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JESUITAS

ORACIONES POR LAS VOCACIONES

“Como la vocación es una gracia, lo primero que hay que hacer, si queremos vocaciones es orar, pidiendo insistentemente al Señor opportune et importune, que quiera dar a muchos la gracia de la vocación a la Compañía. Difícilmente encontraremos un objeto más urgente para nuestra oración que éste de las vocaciones" Padre Arrupe

ORACIÓN 1 Cuando está uno ante Cristo puesto en cruz y se ve pecador hasta el fondo de su ser, cuando se sabe perdonado por el Amor más grande; cuando puede afrontar el desamparo del mundo, puede aportar el perdón y la esperanza en el corazón de la noche y anunciar una Iglesia fundada por Pedro, pecador y perdonado. Cuando se sueña en llevar la justicia a los hambrientos, la alegría a los tristes, la paz a los enemigos, y se ha visto a Jesús tocar a los leprosos, abrazar a los niños, y secar las lagrimas de las madres, se puede pedir ser admitido en su seguimiento y caminar entre sus discípulos. Cuando se ha entregado la vida al Señor Jesús, cuando se compromete la existencia en una decisión radical, se encuentra un mundo de hermanos, de hombres y mujeres que saben para qué viven, y podrá mostrarse el verdadero rostro de la Iglesia, acogedora y serena en medio de los hombres. Cuando se han escuchado los gritos del desamparo del mundo, y se siente germinar la esperanza a los cuatro vientos de la tierra, se busca unirse al corazón del universo, al centro misterioso de la humanidad y se pone uno al servicio de la Iglesia y del Papa, para escuchar mejor esas llamadas. Cuando se está vinculado a una misión compartida, de corazón, con hermanos, como Ignacio, Javier, Fabro, Pedro Claver, Borja, Gárate, Alonso Rodríguez, Pedro Arrupe , Ignacio Ellacuría y con aquellos que están hoy en las cárceles de China y en las chabolas de África, no se tiene ya más miedo a ser inútil en un mundo cerrado: Dios nos sabrá desde todos llamar desde todos los horizontes. Oremos. Señor Jesús, te pedimos llames a nuevos jóvenes a tu Compañía, para que poniéndose bajo tu bandera, ofrezcan todo lo que son y tienen a tu servicio y alabanza. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


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ORACIONES POR LAS VOCACIONES

ORACIÓN 2 Padre y Maestro Ignacio, escrutador de los caminos de Dios, amigo fiel del Señor, humilde servidor de Cristo y del Evangelio bajo el estandarte de la cruz, buscador incansable de la mayor gloria de Dios a través del discernimiento y de la oración, dócil a la obediencia al Señor y a la Iglesia su esposa; Tú que no has buscado riquezas y honores, sino que has preferido ser pobre con Cristo pobre, despreciado con Cristo humillado, con tal que fuese anunciado a todos el santo Nombre de Jesús en quien está la salvación, intercede por nosotros ante el Padre de las misericordias, para que en este tiempo de gracia podamos buscar y encontrar en todo su divina presencia y conocer su voluntad. Al Eterno Rey de todas las cosas confiamos esta mínima Compañía, que no ha sido instituida por medios humanos, sino por la mano potente de Cristo el Señor en el que ahora ponemos nuestra esperanza, para que se digne conservar y llevar a cumplimiento aquello que se ha dignado comenzar para su servicio y alabanza y para la ayuda de las almas. A ti, Padre Ignacio y a la Compañía del cielo, confiamos nosotros mismos para que confirmados en la fe, afianzados en la esperanza e inflamados en la caridad evangélica, podamos en todo amar y servir al Señor y renovar día a día nuestra oración de ofrecimiento: Tomad, Señor...

