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Un día con...

Beltrán, el amenazado Tres hombres con sombrero caminan por una avenida sin nombre. Todavía es temprano y hay poco ajetreo, sólo una taberna tiene preparadas las sillas, las botellas de cerveza y un largo listado de rancheras que sonarán todo el día. Es domingo y el reloj marca las ocho y veinte de la mañana. La casa conjunta es la sede de campaña de Daniel Beltrán, aspirante a la Alcaldía de El Dorado. Detrás de una barra

improvisada, Yuli y dos señoras vestidas con camisetas del candidato, atienden a los vecinos con café y refrescos. Daniel Beltrán no aparece todavía, está al interior de la casa. La agenda de hoy tiene un evento importante: Por la tarde el aspirante dará un discurso en la vereda de San José, donde se espera que acudan unas cien personas. Después habrá francachela: tres reses y varios

petacos de cerveza. “Ellos no van por la comida pero hay que darles algo”, dirá más tarde el candidato. La mala nueva es que la persona que iba a donar los animales llamó a cancelar. La noticia les cae como un balde de agua fría. Los habitantes de San José habían sido avisados de que el candidato los visitaría para ofrecerles un discurso y un generoso almuerzo y no se les puede incumplir, menos si uno


El candidato recibe una llamada en la que le dan la noticia de que su campaña tendrá nuevos aportes

está prometiendo que todo en el pueblo va a cambiar, que las cosas van a mejorar, que por favor crean en él. Los ojos de Daniel se humedecen más de lo que estaban. No sólo está la cuestión del convite, son varias cosas. Sus dos hijas están en el hospital, no es nada grave pero es algo más de qué preocuparse; las amenazas no han cesado y cada día tiene que encontrar un motivo para seguir en la campaña; no tiene dinero, sus ahorros al igual que los veinte millones que había pedido prestados para montar su candidatura ya no existen. Beltrán se seca los ojos y miente diciendo que se encuentra enfermo. Después confesaría que ese domingo iba a renunciar, no tiene ni mil pesos en la billetera. Erwinthon Liberato, quien fuera precandidato y desistiera para unirse a la campaña de Beltrán, es ahora uno de sus hombres más cercanos. Después de recibir una llamada se le acerca a Daniel. –Marica, alégrese que nos van a fiar dos marranos. Beltrán se sorprende y ríe. Rápidamente se dirige a un grupo de seis señoras y les pide que vayan a preparar el cerdo. Las pone en marcha: hay que conseguir la olla grande, preparar la comida, hay mucho trabajo. La casa recupera el ruido, mientras otros doradinos entran a visitar al candidato. Después del regocijo, Daniel reacciona: -Ah vaina, los de San José son adventistas, esos no comen cerdo. Su hombre lo mira y maldice, Daniel lo tranquiliza. –Vaya y consiga veinte pollos, para darle a los que no coman cerdo. Diga que nos lo fíen. Erwinthon se ríe. –Vaya también y averigüe si hay yuca donde Ariel. Unos dos paquetes, son 36 mil las dos bolsas. Liberato asiente y sale resignado: sabe que las tendrá que pagar él. Daniel Beltrán es el hijo de doña Enilsa, la farmaceuta del pueblo, tiene 29 años, es abogado, usa gafas, tiene aspecto de joven juicioso y desde hace un año es candidato por Cambio Radical a la Alcaldía del Dorado, un municipio que recuerda su historia desde los muertos, el conservatismo, Euser Rondón y los paramilitares. En ese orden


El día que todo cambió El viernes 26 de agosto, Daniel se encontraba en la vereda de San Isidro haciendo campaña, había oscurecido y sólo el alumbrado público iluminaba el pueblo. Entonces la luz se fue, la habían mandado a quitar. En San Isidro, cuando esto pasa es porque van a matar a alguien. Así pasó con el profesor Daniel Valero tres años atrás: cuando la luz volvió él ya estaba muerto. En medio de la oscuridad Beltrán iba a montarse en su moto pero un amigo lo persuadió, le dijo que se subiera a su jeep y se fueron juntos. Minutos después, Doña Estella, una vecina del lugar, relata que cuatro tipos armados llegaron y se dirigieron a la moto de Daniel, sabían cuál era. Al ver que çse les había escapado maldijeron. Entonces doña Estella lo llamó y le recomendó que se quedara oculto esa noche. Él obedeció. Al día siguiente y todavía con el susto en el cuerpo, el candidato salió de El Dorado en compañía de su hermano y su cuñada en dirección a Villavicencio para denunciar lo sucedido. Ya en la carretera, el carro en el que viajaban empezó a ser seguido por dos motos que por minutos no se le despegaron, pese a que el jeep alcanzó los 170 kilómetros. “Eso fue un milagro, en esa carretera nunca hay retenes y justo ese día había militares, eso fue lo que nos salvó”, recuerda Beltrán. Las motos desaparecieron.

