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Muerte con muerte Víctor Vegas Fernández

Es imposible llegar a percibir, desde la lejanía, el dolor del pueblo indio ante un crimen tan salvaje, y mucho menos el de la familia de la joven Amanat, violada en un autobús en Nueva Delhi, y finalmente fallecida. Pero no podemos dejarnos llevar por el instinto más primitivo de venganza. La pena de muerte impuesta a cuatro de los autores por tan repugnante acto no cambiará nada. Esta medida no disuadirá a otras personas a cometer estos actos, ya que esta premisa no ha quedado demostrada tampoco en otros países donde se aplica la pena de muerte. Un país donde una mujer es violada cada 20 minutos o donde casos anteriores como el asesinato y violación, con disparos en sus partes íntimas, de Thangjam Manorama a manos de miembros del ejército no han sido ni condenados, tiene un problema mucho más profundo. Así lo evidencia la Agencia Nacional de Estadística Criminal que muestra que los casos de violación en el país han aumentado un 791% desde 1971, aún habiéndose ejecutado sentencias de muerte por estos delitos durante estos años. Sin duda estos cuatro criminales deben recibir su castigo por el cruel acto que cometieron, pero su muerte no conseguirá evitar que mañana en otra calle de Nueva Delhi aparezca otra Amanat. En ningún caso la pena de muerte ha de ser la solución, ya que solo nos llevará a reforzar el instinto de venganza y a pagar la muerte con muerte.


Muerte con muerte