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Oración comunitaria por las

vocaciones

“Pidan al dueño de la mies que envíe más obreros a su cosecha” Mt 9, 38 Queridos compañeros, amigas y amigos en el Señor: La alegría que brota de la experiencia de amistad con Jesús, quien nos invita a compartir su misión en el mundo, nos motiva a renovar continuamente nuestra opción por él, en la escucha a su Espíritu y la comunión con los hermanos. Deseosos de que la gracia de ser “servidores de la Misión de Cristo” siga encontrando corazones generosos que la reciba, les invitamos a sumarse a esta propuesta de Oración por las Vocaciones. Que los momentos de encuentros como hermanos, ya sea en la comunidad, en el colegio o en la parroquia, sean propicios para unir nuestras voces y dirigir nuestro espíritu hacia el Dios de nuestras

vidas, ofreciéndonos nosotros mismos y pidiendo por más comprometidos con su Reino. El testimonio de los insignes compañeros que nos precedieron en el seguimiento a Cristo nos recuerda la infinita misericordia del Señor, que nos contempla sin cesar en la palma de sus manos y nos proyecta hacia horizontes siempre nuevos. Que esta convicción, vivenciada de diversas maneras en nuestros procesos personales, nos motive a hacer nuestra la invitación del Señor: “…pidan al dueño de la mies que envíe más obreros a su cosecha”. Unidos en la oración. Pastoral Vocacional SJ


semana

1

Jóvenes

inquietos vocacionalmente En esta semana tendremos presente a los jóvenes inquietos vocacionalmente. Unimos nuestras voces como comunidad respondiendo al pedido de la Compañía universal que nos llama a comprometernos en la animación de nuevas vocaciones. Nos fijaremos de modo especial en el testimonio de San Ignacio de Loyola.

INICIAMOS

• En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. • Amén

LEEMOS

Ignacio

en Alcalá de Henares

Iñigo es un hombre que va haciendo amigos, buenos amigos, por donde quiera que pase. La gente aprende a estimarle profundamente al poco tiempo de tratarle y él, que siempre ha sabido querer bien, disfruta de esta amistad y comparte generosamente con sus amigos lo que posee: conocimiento de Dios, recibido durante sus horas de oración; comprensión de los diferentes estados del alma humana, aprendidos por experiencia propia, así como comida y monedas recogidas en sus recorridos de mendicante. Sí, hace amigos, conquista amigos, gana amigos por donde quiera que vaya, pero no se ata a ellos. Pero, cuando ha decidido que ha llegado el momento de abandonar Barcelona, deja tras de sí un numeroso grupo de personas hondamente afectadas por su partida. En estos tiempos Iñigo pensaba: “En un momento soñé con servir bajo las banderas del rey más poderoso de la tierra y con ofrecerme para luchar en la conquista de Jerusalén y de ese modo ganar honra y gloria… Ahora quiero más, ahora quiero servir bajo las banderas del rey eternal y quiero ganar para Él todas las almas que viven, no solo en Jerusalén, sino en toda Tierra Santa y en el mundo entero…”. María Puncel. Iñigo de Loyola


PRECES A cada intención respondemos: Padre bueno, escúchanos. • Para que las familias se reconozcan como verdaderas Iglesias domésticas del Señor, donde sus miembros encuentren un ambiente favorable para el crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad. Oremos. • Para que los cristianos sepamos dar testimonio del amor y la misericordia de Dios en el relacionamiento con los que viven a nuestro alrededor. Oremos.

• Para que los jóvenes descubran y amen la alegría y el desafío que acompañan a la gracia del seguimiento a Jesús. Oremos. • Para que los inquietos vocacionalmente perseveren en la escucha al Espíritu y se animen a comprometerse con Jesús en la gran tarea del Reino. Oremos. • Para que la fecundidad de la Palabra de Dios haga germinar en nuestros corazones el modo de proceder de Jesús que nos torna sal de la tierra y luz del mundo.Oremos.

• Se pueden añadir otras intenciones.