En la vereda de San José el candidato ofrece un discurso al caer la tarde.

De regreso a la casa, su hermano lo increpó: -renuncie a esa huevonada. Daniel preparó la carta de renuncia y unos días después visitó al fiscal en Villavicencio. “Fue él quien me convenció de que no renunciara, me dijo que a él lo amenazaban todos los días, que así eran las cosas”. Esa noche recibió, una llamada de Alan Jara, hoy aspirante a la gobernación del Meta, quien se había enterado de lo sucedido y le dijo que no desistiera. Le comentó que había hablado con Marco Tulio, comandante de la Policía del Meta y le iban a asignar a un


guardaespaldas, uno de los mejores. Daniel continúo con su campaña. Ocho días después llegó a su casa un hombre con aspecto de campesino y con un computador bajo el brazo, guerrillero pensaba el escolta. Dijo que tenía que hablar algo urgente con el candidato. Daniel, en presencia de su guardaespaldas lo recibió. El hombre era un mensajero: “A usted no lo van a dejar llegar. Los jefes dijeron que usted no puede ser Alcalde. Mire que sus hijas pasan mucho tiempo solas, es mejor que renuncie”. El hombre abandonó la casa mientras que Beltrán lo miraba con odio y angustiado como nunca antes había estado. Desde entonces todo cambió. Los tiempos en los que podía comer gallina en cualquier finca, caminar tranquilo por las noches y hacer campaña de casa en casa sin preocupaciones, habían quedado atrás. Desde ese momento tendría que usar chaleco antibalas; terminar sus jornadas a las seis de la tarde; sacar a su hija de siete años del colegio y enviarla junto a su esposa y su bebé recién nacida a Villavicencio; moderar su lenguaje al hablar de sus contrincantes y de lo que sucede en el Dorado; y permanecer al lado de Daniel, su tocayo escolta. El mejor café del mundo En la sede de Beltrán la mañana huele a café. Las rancheras en el local vecino siguen sonando. La gente entra y sale. Primero el 'mocho', después Carlos con su megáfono se presenta como un amigo más, el costeñito, y otros varios personajes. Ellos se conocen por sus apodos y todos están involucrados en la causa de Daniel. Hasta María Villa quien entra repentinamente y es saludada de manera efusiva. Doña María es una institución en la región, “ella tiene el mejor café del mundo”, comentan los vecinos. Su historia merece ser escuchada con atención. Durante los años más difíciles en El Dorado, los habitantes de las veredas del Alto Cumaral, la Meseta, Caño Amarillo y de San Pedro fueron desplazados por los paramilitares y guerrilleros de la región. A todos los habitantes se les obligó a dejar sus tierras, con excepción de doña María. A ella la encañonaron ambos bandos y le dijeron que si no se largaba la mataban. La señora, intransigente y agalluda, les pidió que la

En la foto: Carlos Ferro, Juan Lozano, Álvaro Cruz y algunos entusiastas de la campaña.


mataran si querían, a ella y a su hijo, pero que no se marcharían de esas tierras. Su hijo sufre un retraso mental y por eso, ella prefería morir en sus cafetales en vez de vivir debajo de un puente. Los armados la dejaron en su finca y ella siguió cuidando sus matas de café: secando los granos al sol y cultivando la tierra con abonos orgánicos. Este proceso combinado con las propiedades de la tierra, ricas en cal, hicieron del café de Doña María algo especial. En el 2008 la firma italiana illyCaffé la reconoció con el premio al mejor café colombiano. El Dorado vive de sus cultivos de café, cacao y plátanos, siendo el café el más importante. Con 165 hectáreas, el precio de venta es de un millón ochenta y cinco mil pesos por una carga, 125 kilos. Sin embargo, las veredas productoras están incomunicadas con la cabecera y por eso los campesinos tienen que ir hasta Cubarral para poder vender sus productos. “Estos cultivos son la única solución para reemplazar la siembra de coca. El café es legal, uno puede llegar a un banco y le aceptan el dinero, puede pedir un préstamo, pero mientras no tengamos carreteras, esto no cambiará”, relata 'el costeñito', un desplazado del sur de Bolívar que llegó hace cinco años al municipio y ahora vive en una de esas veredas que años atrás fueron ocupadas por los grupos ilegales. El ruido de los otros

