hace diez años. —¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos? —Unos quince años. Él era... bueno, era VIH positivo. Los medicamentos dejaron de trabajar al final. —Lo siento mucho, Rich. —Nathan quería poner su brazo alrededor de él, realmente sentía por lo que el hombre había pasado, pero se contuvo, sin saber lo que era apropiado. Rich se encogió de hombros. —Yo también. De todos modos, no es por eso que tenemos esta conversación. —¿Vas a decirme por qué estamos teniendo esta conversación? ¿O es otra de esas enigmáticas idioteces gay que sigo teniendo con Andrew? —La paciencia de Nathan se estaba agotando. Riendo, Rich dijo: —¿Cómo demonios tu y Andrew alguna vez llegásteis a quejaros el uno del otro? —El infierno lo sabe —reconoció Nathan, una leve sonrisa curvando su propia boca.

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—Paul se quedó también con este lugar por su pareja anterior. Es una especie de legado de paz para nosotros. Un lugar para venir cuando el mundo exterior es demasiado. Se lo voy a dejar a Andrew cuando me muera. —¿Qué? —Oh, no parezcas tan asustado. No estoy a punto de ir arrastrando los pies de esta cuerda mortal. Sólo te estoy diciendo acerca de esta casa, su historia especial. Vengo aquí cuando quiero pensar, ¿ves? —dijo Rich. Francamente, Nathan no veía. Era una bonita historia, pero ¿qué tenía que ver con él? Rich se volvió para enfrentarle. Nathan se dio cuenta de los penetrantes ojos grises que tenía. —Si alguna vez tienes que pensar... un lugar tranquilo... siempre puedes venir aquí. —¿Qué te hace pensar que necesito pensar? —Amigo, podrías decir gracias. Los dos miraron para ver a Andrew, cámara en mano. Levantó una ceja a Nathan. Un poco avergonzado, Nathan levantó la mano en señal de rendición. —Lo siento, eso fue ingrato. Gracias. Si necesito un lugar para pensar, te haré una llamada. Rich asintió con la cabeza. —La oferta está siempre abierta, Nathan. Andrew, ¿tengo que volver? —Todavía no. Los servicios de restauración todavía no han terminado. Dijeron que alrededor de media hora. Voy a tomar una ducha. —Volveré a caminar con Nathan entonces. Andrew se inclinó y le besó. Asintió a Nathan y regresó por donde vino.

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—Los perros no hicieron mucho paseo —dijo Rich cuando se puso de pie. —Han pasado toda la tarde persiguiendo a los niños alrededor del jardín. Creo que se las arreglarán. Ya no son perros jóvenes. Los dos hombres siguieron a Andrew de vuelta a la casa. Mientras se acercaba a la vista, Nathan se detuvo. Rich se dio la vuelta con sorpresa. Nathan tragó un par de veces y luego le preguntó: —Rich, ¿Eres VIH positivo? Rich no parecía ofendido por la pregunta. —No. Paul sabía antes de que estuviéramos juntos. Me mantuvo a salvo. ¿Por qué lo preguntas? —Andrew... yo... Alex... los niños. —Él no podría hilar una frase, pero Rich parecía entender. —Lo entiendo. Soy seguro y me hago la prueba con regularidad. —Lo siento. —Nathan se sentía como una mierda, pero había tenido que preguntar. —No lo sientas. Es una pregunta justa. Tu y yo estamos unidos por nuestro amor por Andrew. ¿Crees que él te habría arriesgado o, Dios no lo quiera, a Alex y a tus hijos? —Preguntó Rich, su tono sonando más agudo ahora. Nathan suspiró y se frotó la mano, por el pelo. —No, por supuesto que no. Y siempre hemos usado condones. Es sólo que nunca se me había ocurrido... la posibilidad del SIDA. Ya sabes, ¿con toda la otra mierda pasando? Ha sido bastante difícil hacer frente a follar con un hombre y ser infiel. —Cuando lo pones así... —dijo Rich secamente—. ¿Para qué diablos crees que son los condones? Nathan se sentía como un idiota. Abrió la boca para disculparse una vez más sólo para descubrir a Rich de repente en su espacio y poniendo su boca sobre la de Nathan. No lo estaba tomando, pero estaba esperando, y Nathan no sabía qué diablos hacer. Nathan se dio por vencido y presionó

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aún más, dejando que Rich se hiciera cargo. Este hombre realmente sabía besar, todo suaves labios y lengua. Justo cuando Nathan se puso al tanto con el programa, Rich dio un paso atrás con un gemido de satisfacción, dejando al joven mirándole aturdido. Rich no parecía mucho más centrado mientras se tambaleaba un poco. —Puedo ver por qué le gustas tanto —dijo. —Umm —Nathan balbuceó incoherentemente cuando se llevó un dedo a los labios hinchados. —Vamos, consigamos algo de cenar. —Rich le sonrió y siguió caminando hacia adelante, sin esperar a que el cerebro y el cuerpo de Nathan consiguieran coordinarse. Vio al hombre de más edad desaparecer en la casa. Tyler golpeó su mano como si fuera a sugerirle que echara a correr. Palmeó la cabeza del perro distraído y siguió a Rich a la casa. En el momento en que llegó a su dormitorio, cualquier idea de pensar desapareció en la algarabía de conseguir que dos niños se prepararan para la cena. El fin de semana concluyó con el almuerzo, el café, y un último juego para los niños. A media mañana vio a los adultos cansados descansando en el gran salón, con Colin y los niños jugando con un enorme tren situado en el suelo de madera. La madre de Nathan y el papá estaban sentados con Nathan, el portátil de Andrew en la mesa delante de ellos, viendo previamente todas las fotos que había tomado. Stephanie estaba descansando, las náuseas de la mañana cobrando su peaje. Alex y Joe estaban leyendo en la terraza. Bob y su esposa e hijos habían salido temprano esa mañana con un largo viaje por delante de ellos. Nathan no estaba seguro de donde Rich y Andrew estaban. Un ruido extraño llamó la atención de Nathan. Alzó la vista para ver a su madre limpiando un dedo a través de sus ojos. Su atención se centró por completo en una foto de Bob y Nathan en uno de los grandes árboles, sus hijos en el regazo, con los perros a sus pies. —Oye mamá, ¿qué te pasa? —Nathan puso un brazo sobre los hombros de Teresa, sintiéndolos temblar un poco.

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—A veces me pregunto si Amy tiene hijos. ¿Cuántos años tendrían? ¿niños o niñas? —Gimoteó un poco mientras miraba a la pantalla—. ¿Se sabrá alguna vez? Nathan miró desesperado a su padre más allá de la cabeza de su madre. John negó con la cabeza y acercó con suavidad a Teresa en sus brazos. —Vamos, cariño, veamos a los demás antes de ir al almuerzo. Andrew había prometido enviar un correo electrónico a todo el mundo para recoger sus favoritas. Nathan y Bob iban a recibir una gran foto enmarcada de toda la familia con sus padres. Andrew les había ofrecido las fotos que quisieran, sin costo, pero los chicos insistieron en que pagaban por la grande. Teresa siguió hojeando el resto de las fotos cuando se detuvo en una de Nathan. Había estado jugando a lo bruto y violento con Daniel, y su cabello era salvaje y el color alto en sus mejillas. Nathan pensó que se veía como un idiota, pero su madre hizo una pausa, sin hacer clic en el ratón para seguir adelante. —Este chico realmente te ama —dijo, todavía centrada en la imagen. —¿Mamá? —dijo con incertidumbre. Sabía que estaba enterada sobre él y Andrew antes de que Jess naciera, porque había sido lo suficientemente honesto como para pedir su ayuda, pero desde entonces no había hablado acerca de Andrew en absoluto. Estaba bastante seguro de que Alex no le habría dicho nada, porque, aunque ella y sus padres se llevaban bien, no eran cercanos. —Oh, Nathan, sólo tienes que mirar esta foto para decir cómo se siente acerca de ti. —Es sólo una foto, mamá. Mírame a mí. ¡Estoy despeinado! — protestó. —Te adora y eso se nota —respondió ella, y su padre asintió con la cabeza. —Tu madre tiene razón, Nathan.

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Teresa de pronto fijó su mirada en él y Nathan sintió que tenía seis años de nuevo con la mano en el tarro de las galletas. —¿Todavía continúa? Abrió la boca para negarlo. Nada bueno saldría que supiera la verdad. —Sí. —Agachó la cabeza—. Lo siento mucho. Ella suspiró y se acercó a él, apretando suavemente el brazo. —No soy yo con quien deberías disculparte. ¿Lo sabe Alex? ¿Y qué decir de ese encantador hombre suyo? —Rich lo sabe. No sucede muy a menudo y sólo con su permiso. Y Alex... no hablamos de ello. Ya no somos realmente tan cercanos. —Fue una gran admisión, la primera vez que Nathan había admitido a alguien que su matrimonio estaba roto, tal vez sin posibilidad de reparación, y pudo oír su voz temblar cuando pronunció las palabras en voz alta. Su madre suspiró. —¿Qué diablos pasó con vosotros dos? Erais tan cercanos, tan felices. Te mudas a Castleton y todo sale mal. Es algo que Nathan había pensado a menudo. ¿Alex y él seguirían estando felizmente casados si nunca hubiera conocido a Andrew? Tal vez. Probablemente. Pero entonces, ¿Nathan habría estado tan contento con vivir una tranquila, suburbana existencia durante toda su vida donde nunca pasaba nada? ¿Habría sabido que el Big One estaba allí? —Vamos a trabajar en eso, mamá. Tenemos que hacerlo, por el amor de Daniel y Jessie. Por otra parte, Andrew y yo sólo somos amigos. Miró al otro lado de la habitación. Andrew había entrado. Llevaba un jersey suave, azul, muy apretado que se adhería a su torso. La luz del sol desde las grandes ventanas atrapaba los reflejos rubios en su pelo. Andrew miró a su alrededor, vio a Nathan, y sonrió, arrugando los ojos en las esquinas. Automáticamente Nathan le devolvió la sonrisa, y por un breve momento eran las únicas personas en la habitación. Entonces Daniel corrió hacia Andrew y le echó los brazos alrededor de sus piernas, Andrew miró abajo, rompiendo el hechizo.

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Nathan miró hacia otro lado y atrapó a su madre mirándolo especulativamente. —Creo que... —ella comenzó. —¿Qué? —Creo que realmente necesitas pensar en esto, hijo. Has sido educado para hacer lo correcto por la gente. ¿Eres realmente justo con Alex? —¿Qué otra cosa puedo hacer, mamá? —preguntó sin poder hacer nada. Ella lo acercó a su hombro. No quería nada más que descansar la cabeza y dejarla a ella tratar con todos sus problemas. —Es más difícil ahora, pero no es demasiado tarde, cariño, para encontrar una nueva vida. No te educamos para engañar a tu esposa. Eras tan joven cuando te casaste, y tal vez me pareció lo correcto por el bebé, pero Nate, no puedes seguir mintiéndole. —Ella se aferró a él cuando trató de apartarse—. No te educamos para mentirte a tí mismo tampoco. Amas a Andrew y él seguramente te ama. —Está con otra persona ahora —señaló Nathan. —Andrew te ama —dijo su madre con sencillez. —Pero... Para su sorpresa de ambos, su padre tomó la palabra. Normalmente dejaba todos los asuntos de la familia a su esposa. —No hay peros, hijo. Tienes casi treinta años. Es tiempo de que crezcas y seas un hombre. Ya sea elijas a Alex o a Andrew, tendrás que cuidar de tu familia, y sabes que nosotros te ayudaremos lo mejor que podamos. Nathan volvió a mirar a Andrew y luego a sus hijos, jugando inocentemente con los trenes en el suelo. No era así de jodidamente simple. Había vuelto a la línea del Big One y de alguna manera no creía que su madre le dejara salir de la línea esta vez.

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La breve discusión de Nathan con su madre le había dejado enojado e inestable. Sabía en su corazón que ella tenía razón. Ya era hora de que montara otra cumbre de la montaña rusa y encontrara un nuevo trabajo, tal vez incluso el ascenso. Había recorrido un largo camino desde sus primeros días en la Primaria de Castleton. Tal vez ahora ya era el momento de salir de la zona y buscar otra escuela y otro departamento de incendios con el que involucrarse. Sonrió con tristeza mientras se ocupó de su clase después de que la campana hubiera desaparecido. Tenía la suerte de tener un director comprensivo. No son muchos los que habrían tolerado la cantidad de veces que la alarma de incendios había sonado en los primeros días de su nueva carrera. Nathan se llevó la impresión de que el Director Skinner había visto algo en su nuevo maestro que valía la pena fomentar, a pesar de su inclinación obvia por la pirotecnia. Él y Andrew eran como magnesio en el aire. Sólo un breve contacto y las llamas se encendían. No era que quisiera salir de su casa y su trabajo. Es que Nathan quería, no, necesitaba... recuperar su vida. Parecía que el mundo giraba en torno a sus hijos y sus momentos fugaces con un hombre que lo mantenía en su esfera como la Tierra que giraba alrededor del sol. Durante demasiado tiempo, Nathan sólo se había sentido vivo cuando era bañado por la calidez de Daniel y Jess, o en la luz resplandeciente que era Andrew. Era el momento de alejarse de la fuerza gravitacional de tan destructiva relación. Mierda. Había estado haciéndolo en forma de proyecto espacial durante mucho tiempo. Incluso sus metáforas eran un cliché. Nathan lentamente limpió la pizarra y se aseguró de que su escritorio estuviera limpio. Al salir de su habitación, la secretaria de la escuela caminaba hacia él con expresión de alivio. —¡Nathan! Todavía estás aquí. Gracias a Dios por eso. El Director Skinner quiere verte en su oficina antes de salir. Frunció el ceño mientras miraba su reloj, Nathan le preguntó: —¿Es importante, Susan? Le prometí a Daniel que le llevaría a él y a Colin al parque esta tarde.

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Susan había estado en la escuela durante años. El tiempo suficiente para recordar todavía al menos una de las perdiciones de su existencia. Ella se estremeció con delicadeza, cuando lo miró fijamente por encima de sus gafas con montura dorada. —El señor Matthews sigue manteniéndote entretenido, ya veo. ¿Él y el joven Bobby no se las han arreglado para hacerse estallar ellos mismos? Él sonrió. —Todavía no, Susan. Se ha calmado mucho desde que salió de aquí. Ella le devolvió la sonrisa, y luego su rostro se puso serio. —¿Y Andrew? ¿Cómo está? ¿Sigue bien? Por un instante, Nathan se quedó perplejo. ¿Cómo sabría Susan de Andrew más allá de un contacto mínimo en la noche de padres y maestros, por no hablar sobre que había estado enfermo? Entonces recordó que Andrew solía tomar fotografías de la escuela. Atrapando su expresión, Susan dijo: —Vi a Allison en la ciudad hace un tiempo. Ella dijo que Andrew había estado... —Nathan miró mientras buscaba un eufemismo adecuado— pachucho. Apuesto a que eso no era como Allison lo llamó, pensó cínicamente Nathan. —Está bien ahora, gracias. Tiene un buen negocio en Los Angeles y está casado. Una de las cejas de Susan voló casi cómica. —¿Casado? Pero me enteré de que estaba saliendo con alguien. Yo, uh, pensé que era un hombre. Nathan reprimió un suspiro. Realmente no quería discutir sobre la vida privada de Andrew con la secretaria de la escuela en el medio del pasillo, aunque al parecer estaba desierto. Con un esfuerzo mantuvo un control sobre su temperamento. —Está casado con el mismo hombre. Su nombre es Rich. Pensé que Allison te habría compartido ese pedazo de chisme. Ahora bien, si me disculpas, ¿encontraré al Director Skinner en su oficina?

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Se alejó sin esperar respuesta de Susan, pero podía sentir sus aburridos ojos escudriñando la espalda todo el camino por el pasillo. Tan sólo confirmó su resolución de que había llegado el momento de dejar Castleton. Justo hasta que el Director Skinner abrió la boca. —¿Ascenso? —Nathan se quedó mirándole—. ¿Quieres ofrecerme un ascenso? —No exactamente —corrigió a su jefe—. Quiero que solicites la vacante. Tengo que entrevistar a todos los candidatos potenciales. Esto es simplemente pedirte que hagas una solicitud. —Pero ¿por qué yo? Los labios del Director Skinner se estremecieron. —¿No crees que eres lo suficientemente bueno para la promoción? —¡No! ¡Quiero decir, sí! Quiero decir, oh diablos, no estoy seguro de que lo que quiero decir. —Nathan se pasó las manos por el hirsuto pelo. Era muy necesario un corte. Siguió recordando las manos de Andrew corriendo a través de él mientras bailaban, mientras se besaban. Era un enlace para esa noche, al igual que su camisa sin lavar cuidadosamente plegada en su armario. La sacaba de vez en cuando, y hundía la nariz en la tela, tratando de detectar el último rastro persistente de la colonia de Andrew. —¿Nathan? —Fue devuelto al presente por la voz de su director. Sonrojado con aire de culpabilidad, Nathan se disculpó por su falta de atención—. Lo siento. Sí, me gustaría hacer una solicitud para el trabajo. Gracias por pensar en mí. Skinner asintió con la cabeza. —Susan puede darte los formularios y los detalles. Vamos a entrevistar la semana que viene. Nathan frunció el ceño. —¿Necesito repasar algo? —Quería estar lo más preparado posible para esta entrevista.

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—Estará bien. Las preguntas que voy a pedir no están más allá de tus habilidades ahora. No creo que te des cuenta de lo mucho que hay que hacer para ayudar a animar a tus compañeros maestros, en particular, lo que a la ciencia y a las matemáticas se refiere. —El Director Skinner le sonrió alentadoramente—. Has madurado hasta convertirte en un buen profesor, Sr. Peterson. Tocado por la alabanza y la fe expresada en él, Nathan expresó su agradecimiento. Recostado en su asiento, Skinner le dirigió una mirada especulativa. —Sabes, tu primer año no estaba seguro... oí rumores. La expresión de Nathan se endureció. —¿Qué tipo de rumores? — Dijo con frialdad. La expresión del Director Skinner no cambió. —Tu amistad con el padre de uno de tus alumnos era cercana, tal vez demasiado cercana. —¿Qué significa? —Quería que Nathan lo explicara. ¿De qué exactamente se le acusaba? —Nathan, Andrew es un amigo mío. Nathan estaba a punto de hacer una réplica inteligente cuando le golpeó eso que Skinner había expresado muy concretamente. Miró hacia arriba. —¿Un amigo? El director asintió con la cabeza. —Hemos sido amigos durante casi veinte años, pero siempre estuve unos cuantos años por delante de él. Cuando estás en la escuela secundaria, no es difícil descubrir quién más es diferente. Lo mantuve en silencio porque quería enseñar sin ningún problema, y él se ató a un matrimonio con Stephanie. No es casual que se mudara aquí con su familia. —Pero tú y él... —De alguna manera eso parecía mal.

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—No, definitivamente no. —Skinner golpeó con el dedo sobre la mesa—. Te dije esto porque no soy tu enemigo, y no estoy cotilleando solo porque sí. Te estoy diciendo lo que me dijeron a mí los demás . —¿Allison? —La misma Kate tablero de anuncios. Nathan miró a su jefe a la cara. —¿Cuánto sabe realmente? El director dio un pequeño suspiro. —Lo suficiente para saber que perderías tu trabajo si no lo hubieras detenido. La gente de por aquí no son tan tolerantes. —¿Me habrías despedido por tener una relación gay? Eso es discriminación —señaló Nathan con dureza. —Y tú no eres tan ingenuo —respondió el director, también con dureza—. No habrías sido despedido por tener una relación adúltera con uno de los padres. Nathan, las chismosas como Allison tienen un gran placer en meter su nariz en los asuntos de otras personas. Si no hubieras tenido otro bebé, te habría resultado muy difícil seguir trabajando aquí. Nathan tragó las amargas palabras porque sabía que Skinner estaba en lo cierto. Sabía que Allison se había dado cuenta de su relación, pero no había sido consciente entremedias de que ella lo había estado alguna vez cotilleando. Había esquivado una bala sin darse cuenta. Por supuesto, si se hubiera ido para estar con Andrew, no habría permanecido en la zona de todos modos. Skinner le dedicó una sonrisa simpática. —Eres un buen maestro, Sr. Peterson, y Andrew es mi amigo. Pero la opinión pública os habría puesto colgados a secar. Me alegro de que no sucediera de esa manera. Por lo que sé, tú fuiste bueno para él. Finalmente, se despertó a lo que se había perdido. Ahora por lo menos está viviendo una relación feliz y satisfactoria. —Pero no conmigo. —¿Cuántas veces había dicho eso? —No contigo, —estuvo de acuerdo Skinner.

