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exámenes finales para los que empezar a estudiar, pero ya estaba bastante segura con tres de ellos, así eso tampoco estaba nada mal. Era sólo la idea de ver de nuevo a Tyler. Jana había llamado la noche anterior y había dicho que volverían esta mañana, así que él estaría en la oficina para cuando llegara a mi hora. No estaba segura de si iba a poder mirarle a los ojos. Pero quizás las cosas podrían volver a ser como eran antes, cuando él apenas me miraba al pasar por delante de mi escritorio. Era más fácil fingir entonces que no me atraía, y mucho más sencillo creer que yo no era su tipo. No sabía qué era peor, si la fantasía que nunca se haría realidad, o haber creído que podría encontrar atractiva a alguien como yo: una chica bajita, gordita y sosa. Estaba dirigiéndome hacia la puerta, con el bolso en el hombro, dándome prisa para llegar a tiempo de mi primera clase de la mañana, cuando sonó mi teléfono. Lo saqué del bolsillo, pensando que sería probablemente sólo alguien que llamaba por alguna factura o alguna otra persona con la que no tenía ganas de hablar. Pero era mi madre. “Mamá, estoy a punto de salir. ¿Puedo llamarte—“ “¡April, no te vas a creer lo que ha pasado!” Escuché a mi mi madre gritar en mi oído a más de dos mil kilómetros de distancia. “¡Alguien ha pagado todas las facturas médicas de Sam!” Me detuve en seco. “¿Qué?” “Alguien ha pagado todas sus facturas pendientes y ha creado un fondo para pagar los gastos futuros. ¿Puedes creerlo? ¿Quién haría algo tan generoso? Quiero decir, teníamos una deuda de miles de dólares por esas facturas, ¡y ahora no tenemos que preocuparnos por ellas! No sólo eso, sino que ese fondo nos va a permitir conseguir la nueva medicación sin problemas. Íbamos a tener que dejar de dársela porque el seguro no quería pagarla, ¡y ya no tendremos que hacerlo! Y le está ayudando...” Estaba hablando tan rápido que difícilmente podía seguir lo que me

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