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No 1 Año 2

enero:

2007

Corre Lola, Corre: La Diáspora

Gordon Matta-Clark

TEXTOS: Isaiah Berlin, George Yúdice, Mario Roberto Morales, Roger Lindo, Alan Mills. LITERATURA: Orhan Pamuk, Pedro Geoffroy Rivas, Paul Celan, Horacio Castellanos Moya, René E. Rodas, Miguel Huezo Mixco, Marco Antonio Flores, Rosa Chávez. ARTES VISUALES: Gordon Matta-Clark, Romeo Galdámez, Raymond Pettibon, Ruta 06, Borderline Film Project. ENTREVISTA: Oriana Fallaci.


G

ordon Matta-Clark murió a los 35 años, sus intervenciones arquitectónicas duraron apenas seis años y, para colmo, ninguno de sus trabajos quedó en pie. Pero fue ésta, su aparente indiferencia hacia lo permanente, lo que después de su muerte en 1978 inspiró la leyenda: el furibundo James Dean de la escena del arte, el violento anti-arquitecto, el creador de la ana-arquitectura, el héroe de culto del downtown neoyorquino, el hijo del surrealista chileno Roberto Matta y el ahijado de Marcel Duchamp. Lo cierto es que Matta-Clark todo lo destruyó: cortó edificios, agujereó paredes, rompió ventanas y, según su amiga Joan Simon, también corazones.

blanco ynegro

Gordon Matta-Clark (1943-1978)


Corre Lola, corre: La Diáspora Monumento al Hermano Lejano

Toma 1

A

¡ ño nuevo, vida nueva para El ojo de Adrián que en este número estrena su nuevo formato en página web! Para aquellos que nos conocimos en anterior vida – en formato blog- será territorio familiar. ¿Lo nuevo? El equipo ha crecido y contamos con más ojos, sabiduría, sentimiento y manos para hacer el trabajo. Nuevas secciones llegan a enriquecer sus lecturas, desde literatura y arte de autores tanto clásicos como contemporáneos hasta las contribuciones de los blogueros más audaces de la región.

Toma 2 Del año 2 en este primer número aterriza en el tema de la migración o, usando el término acuñado por Horacio Castellanos Moya en los ochentas, “la diáspora”. La diáspora abre su espectro y cae sobre el exilio, sobre la memoria y la ausencia, el olvido y la nostalgia. Cae sobre un rostro múltiple aún por definir. “Almas remeseras”, les llama Roger Lindo en su recorrido por esa particular flora y fauna que les alimenta: guerras, maras, remesas y catástrofes naturales. Nadie se salva en el ácido texto del guatemalteco Mario Morales, ni los “colori-

dos” socialdemócratas radicalizados en el exilio, ni los indios latinizados. Romeo Galdámez nos muestra en su Diario en tránsito la suma de todas estas vivencias en un libro/objeto/caja/ maleta hecho en ese largo camino recorrido hacia lo que Alan Mills llama el “no lugar”; intentando encontrar, en palabras del poeta Miguel Huezo Mixco, la puerta que conduce al Paraíso. En “Los compañeros” de Marco Antonio Flores lo podrán ver: “Unos en tránsito, otros llegando, otros con tránsito y otros saliendo”. Orhan Pamuk viaja también, a un pasado que existe solo en la memoria de quienes sobreviven el inclemente presente. De los que quedan y se miran a sí mismos y a su entorno les hablarán los poemas de la joven Rosa Chávez. El poeta René E. Rodas nos confiesa en “Diario de invierno” - relato poético tan íntimo y vasto como una lágrima en el mar - aquello que sabemos de nosotros mismos, pero tememos reconocer: “Es tan pequeña mi barca. Y así frágil.” Toma 3 Corre.


Blanco y negro Gordon Matta-Clark (USA)

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Palabras de ultratumba Toño Salazar (SAL) Ilustraciones para Coplas de Juan Panadero de Rafael Albertí Pedro Geoffroy Rivas (SAL) De poemas del exilio

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Esperanto

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Pienso, luego existo

Paul Celan (RUM) Amapola y memoria

Fotografías en esta sección cortesía de Border Film Project

Isaiah Berlin (RUS) Ideas políticas en la era romántica

George Yúdice (USA) ¿Una o varias identidades? Cultura, globalización y migraciones Mario Roberto Morales (GUA) El alegre colorido del exilio Róger Lindo (SAL/USA) Diáspora, olvido y lava-lamps Alan Mills (GUA) A-1 53167 y la dimensión del acto

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creaCción de arte

Horacio Castellanos Moya Novela (SAL) De La diáspora René E. Rodas Poesía (SAL) De Diario de invierno Romeo Galdámez Artes Visuales (SAL) De Diario en Tránsito Grabados en formato de Libro objeto Miguel Huezo Mixco Poesía (SAL) De Migraciones Marco Antonio Flores Novela (GUA) De Los compañeros Rosa Chávez Poesía (GUA) De Casa solitaria

Editor Enrique Walden-Lagos editor@elojodeadrian.com Consejo Editorial J Pasos I Duncan W Whitman Coordinación Editorial La Monja Blanca Corrección de estilo El Marqués de Carabás Fotografía Tercer Ojo Diseño y Publicidad Comunicación Gráfica Todos los textos han sido autorizados para su publicación por sus autores, y pueden ser citados siempre y cuando se haga referencia a la fuente. Creación literaria y obras de artes visuales sólo podrán ser reproducidos con la autorización expresa de sus autores. Artículos sin firma son de exclusiva responsabilidad de El ojo de Adrián. infromación: contacto@elojodeadrian.com


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Terrae-motus Orhan Pamuk Novela (TUR) De El Estambul Raymond Pettibon Artes Visuales (USA)

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Diálogo de bípedos Oriana Fallaci (ITA) Oriana Fallaci por…

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La P 41 de Adrián Ruta 06: Intervenciones en el Centro Histórico Alexia Miranda Eduardo Chang Mayra Barraza Ronald Morán Sandro Stivella Rosario Moore

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Lo que el viento se llevó

Gabriel D. Lerman (ARG) Conversación en la Catedral Insensatez, Horacio Castellanos Moya, Tusquets. Miguel Huezo Mixco (SAL) Salarrué, inquilino del planeta Marte Exposición de arte Salarrué: El último señor de los mares, MARTE David Ocón (NIC) El muro Obra ganadora de Ernesto Salmerón en la V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano, MARTE Rodrigo Pérez-Nieves (GUA) El Ajbix Lectura de poesía de Humberto Ak´abal Jazmín Campos (SAL) ADN cultural… Serie radiofónica sobre la identidad salvadoreña, Radio Clásica NEO on film (SAL) Sobreviviendo Guazapa Próxima película de Roberto Dávila

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Bloga 8 Analog “El barbero” de Ernesto Soto Alta hora de la noche La masacre de El Despertar y la jornada de oración por la paz El Visitador Ministerios de “cultura” Ixquic Homenaje fallido Tierra de collares Kitchen Tim´s El Salvador Blog Four American churchwomen and a university in the same spirit

Cosas tan pasajeras Mis últimas lecturas : Siniavski, Solomon y Ginsberg Pluma libre Paradojas, murallas y mirillas

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Al infinito y más allá Música Fractal Words without borders FyG Editorres Estrecho dudoso Los Noveles.

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De rumores y risas La vencedora


Imágenes cortesía del Museo de Arte de El Salvador.

TOÑO SALAZAR Ilustraciones para Coplas de Juan Panadero de Rafael Albertí. (1897-1986)

Esta serie de dibujos titulada “Aleluyas”

fue preparada en 1949 por Salazar para la primera edición anónima de las Coplas de Juan Panadero del español Rafael Alberti. El poeta español, que había sido secretario de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, se encontraba en el exilio a raíz de la derrota de la República Española. Las “Aleluyas” son, probablemente, la muestra más depurada del trabajo de Salazar en la sátira política. Cuando las realizó, Toño Salazar estaba en

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Montevideo, exiliado también por el Gral. Perón por causa de las caricaturas que el salvadoreño le dedicó en publicaciones tales como Argentina Libre y Anti Nazi. Esta ilustraciones que presentamos aquí forman parte de la serie presentada en homenaje a Rafael Alberti en el Museo Reina Sofía, Madrid, en 2003, y que se exhibió en la retrospectiva de Toño Salazar titulada “Disparates”, en el Museo de Arte de El Salvador, MARTE, en 2005.

Obisporro a la Española


Con su esqueleto de gala, el Duque a Don Juan propala.

Hoy en la boca de Espa帽a

En la cola, un pistol贸n y una tibia por bast贸n, va don Paco el ferrolano pisando el solar hispano 2


Trenos del exiliado 1

Patria sin superficie,

hondura sólo, apretada raíz inacabable. Patria sin voz, mirada únicamente, eterna claridad, sonrisa pura.

Patria sin realidad, apenas sueño, dulce visión de vegetal violento.

PEDRO GEOFFROY RIVAS

Patria sin alegría. Dolor y otro dolor y más dolor y lágrimas de piedra.

Cuadernos del exilio

firme, pura, desolada, limpia.

(1908-1979)

Patria con esperanza,

Te me has vuelto volcán del pecho.

N

umerosas veces perseguido y exiliado, fue visto como un paradigma por los entonces jóvenes poetas de la Generación Comprometida… Un poeta desacralizador y vanguardista, religioso de religiones desaparecidas, a las cuales adopta como un hecho estético y parabólico. De la contraportada de

“Los nietos del jaguar” publicado por DPI.

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E

n la noche que envuelve su negrura alrededor del sueño a que me ciño, mientras mi corazón grita su duda mi patria peregrina va conmigo. Alejándome voy de dura tierra y hacia otra dura tierra me encamino mas latiendo en el fondo de la entraña mi patria peregrina va conmigo. Recio hijo que afila sus raíces y me succiona el sueño, decidido. Pugnando por nacer en mis canciones mi patria peregrina va conmigo. Y he de volver con ella en el instante del milagroso parto acontecido y que me la entregue plena. Mientras tanto mi patria peregrina va conmigo. Mañana cantaremos una nueva canción.

D

espués de tanta sombra, después de tanto llanto, después del amarguísimo quebranto que multiplica el sueño y el afán, después de tanta sangre derramada, por el dolor humilde y la pasión callada florecerán tus cardos Cuscatlán. Por la dura semilla que sus manos sembraron por el altivo sueño que soñaron, por los muertos que en tu cintura van, ya cumplido el anhelo, sosegado ya el grito, sobre tu ardiente suelo de granito florecerán tus cardos Cuscatlán. Levantado el recuerdo del Negro Farabundo, sostenidos por su fuego fecundo, sobre las altas llamas del volcán, junto a la sed de tu arenal sin nombre, por mi canción de niño, por mi llanto de hombre, florecerán tus cardos Cuscatlán.

Irá tu nombre en ella, niña patria del júbilo y la estrella. Diremos con el alma enardecida la canción de tu vida y nuestra vida. Repetiré, ya limpias de amargura, estas cosas que hoy digo con áspera ternura. En tus pintadas alas de chiltota levantaré hasta el cielo nuestra esperanza rota. Mañana cantaremos una nueva canción. Irá tu nombre en ella, niña patria del júbilo y la estrella. Mañana cantaremos una nueva canción.

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Algunas veces se llamaba Paul Celan.

De Amapola y Memoria PAUL CELAN (1920-1970)

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Cuando la soledad y el abandono lo llevaban a escribir poemas como los de Der Sand aus den Urnen (“Arena de las urnas”) o las cartas que le dirigió a la cantante holandesa Diet Kloos, o cuando traducía, en un campo de internamiento para judíos, los sonetos de Shakespeare. A veces utilizaba otros seudónimos o inventaba algunos para sus amigos poetas. El resto del tiempo era Paul Antschel, nacido, como Kafka en Praga, en el seno de una familia judía que hablaba alemán en la Rumania de los 1920. Un sobreviviente del holocausto, en el que murieron sus padres y sus propios sueños, y de cuya experiencia crecieron en él la intensa desolación y el desamparo de saberse solo en un mundo de seres humanos enfermos de maldad. Desolación y desamparo que lo llevaron a lanzarse a las aguas del Sena, en París, probablemente el 20 de abril de 1970. Paul Celan es una de las más representativas voces de la poesía Europea de la post-guerra.


Fuer te Bastión C

onozco la más vespertina de todas las casas: allí un ojo mucho más profundo que el tuyo espera ansioso. En su fachada ondea la gran bandera de la pena: su tela verde – no sabes que fuiste tú quien la tejió. Pero vuela tan alta como si no lahubieras tejido tú. La palabra de la que te despediste te da la bienvenida a la puerta y cuanto aquí te rozó, tallo, corazón y flor, se hospeda allí hace tiempo y nunca más te roza. Pero si en aquella casa te pones ante el espejo, te miran tres, te miran flor, corazón y tallo. Y aquel ojo más profundo bebe tu ojo profundo.

Quien se arranca el corazón del pecho en la noche, quiere alcanzar la rosa.

Suya es su hoja y su espina, a él le deposita la luz en el plato, a él le llena los vasos de aliento, a él le susurran las sombras del amor.

Quien se arranca el corazón del pecho hacia la noche y lo lanza a lo alto, ése no yerra el blanco, ése lapida la piedra, a él le suena la sangre del reloj, a él le quita su hora con un golpe el tiempo de la mano: él puede jugar con pelotas más bellas y hablar de ti y de mí.

Cristal No busques en mis labios tu boca,

ni ante la puerta al forastero, ni en el ojo la lágrima.

Siete noches más alto lo rojo va a lo rojo, siete corazones más hondo golpea la mano en la puerta, siete rosas más tarde murmura el manantial. 3


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Ideas políticas en la era romántica ISAIAH BERLIN

(1909-1997)

Al

Isaiah Berlín Filósofo político e historiador de ideas, considerado como uno de los más grandes pensadores liberales del siglo veinte. Nacido en Riga, entonces parte del imperio ruso, residió en Oxford Inglaterra la mayor parte de su vida. En 1979 recibió el Premio Jerusalem por sus ensayos sobre la libertad individual en la sociedad. Su discurso “Dos conceptos de libertad” ha informado desde entonces el debate sobre libertad e igualdad.

igual que la mayoría de las palabras que han desempeñado un papel importante en la historia de la humanidad, los términos “libertad humana” y “liberación” conllevan múltiples significados. Sin embargo, parece haber uno que es nuclear, central, mínimo, común a las diversas acepciones de la palabra, y que significa “ausencia de restricciones”. Más específicamente, ausencia de coacción por parte de congéneres específicos o sin especificar. Hay sentidos en los que la palabra “libertad” no se utiliza de esa forma, en los que resulta natural hablar del libre movimiento de las extremidades humanas, o del libre juego de la imaginación, o de liberarse del dolor, o de liberarse de los obstáculos de la vida. Pero cuando hablamos de libertad política esos sentidos parecen casi metafóricos y, a menudo, el intento de entrar en juego sólo ensombrece el asunto. Las pugnas de individuos, grupos o comunidades por obtener libertad por lo general se conciben como intentos de individuos particulares por destruir o neutralizar el poder que, poseído o

utilizado por algún otro individuo o grupo de personas, los limita para llevar a cabo sus propios deseos. Y el partido de la libertad, al contrario de quienes desean mantener algún tipo particular de autoridad -la de un monarca, la Iglesia, la aristocracia hereditaria, una compañía comercial, una asamblea soberana, un dictador, a veces disfrazados de agencias impersonales (“el Estado”, “la ley”, “la nación”), pero de hecho siempre conformadas por individuos, vivos o muertos-, está compuesto por personas que se oponen a una forma de restricción existente o en ciernes. Ellos mismos pueden estar en favor de alguna otra forma específica de autoridad digamos la de un cuerpo democrático, o una federación de unidades constituida de diversas formas-, pero no se los describe como amigos de la libertad en virtud de su apoyo a la forma de autoridad que favorecen. Aunque se han atribuido muchos significados a las palabras “libertad”, “libertario”, “liberal”, siempre tendrán una mayor o menor connotación de resistencia a lo que interfiere por parte de alguien -una persona o personas, y no cosas o circunstancias- en condiciones más o menos específicas. Este parece ser el sentido básico de la palabra “libertad” usada como término político, y el sentido en el que la esgrimen todos sus

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Ideas políticas en la era romantica / Isaiah Berlín

grandes paladines, en el pensamiento y en la acción, en nombre tanto de naciones como de individuos, desde Moisés y Leónidas hasta nuestros días. En épocas modernas, la fórmula clásica del ideal de libertad es fruto del pensamiento del siglo XVIII, y culmina en las celebradas formulaciones que de ella se hacen en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, y de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Primera República Francesa. Estos documentos hablan de derechos y, al hacerlo, se refieren a la invasión de ciertas áreas de la existencia -digamos aquellas que el hombre necesita a fin de asegurar la vida y oportunidades idóneas de felicidad; o para ser capaz de poseer una propiedad, o para pensar y hablar como lo desee, o para obtener empleo, o para participar en la vida política y social de su comunidad- y pretenden que la invasión de tales parcelas vitales se considere prohibida por la ley. En este sentido, la ley es un instrumento para prevenir usurpaciones específicas, o para castigarlas, si ocurren.

“se percibe que quienes hablan de libertad económica señalan un defecto genuino en una organización social que hace que los bienes materiales estén disponibles, en teoría, para aqu ellos que, en la práctica, no pueden adquirirlos.” Por tanto, la libertad política es un concepto negativo: exigirla es exigir que dentro de cierta esfera a un hombre no se le prohíba hacer lo que desee, es decir, que no se le prohíba hacerlo, 3

independientemente de que sea capaz de llevarlo a cabo o no. A un lisiado no se le prohíbe caminar erguido, aunque de hecho no pueda hacerlo. A un hombre sano tampoco se le prohíbe volar a la luna aunque, de hecho, no esté en posición de hacerlo. Sin embargo, no decimos que un hombre no es libre de volar a la luna, ni decimos que un lisiado no es libre de caminar erguido. Se han hecho esfuerzos para hablar de esta manera: se ha igualado libertad con poder. Por ejemplo, cuando se dice que la ciencia hace libres a los hombres es precisamente en el sentido de que incrementa sus capacidades técnicas para sobreponerse a los obstáculos que opone la naturaleza, y también, hasta cierto punto, para desarrollar su imaginación hasta que conciba opciones que sean más realizables que las de su ignorancia o incapacidad mental previas, o lo que su así llamado estrecho horizonte mental, le habían permitido practicar hasta entonces. Pero aunque estos usos de la palabra “libertad” son razonablemente familiares y claros, parecen, y con razón, algo metafóricos: el hecho de que yo no sea capaz de pensar en las distintas maneras de disfrutar que se le ocurren a una persona más imaginativa que yo no hace que yo no sea libre, en el sentido en que diría de una persona que me encierra en una habitación para evitar que yo obtenga una satisfacción que anhelo. Si soy incapaz de deshacerme de algún encaprichamiento obstinado o de una idée fixe, que me hace olvidar el mundo entero en la búsqueda frenética de un objetivo que me obsesiona, se me puede describir, sin duda, como “esclavo” de mis pasiones. Pero no soy un esclavo en el sentido literal de la palabra, y nadie me considerará un

esclavo en el sentido en que el Tío Tom era esclavo de Simon Legree. Ciertamente ambos casos tienen algo en común: hay algo que no estoy haciendo, y que podría hacer o haber hecho, pero el sentido básico o literal de la palabra “liberación” y de la palabra “libertad” parece asociarse a que la intervención deliberada de un ser humano es el obstáculo que me impide hacer esto o aquello, de perseguir mis deseos reales o “potenciales”. [...] En su sentido político y no metafórico, libertad significa la ausencia de interferencia por parte de otros, y la libertad civil define el área de la cual la interferencia de otros ha sido excluida por la ley o por un código de comportamiento, ya sea “natural” o “positivo”, dependiendo de cómo se conciba la ley o el código en cuestión. Esto puede ilustrarse de manera más amplia tomando los usos de la palabra “liberación” que se consideran correctos, pero un poco ambiguos en cuanto a su fuerza: por ejemplo, la celebrada frase “libertad económica”. Lo que querían decir quienes la acuñaron es que la concesión de libertades políticas o civiles -es decir, el hecho de levantar todas las restricciones a cierto tipo de actividad en cuanto concierne a la interferencia legal- servía de poco a quienes no contaban con los recursos económicos suficientes para hacer uso de tal libertad. Quizá no exista ninguna prohibición acerca de la cantidad de comida que puede comprar un hombre, pero si no tiene recursos materiales, esa “liberación” le resulta inútil, y decirle que es libre de comprar cuanta comida quiera es burlarse de su indigencia. A veces se dice que semejante


libertad “carece de sentido”, si la persona a quien le pertenece es demasiado pobre o demasiado débil para ejercerla. Y, sin embargo, quienes abogan por la libertad política sienten que existe cierto grado de injusticia en este argumento: el hecho de que la ley no prohíba comprar una cantidad ilimitada de comida, por ejemplo, es, según afirman algunos de ellos, una libertad genuina cuya suspensión constituiría un serio revés para el progreso humano. El hecho de que los pobres no puedan beneficiarse de esta “liberación” es análogo al hecho de que un sordomudo no pueda sacar gran ventaja del derecho a la liberad de expresión o del derecho a la libertad de reunión. Un derecho es un derecho, y la libertad es la libertad, independientemente de quienes puedan o no estar en la posición de hacer uso de ambos. Y, sin embargo, se percibe que quienes hablan de libertad económica señalan un defecto genuino en una organización social que hace que los bienes materiales estén disponibles, en teoría, para aquellos que, en la práctica, no pueden adquirirlos. Señalan que esas personas son tan libres para beneficiarse de las libertadas económicas como el propio Tántalo quien, rodeado de un mar infinito, es libre de beber toda el agua salada que quiera, porque no existe ningún estatuto que se lo prohíba. Pero quizás este dilema, como muchos otros argumentos donde ambos bandos sienten que dicen algo verdadero pero mutuamente incompatible, recibe su característica de paradoja de la inevitable -y no siempre deseable- vaguedad y ambigüedad de las palabras. La mera incapacidad de hacer uso de algo que los demás no evitan que uno use -digamos un defecto biológico o mental por parte del supuesto usuario,

o la incapacidad de alcanzarlo debido a alguna razón física o geográficaciertamente no se considera, como tal y en sí misma, una forma de falta de libertad o de “esclavitud”. Y si las reclamaciones sobre la ausencia de libertad económica fueran simples lamentos, en el sentido de que algunas personas dentro de la sociedad son, de hecho, insuficientemente ricas para obtener todo lo que necesitan a pesar del hecho de que se puede obtener legalmente-, eso no diferiría, en principio, de las reclamaciones sobre otras incapacidades. Describirlo como ausencia de libertad sería tan absurdo como decir que tener sólo dos ojos eo ipso constituye una ausencia de libertad para tener tres ojos o un millón de ojos, lo cual -después de todo- la ley no lo prohíbe. La admisibilidad real de la carga que el término “libertad económica” debe conllevar se deriva del hecho de que implica -sin afirmarlo siempre de manera explícita- que la incapacidad económica de los pobres no se debe meramente a factores naturales, ni a factores psicológicos o sociales “inevitables”, sino a la actividad -si no deliberada por los menos evitable, una vez que se la atiende- por parte de individuos, clases o instituciones específicas. El pensamiento que subyace en ello es que los ricos son dueños de una porción demasiado grande de las posesiones totales de la sociedad. Esta es la razón de que los pobres tengan tan poco y, por lo tanto, de que no puedan hacer uso de leyes que de hecho benefician sólo a los ricos. La implicación es que los ricos pueden actuar de manera voluntaria, o pueden ser forzados a actuar, de modo 3


