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El camino de las mujeres

Una iniciativa pionera en España de viajes sólo para féminas propone recorridos por Asia. Una manera distinta de hacer turismo en la que, además de conocer monumentos y templos, se bucea en la cultura y la vida cotidiana, interactuando con las mujeres de este continente.

D E

N E P A L


VIAJE

A

B U T Á N POR

Contrastes y semejanzas De arriba abajo: Detalle de un bailarín en el festival budista Punakha Tsechu, en el dzong (fortaleza-monasterio) de Punakha (Bután). El dzong de Timphu, la capital de Bután, muestra en su grandeza la arquitectura local, en ladrillo pintado de blanco y madera policromada. En la página anterior, de arriba abajo: Banderas budistas de oración en el mirador de Sarangkot, en Pokhara (Nepal), con el Himalaya al fondo. La casa de la niña Kumari, diosa viviente de la religión hindú, en Katmandú, capital nepalí, es un ejemplo de la arquitectura newarí, que mezcla ladrillo y madera tallada.

Paka Díaz

FOTOS

Lourdes Segade


E

l viaje a Katmandú es largo. Nos movemos por el avión, estirando las piernas y haciendo los primeros contactos con nuestras compañeras, un grupo de 13 mujeres de distintas procedencias y de 30 a 72 años. Vamos a recorrer Nepal y Bután en 17 días. Sólo chicas. La iniciativa se llama El camino de las mujeres y es obra de Cristina Bernat, guía de viajes experta en Asia. En Estados Unidos este tipo de proyectos ha experimentado un crecimiento de un 230% en los últimos siete años. En España es una oferta pionera y nosotras, sus afortunadas conejillos de Indias. Al llegar al aeropuerto nos reciben con collares de caléndulas naranjas que nos alegran las ojeras. Partimos al hotel, un antiguo palacio de arquitectura newarí con patios salpicados de cuencos de flores que nos deja boquiabiertas. En la entrada nos reciben con una tika (salutación) roja en la frente. Comienza la aventura. Las calles de Katmandú son una algarabía de tráfico, gente y todo tipo de ruidos. Pero, por encima de todo, resplandecen la hospitalidad de sus habitantes y la belleza de sus tesoros. Es una buena idea comenzar a conocerla por Durbar Square, el corazón de la ciudad en el que se alza uno de los más hermosos templos, Kaasthamandap. Construido en 1596, toda la estructura está hecha de madera tallada y es un ejemplo perfecto de arquitectura newarí, del período que comprende desde el siglo XII hasta el XVII. Además no hay que dejar de ver Swoyambhunath –el templo de los monos–, con su larguísima escalinata y su bellísima estupa en la cima; el templo de Pashupatinath, dedicado a Shiva y con bellas puertas de oro y de plata, o la estupa de Boudhanath, uno de los monumentos budistas mayores del mundo. Todas son visitas que realizamos encantadas, como la mayoría de turistas, pero nuestro viaje se diferencia en que está diseñado para que podamos también conocer la vida cotidiana, interac-

tuar con otras mujeres y recibir una iniciación, en el caso específico de este recorrido, al budismo. Por ejemplo, en Katmandú visitamos Maiti Nepal, orfanato, escuela y centro de acogida de víctimas del tráfico sexual. Tenemos el enorme privilegio de conocer a su fundadora, Anuradha Koirala. Mujer de gran coraje que se ha enfrentado a las mafias, fue ministra de Asuntos Sociales y ha sido condecorada recientemente por la Reina Sofía. Y también de abrazar a los bebés acogidos y corretear por el patio con los niños. Otro privilegio es conocer al Lama Lhundrup, eminencia del budismo que nos recibe en el monasterio de Kopán, situado sobre una colina y con preciosas vistas al valle de Katmandú. Inteligente y brillante, nos empuja a reflexionar sobre nuestro modo de vida, el sentido de la existencia o la violencia cotidiana, con preguntas a primera vista ingenuas. Es un placer escucharle... ¡y debatir con él! Además, nos regala el mantra de Chenrezig, el Buda de la Compasión: Om Mani Padme Hum. A la salida, bajamos al monasterio de monjas, en su mayoría refugiadas tibetanas. Sentadas en círculo mientras tomamos un té, nos explican su situación. Algunas compañeras de viaje que apenas sabían del conflicto se indignan. Otras nos estremecemos al escuchar la información de primera mano. Muchas de ellas llegaron a Nepal con algún miembro congelado o tuvieron que esquivar las balas de los soldados chinos en su huida. Y, aunque la manera de contar de los budistas siempre busca el equilibrio y el respeto, la forma de escuchar española hace que te hierva la sangre de indignación.