ORACIÓN 3 Bendito seas, Señor, Padre Santo porque en tu infinita bondad, con la voz del Espíritu, siempre has llamado a hombres y mujeres, que ya consagrados en el Bautismo, fuesen en la Iglesia signo del seguimiento radical de Cristo, testimonio vivo del Evangelio, anuncio de los valores del Reino, profecía de la Ciudad última y nueva. Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, tu Hijo, nos has dado la imagen perfecta del servidor obediente: Él hizo de tu voluntad su alimento, del servicio la norma de vida, del amor la ley suprema del Reino. Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, nuestro hermano, nos has dado el ejemplo más grande de la entrega de sí: Él, que era rico, por nosotros se hizo pobre, proclamó bienaventurados a los que tienen espíritu de pobre y abrió a los pequeños los tesoros del Reino. Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, hijo de la Virgen Madre, nos diste un modelo supremo de amor consagrado: Él, Cordero inocente, vivió amándote y amando a los hermanos, murió perdonando y abriendo las puertas del Reino.

ORACIÓN 4 María: Tú has sido capaz de dar, en plenitud, el sí a la propuesta y a los planes de Dios. Únicamente tú te has entregado, en absoluta disponibilidad, a su voluntad amorosa y providente.


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Miramos tu ejemplo, que nos ilumina y es estímulo que nos impulsa hacia el compromiso cristiano en la vida. Sentimos muchas veces, sin duda, la exigencia de Dios, su invitación o llamada, a participar en la realización de sus designios, grandes o humildes, importantes o de rutina diaria. Madre nuestra María, enséñanos a abrirnos al Señor, a estar pendientes de su voz, y a decir SÍ con alegría. Tu sí del primer momento, se prolongó en fidelidad a todo lo largo y ancho de tus días. La voluntad de Dios fue tu alimento, su palabra el impulso para todos tus actos. Danos fortaleza para aceptar lo costoso, lo amargo y lo difícil de nuestra vida; danos constancia para cumplir hasta el fin, lo que reclama la vocación que Dios nos ha dado.

ORACIÓN 5 María, a la que veneramos bajo la advocación de Señora de la Strada, nos guíe en el camino y sea para nosotros maestra en el cantar las grandes obras que continuamente realizas por nosotros. La Virgen Santa sostenga nuestra obediencia, nos confirme en la humildad, extienda nuestros corazones al mayor bien de las almas, y dé vigor a la oración que unos por otros elevamos con alegría a ti. Que implore de tu bondad, como Madre cuidadosa, la plenitud de tu bendición el don del Espíritu de paz ya que solo en ti confiamos, solo en ti esperamos, solo en ti resplandecemos de caridad evangélica. De nuevo, Señor, te ofrecemos toda nuestra libertad, volviéndote a entregar lo que tú nos has regalado y que reconocemos como tuyo, para que tú dispongas de ello según tu voluntad: danos tu amor y tu gracia que ésta nos basta.

ORACIÓN 6 Invoquemos la misericordia divina sobre nosotros. Que la plegaria de todos sea escuchada por el Señor, Él que es la fuente de todos los dones. √ Para que el Señor conceda a su Iglesia el don de las vocaciones al ministerio sacerdotal y así no quede huérfana de pastores que prediquen la Palabra y celebren la Eucaristía. Roguemos al Señor. √ Para que el Señor manifieste su gloria entre nosotros y haga sentir su voz a los jóvenes para que entreguen su vida al servicio de la Iglesia. Roguemos al Señor. √ Para que el Señor con su gran misericordia y con la fuerza del Espíritu suscite en el corazón de muchos jóvenes el deseo de seguirle. Roguemos al Señor.


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√ Para que todos los consagrados vivan su amor a Jesucristo con un corazón ardiente y sean con su vida signo de servicio y testimonio para todos los jóvenes. Roguemos al Señor. Señor Jesucristo, Maestro y Señor de nuestra vida, mira con amor a tu Iglesia. Tú que siempre la has amado y nunca la dejarás de amar, tenemos la osadía de pedir por ella el don de las vocaciones: escoge hombres y mujeres que descubran y vivan Tu amor. Haz que se sientan llamados, por un don que nunca agradecerán del todo, a entregar su vida por Ti y por los hermanos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

