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Rav Br¡dl¡urv / Noemí Villamuza

Encender la

Noche Kókinos


Le gustaban las linternas y las Iรกmparas y las antorchas y las farolas y los faros y los resplandores y las velas y los rayos

y los relรกmpagos.

Pero no le gustaba la Noche.


Se Ie veĂ­a

en los salones y en los sĂłtanos, en las despensas y los desvanes, en las alacenas y los ĂĄticos


y escurriĂŠndose por los pasillos. Pero nunca se le veĂ­a afuera...en la Noche


(ÍF-

1t


No le gustaban los interruprores. Porque los interruptores apagaban las luces amarillas, Ias luces verdes,

las las las las

luces luces luces luces

blancas,

del pasillo, de Ia casa, de todas las habiraciones.

--4

f


EL jamĂĄs tocaba los interruptores y nunca salĂ­a a jugar en la

osCtlfidad.

Siemore estaba solo v triste.


Y miraba desde su ventana y veĂ­a a los otros niĂąos jugar afuera, en las noches de verano.


Los veĂ­a 2rparecer y clesuparecer en la oscuridacl, corrienclo fĂŠlices.


Cuando llegaba la hora en que su mamá y su papá recorrían la apagando todas las luces...

casa

una a una, una a una: Ias luces de la entrada, las luces del salón, las iuces pálidas, las luces rosadas,


Ias luces de la despensa, las luces de la escaleยกa


el niño se metía en la carr:a.

Y ya tatde en la Noche, la habitación del niño triste

etalai¡ica

que quedaba

encendida

en todo el pueblo.


IJna noche, que su papá estaba de viaje y su mamá se l-rabía acostado remprano, el niño comenzó a vagar soio, completamente solo por la casa.


¡Ah, córno

las luces!

brillaban

Las luces de la entrada, las luces del vestíbulo, las luces de la despensa, las pálidas luces, las rosadas luces, las luces del salón, las luces de la cocina, ¡hasta las luces del desván! ¡La casa entera

encendida!


Y alguien dijo: "¡Hola!" Era una niña, en medio de las luces blancas, de las luces brillantes, de las luces del pasillo, de las luces pequeñas, de las luces amatillas, de las luces tenues.

"Me llamo Oscuridad". dijo.

Y tenía el pelo negro y negros los ojos y llevaba un vestido negro y zap^tos negros. Pero su cata era tan blanca como la luna, y sus ojos brillaban como estrellas blancas.


"Esrás muy solo",

dijo ella.

"Me gustaría correr con los otros niños allí aftera", dijo el niño. "Pero no me gusta la Noche". "Yo te presentaré a Ia Noche", diio Oscuridad

"Y seréis amigos".

Y

ella apagó Ia luz del vestíbulo. "¿Ves?", le dijo. "No apago laluz,

simplemente enciendo ia Noche". "Se puede encender

y apagar la noche igual que se puede encender

y ap^g f una lámpara Con el mismo

interruptor", dijo.


¿Quién puede escuchar a los grillos con las luces encendidas?

Nadie. ¿'Quién puede oír a las ranas? Naclie. ¿Qr-rién puede ver las estrellas con las luces encendidasi'

Nadie.


"¡Fíiate en todo lo que te has perdido!" "¿Has pensado alguna vez en encender Ios grillos, encender las ranas, encender las estrellas y La gran luna blanca?" "No", contestó el niño.

"Prueba a hacerlo", dijo Oscuridad.

Y

eso Fue lo que

hicieron...


Subieron y bajaron escaleras encendiendo la Noche, encendiendo la Oscuridad, dejando que la Noche viviera en cada habitaci贸n. Como una rana, como un grillo o l隆na estrella, o una luna.


Y encendieron los grillos. Y encendieron las ranas Y encendieron Ia luna de helado blanco. "¡Cómo me gusta!", dijo el niño. "¿Puedo encender siempre la noche?" "¡Por supuesto!", dijo la ntña.

Y

desapareció.


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ENCENDER LA NOCHE  

Encender la Kókinos Rav Br¡dl¡urv / Noemí Villamuza Le gustaban las linternas y las Iámparas y las antorchas y las farolas y los faros y los...

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