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Asentí, dejando caer los ojos encima de mi mesa. “Tengo un examen mañana y tengo que estudiar,” dije, lo cual era, en cierto modo, verdad. Tenía un examen al día siguiente, pero ya había estudiado, así que en realidad iba a tomarme la noche libre y a disfrutar de un baño caliente. Pero él no tenía por qué saberlo. Giró la cabeza ligeramente, recorriéndome lentamente con los ojos. De repente me sentí desaliñada con mi simple camisa blanca y falda negra. Mis manos se movieron automáticamente para alisar arrugas, pero entonces me di cuenta de que sólo estaba ajustando más el tejido contra mis generosas curvas, probablemente marcando michelines que sus citas normales estarían horrorizadas de encontrar en sus propios cuerpos. Tuve que obligarme a alejar las manos de mi cuerpo, dejándolas caer a los lados y luego cruzándolas sobre mi pecho mientras él seguía mirándome fijamente. “Nunca antes alguien había rechazado una cita conmigo,” dijo, con un ligero tono de sorpresa en la voz. Jana se le acercó por detrás. “Deberíamos irnos. El cliente está esperando.” Asintió, pero sus ojos permanecieron sobre los míos. Me sonrojé, y levanté la mano para quitarme de la mejilla unos mechones de largo cabello negro. Siguió el movimiento con los ojos y luego hizo algo parecido a asentir, ese tipo de gesto que los hombres hacen cuando están rechazando algo que, en primer lugar, no tenía ninguna importancia para ellos. Se giró de nuevo y comenzó a hablar algo acerca de colocación de productos con Jana. Pero justo antes de que doblaran la esquina al final del pasillo, me lanzó una mirada de nuevo. Y había algo en la expresión de su cara que me hizo preguntarme si habría perdido ya mi trabajo de todas formas. ¿En qué demonios estaba pensando? * * *

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