ORACIÓN Padre bueno, reconocemos que de ti venimos, que gracias a tu misericordia vivimos y hacia tu morada eterna nos dirigimos, atiende los deseos y las peticiones de tu comunidad reunida, a fin de que, impregnados por la gracia de tu Espíritu, sepamos responder con valentía y creatividad a las señales que nos llegan de tu infinita misericordia. Esto te lo pedimos por el mismo Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro. Amén.


2

semana

Novicios y pre-novicios jesuitas

INICIAMOS

En esta semana rezaremos especialmente por los novicios y pre-novicios jesuitas. Disponemos nuestro corazón y nuestro espíritu para dirigirnos al Dios de nuestras vidas, confiados en su presencia misericordiosa en medio de su Iglesia. Como figura de inspiración tendremos el testimonio de nuestro hermano San Alberto Hurtado.

• En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. • Amén

LEEMOS

San Alberto Hurtado SJ

¡Cristo está con nosotros! ¿Y triunfaremos? Sí. Ciertamente. No lo dudes. El triunfo es de Cristo. La última palabra será suya. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¡Abandónate en sus manos con fe inquebrantable! Cumple tú la misión que te ha sido confiada, tu pequeña misión, la que sólo tú puedes cumplir. Tú sólo en la creación puedes llenar esa misión. Si no la realizas quedará sin hacerse; ¡tu misión!, misión de generosidad. Haz todo el bien que puedas. No escatimes sacrificio. Date entero. No te reserves nada. Nada pidas, ni siquiera contemplar tú aquí abajo el triunfo de tu causa. El soldado que pelea por una causa justa entrega su vida entera porque tiene fe en su causa. Nosotros tenemos fe en Cristo: suya es la vida y suya es la muerte.


¿Sus planes? Él nomás los conoce… pero sí sabemos que la salvación del mundo se opera por el dolor redentor. Él tomó la cruz grande y murió en ella. Nos convida a nosotros a tomar nuestra pequeña cruz. Tomémosla valientemente, pues el mundo se redime por el sacrificio. Aún hay muchos dolores que ofrecer, muchas tristezas que contemplar… cierto, pero el dolor es la primera etapa: el triunfo la última, la definiti-

va. Y aún el dolor en unión con Cristo es paz, es alegría, es nobleza. ¡Qué nobleza igual a la de cooperar a la salvación del mundo con el redentor de los hombres! Hoy los tiempos son malos… llegarán a ser mejores si cada uno de nosotros cumple su deber. Nosotros somos el tiempo. Y ¡CRISTO ESTÁ CON NOSOTROS! Alberto Hurtado SJ

PRECES A cada intención respondemos: Señor de nuestra vocación, escúchanos.

• Para que los pre-novicios vayan crecien-

do en la amistad con Jesús y dispongan sus corazones para acoger con generosidad la voluntad de Dios en sus vidas. Oremos.

• Para que los novicios descubran y amen

la alegría y el sentido de los votos de pobreza, castidad y obediencia por amor a Jesús y su Reino. Oremos.

• Para que los formadores sepan percibir

la dinámica del Espíritu en el acompañamiento y la orientación a los que el Señor les ha confiado. Oremos.

• Para que los familiares de los novicios y

pre-novicios experimenten la alegría y el consuelo de Dios por su generosa ofrenda a la Iglesia de Jesucristo. Oremos.

ORACIÓN Padre todopoderoso y creador nuestro, te pedimos la gracia de tu Espíritu Santo para que podamos reconocer tu mano generosa en la simplicidad de lo cotidiano y sepamos responderte con renovada entregada en el seguimiento de tu Hijo, él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén


semana

3

Estudiantes jesuitas En esta semana presentaremos al Señor a los estudiantes jesuitas (juniores, filósofos, maestrillos, teólogos y demás jesuitas en formación). El testimonio de entrega generosa en el seguimiento a Jesús de nuestro compañero Pedro Arrupe nos servirá de modelo inspirador.