Ideas políticas en la era romantica / Isaiah Berlín

tal que dejen de despojar a los pobres de los recursos que necesitan y querrían poseer si supieran que los necesitan, y que, según los paladines de la libertad económica, obtendrían en una sociedad que fuera más justa, es decir, en una sociedad administrada de manera distinta por quienes la organizan, aunque no en una sociedad que necesariamente fuera distinta física o psicológicamente, o diferente en cualquier otro aspecto natural de la sociedad actual, que es menos justa. Lo que le da fuerza a la palabra “libertad” en la frase “libertad económica” no es que establezca una exigencia para una capacidad faltante en materia de acción, sino que indica que alguien ha despojado a alguien más de algo que le pertenece por derecho. Si se la interpreta de manera totalmente explícita, en este contexto la expresión

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“le pertenece” significa por lo menos que la persona o personas así despojadas pueden describirse como personas que han sufrido alguna interferencia, que han sido despojadas, se han visto menoscabadas, en el sentido en que un hombre fuerte interfiere con uno débil, o en que un ladrón despoja a su víctima. De esta forma, “libertad” denota por lo general la ausencia de una coerción positiva, o la presencia de una restricción negativa, por parte de un grupo de seres humanos hacia otro. Los alegatos o reclamaciones de libertad a menudo se refieren a la clase particular de coerción o de restricción que, en las circunstancias específicas en cuestión, se dan para evitar que los hombres sean o actúen u obtengan algo que en

ese momento desean con fervor, y cuya carencia -para bien o para mal- atribuyen al comportamiento prevenible de otros. Ciertamente éste es el sentido clásico de palabras como “libertad” y “liberación”, en las que se denotaron los principios o “causas” en cuyo nombre -desde los albores de la civilización occidental-, los Estados, las comunidades y las Iglesias han luchado por conservar ciertas formas de organización contra la interferencia que proviene del exterior, no importa cuánto hayan creído en interferir en las vidas de los individuos dentro de tales conjuntos organizados; y, a su vez, los individuos han luchado contra la interferencia por parte de otros individuos o cuerpos, dentro o fuera de su propia comunidad, en un intento por


retener, volver a ganar o ampliar el área en la que podían cumplir sus propios deseos, sin una oposición efectiva por parte de otros individuos. La liberación es, en primera instancia, libertad contra algo; la libertad es libertad de algo. Al analizarlo, resulta que la libertad para hacer esto o aquello significa libertad respecto de las restricciones, libertad contra individuos que buscan interferir-el despejar un área contra la presión exterior-, implicando, pero no afirmando, el elemento positivo correspondiente: la existencia de deseos, ideales, políticas por parte de los seres humanos, todo lo cual no puede llevarse a cabo a menos que se cumplan las condiciones negativas necesarias para que se realicen, a menos que, de hecho, los seres humanos sean “libres” en su funcionamiento. [...] La libertad es un ideal sólo mientras está amenazada. Al igual que la guerra y la ciencia económica, su propósito esencial debería ser abolir las condiciones que lo hacen necesario. En una sociedad ideal, ésta no sería consciente de su necesidad de libertad. Porque la libertad es una mera garantía contra la interferencia y la necesidad de tener garantías sólo se siente donde existe la conciencia de esos peligros, para evitar aquello que los promueve. La lucha por la libertad es la lucha por crear una situación en que su nombre mismo se olvide. Pero éste es un estado ideal de las cosas, y muy pocos de los pensadores cuerdos, empíricos -de los cuales descienden en gran medida los liberales que los sucedieron- quisieron suponer que era algo que se pudiera obtener por completo en la práctica, en el sentido en que los verdaderos anarquistas -Godwin y Fournier; Stirner y Bakunin, y quizá, a veces, Condorcet- lo consideraron una

posibilidad completamente práctica, factible, que sólo necesitaba ajustar algunos de los fundamentos sociales para llevarse a cabo. Por esa razón se los relega justamente a la categoría de visionarios, maniáticos y excéntricos, a menudo talentosos y fascinantes, a veces profundamente influyentes, pero siempre demostrablemente trastornados. [...]

“indica que alguien ha despojado a alguien más de algo que le pertenece por derecho.” Ya sea que estén concebidos en los términos casi mitológicos de los auténticos creyentes en los derechos naturales -como Paine y Condorcet, y algunos otros, en todo caso, que se encuentran entre los padres fundadores tanto de la república francesa como de la estadounidense, o en formas más positivistas o empíricas, como lo hicieron Hume o Bentham o Mill, o dentro de la curiosa zona intermedia entre ambos, en la que algunos de los abogados y escritores constitucionales de la democracia parecían haber pensado-, para los liberales la noción de libertad sigue siendo no una meta positiva, como lo son el placer o el conocimiento, o la beatitud que buscan los sabios de Oriente o los santos de Occidente. Tampoco es una meta positiva como los deberes de Kant o los estados aprobados de mente y cuerpo de Hume. Sólo es el medio que debe emplearse para evitar que se frustren estas metas positivas: los hábitos políticos, con leyes para apuntalarlos contra fallas en casos individuales, que hacen posible el cumplimento del propósito favorecido.

Ser libre es no estar obstruido, es ser capaz de hacer lo que uno quiera hacer. Ser absolutamente libre es encontrarse en un estado donde nada puede oponerse a los deseos de uno: ser omnipotente. Ser absolutamente libre, en el sentido social normal, o en el sentido político de la palabra, tanto en la vida privada como en la pública, es no estar obstruido en los propios deseos por otro ser humano. Ser relativamente libre, en el sentido en que lo afirma Mill, es no estar obstruido dentro de ciertos límites precisamente establecidos, o más o menos concebidos con vaguedad. La libertad no es una palabra que denote un fin humano, sino un término para designar la ausencia de obstáculos -en particular, obstáculos que resultan de la acción humana para la realización de cualesquiera fines que los hombres pueden perseguir-. Y la lucha por la libertad, al igual que la lucha por la justicia, es una pugna, no por un fin positivo, sino por condiciones en que puedan llevarse a cabo esos fines positivos: es despejar un espacio que, sin los fines que vale la pena perseguir en sí mismos, permanecería vacío.

Extraído de Political Ideas in the Romantic Age: The Rise and Influence of Modern Thought, de Isaiah Berlin, editado por Henry Hardy, con una introducción de Joshua L. Cherniss (Londres, 2006, Chatto and Windus, Princeton, Princeton University

© The Isaiah Berlin Literary Trust 2006. Traducción: Laura E. Pacheco

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George Yúdice: estadounidense de origen salvadoreño; es profesor titular de American Studies, Español y Portugués de la New York University, donde dirige el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Es autor, entre otros títulos, de On Edge: The Crisis of Contemporary Latin American Culture, en coautoría con Jean Franco y Juan Flores (University of Minnesota Press, 1992); El recurso de la cultura (Gedisa, 2002) y Política cultural (Gedisa, 2004). Es, además, coeditor, con Jean Franco y Juan Flores, de la serie de libros Cultural Studies of the Americas.

¿Una o varias identidades? Cultura, globalización y migraciones GEORGE YÚDICE

Introducción

Para la gran mayoría de la gente, el

término «cultura» se refiere a la literatura, las artes plásticas, la música sinfónica y otras «artes cultas». Es un legado de los ministerios y otras instituciones públicas que en una primera instancia se dedicaron a crear la infraestructura de las artes de abolengo europeo. En su origen, en el siglo XVIII, se creía que este sentido de «cultura» –lo bello y lo sublime, según Kant– conducía al

individuo a la trascendencia, que para Schiller apuntaba a un ideal utópico más allá del arte mismo. El sociólogo francés Pierre Bourdieu mostró que esta acepción de «cultura» se refiere a los procesos mediante los cuales se produce la distinción: es decir, la reproducción de los códigos y las competencias estéticas que identifican al individuo como perteneciente a cierta clase social. Se trata de los efectos acumulados de la transmisión cultural asegurada por la familia y la escuela. Por otra parte, el folclore y la cultura popular son plasmados por el Estado en museos etnológicos y antropológicos y en colecciones de tradiciones orales, artesanales y fonográficas con el objetivo de representar la identidad nacional. Junto con el patrimonio, constituyen la esencia histórica de la nación. La cultura se refiere a procesos simbólicos que delimitan un adentro y un afuera jerarquizados. Este aspecto delimitador sigue siendo fundamental, aun luego del desplazamiento que la antropología ha operado en las acepciones esteticista y clasista. Para esta disciplina, toda colectividad

crea sistemas de símbolos y valores mediante los cuales se reproduce la pertenencia grupal (Geertz). Aun la definición de Raymond Williams de la cultura como un estilo de vida integral (2001) crea lo que Butler llama un «horizonte de inteligibilidad», dentro del cual se dan luchas interpretativas mediante prácticas más o menos institucionalizadas para establecer hegemonía (Gramsci). Lo que está en juego, entonces, es el establecimiento de fronteras: entre bárbaro y civilizado, entre proletario rudimentario y burgués culto, entre distintos estilos de vida. La cultura, además de ser trascendencia, enaltecimiento e identidad compartida, es también delimitación, que respalda jerarquías y relaciones de poder. Es mediante esta delimitación como la cultura tiene sus efectos constitutivos: identidad, conciencia, imagen, sentimiento de comunidad, etc. De hecho, son las delimitaciones generadas por presiones institucionales (familia, escuela, iglesia, museo, academia, psiquiatría, policía, seguridad nacional, etc.) las que contornean y dan una relativa estabilidad a la subjetividad, es 4


¿Una o varias identidades? Cultura, globalización y migraciones / George Yúdice

decir, a la conciencia que se dibuja en el entramado de delimitaciones. Bajtin explica que el comportamiento, y por ende las prácticas culturales, logra cierta consistencia cuando se estabilizan las circunstancias sociales. En las relaciones sociales más o menos estables se gestan géneros conductuales –en la interacción familiar, en los bares, en la calle, en los mercados, en las diversiones, ante las autoridades, entre hombres y mujeres, entre obreros y patrones– que organizan el flujo de la vida. Esos géneros conductuales –constituidos por estilos, gestos, registros, matices, sonoridades– son justamente los medios por los cuales los individuos se comportan colectivamente y delinean su interacción con otros, desde su posición de clase, etnia, género, edad, religión, etc. (Bajtin 1986, p. 96). En periodos de cambio o crisis, cuando entran en conflicto y se contradicen las presiones institucionales que mantienen las cosas y a las personas en su lugar, cultura y conciencia se hacen porosas y se experimenta ansiedad o esperanza ante la desfamiliarización / apertura de las posibilidades de acción. Así, se disgregan y transforman los géneros conductuales que mantenían el mundo social en su lugar.

Globalización y migraciones La globalización es uno de esos periodos. Hace quince años, Arjun Appadurai (2001) revolucionó los estudios culturales al proponer que la globalización opera una disyunción en los procesos de delimitación. «Los diversos flujos que vemos (de objetos, personas, imágenes y discursos) no son coetáneos, convergentes, isomórficos o espacialmente congruentes (...) las vías o vectores seguidos por estos 4


Las instituciones del Estado-nación ya no tienen la capacidad de delimitar esos flujos de manera que converjan en su espacio soberano. Difícilmente se controlan las divisas y el lavado de dinero; hay emisiones televisivas que comunican otras maneras de ser; chateos transnacionales que hibridan los géneros conductuales; penetración consumista; también, nuevas ideas y prácticas de seguridad y soberanía; y, desde luego, migraciones. La «salvadoreñidad» misma es hoy, como

sostiene García Canclini (1995), una coproducción transnacional: ¿cuáles son los nuevos ritmos (¿hip-hop?), estilos de vivienda (¿casas de dos plantas con antenas parabólicas?), comidas (¿hamburguesas?), tradiciones orales (¿corridos?), mercados (¿malls?), estilos sartoriales (¿cholos?) que constituirán el patrimonio que se legará a futuras generaciones? No se trata, desde luego, de una simple alienación producida por la interferencia de una «nación ajena», como antaño presentara Roque Dalton el problema en su poema «Cartita». En El Salvador, la guerra civil de los 80 y la globalización han trasladado la territorialidad de la nación al mundo imaginado de la diáspora. El concepto de diáspora, tal como se ha elaborado en los estudios afroamericanos, procura dar cuenta de la articulación de los pueblos afrodescendientes heterogéneos en una serie de prácticas que constituyen la base de una identidad coproducida a distancia, debido no solo ni primordialmente a una matriz originaria común (la patria), sino a las diversas maneras de imaginarla.

“otros factores condicionan la migración, entre los que figuran la creación de redes transnacionales (Menjívar; Rouse) y la teoría de la causación acumulativa” Diferentes formas de integración Las crisis (políticas, bélicas, económicas) generaron las migraciones, y éstas a su vez constituyen el factor que más ha incidido en la condición transnacional y diaspórica mencionada. En este

sentido, los salvadoreños no son una excepción; lo mismo se constata en el caso de los mexicanos, los dominicanos y muchos otros grupos de todos los continentes. En todos los casos, las migraciones responden a empujes y atracciones (push-pull), sobre todo de tipo económico. En las últimas dos décadas, sin embargo, se ha reconocido que otros factores condicionan la migración, entre los que figuran la creación de redes transnacionales (Menjívar; Rouse) y la teoría de la causación acumulativa: según ésta, cada acto migratorio altera el contexto social en el cual se toman decisiones posteriores sobre la migración, y esta alteración refuerza la probabilidad de que se repita el mismo flujo, pues se reducen los costos y los riesgos. Además, según una «nueva economía de la migración», las familias deciden colectivamente que uno de sus miembros emigre, maximizando y diversificando la fuente de ingresos (Arango; Massey). Más recientemente, se ha visto que los gobiernos latinoamericanos –entre ellos los de República Dominicana, México y El Salvador– han implementado medidas para que los migrantes puedan aprovechar los servicios sociales en Estados Unidos, para que las remesas sigan llegando y para que se abarate el costo del giro. En algunos casos, hasta se ha fomentado la participación política de los migrantes en el país de origen. Todo eso no se producirá sin alguna alteración en los patrones de integración al país receptor y en las relaciones sociales y políticas en el país de origen. Acaso la experiencia más importante para los migrantes latinoamericanos, además de la indocumentación que 4

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diversos fenómenos tienen diferentes velocidades, diferentes ejes, diferentes puntos de origen y fin, y diferentes relaciones con las estructuras institucionales en diferentes naciones, regiones o sociedades» (Appadurai s/f). Más concretamente, son cinco tipos de flujos globales que trenzan y retrenzan las «estructuras del sentir», esas experiencias sociales ligadas a la afectividad y la conciencia práctica que, formalizadas mediante los géneros conductuales, dan lugar a formaciones e instituciones culturales (Williams 1980, p. 155): paisajes étnicos (producidos por flujos de turistas, migrantes, refugiados, exiliados y guestworkers), paisajes mediáticos (flujos informáticos y de imágenes, producidos y diseminados electrónicamente mediante periódicos, revistas, televisión, cine, portales de internet), paisajes tecnológicos (la organización y producción tecnológica de empresas globales y nacionales y de agencias estatales), paisajes financieros (flujos de capital en mercados de divisas, bolsas, especulación, remesas), y paisajes de ideas (constelaciones ideologizadas de imágenes de democracia, libertad, cosmopolitismo, bienestar, seguridad, soberanía) (Appadurai 2001).


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sufre un alto porcentaje de ellos, sea su transformación en latinos estadounidenses, con todo lo que esto implica en términos de gestión de servicios, participación en la política estadounidense, relaciones interculturales con otros grupos latinos y no latinos e impacto en las relaciones intergeneracionales, sobre todo en lo que atañe a la identidad étnica y los patrones de consumo cultural. A pesar de la semejanza de experiencias e intereses, hay diferencias en la manera en que los diversos grupos migrantes se integran a la sociedad estadounidense. Los jóvenes salvadoreños, por ejemplo, son más susceptibles a sufrir separaciones de familia en el proceso de migración: primero migra uno de los padres y luego, cuando los niños ya llevan años siendo criados por sus abuelas o tías, se los separa nuevamente para mandarlos a reunirse con sus padres (Suárez Orozco, Todorova y Louie). Enajenados por este proceso, muchos buscan solidaridad en sus pares, en la calle. Un esclarecedor estudio del transnacionalismo político de colombianos, dominicanos y salvadoreños revela otra diferencia significativa: Guarnizo, Portes y Haller (2003) concluyeron que los dominicanos se involucran más que los demás grupos en la política formal de su país de origen, mientras que los salvadoreños tienden a participar más en acciones políticas no electorales – por ejemplo, a través de la membresía en asociaciones por lugar de origen y donaciones a proyectos comunitarios o a organizaciones caritativas en su país natal– mientras que los colombianos, debido al conflicto continuo en su país, tienden a distanciarse de la política. 4

Lo más interesante de esta comparación es el mayor involucramiento de los salvadoreños en los asuntos locales de su país. Ello confirma, desde otro ángulo, el fuerte impacto de la diáspora en la vida comunitaria salvadoreña. Este involucramiento tiene un posible efecto transformador que, con la excepción de Baker-Cristales (2004), todavía no se ha estudiado adecuadamente: la identidad étnica. En El Salvador, la expresión de la diferencia étnica no se ha visto favorecida, sobre todo luego de la matanza de 1932, en la que muchos de los que murieron eran indígenas. Sin embargo, en el resto de América Latina se ha fomentado una identidad nacional mestiza a partir de esa misma época. A esto se agrega que en EEUU la diáspora ha sido racializada tanto por su condición de migrantes como por su lengua y, en muchos casos, su fenotipo. Esto no es nuevo: la sociedad receptora siempre ha etnizado y racializado a los migrantes-obreros, desde los irlandeses de mediados del siglo XIX hasta los italianos y judíos de finales del mismo siglo. Y puesto que esa diferencia es funcional a su integración política, social y cultural, debe cundir hondo. En EEUU, las oportunidades y las discriminaciones se distribuyen según la etnización, que sirve como marco estructural de la expresión cultural. Como explican los Comaroff, la etnización es la «expresión cultural de la estructuración de la desigualdad» (Comaroff y Comaroff, citado en Baker-Cristales, p. 17)

Cabe observar que aun cuando los salvadoreños o cualquier otro grupo migrante latinoamericano se resista a


“La cultura... se ha convertido en el fundamento de toda demanda de reconocimiento y de recursos.” Es en relación con esa identidad demográfica, y ahora también de mercado, que los latinos logran ejercer la política y, hasta cierto punto, ascender en la escala social e institucional. Desde los 80, se institucionalizó el multiculturalismo en las escuelas y en un gran número de empresas.

Aunque todavía se encuentran algunas expresiones antilatinas –por ejemplo, el libro ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense, de Samuel P. Huntington 1, en la mayor parte del país se reconoce la diversidad: basada en la diferencia cultural, cumple su función en el entramado coyuntural integrado por un Estado benefactor que define a los clientes por grupo, un sistema mediático y de comercialización cuyo blanco son los consumidores, y las vías jurídicas asequibles para recusar la discriminación. La pertenencia cultural no se caracteriza únicamente por el conjunto de prácticas en que participa una comunidad específica, pues las relaciones con los otros y con las instituciones también demarcan el sentido de comunidad. Aquí se encuentran las bases sobre las cuales el impulso a la no normatividad sirve como medio para recobrar la solidaridad grupal. La cultura, entendida no solo afirmativamente sino también – lo que es aun más importante– como la diferencia grupal respecto a las normas omnienglobantes, se ha convertido en el fundamento de toda demanda de reconocimiento y de recursos. Desde esta perspectiva, y en la medida en que es posible afirmar que se posee una cultura (un conjunto distintivo de creencias y prácticas), también se tienen fundamentos legítimos para exigir el «empoderamiento» (Yúdice, pp. 76-77).

Salvadoreños o latinos La latinización de los salvadoreños se pone de manifiesto en el eslogan del Central American Resource Center (Carecen): «Sirviendo a la comunidad latina desde 1981». Se trata de una

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aceptar su asignación panétnica latina, todas las instituciones de la sociedad se la imponen (Oboler; Yúdice). A partir de los años 60, los latinos se constituyeron como una categoría demográfica anómala, que no se ajustaba a la dicotomía normativa entre blancos y negros. Esto ocurrió luego del movimiento en favor de los derechos civiles y la legislación de acción afirmativa, cuyo propósito era compensar las desventajas que las minorías racializadas sufrieron a lo largo de la historia. Entre los grupos originales designados para recibir esta discriminación positiva estaban los puertorriqueños y los mexicanoamericanos. A partir de la ley de 1965 que estableció cuotas de 20.000 personas por país de origen, los demás inmigrantes latinoamericanos fueron conformando, para las instituciones estatales y sociales, una sola gran panetnicidad. Lo mismo sucedió con los asiáticos y los afrodescendientes, mientras que todos los ciudadanos de origen europeo se convirtieron en blancos (aun cuando solo una década antes, algunos, como los italianos, todavía eran discriminados).


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institución que nació en ese año con el objeto de conseguir la amnistía para los refugiados que «la migra» (el Immigration and Naturalization Service, o INS) quería deportar. Hoy se ha convertido en una organización que defiende los derechos civiles, ayuda a que se asimilen los centroamericanos y latinos y capacita a sus líderes. Aun así, como indica Baker-Cristales, los líderes de organizaciones como ésta, muchos de los cuales se formaron políticamente en la lucha de clases en El Salvador, se dirigen a sus clientes no solo en términos étnicos, sino también de clase. Según esta autora, «la conciencia de clase no ha sido desplazada por subjetividades étnicas, más bien ambas se constituyen mutuamente, de manera que la movilización de clase toma la forma de una movilización étnica, y la subjetividad étnica tiene la impronta de la segmentación de clase» (2004, p. 29). Este fenómeno genera interrogantes: ¿repercutirá esta etnización entre los familiares que permanecen en El Salvador y entre aquellos que se están preparando para migrar? ¿Cómo incidirá esta nueva dimensión identitaria? Los latinos estadounidenses de origen mexicano, puertorriqueño y dominicano han reconocido identidades reprimidas en sus países de origen. Casi desde su inicio, el movimiento chicano se identificó con los indígenas de su entorno, en el sudoeste de EEUU. Igualmente, el movimiento de reivindicación nuyoriqueña, los Young Lords, insistió en su hermandad con los afroamericanos. Muchos de ellos, de extracción pobre, eran, de hecho, afrodescendientes, pero su identidad puertorriqueña reprimía ese aspecto. Los dominicanos, a pesar de tener un 4

gran componente africano, todavía no tienen una categoría racial oficial para reconocerlo: los de fenotipo afro son catalogados como «indios». Por razones históricas, los únicos considerados realmente negros son los haitianos. Fueron los dominicanos residentes en Nueva York, a menudo tomados por afroamericanos, quienes comenzaron a reconocer su africanidad, para luego exportarla a la República Dominicana, lo que desató debates y tensiones. ¿Podría pasar algo semejante en El Salvador? ¿Habrá solidaridad entre los etnizados en EEUU y el movimiento indígena reemergente en El Salvador? ¿Se buscará poner en valor al «indio», ya no según los patrones de reconocimiento de la diversidad cultural, que corre el peligro de folclorizarse, sino también para reclamar reparaciones por las violencias y desalojos históricos? No hay que olvidar que en el contexto estadounidense la diversidad cultural está marcada por el consumismo, fenómeno que tiende a despolitizar a los grupos etnizados. No sorprende que el gobierno salvadoreño apoye las migraciones y que muchos las aprueben, si se tiene en cuenta que la mayor exportación nacional es la de gente. Los más de 2.000 millones de dólares en remesas –la principal fuente de ingresos al PBI de El Salvador– impulsan esta transnacionalización. Pero las remesas no son solo económicas; también son sociales (Levitt) y culturales (Flores). Ya se señaló que la diáspora salvadoreña se involucra en proyectos comunitarios y en filantropía en sus comunidades de origen, pero no todos los resultados son positivos. Como explica Marroquín

(2005), las remesas «cambian el rostro de la localidad y crean una nueva marca, una nueva seña de identidad. Los que viven en los municipios con mayor población migrante saben dónde está la línea divisoria entre el nosotros y los otros, y ahí se colocan». Una vez más, vemos cómo se van instalando las nuevas delimitaciones que contornean la subjetividad al crearse nuevas maneras de lucrar y de ser pobre.

