Page 1

Oscar Romero Meléndez, sobrino de Rigoberto López Pérez:

El legado de mi tío

Juan José Membreño

Oscar Romero Meléndez

es una gran carga Desde muy pequeño, Oscar Romero Meléndez tuvo conciencia de la grandeza que había alcanzado Rigoberto López Pérez al haber sellado con su sangre el principio del fin de la dictadura somocista el 21 de septiembre de 1956. Por eso para él no ha sido fácil el hecho de que su tío sea un Héroe Nacional, pues si bien

ta tenía 14 años. Muchos años después se casó con el salvadoreño Eduardo Romero Mora, educador de generaciones en León, con quien procreó dos hijos y una hija; uno de ellos es Oscar, nacido precisamente en septiembre pero de 1972. Con el sueldo que devengaban sus padres, él como profesor y ella como contadora en una empresa privada primero y luego en las estructuras del Frente Sandinista, Oscar y sus hermanos pudieron estudiar la primaria y la secundaria en el colegio La Salle.

“Ellos trabajaron mucho para que recibiéramos una buena educación académica”, señala. “Mi mamá nos hablaba mucho de mi tío”, refiere Oscar. Margarita les contaba que su otro hermano, Salvador, su madre, doña Soledad, y ella misma no sabían absolutamente nada de la acción que iba a emprender Rigoberto. Ese 21 de septiembre, lo vieron salir de la casa vestido de camisa blanca manga larga y pantalón azul, los colores de la bandera patria. “Decía mi mamá que iba vestido de patriotismo”, señala.

siente un gran orgullo por su legado, al mismo tiempo le significa una enorme responsabilidad.

Es una gran carga porque nuestros hechos, nuestra razón de ser tiene que obedecer forzosamente al legado de él, pero también me siento muy orgulloso”, responde Oscar cuando le preguntan qué significa tener en su familia a un Héroe Nacional como lo es Rigoberto, hermano de su mamá, Margarita Meléndez López, quien se encargó de que sus hijos tuvieran conciencia de la gesta de su tío. Cuando Rigoberto López Pérez trascendió a la inmortalidad al ser brutalmente asesinado tras ajusticiar al iniciador de la tiranía somocista, Margari-

2

Escondidos en la casa cural

Ellos se dieron cuenta en la madrugada del día siguiente, cuando un fuerte grupo de guardias enloquecidos derribaron la puerta de su casa con todo lujo de violencia. Mientras recibía una tunda de culatazos, Salvador fue arrastrado hacia la calle, después sacaron a empujones a doña Soledad y a Margarita, y los llevaron a la cárcel de La Aviación, donde sufrieron 21 días de vejámenes. Cuando regresaron, no encontraron nada en la casa, pues había sido saqueada por la guardia. “Tuvieron que

vestirse con ropas que le dieron los vecinos”, señala Oscar, tras recordar que su mamá siempre les decía que Rigoberto tenía dos grandes amores: su madre Patria y su mamá Soledad, una señora muy trabajadora que con ayuda de algunas personas logró volver a poner la pulpería con la que había mantenido a sus hijos. De la guerra de liberación, Oscar recuerda que todavía vivían en esa casa del barrio El Calvario, de León, pero por un tiempo tuvieron que esconderse en el segundo piso de la casa cural. “El


padre Haroldo Machado nos protegió y allí pasamos la guerra pidiéndole a Dios que no nos cayeran encima las bombas lanzadas con odio por la aviación somocista”, rememora. Oscar estaba en los primeros grados de la primaria cuando triunfó la Revo-

lución Sandinista. Su mamá empezó a trabajar en el Comité Zonal del Frente Sandinista primero, y después en el Departamental. Mientras, su papá se involucraba de lleno en la Cruzada de Alfabetización. “Pasé mucho tiempo sin verlo y cuando lo volví a ver no lo reconocí porque estaba barbudo”, anota.