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Nathan se miró las manos. Se dio cuenta de que le temblaban ligeramente. Su vida parecía ser una serie de conversaciones surrealistas. Le habían ofrecido la promoción ¿y, qué? ¿Dado una palmada en la muñeca? Una advertencia de no salir de las habituales limitaciones suburbanas. Está bien, entonces. El Director Skinner se puso en pie. —Estoy ansioso por recibir tu solicitud. —Sí. —Nathan sacudió su mano y salió de la oficina de Skinner, sin estar seguro de si se quedó contento o enojado por la conversación. Dondequiera que iba, parecía que una parte de la vida de Andrew lo seguía, y con toda franqueza, ya había tenido suficiente. Estaba atrapado en una espiral sin tener ni idea de cómo liberarse. En un momento sus padres estaban hablando de divorcio, y el siguiente su jefe le estaba ofreciendo la promoción si permanecía como un buen padre de familia. Todo el tiempo se vio atrapado en la atracción gravitatoria de Andrew Matthews. La cabeza de Nathan le daba vueltas. No podía pensar en otra cosa más allá del hecho de que era sin duda tiempo que se liberara de las ataduras de una relación gay que nunca había querido, en primer lugar. Nathan estaba sentado en la parte inferior de las escaleras, jugando a los trenes con Daniel, cuando sonó el timbre. Había llevando una conversación con Alex acerca de la posibilidad de un ascenso, mientras ella preparaba la cena y no dejaba que Daniel se metiera debajo de sus pies. Fue genial tener algo tan interesante para compartir con ella, y se pasó una hora hablando de lo que podían hacer con el dinero extra. No podía pensar en una separación todavía. Cuando sonó el timbre, estaban a punto de sentarse a comer, y Alex frunció el ceño con disgusto.—Deshazte de ellos, lo harás. La cena estará fría si no nos sentamos muy pronto. —Lo haré.

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Nathan se puso de pie, hizo una mueca un poco cuando sus músculos se estiraron y abrió la puerta, preparándose para la batalla con el que estaba en la puerta. Colin estaba de pie en el otro lado, su nuevo perro a su lado. —Hey, Colin. Uh, no puedo salir a pasear a los perros ahora. Estamos a punto de comer. Colin negó con la cabeza y Nathan se dio cuenta de que parecía muy angustiado. —Por favor, Sr. P, ¿se ocuparía de Bailey por unos días? Asintiendo con la cabeza, Nathan le tendió la mano a la correa. Colin se la entregó, y su mano temblaba un poco. —Claro, no hay problema. Colin, ¿qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? ¿Están tu madre y Joe bien? —Ahora era él el que estaba muy preocupado. Stephanie estaba embarazada otra vez y había tenido algunos problemas. Parecía muy relajada al respecto, pero era el primer hijo de Joe y había sido menos optimista acerca de la batería de pruebas a las que se había enfrentado. Daniel, que había estado continuando con su juego, de repente se precipitó hacia adelante y juntó las manos alrededor de las piernas de Colin. El chico mayor se agachó y lo recogió, enterrando la cara en el pelo rizado de Daniel, su voz ahogada cuando dijo: —Hey Daniel. Nathan desabrochó la correa de Bailey de su cuello y la encerró en la sala de estar con Tyler y Ruby. Volvió a la puerta y colocó una mano sobre el brazo de Colin. —Dime qué va mal, Colin. Por favor. El muchacho levantó la cabeza, un toque de angustia en la boca, los ojos inyectados en sangre y se llenaron de lágrimas. Nathan esperaba, de pronto supo que la montaña rusa tenía una última maniobra antes de que llegara a su final. —Tenemos que ir a Los Ángeles. ¡Oh Dios, no!

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—Papá y Rich tuvieron un accidente esta tarde. Gary llamó. Mi papá. —Las lágrimas se extendieron cuando dijo: — Me dijo... me dijo que mi padre... Su voz se arrastraba en la nada. El silencio sólo fue roto por Colin llorando en silencio, cuando Daniel, sólo comprendiendo que su amigo estaba molesto, le palmeó la espalda con suavidad. La montaña rusa no estaba destinada a soltarse de las pistas, ¿verdad?

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Capítulo Dieciséis Llovía cuando Nathan dejó la casa para llevar a los perros para una temprana carrera matinal a la mañana siguiente, frío, y lluvia malsana que parecía que se filtraba en sus huesos, y coincidía con el frío, y fuerte dolor en su corazón. Nathan no había dormido desde la noticia de la muerte de Andrew. Había permanecido junto a Alex toda la noche, viendo los minutos arrastrarse penosamente, incapaz de comprender el hecho de que nunca volvería a verlo. Había tratado de descansar un poco, sabiendo que los niños estarían levantándose temprano y tenía un duro día por delante de él en la escuela. Cada vez que había cerrado los ojos, todo lo que podía visualizar era a Andrew mirándolo a través del césped, la cámara hasta la mitad de su rostro, con esa mirada de asombrada adoración en su rostro. La culpa se mezclaba con el dolor al darse cuenta de que su último pensamiento sobre Andrew había sido enojo por cómo había jodido la cómoda vida de Nathan. No tenía que preocuparse de eso ahora. El viaje había terminado, la montaña rusa acabó. Cuando comenzó a estirarse, las lágrimas que había estado reprimiendo durante toda la noche, para no incomodar a Alex con su dolor, finalmente se filtraron, emergiendo con gotas de lluvia que corrían de sus pestañas. Tyler y Ruby se arremolinaron sin descanso a sus pies, ansiosos por estar fuera pero conscientes de que su dueño se encontraba en un estado de angustia. Bailey se quedó atrás, no muy seguro de lo que estaba pasando. Persuadiendo a los perros delante de él, Nathan corrió hacia el parque, luchando por mantener su respiración mientras sollozaba al aire frío de la mañana. La dureza del frío envió dolores punzantes en el pecho. Fue sólo una vez que llegaron a las puertas que se dio cuenta de que el parque estaba lleno de recuerdos de Andrew, más en concreto, recuerdos de él con Andrew. La cima de la colina donde había golpeado a Andrew poco antes de la víspera de fin de año, su primer partido de fútbol, donde había

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follado antes de que Andrew le dijera adiós. Por todas partes donde corría, había un momento con Andrew. Normalmente le daba consuelo, pero no hoy. Al doblar una curva, se tropezó, incapaz de salvarse a sí mismo cuando Tyler se puso en su camino. Aterrizó en el suelo, rozando las palmas de las manos y las rodillas en el proceso. Conmocionado y con dolor, Nathan le gritó al perro con un “Fuera de mi jodido camino”, empujando al animal asustado lejos cuando trató de acercarse. Trató de ponerse de pie y terminó escabulléndose hacia los lados mientras apoyaba la espalda contra un árbol, mientras se inclinaba la cabeza en los brazos, sacaba sus rodillas, y lloraba, con lágrimas corriendo sin pausa por las mejillas rojas y picajosas. Se dio cuenta de una mano apoyada en su hombro. —Hijo, ¿estás bien? Nathan levantó la cabeza para ver a una mujer de mediana edad que vagamente reconocía mirándolo preocupado. Ella sostenía la correa de un Bichon Frise que lo estaba empujando con curiosidad. —¿Estás bien? —Repitió. Se dio cuenta de que sólo estaba mirándola fijamente. —Sí, yo, eh... —Nathan trató de levantarse, pero el tiempo pasaba en el frío suelo y las manos rozaban y las rodillas le habían hecho ponerse rígido. Se tambaleó y fue a caer contra la mujer. —¿Estás borracho? —Preguntó la mujer desaprobadoramente mientras le restauraba a sus pies con cierta dificultad. Nathan podría haber jurado que ella le olfateó. Soltó un bufido. —Ojalá lo estuviera. —A su pregunta, dijo: —Lo siento. Tuve una mala noticia. Un amigo... muerto. Su rostro se aclaró y le dio unas palmaditas en el brazo para consolarlo. —Lo siento mucho. ¿Erais cercanos?

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La garganta de Nathan se cerró, mientras trataba de responder. — Yo... yo lo amaba. Esperaba otra mirada de desaprobación, pero en vez de eso su rostro se suavizó. —Vete a casa, hijo. Vas a coger la muerte aquí fuera. Nathan miró a su alrededor. Se había olvidado de los perros en su dolor. Los tres estaban esperando pacientemente en la hierba para que se diera cuenta de ellos. Levantó la vista cuando dio un paso hacia ellos, Ruby y Bailey meneando sus colas a él. Tyler se quedó atrás, con las orejas hacia abajo, claramente sin estar seguro de si debía acercarse a Nathan o no. —Ha entrenado a sus perros muy bien —dijo la mujer—. No se movieron en todo el tiempo que estuvo en el árbol. Nathan se arrodilló e hizo una mueca cuando la arena hirió las laceraciones en las rodillas, y persuadió al perro más grande a entrar en sus brazos. —Lo siento, muchacho. —Enterró su cabeza en la piel húmeda de Tyler y lo abrazó a modo de disculpa. El perro gimió y resopló en el oído. —¿Quiere que camine con usted? Nathan comenzó, había olvidado que la mujer todavía estaba allí de pie, cerca de su pequeño perro a sus pies. Cansado, se puso de pie. —Estoy bien, de verdad. Debería estar de vuelta en casa para ayudar a mi esposa con los niños. Ahora las cejas de la mujer se dispararon cómicamente en su flequillo. Tal vez eso no era lo más sensato que podía haber dicho, pero joder, si quería desaprobarlo, se lo permitía. No estaba de humor para preocuparse. Ella sólo le dedicó una sonrisa amable y reiteró su pesar por su pérdida. Para su alivio se alejó, y silbó a los perros para que le siguieran. Nathan salió del parque, débil por el dolor mientras caminaba a casa. La lluvia había disminuido a una ligera llovizna, pero aún así hacía frío, y se estremeció en su ligera carrera.

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No tenía idea de cuánto tiempo había estado en el parque, pero no podía ser tarde, porque Allison y Jim no habían salido a trabajar, sus coches seguían estando encajados en su camino de entrada. Los perros estaban empapados y, como a Alex no le gustaba que los perros mojados se arrastraran por toda la casa, los hizo rodear hacia un lado para poder limpiarles con una toalla en el lavadero. La puerta ni siquiera estaba completamente abierta cuando Alex bajó corriendo las escaleras. —¿Dónde demonios has estado? He estado tratando de llamarte. — Sonaba extraña, casi emocionada. —Llevando los perros a pasear como si fuera normal. ¿Por qué estabas llamándome? —Tenía Bailey en un firme agarre mientras frotaba su piel gruesa. Se arrodilló junto a Nathan y le cogió la mano. Sorprendido por el contacto inesperado, levantó la vista hacia ella. —Stephanie llamó hace una hora. Tiene algunas noticias.

El viaje de Andrew de regreso a la conciencia fue lento y doloroso. No se ganó con facilidad y no fue acogido con beneplácito. Sabía que Rich estaba muerto antes de que Steph le sostuviera la mano y se lo dijera. Lo sabía porque Rich estaba muerto antes de que su coche se estrellara. Había muerto al volante, y no había una maldita cosa que pudiera haber hecho para evitarlo o el accidente que le siguió. Recordó el coche desviarse, el movimiento inesperado preocupándole el sueño ligero en el que había caído, y luego abrir los ojos para ver a su marido, envuelto en el volante, sus ojos mirándole fijamente. Sí, esa imagen quedó grabada vívidamente, incluso aquí, en esta mitad del mundo.

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Después de eso había metal aplastado y vidrio roto y el ruido con el que viviría hasta el final de sus días. Se alegró de que cerrara los ojos y cayera en la oscuridad lejos de los ojos vacíos. Había dolor y luz lastimando sus ojos, pero seguían arrastrándole de regreso a pesar de sus protestas. Les dijo que lo dejaran en paz, que lo dejaran morir, pero ignoraron todo lo que dijo. Pasó un tiempo antes de que se diera cuenta de que no había dicho una palabra y que las protestas eran en su cabeza. Sostenían su mano. Podía sentir eso. Era su vínculo con la realidad. La pequeña mano de su ex esposa; la gran mano de Joe, un poco incómodo en el contacto; Colin se movía en torno suyo, manteniéndose sobre él con sombría desesperación. Había otras manos que no reconocía, y una que no esperaba, enorme y caliente, acariciando con los dedos. Sabía que estaba a salvo en esa mano y volvió a dormir. A veces podía sentir las manos sobre su cuerpo, el toque familiar a lo largo de su espalda, sus piernas. Andrew se preguntó si soñaba esos toques, pero realmente no importaba. Les dio la bienvenida de todos modos. Hablaron con él mientras se sentaba al lado de su cama. Al principio no podía entender lo que decían y era intrusivo, arrastrándolo detrás de la dicha y la oscuridad sin dolor. Después de un tiempo, sin embargo, comenzó a escuchar sus palabras. Le dijeron mucho más de lo que se dieron cuenta, sentado en la sala con sólo un hombre inconsciente de compañía. Aprendió sobre las esperanzas y temores de Steph acerca de estar embarazada de nuevo, las preocupaciones de Joe sobre ser un nuevo padre. Colin acababa de hablar, agarrándolo en su mano, entre el “yo pensaba que estabas muerto”, y “Jodidamente me dejaste”. Lo último que sacudió a Andrew hasta la médula. Su hijo nunca había verbalizado nada de esto a él ni a su madre, y sin embargo ahora, cuando Andrew era incapaz de contestarle o retenerle, la amargura se desbordaba. Gary y Gabe se turnaban con los comentarios sarcásticos sobre los tipos perezosos que se tumban en la cama con el culo al aire todo el día, pero Andrew podía oír la preocupación en sus voces.

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Nathan también le hablaba así. No podía entender por qué Nathan estaba en Los Angeles, pero tomó su turno para sostener la mano de Andrew más de una vez. En un momento Andrew luchó por su camino de regreso a través del dolor que amenazaba con asfixiarle al escuchar que Nathan le decía lo mucho que lo amaba. Trató de responder, pero debían haberlo tomado por un grito de dolor, porque sentía que la oscuridad le capturaba de nuevo y se quedó dormido con el sonido de la voz de Nathan pidiéndole que aguantara. Todos dijeron lo mismo, una y otra vez, “Pensábamos que habías muerto”, y hablaban de su alegría en la búsqueda de que había sobrevivido a los restos destrozados, el dolor se volvió en esperanza cuando descubrieron que los primeros informes eran incorrectos. No estaba muerto. Todavía no. Nathan era la única persona que hablaba de Rich. Tal vez los demás no tenían recuerdos para decirle a Andrew lo que quería oír sobre su marido, su dulce, amable, apuesto marido. Quería saber que había sido atendido, mientras que Andrew no podía. Estaba seguro de que la secretaria de Rich, Ida, lo había organizado todo. ¿Y qué le había sucedido a Ida ahora que Rich ya no estaba? Lo hizo sin embargo, su amante ocasional, habló sobre Rich con la calidez y el afecto y consoló a Andrew. Andrew estaba tan agradecido a todo el mundo. Quería contarles antes de dejarle ir, antes de ir a reunirse con su marido. Confiaba en Dios de que sería pronto, porque el dolor era cada vez más fuerte, parecía durar más tiempo antes del próximo período de inconsciencia. Dios, obviamente, tenía otras ideas. Se despertó un día para encontrar a Nathan dormido junto a él, su largo pelo cerca de la cara de Andrew y le hacía cosquillas en la mejilla. Estaba sentado en la silla de plástico junto a la cama y había estado

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clasificando los documentos antes de que se hubiera quedado dormido, cuando se inclinó sobre la cama. Con dificultad, Andrew levantó el brazo y con suavidad enredó sus dedos en el cabello de Nathan. Realmente estaba ridículamente débil. El movimiento no perturbó al hombre que dormía más allá de un leve suspiro y un roce en la caricia. Andrew pensó que debía decirle a alguien que estaba despierto, pero el timbre estaba fuera de su alcance y no quería molestar a Nathan. Tal vez sólo debía descansar sus ojos durante unos minutos. Colin acogió su próximo despertar con un ronquido fuerte. Andrew miró a su alrededor. No había ninguna señal de Nathan y supuso que había dormido algo más de unos pocos minutos, cuando en ese momento era la luz del día. —¿Estás despierto? ¡Estás despierto! Mamá, mamá, ¡está realmente despierto! Andrew sonrió cuando su hijo adolescente no parecía saber si abrazarlo o correr en busca de ayuda, y terminó en equilibrio entre la puerta y la cama como una gacela a punto de emprender el vuelo. Stephanie irrumpió por la puerta, seguida de cerca por un enfermero y Joe. —Oh, Dios mío, Andrew, estás despierto. Gracias, gracias, Dios. — Ella estaba llorando y sonriendo, las lágrimas corrían por su rostro mientras se inclinaba sobre él y lo abrazaba. Intentó hablar, pero tenía la boca seca. La enfermera vio su dificultad y le ofreció algunos cubitos de hielo para calmar la garganta reseca. Andrew gruñó su agradecimiento cuando el hielo se derritió en la boca. La enfermera -Andrew descubrió que su nombre era Shane- se ocupó de tomar sus constantes, mientras que su familia celebraba su regreso a la tierra de los vivos. Andrew se esforzó por cooperar, pero estaba agotado después de unos minutos, y al ver bostezar a su paciente, Shane suavemente sacó a todo el mundo.

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Cuando salió de la habitación, Colin protestó porque alguien tenía que sentarse con él. Mientras Andrew cerraba los ojos, escuchó a Stephanie decir que no era tan importante ahora que Andrew estaba en vías de recuperación. Sonrió cuando Colin le dijo en términos inequívocos que él iba a volver a estar con su padre hasta que Nathan se presentara. Sintió que alguien le recogía la mano y se deslizó de nuevo en el sueño, reconfortado por el hecho de que no estaba solo, curioso de saber por qué Nathan estaba en Los Ángeles. Les preguntaría la próxima vez que despertara, sabiendo a ciencia cierta que no habría una próxima vez. Nathan triunfó en volver al hospital para el fin de semana. La transferencia de Andrew al hospital en Castleton, una vez que estuvo lo suficientemente estable como para moverse lo había hecho más fácil para que todos ellos lo visitaran. Alex había acordado que podía ir de visitar si él cuidaba a los niños en la tarde para que pudiera ir de compras con algunas de sus amigas. Para su sorpresa, Daniel pidió venir también, pero como Andrew estaba todavía bastante frágil, le propuso a su hijo que esperara un poco más. Daniel se enfurruñó un poco, pero se apaciguó con la promesa de una tarde en el cine si Colin estaba libre. A veces, Nathan pensaba que había adquirido un hijo por poderes, cuando Daniel rara vez se iba a ninguna parte a menos que supiera que Colin venía también. La visita al hospital fue fácil en un sábado por la mañana, y encontró una plaza de aparcamiento muy fácilmente. Estaba presionando las puertas dobles a la sala cuando escuchó la voz de Colin crecer con la ira cuando le gritó a su padre que dejara de tratarlo como un niño. Sonrió. Andrew debía estar mejor si Colin volvía a gritarle. Nathan evitó por poco ser incrustado en la pared cuando la puerta de la habitación en la que Andrew había sido trasladado se abrió de golpe y Colin salió furioso. —¿Colin? ¿Estás bien? Corrió tras el muchacho que había llegado al ascensor y estaba aporreando con mal humor el botón.

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—¿Qué? —Colin miró hacia arriba, perdido en su ira. —¿Estás bien? —Nathan repitió—. Escuché gritos. —Oh sí, sí, era mi padre. Él es... —No es culpa tuya, cariño. Acaba de tener un mal día. Nathan miró a su alrededor para ver a Stephanie caminar hacia ellos, una expresión agobiada en su rostro. —¿Qué te pasa con él? —Nathan se preocupó. Andrew había estado haciendo un buen progreso desde que recuperó la conciencia. —Me gritó para que moviera su televisión para que pudiera verla también. Luego me gritó por derramar su agua como si tuviera seis años de edad, y luego... En la pausa para tomar aliento, Stephanie intervino. —Está cansado y herido hoy. —Ella le dio a Nathan una mirada significativa. Él asintió, comprendiendo lo que no estaba diciendo. Hasta ahora, Andrew había sido muy alegre, tan poco natural. Por lo que Nathan era consciente, no había mostrado ninguna emoción por la pérdida de Rich en absoluto. Habían estado esperando que se resquebrajara. —Ruth está allí con él. ¿La madre de Andrew tratando de ser maternal? Nathan levantó una ceja a Stephanie. Era la última persona que Andrew necesitaba ver si estaba luchando. —No pude pararla. No lo ha visto desde que recuperó la conciencia —dijo a la defensiva. —Tal vez yo no debería entrar —Nathan sabía que Ruth estaba al tanto de su relación. Sería poco probable que estuviera feliz de verlo y, a sabiendas de que la mujer, probablemente diría que sí.

