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STAFF Luna West Andreani

ANNaMar Cat Val_17 JasielOdair Nats Valentine† Cynthia Delaney MelMarkham SamJ3 Zafiro

Daenerysツ Eni katyandrea Andreani Alexa Colton NerianaGarcia Lunawaters aa.tesares JeylyCarstairs gabihhbelieber

Melii Vanessa Farrow MelMarkham Luna West Alexa Colton

Ivy Walker Sofí Fullbuster MelodyHamort CrisCras Snowsmily Liillyana Aimetz Blaire2015 Kary_Ksk

Alaska Young Juli Meliizza CrisCras AlessaMasllentyle Adriana Tate

Florbarbero

Mel Markham

Katita Julieyrr ElyCasdel Vanessa Farrow Majo_Smile Yure8 Juli Apolineah17 Sasu.Funes

3 Aimetz Elle Sofí Fullbuster NnancyC Itxi


Sinopsis

ÍNDICE

Capítulo 22

Capítulo 1

Capítulo 23

Capítulo 2

Capítulo 24

Capítulo 3

Capítulo 25

Capítulo 4

Capítulo 26

Capítulo 5

Capítulo 27

Capítulo 6

Capítulo 28

Capítulo 7

Capítulo 29

Capítulo 8

Capítulo 30

Capítulo 9

Capítulo 31

Capítulo 10

Capítulo 32

Capítulo 11

Capítulo 33

Capítulo 12

Capítulo 34

Capítulo 13

Capítulo 35

Capítulo 14

Capítulo 36

Capítulo 15

Capítulo 37

Capítulo 16

Capítulo 38

Capítulo 17

Capítulo 39

Capítulo 18

Capítulo 40

Capítulo 19

Capítulo 41

Capítulo 20

Grounded

Capítulo 21

Sobre el Autor

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SINOPSIS La tumultuosa historia de James y Bianca continúa en la secuela de In Flight. James ha introducido a Bianca en un mundo oscuro e intoxicante de pasión y dolor. Él le enseñó a ser sumisa y la naturaleza del masoquismo, y ella se enamoró rápida y profundamente del innegablemente encantador e increíblemente hermoso Señor Cavendish, pero un malentendido doloroso y el regreso del brutalmente violento demonio de su pasado se han combinado para abrumar a Bianca, y, confundida y dolida, ella lo aleja. Ha pasado más de un mes desde la impactante agresión que la hospitalizó, y desde que le dijo a un desconsolado James que necesitaba espacio, pero sus sentimientos no han desaparecido. Incluso ella sabía, que era cuestión de tiempo antes de que él la cautivara otra vez… Up In The Air #2

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1 Traducido por ANNaMar Corregido por Melii

Tomé una respiración profunda, luego me estremecí. Intentaba disfrutar de broncearme bajo el sol de Miami, pero todavía sentía un poco de dolor. Había pasado casi un mes desde que me hirieron. Me encontraba lo suficientemente bien como para trabajar, pero todavía tenía recuerdos ocasionales de lo que me pasó cuando me movía o respiraba incorrectamente. Mi celular avisó que tenía un nuevo mensaje de texto, y sonó otra vez. Me recordé que tenía que dejar el teléfono apagado. Eso ayudaba a retrasar lo inevitable. Me agaché al hormigón debajo de mi reposera, agarré mi teléfono, y apreté el botón hasta que se apagó. Segundos después, escuché la canción de “The Kings of Leon” que servía de ringtone a Stephan, empezar a sonar. Él suspiró profundamente desde su reposera al lado mío, luego se levantó, señalando con su cabeza al interior del bar del hotel que estaba cerca de la piscina. Si no me encontraba segura de que el mensaje de texto era de James, lo estaba ahora. Era su patrón últimamente. Llamaba a Stephan luego de no poder contactarse conmigo. Y por alguna extraña razón, Stephan se sentía obligado a contestar sus llamadas. Eso hizo surgir una inusual nueva tensión entre nosotros. Una figura diferente se cernió sobre mí un momento después, una sombra que rondaba cerca del asiento que Stephan dejó vacante. —¿Te importa si me uno a ti, Bee? —preguntó Damien con su fuerte acento australiano. No abrí los ojos detrás de mis gafas oscuras, pero reconocí su voz fácilmente. Hice un “hum” que significaba que no me importaba y se recostó al lado mío. Stephan y yo habíamos tenido que pedir varios grandes favores a otra tripulación para realizar nuestra escala en Miami. Pero quería evitar tan desesperadamente Nueva York esta semana que Stephan lo consiguió. De alguna manera el capitán Damien y el primer oficial Murphy habían logrado hacer lo mismo, después de que Stephan mencionó casualmente en un texto que íbamos a perder nuestro viaje a Nueva York por esta semana. Al principio, me parecieron bastante acosadores, pero los dos hombres cada vez me simpatizaban más. Damien no realizó insinuaciones. Él era, de hecho, una gran compañía para una persona

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que sólo buscaba un poco de paz y quietud. Él no tenía problema estando en un confortable silencio, ocasionalmente haciendo alegres comentarios que me conducían fuera de mi humor negro. Y él se encontraba acompañado por Murphy frecuentemente. Murphy podía hacer reír a cualquiera. Incluso a mí con este depresivo estado de ánimo que me acosaba últimamente. —Esa cobertura va a darte una interesante línea de bronceado — dijo Damien en tono divertido. Yo vestía una túnica transparente negra que llegaba hasta la parte superior de mis muslos. Se encontraba sobre mi bikini negro liso. Se podía ver a través de la tela, pero era lo suficientemente oscura para disimular las tenues huellas de contusiones que seguían modelando mi torso en un claro recuerdo de la violencia a la que sobreviví hace apenas algunas semanas atrás. Se habían desvanecido considerablemente, pero eran lo suficientemente oscuras para necesitar ser cubiertas. Podría atraer atención no deseada si mostraba mi piel para todo el que quisiera ver. Ya había tenido suficiente de atención no deseada últimamente. Los paparazzi tomarían cualquier excusa para convertirme en un titular. No me encontraba de humor para animarlos. —Nadie quiere ver lo que hay debajo de esta túnica. Confía en mi —le dije, todavía sin abrir mis ojos o siquiera moverme. Carraspeó una risita que me hizo sentir incómoda. Era lo suficientemente perspicaz para saber que Damien se encontraba más que un poco interesado en mí de una manera romántica. Cualquier recordatorio de eso no era bienvenido. —No estoy de acuerdo —dijo en voz baja, y fruncí el ceño—. Perdón, perdón —dijo suavemente, antes de que yo hablara. Lo dejé pasar. Mientras que él supiera que no estaba interesada en nada más allá de la amistad, me sentía contenta de dejar las cosas como estaban. Damien era atractivo y divertido y una gran compañía. También era un desvergonzado mujeriego. Imaginaba que era sólo una segunda naturaleza en él tratar de mostrar interés en todas las mujeres a su alrededor. Y también se encontraba en su naturaleza coquetear con cualquier mujer cuando tenía la oportunidad. Usualmente era cuidadosa de no darle esa oportunidad. —¿Está todo bien entre tú y Stephan? Nunca los vi como ahora. Están tan distantes. ¿Pelearon? Mis entrañas se contrajeron. Las cosas parecían apagadas entre nosotros, y no sabía cómo mejorarlas. Imaginé que debía de tener aunque sea un pequeño resentimiento conmigo por hacer que perdiera su merecido tiempo con Melvin esta semana. No es como si en realidad lo obligara. Le dije más de una vez que entendería si él quería ir todavía a Nueva York. La tripulación con la que habíamos negociado habrían incluso aceptado hacerlo sólo

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conmigo. Pero Stephan insistió en permanecer juntos. Se sentía preocupado por mí, lo sabía. Me gustaba Damien. Incluso pensaba en él como un amigo. Uno de mis pocos amigos pilotos. Pero no podía imaginar discutir mis problemas con Stephan con nadie. Se sentía casi desleal. —Pienso que sólo está preocupado por mí. Desde el ataque, ambos hemos estado al borde —le expliqué. Todo era cierto, pero no comenté a la razón de nuestra incomodidad. Damien hizo un “hum” neutral en su garganta. —¿Qué hay sobre ese tipo James? ¿Ustedes dos están bien? Vi un poco del circo mediático que lo rodea. ¿Te cansaste de todo eso y lo dejaste? Tú puedes tener a cualquier hombre que quieras, lo sabes. Aspiré una bocanada de aire. Damien era normalmente muy bueno acerca de no hacer preguntas como esas. Era por eso que había sido una buena compañía últimamente. —No quiero hablar de eso —dije, con un tono frío. Captó la indirecta. —Maldita sea, lo siento. Estaba en una buena racha, metí la pata ¿No? Le di una media sonrisa, finalmente mirándolo. Realicé una leve inclinación de cabeza, y él se rio. —Bueno, creo que te debo una ahora. ¿Quieres hacerme alguna ruda o indiscreta pregunta sobre mi vida personal? —preguntó. Él tenía una gran sonrisa. Todo dientes blancos e irónico humor. Era difícil no devolverle la sonrisa. Ni siquiera lo intenté. —Nope —le dije sin dudar. Se rio nuevamente, como si fuera mucho más divertido de lo que realmente era. —Supongo que cuando contestes “si” a esa pregunta, sabré que te tengo donde quiero. Sólo arrugué la nariz y giré mi cabeza al otro lado. —¿Quieres realizar un paseo por la playa? —me preguntó, después de algunos minutos de silencio. Me di cuenta sorprendida de que quería levantarme y moverme un poco. Estuve muy inactiva últimamente, debido a mis heridas. —¿No es un paseo romántico o algo así, no?—le pregunté con cautela. Se sentó, sonriéndome. Realmente era un hombre apuesto. Sólo llevaba un traje de baño negro de cintura baja. Estaba bronceado y musculoso. Su pelo oscuro y cálidos ojos marrones eran material para Hollywood. Realmente no entendía por qué iba a perder tanto tiempo en una chica algo atractiva que no se encontraba interesada ni

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remotamente en él. He intentado utilizar esa caracterización como una prueba más de que sólo era amable, aunque extrañamente incómodo con su empresa. Me levanté, moviéndome lentamente. Todavía me sentía tiesa, aunque me recuperaba muy bien, considerando todas las cosas. No fui dada de alta del hospital hasta que realicé innumerables pruebas, así que me encontraba a salvo de las lesiones graves. Empecé a caminar, con Damien a mi lado. Parecía saber que era mejor no tratar de ayudarme. Encontré el cruce peatonal de madera que conducía desde nuestro hotel a la playa, y lo crucé con seguridad. Caminé casi hasta la línea del agua antes de empezar a dirigirme hacia la playa. Mis pies descalzos se mojaron, pero se sentía bien después de estar reposando bajo el sol. Incluso di algunos pasos profundos en la marea antes de empezar a seguir la línea de la costa, pasando por los diferentes hoteles frente al mar. Conté los hoteles que pasamos, distraída. —Un tipo raro acaba de tomar una foto de nosotros —dijo Damien mientras caminábamos. Interiormente, maldije. Exteriormente, me encogí de hombros. —Me dan ganas de ir a darle una paliza y quitarle la cámara — dijo. Reí. —El daño está hecho —dije. Sólo pude imaginar lo que iban a publicar sobre mí esta semana. Me figuré que no importaba que fuera, no podía ser peor que la tangente por la que se fueron un mes atrás. Ellos me llamaron con cada nombre peyorativo del diccionario. Me volvía rápidamente inmune a eso. Fue casi una sorpresa placentera para mí, cuán rápido me volvía insensible a ser públicamente insultada. Algún día podría incluso ahogar mi insana urgencia de chequear online lo que ellos estuvieran diciendo de mí. No me sentía completamente segura de tener alguna vez el autocontrol suficiente para evitar comprobar lo que estuvieran diciendo sobre James… —¿Realmente terminaste con este James Cavendish?, ¿O te estás tomando un descanso? —preguntó Damien, caminando cerca de mí, como si temiera que fuera a perder el equilibrio. No se encontraba del todo equivocado. Me sentía un poco tambaleante. Le di una mirada directa. Decidí ser brutalmente honesta con él. —Me gustaría pensar que soy lo suficientemente sensible para terminar con él. Soy lo suficientemente realista para saber esto, terminado o no, estoy arruinada para otro hombre. Si quieres saber, él y yo tenemos ciertos… gustos en común. No me interesa compartir nada más que esto. —Damien tocó mi brazo brevemente, dándome una cálida sonrisa cuando lo miré.

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—Si eres una dominatrix, Bee, puedo vivir con eso. Siéntete libre para atarme y nalguearme, en cualquier momento que sientas la necesidad. —Me reí, porque él bromeaba, y porque era lo opuesto a esa verdad. —Um, no —le dije. —¿Estás enamorada de él? —me preguntó—. ¿Es así de serio? Me puedes decir, Bianca. No voy a juzgarte. Sólo quiero ser tu amigo. Hice una mueca. Él era mi amigo. ¿Por qué es tan difícil para mí abrirme? Me pregunté. Incluso con un amigo. Pensé sobre la pregunta, tratando de reprimir mi impulso natural de sólo cerrar un tema tan personal. —Sí —contesté finalmente—. Es inútil, lo sé. Quizás por eso mi corazón fue lo suficientemente perverso para entregarse. Pero si lo amo. Él apretó mi codo. —Hey, conozco el sentimiento. No te castigues a ti misma demasiado. ¿Qué vas a hacer? Tomé unas cuantas respiraciones profundas, realmente pensando en eso. —Eso no lo sé. No puedo negar lo que siento, pero puedo negar a donde puede llevarme. Él todavía me quiere. ¿Lo voy a dejar tenerme? Esa es la pregunta del millón de dólares, supongo. Damien me dio una dolorosa mirada. —Lo es. Le di un pequeño encogimiento de hombros, lo único que pude hacer para ayudar. Era un gesto que parecía responder a todo en mi insana vida. —Él se va a cansar de mí, estoy segura —dije suavemente—. Es su Modus Operandi. La pregunta es, ¿estoy tan desesperada por él como para firmar por el paseo? Damien no me dio una respuesta para eso. Tampoco la tenía yo.

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2 Traducido por ANNaMar Corregido por Melii

Con Damien caminamos despacio hacia el hotel. Encontramos más temas neutrales para hablar en el viaje de vuelta. Esta vez me di cuenta cuando mi foto fue tomada por el hombre que se agachó en los arbustos afuera del hotel que bordeaba el nuestro. Era un hombre regordete y calvo. Tuve la tentación de decirle que no era necesario molestarse en dañar sus rodillas intentando ocultarse. Era muy visible, incluso ocultándose. En cambio me obligué a ignorarlo. Su publicación diría algo horrible sobre mí de cualquier manera, estaba segura. —¿Quieres ir al restaurante cubano de la esquina? —preguntó Damien. Casi estábamos de vuelta en nuestro hotel. Me encogí de hombros. —Veamos que quiere hacer Stephan —dije neutral. La comida sonaba bien. Pero no quería terminar saliendo a cenar sólo con Damien. —Bien. Podemos hacer un grupo de cuatro. Murphy, sin duda, tendrá una opinión de a dónde ir a comer —dijo Damien alegremente. Su actitud me tranquilizó. Había estado medio preocupada de que él tratara de arrinconarme dentro de algún tipo de cita. Encontramos a los otros dos hombres charlando con otros miembros de nuestra tripulación en el bar repleto. Todos coincidieron con facilidad en el restaurant cubano. No servían comida asesina. Nos separamos para cambiarnos para la cena, reuniéndonos en el lobby del hotel veinte minutos después. Sólo me puse unos shorts y una camiseta. Caminamos al restaurant, los hombres constantemente, haciéndome reír. Realmente eran compañía.

bromeando una buena

En el restaurant pedí sopa de frijoles negros y arroz. Era comida simple, aunque engordaba. No me importaba. Era mi versión de comida reconfortante. Engullí mi comida, como raramente hago. Incluso pedí una segunda orden de comida para llevar. Era un gran desayuno, si le agregas jugo de naranja. Lo hice, tomé un cartón del mini mercado que estaba a una cuadra del hotel.

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Stephan cargó con todo por mí, sin decir una palabra. Incómodas como estaban las cosas entre nosotros, aún seguía siendo un caballero desde su centro. Su inusual crianza mormona había inculcado en él una necesidad de cobijarme, que yo nunca fui capaz de disuadir. Lo intenté tantas veces que era inútil intentarlo en este punto. Sólo le di las gracias cuando cargó con mis bolsas. De repente, él agarró mi mano mientras caminábamos. Yo se la apreté al instante. No podía soportar la distancia entre nosotros. —¿Estás enojado conmigo? —le pregunté. Caminábamos unos pocos pasos delante de Murphy y Damien, así que hablé muy bajo. Él me envió una mirada de ojos bien abiertos y sorprendidos. —Por supuesto que no, Buttercup. Estoy aterrorizado de que tú estés enojada conmigo por mantenerme en contacto con James. — Apreté su mano otra vez. —No. Entiendo muy bien cuán difícil es ignorar a ese hombre. Es persistente. Sólo estoy preocupada de que estés enojado conmigo por mantenerte lejos de Melvin esta semana. —Su boca se apretó. —No, en absoluto. Me di cuenta que Melvin no es una relación importante. Admitió que salió con otro hombre la última semana, incluso después de decir que nos tomaríamos las cosas con calma, pero seríamos exclusivos. Y también pienso que trató de hablar con la prensa de ti y de mí. Me siento mal de que mi juicio fuera tan desacertado con respecto a él. Me sentí tan atraído al principio que sólo vi lo que buscaba ver. ¿Entiendes lo que quiero decir? —Me encogí. —Tristemente, sé exactamente a lo que te refieres —dije, pensando en James. Él sacudió su cabeza, dándome un pequeño apretón en la mano. —James no es igual que Melvin, Bee. Estoy seguro de eso. Sólo desearía que tú lo pudieras ver también. —Sólo lo miré. Era mi mirada de “déjalo pasar”. Murphy y Damien querían ir a un bar en South Beach. Rechacé la invitación rápidamente. Stephan hizo lo mismo. Murphy tomó su teléfono, mandando mensajes al resto de la tripulación. Habíamos visto a los otros tres asistentes de vuelo brevemente más temprano en la piscina, pero ellos no parecían estar de humor para salir en la noche. Murphy parecía cabizbajo. Una tripulación antisocial era su peor pesadilla. —¿Una película? Hay un cine a menos de diez minutos de aquí. Stephan me dirigió una mirada inquisitiva. Sólo me encogí de hombros. Lo que buscaba era ir a mi cuarto y meterme debajo de las sábanas hasta la mañana, pero sabía que me volvería loca si seguía por ese camino. Una película parecía el mal menor.

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—Bien. Sólo déjenme tomar una sudadera. Siempre tengo frío en los cines. —Accedí finalmente. Mi cuarto se encontraba un poco más adelante de la habitación de Stephan. Desafortunadamente el hotel no había sido capaz de acomodarnos en cuartos adyacentes, como preferíamos. Me entregó mis bolsas con comida y jugo cuando nos separamos. Puse la comida en mi mini refrigerador y agarré una sudadera de mi maleta. Puse mi teléfono a cargar en la mesa de noche, al lado de mi cama. De mala gana lo prendí. Sólo intentaría poner mi alarma para la mañana, luego lo dejaría cargándose en mi habitación. Había varios mensajes de texto y llamadas perdidas. Siempre era así, últimamente. La mayoría de James, por supuesto, aunque algunas eran de otros amigos, y algunas eran desde un desconocido número de Las Vegas con el prefijo 702, que seguía apareciendo recientemente. Me pregunté brevemente quién podría ser ese número, ya que seguía apareciendo cada vez más en mi registro de llamadas perdidas. Contesté esa llamada una vez, pero sólo escuché unos segundos de sonido de fondo, seguido por un corte brusco. Mi mente siguió otro curso cuando, en una pérdida súbita de auto control, chequeé mi último mensaje de texto. No estaba nada sorprendida de ver que era de James, pero mi corazón se saltó un latido sólo viendo su nombre. James: Sólo chequeando cómo lo estás llevando. Te extraño. Le contesté antes de poder detenerme. Bianca: Lo estoy llevando bien. Por favor deja de preocuparte por mí. Sólo estoy saliendo con la tripulación. Espero que las cosas estén yendo bien. Él contestó inmediatamente. James: Bastante bien. Estaré en Londres la mayor parte de la próxima semana, así que por favor no evites Nueva York otra vez sólo para evitarme a mí. ¿Cuándo puedo volver a verte? Mi corazón dolió con el sólo pensamiento de volver a verlo, pero mi corazón no hacía un buen trabajo guiándome en la dirección correcta últimamente. Bianca: Necesito más tiempo. Lo siento. Sólo me parece que pierdo todo mi auto control cuando estoy cerca de ti. Tengo que hacerme aterrizar a tierra otra vez. James: Podemos encontrarnos cuando tú quieras. Tú pones las condiciones. Voy a acceder a cualquier cosa, solo para verte por cinco minutos. Literalmente. Me puedo encontrar contigo con tu tripulación, o podemos vernos para tomar un café. Sólo dime qué es lo que quieres y lo haré. Estoy desesperado por verte.

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Tragué saliva, sintiendo el sabor del mar. Tanto como quería verlo, aunque sólo fueran cinco minutos. Debería ser capaz de controlarme, al menos por cinco minutos… Bianca: Déjame pensarlo. Tú conoces mi agenda. Déjame saber cuándo estemos en la misma locación y trataré de encontrar una breve y neutral manera de encontrarnos. James: No me tientes, amor. Estaré en un avión en treinta minutos si realmente quieres decir eso. Mi estómago se retorció. Bianca: No hagas eso. Quise decir si tu agenda te lleva a la misma ciudad que yo. Por favor no viajes por mi culpa. James: Tengo que hacer un viaje a Las Vegas pronto. Me gustaría verte cuando esté ahí. Dime cuándo y el lugar y arreglaré mi horario en base a eso. Bianca: Stephan y yo nos reuniremos con algunos amigos dentro de una semana contando desde el lunes. No hemos decidido el horario o el lugar, pero te lo haré saber cuándo lo hagamos. Sólo reúnete con nosotros si quieres. James: Realmente lo quiero. Dame los detalles cuando ustedes los tengan. Estaré contando los días, mi amor. Apagué mi teléfono después de eso. Nos encontramos de nuevo en el lobby del hotel. Fui la última en llegar. Me sentí mal por hacerlos esperar, pero a ninguno pareció importarle. Tenían una discusión amigable sobre si debíamos caminar o compartir un taxi. Arrugué mi nariz hacia Murphy, quién parecía pensar que valía la pena tomar un taxi por esa corta distancia. —Es menos de un kilómetro —le dije—. Es una pérdida de dinero. Especialmente cuando está tan agradable afuera. Damien pinchó el gran vientre de Murphy. —Parece como si te pudiera servir una caminata, compañero. Murphy pinchó el vientre de Damien. —No me impongas tu problemas de imagen, compañero. Soy sexy. Cuando quiero un paquete de seis, voy a la tienda de licores. Es más divertido que el infierno eso a pasarse tres horas al día en el gimnasio, como Mr. Universo aquí. Todos reímos. Murphy vio que era minoría, por lo tanto caminamos. La caminata fue placentera, pero una vez ahí, tuvimos un momento difícil decidiendo que ver. Por alguna razón, los pilotos insistían en una comedia romántica. Stephan y yo queríamos ver una película de terror de ciencia ficción recién estrenada. No me gustan las comedias

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románticas por regla general, pero me negaba en particular a la que ellos estaban señalando. Era protagonizada por una joven actriz pelirroja que vi fotografiada con James. Si veía esa película, sabía que acabaría obsesionándome con él y luego me deprimiría otra vez. Cuando sugerí que simplemente viéramos dos películas diferentes, los pilotos finalmente cedieron. —Pero si tengo pesadillas después de esto, Damien va a tener un compañero de cuarto esta noche. Y soy siempre la cuchara grande. Sin excepciones. —Advirtió Murphy. Stephan y yo reímos, pero Damien sólo le dio una mirada contrariada, como si estuviera realmente preocupado de que Murphy lo intentara. Esa mirada solo hizo que riera más fuerte. Pensaba que la película estuvo genial, pero Murphy no coincidió. —Esa escena donde esa chica saca al alíen fuera de ella… no puedo dejar de ver eso en mi cabeza. Voy a estar asustado de por vida desde ahora. Ustedes están en deuda conmigo por esto. Les voy hacer ver una comedia alegre la próxima vez. —Amenazó Murphy mientras caminábamos de regreso al hotel. Había oscurecido mientras veíamos la película, pero las calles estaban bien iluminadas y mucha gente seguía caminando a lo largo de la popular calle. Noté que Stephan se tensaba, y seguí su mirada hasta un hombre que tomaba fotos de nosotros. Sostuve su brazo con firmeza, mientras continuábamos caminando. Stephan parecía a punto de golpear al tipo. —Vamos a tener que aprender sólo a ignorar este tipo de cosas — le dije tranquilamente—. No podemos evitar que ellos tomen fotos, y no podemos controlar lo que ellos digan, entonces ignorarlos es nuestro único recurso. —Me dio una mirada evaluadora. —Quizás te adaptes al estilo de vida de James. Ya es bastante impresionante que te hayas acostumbrado a los paparazzis, considerando que sólo has estado lidiando con ellos por unas pocas semanas. Le di un pequeño encogimiento de hombros. —No es el fin del mundo. Podría vivir sin las horribles cosas que ellos publicarán junto con las fotos, pero realmente lo único que tengo que hacer es parar de leer eso. Es todo basura. Antes de salir con James, nunca le hubiera dado ni siquiera una mirada a nada de todo esto. Tengo que volver a esa forma de pensar. —Stephan asintió con firmeza. —Yo también. Tengo alertas de Google puestas en ti y en James. Tengo que renunciar a torturarme. No es como si pudiéramos parar nada de todo esto. —Si me ves mirando basura en esos sitios de chismes, tienes que detenerme. Esto se ha ido de las manos.

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—Lo mismo para ti, Buttercup.

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3 Traducido por ANNaMar Corregido por Melii

Los días pasaron lentamente, mientras esperaba para ver a James. Al margen de mis reservas, casi lo llamé en varias oportunidades para arreglar un encuentro antes del que pactamos. Finalmente, casi no tuve ningún contacto con James, solo le mande un breve mensaje de texto el domingo justo antes de verlo. Sólo le dije dónde era la reunión. Era un asunto de trabajo al cual no estaba particularmente interesada en ir. Pero Stephan últimamente no iba a ninguna parte sin mí, y estaba cansada de mantenerlo conmigo en casa. Sabía que amaba salir, por lo tanto accedí a asistir a la fiesta del trabajo casi dos semanas antes. Bianca: Nos encontraremos a las 18 en “The Dime Lounge”, está justo sobre la avenida principal, en el lado este del Tropicana. Va a haber un montón de azafatas y pilotos. James: Estaré ahí. Empecé a prepararme a las 15:30, lo que era realmente temprano para mí. Que ocupara más de una hora para estar lista era inusual, por lo tanto que me tomara más de dos horas significaba que me encontraba nerviosa. Nerviosa y excitada. Me tomó un tiempo inusualmente largo elegir lo que me pondría. Finalmente me decidí por una minifalda negra que mostraba un montón de pierna. Lo combiné con una camisa de seda abotonada sin mangas, que mostraba buen gusto pero un generoso escote. Todo el conjunto en negro me puso de humor para unos zapatos altos, así que saqué un par de sandalias de taco chino que combinaban una gran cantidad de brillantes colores que no irían con nada excepto el negro. Tenían una mezcla de naranja, amarillo, rosa y azul que me hacían sonreír. Se enlazaban en mis tobillos con cintas anchas de raso, y se ataban con un pequeño moño. Nunca tuve la oportunidad de vestir esta compra impulsiva, y estaba contenta con la apariencia general del conjunto. Encontré unos grandes aros para mis orejas. Miré una caja plateada que había llegado por correo el día que volví del hospital. Miré en su interior, y luego de ver el contenido, la había cerrado sin volver a mirarla. Contenía el collar y el reloj que James me dio antes de que se desatara el infierno. No sabía qué hacer con las joyas. Sentía que no debía quedármelas, dado que no nos encontrábamos juntos. Pero también estaba segura que James no las aceptaría de regreso.

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Obviamente no quiso quedárselas, visto que la última vez que se los devolví, terminaron en el buzón de mi casa. Me arreglé el pelo y me maquillé, pensando en las joyas. Una parte de mi quería llevarlas puestas. El collar iba bien en mi cuello, hacía ver a mi escote de forma agradable. James estaría feliz de verme con ellas, lo sabía. Pero quizás le estuviera dando la idea equivocada. Podría creer que llevar el collar significaba que me encontraba dispuesta a retomar las cosas desde donde las dejamos. Y no estaba segura de estar dispuesta a eso. Un cambio se operaba en mi cuando me encontraba cerca de James. Un cambio que no estaba segura de que me gustara. Me enamoré de él a solo una semana de conocerlo. Y si eso no era una locura de mierda, no sé lo que lo era. Dejé mi pelo lacio y cayendo por mi espalda en una pálida línea de cabello rubio. Delineé mis ojos con un suave marrón. Me puse una pesada capa de máscara negra y una generosa cantidad de sombra dorada. Elegí un rosa pálido para los labios, y apliqué brillo generosamente. Era más maquillaje de lo que usualmente llevaba, pero pensé que sería adecuado para un lugar como el “The Dime”. El resultado final me hizo sentir sexy y sofisticada, y eso era exactamente lo que buscaba. Necesitaba sentirme segura cuando viera a James otra vez. Escuché sonar mi teléfono. Sabía que era Stephan, avisando que era tiempo de irnos. Al mirar al reloj me di cuenta de eso. Impulsivamente, abrí la caja plateada. Sopesé la hermosa gargantilla en mis manos. Era plateada, aunque no sabía de qué metal estaba hecha. No podría notar la diferencia. Pero se veía cara, con diamantes salpicando todo el collar, y un aro enfrente hecho de unos diamantes particularmente grandes. No me había dado cuenta de que eran tan grandes. Tomé una respiración profunda y me lo puse. El peso se sentía bien en la base de mi cuello, lo estudié, recorriendo con mi dedo su extensión. Necesitaba irme, pero parecía que no podía apartar la mirada del collar alrededor de mi cuello. Miré la caja otra vez, y me di cuenta por primera vez que había algo más además del collar y el reloj. Abrí otra caja pequeña que no noté en mi anterior inspección. Contenía unos exquisitos, y largos pendientes hechos de grandes diamantes que hacían juego con los detalles de mi collar en forma de T. Mordí mi labio y me los puse. Mejor vamos por todo1, pensé temerariamente.

1 En

el original “In for a penny, in for a pound”, significa figuradamente que si estás dispuesto a arriesgar un poco, mejor arriesgarse por todo.

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Corrí hacia la puerta, bastante segura de que el auto de Stephan estaría esperando en la entrada de mi casa. Me subí, buscando dentro de mi pequeña cartera mientras tanto. Chequeaba que tuviera todas las cosas esenciales dentro. Stephan dejó escapar un silbido al verme. —Luces caliente, Buttercup. Si no me hubieras dicho que James va a pasar para verte, lo habría adivinado por la pequeña minifalda. — Le dirigí una mirada penetrante, pero no la pude mantener por mucho tiempo. Él tenía un punto. Casi nunca me vestía sexy. —Todos van a estar ahí. —dijo Stephan alegremente mientras nos dirigíamos al club que se encontraba a veinte minutos. Empezó a nombrar a quienes estarían allí. Normalmente estaría encantada de ver a algunos de ellos, pero en este momento, no tanto. Todos sabían que fui atacada en mi casa. Y que por eso estuve hospitalizada más de una semana. El rumor era que irrumpieron en mi casa y me atacaron, pero la gente me haría preguntas bienintencionadas al respecto. Odiaba ese tipo de preguntas. Odiaba que la gente tuviera aunque sea una vaga idea de lo que me pasó. Había sobrevivido, y el resto eran sólo detalles, me dije a mi misma con firmeza. Era un mantra que siempre me sacaba del estado de autocompasión. Como de costumbre, funcionó. Estaba viva, eso era suficiente. Tuvimos una discusión entretenida sobre si Stephan debía llevar el cuello de su polo levantado. Se lo había puesto levantado, y lo noté casi inmediatamente. No me gustaba ese estilo. Tenía algo inherentemente vulgar y se lo dije. Finalmente cedió, arrepentida.

enderezando el

cuello con una sonrisa

—Sólo porque te guste ese estilo, no significa que sea el correcto —bromeé. Llegamos al Lounge unos buenos diez minutos antes de las seis. El portero chequeó nuestros DNI e inclusive nuestras identificaciones de la aerolínea. Ambos las teníamos encima, ya que nos avisaron que habría descuento para empleados, pero era inusual tener que mostrarla en la puerta. Escuché una familiar voz detrás de mí. —Ellos son invitados del Señor Cavendish. Yo los acompaño adentro. —Me giré, dándole una sonrisa sorprendida a Clark. Me encogí por dentro, recordando la última vez que me vio. Me encontraba hecha un desastre, corriendo entre el tráfico como una maníaca. Pero no fue su culpa verme en ese estado, así que intenté saludarlo como si nada hubiera pasado. —¿Cómo estás Clark? —le pregunté.

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Me sonrió cálidamente. Parecía realmente complacido de verme. —Simplemente genial, Señorita Karlsson. Realmente estoy feliz de verla tan bien. Asentí, automáticamente pensando en la razón por la que no había estado bien últimamente. Clark nos guió a una sala poco iluminada, llevándonos directo a la pequeña sección VIP. Suspiré. Por supuesto que James estaría en el VIP, aunque significaba un tipo de derrota al propósito por el cual nos encontráramos aquí, socializando con compañeros de trabajo. Efectivamente, apenas nos habíamos sentado cuando Stephan se levantó para ver a una amiga nuestra al otro lado de la habitación. Era Jessa. No la había visto en más de un mes y realmente quería saludarla. Vi rápidamente que James no se encontraba a la vista por ningún lado. Envié a Clark una mirada de disculpa. —Gracias por mostrarnos nuestra mesa, Clark, pero vi a alguien con quien quiero charlar. ¿Dónde está James? Clark parecía incómodo. Incluso jugaba con su corbata. El gesto nervioso no parecía característico de él. —En el auto, terminando con algunas llamadas de teléfono. Estoy seguro que no pensó que llegaría tan temprano, de otra manera ya habría terminado de trabajar. —Asentí y me dirigí donde se encontraban Stephan y Jessa abrazándose en un saludo. Ella me vio y se quedó sin aliento. Me dio un abrazo lo suficientemente fuerte como para soltar un pequeño grito. Mis costillas todavía eran un poco sensibles. Ella apretó en el lugar equivocado al darme ese exuberante abrazo. Escondí mi reacción y le devolví el abrazo. —Es tan bueno verte luciendo mejor —soltó Jessa—. Lamento no haber ido al hospital a visitarte. Las cosas han estado muy locas últimamente, y no escuché nada hasta que fuiste dada de alta. Y estuve fuera de la ciudad todo este tiempo. —Miró a Stephan—. Stephan ocultó todo. Incluso de mí. —Por favor, no pienses más en eso. De hecho, nunca más hablaremos de esto. ¿Cómo has estado? ¿Dónde estuviste volando este mes? —le pregunté. Jessa era una auxiliar de vuelo como nosotros. Era una morena alta, casi de mi altura, con hermosos ojos marrones y la sonrisa más cálida. Ella era una de mis personas favoritas. Cuando era posible, tratábamos de encontrarnos con ella al menos dos veces en el mes para ponernos al día. Tenía un grandioso sentido del humor y adoraba salir. Incluso Stephan parecía hogareño comparado con ella.

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Tiró su espeso y rizado cabello detrás de sus hombros y nos contó una historia sobre unos pasajeros en su último vuelo que trataron de fumar en el baño y mintieron acerca de haberlo hecho. Se agitaba sólo de relatar la historia sobre las vergonzosas mentiras con las que el anciano trató de escapar. Tuve que esconder una sonrisa. Ella siempre se agitaba con los locos. Y su descarada manera de lidiar con eso era convertirlo en una buena comedia. Una mesera usando minifalda y corset se acercó rápidamente a nosotros y nos entregó nuestras bebidas. Stephan bebía cabernet de la casa. Yo agua. El alcohol estaba fuera, especialmente si James venía. Él odiaba todo eso. Vi a Brenda en el bar, y saludó. Se nos unió, sonriendo. —Los extrañamos esta semana chicos —dijo saludando. —Cindy y Lars son geniales, sin embargo ¿no? —pregunté sonriendo. La pareja con la que habíamos intercambiado eran conocidos por lo divertido que era trabajar con ellos. —Oh, sí, esos dos son una maravilla. Igualmente los extrañamos. —Frunció los labios—. Jake y yo, quiero decir. Compartimos una sonrisa irónica. No era necesario que preguntara porque omitió nombrar a Melissa. La chica actuaba cada vez más desquiciada cuando tenía que lidiar con ella. Sabía que no nos había extrañado. Ella notó mis joyas. —Esos son el collar y aros más hermosos. Tan únicos. —Toqué mi gargantilla, agradeciéndole. —¿Viene tu marido? —pregunté, mirando alrededor. Él habitualmente venía con ella a las fiestas de trabajo, y a veces incluso se unía a ella en las escalas. —No, no sale de trabajar hasta las seis y me dijo que se sentía agotado. Probablemente no me quede mucho tiempo. Es simplemente difícil perderse la oportunidad de ver a tantos asistentes de vuelo juntos, rara vez lo presenciamos. Tendríamos que organizar estas fiestas más seguido. Jessa y yo estuvimos de acuerdo con ella de todo corazón, y conversamos acerca de tratar de hacer eso justamente alrededor de los siguientes diez minutos. Jake se reunió con nosotros en medio de sus planes, abrazando a todo el mundo mientras tratar de parecer interesado en lo que estaban conversando. Lo abracé superficialmente. Había tenido unos momentos difíciles al principio con esa costumbre de los asistentes de vuelo de dar abrazos, pero me había acostumbrado. Cuando tienes amigos cercanos a los que ves sólo una vez al mes de pasada, un abrazo parece apropiado. Aunque no todos son amigos tan cercanos, parece que se

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insiste en el hábito. Sólo sigo la corriente. Nadie entiende mi obsesión, lo sé. Simplemente aprendí a quedármela para mí. Un hombre alto, delgado y de cabello oscuro se acercó a Stephan por atrás, dándole una palmada en el hombro a modo de saludo. El hombre se inclinó cerca del oído de Stephan, susurrando algo. Stephan pareció sonrojarse todo el camino hasta los dedos de sus pies. Vi toda la situación como si fuera en cámara lenta, mi mandíbula cayendo por la conmoción.

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4 Traducido por Daenerysツ Corregido por Alaska Young

Me tomó un largo momento reconocer al hombre, ya que lo que veía no tenía sentido para mí. Javier Flores y Stephan no se encontraban exactamente en términos amistosos. La última vez que comprobé, parecían ser amargados ex novios. Los dos hombres no se habían hablado en más de un año. O al menos eso pensaba. Javier era la versión de Stephan de “el que se fue”. Los dos hombres eran tan diferentes físicamente como lo eran en personalidad. Aunque ambos eran altos y guapos, Stephan era mucho más alto. Javier se encontraba, tal vez, unos centímetros por debajo del metro ochenta. Y en donde Stephan parecía un robusto modelo de Abercrombie and Fitch, con su gran apariencia rubia, Javier lucía un aspecto casi delicado. Su rostro era simplemente lindo, con rasgos perfectos, incluso característicos, y tenía las pestañas más espesas que alguna vez vi. Su cabello era color negro azabache y le llegaba hasta los hombros, cayendo artísticamente sobre los ojos cuando inclinaba la cabeza hacia adelante, dando a Stephan una malvada sonrisa de lado. Era alto y esbelto, casi delgado. Sus ojos oscuros eran misteriosos y encantadores, pero siempre me parecieron fríos y distantes. Ellos salieron durante un mes, hace más de un año. Fue un mes intenso, pero había terminado rápidamente y mal. Javier tenía un problema real siendo el amante secreto de Stephan, y no toleró la situación por mucho tiempo. Le dio un ultimátum a Stephan: dejaba de ocultar su relación, o se iba. Javier estuvo sorprendido y herido cuando Stephan optó por la última opción. Le dio a Stephan el tratamiento del silencio desde entonces, evitándolo en fiestas como esta. Incluso abandonaba la habitación al ver a Stephan durante varios meses después de la ruptura. Stephan se sentía acongojado por todo el asunto. Yo entendía que Javier se sentía gravemente herido, pero todavía pensaba que fue un idiota al romper la relación. Sin embargo, estuve molesta por la ruptura también. Stephan nunca llegó a mirar a cualquier hombre de la manera en que miraba a Javier, y realmente esperé, en un principio, que la relación funcionara para ellos.

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Javier me vio observándolo, y su sonrisa tuvo una muerte rápida. Siempre fue amable y cortés conmigo, pero podía sentir que se sentía cauteloso. No mucha gente entendía la relación que teníamos con Stephan. Javier me sorprendió al caminar hacia mí y envolverme en un abrazo suave. —Estoy feliz de verte bien, Bianca. Lo abracé automáticamente en respuesta. No me dejó ir por alguna extraña razón. —No me odias, ¿verdad? —susurró en mi oído. Parpadeé, mirando a los ojos avergonzados de Stephan por encima del hombro de Javier. —¿Por qué te odiaría? —le pregunté en voz baja. Me había arrojado en una espiral. —Por ser un bastardo con Stephan durante tanto tiempo. Mi corazón estaba totalmente roto, pero eso no excusa la manera en que lo traté. Y no fui exactamente amable contigo. Dejé de hablarte, a pesar de que nada fue tu culpa. Stephan incluso dice que me defendiste, hasta que lancé un ataque en la fiesta de San Valentín y me avergoncé a mí mismo. Javier estuvo en nuestra tripulación el mes en que él y Stephan comenzaron a verse. Nunca pensé en el hecho de que Javier tampoco me hablaba desde la ruptura. A final de cuentas, esperaba que eso sucediera. —Sé que suena loco, pero me encontraba celoso de ti. Me había medio auto convencido de que algo pasaba entre ustedes dos, y que por eso Stephan no podía comprometerse con ser gay. Me puse rígida. Me abrazó con más fuerza, aunque su dominio seguía siendo suave. Dudaba que el esbelto hombre tuviera algo rudo. —Lo sé. Una locura, ¿cierto? —continuó Javier—. Pero Stephan y yo hemos estado hablando de nuevo. Por favor dime que estás bien con esto. Asentí, aunque no sabía con certeza qué pensar. El cambio de actitud de Javier fue repentino e inesperado, y Stephan no había dicho ni una palabra. Apenas capté el hecho de que no veía más a Melvin. —Sí, por supuesto. No soy contrariamente a la creencia popular.

el

guardián

de

Stephan,

Me besó en la frente, echándose hacia atrás para mirarme. —Lo sé, pero tú eres su familia. Sólo quiero que estemos bien. Sus ojos eran serios y suplicantes ahora, lejos de la manera ligera en la que lucían por lo general. Me dio esperanza.

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Quizá sólo actuó despreocupado, para ocultar sus sentimientos. También podía entender eso. Le sonreí. Fue difícil, pero no por falta de esfuerzo. —Sí. Está bien. Quiero lo que sea que haga a Stephan feliz. Siempre. Javier asintió enfáticamente, finalmente, alejándose de mí. —Bien. Genial. Stephan se sentía preocupado de que no te gustara que nos viéramos otra vez. Lancé a Stephan una mira desconcertada. Todavía nos miraba, luciendo angustiado. —Él debería saberlo mejor —dije. Javier regresó con Stephan. Me quedé anonadada por lo que sucedió después. Stephan pasó un brazo sobre los hombros de Javier, revolviendo su cabello juguetonamente. Soltó al hombre más pequeño casi inmediatamente, pero aún así fue la cosa más cariñosa que le había visto hacer en público con otro hombre. Por alguna razón, sentí mis ojos ponerse húmedos. Stephan llamó mi atención, acercándose a mí. Me empujó a su pecho, inclinándose para hablar en mi oído. —¿Estás realmente bien con esto? —¿Qué clase de pregunta es esa? —pregunté, mi voz ahogada contra su polo naranja pálido—. ¿Y por qué esta es la primera vez que escucho al respecto? Corría una mano arriba y abajo de mi espalda con dulzura. —Fue la extraña sincronización. Quería decirte, pero las cosas han sido una locura. Nunca pude encontrar el momento adecuado. En realidad me llamó porque escuchó que te hirieron, y quería asegurarse de que ambos estábamos bien. Eso es dulce, ¿cierto? Me empujé hacía atrás, asintiendo hacia él. —¿Qué hay de tus… problemas? Tragó saliva con fuerza. —Javier y yo hablamos de eso. Y me di cuenta de que tiene un muy buen punto. Tengo que hacer un anuncio al mundo. No necesito un baile de presentación, ¿sabes? Pero no tengo que mentir más, tampoco. Puedo sólo vivir mi vida. No le debo ninguna explicación a nadie. Siempre dije que solamente quería mi vida íntima privada, pero estoy empezando a ver que existía más que eso. Y no tengo nada de qué avergonzarme, ¿verdad? Él trató de hacer una declaración, pero yo todavía escuchaba la pregunta allí. Sujeté sus brazos con fuerza. —No hay tal cosa. Estoy tan orgullosa de ti, Stephan.