INICIAMOS • En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. • Amén

LEEMOS

Padre Arrupe SJ Desear orar ¡Por favor, sean valientes! Les diré una cosa. No la olviden. ¡Oren, oren mucho! Estos problemas no se resuelven con esfuerzo humano. Estoy diciéndoles cosas que quiero recalcar, un mensaje, quizás mi canto de cisne para la Compañía. Tenemos tantas reuniones y encuentros, pero no oramos bastante. Vivir hoy, en todo momento y en toda misión el ser “contemplativo en la acción”, supone un don y una pedagogía de oración que nos capacite para una renovada “lectura” de la realidad -de toda la realidad- desde el Evangelio y para una constante confrontación de esa realidad con el Evangelio. Les pido una nueva exigencia: la de buscar, si es necesario, otros modos, ritmos y formas de oración más adecuados a sus circunstancias, y que garanticen plenamente esta experiencia personal de Dios que se reveló en Jesús. Hoy, más quizás que en un cercano pasado, se nos ha hecho claro que la fe no es algo adquirido de una vez para siempre, sino que puede debilitarse y hasta perderse, y necesita ser renovada, alimentada y fortalecida constantemente. De ahí que vivir nuestra fe y nuestra esperanza a la intemperie “expuestos a la prueba de la increencia y de la injusticia”,

requiera de nosotros más que nunca la oración que pide esa fe, que tiene que sernos dada en cada momento. La oración nos da a nosotros nuestra propia medida, destierra seguridades puramente humanas y dogmatismos polarizantes y nos prepara así, en humildad y sencillez, a que nos sea comunicada la revelación que se hace únicamente a los pequeños. Así, cuando invito a los Jesuitas y a nuestros laicos a profundizar en su vida de fe en Dios, y a alimentar esa vida por medio de la oración y de un compromiso activo, lo hago porque sé que no hay otro modo de producir las obras capaces de transformar nuestra maltrecha humanidad. El Señor habla de “sal de la tierra” y “luz del mundo” para describir a sus discípulos. Se saborea y se estima la sal, se disfruta de la luz y se la estima. Pero no la sal insípida ni la luz mortecina. Pedro Arrupe SJ


PRECES A cada intención respondemos: Creador nuestro, atiende nuestras súplicas.

• Para que guiados por el Espíritu del Re-

sucitado podamos perseverar en el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Oremos.

• Para

que los estudiantes jesuitas sepan descubrir a Dios en la misión de los estudios, deseando siempre ser más para servir mejor. Oremos.

• Para que los jesuitas que se encuentran

estudiando en el extranjero se mantengan firmes en la fe y depositen su es-

peranza en la misericordia de Jesucristo Buen Pastor. Oremos. • Para que las personas que generosamente apoyan la misión de la Compañía experimenten la alegría que nace de la confianza plena en el Señor. Oremos.

• Para que más jóvenes se animen a res-

ponder a la llamada del Señor y que los ya consagrados perseveren en la llamada de “en todo amar y servir”. Oremos.

ORACIÓN Dios todo poderoso y eterno, Tú nos has regalado la vida como muestra de tu amor desbordante, continúa sembrando en nuestro corazones la semilla de Reino, a fin de que, guiados por el Espíritu Santo, seamos verdaderos discípulos de Jesucristo, apóstoles de tu plan de redención y fieles mensajeros de tu infinita misericordia. Esto te lo pedimos por el mismo Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. Amén.


semana

4

Jesuitas mayores En esta semana estamos invitados a tener presente en nuestra oración a los jesuitas mayores, a los que ya culminaron la etapa de formación y se encuentran dedicados enteramente a la misión. El testimonio de entrega radical de nuestro hermano Roque González de Santa Cruz nos servirá de modelo inspirador.