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Stephanie negó con la cabeza. —Por lo menos entra y saluda. Es probable que esté gritándole en estos momentos. Eso le dará alguien con el que ser desagradable. —Gracias por eso —comentó mientras abría la puerta. —Es la voluntad de Dios, Andrew. Rich está pagando por sus pecados, tal como seguramente tú lo harás. Luego será tu familia ardiendo en el infierno si no te arrepientes. Nathan se detuvo en la puerta, incapaz de creer lo que acababa de oír. Ruth estaba sentada junto a la cama de Andrew, sosteniendo su mano herida. Estaba sentado, con la cara pálida y la boca apretada mientras escuchaba la disertación de su madre. —El pastor te dijo que Dios iba a castigarte por tu abominable práctica. Nathan vio cómo Andrew pareció encogerse sobre las almohadas, con los ojos cada vez más opacos y sin vida. —¡Fuera! —Por segunda vez en el espacio de cinco minutos, Nathan fue empujado a un lado cuando Stephanie irrumpió en la habitación. Ruth miró, frunciendo los labios cuando dijo: —Realmente Stephanie, no hay necesidad de gritarme. Oh. —Su boca se puso aún más delgada cuando vio a Nathan—. Estás aquí. ¿Cómo está tu bella esposa? Deberías estar en casa con ella en vez de estar aquí con mi hijo. Caminó alrededor de la cama para que pudiera poner su mano sobre el hombro de Andrew para darle apoyo. Sentía el hombre más mayor inclinarse desesperadamente en el toque. —Andrew es mi amigo. —Si-i, sólo que tu idea de un amigo no es aquella que entiende la gente decente. —Alargó las palabras en un tono desagradable. —¡Fuera! Nathan vio con satisfacción cómo Ruth se sobresaltó ante la rabia de su ex-nuera.

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Stephanie sacó la mano de Andrew de la de su madre y la miró, todo su cuerpo irradiando su furia. —¿Cómo te atreves a entrar aquí y sermonear a tu hijo con tu mierda. Andrew necesita tu apoyo, no tu intolerancia. Perdió al hombre que amaba y casi muere. Eres una mala mujer y una madre peor. Ahora, fuera de esta sala y vuelve a casa. No eres bienvenida aquí, Ruth. Nathan estaba animado interiormente, pero mantuvo su cara inexpresiva, sólo sosteniendo a Andrew más cerca como si sintiera sacudirse bajo su tacto. Colin no fue tan diplomático. Había estado de pie en la puerta viendo los efectos de su abuela, arengando a su padre. —¡Deja a mi padre en paz, vieja zorra! —Se había olvidado de su propia rabieta de unos minutos antes. La cara de Ruth se puso roja de ira y sus labios se apretaron tan finos que casi desapareció. Nathan supuso que raramente le hablaban de esa manera; la mayoría de las veces que la había visto había ignorado sus sermones de la mejor manera posible. —¡Colin! —¡No hables a tu abuela así! Tanto Stephanie como Andrew amonestaron a su hijo, pero Nathan podía sentir aumentar la tensión en los hombros de Andrew bajo sus manos. —¿Por qué no sacamos esto fuera y damos a Andrew un poco de paz y tranquilidad? —sugirió. Fue interrumpido por Shane y otro hombre con Seguridad en su etiqueta. —¿Qué está pasando? Podemos oír el ruido por el pasillo. —Sin esperar respuesta, continuó: —Andrew, lo siento, pero hay personas muy enfermas a cada lado tuyo. Tus invitados se van a tener que ir ahora.

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Andrew asintió débilmente cuando se recostó sobre las almohadas. Nathan pensó que se veía más blanco que la propia ropa de cama, y era obvio que estaba dolorido por las líneas de expresión alrededor de la boca. —Lo siento, Shane. Las cosas se calentaron un poco —se disculpó Stephanie cuando conducía a Ruth y a Colin fuera de la habitación, ignorando sus protestas—. ¿Puede Nathan por lo menos saludar a Andrew? Sólo acaba de llegar. —Ella se fue, empujando a la madre de Andrew y Colin a través de la puerta. —Si puedes hacer que se tome la medicación y tome un baño, es todo tuyo —coincidió Shane. Nathan miró severamente a Andrew. —¿Bueno? —preguntó. —Estoy bien. No necesito más medicamentos —murmuró Andrew, ruborizándose bajo la mirada directa de Nathan. —Claro que sí. Es por eso que te ves como una mierda —coincidió Nathan—. Shane, ¿dónde están los medicamentos? La enfermera entró en la habitación. El hombre de seguridad se había alejado después de los otros tres, tal vez para asegurarse de que realmente salían del edificio. —Están sobre la mesa, Nate. Sentía, más que veía, la cabeza de Andrew girando hacia él. Si había una cosa garantizada que llamara la atención de Andrew, esa se llamaba Nate. Era personal y era de Andrew. Sin embargo, Shane y Nathan había pasado muchas horas juntos, mientras esperaba a que Andrew despertara. Shane probablemente sabía más de él que nadie en este momento. Sentía que había hecho una amiga fuera de lo laboral. Nathan le entregó las pastillas con un vaso de agua. Andrew abrió la boca para negarse, pero una dura mirada de ambos, de Nathan y Shane, le hicieron cambiar de idea y se las tomó con una mirada. —¿Satisfecho? —Ahora necesita una limpieza. Está listo, —ordenó la enfermera.

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Andrew cerró los ojos. —Tal vez mañana. —Realmente lo necesitas ahora, amigo. Shane tiene razón. Apestas. —Dame la toalla. —Andrew la agarró de Shane y se la pasó por la cara—. Ahora, ¿Satisfecho? —Jessie puede hacer un trabajo mejor que eso, —se mofó Nathan. —Estoy demasiado cansado. —Andrew estaba tumbado contra las almohadas y cerró los ojos otra vez, ignorando a los dos. —¿Por qué no dejas que Nate te ayude? Lo hizo mientras estabas inconsciente —sugirió Shane cuando entró en el cuarto de baño. Los ojos de Andrew se abrieron de golpe. —¿Que hiciste qué? Nathan se quedó mirando el suelo, sintiéndose muy incómodo. Andrew no se veía complacido por este pedazo de información. —Yo, eh, te he dado baños de esponja mientras estabas inconsciente. —¿Por qué? —Te calmó. Su toque parecía calmarte. Si alguien más lo intentaba, te ponías muy agitado —dijo Shane, saliendo del cuarto de baño con un poco de jabón y una toalla. Con el rostro encendido, Andrew volvió la cabeza lejos de los dos. —Quita tu mala cara, princesa. —Nathan decidió ir a por el humor para romper la tensión—. Alguien tenía que lavarte para detener al control de plagas de hacerte una visita. Se lo pidieron a Gary, pero no quiso romperse una uña. Andrew soltó un bufido, pero Nathan vio la sonrisa que estaba tratando de suprimir. Nathan no empezó a lavarlo hasta que el dolor se redujo del rostro de Andrew. Le dio la toalla y lo vio limpiar su cara, adecuadamente en esta

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ocasión. Andrew logró eso, pero incluso ese pequeño esfuerzo lo dejó debilitado. Logró su pecho y la ingle, gruñendo un poco en el esfuerzo. Nathan fue a buscar un poco de agua fresca para darle la ilusión de privacidad. —Terminado. Al darse cuenta de lo cansado que estaba, sin decir palabra Nathan tomó el paño de él y lo secó. Andrew parecía testarudo por un minuto y luego derrumbó su resistencia. Hablando de su día anterior en el trabajo para distraerlo, Nathan lentamente lavaba el resto de su cuerpo, girándole para limpiar su espalda y su culo. Andrew le permitió moverle como un niño pequeño. Sus respuestas a los ligeros golpeteos de Nathan fueron más lentas y silenciosas hasta que se detuvieron por completo. Nathan pensó que se había quedado dormido hasta que Andrew dijo: —Mamá, lo siento. Por un minuto Nathan pensó que Andrew estaba disculpándose con su madre y entonces se dio cuenta de que Andrew estaba disculpándose por el comportamiento de su madre. —No es un problema. —Acarició el pelo de Andrew. No había sido lavado desde el accidente y era untuoso al tacto. Andrew se giró lejos de él y la sábana estaba baja en las caderas. Nathan podía ver los golpes de la caída, desapareciendo poco a poco en amarillos y marrones apagados, sus marcas acentuadas por las líneas del cinturón de los azotes de mamá y el pastor. Tragó saliva, diciendo: —Nunca es un problema. —Trazó las blancas y delgadas cicatrices, mientras desaparecieron bajo las sábanas. —Yo te sentía —dijo Andrew después de otra larga pausa. —¿Qué?

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—Lavándome cuando estaba inconsciente. Sentí sus manos sobre mí. Fuiste el único que habló de Rich. Todos los demás evitaron hablarme de él. —Su voz era suave, casi de ensueño. —Me pareció correcto —dijo Nathan, simplemente. —¿Crees que tiene razón? —¿Quién? —Mamá. ¿Está Rich muerto porque soy gay? Nathan no supo cómo responder durante un minuto. —¿De verdad crees eso, Andrew? ¿Realmente piensas que tu marido murió de enfermedad cardíaca a causa de su deseo de joder a los hombres? —Sus palabras eran duras, pero su tono era tranquilo y estable. Sin embargo, Andrew se estremeció. Nathan resistió la tentación de tratar de reunirse en sus brazos. Cuando Andrew no respondió, le golpeó el hombro. No estaba dispuesto a dejar que Andrew durmiera esta vez. —No... no lo hago. —Arrastraba las palabras, cierto, pero Andrew respondió finalmente. Nathan le dio un beso en el omóplato a Andrew. —Tampoco yo. Vete a dormir. Andrew se durmió.

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Capítulo Diecisiete El día que Andrew iba a ser dado de alta se retrasó por una infección que lo dejó débil, frustrado, y cuando estaba despierto, malhumorado como el infierno. En total estuvo en el hospital un poco más de tres semanas, y cuando estaba a punto de ir a casa, fue obvio para todo el mundo, excepto para Andrew que iba a necesitar ayuda por un tiempo. Podía arreglárselas para vestirse con el brazo enyesado bastante bien, mientras sólo usara pantalones de gimnasia y camisetas holgadas, pero las tareas diarias como cocinar o lavarse el cabello, estaban más allá de sus posibilidades, a pesar de sus protestas. Su familia estaba haciendo planes para que viviese con ellos antes de que volviese a su departamento en Los Ángeles o a la casa del lago. Joe y Stephanie, junto con los padres de Andrew y Nathan y Alex estaban conversando y tomando café con las galletitas que horneó Ruth, en la gran cocina de Stephanie. Después de la discusión en el hospital, Stephanie trató de hacer las paces con la Sra. Matthews. Como siempre, Colin estaba jugando en el suelo con Daniel y Jessie. Stephani firmemente rechazó la sugerencia de Ruth de llevar a Andrew a Texas donde ella podía cuidarlo. El infierno se congelaría antes de que ella dejara a Andrew en las garras de su madre. El consenso general fue que Andrew volvería a su antiguo hogar en el sótano mientras se recuperaba, y ellos podían decidir cuándo estaría mejor para volver a casa. Colin escuchaba al consejo de guerra con una cara preocupada. — ¿Ya le han preguntado a papá qué es lo que quiere hacer? Los seis adultos lo miraron, la pausa y la culpabilidad en sus rostros eran claras indicaciones que la opinión de Andrew no fue tomada en cuenta. —¿Ninguno de vosotros ha hablado con él? —Preguntó incrédulo. Cuando nadie respondió, se rió—. Él les va a decirl ‘piérdanse’, ¿saben eso, no? —No seas ridículo, Colin. —Espetó la Sra. Matthews—. Él es lo suficientemente sensible para darse cuenta de que necesita ayuda. —Creo que Colin tiene razón, —dijo Joe—. Estamos aquí haciendo planes y ninguno le preguntó qué es lo que quiere hacer. Alex tomó una galletita y empezó a comer los chips de chocolate, dejando el resto en el plato. Nathan no estaba seguro de por qué ella estaba

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aquí. —Pienso que a él le gustaría ir a casa. Probablemente tiene un montón de asuntos de Rich que resolver. Nathan estaba a punto de callarla cuando recordó que ella debía saber exactamente qué estaba pasando Andrew. Ella perdió a toda su familia en un accidente, excepto una tía, y tuvo que hacer frente a todo sola. Si alguno entendía era ella. Puso su mano sobre la de ella y la apretó gentilmente. Ella lo miró y le sonrió. Colin le respondió con el ceño fruncido. —Es demasiado pronto para tirar las cosas de Rich. —No es eso lo que Alex quiere decir. —Dijo Nathan, sin dejar ir la mano de ella. —El hecho es, —empezó a decir Nick, y todos lo miraron sorprendidos. El padre de Andrew raramente daba su opinión en los debates de la familia. De hecho él raramente hablaba de cualquier cosa, y en sus sombríos momentos de furia contra Ruth, Nathan se preguntaba si ella había asfixiado su voluntad durante los años de matrimonio, mental y físicamente— el hecho es, —repitió— que hasta que le saquen el yeso necesitará ayuda. Todavía está muy débil y necesita o venir aquí o volver a Los Ángeles con una enfermera. —O a Santa Fe. —Ruth frunció los labios—. Tú estás trabajando todo el día, Stephanie, —apuntó ella—. Colin está en el colegio. Yo estoy en casa todo el día y le puedo dar la ayuda que él necesita, con la ayuda del Señor, por supuesto. Stephani resopló, Joe y Nathan rápidamente apartaron la vista, para no reír abiertamente. —Él va a quedarse aquí, con nosotros, —le dijo firmemente a Ruth, con un tono que sugería que mejor se olvidara de Santa Fe. Desafortunadamente, Ruth nunca aprendió cuándo callarse. —Pero él es tu ex-esposo, Stephanie, no es correcto. —Ella apeló directamente a Joe—. ¿Cómo te sentirás con otro hombre en tu casa? Estarías incómodo viviendo con él. Joe negó firmemente con la cabeza. Él jamás tuvo un problema con Andrew y así se lo hizo saber francamente. Nathan escuchaba la discusión con interés. Se preguntaba si Andrew sabía cuántas personas se preocupaban por él. Entre su familia y amigos había una buena cantidad de personas interesadas profundamente en su bienestar.

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—Entonces, ¿quién va a decirle que tiene que volver aquí? — Preguntó Colin. Estaba casi sin aliento por estar jugando al caballito con Jessie alrededor de la cocina mientras Daniel alentaba. —Yo lo haré. —Dijo Stephanie—. Puede protestar todo lo que quiera, pero necesita ayuda, y eso es todo. —Andrew va a querer asistir al servicio conmemorativo el próximo mes en Los Ángeles. —Apuntó Nathan, y se hizo un repentino silencio. Andrew no pudo estar en el funeral de Rich por estar hospitalizado. No había manera de que se perdiese también el servicio conmemorativo a su memoria. Estaba siendo organizado por su secretaria Ida. Ella había volado a Castleton para discutir los detalles con Andrew, dándose la oportunidad, por primera vez, de llorar juntos la pérdida de su bien amado. Ida tenía adoración por Rich y Andrew, como los hijos que nunca tuvo. Ella se encontró con la necesidad de encontrar un nuevo jefe por primera vez en más de una década y decidió retirarse, no queriendo empezar de nuevo. Su último acto a favor de Rich y Andrew sería organizar el servicio conmemorativo en Los Ángeles. —Tampoco puede ocuparse de su negocio. —Dijo Joe. Nathan entendía que eso preocupaba a Andrew. Su trabajo de fotógrafo se interrumpió a causa del accidente. Gary e Ida hicieron lo que pudieron para ayudar, pasando su trabajo a sus colegas amigos, pero Andrew no estaba ganando dinero y no lo haría pronto, su brazo roto hacía que fuera imposible para él trabajar. El dinero no era el problema más importante ahora, la póliza de seguro de vida de Rich lo dejaban acomodado, especialmente con dos propiedades a su nombre, pero Andrew había trabajado toda la vida para sustentar a su familia. Ahora era como un barco sin timón: sin compañero y sin trabajo. Toda su familia y amigos trataron de convencerlo que tenía mucho tiempo para hacer nuevas decisiones, pero la falta de un objetivo le roían por dentro, contribuyendo a su mal humor. —Voy a hablar con Andrew esta tarde, —dijo Stephanie abruptamente—. No podemos demorarlo más. Shane dijo que los doctores piensan que puede ser dado de alta a principios de la semana próxima, si la infección retrocede. —Buena suerte con eso. —Nathan le sonrió, agradecido de que no iba a ser él quien tuviera esa charla con Andrew. —Gracias. —Dijo ella, sabiendo exactamente qué estaba pensando —. ¿Crees que puedo pedir prestado a Daniel su casco y su escudo?

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Daniel levantó la vista cuando escuchó su nombre. —¿Por qué los necesitas, tía Steph? ¿Vas a ir a matar un dragón? Los adultos rieron, rompiendo la tensión reinante, mientras Colin negaba con la cabeza. —Algo más peligroso que un dragón. Daniel lo miraba intimidado. —¿Más peligroso que un dragón? Colin asintió solemnemente. —Mamá necesita tu escudo y tu casco para matar un ogro furioso. Daniel miraba tan escéptico como un niño de cinco años podría. — ¿Un ogro furioso? ¿Cómo puede ser más peligroso que un dragón que escupe fuego? —¿Has visto Shrek? El chico asintió. —¿Quién venció al dragón? Daniel abrió la boca por la sorpresa. —¿Tía Steph va a matar a Shrek? —Su labio inferior tembló y dirigió una mirada acusadora a Stephanie. —Bien hecho, Colin. —Stephanie suspiró y se agachó junto a Daniel —. No voy a matar a Shrek. Sólo quiero protegerme del tío Andrew. Está un poco de mal humor últimamente. —¡Oh! —La cara de Daniel se relajó y asintió en señal acuerdo—. Debes decirle que si no se porta bien entonces su mamá le dará nalgadas. Debería haber sido divertido viniendo desde la inocencia de un niño. Ruth rió entre dientes, pero ella fue la única. Nathan se preguntaba si él era el único que quería llorar por lo que Ruth había hecho al trasero de Andrew hace tantos años, dejándole cicatrices. Mirando las caras de Stephani y Colin no lo creía. Incluso Nick se veía un poco indispuesto. —Es hora de ir a casa, mocoso, —él dijo a Daniel y extendió los brazos. Daniel fue de buena gana y se dejó alzar junto a su hermana. Colin ayudó a su madre a levantarse del suelo, sonriendo cuando escuchó la queja de ella. Su pequeña contextura hacía que su panza se mostrara temprano y comenzaba a sentir dificultad en moverse. —¿Cuándo vas a verlo? —Preguntó Alex mientras extendía los brazos a su hija. —No hay mejor tiempo que el tiempo presente, imagino. — Stephanie sonreía. Andrew estaba gruñón cuando estaba mejor. No era una conversación que deseara tener. —Yo iré contigo. —Joe le aseguró y se levantó como si estuvieran por salir en este momento.

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—Creo que Nathan debería r también. Nathan, Stephanie y Joe la miraron fijamente con sorpresa. —¿Qué? —Dijo a la defensiva—. En estos momentos sólo escucha a Nathan. —Es hora de que los niños duerman. —Él apuntó, ignorando lo que acababa de decir. Ella tenía razón, pero no se veía correcto reconocerlo, no sin pensar en por qué. —Pasaron las últimas semanas sin ti, pueden hacerlo una vez más, —dijo Alex— y estoy segura de que Colin me va a ayudar, ¿verdad? —Seguro, —acordó—. ¿Puedo ir a lo de Bobby luego? —le preguntó a Stephanie. —Si estás de vuelta a las diez. —Dijo su madre. Entonces agregó: — Mañana hay escuela. —Cuando parecía que él iba a protestar. —Bien. —Murmuró y se alejó. Nathan negó con la cabeza. —Quiero acostar a los niños. Voy mañana si no ha entrado en razón. —Buenas tardes. Gary estaba en la puerta sonriendo. Su cabello estaba más largo que de costumbre y se veía totalmente andrajoso. —¡Gary! —Stephanie gritó y corrió hacia él para darle un beso. Él puso sus brazos alrededor de ella y la abrazó estrechamente. — ¡Hey, hermosa mamá! —Dijo perezosamente, bajo la cabeza y le besó la mejilla. Ella rodó los ojos y lo empujó un poco. —Te ves como la mierda, — dijo ella sin delicadeza. —¡La tía Steph dijo una mala palabra! —informó Daniel a su padre. Nathan hizo un gesto de desaprobación a Stephanie. —Descarada tía Steph, —dijo, señalándola con el dedo—. Ella tiene razón, te ves horrible. Gary se encogió de hombros. —Estuve conduciendo por dos días para llegar aquí. No he tenido mucho tiempo para dormir en dos semanas. Él había estado viajando con la banda cuando recibió la llamada que le informaba del accidente de Rich y Andrew. Voló para ver a Andrew y luego voló de regreso al camino. —Entonces, ¿quieres dormir algo antes de ir a ver a Andrew? — preguntó Stephanie—. Puedes quedarte en el estudio esta noche. Sólo necesito cambiar las sábanas. —Ya lo he visto, —dijo Gary sonriendo—. El cascarrabias dijo que estaba aburrido, pero se durmió poco después de llegar yo.