Al perder el Frente Sandinista las elecciones de 1990, él ya era un joven de 18 años que de pronto se encontró con el inicio del período neoliberal que sufrió el país durante 16 años. No obstante, pese a su juventud, ya estaba marcado por la Revolución y la formación política que le heredaron sus padres.

“Mi mamá era muy estricta” Se bachilleró en La Salle y se vino a Managua a estudiar Ingeniería Agrónoma, con especialidad en Zootecnia en la Universidad Nacional Agraria, desde donde participó activamente en la lucha del 6%. La represión que desataron los gobiernos neoliberales en contra de los universitarios, le reafirmó a Oscar sus convicciones revolucionarias. “Nuestra generación comprendió que si esos gobiernos eran capaces de reprimir y eliminar vidas, debíamos reforzar la lucha para empezar a reivindicar nuestros derechos, de que ni siguiera se tiene que manosearse la integridad de un joven para poder acceder a estudiar”, refiere. Al graduarse, regresó a León y posteriormente comenzó a trabajar en la Dirección de Medio Ambiente de la Alcaldía leonesa, que siempre ha mantenido administración sandinista. Luego estuvo a cargo del cuido de las tortugas marinas y tiempo después fue nombrado delegado del Marena.

Se había casado y procreado a su hijo que ya tiene 13 años y estudia la secundaria. “Mi mamá era muy estricta, nos decía que primero termináramos nuestros estudios y después nos dispusiéramos a hacer lo que quisiéramos”, refiere. Al dejar la Delegación del Marena y trabajar en un programa ambiental de un Organismo No Gubernamental, Oscar ingresó al Centro de Mejoramiento Genético y se dispuso a viajar por todo el territorio nacional para capacitar a los ganaderos. Por otro lado hacía vida política, participando en las Asambleas de Barrios Sandinistas y cumpliendo las tareas que le asignaban de impartir formación política, pues está convencido que la derecha no pierde oportunidad para distorsionar los valores revolucionarios. A su juicio, “cuando uno tiene una formación ideológica débil somos víctimas fáciles de cualquier comentario para dudar”.

“Moriremos siendo sandinistas” Oscar es muy franco al afirmar que simpatizó con el Frente Sandinista porque desde pequeño su madre le inculcó su antisomocismo. “Nos decía que el somocismo era nefasto y nos contaba sobre las durezas con que ella, mi tío y mi abuelita fueron tratadas cuando estuvieron en la cárcel sólo porque eran familiares de Rigoberto”. Es por eso que para él sería completamente impensable rozar o tener algún tipo de vinculación que lo aparte del sandinismo. “Nosotros somos y vamos a morir siendo sandinistas”, reafirma, agradecido con su partido porque ha sido el único en reivindicar la gesta de su tío Rigoberto y conmemorar a los

héroes y mártires. “A muchas familias les ha tocado poner héroes y mártires, y es sobre ellos que descansa nuestra responsabilidad de seguir respirando este aire de libertad”. “Sólo el Frente Sandinista se ha empeñado que no se olvide a los héroes y mártires, contrario a los neoliberales que pretendieron desaparecer sus nombres pensando que con eso se iba a olvidar la gesta de ellos”, resalta Oscar, que ahora es el delegado regional de occidente del Inafor y hace labor política en El Jicaral ¿Qué significa ser sobrino de un Héroe Nacional? “Es una gran carga por

la responsabilidad que conlleva su legado, pero al mismo tiempo un gran orgullo”, responde. Es precisamente por ese legado que Oscar se han impuesto la misión de trasladárselo a las nuevas generaciones no sólo de su familia, sino también de sus amistades y conocidos. A 56 años de la acción heroica de Rigoberto López Pérez, su sobrino considera que se debe seguir apoyando al gobierno sandinista en su misión de reivindicar los derechos de los ciudadanos y que “avancemos con el Modelo Cristiano, Socialista y Solidario que le está brindando muchos beneficios al pueblo”.

3

Personaje Sept. 2012  

personaje del mes

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you