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Apretó mi brazo. Evitamos el contacto visual durante un largo minuto, ambos parpadeando las embarazosas lágrimas de regreso. Finalmente, compuesto, sólo asintió, regresando para estar cerca de Javier. Agarró su hombro poco antes de cruzar los brazos sobre su pecho, escuchando lo que Jessa despotricaba. Me sentí un poco sorprendida sobre el repentino, y drástico cambio en el corazón de Stephan. Pero fue una buena sorpresa. Vi a los dos hombres durante varios minutos, aturdida por el cambio en Stephan. No estaba lleno de demostración pública de afecto, pero siguió empujando juguetonamente a Javier en el pecho, o tirando de un mechón de su cabello. Javier mantuvo las manos cuidadosamente para sí mismo, pero le daba a Stephan las más cálidas, dulces miradas. Pensé que era hermoso. Murphy y Damien fueron los siguientes en unirse a nuestro grupo, y hacer las rondas, abrazando a todos. Noté que nuestro grupo había crecido bastante grande y estridente. Busqué en el amplio salón, pensando que James podría tener dificultades para encontrarme en un grupo tan grande, pero no vi rastro de él. Descubrí a Melissa al lado del salón. Se encontraba sentada en el bar con el capitán Peter. Usaba un vestido rojo ceñido, y miraba a nuestro grupo con mal humor. Me pregunté, un poco maliciosamente, porqué insistía en usar colores que chocaban con su cabello. Mentalmente me reprendí a mí misma. Ella era una persona desagradable, pero esa no era excusa para rebajarme a su nivel. Le di un pequeño gesto cuando nuestros ojos se encontraron, resuelta a por lo menos ser educada desde que sería miembro de nuestra tripulación por lo menos otro mes. Ella asintió de regreso, luego miró hacia otro lado. Al menos no me había ignorado. Me concentré de nuevo en nuestro grupo cuando se nos unieron dos más. Eran Judith y Marnie. Se encontraban en nuestra tripulación desde hace unos meses. Eran chicas fiesteras e inseparables. Judith tenía largo cabello negro, y el de Marnie era de un rubio platinado. Las dos eran muy pequeñas con fantásticas figuras y lindas caras. Su estilo me recordaba al de duendecillos traviesos. Medio borrachos duendecillos traviesos por el momento. Recordé que a menudo se presentaban a los hombres en los bares como Ivana Humpalot y AlottaFagina2. Rara vez se iban a sus habitaciones solas, algunas veces incluso compartían a los hombres. Eran un par divertido, pero no para los débiles de corazón. Stephan y

Ivana Humpalot y AlottaFagina son chicas de ficticias, las cuales sus nombres son juegos de palabras, como "I wannahump a lot" (Quiero joder mucho) y "A lot of vagina" (Mucha vagina). 2

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yo asistimos al vigésimo primer cumpleaños de Judith hace unos dos meses. Fue una locura. Conectó con al menos tres hombres, por lo menos fue los que vi, y arrastró a dos de ellos a su habitación del hotel. Marnie era un año mayor que Judith, sólo veintidós años. Yo era mayor que ambas chicas, pero las dos me ganaban por una gran cantidad de años en experiencia. Ambas pensaban que cualquier mujer que había llegado a los quince con su virginidad intacta era una mojigata. No me imaginaba que incluso tuvieran una palabra para alguien que duró hasta los veintitrés años, como yo. Judith gritó de alegría cuando me vio. Corrió hacia mí y me abrazó. —Me enteré del ataque. ¿Cómo te va? —casi gritó. Abracé su espalda rígida, deseando que no hubiera hablado con tanta fuerza. —Bien. ¿Cómo estás? Echó una mirada de reojo en dirección a Damien. —¿Cuánto quieres apostar a que despertaré en la cama de Damien en la mañana? —susurró—. Entonces voy a estar bien. Marnie durmió con él hace unos meses. Dice que está muy bien dotado. El último tipo con el que dormí fue una verdadera decepción. Tengo que conseguir una buena polla, ¿verdad? Sus palabras me sorprendieron haciéndome reír. No sabía acerca del enganche entre Marnie y Damien, pero no me sorprendió. —Demasiada información, Judith —dije con una sonrisa—. Tengo que trabajar con él todas las semanas. Marnie se había acercado a nuestro lado, apretándose entre nosotras para abrazarme con suavidad. —Si Judith va tras él esta noche, me les voy a unir —dijo con un guiño—. Lo juro por Dios, si alguien puede manejar dos mujeres a la vez, es él. Es un hombre maratón. Judith frunció la nariz ante Marnie. —Nunca obtengo los realmente buenos para mí. Ella siempre quiere un trozo. Ni siquiera traté de ocultar mi risa. Ella se quejaba, pero su tono era más divertido que molesto. Damien llamó mi atención a unos pocos metros de distancia. No caminó más allá, sólo me dio unos amplios, interrogantes ojos. Estaba segura de que le preocupaba lo que me decían de él. Sólo le sonreí satisfecha. Él se cubrió el rostro con las manos, y juro que pude oír su gemido de dolor. No me sentía muy mal por él, ya que estaba dispuesta a apostar que acabaría con las chicas festivas para el final de la noche.

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—Escuché el rumor de que perdiste tu tarjeta V. Finalmente. Y con un chico caliente súper rico. ¿Es verdad? Hice una mueca. El rumor existía y era correcto, y aparentemente mantuvo algo de verdad. —Sí. Por favor, no lo digas tan fuerte. Todavía me sentía mortificada de que las chicas incluso supieran que era virgen. Lo adivinaron, aunque parezca extraño, considerando que conocía pocas personas que ni siquiera sabían lo que era ser vírgenes ellos mismos. Estábamos en la habitación de Judith, viendo un poco de comedia romántica en una escala, cuando las chicas comenzaron con sus historias sexuales favoritas. Ellas me incitaron a compartir algo, y sólo me sonrojé. Imaginaron, sin disgusto, que yo era virgen. Tuve que darles una charla cuando ellas no dejaban de tratar de encontrar un hombre para que me liberara del “problema”. Marnie incluso se había ofrecido a prestarme a su ahora-sí ahora-no novio de ese momento. Él no tomó la oferta de buena manera. Lo había superado, sin embargo, sabiendo que ella era un poco ajena a los sentimientos de las personas cuando se trataba de esas cosas. —Bueno, felicitaciones. ¿Fue bueno? A veces los realmente guapos son horribles en la cama. Son todo “Soy tan caliente que ni siquiera tengo que tratar”. ¿Sabes? —Judith le dio un codazo a Marnie juguetonamente en las costillas mientras hablaba. Sacudí la cabeza, con los ojos abiertos. ¡Por supuesto que no sabía nada de eso! No me podía imaginar que hubiera un hombre en el planeta que fuera mejor en la cama. Aunque en particular no quería compartir esa información. —Así que ¿él fue bueno? ¿Tu primera vez fue buena? —curioseó Marnie. Asentí, muy incómoda. Lo de compartir información personal, sí que no era lo mío. —En una escala del uno al diez, ¿cuál era él? Suspiré. No iban a dejarlo. —¿Cómo “quiero que me joda hasta la muerte, y él simplemente podría” clasifica en esa escala? Las mujeres soltaron una carcajada, pero su risa murió cuando miraron hacia arriba a mi izquierda. Sentí una familiar mano firme sobre mi nuca. Los labios suaves que me conocían tan bien besaron mi mejilla. —Esa es una evaluación alentadora, amor —murmuró James contra mi piel.

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5 Traducido por Ivy Walker Corregido por Aimetz

Sentí calor cubrir mis mejillas apresuradamente, y un escalofrío de puro placer moverse por mi cuerpo. Típico de James. Apareciéndose en el momento más encantador posible. Judith y Marnie lo miraron estupefactas, sin palabras por un largo momento. Giré para observarlo. Su mano cayó de la base de mi cuello y nos quedamos mirándonos mutuamente. Lucía… asombroso. Llevaba una camisa polo azul brillante con pantalones de mezclilla negros deslavados y ajustados, y unos tenis para correr azul marino. Era “El supermodelo James vistiendo de manera casual”, pensé. Aún en su atuendo casual lucía demasiado sexy para el público. Nunca antes lo vi en pantalones de mezclilla. Los hacía lucir pecadores. Vi un poco de la parte alta de su pecho bronceado, y tuve que reprimir la urgencia de checar mi boca, por si babeaba. Su cabello color caramelo rozaba su cuello, y apreté mis manos para mantenerlas a mis lados. Quería tocarlo. Pero tocarlo siempre apresuraba las cosas entre nosotros. Encontré sus vividos ojos azules. Eran intensos y serios. Sus ojos cayeron a mis aretes y después al collar en mi garganta. Su mandíbula se apretó, después se relajó. Pasó su lengua por sus dientes. Mi cuerpo completo pareció tensarse. —Gracias por usar esos. Fue… considerado de tu parte —dijo usando su voz más educada, ronca. Tragó, sacando sus manos de los bolsillos, después cruzándolas por su pecho. Hizo a sus brazos sobresalir a través de su camisa distractoramente. Su pecho y brazos lucían más grandes de lo que recordaba, los músculos hinchados como si hubiera estado levantando pesas excesivamente. El material de su camisa lucía tan suave que me hacía anhelar pasar mis dedos sobre ella. Pero ese ligero toque pasaría a una caricia. Y después acariciaría más fuerte para sentir la fuerte piel debajo… La mirada de James se arrastraba por mi cuerpo, no por primera vez. Sus ojos se posaron en mis piernas desnudas, después en mi clavícula. —Tus piernas son escandalosas. Haces lucir a esa minifalda ilegal. —Miró de vuelta a mi cara, finalmente.

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—Te ves hermosa. —Tomó una respiración profunda y dura, mirándome. Era gratificante—. ¿Pero no es ese atuendo un poco sexy para una reunión de trabajo? Arrugué mi nariz, después miré explícitamente alrededor de la habitación. Esto era Las Vegas, y estábamos en un bar lleno de aeromozas. Mi atuendo era absolutamente modesto comparado a algunos atuendos que vi. —¿Quieres que te folle frente a todos tus compañeros de trabajo? Porque eso es todo en lo que puedo pensar, cuando te veo en ese atuendo. —Su voz era un poco baja, pero jadeé ante sus palabras. —Se suponía que esta sería una reunión corta y casual —le dije, un indicio de acusación en mi voz. Tomó otra respiración profunda, mirando alrededor de la habitación, y lejos de mí. Lo observé mientras contaba hasta diez silenciosamente. —Te extraño —dijo finalmente. También lo extrañaba, pero no podía decírselo. Me agitaba demasiado ese tipo de honestidad. En vez de eso, dije la primera cosa que apareció en mi cabeza. —Llegas tarde. Su mandíbula se tensó otra vez. —Sí. Me encontraba en mi auto, en medio de la llamada de trabajo más fastidiosa de mi vida. Creo que podría tener que despedir a mi gerente de Nueva York. No te vi llegar, y perdí la pista del tiempo. Me disculpo. No quería perder ni un segundo de nuestro tiempo juntos, lo cual hizo mi llamada telefónica particularmente fastidiosa. —Está bien. Llegamos temprano, por primera vez, así que me sorprendió ver que no llegaras temprano. —Preséntanos —dijo Judith en voz alta. No estaba sorprendida. Las dos chicas parranderas sorprendentemente mostraron un montón de auto control al dejarnos hablar por el tiempo que necesitáramos. Giré, dándoles a las mujeres una sonrisa triste. Jessa se acercó, y repentinamente teníamos la atención del grupo entero. Pasé por el grupo, nombrando a toda la gente que James aún no conocía. Toqué ligeramente el brazo de James cuando terminé. —Todos, este es mi amigo, James —dije, sintiéndome incomoda. No tenía idea de cómo llamarlo. —Novio —dijo James corrigiéndome y levanté una ceja. No sabía lo que él era, pero no parecía como si pudiera llamarse a sí mismo eso— . Un novio muy enserio —dijo con una sonrisa. Pensé que sabía lo que hacía. Quería hablar conmigo en privado, y sabía que dándose a sí mismo ese título causaría suficiente hostilidad para que discutiera con él. No iba a caer, sin embargo, me dije

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firmemente. Además era excesivamente posesivo. Diría lo que fuera para desalentar a otro hombre. Miré a Damien. Nos observaba, su boca apretada. Alejé la mirada rápidamente, queriendo evitar traer atención al hecho de que nos observaba atentamente. Judith y Marnie comenzaron a platicar con James sin piedad. Me sentía más que un poco sorprendida de que no estuvieran coqueteando con él. Ni siquiera un poco. Parecía más como que lo entrevistaban. Pensé que era un poco dulce. Eran las mujeres más coquetas que conocía, pero se salían de su camino para ser completamente platónicas con alguien que pensaban era mi novio. Alguien que resultaba ser el hombre más hermoso del planeta. Me hizo ver que eran buenas amigas para mí. Les daría crédito por eso. Tenía un triste hábito de ser más cínica de lo que era justificado. Amabilidad o consideración casi siempre me tomaban por sorpresa si venía de alguien más que Stephan. Era la única persona de la que siempre me permití tener expectativas. Tenía muchos amigos. La mayoría amigos casuales. Pero amigos y confianza no eran una conexión para mí. Escuché a las chicas hacerle a James pregunta tras pregunta, inclusive su lenguaje era limpio. Repentinamente me sentí más vieja que mis veintitrés años. Siempre había creído que eran las maduras y experimentadas, pero ciertamente las vencía en el departamento de cinismo. Toqué el brazo de James con solo la yema de mis dedos. —Ahora vuelvo. Necesito usar el baño. James trató de encaminarme al baño, pero lo desalenté con un ademán. —Ve a saludar a Stephan —le dije. Me dio una mirada severa, pero se dirigió en esa dirección. Judith y Marnie se me unieron. La parte alta de sus cabezas estaban justo al nivel de mi pecho. Siempre me sentía como un gigante cuando estaba con ellas. —Oh mi dios, Bianca, ese es el hombre más hermoso que he visto en mi vida. —dijo Judith con entusiasmo mientras caminábamos por el bar. Me sonrojé, pero ciertamente no podía disputar ese comentario. —Ese hombre es absolutamente precioso —dijo Marnie. Arrugué la nariz. La palabra precioso sonaba tan femenina para mí. Y eso no era James. —¿Es bueno en la cama también? —preguntó Marnie, claramente escéptica—. Eso no es justo. Si luciera como él, nunca dejaría mi casa. Solo me sentaría y me follaría a mí mismo. Si me dices que tiene una gran polla, podría o auto mutilarme a mí misma o convertirme en lesbiana.

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Llegamos al baño, donde la excesiva multitud había formado una extensa fila. Sonreí con remordimiento. —Entonces no te lo diré —dije. Ambas mujeres comenzaron a hacer ruidos en voz alta de desesperación. Me reí de su teatro. —Creo que las buenas cosas realmente llegan a esos que esperan —dijo Judith, sonando triste—. No puedo salir a una cita sin dormir con el tipo. Y no puedo pasar dos días sin encontrar una cita, así que creo que nunca tendré algo bueno. —No puedo esperar para venirme tampoco, así que supongo que no estaré consiguiendo algo así de bueno. Esa clase de bueno solo viene para esos que esperan veintitrés años, aparentemente—dijo Marnie tristemente. Se iluminó recuperándose casi de inmediato—. Pero vamos a tener un pedazo del Capitán Damien esta noche. Es una buena rebanada de algo bueno. No señalé que ni siquiera se veía feliz de verlas. Dudaba que eso las desalentara. Eran un par persuasivo. —¿Qué hay con esa basura que sigo viendo en los tabloides? — preguntó Marnie, nivelando una mirada seria hacia mí. Hice una mueca. —Mayormente mentiras y gente horrible diciendo cosas para tener atención. Estoy tratando de ignorarlo. Judith me dio una mirada desconcertada. —Creo que es asombroso. Se siente como que ahora conocemos a una celebridad. Creo que es tan divertido y emocionante. Y él es tan hermoso. Podría haber peores cosas. Tenía un buen punto sobre las peores cosas, pensé. Me encogí de hombros. —No lo puedo cambiar, así que me estoy adaptando. —¿Así que no tiene una novia de hace tiempo? —preguntó Marnie—. Leí en alguna parte que estuvo saliendo con alguna bella heredera, por cómo, los últimos ocho años. Hablando de un cambio de tema que mate el humor. Suspiré. —Me dice que es sólo una amiga. Supongo que la pregunta es, ¿le creo? Estoy trabajando en eso. Confiar en él no es mi primer instinto, pero eso no tiene nada que ver con él. Judith hizo un gesto a mi joyería. —Y con toda esa hermosa joyería ostentosa. Voto por confiar en él. Me reí. Comenzaban a recordarme a una versión de policía bueno y policía malo medio ebrias. Marnie me dio un golpecito en el hombro. —Se cuidadosa, Bianca. Ese hombre luce como si pudiera partir tu corazón por diversión, ¿sabes?

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Judith pretendió abanicarse a sí misma. —¿Pero qué divertido, verdad? No podía discutir con nada de eso. No era nada que no hubiera pensado yo misma. Había un grupo de mujeres apiñándose cerca, unas cuantas personas delante de nosotras. Murmuraban y me señalaban groseramente. No conocía a ni una de ellas, pero era muy probable que fueran otras aeromozas con las cuales nunca trabajé. Supongo que leyeron algo espantoso sobre mí. Las ignoré. Era algo a lo que iba a tener que acostumbrarme. Era todo parte del circo mediático que rodeaba la vida de James. Y aparentemente había decidido no rendirme con ese hombre, a pesar de mi mejor juicio. Aún me quería, y era difícil ignorar al hombre cuando estaba en su persecución implacable. El grupo empezó a reír. Sus risas sonaban gatunas, así que supe que decían algo horrible. Forcé a mi mente a enfocarse en algo más, un hábito que toda la vida usé para evitar cosas desagradables que no podía cambiar. Eventualmente pasamos la línea y entramos y salimos del baño sin ningún incidente. El grupo de chicas mezquinas habían tenido a Judith y Marnie apunto de pelear. Se volvieron progresivamente más ruidosas, enfatizando palabras como “puta” y “caza fortunas”, mientras me mandaban extrañas miradas malvadas. Lo que sea que leyeron sobre mí, no podía entender como les afectaba, o porque les importaría lo suficiente para ser abiertamente hostiles con una extraña. Se encontraba más allá de mi comprensión, así que no me entretuve en la reflexión mucho tiempo.

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6 Traducido por Katita Corregido por Tsuki

Mi espalda se puso rígida cuando nos acercamos más a nuestro grupo. James estaba de pie cerca de Stephan y Javier, riéndose de algo. Pero no se encontraba solo. Melissa prácticamente se había pegado a su lado, riendo con ellos. —Te das cuenta de que la perra no dijo ni pío hasta que nos fuimos. Luego empezó a cacarear como una gallina —dijo Marnie en voz baja. —No me gusta. Habla un montón de mierda sobre la gente, para sentirse menos mierda, de la mierda que ella es —agregó Judith. Intenté seguir todas las mierdas en esa frase. Me di por vencida, mientras nos acercamos lo suficiente para ver la forma en la que las manos de Melissa se escabullían en pequeñas caricias sobre James. Le tocó el brazo, le palmeó la espalda, le apretó el hombro. Y luego pasó la mano por su pecho y su estómago, y comenzó su camino hacia abajo. James dio un pequeño paso hacia atrás, evitando su contacto, pero yo seguía viendo rojo. Rojo como el carmesí. Carmesí como la sangre. Sangre como la que iba a hacer derramar a esa perra. Me moví entre los dos en una bruma de extraña calma, ajustándome al lado de James y empujándola rudamente fuera del camino con mi cuerpo. Pasé la mano a lo largo de la línea de su pecho y abdomen que ella tocó, como si mi toque pudiera borrar el de ella. Oí los cubos de hielo en su bebida tintineando contra su vaso mientras era empujada por mi repentino movimiento. Ella jadeó de indignación. La ignoré, mirando a James. —¿Por qué estas dejando que te toque? —pregunté en voz baja. Él pareció sorprendido y medio divertido. —Pensé que era una amiga tuya. Trataba de no ser abiertamente grosero, pero lo hacía difícil. ¿Tomaste mientras estuviste fuera? Te fuiste durante treinta minutos. Ahora estás actuando un poco... diferente. —Maldita perra. ¡Me hiciste derramar la bebida en mi vestido! — Melissa gritaba detrás de mí. Era fácil ignorarla, por alguna razón.

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Pasé mis manos por el torso de James de nuevo, usando mis dedos para trazar cada músculo. Él era increíblemente duro. —Ninguna parte de mi cuerpo es tan dura —reflexioné en voz alta. —Ten cuidado, amor. No puedes ofrecer a un hombre hambriento un banquete y esperar que no tome la oferta. Le acaricié el pecho de nuevo, haciendo una pausa en uno de sus pezones. —Quiero ver tu piel —le dije. Ahí, lo había hecho. Fui y lo toqué, y era peor que estar borracha, parecía no poder concentrarme en otra cosa que tocar más de él. —¡Hija de puta! —dijo Melissa más fuerte—. ¿Tienes alguna idea de cuánto cuesta este vestido? Es BCBG. ¿Sabes lo que es eso, tú, prostituta? Vi los ojos de James abriéndose sólo un segundo antes de que él me diera la vuelta, poniéndose de espaldas a la loca pelirroja. Escuché el sonido de una bebida siendo lanzada, vaso y todo, contra de su dura espalda. Se había dirigido a la parte posterior de mi cabeza, me di cuenta, aturdida. Era una perra loca. —Joder —dijo James, mirando por encima del hombro a Melissa quien seguía echando humo—. Vas tener que largarte de aquí o seguridad te acompañará a la salida. Creo que te has avergonzado lo suficiente esta noche, ¿no? —Su tono era positivamente mordaz. Melissa maldijo con fluidez mientras se alejaba. Nuestro grupo comenzó a parlotear. La opinión general fue, "la perra está loca." —Esa perra está completamente loca —resumió Murphy, como sólo él podría. Todo el mundo rio, rompiendo lo que quedaba de tensión. Miré a James, frunciendo los labios. —Eso fue muy caballeroso, tomar el tiro por mí —dije—. Gracias. Él se sacó la camisa, cubos de hielo todavía volando de su camisa. Revisé su espalda. Su camisa estaba empapada. Incluso había empapado sus vaqueros. Me sentí aliviada de encontrar, sin embargo, que el cristal se había roto en el suelo, dejándolo ileso. Una camarera apareció con un cubo y una fregona, y se puso a limpiar el líquido y cristal roto. Nos apartamos de su camino. —Parece que vas a tener que quitarte toda la ropa —dije con una sonrisa. Él me devolvió la sonrisa, pero la suya era caliente. —Tengo una muda de ropa en el auto. ¿Vienes conmigo? Me incliné hacia él, inhalando profundamente. Olía tan bien que sentí mis párpados cerrándose con el placer de su olor. Era tan bueno que quería ponerle un nombre y embotellarla.

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—Convénceme —dije en voz baja, mientras forzaba mis ojos a abrirse de nuevo para mirarlo. Miró a su alrededor, pasándose la lengua por los dientes, viéndose sexy como el infierno. —Está bien, ¿tienes algo particular en mente, o simplemente estas torturándome? Estoy tratando de jugar bien aquí, ya que no quiero asustarte de nuevo. Pero no lo estás haciendo fácil. —Tu camisa está toda mojada. Quiero que te la quites. Quiero ver tu piel. Él me dio una mirada evaluadora. —¿Eso es todo? ¿Todo lo que tengo que hacer para llevarte a mi auto es quitarme la camisa? —Él se la quitó incluso antes de haber terminado su pregunta. Gritos y silbidos comenzaron alrededor de la sala mientras algunas personas tomaban un vistazo de la espectacular visión de su torso desnudo. Me quedé sin aliento al ver toda su piel desnuda. Él definitivamente había ganado musculo en el mes que estuvimos separados, su impresionante pecho se encontraba hinchado atractivamente. Fue una distracción, por decir menos. —Has estado levantando más pesas —observé. Su sonrisa era un poco dolorosa. —Necesitaba un poco más de actividad física para adaptarme a todo el asunto del celibato. Suelo trabajar por dos horas en la mañana. Añadí dos más en la tarde, así, como una especie de... ayuda para dormir. Sentí una extraña agitación de culpa, y una no tan extraña emoción de alegría por su mención de celibato. Abrí la boca para decir algo, pero no era capaz de mantener un pensamiento con toda su piel desnuda frente a mí. Mi mirada cautivada se movió más abajo. Sus pantalones caían bajos. Seguí la piel justo por encima de sus vaqueros. Era un territorio peligroso, en una claramente definida V. Una impresionante y creciente excitación hacían sus vaqueros más obscenos por segundo. Agarró mi mano. —A menos que quieras follar contra la pared más cercana, yo empezaría a caminar, Buttercup. Me agarró de la mano y empezó a caminar. —Necesito una nueva camisa —llamó James en la dirección de Stephan a nuestro paso. Stephan lo miró con los ojos abiertos, pero se limitó a asentir—, estaremos de vuelta. —Quiero tener a sus bebés —murmuró alguien a nuestro paso. Envié una mirada en su dirección. Realmente no podía estar enojada por ello, sin embargo. Había sido yo quien hizo que sacará a la luz el mejor pecho del mundo en una habitación llena de hambrientas asistentes de vuelo... Y si alguien echará una mirada a los vaqueros, sin duda no podría reducir su interés.

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Clark nos recibió en la entrada del club, manteniendo la puerta abierta, con el rostro impasible. —Buena atrapada, Señor —dijo en voz baja. Le sonreí, sabiendo que se refería a James moviéndose para protegerme de la bebida lanzada. —¿Algún paparazzi en el estacionamiento? —preguntó James con brusquedad. —Max acaba de hacer un barrido. Se ve limpio hasta el momento, Señor Cavendish. James asintió, casi arrastrándome por el pequeño aparcamiento trasero. Clark logró ponerse en frente de nosotros otra vez para abrir la puerta del auto. —Su maleta ya está ahí, y abierta. James volvió a asentir. —Muy bien —dijo, guiándome dentro. Me senté, luego me moví a través del asiento para dejar espacio a James. Entró detrás de mí, cerrando la puerta tras de sí. Le oí tomar unas cuantas respiraciones irregulares, y entonces él estaba sobre mí. Me tenía sobre mi espalda entre una respiración y la siguiente. Abrió mis piernas, arrastrándose entre ellas. Se desabrochó los pantalones, tirando de su rígida erección con un gemido áspero. —Quería tomarme mi tiempo contigo, cuando por fin estuvieras en mis manos de nuevo, pero no puedo esperar. Desabróchate la blusa. No quiero romperla —mientras hablaba, subía lentamente mi falda por encima de mis caderas. Era un poco elástica, por suerte. Pensé que no habría dudado en romperla si no lo hubiera sido. Mi ropa interior no tuvo tanta suerte. Agarró el encaje entre las manos y lo arrancó por ambos lados. Contoneé mis caderas mientras trabajaba en los pequeños botones de mi blusa. Cuando desabrochó el último, empujó mi camisa abierta con impaciencia. Sus manos ya estaban en el cierre frontal de mi sujetador, cuando lo que vio le hizo congelar. Mi torso seguía salpicado de los últimos rastros de lo que había sido una contusión verdaderamente atroz. Vi sus manos temblar un poco mientras él desabrochaba mi sostén. Acarició a lo largo de las marcas de decoloración con sólo sus dedos. —Ha pasado un mes, ¿y todavía se ve así? —Su voz era profunda, con agitación. Giré la cara. —No quiero hablar de eso. He hablado lo suficiente. Él agarró mi barbilla, volviendo mi rostro hacia él. Sus ojos eran salvajes. —No podría soportar si algo llegara a sucederte, ¿lo entiendes? Nunca me he sentido tan impotente o asustado en mi vida como lo hice cuando vi la ambulancia yéndose contigo, sin tener ni idea de lo que había pasado, o incluso si te encontrabas bien. ¿Y luego cuando descubrí que un monstruo había puesto sus manos sobre ti? Quiero matarlo. Necesito protegerte.

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Puse mi boca en una línea dura. —Eso no es lo que quiero de ti. Y no quiero hablar de eso. Repentinamente empezó a besarme. Era un furioso y apasionado beso. Le devolví el beso con tanta pasión. E ira. Empujó dentro de mi tan rápido que estuve llena antes de saber su intención. Me encontraba mojada y lista, pero tan apretada y él era tan grande que causó una deliciosa fricción que rayaba en el dolor. Me quedé sin aliento, con la cabeza caída hacia atrás, mis ojos cerrados. Agarró mi barbilla, con fuerza. —Mírame —ordenó. Lo hice, viendo fervor en sus ojos junto a un dolor melancólico que sentí dentro de mi pecho. Hubiera dado cualquier cosa por sentir la forma en la que me miraba cuando estaba muy dentro de mí. Me miró como si fuera más querida que su siguiente respiración, y era casi más de lo que podía soportar. Su pelo caía por su cara y en la mía mientras inclinaba su rostro. Sostuvo mis muñecas por encima de mi cabeza, con sus manos, como grilletes. Sostenía mis muñecas con una mano, la otra moviéndose a mi collar de piedras, tirando de él rudamente. Sus embestidas nunca fueron más lentas o rápidas. —Eres mía, Bianca. Dilo. Mis palabras salieron como un grito áspero. —Soy tuya, James. —Vamos —ordenó, empujando tan rápido y duro que lloré cuando llegué. Gimió mi nombre una y otra vez mientras se corría dentro de mí. Después, se enderezó cuidadosamente en sus codos, protegiendo mi todavía sensible pecho y costillas. Tomó una camiseta limpia de su maleta abierta y me limpio, luego a sí mismo. Me acosté y le miré casi con pereza cuando se cambió a un nuevo par de bóxer, vaqueros y una suave camiseta gris clara con cuello en V. Se agachó a mi lado una vez que se cambió, enderezando mi ropa casi con ternura. —¿Te he hecho daño? —preguntó mientras abrochaba mi camisa. —Mmm, no —dije. Cualquier cosa que se pudiera considerar dolorosa ciertamente no me había molestado en el momento. —¿Ni siquiera las costillas? —alisó mi camisa mientras terminaba con los botones. Tomé una respiración profunda, pero no, todavía no había dolor. —No, en absoluto. No me están molestando mucho. Aunque respirar fue doloroso por un tiempo. Su boca se apretó mientras alisaba mi falda. —No tenemos que hacer nada duro, si no quieres. No me refiero a sólo mientras estás sanando. Puedes dar eso por terminado, si no lo quieres más.

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—Todavía quiero. Nada ha cambiado en ese sentido. Lo que hizo... y lo que haces, no lo veo como la misma cosa. No puedo explicarlo, pero una me ayuda a hacer frente a la otra. ¿Podemos no hablar más de esto? Apartó el cabello de mi cara, besando mi frente. —Tenemos que hablar más, no menos. Acerca de un montón de cosas. Si sólo me dejaras hablar contigo, podríamos conseguir que las cosas se establecieran entre nosotros. No puedo soportar esta incertidumbre constante cuando tú estás preocupada. Me incorporé, sintiendo la necesidad de una cierta distancia. —Vamos a hacer un trato. No vamos a hablar. Iré a tu casa esta noche. Me quedaré allí. Podemos hacer lo que quieras. Puedes follarme durante toda la noche —mi voz era vergonzosamente gruesa, sin siquiera una pizca de acento—, pero no quiero hablar sobre el ataque, ni nada de ello. Y no quiero hablar de nuestra relación, o la falta de una. Apretó la mandíbula, pero vi casi de inmediato que no me rechazaría. —¿Tenemos que volver primero a la fiesta? —preguntó al final, su estado de ánimo claramente más oscuro. —Sí —dije con firmeza.

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7 Traducido por Cat Corregido por Tsuki

Caminamos devuelta al edificio sin decir otra palabra. James agarró mi codo con posesión. Nos volvimos a juntar con mi grupo de amigos. Unos pocos sonrieron satisfechos por nuestra ausencia, pero nadie dijo nada sobre ello. James lucía tranquilo y retraído. Yo difícilmente disfrutaba, porque sabía que lo había puesto en humor repentinamente oscuro. Apenas me tocaba. No fue hasta que Damien decidió entablar una conversación, que él se puso de repente cariñoso. Damien me preguntaba, si tenía algún proyecto para la siguiente parada de temporada en Nueva York, cuando sentí a James presionar contra mi espalda, envolviendo sus brazos a mí alrededor cuidadosamente bajo mis pechos. Hombre contradictorio, pensé misteriosamente, enterrando su cara en mi cuello. —Um, no, creo que no —traté de contestar, distraída por el voluble hombre en mi espalda. Presionaba su ingle contra mí, y no tenía duda de lo que pensaba. James levantó su cabeza ante mi respuesta. —Tengo un evento al que me gustaría que fueras conmigo, si quieres. Es un asunto formal, para caridad. Me puse rígida, desconcertada por la oferta. Esto era lo opuesto a él, pedirme acompañarlo a algo tan público. Establecimos desde el principio que no tendríamos citas. No era lo que ninguno quería del otro Me encontraba dolida por el arreglo, y no sabía que él había cambiado su postura sobre ello. ¿Cuándo cambió y por qué? ¿O esto era solamente un truco para mostrar su propiedad a Damien? —Um, no tengo nada que usar para algo así —dije la primera excusa que vino a mi cabeza. Sus manos comenzaron a moverse a lo largo de mi estómago, acariciándolo. Agarró mis caderas, manteniéndome quieta y se enderezó detrás de mí. Acercó su erección, nivelándola contra mi trasero. Y tuve que ahogar un jadeo. No quería que nadie viera lo que estaba haciendo. Coloqué mi mejor mirada tranquila, pero no sé si tuve éxito. —Hice que mi estilista eligiera un guardarropa para ti, para mantener en mi casa —dijo en un tono casual.

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—Ella estará allí el viernes en la mañana para ayudarte a seleccionar algo o incluso comprar algo más. Tiene un formulario de muestra de diseñadores para que los pruebes. Lo miré sin saber que pensar de eso —No debiste. —Es justo, si quiero que asistas a una serie de estirados asuntos conmigo, tengo que proveer la ropa que necesitas usar para ello. Además ya discutimos la cosa de los regalos exhaustivamente. Si recuerdo, esa era una de las concesiones en la que estabas de acuerdo. Se movió contra mí mientras hablaba. Era difícil mantener un pensamiento cuando hacía eso. —¿Cuándo hiciste todo eso? ¿Lo del guardarropa? —pregunté desconcertada. —Semanas atrás, cuando comprendí que si no podía protegerte de los paparazzis, entonces bien podía aplicar la idea de exhibirte. Sólo lo miré. Damien nos observaba, estudiando a James. Casi olvidé por unos minutos que se encontraba ahí. James tenía ese efecto en mí. —¿Vienes conmigo, verdad? —murmuró en mi oído. Envolvía sus brazos alrededor de mi pecho, moviéndolos lentamente, frotándolos contra mis pezones. No había manera de que no se diera cuenta que los tocaba. Se encontraban duros como piedrecillas, se podían sentir a través de la delgada blusa y del delicado sostén. —Yo, um, no lo sé, la invitación es inesperada, como ya sabes, nunca he estado en algo como eso. —Nada de eso. Sólo nos vestimos, caminamos alrededor, mezclándonos. No te dejaré por tu cuenta, si estas nerviosa. Sólo quiero tu compañía. Damien caminó lejos, sintiéndose ignorado. Fue con Murphy, quien contaba una historia lo suficiente fuerte para oírla en toda la habitación. Bajé la voz, y hablé sobre mi hombro. —Pensé que nosotros no hacíamos nada de esto, desde el principio dijiste que no iríamos a citas. —Hablaría sobre ello, pero no está permitido hablar esta noche, recuerdas —su voz profunda era un estruendo contra mi oído. Vi su juego. Quería mantenerme lo suficiente curiosa para que fuera quien empezaba a hablar. No lo haría, aunque incluso mi curiosidad me comiera. Empujé un codo detrás de mí.

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—Bueno, no vamos hablar de ningún acontecimiento, mientras estamos en ello. Esto levanta demasiadas preguntas sobre nuestra relación. Hizo un pequeño zumbido disgustado detrás de mí. No habló por varios minutos. Tuve que morder mi lengua para impedirme hacerle preguntas. Finalmente rompió su silencio. —¿Te gustan los caballos? —preguntó. —¿Caballos? —repetí desconcertada. —Sí, caballos. ¿Te gustan? —pensé en ello. Más sobre porque preguntaba. Finalmente me enfoqué en la cuestión. —Sí, me gustan los caballos, ¿no les gustan a todos? ¿Por qué? —¿Los cabalgas? Me sonrojé. —Una vez. Era un viaje guiado de dos horas, en la cima de las montañas, no estoy segura si cuenta, pero me gustó. —¿Piensas que te sientes lo suficientemente bien para tratar de montar a caballo ahora? ¿O tienes que sanar más? —lo miré sospechosamente. —¿Tienes caballos en la ciudad? —no noté ningún establo en su propiedad, aunque tampoco recibí el tour apropiado. —Lo hago. Necesito mostrarte la propiedad entera algún día, incluyendo el establo. Están lejos de la casa. Pero no es lo que yo tenía en mente. Dijiste que podría hacer lo que quisiera contigo. Sin ninguna restricción, incluso salir de la ciudad. Te llevaría en la playa, para relajarme, pero últimamente la encuentro despreciable. Levanté confundida.

mi

frente.

—¿No

te

gusta

la

playa?

—pregunté,

Apretó su mandíbula y miró a través de la habitación con un fulgor acerado. Seguí sus ojos. Miraba fijamente a Damien como si quisiera pegarle. —Actualmente el pensamiento de la playa me hace querer ser violento —dijo, su tono tranquilo pero siniestro—. Entonces tengo otra idea, quieres intentar algo de equitación. Lo estudié, tratando de seguir su pensamiento impar. —¿Dónde quieres ir? Él giró aquel fulgor acerado sobre mí.—Dijiste que podría hacer algo contigo esta noche. Y no me dijiste que tenía que decirte que o donde. Todo lo que quiero saber es, ¿piensas que puedes montar a caballo? Miré hacia atrás. —No estoy segura. Se siente bien. Si no hiciera nada demasiado loco, y fuera un caballo tranquilo, supongo que podría. Asintió con decisión. —Bien, lo tomaremos fácil. Déjame hacer algunas llamadas telefónicas.

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Lo miré andar fuera, un poco sorprendido por la vuelta repentina de acontecimientos. Siempre parecía hacer esto, girar todo hasta dejarme mareada y jadeando, siguiendo sus caprichos sin una protesta. Era exasperante y divertido. Pensé que mi vida era contenida y llena antes de que lo encontrara. Pensaba que el entusiasmo, era la última cosa que quería para mí. Y el pensamiento de enamorarse era una condena. ¿Cómo podría haber encontrado una persona que lo cambie tan de repente? Me pregunté, no por primera vez. No sabía dónde planificaba llevarme, pero no importaba. Yo iría. Mi autocontrol se hizo añicos cuando entré en la órbita de James. Me acerqué a Stephan, escuchando la historia de Murphy antes de que me notaran. Él caminaba entre todos, contando el horror de despertar con dos mujeres y un nuevo tatuaje con uno de sus nombres sobre él. No recordaba ninguno de sus nombres, solo sabía que uno era Lola, ya que se encontraba escrito en grandes letras negras en su pecho. Escuché en la ridícula historia. Me sorprendía no haberla oído antes, aunque había visto el tatuaje cuando disfrutaba de la piscina. Escuchaba, interesada como todos por saber quién era la mujer del tatuaje y por qué se lo hizo. —Me giré y había otra mujer que conocí temprano esa noche. Tuvo un ataque de celos e ira después de ver el tatuaje, cuando comencé a hablar con las dos. ¡Sólo trataba de ser amistoso! Su postura defensiva sobre las dos mujeres con que él se despertó en la cama hacía que todos riéramos. Sinceramente se encontraba ofendido con la mujer que inspiró su tatuaje y que nunca más le habló. Cuatro pilotos se habían unido al grupo. Los reconocí vagamente. Ellos eran la parte de la generación joven de pilotos, y también sabía que eran amigos de Damien y Murphy, pero no podía recordar ningunos de sus nombres. —Él la llama "la que se le escapó" cada vez que se emborracha— dijo Damien con una voz divertida, haciéndome comenzar a reir. Se encontraba detrás de mí. Me di vuelta para darle una sonrisa tenue. Su voz tenía un tono lo suficiente fuerte para que el grupo grande se enterarse, pero se dirigía a mí. —Aún no la recuerda, pero dice que confía en su juicio borracho lo suficiente, y que si ella inspiró un tatuaje una noche, debe haber sido "la elegida". Continúa quejándose sobre como odia estar solo, y culpa el maldito carácter de Lola. Miré a Murphy, riendo. Tenía una sonrisa natural y vergonzosa sobre su cara. Sonaba a algo que él diría, y no lo negó. —¿Dónde fue esto? —pregunté. —Melbourne, Australia. Apuesto a que tenía un acento atractivo —dijo Murphy en un tono desanimado.

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—Sabemos cómo amas el atractivo acento Australiano —uno de los pilotos asintió haciendo que todos nuevamente se rieran. —Hey, ahora —dijo Damien alzando las manos. No me arrastren en esto. He estado con Murphy por años, y aún no consigue un tatuaje mío, en cualquier parte de su cuerpo con o sin atractivo acento. —Ahora sabemos de seguro que nunca durmió contigo. —Marnie agregó—. Si lo hubiera hecho con Damien, debería tener un tatuaje en algún lugar de su cuerpo, y puedo dar fe. Una noche y tuve que contener el impulso de marcar mi trasero. Sonidos ruidosos y gritos siguieron su anuncio, Murphy riendo ruidosamente. Su risa era en particularmente contagiosa. Tuve que dar una segunda mirada a Damien. Habría jurado que se ruborizó. —No pienses que no lo he intentado —dijo entrecortadamente Murphy, todavía riendo. —Él es más o menos el hombre más bonito que conozco. Más bonito que al menos la mitad las mujeres con las que he estado. Pero aún no puedo conseguir un abrazo afectuoso cuando esta bebido. Nuestra risa era bastante ruidosa, aún más que la barra bulliciosa, y la mayoría de la gente miraba fijamente hacia nosotros. Ese fue el momento en que James volvió dando zancadas. Me encontraba parada cerca de Damien, aunque estábamos todavía aun metro de distancia. No podía dejar de reírme, aún viendo la tormenta que inmediatamente alcanzó sus rasgos encantadores al vernos estando de pie cerca uno del otro, otra vez. Sabía que tenía un problema con él. Parecía pensar que había algo entre nosotros. No podía entender por qué. Conocí a Damien años antes que a James. Sí nosotros hubiéramos tenido un real interés en el otro, obviamente algo podría haber pasado. Sabía que era atractivo, pero no lo era para mí. Yo tenía gustos más... exóticos. Pensé que todo eso era muy obvio para James, así que era difícil para mí entender su aversión extraña a uno de mis buenos amigos. James me cruzó, luciendo demasiado bien, incluso enojado. Me maravillé, como hacía demasiado a menudo, por lo hermoso que era. Su pelo castaño bastante largo, arenoso caía ingeniosamente en su cara cuando caminaba. Los músculos esculpidos de sus brazos y el cuerpo superior claramente definidos por su camisa delgada. Su mandíbula apretada era la perfección. Su boca casi formaba un arco, pero era demasiado firme, provocativa y bonita. Sus cejas arqueadas y gruesas, eran una sombra más oscura que su pelo, y hacían resaltar a sus vivos ojos turquesa. Su nariz era directa y terminaba de manera atractiva en la punta, puesta perfectamente en su cara inigualable. Era simplemente hermoso. De ninguna manera femenino, pero la palabra hermosa solamente, no podía hacer justicia a su apariencia. Era alto y delgado, pero usando ropa ajustada, era claro que era más bien musculoso que delgado.