INICIAMOS • En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. • Amén

LEEMOS

San Roque González Una carta memorable

Fragmento de la carta escrita por el P. Roque González durante su estadía en San Ignacio Guazú. Es del 13 de diciembre de 1614, y está dirigida a su hermano mayor Francisco, Teniente General de Asunción. “Es causa verdaderamente justa, hacer que los indios, por el derecho que tenían y tienen, vuelvan a ser libres de la dura esclavitud y servidumbre del servicio personal. Pertenece a la ley natural y divina, y también a la humana, el que estén libres. Los de la Compañía, como es su obligación, apoyan lo que muy justamente ha ordenado Su Majestad. Los indios son libres de la servidumbre y esto lo ha confirmado la real Audiencia. Los encomenderos dicen que nosotros vivimos en estos pueblos mintiendo e impidiendo a los indios servir como antes. Para evitarlo han pedido sacarnos de aquí. En virtud de esta petición a las autoridades algunos vinieron, con violencia, nos echaron de la iglesia y nos impidieron decir misa. Los indios, que fueron obligados a salir de aquí, han regresado casi todos. Ellos no pueden ser forzados a salir de sus tierras. Ese es su derecho. El mismo gobernador Hernandarias vino hasta aquí en persona. Se declaró

protector de los indios y declaró que no estaban obligados a dejar sus tierras. Usted afirmó que ellos no tenían por qué dejar a sus mujeres y a los hijos para ir a servir a tan lejanas tierras, y por tanto tiempo. Usted nos pidió, para evitar mayores inconvenientes, que fueran unos treinta. A nuestra solicitud, fueron casi todos. Regresaron, y la causa la dan los mismos indios: el mucho trabajo, el mal tratamiento y la falta de comida. Decir que nosotros somos la causa, muestra la pasión de los encomenderos y el mucho deseo de hablar mal de la Compañía. Los encomenderos dicen que los indios han huido porque nosotros vivimos aquí. A mí me parece que Ud. se inclina a creerles. Pero nosotros, señor General, no tenemos más que una cara. Nuestro Señor no manda que la predicación del Evangelio deba hacerse con ruido de armas y de malocas, sino con ejemplo de buena vida y santa doctrina.


Conforme a esto, señor General, nadie tiene potestad para que estos indios trabajen a la fuerza. Nadie puede castigarlos por desobedientes. Los indios no están procediendo contra un mandamiento ni contra orden alguna del Rey Nuestro Señor. Más bien, actúan conforme a las ordenanzas reales. Mientras no conste lo contrario, nadie los puede castigar.

El estar los encomenderos en esta ceguera tan grande, es la causa de que no se los quiera confesar por gente que sabe y es temerosa de Dios. Y de mí digo, que no confesaré a ninguno, por nada del mundo, porque han hecho mal y no quieren reconocerlo. No desean restituir ni enmendarse…“.

PRECES A cada intención respondemos: Jesucristo, buen pastor, escúchanos.

• Para

que la tarea que Dios le ha encomendado a la Compañía de Jesús en el Paraguay y el mundo entero, se vaya fortaleciendo por la gracia del Espíritu y para la mayor gloria de Dios. Oremos.

• Para que los que tienen la misión de diri-

gir y gobernar la Iglesia y la sociedad, se animen a dar testimonio de Jesús pobre y humillado, que vino para servir según el corazón del Padre. Oremos.

• Por

los pobres, los enfermos y los que padecen todo tipo de sufrimientos, que no desfallezcan sus esperanzas y se sien-

tan acompañados por el Señor a través de nuestra solidaridad. Oremos.

• Por los jóvenes que experimentan en sus

vidas la amargura de la frustración y la soledad, y sucumben ante la incomprensión y la falta de sentido en sus vidas. Oremos. • Para que los jóvenes que sienten la inquietud de consagrar sus vidas al Señor, sean fortalecidos por el apoyo de sus familias y la oración de la comunidad cristiana. Oremos.