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—Suena como nuestro chico. —Acordó ella—. Quizás debamos dejar la charla para mañana. Gary levantó una ceja. —Suena serio. —Miró alrededor esperanzado —. ¿A quién tengo que…? —Calló inmediatamente lo que iba a decir cuando se dio cuenta que Ruth y Nick estaban en la misma habitación—. ¡Ruth! —Él levantó los brazos hacia ella—. Ven y dame un abrazo. Juro que te ves más joven cada vez que te veo. Ella sonrió tontamente y sacudió la cabeza, pero se acercó para abrazarlo. Gary era el único de los amigos de Andrew que hacía todo lo que ella consideraba abominable y ella aún lo consideraba maravilloso. Se puede decir a su favor, que Gary nunca le dijo a ella lo que pensaba del tratamiento que le dio al hombre que llamaba su mejor amigo. Joe le ofreció una cerveza con una sonrisa cómplice. —Invita la casa, —dijo—. No nos debes nada. —Compartieron una sonrisa y Gary se dispuso a saludar a todos los demás. Alex le dio un beso y él besó suavemente la cabeza de Jessica. — Justo estamos saliendo es hora de dormir de los niños. —Jessie ha crecido mucho, —dijo mientras la niña escondía la cara en el hombro de su madre. —Es un poco tímida. —Es hermosa, igual que su madre. —Dijo Gary y Alex se sonrojó. Él se volvió hacia Nathan y saludó con un movimiento de la cabeza. —Nathan. —Eso fue todo. No importaba cuánto tiempo hacia que se conocían, en Nathan persistía el sentimiento que Gary jamás lo perdonaría por no hacer lo suficiente, por no ser el hombre que Andrew necesitaba. Nathan apenas dijo hola, y lo dejó así. Gary estrechó la mano de Nick, abrazó a Colin y así saludó a todos. Alex y Nathan estaban a punto de irse cuando Gary dijo: —Andrew mencionó que le darían de alta la próxima semana. Stephanie asintió e hizo un gesto de desaliento. —Eso es lo que necesito habar con Andrew. Dónde va a vivir hasta que le saquen el yeso. Ha estado tan malhumorado que ninguno de nosotros se atreve a sacar el tema. Resoplando dijo: —Montón de mariquitas, todos vosotros. —Ignoró la protesta de Ruth y continuó: —Ese enfermero, Shane, le dijo que no iba a ser dado de alta hasta que encontrara alguna ayuda. Todos sonrieron al escuchar eso. Shane era el único al que Andrew no gritaba, mayormente porque el enfermero le devolvía los gritos. Andrew tuvo que aprender a refrenar su lengua cuando él podía oírlo, sólo

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murmuraba quejas cuando la puerta se cerraba y ya no podía ver su cara de satisfacción. —Él piensa que lo van a traer a vivir aquí por algunas semanas. Stephanie se encogió de hombros. —Esa es la idea, ¿alguna sugerencia mejor? —Nope. Le dije que dejara de quejarse y aceptara. Vendrá conmigo al servicio conmemorativo. —¿Ya has hablado con él de esto? —dijo Stephanie suavemente. —Por supuesto. —Gary sonrió—. Le dije que la alternativa era que fuera a cuidarlo alguien como Shane por unas semanas. Se puso pálido con la idea. —Pienso que Shane es grandioso. —Intervino Nathan. —Tú no lo has tenido diciéndote qué hacer cada cinco minutos. — Apuntó Gary. —Él puede verse como Mary Poppins, pero tiene el alma de Hitler. —Hizo una pausa—. Pensando en eso de Mary Poppins, Andrew lo odia con pasión. —Perfecto. —Stephanie sonrió y miró a su alrededor—. Entonces esta noche voy a verlo para confirmar los preparativos. Gracias Gary. —Encantado. —Bostezó y torció la cara por un momento. Joe miró a su inesperado huésped. —Necesitas dormir. Voy a traer las sábanas y el edredón en un minuto. Vamos. Nathan y Alex aprovecharon ese momento para irse. Jessie estaba casi dormida en los brazos de su madre. Mientras caminaban hacia su casa Nathan dijo suavemente: —Nunca te agradecí. Su esposa lo miró intrigada. —¿Por qué? —Por dejarme estar sentado al lado de Andrew. Sé que puse más peso en tus hombros. Alex tomó un largo momento para responder. —Sé lo que sienten el uno por el otro. Tu te hubieras sentido muy abatido si no hubieras podido estar con él. Tragando fuerte, Nathan encontró difícil armar una frase. —Yo, uh, si, pero… —Lo odio, —dijo Alex llena de rabia—. Odio el hecho de que lo ames a él y no me ames a mí. —Jessie protestó adormilada y cerró sus brazos más fuerte—. Has hecho una vulgar burla de nuestro matrimonio. — Ella tomó aire profundamente—. Pero te quedaste conmigo y eso significa algo. Así que sí, te di esa oportunidad.

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Él quería decir algo más para hacerla sentir mejor, pero ¿qué demonios debía decir? —Gracias. —Dijo de manera lamentable. Y ya no hablaron más mientras caminaban hacia su casa. ANDREW tomó las noticias de sus arreglos de vivienda como anticiparon. Se despertó de un sueño poco reparador y vio a Stephanie sentada a su lado leyendo una revista de chismes. Ella no había vuelto al hospital la tarde pasada, sus planes se atrasaron por una discusión que tuvo con Colin por la hora de regreso. Él terminó castigado con Stephanie vigilándolo hasta que restregó los baños, todos ellos. —¿Qué hora es? —Andrew murmuró, su voz sonaba áspera cuando trataba de hablar. —Las cuatro. —Stephani contestó, ofreciéndole un vaso con agua que estaba en la mesita de noche. Él se sentó y acepto el vaso, bebiendo hasta la última gota. Stepanie miró detenidamente a su ex-esposo. Se veía muchísimo mejor, a pesar de que se acababa de despertar. La mirada vidriosa ya no estaba y el enrojecimiento de la piel se había ido. —¿Cómo te sientes? —Preguntó. —Mucho mejor. —Admitió, poniendo el vaso en la mesita de noche —. El doctor quiere darme de alta mañana. —¡Eso es grandioso! —Stephanie sonrió cariñosamente—. Dios, debes estar desesperado por salir de aquí. Andrew dudó un momento demasiado largo. —¿Qué pasa? —Preguntó ella tocándole el brazo que no estaba cubierto por el yeso. —Gary dijo que debo volver a tu casa. —Su voz sonaba irritada, y ella podía ver el color subir por sus mejillas otra vez. Eligiendo cuidadosamente sus palabras, dijo: —¿Es eso un problema? Sería sólo por un corto período de tiempo, hasta que te saquen el yeso. —¿Todos pensáis que soy incapaz de cuidar de mí mismo? —¡No! —protestó ella—. ¡Ninguno de nosotros piensa eso! Pero, Andrew, todavía estás débil. —Ignorando su mirada enojada ella siguió hablando—. Tienes un brazo enyesado, y por las últimas tres semanas lo más lejos que has ido es al baño. Vamos, Andrew, date cuenta.

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Andrew se recostó contra las almohadas y cerró los ojos por un momento. Cuando los abrió vio a Stephanie mirándolo fijamente. Suspiró, no queriendo admitir que ella tenía razón. —Okay, sólo hasta que me saquen el yeso, y entonces volveré a nuestra... mi casa. —Dijo tropezando con las palabras. Tragó fuerte para pasar el nudo que se formó en su garganta. Stephanie no hizo comentarios, sólo se acercó para acariciar su cabello cariñosamente. —Siento mucho lo de Rich. —Dijo eso muchas veces y cada vez la respuesta fue la misma. —Si, yo también. —Una respuesta sosa, sin emoción. —Andrew. Estaba preocupando a todos que Andrew no mostrara signos de duelo por la pérdida de su esposo. Ya habían pasado tres semanas desde el accidente y él apenas había mostrado signos visibles de dolor. Stephanie estaba preocupada que él estuviera ocultando sus emociones otra vez. Recordaba cuando era un adolescente lidiando con su sexualidad y la disciplina extrema de su madre. Era como un barril de pólvora a punto de explotar. Stephanie miró mientras él llevaba su brazo sobre su cara, escondiéndose de su mirada preocupada. Así fue como Shane y Nathan los encontraron unos minutos más tarde. Abrieron la puerta y se detuvieron bruscamente cuando vieron la escena. —Está todo... Andrew ¿está todo bien? —Shane caminó hasta el lado de la cama y puso dos dedos en la muñeca de Andrew. —Estoy bien. —Murmuró empujando su brazo lejos. Nathan dudaba en la puerta sin saber qué hacer, entonces entró abruptamente y tomó a Andrew trayéndolo a un fuerte abrazo, tratando de no tocar el brazo herido. Andrew se resistió por un momento, pero era Nathan, entonces se derrumbó enterrando su cara enrojecida en su cuello. Nathan ignoró a todos en la habitación mientras murmuraba tonterías en su oído para consolarlo, cubriéndolo con sus brazos. Andrew se dejó consolar por unos minutos, entonces lo empujó secándose las lágrimas con las manos. —Aquí. —Dijo Shane ofreciéndole una toallita húmeda. Nathan la tomó y empezó a secarle la cara cariñosamente, como haría con Daniel o Jessie. —No soy un niño. —Protestó Andrew. Nathan bajó la cabeza hasta rozar su oreja. —Mmm, sé que no lo eres. —Susurró y sonrió mientras Andrew se ruborizaba todavía más.

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—Uh, ¿chicos? Shane y Stephanie los miraban, el regocijo superó la preocupación. Nathan se alejó y acomodó el cabello sudado de Andrew descubriéndole la cara. —¿Mejor? —Preguntó, con cierta preocupación oscureciendo sus ojos. Andrew asintió. —Lo siento, —dijo a Stephanie. Ella agitó la mano despreocupadamente. —No hay problema. —Y, Dios, realmente no lo era. Shane sirvió otro vaso de agua y se lo ofreció a Andrew con unas pastillas. Andrew las miró con extremo disgusto. —Supongo que me vas a ignorar si digo que no las necesito, ¿verdad? —Exactamente. —Shane acordó entusiasmado. Andrew las tomó de mala manera y los miró ceñudo cuando Nathan y Stephani apenas pudieron ocultar sus sonrisas. —¿Feliz ahora? — demandó y dejó el vaso. —Buen chico. —Nathan palmeó su cabeza y saltó hacia atrás cuando Andrew levantó su brazo enyesado contra él. —¡Ow, mierda! —Aunque el brazo no llegó a golpear a Nathan el movimiento tan repentino fue suficiente para enviar un agudo dolor por su brazo. Las cejas de Shane se elevaron. —Dime Andrew, ¿siempre eres tan agresivo? —Sólo cuando me provocan. Andrew resopló enojado otra vez y todos rieron. Él masajeó su brazo y dejó de pelear pero enfurruñado. —¿Han decidido sobre los arreglos cuando seas dado de alta? —El enfermero preguntó mientras tiraba el vaso y la toallita húmeda a la papelera. —¿No lo han decidido todo por mí? —Preguntó sarcásticamente Andrew. —¡Andrew! —Le reprendió gentilmente Stephanie. Shane obviamente era un campeón ignorando el mal humor de sus pacientes. —¡Excelente! —dijo—. Con buena suerte mañana obtendrás tu pase de salida de la prisión. ¿Pueden venir a buscarlo? —Preguntó volviéndose a Stephanie. —Seguro. —Dijo ella.

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—Voy a estar feliz de salir de aquí. —Dijo Andrew, pasándose la mano por su sucio cabello, haciendo una mueca de disgusto al sentirlo tan desagradable. —No me puedo quedar mucho tiempo. —Dijo Nathan mirando su reloj—. Pero puedo lavar tu cabello antes de irme. —¿Podrías? —Andrew sonrió por primera vez, sintiéndose contento con la idea de tener su cabello limpio. Nathan estuvo ocupándose de cosas como éstas desde el accidente. Nadie se lo pidió, pero Andrew no lo detuvo una vez que se sintió mejor. La infección lo dejó débil como un gatito y cualquier ayuda era bienvenida, a pesar de que jamás lo admitiría. En sus momentos más depresivos, se sentía culpable por el placer que le daba la intimidad del contacto que tenía con las grandes manos de Nathan masajeando su cabeza. —Mejor vuelvo a casa. Joe está por llegar del trabajo. —Stephanie se levantó frotando su espalda que dolía después de estar una hora sentada en la silla incómoda del hospital. Ella se agachó un poco para besar la mejilla de Andrew—. Te veo mañana, cariño. Llamaré para saber cuándo estás listo para ir a casa. Andrew asintió. —Te veo en la mañana. —Más bien cerca del mediodía. —Shane advirtió cuando la vio en la puerta. —Seguro. Shane, ¿puedo hablar contigo un momento? Andrew levantó una ceja cuando ellos dejaron la habitación. Su expresión se oscureció todavía más cuando Stephanie rehuyó su mirada. —¿Más organización? —Preguntó amargamente mientras miraba a Nathan. —Déjanos cuidarte. —Dijo Nathan suavemente tomando la mano libre de Andrew por su propia voluntad. —Fácil para ti decirlo. Siento como si no tuviera nada que decir en lo que está pasando. —Es sólo por algunas semanas. Entonces vuelves a tu hogar. Hogar. Dios. Hogar era el departamento de Rich, o la casa del lago de Rich. Supuestamente los dos le pertenecían ahora, pero infiernos, ¿dónde estaba su hogar? No en Castleton, no en Los Ángeles. —¿Andrew? —Levantó la vista para mirar a Nathan mirándolo con preocupación en los ojos—. ¿Todavía quieres que te lave el cabello o prefieres esperar a estar en casa?

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Andrew tragó ruidosamente luchando contra la urgencia de enterrar la cabeza en el ancho pecho de Nathan y sólo dejarse llevar por el dolor y la miseria que residían dentro de él. —Ahora, por favor. Sacó sus piernas fuera de la cama y se paró, balanceándose un poco, dándose cuenta de que las medicinas estaban haciendo efecto. Nathan puso su gran mano en el codo de Andrew y caminó con él hasta el baño. —Vamos, hagamos que te sientas más limpio. —Murmuró Nathan. El baño estaba cálido. Andrew se acomodó en la silla de plástico que estaba puesta al lado del lavabo. Nathan acomodó una toalla alrededor de sus hombros y él se inclinó sobre el lavabo. No era la posición más cómoda, pero protegía su brazo. Andrew suspiró cuando Nathan volcó una jarra de agua caliente sobre su cabello sucio. Sentir sus largos dedos moverse entre su cabello fue increíble. Él se empujó hacia la presión de los dedos mientras Nathan lo enjabonaba, siendo muy cuidadoso en no tocar aquellas partes que todavía estaban sensibles por las heridas. —¿Mejor? Andrew sólo respondió con un gemido. Nathan rió mientras enjuagaba el shampoo. —¡Eres como una niña! —Deberías intentar permanecer sin una ducha por tres semanas. — Se quejó Andrew mientras se sentaba. La toalla rodeó su cabeza y su cabello fue secado rudamente. Cuando retiró la toalla su cabello se disparaba en todas direcciones. Nathan alargó su mano hacia la repisa y tomó el peine de Andrew. —¡Hey! Puedo peinar mi propio cabello. Andrew trató de alcanzar su peine, pero Nathan lo alejó ignorando su queja. —Disfruto haciéndolo, ¿ok? Andrew se aplacó con la admisión de Nathan y le dejó peinarlo y se sintió mucho mejor. —Ya está. Todo limpio. Dejando un beso suave en la cima de la cabeza de Andrew, Nathan ordenó el baño. Andrew no se movió, estaba súbitamente exhausto por el esfuerzo. Nathan lo ayudó a volver a la cama y se acostó aliviado, sus músculos dolían por el pequeño ejercicio. Vio a Nathan mirándolo con perspicacia. —¿Puedes darte cuenta de por qué queremos ayudarte? —No significa que tiene que gustarme. —Me temo que es necesario. Sólo por un corto tiempo.

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Andrew cerró los ojos. Realmente necesitaba una siesta. —¿Tú podrías..? —Se detuvo, no quería presionar a Nathan. —¿Podría, qué? —Nathan preguntó con tono curioso. —¿Podrías venir al servicio conmemorativo de Rich? Hubo una pausa y Andrew se maldijo a sí mismo por preguntar, por estar tan necesitado. —Iré, Drew, te lo prometo. Cálidos dedos acariciaron su cara y él inclinó su cara para mayor contacto, sin abrir los ojos. —Gracias. —Suspiró. —Vuelve a dormir. Mañana es un gran día. Obedeció la orden dicha suavemente, su último pensamiento consciente fueron los labios de Nathan presionando los suyos cuando se dormía.

—¿PREPARADO para dejar atrás este lugar, compañero? —El tono grave de las palabras dichas lentamente le hizo abrir los ojos. Andrew miró hacia arriba y miró a Gary parado en el hueco de la puerta de su habitación. Él había empacado y estaba listo para irse. Había estado esperando por una hora y su impaciencia por ver el hospital bien lejos de él lo estaba superando. Cuando venía como fotógrafo, aquí al área de maternidad, Andrew disfrutaba visitando el hospital, los sonidos y los olores todo le hacía sentir que estaba en un lugar especial. Ahora sólo lo asociaba con el dolor y la pérdida, como suponía le pasaba a mucha gente. —¿Dónde está Stephanie? —preguntó. —Manteniendo a tu madre a raya. —Dijo exagerando su acento. —Gracias a Dios. Gary tomó su bolso y salió de la habitación, haciendo una pausa para que Andrew tuviera la oportunidad de saludar a las enfermeras, recibiendo un beso en la mejilla de algunas y de otras un abrazo. —Shane se va a sentir triste por perderte. —Dijo una de las enfermeras jóvenes que vestía una bata rosa—. Tú eras su paciente favorito. Aún así quisiera tener el placer de llevarte afuera. Tratando de no quejarse mientras se sentaba en la silla de ruedas, Andrew dijo: —Es una pena. Pero ya ha visto suficiente de mí mientras estuve aquí. Llegaron a la salida y Gary lo ayudó a pararse.

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—Bueno, cuídate Andrew. —La enfermera lo besó en la mejilla y Gary caminó adelante hacia el lugar donde estacionó, Andrew caminaba tan rápido como sus débiles piernas le dejaban. —Entonces ¿Shane va a extrañar tu lamentable culo o la adorable compañía de tu visitante? —Gary preguntó maliciosamente mientras dejaban el edificio. —¡Cállate! —Andrew gruñó, ignorando la fuerte risa de Gary. Andrew se dejó caer dentro de la cabina del coche, agradecido por estar lejos de esas cuatro paredes. Dormitó en el camino mientras conducían, sorprendido de lo muy cansado que estaba en su cabeza y sus huesos después de lo que sintió como un mes de estar durmiendo. Aún un pequeño esfuerzo lo dejaba exhausto. —Despierta, despierta, Bella Durmiente, momento de levantarse y brillar. Él se levantó y vio que estaban estacionados frente a su casa. La puerta principal se abrió y Colin salió corriendo hacia él, seguido de cerca por Ruth. —¡Hey, papá! —¡Jesús! Lo siento mamá. —¡Déjalo salir de la camioneta, hijo! —Solamente Gary podía jurar y calmar la ofendida Sra. Matthews en una oración. Ella resopló pero no entró en la usual verborragia acerca de tomar el nombre del Señor en vano. Andrew ignoró a Gary y tiró de Colin para abrazarlo, sintiendo su hijo caliente y vivo en su abrazo. —¡Hey! Colin lo dejó ir un poco para que dijera hola a su madre y luego lo guió hacia la cocina. Stephanie estaba esperando por él con una enorme taza de café. Andrew se sentó en el taburete con gratitud. No por nada estaba por mostrar cuán débiles estaban sus piernas. Pero Stephanie le miró comprensivamente. —Siéntate antes de que te rompas una pierna. Ella le pasó la taza de café y él la tomó agradecido, bebiendo la mitad del amargo y humeante líquido en un solo trago. Fue como energía instantánea esparciéndose por su cuerpo, y Andrew suspiró con satisfacción. Gary entró en la cocina seguido de cerca por Nick. —Andrew. —Sus ojos se iluminaron cuando vieron a su hijo sentado en la cocina. Andrew luchó para ponerse de pie mientras su padre se apuraba por llegar cerca de él. Nick le dio un breve abrazo y entonces gentilmente lo volvió a poner delicadamente sobre la silla.

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A pesar de sus años de adolescente Andrew estaba realmente encariñado con su padre, quien había hecho todo lo posible, muy poca cosa, por frenar la extremista disciplina en su hijo. Como adolescente, Andrew estaba amargamente resentido por la manera en que su padre siempre apoyaba a su madre cuando quiso resolver el problema de la sexualidad de su hijo. Fue años más tarde cuando se dio cuenta todo lo que su padre hizo por él, sino hubiera sido peor, mucho peor. Ruth estaba dando vueltas alrededor de él sin parar de quejarse por todo, reprendiendo a Stephanie por darle una taza de café en lugar de un té de hierbas y hacerlo sentar en una dura silla en lugar de meterlo a la cama. —No estoy enfermo, mamá, —espetó Andrew—. Pero creo que lo estaré si sigues tratando que tome alguna basura de hierbas. —No pudo evitar notar por el rabillo del ojo a Gary y Colin mirándose con una expresión de regocijo. Ella estaba usando su expresión de ‘sólo estaba tratando de ayudar’ que Andrew odiaba. Nick le estaba enviando una súplica con la mirada y él suspiró y se disculpó, sabiendo que en su propia y rara manera ella sólo estaba tratando de portarse como una madre. —Este es el primer buen café que bebo en semanas me hará sentirme mucho mejor. —Dijo Andrew—. Y luego prometo que iré a la cama a descansar. —Fingió un bostezo que enseguida se volvió real. —Toma, bebe otra taza y ve a dormir. Stephanie estaba llenando su taza de nuevo cuando la puerta de la cocina se abrió y Daniel entró corriendo, seguido de cerca por Alex y Jessie. La esposa de Nathan no lo visitó en el hospital, y a pesar de que Nathan aseguraba que ella apoyaba que él lo visitara regularmente, Andrew se dio cuenta inmediatamente de la tensión con la que lo miraba Inconsciente a la atmósfera, Daniel gritaba de alegría cuando vio a Andrew. A pesar de que él no se había encontrado con Andrew muchas veces él sabía que Colin adoraba a su papá y que era alguien especial. —¡Tío Andrew! —Empezó diciendo y entonces calló, con el ceño fruncido miró a Stephanie acusadoramente. —Él no es como Shrek, —le dijo firmemente. Andrew arqueó una ceja a Stephanie, mirándola divertido cómo enrojecía. —¿Shrek? —Quizás dije, uh, que estabas un poco gruñón, —admitió. —Tía Stephanie dijo que tú eras un ogro y que necesitaba tomar prestado mi casco y mi espada. —Le informó Daniel.