ORACIÓN 7 Hijo de Dios, enviado por el Padre a los hombres de todos los tiempos y de todas las partes de la tierra, te invocamos por medio de María, Madre tuya y Madre nuestra: haz que en la Iglesia no falten las vocaciones, sobre todo las de especial dedicación a tu Reino. Jesús, único Salvador del hombre, te rogamos por nuestros hermanos y hermanas que han respondido "sí" a tu llamada al sacerdocio, a la vida consagrada y a la misión. Haz que su existencia se renueve de día en día, y se conviertan en Evangelio vivo. Señor misericordioso y santo, sigue enviando nuevos obreros a la mies de tu Reino. Ayuda a aquellos que llamas a seguirte en nuestro tiempo: haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría a la misión que les confías para el bien de tu pueblo y de todos los hombres. Tú, que eres Dios, y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN 8 Señor Jesús, hoy sigues llamando a muchos jóvenes, para que estén contigo y anuncien el evangelio. Dales la fortaleza y la generosidad para que se liberen de todas las ataduras que anudan su corazón. Sé tú mismo, Señor, su libre libertad para que puedan seguirte. Que todo lo que tienen ahora por ganancia, al conocerte a ti lo tengan por pérdida. Que atraídos por ti se animen a venderlo todo, a darlo a los pobres y entreguen su propia vida en la honda sencilla alegría de tu pobreza. Que la esperanza de tu Reino los seduzca hasta el fondo de su ser. Que pongan sus pies donde tú pusiste tus pasos, comulgando con tu vocación y tu destino. Haz que mañana, como apóstoles humildes, lleven tu presencia a los hermanos. Envía, Señor, jóvenes capaces a tu Compañía.


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ORACIÓN 9 Señor Jesús, Pastor bueno, que has ofrecido tu vida para que todos tengan la vida, danos a nosotros, comunidad creyente extendida por todo el mundo, la abundancia de tu vida, y haznos capaces de testimoniarla y comunicarla a los demás. Señor Jesús, concede la abundancia de tu vida a todas las personas consagradas a Ti, para el servicio de la Iglesia: hazles felices en su entrega, infatigables en su ministerio, generosas en su sacrificio. Que su ejemplo abra otros corazones para escuchar y seguir tu llamada. Señor Jesús, da la abundancia de tu vida a las familias cristianas, para que sean fervorosas en la fe y en el servicio eclesial, favoreciendo así el nacimiento y el desarrollo de nuevas vocaciones consagradas. Señor Jesús, da la abundancia de tu vida a todas las personas, de manera especial a los jóvenes y a las jóvenes que llamas a tu servicio; ilumínalas en la elección: ayúdalas en las dificultades; sostenlas en la fidelidad; haz que estén dispuestas a ofrecer generosamente su vida, según tu ejemplo, para que otros tengan la vida.

ORACIÓN 10 Hijo de Dios, enviado por el Padre a los hombres de todos los tiempos y de todas las partes de la tierra, te invocamos por medio de María, Madre tuya y Madre nuestra: haz que en la Iglesia no falten las vocaciones. Jesús, único Salvador del hombre, te rogamos por nuestros hermanos y hermanas que han respondido "sí" a tu llamada al sacerdocio, a la vida consagrada y a la misión. Haz que su existencia se renueve de día en día y se conviertan en Evangelio vivo. Señor misericordioso y santo, sigue enviando nuevos obreros a la mies de tu Reino. Ayuda a aquellos que llamas a seguirte en nuestro tiempo: haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría a la misión que les confías para el bien de tu pueblo y de todos los hombres. Tú, que eres Dios, y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén

ORACIÓN 11 Padre bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor, nos abrazas como a tus hijos y nos ofreces la posibilidad de descubrir en tu voluntad los rasgos de nuestro verdadero rostro. Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como tú eres santo. Te pedimos que nunca falten a tu Iglesia sacerdotes y religiosos que preparen el camino para el encuentro contigo. Padre misericordioso da a la humanidad hombres y mujeres que, con el testimonio de una vida transfigurada a imagen de tu Hijo, caminen alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia la patria celestial.


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Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando en la materna intercesión de María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia vocaciones, que sean testimonios valientes de tu infinita bondad ¡Amén!

