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poder buscar las llaves en mi bolso. “Gracias por traerme,” dije, con un hilo voz que no era más que un susurro. “Cuando quieras.” Encontré las llaves y conseguí abrir la puerta a pesar de que me temblaban los dedos como una hoja de otoño en medio de una tormenta de viento. Empujé la puerta para abrirla y estiré la mano para encender el interruptor de la luz. El corazón me dio un vuelco. Las luces no se encendieron. No había pagado la factura y esperaba que me dieran otro par de días pero... supongo que no habían esperado. “¿Todo bien?” preguntó Tyler. Y aquello fue como echar sal sobre una herida abierta. No sólo no tenía electricidad, sino que encima lo había descubierto frente a mi jefe mujeriego y mil millonario. ¿Podría ir algo peor? “Sí,” dije, girándome en el quicio de la puerta para decirle adiós. “Gracias otra vez.” Sus ojos se desplazaron detrás de mi hacia el apartamento oscuro y luego volvieron a mi cara. “¿Estás segura de que estás bien?” “Sí, seguro. De verdad.” “La oferta de llevarte a cenar aún sigue en pie,” dijo, con una sonrisa seductora que iluminaba sus perfectos ojos azules. “¿Estás segura de que aún tienes planes?” “Sí, estoy segura.” Di un paso atrás y empecé a cerrar la puerta, pero puso el brazo contra la puerta para que no pudiera cerrarla. “¿Qué tengo que hacer para convencerte de que no soy un mal tipo?”

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