“¿La globalización ha dado un nuevo giro al conflicto social? ¿La violencia se ha culturalizado?.” La otra gran remesa social y cultural son las maras, los pandilleros salvadoreños de Los Ángeles, deportados a su país de origen y colocados en una realidad que apenas conocen, como se puede apreciar en la película Homeland (Scott). Hijos desatendidos mientras sus padres trabajaban, buscaron una comunidad entre las pandillas chicanas y luego formaron sus propias maras, con sus propios criterios de valor y de reconocimiento. Las maras se fueron reproduciendo en todos los barrios de bajos recursos, sin esperanzas de trabajo, en un país en que la única oportunidad para el pobre es entrar en la maquila o migrar. Llegaron a EEUU como roqueros de cabello largo y volvieron rapados al estilo cholo y tatuados con las consignas de la Mara Salvatrucha y la Mara 18. Sarah Garland (2004) explica que las maras se hacen eco de las demás redes migrantes, transnacionalizando sus señas de identidad e intercambiando información acerca de las actividades de cada «clica». Tienen sus propios sitios


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en internet e intervienen en debates y chateos. Garland se pregunta si las maras de El Salvador son la nueva cara de un conflicto centenario entre las elites y los pobres, o si la rivalidad entre ellas es una señal de que las luchas políticas tradicionales de clase se disolvieron con el final de la guerra civil. ¿La globalización ha dado un nuevo giro al conflicto social? ¿La violencia se ha culturalizado? La violencia en que se gestan las migraciones y las maras confirma la idea de Walter Benjamin de que todo acto de cultura es a la vez un acto de barbarie. La globalización, así como la modernidad, es un Jano bifronte: por una parte, constatamos la enorme creatividad organizativa y solidaria de migrantes y maras, su hipercreatividad estilística; por la otra, la creatividad de unos se orienta al consumismo y la de los otros a la delincuencia.

Reflexiones finales Se requiere entonces de un nuevo abordaje de la relación entre migraciones, cultura y globalización. Hasta ahora, las estrategias para manejar las migraciones han sido económicas. En cuanto a las maras, se aplicó una política de mano dura que exacerba el problema y desperdicia la energía creativa de los jóvenes, su espíritu de solidaridad y su recreación de comunidad, con la que buscan ampararse de la violencia de la sociedad. En otras sociedades, empieza a articularse el asociacionismo con la creación de nuevas oportunidades, sobre todo en actividades culturales, para la reducción de la violencia. Se trata de una política cultural integrada, transversal,

que reconoce la relación entre seguridad y cultura, o entre migración y cultura. Esto indica que es necesario repensar la separación entre los distintos ministerios y áreas de gestión –hacienda, inmigración, empleo, salud, seguridad, turismo, cultura– a la hora de diseñar las políticas públicas. Es necesario, sobre todo, repensar la manera en que la cultura ha sido institucionalizada en ministerios y secretarías y la forma en que se viene enseñando (si se enseña) en las escuelas. Hoy se empieza a comprender que la cultura es más que un conducto de trascendencia o de identidad nacional y que permea todas las otras esferas de

la vida social: una fiesta puede servir para la cohesión social local y, a la vez, generar empleo e ingresos. Se necesita moderar los efectos disgregadores de la comunicación globalizada, sobre todo la televisión, que disemina enlatados chatarra desde la vacua industria audiovisual estadounidense. Para ello, es necesario implementar políticas públicas que contribuyan a la sostenibilidad de estos recursos culturales. Este ensayo formó parte de una contribución al capítulo «Migraciones y diversidad cultural: al encuentro de un nuevo nosotros» del Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2005: Una mirada al nuevo nosotros. El impacto de las migraciones, PNUD, San Salvador, 2005.

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El alegre colorido del exilio

MARIO ROBERTO MORALES

Escritor, académico y periodista nacido en Guatemala en 1947. Es doctor en literatura y cultura latinoamericanas por la Universidad de Pittsburgh y actualmente trabaja en el Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad del Norte de Iowa. Premio Centroamericano de Novela (Guatemala, 1977) por Los demonios salvajes, y Premio Latinoamericano de Narrativa EDUCA (Costa Rica, 1986) por El esplendor de la pirámide, en ensayo ha publicado: La cultura de la violencia (1977), La ideología y la lírica de la lucha armada (1993) y La articulación de las diferencias o el síndrome de Maximón (1999).

El

exilio suele ser evocado con nostalgias de altos vuelos por parte de quienes han tenido la oportunidad de experimentarlo; hablan de soledad, de xenofobias padecidas, de amores con hermosas extranjeras casi a contrapelo de una increíble voluntad consagrada a la acción “por el bien de la patria”, y de nostálgicas sesiones espirituosas con los compatriotas venidos a menos en el país en el que les ha tocado en suerte sufrir “la lejanía del terruño”. Pobrezas que luego se recuerdan entre risas de satisfacción por la intensidad de lo vivido; olvidos pasionales y “traiciones” por parte de la persona amada debido a que ha entrado a operar aquél axioma según el cual el amor de lejos es de... Y en fin, la ingratitud de los propios correligionarios políticos en el exilio, las aserradas de piso entre cuñas del mismo palo, el deseo y posesión de la mujer del prójimo, las puñaladas traperas de las cónyuges de esos prójimos que hallaron en otro exiliado la comprensión que nunca se hubieran atrevido a aceptar si no es en los ámbitos liberadores del destierro; el súbito darse cuenta por parte de hombres felizmente casados de que sus esposas no los comprenden pero sí una joven militante fogosa; esos repentinos encuentros consigo mismo que gracias a no estar “en el país” algunos patriotas furibundos suelen experimentar, atreviéndose entonces a mostrar inclinaciones políticas, religiosas o afectivas que en “el país de origen” permanecían convenientemente refundidas en el archivo mejor protegido del disco duro y que ahora parpadean “en pantalla” en el más avanzado Word Perfect 6. Y bueno, la inusitada conciencia sobre la belleza y la complejidad del propio país gracias a “la distancia” que el doloroso exilio impone sobre los “mejores hijos de la patria”,

hace presa de los exiliados y los induce a añorar su país según la máxima dariana sobre que “si la patria es chica, uno grande la sueña”. Por eso los exiliados comienzan a pensar su país según las ventajas de París pero sin la neura de los parisinos, y lo mismo ocurre con México y el esmog, con Estados Unidos y el estrés, y hasta con Costa Rica, donde la paz se gana a los más violentos exiliados haciéndolos reflexionar en que después de todo quizás fueron muy duros con sus enemigos y que tal vez se merecen ese exilio que, bien visto, comporta inmensas ventajas si uno es capaz de “asimilar las adversidades” y “aprender de los propios errores”. El exiliado tropieza a cada vuelta de esquina con emociones que jamás hubiera vivido de no haber sido por la “traumática experiencia” en la que de pronto se encuentra inmerso: sin que lo hubiera soñado, en el extranjero se le comienza a ver como representante de su país y como un ser de elevadas cualidades que su condición misma de exiliado confirma sin más. Asimismo entra en contacto con “personalidades” homólogas de otros países y, al acceder a un estatus que en su país jamás hubiera llegado a tener, comienza a hacer del exilio el mejor ámbito de su condición humana y -por qué no- de su sobrevivencia. Los más listos y menos escrupulosos (casi siempre coinciden estas dos cualidades) logran relacionarse con agencias de cooperación internacional y, articulando proyectos a partir de la solidaridad con su pueblo -con la “justa lucha del pueblo” tal y tal-, se convierten en verdaderos beneficiarios de otros exiliados menos colmilludos que van llegando después al país anfitrión, y también de su propio país como totalidad, puesto que en 4


foros internacionales y publicaciones diversas denuncian hasta la saciedad las injusticias que nos les permiten a ellos disfrutar de los soleados cielos de la patria y del calor de la familia. Así, estos exiliados célebres montan institutos de investigaciones, comités de solidaridad, asociaciones de viudas, madres o hijos de desaparecidos, torturados, perseguidos, etc., y, para el efecto, se las arreglan para tramitar su condición de funcionarios de Misión Internacional con las exenciones que tal condición implica (automóvil, menaje de casa, impuestos de aeropuerto, etc.). Los exiliados menos colmilludos y, por ello, menos exitosos, se refugian en el sueño de una “patria liberada”, a contrapelo de todas las perestroikas y las derrotas estratégicas y de la corrupción de los dirigentes y el bajísimo perfil del comandantismo. Entonces descubren vocaciones literarias y se lanzan a escribir dolientes poemas sanguinolentos, pasquines editados en McIntosh y a visitar a los colegas del exilio para levantar ánimos y expresarles que la lucha sigue y que la organización está experimentando un repunte a pesar de la inclemencia del enemigo. Otros, más agudos, han abandonado todo tipo de vinculación militante y aceptan desempeñar trabajos variados que van desde correcciones de pruebas y traducciones (cuando el exiliado habla inglés) hasta interinatos en las facultades de ciencias sociales e incluso labores de habilidad manual (si el exiliado no ha tenido la suerte de ir a la universidad). Las becas son otro expediente para este tipo de exiliado, pero tienen la desventaja de que son manejadas por los colmilludos, quienes les exigen un porcentaje “para la lucha” o les condicionan la ayuda a que escriban 4

u organicen actos conmemorativos según la línea de la organización. El “duro pan del exilio” se suaviza considerablemente para aquellos que deciden quedarse a vivir para siempre, sin sueños ni triunfalismos ni frustraciones, en el país anfitrión, y para los que deciden regresar a la patria que los expulsó en su oportunidad. Aquellos se acuerdan de vez en cuando de algún platillo favorito y estos vuelven renegando del atraso ideológico de la población. Entre estos, unos no aguantan lo que siempre aguantaron antes de salir al exilio y se vuelven a exiliar esta vez por su cuenta, y otros se quedan para adocenarse o para reincidir en su aficiones políticas, cuestión esta que les depara ya no el exilio sino el final de sus días. Otros aún, se asoman y esperan con el corazón en la mano a ver de dónde, si de la izquierda o de la derecha, les viene la invitación a salir (porque han sido críticos de ambos bandos), y escriben para “ensanchar la sociedad civil” y “consolidar el proceso de democratización”, viendo a ver hasta cuando podrán hacerlo. Como no se trata ahora de hablar sobre quienes se han quedado en su casa y se han perdido la experiencia del exilio, no diremos lo que los exiliados piensan de ellos, toda vez que encontrarlos después de diez o quince años les provoca fuertes sentimientos de lástima por el atraso y la inconciencia en que los hallan. Eso refuerza la imagen de superioridad que el exiliado tiene de sí mismo y del limbo que se ha inventado para vivir sus fantasías. Con todo, el exiliado se aferra de ahora en adelante a su experiencia de destierro porque de ella depende ya la integridad de su ser social e individual. El exilio, dice Cioran, tiene sus ventajas.

Y en el trópico éstas son más coloridas, como hemos podido ver. Pero aparte de su colorido, es imprescindible desarticular los mitos de la izquierda por el lugar que mejor permite partirlos. No sólo el exilio es susceptible de tal operativo. También lo son todos los términos de la ya esclerótica retórica que con lujo de necrofilia invita a la victoria o a la muerte, a la sangre y al sacrificio, etc., mientras en la práctica cunden mecanismos como el centralismo, la intolerancia y el incondicionalismo, en detrimento de la democracia, el diálogo y el disenso. ¿Cómo no van a


exponerse los mitos de la izquierda al refrescante sentido del humor? Sólo pasando por la crítica de la práctica de la izquierda pueden sus principios aspirar a tener una continuidad vigente, actuante, renovada. Lo demás es dogma, fanatismo... y, claro, debilidad política, raquitismo ideológico.

Con todo, el exiliado se aferra de ahora en adelante a su experiencia de destierro porque de ella depende ya la integridad de su ser social e individual. Más colorido y más exilio (a petición general) La más insidiosa patología del exilio es la del sectario culposo. Se trata del pobre individuo que, al haber sentido pasos de animal grande en su país y haber pedido a gritos que lo dejaran huir para salvar su angustiada existencia, ha visto exacerbada su culpabilidad cuando ha constatado que salió antes de tiempo, que la gloria de los que se quedaron en el terruño o debajo de él crece y se multiplica en las conciencias extranjeras como heroísmo forjador de la historia patria, y que los exiliados que van llegando después de él al país anfitrión han protagonizado con valentía los desenlaces de la película que él no se atrevió a presenciar (no digamos a protagonizar) hasta el final. Este individuo se ve torturado por un sentimiento de culpa que puebla y corroe todos sus espacios afectivos y, por lo general, busca una individua que padece la misma patología y juntos comparten la pena enfermiza de no estar muertos, mientras secretamente dan gracias a un Dios asimismo secreto

por permitirles disfrutar de la lujuria de la vida. Los exiliados colmilludos se apoderan de estas malas conciencias para sus aviesos fines y los hacen convertir su culpabilidad en feroces actitudes sectarias de gendarmería ideológica; estos son los sabuesos de los exiliados de salón, los que les hacen el trabajo sucio: la administración de las becas, el levantamiento de calumnias sobre otros exiliados que profesan otras lealtades y otros sectarismos, los actos de solidaridad, las hurañas relaciones con los ingenuos del país anfitrión que se prestan para colectar fondos que luego sirven para que, en parte, los colmilludos se diviertan y, en fin, la reproducción -por culpabilidaddel mito según el cual quienes se han quedado peleando son los héroes y quienes salieron al exilio no merecen ni siquiera morder el polvo de sus botas; los colmilludos son los intermediarios entre los desdichados mortales y los dioses (llamados “cuadros estratégicos”), que son quienes les dan línea a los héroes y a los intermediarios: a estos “habilitadores” de las malas conciencias. El sectario culposo se consume como una vela en el exilio y sólo se alimenta del limbo fantasioso en el que su sacrificio expiatorio se equipara ilusoriamente un poco a los sudorosos esfuerzos de los combatientes. Vana ilusión, inútil fantasía que lo sume en la depresión, el alcoholismo y la marihuana, estupefacientes que asume con la misma culpa que ya lo constituye emocionalmente. Y allí vive, en un área residencial; y fuma y languidece y se mantiene pendiente (como el ahorcado) de las noticias de la patria, y las vive y las transforma fantasiosamente y sufre y bebe y grita y llora y se consuela de la mejor forma que le es posible con alguna turista nórdica en busca de un

sentido para su existencia. Otra especie interesante que se reproduce en los ámbitos del exilio es el socialdemócrata radicalizado pero diplomático. Esta especie se subdivide en infinitas variantes. Está por ejemplo el individuo que, luego de pertenecer a partidos de la mencionada tendencia política, ha salido del país y, ante el triunfalismo de la izquierda radical, ha creído que de veras esa gente va a ganar el poder; entonces se une a ellos en calidad de mandadero internacional (e incondicional); en esta especie caben profesionales universitarios que se montaron al carro de la política porque creyeron que el paseo en el exilio sería de uno o dos años y que luego volverían triunfantes a la patria. Al quedarse indefinidamente afuera, se han apoderado de instituciones civiles de solidaridad, becas, denuncia, cultura, etc., y son los exiliados colmilludos que lucran gracias al estado de catástrofe que se vive en su país; es más, sin ese estado, les hubiese ido muy mal en la vida. En esta especie se clasifican también a escritores laureados por componenda, artistas y sociólogos improvisados o no, y a las esposas de especimenes que se dedican a organizar grupos de mujeres “por la paz” o “por la democracia”, etc. Una especie nefasta del exilio es la de los indios ladinizados que con lujo de arrogancia acomplejada (ladina) se hacen fotografiar por la prensa nórdica en afiches enormes o dirigen agrupaciones étnicas a cuyos componentes hacen cantar versos que aluden a la imaginería de los libros precolombinos, aunque en secreto canten las viejas pero buenas de José Alfredo Jiménez. Son insufribles y sufren mucho porque los exiliados 4


ladinos no los hacen sentirse ladinos, y los indios de su tierra ya nos los consideran indios. ¿Que qué piensan los exiliados descritos de quienes se quedaron en casa? Piensan que son exponentes de un bizarro tipo de heroísmo: el del miedo sostenido, el del silencio asumido, el del terror sonriente y desconfiado, el de la estupefacción pasiva y... para qué decir más. Si hay quien todavía piense que los mitos de la izquierda no deben ser tamizados por el humor y por la crítica, y que, por el contrario, deben seguir siendo solemnizados para beneficio de los exiliados de salón, de plano se trata de alguien que se interesa en que no se devele ni se humanice la política para que su práctica siga siendo un asunto de elites; aunque esas elites se hayan echado encima la menuda tarea de llevar a sus pueblos a la victoria y de cambiar un mundo que, aunque a las masas les guste, está mal hecho y no les conviene porque ellos poseen el tesoro de la ciencia y la virtud del espíritu de sacrificio y saben lo que a los demás les conviene aunque los demás no lo sepan. Ante consignas como “patria libre o heridas leves”, se les retuerce el hígado. Y últimamente se han quedado como patriarcas en otoño: solos en el limbo de sus recuerdos. Envejecidos prematuramente por el paso inmisericorde de la historia, se dedican a calumniar, a amenazar y a bloquear la vida de quienes les dicen sus verdades peladas. Ah, los exiliados... No quise hablar de los que están en los campamentos fronterizos ni de muchos otros que logran mantenerse sanamente alejados de la podredumbre y el usufructo de la condición de exiliado. Sólo quise 4

hablar de los otros, de los coloridos. De los que se merecen que se hable así de ellos, para acabar de una vez por todas con el mito del exiliado sufriente y conmiserado, pues este no es más ni es menos que cualquier otro ser humano con problemas y con alegrías. Mi blanco no es el exilio ni los exiliados como tales, es la mitología del exilio que les sirve a los colmilludos para seguir cosechando dividendos en nombre de principios frente a los cuales no pudieron actuar con consecuencia. Esos que en lugar de argumentar en contra de estas líneas echarán a rodar feroces calumnias, satanizando la crítica y evadiendo cobardemente la autocrítica.

San José (Costa Rica)-Ciudad de Guatemala, 1992.


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Diáspora, olvido y lava-lamps lava-lamp RÓGER LINDO

Poeta y periodista nacido en El Salvador en 1955. Publica en 1998 su libro de poemas Los infiernos espléndidos y recientemente incursiona en novela con El perro en la niebla editado por la española Editorial Verbigracia. Desde 1991, vive en Los Ángeles y trabaja como periodista en el diario La Opinión, el periódico en lengua española más importante de Estados Unidos.

Imposible

olvidar las cinco largas horas que pasé en un viaje de retorno en avión (el retorno de los expatriados ocurre en dos sentidos: retornamos cuando nos dirigimos al terruño, pero también cuando regresamos al país en que nos hemos afincado, como criaturas con dos patrias que bien podrían llamarse “Diástole” y “Sístole”, realidad aprisionante de movimiento pendular que nunca termina, aunque igual se puede decir que ya no retornamos, que nos convertimos en seres errantes y que, aparte los recuerdos, ya no queda nada que podamos llamar patria, tierra, país, destino. Pues bien, en ese episodio del retorno nunca consumado, cuando me dirigía a Los Angeles, el azar me puso como compañeras de viaje a dos mujeres que muy pronto revelaron formar parte del contingente de la Diáspora, “hermanas lejanas” según el lenguaje oficial arenero. Era conversación de 4

nuevos ricos, o más bien, de nueva clase media, abundante en recuentos de los prodigios obtenidos gracias al contacto con el mundo del dólar, como el todoterreno del año con todas las opciones montadas, con su respectivo GPS o global positioning system, ese aparato que por triangulación desde el espacio, con ayuda de satélites, fija en un mapa digital la ubicación del que lo posee en un momento dado y le permite encontrar el rumbo, y que la señora describió impecablemente, además de muchas otras adquisiciones de las que se ufanó esa compatriota camino a Los Angeles, donde de seguro trabajaba largas horas infames y sufrientes para poder ganar dólares con qué pagar las letras del todoterreno y todo lo demás, y por supuesto, para enviar dólares a la familia, pues de seguro era una de esas almas remeseras que mantienen a ese tercio de la población rural salvadoreña que sobrevive gracias al billete que religiosamente les envían sus hermanos, padres, tíos e hijos lejanos. Esas familias lejanas que visitan San Salvador (porque en el interior del país, salvo ciertas cities remeseras como la legendaria Intipucá City, el perfil se conserva prácticamente inalterado) encuentran algo así como un montaje a su medida, una proyección del ambiente angelino en el que ven reflejada su influencia y la reencarnación de los dólares con que salvaron al país: hipercentros y supermercados — algunos de los cuales podrían competir con los de Beverly Hills— repletos de mercaderías importadas (todo lo que el país no produce) y secciones anunciadas en inglés, y los ubícuos Pizza Hut, Burguer King, Midas Brakes y puestecillos de car-wash, como si San

Salvador (el norte y el oeste al menos, porque el centro, frenético mercado de quincalla de día, terreno sonámbulo de noche donde pocos clasemedieros se aventuran a no ser en busca de lo sórdido), se hubiera agregado al condado de Los Angeles mediante intervención de un warp hiperespacial. La pesadilla de aire acondicionado de Henry Miller ha hecho metástasis y llegado a San Salvador.

La ruptura A falta de mejores términos echamos mano del término “diáspora” para describir la prodigiosa y violenta emigración de salvadoreños que tuvo lugar en los 80 y los 90, y que por razones igualmente poderosas aún no termina (Elías “Tony” Saca, el primer salvadoreño de origen palestino — turco— en ser elevado a la presidencia de la pequeña república, acaba de pedir a su “amigo”, el presidente Bush, que extienda una vez más el salvoconducto otorgado a los salvadoreños que se encuentran indocumentados en Estados Unidos) y no terminará... Diáspora es voz ajena, un vocablo que sentimos la necesidad de tomar prestado porque a pesar que la experiencia milenaria del pueblo hebreo (pero bien pudiera ser la del armenio, el palestino o el kurdo) es muy distante a la nuestra histórica y culturalmente, desde el punto de vista de nuestros sentimientos es la que mejor describe por ahora lo que nos pasó, aunque igualmente podríamos llamarlo la “Gran Ruptura” o el “Gran Desquiciamiento”, da lo mismo. Lo cierto es que aunque la migración se ha convertido en una cuestión fundamental e inevitable en la vida de muchos pueblos, las proporciones de la salvadoreña le otorgan un carácter


especial: que la quinta parte de la población de un país ande dispersa por el mundo representa de suyo una dislocación tremenda. En el mismo sentido podría hablarse de una “diáspora centroamericana”, de orígenes parecidos: las guerras civiles en el istmo, que aunque se produjeron dentro de cada provincia con tiempos. características y contendientes propios, tuvieron manifestaciones políticas, ideológicas y logísticas comunes, siendo la más abrumadora de ellas la enorme injerencia política y militar estadounidense en la región, que implicó un vasto programa de coordinación regional, el empleo de ingentes recursos económicos y militares, y la unificación de ejércitos, bandas armadas organizadas como ejércitos guerrilleros —como los contras, que jugaron un rol parecido al de la Unita en Angola— y escuadrones de la muerte orquestados todos bajo un solo programa contrainsurgente. Esta injerencia ha sido probablemente el mayor ejercicio de intervención regional practicado por Estados Unidos en el continente desde que la doctrina Monroe fue formulada, y aunque no tuvo el carácter de una agresión armada directa como en Panamá y Grenada, excedió a éstas en amplitud y fines estratégicos, y no puede negarse que fue una victoria para el Imperio, al que por otro lado le reporto, independientemente de su voluntad y sus cálculos, unos cinco millones de refugiados, algunos de ellos, como los salvadoreños, indeseables para la Administración Reagan.