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Él es la perfección, pensé distraídamente. ¿Qué hace él conmigo? Siempre me hacía la misma pregunta. Se movió a mi lado, pero no me tocó. —Parece que me perdí toda silenciosamente, su voz extraña, vacía.

la

diversión

—me

dijo

Mi risa comenzó a descolorarse. —Los arreglos han sido hechos —dijo cortamente—. Serás toda mía, en cuanto termines aquí. —¿Qué pasa con ustedes dos? Parece que están bastante calientes el uno sobre el otro, para hacer estallar la tinta. ¿Cuándo van a ponerse un tatuaje con sus nombres uno sobre el otro? —nos dijo Marnie riendo, y meneando sus cejas sugestivamente. Le di una sonrisa nerviosa. Él me dio la risa más diminuta a cambio.—Sería una pérdida estropear su piel perfecta solamente por un poco de tinta —dijo James—. Pero yo felizmente conseguiría un tatuaje de Bianca, si esto es lo que ella quiere. Arqueé una ceja hacia él cuando la muchedumbre estalló, gritando y fomentando la locura. Había visto el cuerpo de James. No tenía un tatuaje, sólo se estropearía con ellos, desde luego. —¿No devolverás el cumplido, Bianca? —Judith llamó, sonando horrorizada. Me encogí, dando a James una mirada con ojos estrechos. — Supongo que si él consiguiera un tatuaje para mí, lo dejaría perforar mis pezones —le dije a él, más que la muchedumbre. Pero la muchedumbre absolutamente rugió por la broma. Él pasó su lengua sobre sus dientes de un modo apetitoso. Me ofreció una mano, como si temblara.—Tienes un trato, mi amor. Por favor, muévete sobre ello. Nada me complacerá más. Alguien sonó como si se ahogara con su bebida detrás de mí. Oí a Stephan gritar algo a lo largo de las líneas. —¿Qué mierda, Buttercup? Miré su mano, preguntando por qué él tuvo que llevar la broma tan lejos. Pero sacudí su mano sin pensarlo demasiado, acompañando sus excesivas payasadas. Una de las líneas favoritas de Murphy, de sus bromas me vino a la memoria, por alguna razón. Siempre sigue la corriente, le gustaba decir. No puedes negarte a seguir la corriente. —Primero quiero ver la tinta, antes de perforarme algo —dije, asegurándome, en caso que él se volviera loco. Sonrió y era positivamente malo. —Por supuesto. —¡Y quiero ver aquellos piercings, Bee! —alguien dijo. Aún no podía decir quién era.

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—¡Queremos ver, una prueba de que ambos mantuvieron hasta el final el trato! —reconocí la voz de Judith en aquel momento. —¡Deberías poner su nombre en tu pene, en ese caso! —Marnie dijo fuerte. Ella consiguió una respuesta sobresaltada—. ¿Demasiado lejos? ¿Era esto demasiado lejos? James lanzó un brazo alrededor de mi hombro, anclándome cerca contra su lado.—Nadie conseguirá ver sus piercings, pero mostraré el tatuaje. Bianca aún puede escoger cual parte de mi cuerpo quiere marcar. La broma había continuado bastante tiempo. Me retiré para darle una mirada severa, abriendo mi boca para hablar. Él presionó su boca caliente contra la mía antes de que pudiera decir una palabra. Me besó, con esa clase de beso no apta para el público. Su lengua barría profundamente en mi boca, pidiéndome aspirarlo. Empujé su pecho al principio, teniendo la intención de evitar su necesidad de muestras de afecto en público. Su mano agarró fuerte mi pelo, su otra mano bajaba atrás para presionarme firmemente. Luché sólo un momento antes de que me perdiera, ablandándome contra él, chupando su lengua como si mi vida dependiera de ello. Mis manos agarraron firme su camisa, mis muñecas dolían para retener la presión que me apetecía. Olvidé a mis amigos, olvidé la broma que él había llegado demasiado lejos. Podría haberme tomado allí, contra la pared, si hubiera querido. Tenía el poder sobre mí. Se retiró con una sonrisa. Miró sobre mi cabeza, y sabía que le sonreía abiertamente en Damien, una sonrisa fría, triunfante. —Si no escoges un punto, solamente debería tomar la otra sugerencia que oí, algo sobre tu nombre en mi pene —habló bastante fuerte para conseguir algunas ovaciones y gritos de la muchedumbre. Aún no podía formar las palabras para responder. Tomó una de mis manos firmemente extendiéndola sobre su corazón. —¿O derecho aquí, amor? —me susurró. Lamí mis labios, abriendo mi boca para hablar. Sabía que debería decir... algo, pero mi mente acababa de marcharse al espacio. Entonces pensé en las cosas que podría hacerme. Él sonrió, claramente disfrutando del estado en el que me había puesto. Se encontraba satisfecho y se regodeaba por como acariciaba mi pelo con su mano. No podía preocuparme. Pronto estaría a su merced esta la noche. El pensamiento me consumía. Me encontraba ansiosa, despierta y asustada. ¿Era demasiado pronto, para mis heridas? ¿Podrían volver algunas sombras de dolores, que recientemente se habían desvanecido? ¿Se lo tomaría con calma, o me presionaría fuerte?

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Quería saber las respuestas más de lo que temía al dolor. Sólo una cosa sabía con certeza. Él iba a cogerme sin sentido, y yo apenas podía soportar la espera.

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8 Traducido por Eni Corregido por Tsuki

—¿Estás lista para irnos ya? —susurró James minutos más tarde. Un silencio había crecido entre nosotros, mientras el grupo hablaba de otro tema. Me acariciaba suavemente, tocándome por todas partes, cayendo casi en la indecencia. Tocaba mi clavícula, deteniéndose muy cerca de mis senos. Una de sus manos se entretuvo en mi cadera, peligrosamente cerca de meterse lo suficientemente hacia abajo para ser obsceno. Estaba cada vez más y más concentrada en su toque, abandonando todo el sentido de lo que era apropiado, y perdiendo de vista todas las razones por las que alguna vez tuve reservas acerca de él. Esta era la razón del porqué había tratado de mantenerme alejada de él, pero también la razón por la cual no podía. Simplemente no me podía resistir. Me retuve por un tiempo, pero si era honesta, eso sólo fue una cuenta regresiva para mi rendición. No le contesté, y él lo tomó como un reto. Me besó otra vez, sin contener nada esta vez. Me sujetaba el cabello casi a un punto doloroso, su otra mano agarraba mi culo mientras él se apretaba contra mí. Estaba duro y yo gemía en su boca, el sonido escasamente registrándose en mi nublado y avivado deseo. Se echó hacia atrás, ahora su respiración irregular. —¿Estás lista para irnos ahora? No encuentro ni siquiera un poco desagradable la idea de follarte contra esa pared de allá atrás. El exhibicionismo nunca ha sido un problema para mí. ¿Es algo que te gustaría probar? Se apretaba contra mí con cada palabra que decía, y su tono era sarcástico, casi enojado. Escasamente registraba sus palabras, mientras mi atención se concentraba en lo que él hacía. —¿Hmm? —Fue todo lo conseguí decir. —¿Estas lista para irnos ahora? ¿O preferirías que te folle en frente de todos tus compañeros de trabajo? —Escupió James en un tono lo suficientemente fuerte para que finalmente mi mente regresara a la superficie. —No —dije, agitada y sin aliento.

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¿Cómo podía olvidar tan rápido donde me encontraba, y que estábamos en un salón lleno de gente que conocía? —No, ¿no estás lista para irnos? O no, ¿no preferirías que te folle en un salón lleno de amigos tuyos? Donde todos ellos pueden observarme enterrar mi polla dentro de ti contra la pared, a menos de diez metros. ¿Es eso algo que quieres que ellos vean? Sólo lo miré fijamente por un momento, mi mente moviéndose como melaza. Parecía enojarse rápidamente. —Contéstame. ¿Quieres que haga eso? —preguntó, cada palabra cruel y mordaz. —No —dije, sacudiendo mi cabeza—. No —repetí, tratando de hacerlo sonar más convincente—. Tenemos que irnos. Él apretó sus dientes. —Estoy consciente de eso. Ve a despedirte de Stephan —ordenó. Me aleje de él, recuperando mi aliento durante largos momentos. Conté en mi cabeza mientras me dirigía hacia Stephan, tratando de poner en marcha mi mente en el asunto en cuestión, y fuera de James. Stephan me dio una mirada levemente preocupada mientras me acercaba. —¿Estás bien, Bee? —se inclinó cerca de mi oreja mientras hablaba. Sólo asentí, mirándolo. —James y yo nos vamos. Voy a ir a casa con él. Te llamaré mañana —le dije. Él comenzó a mirar a su alrededor buscando a James mientras yo hablaba. Se encontró con su mirada mientras James se acercaba. Se inclinó, diciéndole algo en el oído, con un tono demasiado bajo que no pude escuchar. Stephan asintió ligeramente, frunciendo el ceño severamente, pero sin decir nada. James me condujo fuera del salón con su agarre inflexible en mi mano. No hablamos con nadie más. Estaba lo suficientemente lúcida para saber que debería estar un poco avergonzada de cuán lejos le permití llegar en un salón lleno de gente. James se encontraba cerca de arrastrarme para el momento en que llegamos a su auto. Me acomodó sobre el auto al segundo en que Clark abrió la puerta. Sentía su fuerte presencia detrás de mí mientras me movía a través de los asientos. Se sentó muy cerca de mí, pero no hizo ningún intento de tocarme otra vez. No me molestó, aproveché su indulto para tratar de calmarme. Pasaron varios minutos en silencio, James miraba fijamente por la ventana como si estuviera evitando incluso encontrar mi mirada. Podía decir que él se hallaba enojado, pero no podía ni siquiera comenzar a adivinar por qué.

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—¿Así que has hecho eso antes? —finalmente le pregunté tranquilamente. Mi mente le había dado vueltas obstinadamente a la idea durante el largo silencio—. ¿Has tenido sexo antes en frente de otras personas? Me miró arqueando una ceja, con una expresión fría. —Sí. ¿Estamos ahora compartiendo información? Pensé que eso estaba estrictamente fuera de los límites esta noche. Tú idea, si bien recuerdo. Mis ojos se estrecharon sobre él. —Entonces no traigas a colación cosas de las cuales no estás dispuesto a hablar. Sus cejas se levantaron ante eso. —¿Es una regla ahora? ¿Así que estás diciendo que si tú traes a colación un tema, tú tienes que responder mis preguntas sobre el, también? Si estás de acuerdo en que sea recíproco, aceptaré esas condiciones. Mordí mi labio, preguntándome cómo esto se iba a volver en mi contra. Sabía que pasaría, con el tiempo. ¿Qué tan mal quería saber acerca de sus tendencias exhibicionistas? Desesperadamente. —Está bien. Dime. Frunció esa hermosa boca. —¿Decirte qué, exactamente? ¿Acerca de tener sexo en frente de otras personas? Asentí —¿Es algo en lo qué estés interesada en hacer, o estás simplemente curiosa? Mis ojos se ampliaron con un creciente temor. ¿Pensó que yo quería hacerlo en frente de mis compañeros de trabajo? El pensamiento era aberrante. —Simplemente tengo curiosidad —dije sonrojándome—. Acerca de ti más que en la práctica. Quiero saber qué hiciste en frente de otras personas y con quién. Él extendió sus manos. —Lo he hecho varias veces. Hay…eventos para personas como nosotros. Demostraciones de BDSM. Yo he dominado, y azotado, y follado a muchas mujeres en ese tipo de cosas. En frente de unas pocas personas o incluso multitudes. Nunca he tenido un problema con eso, aunque era más una novedad que una de mis reales preferencias. Y follé a varias mujeres en algunas casas de fraternidad en la universidad en frente de mucha gente, un par de veces en un reto, si bien recuerdo. No exageraba cuando dije que solía ser realmente un puto. He sido más prudente en los últimos años, pero sólo realmente en comparación con mis hazañas pasadas. ¿Algo más sobre lo que quisieras saber? —Su voz era tensa, agitada al terminar su explicación, y su pregunta tenía un tono de enojo. De repente me sentí enferma del estómago, los últimos vestigios de excitación me abandonaron completamente. —¿Y no tendrías ningún problema en hacerme eso a mí, en frente de una multitud?

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Su mandíbula se apretó duramente, y volteó su cabeza para otro lado. Estuvo en silencio por tanto tiempo que pensé que no iba a contestarme, aunque la respuesta era importante para mí. —Tengo un enorme problema con eso —dijo él finalmente—. Eso no significa que no lo hubiese hecho. Incluso sabiendo cuanto lo habría lamentado después, aún me es difícil contenerme. Sentí como que querías que lo hiciera, y eso hizo más difícil detenerme. Estoy comenzando a ver que eso no era lo que tú querías. Aún así, me hubiera puesto furioso con ambos si hubiéramos llegado tan lejos. —¿Por qué furioso? Tú mismo dijiste que lo habías hecho muchas veces. Me dio una mirada casi malévola. —Porque eres mía. No quiero que otras personas te vean así. No quiero compartirte así. Cuando lo hice antes, fue con mujeres que eran… desechables. Todas ellas eran desechables, Bianca. No estoy orgulloso de ese hecho, pero es la verdad. Incluso las sumisas que habían estado bajo un contrato a largo plazo fueron desechables, de cierto modo. Nunca las compartí, pero ciertamente no me importaba si alguien me veía follándolas. Me lamí los labios. —¿Tuviste sumisas bajo contrato? ¿A largo plazo? —pregunté, poniéndome más enferma. Él suspiró. —Traje el tema a colación, ¿Lo hice? Sí, he tenido varias sumisas bajo contrato. Ellas estaban dispuestas, aunque sólo dos de ellas eran compatibles para lo que podía ser considerado largo plazo. Puede ser un acuerdo necesario, cuando tienes mucho dinero y tus inclinaciones sexuales son… inusuales. No quería malos entendidos, y ciertamente ninguna de ellas era ajena al escenario. —¿Es algo que tratarías hacerme? ¿La cosa del contrato? —le pregunté, mi voz más pequeña de lo que hubiera preferido. Me dio una desconcertada y salvaje mirada. Tuve un horrible pensamiento. Yo no habría querido un acuerdo, ciertamente lo habría rechazado, pero lo que se me ocurrió después fue incluso más horrible. —Oh —dije, el enfermo nudo en mi estómago se hacía más grande—. Es más un acuerdo a largo plazo que lo que tú tenías en mente para mí, supongo —mi voz y mi rostro se encontraban vacíos, sin emoción mientras hablaba, esperando tomar el golpe con algo de gracia—. Tú obviamente querrás a alguien con más experiencia en las cosas que te gustan, para llenar un papel como ese. Bueno, eso es lo mejor. No puedo hacer un compromiso como ese, de todas maneras. Su cabeza cayó hacia delante, su cabello cubriendo su cara. Vi sus puños apretarse y aflojarse. Se quedó en silencio por un tiempo. Su voz fue baja pero intensa cuando habló.

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—Ese no es el contrato que tenía en mente para ti. Pero ¿Qué es esto, Bianca? ¿Estamos hablando de nuestra relación, o no se me está permitido? Porque tú sigues diciendo las cosas más exasperantes, y estoy encontrando cada vez más difícil morderme la lengua. ¿Así que estamos hablando de nuestra relación esta noche, o no? He querido explicártelo durante mucho tiempo, pero tú siempre te alejas antes de que incluso pueda empezar. Tragué saliva. De repente queriendo saber tan desesperadamente, qué diría él si yo alentaba esta conversación. Pero había perdido mis nervios; sintiéndome suficientemente aterrorizada de lo qué podría decir para posponerlo a otro día. —No esta noche —dije finalmente. Un frío silencio lleno el auto después de eso. No se movió, no habló, no tocó. Me concentré en mis propios pensamientos, durante un tiempo. Permanecimos de esa manera hasta que llegamos al estacionamiento del aeropuerto privado de las Vegas. Estaba cerca del aeropuerto principal, pero nunca había estado allí en realidad. —¿Qué estamos haciendo? —le pregunté a James. Él no levantó la mirada. —Tú dijiste que podía hacer cualquier cosa contigo lo que quisiera. Lo hago. Le di una mirada exasperada que él no vio. —No traje nada. Ni siquiera empaqué una maleta. Y es tarde. —Me he encargado de eso. —Será de mañana en el momento que lleguemos a algún lugar. No puedo usar esta ropa en ningún lugar a menos que sea en un club nocturno. —Lo sé. Dije que me había encargado de eso. Nos habíamos detenido para entonces, y Clark abría la puerta escasos segundos después. James salió en un destello, sacándome tan pronto como llegué a su alcance. Agarró mi codo firmemente, guiándome hacia la pequeña terminal. —Deberíamos bruscamente.

poder

despegar

inmediatamente

—dijo

—¿Vas a decirme a dónde vamos a ir? —No, no a la playa. Eso te dirá mucho. Estuve a punto de reír. —¿Cuál es tu problema con las playas? Todo el mundo ama las playas —lo miré, sonriendo para mejorar su estado de ánimo. Su rostro se oscureció. —Estoy al tanto de eso —dijo él, con un tono mordaz. La playa era un tema fuera de los límites, lo noté. Guardé muy bien esa pequeña pieza de información.

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—Necesito un cambio de ropa —me quejé. —Estoy al tanto de eso —repitió él. —Eres la persona más malhumorada que he conocido —le dije, ahora con un tono oscuro. Él agarró mi mano, fuerte. —Me vuelves loco. Sí me dieras algunas pistas de lo que estás pensando o sintiendo, si tú incluso sientes algo por mí, pienso que podría manejar nuestra situación con un poco menos de volubilidad. Sus palabras me golpearon en silencio, y caminamos así a través del pequeño aeropuerto. Mientras nos movíamos, mi mente daba vueltas. ¿Él quería saber si yo sentía algo por él? Era una noción extraña para mí, una a la que no podía dar crédito. ¿Él estaba preocupado por conseguir que me importara? reflexioné. Descarté el pensamiento después de darle vueltas. Había tenido este tipo de interacción con hombres antes. Eso no era lo que a él le importaba. Era que me encontrara lo suficientemente distante lo que me hacía un reto. James nunca se sintió desafiado a ganar el cariño de muchas mujeres. Una noche con él, y lo más probable era que le profesaran su amor eterno. Porque, francamente, había demasiado para amar. Pero no iba a seguirle la corriente, no a costa del poco orgullo que pretendía mantener al final de nuestra aventura.

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9 Traducido por Sofí Fullbuster Corregido por Vanessa Farrow

Abordamos su jet en tiempo récord. Nunca había visto un jet privado antes, y el suyo era impresionante. Estudié el hermoso diseño interior, manteniendo mis rasgos impasibles mientras la asistente de vuelo nos recibía amablemente. Me dirigió directamente a un asiento, abrochando el cinturón sin ninguna palabra, su boca tensa. No habíamos hablado desde su extraña declaración, y no sabía qué decir. Se sentó junto a mí, en un asiento de cuero demasiado grande, abrochando su propio cinturón. Los asientos de primera clase me hacían parecer pequeña en comparación. —La decoración es bonita. Tus decoradores, como siempre, tienen un gusto exquisito —le dije. El interior del avión estaba pintado de un tenue color rojo con profundos dejes de café. Ni siquiera hubiera sabido que era un avión si sólo hubiese visto el interior. —Vaya, gracias. En su mayoría, lo decoré yo —me dijo, sonrojándose un poco. Me encontraba sorprendida. —Eso es… impresionante. Se encogió de hombros, luciendo incómodo. —Tengo hoteles. Siempre tuvo sentido para mí, que tuviera algo de conocimiento en todo esto; por lo que he hecho muchas de las decisiones sobre la decoración desde que era joven. No es necesario decir que escojo mis propias decoraciones en mis propiedades privadas. Me gustan las cosas de una forma en particular. Me sonrojé un poco con eso. Era un obsesivo, eso era lo que debería haber dicho. Extrañamente, ese pensamiento sólo me encendió. —¿Disfrutas el diseño de interiores? ¿O simplemente es algo necesario para ti? Lo consideró. —Lo disfruto. Si soy honesto, incluso me gusta comprar. ¿Ahora piensas peor de mí? Le di una pequeña y burlona sonrisa. —Difícilmente. Prefiero por mucho esas revelaciones a una sobre ser un exhibicionista. Había comenzado a sonreír, y sólo así su sonrisa murió. Permaneció en un taciturno silencio mientras el avión era preparado y despegábamos.

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—¿Crees que serás capaz de aceptar mi pasado? ¿O es demasiado sórdido para ti? —preguntó finalmente en voz baja. Su cabeza se encontraba inclinada hacia atrás mientras descansaba en su asiento. Parpadeé. —Supongo que, siempre y cuando esté realmente en tu pasado, podría lidiar con ello, si siempre eres honesto conmigo. Asintió, pareciendo aliviado, pero extrañamente triste. —Lo seré. Lo he sido. Me he salido de mi camino para decirte incluso las cosas que no quiero, porque me lo pediste. Sólo necesitas darme algo de tiempo para probártelo. Para ganar tu confianza. Pensé en ello mientras se callaba de nuevo. La azafata era atenta, preguntándonos si necesitábamos algo pocos segundos después de que alcanzamos los tres mil metros de altura. Era hermosa, me di cuenta. Su cabello era largo y oscuro, alcanzando su espalda baja y separado en el medio, sus rasgos deslumbrantes. Tenía una esbelta pero curvilínea figura. Su uniforme contenía una lisa y oscura falda con una a la medida, casi demasiado ajustada, camisa blanca metida en ella. Llevaba unos tacones rojos de cuatro centímetros de altura con los que trabajaba como una profesional. No podría haber caminado en esos zapatos para salvar mi vida. Recordé la oferta de James para contratarme como su azafata personal. ¿Así era como conseguido su trabajo? ¿Quería saberlo? Mi lado masoquista ciertamente quería. —¿Has dormido con Helene? —le pregunté a James, mi tono demasiado cerca del aburrimiento. Me estudió. Dudó, y tuve mi respuesta. Miré por la ventana. —Una vez, cuando la contraté —dijo lentamente—. Se ofreció bastante descaradamente, y acepté. No nos hemos tratado nada más que profesionalmente desde entonces. ¿Estás molesta? —¿Es sumisa? —pregunté. Lo escuché soltar la respiración en un suspiro de frustración. —Es como si estuvieras jugando conmigo, dando a entender que podrías estar celosa. ¿Debería contener la respiración? No, no lo es. No éramos compatibles de esa forma. Ni siquiera lo consideré. Como dije, fue hace años. Era más promiscuo en ese entonces. Era hermosa y estaba dispuesta, y eso era suficiente, en ese tiempo. Iug, iug, iug, era lo que pensaba. Auch, auch, auch, era lo que sentía. —Eso no parece demasiado profesional, acostarte con tus empleados de esa forma —dije rígidamente. Cubrió mi mano con la suya. —No lo era. Ya no hago ese tipo de cosas, desde incluso antes de conocerte.

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—¿Vamos a encontrarnos con mujeres con las que dormiste en cada lugar al que vayamos? —le pregunté. Apretó mi mano. —No en cada lugar, pero ocasionalmente, sí. Si te molesta demasiado, podría despedirla, o reasignarla. Odio hacerte sentir incómoda. Miré hacia donde la azafata trabajaba en su pequeña cocina. No había sido más que profesional y eficiente. —¿Ya no coquetea contigo? —pregunté. —No. Le dejé claro desde la primera vez que no volvería a pasar de nuevo. Lo tomó con gracia. Es una auténtica profesional. Pero voy a satisfacerte, como sea que quieras. Te quiero en mi vida, y voy a hacerte todas las concesiones que necesites para hacer que eso ocurra. ¿Necesitas que la despida? —Por supuesto que no —dije, sin mirarlo. Si estuviéramos teniendo sexo, nunca me habría permitido apartar la mirada de él de tal forma. Pero, por alguna razón, parecía estar dándome el control fuera de la habitación—. Parece que es buena en su trabajo. —Es bastante buena. Y siempre está disponible para volar. —¿A dónde me llevas? —le pregunté, cambiando de tema. Hablar sobre otra mujer me deprimía, por obvias razones. —Wyoming —respondió. Lo miré, parpadeando. —Es un vuelo bastante corto, pero hay una cama en la parte de atrás, por si quieres dormir un poco. También hay ropa y artículos de tocador para ti —siguió James. —¿Qué hay en Wyoming? —Tengo un rancho de caballos allí. Está muy aislado, y es muy silencioso. Creí que podría ser algo bueno para nosotros, estar por un día o dos. —¿No necesitas trabajar? —le pregunté. —Estoy preparando a un mánager de América del Norte para que se haga cargo de algunos de mis deberes. He manejado múltiples acciones en mis negocios por mucho tiempo; me di cuenta recientemente de ello. Tengo un hombre que creo que es competente, así que ciertamente debería ser capaz de manejar las cosas por unos pocos días. Necesito ser capaz de tener una vida fuera del trabajo. Por una vez, realmente quiero eso. Así que esta será una prueba para él. Cuando quiera tomarme unos días, o incluso unas semanas de descanso, quiero dejar las cosas en manos capaces. No había esperado que mi trivial pregunta obtuviera una respuesta tan profunda. Siempre me sorprendía, y a regañadientes, sentía algunas de mis paredes debilitarse.

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—Tengo que volver a trabajar el jueves por la noche —le dije. Me sonrió, su humor aclarándose. —Sí, lo sé. Me di cuenta de que estaba lo suficientemente cansada como para dormir con un repentino bostezo. James lo vio, dándome una caída mirada. —¿Estás lista para ir a la cama? —preguntó. —¿Estás cansado? —le pregunté, a punto de decirle que no tenía que ir conmigo si no lo estaba. Sus ojos me abrasaron. —Amor, he estado esperando por semanas para verte. Dormir es la última cosa en mi mente. —Mientras hablaba, desabrochaba mi cinturón, levantándome y dirigiéndome a la parte trasera del avión sin más preámbulos. Justo antes de que llegáramos a la puerta cerrada en la parte de atrás, soltó mi mano y alcanzó la banda de mi gargantilla, empujando un dedo en el interior. Ni siquiera me miró, pero sentí un cambio en él. Abrió la puerta, empujándome a una sorprendentemente amplia habitación. Me dirigió hacia la recámara, enseñándome dónde podía encontrar las cosas que necesitara. La mitad de la ropa en el armario era ropa de mujer. ¿Me atreveré a preguntar? —¿Me quedarán? —Espero que sí —respondió en tono glacial—. Envié a mi comprador a comprarlas para ti, y tenía todas tus medidas. El baño era pequeño, pero tenía los artículos esenciales que podría necesitar. Estaba desabotonando mi camisa, su pecho contra mi espalda, antes de que hubiésemos terminado nuestro pequeño tour. Tiró de mis brazos, desabrochando el broche del sujetador con un rápido movimiento. Tuvo mi falda desabrochada y cayendo en mis pies en un destello. Inesperadamente, mordió mi cuello y hombro, justo en el tendón, lo suficientemente duro como para hacerme gritar. Chupó en la herida que me había hecho, y gemí. —Déjate los zapatos. Acuéstate sobre tu espalda y abre tus piernas —ordenó. Obedecí. Sacó restricciones de abajo del colchón, abrochándolas a mis muñecas, y luego a mis tobillos. Sentí una sensual neblina rebasarme mientras lo miraba. Estaba fascinada mientras lo veía desnudarse. Se sacó la camisa con un rápido movimiento. Contuve la respiración mientras desabrochaba el botón y bajaba el cierre de sus pantalones, liberando su erección. Los empujó hacia el suelo, alejándose e inmediatamente subiéndose en la cama.

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Me estudió por largos minutos, sus hermosos ojos bebiéndome, como si tratara de memorizarme. —Te extrañé —dijo, su voz un duro susurro, y le creí. Gateó hacia los pies de la cama, escondiendo su rostro entre mis piernas antes de que viera su meta. Jadeé mientras me lamía con largos y perfectos golpes. Succionó mi clítoris y lloriqueé. Me tenía al borde del orgasmo en segundos, pero retrocedió repentinamente, comenzando a lamerme suavemente de nuevo. —James, por favor —le rogué. No obtuve respuesta, sólo una lenta lamida a lo largo de mi centro. —Señor Cavendish, por favor —traté de nuevo. Se movió por mi cuerpo, lamiendo y succionando mi estómago bajo. Se detuvo por interminables minutos en mis pechos, succionando duramente mis pezones por eternos minutos, amasándolos, hasta que me tuvo cerca del borde. Se detuvo allí también. Lloré. No dejó ninguna parte de mi expuesto cuerpo sin tocar, frotar, pellizcar, chupar o morder. Era la tortura más exquisita. Su gruesa excitación se arrastraba a lo largo de mi cuerpo mientras se movía, y tiré duro de mis restricciones, tratando de acercarme a esa parte de él. Empujé tan duro que mis manos y pies comenzaron a entumecerse, pero James no se rindió nunca. Traté de rogarle de nuevo. —Te lo ruego, Señor Cavendish. Ignoró las palabras, sin hablar nunca, sin amainarse. —¿Está castigándome, Señor Cavendish? —lloriqueé finalmente. —Por supuesto que lo estoy —murmuró contra mi piel, y había algo en su voz—. No puedo azotarte. Entonces esta es la alternativa. ¿O prefieres que te azote? —Sí —dije sin vacilación. No había ninguna comparación en mi mente. Una me liberaría, y la otra me hacía sentir desesperada y expuesta. Lágrimas descendieron por mis mejillas mientras inexorablemente trabajaba mi cuerpo—.¿Por qué? —pregunté sin respiración. Empujó dos dedos en mi interior repentinamente, y mi cuerpo se arqueó con un jadeo. Su propia respiración era rigurosa mientras hablaba, acariciándome resueltamente. —Sólo para mostrártelo. Me encontraba desesperado por ti. Por consolarte, por cuidarte. Diablos, sólo por mirarte. Pero te alejaste de mí completamente, hasta me sentía patéticamente agradecido de sólo escribirte un mensaje, e incluso eso

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ignoraste la mayoría de las veces. Así que al menos necesitaba darte una pequeña probada de lo que quería. —Movía sus dedos a lo largo de esa perfecta área mientras hablaba. Estaba tensándome debido a mi inminente orgasmo cuando sacó sus dedos. Grité de frustración. Me besó. Era un beso violento, y me probé a mí misma en su boca. Saqueó mi boca mientras se posicionaba sobre mí. Comencé a gimotear ruidosamente mientras sentía su polla justo en mi entrada. Se burló, frotando círculos allí. Traté de empujarlo en mi interior, pero sólo servía para estrangular mis tobillos en el proceso. —Siento si hice eso —le dije finalmente—. Me asustaste. La forma en la que me hiciste sentir me asustó, así que huí. Se empujó en mi interior mientras hablaba. Grité. Él gimió. Se apoyó sobre sus codos, empujándose furiosamente, pero sosteniendo mi mirada con la suya. Tiró de la cinta de diamantes en mi collar mientras se insertaba a sí mismo en mi interior, y sentí el tirón allí, la conexión que lo simbolizaba. —Nada en mi vida se ha sentido alguna vez más perfecto que el estar dentro de ti —jadeó, acunando mi rostro, su severo ritmo sin apaciguarse—. Vente, amor —ordenó. Lo hice. —James —lloré, y miré sus ojos mientras su propia liberación lo alcanzaba. La forma en la que me miró luego me hizo querer llorar con anhelo. Si fuera lo suficientemente estúpida como para creer en esa mirada, estaría perdida para siempre.

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10 Traducido por Julieyrr Corregido por Juli

Estaba a punto de dormirme cuando él desabrochó mis restricciones. Escuché primero un sonido de dolor escapar de su garganta, y luego una serie dura de maldiciones. Me llevó lo suficientemente fuera de sueño para abrir los ojos. Estaba estudiando las marcas que las cuerdas dejaron en mi piel. Ni siquiera podía sentir las marcas que al parecer le molestaban, así que sólo cerré los ojos y quedé inconsciente. Deslizaba unas bragas por mis piernas cuando me desperté. Él ya estaba vestido con una fresca camiseta blanca y pantalones vaqueros. Me sentí sorprendentemente bien cuando me senté. Había una camiseta, pantalones vaqueros y un sostén para mí sobre la cama. —Puedes escoger otra cosa si lo prefieres. Hay mucho para elegir en el armario —me dijo y salió de la habitación, cerrando la puerta con un fuerte chasquido detrás de sí. Entré en el pequeño cuarto de baño para cambiarme. Me refresqué a toda prisa poniéndome los pantalones vaqueros, encantada de encontrar que realmente se ajustaban. Eran del tamaño adecuado. Eran incluso bastante largos, lo que era raro. Eran marca Diesel, la cual yo nunca había usado, pero me convertí rápidamente en una fan. Eran de corte alto y abrazaban mi trasero a la perfección, con un poco de estiramiento del material. El lavado oscuro era halagador. Me quedé impresionada con el éxito de su vestidor al escoger los pantalones vaqueros para mí, una tarea que por lo general me provocaba ganas de rechinar los dientes en frustración. Me deslicé en la camiseta blanca. Era suave y delgada, con un pequeño bolsillo derecho sobre mi pecho izquierdo. Era mucho más apretada de algo que yo habría elegido, pero los mendigos no pueden ser selectores. Toqué el encantador collar en mi garganta, claramente visible con el escote de mi camiseta. Me di cuenta por primera vez que mis pendientes de anoche habían desaparecido. James debe habérmelos quitado y no tenía idea de donde estaban. Hice una nota para preguntarle al respecto. Vi que me había distribuido zapatillas de correr azul marino en la puerta. Mientras me las ponía, me di cuenta de que se veían extrañamente familiares. Seguía mirándolas cuando la puerta se abrió y un par de ellas iguales apareció a la vista.

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—¿Tenemos zapatillas a juego? —le pregunté, y no pude contener una sonrisa. Me atrajo hacia él, frotando mi espalda y luego mi culo. — Nuestros zapatos, camisas y pantalones vaqueros eran jodidamente parecidos. Me reí. —¿Es esto un tipo de fetiche? ¿Te gustan las cosas a juego? Alisó mi cabello hacia atrás, inclinando mi cara mientras comenzaba a trenzarlo. —No fue deliberado, exactamente. Sólo vi que tenías cosas parecidas a las mías e inconscientemente las elegí. A mí me gusta, sin embargo. Nadie podría dudar de que estemos juntos cuando nos vestimos así. —Terminó de trenzar mi cabello, usando un lazo de pelo de su muñeca para sostenerla. Tocó mi collar de metal grueso, sus ojos suaves. Me sorprendió sacando una pequeña caja de su bolsillo. Parecía una pequeña caja de anillo. Contuve mi aliento, mi mente corriendo con un poco de pánico sobre lo que podía contener. Me sentí casi aliviada cuando reveló los largos aretes de gema de corte cuadrado de color azul claro. Eran hermosos e inesperados y me sorprendió lo suficiente como para dejar que me los pusiera sin protestar. Estúpidamente, tuve un momento horrible en el que pensé que podría estar tratando de darme un anillo de algún otro tipo. Me sentí aliviada, pero desconcertada de que era algo completamente distinto. —Es demasiado, James. No es necesario que me colmes de regalos. No es lo mío. Tocó mi oreja ligeramente. —No, no es lo tuyo. Es lo mío, así que sígueme la corriente. Y coinciden con tus ojos. Sabía que lo harían. —¿Qué pasó con los otros? ¿Los que llevaba anoche? Espero no haberlos perdido. Me sonrió. —No los perdiste. Los guardé. ¿Cuándo aprenderás que soy un hombre que piensa en todo? Suspiré con la descripción de sí mismo, extrañamente resentida a la idoneidad de esta. Me besó en la frente, agarrando mi mano y llevándome por el avión. Helene asintió mientras nos íbamos, diciendo en voz alta un cortés buenos días. Asentí en respuesta, incómoda, pero civil. Salimos a un paisaje de colinas verdes, en torno a una pequeña pista de aterrizaje que dudaba que nadie pudiera llamar aeropuerto. Era un instantáneo cambio agradable de Las Vegas. —Qué bonito —dije, mientras me llevaba a una elegante franja de autos deportivos convertibles. Dos SUVs negros se encontraban

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estacionados en la parte de atrás y vi a Clark ponerse al volante de uno de ellos. Los asientos de cuero del convertible eran de un azul brillante que contrastaba con el color bronce del auto. El emblema era una corona y no tenía ni idea de qué marca era, pero no sabía nada sobre autos así que no me sorprendía. Era un hecho que la marca estaba fuera de mi alcance. Abrió la puerta del pasajero para mí, introduciéndome, e incluso abrochó el cinturón de seguridad. Le di una mirada irónica mientras lo hacía. —Nunca dejaría pasar la oportunidad de restringirte —dijo en voz baja mientras pasaba la mano por la correa. Se metió en el asiento del conductor, metiendo la mano en la guantera y sacando dos pares de gafas de sol. Tomé mi par, dándole las gracias. —Pensaste en todo —le dije, reafirmando sus palabras de hace unos minutos. Su mano derecha, que había estado agarrando mi rodilla, fue a mi muñeca. Las marcas allí eran duras y rojas, la piel en carne viva por lugares. —No todo, al parecer. Esto ha ido demasiado lejos. —Puso en marcha el SUV. El auto de Clark iba delante de nosotros, y el otro detrás. Clark corría por delante a toda prisa. Tenía que estar acelerando mientras conducía casi fuera de nuestra vista en la carretera de dos carriles. Vi las hermosas colinas pasar mientras James manejaba el auto deportivo, como hacía con todas las cosas, con una habilidad consumada. Las colinas se convirtieron rápidamente en colinas cubiertas de pinos y mesetas. Era un bonito y agradable paseo. Incluso el clima era perfecto. Nos habíamos transportado desde el desierto a un paraíso verde. James mantuvo su mano en mi muslo, frotando y apretando mientras conducía, sólo levantándola para cambiar cuando fuera necesario. Me moví un poco en mi asiento, ya un poco adolorida de nuestras actividades de anoche. James se dio cuenta de inmediato. —¿Estás adolorida? —me preguntó. Tuvo que levantar un poco la voz para hacerse oír por encima del ruido de los autos y el viento. Me encogí un poco de hombros. —Nada que importe —le respondí—. Ciertamente nada que me haga no querer hacerlo de nuevo. —¿Qué tal una media docena de veces? —me preguntó, con una cálida sonrisa, sus ojos ocultos detrás de las gafas oscuras.

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No podía dejar de responder con mi propia sonrisa suave. Menos de veinticuatro horas con él y ya me había envuelto alrededor de su dedo meñique de nuevo. Era difícil permanecer lejos de él, incluso mientras conducía. Una consola bastante molesta nos separaba. Deslicé mi mano por su cintura, apretando mi mano sobre el bulto en sus pantalones vaqueros. Cubrió mi mano con la suya y me dirigió una mirada bastante sorprendido. Revisé los SUV que nos escoltaban. Ambos parecían a salvo fuera de la vista por el momento. Jugueteé con el botón de sus pantalones vaqueros, finalmente desabrochándolo usando ambas manos. Descubrí su erección creciente y contuvo el aliento cuando el aire lo golpeó. Me dispuse sobre la consola, tomándolo en la boca antes de que pudiera protestar. La consola se clavaba en mis costillas con un poco de dolor, pero no fue suficiente dolor como para detenerme. Su mano agarró mi cabello fuertemente. —Mierda. —Su maldición fue baja y ronca—. Esto no es seguro, Bianca —dijo, pero no me detuve. Levanté la cabeza brevemente para decir—: Pues vente rápido y estaremos fuera de peligro rápidamente. —Lo llevé a mi boca acariciando su base dura con mis dos manos. Su control sobre mi cabello aumentó dolorosamente mientras balanceaba mi boca arriba y debajo de su polla sin descanso. Se vino en mi boca en menos de dos minutos. Ni siquiera sabía que fuera capaz de venirse tan rápido. Maldijo y gimió cuando me tragué su semen caliente. —Mierda, mierda, mierda. Bianca, eres demasiado. Casi me salí de la carretera. Mi visión era demasiado difusa allí. Me senté, balanceándome. Le sonreí, una sonrisa maliciosa, mis parpados pesados pero ocultos. Me miraba fijamente, hipnotizado. —Vas a ser la muerte para mí, ¿no esa sí? Estuvimos en la carretera durante un poco más de una hora antes de que James comenzara a disminuir, al parecer en medio de la nada. Vi que Clark había se había desviado de la carretera, en frente de nosotros. James lo siguió, girando en una carretera bien pavimentada, pero pequeña. Pasamos por pesadas puertas casi inmediatamente después de desviarnos de la carretera principal. Fue creado para que ni siquiera puedas utilizar el camino de vuelta a tu auto por fuera sin la puerta abierta.

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Estuvimos en la estrecha carretera unos buenos veinte minutos, pasando por colinas, un bosque de robles y luego entre mesetas gemelas. Las colinas verdes estaban salpicadas de pinos. Era un paisaje mercurial y cambiante. El terreno era justo como si el hombre fuera dueño de todo. —Ya casi llegamos —dijo James, su mano en mi rodilla. Vi la extensión de construcciones minutos antes de llegar al rancho. Parecía casi irreal, este compuesto aislado en medio de la nada. James se fue directamente hasta el edificio principal. Todos los edificios emparejados, construidos en una elegante madera de color marrón oscuro en un estilo de cabaña moderna, con grandes ventanas reflectantes. Parecía una ultra moderna cabaña en el bosque. Se mezclaba lo moderno con lo natural, tomando elementos de la zona y la adición de un toque elegante. Parecía ser la marca de diseño Cavendish. —Es hermoso —le dije. Él sonrió, complacido. —Los establos se encuentran en la parte trasera, pero primero deja que te enseñe la casa. —Podía verlo desde la carretera. ¿Qué son todos los demás edificios? La casa parece muy grande sólo por sí misma. —Para el personal —dijo, mientras me llevaba dentro. Me mostró la casa habitación por habitación. Era hermosa, por supuesto. —Tú decoraste esto —dije. No tenía que preguntar. Empezaba a reconocer su toque personal. Las plantas modernas y las paredes se mezclaban con mesas rústicas y muebles que tenían un auténtico sentimiento de Wyoming, simplemente tenían su sello por todas partes. Asintió, conduciéndome a través de la puerta de entrada y a través de una sala de estar gigantesca. Me mostró todas las habitaciones de la planta principal, señalando los detalles del diseño. —¿Qué? ¿Sin ornamentos? —le pregunté, mientras me llevaba alrededor. Me dio una mirada burlona. Me di cuenta de que necesitaba una siesta mientras me guiaba por las escaleras. Traté de ahogar un bostezo. Volvió la vista hacia mí. —Hora de la siesta —me dijo. Me limité a asentir aunque no había sido una pregunta. —Vamos a terminar el recorrido más adelante —dijo. Me llevó a lo que obviamente era el dormitorio principal y a un armario ridículamente enorme. La mitad de lo que poseía era, obviamente, ropa para mujer. Le lancé una mirada.

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—¿De quién es esa ropa? —le pregunté. Había estado yendo por un tono casual, pero salió rígido. Me dio una mirada de censura. —Tuya. Te dije que mi comprador llenó un armario para ti. Puedes añadir lo que quieras, pero pensé que sería conveniente por el momento tener por lo menos tus elementos esenciales, así no tienes que empacar cada vez que queramos ir a una de mis casas. —Dijiste que habías hecho eso en Nueva York. Y no me imaginaba que sería algo como esto. Es demasiado, James. —No es nada —dijo secamente, sacando un camisón pequeño y transparente de una percha y empujándola hacia mí—. Ponte esto y ve a la cama —ordenó y empezó a desnudarse. —¿Siempre haces esto? En cuanto a este armario, se podría pensar que estás viviendo con una mujer. ¿Es este tu usual… arreglo? —¡Por supuesto que no! Nunca he vivido con una mujer, ni siquiera lo consideré. Serás la primera cuando te hable de ello —me dijo, quitándose la camisa—. Será una transición fácil una vez que te convenza —continuó suavemente—, ya que todas mis propiedades han sido abastecidas con tus cosas. Como ya he dicho, puedes añadir lo que quieras. Y si hay algún cambio de decoración que te gustaría hacer, no dudes en hacerlo. Sé que puedo ser controlador y posesivo con mis cosas, pero quiero que sientas que lo mío es tuyo. Me quedé inmóvil en el acto de desabrocharme los pantalones. Las cosas que dijo y en ese tono desapasionado, no se computarizaban en mi cabeza. —No puedes estar hablando en serio —le dije en voz baja. —¿Sobre qué? —Vivir conmigo. —Veo por la mirada en tu cara que no estás satisfecha con la idea, pero soy un hombre muy decidido. Comienza a acostumbrarte a la idea. Volví a desvestirme, rechazando la idea. Tal vez trataba de decir cosas escandalosas sólo para hacerme hablar de las cosas que no quería. No lo sabía. Pero, en lugar de sentirme enjaulada o atrapada por el acuerdo que él propuso, sentí… nada. La negación era mi reacción y le di la bienvenida. —Estás loco —le dije suavemente, mientras me ponía la pequeña ropa que me había entregado. Me metí en las sábanas de lujo de otra de sus camas ridículamente enormes. Lo sentí acercarse a mí, de pie sobre la cama. —Bueno, supongo que esa no es la peor reacción que podía haber conseguido. Tenía miedo de que salieras corriendo de la casa, así que esto es realmente positivo en comparación con eso —me dijo, con la voz todavía tan desapasionada.