ORACIÓN 12 Señor Jesucristo, tú que conoces cómo llegar al corazón del hombre, abre la mente y el corazón de los jóvenes, que buscan y esperan una palabra de verdad para su vida; hazles sentir que sólo en el misterio de tu encarnación pueden encontrar plena luz; da valor a los que saben dónde encontrar la verdad, pero temen que tu llamada sea demasiado exigente; sacude el alma de los jóvenes que quisieran seguirte, pero no saben vencer las dudas y los miedos, y acaban por escuchar otras voces y seguir otros callejones sin salida. Tú, que eres la Palabra del Padre, Palabra que crea y salva, Palabra que ilumina y sostiene los corazones, vence con tu Espíritu las resistencias y vacilaciones de los espíritus indecisos; suscita en aquellos a quienes llamas valor para dar la respuesta de amor: "¡Heme aquí, envíame!" (Is 6, 8). Virgen María, joven hija de Israel, ayuda con tu amor maternal a los jóvenes a quienes el Padre dirige su Palabra; sostén a los que ya están consagrados. Que repitan, como tú, el sí de una entrega gozosa e irrevocable. Amén

ORACIÓN 13 Los santos de la Compañía aprendieron a unir su amor a Dios con una profunda cercanía al hermano. Comprendieron que su limitación personal no era únicamente una realidad a vivir como actitud oracional, sino también, un modo de relación y de acceso al prójimo. Fueron personas profundamente afectadas por el Cristo pobre y humilde que san Ignacio nos invita a contemplar en los Ejercicios. La Iglesia los reconoce como punto de referencia, ánimo y consuelo. Ellos, con su vida y disponibilidad son quienes más ardientemente nos hablan de Dios. Te rogamos, Señor, por su intercesión Francisco Javier, corazón encendido por el amor de Dios. Acrecienta nuestro deseo de compartir la pasión por el Reino sin fronteras. Alonso Rodríguez, de profunda humildad de corazón. Ayúdanos a acercarnos cada día más a nuestro Señor Jesús. Pedro Claver, esclavo de los esclavos negros. Asócianos a la locura de la cruz que hoy atormenta al mundo. Francisco de Borja, buscador de los valores que nunca caducan. Ayúdanos a reconocer a Dios en todo aquello que pasa. Roberto Belarmino, atravesado por un hondo amor a Dios. Enséñanos a amar y servir a la Iglesia con fidelidad y confianza


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Juan Francisco Regis, de oración continua, amigo íntimo de Dios, enamorado de Cristo. Enséñanos a descubrir a Cristo en el servicio a los más pobres. Luis Gonzaga, que rechazaste las riquezas y preferiste la pobreza con Cristo pobre. Llévanos a servir con amor al hermano solo, sufriente y enfermo. Ignacio de Loyola, querido maestro en el único Maestro. Pide a nuestro amigo Jesús fuerzas para vivir en tu mismo camino espiritual Oremos. Señor Jesús, te pedimos llames a nuevos jóvenes a tu Compañía, para que poniéndose bajo tu bandera, ofrezcan todo lo que son y tienen a tu servicio y alabanza. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

ORACIÓN 14 Jesucristo ha dicho: "Quien quiera guardar su vida, la perderá; y quien la gaste por Mi, la recobrará en toda su plenitud". Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas. Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo, y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida. Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos. Y sobre todo está la cobardía... Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida. Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla; no se la puede economizar en estéril egoísmo. Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen; hacer un favor al que no va a devolver; gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo. Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos luz. Líbranos de la prudencia cobarde, la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad. Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño, como el sudor humilde del sembrador. Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia; no podemos caer en el vacío. El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla; pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche, con mil ojos llenos de lágrimas.


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ORACIÓN 15 Señora del camino de nuestros primeros compañeros. Madre de nuestra vocación que acompañas tantos pasos de aquellos que siguen a tu Hijo allá donde les llama. Recibe en tu materno abrazo a quienes se sientan llamados a estar en la Compañía de tu Hijo. Enséñanos a oírlos y recibirlos, abriendo la puerta y el corazón, como tú, que te hiciste nido para que Dios esté con nosotros. Enséñanos Señora del camino a andar con ellos, a sostener dudas, a alentar deseos, hasta ver formado en ellos el vivo y luminoso rostro de Jesús, el Hijo bien amado. Amén.

