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Apostar a un sueño por Laura Costa

A los 10 años de edad le diagnosticaron diabetes tipo1. Sin embargo, Valentina no se rindió y mucho menos se quedó de brazos cruzados. Junto a una familia que la apoya en todo lo que hace, comenzó a jugar al handball y hoy en día es un ejemplo de vida para muchas personas. Con 28 años, es una de las mejores en su disciplina y confiesa que su sueño es llegar a los juegos olímpicos como arquera de la Selección argentina de handball.

A

llá por 1990, Valentina se fue de campamento a Córdoba con el colegio y al volver comenzaron los síntomas. Su familia estaba veraneando en Mar del Plata y cuando su mamá la recibió en la terminal de ómnibus para que iniciara las vacaciones, ya la había visto muy aca. “Yo solía ser gordita”, dice Valentina y se ríe. Pero más allá de eso, las vacaciones siguieron su curso normal, sin ningún tipo de preocupaciones, hasta que los síntomas comenzaron a agravarse y su familia optó por llevarla al médico. Ahí fue cuando le diagnosticaron la diabetes. “En ese momento fue feo”, dice Valentina y hoy recuerda con gracia que llegó a decir: “por qué a mí y no a otra persona, que yo soy buena”. Una reacción muy común ante un panorama totalmente nuevo y desconocido, que es intimidante y que al principio genera “bronca”, como bien describe la deportista. La realidad es que al comienzo nada es sencillo. Pero al tratar de informarse y de conocer lo desconocido es como uno logra tomar conanza y perder el miedo. Así fue como Valentina emprendió esta nueva vida, junto al apoyo de su hermano y de sus padres, que nunca la dejaron sola y la incentivaron ante todo nuevo proyecto. De hecho, Valentina dice que nunca se privó de ir a ningún campamento, ni de absolutamente nada, sólo que a veces tenía que tener ciertas precauciones. Por ejemplo, ella recuerda que a los 14 años fue a un campa-

mento en Bariloche con el colegio, cuando estaba en primer año de la secundaria, y su mamá cayó con una caja que contenía la mermelada light, deos de sémola y galletitas integrales. “Lo difícil en ese momento era aparecer con mi caja entre todos mis amigos y que mi mamá se entrometiera en todo, hasta en hablar con los maestros”, dice Valentina, aunque hoy en día reconoce que esas son sólo las primeras sensaciones, que son etapas que se van pasando hasta que uno comienza a comprender y a acostumbrarse a la nueva realidad, a verla como propia. Valentina conesa que a partir de cierto momento, aunque no recuerda cuándo, la diabetes comenzó a ser muy normal para ella. “Fue como un pasaje. Ahí empecé a controlarme enfrente de todo el mundo sin vergüenza, sin sentirme diferente”. Además, explica que si bien los avances tecnológicos ayudan, es más una cuestión de actitud, y la prueba está en que a los 14 años se hizo vegetariana, siguiendo los pasos de su papá, que es macrobiótico. En ese sentido, Valentina admite que la dieta la ayudó a bajar los niveles de glucosa y a verse bien. Por eso, decidió adoptarla como un hábito alimenticio. “Ahí sumé más diferencias”, dice entre risas Valentina. “No sólo no comía azúcar sino tampoco carne”. Sin embargo, explica que además de vegetales come pescado, porque como deportista es muy difícil dejar esas proteínas de lado.

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