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Le había oído usar ese tono antes en el teléfono. Me di cuenta de que era el que utilizaba para las transacciones comerciales. Lo escuché ir al cuarto de baño, sin cerrar la puerta. La lluvia comenzó a correr. Quedé dormida antes de que se uniera a mí en la cama.

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11 Traducido por Val_17 Corregido por Elle

James era un peso caliente envolviéndome desde atrás cuando desperté. El reloj sobre la mesita de noche marcaba las 13:30 p.m., dormí al menos cuatro horas, y necesitaba desesperadamente una ducha. Me deslicé por debajo de su pesado brazo, entrando en el cuarto de baño. Cerré la puerta detrás de mí tan silenciosamente como pude. El hombre parecía conseguir tan poco sueño. Me sentiría mal si lo despertara, cuando parecía estar durmiendo tan profundamente. Estaba enjuagando el acondicionador de mi pelo cuando él presionó su cuerpo desnudo contra mi espalda. Jadeé. —Buenos días —murmuró, alcanzándome para echarse un poco de jabón en la mano. Su excitación ya estaba dura y presionada contra mi parte trasera. Frotó el jabón sobre mí con una mano, amasando mis pechos. Ya estaba limpia, pero no protesté. ¿Quién lo haría? Él se estaba lavando a sí mismo con su otra mano, y lo sentí cuando alcanzó su propia excitación, acariciando la longitud, una y otra vez. Metió la mano entre mis piernas mientras hacía eso, sus dedos expertos prestando atención a cada pliegue. —Pon tus manos contra la pared —carraspeó en mi oído después de habernos molestado por varios minutos. Puse mis manos planas contra la pared, y él me agarró las caderas toscamente. Enterró su cara en mi cuello mientras se conducía en mí. Fue una entrada suave, pero martilleó en mí, una y otra vez, sin contenerse. Cada golpe empujó en ese lugar perfecto, y arqueé la espalda, sollozando. Una mano sostenía mis caderas ancladas mientras que la otra se deslizaba hasta un pecho mojado, agarrándolo bruscamente. Pellizcó el pezón, retorciéndolo lo suficientemente duro para hacerme gritar. Me mordió el cuello en el mismo momento. Me corrí al instante, sollozando su nombre entrecortadamente. El nombre de James nunca había tenido tantas sílabas. —Jodidamente perfecto —gruñó en mi oído—. Dime que eres mía. Te necesito, Bianca. Necesito que sepas que me perteneces. —Sí —jadeé, acercándome inexorablemente hacia otro poderoso clímax. —Dilo —espetó.

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—Soy tuya, James. Te pertenezco. —Ahora vente —ordenó, derramándose en mí con un grito áspero. El grito lo hizo, y estaba perdida de nuevo en las olas de placer. Me lavó de nuevo, inclinando mi cuerpo casi inerte contra sí mismo. —Nadie más puede hacer esto por ti, Bianca. Ni siquiera lo pienses. Fuiste hecha para mí. —Me secó y casi me llevó a la cama, recostándome—. Traeré tu ropa. Quiero vestirte. No regresó por varios minutos, y cuando lo hizo la visión de él me hizo apoyarme sobre los codos para estudiarlo más detenidamente. Estaba usando pantalones tostados de montar que abrazaban su piel, con una cubierta de color marrón oscuro que llegaba a sus rodillas. Vestía una delgada camisa blanca y brillante con cuello en V. El atuendo abrazaba casi todos los músculos de su cuerpo, sin dejar nada a la imaginación. Estaba absoluta y deliciosamente sexy. Mi mandíbula cayó. Él sonrió, y fue perverso. Puso un montón de ropa abultada en la cama junto a mí, y comenzó el interminable proceso de prepararme para montar. Vistió mi mitad inferior primero, deslizándome en mis pequeñas bragas, acariciando cada parte de mi cuerpo por la que pasó. Tuvo que pasar los tostados pantalones de montar por mis piernas más lentamente, eran tan apretados. —¿Son demasiado pequeños? —le pregunté. —No. Esto es lo que se supone que deben hacer, hasta que se acostumbren. Se adaptan como un guante bastante pronto. —Los trabajó hasta la cintura mientras hablaba. Me besó el vientre, corriendo suavemente los dedos sobre los moretones, y desapareciendo a lo largo de mi torso. Lo hacía tan a menudo, que se convertía en una especie de ritual. Deslizó gruesos y suaves calcetines negros sobre mis pies, besándome los arcos. Luego, me puso rígidas botas marrón oscuro hasta los tobillos que coincidían con todo. —Estas tomarán un tiempo para que se adapten también. El cuero ha sido suavizado, por lo que no debería ser muy difícil —explicó. Puso unas cubiertas de cuero marrón oscuro próximas a mis piernas. Nombró toda la ropa mientras me vestía. Las cubiertas se enganchaban justo bajo mis talones, sujetando las piernas con un pesado velcro. Se ajustó perfectamente al tamaño de mis largas y delgadas pantorrillas. —Traje algunas cubiertas completas también, pero este es el mejor equipo para aprender. Luego se trasladó a mi mitad superior, consiguiendo que cupiera en un ajustado sujetador deportivo sin hacer que me sentara. Subió la cremallera en la parte delantera, y chupó cada pecho completamente antes de cerrarlo hasta el final con una expresión de pesar. Solo entonces fue que me sentó, deslizando una apretada camiseta blanca

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con cuello en V sobre mi cabeza, tirando de cada uno de mis brazos gentilmente. Me reí hacia él. —Coincidimos de nuevo, raro. Me sonrió de vuelta. —Me parece que me gusta eso. No puedo decir que esta será la última vez, tampoco. —Me puso de pie, enderezándome la camiseta mientras lo hacía. —Te das cuenta de que puedo vestirme sola, ¿verdad? Él solo sonrió, satisfecho. —Si no te importa mi excentricidad, prefiero hacer esto. Me encogí de hombros ligeramente. Nadie me había cuidado así antes, y me encontré inesperadamente disfrutando de la experiencia. — Me hace sentir especial. Me parece que me encanta. Me parece que me encanta todo lo que me haces. Ahuecó mi cara entre sus manos, sus ojos ferozmente amorosos. Tuve que obligarme a encontrar esa ardiente mirada. —Tú eres especial. Eres la persona más especial en el mundo para mí. No he sabido cómo hacer que veas y sientas eso. Me quedé sin palabras. No dejaba de decir las cosas que más me desarmaban, cosas que nunca me había preparado para escuchar. Me gruñó el estómago fuertemente, interrumpiendo el momento demasiado intenso. Besó mi frente, tomando mi mano. —Vamos a alimentarte, pobrecita. He sido negligente. Me guió rápidamente a la cocina, donde una atractiva mujer de pelo negro estaba ocupada preparando una comida que olía divino. Ella le sonrió a James pero a mí me saludó más fríamente, permaneciendo totalmente profesional. —He preparado a fuego lento pollo con frijoles y chili, Señor. También podría preparar emparedados, o cualquier otra cosa que prefiera para el almuerzo. —Tomaremos los emparedados y verduras frescas de la huerta. Vamos a comer en el comedor formal para el almuerzo, y ten el chili para la cena, Sara —dijo sin preguntarme, conduciéndome al intimidante comedor. —¿Por qué no utilizar el comedor más pequeño para los dos? —le pregunté. —Esta habitación es más privada hombros.

—dijo encogiéndose de

Me atrajo a su regazo por un largo beso. Fue un beso dulce y afectuoso, pero me dejó caliente de todos modos. Sentí sus manos en mi pelo, y fue un momento embriagador antes de darme cuenta de que él estaba trenzándolo. Me aparté de mala gana. Mudó su boca a mi cuello, trenzando al mismo tiempo. Apenas había terminado la tarea antes de que estuviera extendiendo bloqueador

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solar en mis brazos, manteniéndome en su regazo todo el tiempo. Ni siquiera había visto la pequeña botella sobre la mesa, había tenido mi atención tan completamente pegada a él. Me puso en mi propia silla solo cuando Sara estaba trayendo una gran bandeja a la habitación. Sostuvo varios emparedados de pavo sobre bollos de trigo oscuro, con algún tipo de queso blanco que no podría haber nombrado, y cargado con vegetales. Era delicioso, el sabor de las verduras frescas de la huerta. Cada emparedado estaba untado con un hummus picante. Ella llevó un largo plato de verduras frescas y crudas también, con una porción de hummus para sumergir. Comí con ganas. Había pasado demasiado tiempo entre comidas. —Voy a perder algo de peso pasando el rato contigo. Trato de comer sano normalmente, pero como es lógico, llevas lo de una alimentación saludable al siguiente nivel. Ni siquiera sabes el significado de la expresión “a medias”. Me dio su mirada de censura. —No necesitas perder peso. Me encogí de hombros ligeramente y volví a comer. Fácil para el Señor Sin el Cuerpo Gordo decirlo, pensé. James terminó de comer antes que yo. —¿Te importa si hago algunas llamadas? —preguntó cortésmente. Sacudí la cabeza indicando que no me importaba, sabiendo que faltaba a una gran cantidad de trabajo solo para estar allí. Terminé de comer, y esperé tal vez unos cinco minutos mientras hacía una llamada tras otra, trabajando en su computadora portátil mientras lo hacía. —¿Te importa si voy a mirar los caballos mientras trabajas? Él asintió, agitándome hacia fuera distraídamente. —Tómate tu tiempo —le dije mientras me iba. Tenía una idea general de dónde estaban los establos, así que me dirigí hacia allí. Casi me perdí tratando de salir de la casa palacio, pero finalmente encontré una puerta que conducía fuera de la habitación adyacente a la cocina. Caminé en círculos solo para llegar hasta allí. Era más fácil tomar una ruta directa al establo después de que me fuera, ya que los edificios que albergan los caballos eran tan grandes que posiblemente no podría perderlos de vista. Entré en la gran apertura con los puestos sombreados, buscando en cada uno de ellos. Muchos de estaban vacíos. Me detuve en el primero que no lo estaba. Tenía a una hermosa yegua castaña que vino cuando chasquee la lengua suavemente. Me dejó acariciarla, husmeando por bocadillos. No había pensado en traer alguno, no habría sabido dónde estaban. —Ella te amará si le das una manzana —una voz profunda y desconocida se arrastró detrás de mí, con un detectable indicio de un extraño acento. Pensé que podría ser francés, pero no estaba segura.

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Me giré, un poco sorprendida, aunque no debería haberlo estado. Por supuesto que habría gente en los establos. La vista que me saludó, sin embargo, era sorprendente. El hombre era alto y sonriente, con el pelo negro afeitado cerca al cráneo. Era devastadoramente guapo, con una dominante pero atractiva nariz y ojos sonrientes. Su fuerte mandíbula tenía una atractiva sombra de las cinco en punto. Supuse que estaba en la treintena. Llevaba un atuendo similar al mío, y la ajustada ropa mostraba sus fuertes músculos para mi distracción. Incluso sus dientes en su sonrisa eran encantadores. Miré sus ojos marrón claro, sonriendo cortésmente. Me sorprendió su tamaño. Mi respiración se detuvo cuando vi la fusta de montar en su mano. Era para los caballos, por supuesto, pero él parecía un hombre que podía dominar a una mujer, y mi sexualidad recién despertada hizo que mi mente derivara a las cosas que podría hacerle a una mujer con esa fusta. Él alzó una mano para que la estrechara, acercándose a mí para acariciar al caballo sobre el cuello mientras lo hacía. Le estreché la mano y él agarró la mía con firmeza, persistente. Me aparté rápidamente. —Esta chica es Nanny. Es un buen caballo. —Fue a una bolsa cerca de la puerta de su puesto, sacando una manzana y entregándomela—. Si estás buscando un caballo que te adorará, no busques más que a Nanny. Es tan dócil como viene. Sin embargo, no te ves como una mujer que aprecie lo dócil. Soy Pete, por cierto. Entreno caballos para el Señor Cavendish. De hecho, hago casi cualquier cosa relacionada con caballos para el jefe. Le sonreí mientras trataba de alimentar a Nanny con la manzana. Me aparté con un sorprendido ladrido cuando ella trató de tomar la manzana de mi mano con los dedos y todo. Pete se rió, poniéndose detrás de mí. —Así no, machérie. —Colocó mi mano alrededor de la manzana por lo que mis dedos no sobresalían como blancos tentadores—. Nunca des a un caballo tu dedo, o, efectivamente lo tomará. Sostuvo la manzana conmigo, y esta vez ella la tomó sin tocarme con sus dientes. Me moví a toda prisa lejos de Pete después de que Nanny tuvo la manzana. —Soy Bianca —le dije, extrañamente sin aliento. Me guiñó un ojo. —Sé quién eres. La dama del jefe. Ven conmigo. Tengo un algo especial para ti. —Se dio la vuelta y se alejó, sólo esperando que lo siguiera.

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Él sabe que estoy con James, así que debería ser seguro. ¿Debería? Me pregunté. Dudé, luego lo seguí.

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12 Traducido por katyandrea Corregido por Elle

Me llevó a un corral grande que estaba abierto, y contenía un precioso caballo claro que capturó mi atención inmediatamente. —Es lo que llamamos un palomino, basados en su color; el cuerpo marrón con el pelo blanco. Es un palomino pura sangre, lo cual es raro. Su nombre es Princesa, y el jefe quiere que usted aprenda a montar en ella. No tiene malos hábitos, por lo que no le mostrará ninguno. Pero es realmente peculiar, por lo que podría ser complicado. Seguí mirando a la hermosa criatura. Ya estaba ensillada y sacudiendo la cabeza sin cesar. Me di cuenta con aire ausente, donde habían estado todos los caballos. Estaban retozando y comiendo en un gran pastizal justo detrás de corral de Princesa. —¿Quiere subir a ella, ver cómo se siente? —preguntó Pete, sonriéndome. Tenía los codos apoyado en el poste alto del corral—. El Señor Cavendish dijo que usted tenía algunas lesiones, por lo que sólo se puede trabajar en montar por hoy. Usted marca el ritmo. Iremos embargo tan rápido como quiera. —¿Vas a enseñarme a montar? —le pregunté, sorprendida. Curiosamente había asumido que James me enseñaría. Esto tenía más sentido, supuse. Se encogió de hombros, sonriendo. —¿Quién más? Yo entreno a los caballos, ¿por qué no a las personas que los montan? —Bueno, sí, me gustaría montarla. Es exquisita. Sonrió maliciosamente. Me hizo querer temblar, pero no con disgusto. —Al igual que su jinete —dijo, su tono lleno de pecado—. Puedo ver por qué el jefe quería verle en ella. Vamos, machère, vamos a montar. Me sonrojé por su terminología, pero lo seguí hacia el palomino. Primero le acaricié la nariz y me olió, volteando su hermoso cabello blanco. —Parece que hasta ahora le gustas —señaló Pete. Ella tenía unos hermosos ojos color ámbar—. Ven aquí, machère—dijo Pete, de pie al lado del caballo.

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Me acerqué a él, pero no demasiado cerca. Me chasqueó la lengua. —No voy a morder. Ven aquí. Te ayudaré a montar en su espalda. Di un paso más cerca, hasta que me sentí como si estuviera demasiado cerca. Él me tomo por los hombros, su tacto suave pero dominante. Aspiré una bocanada de aire. Me agarró las caderas y me levantó de repente.—El pie izquierdo en el estribo, justo sobre el caballo —dijo, sin que le faltara el aliento por el impresionante levantamiento. Hice lo que me dijo, y Princesa se movió nerviosamente cuando me senté en la silla. —Ahora, la forma de sentarte es la parte más importante. Si tienes eso controlado correctamente, todo lo demás funcionará bien. Realmente te ves natural en ese caballo, Bianca. —Mientras hablaba, me apretó el muslo, empujándolo firmemente contra el caballo. Su agarre se movió hacia abajo hasta mi pie, empujándolo hacia adentro ligeramente, y mi talón hacia abajo—. Talones abajo, dedos de los pies dentro. Y recuerda agarrarte muy, muy fuerte con los muslos. Ella tiene una boca sensible, lo cual es bueno. A eso me refería cuando dije que no tiene malos hábitos. Pero significa que tendrás que ser realmente suave con las riendas. Realmente suave. La mayor parte de su control lo obtendrás a partir del movimiento de las piernas. Seguí sus instrucciones con cuidado, teniendo en cuenta todas las partes de mi cuerpo, porque no lo quería echar a perder. —Bueno —dijo con aprobación—. Tus piernas lucen increíbles. El Señor Cavendish dijo que no habías montado antes, por lo que se te debe dar natural el verte tan bien, tan rápido. No lastima el que tengas unas piernas asesinas. —Me sonrió apreciativamente en su último comentario y me sonrojé involuntariamente. El hombre me ponía nerviosa por alguna extraña razón. Se trasladó hacia mi otro lado, haciendo un sonido complacido en el fondo de su garganta. El sonido me hizo sonrojar con mayor intensidad. —Mírate —murmuró—. Ni siquiera tuve que tocar esta pierna, tú la colocaste a la perfección.—Sacó el látigo que había metido en su capa, y lo rozó suavemente a lo largo de mi espalda. Mis ojos volaron a los suyos con sorpresa, intentando leer sus intenciones—. Arquea la espalda, machère —instruyó. Accedí automáticamente, el movimiento me asentó más firmemente en la silla—. Perfecto. Tu pose se ve muy bien —dijo, sin quitar el látigo de mi espalda—. ¿Crees que te sientas bien para caminar con ella un poco? Yo asentí cuando percibí un movimiento por el rabillo del ojo. Miré hacia arriba para ver a James dando zancadas hacia nosotros fuera del establo, luciendo extremadamente lívido. Pete se fijó en él al mismo tiempo que yo. Miró a su jefe inquisitivamente.

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James no dijo nada hasta que estuvo intimidante cerca del otro hombre. James era tal vez unos centímetros más alto que Pete, pero hizo que esos centímetros trabajaran en su beneficio, mirando hacia el otro hombre. —Dame esa fusta, Pete —dijo James, con los dientes apretados. Pete obedeció, mirándolo sorprendido—. Yo entrenaré a Bianca. Y ni se te ocurra ponerle otro dedo encima. O cualquier otra cosa, para el caso. ¿Entiendes? —preguntó James, su voz llena de rabia. Apretó las manos, una alrededor de la fusta. Pete asintió, su boca se curvo hacia abajo con el ceño fruncido. —Déjanos, Pete —ordenó James fríamente. Pete nos dejó al instante, sin decir una palabra, aunque adoptó un ritmo pausado. James volvió sus ojos lívidos hacia mí. Me miró furioso, pero allí también vi daño. Yo no lo entendía, y no lo entendía a él. Me agarró el muslo con la mano libre, con la cabeza caída hacia adelante de repente, y puso su mejilla en mi muslo, poniendo su mano en el cuello de mi caballo. Le pase la mano por el pelo, y se estremeció bajo mi tacto. Debería estar enojada con él, pensé, por avergonzarme, por avergonzar a su entrenador, pero no lo estaba. Casi parecía herido por el intercambio. Pero mientras no lo entendía, no era inmune a su dolor. —No puedo soportar ver eso —me dijo finalmente, su voz áspera y cruda—. Cuando veo a otro hombre tocándote, quiero matarlo. ¿Por qué le dejas que te toque, Bianca? ¿Lo quieres? Le acaricié el pelo. —Pensé que suponía que iba a enseñarme a montar. Exageraste, James. Sólo me estaba mostrando cómo sentarme. —Vi tu cara. Estabas reaccionando a él. No me mientas. Conozco esa mirada. Y te quería. Vi su cara, también. Me quedé helada. Yo había estado reaccionando a él, de alguna manera, aunque no había estado a punto de hacer algo al respecto. Había sido una simple reacción de una mujer conociendo a un hombre que, sintió, podría complacerla, un hombre que quería. Simplemente había sentido una atracción, cuando rara vez me atraían. Pero no era nada en comparación con mi reacción al mirar a James, con sólo pensar en él. Me lamí los labios. —Yo… no era nada. Me sorprendió por el látigo. Creo que sabes por qué. No podía creer que lo había utilizado de esa manera. —Él te estaba dominando, y tú te sometiste. Yo sé lo que vi. Yo seguía acariciando su cabello cuando él se quedó en silencio, buscando las palabras adecuadas. —Si eso era lo que estaba pasando, no fue intencional, y yo no lo entendí. Incluso si hubiera hecho algún movimiento hacia a mí, que no lo hizo, lo habría rechazado.

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Él negó con la cabeza antes de que terminara. —No es suficiente, Bianca. No es sólo sobre el sexo. Se trata de la propiedad. Quiero que me prometas que no vas a dejar que otro hombre te toque. Y si lo hacen, es necesario que te alejes de inmediato. Incluso si es sólo aquí. —Alzó la mano, tocándome el codo, con los ojos enojados y acusadores. Mis cejas se unieron en un ceño fruncido. —Stephan… —No estoy hablando de Stephan. Stephan es la excepción, por supuesto. Suspiré, con ganas de bajarme del caballo. —Estás pidiendo demasiado, James. Los asistentes de vuelo se abrazan cada vez que ven a los demás. Ya soy lo bastante extraña, sin tener que buscar cosas nuevas que me separen de los demás, y la mayoría de los hombres a los que toco son gay, ya lo sabes. —Está bien. No estoy hablando de ellos. Estoy hablando de que pienses en cómo reaccionaré con quien te toque, y reaccionar en consecuencia. Si crees que me molestaría, no lo hagas. ¿Qué tal? Lo miré fijamente. —¿Y qué hay de ti? ¿Qué reglas arbitrarias puedo llegar a imponerte? Se enderezó, alzando las manos en defensa. —Nómbralas. Estaré feliz de cumplir cualquier capricho que te haga feliz. —Está bien. Nadie puede tocarte, tampoco. —Esa es fácil. Hecho. —Cerró los ojos y apoyó la cabeza en mi pierna—. Verlo tocándote con ese látigo me puso loco. No puedo conseguir quitar esa imagen de mi cabeza. Quiero hacerlo pedazos. Bastardo pervertido. Casi me reí. James diciendo eso... pero no creía que señalarlo ayudaría. Le acaricié el pelo, tratando de consolarlo. Tenía el cabello suave y sedoso, y muy espeso, sobre todo para un color tan claro. Lo aparté de su dorada piel. Nos quedamos así durante varios minutos, ninguno de los dos dijo una palabra. Princesa se movió con impaciencia, pero seguía siendo cooperativa. James comenzó a acariciarle el cuello, haciendo ruidos suaves, sin quitar la mejilla de mi muslo. Finalmente se enderezó, ajustando mis manos sobre las riendas, a continuación, estudió mi “sentada” en la silla. Tocó el punto entre mis omóplatos con un dedo. — Los hombros hacia atrás —ordenó—. Perfecto —dijo cuando cumplí—. Maldita sea —dijo de pronto—. ¿Te subió a ella sin casco? —Levantó sus brazos hacia mí, casi como si me tratara de un niño. Me incliné hacia él, y me quitó del caballo como si fuera una muñeca de trapo. Se rió, bastardo volátil. —Vamos a tener que trabajar en tu desmontaje. Ven. Vamos a buscarte un casco.

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Encontramos varios en lo que él llamó un cuarto trastero. James se dirigió inmediatamente hacia uno negro colgado en la pared, colocándolo sobre mi cabeza.—¿Se siente bien? —Me preguntó. Asentí. Me llevó de vuelta donde Princesa, que trotaba en círculos por el corral. Le cloqueó y ella se acercó. Se quedó inmóvil cuando se detuvo a nuestro lado, como si esperara a que la montara. James miró a su alrededor, juntando las cejas. —¿Dónde está el bloque de montaje? —preguntó, mirándome. Me encogí de hombros, preguntándome por qué pensaba que debía saber—. ¿Dónde la montaste a ella? Hice una mueca al ver por dónde iba. —Justo aquí —le dije, resignándome a otro de sus arrebatos. Sus ojos se estrecharon. —¿Cómo? —Pete me levantó sobre su lomo. —Hijo de puta —dijo con los dientes apretados. Pero eso fue todo. Me levantó como lo hizo Pete, pero ya sabía qué hacer con las piernas en ese momento, por lo que no tenía que instruirme. Me adapté a mi asiento como me habían indicado: espalda arqueada, hombros hacia atrás, pies dentro, talones abajo, muslos tensados. Mantuve las riendas firmes, pero sin poner ninguna presión sobre la boca del caballo. —Hermosa pose. Es natural en ti. Aprenderás en poco tiempo. ¿Te sientes bien como para caminar con ella alrededor un poco? Asentí. —¿Quieres que te guíe, o quieres probar el control sobre ella? Vas a tener que ser muy ligera con sus riendas. Muévete en tu silla para mostrarle donde quieres que vaya. El trabajo es todo con las piernas con los verdaderamente buenos purasangre. Si llevas sus riendas demasiado apretadas es susceptible a ir al lado contrario, ¿entendido? La mención de la posición me intimidaba, pero asentí, dispuesta al menos a intentarlo. James desató la cuerda y retrocedió. Parecía un poco preocupado. No era tranquilizador. —Bien, ahora camina alrededor del corral con ella. Abraza los bordes. Lo hice, con miedo a tirar de las riendas incluso un poco, sentada e inclinada hacia adelante como yo quería que fuera mientras la sujetaba con mis muslos. Ella obedeció maravillosamente, su andar suave y rápido. No hubo ningún dolor en las costillas mientras se movía, su andar era tan suave. —Perfecto, amor. ¿Te molestan las lesiones? —En lo absoluto. Ella tiene un caminar tan suave.

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—Sí, es mi mejor yegua. Un verdadero premio. ¿Te sientes bien para intentar trotar? Asentí, queriendo avanzar más rápido —Camínala hacia mí. Lo hice, y ella obedeció perfectamente. James la acarició, y luego pasó la mano por mi pierna, sonriendo. —Vamos a comenzar con la montura. Aquí es donde te vas a levantar del caballo un instante, y luego sentarte al siguiente mientras ella trota. ¿Entiendes? Negué con la cabeza. No tenía ni idea. Me puso una mano en el trasero y la otra en la cadera. Empujó ligeramente, y me puse de pie en los estribos ante su toque. —Te mueves con sus movimientos, arriba y abajo, así. —Me empujó hacia abajo—. Es un poco como estar en arriba cuando tienes sexo —dijo con una sonrisa—. Sólo pretende que le estás haciendo el amor a la silla.

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13 Traducido por MelodyHamort Corregido por AlessaMasllentyle

Parpadeé hacia él, preguntándome si estaba siendo pervertido y divertido, o pervertido y serio. Sonrió con malicia. —Es cierto. No sabes sobre estar arriba. Voy a tener que dejar que me montes más tarde, entonces realmente te podré demostrar lo que estoy tratando de explicar. Mientras tanto, muévete hacia adelante en la silla, y mantén tus pies en los estribos, ¿de acuerdo? Asentí, obedeciendo cuidadosamente. Grité con sorpresa cuando saltó detrás de mí. Princesa se asustó un poco, dando varios pasos hacia atrás, pero él la calmó mientras le ordenaba en un tono tranquilizador. Se presionó detrás de mí, y sentí su obvia excitación. Le lancé una mirada arqueada sobre mi hombro. —¿Siempre estás duro? Se encogió de hombros. —No puedo verte montar algo, rozarte contra él y no excitarme. Demándame. —Agarró mis caderas con fuerza, moviéndose contra mí desde atrás. Miré hacia abajo, hacia nuestras piernas. Las suyas colgaban detrás de las mías, sin estribos. De alguna manera hizo que la precaria situación pareciera natural. Me dio una ligera palmada en trasero. —Presta atención — ordenó—. Mira hacia adelante y corrige tu posición. Me retorcí, intentando obedecer. Fue todo un reto con un James excitado rozando contra mí. —Estás en medio. O, mejor dicho, tu polla lo está. Él se rio, frotándose contra mí. —Vas a tener que arreglártelas para ignorarlo. Estoy aquí para mostrarte el ritmo. Así. —Levantó mis caderas, luego las bajó, haciendo un sonido para que el caballo trotara. Supuse que era muy parecido a estar en la cima. Princesa trotó hacia arriba y abajo, arriba y abajo, y James me movió con su impulso. Él estaba, por supuesto, usando la demostración a su ventaja, moviéndose contra mí cada vez que iba hacia atrás en la silla. —Podrías ir aún más arriba, y aún sería un buen trote. Inténtalo. Lo hice, y el movimiento exagerado se sintió aún más natural para mí.

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—Muy bien, ahora siéntate profundamente en la silla e inclínate un poco hacia atrás. Ahora vamos a probar un trote. Te mantendrás en la silla y sólo te moverás con ella. Es muy parecido a aprender a galopar, así que estarás preparada cuando empiece a enseñártelo. Hice lo que me instruyó, y encontré el trote sentado un poco más difícil. James inclinó su pecho contra mi espalda, las manos en mis caderas. —Sólo muévete con ella. Acepta su ritmo y relájate. Sí, perfecto, amor. Se inclinó, susurrando ásperamente en mi oído—: Voy a follarte a caballo pronto. Irás a horcajadas sobre mí mientras paseo, y podremos hacerlo a este ritmo. Será tan duro que estarás adolorida cuando hayamos terminado. ¿Te gustaría eso? Mi mente se volvió un poco confusa visualización. —Sí. ¿Podemos hacer eso?

y

blanda

ante la

—Oh, sí. Pero no en Princesa. Iremos en mi semental, Diablo. Es una enorme bestia de caballo, más que apto para la tarea. Su mano se movió a mi pecho mientras hablaba, acunándolo suavemente, sus dedos encontrando mi pezón mientras se endurecía en respuesta. Fue difícil para mí concentrarme después de eso, y James no ayudó, acariciándome cada vez que me corregía. Puso un alto a la lección un poco más tarde. Estaba adolorida y necesitada para entonces, la última mitad de la lección fue un borrón de sensuales provocaciones. —Eres un provocador —dije, mi voz sin aliento. Él saltó de la espalda de mi caballo en un suave movimiento. Encontró mi mirada con las cejas levantadas. —Eso es una tontería que decir, cuando estoy a punto de hacerte venir una y otra vez. Vamos a trabajar en tu desmontaje. Balancea tu otra pierna. Lo hice, quedando en un sólo lado del caballo. Me agarró, bajándome el resto del camino. —Ella es demasiado alta. Necesitarás un apeadero3 si no estoy aquí para levantarte. Mis caballos son de razas particularmente altas, en su mayor parte. Con esas largas piernas tuyas, sin embargo, serías capaz de montar casi cualquier otro tipo de caballo desde el suelo. —Habló en mi oído después de que me bajó, presionándose en mi espalda. Hizo que las palabras sonaran sucias, a pesar de que no lo eran. El hombre podía hacer que cualquier cosa sonara sucia. Acarició mis pechos por detrás, besando y chupando mi cuello. — Vamos a follar como animales en los establos de caballos, y te va a encantar. Jadeé. —¿No hay gente alrededor? ¿Trabajando? 3

Escalón que facilita montar en una caballería.

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—Dejé ir a todos antes de encontrarte. Tengo la intención de hacer el amor contigo en tantos lugares de la hacienda como podamos en un sólo viaje. Me lamí los labios. Él nunca había usado el término hacer el amor antes. Me pareció curioso que lo hiciera ahora. —¿Hacer el amor? ¿Lo que nosotros hacemos no es llamado follar? —pregunté. —¿Por qué no puede ser ambos? —gruñó James contra mí. No tenía respuesta para eso. En su lugar, pensé en otra pregunta. La pregunta me avergonzaba, pero la hice de todos modos. Mi curiosidad siempre parecía ganarle a mi orgullo cuando se trataba de James. —¿Cuántas mujeres has traído a ésta hacienda? —Sólo tú, Bianca. Normalmente vengo aquí para tener algo de paz. Las únicas propiedades a las que alguna vez he llevado mujeres son mis casas de Nueva York y Las Vegas. ¿Quieres que compre nuevas camas y ese tipo de cosas para esas casas? ¿Eso te haría sentir más cómoda? Pensé que podría estar loco, y no por primera vez. —¿Te estás ofreciendo a deshacerte de todo en las casas que podrías haber utilizado para follar a otras mujeres? —Sí. —¿Asumo que todo ha sido limpiado completamente? —Por supuesto. —Bueno, entonces eso sería un desperdicio, y tonto. Esas camas tienen que ser escandalosamente costosas. —Creo que el hecho de que no contestaras es una respuesta en sí misma —murmuró. Le di un codazo suavemente. —Tus camas parecen obras de arte. No me gustaría que te deshicieras de ellas. Me gustan. ¿Con qué frecuencia consigues nuevas camas sólo para complacer a una chica? Me mordió con la fuerza suficiente para hacerme gritar. —Ahí lo tienes, menospreciándonos de nuevo. Debes saber ahora que nunca he hecho nada de esto por nadie más. Una vez fui un puto con mi cuerpo, pero nunca lo he sido con mi corazón. Él me volvió a sus brazos de repente, acunándome. —¿Cómo están tus heridas? Me sorprendí al darme cuenta de que me había olvidado de ellas por completo. —Bien. Genial. —Bien. Tomaremos uno de los senderos mañana, con Princesa y Diablo. —Mientras hablaba, me llevó a un puesto vacío. Me di cuenta de que hablaba en serio sobre dónde íbamos a follar. No debería haber estado sorprendida. Parecía ser un hombre de palabra. Incluso cuando decía algo que realmente parecía una broma, siempre lo había

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cumplido, hasta ahora. Traté de no detenerme en ese pensamiento, ya que había dicho algunas cosas bastante escandalosas en el último día. Me soltó. —Quítate el casco. Y tus pantalones —ordenó, dejando el establo. Obedecí, sintiéndome muy extraña al desvestirme en un establo de caballos. Regresó con una enorme manta, colocándola en una gruesa pila de heno. Estaba llegando a mis pantalones reales, teniendo que quitar primero mis chaparreras4 y botas. Se recostó de espaldas sobre la manta, quitándose la camisa. Se dejó sus pantalones de montar puestos, sólo tirándolos hacia abajo para revelar su dura longitud. —Ven a cabalgarme —ordenó, su tono casual—. Quiero ver qué has aprendido hoy. Me acerqué a su recostada figura, colocando mis pies a cada lado de sus caderas y bajando a mis rodillas. Me sentí casi más expuesta que cuando estaba completamente desnuda, con sólo mi mitad de abajo desnuda. —Siéntate en mi polla. Quiero sentirte. Ahora —dijo con voz ronca cuando dudé. Cumplí, bajando lentamente, guiándolo a mi entrada con la mano. Me penetré, centímetro por grueso centímetro, estremeciéndome mientras lo hacía. Todas sus provocadoras caricias me habían dejado suficientemente húmeda para acomodar su entrada. —Bien —dijo cuándo me había sentado hasta su base—. Ahora arregla tu asiento y postura. Pensé que podría estar bromeando. No sabría decirlo, pero lo hice de todos modos. Coloqué mis rodillas para mejor apalancamiento, puse mis hombros hacia atrás, arqueé la espalda y comencé a moverme. Me moví hacia arriba y hacia adelante, luego hacia abajo y hacia atrás en grandes movimientos. Me moví hasta que sólo la punta estaba dentro de mí, y luego empujó hacia abajo en un espasmódico movimiento. Lo monté durante largos minutos, trabajando más lentamente hacia mi clímax de lo que James usualmente hacía. Mis manos acariciaron su magnífico pecho codiciosamente mientras cabalgaba. Se sentía tan bien, increíblemente bien, pero cuando él tenía el control, simplemente hacía algo por mí que nada más podía. Lo observé mientras me movía. Tenía las manos cruzadas detrás de su cabeza en una postura casual, sus párpados pesados, observándome. Pensé que esta posición podría no ser su método preferido, tampoco.

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Especie de cubierta de cuero que se coloca sobre los pantalones a la hora de montar.

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—Estás aburrido —acusé, todavía moviéndome, mi voz un jadeo. Él sonrió maliciosamente. Me apreté su alrededor con sólo mirarlo. —Nunca. Me encantaría hacer esto todo el día. Ocurre que yo también podría. Es mucho más fácil para mí no venirme cuando tú tienes el control. Estoy seguro de que no tengo que explicarte por qué. No lo hizo. Lo que su control hizo por mí, lo hizo para él también. En la cama, no podríamos haber sido más perfectos el uno para el otro. —Tu movimiento es extraordinario, amor. Especialmente teniendo en cuenta tu falta de experiencia. Ahora el trote sentado —dijo. —Siéntate hasta la base —ordenó. Lo hice en un jadeo. —Ahora sólo tienes que disfrutar del paseo. —Sonrió, y se hizo cargo del movimiento, subiéndome y bajándome, con las manos agarrando mis muslos. Cogí su ritmo, pero eso fue todo. Él estaba abajo, pero repentinamente tomó todo el control. Era todo lo que necesitaba. Llegué al clímax en cuestión de segundos, gritando lo suficientemente fuerte como para alterar a cualquier caballo que quedara en los establos. Comencé a sentirme débil. James me dio una palmada en el trasero, duro. —Mantén tu asiento. No he terminado contigo. Y no lo hizo. Trabajó en mí desde abajo por largos minutos, agarrando mis caderas y empujando hacia arriba, una y otra vez. Era tan incansable. Como una máquina, pensé, mientras se sacudía, haciéndome rebotar con la fuerza. Mi cabeza cayó hacia atrás, mis manos agarrándose a sus caderas. No podía alcanzar nada más en ese momento del salvaje paseo. Alzó la mano para pellizcar un pezón lo suficientemente fuerte para traer lágrimas a mis ojos. Alejé mi mirada de él. —No mires hacia otro lado. Necesito ver tus ojos cuando caigas en pedazos. —Su voz era un gruñido áspero, su respiración pesada. —Vente, ahora —ordenó finalmente, y fue mi perdición, como siempre. Caí, y él se vino conmigo, sus ojos yendo a ese lugar prohibido de ternura que yo anhelaba, y temía, e intenté tan duro no sentirlo hasta mi alma. —Oh, Bianca —susurró, ahuecando mi mejilla mientras yo bajaba para recostarme en su pecho. Me giró de manera que pudiera mantenerse dentro de mí. —Eres una maravilla. Nunca me imaginé que alguien podría estar tan perfectamente hecho para mí.

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Cerré los ojos, y sentí una lágrima caer por mi mejilla. Sentí profundamente sus palabras, pero no pude encontrar ninguna por mi cuenta, así que me quedé en silencio.

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14 Traducido por ElyCasdel Corregido por Aimetz

Recuperarme y vestirme de nuevo fue un asunto lento y lánguido. James hizo la mayoría del trabajo, acostándome para ponerme mis pantalones. —Quiero atarte a ese gancho y tomarte ahí, pero tus muñecas necesitan recuperase de la última vez —murmuró mientras pasaba a lo siguiente. Levanté la mirada hacia el gancho al que se refería. Una brida colgaba de él. No parecía ideal para sus propósitos. Miré mis muñecas. Estaban rojas, con abrasiones visibles. No había estado dispuesta a ponerme el reloj de nuevo. James lo había guardado en algún lugar, lo sabía. Tenía que encontrar una manera de cubrir las marcas en el trabajo. Podrían levantar sospechas. Resaltaban sobre mi pálida piel. —No importa —dije suavemente—. Apenas las siento. Puedes intentarlo. Si es demasiado, para eso es mi palabra de seguridad, ¿verdad? Me dio una mirada salvaje. Ya era capaz de leerla tan bien. Esa mirada decía “No deberías alentarme”. —Eres una mujer peligrosa —casi gruñó—, haré todo lo necesario por tu seguridad, desde que aparentemente no puedo confiar en ti para juzgar ciertas cosas. Tus muñecas están en mal estado. Fui demasiado lejos la última vez, aún si crees que te lastimé o no. Las dejaremos en paz hasta que sanen. —Terminó el largo proceso de vestir la mitad inferior de mi cuerpo mientras hablaba. Todo lo que tenía que hacer era subir su pantalón y cubrirse, luego metió los hombros en su camisa con un movimiento fluido. Vi cada parte detectable de su cuerpo desaparecer detrás de su ropa con algo de decepción. Podría haber mirado su piel bronceada por siempre. Sonrió, jalándome hacia él para un largo beso. Caminamos de regreso a la casa con su brazo alrededor de mi hombro, un poco escondida a su lado. Un hombre en traje a quien no reconocí nos encontró en la puerta trasera de la casa. Asintió hacia nosotros, abriendo la puerta. —Señor, Señorita Karlsson.

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—Dile a Pete que atienda a los caballos bruscamente—. Terminamos con los establos por hoy.

—dijo

James

—Sí, Señor. Kent llamó para revisar con usted lo de la investigación —dijo el hombre dubitativo, mirando de él a mí. Como si no estuviera seguro si hablar frente a mí, pensé. —¿Alguna novedad? —preguntó James, con voz fría. Este era un tema que no mejoraba su ánimo, noté. —Nada, Señor. Sólo el nuevo reporte diario de lo que él y sus hombres han estado haciendo. —Dile que me mande un reporte. E infórmame si hay alguna pista nueva. Eso es todo, Paterson. James me llevó dentro de la casa, y Paterson cerró la puerta detrás de nosotros, permaneciendo afuera. —¿Es sobre mi padre? —pregunté lentamente. Me miró, su rostro mostrando precaución. —Sí, ¿ya podemos hablar de ello? —No. No hay nada de qué hablar. Di mi reporte a la policía, y no seré tan descuidada de nuevo. Palideció. —¿Me dirás por favor lo que pasó? Estoy intentando ser paciente, Bianca, pero necesito saber cómo llegó hasta ti. Sólo para prevenir que suceda de nuevo. Suspiré. El dolor en sus hermosos ojos me estaba afectando. — Stephan iría mi casa. Escuché el timbre. Chequé la mirilla, pero una mano la cubría. Fui tonta. De hecho lo dejé entrar yo misma. Pensé que Stephan estaba jugando una broma pesada. Lo que es muy ridículo, porque no hace cosas como esa, aún cuando está siendo juguetón. Anulé la seguridad y abrí la puerta. Mi padre me tenía contra la pared antes de que si quiera notara quién era. Alejó la mirada, su cara se volvió cenicienta. —¿Sólo te atacó? Dejó caer su mano. Lucía tan desamparado que quería confortarlo. Pero le di su espacio. Y finalmente, con un suspiro resignado, algunas respuestas. —Había venido a amenazarme. Las heridas fueron solo su forma neandertal de decirme que no llamara a la policía. Sus ojos regresaron a los míos, en shock y horrorizados. —Eso fue mi culpa. Fue mi culpa que estuvieras en los periódicos. Y mis hombres habían comenzado a buscarlo. Puso sus manos en ti porque fui lo suficientemente descuidado para buscarlo, y exponerte, sin protegerte. Lo estudié. Su tono y su cara mostraban un profundo odio hacia sí mismo, ni siquiera sabía cómo manejarlo. —Claro que no lo fue. No fue culpa de nadie más que mía. Sé de qué es capaz, más que nadie, y fui lo suficientemente imprudente para

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dejarlo entrar en mi casa. No es tu trabajo protegerme, James. Es el mío. Stephan tuvo tu misma reacción, culpándose. No lo entiendo. Es imposible hacerse responsable de lo que están completamente fuera de control. Sus ojos lucían angustiados mientras dijo—: Es mi trabajo protegerte. No tienes que agradecerlo, pero lo es. Toda mi influencia no vale de nada si no puedo si quiera proteger la cosa que más aprecio. Alcé la mano y le acaricié el brazo para confortarlo. —Mi papá ha sido así toda mi vida. ¿Te culparás por todas las otras veces, también? Tienes que ver cuán ilógico es. Parecía mantenerse bajo control. Analicé sus características de nuevo. —No tenemos que estar de acuerdo en eso, Bianca. Pero gracias por responder algunas de mis preguntas. Pensé brevemente en las preguntas que no había respondido. Y todos los secretos que aún tenía. Estaba agradecida de que James parecía dejar ir el tema después de ello. —Déjame mostrarte arriba ahora. He hecho algunos cambios que creo que te gustarán —dijo solemnemente. Le sonreí. —Me encantaría verlo todo. Tus casas son como obras de arte. Tienes un gusto impecable. Puso su mano en mi nuca mientras me llevaba arriba. —Tengo que concordar —dijo, calurosamente, y sabía que se refería a más que sus casas. Primero me mostró varias habitaciones de invitados, solo mirando dentro. Todas tenían una temática en diferentes colores. Pensé que era una cosa bastante inglesa por hacer. Todas tenían nombres. La Habitación Verde, La Habitación Azul, etc. —Todas tus casas probablemente tienen el mismo estilo. Es muy inglés —dije en broma. Sonrió. —Tienes razón, lo tienen. —Nos acercamos a una puerta cerrada. La abrió con bastante entusiasmo—. La biblioteca —dijo con una sonrisa—. He añadido algunas cosas. Adivina cuáles. Eché un vistazo a la enorme habitación. —Ya sé que los libros electrónicos son cosa del futuro, pero no puedo evitarlo, aún amo los viejos y simples libros. Adivina cuál sección hice solo para ti. Miré alrededor, desconcertada en cuanto a cómo podría saberlo, con tantas cosas ahí. Pero mis ojos cayeron rápidamente ahí. Una de los estantes oscuros de piso a techo estaba lleno de un contenido más colorido que el resto. Reí, encantada y un poco avergonzada. —Sabes, no solo leo Manga —dije. Pero me acerqué al estante para estudiarlo. Tenía colecciones completas de las historietas favoritas de las que le hablé, y muchas de las que había oído pero aún no leía. Le di una cálida sonrisa—. Gracias. Es algo muy dulce.