ORACIÓN 16 Jesucristo, Rey eterno y Señor universal, mira a tus siervos, los miembros de tu mínima Compañía, esparcidos por todo el mundo para trabajar contigo. Envíanos tu Espíritu, el Espíritu que inflamó a nuestro padre Ignacio, ardió en el corazón de Francisco Javier, e inspiró a tantos santos, hermanos nuestros, para que, rodeados de tal nube de testigos, nos quitemos toda afección desordenada, y corramos con fortaleza por el camino de la vida, fijos los ojos en Ti, que sufriste la cruz, que te humillaste e hiciste obediente hasta la muerte, y Dios te exaltó y otorgó el Nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

ORACIÓN 17 Espíritu de Amor eterno, que procedes del Padre y del Hijo, te damos gracias por todas las vocaciones que han fecundado la Iglesia. Continúa, todavía, te rogamos, esta tu obra. Acuérdate de cuando, en Pentecostés, descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración con María, la madre de Jesús, y mira a tu Iglesia que tiene hoy una particular necesidad de sacerdotes; tiene necesidad de consagrados y consagradas, que manifiesten el gozo de quien vive sólo para el Padre, de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo, de quien construye con el amor el mundo nuevo. Espíritu Santo, Manantial de gozo y de paz, eres tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada; eres tú quien hace eficaz cada impulso al bien, a la verdad, al amor. Tus 'gemidos inenarrables' suben al Padre desde el corazón de la Iglesia, que sufre y lucha por el Evangelio. Abre los corazones y las mentes de los jóvenes, para que nuevas vocaciones manifiesten la constancia de tu amor, y todos puedan conocer a Cristo, luz verdadera del mundo, para ofrecer a cada ser humano la segura esperanza de la vida eterna. Amén.


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ORACIÓN 18 "María, humilde sierva del Altísimo, el Hijo que engendraste te ha hecho sierva de la humanidad. Tu vida ha sido un servicio humilde y generoso: has sido sierva de la Palabra cuando el Ángel te anunció el proyecto divino de la salvación. Has sido sierva del Hijo, dándole la vida y permaneciendo abierta al misterio. Has sido sierva de la Redención,"permaneciendo" valientemente al pie de la Cruz, junto al Siervo y Cordero sufriente, que se inmolaba por nuestro amor Has sido sierva de la Iglesia, el día de Pentecostés y con tu intercesión continúas generándola en cada creyente, también en estos tiempos nuestros, difíciles y atormentados. A Ti, joven Hija de Israel, que has conocido la turbación del corazón joven ante la propuesta del Eterno, dirijan su mirada con confianza los jóvenes del tercer milenio. Hazlos capaces de aceptar la invitación de tu Hijo a hacer de la vida un don total para la gloria de Dios. Hazles comprender que servir a Dios satisface el corazón, y que sólo en el servicio de Díos y de su reino nos realizamos según el divino proyecto y la vida llega a ser himno de gloria a la Santísima Trinidad Amén".

ORACIÓN 19 ¡Oh Dios!, envíanos locos, de los que se comprometen a fondo, de los que se olvidan de sí mismos, de los que aman con algo más que con palabras, de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin. Danos locos, chiflados, apasionados, hombres capaces de dar el salto hacia la inseguridad, hacia la incertidumbre sorprendente de la pobreza; danos locos, que acepten diluirse en la masa sin pretensiones de erigirse un escabel, que no utilicen su superioridad en su provecho. Danos locos, locos del presente, enamorados de una forma de vida sencilla, amantes de la paz, puros de conciencia, resueltos a nunca traicionar, capaces de aceptar cualquier tarea, de acudir donde sea, libres y obedientes, espontáneos y tenaces, dulces y fuertes. Danos locos, Señor; danos locos.