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Andrew hizo una mueca cuando vio la incomodidad de Stephanie. Gary estaba riendo abiertamente mientras Colin estaba ocupado tratando de explicarle a Daniel. Andrew se arrodilló en el piso para estar a la misma altura que los niños, pero para él había una posibilidad real de que pudiera necesitar ayuda para levantarse. —Puede ser que haya sido un poco como un ogro, —admitió—. Pero sin la piel verde. —Definitivamente. Andrew se indignó cuando sus amados asintieron, pero ellos solamente estaban mostrándose de acuerdo con él. —Me voy a dormir, — anunció—. Con mi café. —Lo apretó fuerte contra su pecho esperando no haber sonado tan débil como se sentía. —Que tú y tu café sean felices juntos, pastelito. Andrew sonrió débilmente cuando escuchó la voz de Ruth indignada —¡Gary! —detrás de él. Saludó con la cabeza a Alex y se encaminó a las escaleras que llevaban al sótano. Así empezó la rutina que continuó los siguientes días. Dormía, emergía del sótano brevemente para buscar café y dormía un poco más. Si lloraba por Rich lo hacía cuando estaba solo y nadie podía verlo. En algún momento durante ese tiempo Gary tomó sus cosas y se fue a unirse con la banda, un ‘Nos vemos’ y un fuerte abrazo contra su pecho le dijo a Andrew más que las palabras, lo muy preocupado que había estado. No se le había ocurrido al adormilado y confundido cerebro de Andrew que Nathan no había venido a verlo para nada en la última semana hasta que abrió los ojos y lo vio sentado en el extremo del sofá cama. Se despertó con un hormigueo entre sus hombros como si alguien estuviera mirándolo fijamente. Andrew rodó en la cama parpadeando mientras veía la larga figura de Nathan, sonriéndole. —¿Nathan? —Trató de levantarse torpemente con el yeso puesto. —Hola —respondió, y estiró una mano y la apoyó sobre el estómago de Andrew—. No te muevas. Lamento haberte despertado. Volviendo a acomodarse bajo las sábanas Andrew miró el reloj. Era pasado el mediodía. De algún modo logró dormir otra mañana completa. Tragó y sintió un desagradable gusto en la boca. —Toma. —Nathan le ofreció una taza de café servida en un vaso con tapa. Andrew la tomó con agradecimiento y bebió un sorbo, tomando energía de la mierda negra y dulce. Estaba extra fuerte, caliente y muy negro.

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Nathan respondió la pregunta que leyó en los ojos de Andrew. — Quería verte, pero no quería venir a través de la casa. Pensé que sería mejor, y que te importaría que me metiera sin que nadie me viera. —¿A quién estabas evitando a mí, o a Gary? —Alex me dijo que se fue ayer. —Admitió poniéndose rojo. —¿Entonces pensabas que era seguro venir ahora? —Andrew no pudo evitar sonar divertido. Dejó caer su cabeza sonrojada. —Supongo que eso me hace ver realmente patético, ¿verdad? —Bueno, —Andrew pretendió considerarlo—. El hombre es la mitad de tu tamaño. —¡El hombre es verdaderamente aterrador! —Protestó Nathan—. Además creo que yo no le gusto. —Es sobreprotector, —admitió Andrew. —Me alegra de que tengas a alguien así en tu vida, —dijo Nathan suavemente—. Tienes amigos especiales. Andrew asintió. —Sí los tengo, —acordó, poniendo su mano sobre la de Nathan que todavía estaba en su estómago. La palma de Nathan estaba en parte sobre la piel caliente de Andrew, donde la camiseta se había levantado un poco. Se quedaron así un poco para no quebrar el momento, deseando mantener la conexión. Desafortunadamente Andrew tuvo que levantarse para ir al baño. Nathan alejó su mano y esperó a que saliera. —¿Vendrías al parque con los chicos? —Preguntó a Andrew cuando salió del baño, yendo derecho hacia el café. Andrew frunció el ceño mientras tragaba saliva. —¿Qué día es hoy? —Sábado. ¿Por qué? —Dios ¿estuve dormido por una semana entera? —Hombre, has estado dormido por un mes entero. —Apuntó Nathan. Andrew se rascó la mandíbula cubierta por una fina capa de barba pelirroja, demasiado abundante para considerarla incipiente. Nathan lo había afeitado varias veces en el hospital hasta que Andrew pudo pasarse la rasuradora eléctrica solo. —Entonces, parque, pelota o ¿seguir con la cara pegada a la almohada? —Café, cama y dormir más. No creo estar suficientemente fuerte para correr tras una pelota todavía. —Vamos, Drew. Necesitas un poco de aire fresco, —suplicó Nathan.

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Negando con la cabeza, Andrew terminó su café y tiró el vaso a la papelera. Le erró y rebotó en el borde. Se encogió de hombros y se metió a la cama. —Realmente no estoy suficientemente bien para eso. Quizás mañana. —Se acostó y cerró los ojos. —Mañana, entonces. Te lo voy a hacer cumplir, —le advirtió Nathan. Le dejó un suave beso en la sien y se levantó. —Mañana. —Acordó adormilado, ya quedándose dormido. Sólo que no pudo ser el día siguiente ni el día después de éste. El siguiente día estaba con escalofríos y adolorido, que todo lo que pudo hacer fue tomar Tylenol y agua esperando poder dormir y olvidarse de la miseria que le invadía. Nathan lo visitó en algún momento pero no podría determinar cuándo exactamente. Solamente estaba consciente de Nathan tocándole su brazo y acariciando su cabello y entonces se volvía a dormir. Le tomó otros cuatro días estar despierto por más que unos minutos. Para el momento que llegó el próximo fin de semana ya era capaz de estar suficiente tiempo despierto como para ver una película con Colin, y Stephanie dejó de merodear al pie de su cama. Colin pasó la mañana del domingo en la cama con Andrew mirando programas de televisión infantiles y comiendo lo que equivalía a un mes de golosinas. Andrew sobrevivió por un par de horas y entonces dormitó por un rato mientras en la pantalla se reproducían unas extrañas criaturas luchando unas con otras sin sentido. Fue consciente que un cuerpo caliente se presionaba contra él y la voz de Colin hablando con alguien. Se dio vuelta y encontró a Nathan y Daniel en la cama, también mirando la pequeña televisión. Daniel tenía su mano dentro de una bolsa de Twizzlers y su cara cubierta de azúcar. El dueño del cuerpo caliente era Nathan, su larga figura enrollado alrededor de Andrew para no caer de la cama. —Chicos, —dijo y su voz salió áspera. Carraspeó y trató de nuevo —. Está un poco demasiado lleno aquí ¿no creen? ¿No hay otro lugar donde pueden descansar? Nathan le sonrió. —Nosotros sólo vinimos a llevarlos a los dos al parque. Andrew gimió. —Váyanse. Encuentren a alguien más para molestar. —No le importaba qué hora era, lo único que le importaba era tener más tiempo para dormir.

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—No es bueno para ti estar todo el día encerrado. Además este cuarto apesta, hombre. Necesitas ventilar este lugar. Andrew rodó alejándose de Nathan. —¿Por qué no le preguntas a Shane? Estoy seguro que él estaría encantado de acompañarte. —Murmuró con indiferencia. —¿Quién? ¿Shane? Andrew, ¿de qué demonios estás hablando? — Nathan elevó la voz. Colin salió de la cama y le tomó de la mano a Daniel. —Vamos, Danny. Mamá hizo panqueques arriba. Corramos hasta las escaleras. Los dos chicos subieron las escaleras hasta la cocina, dejando a los dos hombres en un incómodo silencio. Nathan decidió hablar primero. —¿Qué quisiste decir que puedo invitar a Shane? Andrew se volvió y enfrentó a Nathan. —Shane. Enfermero caliente. Tu nuevo mejor amigo. —Sé quién es Shane, Drew. ¿Pero mi nuevo mejor amigo? Bueh, ahora se estaba sintiendo como un tonto porque Nathan lo estaba mirando como si le hubieran salido dos cabezas. —Andrew, ¿estás celoso de Shane? ¿Por qué, mierda? —Él hablaba de vosotros como si fueran amigos. Nathan asintió lentamente. —Hablamos mucho cuando estabas inconsciente. Hablé con todos los enfermeros. Y los doctores y la señora de la limpieza ¡maldición! ¿Estás celoso de ellos, también? —No seas ridículo. —¡Tú estás celoso de un enfermero y me llamas ridículo! —Él es bien parecido y gay. —Andrew se mordió el labio—. Él te llamó Nate. —Soltó abruptamente. Los ojos de Nathan se abrieron ampliamente. —¿Te estás poniendo histérico porque alguien que me consoló durante un período difícil me llama ‘Nate’ que al menos otra docena de personas usan? —Vete a la mierda. —Vete tú a la mierda, Andrew. —Retrucó. Sus ojos eran fríos y duros—. Estás siendo un idiota y un egoísta. Yo necesité a Shane. Él me escuchó hablar de ti cuando estaba asustado de que no volvieras a despertar. Me dejó divagar acerca de cuánto te amo y cómo te tuve que verte casándote con otro hombre, verte besarlo cuando todo lo que quería era besarte yo mismo. ¿Cuántas personas conoces con las cuales pueda hablar de éstas cosas?

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—¡Basta, por favor! —Se tapó las orejas con las manos—. No puedo escuchar esto. —Estaba tratando de alejarse de Nathan pero no había lugar para ocultarse. —¡Tú empezaste! —Apuntó Nathan, aspirando con fuerza—. Yo no quiero a Shane. Yo te quiero a ti. Andrew se enrolló en una bola con las manos en las orejas tratando de ocultarse de las palabras que él provocó. Nathan tomó sus manos alejándolas de la cabeza y tiró de él hasta que quedó sentado. Puso una mano bajo la barbilla de Andrew y lo obligó a mirarlo a los ojos, el color avellana de sus ojos casi no se veía por la rabia. —¿Eres tan idiota que no ves que no es Shane? Sólo hay un hombre para mí, Andrew Matthews. —Su voz bajó hasta ser un susurro—. Esperé a que te despertaras asustado hasta la mierda que un día ya no pudieras. —No quería despertar, —admitió—. Todavía no quiero. —Vio el dolor pasar por los ojos de Nathan, pero ya era demasiado tarde para detenerse—. En mis sueños por lo menos no estoy solo. —¿Está Rich ahí? Andrew asintió, su mano tomó el bíceps de Nathan. —Y tú. Están ambos en mis sueños y es cálido y seguro. Aquí —señaló con la mano alrededor— Rich está muerto y tú con Alex, y yo estoy solo de nuevo. Prefiero mil veces estar dormido. —Andrew. —Dijo con voz ahogada, como si apenas pudiera contener las lágrimas. Dejó ir la barbilla de Andrew y juntó su frente con la de él. Bajo las rodillas de Andrew habían envoltorios de golosinas y algo estaba pegado a la pierna del pantalón de gimnasia, pero estaba encerrado en un agarre del que no podía escapar. —Él no querría que te escondieras aquí. —murmuró Nathan—. Él querría que volvieras a vivir. —Es demasiado pronto. Ni siquiera han pasa dos meses. —Protestó Andrew—. Necesito más tiempo. —Lo sé, bebé, lo sé. —Andrew se había movido hasta quedar sentado a horcajadas en el regazo de Nathan, su cabeza descansando en la curva de su cuello, cálido y seguro por un momento. Una mano de Nathan estaba acariciando su cabello y la otra trazaba dulces patrones en su espalda. Andrew sintió como si se fuera a dormir en cualquier momento. —Saldrás con nosotros por un rato. —Dijo Nathan después de unos minutos. Cuando Andrew se tensó listo para discutir, agregó: —No tienes que quedarte mucho tiempo, pero Stephanie quiere limpiar el cuarto y

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cambiar las sábanas. Te acompañaré mientras Colin lleva los perros con Daniel. Créeme te sentirás mejor y luego podrás dormir esta noche. Andrew estaba listo para protestar cuando otra voz interrumpió. — ¿Papá está bien? —Él está bien, —le aseguró Nathan a Colin, pero no se veía muy convencido. —Estoy bien. Sólo... —Empezó a decir Andrew mientras se acomodaba otra vez en la cama para mirarlo de frente. Colin no lo dejó terminar. Se subió a la cama y lo abrazó. —Esta bien papá, entiendo. —Olía a dulces y sudor de adolescente, pero poder apoyar la cabeza en el fino hombro de Colin mientras el calor de Nathan lo rodeaba, era lo que deseaba, más que ninguna otra cosa. Estaba perdido en el dolor de la pérdida de Rich, todavía preso de la culpa por amar a Nathan, pero era amado por su familia y amigos y él tenía que recordar eso cuando los sentimientos negativos volvieran a deprimirlo. Fue una buena idea ir al parque. Algo que no admitiría a nadie, especialmente no a Nathan. Después de cinco semanas en cama y todavía teniendo el yeso en el brazo, Andrew no estaba bien como para correr. Se sentó en un banco mirando los chicos y los perros jugar un enérgico juego ‘persigue a Tyler para conseguir la pelota’, sintiendo la suave brisa enfriando el calor de los rayos del sol en su cara y respirando aire puro. Nathan se dejó caer en la banca al lado de Andrew, agitado. —¿Envejeciendo? —Andrew preguntó divertido. —Vete a la mierda. —Chilló Nathan, sus palabras sonarían más convincentes si no estuviera tratando de retener el aire mientras hablaba. —Bueno, bueno. —Palmeó la rodilla de Nathan condescendientemente. Nathan estaba por palmearlo pero se detuvo consciente de que Daniel lo miraba fijamente. —Papi, ¿el tío Andrew está siendo travieso? —Le preguntó su hijo. Andrew recordó a Colin cuando tenía cinco años, preguntándole enojado por qué si estaba bien que Andrew lo palmeara cuando rompió los lentes de su cámara y no estaba bien que él golpeara a la hermana de Bobby cuando rompió su Buzz Lightyear. Con toda honestidad él no podía contestar eso, y se volvió muy cuidadoso sobre cuándo debía usar castigos físicos en su hijo. —Sólo estamos jugando. —Explicó Nathan y empujó a Andrew. El rápido movimiento tomó a Andrew por sorpresa y un súbito dolor traspasó su brazo herido. Él siseó y miró fijamente a Nathan, aunque sin acusación en la mirada.

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Nanthan se mostró arrepentido inmediatamente. —Perdón, hombre, —se disculpó—. Iba a ser sólo un toque suave. —Recuerda que tienes la contextura física de un gigante la próxima vez. —Andrew gruñó y sujetó su brazo sobre el pecho. —Hablando en serio, ¿te he hecho daño? Andrew negó con la cabeza. —No, sólo en mi orgullo, por ser tan débil. —Mi papá el gallina. —Dijo Colin mientras alzaba a Daniel y lo echaba en su hombro y salía corriendo. Nathan miró a Andrew con una mirada especulativa. —Ni siquiera lo pienses. He dicho ¡ni siquiera lo pienses, Nathan bastardo! —Chilló Andrew mientras Nathan lo levantó a la manera de los bomberos y lo puso en el hombro para salir corriendo detrás de Colin, los perros ladraban fuerte excitados por todo el movimiento. Aún en el medio de todo el ruido y de sus ignoradas protestas, estaba plenamente consciente de lo cuidadoso que fue Nathan con él. Nathan hizo una parada, su pecho agitado por el esfuerzo y bajó a Andrew hasta dejarlo parado, sus gafas torcidas, su cabello revuelto y su dignidad destrozada. Se tambaleó por un momento inclinado a un lado no estaba seguro si vomitaría. Nathan lo sostuvo hasta que pudo mirar al frente, y su estómago se sosegó con un leve gruñido. —Te odio. —Murmuró. —No, no me odias. Andrew le sacó la lengua infantilmente. No iba a admitir que Nathan tenía razón. No dejaron que Andrew volviera a la cama hasta la noche. Para el momento que Andrew se metió entre los cobertores estaba exhausto por el esfuerzo. Durmió con una facilidad que lo había eludido por las últimas dos semanas. Si, él había dormido por horas, pero nadie lo había visto tendido en la cama mirando el cielo raso durante la noche, con los ojos inflamados por la miseria y el insomnio. El lunes durmió hasta el medio día, despertándose por el sonido de su teléfono móvil vibrando en su oído. —¿Gué...? —sólo pudo decir. —Es hora de levantarse. —La demasiado alegre voz de Nathan sonó en su oído. —A... ierda... —Con demasiada fuerza presionó la tecla ‘end’ y volvió a acurrucarse. El bastardo lo estaba llamando desde el trabajo. El teléfono vibró de nuevo.

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—¡Déjame en paz! —Pudo decir esta vez. —Levántate, entonces, y te dejo en paz. —Estoy levantado. —Mentiroso. —¡Jesús, eres un tirano! —Sólo debes agradecerme que soy yo y no Gary o Gabe. Ellos planeaban cosas que incluía agua helada. Oh, debo irme. ¡Ben suelta la trenza de Suzie! Andrew escuchó la conversación en el otro lado con una mezcla de divertimento y molestia. —¿Puedo irme ahora? —Solamente si me prometes que vas a sacar tu perezoso cu... eh, parte de atrás de la cama. —Seguro. —Andrew cortó la llamada y se acurrucó otra vez en la cama enterrando su cabeza en las almohadas. Se iba a levantar, pronto. Volvió a estirarse para tomar el teléfono otra vez. Lo apagó para asegurarse de tener paz. Funcionó hasta que una alarma fuerte y chillona sonó otra vez. —¡Puta madre! Andrew se movió torpemente alrededor buscando la causa del sonido. Alguien había escondido un viejo reloj-alarma en su mesita de noche. —Estoy levantado, estoy levantado. ¡Déjenme, por un maldito momento, solo, maldición! —Su grito de protesta llegó hasta el estudio pero nadie respondió. Andrew se sentó en la cama, rascándose con ganas la panza, meditaba en la idea de irse a la cama de nuevo, pero sabía que si lo hacía otra cosa ruidosa y odiosa volvería a sonar en su oído. Salió de la cama y fue al baño, soltó un gruñido de alivio cuando pudo orinar. Mientras lavaba sus manos, se miró al espejo. Dios, eso lo conmocionó. Cabello pegoteado, piel pálida, profundas marcas púrpuras bajo sus ojos, y una expresión de miseria total en su cara. ¿Esta es la forma en que se veía todos estos días? Andrew desesperadamente necesitaba una ducha. Fue hasta la sala principal buscando una bolsa de plástico. Había una sobre la mesa. Sacó lo que contenía y puso su brazo enyesado dentro, cubriendo totalmente el yeso. Perfecto. Ahora necesitaba cinta adhesiva para fijarla en el lugar. Cinco minutos después estaba bajo la ducha disfrutando del agua caliente, caliente que rodaba por todo su cuerpo. Había extrañado esto mucho. Andrew gimió con satisfacción y se acomodó contra el chorro de

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agua. El agua empezó a salir fría antes de que él saliera de la ducha. Se secó bruscamente, sacándose la bolsa cuando estaba casi seco. Fijando la toalla alrededor de su cintura, fue de nuevo hacia la sala principal buscando ropas limpias. Andrew no se había dado cuenta de la pila de ropa que había sobre una de las sillas. Buscó hasta que encontró algo que le gustaría ponerse. Debajo de la pila había una nota. El café esta arriba, en la cocina. Andrew miró las palabras por un minuto, no comprendiendo exactamente qué significaban. Entonces se dio cuenta. Había sido arrojado fuera de la cama por un montón de... —Bastardos. —Siseó, sin poder evitar la sonrisa que estaba emergiendo en su cara. Seguramente el café estaba listo, recién hecho, en la cafetera. Se sirvió una taza y se sentó a la mesa. Allí había otra nota. Andrew ni siquiera PIENSES en volver a la cama. Debes hacer la cena. Stephanie, x x. P.s. Pasta está bien. P. p. s. La salsa está en el refrigerador. Andrew iba a matarlos a todos, uno por uno, muy lentamente. Tan pronto como resolviera el asunto de hacerlo sin que lo descubran y lo arresten. Mientras tanto, iba a tomar más café y entonces otra taza más. No iba a hacer pasta para nadie, excepto para sí mismo. Más tarde, mucho más tarde.