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Me sonrió de regreso. —Puedo ser dulce. Tú me inspiras para ser dulce. Y puedes tener lo que quieras, de cualquiera de nuestras librerías. Añadí un estante de romance y fantasía urbana, también, solo suponiendo algunos autores que quizás te gustarían. Sólo mencionaste que leías los géneros, no uno el particular —señaló— están cerca de la ventana. Dirigí ahí mi mirada, parpadeando ante lo que había hecho solo para complacerme. Los libros en esta monstruosa habitación valían una fortuna, comprados solo para mí. Era algo tan irreflexivo. Había hecho unas cuantas hendiduras más en la gruesa pared de hielo alrededor de mi corazón con ese gesto. Poco a poco estaba entrando en mí. Tomé unas respiraciones profundas, intentando controlar mis repentinos sentimientos de pánico ante la idea. Funcionó. Me empezaba a acostumbrar a la forma en que me sentía hacia él. No estaba segura si eso era algo bueno, pero no permanecí con ese pensamiento. —Gracias. Puedo pasar la tarde leyendo, si necesitas trabajar —le dije amablemente. —Tengo otra sorpresa para ti. —Me sacó de la habitación mientras hablaba. Lo miré cautelosamente, preguntándome qué era lo siguiente que planeaba para mí. Me llevó a una gran habitación con una cama, aunque no pensé que fuera una habitación. Era otro cuarto de ventanas, la luz del sol bañando cada esquina. Vi los suministros de pintura, alineados en una mesa de ornato castaña. Había un caballete impresionante a su lado, ya tenía una pieza de papel para acuarela montado. Entré, sin palabras. —La mesa tiene más suministros, en los cajones, y estanterías. Y puse estanterías por toda la pared para poner lienzos, así los puedes organizar. Miré a donde señaló con su brazo. Una pared estaba cubierta con estanterías que tenían estantes lo suficientemente largos para guardar varios tamaños de lienzos y papeles. Algunos blancos ya estaban apilados ahí, acomodados por tamaño. La habitación era el sueño de cualquier pintor. Era una inspiración por sí misma, la gran ventana me daba una vista sin obstrucción del majestuoso bosque de Wyoming. Había un gran escritorio e la esquina. Tenía una Mac, la cual tenía la pantalla más grande que había visto alguna vez en una computadora. La señalé. —¿Qué es eso? Levantó las cejas, como si pensara que debía saber. —Esas son las mejores computadoras para artistas. Estoy seguro de que le encontrarás un uso si necesitas encontrar alguna pintura, o hacer

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alguna investigación. También hay muchos programas que puedes encontrar útiles. Te los enseñaré a usar, cuando quieras. Solo asentí extasiada. —Es increíble. Gracias. Sonrió. —¿Qué quieres hacer esta tarde? Elegí ir a montar, y fuiste más que buena en eso. Te toca. Podemos leer en la biblioteca, o puedes pintar, o lo que sea, en serio. ¿Qué será? Me mordí el labio, ya pensando en una pintura que había visto en internet, la cual quería pintar. —Hay una pintura que me gustaría comenzar, si no te importa. Tú puedes hacer algo de trabajo. Él solo asintió. —De acuerdo. Necesitamos bañarnos primero, sin embargo. Trabajaré aquí contigo si eso no te molesta. —Me dio una mirada inquisitiva mientras hablaba. Solo sacudí la cabeza diciendo que no me molestaría. —Entonces ven. —Me llevó de la mano a su baño. La ducha fue un asunto corto e intenso. James lavó cada centímetro de mi cuerpo, pero eso fue todo. Intenté regresar el favor, pero solo me besó, lavándose él mismo. Me nalgueó cuando estuve limpia. —Fuera —ordenó. Estuve vestida antes de estar seca. —Necesito recoger unas cosas, si quieres regresa a tu estudio de arte —dijo. Dejé de mirar su piel desnuda con más que un poco de renuencia. Fui hacia la computadora, y me senté. Odiaba tener que mirar los diarios, pero desafortunadamente tenían lo que necesitaba para la pintura que estaba planeando. Me tomó un minuto averiguar cómo estar en línea con el nuevo sistema operativo. Tecleé el nombre James Cavendish con un poco de horror. Mirar los periódicos no había sido una buena idea para mí últimamente, pero en serio quería esa fotografía.

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15 Traducido por JasielOdair Corregido por Juli

Me preparé para el ataque de fotos poco favorecedoras y titulares de mí misma que estaba a punto de ver. No me decepcionaron. Algunas frases destacaban. “Nueva diva de Cavendish” y “Sucia devoradora de hombres” me llamaron la atención mientras trataba de llegar rápidamente a las imágenes. Los artículos no tenían la foto que quería y suspiré con resignación. Tendría que profundizar la búsqueda. Hice una pausa en una foto de James, de la semana pasada. Se encontraba solo, en un traje, luciendo mucho más serio que cualquiera de sus otras tomas en la alfombra roja. Hice clic en la imagen. Había sido tomada en un evento de caridad en Nueva York la semana pasada. No tenía nada de su encanto habitual, en vez de eso posaba casi con frialdad. Sus ojos lucían impacientes, cuando por lo general tenía una sonrisa lista para la cámara. Me pregunté si yo era la causa de su cambio. Si fuera así, los tabloides probablemente ya habrían elaborado la salvaje idea. Me odiaban, y les encantaba la idea de un matrimonio por amor entre James y la hermana de su mejor amigo, Jules. Traté de ignorar las muchas imágenes antiguas de Santiago y Jules cuando regresé a mi búsqueda original, escaneando con cuidado para encontrar lo que quería. Me quedé inmóvil en un título particular. “Nuevo amor de James Cavendish tiene un sinnúmero de otros hombres.” Hice clic en el enlace antes de que pudiera pensarlo mejor, con ganas de ver lo que en la tierra podría significar eso. Pasé estúpidamente las fotos en el artículo. Una de ellos era de Stephan y yo, caminando de la mano en una acera. Noté que yo me encontraba en Miami sin tener que leer el artículo, aunque leí la horrible cosa de todos modos. Según el artículo, Stephan era mi antiguo novio y tramábamos conseguir un pedazo de la fortuna Cavendish. Me desplacé más abajo con disgusto, explorando otras imágenes. Había varias tomas en la playa de Damien y yo, y yo sonrojada en algunas de ellas. En una, nos quedamos en la piscina. Damien me daba una mirada muy caliente mientras yo yacía con los ojos cubiertos por

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las sombras, con una sonrisita en mi cara. No parecía ni de lejos tan inocente como había sido en realidad. Al mirar la imagen, te da la impresión de que él miraba mis pechos y pensaba cosas malas sobre mí. Otra era de nosotros caminando por la playa. Su mano se encontraba en mi codo, su mirada tierna. La forma en que su rostro se hallaba inclinado hacia mí... parecía casi amorosa. Estaba sonrojada, como nerviosa por él, pensé. Según el artículo siguiente, era un amante tórrido con el que había estado desde hace mucho tiempo. Enrojecí de rabia por las mentiras descaradas. Incluso habían capturado una imagen de Murphy y yo caminando juntos y riendo. El artículo afirmaba que yo era una seductora descarada que tenía demasiados hombres atrapados para concluir un seguimiento. Lamenté leer la basura antes siquiera terminarla, pero lo terminé. Busqué de nuevo hasta la última palabra sobre Damien y yo. Las veía tan diferente a lo que en realidad estuvo ocurriendo y me pregunté por qué. ¿La expresión de su cara, tal vez? ¿O los tonos oscuros que yo usaba, que hacían mi expresión tan inescrutable? Todavía me encontraba mirando las desconcertantes imágenes cuando James volvió a la sala en silencio, acercándose a mi escritorio con su delgado portátil en una mano. Él levantó una ceja cuando vio mi expresión. —¿Por qué te ves como un ciervo encandilado por los faros, Bianca? —preguntó, su voz divertida. Echó un vistazo a la pantalla del ordenador mientras se acercaba. No cerré la ventana, pensando que ocultar lo que veía sería peor que enfrentarme a él. La cara de James se tensó al instante cuando vio las fotos de Damien y yo. Y comprendí algo. Lo había visto esto. Él no estaba sorprendido por las fotos escandalosas, sólo enfurecido por ellas. La conversación que tuvimos acerca que él odiaba la playa de repente tenía mucho más sentido. Y su elevada hostilidad hacia Damien. —E-esto es todo basura —le dije, sintiéndome extrañamente a la defensiva—. Damien y yo sólo pasábamos el rato. Ya lo sabes, ¿verdad? Me estudió con el rostro dolorosamente serio. Toda su actitud cambió desde que echó un vistazo a las fotos. —Sí —respondió finalmente—. Sé mejor que nadie cómo pueden tomar una historia inventada y elaborarla. Pero todavía me duele verlos juntos así. Damien obviamente se preocupa por ti y te quiere. Personalmente, creo que está enamorado de ti. Mi único consuelo es que si lo hubieses querido, lo habrías aceptado antes de que me conocieras. —Estudió mi rostro, muy serio, antes de continuar—: Y confieso que la idea de que lo elijas si alguna vez decides pasar a algo común me ha molestado.

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Parpadeé ante su diatriba un poco indignante. —Por supuesto que no está enamorado de mí. Sabes que nunca hemos estado en una cita. Y ni siquiera estoy muy segura de lo que quisiste decir, pero no pienso en Damien como algo más que un amigo, incluso sin ti en la ecuación. Me preguntaba, no por primera vez, sobre qué podría estar inseguro James. Pero incluso el pensamiento era erróneo. No podía colocar a James y la inseguridad juntos, incluso con la prueba de ello delante de mí. La idea era absurda. Nadie en el mundo podía competir con él, de ninguna manera. No hay espacio en la perfección para la inseguridad, pensé. Se sentó en el otro asiento del amplio escritorio. Se encontraba a un buen metro y medio de distancia, inmóvil. Abrió la laptop delgada como el papel, trabajando sin decir nada más. —¿Estás enojado? —pregunté en voz baja, necesitando aclarar el aire antes de que pudiera continuar. Su boca se apretó, sus dedos ya trabajaban en su portátil. — Estoy manejando tanto mi dolor irrazonable como mis celos infundados. Trabajaré en ello. Lo miré por un rato, tratando de determinar la mejor manera de proceder. Finalmente decidí que si quería trabajar en algo por mí misma, algo en lo que no había nada que hacer al respecto, me gustaría que me dejaran sola para hacerlo. Así que eso es lo que hice. Volví a mi búsqueda, pasando del artículo provocativo, con ganas de olvidar que existía esa cosa horrible. Traté de ignorar todos los titulares que llamaron mí no querida atención, y todas las fotos que despertaron mi curiosidad. Navegué por página tras página web antes de que finalmente encontrara lo que buscaba. Hice un pequeño bufido de alivio por localizar el premio. Mi ruido consiguió la atención inmediata de James. Hice clic para imprimir la fotografía cuando se levantó, mirando por encima de mi hombro desde atrás. —¿Qué es eso? —preguntó. Me giré a sonreírle. —He querido pintarlo desde el momento en que lo vi, hace unas semanas —le expliqué—. ¿Estás bien con eso? Me miró parpadeando, pero asintió. Era una foto de él cuando tenía catorce años, en alguna función de la alfombra roja. Posaba para la cámara, pero era una pose muy diferente de la elegante que había adoptado como un adulto. Su cabello rubio oscuro apenas rozaba sus hombros, aun así se encontraba perfectamente peinado, su oscura piel perfecta. Su rostro era imperturbable y serio, sus ojos color turquesa arrogantes y feroces. Él

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no había sido más que un niño, pero el hombre en que se convertiría brillaba en todas las líneas de su rostro arrogante. Me fascinó cómo su fuerte carácter brilló a tan tierna edad. Quería convertirlo en un retrato que pudiese colgar sobre alguna chimenea en una de sus muchas propiedades. Tal vez podría ser un legado para sus hijos. —Eras como un supermodelo bebé —le dije mientras él volvía a su asiento. Me lanzó una sonrisa irónica. —Detestaba la forma en que me veía en ese entonces. Pensaba que hacía que mis compañeros de trabajo no me tomaran en serio. Típico razonamiento de catorce años. Ni siquiera se me ocurrió que tener catorce años hacía todo por su cuenta. Lo estudié, tratando de ocultar la simpatía que sentía un James de catorce años de edad, que había tenido una carga demasiado pesada que soportar. —Ojalá te hubiera conocido en aquel entonces. Apuesto a que hubiéramos sido amigos. Él me dio una mirada cálida. —Yo también. —No eras alguien sin hogar, pero no tenías a nadie, como yo, a quien pedir consuelo. Creo que conseguí algo mejor. Me dio una sonrisa triste. —Puede que tengas razón. Llevé la foto al otro lado de la habitación, comenzando un esbozo, amando todos los nuevos suministros. Había pensado en todo lo que podría necesitar. —Oh, lo olvidé —dijo James. Lo miré. Tenía en su mano el teléfono—. Tu señal no es muy buena aquí, pero Stephan ha estado tratando de ponerse en contacto contigo. Puedes llamarlo desde mi teléfono. —Me di cuenta demasiado tarde que había olvidado que aún tenía un teléfono desde que habíamos llegado en el rancho. Me dio el otro teléfono, ya listo para marcarle a Stephan. Apreté el botón, dándole las gracias. Un Stephan emocionado contestó después de un timbre. Me tomó un largo momento entender su híper parloteo. Parpadeé, mirando a James. Él se encontraba trabajando intensamente en su computadora. —Incluso tiene la parrilla blanca y la franja de carreras negra con la que estaba obsesionado. Es como si él tomara cada pieza de información que me escuchó decir acerca de mi auto soñado y simplemente lo ordenó. —Stephan estuvo yendo y viniendo sobre el nuevo Dodge Challenger que James le había dejado en su camino de entrada por varios minutos, antes de que entendiera una palabra.

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—Eso es increíble, Stephan. —Lo escuché añadir varios detalles emocionantes—. Sí, James es verdaderamente atento. Estoy tan feliz por ti. No pude comprender otra palabra por otros cinco minutos mientras Stephan hablaba sin parar sobre su extravagante regalo. Por último, pidió hablar con James, con ganas de darle las gracias personalmente. James me quitó el teléfono con gracia, sonriendo mientras le decía a Stephan—: Es la mejor manera que se me ocurrió de darte las gracias por velar por nuestra Bianca durante todos estos años. Estoy en deuda contigo. —Hizo una pausa con una sonrisa mientras era obviamente interrumpido por un Stephan frenético—. Te diré lo que haremos. Vamos a programar una reunión cuando estemos en Nueva York. Quiero discutir unos asuntos de negocios contigo. —James escuchó educadamente la respuesta—. Eso funcionará bien. Sí, voy a hacer eso. Que estés bien, Stephan. —Con eso, colgó. Lo miré con recelo. —¿Qué vas a hacer ahora? —pregunté sin gracia. Pero sabía que él se estaba entrometiendo de alguna manera en mi vida. Se encogió de hombros. —Stephan es tu familia. Quiero cuidar de él. Y me siento muy en deuda con él por cómo te ha protegido. Además, me he dado cuenta de que vale la pena estar de su lado. —Lo estudié, con ganas de estar molesta con su intervención, pero simplemente no pude. Había encontrado algo que hizo feliz a Stephan. ¿Cómo podría dejar de estar agradecido con él por eso? —Gracias por hacer eso por él —dije finalmente—. Ha estado obsesionado con el nuevo Challenger desde que salió. Y su obsesión por los autos viejos viene de muy atrás. No hay un regalo en el mundo que le encantaría más que lo que has hecho. Él me sonrió, encogiéndose de hombros como si no fuera más que la simple mayoría de los regalos darle a alguien su auto ideal. —¿Y cuál sería tu auto ideal? —preguntó. Le di una mirada de advertencia. —Ni siquiera lo pienses. Tengo un auto. Lo compré con mi propio dinero y me gusta bastante. Él no se detuvo, ni siquiera con la clara advertencia en mi voz. — Con el tiempo, te darás cuenta de que lo mío es tuyo, y cuando lo hagas, puedes comprar lo que sea que quieras. Quiero que empieces a acostumbrarte a la idea. Tomé respiraciones profundas mientras hablaba, tratando de calmar el pánico que floreció en mí al oír sus palabras. ¿Trataba de hacerse cargo de mi vida? Era un oscuro y aterrador pensamiento para mí. —No puedo —le dije en un suspiro.

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Su expresión se cerró aún más, pero su tono fue tan firme como antes. —Entiendo que necesitas tiempo. Estoy tratando de darte todo el tiempo que puedo soportar, Bianca. —Mis ojos se abrieron ante sus palabras. Es evidente que el hombre había perdido la razón. —Sólo nos hemos conocido por un mes, y la mayoría de ese tiempo ni siquiera estuvimos en contacto. ¿Llamas a eso darme tiempo? Su expresión, su voz, no se alteró. —La falta de contacto no fue mi elección. Y siempre he sido determinante sobre lo que quiero. Cuando lo veo, actúo. Esto es lo que soy. Estoy tratando de ser paciente, pero no tengo ninguna reserva sobre lo que quiero de ti, lo que quiero que sea nuestra relación. Estoy tratando de respetar el hecho de que no sientes lo mismo. Sólo te pido que comiences a acostumbrarte a la idea de vivir juntos. Tomé varias respiraciones profundas, observándolo sentado tan tranquilamente detrás de su escritorio. —No sé si te puedo dar lo que quieres. Estoy casi segura, de hecho, que no puedo. Su mirada se endureció, pero su voz fue muy equilibrada. —Y estoy decidido a convencerte de lo contrario.

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16 Traducido por Andreani Corregido por MelMarkham

No hablamos durante mucho tiempo después de su proposición. No sabía qué decirle. Él no me conoce lo suficiente como para entender que tan imposible era lo que quería para mí. Podría darle el control en la cama, pero era totalmente incapaz de darle control sobre las otras partes de mi vida. Hacerlo sería engañarme. Y sabía muy bien que no podría estar atrapada e indefensa nunca más. Casi me había destruido cuando era niña. Sin duda había destruido a mi madre. Comencé los preparativos para mi pintura, pero me sentí un poco distraída para trabajar eficientemente. Dibujé por casi una hora antes de que James hablara otra vez. —Hablé con el Gerente de mi Galería en Los Angeles. Está muy entusiasmado con tu debut. Ella y mi gerente de Nueva York, en realidad, han tenido una pequeña riña sobre quien conseguiría tu presentación. Debido a los paisajes del desierto, me incliné hacia una presentación en Los Ángeles. Ella comenzará a armarlo todo en cuanto aceptes. Sólo me le quedé viendo, estupefacta. La idea de mostrar mi trabajo era todavía un concepto extraño para mí. Y había pasado tanto desde que mostré mis trabajos en sus galerías. —No tengo que asistir a la demostración, ¿verdad? —le pregunté, el pensamiento era desalentador y desagradable. Él lució verdaderamente sorprendido. —Bueno, no, supongo que tú no tienes que hacerlo. Pero ¿por qué no quieres ir? Le di una mirada exasperada. —La prensa me odia. Ellos crucificarán mi trabajo si descubren que está atado a mí en modo alguno. Prefiero no hacer uso de mi nombre para el trabajo tampoco. Parecía preocupado por la idea. Esos exquisitos ojos lucían serios. —Siento que hayas sido arrastrada a este circo mediático. Es mi culpa que te odien. Las cosas que he visto impresas sobre ti... me hacen sentir un asesino. Levanté una mano ante su diatriba. —El problema no es la culpa. Tenemos que lidiar con los problemas actuales, no de quién es la culpa. Y tienes que admitir que mi exhibición no será ayudada por la atención de los medios de comunicación si mi nombre y apariencia estuvieran en el.

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Enrojeció un poco, aunque no supe por qué. —Por favor, considera asistir. Mereces enorgullecerte de tu trabajo y obtener crédito por ello. Me encantaría escoltarte al evento, pero por todos los medios tómate el tiempo para pensar en ello. Voy a hacer que Sandra prepare tu trabajo y pospondré la fecha hasta que decidas lo que quieres hacer. Asentí dando a entender que lo comprendía, pero todavía me debatía sobre eso mientras trabajaba. Si fuera valiente, sólo iría a través de ese calvario. No era como si me obligaran a leer los comentarios horribles sobre mi trabajo. Estaba tan distraída que hice un desastre de mi boceto inicial, finalmente tuve que tirarlo y empezar de nuevo. Podía escuchar a James hablando tranquilamente por teléfono o poniendo un poco de música para relajarse. Finalmente, me puse los auriculares y encendí la música en mi teléfono, metiéndolo en el bolsillo de los vaqueros. Las imágenes comenzaron a venir después de eso mientras el bosquejo se hacía más cercano a la imagen que tenía en mi cabeza. Trabajamos durante horas en relativa paz y apenas hablando. Trabajado tanto que incluso empecé el proceso de pintura, que a veces me toma varias sesiones para avanzar. Me gusta tener un muy buen dibujo, generalmente, antes de comenzar la pintura. No estaba segura, pero de repente, sentí un cambio en el aire, un cambio de energía. El vello de la nuca en mi cuello se erizó en extremo, y me di vuelta lentamente para mirar a James. Tenía su teléfono en la oreja, pero me veía. Sus ojos estaban… embrujados, como si acabara de presenciar la muerte de un ser querido. Me acerqué a él, quitándome mis audífonos. Sólo se me quedó viendo, sin retirar el teléfono de su oreja. —Gracias por la información. —Sólo escuchó durante un largo tiempo—. Sí, así es. Sigue investigando. Y duplica sus esfuerzos de búsqueda. —Después de eso colgó, pero me miraba casi con recelo. —¿Qué pasó? —le pregunté, sabiendo con certeza que algo había pasado. —Mis investigadores acaban de enterarse por medio de que tu padre tiene una orden de arresto no sólo por asalto y sino también por asesinato. —Sólo se quedó observándome tiempo, el tormento en sus ojos se estaba volviendo familiar Esos amados ojos.

la policía agresión, un largo para mí.

Acuné su mejilla, dándome ánimos a mí misma. —Sí, lo sé —le dije a regañadientes. —Dejé que un asesino te pusiera las manos encima —me dijo en un susurro agonizante. Coloqué mi otra mano en su rostro. —Es una forma irrazonable de verlo. Yo sabía que era un asesino desde que tenía 14 años, mucho antes de conocerte, y desde ese entonces ha puesto sus manos sobre mí muchas veces.

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Parpadeó, comenzando a registrar mis palabras más allá del shock y del temor. —¿Sabías que mató a alguien? —preguntó. Asentí apretando mis labios, con dolor en mi pecho. —Yo soy quien lo reportó a la policía, aunque fue casi una década demasiado tarde. Fue mi madre a quien mató. Fui el único testigo. Yo estuve lo suficientemente cerca para tocarla cuando lo hizo. Le mentí a la policía por él durante todos estos años. Pero tras este último ataque, me di cuenta que ya no podía vivir así. No puedo correr más, incluso si eso significa que me mate, también. En sus ojos lucía tanto pánico que, involuntariamente, sentí como mis propios ojos se rellenaban de repente con lágrimas y pánico. Era difícil creer que había pasado años sin llorar antes de que conociera a James. Pero las cosas que me hizo sentir abrieron una compuerta y la maldita cosa no se cierra. Continué, queriendo sacarlo todo. —Me sentí tan culpable, por todos estos años, por deshonrar su memoria, por ayudar a su asesino correr libre, pero por dentro era una niña asustada que simplemente no podía ir a la policía. Después de que él la mató, tomaron su palabra a valor nominal, ni siquiera me entrevistaron en un cuarto separado de él, y yo sabía que me mataría si les dijera. Estaba absolutamente segura de que ni la policía podría detenerlo. Incluso años más tarde, cuando no había tenido contacto con él en absoluto, intenté ir a la policía, pero sólo me arrepentía cada vez. Le quité el pelo de su afectado rostro con un toque suave, queriendo consolar las cosas que veía en sus ojos tan claramente. Era el reflejo de mi propio tormento. Su alma era un espejo de la mía propia. Tal vez su locura afirmaba que estamos hechos el uno para el otro entonces no muy lejos de la marca. Lo había conocido durante un tiempo muy corto, pero a veces sentía que podría leerlo perfectamente, así que, naturalmente, eso me asombró. —No puedes soportar la carga de protegerme de mi padre —le dije suavemente—. Nadie puede. Y no había manera de que hubieras sabido que él me buscaría para amenazarme en lugar de permanecer callado, porque no sabías de mi madre, por supuesto. Pero tú eres el responsable por ayudarme a encontrar la fuerza para finalmente decir la verdad. Gracias por eso. Casi lo perdí cuando una lágrima solitaria rodó por su mejilla. — Es que eso viene a mí, una y otra vez, que realmente he estado cerca de perderte para siempre. No soporto esa idea —su voz era un susurro áspero—. Y está todavía por ahí, suelto, así que estás esencialmente en tanto, si no más, peligro que nunca. Me alegro de que finalmente dijeras la verdad, pero todavía me aterroriza lo que podría significar esa verdad para ti.

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Tracé el camino que dejó la lágrima por su mejilla, atrapándola justo en su perfecta mandíbula. No parecía molesto por la lágrima. Era mucho más valiente que yo con sus sentimientos, lo sabía, pero todavía se las arreglaba para sorprenderme con sus profundos pensamientos. Traté de ponerme en sus zapatos brevemente. Si su tío estaba vivo y era capaz de hacerle daño, hasta matarlo, pero sólo quedándose a la espera de la oportunidad correcta... Sería una locura. ¿Pero James podía sentir por mí lo mismo que yo sentía por él? Sólo no podía imaginarlo, aunque obviamente, sentía al menos algo. Ninguno de los dos pareció ser capaz de funcionar después de nuestros dos arrebatos emocionales. Cenamos en silencio. Era un chile picante de pollo. Comí rápidamente, tragando la comida sin probarlo correctamente. Nos fuimos a dormir temprano, James mencionando que había que levantarse temprano para salir a un tiempo adecuado, derrotando el peor calor del día. Me alisté para dormir con el pequeño comentario. Sentí que no había dormido durante días en su lecho exquisitamente cómodo y cerré los ojos. Suspiré de alegría cuando sentí como James me envolvía. Con rapidez caí en un sueño profundo y tranquilo.

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17 Traducido por CrisCras Corregido por MelMarkham

James me despertó con un ligero beso en la frente. Parpadeé al despertarme, sorprendida al encontrarlo ya vestido con ropas limpias de montar, inclinándose sobre mí. Empezó a vestirme sin una palabra. Mis ropas de montar eran muy diferentes esta vez. Mis ajustados pantalones estaban hechos de un fino material negro, no mucho más grueso que las medias, y que llegaba justo por debajo de mis rodillas. Tomé nota del hecho de que no se molestó en ponerme bragas. Trabajó en ajustar los estrechos zahones negros en cada una de mis piernas lentamente. Toqué el suave material de gamuza, pasando los dedos sobre él. Él colocaba los zahones sobre mis botas de montar cuando habló. —Los zahones completos normalmente se llevan con pantalones vaqueros. Empacaré un par, para el camino de vuelta. Digerí sus palabras, mi mente yendo a oscuros y sensuales lugares con ellas. Tiró de mí para ponerme de pie, arrastrando mi delgado atuendo por encima de mi cabeza en un movimiento lento. Se pasó la lengua por los dientes mientras estudiaba mi torso desnudo. Tuve que reprimir el impulso de cubrir mis pechos desnudos. Claramente, yo no estaba tan cómoda con la desnudez casual como el Señor Hermoso. Me subió la cremallera de un fino sujetador deportivo, tirando de una fina y ajustada camiseta por encima de mi cabeza. Trenzó mi cabello, manteniendo sus manos, de forma decepcionante, para sí mismo. Todavía me encendía ante cada uno de sus movimientos. Cerré los ojos mientras él extendía protector solar por mi cara muy cuidadosamente. Él hombre pensó en todo. Palmeó mi trasero, fuerte, cuando terminó. —Vamos a dar un paseo, amor —me dijo con una sonrisa maliciosa, tomando mi mano. Los caballos se encontraban ensillados y listos cuando llegamos a los establos. Era la primera vez que veía al semental de James. Me presentó a Demon dándome una manzana y una advertencia. — Cuidado, muerde. Alimenté a la enorme bestia con cuidado, admirando su excepcional pelaje. Pasé los dedos por su melena negra azulada.

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Su pelaje era de un color gris azulado, tan oscuro que brillaba al sol como el fuego azul. Su piel se volvía mucho más oscura en la cara, nariz y patas, casi negras en la punta. Parecía un semental salido de un cuento de hadas, su pelaje de un color demasiado sorprendente para ser real. —Es increíble —le dije a James, pasando mis manos a lo largo de su suave cuello. Otro caballo me dio un golpe en la espalda desde atrás. Me reí cuando vi que era Princesa. —Está celosa. —James tenían una sonrisa indulgente mientras pasaba su mano a lo largo del cuello de Princesa. Yo había pensado que ella era un caballo excepcionalmente alto, pero era casi pequeña comparada con Diablo. También le di unas palmaditas. James me tendió otra manzana para dársela al amigable palomino. Pete se hallaba cerca, pero mantuvo una distancia cuidadosa. Obviamente había sido uno de los que ensilló los caballos para nosotros, pero era lo suficientemente sabio como para mantenerse alejado de su jefe después del episodio del día anterior. Apenas había hecho un educado asentimiento de cabeza cuando lo pasamos en los establos. Yo le había devuelto el asentimiento con una pequeña sonrisa. Sin embargo, la mano de James significativamente ante el pequeño intercambio.

se

había

apretado

Hombre imposiblemente celoso, pensé para mí misma, pero lo mantuve para mi propio consejo. —Diablo es un raro ejemplar de purasangre ruano azul —me dijo James, alimentando con una zanahoria al semental de gran tamaño. —Ni siquiera sabía que los caballos podían ser azules —le dije con una sonrisa tímida. Realmente no sabía nada sobre caballos, me di cuenta rápidamente. —Normalmente es solo una expresión para un tinte azulado en un caballo. Diablo es de un sombreado verdaderamente inusual, sin embargo, casi más azul que gris. —Un caballo escandalosamente hermoso, para un hombre escandalosamente hermoso —le dije con una sonrisa. Él tiró de mi trenza, inclinando mi cabeza hacia atrás. Sus ojos estaban calientes y miraban a los míos. —Cualquier cosa que te mantenga cerca, amor —dijo, encajando un elegante casco negro cuidadosamente en mi cabeza. Vi sin ninguna sorpresa que coincidía exactamente con el suyo. Colocó guantes negros de cuero en mis manos, trabajando en ellos pacientemente, ajustándolos en las muñecas.

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—Ya sabes, soy totalmente capaz de vestirme por mí misma —le dije, pero sabía que era inútil. Sabía que a él le encantaba atenderme, ninguna tarea demasiado insignificante para su atención. Él solo sonrió en respuesta, besando mis nudillos cubiertos de cuero. Después se colocó sus propios guantes, y yo miraba, paralizada, mientras se ajustaban a sus poderosas manos. Sus dedos eran largos y elegantes, pero muy fuertes. Observé sus bronceadas manos desaparecer dentro del cuero negro, y me sonrojé, recordando la sensación de esas manos enguantadas castigándome. Vio mi mirada y me dedicó una sonrisa maliciosa. —¿Recuerdas estos? Asentí, todavía mirando, cautivada, mientras seguía trabajando en los guantes. Incluso sus manos eran una visión obscenamente tentadora para mí. —Me encantan tus manos. Mucho. —Mi voz estaba ya sin aliento. Él echó la cabeza hacia atrás y rió. Estaba cautivada por la visión. Incluso su suave y dorada garganta era perfecta, y quería hundir mi rostro allí. Tuve que reprimir el impulso. Él tenía obviamente un horario esta mañana. Me dedicó la sonrisa más cálida mientras su risa se desvanecía. Me dio un corto y dulce beso, y me levantó por las caderas para montar a Princesa. La monté cómo me habían enseñado, con rapidez, tratando de colocarme en la silla correctamente. —Perfecto —me dijo, desenganchando las riendas unidas a la brida de Princesa y desatándolas por encima del poste de la valla. Sentí una maravillosa pequeña emoción cuando observé la fantástica visión de James montándose sobre Demon con un movimiento suave. Era un hombre tan elegante, pero su fuerza era increíble. Los músculos se tensaron bajo su ajustada camisa, los pantalones lo suficientemente ajustados para mostrar el corte de los músculos de sus muslos mientras se movía. Me pasó sobre su caballo, deteniéndose para tocar mi cuello, aparentemente solo por encima del escote de mi top. —Debería conseguir una rienda también para esto —murmuró, azuzando a su caballo para ir—. Sígueme —ordenó, mientras montaba hacia la puerta que Pete acababa de abrir sin un palabra. Le seguí, Princesa moviéndose a un rápido ritmo con la más ligera presión de mis talones. Me condujo al espesor del bosque, el indicio descubierto de un rastro guiando nuestro camino. Admiré el paisaje mientras caminábamos, intentando moverme con el caballo y manteniendo mi postura agradable y suave. Estaba tan pacífico y calmado aquí. Los árboles nos cubrían con una sombra fresca, y era lo suficientemente temprano para que el tiempo fuera perfecto para un largo paseo a caballo.

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El bosque siempre me hacía sentir que había sido transportada a otro mundo, a otra época. La soledad, la serenidad, hacían que mi mente vagara en la tierra de fantasía. Los pinos eran increíblemente altos allí, el espeso follaje y las pequeñas flores púrpuras salpicaban el suelo de forma caprichosa. Fue casi chocante cuando salimos de lo más espeso del bosque a un sendero pronunciado y lo suficientemente ancho para ser una pequeña carretera. James se detuvo allí, esperando a que me reuniera con él. Me envió una maliciosa mirada de soslayo. —¿Cómo te sientes? ¿Estás dolorida? Negué con la cabeza. Aspiré una bocanada de aire mientras él llevaba una mano enguantada a la cintura de sus ajustados pantalones de piel. Dejó las riendas sobre el cuello de su caballo, dándole una firme orden a Demon para que permaneciera quieto. Luego procedió a desabrochar los abultados botones de sus pantalones, doblándolos hacia abajo, por debajo de su gruesa virilidad. Se alzó orgullosamente, tan gruesa y dura ya que mi boca se hizo agua ante la visión. Se quitó la camisa en un movimiento suave, metiéndola en uno de sus zahones. Yo simplemente bebí de la visión de su reluciente piel dorada, siempre sorprendida por su perfección. Los músculos de su bronceado abdomen cincelado estaban visiblemente trabajando mientras se sentaba sobre su caballo. De algún modo, estar con sus piernas cubiertas y sobre el caballo, hacía de su desnudez algo mucho más obsceno. E increíblemente caliente. Me dedicó esa sonrisa maliciosa y casi me derretí. —Ven aquí — ordenó. Obedecí, mi caballo moviéndose sigilosamente hacia él con entusiasmo. Me agarró, balanceándome hasta montarme a horcajadas en un movimiento aparentemente fácil. Mis ojos estaban en el duro juego de músculos de sus magníficos brazos. Me sentó justo delante de él, casi sobre el cuello de Diablo. —No te muevas —ordenó, sacando un cuchillo de bolsillo bastante grande de su bota. Me colocó sobre sus muslos, hasta que me encontraba solo a centímetros de su sobresaliente polla. Contuve una respiración sorprendida cuando usó el cuchillo en la cintura de mis pantalones, cortando hacia sí mismo. Cortó unos pocos centímetros por encima de la silla de montar, volviendo a poner el cuchillo en su bota. Desgarró mis pantalones el resto del camino. El sonido inicial de la rasgadura hizo que Diablo se pusiera en marcha, pero James le calmó con unas palabras de consuelo, todavía desgarrando hasta que me quedé solo con los zahones. Mi sexo parecía profundamente desnudo y obsceno, rodeado por los zahones negros y nada más, mi mitad superior todavía completamente cubierta.

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James extendió la mano por detrás de mí, arreglando de nuevo las riendas, desatándolas para hacerlas más largas, y envolverlas alrededor de su brazo derecho. Estaba dándole a Diablo rienda suelta, controlándole con las piernas, como me dijo que me enseñaría a hacer. Usó las manos firmemente colocadas sobre mis caderas para alzarme y colocarme en la punta de su erección. Tocó mi sexo solo con su polla, moviendo las caderas en pequeños círculos para extender mi creciente humedad por su ansiosa punta. Gemí, sacudiendo las caderas. Quería que me empalara desesperadamente, solo una rápida estocada para aliviar el dolor. Lo hizo, echando la cabeza hacia atrás para mirarme, su mandíbula apretada ante el ajuste terriblemente apretado. Empujó directamente hasta la empuñadura, y me derretí alrededor de él. —Oh, James —exclamé con sentimiento. Incluso con él completamente dentro de mí, todavía dolía. Mis caderas se sacudieron solicitando que se moviera. James hizo un chasquido y Diablo empezó a caminar. James se movió con él, un experto jinete, cada movimiento de sus caderas empujándolo un poco más dentro de mí. Mis piernas casi colgaban detrás de él, mi cuerpo rendido por completo. Nos observamos el uno al otro mientras se movía dentro de mí, las medias estocadas dejándome jadeando por más. —¿Quieres trotar, Bianca? —preguntó James, su voz un gruñido. Pensé en los movimientos exagerados de un trote. Oh, Dios, sí, quiero ese trote. —Sí —gemí. —Suplica por ello —dijo en una voz extrañamente calmada.¿Cómo es que él no estaba sin aliento? —Por favor, Señor Cavendish, ponnos al galope. Él solo me chistó con impaciencia. —Esa fue una triste excusa de súplica, Bianca. Ahora solo conseguirás un trote suave. —Puso a Diablo a un trote lento con un chasquido, manteniendo su postura. Estableció un trote tan suave que apenas incrementó el empuje del paso. Gemí ante él, angustiada, agarrando sus hombros ahora. Necesitaba más. Necesitaba los profundos envites a los que me había vuelto tan rápidamente adicta. Nuestros ojos nunca se apartaron los unos de los otros, su intensa mirada turquesa dejando una marca en mí inexorablemente. —Se lo suplico, Señor Cavendish. —Probé otra vez—. Por favor, fólleme al trote. Por favor, por favor, por favor. Sus ojos ardieron sobre mí, y puso al caballo a un trote rápido con un chasquido. —Ese es el tono que yo buscaba. Aguanta, amor.

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Me levantó más, su trote enterrándolo en mí con estocadas más largas y duras. Yo estaba cerca de gritar en cuestión de segundos con el nuevo ritmo. —Córrete —gruñó James, sus párpados pesados mientras me miraba. Me empaló duro y hasta la empuñadura mientras hablaba, y me vine abajo en sus brazos. Jadeaba, de nuevo con un paso lento mientras salía de mí, arrastrándose a lo largo de cada fibra sensible. Estaba en un sueño febril mientras él continuaba embistiendo. Me vine otra vez ante su dura orden. Y luego otra vez, antes de que él encontrara su propia liberación, gritando mi nombre, sus ojos pasando de duros y dominantes a tiernos mientras el éxtasis le embargaba. Me besó, todavía enterrado profundamente dentro de mí, mientras flotábamos de regreso a la realidad, Diablo frenando su paseo sin rumbo. Rompí el hechizo varios minutos más tarde cuando me aparté de su largo beso. —¿Habías hecho alguna vez esto antes? Sus ojos se cerraron, y supe que no me gustaría su respuesta. — ¿Hacer el amor a caballo? —preguntó. Mis ojos se estrecharon, captando inmediatamente la excepción de su forma de expresarse. Me parecía que intentaba tener mucho cuidado. —Follar a alguien sobre un caballo —corregí. Se sonrojó, y mi visión se volvió un poco roja, sabiendo su respuesta. —He follado a una mujer sobre un caballo antes, pero no fue así. Fue mucho más técnico, casi clínico. Fue más acerca de ver si podía ser hecho, por mí, que en realidad el acto real. Y yo era apenas un adulto en ese momento. —Me estudió, con los ojos muy abiertos cuando leyó la frialdad que florecía allí—. Por favor, no intentes degradar lo que acabamos de compartir. Oí sus palabras como si vinieran de la distancia, mi mente de repente recordando un pequeño detalle horroroso que había leído en un periódico sensacionalista, sobre que James y Jules provenían ambos de familias inglesas ricas que compartían una larga historia como ávidos jinetes. —¿Fue ella? —le pregunté en un susurro, con los ojos entrecerrados. Me apretó más estrechamente contra él, como si percibiera una amenaza. Enterró su rostro en mi cuello antes de hablar—: ¿A quién te estás refiriendo? Me puse incluso más rígida. —Jules —dije, mi voz volviéndose glacial. Le sentí suspirar contra mí. —Lo fue. Pero no significó nada. Por favor, no la uses para mantenerme a distancia.

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IntentĂŠ alejarme de ĂŠl, pero me tenĂ­a en una gran desventaja, y no iba a dejarme ir. En su lugar, puso a Diablo a caminar con un chasquido.