María Villa,agricultora del municipio, recibió en el 2008 el premio al mejor café colombiano de la firma italiana illyCaffé.

Por orden del capitán de la base militar que vigila esta zona del Meta, el Ejército custodia la sede de Daniel con especial atención. Su escolta también lo hace, sin sobresaltos mira quién entra y quién sale. Llegó hace dos meses y ya reconoce a casi todos en El Dorado, eso hace parte de su trabajo. Semanas atrás identificó a un par de sicarios, según él principiantes, nada que ponga en riesgo la seguridad candidato. Daniel habla con un grupo de jóvenes que se cambiaron de bando, ya no están con el candidato de la U, Freddy Díaz, el hombre del Alcalde. Lo escuchan con preocupación, no les gustaría ser vistos en esa sede pues todos en sus casas hacen parte de la campaña de Díaz. De repente, un alboroto: veintitrés caballos y


treinta y cuatro motos se toman la avenida principal, es la cabalgata de los seguidores de Díaz. Visten camisetas verdes y al pasar por la sede de Cambio Radical, aumentan la algarabía. –Eso no es nada, no se compara a lo que hicimos el día de nuestro lanzamiento, ¿sí o no mocho? El 'mocho' asiente risueño. En la caravana no se distingue a Freddy Díaz. El fin de semana ha estado marcado por un rumor sobre la posibilidad de que el Partido de la U le retirara el aval después de conocer nuevos testimonios de paramilitares que lo vinculaban con sus bloques. La colectividad uribista no ha dicho nada oficial. La cabalgata se pierde en la lejanía, y los seguidores de Daniel piden hacer algo para demostrar que ellos también pueden hacer ruido. –Vamos a San Isidro, allá está mucha gente esperándonos. La casa queda desolada en pocos minutos y sólo se escucha la ranchera que viene de la taberna vecina: “son unas ratas señor son unas ratas estas palabras las dijo un senador mientras los pobres están comiendo mierda los de allá arriba la tienen por montón son unas ratas señor son unas ratas ni a la pobreza le tienen compasión solo Dios sabe el hambre que se vive y eso es por culpa de la corrupción”. Matar por costumbre A pesar de que los doradinos viven tiempos mejores, el estigma de paramilitares no los abandona. Su pasado estuvo marcado por ser el terreno de los cabecillas más importantes y tendrán que pasar algunos años para olvidar cómo era vivir en el infierno. En el Dorado la gente se mataba porque era la costumbre. Estos municipios del sur del Meta heredaron los odios de la época de la Violencia y años después unos y otros se escudaron ideológicamente entre las Farc o las autodefensas. A finales de los 80


El candidato Deniel Beltrán habla con un campesino de la vereda de San Isidro. las Farc, asesinó líderes del En medio de la guerra, Euser Rondón municipio lo que desencadenó una tomó el mando del municipio y fue larga guerra. elegido Alcalde entre 1999 y el 2001. Ante la arremetida de las FARC, los En poco tiempo su figura creció y doradinos organizaron grupos de tomó realce nacional cuando le fue autodefensa que terminaron otorgado el Premio Nacional de Paz haciéndose con el poder durante en 2002 por su participación en la casi dos décadas. Ponían alcaldes pacificación de la zona del Ariari. al mismo tiempo que asesinaban Pese al reconocimiento, este hombre simpatizantes de la UP y a resultó ser un paramilitar. campesinos. La situación llegó a límites insostenibles y tanto El Dorado como el municipio vecino de El Castillo alcanzaron a registrar el índice de homicidios más elevado del Meta y uno de los más altos del país. El saldo anual era de 300 muertes violentas. “ To d o e s t o e r a z o n a d e paramilitares, aquí vinieron a esconderse todos los paras después de la masacre de Mapiripán en 1997”, relata Beltrán mientras señala hacia una de las mesetas que rodean el municipio.

