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SOPHIA Nº 245 SEPTIEMBRE 2009

CONTENIDO

DL B - 14022 - 1998

EDITORIAL VÂIRAGYA ............................................................................................................................3 DESDE LA ATALAYA, Radha Burnier Ver es un arte ...........................................................................................................................4 La luna llena del Wesak ..........................................................................................................6 Mi primer encuentro con H.P.B. ..................................................................................................8 LA REGLA DE ORO Barbara Humes ......................................................................................................................10 HOMENAJE A KRISHNAJI .....................................................................................................12 LA DOCTRINA SECRETA, LIBRO DE DESCUBRIMIENTO John Algeo ............................................................................................................................19 PREGUNTA-RESPUESTA N. Sri Ram ............................................................................................................................26 ACTIVIDADES ........................................................................................................................28

Cubierta: Juan Carlos García. Edita: Editorial Teosófica SCooCL. para la Sociedad Teosófica Española. Presidente de la Sección: Clarisa Elósegui La Sociedad Teosófica Española sólo es responsable de las comunicaciones oficiales que aparecen en esta revista. Las opiniones de los autores son de su propia responsabilidad.

Septiembre 2009

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EDITORIAL

VÂIRAGYA

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sta es una palabra sánscrita que encontramos con alguna frecuen cia en nuestros textos teosóficos y cuyo significado osamos dilucidar con atrevimiento. Nos gustaría comentarla como mejor podamos y sepamos, pero antes vamos a transcribir lo que sobre ella nos dice el Glosario Teosófico de HPB. VAIRÂGYA: “Esta palabra se ha traducido en el sentido de indiferencia, desapego, desprendimiento, indiferencia a los objetos placenteros del mundo, apatía, carencia de deseos, desapasionamiento, renuncia y otros términos por el estilo. Patánjali, célebre autor de los Aforismos del Yoga define la voz vairâgya diciendo: “Es el estado de ánimo (conciencia) en que se halla aquel que ha subyugado sus deseos y no apetece los objetos de los sentidos ni los revelados por las Escrituras” (libro I, afor. 15). En su comentario sobre este punto, Manilal Dvived dice: Se ha creído más conveniente traducir la palabra vairâgya por desapego o desprendimiento mejor que por desapasionamiento, como se hace ordinariamente. Lo que atrae la mente y la hace asumir varias formas como pasiones, emociones, sensaciones, etc., no es más que râga, apego; y vairâgya por lo tanto es más bien la ausencia de todo apego que la ausencia de algún simple resultado de dicho

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apego, como pasión, etc. Vairâgya es efecto del verdadero discernimiento, y en sentir de Vyâsa es “el estado final del conocimiento perfecto,” es decir, aquel estado en que la mente, llegando a conocer la verdadera naturaleza de las cosas, ya no será engañada más en el falso placer por las manifestaciones de Avidyâ (ignorancia).” Hasta aquí lo que dice el Glosario, y es más que suficiente para aclarar el concepto de este término. Sin embargo, nos gustaría añadir algo al respecto. Tal vez una de las acepciones que más idóneamente podríamos aplicar a este estado de vairâgya del que se habla, sería la palabra “desapasionamiento” o mejor dicho, falto de pasión, o “estado final del conocimiento perfecto.” Pero no deberíamos confundir este estado final del conocimiento perfecto con el “desapego,” el cual es fácil interpretar como falta de interés y nada más. Para llegar a ese estado de vairâgya perfecto, tiene que haberse aceptado la renuncia; la renuncia a todo aquello (persona o cosa) a lo que hayamos estado sujetos en el tiempo. En modo alguno podemos jamás desentendernos, pensando que practicamos vairâgya, ni con la vida que nos rodea, ni con las personas, allegadas o no. El sufrimiento del mundo es nuestro sufrimiento; sus penas son nuestras 3


penas y sus gozos son nuestros gozos. Pero todo esto debería practicarse con un espíritu visceral, libre de impurezas personales o afectivas de pseudo-dominio o complacencia personal. No cabe duda de que esto es una cosa muy difícil de realizar. Es como si se tratara de un desapego-despellejo personal de todas aquellas envolturas que nos sostienen y nos retienen en esta vida externa, sin perder jamás los estribos para dejar que el caballo de nuestro propio yo sienta que se le aflojan las riendas para campar a su aire. No creemos que se trate de eso, ni mucho menos. Lo difícil es alcanzar ese estado de vairâgya sin denostar a nada ni a nadie, sino sólo recluyéndonos en nuestro Yo interno para influir en lo externo con nuestra aparente pasividad hacia las cosas y hacia las personas. Pero nunca tiene que faltar el interés desapasionado por todas las criaturas humanas y sus desventuras. Lo importante es que estas mismas desventuras no nos alcancen en absoluto de una manera objetiva, sino que tengamos la suficiente fuerza de voluntad y desapego para que, haciéndolas nuestras, no nos afecten y dejen también de afectar a los demás.

DESDE LA ATALAYA

Ver es un arte Es preciso mirar las cosas corrientes con nuevos ojos. Cuando miramos correctamente, las cosas normales dejan de ser normales. Es algo que forma par-

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Es posible que este lenguaje resulte confuso, pero no encontramos mejores palabras para expresarlo. Es un error fenomenal pensar que al no interesarnos por los hechos y por las personas llegaremos a alcanzar ese valioso vairâgya que todos ansiamos para recuperar la paz perdida en el bullicio del mundo. Lo más grande, lo más bello, es poder sonreír y mirar con los ojos de esa paz interna que hayamos podido conquistar con nuestro vairâgya, y seguir ayudando, colaborando y entregando nuestro amor y comprensión a todos los hechos y cosas de la vida. Nunca una renuncia absoluta hacia el mundo. La renuncia absoluta tiene que ser hacia nosotros mismos, hacia nuestras vestimentas externas, que habremos arrancado como las pieles de una serpiente, para reencontrarnos de nuevo en aquel estado de prístina pureza interna que nos hace verdaderamente humanos y verdaderamente angélicos. Y entonces descubriremos que esas vestimentas externas (riquezas, posesiones, apegos a las cosas y objetos materiales) que nos agobiaban y nos sujetaban, carecen realmente de sentido. C.B.

Radha Burnier

te del arte, pero también pueden practicarlo los que no saben dibujar ni pintar ni hacer ninguna de las muchas cosas que hacen aquellos que llamamos artistas. Es uno de los numerosos puntos de

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los que habla el artículo sobre arte que escribió nuestro anterior presidente, el Sr. Jinarajadasa. Éste nos indica que todos podemos experimentar la belleza, el sentido de la proporción y cosas parecidas, como lo hace un verdadero artista, pero, para hacerlo, hemos de aprender a mirar. Entonces podremos ver cada vez mejor de lo que hacemos ahora. Cuentan la historia de un líder religioso que daba conferencias. Tal vez muchos lectores conozcan ya la historia, pero, igualmente, contiene una gran verdad. Dicen que un día el maestro, antes de empezar su charla, oyó cantar un pájaro en la ventana y todos los que estaban sentados en la sala para oírle hablar oyeron el canto también. El maestro no empezó la charla, sino que se puso a escuchar con toda atención. Cuando el canto cesó, dijo “La enseñanza de hoy ha terminado; el sermón se ha acabado y os podéis marchar”. Esto es la esencia de la verdadera enseñanza: dejar que los oyentes oigan de forma total, con todo su corazón y su ser, y no sólo con una parte de la mente. Cuando observamos de forma total, lo cual hacemos muy raramente o tal vez nunca, la mente ya no está ni presente ni activa. Entonces la persona tiene una conciencia plena de lo que hay a su alrededor y delante de ella. Se puede conocer la belleza que está en todas partes. No importa tanto cuál sea el objeto de belleza, porque todo forma parte de la belleza única que abarca todas las cosas. Desgraciadamente, no solemos ver la belleza, ni la sentimos en nuestro corazón, perdiéndonos en ella. La belleza rodea todas las cosas y, a la vez, es Septiembre 2009

todas las cosas. Ojalá pudiéramos sentirla, aunque fuera por un breve momento, porque en ese momento el mundo se convierte en algo distinto a lo que es normalmente y forma parte de la Existencia Divina. Las relaciones no suelen ser reales. Nos parecen reales en el momento, y este momento puede extenderse durante toda una vida o varias vidas. Nos imaginamos que nuestra fabricación de imágenes nos aporta lo real, pero la verdad no está hecha de imágenes. Sólo se la conoce en un estado interno de silencio y de abandono del yo, pero este estado todavía no lo conocemos. Sin embargo, podemos conocerlo percibiéndolo a distancia. El abandono del yo es el silencio, el silencio interior. Puede que haya sonidos a nuestro alrededor, algunos inspiradores, otros que penetran en nuestro corazón y otros superficiales y no reales. El abandono del yo significa aquel profundo silencio que experimentamos internamente, sean cuales sean las condiciones externas. No podemos conocer realmente la verdad ni la belleza ni el amor, que siempre están presentes en todas partes, por el simple hecho de conocer esas palabras. Creemos conocerlos al pronunciarlas, pero las palabras pueden ser extremadamente engañosas. Por ejemplo, usamos la belleza aplicándola a lo que imaginamos en un momento dado; es una sensación egocéntrica. En ese momento, una ligera expansión puede hacernos creer que nuestra conciencia se ha abierto considerablemente. Es la magia de estas cualidades inmortales de belleza, verdad, amor, sabiduría etc. 5