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18 Traducido por Vanessa Farrow Corregido por Meliizza

Comenzó a moverse dentro de mí otra vez, su erección creciendo rápidamente y endureciéndose, como si se tratara de un truco de magia. Jadeé, golpeándole los hombros. —No puedes usar el sexo para someterme —le dije. Me sentía herida y enojada, pero también involuntaria y extremadamente excitada. —No me puedes abandonar cada vez que estés enojada o celosa. Tenemos que hablar de esto. No te voy a dejar ir hasta que lo hagamos. Jalé su cabello duro, pero mis caderas ya se movían espontáneamente con sus embestidas. —¿Llamas a esto hablar? —Llamo a esto hacer el amor, y sí, hablamos. —Trató de sonreírme. Tiré de su cabello sudoroso. Hizo una mueca de dolor, pero no hizo ningún movimiento para detenerme. —¿Por qué sigues llamándolo así? ¿Por qué sigues llamándolo hacer el amor? Me dio una mirada ardiente. —Sabes por qué. Sigues tratando de menospreciar lo que tenemos, pero tienes que entender que es tan nuevo para mí como lo es para ti. Tengo un pasado. Un pasado extremadamente sórdido. No puedo cambiarlo. Lo haría si pudiera. Vas a encontrarte con muchas de mis ex amantes. Eso es un hecho lamentable. Será mucho menos doloroso para ti si pudieras entender que ninguna de ellas fue nada más que una follada para mí. Y follar no era nada para mí antes de conocerte. El sexo era una función corporal antes de encontrarte. Por eso llamo a esto hacer el amor. Significa mucho para mí. Nunca tuve una novia antes de ti, ni siquiera consideré la idea. Estoy seguro de que suena cruel, pero ninguna mujer ha sido algo más allá de una follada, sumisa, o amiga, a veces las tres cosas, aunque ninguna por mucho tiempo. Todas conocían la situación. Era brutalmente honesto con todas y cada una de ellas, sin excepción. Tú eres la única que quiero, la única que necesito. Así que, enojarte por mi pasado, o sentir celos de las mujeres con las que he estado, es injustificado. Nunca dejó de moverse emocionalmente cargada.

mientras

hablaba,

y

me

sentí

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—¿Injustificado? —La palabra estalló fuera de mí, enojada y herida—. Tengo demasiadas fotos tuyas saliendo con Jules. ¿Cómo puedes esperar que haga caso omiso de eso? —Jadeé cuando empujó más fuerte, un movimiento deliberado, sus ojos intensos—. Es injusto —murmuré—. Y tú no eres nadie para hablar. Era virgen cuando te conocí, pero sigues estando celoso de todos los hombres con los que hablo. Eso es injustificado. Me levantó hacia arriba y abajo durante varios empujes rápidos antes de hablar. Me tocaba como un tambor y yo lo sabía. Fue muy duro aferrarme a mi punto cuando me sentía increíblemente excitada, y a mitad de ser completamente follada. —Cuando tenía dieciocho años, los paparazzi me perseguían incansablemente, publicando historias tontas que me volvían loco. Se hallaban escondidos en los arbustos cuando salía de la escuela. Se encontraban fuera de control. Hice mi mejor esfuerzo para concentrarme en las palabras, pero él no me ayudaba, todavía moviéndose dentro de mí incansablemente. —Ya sabes cómo necesito el control —gruñó. Empujó más fuerte, chasqueando a Diablo en un trote duro. Volvió a chasquearlo, y el movimiento nos llevó a un medio galope. Este movimiento era desconocido para mis habilidades limitadas de montar, y me aferré a los hombros de James con pánico. Sus embestidas eran más calculadas a este ritmo. Me desarmó casi al instante. —Vente —ordenó bruscamente. Llevándome al límite. Redujo la velocidad de nuevo a un paseo, pero no se detuvo. —Ya sabes cómo necesito el control —repitió—. Pero las cosas que ellos hacían estaban completamente fuera de mi control, y me di cuenta un día que la prensa era como una manguera de jardín —explicó. Parpadeé hacia él, aturdida y confusa. —¿Una manguera de jardín? —pregunté. Me dio una suave sonrisa, disfrutando de la pérdida total de mi autocontrol. —Una manguera de jardín. Si se abre muy ligeramente no se puede controlar el flujo. Simplemente gotea donde quiere. Pero si la abres a potencia completa puedes controlar el flujo, enviándolo donde quieres. Así que empecé a exponerme a los paparazzi, en lugar de esconderme. Estimulé sus atenciones fascinándolos, y en público, convirtiéndome en un libro abierto. O más bien, haciéndolo parecer de esa manera. Jules era la hermana de mi mejor amigo, y de vez en cuando, una amante muy casual mía, y habíamos sido amigos por un tiempo. Fuimos vistos por ahí juntos, ya que frecuentamos los mismos círculos. Rápidamente me di cuenta de que le gustaba la atención, fomentando rumores acerca de nosotros descaradamente, incluso filtrando mentiras a la prensa sobre nosotros. Sus ojos se veían solemnes y serios en su rostro mientras continuaba—: Ahora me doy cuenta que fue estúpido dejarla llegar tan lejos, pero en ese momento no veía ningún problema con eso. Otras

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mujeres pensaban que ella y yo teníamos una relación abierta, así que nadie intentó nada más conmigo. Me salvó de peores malentendidos, por un tiempo. Entiendo que se vea mal, pero quiero que confíes en mí en que eso es todo lo que era. Jules no es alguien de quién tengas que preocuparte. Comenzó a moverse en serio después de ese pequeño discurso, y me deshizo una vez más, llevándome al orgasmo al trote. Grité su nombre, agarrando su cabello en puños apretados. Se vino conmigo en ese momento, sus ojos fueron tan tiernos que lágrimas no deseadas picaron mis ojos. Redujo la velocidad de Demon a un paseo. Me inclinó un poco hacia atrás, sus ojos moviéndose hacia abajo, donde nuestros cuerpos se unían. Se pasó la lengua por sus perfectos dientes de modelo mientras estudiaba la vista. Mi mirada siguió la suya. La visión que encontré me hizo mantener apenas la respiración estabilizada. Todavía me hallaba empalada sobre él, mi humedad mezclada con la suya en la base gruesa de su pene mientras me movía ligeramente arriba y atrás. Su voz era baja con placer cuando habló—: Estás tan llena de mi semen en estos momentos. Estás repleta de mi polla y mi semen. Quiero mantenerlo así para siempre. Podría haberte embarazado ahora, si no estuvieras tomando la píldora. Sus palabras me tensaron, sacándome de la bruma sensual en un instante. Traté de salir de él. Tuvo que ayudarme a salir de su longitud semidura. Me jaló alineándome con él, su polla entre nosotros. —Envuelve tus brazos y piernas alrededor mío con fuerza. Voy a desmontar. Mucho más de esto y me haré demasiado rudo para follarte por días. Hice lo que me dijo. —Pensé que esto era hacer el amor —le dije con malicia. Me lanzó una mirada de censura. —Chica insolente. Me puso sobre los pies inestables, apoyándome contra Diablo cuando me tambaleé. —Consigue equilibrarte. Tengo que agarrar a Princesa. Cerró sus pantalones mientras se alejaba. Princesa todavía era visible, aunque se encontraba bastante lejos detrás de nosotros. Parecía que había estado siguiéndonos, aunque lentamente. No me di cuenta, por razones obvias. Diablo no protestó cuando me apoyé en él fuertemente, vi a James dar zancadas hacia Princesa resueltamente, y salté sobre su espalda en ese movimiento suave que parecía imposible, dada la altura. La montó de regreso a nosotros en un galope suave, se detuvo suavemente a la par de nosotros y desmontó con la gracia de una pantera.

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Me estudió de pies a cabeza, sus ojos apreciativamente persistentes en la vista de mi sexo desnudo. Se movió a una alforja en la silla mientras hablaba. —Supongo por tu reacción que no deseas tener hijos en un futuro próximo. —Su tono era casi indiferente, como si fuera el tema más informal en el mundo. Lo miré con incredulidad. —O nunca. Estoy demasiado jodida para ser madre algún día —le dije, la definición en mi tono. No se dio por aludido. —¿Por qué piensas eso? ¿Por tu infancia? —Se volvió para mirarme mientras sacaba un par de vaqueros enrollados de la alforja. —Sí, por supuesto, por eso. Mi mente está muy confusa con cosas oscuras. Una madre se supone que está, no sé, feliz y llena de amor. Deben ser capaces de dar y recibir amor, y no estoy segura de ser capaz de eso. —Me sonrojé ante lo que revelé. Me sentía avergonzada por cuán jodida estaba, pero él necesitaba saber. Se movió hacia mí mientras yo hablaba, ahuecando mis mejillas, sus ojos increíblemente tiernos. —Oh, Bianca, eso no es cierto. ¿Crees que sólo las personas con infancias perfectas deben ser padres? Reflexioné sobre eso, encontrando la respuesta fácilmente. —Por supuesto que no. —Probablemente creas que alguien como yo, nunca debería ser un padre. Parpadeé, avergonzada de qué pensará tal cosa. —Por supuesto que no. Creo que serás muy bueno para eso, cuando tengas hijos. Eres tan paciente y controlado. Me acarició las mejillas, dándome una mirada tan intensa que tuve que luchar contra el deseo de no apartar la mirada. Era tanto, como tratar de mirar directamente al sol. —Así que tú también. Pero si nunca quieres tener hijos, puedo vivir con eso, también. Mi corazón se detuvo, sólo se detuvo, y luego comenzó a latir con fuerza, como si acabara de correr una maratón. —¿Qué estás diciendo? Me besó, con un beso largo y acalorado. —Nada. Simplemente no estás lista para hablar de esto. No quiero asustarte de nuevo. Tomé respiraciones profundas, tratando de no entrar en pánico ante lo que sabía que él casi había dicho. Desechó todo el asunto, tirando mis vaqueros sobre su hombro y buscando de nuevo en la alforja. Sacó algunos paños húmedos empaquetados, desabrochándose los pantalones para limpiar los fluidos mezclados. Lo vi tocarse a sí mismo, mordiéndome el labio. ¿Cómo podía todavía desearlo con tal desesperación cuando me había tenido, una y otra vez? No lo sabía, pero ahí estaba.

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Puso la toallita usada en una pequeña bolsa, sacando más para limpiarme. Su mirada era abrasadora mientras me limpiaba, mirándome de arriba a abajo en una forma sexy más de una vez. —Sigue viéndome así si quieres ser follada contra un caballo — advirtió. Aparté la vista, moviéndome contra sus minuciosos dedos mientras me limpiaba. Golpeó mi trasero desnudo rudamente con la otra mano. —Estoy tratando de no follarte duro. No lo hagas más difícil. —Su tono era tan severo que sólo conseguí excitarme más. Cerré los ojos, todavía mordiéndome el labio. Gruñó, arrastrándome hacia un árbol. Colocó mis manos sobre el tronco rugoso. —No te muevas ni un centímetro. Necesitas una buena paliza. Tienes suerte de que tienes que montar de nuevo, o te habría azotado duramente, pequeña atrevida. Arqueé la espalda, mi cuerpo dirigiendo el espectáculo. Gruñó de nuevo y comenzó a azotarme, sus guantes cubiertos de cuero escociendo ante el primer golpe. Gemí, moviéndome en círculos. Se detuvo después de diez, respirando con dificultad. Me penetró sin advertencia un instante después, ahuecando mis pechos, su respiración áspera y pesada en mi oído. —Sólo una suave y ligera cogida. ¡No puedo pensar jodidamente coherente, te deseo tanto! No te muevas, esto tiene que ser rápido y suave. Dejé escapar una risa entrecortada ante su descripción de ser follada contra un árbol por su impresionante polla "suave" y "ligero". No fue la cogida discordante que por lo general yo ansiaba. Entraba y salía de mí fluidamente, gritando en mi oído cuando se vino, demasiado rápido para mí, incluso para mantenerle el ritmo. Me quedé muy sorprendida por su liberación. Generalmente pasaba mucho tiempo antes de que se viniera. Pero, por supuesto, no me dejó insatisfecha por mucho tiempo. Me excitó, arrodillándose frente a mí, arrancándose un guante impacientemente con los dientes. Enterró la cara entre mis piernas con un áspero gemido, y grité mientras me hacía venir resueltamente, usando la lengua y los dedos, y sólo una mínima pizca de sus dientes, mis manos agarrando su cabello sedoso todo el tiempo. Nos limpió de nuevo después de eso, sacudiendo la cabeza arrepentido al mismo tiempo. Tuvo que quitarme las chaparreras antes de ponerme la ropa interior y luego los vaqueros ajustados. Eran nuevos, pero aun así se ajustaban perfectamente. No me sorprendí por eso. Puso las chaparreras de nuevo en mis piernas, rápido y

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eficientemente, como si lo hubiera hecho miles de veces. Traté lo más que pude no obsesionarme con ese hecho. —Nunca pensé que tendría el deseo de follar a alguien hasta la muerte —murmuró. Me reí. Me dio una pequeña sonrisa mientras me llevaba de vuelta a Princesa. Me ayudó a montar y me volví rápidamente, con ganas de verlo realizar su propia montada perfecta, una vez más. Lo hizo sin esfuerzo, guiándonos adelante cuando nos dirigimos de regreso al rancho. —¿Tienes que volver a Las Vegas hoy o mañana? —preguntó James, mirándome hacia atrás. Hice una mueca, pensando en ello. —Esta noche. Odiaría presionarlo y acertar con el mal tiempo. Suspiró con resignación. —Está bien. Almorzaremos y partiremos.

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19 Traducido por Nats Corregido por Sofí Fullbuster

Estábamos regresando a las Vegas en demasiado poco tiempo. Habían pasado muchas cosas en nuestro breve respiro. James había debilitado mi resolución de mantenerme alejada de esa manera suya, con su persistencia y su fuerza de voluntad. No era un hombre fácil de disuadir. Y por alguna razón, parecía resuelto a estar conmigo. Y queriéndome para algo más permanente de lo que jamás pensé que consideraría. Vivir juntos no me aterraba como lo hacía el matrimonio, pero no podía decir que estuviera a gusto con ello tampoco. Nos mantuvimos en silencio durante el trayecto, y después en el vuelo. No me importó. Tenía un montón en lo que pensar, y James parecía perdido en sus propios pensamientos, ni siquiera sacó su ordenador para trabajar durante el vuelo. —Nos quedaremos en tu casa esta noche —dijo James, mientras entrábamos en las Vegas. Era la primera cosa que decía en una hora. Lo estudié. Parecía un poco distante, un poco triste. —Estoy terminando unas obras en mi casa Finalmente te daré un tour por ella la semana que viene.

—explicó—.

Me limité a asentir, aunque no me hubiera estado preguntando. Nos fuimos a la cama temprano esa noche. James podía ver que estaba exhausta del viaje y los vuelos, y oh sí, del sexo fenomenal. Hizo su pequeño examen perverso de mi cuerpo. Se había convertido en un hábito suyo. Me sentía bastante bien, mayormente cansada, y un poco dolorida, pero insistió en revisar cada centímetro. Besó suavemente las sombras de moretones que seguían sobre mis costillas y espalda, las abrasiones en las muñecas y los tobillos, e incluso me giró para revisar mi trasero magullado debido a la silla. Comprobó por último mi sexo, sus ojos entrecerrados mientras me tocaba muy suavemente, sus dedos hurgando sobre mis pliegues. —Debes de ser el aspirante a médico más pervertido del planeta —dije sonriendo a medias. Su boca se alzó ligeramente en las comisuras. Lo tomó como un desafío. El comentario pareció inspirarle a serlo aún más. Había traído un vaso de agua con hielo a la habitación, y lo tomó de la mesita de al lado, dando un largo trago. Una de sus manos aún

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sostenía mi muslo, manteniendo mis piernas bien separadas y mi cuerpo presionado justo contra el borde del colchón. Se agachó, hundiendo su cara entre mis piernas. Jadeé cuando empujó un cubito de hielo dentro de mí con su inteligente lengua. Me lamió como un gato por un momento antes de enderezarse de nuevo. Tomó otro largo trago, repitiendo el proceso. Mis manos se perdieron en su sedoso pelo, rogándole silenciosamente por la liberación, pero se tomó su tiempo. Me acarició, y me lamió, y se echó atrás, sólo para mirarme, una y otra vez. Hundió un dedo en mi interior, empujando, pero quería más. —Por favor, James, te quiero dentro de mí. Mordió el labio inferior de esa hermosa boca, pero no respondió, simplemente siguió con el proceso. Estaba temblando, los escalofríos arruinándome por el deseo y la deliciosa sensación del hielo en mi interior. Había metido cinco cubitos en mi profundidad. Tomó otro y comenzó a pasarlo por mi vientre, rodeando mi obligo con movimientos casi perezosos. Luego continuó por mis costillas, para trazar mi esternón. Mis pezones ya estaban bastante duros antes de que les prestara atención. Temblé y me estremecí cuando finalmente rodeó un tembloroso pezón. El hielo no era la única cosa fría que había traído a la habitación con nosotros, me di cuenta después de interminables minutos de burla. Su actitud era muy fría esta noche, sus ojos tan fríos mientras trabajaba sobre mí lentamente, tortuosamente. —¿Estoy siendo castigada? —pregunté finalmente, cuando se abstuvo de dejarme venir, apartando sus ocupados dedos justo antes de la liberación. Sonrió, e incluso hasta su sonrisa era fría. —No exactamente. Esto es sólo una lección, Bianca. Estoy haciendo esto por una simple razón. Porque puedo. Esto es lo que significa ser mi sumisa. Me retorcí con eso, sus calculadas acciones produciéndome un tembloroso miedo que, contra toda lógica, me hizo quererle incluso más. —¿Me follarás esta noche? ¿O es sólo una provocación? ¿Porque puedes? En respuesta, enterró su cara entre mis piernas de nuevo, su lengua rodeando mi clítoris, sus dedos regresando al trabajo en mi interior. Sentí a los cubitos de hielo chocar entre sí, y gemí, justo al borde del orgasmo. Se enderezó, dejándome carente de ello. Se levantó, deshaciéndose de sus bóxers con un suave movimiento. Estaba duro. A estas alturas, habría estado muy sorprendida si no fuera así. Se acarició a sí mismo, mirándome con esa dura, pétrea expresión. Me mordí el labio mientras le observaba

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masturbarse una vez, dos. Estaba lloriqueando para la tercera, atrayendo mis piernas hacia el pecho, queriendo tocarme a mí misma, cualquier cosa para aliviar el dolor que el hielo dentro de mí producía. Bajé las piernas, alzando las caderas al aire en una súplica silenciosa. Se detuvo bruscamente. —No —respondió finalmente—. Me estoy castigando a mí mismo esta noche, así que no voy a follarte. Sólo tú te vendrás esta noche. Se agachó, y renovó la tortura de nuevo. Había dicho que podía venirme, pero no cuándo, y me mantuvo al borde durante largos minutos que se sintieron como horas. El primer hielo se había derretido, con nuevos cubitos sustituyéndole, para cuando finalmente me chupó hasta un clímax tan fuerte que sollocé su nombre al final, lágrimas bajando por mis mejillas. Intentó sostenerme después, pero me giré, tratando de mantenerme fuera de su alcance. Pero mi cama no era tan grande, y él era decidido. Me cacheteó el trasero por el esfuerzo. —No te alejes de mí —dijo con voz dura, atrayéndome a su pecho. Intenté conciliar el sueño, pero comenzó a tocarme de nuevo, amasando mis pechos hasta que estaba arqueándome, rozando mi espalda contra su rígida longitud. —Puedes llevarme allí —le dije, rozándole de nuevo. Odiaba que se lo estuviera negando a sí mismo, por cualquiera que fuese la razón. Ronroneó contra mí. —Sin liberación para mí, no esta noche. Sigo presionándote demasiado, incluso a pesar de que estás magullada y poco acostumbrada a esto. Necesito una noche de tortura para reflexionar sobre mis pecados. Sigue burlándote de mí. Me lo merezco. Detuve mis movimientos, no dispuesta a ayudarle en ese sentido. Me mordió el cuello, una mano serpenteando hasta acariciar mi sexo. — ¿No quieres que sufra, amor? ¿No estás de acuerdo con el castigo que he elegido para mí? —No —dije en un gemido. Hundió sus largos dedos en mi interior, comenzando un exquisito ritmo. —Quiero darte placer, no castigarte —le dije. Gruñó. —Bueno, no depende de ti, ¿verdad? —preguntó, sus dedos vivificándose, llevándome al orgasmo tan rápido esta vez que era un marcado contraste con lo que me había hecho antes. Mantuvo los dedos dentro, una mano agarrando mi pecho, y su dura erección aún presionada firmemente contra mi trasero. —Ve a dormir, amor —susurró roncamente en mi oído. Estaba tan cansada que de hecho, lo hice.

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James me despertó por la mañana de la misma forma en que me dejó anoche, su mano acariciándome, la otra amasando mi pecho. Estaba chupando ese perfecto lugar en mi cuello, su dura polla moliéndose contra mi culo al ritmo de sus dedos. —¿Estás despierta? —preguntó en mi oído. —Sí. Por favor, te necesito dentro. Por favor, no te prives de nuevo. —Arqueé la espalda mientras hablaba. Me puso boca arriba, pero se quedó dónde estaba. Me arrastró alrededor hasta que mi húmeda entrada señalaba a su rígido miembro, lanzando mis piernas sobre su cadera. Mi cabeza estaba casi colgando de un lado de la cama. Utilizó uno de sus brazos para elevarse, pero su otra mano era libre para vagar sobre mi cuerpo. Se quedó en mis pechos, tirando de mis pezones. —Tendré piedras especialmente diseñadas para estas —dijo, y se estrelló contra mí. No tuve la oportunidad de preguntarle a qué se refería. Estaba demasiado ocupada jadeando mientras comenzaba un ritmo traqueteante, todavía tirando de mis pechos. —Haré que coincidan con tu collar y los pendientes. Quiero bañarte en diamantes. Decoraré todas tus cadenas con ellos. Antes de que acabe contigo, cada parte de tu cuerpo estará marcada como mi propiedad. Mis manos se cerraron sobre las sábanas. Era todo lo que podía alcanzar en esta posición. Usé mis piernas para moverme con sus golpes, y él gimió en aprobación. Nos tuvo a ambos liberándonos en breves momentos, impacientes por su tortura de anoche. —¿Dormiste algo anoche? —le pregunté mientras yacíamos jadeantes, gastados. —Un poco. Aunque cada vez que lo hacía, me despertaba intentando violarte mientras dormías. Necesito repensarme ese castigo, creo. Me moví hasta que lo pude besar. Fue un largo y dulce beso. Fue sorprendentemente pasivo con ello, como si tuviera curiosidad por ver qué haría.

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Me aparté, tocando su mejilla. Sabía que la ternura se mostraba en mis ojos. —Duerme un poco. ¿Por favor? Al menos descansa mientras intento buscarnos algo para desayunar. Debía de estar exhausto, porque asintió, cerrando los ojos. No los abrió cuando se llevó mi mano a sus labios, besándola suavemente. Me levanté, tirando una sábana sobre él, e impulsivamente besando su frente antes de ponerme mi diminuto, casi transparente camisón. Agarré un tanga de mi cajón lleno de cosas de encaje, incluso sabiendo que me cambiaría de nuevo pronto, ya que necesitaba ducharme después del desayuno. Vagabundeé hasta la cocina, sacando cualquier cosa que pudiese encontrar que fuera bien con unos huevos. Maldije cuando escuché el alto sonido del camión de basura conduciendo por mi pequeña calle. Ya me había olvidado de sacar la basura la semana pasada. Realmente necesitaba dejarla en la acera antes de que el camión pasara por mi casa. Normalmente no iría afuera en mi diminuto camisón, pero no tenía tiempo de cambiarme. Además, seré rápida, me dije a mí misma. Sólo necesitaba sacar mi única bolsa de basura del garaje y dejarla en la acera, luego regresar dentro. Y esto era Las Vegas. Ver a la gente semidesnuda era difícilmente sorprendente, incluso en público. Fui hacia el garaje, pulsando el botón para abrir la puerta. Ya estaba arrastrando la bolsa debajo de la puerta cuando ésta estaba a la mitad. Me sentí aliviada de ver que el camión de basura seguía a un par de casas de distancia. Lo había conseguido. No noté al extraño hombre fotografiándome descaradamente hasta que estuve en la acera, dejando la bolsa de basura. Le vi, y sólo me congelé mientras tomaba disparo tras disparo de mí. No me moví hasta que levantó la vista de la gran cámara, mirándome de reojo. —Gracias, Señorita Karlsson. Luce caliente esta mañana. Era un hombre barrigudo, en sus cincuenta, supuse. Sólo la expresión de su cara hizo retorcer mi estómago. Estaba corriendo de nuevo a casa cuando todo el infierno se desató. Un gran hombre en traje agarró duramente al grasiento fotógrafo, al mismo tiempo que la puerta de la cocina se abría de golpe, y un frenético James con sólo bóxers venía hacia mí. Oí clics detrás de mí, el fotógrafo de alguna manera arreglándoselas para obtener un par de fotos de James, incluso mientras seguía restringido por un hombre mucho más grande que él. Era casi impresionante. Observé la cara de James mientras tomaba nota del desastre, observándole cambiar de frenético a furioso en un latido. Parecía que

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quería asesinar al hombre mientras se acercaba, mirando al paparazzi todo el tiempo. Se detuvo frente a mí, tapándome de su vista. —Entra —dijo con los dientes apretados. Ya había visto su rostro. No podía imaginar, por su mirada, que no hubiese planeado hacerle al hombre algo violento. —Entra conmigo, por favor —le supliqué, mi voz bajando de tono. —Entra, Bianca. Ahora. Me abracé a su espalda, no queriendo que se metiera en problemas por algún asqueroso fotógrafo. —Luces como si fueras a atacarlo, James. No quiero que vayas a la cárcel. —Incluso mientras hablaba, oí unos cuantos clics de esa maldita cámara. El hombre no tenía miedo. —Prefiero ir a la puta cárcel que dejarle marchar con esas fotos de ti. Ahora ve adentro. —Tu hombre de allí puede manejarlo —dije, mi mejilla contra su espalda—. ¿Y quién me protegerá, si estás en la cárcel? ¿Valdría la pena, si algo me pasara mientras tú no estás? —Me sentía horrible diciendo eso, e incluso sabía que no era un argumento sólido, pero estaba desesperada por hacer que entrara, y pensé que al menos captaría su atención. Algunas fotos escandalosas de mí no eran mi mayor preocupación. Se estremeció, y sentí una oleada de alivio. Se volvió hacia mí, aún usando su cuerpo para bloquearme de la vista, y me hizo entrar de nuevo al garaje. —Borra esas jodidas fotos de su cámara, Stimpson, ¡o estás despedido! —gritó James por encima del hombro, sin detenerse. —¿En qué mierda pensabas? —soltó James al segundo de cerrar la puerta de mi cocina—. ¿Te gusta darle al mundo un maldito espectáculo? Me puse rígida ante sus palabras, estallando casi en un grito lleno de rabia. No respondí, alzando la barbilla y caminando con la espalda recta por mi casa y entrando al baño. Si iba a traspasar toda su furia hacia mí de una forma que no podía manejar, supuse que era mejor recomponerme más pronto que tarde. Intenté mantener la calma, pero mi cuerpo entero temblaba mientras esperaba a ver qué haría después. Me quité la escasa ropa antes de meterme en la ducha, encendiéndola, el agua fría mojándome durante varios segundos antes de que se comenzara a calentar. Me quedé bajo el chorro, inmóvil, por un rato. Pasó mucho tiempo antes de que James se uniera. Le sentí más que le vi, ya que tenía los ojos cerrados.

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Me abrazó cuidadosamente por detrás. El primer instinto fue de apartarme, pero dejé que me sostuviera. Podía sentirle temblar, y la idea de hacerle daño, cuando era tan vulnerable como yo, me era aborrecible. —Lo siento tanto, amor. Por supuesto que sólo estabas sacando la basura, como una persona normal. No debería haberme descargado contigo. Lo siento si levanté la voz. Nunca te tocaría enfadado. A pesar de los demonios que pueda tener, no soy así. Pero vi esa mirada asustada en tu cara cuando alcé la voz. Me odio por llevarlo al extremo. No dije nada, pero tampoco le aparté. Me lavó, su toque gentil. —¿Vendrás hoy al hotel conmigo? Puedes ir al spa mientras termino unas cosas. —Mientras hablaba, enjabonaba mi pelo. Suspiré, sintiéndome débil por el drama mañanero. ¿Por qué no ir al spa? Me pregunté, considerando seriamente la idea. Nunca hice cosas como esa. No tenía que trabajar hasta la tarde, y James gastaría ridículas cantidades de dinero en mí, fuese al spa o no. Era realmente una gota en el mar llegados a este punto. —Puedes invitar a quien quieras. Te tratarán como a la realeza, así como a cualquiera de tus amigos. Simplemente invita a Stephan, y dile que corra la voz. Puedes hacer la reunión en el spa, si quieres. Mi complejo tiene uno de los mejores en la ciudad. Cedí a la súplica en su voz. Era como un niño, buscando la forma de hacer las paces. —Vale —dije finalmente. Soné como una niña a mis propios oídos—. Gracias, James. Eso es considerado. Tú eres considerado. Labios húmedos besaron mi mejilla casi descuidadamente. Era tan diferente a él que dejé escapar una pequeña risa. —Gracias a ti. Nada me hace más feliz que cuidarte, de cualquier forma que pueda. —Su voz era un ronco susurro sobre mi piel. Me giré y lo abracé, su vulnerabilidad era casi palpable ahora. —Me haces tan feliz, Bianca. Me encontraba enfadado conmigo mismo, por haber fallado en protegerte, una vez más. —Oh, James. ¿Qué voy a hacer contigo? Un par de estúpidas fotos no van a herirme. —Cuando oí la puerta del garaje, mi corazón se detuvo. Sólo la idea de que estuvieras fuera sola, cuando tu padre sigue en libertad, me da pánico. —Obviamente no estaba sola, con ese guardaespaldas de allí. Me parece que tienes las bases cubiertas.

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Se puso rígido con eso. —¿Qué le llevó tanto tiempo para reaccionar? Eso es lo que quiero saber. Besé el centro de su pecho, justo en ese pequeño hueco entre su bien musculado pecho. Me encantaba ese lugar. Llené mi palma con champú, alzándome para enjabonar su pelo color miel. Le sonreí cuando el movimiento arrastró mi pecho contra el suyo. Se inclinó para darme mejor acceso, apoyando la frente en mi hombro. Le lavé mientras me lavaba. Era la primera vez que me dejaba atenderle tan tiernamente como solía hacerme a mí. —¿Te molesta que te toque de esta manera? ¿Es por eso que evitas que lo haga normalmente? Negó, sus ojos cerrados. Su voz era un susurro en mi oído. —No tú. Amo cada toque tuyo. Se siente cariñoso, y quiero eso. Quiero tanto que te preocupes por mí. Mi corazón dolió un poco con eso. Quería tranquilizarle, pero las palabras eran un nudo en mi garganta. Simplemente me abrazó fuertemente, sin presionarme a hablar. Si hubiese querido a una mujer que expresara sus sentimientos fácilmente, supuse que no me habría escogido a mí. —Múdate conmigo. —Sus palabras eran tranquilas pero sinceras. Suspiré. Era un innegable cabezota. Unos pocos días, y era casi imposible decirle que no. —¿Qué tal esto? Pasaremos más tiempo juntos. Si estamos en la misma ciudad, dormiremos juntos, al igual que en estos últimos días. Estuvo a punto de dejarme sin respiración. —Gracias —dijo con voz ronca, y comenzó a besarme. Sus manos estaban por todas partes, su boca caliente, mientras me apoyaba contra la pared de la ducha. Cuando sintió mi centro caliente y lo encontró húmedo, me levantó contra él, empalándome brutalmente. —Dime si te duele —dijo roncamente. Colocó mi espalda contra los azulejos y empezó a empujar. Estaba deliciosamente adolorida, pero no se lo hubiera dicho para nada. Entonces podría haber detenido el celestial orgasmo que se construía mientras golpeaba en mí. Observé su adorable cara, como él me había enseñado, mientras se movía, mis manos agarrando sus hombros. Su rostro estaba mojado, su piel dorada tan perfecta. Pensé que parecía un ángel, con el pelo mojado curvándose en su cara. —Eres tan hermoso —dije en voz baja, pero me oyó sobre el agua cayendo. Claramente disfrutaba mi admiración, su cuerpo estremeciéndose en placer por el siguiente clímax. Lo sentí estremecerse hasta en mis pies, y eso me llevó al borde.

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Ahuequé su mejilla mientras nos veníamos juntos. Era tan íntimo que debería haberme congelado, o incomodado, o incluso repulsado, pero no lo hizo. Cada vez me apetecía más esta intimidad, no huir de ella.

20 Traducido por Tsuki Corregido por MelMarkham

Después de que nos duchamos y vestimos, tomé mi teléfono, con la intención de mandarle un texto a Stephan para informarle del día en el spa. James levantó una mano. —Déjame hablar con él. Arrugué la nariz. Él golpeó ligeramente. —¿Qué necesitas decirle? —le pregunté sospechando. —¿Por qué no? —preguntó. Me dejé caer, viendo por su expresión inocente, que iba a tener mejor suerte preguntándole a Stephan por mensaje de texto qué quería James. —Voy a cocinar unos huevos para el desayuno, a menos que te opongas —le dije, tirando sobre mí un viejo vestido veraniego. Pensé en vestirme de verdad después de comer. Así que ni siquiera me molesté con la ropa interior. Me dio un beso ardiente. Él sabía increíblemente bien. Siempre lo hacía. Chupé su boca ardientemente, y él gimió, alejándose. Me sonrió y dio una palmada en mi trasero. Me retiré rápidamente. A éste ritmo, podríamos jodernos el uno al otro, hasta morir de hambre. Caminaba a la cocina, con el teléfono aferrado en la mano, cuando comenzó a sonar. Le eché un vistazo a la pantalla. Reconocí al remitente, ya que me había perdido varias llamadas del mismo número 702 en el último mes. Impulsivamente, le contesté. No me gustan los misterios, y de verdad quería saber quién me llamaba con tanta insistencia. —Hola —le dije al teléfono. No hubo respuesta en el otro extremo, sólo el silencio con el más leve indicio de música suave en el fondo. Tres latidos del corazón más tarde, el teléfono sonó sin comunicación desde el otro extremo.

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Mi ceño estaba fruncido mientras dejaba el teléfono en el mostrador, y comenzaba a preparar el desayuno. Las llamadas eran extrañas, pero apenas eran algo como para dejar que me molestara el tema. Decidí no dejarme llevar por eso. Hice una enorme porción de huevos y cualquier cosa que pude encontrar para acompañarlos. Pimientos, cebollas, jamón, pavo ahumado, y un poco de queso cheddar extra para rematar. Fue un mejor desayuno de lo que pensé que podría llegar a ser, así que estaba bastante contenta con el esfuerzo. James comió una cantidad ridícula de la misma. Su plato tenía al menos cinco huevos, pero lo terminó rápidamente. Comió como si nunca hubiese tenido una comida buena en toda su vida, cuando en realidad, la que comía lo que podía era yo, ya que a menudo me encontraba fuera de la ciudad. Sin embargo, apreciaba su entusiasmo. No debería haberme sorprendido el encontrar nuevas incorporaciones a mi armario, tanto para mí como para James. Se encontraba relleno completamente, mientras que antes estaba más bien medio vacío. Le envié una mirada maliciosa cuando noté el cambio. Él ni siquiera pareció darse cuenta, mientras miraba a través de mi ropa nueva. Sacó un par de diminutos shorts color blanco de una percha, para entregármelos. Eran más apretados que cualquier cosa que yo tuviera. También eligió una camiseta con diseños geométricos impresos, en color blanco y negro. Me los entregó sin decir una palabra. Alcé las cejas ante sus elecciones arbitrarias, pero me los puse sin protestar. Al menos podía ver como encajaban y se veían. Los shorts eran demasiado cortos, pero eran más elásticos de lo que parecían, y extrañamente cómodos. Nunca tuve un par de pantalones cortos color blanco, al menos no recordaba tenerlos. Revisé la línea de la ropa interior con cuidado, un poco preocupada de que mi tanga rosa se mostrara, pero el material parecía lo suficientemente sólido. La parte superior era cómoda, colgando libremente por mis caderas. Decidí que me gustaban las opciones de James mientras las estudiaba en el espejo. Eran halagadoras pero con buen gusto. Bueno, tan de buen gusto como unos shorts cortos pueden tener. Había casi terminado con mi sencillo peinado y el mínimo maquillaje para cuando James salió del closet, vestido y luciendo fabuloso, como siempre. Su atuendo era diferente a cualquier otro que le había visto usar antes. Llevaba pantalones cortos de lino blanco, que se aferraban a sus caderas deliciosamente. Mis ojos se detuvieron allí por mucho tiempo. Él vestía una holgada, camisa de vestir azul brillante, con las mangas arremangadas y con el cuello abierto. El color resaltaba sus ojos y su bronceado a la perfección. Estaba sorprendida de que estuviera vestido tan sencillamente. No imagino que nadie en su entorno lo hubiese visto en otra cosa que no fuera un traje de tres piezas. Lucía como si estuviese a punto de irse de vacaciones a los Hamptons, no a pasar unas horas trabajando.

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—Eso luce bien —le dije mientras se acercaba a mí vanidosamente, situándose detrás—. Estoy sorprendida de verte en algo que no es un traje, sin embargo, para el hotel. Él solo se encogió de hombros, estudiándome con ese enfoque filoso que él poseía. Pasó junto a mí, cavando dentro de la caja de plata con joyería que nos había seguido desde Wyoming. Me había quitado mi collar antes de ducharme, y él lo abrochó de nuevo al rededor de mi cuello, sin decir una palabra. Lo toqué ligeramente mientras regresaba al interior de la caja, sacando un par de enormes aretes de diamantes corte princesa, que nunca había visto antes. Los puso sobre mí aún sin decir nada, presionando contra mi espalda íntimamente. —Todo esto es demasiado, James —le dije, pero no me los quitó. Parecía que necesitaba hacer esto, para bañarme en regalos. Debí dar más pelea, lo sabía, pero su cálida mirada me detuvo. Le gustaba hacer eso, y mató cualquier impulso que tuve para pararlo, cuando me di cuenta de lo mucho que le gustaba. Metió la mano en la caja de la joyería grande de nuevo, sacando una caja de color negro de buen tamaño. Apreté los labios, sabiendo que había hecho otra cosa terrible. Abrió la caja, mostrándome un juego de puños de diamante. Eran gruesos, brillando con más diminutos diamantes de los que podría llegar a contar. No se me escapó que lucían como joyas incrustadas en cadenas. Él estudió mis muñecas, pasando un dedo delicadamente sobre las abrasiones aún visibles allí. —Éstos tendrán que esperar unos días, creo —espetó cerrando la caja, guardándola de regreso. Apretó una palma contra mi estómago, presionándome fuertemente contra él. Su otra mano se deslizó hasta el interior de mis muslos, presionando más allá de mis diminutos shorts y mis bragas. Fue sorprendente la rapidez y facilidad con la que pudo acceder allí. Aspiré una bocanada de aire, mientras él trabajaba con su largo dedo dentro de mí. Busqué su mirada caliente en el espejo. Él observaba como su mano me penetraba. —Mi armario estará consiguiéndote más shorts como éste. No sólo tus piernas se ven fenomenales, sino que también puedo hacértelo en el momento que yo quiera. Te va a encantar éste tipo de acceso. Lamentablemente, retiró su dedo bastante rápido, besando la parte posterior de mi cabeza. Suspiró profundamente antes de alejarse. Entró de nuevo a mi armario y volvió con dos pares de zapatos que yo no había puesto ahí. Él se puso un par de mocasines blancos que dejaba su piel dorada aún más perfecta, y me entregó un par de tacones de color azul brillante para mí. Vi inmediatamente que hacían juego con su camisa. A pesar de mi misma, le sonreí.

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—Parece que usted conoce el contenido de mi armario mejor que yo en éstos días, Señor Cavendish. —Mi tono era osco mientras me inclinaba para sujetar los tacones en mis pies. Eran cómodos para nueve centímetros de tacón, tenía que admitirlo. Él no respondió, simplemente sonrió, esperando por mí. —¿Cómo conseguiste meter tantas cosas en mi casa sin que me diera cuenta? —le pregunté. Frunció los labios, tomando mi brazo y llevándome fuera de la habitación, haciendo una línea recta a la puerta principal. —Stephan me dejó meter mi armario. ¿Cuándo conseguiré mi propio juego de llaves? Me puse rígida. No se me escapó que él había volteado la conversación entorno a mí. —¿Por qué podrías tu necesitarlas? Él suspiró, apuntando el capo de su carro con la mirada mientras caminábamos fuera de la entrada principal. Ni siquiera cuestioné el que tomáramos su auto. No podía imaginarlo en mi pequeño auto. Un nuevo, fotógrafo espeluznante había establecido su residencia en mi acera. Sin embargo, él no tomaba fotos cuando salimos. Estaba demasiado ocupado discutiendo con un muy intimidante Clark. Quien se movió en frente del hombre, para bloquearnos de su vista, tan pronto como nos vio. No me podía imaginar al hombre obteniendo algunas imágenes claras de nosotros, mientras James me introducía rápidamente en el auto. Clark no se quitó de la cara del hombre hasta que estuvimos instalados de manera segura. —Muy bien, Clark. —James le dijo, mientras Clark se sentaba en su asiento. Clark asintió y comenzó a conducir. —Despedí a Stimpson, Señor. Siento mucho lo que pasó esta mañana. Pensé que él era más confiable, o jamás hubiese conseguido el trabajo. —Gracias —dijo James, agarrando mi mano con fuerza—. ¿Al menos él tuvo éxito en la recuperación de todas las fotografías tomadas? La voz de Clark estaba tranquilamente furiosa cuando respondió. —Él dice que sí, pero es imposible de decir. Sólo tengo su versión de los hechos. El agarre de James se endureció dolorosamente. —Lo debería haber manejado yo mismo —dijo James oscuramente. Cerró la pantalla de aislamiento después de eso, meditando en silencio durante la mayor parte del viaje. No fue hasta que nos encontrábamos casi en el hotel que habló. El impresionante complejo era visible desde muy lejos. Lo vi cuando nos acercamos más y más. —¿Has estado en la propiedad antes? —preguntó. —No he estado.

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Recordé todos los rumores de cuando recién volvió a abrir hace dos o tres años. Era uno de los casinos más elegantes de la avenida principal, con restaurantes cinco estrellas y un centro nocturno exclusivo que era muy famoso, y también había oído a un montón de gente mencionar el gran centro comercial adjunto. Pero rara vez iba a la avenida principal, y cuando lo hacía, generalmente era para reunirme con amigos, y nunca en el hotel/casino más caro. Él besó mi mano. —Voy a tener que mostrarte los alrededores de camino al Spa. Stephan dijo que nos vería allí. Parece que consiguió traer a algunos amigos, considerando el poco lapso de tiempo que tuvo. Sonreí, pensando en la reacción de Stephan para un día en el Spa. No era muy lo suyo. —¿Se quejó acerca del Spa? James sonrió. —Lo hizo. Pero le dije que lo echaba de menos, y eso fue suficiente. ¿Nunca ha tenido un día en el spa antes? Negué con la cabeza, riendo. —Ninguno de nosotros lo tuvo. Ese tipo de cosas es inhumanamente caro. Llegamos a la gran entrada que decía Cavendish Hotel & Casino mientras él hablaba. —Bueno, ustedes estarán recibiendo el tratamiento real hoy, te lo aseguro. Y puedes venir todos los días de la semana, si quieres. Voy a informar al personal que tienes status de carta blanca. No me molesté en protestar. Yo sabía que no haría mucho uso de esa extravagancia. Me sentía bastante mimada solo viniendo hoy. Me condujo a través del centro comercial primero, ya que era donde habíamos entrado. Envolvió un brazo posesivamente alrededor de mi cintura, con su mano calurosa firme en mi cadera. Puse mi mano sobre la suya mientras él me mostraba los alrededores, y me daba un recorrido breve pero completo de las tiendas. Me presentó a varios gerentes en todo el centro comercial, pero sabía que no recordaría ninguno de sus nombres. Sólo la propietaria femenina de la famosa tienda de tatuajes del casino, se destacó. Tenía el cabello oscuro con rayos azules y una boca roja, con cada centímetro de su piel expuesta, cubierto de tinta. Y tenía un montón de la piel expuesta. Llevaba una media camisa y shorts cortos de mezclilla, que eran tan cortos que hacían ver a los míos excesivamente modestos. Ella me sonrió cálidamente, pero me tensé de inmediato cuando la vi bien. La había visto a ella y a James aparecer juntos en varias fotografías en línea. Se rumoreaba que habían tenido un romance tórrido. Hubo una serie de televisión sobre su vida filmada en su tienda, de repente me acordé de haberlo leído. Se llamaba Frankie, y yo trataba de no ser abiertamente grosera con ella, pero estaba en conflicto. James abrazó a la mujer, mostrando un afecto fácil con ella lo que hizo que mi visión se tornara un poco roja y brumosa. Me presentó simplemente por mi nombre, no me dio un título o explicó nuestra relación. Nos movimos rápidamente.

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Estaba tensa y rígida después de esa reunión. Sabía que no era razonable estar celosa y de mal humor después de eso, pero todavía no podía deshacerme del sentimiento. James me llevó a través del centro comercial y los restaurantes, a través del amplio casino, y, por último, a través de una parte del hotel y dentro del spa. Me hallaba feliz de ver a mi grupo de amigos mientras James me llevaba dentro de la lujosa sala de espera del salón de belleza al spa. Era un grupo impresionante para haber tenido tan poco tiempo. Pero, de nuevo, ¿quién rechazaría un día de spa gratis? Stephan esperaba en la lujosa sala de espera, rodeado por un grupo de risas formado mayormente por mujeres. La única excepción se encontrabasentado más cerca de él. Javier parecía más feliz de lo que jamás lo había visto, se reía de algo que Stephan le había dicho. Marnie, Judith, Brenda, y Jessa flanqueaban a la linda pareja, charlando con entusiasmo. Marnie y Judith se levantaron de un salto, gritando de alegría cuando nos vieron a James y a mí. Me abrazaron, agradeciéndole a James mientras lo hacían, hablando una sobre la otra y riendo todo el tiempo. Miré a James. Él sonrió con indulgencia, saludando a Stephan, quien le devolvió el saludo con un movimiento de cabeza, como si estuviese respondiendo a una pregunta silenciosa. Los dos hombres en mi vida parecían estar desarrollando su propio tipo de lenguaje. Contra toda lógica, encontré éste hecho un tanto conmovedor y desconcertante. James se dirigió al grupo. —Por favor, todo el mundo disfrutar por sí mismos. No duden en recurrir a ustedes a cualquiera de los servicios del Spa y del salón si lo desean. Es mi regalo, por supuesto. Él sólo sonrió y asintió cuando los seis le dieron las gracias casi al mismo tiempo. Se volvió hacia mí, inclinándose para besarme suavemente en la mejilla. —Te echaré de menos, amor. Tómate tu tiempo. Voy a estar fuera un rato. Si necesitas ponerte en contacto conmigo, llama a mi celular —susurró las palabras en mi oído en voz baja, y luego se fue.