Calamidades geológicas De ese Gran Desquiciamiento venimos

y después de experimentarlo ya no somos los mismos. Los astrónomos y los geólogos llaman catastróficos los cambios de gran magnitud que ocurren en un lapso extremadamente corto de tiempo. La caída de un meteorito de una a dos millas de diámetro en las costas de Yucatán hace aproximadamente 65 millones de años, causó un trastorno apocalíptico en la vida del planeta, provocando la más reciente de las

cinco grandes extinciones geológicas conocidas. Igualmente, el destierro de millones de centroamericanos, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses en el espacio de diez años, puede considerarse hasta cierto punto un evento catastrófico para nuestras provincias. Esa emigración masiva, causada en un primer momento por la guerra y por los horrores de la guerra en los años 80, cambió para siempre el 4


perfil del istmo centroamericano, tanto o más que el enfrentamiento que fue su causa original. Pero a esa catástrofe de naturaleza política siguieron otras igualmente devastadoras en los años 90. Si las guerras civiles desplazaron enormes contingentes de centroamericanos a la América del Norte, estas últimas fueron verdaderas remezones geológicas. Como el huracán Mitch (en números redondos 15 mil muertos y 100 mil refugiados), que arremetió contra la región en 1998, y que de la noche a la mañana volvió más pobres y miserables a los miserables de la región, en particular a los de Nicaragua, desatando renovadas correntadas migratorias centroamericanas antes de que terminara el siglo. Deberían dar medallas de resistencia por ser salvadoreño, dice Roque Dalton en uno de sus poemas. A principios de 2001, dos terremotos —el 13 de enero y el 13 de febrero, respectivamente, coincidencia funesta que lleva a pensar que el país necesita un exorcismo— provocaron 100 mil desplazados, infligieron centenares de muertos y millares de heridos, además de borrar pueblos enteros y desquiciar la comarca salvadoreña. Estos sacudimientos causaron más miseria y empujaron a otros salvadoreños, cuántos es difícil saberlo, a las rutas de la migración. A causa de estos sucesivos desplazamientos de población, que desde lejos parecen un solo desastre con distintas manifestaciones, el concepto de nación cambió en El Salvador. Ya no podemos definir el país como una entidad embutida en un territorio de 21,000 kilómetros cuadrados, como se enseñaba en las escuelas hace más de 4

veinte años, más bien parece que nos aproximamos al modelo de la antigua Grecia, con colonias por todos lados. El país se ha convertido en un concepto fluido, de bordes difusos, que algunos comparan con el Internet, que se encuentra en todas partes y en ninguna, pero también podríamos compararlo a esos prodigios luminosos llamados lava-lamps, que contienen un plasma en movimiento cuyas partes se disgregan y vuelven a juntarse de infinitas formas caprichosas, y que siempre resulta fascinante observar, como habría de

ser fascinante observarnos desde otro planeta. Estamos en Canadá, Estados Unidos, Suecia, Italia, Australia, Suiza y Hawai, y cada año la prensa descubre un nuevo planetoide salvadoreño perdido en el espacio. Ya no nos define la relación con la tierra, origen de una insurrección trunca y sangrienta en 1932, y eje de una revolución —igualmente sangrienta y trunca— en la década de los 80, tanto como nuestros percances y errancias por el globo. Si en los años 80 (por lo menos desde el punto de vista de las redacciones de prensa del


como estar vinculados a los enturbantados integristas de Al Qaida, esa otra red global, fundada y nutrida por la CIA en los días de la guerra fría y la invasión soviética a Afganistán. La Mara Salvatrucha ya figura entre los movimientos más importantes de nuestro tiempo, hasta el FBI reconoce su relevancia declarándole la guerra de costa a costa. Aun los Crips y los Bloods, las feroces pandillas negras también originarias de Los Angeles, han de envidiar la notoriedad de la MS. Ningún medio que se respete en el mundo puede evitar dedicarle reportajes especiales a esos jóvenes marcados que son los hijos descarriados de la diáspora.

Texturas, flores, faunas

mundo), El Salvador era sinónimo de guerra, hoy lo es de destierro, de adaptación —y de inadaptación, como lo prueban nuestras globalizadas pandillas— en remotas latitudes y longitudes. Y ya que hablamos de pandillas, valga reconocer sus andanzas, mutaciones, eclosiones y variedades. A finales de 1993 me sorprendieron las siglas “MS” pintarrajeadas en una de las vigas del endeble puente que cruzaba el río Sumpul, en Chalatenango. No puede ser, me dije: la Mara Salvatrucha en el corazón de uno de los bastiones

Ya no podemos definir el país como una entidad embutida en un territorio de 21,000 kilómetros cuadrados guerrilleros más importantes de la guerra. Pero no hay zonas liberadas para las maras, una red que cubre desde Tegucigalpa hasta Los Angeles y sigue extendiéndose con cada movimiento de traslación del planeta. A la MS se le atribuyen hoy poderes perversamente fantásticos (o fantásticamente perversos)

Pero no todo son miserias con el exilio. La guerra primero y la diáspora después, abrieron el mundo a los salvadoreños con todas sus posibilidades. El destierro, por necesidad, nos hizo cosmopolitas y políglotas. La aventura de lanzarse a lo desconocido, con todas sus peripecias, peligros, encuentros con otras razas y pueblos, el contacto con otras geografías y latitudes con sus colores, texturas, floras, faunas y culturas ha sido una invaluable y enriquecedora experiencia. No hay ninguna vivencia que empobrezca, y lo que somos, para bien o para mal, se lo debemos en buena parte a nuestras miserias. A pesar de que la emigración —forzada, no deseada, trágica— desgarró a las familias e hizo trizas nuestra integridad como nación, abrió para muchos jóvenes la posibilidad de desarrollar un potencial que hubiera muerto de sofocación en el país. Por tradición, y porque tienen los medios, claro, los encumbrados 4


salvadoreños han solido enviar a sus hijos a educarse en el extranjero desde tiempos inmemoriales. La prueba actual está en los cuadros del gobierno y sus predecesores. El propio ex presidente Flores estudió en universidades estadounidenses —Hartford, Amherst College, cursos de historia en Oxford, Inglaterra (pero no olvidemos su lado esotérico y los tres años que pasó en monasterios de la India como discípulo de los gurus Sai Baba y Aurobinda). En la pieza teatral Candidato, de José María Peralta Lagos (T.P. Mechín), Don Inocente López, un hacendado, se queja ante sus amigos de los costos de enviar al primogénito “a California… por seguir la moda”. “Me ha costado un dineral… Doscientos dólares mensuales al principio; después… no quiero acordarme”, dice. Enviar a los hijos a estudiar al extranjero era una opción de las élites que muy pocos salvadoreños podían imitar. La diáspora, una tragedia colectiva, una fuga masiva sin mirar atrás, hizo posible que un buen número de salvadoreños proletarios y sus hijos tuvieran acceso a universidades estadounidenses o canadienses, algunas veces a los mismos recintos donde se educaban los niños bien del país. Gracias a esto, muchos salvadoreños de cuna humilde se convirtieron en científicos, profesores universitarios, médicos, abogados, legisladores o empresarios y pudieron progresar económica e intelectualmente, debido a que encontraron fuera la movilidad vertical inexistente en su propio país. La expatriación los salvó. Las remesas también elevaron a muchos salvadoreños a la clase media, una clase media hasta cierto punto artificial, se entiende, porque la riqueza que la generó procede de fuera como un generoso 4

subsidio de sus pobres, y no obedece a la elevación de las tasas domésticas de producción, al alza del nivel educativo, el aumento de las exportaciones o la creación de nuevas tecnologías, sino que se debe a un fracaso… o más bien a dos: el de una economía y el de una revolución.

La adicción El milagro económico salvadoreño es que casi tres millones de sus hijos e hijas tuvieron que salir a trabajar al extranjero, ganar lo suficiente para sobrevivir, y destinar una porción de sus ingresos para sostener al país. O renunciaban o perecían. De no ser por esa renuncia, el país se habría hundido como le pasó a Nicaragua. Las remesas, que ascienden a 2 mil 800 millones de dólares anuales según el dato más reciente del Banco Central de Reserva (después de la dolarización de la moneda, tabular los

ingresos de remesas parece ser una de las pocas funciones que le queda a esta institución), son el producto de esa fuga y con ellas el país se salvó, o al menos eso parece, porque en realidad, como lo pinta el Informe sobre desarrollo humano de 2003 preparado por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), al menos 43 de cada 100 habitantes del país continúan siendo pobres, 19 de cada 100 se encuentran en la pobreza absoluta, la escolaridad promedio apenas supera los cinco años, cerca de un tercio de la población en el campo sobrevive solamente gracias a las remesas, los índices de crecimiento económico han caído, vocablos como desaceleración, estancamiento y paralización no pueden ser arrancados de los labios de los economistas y decenas de miles de jóvenes (los no remeseros de esta historia de exitosos hermanos lejanos, el otro lado de la moneda de los heróicos compatriotas


que envían dólares y hornos de microondas) han mutado en pandilleros y son, junto con la mano de obra barata y las tragedias, el principal producto de exportación de El Salvador. Las remesas son al mismo tiempo un bien y un mal, una dádiva y una maldición. Un bien porque una porción de los salvadoreños sobrevive gracias a ellas. Un mal por que el país se volvió adicto a los dólares que remiten sus expatriados y su adicción es cada día más poderosa. Ya señalaba Segundo Montes, antes de ser asesinado, el efecto corrosivo que podían tener las remesas del exterior: amenazaban con embotar cualidades esenciales de un pueblo que siempre se preció de laborioso y emprendedor, volviéndolo un ser dependiente y sin iniciativa. Buscar hacia afuera se ha convertido en el principal proyecto de nación para las mayorías, y una vez que las fuerzas centrífugas de un país se

ponen en marcha, no parece haber nada que las pare.

Epílogo Cuando ya daba por cerrado este trabajo, tengo que hacer un viaje repentino a San Salvador . En la mesa de un restaurante, departiendo con amigos, alguien trae a cuento las palabras de un viajero que recientemente recaló en el país por asuntos de negocios. Según ese visitante, después de Estados Unidos El Salvador es el país más agringado del planeta. Hasta las cartas de los restaurantes están en inglés (igual que la música, los programas de televisión y los nombres de los negocios, por muy modestos que sean). Yo comento que el viajero no podía estar más equivocado: la verdad es que después de El Salvador, Estados Unidos es el país más agringado del planeta. Pero este “agringamiento” es más bien una parodia, una mala broma (como las tonadas de Credence

Clear Water Revival que retumban en los parlantes de este restaurante de comida mexicana), porque un estadounidense de seguro no se reconocería en él. Lo que me lleva de vuelta a aquellas dos mujeres que recitaban su bonanza en el avión, de regreso a Los Angeles: fantasmas de un país que huye de nosotros a velocidades siderales, y que mientras más nos esforzamos por tocar, más lejano y más extraño nos parece.

Publicado en LA DIASPORA. Política, Arte, y Literatura. Agosto-2006. Vol. I

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A-1 53167 y la dimensión del acto ALAN MILLS

Poeta, ensayista y traductor (1979). En el año 2002 recibió el premio Revelación del año en Letras que otorga la Fundación Vicenta La Parra, Fundación Von Humboldt y el Ministerio de Cultura de Guatemala. En su país es miembro del Consejo Editorial de la revista Magna Terra y publica en los principales medios literarios de Centroamérica; además, es columnista del diario guatemalteco Siglo Veintiuno. En 2002 publicó el libro de poesía Los nombres ocultos con Magna Terra Editores.

1. ¿Una dimensión (¿Anti?) Apollinaire?

A

pesar del empeño (muy vigente en ciertos círculos) de considerar el arte y su crítica como una dicotomía irreconciliable, se hace cada vez más sensible para los creadores ávidos de cierta radicalidad, la necesidad de difuminar tal frontera y plantear, así, una obra que piense siempre en 4

desarmarse a sí misma, que inocule su propia crisis y, más aún, que produzca ese desarme sin miedo a dejar las costuras expuestas. Tal mise en crise no es algo nuevo para A-1 53167, quien durante años se ha bosquejado un trabajo conceptual que persigue indagar con rigor no sólo en los estatutos o los acuerdos tácitos del arte contemporáneo, sino también sobre la experiencia misma del autor en cuanto tal y la viabilidad de que se comunique algún sentido. Su obra, así, reivindica el carácter meta-crítico del arte y vuelve a asumir como prioritarios diversos aspectos éticos, relegando variadas funciones del entretenimiento, candor, y ornamento burgueses. A la par de esta posición crítica, piezas

como Mancha de 55,000 puntos (1), Punto en movimiento y La distancia entre dos puntos (2), han resultado elocuentes para denotar que el “punto” nervioso de la estrategia de A-1 53167 reposa sobre una poética que pretendería encallar justo en el vértice de donde va a emerger la entrada a una posible cuarta dimensión, a un “no lugar” que desea ser experimentado prescindiendo de materia, lenguaje y, aún, de sentido; con lo cual, no sólo se comprometen o cuestionan diversos aspectos del arte en sí, sino que se llegan a poner en la cuerda floja muchas de las características convencionales de lo que se entiende por comunicación. Digamos, entonces, que si Apollinaire buscaba, para la poesía, una nueva dimensión, donde los objetos verbales


pudieran adquirir plasticidad, A-1 53167 busca, generalmente, una operación que llegaría a parecer la contraria, al postular una especie de disolución material de la imagen plástica, otra dimensión que va a estar más familiarizada con el anhelo de vacío en Yves Klein, o con los aparatitos lingüísticos de Ulises Carrión: aquellos que pretendían vaciar de todo sentido algunos poemas consagrados, a través de la sencilla astucia de borrar su contenido y mostrar el esqueleto, es decir, las líneas ya sin palabras.

2. Dibujos sobre el papel o los alcances de una escritura En la pieza Dibujos sobre el papel (3), inaugurada y ejecutada en la Galería Carlos Woods, ciudad de Guatemala, A1 53167 se posesiona de aquella idea de

Baudrillard de hacernos “entrar” en la imagen y, de tal manera, no nos permite nada más recrear una imagen realista de tres dimensiones, sino también añadir una cuarta dimensión que volvería a lo real hiperreal, destruyendo toda ilusión de ajenidad respecto a la obra. La pornografía, por ejemplo, (según Baudrillard mismo) al sumarle una dimensión a la imagen del sexo, le resta una dimensión al deseo y descalifica toda seducción. Es así como A-1 53167 desestructura la ilusión de un posible objeto de arte ajeno y admirable, y nos implica en un dibujo colectivo que finalmente representará “una escritura”, un testamento que todos los involucrados terminamos firmando (nuestro rastro y residuos, posible sinonimia de nuestros defectos), y por

intermedio del cual se manifiesta un descrédito en la autorreferencialidad de la obra de arte, tal y como quería Manzoni. No sin ampararme en cierta obviedad, me da por pensar que Dibujos sobre el papel aspira a contaminar a través del desecho, el residuo y la aparición de determinados defectos la página blanca e impoluta con que se ha querido (¿quiere?) representar la cultura (o mejor, la alta cultura). La galería es invadida, pues, por un enorme lienzo blanco (configurado por numerosas tiras de bovina de papel) donde nos será permitido impregnar un rastro no necesariamente bello. Dibujos sobre el papel se constituye, entonces, en parodia y a la vez reafirmación del arte: una parodia de la cultura por sí misma, 4


con forma de venganza, característica de esa desilusión radical que parece enmarcar nuestro momento histórico. Como si el arte hurgara en sus propios desechos buscando alguna redención. Quizás resulte fácil emparentar estos ejercicios con los que, en su hora, hiciera el ya demasiado famoso Jackson Pollock. A lo mejor no sea muy complicado vincular a ambos artistas en términos instrumentales: una analogía técnica, radicada en la manipulación de la herramienta que generará el hecho estético. Mas, en lo personal, no sé si veo la relación sólo en dicha sintonía; creo que existe un canal más evidente entre Pollock y A-1 53167, cifrado en el valor protagónico que, en estos dibujos, se le asignó a eso que en pintura el mismo artista estadounidense identificó como “el accidente”. Así, el dibujo (lo que he querido llamar aquí “la escritura”) para A-1 53167 vendría a ser la concatenación de accidentes, acaecidos entre diversos sujetos, que puede registrarse durante

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un lapso de tiempo (la apertura de la muestra, en este caso), lo cual amplifica su intención más allá de un cambio de soporte o una mera mutación del instrumento. Es decir, si se piensa en la transformación de los soportes para una “escritura”, ya no se buscaría la simpleza de modificar el material donde va a imprimirse el signo sino, más bien, adulterar los mismos mecanismos operativos que originarán la “escritura” mentada. Me explico: así como alguna vez Rosenberg Sandoval se planteó el uso del pincel humano manipulado por el artista (la utilización de un mendigo como pincel, o lápiz para dibujar en una pared, verbigracia), A-1 53167 instaura una condición donde “el instrumental” (para el caso, el público asistente al vernisage) no va a hacer otra cosa que expresar el diseño de su albedrío, de su libre locomoción a través de su huella y residuos, donde la intervención del artista se limitó a la convocatoria y la preparación del terreno para que ocurra un número indefinido de accidentes. Entonces, la baba del caracol, la traza

y pista de lo que vamos dejando, podría decirse, establece la escritura o, como quiere el artista, el dibujo multidimensionado de una expresión emocional (individual y colectiva) que sólo “la pieza” permite que emerja, y que sólo “la pieza” es capaz de documentar. Algo así como que el accidente ejecuta la pieza y el artista es, a un tiempo, ejecutado por nuestra escritura o dibujo.

3. Un Kindergarden perverso Finalmente, los dibujos no son sólo los rastros (pisadas de zapato, gotas de vino, tierra, restos de comida, copas rotas, residuos varios, vómito etc.) impregnado en las hojas de papel blanco dispuestas en el piso de la galería (aunque algunos fragmentos lograron un resultado significativo, hasta recordando alguna pintura de Cy Twombly), sino la relación social que dio en sucederse de manera, digámoslo así, carnavalesca. Talvez la pieza representa un simulacro dramático en el que están en juego la


ilusión y la realidad del mundo, más allá de la prótesis estética que nos han enseñado a venerar. Vale decir que los asistentes, o más bien los participantes en esta pieza, se dieron el lujo de interactuar mediante diferentes escenificaciones o “espectralizaciones” de su conducta (hubo besos entre desconocidos, juegos varios, vómitos por borrachera, zapatos perdidos, dibujos a mano e incluso alguien llegó a prenderle fuego a un segmento del papel, etc.). Es decir, fuimos libres como los niños a los que se les permite defenestrar el kinder, pero mediatizados por ese bulto en nuestros hombros: la adultez y cultura que nos precedía. Además: ¿hubiésemos sido igual de libres en un recinto donde NO se nos hubiera dado el permiso de ser libres? De esta forma, A-1 53167 y sus (nuestros) Dibujos sobre el papel nos terminó revelando algo aún más conmovedor y doloroso: el hecho de que toda libertad siempre estará condicionada por nuestras obsesiones,

y que aún el más optimista retrato que intentemos hacer de nosotros, debería siempre incluir el defecto; inclusive aquel más vergonzoso o radiante.

1. Intervención que se registró en un diario de circulación nacional, donde A-1 53167 enmarca en un espacio blanco un punto negro (vía un campo pagado), logrando articular una línea o mancha de 55,000 puntos: el tiraje del matutino. 2. Acciones donde distintos carros circulaban en Ciudad de Guatemala con una manta blanca con un punto negro al centro, puesta en la parte posterior del vehículo, sugiriendo así los trazos imaginarios de la línea que estaría constituida por la movilización y frecuencia de dichos puntos en el espacio. 3. Pieza que consistió en tapizar el piso de la galería con papel blanco, buscando así documentar el tránsito de los asistentes a la muestra.

Texto publicado en la revista Rusticatio Fotografías gracias a The Border Film Project

Border Film Project Tres amigos reunidos en el verano del 2005 encuentran una nueva manera de enriquecer el ya desgastado debate sobre la migración ilegal. Su idea: documentar la frontera a través de los ojos de mujeres y hombres en ambos lados de la línea. De las cámaras que repartieron, hasta la fecha han recibido 73 de regreso – 38 de emigrantes y 35 de Minutemen – con aproximadamente 2,000 imágenes en total. Las fotografías muestran el lado humano de la migración y nos mueven a cuestionar nuestros estereotipos. http://www.borderfilmproject.com

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NOVELA

HORACIO CASTELLANOS MOYA La Diáspora 2ª ed. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2002.

Horacio Castellanos Moya (El Salvador 1957) es una de las voces más provocadoras y originales de la literatura centroamericana de posguerra. Su obra es una exploración crítica de la temática y retórica de la violencia. La gratuidad del crimen, los abusos de la derecha y de la izquierda, el deterioro de las utopías revolucionarias y el desencanto de los que lucharon por ellas, son algunos de los motivos que aparecen en sus historias, en las que hace gala de un estilo depurado, nervioso y contundente.

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En

abril de 1983, en la Managua del sandinismo… mueren violentamente dos prominentes dirigentes guerrilleros. A miles de kilómetros de distancia de aquella efusión de sangre, en la Ciudad de México, un grupo de marginados de la revolución trata de sobrevivir ala tragedia e intenta encontrar el camino de regreso a la vida real. (Texto de la contraportada)

Quique salió de su país en una forma

que ya se perfilaba como la ruta de un éxodo permanente. Corría la segunda semana de febrero de 1981. Con el dinero que le dio su madre viajó a la ciudad de Santa Ana y de ahí tomó otro bus que lo llevó a la frontera. Cruzó migración con su cédula de identidad y en la aduana apenas enseñó un maletín y una bolsa de papel de estraza con sus pertenencias. Nunca en su vida había salido del país. Guatemala significaba la posibilidad de sobrevivir, pero también un horizonte profundamente oscuro en el que sólo se distinguía una remota dirección en una más remota ciudad de México. Desde que llegó a la frontera del lado guatemalteco, Quique se acercó a dos tipos a los que se les notaba, al igual que a él, que por primera vez el destino los pateaba de esa manera. Eran hermanos, venían de Jucuapa y también viajaban a México, aunque con la intención de luego dar el salto hacia Estados Unidos. Pronto se sintieron como si fueran viejos conocidos, pero de política apenas mencionaron vaguedades: lo difícil de la situación salvadoreña, ojalá acabe pronto, los enfrentamientos siguen en tales lugares – toco con la máxima prudencia. Ni siquiera se detuvieron a conocer la ciudad de Guatemala. Preguntaron

por la terminal de Occidente y se subieron al primer bus que los acercara a la frontera de México. Entonces fue cuando se encontraron con el tipo de las gafas oscuras: les dijo que él llevaba el mismo rumbo, que no se preocuparan, para algo eran compatriotas, él ya conocía el atajo para cruzar el río Suchiate e internarse en México –porque en esa frontera no bastaba la cédula de identidad, se necesitaba pasaporte, y ninguno de ellos tenía-, la vez anterior había logrado llegar hasta Estados Unidos, pero en una borrachera lo capturó la migra en Los Ángeles, lo desvalijaron, lo zamparon dos meses a la cárcel y después lo deportaron. Pero aquí iba de nuevo y esta vez no lo joderían tan fácilmente. En un principio, los tres se mostraron reservados, desconfiados: había algo que no terminaba de convencerlos: el tipo hablaba demasiado. Pero a medida que se acercaban a la frontera se dieron cuenta que por el momento no tenían otra alternativa que creerle. Quique recordó que su madre le había recomendado que no se fiara de nadie, sobre todo en México, donde cualquiera podía embaucarlo. Pensó que tendría que permanecer alerta todo el tiempo: si el tipo de las gafas quería pasarse de listo, él no dudaría en descoserle la panza. Sus sospechas, sin embargo, resultaron infundadas. El tipo no sólo los condujo por el mejor lugar para cruzar el río, sino que ya en territorio mexicano les indicó la manera adecuada de movilizarse, a fin de evitar los retenes migratorios. Caminaban trechos sobre la línea férrea, salían a la carretera a tomar un bus interurbano, dormían a veces a la intemperie, hasta que llegaron

a la ciudad de México, un lugar en el que Quique sólo contaba con la dirección del hijo mayor de su madrina, un tipo al que no recordaba, pero para quien traía una carta en a que se le pedía que lo ayudara: se llamaba Javier Anaya y vivía en Ciudad Netzahualcóyotl. Sus tres acompañantes decidieron no detenerse en la capital y seguir hacia el norte. Quique se vio de pronto solo, sin dinero, con las pocas orientaciones que le dio el tipo de las gafas para llegar hasta Javier. Fue una verdadera proeza encontrarlo. Si San Salvador le resultaba grande y extraña, la ciudad de México le produjo escalofríos: las multitudes, el metro, las calles enormes repletas de autos y buses.