—MI ESTÓMAGO va a explotar. —Gimió Colin mientras se sentaba hacia atrás en la silla. —Tres porciones hacen eso en una persona. —Criticó Stephanie. Aún si ella se había comido dos platos de pasta y miraba los restos de comida con hambre. Joe todavía estaba comiendo. No dijo nada. Andrew los miraba divertido. Sus manos sostenían una gran taza de café. Su apetito se había reducido a un pequeño plato de pasta, pero veía desaparecer el resto de la comida rápidamente. —Extraño tu comida. —Colin dijo con aprecio—. ¿Qué le hiciste a la salsa de mamá? Nunca sabe así cuando ella la sirve.

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Stephanie disparó una mirada a Colin, pero era obvio que esperaba escuchar la respuesta, también. —Vino y hierbas. —Dijo Andrew—. Nada más. A Rich le gustaba así. Súbitamente reinó el silencio, y entonces Stephanie dijo: —No me sorprende, es delicioso. La fuente estaba vacía cuando declararon que ya habían comido suficiente, Colin y Joe comieron los últimos bocados. Andrew declaró que ya había hecho su parte cocinado y que no iba a lavar los platos también. Se retiró a su estudio después de desear a todos buenas noches. Cuando dejaba la habitación escuchó a Colin empezar a discutir por quién debía limpiar la mesa. Cerró la puerta cuando Joe le contestaba y agradeció no quedar envuelto. Igual que la noche anterior estaba exhausto y todo lo que quería hacer era dormir. Se lavó los dientes y se subió a la cama buscando el libro que estaba leyendo. Entonces un pensamiento pasó por su cabeza. No iba a dormir en absoluto hasta que ambas puertas estuvieran cerradas para todo el mundo. Nadie, y eso significaba que nadie, iba a despertarlo con llamadas telefónicas o alarmas mañana en la mañana.

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Capítulo Dieciocho El servicio para Rich fue llevado a cabo en la casa del lago. No había sido un hombre religioso, a pesar de su crianza Bautista, y Andrew quería un servicio donde pudieran hablar todos los que quisieran compartir algo. Hubo gente de todas las áreas de su vida: trabajo y hogar, amistades de años y nuevos conocidos. Todos estaban invitados a tomar parte en el servicio con Gary dirigiendo la música. No invitó a sus padres, no quería escuchar a su madre desaprobando que no hubiera algún sacerdote o quejarse de la gran cantidad de personas homosexuales en la congregación, pero vinieron algunas personas de Castleton: Stephanie, Joe y Colin, por supuesto, más Jim, Michael y Nathan. Todos llegaron juntos. Andrew los invitó a quedarse en la casa para ahorrar el costo de la estadía y el traslado. No estaba allí cuando ellos llegaron, pero había preparado un refrigerio para cuando llegaran tarde en la noche del viernes. Ellos comieron y se fueron a dormir agradecidos, conscientes de que el sábado sería un largo día. Acostumbrado a levantarse temprano, Nathan estaba mirando el reloj a las cinco treinta de la mañana. Pasaron quince minutos lentamente, y entonces decidió levantarse, debía estirar las piernas o comer, sólo hacer algo. Se puso sus pantalones de gimnasia y buscó sus zapatillas. Las encontró debajo de la cama, donde él mismo las había pateado la noche anterior. Cinco minutos después estaba fuera en el frío de la mañana tratando de recordar por dónde estaba el camino hacia el lago. Después de buscarlo por unos minutos encontró el camino y empezó a recorrerlo a paso rápido a pesar de lo accidentado que se veía. El lago se veía impresionante en la plateada luz de la mañana, con la bruma subiendo del agua y telas de araña condensando las gotas de rocío. Nathan corrió alrededor del perímetro del lago, pateando pequeños montículos de arena mientras iba. Estaba de regreso cuando vio una persona a lo lejos que lo miraba fijamente. No necesitaba ver de cerca para saber quién era.

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Andrew esperó que él corriera hasta donde estaba esperando. — Pensé que estarías levantado. —Le saludó. Dudaron, no estaban seguros de querer hacer el primer movimiento, y entonces estiraron los brazos y Nathan lo trajo a un abrazo, sólo recordando que estaba caliente y sudoroso cuando tenía a Andrew pegado a su pecho. No parecía muy incómodo, con un pequeño suspiro se acomodó contra Nathan. —Buenos días. —Murmuró contra el cuello de Nathan. —Buenos días. —Respondió, sus labios rozaban contra el corto cabello de la cabeza de Andrew. —Dios, necesitaba esto. El suspiro de alivio de Andrew contra su piel hizo sonreír a Nathan. Él lo necesitaba también, necesitaba a Andrew. Estaba asustado de perderlo cuando volvió a Los Ángeles y a su vida. Había sido fácil pretender, cuando estaban en Castleton, durante esos pocos minutos todos los días que Andrew era suyo. A él no le gustaba su actual realidad, el hecho que Andrew lo iba a dejar atrás de nuevo e iba a empezar una nueva vida. Nathan se estremeció con la perspectiva y Andrew lo apartó, preocupado. —Ven aquí, —murmuró Nathan que no quería romper el contacto. Obedientemente Andrew volvió a dejarse envolver por sus brazos, sus cálidas manos metiéndose debajo de la delgada tela que cubría la espalda de Nathan. Era reconfortante y amoroso, y los dos hombres se relajaron uno contra otro. —Hoy va a ser duro, —dijo Andrew, su voz sonaba amortiguada en el cuello de Nathan. —Lo sé, lo sé, —Nathan dijo suavemente—. Pero estamos todos aquí para ti. —Su mano lo acariciaba trazando círculos por su espalda y Andrew se apretó más fuerte contra él.

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Andrew dio un paso atrás y miró a Nathan y fue recién en ese momento cuando él vio el cansancio en sus ojos. Extendió su mano y con el pulgar acarició la suave piel debajo de sus opacos ojos azules. —¿Cómo lo estás llevando, Drew? —¿Honestamente? —Andrew se apoyó en la mano de Nathan—. Es una mierda. —Debiste quedarte en Castleton con nosotros. Sacudiendo su cabeza, Andrew dijo: —No, no podía. Necesitaba volver a mi casa. Necesitaba despedirme de Rich. Nathan tiró de él para sentarse en un tronco que estaba cerca. — ¿Crees que él sabía, que estaba enfermo? —Si. Eso creo. Estoy bastante seguro que él lo sabía. —Andrew puso su cabeza en el hombro de Nathan—. Tú y yo, la forma que él continuamente estaba empujándonos juntos. Él lo sabía. Debió enterase durante las revisiones médicas. —Pero nosotros no estamos, quiero decir, juntos. —No. No lo estamos.—La voz de Andrew tembló levemente—. Pero era un eterno optimista. —Él te amaba mucho. Los grandes ojos de Andrew se suavizaron y Nathan se sintió culpable por el pinchazo de los celos a causa de la expresión de adoración en su cara. —Si él me amaba, y realmente entendía acerca de nosotros. Probablemente era el único. ¿Alguna vez te habló de Paul? Nathan frunció el ceño recordando la conversación que tuvo con Rich no muy lejos de donde se encontraban ahora. —¿Paul fue su anterior compañero?

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Andrew asintió. —Así es. Estuvieron juntos quince años, pero Paul estaba en pareja cuando se conocieron. —¿Estaba con el hombre quien le pasó el HIV? —Fue en ese tiempo. —Dijo Andrew simplemente—. Un tiempo muy malo. —¿Qué sucedió? —Rich conoció a Paul y fue lujuria a primera vista. De acuerdo a Rich ellos estaban evitándose uno a otro porque Paul amaba a su compañero y se sentía terriblemente culpable por sentir algo por alguien más. Por supuesto, cada vez que se encontraban terminaban haciéndolo como conejos. Nathan no pudo reprimir la risa que lo asaltó. —Jeez, no me sorprende que no haya tenido problema con nosotros. —Bueno, él podía entender por qué yo no soy capaz de mantener mis manos alejadas de tu cuerpo. Él y Paul terminaron sobre el escritorio de Rich cuando se encontraron para una reunión de negocios. Esa fue la primera vez que se encontraban. —¡Mierda! —Nathan se abrazó a sí mismo—. ¿Tu madre sabía que él era tan puto? —No, y me daba una gran satisfacción cuando ella hablaba de cuán respetable era para ser un homosexual. —Su cara mostró un poco de amargura. La imagen del tranquilo Rich jodiendo a alguien sobre su escritorio súbitamente cambió por una imagen de Andrew acostado debajo de él, su pálido culo levantado tomando cada pulgada del pene de Nathan. Sacudió su cabeza para borrar la imagen, pero pensamientos similares debían estar pasando por la cabeza de Andrew, porque enrojeció súbitamente. Se miraron uno a otro, como los conejos cuando quedan atrapados en la luz de los faros, pero ellos en la excitación que sentían.

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—¡Maldición! —Andrew juró suavemente, sus manos sujetaban fuerte la tela de su pantalón. Nathan siguió el movimiento con los ojos y vio la erección que se levantaba debajo de la suave tela. —Drew... —¡No! ¡Hoy no! No puedo... no hoy. —Andrew tragó ruidosamente. Se puso de pie y, Dios, eso fue todavía peor. Nathan lo tiró hacia él y mordió el suave bulto—. Yo... yo tengo que volver a la casa. Va a tomar tiempo tener todo listo. —Drew... —Nathan, ¿eres tú? ¿Has visto a Andrew? La voz de Stephanie penetró en la confundida mente de Nathan. Levantó la vista y la vio venir por el camino hacia ellos. —Ah, ahí estás. Andrew los de catering quieren saber dónde tienen que colocar todo. Asintió y con una última mirada a Nathan partió hacia la casa. Stephanie vio cómo se marchaba y volvió a mirar a Nathan quien se sonrojó debajo de la mirada fija de ella. —¿Siquiera quiero enterarme? —No sonaba acusadora, sino como resignada frente a la situación. Él negó con la cabeza y tembló, dándose cuenta de cuán frío hacía. Stapnanie vio el temblor y dijo: —Deberías volver y ducharte. —Lo haré. —Nathan empezó a alejarse e hizo una pausa— Steph... Sorprendida, Stephanie lo miró, cautivada por la forma que la llamó. —¿Si? —No estoy muy seguro qué le dijiste a Alex, pero gracias. —Nathan movió su mano—. Por esto. Odiaría no estar aquí para él.

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Su cara se iluminó. —Está bien. Él nos necesita a todos aquí. Desearía... —Sí, yo también. —Le interrumpió. Nathan levantó la mano y ella la tomó y caminaron juntos hasta la casa, evitando el grupo de personas que preparaban el servicio. Cuando llegaban a la casa ella pasó su mano por el brazo de él. Él se tensó, sin estar seguro qué cosa le quería decir ella. Ella miró hacia arriba y se mordió el labio nerviosamente. —No puedes seguir así, Nate. No es justo para Alex, y Andrew... él está de duelo por Rich, pero eso no durará eternamente. —Eso lo sé, pero mis hijos... —Ellos lo entenderán. Son lo suficientemente jóvenes para superarlo. —Apretó gentilmente su brazo—. Piénsalo, ¿si?

El servicio se llevó a cabo cuando el sol estaba sobre el lago. Un poco más de cien personas asistieron y compartieron sus recuerdos de Rich, de cada parte de su vida. Hombres de negocios en sobrios trajes mezclados con algunos de las personas más extravagantes que Nathan jamás vio, y todos ellos sosteniendo una foto de Rich que había tomado el hombre que lo amaba. Se sentó en la parte de atrás, prefiriendo observar antes que participar, ya que él no había conocido a Rich demasiado bien. Fue una reunión irreverente enfocada a la vida amorosa de Rich y su retorcido sentido del humor, dirigido, por supuesto, por Gary. Mayormente estaba concentrado observando las reacciones de Andrew a los discursos. Mientras escuchaba a las personas hablando acerca del hombre que conocieron entendió por qué fue tan bueno para Andrew. Era un hombre que nunca se avergonzó por lo que era. Él no iba por las calles alardeando pero tampoco se ocultaba, ni en casa ni en el trabajo. Si alguien era

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apropiado para mostrarle que estaba bien ser gay, ese era Rich. Nathan se sintió forzado a admitir que él no hubiera podido hacer lo mismo. Fue duro para él aceptar que Andrew necesitaba más a Rich que a él. Seguro, él no podía negar que Andrew lo había amado por años, pero Rich era el más adecuado para estar al lado de Andrew cuando éste era más vulnerable. Durante un receso del servicio, llegó Gabe. Su amistad con Nathan había sufrido por el estrés de su relación con Gary. Este último no tenía reparos en mostrar su falta de respeto por Nathan y Gabe se encontró atrapado entre sus dos lealtades, de su amigo y de su amante. Se deslizó el la silla al lado de Nathan. —Hey, Nate. —No esperaba verte aquí. —Murmuró Nathan. Frunció el ceño cuando lo miró. Gabe se encogió de hombros. —Yo tampoco, pero Gary me pidió que viniera, y entonces aquí estoy. Podría decir lo mismo de ti. —Andrew me pidió que viniera. —¿A ti? —Gabe lo miró con escepticismo. —Yup. Bueno, a mi y a otros del barrio. —¿Alex y los niños? —Están en casa. Saldra el próximo fin de semana con Stephanie. — Nathan se miró las uñas deliberadamente para no mirar a Gabe a los ojos —. No hemos hecho nada si eso es lo que te preocupa. —Uh, huh. —De verdad. —No es mi problema si lo has hecho, —Gabe señaló—. No voy a quedar envuelto en eso nunca más. Nathan lo miró. —¿Por qué será que no te creo?

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Gabe sonrió sarcásticamente. —¿Porque me conoces demasiado bien? —¿Qué es lo que quieres, Gabe? Otros ya han venido a molestarme. —¿Cuántas personas ya te han dicho que tienes que tomar una maldita decisión? —Cuatro, cinco, más... —¿Entonces...? —Los niños... —Nathan empezó a sentirse como un disco rayado. Gabe obviamente entendió lo que quería decir. Miró pensativamente a Nathan por un largo momento. —¿Cuándo vas a dejar de usarlos como excusa? Cayendo hacia atrás en la silla, Nathan se mordió las uñas de nuevo. Miró hacia dónde estaba Andrew. Estaba riendo de algo que uno de los colegas del trabajo de Rich dijo y su rostro estaba bañado por la cálida luz del sol del atardecer. —Tu lo miras como si él fuera tu mundo entero. Nathan se volvió al escuchar las palabras de Gabe. Le dio una triste mirada. —No mi mundo entero, pero él es condenadamente importante. Gabe asintió y miró en dirección de Andrew. —Me pregunto si todavía podremos emborracharnos. Se escuchó una pausa en los discursos y Andrew se puso de pie. Nathan se dio cuenta cómo estaba cuidando su brazo. Ya le habían sacado el horrible yeso, pero todavía tenía que hacer fisioterapia para recobrar la capacidad completa de su brazo. Juzgando por cómo se estaba abrazando a sí mismo Nathan estaba seguro que Andrew había olvidado tomar sus medicinas.

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Andrew agradeció a sus invitados por venir y compartir sus experiencias de Rich. Ofreció la oportunidad de quedarse a compartir comida y bebidas, y el grupo de gente se encaminó hacia la casa. Gabe se paró para seguirlos. Puso su mano en el hombro de Nathan. —Te conozco por mucho tiempo. Nunca miraste a Alex de la forma en que miras a Andrew. Es lo único que digo. Nathan se quedó sentado un rato después de que Gabe se fue. Sus ojos fijos en la cara de Andrew. Se dio cuenta que Andrew miró varias veces en su dirección durante el servicio. Buscándolo, asegurándose de que seguía aquí. Caminando hacia él, Andrew extendió su mano derecha. —¿Vienes conmigo? —preguntó suavemente. —Por supuesto. —No tomó su mano pero se levantó—. Entonces, ¿Dónde duele? —Pasó su mano por el brazo de Andrew. —Casi todo. Por lo menos era honesto. —¿Quieres que vaya a buscar tus medicinas? ¿Dónde están? Andrew frunció el ceño mientras trataba de recordar. —Uh, en mi dormitorio, el la mesilla de noche, creo. Pero las tomaré después. Tienden a dejarme somnoliento. —Nuh-hu. —Nathan sacudió su cabeza y comenzó a llevarlo hacia la casa—. Las tomarás ahora. Puedo ver lo muy adolorido que estás. Ven conmigo. —Tengo invitados. —Tienes a Gary, Tus invitados están bien. Ahora cállate y vamos a buscar tu medicación. Nathan puso su brazo alrededor de Andrew y lo condujo por el enorme salón. Nadie les dio más que una sonrisa y se dio cuenta que aquí,

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con estas personas, podía ser abiertamente afectivo con Andrew y a nadie le importaba. Pudo sentir a Andrew dudando mirando hacia donde sus invitados estaban aceptando tragos del uniformado personal de servicio del catering. —Medicina ahora, muéstrame el camino. —¿Vas a quedarte para asegurarte que las voy a tomar, verdad? —Sí, así es. —Acordó Nathan—. Ahora, muévete o tendré que llevarte alzado hasta tu cuarto. —Bastardo mandón. —Pero Nathan pudo ver la sonrisa queriendo mostrarse en sus labios. Fiel a su palabra, Nathan se quedó a ver a Andrew tomar las pastillas. No podía dejarlo volver hasta que las líneas de su cara se relajaran y se sintiera mejor. Le dio tiempo para observar la habitación principal. Era un habitación bien ventilada y bien iluminada, decorada con colores celestes y crema, con muebles de madera clara. No era exactamente lo que esperaba, pero él tampoco sabía qué era lo que esperaba. Se adaptaba bien a la casa. Nathan se preguntaba si era el gusto de Rich o el de Andrew. Andrew lo vio observar a su alrededor. —Nunca realmente toqué este lugar. Me gusta cómo la decoró. Esta fue siempre la casa de Rich. —Es un lugar maravilloso, —admitió Nathan. —Si, lo es. Y ahora, supongo, que es mío. Nathan no había pensado en eso. —¿Y qué vas a hacer con esto? ¿Lo piensas conservar? Andrew trazaba líneas invisibles sobre el cobertor con el dedo. —No estoy seguro, —dijo— me siento un poco desorientado por el momento. Es demasiado pronto para hacer decisiones. —Miró hacia Nathan pero rápidamente apartó la vista, sus pestañas rozaban sus mejillas. —Bastante demasiado pronto. —Acordó Nathan, tragando fuerte para controlar los sentimientos que, aún la más leve mirada, provocaba en

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él. Dios, a pesar de todo este tiempo, Andrew sólo debía mirarlo para que todo su cuerpo vibrara. —¿Por qué no me dijiste que te habían ofrecido una promoción? — Andrew preguntó repentinamente. Nathan parpadeó. No había estado esperando eso. —No era una oferta firme, sólo una oportunidad de solicitar el trabajo. Lo olvidé después de tu accidente. —Siento haber arruinado tu oportunidad, —dijo Andrew. Negando con la cabeza, le sonrió. —No era tan importante. Habrá otras oportunidades. Sí, había sido importante y fue causa de más irritación entre Alex y él, pero Andrew no necesitaba saber eso. Andrew no se veía convencido, pero dijo: —Me estoy sintiendo mejor ahora. Debemos unirnos a los demás. —Se levantó y le sonrió a Nathan, su cara tenía mejor color y se veía más relajado. —Okay. —Siguió a Andrew fuera de la habitación e inmediatamente se toparon con la firme figura de Gary. El hombre más bajo lo miró amenazadoramente antes de decir. — Andrew ¿dónde has estado? Tienes personas aquí, recuerda ¿o tu chico amante te distrajo? Deseando plantarle un puñetazo en la cara de Gary, Nathan dio un paso adelante, pero Andrew lo sostuvo firmemente con una mano en su brazo. —Nathan estaba jugando al doctor mientras tomaba mis medicinas. Olvidé tomarlas con el almuerzo. —Es él jugando ‘doctor y enfermera’ lo que me preocupa. —Gruñó Gary.

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—Escucha, idiota... —Empezó a decir Nathan, pero fue interrumpido a la mitad. —Este es el servicio conmemorativo de mi esposo. Creo que puedo mantener los pantalones puestos hoy, gracias. —Dijo Andrew fríamente y se alejó de ellos. —¡Mierda! —Gary maldijo por lo bajo. —Eres un grandísimo idiota, Gary. —Dijo Nathan y se volvió para seguir a Andrew. Una mano tiró de él deteniéndolo. Gary era bastante más bajo que él pero era más fuerte de lo que había esperado. —¿Por qué simplemente no lo dejas solo? Él no necesita tu mierda de nuevo. Nathan estaba agotado de tener siempre la misma conversación. Gary estaba furioso su color subió y sus ojos azules miraban duramente a Nathan mientras esperaba una respuesta. —Lo amo. —Eso no es suficiente, creo ¿o lo es? Tú simplemente pones tu familia primero pero todavía tienes este problema de aceptar que eres gay. —Tengo hijos. Por supuesto que pongo a mi familia primero. Y si, la idea de ser gay, perder a mi familia, mi trabajo... tengo problema con eso también. Pero lo amo y él lo sabe. Tú puedes ser su perro guardián. — Nathan de repente se paró dentro del espacio personal de Gary. Estaba cansado de estar asustado del hombre más pequeño y usó su altura para hacer que el otro diera un paso atrás—. Y necesita buenos amigos. Y él me ama y ninguno de éstas molestas discusiones va a cambiar eso. Gary quedó en silencio por unos momentos. —No me gustas. —Si me llegó el memo. —Dijo secamente. —Él está vulnerable hora. Si lo lastimas de nuevo... —La amenaza estaba implícita en el tono y Nathan asintió.