Cielo, montaña y agua En esta página, de arriba abajo: El lago Phewa, en Pokhara (Nepal). Pasang Lhamu Sherpa, de 23 años, colaboradora de El camino de las mujeres y Viajes Sanga, es la única mujer nepalí instructora de montaña y, patrocinada por Expediciones Sanga, coronó el Everest el 17 de mayo de 2007. Dos jóvenes monjes budistas atraviesan el puente que cruza desde el dzong de Punakha, en Bután, hasta la villa del mismo nombre. En la página anterior: Sereh, guía de montaña y porteador, regresa a su casa después de haber subido al mirador de Sarangkot –a 1.592 metros de altitud–, desde donde se ve uno de los más bellos atardeceres del Himalaya.

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Si el día está tranquilo, el agua del lago Phewa se convierte en un espejo que rebota las montañas con un efecto tan hermoso que nos hace enmudecer.

Tras unos días en Katmandú, volamos hacia Pokhara con Yeti Airlines, nombre mítico donde los haya. Los miembros del grupo ya se conocen e intercambiamos charla, bromas y sitios en el avión para ver mejor la espectacular cordillera del Himalaya. De la ciudad a la que nos dirigimos parten grupos de aficionados al trekking o de escaladores avezados con ánimo de coronar alguna cima de los Annapurnas. Su perfil en el horizonte es imponente y da la impresión de que comienzan a un palmo de distancia. Entre ellos se alza el Annapurna I, el primer 8.000 escalado por un ser humano, en 1950. Pokhara se extiende a lo largo del lago Phewa, el segundo mayor del país, que recorremos en barca una soleada mañana. En mitad del lago, una parada en una pequeña isla para ver el templo de Barahi, la diosa del agua. De regreso, si el día está tranquilo, el agua se convierte en espejo que rebota las montañas con un efecto tan hermoso que nos hace enmudecer. Otra visita ineludible es al mirador de Sarangkot. Es interesante hacerla coincidir con el atardecer o pasar la noche en uno de los hoteles para ver amanecer en él. Espectacular. Volvemos a Katmandú para, desde allí, volar hasta Bután, el reino del dragón, un país que se nos antoja misterioso. En el aeropuerto se presenta nuestra guía, una butanesa llamada Edén. Tras llevarnos a comer y probar por primera vez los omnipresentes chilis con queso –el plato nacional–, nos conduce a un campo de tiro con arco –el deporte nacional–. Los participantes, todos hombres, separados en dos equipos, cantan y bailan cuando el contrario se equivoca, y lanzan gritos lastimeros si acierta. Antes de que caiga el sol partimos hacia la capital, Thimpu, en autobús. En Bután no hay trenes y el único aeropuerto es el de Paro. Se trata de un país eminentemente rural, en el que las montañas dan Z


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VIAJES Y COMPROMISO José Ramón Bacelar, profesor de geografía, montañero y guía experto, fundó en 1990 SANGA, agencia especializada en Oriente y expediciones de alta montaña a la cordillera del Himalaya y la Patagonia. En ella conjuga la experiencia de más de 90 viajes a esas montañas con conocimientos del budismo y un compromiso social que va más allá de las aventuras y se traduce en la colaboración con la Fundación VISTARE, la Fundación Pasang Lhamu Sherpa (www.pasanglhamu.org) y el Centro Nagarjuna de Madrid (www.nagarjunamadrid.org). Además, esta agencia acaba de lanzar El camino de las mujeres (Women’s Way), viajes sólo para féminas. El próximo, Rajastán: la India de las Maharanis, del 1 al 15 de diciembre de 2008. (Más inf.: Donoso Cortés, 36, Madrid; tel. 914 45 59 60; www.vsanga.com)

www.yodona.com

Si quieres conocer todos los detalles de este viaje, consulta en nuestra web el relato y el vídeo.