él llevaba el mismo rumbo, que no se preocuparan, para algo eran compatriotas Javier lo recibió mejor de lo que hubiera imaginado. No sólo le permitió dormir en el sofá de la salita y le dio de comer sin respingo, sino que también le aseguró que en una semana le conseguiría trabajo. Y así fue: en el mismo sitio en que Javier laboraba como técnico, la construcción de una línea del metro, una chamba ideal porque, además, lo incorporaron a la cuadrilla de los guanacos. Javier le explicó que la secretaria y amante del ingeniero jefe de la obra era salvadoreña y que a través de ella se habían ido colocando compatriotas. El trabajo era duro (les tocaba entrar siempre en la vanguardia, donde iba creciendo el túnel, bajo el amago de los derrumbes), pero el sueldo no estaba mal. A los quince días rentó un cuarto, cerca de donde Javier, y aya empezaba a sentirse como si siempre hubiera vivido en esa ciudad. 5


La cuadrilla constituía una especie de banda o cofradía. Los demás trabajadores los miraban con recelo: primero porque eran salvadoreños; luego porque no dudaban frente a los trabajos más peligrosos; y, finalmente, porque cuando bebían siempre terminaban a trancazos –y lo que es peor: no amagaban. Quique jamás en su vida había tomado tanto alcohol, ni visitado prostíbulos, ni peleado en grupo de esa manera. Se trataba de un nuevo aprendizaje, de interiorizar las mañas de la ciudad, no había alternativa. Hasta que una noche, en que les tocaba turno, todo terminó bajo una tienda de campaña en la boca del túnel, luego de haber trabajado y bebido a mares, sin que nadie recordara exactamente lo que había ocurrido, sólo el tumulto creado por dos chavos que habían llegado a provocarlos, y de repente hubo madrazos, navajas y uno de los chavos acabó boqueando a sus pies, mientras el otro huía a los gritos. La sangre despertó realmente a Quique. Entonces salió a la carrera del túnel, llegó a su cuarto, recogió sus pertenencias y pasó donde Javier, a contarle lo que recordaba, que no era mucho. Después vinieron las capturas, los interrogatorios. Quique se mantuvo en que él no había participado. Le pegaron duro, lo hicieron llorar con las quemaduras de cigarrillos, casi se ahoga con el agua mineral con chile en la nariz. Hasta que terminó en una cárcel migratoria, donde había gente de un montón de lugares, en espera de que la echaran del país. Se contaban las peores historias. Lo que más temía Quique era que lo regresaran a El Salvador junto a tipos que hubieran sido capturados por razones políticas. Pero 5

un día, sin otra pregunta, sacaron a un grupo de salvadoreños y los metieron como chanchos a un camión. Ninguno de sus compañeros de cuadrilla venía en esa manada de deportados que fueron aventados a la frontera guatemalteca. De tal manera, diez meses después de haber huido de El Salvador, Quique se encontró de nuevo a la deriva, con la sola certeza de haber sobrevivido. Pero ahora tenía el doble callo. La idea de retornar a El Salvador olía a muerte y permanecer en Guatemala tampoco era seguro, pues los combates entre el gobierno y la guerrilla de este país estaban en su apogeo. Por eso emprendió otra vez el camino hacia México. El cruce del río fronterizo, la manera de movilizarse hacia la capital, todo le era ya conocido. La única diferencia consistía en que el éxodo había crecido. Nunca se lo hubiera imaginado. Por momentos, caminando sobre la línea férrea, iban grupos de más de treinta personas, la mayoría salvadoreños y los otros guatemaltecos. Javier, la construcción del metro y la zona de Ciudad Netzahualcóyotl estaban vedados para Quique. Con el máximo cuidado se acercó a preguntar por sus ex compañeros de cuadrilla. Sólo encontró a Miguel, quien le contó que los demás habían sido capturados y deportados, que él (Miguel) se había salvado de milagro, porque su hermana era amante de un policía judicial; lo alertó que más le valía andarse con tiento, porque el tipo al que habían puyado no se había muerto, ya estaba recuperándose y juraba vengarse. Miguel lo contactó con un compa salvadoreño que vivía del lado de Iztapalapa y que lo podría ayudar.

Así comenzó la nueva etapa de Quique en México, como ayudante de albañil, receloso, casi clandestino, tratando de evitar sobre todo a los grupos de salvadoreños que pudieran delatar su regreso, y con la idea cada vez más fijas de que tenía que retornar a combatir a El Salvador, porque aquí en México no se miraba claro a quién apostarle en caso hubiera una revolución, y en algún lado tenía que desquitarse la vergueada que le habían metido en la cárcel, aparte de que según las noticias y los chismes los compas estaban poniendo de culo al ejército y era requetecabrón quedarse de por vida repellando paredes cuando uno había nacido para otra cosa.


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POESÍA

RENÉ E. RODAS Diario de invierno 1ª ed., Canadá: Mala Yerba Editores, 1997.

René E. Rodas (1962) poeta que posee una de las voces poéticas más originales y menos conocidas en tierras salvadoreñas. Publicó sus dos primeros libros de poemas en Toronto. En el primero, titulado “Civilus I Imperator”, hizo el extenso monólogo de un hombre solitario atenazado por la crueldad y la amargura. En el segundo, “Diario de Invierno”, compuso poemas de experimentación, haciendo nudos de palabras, algunos admirables, dejando entrever una voz furiosa. (Texto Miguel Huezo Mixco)

9. IV

El frío ronda mis manos de fantasma.

Pasado y nada más habita en ellas. El frío y sus diminutas agujas de nieve disparadas por la ventisca. Con mis manos he visto signos que hablan aún de otro despojo a la intimidad del espíritu. Siento entre los dedos el peso vibrátil de la duda de si podrá tolerarse otro 5

saqueo. Pero hace ya siglos que venimos sintiendo lo mismo. Cuántas veces se ha dicho “Ya Basta” en las paredes de calles descalzas. En horas supremas hemos recogido del dolor nuestra garganta para gritar “Hasta Aquí” “De Ahora en Adelante”. Y cuando hemos creído dar el paso de partida que nos pondrá a salvo del abismo, nos hemos encontrado al galope hacia la corriente destructiva que nos devuelve a esa línea tensa entre ceder ante quien nos empuja con el acoso de su red o dejarnos caer. Quizás sería mejor dejarnos caer; o quizás el abismo sea eso: no dejarnos caer en él, y ceder. Pero cedemos. Volvemos al “Mientras Tanto” abismal. Sobrevivencia. Instinto de conservación. Preservación de la especie –el pobre pellejo aterrorizado. En voz baja, frente a un lago en invierno, pido perdón; estoy descarnado en este día, en el centro de fuga donde la nevada se expande y me impone su fuerza hasta mostrarme la otra faz de su furia. Es ahí donde mis manos de fantasma encuentran los signos de ese otro despojo que se cierne sobre cada uno desde una entraña por todos compartida. Del otro lado de la tormenta. Me tocó vivir en el canto de la nevada, en el canto de esta fría moneda, en su borde de cordoncillo o cortado; en el contorno mellado o en cuño de esta fría moneda. ¡Cómo duele vivir aquí! Siempre esta anocheciendo, siempre es mediodía y madrugada. No hay equilibrio y es inadmisible una caída. Desde aquí, la oblea que todos padecemos. La que nos compra y vende como piezas y granos. La nevada y su transparencia de crueldad. La entera grandeza del que sufre, la trágica

insignificancia del que vence; pero, ¿cómo separar a uno de otro? Desde aquí, la tercera única definitiva cara: La nevada me muestra, con esa impudicia o indiferencia o capricho atribuibles a dioses y locos, un paisaje más agobiante y desolador. Un mar de aguas gélidas, borrascosas, que son rocas del acantilado, arena de lecho profundo, gotas de fulgor y nubarrón, espora, aire apretado de cantos rodados y plancton: Nada empieza donde ésto o aquéllo termina. Todo se pervade y ahoga en un solo y total desconcierto de tejido de atmósferas densas; pero igual, sin unidad, al mismo tiempo –no sé; no estoy seguro de que haya aquí tiempo, o un solo tiempo, o un tiempo rector. Todo está dividido, y se sustancia en dispersiones y se absorbe; y esa ósmosis es separante, dilutiva, y cada cosa es insoportable en su cercanía y nada puede hacerse ante el atisbo de un mundo tan remoto que no hay horizonte que lo contenga, o lo aplaque, o lo oculte. Pero el horizonte sucede en la solidez de este templo inaudito e inmenso, que es apenas el óscuro de la más diminuta esponja, que se traga y se vomita sin mediar un respiro. “Siéntelo bien,” me dice la nevada. “Contémplalo hasta atiborrar con su presencia tus sentidos, como si fueras a morir en su imagen. Sopesa en tu efímero grano su poder. Pues no has de volver a verlo. Mañana estará en ti, en tu frente domesticada.” La voz de la nevada pide al fenómeno, a este universo donde la luz no es una constante, que muestre su cifra, pero soy yo quien habla por ella. Con ese conjuro basta para presenciar el caos naciente de una poderosa y pestilente alcurnia.


Núcleo formante, oscuro rojo, centro de vacío llamado a polos que hace apenas este momento no existían. Fisiones. Departamentos, páginas, ciudades sin memoria que saben como conducirse en canales electrónicos, trabajo repartido en alta densidad. Fusiones. Biparticiones. Evaluación de procesos en micras de nada, émbolos de luz arrítmica. Reproducción en masa frenética y elocuente: energía estimada en paso, no paso y admitancia. El círculo perfecto de tres arcos se ordena en una brevedad sin límite y veo las seis figurillas familiares, diversas, en cada arco. Tres pequeñas cifras como una centella de cuarzo. El proverbial dragante de una sola cara, la moneda sin reverso. “Tú y el mundo caben en ese círculo.” Eso dice la nevada con una voz sin pasado, como mis manos. En el tono más alto del silencio, vuelvo a pedir perdón; estoy desconsolado. Tengo frío y vago en una larga caída desde el torrente de la llama. El frío inquiere en las líneas de sisal de mis manos. Pero mis manos nada saben responder. No calienta ni un poco hablar de nuestra tristeza. No entibia el aliento presentir que la borrasca acaso en este instante nos ha tendido una cuerda. Nada pido a las mansiones opulentas del frío. Nada a sus colinas sinuosas, a sus sórdidos edificios, a sus páginas donde no pasaré de ser un impersonal artículo de inventario, un punto fugaz entre las sombras. En horas de errancia, la incertidumbre resuena en mis pasos. La muerte viaja conmigo, hospitalaria siempre, y mi cadáver lo descubro sin temor en los 5


cacharros de la basura. La muerte se dignifica cuando se la acepta para hoy, para este minuto sin apremio. La muerte recupera su potestad vital cuando se la defiende ante quienes vienen a hurtar su poder y a cancelarme en vida, o a postergarme a su dispensa. Débil, casi inútil, cada vez más solo dentro de mi corazón forastero, navego en mi arroyo y en mi compás esta voz desentonada. Hoy escribo el poema que presiento. Hoy entrego mi pan y libro de batalla. Traigo copos de nieve en la

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barba y el frío me electriza los bigotes. Y sonrío para mi delirio, pues amo y añoro aquella diosezna bailarina bañada de la luz de ámbar de un maquilishuat en mayo: estoy vivo. La miseria de mi alma no tiene nombre. Pero tampoco hay nombre para su altivez. Una a otra se atacan y consuelan como hermanas. Hoy la poesía está a resguardo en mi casa de hombre pobre. Vibrante el misterio, grana y madura a su afición en mi rama. Soy un animal del bosque sagrado, alimaña pululante sobre

un campo de cadáveres, ceniza aún para abonar un canto. Es tan pequeña mi barca. Y así frágil.


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Galdámez reúne en su obra lo mejor

ROMEO GALDÁMEZ Diario en Tránsito Grabados en formato de Libro objeto 2002

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del sincretismo latinoamericano: sus grabados son imágenes múltiples sobrepuestas en colores apastelados: la Marilyn, la Virgen de Guadalupe, Sandino, la Venus de Botticelli, la indígena guatemalteca; que ha ido añadiendo a su bagaje iconográfico en su perenne ir y venir por el continente americano. Licenciado en Artes Visuales de la Universidad Federal de Río Grande do Sul en Brasil y radicado en México durante muchos años, Galdámez ha expuesto su obra gráfica individual

y colectivamente en América y Asia desde 1976. Forma parte de la Red Internacional de Arte Correo desde hace más de 25 años. Su obra pública en gran escala puede ser vista en la ciudad de Morelia, México y en El Salvador. Diario en tránsito es la suma de todas estas vivencias en un libro/objeto/ caja/maleta hecho en ese largo camino recorrido.


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Tribu POESÍA

Una mañana envolví mi calavera

con la sección de cines del periódico y me fui al desierto donde el sol abrasa y adormece a buscar mis huesos

MIGUEL HUEZO MIXCO Migraciones Poemas inéditos

Poeta y ensayista (1954). Ganador del premio poético “Rogelio Sinán” (Panamá, 1998) con su poemario “Comarcas” ha viajado como escritor, editor y conferenciante por Centro América, México, Colombia, Estados Unidos, España, Alemania e Italia. Algunos de sus textos poéticos han sido traducidos al inglés y al francés. Becario de la neoyorquina Plumsock Foundation y artista residente en Yaddo (Nueva York, 1993), en el 2000 residió en la ciudad de Antigua Guatemala, como parte de una beca humanística conferida por la Rockefeller Foundation y el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica.

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Mis húmeros la barba mis uñas eran la viva estampa de mi tribu No eres tú sino otro me decía Viajé anduve nadé Crucé dos tres mil fronteras Me interné en las ciudades de la América donde vive un Dios impaciente que siempre anda de prisa Les sorprendería saber que no es barbado no tiene un rostro bondadoso El ángel tiene sus métodos Es un administrador implacable Las muertes que dispensa son siempre intencionales Así que ahora me ducho y canto canto Una de esas veces mientras cantaba escuché mi voz y me gustó Cuánto hay que escuchar cuando nos habla la memoria Me miro los huesos y la barba en los cristales de los rascacielos andamios Yo sé que mi cuerpo está en alguna parte allá abajo a menudo lo veo entre sueños Tarde a tarde a la hora del lunch con los albañiles llegados de los siete mundos desempaco mi calavera de su cuna de periódicos Siete ojos tengo Son mis pies un par de peces fijados al tallo de una blanca flor Toda vida todo abismo todo dique todo árbol todo clavo toda sangre La viva estampa de mi tribu


El único cielo

El viaje de los mellizos

--Vuelo En una blanca llanura Un racimo de azucenas en un estanque de leche Vuelo en un mundo de arroz Un bosque de servilletas --Vuelo entre el recuerdo de una muchacha de algodón En el remolino de una almohada --Soy la pluma de un ganso en un danza de páginas Un ojo sin pupila enrollado en un lienzo –Vuelo dentro de un tubo de betún blanco --Vuelo en un blanco avión Será este el único cielo que conozca

Jacinto José Los hermanos intentaban encontrar la puerta que conduce al Paraíso Jacinto allí donde el demonio demuda toda forma toda figura con su luz y su silencio llegó a las altas puertas del desierto José hasta en el surco sangrante donde el demonio cosecha sus mieles el humeante cabo del miedo la roja manzana de las trincheras Tocaran lo que tocaran fueran a donde fueran los mellizos solamente conseguían por lo insoñado corroída la tierra del hambre una tormenta de adioses Hay un país perdido casa por casa José y Jacinto los hermanos buscando las puertas del Paraíso Uno andaba de cabeza El otro estaba colgado Lo que los hizo estar juntos los separa Lo que los hizo dividirse los une en el espanto Cojos caminan huyendo andando yendo y regresando Oh paradoja del mundo todo es doble el uno todas las formas el otro todos los modos

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NOVELA

MARCO

Uno EL BOLO 1962

ANTONIO FLORES Los compañeros 4ª ed., Guatemala: FyG Editores, 2006.

Poeta, narrador, ensayista, periodista, (1937) y Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2006 en su país natal, Marco Antonio Flores ha desplegado una intensa actividad literaria y cultural. A 30 años de su primera publicación FyG Editores publica esta edición conmemorativa de la que se ha llamado “la obra fundadora de la nueva novela guatemalteca”. Su autor dice: “Los Compañeros fue quizá la primera novela que se hizo en este país que tuvo como telón de fondo y como tema la lucha armada, pero no era estrictamente sobre la lucha armada. Era primero una catarsis, una crítica acerca de lo que había sido la primera etapa de la lucha armada que terminó en fracaso. Pero esta obra tiene un sentido personal, una búsqueda de explicarse las razones del fracaso del sueño en el que estaban inmersos.”

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El aeropuerto estaba lleno de gente. Mucha gente entraba y salía, daba vueltas, abrazos, lágrimas, apretones de mano, comentaba, se reía, sudaba, cargaba valijas y tristezas. Mucha gente despidiéndose, llegando, saliendo, fumando, meando en el W.C., cagando en el idem, comprando cigarrillos y puros y licor sin impuesto, comprando revistas pornográficas prohibidas en sus. Mucha gente comprando billetes de avión y mucha gente vendiéndolos; otros cambiando su dinero por dinero de otro lugar que tenía otro aeropuerto y otra gente haciendo las mismas babosadas en el otro aeropuerto, el suyo, el de su país. Otros esperando que bajara el camarada que traía el material: morfina: cocaína para untarse en la pinga: delicioso coger así. Mi madre tratando de llevarme el portafolio /prestá m’ijito, te ayudo/ Otra gente acercando y alejando taxis mientras los policías (esos no son gente) indicaban con los gorgoritos por dónde habían de salir y entrar para no congestionar el tránsito. Unos en tránsito, otros llegando, otros con tránsito y otros saliendo. Gente empujando, bufando, tirándose pedos en un rincón para no quemarse, patojos corriendo, subiendo y bajando /Vamos a ver los aviones que se van y los que vienen y en el aire se detienen/ Yo cargando la valija / la valijota pesadota / y pagándole al tabiquero /Uf, qué calor, que le vaya bien, señor / Para su almuerzo. Otros sacándose secándose los mocos después de llorar y despedir a sus seres queridos (lugar común, otro

uf) otros pesando los equipajes, otros cargando los equipajes, con carritos, con carrotes /ey, deme permiso/ con espaldotas, con espalditas. Un pendejo risueño en un mostrador: / Me permite su tiquete y su pasaporte porfavor. Ponga en esa báscula su equipaje, eh! Todo el que tenga eh! Sólo se permite un maletín de mano pequeño, he! / Ya lo sé pendejo /Yo dejando el equipaje en la báscula y la vieja comenzando a chillar: / El maletín te lo llevás en la mano m’ijito / El petimetre, mequetrefe, huecazo, maricón de la compañía aérea (con más experiencia en el mundo) inspeccionando con detenimiento mi boleto, como si fuera falso, sellándolo, arrancándole partes /Como se le queda hacer tanta mierda (yo)/ Mi mamá jirimiqueando. El mequetrefe, mari, etcétera, devolviéndome el pasaporte: boleto sellado, mutilado y aceptado. / Ahora por favor pasa a Migración. Chepe, ¿el equipaje del señor no lleva exceso? Ah vaya/ Excesos los que ha de hacer este maricón de la Panam (“Lo grande es ir con Panam, lo grande es ir con Panam”) / Todos los sobrecargos y sobrecargas y cargadas de la Panam son


putos y putas (yo) /Bueno m’ijito, que sea la voluntad de Dios (mi mamá) / De dios la chingada, es MI VOLUNTAD. Ahora hay que tratar de llegar a la ventanilla de migración para que me sellen, me chequen, me acepten, me autoricen a viajar. Ahora sin valijota pesadodotota, dice el mamplorazo de la: “vaya usté, viaje usté, vaya a la diversión,

venga usté, mame usté. Lo grande es ir con Panam, lo grande es ir con Panam”. Tomé mi maletín y a la vieja. Con ambos en la diestra y siniestra: ambas dos, me encaminé a la ventanilla de migración para averiguar si no estaba arraigado por ladrón, estafador o comunista. Para ellos todo es lo mismo. Más gente corriendo /ay, dejé el carro mal estacionado, así que aquí te despido/ Que te vaya bien, oíste/ Adiós papá, que vuelva pronto / Su pasaporte, porfavor / Le entregué mi pasaporte al facineroso, me miró como mirar a Beibi Feis Nelson, miró mis huellas digitales y me vio otra vez con ojos profundos, escudriñadores: Sheroc Holmes: “Elemental mister uatson”. Le dio tres vueltas al pasaporte y empezó a revisar un cardes, le dio una, dos, cuatro, cinco, seis, siete pasadas, y el bandideque no encontró nácar. Le dio otras vueltas al pasaporte, tornó a mirarme circunspecto /mamá tiembla, lo siento en mi brazo/ alisó las hojas del. y estampó un sello: sale de Guatemala el tantos de tantos de mil novecientos tantos. Me devolvió una mirada y el pasaporte. Cargué el portafolio. A mi mamá ya no. Ella me siguió hasta las puertas de cristal que separaban la quedada de la ida. Empezó a llorar otra vez. “Madre, déjame ser, déjame vivir.” Ahora viene lo peor. /Bueno mamá, hasta aquí/ El calor difuso, diletante, dilatado, dispendioso, displicente, disconforme, seguía atormentándome. Siempre que tengo miedo me dan ganas de mear. Medía la distancia. Si voy a mear me regreso a la casa. No voy. A la vieja le corrían las lágrimas hasta el diafragma, se me cerró la garganta, el portafolio se me estaba resbalando de las manos que me sudaban, mi mamá abrió los brazos para recibirme /Bueno, m’ijito, me dejás por fin/ Tenía que aguantar el

portafolio, si se me cae se me abre todo. La gente empujando, incomprendiendo /Con permiso/ Qué fregadera/ Por qué se ponen en el camino/ Quítese de allí, señora/ Empecé a abrir los brazos y los ojos se me comenzaron a nublar. La ví joven, adulta, vieja, muerta, muchacha en los brazos de mi padre desconocido que llegaba, la cogía, la dejaba; la ví hermosa, hedionda, anciana, arrugada, amándome, amando a mi padre, sola, incomprendida, llorando, sufriendo en silencio noches y noches, siempre abandonada, la cabeza le comenzaba a blanquear y tenía que besarle las primeras canas, mi boca inició el gesto

El calor difuso, diletante, dilatado, dispendioso, displicente, disconforme, seguía atormentándome. Todos los pasajeros con destino a México City, favor de abordar el avión por la puerta central / La chingada, ya hay que irse. Anciana, amándome. Hay que dejarlo todo por algo que no tenemos y que tal vez nunca tendremos. Pero bueno, estoy joven, tal vez vuelvo pronto. Abandonada, sola, solitaria, seca, reseca por dentro y por fuera, menopáusica, sin más hijos hombres a quienes amar. Última llamada para los pasajeros con destino a México/ La abracé fuertemente y le besé las primeras canas. Lo último que oí fue su llanto. Comencé a subir la escalerilla.

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POESIA

ROSA CHÁVEZ Casa Solitaria

1ª ed. Guatemala: Ediciones La Ermita, 2005. Editor: Marco Antonio Flores

Rosa Chávez (1980) ha participado en diversas lecturas de poesía en centros culturales y espacios públicos. Forma parte del Colectivo Caja lúdica. Sus textos aparecen en la antología de la USAC, publicaciones alternativas de folio 114 desde el año 2003.