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ORACIÓN 20 Envíame sin temor, que estoy dispuesto. No me dejes tiempo para inventar excusas, ni permitas que intente negociar contigo. Envíame, que estoy dispuesto. Pon en mi camino gentes, tierras, historias, vidas heridas y sedientas de ti. No admitas un no por respuesta. Envíame; a los míos y a los otros, a los cercanos y a los extraños, a los que te conocen y a los que sólo te sueñan y pon en mis manos tu tacto que cura.; en mis labios tu palabra que seduce; en mis acciones tu humanidad que salva; en mi fe la certeza de tu evangelio. Envíame, con tantos otros que, cada día, convierten el mundo en milagro

ORACIÓN 21 Virgen y Madre, Santa María, que animaste a la primera comunidad, en la que «todos perseveraban unánimes en la oración», ayuda a la Iglesia a ser en el mundo de hoy icono de la Trinidad, signo elocuente del amor divino a todos los hombres. Virgen María, que respondiste con prontitud a la llamada del Padre diciendo: «Aquí está la esclava del Señor», intercede para que no falten en el pueblo cristiano servidores de la alegría divina: sacerdotes que, en comunión con sus Obispos, anuncien fielmente el Evangelio y celebren los sacramentos, cuidando al pueblo de Dios, que estén dispuestos a evangelizar a toda la humanidad. Que aumente el número de las personas consagradas, que vayan contracorriente, viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, y den testimonio profético de Cristo y de su mensaje liberador de salvación. María, que comprendiste mejor que nadie el sentido de las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica», haz que los hermanos y hermanas a los que el Señor llama a vocaciones particulares en la Iglesia, aprendan a escuchar a tu divino Hijo. Ayúdanos a todos, a decir con la vida: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad».

ORACIÓN 22 Llenos de alegría y gozo por sentirnos llamados a la gran misión de anunciar la Buena nueva a todos los hombres, dirijamos al Padre nuestra oración confiada. Por la Iglesia, comunidad de creyentes en Jesús, para que no falten en ella sacerdotes y consagrados que continúen anunciando la Buena Nueva en el mundo y celebrando la Salvación con sus hermanos, los hombres, Roguemos al Señor. Por los sacerdotes y consagrados, para que vivan su vocación con generosidad y gozo, y por su testimonio de vida muchos jóvenes se sientan atraídos a vivir este ministerio de servicio, roguemos al Señor.


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Por los padres cristianos, para que tomen conciencia de la responsabilidad que tienen en la comunidad cristiana y consideren la vocación de sus hijos como un don de Dios, roguemos al Señor. Por nuestros centros educativos, para que entre sus miembros se planteen la vocación religiosa y sacerdotal como una necesidad de la Iglesia y como un signo de madurez en la fe, que les lleve a poner su vida al servicio del Evangelio, roguemos al Señor. Por los novicios y escolares en formación, para que abran su corazón, sin reservas, a la llamada de Jesús, roguemos al Señor. Iluminados y animados por tu Palabra, te pedimos, Señor, por todos aquellos que nos sentimos llamados para proclamar tu reino. Aliéntanos en las dificultades, confírmanos en la fidelidad. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN 23 Padre santo: fuente perenne de la existencia y del amor, que en el hombre viviente muestras el esplendor de tu gloria, y pones en su corazón la simiente de tu llamada, haz que, ninguno, por negligencia nuestra, ignore este don o lo pierda, sino que todos con plena generosidad, puedan caminar hacia la realización de tu Amor. Señor Jesús, que en tu peregrinar por los caminos de Palestina, has elegido y llamado a tus apóstoles y les has confiado la tarea de predicar el Evangelio, haz que hoy no falten a tu Iglesia sacerdotes, que lleven a todos los frutos de tu muerte y de tu resurrección. Espíritu Santo: que santificas a la Iglesia con la abundancia de tus dones, despierta en el corazón de los llamados a la vida consagrada una íntima y fuerte pasión por el Reino, para que con un sí generoso e incondicional, pongan su existencia al servicio del Evangelio. Virgen Santísima, que sin dudar te has ofrecido al Omnipotente para la actuación de su designio de salvación, infunde confianza en el corazón de los jóvenes para que haya siempre sacerdotes, que acompañen al pueblo cristiano por el camino de la vida, y consagrados que sepan testimoniar la presencia liberadora de tu Hijo resucitado