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21 Traducido por Snowsmily Corregido por AlessaMasllentyle

Nadie ni siquiera se molestó en esperar a que James no fuera capaz de escuchar para comenzar a hablar sobre él. Todos parecían estar de acuerdo. James era atractivo, dulce y fabuloso en cada forma imaginable. Recibí toda su efusividad encantadora y sus consejos amistosos con una sonrisa irónica. Stephan se levantó y besó mi mejilla, sonriendo. —Estás sofocada. ¿Todo marcha bien? —preguntó, su voz baja, pero todavía lo escuché sobre la ruidosa mujer, quien todavía alababa los obvios encantos de James. Sólo asentí. —¿Estas contenta de que finalmente acordaras verlo? —preguntó, su voz casi reprendiéndome. Le lancé una mirada, pero sabía que tenía un punto. Una anfitriona del Spa me abordó, luciendo agobiada. —Lo siento tanto, Señorita. Karlsson. Estamos listos para usted ahora. Me disculpo por la espera. ¿Con que servicio le gustaría comenzar? Simplemente parpadeé en su dirección por un momento largo. Ni siquiera sabía qué servicios había y no esperé por más que tal vez cinco minutos, como mucho. Miré a mi grupo por ayuda. —¿Qué primero? —pregunté. Imaginé que alguien tenía que tener una preferencia. Judith no titubeó. —Lo que contiene el paquete de lujo debería ser perfecto. Masaje primero, creo. La anfitriona asintió, luciendo aliviada. —Sí, por aquí. —Nos condujo hacia otra sala de espera. Era incluso más elegante que la primera, con paredes de piedra y vidrios oscuros de arriba abajo. Había una barra de té pero antes de que pudiéramos servirnos por nuestra cuenta, la encargada nos presentó a nuestros propios acompañantes personalizados. La mía era una menuda chica asiática llamada Mina. Parecía ansiosa y nerviosa mientras me preguntaba que me gustaría tomar. —Puedo conseguirle literalmente todo, Señorita. Karlsson. Por favor, no dude en preguntar.

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Era un pedido intimidante. Habría preferido simplemente haber tenido un menú. —Té, por favor. Nombró los diez tipos de té diferente de los que el Spa alardeaba. —Tomaré el té oolong de youtberry con una infusión de citronela. Sin nada más, gracias —dije. Lucía aliviada, como si hubiera estado preocupada de que pediría algo más complicado. Trajo una bandeja del servicio de Té hacia la mesa frente a mí, y preparó mi té como si fuera un ritual. Pensé que era encantador, y se lo dije. Levantó la mirada, sonriéndome. —Me preparé en Japón, cuando era pequeña. Deberías ver a mi madre. Su servicio de té avergüenza al mío. Finalmente sirvió la impresionante taza de té preparada, luego se fue brevemente, regresando con bandejas de comida. Trajo bandeja, tras bandeja y tomé pequeños bocados de cada una. Todos mis amigos estaban obteniendo el mismo tratamiento en cómodos asientos alrededor de la habitación cubierta de piedra. Era casi como estar dentro de una caverna lujosa, pensé. Escuché a Judith diciéndole a la sala en general que los sándwich de pepino estaban divinos. Comí el que había agarrado. Era bastante sabroso, tenía que admitirlo. Y el té estaba para morirse, suave sin un indicio amargo. Mina trajo una bandeja de pequeños ponques, trufas, y tartas de frutas. Tomé una de las tartas de fruta, agradeciéndole. La comí ligeramente, probando más que comiendo. Tenía el estómago revuelto, ya que no sabía qué esperar del día en el spa, y las sorpresas me ponían nerviosa. Fracasaba incluso hasta en relájame en el spa. La idea era un tanto desalentadora. Después de que habíamos comido y bebido, fuimos escoltados dentro de una gran habitación de masajes. Era otro moderno diseño similar a una caverna, con cristales tintados que nos ocultaba uno del otro para el masaje. Podíamos hablar, pero no teníamos que compartir desnudos juntos. Era un alivio. Mina me explico cómo debía prepararme para el masaje, luego me dejó en ello. Me desvestí, colocando mi ropa en el gran casillero provisto en mi rincón para el masaje. Se sentía mal quitarme mi joyería en público y dejarla en un casillero, pero lo hice, sin saber exactamente lo que nos esperaba. Me colé rápidamente debajo de la sábana blanca solo vistiendo mi tanga como Mina había indicado, tendiéndome sobre mi estómago. Vi zapatos blancos acercándose a mí desde el hueco en la mesa donde mi cara encajaba. —Señorita. Karlsson, soy Jen, le daré el masaje el día de hoy — dijo una voz muy suave.

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Jen habló acerca de todas las técnicas que ofrecía, y pedí el masaje de tejido profundo. Se puso a trabajar inmediatamente, era buena. Nunca había tenido un masaje como ese antes, nunca tuve uno profesional o de ninguna clase y se sentía divino. Todos deberían haber estado teniendo una experiencia similar, porque casi después que el servicio comenzara nadie dijo una palabra, ni siquiera Marnie o Judith, quienes eran conocidas por nunca ser capaces de callarse. Hubo algunos gemidos apreciativos a lo largo de la hora pero eso fue todo. Todos vestimos batas de toalla a juego mientras seguimos a nuestros respectivos acompañantes hacia el siguiente servicio. Utilizamos habitaciones separadas para esta. El facial también duraba una hora, y mi rostro se sentía limpio y fresco cuando había terminado. Todas las chicas se encontraron en una moderna habitación con muros de piedra que albergaba una colección de piscinas diseñadas para parecerse a una versión moderna de una fuente termal natural. Stephan y Javier tuvieron que ir a piscinas separadas, porque las piscinas no eran mixtas, sin embargo éramos las únicas ocupantes de esta. Nos empapamos por un largo tiempo, y la mayor parte del tiempo escuché la charla con una media sonrisa. —¿Qué tan lindos son Javier y Stephan juntos? —preguntó Judith a la sala. Estuve de acuerdo silenciosamente. No era sólo que eran apuestos. La forma en que se miraban el uno al otro, incluso casualmente, era bueno para mi alma. Quería con tanta fuerza que ellos funcionaran, casi me encontraba asustada de esperar por ello. —¿Lo apruebas, Bianca? ¿Javier consiguió tu sello de aprobación? —Marnie estaba preguntándome, sacándome de mis pensamientos. Me pregunté por qué todo el mundo pensaba que yo era la guardiana de Stephan. La idea era extraña para mí. Nunca le diría con quien salir. Siempre quise agradarle a sus citas, y que no les importara que estuviera mucho alrededor, porque así era usualmente cómo funcionaba. —Para ser honesta, cualquiera que Stephan quiera consigue mi sello de aprobación. Sólo quiero que sea feliz. Por alguna razón eso consiguió suaves “ahs” alrededor. Luego el tema se trasladó a que tan adorables éramos Stephan y yo. —Ustedes están relacionados de alguna manera, ¿cierto? — preguntó Brenda. Era la única en el grupo que nos había conocido por poco tiempo—. Stephan me dijo que eran familia. Sonreí. —No de sangre, pero en cada forma que cuente. Es como un hermano y mi mejor amigo. Si eso no es familia, no tengo una pista de que lo sea.

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Otra ronda de “ahs” me hizo sonreír. La charla pronto llegó a James, por supuesto. —¿Va en serio, Bianca? Parece realmente serio. —Esto vino de Judith, quien no tenía ningún escrúpulo con respecto a entrometerse. Tenía momentos difíciles con la charla de chicas, con abrirme en general, pero quería intentarlo. —No lo sé. Se siente de esa manera, pero todavía es tan nuevo. —Tomé una respiración profunda, continuando—. Quiere que me mude con él. —Estaba sorprendida conmigo misma por revelar eso, pero quería sus opiniones. Cada uno de ellas jadeó, manos volando a sus pechos. Era gracioso. —¿Qué le dijiste? —preguntó recuperarse, por la mirada de los otros.

Jessa.

Fue

la

primera

en

Me encogí. —Le dije que necesitábamos pasar más tiempo juntos antes de que pudiera considerar algo así. Él no es fácil de disuadir, sin embargo. Tiene un estilista, o asistente de compras o como quieras llamarles, me compró un guardarropa para cada una de sus casas, así que ya me tiene como mudada de alguna manera, aunque nunca estuve de acuerdo con eso. Más jadeos graciosos y algo de tartamudeo ante eso. —Eso es loco, ¿cierto? —pregunté, esperando escuchar una opinión sensata. No lo conseguí. Incluso la sensata Brenda pensó que era romántico y que se encontraba desesperadamente enamorado de mí. No les dije que nunca había dicho que me amaba. Lastimaría decirlo en voz alta, pensé. —Ustedes tendrán bebés supermodelos —dijo Judith en un suspiro, en fantasilandia. Jessa estaba observándome atentamente y pareció ver algo en mi rostro ante las palabras de Judith. —Oh, mi, Dios, ¿han hablado sobre tener niños? Hice una mueca. —Él lo mencionó brevemente. Dejó el asunto cuando vio que me hacía querer huir gritando. Todo es demasiado rápido, ¿cierto? Es loco mudarse tan rápido en una relación, ¿verdad? —pregunté de nuevo buscando una voz con cordura. —Martin dijo que sabía que iba a casarse conmigo en nuestra primera cita real. Dijo que simplemente lo sabía, como si algo en su mente hizo clic. Dijo que yo era la pieza perdida en el rompecabezas de su vida. Me persiguió hasta que lo vi también. Eso fue veinte años y dos niños atrás, así que funcionó para nosotros. —Brenda sonrió mientras su historia conseguía “ahs” en la sala. De acuerdo, incluso yo podía admitir que esa historia era bastante dulce.

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—James me parece un hombre que sabe lo que quiere —continuó Brenda—. No lo veo cambiando de idea, tampoco, no con la forma en que te mira. Bien, no voy a conseguir ningún consejo sensato de este equipo, decidí. Luego continuamos con manicuras y pedicuras, los chicos uniéndosenos de nuevo. Observándolos, decidí que no sólo eran una pareja linda. Eran hermosos, Stephan tan musculoso y dorado, Javier tan, bueno, lindo y elegantemente forjado. —Yo y Marnie estamos oficialmente perdiéndolo, chicos. —Nos dijo Judith a todos. —¿Alguna vez incluso lo tuvimos? —preguntó Marnie, fingida desesperación en su voz. —¿Qué sucedió? —preguntó Jessa, riendo ante la indignada mujer. Eran como un dúo, interpretando una rutina de comedia. —Intentamos conseguir que un chico hiciera un trío con nosotras, ¡y nos rechazó! —La voz de Judith era desconcertante. Me reí un poco. El giro inesperado de la conversación me sorprendió. —¿El capitán Damien? —preguntó Stephan con condescendencia, aunque no pudo retener su sonrisa por mucho más. Marnie y Judith estaban en las sillas de pedicura una al lado de la otra, y asintieron al mismo tiempo, como si estuvieran es sintonía. —No se lo tomen personal, chicas, está desesperadamente enamorado de Bianca —dijo Javier, sus primeras palabras en un rato. Stephan le echó un vistazo, y Javier hizo una mueca avergonzado en mi dirección. Mi rostro se sonrojó. Esperaba que estuviera bromeando o al menos que estuviera equivocado. —¡Eso no es justo! —dijo Judith—. Tienes al Señor Hermoso. ¡Danos a Damien! Arrugué mi nariz. —Damien es sólo un amigo. No está enamorado de mí. —Mi voz casi justificativa. Miré a Stephan por apoyo—. Tú hablas con el todo el tiempo, Stephan. Diles que él no está interesado en mí. Stephan hizo una mueca. —Le he dicho una y otra vez, que no estás interesada en él de esa manera, pero al menos tiene un enamoramiento duradero. —¿Qué quieres decir con duradero? —pregunté, mis ojos estrechados en su dirección. —Dos años más o menos. Dejó de salir, y ligar, al menos hace seis meses, así que deberías tomarlo en serio cuando te pida salir de

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nuevo. Pensó que el hecho de que era un puto era lo que te retenía de verlo como algo más de un amigo. Me encontraba impactada. Todo esto había estado sucediendo sin mi conocimiento, y Stephan decidió decírmelo cuando nuestros pies estaban siendo trabajados por extraños, y en frente de cinco de nuestros amigos. Le di mi mejor mirada “¿Qué demonios?” Se quedó muy callado después de eso, todos sintiendo la repentina tensión entre Stephan y yo. Fueron unos buenos diez minutos antes de que todos comenzaran a hablar de nuevo, pero me mantuve en silencio, pensativa. No entendía por qué Stephan me lo había ocultado, pero supuse que era algo incómodo de contar, cuando él sabía claramente cómo me sentía. Stephan se sentó a mi lado cuando llegamos a la manicura. Lucía bastante adorable, un gran hombre musculoso en una suave bata, haciéndose las uñas. Yo era lo suficiente inteligente para saber que no debía señalarlo, sin embargo. Me dio una mirada minuciosa. —Lo siento. Eso llegó en un mal momento, cuando lo preguntaste tan directamente, no pude negarlo. Era la primera vez que salía a colación, ¿sabes? Podía entender su posición y asentí. —Sí, es simplemente incómodo. Pero es incómodo para ti, también, sólo que no entiendo que pude haber hecho para darle a Damien la idea equivocada. No tiene sentido. Stephan se sonrojó un poco y lo estudié, fascinada. —Por lo que sé, tu desinterés es lo que más le gusta. Creo que le gustan ilegibles, mujeres misteriosas y tú eres lo más parecido cuando se refiere a eso. El problema es, que genuinamente no estás interesada en él. Pero eso simplemente no parece molestarle. Piensa que sólo necesitaba esperar a que termine tu relación con James y llegarás a él finalmente. Suspiré. —Bueno, que pérdida de tiempo. Desearía que alguien pudiera entregarle algo de sentido común. —Créeme, Buttercup. He tratado. Fuimos llevados de nuevo a la sala de espera con refrigerios. Mina me ofreció más bocadillos y bebidas. Tomé más té, probando un té oolong de jasmine esta vez. Nos cambiamos de nuevo a nuestra ropa casual antes de ser llevados hacia el sitio del salón del spa. Hice un inventario muy cuidadoso de mi joyería mientras me la colocaba de nuevo. Elegí el tratamiento de cabello completo también, necesitando un corte. Mi estilista era complaciente y amigable. Inmediatamente comenzó a hablar sobre probar con algunos reflejos. Mina la interrumpió, su tono avergonzado. —El Señor Cavendish dejó instrucción de no teñir su cabello —explicó, luego se alejó.

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La estilista lucia desconcertada. Pareció sacudirse para alejarlo. Casi quise decirle que me hiciera los reflejos, como fuera. ¿A quién le importaba? Sólo era cabello. Pero me sentiría terrible si de alguna manera eso la metía en problemas, así que lo dejé pasar. James era su jefe, después de todo. Señaló un lugar en mi frente. —¿Qué tal un flequillo recto para ti? Acentuaría tus ojos, y tu cabello es suficientemente lacio para conseguir el estilo que está realmente de moda ahora. Me encogí un poco. —Haz lo que sea que piensas que luciría encantador. Mi cabello siempre se queda tan lacio como esto, así que piensa en eso. Usualmente sólo lo corto, y lo mantengo así. No me importaría cambiar, mientras no requiera un largo tiempo para hacerlo. Asintió decisivamente, pareciendo saber justo lo que quería hacer. Cerré mis ojos y la dejé trabajar. Estaba más que encantada con el resultado final, a pesar de mi apatía. Era halagador y resaltaba mis ojos. Los flequillos cortos los hacían parecer más grandes en mi rostro. Todos parecían estar de acuerdo, y me sonrojé un poco con todos los cumplimos que me arrojaron. Fuimos por nuestro maquillaje después. La mujer que hizo mi maquillaje trató de instruirme al hacerlo, entregándome una gran bolsa de cosméticos cuando terminó. Me gustó lo que había hecho, los efectos sutiles pero halagadores, el ojo ahumado pero no muy pesado en mi cara pálida, como yo lo hubiera pensado. Pensé que iba particularmente bien con mi nuevo corte de pelo. Nos acompañaron a la sala de té de nuevo para terminar, la anfitriona me preguntó si podían proporcionar algún otro servicio. Miré la hora en mi teléfono y me sorprendió ver que ya era hora de que comenzáramos a dirigirnos a casa para prepararnos para el trabajo esa noche. —No, gracias. —Espero que estuvieran satisfechos con nuestros servicios, Señorita. Karlsson. —Bastante. Lo pasamos muy bien. Gracias. —Mientras hablaba, James entró en la habitación, como si hubiera programado toda la cosa hasta el último minuto. Sonrió ampliamente en cuanto me vio, luciendo feliz y... travieso. Supe al instante que había hecho o estaba planeando hacer algo escandaloso. —¿Qué estás planeando? —pregunté tan pronto como estuvo al alcance del oído. Su sonrisa sólo se amplió, y me preocupé un poco. Miró a todos, sonriendo cálidamente. —¿Cómo estuvo?

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Lo inundaron con respuestas entusiasmadas, todas positivas, por supuesto. ¿Quién podía quejarse de un día gratis de spa? Parecía complacido porque todos hubiesen disfrutado. —Te conseguí algo —dijo James, su sonrisa feliz nunca dejando su rostro. Estaba extremadamente radiante. Mordisqueé mi labio, ladeando mi cabeza para mirarlo. Tenía miedo de preguntar. —¿De qué se trata? —pregunté, ni siquiera tratando de ocultar mi preocupación. Él rio. —No estoy seguro de poder hacerle justicia explicándolo. Tendré que mostrártelo. Y a tus amigos también. Creo. Lo prometí. Quedé perpleja cuando comenzó a desabotonar su camisa, todavía sonriendo, sus ojos se pegados a los míos. —¿Qué demonios estás haciendo? —pregunté. Alguien, que pensé que era Judith, hizo un sonido alentándolo. ¿Estaba dándome un Stripstease? Me pregunté, genuinamente confundida. Y a regañadientes excitada. Gemí, mi corazón deteniéndose cuando vi las letras rojo sangre entintadas en su perfecto pecho. Justo sobre su corazón, pensé. Había arruinado su perfecta piel por mí. Sentí lágrimas asaltando mis ojos. La habitación a nuestro alrededor se llenó de caos, Marnie y Judith gritaron desvergonzadamente y saltaron como maniacas. Escuché un disgustado. —¿Qué coño, hombre? —De Stephan. Inspiré profundamente, mis ojos pegados en el Bianca escrito hábilmente en letras pequeñas sobre su corazón. —¿Es falso, cierto? —pregunté—. ¿Es una broma, verdad? Su sonrisa no vaciló mientras secaba una horrible lágrima de mi mejilla. —¿Por qué las lágrimas? —Tú piel perfecta. No deberías haberla marcado por mí. Tienes la mejor piel en la tierra. Luce como una vergüenza —dije, mi voz en un susurro suave. Emitió una risa sorpresiva. —Te acostumbrarás a él. Pienso que te gustará el otro mucho más —dijo. —Por favor, ¡dime que el otro está en tu polla! Le envié una mirada severa a Judith por eso. Ella simplemente se derritió en risas inútiles. James mordisqueó el labio inferior de su hermosa boca, girándose para mostrarme su espalda.

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22 Traducido por Majo_Smile♥ Corregido por Aimetz

El tatuaje fue grabado directamente sobre su omóplato derecho. Y, como el hombre mismo, era exquisito. Me puse de pie, rozándome cerca de él para estudiarlo con atención. Las lágrimas corrían libremente por mis mejillas, vergonzoso, pero incontenible. Era un retrato de mi cara, mi pelo fluyendo fuera para dar forma a los lirios que forman un marco perfecto, como si fuera una pintura. Había tomado uno de mis autorretratos y lo grabó permanentemente en su piel. Era la cosa más dulce, más loca, más romántica de la que he sido testigo, y no sabía qué hacer con ello. Me encantaba el tatuaje, amaba ver a mi pintura convertida en algo tan maravilloso. Incluso los lirios utilizados para enmarcar el retrato habían sido copiados de mi trabajo. De repente me encontraba contenta de que hubiera pasado tanto tiempo realizando las pinturas que utilizó, tratando de perfeccionar todos los detalles. James me daba miradas expectantes sobre su hombro, su cara tan feliz y despreocupada como nunca la había visto. —Bueno, ¿qué te parece? —Oh, James —dije—. Es exquisito. Es más colorido que cualquier tatuaje que he visto en mi vida. Nunca había visto uno que se parezca a esto. Es más como una pintura que un tatuaje. ¿Por qué parece tan diferente? —No usé ninguna tinta negra para contornear. Usé colores más claros para ello. Y con la piel oscura de James, tuve la oportunidad de utilizar la tinta blanca para el color de la piel, la cual contrarrestaba perfectamente. Es uno de los mejores lienzos sobre los que he tenido el placer de trabajar. Voy a tener que darte las gracias por ayudarme finalmente a poner mis manos sobre él. Obviamente, inspiraste su interés repentino en la tinta. No la había visto acercarse hasta que habló, pero la artista del tatuaje, Frankie, estaba de repente a mi lado, señalando los detalles del tatuaje en su espalda, de pie tan cerca de él como yo. Me puse rígida. Sabía que era ilógico e irracional, pero saber que otra mujer le hizo el tatuaje, que obviamente a él le gustaba, me ponía un poco loca. Esa neblina roja que estaba empezando a reconocer como celos era ahora una película perniciosa sobre mi visión.

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—¿Puedo cubrirlo ahora, James? ¿Has terminado la muestra? — le preguntó Frankie, en tono descarado pero juguetón, su sonrisa muy cálida en él. Él sonrió, aun mirándola sobre su hombro, permitiéndome analizar su perfil. Todavía estudiaba el increíble retrato. Quería correr mis dedos sobre él, pero incluso con mi limitado conocimiento sobre el tema, sabía que era demasiado nuevo para tocar. Mi mano se apoderó de la parte superior de su hombro en su lugar, mientras me inclinaba muy cerca y lo estudié atentamente, tratando de ignorar a la mujer que estaba demasiado cerca, y también familiarmente, al lado de James. Sonreía en la imagen, tenía una ligera, y algo enigmática sonrisa, mis ojos entrecerrados y misteriosos. Incluso había igualado el azul de mis ojos asombrosamente bien. Era muy talentosa, tenía que admitirlo. No sabía que un tatuaje podría verse así. La mayoría de mis amigos tenían uno o dos, pero por lo general fueron esbozados en pesados negros, o completamente negros. Lo que Frankie había hecho parecía mucho más suave que eso. Era difícil siquiera pensar en James marcado como la misma cosa. —Es hermoso. Tienes mucho talento. Ni siquiera sabía que un tatuaje pudiera parecerse a eso —le dije a Frankie, tratando de ser cortés, pero mi voz estaba tiesa y un poco fría. James pareció darse cuenta de mi tono, sus ojos volando de vuelta a mi cara, estudiándome atentamente, su sonrisa feliz marchitándose un poco, su mirada solemne. Me sentí instantáneamente contrita. Sólo el tono equivocado de voz, y su estado de ánimo ridículamente feliz parecía haber sido sometido. Traté de darle una sonrisa, pero podía sentir que se veía forzada. —He terminado de mirarlo, si necesita atenderlo —dije, dando un paso atrás de él. Frankie intervino al instante, frotando un gel transparente sobre toda la superficie entintada. Miré sus manos sobre él, y sentí el impulso más extraño de moverme entre ellos. Me alejé, dándoles la espalda. La voz de Frankie era todavía amable mientras se dirigía a mí—: Tienes mucho talento. Acabo de hacer mi mejor esfuerzo para hacer justicia a tu imagen. Fue un verdadero placer para mí llegar a trabajar en una imagen así, en un cuerpo como el de James. Hablando acerca de una obra de arte. —Su voz se volvió coqueta en la última frase, y sabía que estaba hablando de su cuerpo. Conté hasta diez, odiándome a mí misma por ser tan débil y tan locamente celosa.

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Oí a Frankie dando brevemente las instrucciones de cuidado a James. —Así que, umm, un placer conocerte, Bianca. Nos vemos por ahí —dijo Frankie, su voz todavía amable, pero un poco incierta. Una breve mirada a mi grupo de amigos mostró a la mayoría de ellos mirándome, los ojos muy abiertos, como si no estuvieran seguros de qué hacer con mi comportamiento. No podía culparlos. Me sentía ridícula, pero todavía no podía mirar a James, preocupada de que si Frankie todavía se encontraba cerca de él, haría algo completamente insano. Stephan era el único del grupo que parecía ajeno a mi extraña reacción, su atenta mirada penetrante enfocada casi exclusivamente en James. Solo me puse más tensa cuando James me abrazó por la espalda. —Necesitamos un minuto, chicos. Gracias a todos por venir en tan poco tiempo —James se dirigió al grupo, con cortesía pero despidiéndolos amablemente. Agarró la parte posterior de mi cuello, en ese lugar dominante, llevándome a una habitación. Reconocí la habitación inmediatamente. Era la habitación artificial de aguas termales. Una de las asistentes nos siguió dentro. — ¿Puedo ayudarle en algo, Señor Cavendish? —preguntó con voz nerviosa. —Sí. Por favor, asegúrese que no seamos perturbados hasta que hayamos terminado aquí. Se encontraba en mi espalda mientras hablaban, en tanto miraba resueltamente las piscinas, un rubor caliente coloreando mi cara. Sabía lo que asumirían. Aunque ni yo misma sabía lo que James planeaba. —Por supuesto, Señor. Por favor, hágame saber si puedo ayudar en algo más. Oí a la puerta cerrarse justo cuando terminó de hablar. El sonido de la puerta haciendo clic al cerrarse resonó en la enorme habitación. James se quedó en silencio por un largo momento, su pesada mano en mi cuello. —Pareces tensa —me dijo en una especie de modo improvisado, su voz casi desinteresada. Quitó su mano, y oí crujir la ropa detrás de mí. Contuve mí aliento, tratando de escuchar con atención lo que estaba haciendo. —Quítate la ropa, Bianca —ordenó, todavía de ese modo improvisado. Lo hice, mis manos temblando un poco. No sabía por qué estaba tan nerviosa, había tenido relaciones sexuales con él, más de una vez ese mismo día. Sólo que nunca sabía exactamente lo que planeaba.

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—Ve a sentarte en el borde de la piscina. Pon las piernas en el agua, justo arriba de tus rodillas —me dijo, todavía en ese tono desinteresado. Me senté en el borde del agua, inclinándome hacia atrás sobre mis manos, mirándolo. Estaba completamente desnudo mientras tomaba los pasos en la piscina poco profunda. El agua llegó justo a sus caderas, su excitación claramente visible por encima del agua. Temblaba, mordiéndome el labio mientras lo observaba. Se sumergió en el agua, sólo hasta un punto justo debajo del tatuaje sobre su corazón, parándose con la espalda recta casi inmediatamente. Todas las manchas de humedad en su cuerpo estaban resbaladizas y goteando. Mi boca se hizo agua. Pasó las manos por encima de su torso pulido, observándome mientras tocaba su abdomen y acarició su pecho. El parche cubierto de plástico sobre su corazón fue lo único que dejó sin tocar. Se deslizó hacia mí, moviendo las caderas directamente entre mis rodillas cuando se acercó. —¿Qué es lo que te hace, cuando ves a alguien poner sus manos sobre mí? —preguntó—. Incluso el toque más casual, ¿te pone loca? ¿Sientes como que puedes hacer algo insano, o incluso violento? ¿Te hace enfermar, profundo en el estómago? ¿Hace doler tu pecho, y tu interior se aprieta? ¿Sobrepasa tu visión una neblina roja? ¿Pierdes toda capacidad de ser cortés, o incluso formar un pensamiento coherente? —Se movió contra mí mientras hablaba, su boca directamente en mi oído, su tono tan frío que hizo temblar todo mi cuerpo con una deliciosa clase de miedo. Estaba en un estado de ánimo, y tenía planes para mí. Sólo lo sabía. Y no había nada que pudiera predecir. —Respóndeme —dijo, mordiendo el lóbulo de mi oreja con la fuerza suficiente para hacer que mi espalda se arqueara, empujando mis senos contra su pecho. —Sí. —¿Sí a qué? ¿Cuál de estas cosas sucede cuando ves a alguien con sus manos en mí? —Todo eso. Ni siquiera puedo confiar en mí misma, me hace tan loca. No reconozco a la persona que me convierto cuando estoy celosa. No es nada con lo que haya tenido que lidiar antes. Lo odio. Estaba ajustando mi cuerpo mientras hablaba, llevando mis caderas hasta el borde de la piscina, lo que hizo mis palabras aún más sin aliento y desesperadas. Se balanceó en mi entrada. —Bien —dijo, su voz aún fría, pero con rabia ahora. Entró en mí, teniendo que trabajar lentamente en ese ángulo, mis caderas justo en el borde de la piscina. ojos

—¿Por qué está eso bien? —pregunté en un pequeño gemido, mis yendo a él mientras me penetraba. Había estado bien

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acondicionada. Mis ojos no parecían poder apartar la mirada ahora, cuando estaba dentro de mí. —Quiero que sientas lo que siento. Quiero que sepas lo que me hace a mí, lo que es sentirse celoso y codicioso. Y ahora lo haces. Una de sus manos, que había estado en mi cadera, se trasladó hasta mi cuello. Rodeó sobre él, apretando ligeramente. —Agarra mi muñeca con las manos —ordenó. Obedecí. —Si miras lejos de mí, voy a dejarte subir —me dijo—. Pero quiero que me rasguñes mientras te ahogo. Quiero que intentes arrancar mi mano. Quiero que luches, pero no mires hacia otro lado a menos que sea demasiado. Esa será tu palabra de seguridad, ya que no serás capaz de hablar. Asentí, temblando y mirando sus bellos ojos. Usó su otra mano para empujar mis piernas más separadas mientras la mano en mi cuello empezó a apretar. Empujó lentamente dentro y fuera de mí, pero eran golpes fuertes y tan profundos. Mis manos empezaron a tirar de su dura mano en mi cuello, y clavé mis uñas en esa gruesa muñeca, vacilante al principio, pero a medida que la presión aumentó, rastrille en él desesperadamente, con la sensación de mareo. Mi cabeza cayó hacia atrás, y me sentó de nuevo así, apretando su mano y liberando según sus pesados movimientos. Mi visión comenzó a ponerse un poco confusa, y fue entonces cuando me permitió subir, comenzando el proceso anestésico de nuevo. No me había dado cuenta de que mi cuello podría ser como una fuente de placer embriagador, no de esa manera. Mi pulso parecía palpitar a tiempo con su ritmo dentro de mí. Hice lo que me dijo y luché contra él, particularmente con su mano y la muñeca, pero ni un centímetro de mi cuerpo quería que se detuviera. La asfixia y la lucha eran una maravilla para mí. Vi con claridad que amaba luchar contra él, amaba pelear con él salvajemente, aún si él no se esforzaba, ni siquiera ralentizando su propósito. Su pura fuerza me derribó. Su agarre se tensó mientras comenzaba a golpear sin descanso. Mi visión se fue llenando de manchas, y me vine con tanta violencia que no me encontraba segura de cuánto tiempo duró el orgasmo, ni de sí perdí el conocimiento por un momento confuso. Cuando me enfoqué de nuevo, James tenía su mano en mi pelo para retenerme en el lugar mientras vertía la finalización de su propio orgasmo dentro de mí. Realizaba pequeñas estocadas involuntarias, estremecedoras y deliciosas, su cuello arqueado hacia atrás. Sus ojos se encontraron con los míos de nuevo, sus párpados pesados y saciados.

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—¿Fue demasiado, amor? —preguntó, en voz baja y ronca—. Te fuiste por un momento, no podría decir si te desmayaste. —Mientras hablaba, me abrazó contra él, inclinando mi cabeza hacia atrás para mirarlo desde donde estaba presionada contra su pecho. —Fue... exquisito. Fue jodidamente perfecto, James. Tragó con dificultad, estudiándome. —Lo hubiera sido, si pudiéramos mantener el contacto visual al final de hacer esto. Pero probablemente no tengo que preguntar si el ahogamiento está en tu lista de "sí". Creo que puedo entenderlo. Tengo que tener mucho cuidado con eso. Eres tan delicada, y no tengo ganas de ser... demasiado entusiasta cuando consigo tu cuello en mis manos. Se retiró de mí de repente, estremeciéndose mientras lo hacía. Estaba allí con él. —Tenemos que empezar a movernos. Tenemos que apurarnos, en realidad. —Me tironeó en el agua, arrastrándome a los pasos con un firme control sobre el anillo de mi gargantilla. Nos secó a ambos con eficiencia, dejando las toallas de felpa del spa en el piso. —Vístete rápido —me dijo.

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23 Traducido por Valentine† Corregido por Itxi

Rápidamente nos vestimos y salimos del hotel. Tomando mi nuca, James me guio por la gran propiedad. Estaba absolutamente perdida en el momento que llegamos al casino. El lugar era extremadamente descomunal. El auto de James nos esperaba cuando salimos al aparcamiento y Clark tenía la puerta abierta. Educadamente, nos hizo una reverencia con una cálida sonrisa en su rostro. Pensé que el indiferente hombre podría ablandarse conmigo. —Señor. Señorita Karlsson. James permaneció en silencio hasta que Clark se situó frente al volante y comenzó a conducir rápidamente hacia mi casa, antes de inclinarse hasta mi oído para hablar conmigo. Estábamos sentados muy cerca pero sin tocarnos, lo cual es inusual en James. —Entonces, ¿cuándo los tendré perforados? —preguntó en voz baja. Alzó su mano pellizcando un pezón y luego el otro, quitándola con la misma rapidez. Mi mente quedó un poco en… blanco. Me sentía confusa desde que vi los tatuajes, pero mi mente seguía en shock ahora que lo decía en voz alta. Deliberé sobre eso, pensando en la tinta que impregnaba su hermosa piel. Si él lo quería tanto, entonces ¿por qué no? No podía decir que me gustaban las perforaciones, pero tampoco podía decir que no lo hacían. —Pensé que todo eso era una broma —respondí, pero no dije no. —Obviamente no estaba bromeando. Pero si es lo que realmente pensaste, no te obligaré a hacer esto. Y estoy absolutamente dispuesto a esperar hasta que estés lista. No hay razón para apresurarlo. Pensé que ello, en el trato que hicimos. Me dije que bromeaba, pero ¿realmente pensaba eso? Si era honesta, lo conocía al punto que sabía que a pesar de ser juguetón, siempre hacia exactamente lo que decía. Encontrándome con su incesante mirada, dije—: Lo haré. Creo que intentaba convencerme de que jugabas pero estoy comenzando a entenderte lo suficiente para saber que siempre haces lo que dices.

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Tomó mi cabeza ligeramente desde mi cabello y la inclinó hacia atrás; comenzó a besarme, dándome un completo y caliente beso. Se tomó un tiempo antes de retroceder. —Gracias por ser honesta, pero aún así no necesitas hacerlo. No te forzaré, aunque la idea de que tengas los pezones perforados me guste muchísimo. —Lo haré. Dije que lo haría. Y si bien nunca pensé en hacer algo como esto, me atrae simplemente porque lo deseas. Parece que no puedo evitarlo. Quiero complacerte. Amo hacerlo. Extrañamente reaccionó con una brusca respiración. Recostó su cabeza contra el asiento, cerrando los ojos, su cara un poco demacrada. —Gracias, Bianca —dijo encontrando mi mano y apretándola. Una inesperada risa salió de mi boca repentinamente. En respuesta, abrió sus ojos y me dio una mirada de incertidumbre. —Lo siento —me disculpé, sonriendo cálidamente y mirando sus ojos—. Luces tan aliviado de que perfore mis pezones que me pareció divertido. Es algo extraño de lo que estar aliviado. Me sonrió, sin embargo, no llegó a sus ojos. Era una sonrisa algo triste y me sentí languidecer un poco. —Estaba aliviado, pero no sobre el piercing. No me malinterpretes, estoy muy feliz sobre eso. Pero fue lo que dijiste lo que tranquilizó mi mente. El hecho que ames complacerme, me da esperanza a decir verdad. Si de verdad amas complacerme, no me abandonarás. Te quedarás conmigo, y vivirás conmigo. Si no es ahora, será más adelante eventualmente. Puedo, al menos, esperar convencerte. Me ruboricé. Seguía pensado que mudarme con él era absurdo, pero pude ver que ya me había convencido con la idea solo por la razón que él lo quería. Amaba complacerlo, pero lo amaba más a él. Me pregunté si tendría el coraje de decirle. No tan pronto. Todavía me conmocionaba pensar que podía hacerlo completamente. ¿Cómo había pasado tan rápido? Pero, ¿cómo no? Con él siendo tan encantador, tan perfecto, con el corazón dolorosamente hermoso, pero desluciéndose en los lugares adecuados, y en todas las maneras correctas, ¿cómo podría no amarlo? —¿Te gustó Frankie? —preguntó. El cambio de tema me ruborizó pero por una razón distinta. Y ¿por qué sonó tan engreído al preguntar? Y sin darme cuenta alguna, mi boca se tensó involuntariamente. —¿Dormiste con ella? Porque parecía que te gustaba —dije, intentando alejar mi mano. Sonrió más tensamente, aún con esa sonrisa engreída.

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—No. Sin embargo es una amiga mía muy cercana, así que me gustaría que te llevaras bien con ella. Sentí mi rostro enrojecer de modo que voltee la cabeza para evitar ser vista. —Dudo que lo haga. Le gusta tocarte y hablar de tu cuerpo. —¿Te haría sentir mejor el saber que es una lesbiana de oro, y además, dominante? Ambos somos lo más platónico que un hombre y una mujer pueden ser. Imposiblemente, enrojecí mucho más, sintiéndome de repente tonta y ridícula porque me hacía sentir mejor saberlo. En otras palabras… era una imbécil. —¿Qué es una lesbiana de oro? —pregunté. —Nunca ha estado con un hombre, y nunca siquiera lo ha pensado. Podría decir que le gustas. Probablemente yo debería ser el celoso por la manera en que te miraba, pero no lo estoy. Es una muy buena amiga. Puede que esté celosa de lo que tenemos, aún así nunca cruzaría esa línea. Ella sabe que eres importante para mí. —N-no lo haría aunque quisiera —tartamudee, sintiéndome aturdida por el rumbo que tomó la conversación. ¿Pensó que sería sumisa de cualquier dominante? No lo entendía, y me encontraba muy avergonzada para preguntar. No me interesaba James porque pudiera dominarme. Me pregunté, por primera vez, si sentía que lo usaba por solo ese aspecto. Quería preguntarle, pero las palabras no salían. Nunca me sentí usada por él, y solo asumí que un hombre tan perfecto y seguro no podía sentirse usado. No por alguien como yo. Cuando llegamos a mi casa, besó mi mano suavemente. —Lo sé. No obstante, en algunos casos, tener un dominante que se aprovecha de su sumisa es un gran rompimiento de conducta. No es algo que tengas que preocuparte y no me siento intimidado por Frankie. En realidad, me encantaría si pudieran ser amigas. ¿Estarías dispuesta a ir a una cena con ella? Los tres, me refiero. Me sentí un poco afligida. Fui claramente casi grosera con la mujer. —Si aún quiere, estaría dispuesta a hacerlo. Me siento como una tonta. Tenía celos de ella. Di por sentado que habían sido amantes. A medida que me ayudaba a salir del auto, sonrió de nuevo con esa arrogancia que lo caracteriza. —No se perturbará por eso, te lo puedo asegurar. Tenía solo media hora para prepararme una vez que entramos por la puerta. Me apuré a empacar antes de siquiera vestirme. Acababa de quitarme el brasier cuando James se situó detrás de mí.

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Ya se había cambiado a un pantalón azul oscuro y una camisa polo de un pálido azul que abrazaba muy bien su torso causando una gran distracción. Estuvo listo incluso antes de que terminara de empacar. Agarro mis pechos manoseándolos a ambos. Moviendo sus dedos hacia mis pezones, los torturó cruelmente. Gemí, arqueando mi espalda y soltó la carne presa abruptamente. Lo sentí indagar en su bolsillo, aun presionado contra mí. Baje la mirada hacia mis temblorosos pechos mientras sujetaba pinzas en mis pezones endurecidos. Antes de alejarse, le dio una palmada a mi culo muy fuerte. —Está bien, vístete. Y ni siquiera pienses en quitártelos. Te llevare a ti y a Stephen al trabajo. Ya está listo y esperando. —¿No estarás retrasado para el viaje si nos llevas a nosotros primero? Su respuesta fue sólo darme una mirada. —Lo lograré, pero tú necesitas apurarte y vestirte. Si me tomo el tiempo para nalguearte, entonces ambos estaremos atrasados. Rápidamente me vestí, revisando dos veces las maletas para asegurarme de que nada faltaba. —Recuerda, no necesitas empacar para ir a Nueva York nunca más. Todos lo que tienes que hacer es ir y comprar lo que quieras si pasé por alto algo. Por cierto, estaba un poco distraído pero tu pelo luce adorable. Me gusta el corte. Hacen relucir esos devastadores ojos tuyos. Le arrojé una mirada. ¿Pensaba que mis ojos eran devastadores? La ironía no pasó muy inadvertida, su exquisita mirada turquesa me cautivó a primera vista. —Gracias. Y gracias por el día de spa. Fue una buena sorpresa para mis amigos y para mí. —Cuando quieras. Puedes llevarlos tan seguido como quieras. El personal sabe que tienes carta blanca. No necesitas una cita o siquiera llamar con anticipación, sin embargo, no es mala idea para que estén preparados. Todo lo que es mío es tuyo, amor. En cualquier sentido que puedas imaginar, siéntete libre de probarlo. Me enderecé la corbata a medida que hablaba, sintiendo las pinzas en mis pechos intensamente. Fui a mi neceser, cerrando mi reloj sobre la marca en mi muñeca. Estudié la otra, preguntándome como cubrirla. En realidad no era incómodo, pero sobresalían bastante. Mientras lo estudiaba, James la rodeó con sus dedos, buscando en mi joyero de plata. Sacó una pequeña caja que ni siquiera había notado ahí. Abriéndola, me mostró un brazalete plateado muy similar al rolex que me había regalado. —Estás encadenada y capturada, mi amor —dijo James mientras lo ataba en mi muñeca. Realmente lucen como cadenas, pensé cuando

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me sacaba de la casa llevando mis maletas—. ¿Tienes muy irritadas tus muñecas? —En absoluto. Mis muñecas no me molestan. —Bien. Tengo planes para ti. Pasaremos un rato en el patio mañana, antes de prepararnos para la gala. Casi me olvidé de la gala. En el momento que nos reunimos, había olvidado completamente todo excepto a mi Señor Hermoso. En el momento que entramos al auto, Stephan se lanzó hacia James en un instante. —Bianca pensó que la cosa de los tatuajes y piercings era una broma. No puedes obligarla a hacérselos, James —dijo, luciendo preparado para un argumento. James sonrió. Contradictoriamente, tenía una sonrisa afectuosa, y todo era por Stephan. —No lo haría, Stephan. Bianca, ¿te obligaría a hacer algo como eso si tu no quisieras? Menee la cabeza, dándole una exasperada mirada a Stephan. Me sonrojé involuntariamente. No quería de ninguna manera hablar de cosas como estas con Stephan, especialmente no frente a James. —Stephan, él sabe que pensé que era una broma. Por favor, no te enfades por eso. James está loco, eso es todo. Suspirando de alivio, olvidó el enfrentamiento que pensaba que venía, porque, obviamente, sintió la necesidad de decirlo. —Está bien, está bien. Lo siento. Solo vi esos tatuajes, y recordé lo que dijeron en el bar. No sabía que los tenías, James. Sonriendo, me abrazó y besó dulcemente mi frente. —No los tenía, no hasta que conocí a mi perfecta Bianca.

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24 Traducido por NerianaGarcia Corregido por Alaska Young

El vuelo fue un agonizante suplicio. Cada vez que mis adoloridos pechos eran jalados o tensados por las pinzas, lo cual sucedía constantemente, pensaba en James, dejándome anhelante y caliente pero aún con trabajo que hacer. Fue un vuelo abarrotado, el único asiento vacío era el de al lado de James, como era costumbre. Corrí y serví y pasaba a su lado una y otra vez, mis sensibilizados senos enviando pequeñas sacudidas directo a mi sexo cada vez que pensaba en él. Apenas me miró, trabajando en su portátil. Ni siquiera levantó la vista cuando le hice preguntas directas, sólo dando respuestas breves, con una mirada aburrida en la pantalla de su portátil. Él fue el maestro desinteresado esta noche. Me dieron ganas de gritar, me sentía tan agitada y molesta. Quería golpearlo, estaba tan frustrada. El hecho de que ni siquiera me mirara me volvía loca. Fueron casi dos horas de vuelo antes de que la cabina empezara a estar silenciosa y soñolienta. La mayoría de los pasajeros de primera clase se encontraba bebiendo excesivamente, por lo que estuve en la cabina de pie, sirviendo casi constantemente. Stephan se dirigió a ayudar con los entrenamientos tan pronto como nuestro servicio regular terminó. Javier estaba en el vuelo como pasajero, aunque no había sido capaz de obtener un asiento en primera clase. No nos daban beneficios cuando volábamos, sólo conseguíamos asientos de primera clase cuando había espacio disponible. Él fue afortunado al encontrar un asiento, ya que el vuelo fue sobrevendido. Afortunadamente logró hacerlo, ya que tomó días libres para unirse a Stephan en nuestra escala. Mis pasajeros se encontraban satisfechos, la mayoría durmiendo o casi haciéndolo. Se veían unos rostros alertas, pero estaba demasiado desesperada para preocuparme por ellos, mi profesionalismo siempre escapa en los momentos atrevidos. Me senté en el asiento vacío al lado de James. Me incliné sobre la consola que separa los dos asientos, agarrando su muñeca, alejándola del teclado de su ordenador portátil. Finalmente, me miró. Su mirada era divertida, y me hizo querer gritar.