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as hormigas corren en tu piel recién estrenada diminutos labios que apenas articulan señales el absurdo más cierto en difusas fases misterioso pajarillo que observa perdido en las ramas amigo de ausencias y soledades sabio conocedor de universos hipnotizado por las luces que jamás se apagan pequeño mamífero extraviado metal derritiéndose en el fuego desquiciada alquimia pura bienvenido compañero de vida bienvenido al centro del cual partiste


“Hoy somos los desencontrados”

estas allá y yo aquí, en medio de nosotros el abismo del que ya no ama, ni siquiera sé dónde es allá, porque de ti aquí no se sabe, hoy nos desencontramos y hasta nos desconocemos (vaya final de un comienzo) me ajusto la soberbia e intento arrancar tu raíz, pero para mi suerte tengo muy buena memoria y no se le antoja olvidarte, por eso sólo me dedico a borrarte la mala yerba observar tras tus huellas escenas e imágenes peregrinas de cuando aún nos encontrábamos y tu sabías de mí y yo de ti.

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l hambre sigue babeando las mujeres aparecen como espejos en un baldío la corrupción sigue llenando sus bolsillos los sin tierra ahogándose en el lodo el miedo gelatina cuajando en las avenidas la depresión chorreando tinta sal desesperanza. el aullido de los niños que inhalan en la estepa las piedras sudan nadie les limpia la frente apesta a cadáver somos los muertos los libros sin dueño los ojos sin letras el asesino disfrazado de suicida ladrón pastor político artista marero filósofo el invierno vomita la mentira se rebalsa a borbotones a ríos sucios espumosos el sexo sin amor el amor, sin amor y sin sexo moñas de plástico negras y blancas adornando puertas y memorias es cierto yo lo vi todo.

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NOVELA

ORHAN PAMUK El Estambul

1ª ed. España: Mondadori, 2006.

(Adelanto gracias a los amigos de El Cultural)

Orhan Pamuk nacido el 7 de junio de 1952 en Estambul en el seno de una familia acomodada, Pamuk es uno de los escritores más reconocidos de su país y su obra ha sido traducida a 34 idiomas. Tras estudiar arquitectura, decidió dedicarse a la literatura y en 1977 se licenció en Periodismo por la Universidad de Estambul, pero nunca ejerció la profesión. Pese a que su carrera como escritor arrancó a finales de los años 70, no fue hasta 1982 cuando publicó su primera novela de éxito internacional, titulada El astrólogo y el sultán. Su consagración definitiva llegó en 1999 con Me llamo Rojo, donde se dan la mano el misterio, la historia de amor y la reflexión filosófica. Entre otros galardones, Pamuk ha obtenido

el Premio Descubrimiento Europeo en 1991, el premio al Mejor Libro Extranjero en Francia y el Grinzane Cavour Italia (2002), el IMPAC Dublín (2003), el Médicis Francia a la Mejor Novela Extranjera y el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes (2005). El escritor turco Orhan Pamuk, de 54 años, ha obtenido el Premio Nobel de Literatura, según decisión de la Academia Suecia. El jurado ha valorado en Pamuk “la búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal” y su descubrimiento de “nuevos símbolos para el choque y el entrelazamiento entre las culturas”. (Texto de elcorreodigital)

Estambul. Ciudad y recuerdos es un retrato, en ocasiones panorámico y en otras íntimo y personal, de una de las ciudades más fascinantes de la Europa que mira a Asia. Pero es también una autobiografía, la del propio Orhan Pamuk. La historia da comienzo con el capítulo de su infancia, donde Pamuk nos habla sobre su excéntrica familia y su vida en un polvoriento apartamento –«los apartamentos Pamuk», así los denomina– en el centro de la ciudad. El autor recuerda que fue en aquellos días lejanos cuando tomó conciencia de que le había tocado vivir en un espacio plagado de melancolía: residente de un lugar en que arrastra un pasado glorioso y que intenta hacerse un hueco en la «modernidad».Viejos y hermosos

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edificios en ruinas, estatuas valiosas y mutantes, villas fantasmagóricas y callejuelas secretas donde, por encima de todo, destaca el terapéutico río Bósforo, que en la memoria del narrador es vida, salud y felicidad. Esta elegía sirve para que el autor introduzca a pintores, escritores y célebres asesinos, a través de cuyos ojos el narrador describe la ciudad. (Texto de libreria-mundoarabe)

En

mi infancia y primera juventud existía un fuerte nacionalismo turco que pretendía que el uso de la palabra “Constantinopla” implicaba que no pertenecíamos a esta ciudad, que algún día sus primeros dueños regresarían y nos expulsarían después de quinientos años de ocupación o que, cuando menos, nos convertía en ciudadanos de segunda. Ellos consideraban importante la idea de la “Conquista” [de Constantinopla, en 1453]. [...] En los primeros años de la guerra fría, Turquía, miembro de la OTAN, no quería recordar al mundo la Conquista. Sin embargo, dos años después, en 1955, cuando el gobierno fue incapaz de controlar a las masas que había estado provocando bajo cuerda, fueron saqueados los establecimientos de los rumíes [descendientes de los antiguos bizantinos] y de otras minorías de Estambul. Aquel suceso, en el que se destruyeron iglesias y se mataron sacerdotes, recordó el espectáculo de saqueos y crueldad durante la “Caída” [de Constantinopla] que describen los historiadores occidentales. Los errores de las autoridades turcas y griegas tras la formación de sus estados nacionales, que han tratado a sus minorías como “piezas de intercambio”, han conducido a que el 6

número de rumíes [descendientes de los antiguos bizantinos] que ha abandonado Estambul en los últimos 50 años sea superior al de los que lo hicieron en los 50 años posteriores a 1453. En 1955, después de que los ingleses se retiraran de Chipre y mientras el gobierno griego se preparaba para tomar posesión de la isla entera, un agente de los servicios secretos turcos arrojó una bomba a la casa donde había nacido Atatürk, en Salónica. Cuando Estambul supo de la noticia después de que los periódicos de la ciudad la agigantaran en una edición especial, una muchedumbre hostil a las minorías no musulmanas se reunió en la plaza de Taksim y en primer lugar saqueó y quemó hasta el amanecer los establecimientos de Beyoglu, aquellas tiendas a las que solíamos ir mi madre y yo, y luego de toda la ciudad.

Aquí y allá podían verse bicicletas, coches volcados o quemados, un piano destrozado, los maniquíes rotos de unos almacenes mirando al cielo después de que los tiraran desde el escaparate a la calle cubierta por las telas Se puede decir que las bandas de saqueadores que despertaban el terror por la violencia que desataron en barrios donde la población rumí era numerosa, como Ortaköy, Balikli, Samatya o Fener, se portaron tan despiadadamente como las tropas del sultán Mehmet el Conquistador, si tenemos en cuenta que en algunos lugares asaltaron pequeños colmados de rumíes pobres, que prendieron fuego a sus lecherías,

que invadieron sus casas y que violaron a jóvenes rumíes y armenias. Mucho más tarde se supo que para poner en marcha a aquellos asaltantes que aterrorizaron la ciudad durante dos días y que convirtieron Estambul en un sitio más infernal que la peor pesadilla orientalista de los cristianos y los occidentales en general, miembros de ciertas organizaciones apoyadas por el Estado les habían dicho que podían saquear con entera libertad. La mañana siguiente a aquella noche que todos los no musulmanes pasaron con el riesgo de ser linchados, las calles del barrio de Beyoglu y la calle Istiklal aparecieron llenas de objetos que habían pertenecido a las tiendas esquilmadas, a las que habían roto los escaparates y reventado las puertas, cosas que los saqueadores no habían podido llevarse pero que habían destrozado con sumo placer. [...] Aquí y allá podían verse bicicletas, coches volcados o quemados, un piano destrozado, los maniquíes rotos de unos almacenes mirando al cielo después de que los tiraran desde el escaparate a la calle cubierta por las telas y los tanques que por fin habían enviado, aunque fuera tarde, para calmar los ánimos. Como de todo aquello se habló largamente en casa durante años, está tan vivo en mi cabeza con todos sus detalles como si yo mismo lo hubiera visto. Mientras las familias cristianas arreglaban sus tiendas y sus casas, de lo que más se hablaba en la mía era de cómo mi tío y mi abuela corrían de una ventana a otra observando inquietos los acontecimientos al tiempo que las agresivas bandas de saqueadores llegaban ante la puerta de nuestro edificio e iban calle arriba calle abajo rompiendo escaparates y lanzando


consignas contra los rumíes, los cristianos y los ricos. Como mi hermano había tenido el capricho de comprarse días antes una de las pequeñas banderas de tela que también habían comenzado a venderse en la tienda de Aladino como consecuencia del emergente nacionalismo turco y la había colgado dentro del coche, ni volcaron el Dodge de mi tío ni le rompieron las ventanillas.

La religión Hasta los diez años tuve una idea muy clara de Dios: era la imagen venerable de una mujer de rostro impreciso, extremadamente anciana y vestida con una túnica blanca. Aunque parecía un ser humano, esa imagen, al igual que las demás de mi imaginación, ante mis ojos no estaba tan clara como la de cualquiera que pudiera encontrarme por la calle. Porque se encontraba cabeza abajo y como inclinada a un lado. Cuando se me metía en la cabeza, con un poco de curiosidad y un poco de reverencia por mi parte, las demás imágenes de mi mente retrocedían y ella, como ocurre en algunos anuncios o tráilers, giraba sobre sí misma un par de veces con gran elegancia, se hacía más definida y ascendía entre las nubes, al lugar al que pertenecía. Las arrugas de la túnica estaban muy bien trabajadas, como las de algunas estatuas que había visto en las ilustraciones de los libros de historia. Cuando se me aparecía aquella imagen, cuyos brazos y cuerpo nunca se veían, yo sentía que estaba en presencia de un ser muy poderoso, muy respetable y muy superior, pero no le tenía demasiado miedo. [...] Tampoco recuerdo haberla llamado en mi ayuda nunca ni haberle 6


pedido nada. Porque tenía muy claro que a ella no le importaban los que eran como yo sino los pobres. [...] La primera vez que me llevaron a la mezquita me sirvió para confirmar mis prejuicios básicos con respecto a la religión y al islam. No fue una visita oficial: una tarde en que no había nadie en casa, la señora Esma me llevó a la mezquita sin pedirle permiso a nadie, más que por amor al culto, porque se aburría sola. En la mezquita de Tesvikiye un grupo de veinte o treinta personas formado por criados, cocineros y porteros que servían a los ricos de Nissantassý, y propietarios de las pequeñas tiendas de las calles de atrás estaban sentados en las alfombras más en un ambiente de solidaridad y compañerismo que de oración, y esperaban la hora del rezo cotilleando entre susurros. Recuerdo que mientras rezaban yo paseaba entre ellos, que corrí hasta los lugares más recónditos de la mezquita para jugar y que nadie me paró ni me riñó, más bien al contrario, algunos miembros de la comunidad me sonreían dulcemente, como siempre me pasaba en mi infancia. Descubrí de nuevo que la religión era algo de los pobres pero también que, al contrario de lo que se deducía por las caricaturas de los periódicos y por el ambiente republicano de casa, los piadosos eran personas inofensivas. Pero por el ambiente despectivo de casa, que a veces se convertía en una furia autoritaria, también podía comprender que, aunque aquella gente fuera buena y pura, existía una contradicción entre su bondad y las cosas en las que creían que dificultaba grandes proyectos como la modernización, la europeización y el 6

desarrollo. No tanto como propietarios de bienes materiales sino como poseedores del derecho a juzgar, ya que éramos “positivistas” y occidentalizados, debíamos oponernos violentamente a que aquellos “ignorantes” se vincularan excesivamente a sus creencias, no solo para defender nuestros intereses sino también los del país. Incluso con mi mente infantil podía comprender que los hirientes comentarios de mi abuela cuando se enteraba de que un electricista que debía estar trabajando se había ido a rezar tenían como blanco, más que el que hubiera dejado la tarea a medias, las tradiciones y los hábitos que impedían el progreso del país. [...] Para mí la esencia de la religión es el sentimiento de culpabilidad. Cuando era niño me sentía culpable porque no temía ni creía lo suficiente en la imagen venerable de la mujer vestida de blanco

que de vez en cuando se me metía en la cabeza. También me sentía culpable porque me consideraba distinto de los que creían en Ella. [...] El ejemplo más claro de esa ambivalencia de mi familia ante la religión eran las Fiestas del Sacrificio. Como se espera de cualquier musulmán como es debido, cada fiesta del sacrificio comprábamos un carnero, lo atábamos en el pequeño jardín trasero del edificio Pamuk y la mañana de la fiesta venía a casa el carnicero del barrio y lo sacrificaba. Como no me gustaban demasiado las ovejas ni los corderos, no se me partía el corazón con los balidos que lanzaba el carnero en los últimos días de su vida, al contrario que los niños de corazón de oro protagonistas de algunos tebeos. Incluso me alegraba saber que muy pronto nos libraríamos de aquel animal feo, estúpido y maloliente, pero el que por un lado repartiéramos la carne del animal sacrificado entre


los pobres y por otro ese mismo día la familia se reuniera y en el almuerzo se bebiera cerveza, prohibida por nuestra religión, y se comiera otra carne comprada en el carnicero porque la recién cortada olía demasiado fuerte, me recordaba que no todo el mundo vivía su espiritualidad a mi manera, en forma de una continua sensación de incomodidad y culpabilidad. Si la esencia religiosa de la idea del sacrificio era matar un animal en lugar de un niño para demostrar la fidelidad a Dios y así librarse de los sentimientos de culpabilidad, nosotros hacíamos justo lo contrario, y comiendo una carne mejor comprada en el carnicero en lugar de la del animal sacrificado, hacíamos algo por lo que tendríamos que habernos sentido culpables por segunda vez. Pero yo vivía en una casa en la que se pasaba de puntillas y en silencio

por problemas más graves que esas contradicciones e incongruencias espirituales. Las carencias morales, que tan a menudo he visto en las familias estambulíes occidentalizadas, ricas y laicas, se manifestaban sobre todo en esos silencios más que en su desdén por la religión: mientras que se podía hablar de todo lo que se refiriera a temas como las matemáticas, el éxito escolar, el fútbol y las diversiones, en cuanto se mencionaban cuestiones fundamentales como el amor, el cariño, la religión, el sentido de la vida, los celos o el rencor, todo el mundo se encerraba en el ensimismamiento y en una soledad patética, y cuando alguien sufría y quería hablar de esos temas y comunicarse, manoteaba desesperado y nervioso sin decir una palabra, como los sordomudos. Luego se dejaban llevar por alguna melodía de la radio, encendían un cigarrillo y se retiraban en silencio a su mundo interior. Yo también pasé en un silencio parecido ese ayuno que hice por ansias de fe.

Para mí la esencia de la religión es el sentimiento de culpabilidad. Tampoco es que sufriera demasiada hambre gracias a que aquel oscuro día de invierno fue breve. De todas formas, mientras comía todas aquellas cosas con huevas, anchoas y mayonesa que me había preparado mi madre, y que tan poco se parecían al tradicional iftar turco de aceitunas y embutidos, dentro de mí sentía un enorme contento y paz espiritual. Era el placer, más que de haber hecho algo por Dios, de haber superado con éxito una prueba a la que había decidido someterme.

Esa noche, después de haberme atiborrado hasta más no poder, fui corriendo por las frías calles al cine Konak, vi una película de Hollywood olvidándome de todo lo demás y nunca más se me volvió a pasar por la cabeza la idea de ayunar. Pero aquella torpe relación mía con la religión nunca me mantuvo alejado de los temas metafísicos y religiosos. Siempre mantenía en un rincón de mi mente el razonamiento de que si Dios, aunque no pudiera creer en él como a mí me habría gustado, era un ser omnisciente como decían, sería sin duda muy inteligente y entendería por qué yo era incapaz de creer y me perdonaría. Si no convertía mi falta de fe en un desafío, Dios me comprendería, consideraría circunstancias atenuantes el sentimiento de culpabilidad que me provocaba el no poder creer y el sufrimiento de la falta de fe y no le daría demasiada importancia a un niño como yo. Lo que yo temía no era a Dios, sino la rabia que sentían los que creían demasiado en Él hacia gente como yo. La estupidez de aquella gente excesivamente pía, cuya inteligencia nunca podría compararse –que Dios me perdone– con la de ese Dios en el que con tanto amor creían, era la segunda razón de mi miedo. Durante años tampoco me abandonó el temor a ser castigado por no ser “como ellos” y ese pensamiento tuvo una influencia más decisiva en que durante mi primera juventud me atrajeran las ideas de izquierdas que todos los libros teóricos que leí.

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ARTES VISUALES

Raymond Pettibon

Raymond Pettibon nació en Tucson,

Arizona en 1957. El cuarto de cinco hijos, Pettibon logró una licenciatura en Economía de la Universidad de California, Los Ángeles. Después de graduarse del college, Pettibon trabajó brevemente como profesor de matemáticas en una escuela secundaria, pero pronto después se propuso lanzarse a una carrera como artista profesional. Una figura de culto entre devotos de la música underground por su trabajo inicial asociado con la escena del rock de Los Ángeles, Pettibon ha adquirido una reputación internacional como uno de 6

los principales artistas contemporáneos americanos trabajando con dibujo, texto y libros objeto. Pettibon puede explorar tanto el tema del surf como la tipografía; temas de la historia del arte y literatura del siglo XIX aparecen en el mismo aliento que la política Americana de los años sesenta y el arte contemporáneo pop. En su antología de 1998, “Raymond Pettibon: A Reader,” el lector puede leer sobre el hombro de Pettibon y descubrir un puchado de sus inspiraciones artísticas —Henry James, Mickey Spillane, Marcel Proust, William Blake, y Samuel Beckett, entre otros. En los 90s, Pettibon extendió su obra más

allá de la página impresa a las paredes de los espacios de exhibición, creando dibujos del tamaño de las paredes. Pettibon vive y trabaja en Hermosa Beach, California. (Texto de Art:21 PBS)


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Oriana Fallaci por... ORIANA FALLACI (1929 -2006)

un clásico del periodismo con sus grandes conversaciones con políticos y actores, y ‘Si el sol muere’, sobre la exploración espacial de Estados Unidos. Recibió en España el Premio Luca de Tena y en diciembre 2004 recibió en Italia la medalla de oro como “benemérita de la cultura”. Desde los 90, permaneció lejos del periodismo y en absoluto silencio, aislada y sola en su casa de Manhattan, entre otras cosas por su lucha contra el cáncer de pecho. Fallaci aseguraba que no tenía miedo a la muerte y que lo que sentía era “una especie de melancolía. Me desagrada morir, sí, porque la vida es bella, incluso cuando es fea”.

Reproducimos a continuación su auto-entrevista, aparecida en el milanés Corriere della Sera y realizada en Octubre del 2004.

Veterana periodista y escritora, conocida por sus trabajos como corresponsal de guerra y por sus polémicas entrevistas y declaraciones. La periodista marcó su rumbo durante la Segunda Guerra Mundial al unirse a la resistencia antifascista, y luego siguió mostrando su valentía como corresponsal de guerra. Fallaci se hizo famosa por sus entrevistas a líderes de todo el mundo, especialmente de países árabes. Entre los líderes mundiales con los que habló estaban: el presidente de la Autoridad Palestina, Yasir Arafat, la primera ministra de Israel, Golda Meir, al ayatolá Jomeini y el secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger. Entre sus novelas, ‘Un hombre’, que contaba la historia de Alekos Panagoulis, un héroe de la resistencia griega y su amante en los 70; e ‘Inshallah’, publicado en 1990, que novelaba la historia de las tropas italianas en el Líbano. Sus bestseller incluyen ‘Entrevista con la historia’, 7

“Haremos una entrevista política, amiga mía. ¿Lo sabe?

Tal

vez Oriana Fallaci sea la única persona en el mundo con la capacidad de entrevistar a Oriana Fallaci. La única persona que la escritora halle suficientemente preparada y seria para transmitir su pensar correctamente, sin disfraces, sin sucesivas turbaciones y quejas. Así nace esta entrevista, del género de las “entrevistas imposibles,” pero con una distinción fundamental: es la entrevistada quien escoge a la entrevistadora. En el ámbito de que “todo es posible,” no sólo se escoge a sí misma, sino que escoge “los mejores años.” “Usted, dice Oriana Fallaci a su entrevistadora, pertenece a mi pasado. Yo pertenezco a mi presente. Si los mezclo, sufriría traumas para los que no

estoy preparada.” En suma, se confía a una entrevista, tal vez la última, a la Oriana Fallaci de Entrevistas con la Historia, con el duplo objetivo de cerrar el ciclo y de entrar in extremis en la Historia escrita por las personas más significativas de la segunda mitad del Novecientos que han compartido, aparte de la época, el hecho de dejarse entrevistar por Oriana Fallaci. Así sea que, dice la entrevistadora, “esta entrevista no tendrá nada en común con aquellas que hacíamos a los poderosos de la tierra.” Partiendo de su propio mal, el tumor que ha golpeado sus vías respiratorias y que extiende sus tenazas en “Italia, el Occidente, Europa,” la escritora recorre los temas que ha desarrollado en el pasado más reciente, que la fecha del 11S separa de los hechos que pertenecen al pasado más remoto. Sobre las torturas en la cárcel de Abu Graib, que evidentemente le crean alguna turbación, afirma: “Quería dejar mi casa en Nueva York y devolver a Rumsfeld mi Permanent Resident Card.” La diferencia entre la Derecha y la Izquierda no existe más: una única tropa que combate contra sí misma. La Derecha obscena, la Derecha reaccionaria y obtusa, feudal, no existe más en Occidente: gracias a Dios. O existe solamente en el Islam. Es el Islam. De los mensajes de estima y de reconocimiento que le llegan, se asombra: “Caramba, pensaba que la inmensa mayoría de los italianos eran fans de Alberto Sordi, y sin embargo…” A la pregunta, “¿A quién vota?” Responde: “No me identifico con ninguno, y no delego a nadie la ardua


tarea de representarme.” “¿Y si le ofreciesen un escaño de senadora vitalicia?” “Impensable. Inconcebible. Ciampi [el Presidente de la República] prefiere a Mike Bongiorno o Stefania Sandrelli.” “Usted gustaba de Berlinguer [Enrico, Secretario del Partido Comunista Italiano – PCI, del 1972 a 1984], eso se sabe.” “Me gustaba, sí.” “¿Conoce a Fassino [el actual Secretario de Demócratas de Izquierda, nuevo nombre del PCI?” “… un jovencito largo largo y seco seco […], una de cuyas entenadas se acostó con Carlo Alberto?” “¿Pero no hay realmente nadie de la Izquierda que le traiga alguna fe?” “Me temo que no. […] y esto sin contar los errores y las faltas que por otra parte me desalientan y que de hecho me indignan.” “¿Por ejemplo?” “… el hecho de que no hayamos tenido los cojones de dar un funeral de Estado a Quattrocchi [rehén italiano trucidado por una banda de la resistencia iraqí].” Sigue una recua de caracterizaciones de personajes escogidos entre las tropas de la Derecha. “Lo que lleva directamente a Berlusconi [presidente del Milan y controvertido Primer Ministro]” “Nunca he apoyado a Berlusconi, y seré siquiera su Maramaldo” “¿En su opinión, cuál sería su principal error?” “El hecho de que, creyéndose un genio […] casi siempre se rodee de personas que no valen un rábano […] Un buen asesor lo tenía […] era Giuliano Ferrara [Director del periódico Il Foglio]” y, por afirmación propia, “colaborador de la CIA.”

de cada diez, cinco eran unos pobres comemierdas.” Oriana Fallaci deja a salvo sólo a Jomeini, Deng Xiao Ping, Golda Meir y [“tal vez”] Indira Ghandi. Mientras tanto, los líderes verdaderos de nuestra época son solamente Karol Wojtyla e Bin Laden. George W. Bush “no es un águila,” John F. Kerry [candidato a la Casa Blanca] es un pequeño Carlo Alberto de Colorado.” En cuanto a las organizaciones internacionales, la Unión Europea se trata de un “club, voluntad de los jefes de este continente, o sea Francia y Alemania. Olvida la Sra. Fallaci las raíces italianas en Europa, nacidas del Manifiesto de Ventotene [1941, una especie de biblia sobre la unidad europea], de una supernación, de un superestado en el que se hablan una veintena de idiomas, aunque sólo cuenten el francés, el alemán y el árabe.” Sobre las Naciones Unidas,”¿ qué haya jamás hecho sino derrochar miles de millones y vivir de la renta con las palabras Paz y Humanitarismo? […] Del resto, la ONU nunca condenó el antisemitismo que plaga a Europa. ¿”Alguna vez se le ocurre cambiar de parecer?” “… en el tema de justicia social, no lo cambié […] nunca podré alinearme en un equipo de fútbol que se llama Derecha.” Hay quien ve en los libros más recientes de Oriana Fallaci, que tienen un seguimiento fantástico y gloriosos resultados de venta un ataque a Europa, orquestado por una mano oculta.

todo. Como Luca Signorelli en la Catedral de Orvieto, que se autorretrata junto al Angélico en una esquina del fresco Historia y prédica del Anticristo, o como Mozart, gravemente enfermo y solo, que dictó su Réquiem a quien pasa por haber sido su peor enemigo, el músico y compositor Antonio Salieri. Pero con mayor ligereza. La muerte, después de todo, da miedo, pero es como el león de Hailé Salassié, Emperador de Etiopía: se nutría de carne, rugía, pero la gente no la comía. El último personaje entrevistado en en ciclo de la Historia vivida y reportada por la periodista Oriana Fallaci es un símbolo de la época en que vivimos. Sombra de sí mismo, golpeado por un padecimiento terminal, arraigado en recuerdos heroicos, a ideas contradictorias y a juicios que con el tiempo devienen prejuicios, está enfermo de un envidioso rencor que se adivina venir de un pasado prometedor, salpicado de desilusiones, y transformado en una vejez sin esperanza. Pero con la dignidad y la fiereza que provienen de un origen libertario, culto, despreciante, y, en el fondo, anárquico y muy… florentino. ¿Por qué ir a buscar a un pobre diablo que se sienta en el trono de la autoridad política? ¿porque “se sacó la lotería,” un “pobre comemierda,” una “nulidad” como Chirac o Schröder, cuando se puede ir al bar de la esquina y obtener el mismo o mejor resultado? De hecho, ¿por qué no hacer todo en solitario y recoger las declaraciones espontáneas sobre ella misma, de la viva voz de la protagonista de su propia vida? En palabras de Oriana Fallaci, es lo mismo.