ORACIÓN Padre bueno, tú que estás siempre atento a nuestras súplicas y deseas para tus hijos e hijas lo mejor, ayúdanos a desear y buscar vivir siempre la alegría de tu corazón, desde la solidaridad y el servicio a los más desfavorecidos de nuestra sociedad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Oración por las vocaciones Oración 1 Señor Jesús, al mirar esta tierra tuya donde faltan obreros para recoger tu cosecha, te suplicamos humildemente que llames entre los jóvenes del Paraguay: Apóstoles para nuestras ciudades y pueblos, Servidores alegres para nuestra Iglesia, Testigos generosos de tu Evangelio. Envía, Señor, a la Compañía de Jesús, hombres acogedores y cercanos con los que sufren, que irradien la fuerza de tu Espíritu, amigos de los que se sienten solos y desolados, que encaminen a todos al encuentro con el padre Dios, y que en una profunda identificación contigo, y llenos de entusiasmo por tu mayor gloria, trabajen por la extensión de tu reinado desde la fe y la justicia. Te lo pedimos por intercesión de la Virgen de Caacupé, nuestra Madre y de San Roque González de Santa Cruz nuestro hermano. Amén. Oración 2: Señor Jesucristo, tú que conoces cómo llegar al corazón del hombre, abre la mente y el corazón de los jóvenes, que buscan y esperan una palabra de verdad para su vida; hazles sentir que sólo en el misterio de tu encarnación pueden encontrar plena luz; da valor a los que saben dónde encontrar la verdad, pero temen que tu llamada sea demasiado exigente: sacude el alma de los jóvenes que quisieran seguirte, pero no saben vencer las dudas y los miedos, y acaban por escuchar otras. Tú que eres la Palabra del Padre, Palabra que crea y salva, Palabra que ilumina y sostiene los corazones, vence con tu Espíritu las resistencia y vacilaciones de los espíritus indecisos; suscita en aquellos a quienes llamas el valor para dar la respuesta de amor: “Aquí estoy, envíame”. Virgen María, joven hija de Israel, ayuda con tu amor maternal a los jóvenes a quienes el Padre dirige su Palabra; sostén a los ya consagrados. Que repitan, como tú, el sí de una entrega gozosa e irrevocable. Amén.


Oración 3: Jesucristo, Rey eterno y Señor del universo, mira a tus siervos, los miembros de tu mínima Compañía, esparcidos por todo el mundo para trabajar contigo. Envíanos tu Espíritu, el Espíritu que inflamó a nuestro padre Ignacio, ardió en el corazón de Francisco Javier, e inspiró a tantos santos, hermanos nuestros, para que, rodeados de tal nube de testigos, nos quitemos toda afección desordenada, y corramos con fortaleza por el camino de la vida, fijos los ojos en Ti, que sufriste la cruz, que te humillaste y te hiciste obediente hasta la muerte, y Dios te exaltó y otorgó el Nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Amén Oración 4: Padre Santo: fuente eterna de la existencia y del amor, que en el hombre manifiestas el esplendor de tu gloria, y pones en su corazón la semilla de tu llamada, haz que, ninguno, por negligencia nuestra, ignore este don o lo pierda, sino que todos con plena generosidad, puedan caminar hacia la realización de tu Amor. Señor Jesús, que en tu peregrinar por los caminos de Palestina, has elegidos y llamado a tus apóstoles y les has confiado la tarea de predicar el Evangelio, haz que hoy no falten a tu Iglesia sacerdotes, que lleven a todos los frutos de tu muerte y de tu resurrección. Espíritu Santo: que santificas a la Iglesia con la abundancia de tus dones, despierta en el corazón de los llamados a la vida consagrada una íntima y fuerte pasión por el Reino, para que con un sí generoso e incondicional, pongan su existencia al servicio del Evangelio. Virgen Santísima, que sin dudar te has ofrecido a Dios para la realización de su plan de salvación, intercede por los jóvenes, para que siempre haya consagrados que animen a acompañar al pueblo cristiano por el camino de la vida, y sepan testimoniar la presencia liberadora de tu Hijo Resucitado. Amén.


A UN JOVEN QUE QUIERE SER JESUITA A un joven que quisiera ser jesuita, yo le diría: Quédate en tu casa si esta idea te pone inquieto y nervioso. No vengas a nosotros si es que amas a la Iglesia como a una madrastra y no como a una madre. No vengas si piensas que, con ello, vas a hacer un favor a la Compañía de Jesús. Ven si para ti el servicio a Cristo es el centro de tu vida. Ven si tienes unas espaldas anchas, suficientemente fuertes, un espíritu abierto, una mente razonablemente abierta y un corazón más grande que el mundo. Ven si sabes ser bromista y reírte con nosotros y, en ocasiones, reírte de ti mismo. Pedro Arrupe, SJ


Oración por las vocaciones