sucesivamente paso a los valles, como en un cuento. Edén desgrana historias para nosotros: gurús que llegaron a lomos de águilas o el extraordinario takin –el animal nacional–, del que dice la leyenda que el importante Lama Drukpa Kunley, conocido como el Loco Divino, fue incitado por sus alumnos a demostrar sus poderes. Pidió que le trajeran una vaca y una cabra, cortó la cabeza de la segunda, la pegó al cuerpo de la primera y ordenó al nuevo animal que caminara. Ahora se le puede ver en áreas remotas o en la mini reserva-zoo de Thimpu. Merece la pena porque es, en verdad, una rareza. En la capital, además de maravillarnos con su dzong (edificio religioso mezcla de monasterio, templo, fortificación y recinto administrativo) tenemos una sorpresa esperando en el hotel: un gho –vestido tradicional butanés– para cada una, regalo de nuestra agencia de viajes. Ataviadas con él, nos vamos a una cena muy especial en casa de Tshering Lhamo, amiga y colaboradora de Viajes Sanga, con otras cinco profesionales de distintas procedencias. Entre ellas, Chhimmy Pem, del Ministerio de Turismo, o la recién nombrada consejera nacional Pema Lhamo. Probamos los platos típicos que han preparado, ligeros de picante para no hacernos llorar. Y tomamos licor. «La mujer butanesa bebe como un hombre», explican. Otra nos cuenta entre risas que este es el único lugar del mundo donde son ellas las que admiran las piernas de ellos y no al revés (el vestido tradicional masculinos es corto; el femenino, largo). Acabamos intercambiando canciones y bailes de nuestros países, algo que repetiremos en algunos de los hoteles donde cenemos. Los butaneses son tímidos, pero les encanta cantar. Ellas, colocadas en círculo, con movimientos pausados, nos despiden tañendo la noche con sus hermosas voces. Inolvidable. Marchamos hacia Punakha, el centro religioso del país, donde están celebrando el festival Tsechu, en honor de Padmasambhava, popularmente conocido como Gurú Rimpoché, el precioso maestro que nació en una flor de loto. Este dzong fue construido entre dos ríos, Mo Chhu y Pho Chhu (madre y padre), en 1637. Se dice que Gurú Rimpoché tuvo una visión en la que se debía construir un templo junto a una colina con forma de elefante. El arquitecto del dzong soñó con él y... el resto es historia. Efectivamente, mirando a las dos colinas cercanas se puede ver (o quizá imaginar) un elefante tumbado. Una marea de peregrinos, visitantes y miembros de los grupos de danza entra y sale. La música ceremonial resuena por el patio central mientras las coloristas danzas absorben nuestra atención. Los bailarines, con trajes de seda y máscaras, representan los males del ser humano –mentira, celos, envidia...– para exorcizarlos. Nuestro último destino en Bután es Paro. Su dzong domina todo el valle –quizá los cinéfilos lo recuerden de la película El pequeño Buda– y está considerado el templo ideal. Su estructura y proporciones fueron copiadas en todos los que se construyeron tras él, a partir de 1646 (aunque ha sido destruido, por terremotos e incendios, y reedificado a su propia semejanza en varias ocasiones). En Paro pasamos un día entero para conocer Taktshang, o el Nido del Tigre, el más famoso monasterio del país. Prácticamente colgado de una montaña, a 3.000 metros de altura, a él llegó Gurú Rimpoché a lomos de un águila imperial. Merece la pena la subida y es, para mí, el momento cumbre del viaje. Pienso, contemplando las montañas, que este recorrido nos ha enseñado mucho y nos ha regalado 12 nuevas amigas. Z