Puede ser. “He conocido a más hombres poderosos que todos los que haya conocido [Berlusconi] y puedo asegurar que

Nosotros, en esta entrevista, vemos la tentativa extrema de un artista que no quiere morir del

Traducido y editado por Tomás G. Muñoz. Tomado de Cuba Liberal

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Ruta 06: Intervenciones en el Centro Histórico ALEXIA MIRANDA EDUARDO CHANG MAYRA BARRAZA RONALD MORÁN ROSARIO MOORE SANDRO STIVELLA

Viaje al centro MAYRA BARRAZA

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“ stas calles son testigo de la historia de nuestra ciudad” exclamó Héctor Sermeño, director de patrimonio cultural, con su mirada puesta sobre el Parque Libertad. El grupo de artistas que le acompañábamos, a punto de iniciar un recorrido por el centro histórico de San Salvador, miramos a nuestro alrededor en silencio.

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La ciudad de San Salvador es un espacio vital de confluencia de actividades culturales y comerciales que recién inicia un proceso de ordenamiento urbano y rescate de su centro histórico. Su gran actividad caótica ha dejado caer su carga sobre los espacios públicos del centro histórico deteriorándolos y volviéndolos invisibles, e insensibilizando a los que transitan sus calles a diario. El centro de nuestra ciudad es un espacio complejo de expresión popular y religiosa así como de conflicto de

poderes, evidente en las pugnas de ventas ambulantes y seguridad ciudadana. A ello se suman problemáticas urbanas como la contaminación, la basura y el congestionamiento vehicular. Como tal, ejerce una poderosa atracción a cualquiera en busca de descifrar la compleja red de interrogantes que conforman el ser salvadoreño contemporáneo, con el peligroso aliciente de encontrar respuestas tan inmediatas como azarosas. Sin embargo, a pesar de los


San Salvador, Noviembre 2006 Curaduría: Mayra Barraza Coordinación: Centro Cultural de España en El Salvador

riesgos implícitos -ser una iniciativa novedosa (aunque con antecedentes no muy lejanos: el grupo Adobe, la intervenciones de Milton Doño y las mías propias también), implicar una proyección monumental en el espacio, salir a trabajar en espacios contrarios a los institucionales acostumbrados en que la fría apatía funge como un resguardo de la crítica, e implicar un alto grado de coordinación sin precedentes en las artes entre población, artistas e instituciones – los artistas respondieron

a la convocatoria sin vacilar. El proyecto Ruta 06 reúne las intervenciones de seis artistas salvadoreños – Rosario Moore, Alexia Miranda, Mayra Barraza, Eduardo Chang, Ronald Morán, Sandro Stivella en diversos espacios públicos en el centro histórico de la ciudad. Abordamos la ciudad como un vehículo de reflexión y conocimiento y respondemos como artistas cada cual a nuestras interrogantes ciudadanas asumiendo el reto de re-

imaginar ese espacio que por público, es propio también. Un reto que a su vez enfrentaron con entereza y convicción las distintas instituciones que apoyaron el proyecto, como fueron el Centro Cultural de España bajo la dirección de Juan Sánchez, la Alcaldía de San Salvador con especial entrega de Promocultura, la Dirección de Patrimonio Cultural de CONCULTURA y el Departamento de Patrimonio Histórico del AECI. 8


Alexia Miranda

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Eduardo Chang

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Mayra Barraza 8


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Ronald Morรกn 8


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Rosario Moore 8


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Sandro Stivella 8


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Conversaci贸n en la Catedral GABRIEL D. LERMAN Insensatez, Horacio Castellanos Moya, Editorial Tusquets: M茅xico, 2004.

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El nombre del país donde transcurre

esta novela nunca se menciona en ella, de modo que no escupiremos el asado desde aquí. Sólo basta decir que al terminar de leer se recomienda hacer las averiguaciones del caso y, tras emerger del hechizo novelesco, enterarse. Acaso resulte un error empezar con esta mención, porque los méritos del texto componen un cuadro tan alentador que una lectura sesgada podría enturbiar en exceso sus efectos. Deberíamos empezar a familiarizarnos con Horacio Castellanos Moya, su autor, porque Insensatez nos ofrece unas cuantas aperturas por el mismo precio. No es su primera novela, ni él es un ignoto. Nacido en Tegucigalpa en 1957, pero criado en El Salvador, Castellanos Moya es un periodista con amplia experiencia en diarios, revistas y agencias de prensa de varios países centroamericanos, incluido México. Corresponsal de fuste, lleva la marca de la mudanza y el nomadismo en el orillo. Actualmente reside en Frankfurt, bajo el programa Ciudades Refugio. Pero, ¿qué clase de antecedentes podrían ser éstos si metido en literatura Castellanos Moya nos trajera un manifiesto tedioso sobre los males del mundo en un oscuro país centroamericano? Pero sucede que este escritor –¿hondureño, salvadoreño?– nos brinda un texto sumamente eficaz, bien construido, con exactas dosis de lirismo y ascetismo literario, y donde el horror tiene volumen por su magnitud, pero no por sus decibeles. La reflexión inmediata que surge es sobre la vigencia de temas políticos en la literatura cuando el autor se autoimpone una estrategia literaria, cuando hay un respeto por la palabra y por la novela, y

cuando aquella estrategia y este respeto no se deslizan a la sátira o al menosprecio o la subestimación del tema sino, por el contrario, a su potencialidad. Hay que decir que el protagonista de Insensatez es un periodista que arriba a tal país mientras huye de El Salvador, de donde se ha ido por una persecución política, y acepta como trabajo la menuda tarea de corregir más de mil páginas de un informe sobre violaciones a los derechos humanos durante el genocidio perpetrado contra poblaciones indígenas por militares de ese país. Su labor, su tarea, tiene lugar en la oficina del arzobispo, junto a la Catedral, a dos cuadras de la plaza principal, donde reside todo el poder habido y acaso por haber de ese país, el mismo que se acusa en el informe. La Iglesia apoya la investigación y la revelación de los crímenes. Lo hace a su manera, en un entramado donde hay antropólogos forenses yanquis, ex militantes de izquierda, periodistas, pasantes diversos, oficiales de Naciones Unidas, y donde rezuma un aire de globalización jurídica, académica e institucional mezclado con los peores tufos de una típica impunidad de militares latinoamericanos.

están allí todavía / Porque yo no quiero que me maten la gente delante de mí / Herido sí es duro quedar, pero muerto es tranquilo. En ese procedimiento, Castellanos Moya reivindica la novela y su especificidad. No desde la frivolidad ni el vale todo sino al reinstalar finamente la eficacia política. Habrá que ir reconstruyendo el mapa de la literatura latinoamericana reciente. Algo está pasando en el continente en distintas esferas al mismo tiempo, y corremos el riesgo de perdernos el tren. En momentos en que se descubre que Carlos Montaner recibía sueldos de la CIA por conspirar contra la Revolución Cubana, Castellanos Moya arroja un poderoso haz de luz sobre un flagrante tabú centroamericano. Y está en Frankfurt.

Publicado en Página 12.

Las mil y pico de páginas son el horror, pero Castellanos Moya acomete el acierto de dosificarlo muy de vez en cuando, con frases que el protagonista copia del informe que debe corregir. De modo tal que el lector de la novela puede leer entrelíneas esas frases, puede a su vez copiarlas y agruparlas y hacer su propio resumen del informe. Puede leer cosas como: Yo no estoy completo de la mente / A puro palo y cuchillo mataron a esos doce hombres de los que se habla allí / Quiero ver al menos los huesos / Que siempre los sueños 9


El Ajbix

RODRIGO PÉREZ-NIEVES Lectura de poesía de Humberto Ak’abal.

Fotografía de Humberto Ak’abal.

Una sonata clásica en versión aviar nos

acompañó el día viernes 25 en la parte baja de la Gobernación departamental de Quetzaltenango, la ciudad de la estrella, en un ambiente rodeado de misticismo escuchamos una sonora voz acoplarse a la montaña a pesar de que estábamos en la ciudad de cemento y granito: Tulul, tulul, tulul. . ./ K’urupup, k’urupup, k’urupup . . ./ Chowix, chowix, chowix . . ./ Tuktuk, tuktuk, tuktuk . . ./ Xar, xar, xar . . ./ Tucur, tucur, tucur . . ./ K’up, k’up, k’up . . ./ saq’k’or, saq’k’or, saq’k’or . . ./ Ch’ik, ch’ik, ch’ik . . ./ Tucumux, tucumux, tucumux . . . “El idioma maya-k’iché es una lengua… poética, gutural y muy rica en onomatopeyas. Intercala música entre sus palabras, los nombres de los pájaros los tomamos de su canto, de modo que nombrar a un pájaro es cantar con él”. Con esas palabras Humberto Ak’abal, el poeta creador de onomatopoesía, 9

trasladó y compartió sus vivencias. Vivencias que pasan desapercibidas para los que conocemos poco la lengua maya-K´iché, en ella hay una manera de ver y de sentir. Sentir espantos, sabores, olores de montaña, caminos de tierra y cantos de pájaros. Comprender su poesía es escuchar el poema en voz alta, no necesita ser descifrada, es una poesía abierta, lo único es leerla y escuchar, escuchar, escuchar, para que las cadencias del lenguaje y las connotaciones semánticas retumben en la conciencia como en el inconsciente, y de esta manera dejar que el texto le permita vivir una realidad en la cual el lenguaje, en vez de servir como un instrumento que va a enajenar a los seres humanos de su contexto natural, sirve para ratificar la propia naturalidad del lenguaje humano. Lo reto a hacer un ejercicio. Traslade sus pensamientos a la montaña, al bosque, a un lugar tranquilo y escuche:

Klisklis, klisklis, klisklis . . ./ Ch’ok, ch’ok, ch’ok . . ./ tz’unun, tz’unun, tz’unun . . ./b’uqpurix, b’uqpurix, b’uqpurix . . ./Wiswil, wiswil, wiswil . . ./Tulul, tulul, tulul . . Esa es la onomatopoesía de Humberto Ak´abal quien extrae los significados artísticos de una naturaleza cargada de una fuerza comunicativa que puede realizarse tanto a través de la voz humana, a través del crepitar del fuego, del zumbido de las abejas, del viento, del baile amoroso de los pájaros, o de una infinidad de actos que forman parte de la totalidad de la naturaleza. Creo entender ahora sus versos: … los pueblos viejos/ tienen secretos encantadores/ y de ahí mis deseos de sacarlos a pasear/ en hojas de papel.


Salarrué, inquilino del planeta Mar te MIGUEL HUEZO MIXCO Exposición de arte Salarrué: El último señor de los mares, MARTE.

Se inauguró a principios de julio 2006,

en San Salvador, la esperada exposición de la obra pictórica Salarrué, uno de los mayores artistas centroamericanos de todos los tiempos. Salarrué ha sido conocido principalmente como narrador; ahora tenemos la oportunidad de asomarnos a su mundo de artista plástico. La muestra tiene un indiscutible valor. Todos los que han participado en ese proyecto pueden sentirse legítimamente orgullosos y satisfechos. Por una parte, el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) está probándonos que ha 9


conseguido desarrollar una mayor capacidad y gusto en el trabajo de montaje. Asimismo, ha logrado reunir obra que permanecía desconocida para el gran público y para los numerosos admiradores de Salarrué, entre los que me cuento. Pero en un proyecto tan ambicioso y complejo como ese, los resultados suelen ser ambivalentes. En lo que respecta al trabajo del curador de la muestra, encomendado al escritor y artista Ricardo Lindo, el museo parece haber hecho una apuesta sugestiva y arriesgada. Quiero expresar mi respeto por el trabajo de Lindo. He seguido con atención y a menudo con admiración su trayectoria como poeta, narrador, dramaturgo, pintor e investigador del arte. Curar la exposición de Salarrué posiblemente haya sido uno de los más gratos desafíos que ha enfrentado en su trayectoria. El resultado es una exhibición bellamente realizada... cuyo principal defecto posiblemente sea el que carece de una investigación sistemática sobre las diversas etapas de la trayectoria de Salarrué, que nos informe y documente sobre los procesos creadores del artista, y que fije sus principales hitos. Este vacío no es tan evidente cuando uno recorre la exhibición por primera vez, porque la fuerza y el colorido de muchos de los cuadros son sencillamente deslumbrantes. Pero si uno regresa y busca información, y recurre al catálogo de la exhibición esperando encontrar allí la orientación que no está en las salas, el vacío comienza a hacerse evidente. El catálogo es una atractiva pieza gráfica que contiene no sólo las reproducciones de las obras expuestas y un anecdotario, que ayuda a mostrarnos la personalidad de Salarrué, sino también una selección 9

de fragmentos de su obra narrativa. Abundante en literatura. De su pintura, sin embargo, el curador optó por decir casi nada. Ese “vacío” seguramente no es por pereza. La explicación la ofrece el mismo Ricardo Lindo cuando advierte que el modo de presentar la exposición “será inhabitual”. Lindo, en efecto, para presentarnos al Salarrué pintor ha recurrido a la metáfora de su biografía imaginaria, en la que el sonsonateco se auto representó como Euralas Sagatara, el último monarca de un imperio submarino. Esa imagen ha cautivado a sus lectores desde hace tiempo. Sagatara es probablemente el personaje más maravilloso y entrañable de su fértil invención. Fiel a esa tradición, Lindo lo convierte en el núcleo de la exposición, y en función de esa biografía organiza las pinturas y dibujos. Es posible que la fidelidad a esa idea le llevara a seleccionar obras útiles para ese propósito, incluyendo algunas desiguales en cuanto a su calidad artística. A diferencia de lo que dice Lindo, pienso que hasta ahora uno de los tópicos habituales de nuestra crítica ha sido la invención de Salarrué como un inquilino permanente del mundo sobrenatural. En otra dirección, la de la “religión” política, sólo Roque Dalton ha sido tan encasillado como él. Debiéramos hacer todo lo posible por sacar a Salarrué de ese camarín. Despejar su cielo de las maravillosas y densas nubes del reino de Dathdalía talvez nos ayude a comprenderlo mejor.


Para Ernesto Salmerón, Noviembre 2006.

El muro

DAVID OCÓN

B

enito Juárez recorrió los desiertos de Coahuila de frac, zapatos de charol y bombín, custodiando el cofre con los pliegos de la Constitución. Me fui al fondo a orinar contra el muro, cuando me sacudía la polla inquieta ví el contorno del Stetson, su inconfundible sombrero tejano cubriéndole medio rostro casi borrado, sandino?, Sandino, ¡SANDINO! y se me prendió el foco.

Obra ganadora de Ernesto Salmerón en la V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano, MARTE.

“Ay Chinita que sí, ay que dame tu amor, ay que vente conmigo Chinita, adonde Fotografía de Ernesto Salmerón 9


vivo yo”. Usted me lo vende y yo le dejo una barda de losetas. Cortarlo fue laborioso, el espesor mostraba mezclas de cal, arena y cemento maltratadas como queriendo desmoronarse, devolver el polvo al polvo, borrarnos su imagen, nuestro receptáculo de memoria histórica. Sobre un marco de hierro con perlines de diez pulgadas lo encajamos consolidado a base de epóxicos y siliconas, el artefacto con todo y su estructura pesaba unas cinco toneladas. Llegaron de Coyoacán, Tlalpan, Tacubaya, Xochimilco, Mixcoac a cantarle las mañanitas. “Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona”. La Emperatriz salió a la terraza del castillo envuelta en una bata de tul blanco que la luna iluminaba, Carlota estuvo reclinada en la baranda hasta que los rayos del sol naciente rozaron las copas de los ahuehuetes de Chapultepec. Primera parada., La Ex Chanchera, el amplio salón para sesiones de los diputados somocistas en el actual Palacio de la Cultura. El arte es lo que yo quiero, un artista más censurado, aquí mando yo. Dos razones, dos poderes, testimoniá, política sí, partidarismo no, eso es arte?, el arte es lo que yo quiero, chinguen a su madre, fotografiá, testimoniá, fotografiá, testimoniá, el pasamontañas rojo reveló su condición guerrillera virtual, el miembro del ejército videasta imaginista comenzó a disparar. En el Cerro de las Campanas una ráfaga barrió la humanidad del Emperador, Maximiliano cayó con su pelo y barba rubia ensangrentada regando el polvo 9

de Querétaro, Claude Manet pintó el suceso en dos versiones, en la primera los contornos precisos recuerdan el tratamiento de “El Pífano”, en la segunda las pinceladas sueltas y veladuras múltiples son puro impresionismo, así el artista le mostró a Europa escandalizada el fusilamiento de uno de los Habsburgo. Carlota enloqueció. Montamos El Muro en un IFA custodiado por dos ángeles mutilados, llegamos a El Salvador. Los ángeles excombatientes fueron legítimos productos sobrevivientes de una guerra fraticida como todas, los dos guías históricos atestiguarían, el uno cojo, el otro manco, el tiempo y sus avatares habrían de complementar su jodida asimetría, las historias que contaban de emboscadas, abandonos y traiciones. Comenzaron a peregrinar. Hijo de Hermes y Afrodita, El Hermafrodita, el muchacho/muchacha semi dios/diosa, transportado en un carromato ruinoso, envuelto en cortinas podridas para que no lo maltratara la luz solar, sorbiendo desesperado con sus labios resecos pegados a una gasa empapada, rodeado de una multitud ansiosa por tocarlo esperando el milagro en los caminos pinchurrientos de la Basilicata, la imagen que en el Satiricón, Fellini nos legó para siempre. Pasearlo al menos por Centroamérica, llevarlo en una romería más grande que la de Jesús del Rescate, que la del Santo Señor de Chalma, que la de la Lupita a la Colina del Tepeyac, somos ritualistas, procesionales, purisimeros, y qué, y qué y qué. No importan los costos, estoy endeudado hasta la madre pero hay que exhibirlo aunque no sea la mujer

barbuda ni el ternero de dos cabezas. Último acto, en la Plaza de la Libertad apiñé a una multitud conformada por todo el lumperío de San Salvador: drogos, maras, putas, cochones, huele pega, lisiados de guerra, guardias, carretoneros, lustradores. Cada uno con su papel y lápiz en la mano a la hora convenida lo comenzó a dibujar, primero contornearon el sombrero que le cubría medio rostro, la pañoleta rojinegra, después delinearon y sombrearon los ojos intranquilos, la nariz ancha y la boca pequeña, el cuello de la camisa y las solapas del saco. En la Plaza el silencio fue total, el performance era de ellos, así lo dispusieron y así lo hicieron revivir.

Publicado en MarcaAcme. com


D

e Ulyses con y, el largometraje que será filmado en nuestro país y dirigido por el salvadoreño Rolando Medina López, ya no se supo nada. La última noticia que se dio a conocer fue que el guión había sido mandado a Suiza para pasar por ciertas etapas de corrección, pero luego de eso, el proyecto parece no dar señales de vida. Pero los intentos por hacer cine en El Salvador siguen vigentes. Entre los meses de marzo y abril del 2007 Roberto Dávila nos presentará su película Sobreviviendo Guazapa.

Sobreviviendo Guazapa NEO ON FILM

Próxima película de Roberto Dávila.

Roberto estuvo en el programa Hola El Salvador para dar a conocer su trabajo, y, con mucho entusiasmo, habló sobre los orígenes de la historia, los percances detrás de cámaras y otros datos concernientes a esto que se perfila como uno de los primeros pasos serios para hacer cine en nuestro país. Durante la transmisión también se presentó un avance del largometraje y un pequeño video de la realización de la película, los cuales muestran algunos de los distintos recursos que se utilizaron para la filmación. Y en este apartado es de notar que el equipo de producción contó con herramientas tales como steady-cams, dollies, pantallas azules, grúas, etcétera; equipo que es utilizado para la filmación de grandes producciones que llegan a nuestro país desde Estados Unidos. El sitio oficial del filme afirma que el proyecto es un esfuerzo cien por ciento salvadoreño, con productores, inversionistas, guionistas, actores y técnicos locales. Además de ello, Pollo Campero patrocinó la alimentación del personal técnico y artístico durante el rodaje. La Fuerza Armada colaboró

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con el proyecto y entre las locaciones de filmación estuvieron Los Planes de Renderos, La Puerta del Diablo, fincas y hasta el propio volcán de Guazapa, entre otras. Se estima que la película, actualmente en estado de post-producción, tenga una duración entre los noventa y cien minutos. Dávila, quien escribió el guión 9

junto con su esposa, dijo ante cámaras que inicialmente el tiempo de filmación estaba programado de tres a cuatro meses y medio, pero que resultó en un periodo total de nueves meses de intenso trabajo. Entre sus planes está el poder conseguir apoyo para su distribución internacional, aunque él mismo señaló que Sobreviendo Guazapa es una película hecha por salvadoreños para

salvadoreños. Mientras tanto varios festivales de cine contarán con la participación de este proyecto (Ícaro, La Habana, Miami, San Francisco, Bogotá, entre otros), pero su premiere oficial, tal como se ha dicho hasta el momento, será exclusiva para nuestro país. Para mayor información pueden visitar el sitio web oficial en donde


encontrar谩n el avance de la pel铆cula, fotos de la filmaci贸n, sinopsis y otros datos interesantes. El trabajo es una producci贸n de DVR Cineworks, Digital 1 y Fundacine, y cuenta la historia de dos muchachos -un soldado y un guerrillero- que deciden unirse para salvar sus vidas a pesar de la rivalidad y desconfianza mutua.