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—No tocar, Bianca. Es una orden. Dejé caer su muñeca como si estuviera en llamas, respirando pesadamente mientras lo miraba. Sus sonrientes ojos lucían terriblemente exasperantes. Traté de serenarme, traté de suavizar mis rasgos. Sabía que había fracasado. —Por favor, Señor Cavendish, estoy desesperada. ¿Por qué me estás ignorando? Tú has puesto estas... cosas sobre mí, y no puedo pensar en nada más que en ti. Nos vemos en el baño. Necesito que me toques. Negó con la cabeza, todavía luciendo divertido. —Esta noche no, Bianca. Junté las manos con fuerza, casi abrumada por el deseo de tocarlo. —¿Me estás castigando? Se pasó la lengua por los dientes perfectos. Mi sexo se apretó, y sentí una oleada de humedad entre mis piernas. —No. Sólo te enseño. A veces tenemos que esperar por lo que queremos. He sido extremadamente tolerante en esta parte de tu instrucción, pero debes aprender. —Estoy tan mojada, James. Y creo que si sigues hablando, tu voz por sí sola podría hacer que me corra. Por favor. Su mirada se volvió un poco dura. —No me convencerás para que cambie de opinión, pequeña arpía. Serás castigada si lo intentas de nuevo. Quería ese c astigo, lo quería con todas mis fuerzas, pero aún más quería agradarle. —No puedo soportar esto. ¿Qué debo hacer, Señor Cavendish? Podría ir al baño y darme placer. No es lo que quiero, pero creo que ayudaría. Sus ojos se estrecharon en una mirada casi mezquina. —No. Tampoco tienes permiso para tocarte tú misma. —Sus ojos se movieron a un lugar detrás de mi asiento—. Tienes que moverte, Bianca. Ese asiento está ocupado. Me levanté, alejándome, sintiéndome desconcertada y despojada. Noté distraídamente que Javier tomó el lugar vacante, dándome un guiño amable. Se lo devolví, alejándome en cuanto Stephan se paró cerca de ellos, agradeciéndole a James por renunciar a su asiento adicional. Fue amable de su parte, pensé distraídamente. James comenzó a charlar amigablemente con Javier, sin darme otra mirada. Entré en la cocina, sin saber qué hacer conmigo misma. Me quité el chaleco de servir, dejando sólo mi camisa blanca y corbata. Mis pezones sobresalían como pulgares doloridos con las pinzas sobre ellos,

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en una camisa tan fina. Decidí que no me importaba. Quería que James viera lo sobresalientes que estaban, como eran imposibles de ignorar. Él me había dejado necesitada, y no parecía afectado. Quería afectarlo. Volví con Javier y le pregunté cortésmente si necesitaba algo. Entonces sentí la mirada de James en mí, ya que había interrumpido su amable charla. —Sólo una botella de agua, por favor. Gracias, Bianca —dijo Javier con una sonrisa. Le devolví la sonrisa, sin mirar a James. Me di la vuelta, de regreso a la parte delantera del avión. —Bianca —llamó James, su voz muy casual. Lo miré por encima de mi hombro, mi ceja arqueada. —Ponte tu chaleco de nuevo, amor. Ahora. —James me dio una suave sonrisa, como si no acabara de darme una orden arbitraria frente a Javier, frente a extraños. Echaba chispas cuando volví a la cocina. No tuve tiempo de ponerme el chaleco de nuevo cuando Damien salió de la cabina para ir al baño. Entró en mi cocina y me miró, sonriendo cálidamente. Lo vi brevemente en el autobús de la tripulación, pero teníamos mucha prisa como para charlar. Su sonrisa se redujo un poco cuando vio que estaba visiblemente agitada. —¿Está todo bien? —preguntó, con preocupación en su voz. Me limité a asentir, mirándolo a los ojos mientras tomaba respiraciones profundas. Debí haberme dado cuenta de que la acción acentuaría mis pechos visibles, pero no lo hice, no hasta que sus ojos los recorrían, ampliados al ver el contorno de mis pinzados pezones. No creí que pudiera ver las pinzas, pero realmente no estaba segura. Pensé que debía de haber visto sólo mis pezones más sobresalientes. Lo que haya visto, pareció congelarlo en su lugar. Él no era capaz de apartar la mirada de mi pecho. Puso una mano sobre mi hombro, lamiéndose los labios con nerviosismo. —¿Te puedo ayudar en algo? —preguntó en voz baja. Sacudí la cabeza, sin dejar de mirarlo. No alejé su mano, no pensé en ello. Mi mente no funcionaba bien. Sabía que James no me tocaba, pero lo único que podía pensar era en sus manos sobre mí. Así que, aunque sabía que era la mano de Damien la que se hallaba sobre mí, sentí casi como si James me estuviera tocando. Y, además, era sólo mi hombro lo que tocaba. Pero estaba fuera de mí. —Tal vez en retirar la mano, Damien. ¿No deberías estar volando el avión o algo así? —preguntó James, entrando en la cocina. Su voz era fría como el hielo. No tenía que mirarlo a los ojos para saber que se encontraban igual de fríos.

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Damien apartó la mano, los ojos muy abiertos, luciendo como si hubiera estado haciendo algo mucho peor que sólo tocar mi hombro. Murmuró un acuerdo, dio marcha atrás y entró en el baño. Sentí a James, viniendo hasta mí. Tomó mi chaleco de donde colgaba en el armario abierto, sosteniéndolo para que pudiera ponérmelo. Lo hice sin una palabra, sin mirarlo. —¿Qué fue eso, Bianca? ¿Lo quieres? Explícamelo. —Su voz seguía siendo tan fría. Me sentí intimidada y... avergonzada. —Yo-yo no lo quiero. Creo que me tomó con la guardia baja. Y yo... me sentía distraída, pensando en ti. Sé que se encontraba de pie justo frente a mí, pero no era capaz de concentrarme en él. James agarró mi cabello por la nuca, el único lugar en el que me había tocado, tirando de mi cabeza hacia atrás para mirarlo hacia arriba y directo a los ojos. Estaban más entrecerrados de lo que pude imaginar. Lo que sea que sintiera, no lograba verlo en su rostro. —Te dije que esto no era un castigo, Bianca, pero lo es ahora. — Tiró del cabello con tanta fuerza que me hizo jadear. Su voz era extrañamente tranquila—. Va a ser mejor o peor, dependiendo de tu respuesta. ¿Estabas tratando de ponerme celoso, dejando que te toque o es que él te atrae? ¿Lo deseas, sólo un poco? Reflexioné sobre ello, con ganas de darle la respuesta más honesta, temiendo el castigo, cuando estaba esta abrumadora depravación. —Yo estaba demasiada envuelta en mis propios pensamientos para reaccionar ante lo que hacía. Creo que hubiera reaccionado, que lo hubiera empujado lejos, si hubiera tocado más que mi hombro, pero no lo hizo, así que tampoco reaccioné. No pienso en él de esa manera. Saboreaba el contacto de sus manos sobre mí, incluso con ese limitado toque, seguía sin aliento. —No es una amenaza, y nunca he pensado en tener relaciones sexuales con él. No podría decir por qué. Puedo ver que es guapo, y lo considero un amigo. Es divertido, y encantador, y genial, pero sólo he tenido sentimientos platónicos. Tal vez es algo así como lo que sientes por Frankie. Por lo que sé, es otra dominante. Quizá por eso sólo la veías como una amiga. Me estudió durante mucho tiempo, sus ojos entrecerrados, pero si tuviera que adivinar, diría que se sentía herido y preocupado. —Me gusta tu respuesta —dijo finalmente—. No puedo decir si lo creo porque quiero creerlo tan desesperadamente, o porque es la verdad. Todavía serás castigada, pero no lo haré como lo planeaba cuando vi su mano sobre ti. No dejes que eso vuelva a suceder. —Con eso, se fue. El resto del viaje fue largo y James apenas me echó un vistazo. Cuando me privaba, lo hacía de todo, incluso de sus hermosos ojos, y de la intensa mirada que llegué a adorar y de la que dependía sin poder evitarlo. No me había dado cuenta de lo mucho que ansiaba aunque sea

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su mirada, la forma en que me hacía sentir menos vacía, menos fría. Él era el sol, y cuando se giró, me sentí tan fría y vacía, tan dolorida y necesitada. No lo noté antes. ¿Es por eso que recibía esta lección? Para conocer el alcance de su efecto en mí, y lo mucho que necesitaba que él me quisiera, lo mucho que necesitaba que me lo demostrara. La privación de su afecto físico me afectó principalmente, pero el retraimiento emocional de su parte era mucho más devastador. Y no me había dado cuenta de ello, de lo generoso que siempre fue atendiendo mis necesidades emocionales, hasta que puso mi cuerpo en llamas y se retiró por completo. Fue una revelación. Era un hombre generoso. Nunca lo dudé. Pero nunca le di crédito por ser tan espléndido con sus emociones y sentimientos. Eran cosas que nunca me había dado cuenta necesitaba tan desesperadamente hasta que él me llenó con ellos, y de repente me los quitó. ¿Cuánto tiempo voy a sentir la pérdida? ¿Cuánto tiempo iba a hacerme pasar por el purgatorio? Sólo habían pasado horas desde el momento en que me dejó necesitada, pero no sabía si podría soportar mucho más que eso. Quería volver a tomar el sol.

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25 Traducido por Liillyana Corregido por Itxi

―Vamos a ir directamente a mi casa ―me dijo James mientras caminaba con mi tripulación a través del aeropuerto. No me tocaba, pero llevaba mi bolso. Apenas me miraba, aunque su tono y postura parecían relajados. Yo había ido más allá del punto de que solamente quería hacer que me corra, para aliviar el dolor que viajaba desde mis torturados pezones y directamente a mi sexo. Ahora quería su afecto, su atención. Quería que me abrazara. Hizo que casi me enojara, que me hiciera necesitarlo con tan poco esfuerzo de su parte. Pero incluso la ira no cambió el querer. Me tomó un momento procesar sus palabras. Nos quedamos por detrás de mi tripulación. Melissa me lanzaba miradas agudas, como si estuviéramos ralentizándolos. La ignoré. Parecía la mejor manera de lidiar con ella en general. ―Podría meterme en problemas por eso ―le dije, mi voz ligeramente baja―. Se supone que debemos ir con el equipo hasta el hotel, y registrarnos ahí. ―Hablé con Stephan. Él lo buscó en el manual. Las palabras exactas son: “a criterio de tu capitán”. Stephan es tu capitán. Dio el visto bueno. Te vienes conmigo. No discutí, no respondió. Quería llegar a su casa. No sabía lo que había planeado, pero estaba segura de que cuanto más pronto estuviéramos allí, más pronto terminaría esta tortura. Me despedí de la mayor parte de la tripulación en la acera, sólo dando a Stephan un rápido abrazo y un beso. ―Llámame si necesitas algo, Buttercup ―dijo en mi oído, y luego me dejó ir. Me deslicé estrechamente contra James, casi tocándonos las caderas cuando entramos en su auto. Hablé cerca de su oído, ya que la pantalla de aislamiento bajó y no reconocí al conductor. ―Esto es más que una gratificación retrasada. Me estás privando de cada parte de ti. Apenas me miras. ―No en el auto ―dijo, mirando por la ventana y despidiéndome. Me sentí aturdida. ―¿Cuál es el castigo por tocarte? ―pregunté después de varios minutos de silencio. Estaba más allá del punto de sólo querer agradarle.

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Si se trataba de un castigo que podría soportar, estaba dispuesta a arriesgar su enojo. Me había llevado a ese punto. ―Uno sencillo. Si me tocas, no te tocaré ―dijo con un tono vago. Fue como una bofetada en la cara. Aparté la cara, las lágrimas picando en mis ojos. Se sentía como un rechazo, algo que nunca había experimentado ni siquiera un poco con James. Fue un largo y silencioso paseo por Manhattan. Las pinzas en los pezones me provocaban un dolor constante. Había intentado mantenerme quieta, ya que cada movimiento fuerte agitaba aún más la tortura sexual. Quería decirle cosas malas, cosas hirientes que lo incitaran a tocarme, pero me contuve. No quería causar que se alejara más de mí. Sabía que cuanto más cooperara, más pronto tendría a mi James de regreso. Por último, el conductor desconocido nos dejó en el garaje subterráneo en el que había estado en una ocasión, en mi primera visita al penthouse de James en Manhattan. Tomó mi maleta del maletero, inclinando la cabeza hacia nosotros. ―Señor, Señorita. Karlsson. Voy a estar aquí a las 9:00 pm para recogerlo para el evento de caridad. James asintió, despidiendo al hombre. Tiró de mi maleta hasta el ascensor, todavía apenas reconociendo mi presencia. Bajé mi barbilla, mi postura rígida, de pie muy quieta en mis zapatos de trabajo. Mi mirada se encontraba fija a sus zapatos de vestir azul marino. Eran sexys. Incluso sus pies mantenían una especie de elegancia. La cabina del ascensor llegó, la puerta se deslizó abriéndose en silencio. James dio un paso dentro. Dudé, todavía solamente mirando sus pies, esperando alguna señal que demostrara incluso que se acordaba de mi presencia. Suspiró, el sonido más suave, y tendió una mano hacia mí. Miré, paralizada, mientras su mano iba al cuello de mi camisa de trabajo. Él usó un dedo para sacar el aro en mi garganta. Se las arregló para no tocar ni un centímetro de mi piel, tirando de mí hacia delante con sólo ese círculo de diamantes. Me llevó dentro del ascensor, manteniendo el dedo doblado en mi cuello mientras deslizaba su tarjeta, pulsando el botón. Empezamos a ascender. ―Mi perfecta pequeña sumisa ―murmuró, y eso era todo. Me detuve incluso por esa brizna de su hastiada atención. Me condujo dentro de su casa opulenta con aquel único dedo sobre mi cuello. Estaba tan perdida en el laberinto de habitaciones como lo había estado la primera vez, mientras me llevaba a la cocina. Sólo dejó ir mi cuello cuando nos encontramos con una mujer desconocida preparando la comida al lado de la cocina de gran tamaño. Era regordeta y de mediana edad, con el pelo castaño claro y ojos marrones que noté en el momento en que se volvió a saludarnos.

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Ella sonrió. Fue una buena sonrisa, cálida y dulce. ―Señor Cavendish, Señorita Karlsson, buenos días. ¿Cómo fue su vuelo? ―Muy bien, gracias. Bianca, esta es Marion. Es nuestra nueva ama de llaves y cocinera. Parpadeé un par de veces, me preguntaba si estaba viendo cosas cuando nos hizo una pequeña reverencia. ―Tengo muchas ganas de trabajar para usted, Señorita Karlsson. Es un placer conocerla al fin. Por favor, hágame saber si necesita cualquier cosa. Lo que sea. Procesé sus palabras, la forma en que ambos implicaban que de alguna manera estaba trabajando para mí. Fue un acontecimiento desconcertante, pero no hice ningún comentario. ―Estoy haciendo tortillas de vegetales con queso feta, como pidió, Señor Cavendish. ¿Hay algo que pueda hacer por usted? ―Vamos a estar en el comedor, Marion. Sólo sirve las tortillas cuando estén listas. Eso es todo. James abrió la puerta para mí, y me moví a su gran comedor. Sacó una silla para mí y me senté. Él se sentó a mi lado en la cabecera de la mesa. Entrelazó sus elegantes dedos encima de la inmensa mesa. Vi esas manos mientras hablaba. ―¿Qué pasó con la otra ama de llaves? ―Tuve que echarla. Resultó ser… poco profesional. Parecía pensar que, porque había trabajado para mí durante ocho años, podría interferir en mi vida personal. Encontré algunas de sus acciones y palabras inaceptables. Reflexioné durante un rato, sin dejar de mirar sus manos. Incluso sus manos eran como sus ojos, dulces. ―Parecía una mujer desagradable, aunque ella y Jules parecían ser cercanas ―le dije con aire ausente. ―Era bastante agradable con ella. Vi que sus manos se apretaban fuertemente juntas mientras yo hablaba. ―Sí. Y ese era el problema. La dejó entrar en mi casa en contra de mis deseos, y entonces cometió el error fatal de insultarte, amor. La eché esa noche. Tomé una respiración profunda, saboreando esa luz de cariño. Estaba muerta de hambre por su afecto. Marion nos sirvió rápidamente, retirándose con una sonrisa. Comimos las deliciosas tortillas en silencio. James terminó antes que yo. Podía sentir que me observaba mientras tomaba un trago de agua. Se puso de pie al instante que tragué el último bocado. Me condujo por el cuello a través del penthouse de varios pisos, en dirección a su dormitorio sin más preámbulos.

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Estaba más que feliz de ir. Había estado viviendo en un mundo de tortura anticipada desde que puso las pinzas en mis pezones, solamente esperando para estar a solas con él. Me llevó al colosal armario del dormitorio. ―Quítate la ropa ―ordenó, quitándose la camisa, de espaldas a mí. Obedecí sin decir una palabra, quitándome todo menos mis joyas. Quitó mi reloj y brazalete, colocándolos en una bandeja en el enorme aparador de su armario. Mis ojos se habían trasladado a sus pies, tan pronto como me desnudé. Estaba descalzo ahora, vestido sólo con sus pantalones. Pensé en cómo incluso sus pies eran sexys. Enroscó una cadena de plata por el aro en mi cuello y la unió a cada una de mis pinzas en los pezones, levantándolos. Hice una mueca, frotando mis muslos juntos inquietamente. Sujetó una fina enagua negra sobre mis caderas. Había usado una sólo una vez antes, en su sala de juegos. No cubría nada, pero la visión me excitaba. Hacía que mi cuerpo se vea pecaminoso. Me mordí el labio, arqueando mi espalda un poco. Decir que me excitaba era quedarse corta. Estaba más allá de ese punto. Levanté la mirada lo suficiente para ver su polla dura presionando contra la parte delantera de sus pantalones azul marino. Gemí ante la visión. ―No trates de tentarme, Bianca. Vas a ser castigada por eso. ¿Eso es lo que estás intentando hacer? Sacudí mi cabeza, sacando de mi mente mi deseo por él. Me condujo por el cuello hasta el ascensor que iba directamente desde su habitación a la sala de juegos privada. Me quejé de la presión cruel cuando tiró de mis pezones. Me dio una dura palmada en el culo cuando bajamos a la cuarta planta. Por hacer ruido, pensé. Sacó un trozo de tela negra de su bolsillo, dando un paso detrás de mí en el ascensor. Era una venda para los ojos, me di cuenta mientras me los cubría, atándolo firmemente en la parte posterior. El material era sedoso y lujosamente suave. El ascensor se detuvo, y me tiró hacia adelante por el cuello. Nuestros pasos parecían ruidosos en el pasillo, pero el suelo acolchado del cuarto de juegos lo hizo más suave, un sonido apagado. Me llevó a sólo unos pasos en la habitación antes de detenerse. ―Ponte de rodillas ―me dijo. Obedecí, levantando la barbilla. Lo oí alejarse. Le oí abrir cajones a través de la habitación. Algún tipo de maquinaria zumbaba suavemente, el sonido de cadenas que tintinean juntas le siguió inmediatamente, y no tenía ni idea de lo que haría tanto ruido. Me senté sobre mis talones, mis manos sobre mis muslos. Empecé a frotar lentamente por encima de mi propia piel mientras

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esperaba. La anticipación y el miedo era una sensación palpable a lo largo de mi piel. A medida que mis manos frotaban, cambié mis brazos, moviéndolas contra mis pechos, empujando los redondos globos más cerca juntos para rozar el uno contra el otro, ansiando el contacto, incluso si esto era solamente el contacto de mi propia piel sobre sí. ―Deja de hacer eso ―dijo James vibrando a través del cuarto―. Si te das placer, entonces eso es todo lo que vas a hacer. Todo lo que tendrás es un consolador para aliviar tu dolor, si sigues así. ¿Qué prefieres? ¿Mi polla o un consolador? Me quedé sin aliento y dejé de moverme, aunque quería más que nunca moverme después de escuchar sus palabras. ―Tu polla. Oh Dios, quiero tu polla, James. ―Es Señor Cavendish, o Maestro aquí, Bianca. ―Sí, Señor Cavendish. Sentí un ruido, como cadenas tintineando juntas, y luego me puso de pie. Di un grito ahogado ante un duro tirón en mis pezones. Parecían estar cada vez más sensibles, cuanto más tiempo aquellas abrazaderas se encontraban conectadas. Me paró en el suelo acolchado. Me desplazó tal vez a unos seis metros antes de detenerse abruptamente. Finalmente tocó mi piel, tirando mis muñecas juntas por delante de mí. La acción frotó mis pechos juntos y mi espalda se arqueó. Puso algo blando alrededor de mis muñecas, cerrándola con un tintineo de metal ruidoso en la primera muñeca y luego la otra. Esposas acolchadas, pensé. Se movía muy cerca cuando llegó por encima de mí, bajando una cadena de metal haciendo clic en cada eslabón. Arrastró la longitud a lo largo de mi mejilla, mi cuello, el lado de un pecho, y finalmente a mis manos unidas. Conectó la cadena ruidosamente a las esposas, dando un paso lejos. Oí los eslabones tintineando de nuevo cuando levantó mis manos por encima de mi cabeza, dolorosamente lento. Mis brazos se elevaron altos, fui estirada tensamente sobre mis pies. ―Agarra la cadena ―me dijo James. Lo intenté, pero obviamente lo hice mal, porque ajustó mis manos hasta que tuve un doble agarre firme de la cadena que me sostenía. De repente dio un tirón de la pequeña y ordenada trenza que usaba para trabajar, arqueando mi cabeza hacia atrás. El movimiento tiró de la cadena entre las pinzas de mis pezones. Gemí en voz alta. ―Quiero que estés en silencio ―dijo James, con una voz ronca―. No hagas pequeños ruiditos sexys. No me pidas que me detenga. Estate tan quieta tanto como puedas, a menos que necesites la palabra de seguridad.

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26 Traducido por Yure8 Corregido por Luna West

Asentí débilmente, ya que no podía hablar. Lo sentí alejarse. Se marchó por largos minutos, haciendo que me sintiera despojada. No podía moverme ni hablar, ya que él me lo ordenó, así que sólo mi mente estaba activa. Era la parte más tortuosa de todo, imaginar lo que me haría, lo que planeaba, y lo único que podía hacer era esperar. Una melodía relajante comenzó a sonar, las notas de una canción oscura cruzaron la habitación. Tenía un tono ominoso. No lo sentí moverse, pero de pronto sentí algo suave rozar la piel de mi espalda. Una pluma, pensé, cuando la arrastró por mi columna. La retiró, pero fue reemplazada al instante por otra cosa, algo más duro. Filamentos delgados erizaron mi piel cuando acarició donde la pluma había estado. La pluma regresó, acariciando a lo largo de mi culo y por mis muslos. Me estremecí mientras él tocaba suavemente la parte posterior de mi rodilla hasta el pie. Movió la pluma de nuevo por mi cuerpo hacia la otra pierna. Cubrió cada centímetro de mi cuerpo antes de apartarse. El objeto duro volvió por mi piel, repitiendo exactamente el rastro de las plumas. Si la pluma me hizo temblar por todas partes, el rastro más duro me hizo retorcerme, luchando para no hacer ruido. Los pequeños filamentos duros se ausentaron y la pluma regresó, rozando justo debajo de los omóplatos. La pluma se apartó y en el instante que dejó mi piel él me golpeó, azotándome con esos pequeños filamentos duros con saña. Mordí mi labio con tanta fuerza que probé la sangre, arqueando mi espalda, inclinando la columna. Golpeó una y otra vez, sólo golpeando aquellos puntos sensibles en los que la pluma había prestado especial atención. Mi corazón intentaba no salir de mi pecho y las lágrimas corrían por mis mejillas en silencio pero no hice ningún ruido antes de que él se detuviera. Le sentí desenganchar el pequeño amarre en mi cintura, lo escuché caer al piso, la pluma acariciando suavemente mi culo desnudo. Me pregunté si coordinaba el momento del contacto de las plumas con el momento de los azotes. Me pareció así, y ese fue un pensamiento tortuoso, ya que persistió más tiempo en mi trasero con

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esa suave pluma implacable. De los dos toques, me pareció que la pluma fue el más cruel. La ausencia de la pluma fue reemplazada inmediatamente por la fuerte picadura del látigo. Siguió y siguió, azotándome una y otra vez, y comenzó a moverse con los azotes, rodeando mis caderas. El dolor llevo mi mente a un lugar pequeño y borroso, pensando que me vendría si tan solo tocara mi sexo. Escuché sus jadeos cuando reemplazó el látigo con la pluma en mis muslos. Cuando la pluma tocó mi parte interna del muslo, dando un breve soplo en mi sexo, casi me vine. No sabía si podría detenerme cuando el pequeño látigo fuera reemplazado por esa pluma cruel. Me pregunté, muy brevemente, si sería castigada por ello. Mi respiración era tan irregular que me preocupó ser castigada por el ruido cuando el látigo reemplazara la pluma, azotando mis muslos sensibles sin descanso. Mi espalda seguía encorvada, de puntillas, y cuando el látigo azotó ese punto en la ingle vine, girando en mi cadena y mordiendo mi labio ensangrentado. Por lo menos había guardado silencio, si no contaban mis fuertes jadeos. —Joder —gimió James, eso fue todo. Volvió al intercambio de látigo y pluma en mis pantorrillas. Un toque y luego un azote más corto. Regresó a mi espalda, pero después se alejó. estudiándome durante unos minutos imposiblemente largos.

Lo

sentí

Mi orgasmo había sido involuntario, pero fue muy poco para aliviar el dolor. Mi pulso seguía latiendo al ritmo de la sangre palpitando en mis venas y cada centímetro de mí lo quería dentro, contra mí, tocándome. Mis caderas hacían pequeños empujes mientras él me miraba. Finalmente, lo sentí pasar a la parte frontal de mi cuerpo. Estudió mi delantera por casi el mismo tiempo que lo hizo con mi espalda. De repente, soltó los pechos de las insoportables pequeñas abrazaderas. Respiré profundamente, contando hasta diez, tratando de evitar los ruidos en mi garganta. Empezó a mover la pluma a lo largo de mi parte frontal, empezando por mi mejilla. Rodeó mis labios con la pluma. Se detuvo bruscamente, distanciándose. Quería gritar por su brusca ausencia, pero regresó casi de inmediato, poniendo algún tipo de correa contra mi boca. —Muerde esto si es necesario —ordenó—. No muerdas más tu labio. Necesitarás puntos de sutura si sigues así. —Lo mordí. Fue un alivio inmediato tener algo firme para morder. Comenzó con la pluma de nuevo, cubriendo la parte frontal de mi cuerpo con las suaves caricias. Repitiendo el sendero con el pequeño

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látigo. El patrón ya me resultaba familiar, pero aún así agonizaba por lo que sucedería a continuación. La pluma volvió otra vez y sabía qué esperar cuando los látigos tuvieron su turno, cada toque me decía sádicamente justo dónde y por cuánto tiempo iba a recibir esos insoportables pequeños azotes. Suavemente acarició primero mis muslos, serpenteando la pequeña pluma peligrosamente cerca de mi centro húmedo. Sentí la pluma arrastrarse un poco a través de la humedad y escuché a James aspirar en un jadeo. Pero no hubo ninguna pausa cuando retiró la pluma y golpeó con el látigo casi en el mismo movimiento, como si fueran dos caras en el mismo objeto. Me pregunté, distraídamente, si así era. Él azotó mis muslos una y otra vez, deteniéndose bruscamente, pero sabía que si yo hubiera estado contando, habría calculado lo mismo con la pluma. Mi cabeza cayó hacia atrás, y contuve una respiración áspera cuando el ligero toque hizo contacto con mis pechos. Acarició los carnosos globos por un buen rato, por suerte sólo frotando brevemente mis pezones torturados. Cuando comenzó a azotarme allí, me estremecí, mi cuerpo estaba al borde del clímax cuando se detuvo. Me miró por un largo tiempo, hasta que le oí bajar la cremallera de sus pantalones. Quería llorar de alivio sólo por el sonido. Se trasladó a mi espalda. —Creo que ya es suficiente de la lección y el castigo —dijo, su voz ruda y afectada. Justo lo que yo quería. Su pecho se movió sin problemas contra mi espalda mientras se inclinaba hacia mí desde atrás. —Mantén tus caderas firmes —me dijo, sus duras manos colocándose en mis caderas. Obedecí ansiosamente. —Arquea tu espalda. Más. Sentí la punta de su polla en mi entrada. Preparada durante un largo rato, temblando contra mí. Entró en mí, pero no fue como yo quería, no con un golpe duro como deseaba. Deslizó toda su longitud dentro de mí, centímetro a centímetro, llenando mi apretada y húmeda vaina con una agonizante lentitud. Quería lloriquear. Quería suplicar. Su boca se movió a mi oído. —Ahora me puedes suplicar — susurró, como si leyera mi mente. Y sollocé mientras suplicaba, la correa cayéndose de mi boca, su permiso fue como un gatillo. Rogué con sinceridad. Salió de mí lentamente cuando terminé. Su boca se movió hasta el lugar entre el cuello y el hombro, justo en el tendón, ese punto sensible, y mordió salvajemente al mismo tiempo en que se sumergió en mí, deslizándose dentro de mí con una embestida más dura, más rápida. Fue un ángulo

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maravilloso, brutal, mis caderas inmovilizadas en sus manos. No tenía manera de moverme con él o lejos de él, incluso con los dedos de mis pies levantados ligeramente del suelo. Entró en mí, llegando al final con un movimiento perverso de sus caderas. Él hacía ese débil y excitante ruido bajo en su garganta, profundo, pero casi impotente, como si no pudiera creer lo que sucedía cada vez que empujaba hasta el final en mí. La tercera vez que hizo ese ruido, me vine, gritando. No paró, aún embistiendo una mano serpenteó desde mi cadera hasta por encima de mi pecho torturado. Dolía, mi piel estaba en carne viva, pero ese dolor parecía extenderse directamente desde mi pecho a lo profundo de mi sexo, donde su dura polla todavía trabajaba intensamente. El segundo orgasmo me trajo una mezcla de placer y dolor, sacudiendo cada parte de mi cuerpo que él tocaba como un instrumento. Yo estaba perfectamente afinada, pero sólo a sus expertas caricias. Sus embestidas se detuvieron por un momento, su mano en mi cadera se deslizó hacia delante y su dedo empezó a rodear mi clítoris. Volvió a su ritmo, el brazo ahora anclado sobre mí desde la cintura hasta la pelvis y su otra mano aún sujetando mi pecho. Su dureza se meció hacia mí con ese ritmo frenético. Él golpeó, golpeó y golpeó, su respiración dura y bastante irregular podía oírla por encima de mi propio maullido incontrolable. —Córrete —ordenó bruscamente. Me estremecí cuando las oleadas de placer me llevaron por tercera vez. Se dejó ir al mismo tiempo, lo sentí estremeciéndose y vertiendo en mi interior, haciendo esos sonidos profundos que yo amaba. Sus brazos fuertes envolvieron mi cintura, su mejilla tocando la cima de mi cabeza. ¿Acaso volvió el amante tierno? Quería eso, nunca había querido más. Necesitaba cierta tranquilidad, que esta frialdad que lo poseyó no fuera permanente. Sólo una noche de ello y me sentí emocionalmente privada. Pero él me soltó rápidamente, tirando de mí y luego escuché las cadenas sonando mientras mis brazos eran liberados. Me puso más firmemente sobre mis pies, pero mis rodillas cedieron casi al instante. Las esposas me atraparon de inmediato, ya que sólo me había bajado unos centímetros. —Mantén tu equilibrio. Balancea un poco de peso sobre tus pies —ordenó James bajando la cadena unos centímetros más.

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Puse más peso en mis pies, consiguiendo equilibrio lentamente, pasando de un pie a otro hasta que sentí que podía permanecer de pie sin ayuda. Me tomó un tiempo. Desenrolló las cadenas encima de mí y luego desenganchó mis manos esposadas. No tuve que sostener mi propio peso durante más de medio segundo antes de que me levantara, acunándome como un niño mientras me llevaba por toda la habitación. Acaricié la mejilla a lo largo de su desnudo pecho sudoroso. Él se sentía divino. Olía divino. Me puso sobre una superficie firmemente acolchada. Se sentía como si estuviera en una cama de consultorio médico. No había visto nada igual la última vez que estuve en su zona de juegos, sólo había estado allí una vez antes y estuve un poco distraída en ese momento. Sacó mis manos esposadas por encima de mi cabeza, fijándola allí. Probé el sistema de seguridad. Ni siquiera tenía un centímetro de anchura. Sujetó mis pies a la parte inferior de la mesa, separadas ligeramente. Usó unas suaves correas en cada uno de mis tobillos, sin embargo, no podría asegurar si eran correas. Aún seguía con los ojos vendados, y esto no era algo que él me hubiera hecho antes. Había probado estas restricciones antes. Pero nada como esto. Definitivamente no podría follarme en esta posición. Mis piernas no se separarían lo suficiente por la manera en que yo me encontraba amarrada. Me retorcí un poco ante ese pensamiento, de repente tuve miedo por lo que tenía planeado hacer. Dio una palmada en la parte frontal de mi muslo, fuerte. —No te muevas —dijo con su voz dominante, sin atisbo de cariño. Mi amante tierno seguía desaparecido. No creía que hubiera algo que podría traerlo de vuelta a mí.

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27 Traducido por Cynthia Delaney Corregido por Luna West

Un pequeño grito se escapó de mis labios al sentir el frío metal agarrar uno de mis pezones. Sentí a James desatar mi venda y de repente podía verlo de nuevo. Tenía lo que parecían unas diminutas pinzas de metal sosteniendo mis pezones. En el extremo un pequeño aro que se ajustaba perfectamente alrededor de mi pezón endurecido. Metió la mano dentro de un cajón de la mesa con su mano libre, sacando un marcador. Se inclinó cerca de mi pecho cuando marcó cuidadosamente mi pezón en ambos lados. Sus manos estaban cubiertas con guantes de látex que no había oído colocárselos, aunque debió haberlo hecho en algún momento desde que me ató a la mesa. Sus ojos estaban atentos, estudiando las marcas que había hecho. Finalmente, apartó el marcador, sacando una aguja gruesa con un extremo afilado. Podía ver que era ahuecada en el medio, pero todavía estaba sorprendida de lo grande que era, intimidantemente gruesa. Sonrió ligeramente al ver mis ojos abrirse cuando estudié la aguja. —¿Lista para ser perforada? —preguntó, con su voz malvada. Lo estudié. Todavía llevaba sus pantalones, aunque la parte superior estaba desabrochada. Estaba sin camisa, y podía ver mi nombre en carmesí sobre su corazón. De alguna manera, casi me había olvidado de sus nuevos tatuajes. Las letras en carmesí eran asombrosas y encantadoras contra toda su piel dorada. Se había recogido el pelo, era la primera vez que le había visto hacerlo, pero de esa manera podría trabajar sin él cayendo sobre su cara. Algunas personas eran más hermosas con el pelo enmarcando sus rostros, pero eso no importaba con James. Él era exquisito, incluso sin todo ese pelo cayendo con gracia sobre su rostro. Su rostro era demasiado perfecto para que eso afectara su aspecto de todas maneras. —Eres tan hermoso —dije. No parecía capaz guardarlo para mí. Me lanzó una mirada abrazadora. Le gustaba que yo lo admirara, lo sabía. Incluso en este frío ambiente, él era inmune.

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—¿Crees que la adulación me distraerá? Parpadeé hacía él. No era adulación. Era un hecho. —Eres magnífico. No respondió, solo tiró mis tensos pezones con las pinzas, excavando con la aguja gruesa dentro de mi piel. Contuve mi respiración, esperando verlo en acción. No era capaz de apartar la mirada. Me sorprendió cuando se retiró, abriendo el cajón debajo de mí y dejando caer las pinzas y aguja en el interior. Por la expresión de su cara, estaba sorprendido de sí mismo. Se quitó los guantes de látex, tirándolos a un lado. Sus ojos estaban sobre mis pechos mientras se inclinaba hacía mí, chupando los pezones adoloridos. Se concentró en ellos, succionando la carne como si su vida dependiera de ello. Me retorcí bajo su servicio, aunque mis movimientos eran obstaculizados considerablemente. Mi cabeza estaba inclinada al frente tanto como podía y lo observé. Sus ojos cerrados mientras chupaba allí. Sus manos ahuecaban mis pechos desde los lados, empujándolos uno contra el otro. Se movió hacia mi otro seno, abriendo sus ojos para mirarme mientras deliberadamente lamía la carne y luego chupaba con tanta fuerza que un escalofrío atravesó mi cuerpo, la sensación causó que una descarga de placer saliera disparada directamente a mi centro. No levantó su cabeza cuando habló, su aliento perforando mi piel, sus ojos fijos en mí. —Beberé tu leche así cuando amamantes a nuestros hijos. Se inclinó y comenzó a chupar de nuevo, con una succión dura, como si los grandes globos ya estuvieran llenos con leche. Sus palabras hicieron mi sexo apretarse. Me dije a mí misma que debía regañarlo por decir algo tan escandaloso. Insinuar que tendríamos hijos pasaba mis límites y decir que lo amamantaría como un bebé, bueno, eso estaba mal, pero a mi cuerpo no le importaba cualquier cosa pervertida que saliera de su boca. Se enderezó. Mis caderas se retorcieron incluso cuando se alejaba. Observé sus ojos casi perezosos, sus párpados pesados. —No puedo perforarlos aún. No seré capaz de chupar tus pezones, ni de jugar con ellos mientras las perforaciones sanan. Eso tomará meses. Ni siquiera puedo contenerme así. Tal vez en una o dos semanas. —Soltó mis tobillos mientras hablaba, y luego mis brazos, rápidamente liberando mis puños. Siempre me sorprendía lo rápido que desataba mis restricciones, como si hubiera sido entrenado para hacerlo. Por lo que sabía de él, así había sido. Me acunó contra él. —Pon tus brazos alrededor de mi cuello, amor —murmuró, dando zancadas por la habitación.

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Incluso su voz cambió. Se había suavizado entre un momento y otro. El amante tierno volvió. Mi James volvió. —Te extrañe —murmuré contra su pecho sudoroso. Bajó la mirada a mí, y pude ver la sorpresa en sus ojos mientras entraba en la cabina del ascensor. —No puedo eludir mis derechos como tu dominante. Sé lo que necesitas, Bianca. Y necesito que sepas que nadie más puede dártelo como yo puedo. —Pulsó el botón y empezamos a subir mientras hablaba. Quería responderle, pero tomó mi cabello y se inclinó para besarme. Era un beso desesperado, nada planeado. Comió mi boca como si estuviera hambriento de mí, como si la distancia que había puesto entre nosotros lo hubiera afectado también. Lamió mi boca, chupando mi labio inferior herido. Me dolió, pero no me importaba lastimarme así que lo besé de vuelta con todo el deseo reprimido que él construyó en mí durante la noche fría. Había tantas cosas que quería decirle sobre mis sentimientos, sobre él e intenté demostrárselo en el beso. Era mucho mejor comunicando mis sentimientos a él de esta manera. El elevador se detuvo y él salió, aún besándome, mientras se dirigía a su hermosa cama. Me puso sobre ella, alejándose para deshacerse de sus pantalones con impaciencia. Tomó un breve instante,luego volvió poniéndome en el centro de la cama. Separó mis piernas, moviendo sus caderas entre ellas, bajando su pecho al mío. Estaba apoyado ligeramente sobre sus codos, y los movió casi dentro de mis axilas para así poder acariciar mi rostro mientras me miraba fijamente. Sus ojos eran tan tiernos y suaves que una lágrima de vergüenza se deslizó por mi mejilla. Su pulgar la atrapó, y presionó su gruesa excitación contra mi sexo, presionando el primer perfecto centímetro dentro de mí. Entró en mí muy lentamente al principio, aunque seguía resbaladiza por la excitación y los fluidos compartidos desde nuestro último combate follando. —Te extrañé —le dije de nuevo, y gimió moviéndose con más fuerza, pero con golpes más suaves. —Me alegra —dijo con una sonrisa suave—. Me alegra saber qué quieres de mí algo más que mi lado dominante. Quería tanto decirle en este justo momento que lo amaba, pero las palabras de alguna forma no atravesaron el nudo de mi garganta. Lo besé en su lugar, agarrando con mis manos su pelo sedoso y tirando de él hacía mí. Pareció satisfecho con eso, correspondiéndome con un gemido. Sus embestidas aumentaron dentro de mí con un continuo golpeteo enseñándome a amar, y me derretí bajo su cuerpo con un exquisito

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orgasmo. Grité en su boca cuando llegué, y él se unió a mí, sus propios gritos igual de fuertes y desesperados que los míos. —Eres mía —afirmó, pero fue una confesión tierna. Me aplastó bajo él cuando terminamos, como si ni siquiera tuviera la energía para rodar fuera de mí, cuando él era el más inagotable de los hombres. No me podía quejar, a pesar de que era un poco difícil respirar así. Pero me gustaba su peso encima de mí. Lo disfruté. Cuando finalmente rodó fuera, fue solo para pegarse a mi lado con un pesado brazo arrojado sobre mí. No hablamos durante unos minutos, y sentí una niebla soñolienta invadiendo mis sentidos. Pero algo estaba molestándome, un persistente pensamiento de que yo debería aclarar algo entre nosotros antes de que el agotamiento me llevará. —¿Te sientes utilizado por mí? —pregunté de repente. Se levantó sobre un codo para encontrarse con mis ojos de frente. Estudiándome, luciendo triste. Me hizo sentir un poco melancólica solo verlo. —No —dijo después de una larga pausa—. Me preocupa que yo no te importe. No como tú me importas. Me preocupa que no seas capaz de corresponder mis sentimientos. Y me doy cuenta de que, por primera vez en mi vida, me gustaría dejar que me uses como sea que tú quieras, si llegas a eso. Si es todo lo que puedo obtener de ti. Lo aceptaría. Acaricié su mejilla, sintiendo una necesidad casi incontrolable de tranquilizarlo. —Me preocupo por ti. A veces me da miedo la manera como me siento. —Mi voz fue un susurro. Era todo lo que podía manejar. Sus ojos se cerraron y presionó su mejilla contra mi mano, buscando alivio, pero aún angustiado, todo de una vez. Era difícil mirarlo, su rostro tan lleno de emociones. —Entonces, ven a vivir conmigo —dijo suavemente—. Estemos juntos. Jura que nunca me dejarás. Suspiré profundamente, lo conocía lo suficiente para saber que no podía dejar de ser tan exigente. Le había dado una confesión de amor, e hizo el siguiente movimiento aprovechándolo y usándolo a su favor. Debí haber sabido que haría eso. Cuando le doy, él pide más, era lo que más me atraía y atemorizaba a la vez. —Necesitamos ser adultos racionales, James. Empezaremos tratando de estar juntos, pasar tiempo cuando podamos. Creo que es un buen comienzo. Así que, sí a la parte de “estar contigo”. Ya veremos el resto. Me las arreglé para dormir contra él abrazándome por detrás.

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—Múdate conmigo. Estaremos viajando tanto que estoy seguro que no notarás la diferencia, pero di que vivirás conmigo. Sólo dame eso y por el momento dejaré de presionarte. Espantosamente, su persistencia en realidad sólo me hizo sonreír. Fue entonces cuando supe que estaba bien y verdaderamente saciada. O tal vez solo era una excusa para mi repentina debilidad. Hice un consciente esfuerzo para no analizarlo a muerte y solo pensar en su petición. ¿Qué podía significar el vivir juntos? No era un paso permanente, ¿verdad? Siempre podría retirarme si entraba en pánico. —Me quedaré con mi casa. Trabajé mucho por esa casa y allí me voy a quedar —le dije, sorprendida incluso cuando las palabras salieron de mi boca, porque sabía que podría comprender lo que yo quería decir. