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El legado cultural de Roma La larga presencia romana en Hispania dejó una huella cultural tan profunda que todavía hoy se sigue percibiendo en algunos aspectos de la vida cotidiana. Pese a la dureza de la conquista los indígenas terminaron por adoptar gran parte de la cultura romana, aunque la pervivencia de las culturas autóctonas fue todavía importante, especialmente en el norte peninsular. 

Latín y derecho romano:

El latín fue un símbolo del poder romano y pronto se convirtió en la lengua utilizada por las élites indígenas hispanas. Poco a poco, terminó por imponerse al resto de lenguas peninsulares y la latinización alcanzó a todas las capas sociales: de las lenguas prerromanas solo sobrevivió el vascuence. La absorción del latín fue tal que incluso alguno de los intelectuales más destacados del mundo romano procedía de Hispania (Séneca, Lucano o Marcial). Además de la lengua, otro de los testimonios del legado romano fue su sistema jurídico: el derecho romano, que sigue siendo base de buena parte del ordenamiento jurídico de las sociedades actuales. El emblema máximo del derecho romano era la ciudadanía, en principio solo reservada para los naturales de Roma pero que, poco a poco, se fue extendiendo a otros habitantes del Imperio. Los indígenas hispanos fueron considerados bárbaros y, una vez sometidos, peregrinos. Pero con el paso del tiempo, en Hispania aumentó el número de individuos con derecho de ciudadanía, hasta que finalmente el emperador Caracalla lo concedió, en el 212 d. c., a todos los habitantes del Imperio. La ciudadanía romana suponía la participación plena en el derecho romano y estar en posesión de todos los derechos civiles y políticos romanos, así como disfrutar de amplios privilegios jurídicos y fiscales. Por debajo estaba la ciudadanía latina que no disponía de derechos políticos (posibilidad de ser elegido magistrado) y, en un escalón inferior, el peregrino, sometido a Roma y sin apenas otros derechos que los establecidos por los conquistadores romanos. 

La huella artística

El largo proceso de romanización dejó un conjunto ingente de obras y un valioso legado artístico que se manifiesta en los numerosos monumentos que todavía perviven de la etapa del dominio romano sobre Hispania: Edificios públicos: enclavados en las ciudades y destinados al ocio de sus habitantes. La diferencia de su aspecto refleja sus distintos destinos: templos, teatros (Mérida), anfiteatros (Itálica), acueductos (Segovia) circos y termas... Las obras de ingeniería civil: algunas de las más espectaculares son los acueductos, como el de Segovia, los puentes como el de Alcántara, o las murallas de defensa de las ciudades, caso de Lugo. Por último, las calzadas también constituyen uno de los símbolos más destacados del legado romano, convirtiéndose en uno de los principales factores de romanización (vía de la plata, vía augusta, vía caesaraugustana…) Esculturas y mosaicos: son abundantes los restos de bustos, retratos y mosaicos, especialmente en los foros, villas y palacios de los habitantes más adinerados del mundo hispanorromano. Especial ejemplo de estas obras son las villas romanas bajoimperiales de La Olmeda (Saldaña) y Almenara de Adaja (Valladolid), con muestras extraordinarias de la obra musuviaria romana. 

La religión romana

La religión romana estaba basada en los dioses y mitos de los pueblos griego y etrusco. Tenía un carácter politeísta aunque dentro del panteón de dioses de carácter antropomórfico (con forma humana) destacaba la denominada triada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva), que representaban el poder de Roma. Con la formación del Imperio se impuso el culto al emperador, que pasó a ser considerado como un dios viviente. Uno de los fines de este culto era reforzar la unión e integración del vasto Imperio romano. Roma respetó los cultos locales indígenas mientras no supusieran una amenaza para su dominio. Además, se produjo un sincretismo religioso, es decir, la fusión de sus divinidades con las de los indígenas. Desde Oriente se difundió un nueva corriente religiosa, el cristianismo, predicado por Jesús de Nazaret, que colisionó con el poder romano por tratarse de una religión monoteísta y no reconocer el culto a otros dioses, ni siquiera al emperador, además de cuestionar la sociedad esclavista romana. Esto provocó la persecución de los cristianos por parte de Roma, y los creyentes ejecutados pasaron ser considerados mártires. A pesar de las persecuciones, el cristianismo fue penetrando en la sociedad hispanorromana especialmente en los núcleos urbanos. Los impulsos decisivos para la cristianización del Imperio fueron el Edicto de Milán (313 d. C.) que acababa con las persecuciones y concedía libertad de culto a los cristianos, y su imposición, por el emperador Teodosio I (379-395), como religión oficial del Estado romano.

El legado cultural de roma  

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