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Rincones escondidos En esta página, de arriba abajo y de izq. a dcha.: Niños durmiendo la siesta en la escuela y centro de acogida Maiti Nepal, en Katmandú (www.maitinepal.org). Tiro al arco en Paro (Bután). El monasterio de Taktshang, en Paro, cuyo camino está jalonado de banderas budistas de oración. Nuestras sombras parecen decir adiós en la fiesta en casa de Tshering Lhamo, en Thimpu (Bután). En la página anterior, de arriba abajo: Reunión con Madhu Krishna Chitrakar, pintor de tankas budistas, que nos explicó sus técnicas y los significados de este bello y minucioso arte, además de compartir mil historias con nosotras. El Lama Lhundrup, eminencia del budismo que nos recibió en el monasterio de Kopán, en Katmandú, con Cristina Bernat, creadora de El camino de las mujeres. Las 13 mujeres que hicieron este viaje.


Mirador del monasterio de Kopán.

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DÓNDE, CÓMO, CUÁNDO PREPARA TU VIAJE Cómo llegar: Qatar Airlines vuela a Katmandú (www.qatarairways.com). Para desplazarse por Nepal, Yeti Airlines tiene conexiones al mejor precio (www.yetiairlines.com). Si se quiere ir a Bután, es recomendable tomar las líneas aéreas Druk Air (www.drukair.com.bt). Viajes Sanga ofrece este y otros destinos asiáticos en su catálogo Women’s Way (El camino de las mujeres). El próximo viaje a Nepal/Bután será del 20 de febrero al 8 de marzo de 2009. (Más inf.: www.vsanga.com) Cuándo ir: Conviene evitar la época del monzón, en Nepal de mayo a septiembre y en Bután de junio a agosto. Los meses ideales para hacer trekking van de septiembre a noviembre y, para ver los rododendros en flor, de marzo a

mayo. Y, ojo, si se quiere entrar en todas partes sin restricciones, hay que ir en febrero y marzo. Información sobre Bután: www.bhutan.gov.bt UNA VEZ ALLÍ Qué llevar en la maleta: Dependiendo de la altura a la que se vaya a subir, conviene hacerse con camisetas de manga corta y prendas ligeras, pero también forros polares y ropa de montaña. Siempre calzado cómodo. Qué traer en la maleta: En Nepal se puede encontrar ropa de montaña de calidad a muy buen precio, además de maravillosas piezas de tela, khol para los ojos, plata... También hay tejidos muy bonitos en Bután. Eso sí, los precios aquí suben muchísimo. Qué comer y beber: En Nepal hay que probar el clásico dhaal –lentejas estofadas con verduras al

curry y arroz blanco– y los deliciosos momos tibetanos. Y dejarse seducir por los sabores picantes butaneses, como el chili con queso. Dónde dormir: En Nepal, Hotel Dwarika’s (www.dwarikas.com), en Katmandú, un intrincado de edificios palaciegos en madera tallada y terracota, con patios, jardines y fuentes. En sus espléndidas habitaciones es imposible no sentirse princesa por unas noches. Muy recomendable su restaurante Krishnarpan, con exquisitos menús de degustación, que se componen de hasta 22 platos de cocina tradicional nepalí –aceites purificados, azafrán y especias aromáticas–. En Pokhara, Shangri~La Village, discreto y muy cuidado resort, con amplios jardines y preciosas vistas a la

cordillera del Himalaya. Es perfecto para descansar. (www.hotelshangrila.com) En Bután, Hotel Zangto Pelri, en Punakha, ofrece coquetas habitaciones de madera en plena montaña y cuenta con un servicio extraordinariamente amable. (Más inf.: tel. 00 97 5 2 58 41 25). El Hotel Olathang, en Paro, es un encantador y tranquilo establecimiento. (Más inf.: tel. 00 97 5 8 27 13 04). Hotel River View, en Thimpu, ofrece preciosas vistas de la ciudad desde

la otra orilla del río que la cruza. (Más inf.: tel. 00 97 5 2 32 50 29). DATOS DE INTERÉS Nunca debes... Dar la vuelta a una estupa en el sentido contrario a las agujas del reloj. Lecturas recomendadas: Bután, el reino secreto del Himalaya (Ed. Odyssey), de Françoise Pommaret. De viajero a viajero: Decir ama (madre) a las señoras mayores es un signo de respeto en Bután.


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