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—No lo haré, pero el momento no es el correcto todavía. Él necesita superar su pérdida. Gary asintió. —Quién demonios sabe por qué siempre termina aguantando tu lamentable culo. —Me he preguntado la misma cosa de ti, muchas veces, Keenan. Gary resopló y movió sus hombros, sus músculos relajándose después de la tensión de la pelea. —Él necesita su cabeza centrada y yo necesito una copa. Nathan estaba de acuerdo con eso. Cuando ellos entraban al salón dónde la mayor parte de los invitados estaban, Andrew se excusó a la pareja con la que estaba conversando y se les acercó mirándolos con cautela. —¿Alguna herida que no puedo ver? —Preguntó. Ambos negaron con la cabeza. —Yo lo amenacé. Él me dijo que me vaya a la mierda, de nuevo. Lo usual. —Informó Gary. Andrew rodó los ojos. —Dios, los dos son unos grandísimos idiotas. No sé por qué los aguanto. Buscaros una maldita bebida y portaros bien con los invitados. Se alejó sin esperar una respuesta. Gary lo miró con preocupación. —Realmente todavía no ha caído. Me mantengo expectante pero aún no ha sucedido. —Lo hará. —Dijo Nathan suavemente—. Pienso que está esperando algo. Gary gruñó. —¿Cómo qué? —No estoy seguro, pero tengo ese sentimiento.

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—Sólo espero que haya alguien ahí para recoger los pedazos cuando lo haga. Nathan miró a Andrew que estaba hablando con un hombre vestido con un inmaculado traje de negocios. —Pienso que quizás está esperando a estar solo. Gary se mordió el labio. —Creo que tienes razón. El lago estaba brillando, el aire limpio y fresco, y Andrew avanzó con un temblor. En la parte trasera la nieve cubría la montaña reflejando la luz del sol del temprano ocaso. Había vuelto a la pequeña villa italiana donde Rich lo había traído para su luna de miel. La pareja que eran los dueños del hotel lo recordaban de su primer visita y, cuando descubrieron qué había sucedido, lo cuidaron como si fuera su propio hijo, envolviéndolo en cariño y amoroso cuidado que jamás recibió de su propia madre. Una tarde tomó la manta que estaba sobre la cama y, envolviéndose con ella, encontró el tranquilo banco donde él y Rich pasaron tanto tiempo sentados observando el paisaje. Mientras Andrew miraba cómo el sol se escondía detrás de las montañas, las lágrimas corrían por sus mejillas. No se había dado cuenta que estaba llorando hasta que las gotas cayeron sobre su mano. Lloró por un largo rato, solo, y por fin pudo dejar ir su dolor. Lo dejó drenado y cansado, pero en paz por un rato, rodeado de los recuerdos de ese hombre que cambió toda su vida.

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Capítulo Diecinueve Andrew tropezó cuando corría hacia la puerta, sus gafas resbalaron por el suelo. Era la una y media de la madrugada y había estado esperando desde que recibió la turbadora llamada hace bastantes horas atrás. Se acomodó los pantalones del pijama que se deslizaban de su, todavía, demasiado delgado cuerpo y se colocó las gafas de vuelta en su cara. ¡Maldición! Casi se golpeó la cara cuando abría la puerta de su apartamento. La persona del otro lado había levantado su puño para llamar de nuevo. —Nathan, ¿Qué ha sucedido? ¿Estás bien? Claramente Nathan no estaba bien. Se veía terrible. Su piel se veía manchada y enrojecida y sus ojos estaban inyectados en sangre e inflamados. Olía a licor y se estaba sosteniendo al marco de la puerta como si fuera lo único que lo mantenía de pie. Andrew no había visto a Nathan por cerca de cuatro meses después de su viaje a Italia. Había estado muy ocupado en Los Ángeles para hacer el viaje a Castleton. Escuchó de Stephanie que las cosas no iban bien entre Alex y Nathan y, para ser honestos, había estado esperando esta llamada. Cuando Nathan habló su voz sonó cansada y monótona. —Ella quiere el divorcio. Dice que finalmente ha acabado. —La voz de Nathan se volvió un gruñido mientras sacaba las palabras. Pensando en la hora y los vecinos, Andrew tiró de Nathan dentro del hall de entrada. —Vamos, —dijo, su brazo guiando a Nathan por el angosto corredor. El hombre apoyó todo su peso contra Andrew cuando éste cerraba la puerta.

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Gentilmente empujó a Nathan hasta la sala principal y luego lo acomodó en el sofá, sentándose a su lado, su brazo alrededor de los hombros de Nathan. —Empieza de nuevo, ¿Alex te echó de casa? —preguntó. Nathan asintió. —Tuvimos una pelea, —empezó diciendo. —¿Cuándo? —Esta tarde. Así ha sido por un tiempo. Rechacé otra promoción y ella se enojó. Sintió a Nathan tomar una profunda y temblorosa respiración y masajeó su espalda consolándolo. —En un minuto estaba tratando de explicar que no me sentía preparado para el puesto y al siguiente ella está gritándome que yo era sólo un repugnante maricón que sólo la usaba para tener a mis hijos. Es sólo... el trabajo, no es correcto para mí. Era sólo trabajo administrativo y me alejaría del salón de clases. Lo odiaría y no pude hacérselo entender y entonces empezó a gritarme y salió todo afuera. Andrew tragó fuerte la rabia que empezó a crecer dentro de él y tomó un profundo suspiro. Después de todo, ¿qué podía decir él? Nathan y Alex estaban felizmente casados antes que ellos se mudaran a su calle, antes que ellos conocieran a Andrew. Él había sido el profesor nuevo, felizmente casado con un hijo y otro en camino y ahora estaba como un hombre derrotado. Su mano se deslizó por debajo de la chaqueta de Nathan sintiendo qué frío estaba, a pesar de la agradable temperatura de afuera. —Tú sabes que eso no es verdad. A pesar de nosotros tú has sido un buen padre y un buen esposo. Nathan levantó la cabeza y lo miró de frente con incredulidad. —He estado jodiendo otro hombre desde el comienzo de nuestro matrimonio. ¡Eso difícilmente me hara el esposo del año! —Tú no la dejaste cuando descubriste que ella había fingido un embarazo.

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Nathan respiró pesadamente. —¿A dónde diablos hubiera podido ir? ¡Tú no me querías! —Yo no podía... yo nunca dejé de quererte pero, ¡yo estaba casado! —Yo también. Eso no te detuvo para arruinar mi matrimonio. — Nathan le espetó amargamente. Andrew miró a la cara de Nathan sintiéndose desesperado. —Tú empezaste esto, Nathan. —Le señaló—. No yo. —¡Tú no me detuviste! —Estaba tan enamorado de ti, —dijo quedamente— que fui demasiado débil para decir no. —Tu me entrampaste. Ahora estoy tan jodido. —¿Eso es lo que realmente crees? —Todo el odio que sintió en las palabras de Nathan le formó un nudo en su garganta que le hizo difícil hablar—. ¿De qué demonios estás tan asustado, Nathan? La última vez que comprobé no era ilegal ser marica. Tu familia te apoya. A tus amigos no les importa. ¡Infiernos! Hasta tu puto jefe te apoya. ¿Cual es tu maldito problema? No es una maldita enfermedad. La boca de Nathan no emitió ningún sonido, y entonces cayó sobre Andrew. El hombre mayor acarició su cabello, llevándolo más cerca. Nathan enterró su cara encendida en el pecho de Andrew como si estuviera tratando de esconderse. Estuvieron en silencio por un rato largo. Andrew casi saltó cuando Nathan habló de nuevo, las palabras goteando dentro del silencio. —Estoy asustado. —¿De qué? Nathan levantó la cabeza. —De todo. Perder a mis hijos, perder mi hogar, perder mi trabajo. No tengo trabajo. Renuncié esta tarde.

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Andrew lo miró boquiabierto. —¿Pero, por qué? —Skinner me dijo que perdería mi puesto si dejaba a Alex por ti. Todos siguen diciéndome que tome una decisión. Pero perder todo es algo que nunca he querido. —Sus dedos acariciaban el muslo de Andrew—. Pero te aseguro que te amo tanto que quiero morir cuando imagino una vida sin ti. ¡Infiernos! Andrew justo escuchó las palabras que había esperado años para oír, y se sintió como la mierda porque en algún lugar había una mujer llorando sin su marido y dos niños sin su papá. Andrew puso su mano bajo la mandíbula de Nathan, forzándolo a mirarlo a los ojos. —¿Tú no estás diciendo esto sólo porque te echó, verdad? Tú debes estar seguro de esto. Porque ya no va a haber vuelta atrás para ninguno. —Demasiado tarde. Ya no quiero volver con Alex. Sólo te quiero a ti y a mis hijos. —Nathan se atragantó al decir esto y lágrimas nuevas cayeron de sus ojos. —Bueno lo arreglaremos, lo prometo. Puedo cuidarte así tu puedes mantener a tu familia. —Andrew prometió, y se extendió para secar las lágrimas que caían por las mejillas de Nathan. Nathan se liberó y negó con la cabeza. —No voy a vivir de ti. Voy a encontrar un trabajo y quiero ver a mis hijos regularmente. —Lo harás. Podemos mudarnos más cerca de ellos si quieres. Yo no necesito vivir aquí más. —Andrew prometió esperando que Alex no prohibiera a Nathan ver a sus hijos—. Pero déjame ayudarte, sólo por un tiempo, ¿si? Yo quiero... Yo necesito cuidar de mi pareja. La mirada de Nathan se suavizó y sus ojos se oscurecieron mientras pasaba la lengua por sus labios. —Tu pareja. Me gusta. He esperado demasiado para poder oírtelo decir. Andrew acarició su cabeza y escarbó entre su cabello. No quería decir esto, pero tenía que decirlo. —Necesito que estés seguro de tu decisión, Nate, porque si tu me dejas de nuevo será la última vez. Alex

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tiene razón. Ella merece más de lo que tú le has estado dando. Puede encontrar otro hombre que realmente la ame. —Puso un dedo sobre los labios de Nathan para impedir que protestara—. Pero es tu esposa. Cualquier cosa que quieras hacer, yo te apoyo. Y si eso significa permanecer alejado y dejarte solo, entonces haré eso también. Si tú quieres estar conmigo como mi amante, entonces te apoyo y te ayudaré a ti y a Alex a criar a tus niños. Rich me dejó suficiente dinero para hacer eso. Nathan besó su dedo y lo apartó. —Esto va a ser difícil. No voy a decir que va a haber unicornios y arco iris. Apenas pude aceptar que soy bi y tuve un tiempo realmente difícil superando eso. Pero, estoy enamorado de ti. Vivir lejos de mis hijos es la cosa más dura que jamás he hecho. Pero tú no me estás pidiendo eso. Finalmente estoy tomando esta decisión por mí mismo. Te amo, y esperé demasiado tiempo para que podamos estar juntos. —Entonces vamos a buscar los unicornios y los arco iris. —Andrew tiró de Nathan a sus brazos de nuevo, besando sus labios, sus ojos húmedos, el camino que sus lágrimas marcaron en sus mejillas. Nathan se estremeció bajo sus manos y se presionó aún más cerca. —Te necesito tanto, Drew. Mi mente está tan llena de mierda, pero sólo me siento vivo cuando estás cerca de mí. —Tú me tienes, Nate. Te lo prometo. —Andrew tiró de la remera de Nathan necesitando sentir su piel en sus manos. Obviamente estaban en la misma página, Nathan se quitó la chaqueta y se tiró de la remera sobre su cabeza. Andrew se sentía súbitamente desesperado por tener sus manos sobre el cuerpo de Nathan y traerlo sobre el suyo. Gruñó profundamente en su garganta y escuchó una respuesta similar en Nathan. —Necesito... —Sí. —Sólo déjame... —Andrew estaba atacando el cinturón de los jean de Nathan. Sus dedos se trabaron en la hebilla. Nathan lo detuvo poniendo su mano sobre la suya.

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—No creo... No estoy seguro... —Nathan se detuvo, frustrado—. ¿Podemos sólo ir a la cama? Quiero estar cerca de ti, y este ha sido un día muy largo. —Seguro. —Andrew tiró de Nathan para que se ponga de pie. Sin ceremonias se sacaron el resto de la ropa. Nathan lo miró con el ceño fruncido. —Estás demasiado delgado. — Le regañó y paso un dedo sobre las visibles costillas. —No como mucho. —Admitió Andrew. No iba a admitir que había días que se olvidaba de comer. Había sido Rich el que le había hecho cocinar y comer todos los días. —Eso va a cambiar. Andrew rodó los ojos. —Hombre, no puedo creer que me tienes desnudo y me estás molestando por mis hábitos alimenticios. Nathan tiró de Andrew así quedó su cuerpo alineado contra el de él, su cálido abdomen atrapando el pene de Nathan entre ellos. —Vas a necesitar recuperar tu fueza... después, —dijo lentamente y Andrew se dio cuenta que Nathan pudo sentir el calor que creció dentro de él y que se esparció por todo su cuerpo. La baja risilla en su oído se lo confirmó. Él se calentó todavía más, pero fue sólo cuando se movió y Nathan gimió por la presión sobre su pene mientras iban hacia la habitación. A pesar del hecho de que los dos hombres estaban duros, lo ignoraron y se acurrucaron bajo los cobertores, Nathan se enterró en el cuello de Andrew de nuevo y se sintió reconfortado al enredar sus brazos y piernas. Por un rato, Andrew no podía decir cuánto y no le importaba, ellos permanecieron en la misma posición. No estaba seguro si Nathan se había dormido; su respiración se había acompasado a medida que se calmaba. Andrew estaba cansado pero estaba muy tenso para dormir. La enormidad de lo que había pasado estaba pesándole y él no podía asimilarlo. Aún así el calor del cuerpo de Nathan lo relajó lo suficiente como para poder cerrar los ojos.

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No estaba seguro qué hora era cuando despertó y tampoco se molestó por mirar el reloj en su mesilla de noche. Andrew quería seguir durmiendo, pero su mente corría desbocada. —Puedo escucharte pensando. —Murmuró Nathan adormilado, sus dedos alrededor del brazo de Andrew. Sus labios posaron un beso en la barbilla de Andrew. —Perdona, —Andrew besó la cima de la cabeza de Nathan—. No quería despertarte con mis ruidosos pensamientos. Nathan se sentó y llevó sus piernas contra el pecho apoyando su cabeza en sus rodillas, la sábana enredada alrededor de su cintura y Andrew sintió la pérdida de su calor inmediatamente. Se sentó y tomó una de las grandes manos de Nathan entre las suyas. —Te amo. —Yo también te amo, Andrew. —La voz de Nathan se oyó ronca y débil—. No puedo creer que por fin estoy aquí. —Yo tampoco. —Se acomodó contra la espalda de Nathan y envolvió al hombre más joven entre sus brazos. Nathan se apoyó contra él, y Andrew pudo sentir que estaba tratando de reprimir el sollozo. Andrew lo abrazó más fuerte. —Shhh, bebé, déjalo ir. No me importa. Sólo déjalo ir. —Lo siento tanto. —Suspiró Nathan, sus palabras se ahogaron cuando el llanto lo inundó. —Tú nunca debes sentirte apenado conmigo. —Andrew dijo firmemente—. Sé que es atemorizante. Tú has dejado todo. Pero todo va a estar bien, lo prometo. —¿Lo prometes? —Nathan preguntó con un temblor, y Andrew presionó un beso en la parte de atrás de su cuello.

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—Lo prometo. Podemos superarlo todo; sólo va a tomar un poco de tiempo, eso es todo. Andrew lo empujó contra la cama y se subió encima de él, apoyando sus rodillas a los lados del cuerpo de Nathan. Lo miró cuidadosamente, sus grandes ojos tenían lágrimas todavía pegadas a las pestañas. Dios, este hombre era todo para él, y finalmente estaba justo debajo de él. Quería tirar los cobertores por encima de ambos como lo había hecho la primer noche y esconderse del mundo en la cama para siempre. Nathan lo trajo hacia él y lo besó con ternura. Se besaron por largo tiempo. Besos suaves que significaban amor, consuelo y calidez, y nada más. Cuando las caderas de Nathan empezaron a presionarse contra él y entre los besos se oyeron pequeños jadeos, él se sentó. —¡Joder! No estaba seguro cuál de los dos lo dijo, pero estuvo de acuerdo inmediatamente. Andrew se movió hacia abajo, hacia los muslos de Nathan y miró al hombre acostado debajo de él. Nathan estaba duro de nuevo y había sido mucho tiempo, demasiado tiempo. Andrew no quiso perder tiempo jugando. Se inclinó hacia adelante y lamió el pre semen que estaba deslizándose por la punta, y metió la cabeza del pene dentro de su boca. —Oh, Dios, Andrew. —Los dedos de Nathan escarbaban el corto cabello de Andrew, sus caderas se levantaban. Andrew sacó su pene, ignorando las súplicas de Nathan. Hundió su cara entre sus muslos, lamiendo y besando la suave piel, chupando y haciendo rodar su saco y lamiendo el perineo. Nathan abrió más las piernas para darle mejor acceso. —Diablos, eres más hermoso que cuando nuestro primer encuentro. —La boca de Andrew se secó cuando vio la imagen delante de él. Empujó las piernas para apartarlas todavía más y miró. Nathan se sonrojó un poco, avergonzado de la flagrante admiración en la cara de Andrew, pero no había forma de confundir el sonrojo que se espació por su cuello y pecho. —¿Vas a sólo mirar o vas a hacer algo?

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—Sólo déjame ver lo que es mío. —Andrew dijo y se sentó sobre sus tobillos. Vio una gota de presemen deslizándose fuera de la abertura y cayendo por el glande. —Dios. —Suspiró y tomó la gota con su dedo y lo llevó a la boca de Nathan. El hombre más joven chupó el dedo y la sensación fue directamente al pene de Andrew. Andrew apoyó su cabeza sobre el pliegue del muslo de Nathan, lamiendo el sudor. Despacio volvió loco a Nathan con suaves lamidas y besos. Ellos tenían toda la noche. No iba a apurarse. Levantó la vista para ver a Nathan y lo vio tirado hacia atrás con un brazo sobre sus ojos. —Nate, mírame. —Le pidió. Nathan hizo lo que le pidió. —Quiero que mires. —¡Querido Dios! —La oración de Nathan cayó de sus labios cuando la boca de Andrew tomaba su pene— Andrew, por favor. Andrew sacó su pene de su boca y el obsceno sonido hizo gemir a Nathan de nuevo. —¡Jode mi boca! —puso sus labios alrededor de la protuberante cabeza del pene y esperó. Quería que Nathan tomara la iniciativa, que quisiera esto. —Andrew... yo... Andrew apretó sus manos en el culo de Nathan y lo trajo más cerca, sin soltar su pene. Las manos se enredaron en el cabello de Andrew y Nathan miró hacia abajo, a él, encontrándose con su mirada. Los ojos de Andrew estaban claros y firmes mirándolo. Nathan movió las caderas hacia arriba y Andrew lo tomó, eso parece que desató algo en él y estableció un ritmo constante jodiendo la boca de Andrew gentilmente mientras que Andrew trataba de llevarlo más cerca de él.

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Nathan estaba cantando una liturgia de “porfavorporfavorporfavor” hasta que estaba subiendo y bajando las caderas incontrolablemente. La saliva estaba corriendo por la barbilla de Andrew y casi no podía respirar pero no se iba a detener, no hasta que... con un estrangulado gemido, Nathan disparó dentro de su garganta. Andrew se tendió a su lado jadeando mientras Nathan se recuperaba de su orgasmo. —Eso fue... Cristo, Andrew... yo nunca, nunca... Andrew sonrió. Había sacado la capacidad de pensar coherentemente a Nathan Peterson. Se sintió malditamente satisfecho. Rodando hacia un lado Nathan lo miró, el pene de Andrew estaba duro y esperando contra su estómago. —Tócame. La voz de Andrew sonaba áspera, apenas podía hablar, pero su orden era inconfundible. Nathan tragó fuerte y se inclinó hacia adelante para poner una mano en la piel caliente sobre el corazón de Andrew. Se estremeció debajo de su toque. Se movió hasta que quedó alineado al cuerpo de Nathan y sus labios presionaron un beso contra el cuello de Nathan donde raspaba por su barba crecida, sintiendo el pulso debajo de sus labios. Nathan se estaba recobrando de su monumental orgasmo porque ya estaba medio duro de nuevo contra la pierna de Andrew. Quedaron trabados juntos por unos minutos, incapaces de hablar más allá de “así” y “ahora”. Nathan pasaba sus grandes manos sobre Andrew tomando sus tetillas con sus pulgares y deslizando sus dedos a lo largo de su firme pecho. —Dios. —Andrew estaba temblando bajo sus manos—. Por favor, Nate, quiero que me jodas. —Lo que tú quieras, bebé, —acordó Nathan.

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Nathan lo levantó y lo dio vuelta, empujándolo, con su cara contra la cama. —¡Voy a joderte, voy a llenarte tan duro que te voy a hacer gritar! —Un montón de palabras, Nate, pero nada de acción —Andrew dijo con voz ronca, presionando fuerte contra Nathan, su cuerpo suplicaba que Nathan hiciera algún movimiento. Sintió una mano de Nathan en su baja espalda, tocándolo, conociéndolo, y la otra mano empezó a trazar círculos sobre su agujero. Andrew no podía dejar de gemir y suspirar cuando los dedos de Nathan lo jodían lentamente. —¿Mejor? —Uh, huh. —¿Quieres que yo...? Andrew miró sobre su hombro. —Nathan, quiero ese enorme pene en mi culo en los próximos dos segundos. Nathan empujó hacia adelante, su verga abriendo el cuerpo de Andrew. —Oh Dios mío... —El deseo de Andrew creció mientras empujaba hacia atrás contra Nathan, su cabeza su cabeza cayó entre sus hombros—. Por favor, Nate, estoy cerca, tan cerca. —Volvió a presionarse contra el pene de Nathan, buscando alivio de la presión que se construía dentro de él. Las manos de Nathan se cerraron sobre los hombros de Andrew, trayéndolo hacia su pene, haciéndolo aullar. —Mi turno de joderte hasta hacerte gritar. —¡Dios, sí, quiero eso! —Rogó Andrew. La palmada de Nathan cruzó su culo, e hizo apretar fuerte el pene de Nathan, provocando siseos de parte de los dos. —Tú eres mío.

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—¿Lo soy? —Andrew lo miró sobre su hombro—. No digas eso si no lo dices en serio. —Todavía necesitaba esta reconfirmación. —Lo digo en serio. Tú eres mío, sólo mío. No va a haber ningún otro, nunca. —Nathan lo empujó contra el colchón cubriéndolo completamente. —Sólo tuyo. —Acordó Andrew. —No quiero a nadie más. —No más juegos ni noches en el club, nada. —Sólo tú, para siempre. —Fue un voto solemne. —Tú eres mío. —Nathan repitió. Él podría haber trazado una marca en el corazón de Andrew. —Siempre lo he sido. Y Dios, ¿ellos no sentían la presión del peso de los últimos siete años cuando sabían que eso era verdad? Nathan sacó su pene hasta que su cabeza quedó justo en la abertura. Andrew lloriqueó fuertemente por la pérdida. —Está todo bien, bebé. —Le calmó Nathan mientras acariciaba el lado del cuerpo de Andrew. —Por favor. —¡Mío! —Sus caderas se adelantaron mientras reclamaba su derecho. —¡Tuyo! —Como si hubiera habido alguna duda. Una de las manos de Nathan enfundó el pene de Andrew, sosteniéndolo firmemente. —Te amo, Andrew. —También te amo, Nathan.

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Andrew sintió a Nathan mordiendo su cuello, y presionó fuerte contra el ardor. —Quiero tu cuerpo, quiero tu mente, y te quiero cada minuto de cada día. —Tú no tienes que seguir pidiéndolo. Tú me tienes. —Andrew le aseguró y entonces encontró difícil respirar cuando Nathan gruñó: —No lo pedía. Por primera vez Nathan veía completamente claro lo qué el quería. Sin esconderse, sin culpa, sabía malditamente bien qué quería. Sus dedos se clavaron cruelmente en las caderas de Andrew, ambos gritando mientras golpeaba la próstata de Andrew una y otra vez. No fue una gentil forma de empezar su relación, eso vendría después. Este era una dura jodida y era lo que los dos necesitaban. El orgasmo de Andrew rompió dentro de él, sus bolas se tensaron dolorosamente y Nathan lo siguió después con una última y profunda estocada dentro de Andrew que les hizo gritar a ambos. Andrew movió sus brazos de manera que ambos cayeron a la cama, en un enredo de brazos y piernas, sudorosos por el esfuerzo y cubiertos de semen. Andrew se dio cuenta de que se olvidaron de usar un condón, una omisión estúpida, pero eso solo decía mucho de su estado mental. Obviamente lo mismo había pensado Nathan mientras llevaba la mano hacia abajo y tocaba su semen caliente escurriéndose de Andrew. — Ni siquiera pensé en eso. —Comentó. La mano de Andrew bajó y tomó la de Nathan, sus dedos se entrelazaron. —Quizás ambos debamos hacernos la prueba, sólo para asegurarnos. —Okay, —Nathan acordó—. No quiero nada entre nosotros. —Era una forma de atarlos juntos, sabiendo que no debía haber nadie más. Andrew se dio vuelta buscando la boca de Nathan, Se besaron, descuidados, torpes y desesperados dulces besos. Sintió a Nathan acostarse de espaldas y lo llevó con él para acomodarlo sobre su pecho, quedando al revés de como estaban antes. Se relajaron cada uno en los brazos del otro por unos minutos, pero Nathan podía, obviamente, sentir la presión presente en el cuerpo de Andrew.

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—Drew, ¿qué pasa? Andrew elevó su cabeza y apoyó su barbilla en el pecho de Nathan. No quería quebrar el momento, pero... —¿Vas a volver a dejarme? Nathan exhaló con aspereza, su alivio fue inmediato y ruidoso. — ¡No! Dios no, maldición no. —Sus brazos envolvieron a Andrew y lo apretó fuerte. Andrew tosió y él lo soltó—. Vine anoche aquí sabiendo que dejaba a mi familia atrás. Sabiendo que dejaba todo atrás. Andrew frunció el ceño y abrió la boca para hablar pero Nathan se le adelantó. —Sé qué es lo que estoy consiguiendo. A ti. —Su mano acarició la mejilla de Andrew y él hundió su nariz en su mano como Nathan lo hizo antes—. Tú eres todo lo que quiero. —¿Y tus hijos? ¿Tu carrera? Debe ser mucho más fácil permanecer como un hombre hetero y casado. —Él quería creerle, pero simplemente no podía. —Un bisexual, miserable, infiel hombre casado enamorado de alguien más, —corrigió Nathan—. Alex y yo lo superaremos, no somos la primera familia que se separa, y nosotros lo haremos funcionar. Soy un gran maestro y Skinner me prometió una buena referencia. —Fue una valiente declaración, pero Andrew pudo escuchar la preocupación por debajo de ésta. —¿Mucho ego? —comentó Andrew pero todavía estaba preocupado. —Tienes toda la razón. —Nathan tiró de Andrew así quedó totalmente encima de él, sus flácidos penes se rozaban sacando siseos del hombre mayor—. Te diré en qué más soy bueno. Andrew elevó una ceja. Obviamente decidiendo que las acciones hablaban mejor que las palabras, Nathan deslizó una mano detrás de la cabeza de Andrew y lo estiró hacia abajo. La sonrisa de Andrew quedó atrapada en su beso cuando

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sus labios de juntaron. El sonido de suaves besos llenó el aire y Andrew se perdió en el tacto y el aroma de su hombre envuelto alrededor de él. Por primera vez desde que conoció a Nathan, se sintió completamente en casa entre sus brazos. Nathan suspiró y el sonido quedó capturado entre ellos. Andrew lo empujó un poco. —¿Realmente estás bien, Nate? —No realmente. Sólo dame un poco de tiempo. Andrew asintió y se volvió a extender sobre él. No hubieron más palabras cuando ellos hicieron el amor otra vez, rígido calor contra las caderas, sudor y presemen haciendo más fácil el camino mientras se besaban, presionándose juntos mientras sus manos exploraban uno al otro, sus orgasmos casi por casualidad. La necesidad de la piel presionada contra la piel era lo que ambos hombres ansiaban. Pero para Andrew no era el sexo lo importante. Ni siquiera quedarse dormidos juntos, a pesar de que se enredaron apretadamente como si tuvieran miedo de dejar ir al otro. Para Andrew fue el momento que despertó por segunda vez y encontró a Nathan entre sus brazos, parpadeando adormilado mientras lo miraba, eso le dio el sentimiento de intensa felicidad envés del dolor que normalmente tenía cuando estaba con Nathan. —B’s días. —La voz de Nathan sonó suave y adormilada. —B’s días. —Andrew lo besó, y pasó una perezosa mano por su espalda. Andrew resopló y lo presionó más cerca, una pierna deslizándose entre las de Nathan, la suave fricción así como el fino vello de sus piernas los hicieron estremecer. —Apenas puedo creer que estés todavía aquí, —dijo Andrew, y su voz sonó amortiguada sobre el pecho de Nathan—. Pensé que te habrías ido cuando me despertara. Creí que lo había soñado todo. —No me voy a ningún lado. —Nathan le aseguró, sus brazos se apretaron alrededor de él—. No esta vez.

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Epílogo Andrew miraba a la pareja, notando las sonrisas que combinaban en sus caras mientras hablaban con Allison. El hombre la llevaba cerca de él, asegurándola a su lado, su pequeña silueta apenas le llegaba al hombro. Andrew notó sus anillos a juego en sus manos extendidas sobre el chato estómago de ella. Ella estaba hermosa, la felicidad le daba un brillo que había perdido hacía mucho tiempo. Andrew sacó otra botella fuera del cubo para cerveza del refrigerador, estremeciéndose por una gota de agua helada que corría por su brazo. Mirando el reloj de la cocina, silenciosamente brindó. Media hora más y entonces le habían prometido que podía escaparse. Saltó cuando un brazo se enroscó en su cintura, largas uñas brevemente se clavaron en su costado. —Se ven felices. —Stephanie dijo mientras observaban a los recién casados. —Ella luce radiante, —acordó Andrew mientras tomaba otro trago de cerveza. —Si así es. —Stephanie dijo suavemente—. Él ha sido bueno para ella. —Ella miró a Andrew con una mirada especulativa—. ¿Y tu? ¿Cómo estáis ahora? —Nosotros estamos bien. —La mayor parte del tiempo. Ella le dio una mirada de vamos. Él suspiró descuidadamente, sabiendo que no podía ocultarle nada a su ex-esposa. Stephanie lo conocía mejor que nadie, incluyendo a Nathan. —Él siente que es difícil estar tan lejos de los niños. Y justo cuando las cosas se empezaron a solucionar, van y nos tiran esta basura. Stephanie asintió. —Ella me dijo ayer. ¿Dos años, no? Y en Londres.

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—Dos años para empezar. Pero puede ser más tiempo. El último puesto de Evan duró casi cuatro años. —Andrew miró a Evan dar un paso atrás cuando Allison empezó a ondear su tablilla portapapeles. Alex había conocido a Evan poco después de que ella y Nathan se separaron. Él trabajaba para un banco de inversiones extranjero—. Nathan está bastante destrozado por esto. Todavía es más difícil ahora con Daniel en la escuela. Él necesita mantenerse en un lugar, no ir de aquí para allá entre ellos y nosotros. Por lo menos Colin era lo suficientemente grande para explicarle. Daniel no es tanto problema, pero Jessie no tiene idea por qué su papá continúa sacándola de la cama. Por lo menos Nathan y Alex se hablan ahora, más que a través de los abogados. Ella le palmeó la espalda con simpatía. —¿Y el nuevo trabajo de Nate? ¿Cómo le está yendo? Andrew sonrió. —Sí, gracias a Skinner. El nuevo director es un amigo. —Stehanie sabía de qué le hablaba—. Le dijo que mantuviera su cabeza abajo, no explotar su escuela, y jugar el rol de cariñoso padre por todo lo que vale. Ella lo miró burlonamente. —¿Y cómo explican tu presencia? —Compañero de cuarto. —¿Cómo te sientes acerca de eso? ¿Cómo se sentía? Lo odiaba. Era como volver a ser adolescente otra vez después de los breves años de libertad con Rich. Pero había una diferencia sustancial entre vivir solo y vivir con el hombre que era su todo, allí no había elección. Sólo se encogió de hombros. Ella lo conocía lo suficientemente bien para no tener que responder. Stephanie miró alrededor buscando una botella de vino. Era su primer evento de vecinos que podía volver a beber alcohol desde que había dado a luz otra pequeña niña. Él vio su mirada y se agachó para sacar una botella medio llena del mostrador que estaba detrás de él. —Aquí tienes. Tú mereces esto. —Dijo, llenando el vaso hasta el borde.

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—¡Dios, sí! Andrew observó divertido como la mitad del vaso se vaciaba en un sólo trago. —¿Joe está encargado de los alimentos esta noche? —Ella tenía sus manos llenas con dos pequeñas niñas menores de tres años. Stephanie sonrió, levantó la mirada hacia él un poquito desenfocada. —Joe está encargado de los alimentos todo el fin de semana. —Dijo triunfalmente—. Quiere ir contigo y con Nathan en eso de ‘fin de semana de chicos’ entonces tengo este fin de semana para mi, bueno excepto por esto. Mañana Alex y yo nos vamos al spa por un día de mimos sin niños. Andrew silbó aprobadoramente. —Bien por ti, Steph. Aprovéchalo al máximo. —Totalmente, querido. ¿Dónde está tu hombre? —Nate está jugando Mario Kart con Daniel, Colin y Jess. No estoy seguro de dónde está ahora. —Nunca vamos a poder separar a esos chicos ¿verdad? Él sonrió a su ex-esposa. —¿Daniel y Colin? Nunca. Ellos están unidos por la cadera. —Entonces su sonrisa se deslizó de su cara—. ¿Estás preocupada de que Colin no lleve muchas chicas a casa? Ella volvió a llenar su vaso antes de contestar. —Un poco. ¿Él no está demasiado interesado en chicas, no? —No. Pero tampoco se ve interesado en chicos. La única cosa por la cual se ve excitado es por cámaras y helado. Stephanie se encogió de hombros y dijo: —Se va a poner al día bastante pronto. Voy a amar lo que y a quien vaya a elegir. —De todas formas será más fácil si le gustan las chicas. —Dios, ¿cómo iba a enfrentar a su madre si Colin era gay también? —Basta de ponerte histérico por tu madre.

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Él la miró atónito. —Te conozco a ti y a tu madre. Más que eso, ella me conoce. Si dice alguna cosa fuera de lugar a mi hijo, Ruth nunca va poner un pie en mi casa de nuevo. —Pero... —Pero, nada. Ella no puede poner un dedo sobre él. Hey, ven aquí. Fue solamente cuando Stephanie lo trajo para un abrazo que él se dio cuenta que estaba temblando. Estaba en mitad de sus treinta y todavía le afectaba su madre. ¿Qué tan patético era eso? —Por lo menos sabemos que nuestro hijo nunca va atener que atravesar lo mismo que tuviste que pasar tú. Ella lo abrazó con fuerza unos minutos y luego lo empujó para mirarlo. —¿Estás bien? Él asintió y estaba apunto de hablar cuando Joe vino. —Por favor sálvenme de la papelera de Allison, —rogó Joe. Andrew decidió no apuntar que se estaba escondiendo detrás de una mujer por lo menos un pie más baja que él. —¿Qué es lo que hemos hecho mal esta vez? —Stephanie preguntó, arrugando el ceño. La nueva maternidad no hizo nada para aumentar su tolerancia hacia las mujeres controladoras. —La elección de baño de Bailey es inapropiado, —citó. —¿La perra se orinó en su césped? —Andrew arriesgó una respuesta. Ellos asintieron. Su perra rehusaba de plano hacer sus necesidades en su patio y esperaba por horas solamente para soltarlo, generalmente, sobre los buzones que encontraba en el camino si no llegaba al parque. La mayoría de los vecinos eran relativamente tolerantes, pero Allison objetó

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los hábitos de baño de Bailey y regularmente iba a quejarse a la puerta de los King. Andrew miró alrededor pero no pudo ver signos de la mencionada perra. —¿Dónde está Bailey? Vamos a llevarla con nosotros al parque. —Sí, está encerrada con Tyler y Ruby, escondiéndose de la papelera. ¿Hey, cuánto tiempo más tenemos que esperar para poder ir? —La mirada de alivio en la cara de Joe frente a la posibilidad de escaparse era palpable. El reloj de la cocina mostró a Andrew que tendrían que esperar otros diez minutos para que Allison dé tiempo a los hombres, niños y perros para ir al parque. —¿Crees que podemos ir ahora? —Murmuró Joe. —¡Oh, no! —Stephanie negó con la cabeza y tomó la mano de Joe en un firme agarre—. No me van a dejar más tiempo del necesario con esa mujer. Es una pesadilla. —¿Por qué no vienes con nosotros? —Sugirió Andrew, una malvada sonrisa colgaba de su boca—. No hay ninguna razón para que no puedas jugar al futbol también. Staphanie tembló delicadamente. —No gracias, querido. Muchachos pueden ir con los niños y los perros por un par de horas. Además es una tradición, ahora. Lo soportaré. Alex y yo podemos entretener a Allison por un rato para que puedan tener un descanso. —Momento de ir, Andrew. Nathan y Colin estaban llamándolos con las manos desde la puerta de la cocina, Daniel tomando la mano de su papá. Andrew pudo ver a Jim y Michael más un par de vecinos esperando impacientes, Jim tomó la pelota con una mano y una neverita con la otra. Andrew sonrió a Stephanie. —Tu reloj debe estar atrasado, — sugirió, ofreciéndole una inocente y completamente falsa expresión cuando lo miró con enojo.

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Joe rió disimuladamente y ella se volvió para mirar a su esposo. Andrew tomó la oportunidad para sonreír a su hombre. —¿Estás bien, amor? —Dijo moviendo los labios sin emitir sonido. Nathan asintió y levantó la mano libre, Andrew se unió a él y entrelazó sus dedos juntos. Nathan tiró de él para un abrazo por un minuto. La nariz de Andrew se aplastó contra la camiseta de Nathan. Inhaló profundamente, disfrutando del olor de éste hombre, el aroma del detergente y del gel de ducha mezclados con la esencia que era sólo Nathan. Tomó otra inhalación profunda y dio un paso atrás, sonriendo a su hijo. Su sonrisa decayó un poco cuando recordó la conversación que acababa de tener con Stephanie. —¿Está todo bien, papá? —Colin preguntó con una mirada desconcertada. A sus diecisiete, Colin era más alto que su padre, pero todavía más delgado. La fase gótica hacía mucho que había pasado y su cabello estaba suave y ondulado, más del color del de Stephanie que el de Andrew, pero sus brillantes ojos azules todavía eran como los de su padre. —Está todo bien. Vamos antes que ella nos detenga. —Despeinó el cabello de su hijo y lo empujó suavemente hacia la puerta. Nathan le dio una especulativa mirada. Andrew dijo con los labios. —Te lo diré luego. —Y él asintió. Tirando de la mano de Nathan impacientemente, Daniel dijo: — Vamos, papá, —y lo llevó con él siguiendo a Colin. A escondidas Nathan acarició el culo de Andrew y dijo: —Como los chicos dicen, Drew, “Mi chico y yo vamos a azotar sus culos”. —Como si pudieran, —Andrew se burló, apoyándose en la caricia—. Evan ¿vienes con nosotros? El nuevo esposo de Alex los miró sorprendido pero contento de recibir la invitación. —¿Dónde vamos? —Tú conseguiste una tarjeta de “salida de la cárcel” —se quejó su esposa, pero se veía satisfecha de que lo hubieran incluido, y entonces se movió en búsqueda de Stephanie.

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Los hombres comenzaron a caminar hacia el parque, Andrew y Nathan se desviaron para llevar a los perros. Siguieron a los demás a paso lento, mano con mano mientras caminaban, sin importarle quién miraba, sin importarle ninguna cosa excepto esta tarde bajo los rayos de sol con la compañía del otro y sus familias y amigos. Andrew no estaba solo. Él nunca estuvo realmente solo. Stephanie y Rich siempre estuvieron con él. Sólo que no se había dado cuenta. Ellos son todavía parte de él, lo que lo hizo el hombre que era. Y allí estaba su hijo, quien tenía una vida entera frente a él. Y ahora tenía a Nathan; el hombre del que se había enamorado hace años atrás, era el hombre en cuyos brazos se dormía y quien lo besaba cuando se despertaba en la mañana. Nathan levantó la vista y lo vio mirándolo fijamente y le guiñó un ojo, una mirada caliente y sensual que hacía que se le doblaran los dedos de los pies. Andrew le devolvió la sonrisa y caminó para unirse a ellos. Cuando se unía a su hijo y a su amante en un energético juego de futbol bajo el sol de la tarde, Andrew se dio cuenta que la canción estaba equivocada. La púa no volvía al principio de la canción. Sólo sigue tocando.

Fin

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Cr茅ditos Coordinadores del proyecto Zicaruth y Perversa

Traductores Yaniara Anaekha Alejandra Kafka Hensei Paqui Maya

Correcci贸n Wall

Portada y edici贸n Roskyy

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Nunca Nada Paso