Publicado en NEO on film http://neo-cine.blogcindario.com/

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ADN cultural…

JAZMÍN CAMPOS

Serie radiofónica sobre la identidad salvadoreña, Radio Clásica.

Aparecen muchas alusiones al respecto del ser salvadoreño, la identidad nacional, la búsqueda de las raíces, pero sin detenerse en el discurso la llamada “salvadoreñidad” está conformada por múltiples expresiones.

Durante 2005 trabajé en Radio Clásica una serie radiofónica sobre el tema de la identidad salvadoreña, la cual concluyó en 48 capítulos llamados “ADN Cultural”. La idea fue la de ofrecer una panorámica actualizada de los diversos temas que constituyen nuestra esencia salvadoreña, con sus influencias, variantes y transformaciones en el tiempo. Paralelamente, en Radio UPA salía al aire “Cipotepeque”, la versión para niños de ADN Cultural. El trabajo fue arduo, sobre todo porque para muchos de los temas no había material escrito, pues ciencias como la antropología, la arqueología, la paleontología e incluso la historia tienen una aplicación bastante nueva en el país, pero el resultado me enorgullece mucho, 9

pues es una primera contribución al acervo cultural en el campo de la producción seriada. Las transmisiones iniciaron con un primer acercamiento al tema de la identidad, para dejar claro que, desde los nuevos paradigmas, ese tema es sinónimo de integración, renovación y reconocimiento. Por ejemplo, hay casos como el de las cofradías, que a nivel nacional no tienen mayor referente y están al margen de las manifestaciones religiosas populares por haberse quedado rezagadas solamente en ciertas comunidades, pero que alcanzan magnas proporciones en comunidades como la del Barrio San Antonio Abad en San Salvador, en donde los jóvenes se integran a las celebraciones anuales en un intento por mantener viva una vieja tradición. A lo largo de 48 capítulos, que se nos volvieron cortos, nos interesamos en variados temas como los vestigios arqueológicos, pero no desde la óptica de


algo ya terminado, sino como una ciencia relativamente joven en el país, de la cual aun debemos esperar muchas respuestas y revisiones. Ese es el caso también de la historia salvadoreña, ese complicado entramado de acontecimientos que los conocedores intentan reunificar. Otro gran tema fue el del mestizaje cultural, que aparece en un primer momento debido al encuentro de dos mundos, pero que en la actualidad surge como producto de la globalización y en donde lo grave no es la inclusión de nuevos elementos a las culturas, según dicen los especialistas, sino la falta de reconocimiento de los orígenes de cada manifestación, ya sea propia o adoptada. En ADN intenté dejar claros esos orígenes, en capítulos relacionados al lenguaje, la literatura oral y escrita, el sincretismo religioso, la cocina salvadoreña y otros más. La revisión del tema de la salvadoreñidad nos obliga además a hablar sobre algunos personajes que han hecho la diferencia en la manera de hacer las cosas, o cuyo legado nos acompaña hasta hoy: ese es el caso Stanley Boggs, padre de la arqueología científica en el país y Mangoré, formador de una generación de guitarristas. Y finalmente, el tema de la tierra en El Salvador, relacionado siempre a la explotación, la pobreza y la inequidad social aparece en una aproximación a la vida de las comunidades en Puerto el Triunfo, con cooperativas que luchan por sobrevivir como resabios de un proyecto fracasado de reforma agraria y hombres que arrancan del mar el pescado diario.

Como marca profunda en los diversos temas de la cultura nacional aparece un mismo suceso: la guerra en El Salvador. Los 12 años de conflicto han marcado la vida nacional en todas las esferas, de tal manera que parece resumirlo todo en: antes de la guerra y después de la guerra. Como ejemplo menciono la elaboración de los tradicionales Dulces de Colación, que nos lleva hasta Aguacayo, una comunidad duramente golpeda por la guerra, pero que ha mantenido viva la original receta del dulce blanco. Una tradición de la que además tenemos noticias debido al éxodo comunal ocurrido luego que Aguacayo quedara destruido entre cenizas, sumándose a los pueblos fantasmas que dejara el conflicto. Luego está el aspecto del enfoque, pues hay temas que se han tratado muchísimo, pero lastimosamente de manera superflua o desinformada. En cada capítulo de ADN Cultural y Cipotepeque, intentamos hacer prevalecer el aspecto humano que va de la mano al fenómeno cultural, la historia personal que acompaña a cada tradición, costumbre o suceso. 48 capítulos se dicen fácil y sin duda hay muchos más temas por sondear, pero hemos hecho un camino.

ADN Cultural se retransmite en Radio Clásica 103.3 FM los lunes a las 6 PM y los sábados a las 9:30 AM.

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El barbero, de Ernesto Soto Analog

E

l barbero, de Ernesto Soto obra incluida en el XII Festival Internacional de Teatro en el Justo Rufino Garay de Nicaragua. El personaje de El barbero está por recibir a su segundo hijo, un varón. La alegría que le invade lo hace trabajar con mucho ánimo, y entre pláticas con su clientela, conocemos de su filosofía de vida. La obra, un monólogo actuado por Yulio Calero y dirigido por Ernesto Soto, nos presenta 4 situaciones en que el personaje tuvo que realizar decisiones, las cuales dejó pasar para no tomar responsabilidades, pero que le trajeron consecuencias personales. El barbero pierde a su mejor amigo arrastrado por un río, es sentenciado por cómplice en una violación por no detener que sucediera, es obligado a casarse al embarazar a una muchacha; pero ese día, con su esposa a punto de darle un hijo, tiene que tomar una decisión final: el embarazo se ha complicado, y debe decidir quien sobrevivirá, si la madre o el bebé. La historia de sus aventuras es contada a los clientes que, al escuchar los sucesos, cuestionan y critican la falta de carácter de no decidir. El barbero alega en toda ocasión que ninguna de las situaciones fue su culpa, que simplemente hizo lo que la mayoría decía, pero al mismo 10

tiempo aprovecha su posición de barbero para señalar a los ojos a los clientes, sentados en la silla de barbero, y apuntarles con las tijeras y navajas de su propio trabajo. Realmente creía tener inocencia sobre todo lo sucedido, pero defendía su verdad con el filo hacia delante. El decidir implica un acto voluntario y conciente. Esta obra tiene como sub-texto promover la participación ciudadana, favoreciendo unas ideas políticas sobre otras; pero de nuevo, es cada persona la que debe decidir que camino tomar: ¿Abortar y salvar a la madre? o, ¿salvar al bebé?

La masacre de El Despertar y la jornada de oración por la paz Alta hora de la noche

Ahora fui a misa a San Antonio Abad.

Mi hermana iba a cantar con el coro de la UCA en la misa de 8 AM. Me dejó pensando lo que ví: al finalizar la misa, invitaron al coro (y a quienes les acompañábamos) a conocer la casa parroquial de El Despertar, lugar donde fueron masacrados el 20 de Enero de 1979 el sacerdote Octavio Ortíz Luna y cuatro jóvenes catequistas que se encontraban realizando un retiro: Ángel Morales, Roberto Orellana, Jorge Alberto Gómez y David Alberto Caballero. Éstas son sus fotos:

La joven que contaba la historia, narraba cómo bajo un árbol de mango que se encuentra allí, los miembros de las ya extintas Guardia Nacional y Policía Nacional hicieron pasar una tanqueta sobre la cabeza del padre Ortíz. Yo conocía el lugar desde hacia un par de años antes, ahí se encontraba un sacerdote con quien tuve chance de ser asesorado espiritualmente en un momento al que yo le llamo “desierto espiritual”. El padre, por cierto, es quien habría sido asesinado en lugar del P. Rutilio Grande S.J., si hubiera ido en el vehículo que éste abordó. Como decía, conocía el lugar y sabía de la conmemoración que año con año realiza la parroquia de San Antonio Abad, más no tenía mayor noción de todo lo que había ocurrido. Al regresar del lugar, tenía la intención de terminar el post que había comenzado a escribir ayer. Se me ocurrió buscar información sobre la masacre de El Despertar, y me encontré con la homilía de Monseñor Romero al día siguiente de la masacre.

Ministerios de “cultura” El Visitador

Francia, fundada en 843 con el tratado

de Verdún. Ministerio de Cultura, fundado 1959. EEUU, fundados 1789, fecha entrada vigencia de la constitución. Ministerio de Cultura, no existe. Reino Unido, fundado 1707 con las Leyes de Unión. Departamento de Cultura, Medios, y Deporte, fundado en la Ley de Herencia Nacional 1983. Italia, fundada 1861 con el primer parlamento y rey. Ministerio para los Bienes y las Actividades Culturales, fundado 1998.


Francia, 1116 años sin ministerio de “cultura.” EEUU, 217 años sin ministerio. Inglaterra, 276 sin ministerio. Italia, 137 años sin ministerio. Tomar nota que mientras esos países fueron pobres, no le clavaron impuestos al campesinado para pagar burrócratas para que digan si un Carnaval es “cultura” o no es “cultura.” Tomar nota que la “cultura” en esos países en 1959, 1983, y 1998 era ya increíble e infinitamente rica... sin necesidad de burócratas inhumanos. Esto es porque la cultura la crean los ciudadanos, no el Estado. Y ahora, ya como países ricos y seguros, ¿qué más da si desperdician su plata en burrócratas?

Homenaje fallido Ixquic

Hace unos tres años aproximadamente,

el director del grupo con el que bailo nos propuso trabajar en un homenaje a María Teresa Guerra de Arene, quien fue maestra desde la fundación de la Escuela Nacional de Danza (END) en 1951 y posteriormente fue directora por 11 años (1970-1981). Una bailarina habló con el hijo de Guerra de Arene (Alberto) y él nos facilitó un pequeño y cálido encuentro con ella, aprovechando que estaba en el país. Cuando llegamos a su casa, nos encontramos con una hermosa señora de avanzada edad que estaba feliz de conocernos y sus ojos, café miel, brillaban de ansiedad por iniciar la conversación. Me pareció genial conocer a una de las hijas de uno de los grandes intelectuales de este país: Alberto Guerra Trigueros, poeta, crítico

de arte y director del periódico Patria. María Teresa Guerra nació en Europa y llegó al país con su padre cuando tenía siete años, y cuando creció fue a México donde tomó clases de ballet y flamenco. Comentó que cuando regresó al país, una noche su padre le pidió que lo acompañara al teatro a escuchar un concierto de violonchelo –su instrumento favorito– y accedió de mala gana. La sorpresa fue que desde esa noche quedó encantada con el ejecutante con quien se casó posteriormente. (Mientras contaba esta historia, miraba la foto en blanco y negro del músico ejecutando su instrumento). Cuando Galindo Pohl llegó como Ministro de Educación la llamó para colaborar en la END y a su esposo para dirigir la Escuela Nacional de Música (dato que debo corroborar). Durante la década de los setenta gestionó con México, Estados Unidos de América y Guatemala la colaboración de maestros de danza moderna. El 2003 fue un año difícil para el grupo y finalmente este proyecto no se realizó, yo me quedé con la grabación que hice en video de esta conversación pero además me quedé con un grato recuerdo.

Kitchen Tierra de collares

He

añadido para esta nota varias portadas que se han hecho para ediciones del libro Kitchen, de la escritora japonesa Banana Yoshimoto. Me llama la atención el elemento común que tienen todas: la mujer que con las piernas juntas y las manos atrás nos dan la bienvenida a la lectura.

Kitchen fue el primer libro de Yoshimoto, y logró importantes ventas en Japón. Gracias a este trabajo obtuvo prestigiosos premios literarios. Sus libros han sido traducidos a muchos idiomas. Es una de las plumas japonesas más conocidas en el mundo. Sin embargo, la crítica no es tan entusiasta con ella. Este trabajo incluye dos historias. En la primera, que es la que le da título al libro, conocemos a Mikage, quien ha sufrido la pérdida de su abuela. Durante las noches duerme en la cocina, pues es ahí donde encuentra un ambiente confortable. La vida en soledad la entristece, por lo que un amigo, Yuichi, la lleva a vivir a su casa. Mikage conoce ahí a Eriko, la “madre” de Yuichi -más tarde descubrirá que es un hombre vestido como mujer-. Madre e hijo ayudan a la muchacha a superar su depresión. Mikage descubre que su vocación es la cocina. Gracias a su trabajo y a los cuidados de Yuichi logra remontar su tristeza. Meses después, tendrá la oportunidad para devolver el favor, cuando su amigo se encuentra en un momento definitorio de su vida. Este libro es una buena introducción a la literatura japonesa para aquellos que no han leído otros autores de dichas latitudes. Mezcla elementos de la vida moderna con ciertas tradiciones y, en 10


especial, con ciertos elementos de la cultura culinaria nipona. Les dejo aquí un enlace al sitio oficial de Banana Yoshimoto. Pueden encontrar el perfil de la escritora y un diario -aunque desde hace algún tiempo no lo utiliza-.

Four American churchwomen and a university in the same spirit Tim´s El Salvador Blog

T

oday marks the 26th anniversary of the rape and murder of four American churchwomen -- Sister Ita Ford, Sister Maura Clarke, Sister Dorothy Kazel, and lay missioner Jean Donovan. 26 years ago today, nine months after the assassination of archbishop Oscar Romero, the women were captured, raped, tortured, and brutally murdered by members of the U.S. trained and financially supported Salvadoran armed forces. They joined the ranks of the martyrs of El Salvador’s bloody civil war. Today I also received a copy of an appeal for the support of a project the churchwomen would have supported. Oscar Romero University is threatened with closure, and needs the support of persons around the globe. Here is the appeal from Peace International, sponsor of the university: November 2006 Dear Friends and Followers of Oscar Romero. We are writing to you because we are facing the threatened closure of the Monseñor Oscar Arnulfo Romero University, the only rural university serving the poor of northern El Salvador. 10

We founded the Monseñor Oscar Romero University in 1993, one year after the signing of the peace accords in El Salvador. We named it for the slain archbishop in fulfillment of his prophecy: “If they kill me I will rise again in the people of El Salvador....” The Oscar Romero University, located in a formerly conflictive zone in Chalatenango Province, now enrolls over 900 students and has graduated 360 new professionals. Its aim is to break the cycle of poverty through education. Most Romero students are the first in their families to attend school beyond fifth or sixth grade… We need your help – as members of the international community -- to keep the university open. Please support our efforts to build a transparent and democratic institution that honors the legacy of Oscar Romero. Read the complete letter and how you can help at the Peace International website.

experiencia personal”. Siniavski fue juzgado con otro escritor, Julius Daniel. Estos dos escritores fueron los primeros condenados por un tribunal soviético que no reconocieron su culpa. Desde los famosos juicios estalineanos hasta los brezhneveanos, la lógica judicial soviética se aparentaba a los tribunales inquisitoriales, el acusado debía reconocer su falta, reconocerse culpable formaba parte de la expiación. Pero el caso Siniavski-Daniel tuvo incidencia mayor en mi vida, porque tocaba públicamente la libertad de pensar, de escribir y que la actitud general que se propagó en la sociedad soviética estaba tan lejos de coincidir con la profunda aspiración de libertad y de pleno esparcimiento de la personalidad humana. El miedo y la hipocresía emergieron a la superficie de toda la sociedad, fueron muy pocos los que tímidamente se opusieron a que dos escritores fueran condenados por sus escritos. La disidencia made in USA

Mis últimas lecturas : Siniavski, Solomon y Ginsberg Cosas tan pasajeras

Desde

Siempre he pensado que de la misma manera que los soviéticos tuvieron sus disidentes, los estadounidenses asimismo han de tener algún fenómeno social parecido.

La lógica judicial El texto que voy a comentar es el de una conferencia de Andrei Siniavski, que fue publicado en una revista francesa “Sintaxis” No 15, 1985. El título de la conferencia es “La disidencia como

Casi paralelamente al texto de Siniavski leí otro. Es decir dos textos, primero encontré el de Carl Solomon en su traducción francesa, el título en el original es: “Mishaps, Perhaps more mishaps”. Es una pequeña colección de pequeños textos desgarradores en los que Solomon nos va entregando su sufrimiento, el sufrimiento que le ha infligido la sociedad capitalista. Su

que dejé la universidad, mis lecturas se han vuelto cada vez más caóticas, desordenadas, en cierta medida siguen el rumbo que les señala la caprichosa mano de Fortuna.


propia familia lo declara demente porque a los quince años adhiere a la juventud comunista de los Estados Unidos, lo internan en un manicomio. El otro texto fue el de Allen Ginsberg, el famoso “Howl” que dedicó a Carl Solomon. Se trata de un texto clave de la poesía estadounidense del siglo XX , el inicio de una época. Este otoño cumple medio siglo de publicado. Y se puede afirmar que su ferocidad no ha perdido actualidad, ni la espesura de su lenguaje. Se siente la pujanza de un Whitman, pero el optimismo primigenio del gran Walt se vuelca en los amplios períodos ginsbergeanos en un atronador grito de protesta. Versión editada por El ojo de Adrián.

Paradojas, murallas y mirillas Pluma libre

Por: Luis Fernando Quiroz

Ahora,

cuando se habla tanto de levantar murallas “high-tech” que impidan definitivamente el paso a los emigrantes latinos, de esos que provienen del lado trasero o lateral e imprecisa noción de territorio, evoco con un fuerte extrañamiento las encabritadas palabras y pensamiento de don Pepe Figueres, cuando reprimía a los gringos que nos motivaron a asumir un modelo de vida que nos influenciaba a comprar -para cada uno de nosotros y en esos años- un carrito; pero cuando al fin todos nos movíamos en auto entre

estos imprecisos bordes del “backyard” hundidos en carreteras maltrechas y destapadas, nos inflaron el precio de la factura petrolera, dejándonos y nos dejan hoy más que nunca “guindando del borde” -digo, del muro. “Backyard” Uso el término “backyard” con que el amigo editor del “Ojo de Adrián” -el hermano salvadoreño Enrique-, nombró su “blog” e importante vínculo de textos y pensamientos de intelectuales de nuestro istmo, propio a ése que Virginia Pérez-Ratton se refiere y titula el gran evento “(Es)trecho dudoso”(1), porque nos sitúa en ese “patio trasero” que somos para los estadounidenses; “garage” donde se efectúan las “yardas” en fines de semana para vender lo que ya no funciona y se compra a bajo precio para despojarse a como de lugar de esas mercancías. Pero el asunto de este texto es fustigar esa impostación cerebral de “frontera” que se antepone a su visión el señor Bush y los “mandamases” de la Cámara del Senado y el Congreso Norteamericano; sin saber que esas murallas -como se dijo-, de la más alta tecnología, son su propio borde, o más bien horma como diría el sociólogo Mitkerlich, que los hará, los moldeará a sí mismos.

refieren a alta tecnología? “Se sometieron voluntariamente a la incrustación quirúrgica de un dispositivo sintético irrompible que, como una suerte de anteojos fijos, era adherido a la estructura ósea de las órbitas de los ojos”. (2) Dios quiera que esa muralla que se alzará por tantos miles y miles de kilómetros en la frontera Norte del “backyard”, no se convierta en “mirilla-muralla” para ellos mismos; por lo menos para los políticos de esa nación, que desde ya la tienen incorporada a su percepción y donde quiera que pongan su ojeada verán ladrillos, bloques, barras y células “fotovoltáicas” que activan escáners que rastrean el calor de nuestra piel cobriza. Referencias: 1Virginia Pérez-Ratton “Estrecho dudoso”, 2006.Teorética. 2Fernando Contreras Castro, “Urbanoscopio”, 1998. San José: Farben Norma.

Me hace recordar esa hermosa narración de Fernando Contreras Castro en su libro “Urbanoscopio”, cuando relata una nueva forma de prisión para los privados de libertad: se trataba de un implante en el fondo del ojo que dibujaba en la mirada del prisionero unas rejillas, y todo lo que observaba era velado por aquella prisión interior. ¿Será algo así lo que quieren anteponernos, cuando se 10


El aroma a letra recién impresa La belleza esta en los números:

La

revista internacional de literatura Words without borders dedica su página del mes de Octubre 2006 a literatura latinoamericana: Juan Villatoro, Horacio Castellanos Moya, Juan Emar entre otros.

de Rafael Menjívar Ochoa, Carolina Escobar Sarti y Marco Antonio Flores gracias a FyG Editores de Guatemala, una editorial que no tiene nada que envidiarle a nadie: ni contenidos, ni diseño, ni calidad de edición, ni nada de nada.

http://www.wordswithoutborders.org/front. php?date=OCTOBER+2006

http://www.fygeditores.com/

Estrecho dudoso:

Fresco, nuevo y brillante:

Música

Fractal. Los fractales son representaciones geométricas de complejas fórmulas matemáticas cuya estructura básica se repite en diferentes escalas. A la base de la Teoría del Caos que trata comportamientos aleatorios de sistemas dinámicos, en muchos casos los fractales pueden ser generados por un proceso recursivo o reiterativo capaz de producir estructuras auto-similares independientemente de la escala específica. Aquí música e imágenes fractales para conectarse al universo invisible. http://www.fractal-vibes.com/fvc/Frame01. php3

Los Límites territoriales, reales y simbólicos,

establecidos por la razón o la memoria a través de las artes visuales es lo que nos trae este ambicioso proyecto de Teorética en Costa Rica hasta el 15 de Febrero 2007, con sede en museos, instituciones y espacios públicos. ¡Regina Galindo (GUA), Luis Paredes (SAL), Antoni Abad (ESP), Danny Zavaleta (SAL), Alicia Zamora (NIC) entre más de 70 artistas! http://www.estrechodudoso.com

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Noveles, una revista bimestral de literatura cibernética que nace en Lima y da espacio a un amplio equipo de colaboradores de toda América y España. Ahora con una edición especial de narradores de Centroamérica y el Caribe a cargo de Jacinta Escudos y Salvador Luis.

http://www.losnoveles.net/estacioncentral.htm


Ida y vuelta IDA: La vencedora

Ruta 415: San Salvador-Guatemala Destino final: Los Yunaited

+una estampa de la virgencita +una toalla para el frío +el dinero para el coyote +una foto de mi madrecita +un queso de morolique para la paquita +una camiseta del Club deportivo FAS Associated Salva-American News.Los salvadoreños han hecho de Estados Unidos su segunda patria: se sabe que por lo menos 2.4 millones

residen en ciudades estadounidenses a lo largo y ancho. Se calcula que sólo en el área de Los Ángeles vive casi un millón de salvadoreños, lo que significa que ésta es la segunda ciudad con más ciudadanos salvadoreños fuera de su país. En Los Ángeles existen más de 200 negocios registrados como propiedad privada de salvadoreños, desde agencias de viaje, restaurantes y talleres mecánicos hasta empresas de limpieza, entre otros. El 6 de agosto se celebra el Día Nacional del Salvadoreño-Americano, que en el

2006 fue celebrado con el encuentro clásico salvadoreño entre el C.D. Águila y el C.D. FAS en el Coliseo de Los Ángeles. Según el Ministerio de Economía de El Salvador, los “salvamericanos” consumen aproximadamente 450 millones de dólares en productos étnicos que El Salvador exporta a Estados Unidos, y representan la mayor contribución económica para su país de origen. Envían un promedio de 3,000 millones de dólares al año a sus familiares, lo que equivale al 15% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. 12


VUELTA La poderosa: US$3,000,000,000 al año

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+un mini-componente para la Lupe +un Max Steel para chepito +una chumpa para el frío +una foto de mi señor presidente Bush +una camiseta del Club Deportivo FAS


El ojo de Adrián 1 Año 2 : Corre Lola, Corre  

Arte - Literatura - El Salvador

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