Desde que Rondón fue elegido alcalde empezó a colaborar con las autodefensas. Alías 'Pirata' aseguró en un testimonio que el político les regalaba material, armas, morteros y municiones. Era el puente entre los paramilitares y la clase política del departamento. En 2003, cuando Euser quiso lanzarse a la gobernación del Meta, acudió a los paramilitares para financiar su candidatura y ellos lo apoyaron con dos mil millones en efectivo, según versiones de varios desmovilizados. El sobrino de Euser (John Friedman

Rondón Lara) hoy día hace parte de la campaña de Beltrán. “Él era precandidato pero decidió unirse a mi candidatura. Vive estigmatizado por su tío pero es una persona que no tiene nada que ver con lo que Rondón era”, se defiende el aspirante. Los relatos de esa historia pasada son contados todavía con cierto temor, pues los lazos entre políticos y grupos ilegales no han desaparecido. Freddy Díaz, quien ya fuera elegido en el 2001 como Alcalde fue sindicado de tener nexos con los paramilitares durante su mandato, según Mauricio de Jesús Roldán, alias 'Julián'. “Siendo alcalde de El Dorado, Díaz les pedía gasolina para vehículos municipales, les solicitaba un carro para poder transportar colegiales que vivían en zonas rurales y era ficha de Euser Rondón, atestiguó 'Julián'.


Sin tejas y sin cemento -Es muy jodido, si no se tienen 50 millones para llegar al final de las elecciones no se hace nada, y él ya no tiene nada de plata. Si yo soy quien le presta plata a veces. El escolta recibe una llamada que interrumpe su relato. Después de colgar se acerca a Daniel.-Llame que parece que un familiar le va a dar tres millones. Su hermano no le habla de plata. En cambio le dice que le van a dar los videos donde se dice que Freddy Díaz fue apoyado por los paramilitares. Es hora de ir a San José. No hay carros para tanta gente y por eso hay que caminar los cuatro kilómetros que separan las dos veredas. El sol no es impedimento para que niños, mujeres y algunos borrachos acompañen a Daniel. Precisamente uno de los borrachos se le acerca al aspirante y con palabras enredadas le manifiesta estar preocupado por el tema de las amenazas y lo regaña por no tener puesto el chaleco antibalas. –Lo más importante es su seguridad. Los dos se abrazan y siguen caminando.

Sede de campaña de Daniel Beltrán

La comitiva que lo espera es más grande de lo esperado, se calcula que hay ciento cincuenta personas. –Esos dos marranos no van a dar un brinco.

es agradable hacer campaña, no puedo salir después de las seis de la tarde por motivos que ustedes ya conocen . El candidato levanta un brazo y saluda a los tres soldados que vigilan a la distancia el acto. –El Dorado ahora vive en paz. La paz no es sólo que no haya conflicto armado. La paz se consigue con rectitud, vivienda, sanidad.

Ya es tarde y la gente tiene hambre, más vale empezar rápido con el discurso. Daniel se abraza con todos y rápidamente improvisa una tarima con unas canastas de cervezas. Terminada la oración inicial los asistentes bajan sus manos, toman asiento y se alistan para escuchar. –Ya no

El discurso es breve y moderado. Después de que Daniel pusiera la denuncia en Villavicencio, tuvo una reunión con el Comité de Transparencia y recibió un taller para moderar su lenguaje. -Es más valioso que usted no gane estas elecciones pero que siga vivo. Hay cosas que se pueden decir de esta

forma, usar un lenguaje menos fuerte. La lección fue aprendida y ahora lo pone en práctica. -Reciban los cementos y las tejas cuando lleguen a dárselos, porque eso es de ustedes. Pero no caigan en el juego, no voten por lo mismo. Las frases de Daniel son recibidas con aplausos. –Es que la gente lo quiere, dice su escudero Erwinthon Liberato. Sus palabras -y su día- terminan con la caída del sol. Ya es sabido que después de las seis de la tarde él no puede hacer política en El Dorado.


Beltrán: el amenazado