Existen en un estado intemporal más allá de toda medida, pero engañan a la gente y les hacen creer que conocen aquello que significan las palabras. Pero el panorama más amplio, vislumbrado desde el punto de vista espiritual, sólo lo ven aquellos que han alcanzado un estado de profunda felicidad interna; quienes han visto el panorama tienen “ojos para ver”. A medida que vamos aprendiendo a ver cada vez mejor, nuestros ojos, los externos y mucho más los internos, tienen que sensibilizarse. La palabra “fraternidad” puede significar muchas cosas según quién use la palabra. Parece una palabra normal y corriente, y puede significar solamente camaradería y buena voluntad hacia la gente que conocemos. Pero cuando se incluye a todo el mundo en general, puede transmitir algo mucho más profundo y más real hacia los demás. Puede llevarnos a la comprensión espiritual, que es el amor. Generalmente cuando hablamos de “amor”, estamos hablando de una sensación de comodidad, de seguridad, de amistad, de buena voluntad y cosas parecidas. Es el sentido corriente aceptado por mucha gente, pero también puede significar un lazo profundo e inquebrantable que, para empezar, llamamos fraternidad (o cualquier otro término de vuestro agrado). La fraternidad es algo distinto a lo que normalmente nos atrae cuando hablamos de esta cualidad. Hemos de aprender a mirarlo desde otro ángulo si queremos comprender su verdadero significado. La fraternidad universal, que es uno de los objetivos de la Sociedad Teosófica, establecida como algo prioritario a muchas otras cosas, ha

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llegado a un nivel determinado, pero puede irse desarrollando hasta convertirse en algo que pertenece a la naturaleza inmortal de la vida. Si somos conscientes de ello, será una gran bendición. Tal vez cuando sepamos realmente qué significa la Fraternidad sabremos percibir el espíritu universal divino en todas partes. Es una de esas palabras que nos transmite a cada uno cuál puede ser nuestro paso espiritual siguiente, a partir de donde estamos. El significado que conocemos de distintos aspectos incluye la verdad, el conocimiento, la inmortalidad, el gozo profundo, lo eterno, etc. Todos son términos que proceden de un verdadero conocimiento de la fraternidad. La Fraternidad no es algo que acabaremos conociendo sólo con preocuparnos por la vida de ciertos objetos. Es un término universal. Forma parte, por ejemplo, de la relación que podemos establecer con una piedra. C.W. Leadbeater escribe sobre el sentimiento que experimentaban aquellos que eran sensibles a una roca determinada. Aunque de forma inconsciente, se iba desarrollando una fraternidad entre los dos; la piedra y la persona empezaban a sentir algo nuevo al mirarse. Así pues, la fraternidad puede existir cuando lo abarcamos todo, la piedra o la roca, las hojas o los árboles, los pájaros o los peces, los seres humanos además de los seres no humanos y muchas otras cosas que no podemos mencionar aquí. La luna llena del Wesak El mes de mayo normalmente trae la luna llena del Wesak, algo delicioso

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para el corazón de la gente. Pero es algo más que un hecho delicioso. Es algo especialmente significativo para muchos budistas. El Wesak fué la entrada del Buddha en el reino de la vida superior y él fue el primer ser humano (se decía) que experimentó este estado maravilloso. Pero también es una posibilidad abierta a todos los seres humanos. El Buddha sigue en contacto con la humanidad en cierto grado y, una vez al año, derrama sus bendiciones con la luna llena del mes del Wesak. Es importante que los seres humanos empiecen a reconocer que se encuentran en el principio de un gran viaje que es la iluminación. No están en el final, como la mayoría de la gente se siente inclinada a creer. El ser humano normal y corriente pasa por la vida lo mejor que puede. Hay muchas ideas falsas, conclusiones y tentaciones que le mantienen aferrado al nivel humano. Una parte de él se halla todavía en la etapa semi animal, es decir, que sigue deseando los placeres del mundo físico y nada más. El hombre, naturalmente, ha extendido la idea del placer a todo tipo de actividades y cosas, algo que las criaturas menores no son capaces de hacer. Por ejemplo, se inventa para sí mismo diversiones, como el cine, todo tipo de deportes y cosas similares. Las diversiones, muchas veces, se convierten en una forma de tortura para otras criaturas, pero al hombre no le importa. Pero todo esto se reconoce como algo superficial que no conduce a ninguna parte desde el punto de vista espiritual cuando el hombre avanza espiritualmente. Septiembre 2009

Las pocas personas que tienen anhelos espirituales, al menos de forma teórica, aunque no sea completamente, se dan cuenta de que estas diversiones y otras actividades que atraen al ser humano hacia la tierra tienen poco valor. El Buddhaa y otros seres verdaderamente avanzados lo demostraron con su vida y presentaron, ante quienes tienen ojos para ver, una nueva visión de lo que podría ser el hombre. Los seres humanos pueden llegar a ser más que humanos en el sentido corriente del término. La gente como el Buddha fueron ejemplos gloriosos de lo que será el destino del hombre en el futuro. Todo esto y mucho más representa la luna llena del día del wesak. Es evidente que el Buda se había ido liberando, durante muchas vidas, de todas las tendencias y deseos animales del ser humano. Se requiere tener el corazón y la mente de esta pureza, si queremos seguir el sendero y alcanzar ese estado ahora mismo, algo que todos deberemos alcanzar cuando empiece realmente la Nueva Era. Muchos se engañan cuando se limitan a hablar de una Nueva Era, pero será una realidad para quienes se preparan para dejar atrás las tendencias, anhelos y otros hábitos mentales y morales que pertenecen a la etapa pre humana. Tienen que elevarse más allá de todo esto para ser realmente superiores. De vez en cuando, se nos ha concedido algún vislumbre de una etapa distinta, cuando algunos individuos iluminados nacen y hablan a un gran número de personas en esa vida particular. Pero cuando todo esto ha terminado, el espí7


ritu de sus enseñanzas permanece y nosotros vemos ahora la inspiración del Buddha y de Cristo, además de otros que han vuelto a la tierra para enseñar a los hombres que hay un camino y un sendero. De esta manera, al menos algunos se sienten inspirados para llevar una vida que cada vez va siendo, de forma gra-

dual o rápida, más espiritual. Estarán preparados para cruzar la frontera. El mes del wesak, cuando la luna llena brilla con fulgor, es un signo del futuro de todos los seres humanos, tanto si creen en ello ahora mismo como si no. (The Theosophist, junio 2009.)

Mi primer encuentro con H.P.B. En este hermoso texto, la autora y estudiante de H.P.B., Alice Leighton Cleather describe, de forma muy vívida, lo que le ocurrió hasta llegar a tener su primer encuentro, aunque en realidad el primer encuentro fue cancelado y realmente fue su “segundo” encuentro, con H.P.B.

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gual que el camino que condujo al primer encuentro con H.P.B. de la Condesa (Wachtmeister), mi propio camino hasta llegar a ella estuvo plagado de obstáculos. Mi marido y yo vivíamos con nuestros dos hijos en Eastbourne, cuando H.P.B. llegó a Inglaterra desde Ostende, en 1887, después de tener que salir prácticamente de la India en 1885. Yo conocí al Sr. Bertrand Keightley poco después de ingresar en la Sociedad Teosófica y siempre me proporcionó ayuda y ánimos, que fueron muy valiosos para mí, porque él era un antiguo miembro y yo un miembro más joven. El sabía de mi ferviente deseo de conocer a H.P.B. y se prestó amablemente a organizar la cita, si es que era posible, mientras estaban en

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Maycot, Norwood (un barrio de Londres). Pero me advirtió de que podría ser un tema difícil porque “nuestra Señora” podía ser, bueno, un poco impredecible y caprichosa a veces. A mí no me importaba en absoluto que lo fuera, con tal de que quisiera recibirme. Estaba profundamente convencida de que me iba acercando a una crisis en mi vida interna y de que todo dependía de si podía ponerme en contacto con ella. Verla, por consiguiente, era algo que tenía que hacer y que acabaría haciendo. En esa época no éramos ricos y un viaje de ida y vuelta de Eastbourne a Londres no era fácil de asumir. Yo tenía guardado algún dinero “en un calcetín”, para un caso de necesidad. Estaba decidida a usarlo para mi pequeño pere-

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grinaje. Realmente, me sentía como un peregrino encaminado a un objetivo desconocido; y emprendí el viaje a Londres con gran ilusión y grandes esperanzas. Un amigo me había dejado una habitación para un par de días, así que no tuve que gastar en alojamiento. Maycot era una pequeña finca ocupada en esos momentos por la Sra. Keningale Cook (célebre novelista, hija de Mortimer Collins y sobrina de Willkie Collins) más conocida por los Teósofos por su nombre de soltera, Mabel Collins, autora de Luz en el Sendero. Recuerdo bien al Sr. Keightley diciéndome, cuando salíamos para Norwood, que, en sus frecuentes discusiones, ¡se las podía oír a ella y a H.P.B. desde la calle, cuando las ventanas estaban abiertas! Fuimos caminando desde la estación del West Norwood y ocurrió lo que me había dicho. Cuando llegamos a unos cien metros de Maycot, oí unas voces fuertes y aparentemente irritadas que flotaban, o más bien rebotaban, hacia nosotros por la calle. Me asusté y el comentario que hizo en voz baja el Sr. Keightley diciendo que temía que “la Señora” estuviera en medio de “uno de sus arranques”, no me tranquilizó especialmente, sobre todo porque añadió que ¡probablemente se negaría a recibirme! Así sucedió: No se pudo hacer nada para que aceptara, y oí cómo ella se lo decía cuando el Sr. Keightley entró (dejándome en la puerta), y cómo le gritó por haber llevado a una extraña a visitarla en ese momento tan inoportuno. Fue en vano que él le recordara que ella misma había concertado la cita y que yo venía de fuera con el deseo expreso Septiembre 2009

de verla. No, estaba decidida; y también enfadada (al menos así me lo pareció entonces). Y tuve que volverme entristecida a Londres y de allí a Eastbourne, sin mis ahorros y con mis grandes esperanzas por los suelos. Realmente estaba muy disgustada, porque me imaginaba que no era digna de ella. De todos modos, no abandoné para nada mi determinación de llegar a conocer a H.P.B. algún día, fuera digna de ello o no. Naturalmente que no lo era; ninguno lo éramos; pero todos éramos trágicamente inconscientes de ello, así como de la verdadera naturaleza y grandeza de aquel ser que tan mal supimos entender y juzgar. Más adelante, ese mismo año, 1887, conseguí por fin cumplir el deseo de mi corazón; y una vez más, el Sr. Keightley fue el Deus ex Machina. Me consiguió una invitación para el 17 de la Calle Lansdowne, y él mismo me acompañó al caer la tarde. HPB se había trasladado al West End de Londres desde Maycot, y nosotros habíamos dejado Eastbourne y estábamos en Harrow, un barrio del Noroeste, por lo que los trayectos ya no eran tan difíciles. Cuando nos hicieron pasar a la célebre salita doble de la planta baja, mi atención quedó inmediatamente fija en la figura de una mujer gruesa de mediana edad, sentada con la espalda hacia la pared delante de una mesa de cartas, aparentemente jugando al solitario. Tenía la cabeza y la cara más impactante que he visto nunca y cuando levantó los ojos hacia los míos, al presentarme el Sr. Keightley, experimenté una profunda impresión mientras sus ojos azules ex9


tremadamente penetrantes literalmente “me taladraron”, atravesándome el cerebro. Me miró con detenimiento unos segundos (los segundos más incómodos de mi vida) y después, girándose hacia el Sr. Keightley, le comentó indignada “Nunca me había dicho que ella fuera así”, ignorando totalmente sus protestas de que ya se lo había dicho repetidamente. Lo que quiso decir exactamente con el término “así” nunca llegué a descubrirlo…

Esta fue mi presentación ante el Alma más grande nunca encarnada de nuestra época; pero en esos primeros momentos no me di cuenta de nada más excepto de que era sobrecogedora y de que mi vida no volvió nunca más a ser la misma”. De HPB Blavatsky tal como la conocí. Thacker, Spink & Co. Londres 1923. (“Theosophy Forward”. Junio 2009.)

LA REGLA DE ORO Barbara Humes

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chemos un vistazo a alguna de las antiguas enseñanzas para ver de dónde procede la Regla de oro. GAUTAMA BUDDHA. Han transcurrido alrededor de 24 siglos desde que empezó su vida como Instructor. Nació hacia el año 523 A.C. según los historiadores de Ceilán y Kashmir y murió en el año 543 A.C. a la edad de 80 años. Chinos y tibetanos dan fechas diferentes de su nacimiento. En la época en que nació, la India no estaba en la edad Oscura, sino que atravesaba un período de grandes sueños y de grandes y excitantes especulaciones intelectuales. Gautama era ario, de una de las razas que hablaban en sánscrito y que habían penetrado en la India por el Noroeste, alrededor del año 2.000 A.C. Gautama enseñó: “No hieras a los demás de manera que consideres dañi-

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na para ti mismo.” (Udana Varga: 5.18.) ZOROASTRO. La mayor parte de lo que sabemos de Zoroastro no es la verdadera historia, sino que nos ha llegado a través de muchas leyendas. Según la tradición, Zoroastro vivió unos 1.800 años antes de Cristo. Sin embargo, el Buddhismo incluye una cita que dice que “la llegada de la religión” tuvo lugar en el siglo XIII de la era de Zoroastro, 272 años antes de Cristo. Otras fechas atribuidas a Zoroastro le sitúan unos 100 años A.C. Zoroastro enseñó: “Sólo es buena aquella naturaleza que se abstiene de hacer a los demás nada que no sea bueno para si misma.” CONFUCIO. La mayoría de las fuentes informan que Confucio vivió del 551 al 478 A.C., aunque esto también varía. Confucio nació en el pueblo de Sophia nº 245


Tsen, Shantung, China. Llegó a ser encargado de almacén y superintendente de las manadas de bestias para el sacrificio. Con el tiempo se convirtió en maestro y también estudió leyes. A la edad de 51 años llegó a ser magistrado supremo de la ciudad de Chung-tu. La historia sigue contando que, debido a las intrigas, perdió su posición y pasó los siguientes 14 años yendo de acá para allá y estudiando con sus discípulos. A finales de esta época regresó a su casa y editó los libros Sagrados y escribió la historia de su tierra natal. Murió a los 73 años. Sus discípulos recogieron sus enseñanzas y su fama creció poco a poco hasta que, siglos después, se convirtieron en una religión establecida. Fue contemporáneo de Pitágoras. Las enseñanzas de Confucio incluían: “Lo que tú no quieras que los demás te hagan a tí, no lo hagas tú a los demás.” HILLEL EL MAYOR. O Hillel de Babilonia, llamado así porque había vivido en Babilonia durante su juventud. Fue uno de los más grandes maestros que jamás tuvo el pueblo judío. Hillel cambió la expresión de este precepto en términos negativos: “No harás a otro lo que tú no quieres que él te haga a ti. JESÚS, EL CRISTO. Nació en el año 6 o 7 A.C.Fue un ario que vivió en la Galilea del Norte, en tierra de gentiles, en Judea. Murió sobre el año 30 D.C. Sus enseñanzas y sus parábolas se esparcieron durante los primeros 30 o 40 años después de su muerte. El número de sus seguidores llegó a ser tan grande en aquellos tiempos, que sus discípulos empezaron a escribir lo que él les había Septiembre 2009

enseñado para poder enviar los escritos a muchas partes del mundo. Tal como se recoge en Mateo 7:12, Jesús enseñó: “Por lo tanto, todas las cosas, sean las que sean, que quisierais que los hombres hicieran por vosotros, hacedlas vosotros por ellos; porque ésta es la ley y los Profetas.” En el Evangelio Acuariano hay un capítulo, el 97:29 en el que se dice: “Haced a los demás lo que vosotros quisierais que ellos hicieran por vosotros.” En la sagrada Biblia de Peshitta, la Biblia autorizada de la Iglesia de Oriente, en el capítulo 7:12 se dice: “Cualquier cosa que vosotros deseéis que los hombres hagan por vosotros, hacedlo igualmente por ellos; porque ésta es la ley y los Profetas.” Cada instructor puso con distintas palabras esa admonición que nosotros llamamos la Regla de Oro. Con el transcurso de las edades los seres iluminados han buscado encender y hacer progresar los corazones y las mentes de los hombres. La “Regla de Oro” de la reciprocidad ha sido una de las enseñanzas básicas de cada líder en la época en que vivió. La idea de hacer a los demás lo que a vosotros os gustaría que os hicieran a vosotros mismos, no es por lo tanto propiedad exclusiva de nadie. Sin embargo, hasta ahora, la Regla de Oro no ha conseguido obtener una total y plena aceptación, aunque haya sido enseñada por cada uno de estos líderes espirituales. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer nosotros al respecto? La historia, al igual que las noticias de nuestra vida diaria, está repleta de 11


crueldad, de brutalidad, de odio, de hipocresía, de negligencia hacia los niños y hacia los adultos igualmente, así como otros actos negativos que el hombre inflige al hombre. ¡Cuántas veces leemos, lo mismo en la historia que en los periódicos de hoy en día, que esto se ha hecho en nombre de la religión! La Regla de Oro y la admonición: “Sea lo que sea lo que el hombre siembre, eso es lo que recogerá,” necesitan ser meditadas conjuntamente. Porque es una ley universal el que para cada acto hay una reacción opuesta similar, llamada la Ley Inviolable de Compensación. A muchas personas les gustaría creer que, de alguna manera, la ley se aplicará a los demás pero “no a mí.” La justicia imparcial, objetiva, demuestra en una larga trayectoria, que si sembramos amor podemos estar seguros de que cosecharemos amor. Si sembramos odio, sólo recibiremos odio a cambio. En realidad, muy pocas personas aceptan y viven la Regla de Oro. Independientemente de quien la enseñó

primero, cada persona necesita dar el primer paso con la firme decisión interna de vivir esa Regla cada día. Podemos dar una explicación racional diciendo que si tratamos de vivir de acuerdo con la Regla de Oro seremos pisoteados por aquellos que consiguen lo que quieren a la fuerza. Es por esto que, después de miles de años, a pesar de las enseñanzas de las grandes religiones, nosotros, los seres humanos, hemos cambiado tan poco. La suspicas mayoría (la mayor parte de todos nosotros) que no está convencida de la verdad de la Regla de Oro y de que se recoge lo que se siembra, se niega a dar el primer paso para vivirla. Todos nosotros necesitamos como un reto personal las enseñanzas básicas de Gautama, Confucio, Zoroastro, Hillel y Jesús, porque todas sus enseñanzas son: Vivir la Regla de Oro. (The American Theosophist, marzo de 1988.)

HOMENAJE A KRISHNAJI

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unto a la propiedad de la Sociedad Teosófica, en la playa de Adyar, la Fundación Krishnamurti de la India erigirá un monolito de granito de 20 pies de alto, para señalar el lugar donde el renombrado filósofo fue “avistado” por C.W. Leadbeater cuando sólo era un muchacho, en virtud de su remarcable aura.

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La primera piedra instalada en la base del monolito conmemorativo fue puesta el 11 de mayo de 1888 por el Presidente de la India, el señor Venkataraman, quien también pronunció la primera Conferencia Conmemorativa patrocinada por la Fundación, ante una gran audiencia de ciudadanos de Madrás. Venkataraman dedicó tamSophia nº 245


bién otra piedra para señalar el punto en que Krisnhaji daba sus conferencias anuales en Vasanta-Vihar, la sede central de la Fundación en la otra orilla del río Adyar, donde Krishnaji acostumbraba a alojarse cuando estaba en Madrás. La reunión estuvo presidida por el gobernador de Tamil Nadu, el Dr. P.C. Alexander, quien presentó la Fundación para el Centro Krishnamurti de Coloquio Permanente. Elogió el valor y la integridad intelectual de Krishnaji que se negó a convertirse en Mesías ni encasillarse a si mismo como gurú. “En esto,” decía, “encuentro un paralelismo con la trayectoria y la misión de Jesucristo y del Señor Buddha.” El gobernador añadió que el pensamiento complicado del hombre le impide comprender la profundidad y el significado de un hombre sencillo como Krishnaji. Al dar la bienvenida a la numerosa audiencia, el señor Achyut Patwardham, líder nacional muy conocido y miembro de la Fundación Krishnamurti, dijo que el Centro se proponía atraer a investigadores y científicos de todo el mundo para continuar el diálogo iniciado por Krishnaji. La Fundación ha estado trabajando para esparcir las enseñanzas de Krishnaji, publicando los textos auténticos de sus conferencias y a través de medios audiovisuales y de vídeos. La enseñanza se proponía hacer al hombre consciente de que el origen de todo mal radicaba en su mente. La señora Pupul Jayakar, biógrafa de Krishnamurti, en una charla introductora dijo que lo que el mundo de hoy necesita más que nada es el amor y la compasión predicados por Septiembre 2009

Krishnamurti. Ahora que “físicamente él ya no estaba, ”es responsabilidad y tarea de aquellos que le amaron y le admiraron, mantener vivo el espíritu de investigación y diálogo.” El señor Venkataraman, Presidente de la India, pronunció la siguiente Conferencia inicial en Memoria de Krishnamurti: Amigos: Estos hermosos bosques y esta hora crepuscular son preciosos para nosotros. Éste es el lugar y ésta es la hora que Krishnaji escogía cuando estaba en Madrás para compartir sus pensamientos más íntimos. Aquí, bajo esta filigrana de hojas, él se hubiera sentado y comunicado —con su silencio no menos que con sus palabras. Y a medida que la luz solar en el ocaso iba descendiendo sobre los reunidos, una luz interior emergía suavemente en el corazón de cada oyente. Yo creo que se me ha pedido que diera la primera conferencia en memoria de Krishnamurti no tanto porque soy el Presidente de la India, sino porque soy uno de sus admiradores que tuvo el privilegio de escucharle y de quedar fascinado por él. Por lo tanto, he escogido hablar hoy de Krishnamurti y de lo que él ha significado para nuestra generación. Al mismo tiempo, he de confesar que tengo la sensación de no estar a la altura de pintar el retrato de alguien que trascendió las limitaciones humanas y que realmente pertenecía al vasto espacio del pensamiento metafísico. Y sin embargo, esta oportunidad es de un valor extraordinario para mí y tengo que dar las gracias a la Fundación 13


Krishnamurti por habérmela proporcionado. La Fundación Krishnamurti ha puesto hoy dos piedras conmemorativas, una en la playa de Adyar y otra aquí. Esto es totalmente pertinente. Krishnaji y su hermano menor llegaron a Adyar de niños. Allí donde el río se une con el mar, Krishnaji pasó muy buenos momentos de cada día durante meses. En las arenas de Adyar, Charles Leadbeater vio un día rodeando al adolescente Krishnamurti un aura maravillosa “sin una sola mácula de egoísmo en ella.” Muy pronto, a partir de ese momento, los dos hermanos fueron presentados a la Dra. Besant. Krishnaji ha recordado: “Como es costumbre entre nosotros hacia aquellos por los cuales sentimos gran reverencia, ambos nos postramos a sus pies. Ella nos hizo levantar y nos abrazó.” Esa acción de levantar y abrazar a los dos hijos de Jiddu Naraniah por parte del gran espíritu maternal que tenía la Dra. Besant, parecía lo que ocurrió varios años antes, cuando Ramakrishna, igual que la Dra. Besant, había anticipado la llegada de una gran alma que, en su propio estilo, dio al mundo un gran mensaje. El descubrimiento, la adopción y la iniciación en la Sociedad Teosófica fueron rápidos. En cuestión de meses empezó a demostrar poderes intuitivos que sobrepasaban con mucho incluso las esperanzas de la Dra. Besant. Pronto, su primer libro A los Pies del Maestro, fue publicado por la Dra. Besant con una introducción que decía: “Éste es el primer libro escrito por un hermano más joven, más joven de cuerpo en realidad, pero

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no de alma.” Pronto se estableció la Orden de la Estrella de Oriente, con Krishnaji como Jefe y la Dra. Besant y Leadbeater como “Protectores.” La Dra. Besant declaró en su periódico New India, que la voz que se había escuchado 2000 años antes iba a escucharse de nuevo —la voz del Cristo; que la flauta que se había escuchado a orillas del río Yamuna, iba a escucharse de nuevo ahora, a través de Krishnamurti. Krishnaji pronto fue enviado a Inglaterra para estudios superiores. Pero una vez allí, Krishnaji empezó a sondear los problemas de la vida con completa independencia. Es un tributo a su personalidad el que, según palabra de Jammadas Dwarkadas, se encontrara libre para escoger su propio camino y que nadie se atreviera a interferir. Krishnaji pronto se lberó de toda dependencia de cualquier tipo como mala, tanto que se tratara de seguir a un gurú como de seguir una religión. En 1928, en el séptimo Campamento Internacional de la Orden de la Estrella, celebrado en Ommen, Holanda, se le preguntó: “¿Es usted el Cristo que ha vuelto?” Krishnamurti respondió: “Amigos, si digo que lo soy, y otro os dice que no lo soy, ¿qué harán ustedes? Prescinda de la calificación, porque esto no tiene ningún valor. Beba el agua, si el agua es limpia. Si le digo que tengo esa agua clara; que tengo ese bálsamo que purificará, que curará grandemente; y si usted me pregunta, ‘¿quién es usted?’ Yo soy todas las cosas, yo soy la Vida.” Los teósofos o la Orden de la Estrella habían pronosticado durante años un

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gran acontecimiento, la llegada de un Instructor del mundo que diría algo tan nuevo y tan inesperado que sorprendería al mundo. Pero la Orden de la Estrella y la Sociedad Teosófica habían visualizado su propia imagen del Instructor del Mundo. Krishnaji no iba a ser la imagen de nadie. En presencia de la Dra. Besant y de más de 3.000 miembros de la Estrella, Krishnaji disolvió la Orden en 1929. El discurso de Krishnaji en ocasión del Campamento de Ommen, en Holanda, pertenece a la categoría de las declaraciones que hacen historia. Al terminarlo, dijo: “He decidido disolver ahora la Orden de la que he llegado a ser el Jefe. Vosotros podéis formar otras organizaciones y confiar en otro. Eso a mí no me incumbe, ni el crear nuevas jaulas, ni nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi único interés es hacer que los hombres se sientan absoluta e incondicionalmente libres.” En 1930, Krishnaji se dio de baja también de la Sociedad Teosófica. Después de su separación de la misma, según nos cuenta Mary Lutyens en su libro sobre Krishnaji, sus reuniones acogieron a personas que estaban “interesadas en lo que él tenía que decir, no en lo que se había dicho que él era.” La Dra. Besant cayó pronto enferma. Siempre atento y considerado, Krishnaji regresó de los EE.UU. donde entonces se encontraba, para visitarla en Adyar. El último encuentro fue conmovedor. Habían transcurrido más de dos décadas desde el día en que, cuando niño, Krishnaji se había postrado ante Septiembre 2009

ella. Las arenas del tiempo se habían deslizado para la Dra. Besant, mientras que Krishnaji estaba en camino de convertirse en el Krishnamurti que el mundo tenía que conocer durante otro medio siglo. Después del fallecimiento de la Dra. Besant, él dijo: “Ella fue una madre para mí, ella me crió, pero nunca me dijo haz esto o no hagas aquello.” Archarya Vinoba Bhave, después de un encuentro con Krishnaji dijo una vez: “Krisnhamurti puede negar el papel de Instructor del Mundo, puede negar ser la iglesia construida para él, puede negar su papel como gurú supremo, puede negar ser el divino Krishna; pero no podrá negar a la Dra. Besant su papel como Yashoda, la madre adoptiva de Krishna, el divino pastor.” No cabe duda de que la Dra. Besant fue la primera que encendió la lámpara que ha ardido desde entonces. Tanto aquí como en Madrás, como en Rishi Valley, en Rajhat en Benarés, o en la ciudad de Nueva York, en Sri Lanka o en Saanen, en Suiza, Krishnaji parecía incandescente. En la oscuridad intelectual y espiritual que nos rodea, él fue como una luz ahora aquí y ahora allá, moviéndose incesantemente, transmitiendo un fulgor casi a pesar de si mismo. Instintivamente, incontables personas llegaron a considerarle como un preceptor que podía iluminarles. Shrimati Pupul Jayakar nos relata en su conmovedor libro sobre Krishnaji y refiriéndose a un debate que tuvo lugar entre ella, Srimati Radha Burnier y Krishnaji en Rishi Valley que, ante su comentario de que para ella Krishnaji era el gurú, 15


éste preguntó: “¿Qué es lo que quieres dar a entender por gurú?” Pupulji dijo: “Aquel que despierta.” Entonces, Krishnaji dijo: “El ejemplo del que despierta y del que es despertado, es erróneo. Cuando hay luz y yo estoy en la oscuridad y me muevo hacia la luz, ¿dónde está el que despierta? Unos permanecen en la luz, otros van deambulando; eso es todo.” Poco después Krishnaji añadió un comentario que evocaba al Tathâgata: “Yo no digo que yo sea la luz.” Filósofo de filósofos, Maestro de maestros, Krishnaji huía de estas descripciones; y las rehuía porque no trataba de persuadir ni de enseñar a nadie. Siempre fue un camarada, un amigo, un pensador. A pesar de su fama, Krishnaji fue siempre intensamente humano. Krishnaji fue, por naturaleza, una de las personas más modestas de este mundo. Yo me sentía enormemente embarazado cuando en mi conversación con él, acostumbraba a llamarme “Señor” y yo quería oponerme. Pero a continuación él repetía “Señor” cuando trataba un punto álgido o cuando refutaba observaciones. La cortesía era para él una segunda naturaleza. Tal vez lo que más apreciaba era el placer de la camaradería que no dependía de la proximidad física sino que tenía su existencia en el silencio, en la empatía intuitiva. Cada vez que hablaba o miraba a alguien, poco a poco, pero firmemente, se establecía una intimidad entre los dos, haciendo que la otra persona se sintiera poderosamente consciente no sólo de Krishnaji sino de si misma; parecía que nos presentaba a una

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persona —a nosotros mismos. Frecuentemente la gente le hacía preguntas. Krishnaji raramente contestaba pero excitaba en el que preguntaba un proceso mental que llevaba a la persona a encontrar una respuesta. Una vez le pregunté desesperado si es que no existía ninguna solución para el sufrimiento humano, con tantas guerras, destrucción y explotación del hombre por el hombre. Él me contestó con otra pregunta: “¿Cuáles son sus problemas?” Yo le dije que no tenía ninguno. “No ambiciono riqueza ni cargos. Estoy satisfecho y no me siento defraudado.” Entonces él me preguntó por qué todos los demás seres humanos no podían sentirse igual. ¿Tendría entonces el mundo los problemas de los que yo hablo? En una de sus charlas, Krishnaji dijo que a nosotros nos inquieta el mañana y el ayer que ya no existe y atraemos el sufrimiento sobre nosotros. Dijo: tenéis que vivir en el presente. En otra charla, señaló la causa del sufrimiento del propio ego personal, sectario y nacional. La mente de Krishnaji lo observaba todo, pero no encasillaba las observaciones en compartimentos estanco. Sobre esto mismo, el 3 de enero de 1968, dijo: “Jamás vemos un árbol, vemos el árbol a través de la imagen que tenemos de él, del concepto de ese árbol; pero el concepto, el conocimiento, la experiencia, es totalmente diferente del árbol verdadero.” Miramos a través de miríadas de lentes —las tendencias bifocales, raciales o individuales, las tónicas de una opinión subjetiva, los prismas del prejuicio, los cristales cóncavos de lo que ha

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sido o de los convexos que serán de aquí en adelante; todo, excepto el simple acto de ver algo, tal como ese algo es, sin fragmentar ni distorsionar. Podemos preguntar, ¿por qué es importante una visión total? Es importante no sólo porque esa visión facilita la visión total per se, sino porque nos capacita para ver las conexiones, las relaciones y el entrelazamiento de la causa con el efecto. Lo físico puede verse entonces chocando con fuerza con lo metafísico, y lo mundano con lo moral. El poeta William Blake describe esta visión total en estos versos inmortales: Ver un mundo en un grano de arena, Y un cielo en una flor campestre, Retener lo Infinito en la palma de la mano, Y la Eternidad en una hora.

Esta falta de capacidad para ver lo real constituye una pérdida tan seria como la ocasionada por la falta de la visión física. Le impide a uno la recta comprensión, la recta relación, y por lo tanto, todo un mundo de concienciación. El Duque de Gloucester, ciego, en El Rey Lear de Shakespeare, que no podía distinguir entre el bien y el mal cuando tenía sus ojos, dice: “Tropecé cuando veía.” Krishnamurti sabía que la sociedad está tropezando constantemente por falta de capacidad para ver la realidad, para percibirla y para comprenderla. Y debido a ese modo de tropezar está dañándose constantemente a si misma. Por ejemplo, Pupulji nos dice en su libro que cuando el 30 de enero de 1948 Krishnaji recibió la noticia del asesinato del mahatma Gandhi, se quedó muy

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callado y después dijo al grupo de personas con las que estaba hablando: “Los acontecimientos del mundo no son incidentes aislados; están relacionados. La verdadera causa de la desgraciada muerte de Gandhi radica en vosotros. La verdadera causa sois vosotros. Porque estáis organizados comunitariamente y animáis al espíritu de división —sea a través de la propiedad, a través de la casta, a través de la ideología, a través de diferentes religiones, sectas, líderes. Cuando os llamáis hindúes o musulmanes, o parsis, o sabe Dios qué mas, esto está condenado a producir conflicto en el mundo.” La moralidad no es un código; es un sentido de la relación que existe entre las cosas, de la totalidad de las cosas, una habilidad para discernir entre el orden y su opuesto, el desorden. Este sentido tiene que llegar de dentro. Krishnaji creía que todos nosotros tenemos esa facultad, ese sentido. Pero él sabía que en la mayor parte de nosotros yace dormido. Una vez habló del “orden” como siendo no una virtud celestial, sino orden, virtud en las relaciones y en los actos del presente. Las relaciones en nuestra época se miden en términos de utilidad de una persona o de una situación para uno mismo. En realidad, vamos más allá; el que no resulta útil se considera un estorbo, y así por el estilo; a la persecución del propio interés se añade la competitividad y el conflicto. Esto es verdad, lo mismo para los individuos que para las naciones. Krishnaji dijo en la ciudad de Nueva York, en 1971: “¿No sabéis qué significa estar re17


lacionado con el mundo? Cuando vosotros sentís que sois el mundo, sentís que sois responsables, que sois depositarios de esta responsabilidad. Que es el único compromiso; no se trata de estar comprometidos por una actividad deteerminada, sino de sentir que vosotros sois el mundo y que el mundo es vosotros. A menos que cambiéis total y radicalmente, y que deis lugar a una mutación total de vosotros mismos, hagáis lo que hagáis externamente, no habrá paz para el hombre.” Krishnaji acentuó aquí la necesidad de la acción, pero de una acción que procediera del propio cambio interno de uno. Con orden, armonía e integridad en el hombre, todo lo demás cae por su propio peso. Sin ese orden, las cosas no pueden por menos que fracasar. Krishnaji decía que el cambio interno era esencial si las calamidades imperantes de nuestra época —individuales, sociales, políticas, económicas— tenían que terminar. En una observación hecha en Suiza, en 1969, Krishnaji dijo: “Mire, Señor, yo no he leído nada. He llegado hasta aquí y no sé nada. Sólo sé que sufro y que tengo que conseguir definitivamente una mente útil. No tengo ninguna autoridad —ni la de Shamkara, Krishna, Patanjali, ni la de nadie— estoy absolutamente solo. He logrado afrontar mi vida y he conseguido ser un buen ciudadano —no según los comunistas, los capitalistas o los socialistas. Una buena ciudadanía significa una conducta que no sea una cosa en la oficina y otra en casa. En primer lugar, quiero descubrir cómo liberarme de este sufrimiento. Después, al liberarme,

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descubriré si existe eso que llamamos Dios o lo que sea.” La explicación de Krishnaji es absolutamente extraordinaria. Reitera que no debemos apoyarnos en ninguna autoridad externa. Nos dice que tenemos que afrontar la vida, no huir de ella. También nos dice que tenemos que ser buenos ciudadanos, lo mismo particularmente que públicamente. Sólo partiendo de esto podemos adentrarnos en las especulaciones filosóficas y que éstas tengan algún sentido. Hace veinticinco siglos, el Buddha había dado el mismo mensaje. Él dijo: “Uno es su propio refugio, ¿quién más podría ser el refugio?” Según el Buddhismo Mahâyâna, el Buddha, al encontrarse en el umbral del Nirvana, decidió no llegar al final y cruzarlo mientras un solo ser permaneciera en la tierra sin liberarse. Krishnaji se compadecía de los demás como yo he conocido a muy pocas personas que lo hicieran. Era capaz de interiorizar los pensamientos y la angustia de los demás. Trataba de ayudarles a superar sus dificultades, ayudándoles a ver y a comprender la naturaleza de sus dificultades y a vencer sus temores. Él personificaba el concepto expresado en los Vedas: na tvaham kamaye rajyam na svargam napunar-bhavam kamaye duhkta-taptanam praninam arti-nasanam No busco el poder temporal, ni el cielo, ni la libertad para no renacer: Todo lo que busco es que el sufrimiento de todos los mortales desparezca.

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El sabio de Kanchi había expresado el mismo pensamiento en una inolvidable stanza compuesta por él, en sánscrito. Sólo citaré dos estrofas: âtmavad eva parân pasyata; yuddham tyajata spardham tyajata. Ten en cuenta a los demás como a ti mismo. Abjura de la guerra; niégate a la competición.

Es un gran privilegio para la India que, de vez en cuando, hombres de una visión como el láser nazcan en su suelo

para hablar al mundo y ofrecerle una serie de valores alternativos. En nuestra época, Krishnaji representó una inteligencia alerta: en eso fue otro Shamkara. También representó una compasión absoluta; en eso fue otro Gautama. Por eso se convirtió en un ser humano completo, único en el pensamiento, único en la palabra, único en la acción. Krishnaji rechazó homenajes, piedras y edificios: era consciente de que todo desaparece con el tiempo. Pero nadie puede negar que los pensamientos que él nos ha dejado perdurarán mientras perdure la humanidad. (The Theosophist, julio, 1988.)

LA DOCTRINA SECRETA, LIBRO DE DESCUBRIMIENTO John Algeo

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lgunos libros están escritos para distraer al lector, otros para ins pirarle nobles ideales y sentimientos. La Doctrina Secreta no entra en ninguna de estas categorías. H.P.B. ha escrito libros para distraer, por ejemplo el resumen de sus viajes por la India, en principio publicados en forma de artículos en los periódicos rusos y más tarde reunidos con el título de En las Cuevas y Selvas del Hindustán. Pero el que aborde La Doctrina Secreta con la finalidad de distraerse se arriesga, por el contrario, a aburrirse.

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H.P.B. ha escrito libros para instrucción del lector, por ejemplo La Clave de la Teosofía que es una introducción práctica, siempre perfectamente legible, al pensamiento teosófico y a la práctica de la Teosofía. Pero si alguien aborda La Doctrina Secreta con la finalidad de instruirse se arriesga a hacerse un lío. H.P.B. ha escrito libros para instruir al lector, por ejemplo La Voz del Silencio que es tal vez la guía más profunda y más rica de la que disponemos respecto a la vida espiritual. Pero si alguien aborda La Doctrina Secreta para encontrar 19


inspiración, se arriesga a desanimarse por la cantidad de materiales que se encuentran en ella y que no son en absoluto inspiradores. Hay páginas que distraen en La Doctrina Secreta, largos pasajes instructivos y, en ocasiones, chispas de inspiración. Pero no es ése el propósito del libro. El importante libro de H.P.B. tiene otra finalidad que podríamos llamar “el descubrimiento.” En cierto sentido, se trata de una obra heurística, es decir, que ayuda al lector a alcanzar un objetivo que se sitúa más allá del libro en si. El propósito de La Doctrina Secreta no es hacernos felices distrayéndonos, de hacernos sabios al instruirnos, de hacernos receptivos al inspirarnos. Su propósito es ayudarnos a descubrir la Verdad. La primera página de La Doctrina Secreta nos aporta una sugerencia respecto al propósito del libro. En medio de esta página figura el lema de la Sociedad Teosófica, impreso en caracteres devanagari, en cuya ayuda se escribe en sánscrito, así como una traducción que nos es muy familiar: “No hay religión más elevada que la verdad.” La palabra “Dharma” puede interpretarse como indicando religión, deber, ley, realidad interior, o incluso doctrina. La doctrina es uno de los significados de la palabra “Dharma”; incluso tal vez es de las que mejor se adapta respecto al libro titulado La Doctrina Secreta. “No hay doctrina superior a la Verdad,” ni siquiera una doctrina que sea secreta. El propósito de La Doctrina Secreta de H.P.B. no es enseñar una doctrina en otro tiempo tenida po secreta y que se nos hubiera revelado por primera vez.

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Se trata, sobre todo, de conducir al lector a descubrir una Verdad que está más allá de todas las doctrinas, una verdad definitiva que no es secreta más que por el hecho de que no se puede traducir en palabras, puesto que es demasiado grande para la capacidad de expresión de la lengua común. Jamás se le ha pedido a nadie la promesa de no revelar esta Verdad. Semejante promesa es inútil puesto que, si bien la Verdad definitiva puede ser descubierta, es imposible revelarla verbalmente. Y esto es lo que hace de ella la más secreta de las doctrinas. El hecho de que el lema que figura en la primera página de La Doctrina Secreta de H.P.B. figure también en la última página, puede hacernos suponer su importancia. El segundo tomo de La Doctrina Secreta termina otra vez con la cita de este lema. La Doctrina Secreta empieza con la cita del lema y termina con la misma. Como el ouroboro — la serpiente que se muerde la cola, la gan obra de Madame Blavatsky termina allí donde empieza: “No hay doctrina superior a la Verdad.” De este modo se nos advierte que no cometamos el error de tomar como Verdad definitiva el contenido de este libro, por importante que sea. Hacia el final de su vida, Madame Blavatsky reunió a su alrededor un grupo de discípulos personales a los que ella intruía. Uno de ellos, Robert Bowen, era un oficial de la reserva de la marina. Anotó lo que H.P.B. decía respecto al estudio de La Doctrina Secreta. A través de estas notas, H.P.B. nos hace comprender claramente que no tenemos que dar por supuesto que el libro contiene

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toda la Verdad y nada más que la Verdad, ni siquiera que pudiéramos encontrar en él la Verdad. “Acercaos a la Doctrina Secreta, nos dice, sin ilusionaros con la esperanza de encontrar en ella la Verdad definitiva relativa a la existencia. Acercaros a ella con la única idea de ver hasta dónde puede conduciros en vuestro camino hacia la Verdad. Ved en su estudio un medio de ejercer y desarrollar en vosotros esta parte de vuestro intelecto que no ha estado en contacto con otros estudios.” La Doctrina Secreta es importante, no por los pensamientos que encierra, sino por el modo en que nosotros podemos servirnos de ella para aprender a pensar por nosotros mismos. No es un libro para distraerse, ni para instruirse, ni para inspirarse. Es un libro de descubrimiento. Aunque La Doctrina Secreta tenga para nosotros el valor de la fuente fundamental de la Teosofía moderna, aunque la respetemos por el gran conocimiento y los panoramas profundos que en ella se despliegan, jamás deberíamos cometer el error de considerarla como un “libro sagrado”; Si consideramos la composición del libro, comprendida la manera como ha sido escrito, la puesta en orden de su contenido e incluso la substancia de los pensamientos que se expresan, no podemos ver en él un texto autoritario. Por ejemplo, la ordenación de La Doctrina Secreta tal como la conocemos, no es hechura de Madame Blavatsky. Todas las personas geniales tienen fallos en sus capacidades, y a Septiembre 2009

menudo fallos sorprendentes. Madame Blavatsky era un genio en lo que respecta a la sabiduría esotérica, pero no era capaz de poner orden en la información o para presentarla de modo coherente, claro y lógico. La Condesa Watchtmeister nos proporciona sobre esto el comentario siguiente: “H.P.B. era constitucionalmente, y por el hecho del cariz innato de su espíritu, incapaz de exponer sus enseñanzas de un modo ordenado y paciente.” Y la Condesa nos cita una carta donde H.P.B. hablaba de este aspecto de su personalidad: “Siempre he enseñado a mi modo. Si se me tuviera que infligir el castigo de dar mis cursos regulares a la manera de un profesor, no digo dos horas, sino durante una sola hora cada día, preferiría huir al Polo Norte o morir cuando quisierais, cortando así todo lazo con la Teosofía. Soy incapaz de enseñar de ese modo, como deberían saberlo todos aquellos que me conocen.” La incapacidad de H.P.B. para dar sus explicaciones “a la manera de un profesor” está claramente ilustrado en Isis sin Velo, una obra que no sigue ningún plan preciso y salta de un tema a otro. Los temas que están tratados en ella, son fascinantes, pero el libro es un desorden completo. Por lo que se dice, H.P.B. escribía las páginas del manuscrito de Isis y las lanzaba el suelo cuando había terminado, y dejaba al Coronel Olcott el cuidado de recogerlas. Madame Blavatsky había tenido la intención de empezar La Doctrina Secreta con una serie de biografías relativas a ocultistas célebres que marcaron 21


la historia. Lo que siguió a estas biografías en el manuscrito original probablemente no lo sabremos nunca, porque fue puesto en orden por un tío y su sobrino, Betrám y Archibald Keightley, que habían invitado a H.P.B. a Londres, donde podrían ayudar a terminar el libro. Para saber lo que entonces sucedió, vale más que nos remitamos a lo que dice Bertram Keightley: “H.P.B. remitió la totalidad de las páginas escritas hasta ahora a las manos del Dr. Keightley y mías, pidiéndonos que las leyéramos y corrigiéramos la puntuación y el inglés, y modificáramos lo que hhubiera que modificar y, de un modo general, hiciéramos como si se tratara de nuestro propio manuscrito, lo cual por supuesto nos guardamos muy bien de hacer porque teníamos una opinión muy elevada de sus conocimientos para tomarnos libertades con una obra tan importante.” “Pero los dos habíamos leído por entero el montón de páginas manuscritas, un montón que medía más de un metro de alto, corrigiendo con el máximo cuidado su inglés y su puntuación cuando eso era absolutamente necesario, después, Entonces, después de habernos puesto de acuerdo, fuimos a ver a la autora en su cuchitril, temblando de miedo por mi parte, lo recuerdo, y la hicimos partícipe de nuestra opinión seria y deliberada de que todo tenía que ser arreglado de nuevo según un plan preciso porque, tal como se presentaba, el libro no era más que otro Isis sin Velo, pero peor, respecto a la carencia de plan y de un seguimiento lógico de los capítulos.”

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“Después de haber hablado un poco con nosotros, H.P.B. nos mandó a paseo y nos dijo que hiciéramos lo que quisiéramos. Ella estaba más que harta, nos dijo, de ese dichoso libro. Nos lo había remitido, se lavaba las manos por completo, y nosotros teníamos que tratar de arreglarlo lo mejor que pudiéramos.” “Nos retiramos para consultarnos de nuevo. Finalmente le propusimos un plan que sugería el mismo carácter de la materia tratada, es decir, dividir la obra en cuatro volúmenes, cada uno de ellos subdividido a su vez en tres partes: primero, las estancias y sus comentarios; segundo, el simbolismo; tercero, la ciencia. A continuación, en lugar de tratar en el primer volumen de la vida de algunos grandes ocultistas según ella tenía intención, le aconsejamos empezar por la evolución del Cosmos, pasar luego a la evolución del hombre, después tratar de la parte histórica en un tercer volumen consagrado a la vida de algunos grandes ocultistas. Y finalmente hablar del ocultismo práctico en un cuarto volumen, si después de todo podía escribirlo.” “Este plan se sometió a H.P.B. que lo aprobó. La siguiente etapa fue la revisión del manuscrito y una puesta en orden general de todo lo relacionado con la cosmogonía y la antropología y que tenía que constituir los dos primeros volúmenes de la obra. Después que esto se hubo terminado y que H.P.B., debidamente consultada, hubo aprobado la totalidad del manuscrito arreglado de ese modo, éste fue mecanografiado por profesionales, después este texto

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mecanografiado fue repasado, corregido, comparado con el manuscrito original, lo mismo que todas las citas en griego, hebreo y sánscrito que habíamos intercalado. Entonces pareció que los comentarios sobre las estancias no pasaban de veinte páginas porque H.P.B. no se había atenido a su texto. La cuestionamos seriamente y le sugerimos que escribiera un comentario serio, tal como lo había prometido al lector que lo haría, en su introducción. Su respuesta fue característica: ‘Pero ¿qué más podría decir? ¿Qué más queréis saber? A pesar de todo, esto está más claro que el agua...” “La solución que se tomó fue la que sigue: cada sloka de las estancias se escribió (o se desglosó de la copia mecanografiada) pegada en la cabecera de una hoja de papel, después, sobre una hoja separada, unida a esta última se escribieron todas las preguntas relativas a esta sloka que nosotros tuvimos tiempo de examinar de común acuerdo. M. Richard Harte nos ayudó considerablemente en esta tarea, una buena parte de las preguntas puestas habían sido formuladas por él. H.P.B. separó un gran número de ellas, nos hizo escribir además explicaciones más amplias, o las ideas que se nos ocurrían sobre aquello que los lectores pudieran esperar de ella. Escribió más, incorporando al total lo poco que ella ya había escrito sobre la estancia en cuestión, y es así como se hizo el trabajo.” Para la pregunta: “¿Quién ha escrito La Doctrina Secreta?” hay varias respuestas, según lo que nosotros entendemos por “escribir”. H.P.B., con toda seSeptiembre 2009

guridad, es la autora del libro, en el sentido de que contiene sus ideas que ella misma ha vertido en el papel. Pero otros han contribuido igualmente a las ideas fundamentales del libro y, por lo tanto, son co-autores. La idea de este libro vino del Maestro Morya que también ha escrito que Él mismo y Kuthumi habían dictado algunos pasajes a H.P.B. Y lo que nos dijo Bertram Keightley sobre el tema de su contribución y de la de algunos otros a la publicación del libro, muestra claramente que con su sobrino y algunas otras personas él es responsable del formato del libro, de su ordenación por capítulos y también de un poco de su contenido en lo que respecta a los comentarios de las estancias más particularmente. La Doctrina Secreta es una compuesta en cuanto a sus autores. El modo en que La Doctrina Secreta se escribió, y por otra parte lo que la misma H.P.B. nos dice del libro, nos muestra claramente que el estudiante no debería buscar encontrar en esta obra un manual de Teosofía coherente, ni siquiera creer que los diferentes temas abordados sean tratados de manera coherente o lógica. ¿Cómo, entonces, abordar esta obra que es la más fundamental de todos los libros teosóficos? Consideraremos ahora su lectura desde dos puntos de vista: el del análisis razonado y el de la técnica. Para empezar, la técnica: ¿Cuál es el mejor método para estudiar La Doctrina Secreta? H.P.B. nos ha dicho que “leer La Doctrina Secreta página por página como se haría con cualquier otro libro, y estudiarla como un manual, por ejemplo, no podría contribuir más que 23


a formarse un lío.” También nos ha aportado algunas sugerencias. Nos ha dicho que sea lo que sea que estudiemos en el libro, tenemos que atenernos a cuatro ideas: la unidad fundamental de toda existencia, la vida que anima toda materia, la correspondencia entre el microcosmo humano y el macrocosmo, y la organización hermética del universo,a la vez en una jerarquía y en una red. Madame Blavatsky nos dice también que abordemos La Doctrina Secreta reteniendo bien cuatro pasajes esenciales: en el primer volumen, las Tres Proposiciones fundamentales del Proemio y los seis artículos que recapitulan el resumen; en el segundo volumen, las notas preliminares y las conclusiones. Aparte de estos cuatro pasajes esenciales, hay una cantidad de otros que representan una visión general de las materias tratadas (introducciones o conclusiones) y que se reconocen como puntos esenciales de la Sabiduría Antigua o que contienen las ideas fundamentales. El Apéndice nº 1 está constituido por una serie de esos pasajes; merece la pena estudiarlos como una introducción a las ideas de La Doctrina Secreta. Aparte del método que consiste en comprender bien las ideas de algunos pasajes significativos como los que acabamos de citar, hay otras técnicas para el estudio de La Doctrina Secreta que se han revelado útiles. Una de ellas consiste en utilizar el índice de materias para abordar el libro, otra en estudiar las estancias del libro de Dzyan sobre las cuales se basa el libro. Cuando se utiliza el método del índice, se escoge un tema y se sacan del índice todas las referencias

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y todas las palabras que se relacionan estrechamente con el tema, después se consultan todos los artículos mencionados en el índice y se anotan los pasajes clave de estos artículos. Los pasajes significativos se ponen en orden a continuación, se comparan, se estudian y se analizan. Finalmente, la información contenida en todos estos pasajes se sintetiza y se escribe un resumen de lo que La Doctrina Secreta nos dice sobre el tema a considerar. Si abordáis La Doctrina Secreta por el estudio de las estancias, anclad el libro en las páginas en que figuran las estancias sin comentarios. Leed enteramente una estancia. No os preocupéis por el significado preciso de la estancia o por el sentido de las palabras, pero anotad la impresión global que la estancia os inspira. Destacad lo que os parecen ser las palabras clave de la estancia y reflexionad sobre todos sus significados posibles. Después de haber hecho eso, volved a leer la estancia y haceros una idea de lo que quiere decir. Después pasad a los comentarios de las slokas de esta estancia, leedlas, comparad lo que dicen, con vuestra propia interpretación. Si las estancias en conjunto son familiares para vosotros, podéis escoger una al azar. En caso contrario, es más fácil empezar por la primera estancia del primer volumen, y tomarlas una tras otra en su orden natural. Pero, sea cual sea la técnica utilizada para leer La Doctrina Secreta, es inútil tratarla como un manual ordinario. Eso, nos ha dicho H.P.B., lleva a la confusión. Una de las cosas remarcables del libro, ha escrito Bowen que citaba a

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Mme. Blavatsky, es que el lector puede encontrar en él cosas que ella misma no había percibido. Bowen hace el comentario siguiente: “Ella nos dice incontestablemente que no nos supeditemos a ella como si fuera la última autoridad, ni a ninguna persona, por otra parte, sino que no dependamos más que de la ampliación de nuestras percepciones.” Esto es verdaderamente correcto, y H.P.B. no nos dice otra cosa en La Doctrina Secreta. Cito: “Dado que, según hemos reconocido, este libro esconde más cosas de las que revela, el estudiante queda invitado a hacer trabajar su intuición.” Estamos, pues, invitados a abordar La Doctrina Secreta intuitivamente. Sin embargo no basta con saber cómo estudiar La Doctrina Secreta, también nos hace falta saber por qué la estudiamos. En realidad, la razón profunda de estudiar La Doctrina Secreta es mucho más importante que las técnicas utilizadas para hacerlo. ¿Por qué razón estudiar la Doctrina Secreta? Madame Blavatsky da una respuesta muy clara al respecto en las notas tomadas por el Comandante Bowen, notas que ella leyó y aprobó. Nos dice que el estudio de La Doctrina Secreta es una forma de Jnânâ Yoga. “El verdadero estudiante de La Doctrina Secreta es un Jnânâ yogui y este yoga es el que se adapta a los occidentales. Es para facilitarles estas indicaciones en el camino que se ha escrito La Doctrina Secreta.” La andadura del Jnânâ yoga consiste en tratar de comprender la vida del Cosmos y el lugar del hombre en el Cosmos. Para llegar a ello, hay que consSeptiembre 2009

truir teorías, “imágenes mentales” como las llama H.P.B. La palabra teoría viene de una raíz griega que significa “mirar, visualizar.” Una teoría es, pues, un modo de visualizar las cosas, una imagen mental. El peligro es siempre que se tome la imagen por la realidad que representa, que nos apasionemos tanto por la elegancia, la validez, la exactitud de la imagen, que se deje de prestar atención a la realidad, que nos contentemos con la imagen de la realidad. Felizmente nos vemos disuadidos de perdernos en nuestras teorías por el hecho de que siempre son defectuosas. Cuando contemplanos nuestras imágenes mentales descubrimos inexactitudes, cosas no adecuadas, errores. Este descubrimiento puede despertar en nosotros dos clases de respuesta. Aquellos que son verdaderos creyentes dirán que los errores no existen, o que tienen poca importancia y que ellos seguirán contemplando su imagen mental mucho tiempo después que los defectos que ella comporta se hayan hecho evidentes. Aquellos que son verdaderos estudiantes, por el contrario, tolerarán algunos defectos durante un tiempo determinado. Pero, poco a poco, y a medida que los defectos se irán acumulando, decidirán que la imagen mental que han construido tiene que abandonarse. Y construirán una nueva, mayor y mejor, que corregirá los defectos de la antigua. Más tarde, con toda seguridad, los defectos aparecerán sin embargo en la nueva imagen, la cual igualmente tendrá que cambiar. Y así las cosas van de imagen mental a imagen mental, cada una de ellas corrigiendo los defectos de 25


la que le precedió, pero haciendo aparecer sus propios defectos. Ese, tal como lo ha presentado Thomas Kuhn, también es el modo en que la ciencia evoluciona, substituyendo una teoría por otra, según el proceso llamado “estructura de las revoluciones científicas.” Este es el proceso que sigue igualmente el estudiante de esoterismo que sigue la vía del Jnânâ yoga. Si los Jnânâ yoguis consiguen seguir con éxito su sendero, no perderán el tiempo substituyendo indefinidamente una imagen defectuosa por otra. Sino que un día llegarán al punto en que, como dijo H.P.B., ninguna imagen podrá jamás representar la verdad. El proceso de substitución de una imagen, de una teoría por otra, prosigue “hasta el día en que finalmente la mente y sus imágenes se trascienden y en que el estudiante penetra en el mundo de la no forma, mundo en que todas las formas son reflejos disminuidos.” Es una declaración muy notable que hace H.P.B., porque nos hace saber con eso que el propósito de la imagen del Cosmos y de la humanidad que encontramos en La Doctrina Secreta es el de

conducirnos a descubrir que una imagen semejante jamás se adaptará a la Verdad que representa. El propósito de La Doctrina Secreta es el de hacernos comprender que La Doctrina Secreta es inadecuada e insuficiente; que todas las teorías, todas las imágenes mentales relativas al origen, la estructura y la vida del universo son inadecuadas e insuficientes. El Jnânâ yoga se sirve de la mente para conducirnos más allá de la mente. Estudiamos La Doctrina Secreta para ir más allá de La Doctrina Secreta. La Doctrina Secreta es la primera palabra de la Teosofía moderna. No es la última. Es un libro maravilloso, no porque sea distraído, o instructivo, o inspirador, sino porque nos ayuda a descubrir que comporta defectos, que todos los libros tienen defectos, que la Verdad no se puede encontrar en los libros sino en nosotros mismos. La Verdad no reside en los diagramas, en las tablas, en los índices, no reside en las cadenas, las rondas y las razas. La Verdad es el reconocimiento de que no hay doctrina superior a la Verdad. Esto es la Teosofía. Esta es La Doctrina Secreta. (Le Lotus Bleu, marzo, 2009.)

PREGUNTA-RESPUESTA N. Sri Ram

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l conocimiento exacto de las en señanzas relativas a las cadenas, las rondas, los globos y las razas, ¿es útil para el progreso espiritual

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del aspirante? Todo conocimiento puede utilizarse de una manera sabia o sin sabiduría. Si nos preguntamos: ¿para qué sirve este

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conocimiento sobre las cadenas, las rondas, etc.,? también puede decirse: ¿para qué sirve el Universo en expansión, las estrellas, las galaxias? ¿Podemos llegar a un estado de desarrollo perfecto de nuestro ser sin conocer nada del Universo? ¿No se puede desarrollar por completo la bondad o llevar una vida muy bella, sin saber nada de lo que la ciencia moderna nos ha revelado sobre el Universo? Para llevar una vida muy pura, muy buena y realizar la experiencia de verdades maravillosas en nosotros mismos, ¿es necesario saber incluso que la tierra es redonda? Ante este punto de vista puede decirse que se puede pasar de todo tipo de conocimiento exterior. Pero, ¿cuál es el valor del conocimiento particular, trátese de las galaxias, de las estrellas o de la tierra, de las rondas o de las razas? El conocimiento nos hace eficaces en la acción. Sea cual fuere la naturaleza del conocimiento, éste puede utilizarse de un modo positivo. El desarrollo puramente interno puede conducir al conocimiento total, pero esto es algo que ningún sabio aceptará. Si ha habido grandes sabios o grandes instructores como el Cristo o el Buddha, ¿tenían ellos un conocimiento de las distintas cosas del mundo externo? ¿Sabían incluso que la tierra giraba alrededor de su eje? De todos modos, no hay nada referente a estas cosas en sus enseñanzas. Se cuenta una historia sobre el Buddha, y se dice que es verdad. Estaba enseñando algunas hojas que estaban en su mano y decía: “El bosque está delante mío, hay hojas en mi mano, y ¿qué Septiembre 2009

es lo más importante, el bosque o este puñado de hojas?” La respuesta, evidentemente, caía por su peso: es el bosque; no hay comparación posible. Y él respondió que su conocimiento era el bosque. Pero que no presentaba a las gentes más que este puñado de hojas: “¿Por qué creéis que os presento simplemente estas hojas en lugar de hablaros del bosque? Os hablo de las cosas que son más importantes para conocerlas y comprenderlas. No os hablo de las otras cosas porque no son importantes. Lo que os digo es esencial para poner fin al sufrimiento, para llegar a una manera perfecta de vivir, para conocer la Verdad que puede comprenderse profundamente en si misma.” Y dijo: “No hablo de nada más.” Eso no quiere decir que las otras cosas no tengan su lugar en la naturaleza, es decir, que todo conocimiento, si lo comprendemos de un modo correcto, tiene su lugar en nuestro conocimiento. Pero si no tenemos un determinado conocimiento correcto de nosotros mismos, no haremos un buen uso de cualquier otro conocimiento. Además, este conocimiento profundo de uno mismo, del modo en que pensamos, como sentimos, de nuestras relaciones con los demás, es lo esencial. Cuando leemos algo relativo a las cadenas, las rondas, ¿qué es lo que entendemos? Decimos la 4ª ronda sigue a la 3ª y después viene la 5ª. ¿Es que esto representa una comprensión verdadera? Esto no hace más que reproducir lo que está escrito en los libros, y escrito por personas que saben. Está bien por su parte escribir sobre este tema, porque 27


saben, pero no estaría bien por mi parte hablar de ello, ¡porque yo no sé! Yo puedo decir simplemente: está escrito en los libros, es una Verdad; no puedo decir en absoluto: Esto es la Verdad. Todo lo que podemos comprender del conjunto del esquema que representa las rondas, las cadenas, etc., es que la evolución es cíclica. Este principio destaca de todo el esquema; la naturaleza sigue un orden en todas sus vías. Está la sucesión de las causas y los efectos, y la evolución es un proceso que casi es infinito; y las diferentes etapas de la evolución corresponden a los diferentes elementos que constituyen el ser humano. Hay una correspondencia entre las diferentes rondas y los diferentes principios del hombre. Es esto lo que realmente se comprende en lo que se dice sobre estas cuestiones. En toda la naturaleza, están estos principios septenarios en manifestación. Cuando consideramos la unidad, si la examinamos con aten-

ción, siempre llegaremos a un septenario que está subyacente. Están los colores del espectro, están las notas de la escala musical, están ciertos principios de armonía. Si comprendemos estos principios generales, ciertamente comprenderemos mejor la vida y su modo de proceder. Sin embargo, no es necesario conocer los detalles ni perderse en las precisiones respecto a los cuales, de hecho, no podemos saber nada; es perder el tiempo. La relación entre la mente y el mundo es en realidad la verdad. La Verdad, es la verdad relativa a la totalidad de las cosas. Esta Verdad es por naturaleza infinita, pero la mente no puede estar en relación más que con una sola parte de la Verdad. Escoged la parte que queráis, y dejad el resto de lado. No hay que atormentarse respecto de aquello que somos incapaces de comprender o de aceptar. (Le Lotus Bleu, abril 1970.)

ACTIVIDADES RAMA NARAYANA Domingo (a las 12:30) 13 - Relaciones Yóguicas, por M. Castander (Ramachandra). 20 Ama, reina de corazones, por E. Arroyo (Buhaneswari). RAMA RAKOCZY Lunes 14 y 28 - Grupo de Meditación Activa y Ritual Dévico. 21 - O.T.S. Ritual de Sanación. Miércoles 16 - Curso de Meditación. 23 - Meditación a cargo de J. L. Fernández. Estudio grupal sobre la Voz del Silencio. 30 - Meditación a cargo de F. Pérez. Estudio grupal sobre la Voz del Silencio.

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Sophia  

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