ORACIÓN 24 Espíritu de Amor eterno, que procedes del Padre y del Hijo, te damos gracias por todas las vocaciones que han fecundado la Iglesia. Continúa, todavía, te rogamos, esta tu obra. Acuérdate de cuando, en Pentecostés, descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración con María, la madre de Jesús, y mira a tu Iglesia que tiene hoy una particular necesidad de sacerdotes, testigos fieles de tu gracia; tiene necesidad de consagrados y consagradas, que manifiesten el gozo de quien vive sólo para el Padre, de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo, de quien construye con la caridad el mundo nuevo.


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Espíritu Santo, perenne Manantial de gozo y de paz, eres tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada; eres tú quien hace eficaz cada impulso al bien, a la verdad, a la caridad. Tus 'gemidos inenarrables' suben al Padre desde el corazón de la Iglesia, que sufre y lucha por el Evangelio. Abre los corazones y las mentes de los jóvenes, para que nuevas vocaciones manifiesten la constancia de tu amor, y todos puedan conocer a Cristo, luz verdadera del mundo, para ofrecer a cada ser humano la segura esperanza de la vida eterna. Amén.

ORACIÓN 25 Señor, Maestro y Compañero, Jesús de Nazaret. Hijo de Dios e hijo de María: ¡escúchanos! Tú que llamaste a los Doce, en la hora primera de la Iglesia y nos enseñaste a pedir brazos para la mies que es mucha. Tú, que vienes llamando a tantos y tantas, siglo tras siglo, en el día a día de la fidelidad, para la aventura total del Evangelio, en la causa del Reino del Padre. Tú, que nos vienes sustentando con tu Espíritu y con tu Eucaristía, en el despojamiento y en el celibato, en las bienaventuranzas y en la cruz, para el servicio y la contemplación, para la misión y el martirio. Tú, que eres el Resucitado, vencedor de todas las muertes, nuestra Pascua verdadera: ¡escúchanos! Que no se diga que ya no tienes palabras de vida eterna. Que no se diga que ya no vale la pena perder por Ti la vida. ¡Escúchanos y llama! ¡Convócanos, Jesús! Queremos seguirte. Podemos beber tu cáliz. Proseguiremos tu misión de anunciar la Buena Nueva a los pobres, de liberar a los cautivos, de abrir los ojos a los ciegos, de proclamar para todos el Tiempo Nuevo de Gracia. Como el Padre te envío, ¡envíanos! A gloria del propio Padre y en la comunión del Espíritu, para la salvación del mundo

ORACIÓN 26 Señor, Jesucristo, Pastor bueno, tú que sabes cómo llegar al corazón del hombre, abre la mente y el corazón de los que buscan y esperan una palabra de verdad para su vida; hazles sentir que sólo en ti pueden encontrar plena luz; da valor a los que saben dónde encontrar la verdad, pero temen que tu llamada sea demasiado exigente; sacude el alma de los que quieran seguirte en el ministerio sacerdotal, pero no saben vencer las dudas y los miedos, y acaban por escuchar otras voces. Tú, que eres la Palabra que ilumina y sostiene los corazones, suscita en aquellos a quienes llamas valor para dar la respuesta de amor: «¡Heme aquí, envíame!»


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ORACIÓN 27 María, humilde sierva del Altísimo, el Hijo que engendraste te ha hecho sierva de la humanidad. Tu vida ha sido un servicio humilde y generoso: has sido sierva de la Palabra cuando el Ángel te anunció el proyecto divino de la salvación. Has sido sierva del Hijo, dándole la vida y permaneciendo abierta al misterio. Has sido sierva de la Redención,"permaneciendo" valientemente al pie de la Cruz, junto al Siervo y Cordero sufriente, que se inmolaba por nuestro amor. Has sido sierva de la Iglesia, el día de Pentecostés y con tu intercesión continúas generándola en cada creyente, también en estos tiempos nuestros, difíciles y atormentados. A Ti, joven Hija de Israel, que has conocido la turbación del corazón joven ante la propuesta del Eterno, dirijan su mirada con confianza los jóvenes del tercer milenio. Hazlos capaces de aceptar la invitación de tu Hijo a hacer de la vida un don total para la gloria de Dios. Hazles comprender que servir a Dios satisface el corazón, y que sólo en el servicio de Díos y de su reino nos realizamos según el divino proyecto y la vida llega a ser himno de gloria a la Santísima Trinidad Amén".

ORACIÓN 28 El Señor, Buen Pastor, nos llama y nos invita a entrar por la Puerta. Él nos da el Espíritu para orar como conviene y presenta nuestras plegarias ante el Padre: • Oremos por los pastores de la Iglesia: Por el Papa, por nuestros Obispos, nuestros presbíteros y diáconos y todo el pueblo santo encomendado a su tarea pastoral. Roguemos al Señor. • Oremos por los que han respondido a la llamada al sacerdocio ministerial, a la vida consagrada, y también por los que están en las misiones: para que se sientan renovados por el Espíritu de Dios y se conviertan en Evangelio vivo. Roguemos al Señor. • Oremos por todos los hombres: por los gobernantes y los que ejercen alguna responsabilidad a favor de la paz, la justicia y el bien común, para que sirvan preferentemente a los que más lo necesitan. Roguemos al Señor. • Oremos por nosotros, congregados aquí por el Buen Pastor: para que sintiendo la urgencia de ser santos en el ámbito familiar, profesional y eclesial seamos todos testigos fieles del Evangelio del Reino. Roguemos al Señor. Escucha, oh Dios, nuestras súplicas, para que no falten en tu Iglesia, fiel rebaño del Señor, las vocaciones de especial dedicación en la diversidad de ministerios y carismas. Por J.N.S


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ORACIÓN 29 Invoquemos la misericordia divina sobre nosotros. Que la plegaria de todos sea escuchada por el Señor, Él que es la fuente de todos los dones. √ Para que el Señor conceda a su Iglesia el don de las vocaciones al ministerio sacerdotal y así no quede huérfana de pastores que prediquen la Palabra y celebren la Eucaristía. Roguemos al Señor. √ Para que el Señor manifieste su gloria entre nosotros y haga sentir su voz a los jóvenes para que entreguen su vida al servicio de la Iglesia. Roguemos al Señor. √ Para que el Señor con su gran misericordia y con la fuerza del Espíritu suscite en el corazón de muchos jóvenes el deseo de seguirle. Roguemos al Señor. √ Para que todos los consagrados vivan su amor a Jesucristo con un corazón ardiente y sean con su vida signo de servicio y testimonio para todos los jóvenes. Roguemos al Señor. Señor Jesucristo, Maestro y Señor de nuestra vida, mira con amor a tu Iglesia. Tú que siempre la has amado y nunca la dejarás de amar, tenemos la osadía de pedir por ella el don de las vocaciones: escoge hombres y mujeres que descubran y vivan Tu amor. Haz que se sientan llamados, por un don que nunca agradecerán del todo, a entregar su vida por Ti y por los hermanos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

ORACIÓN 30 Hijo de Dios, enviado por el Padre a los hombres de todos los tiempos y de todas las partes de la tierra, te invocamos por medio de María, Madre tuya y Madre nuestra: haz que en la Iglesia no falten las vocaciones. Jesús, único Salvador del hombre, te rogamos por nuestros hermanos y hermanas que han respondido "sí" a tu llamada al sacerdocio, a la vida consagrada y a la misión. Haz que su existencia se renueve de día en día y se conviertan en Evangelio vivo. Señor misericordioso y santo, sigue enviando nuevos obreros a la mies de tu Reino. Ayuda a aquellos que llamas a seguirte en nuestro tiempo: haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría a la misión que les confías para el bien de tu pueblo y de todos los hombres. Tú, que eres Dios, y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén


30 oraciones por las vocaciones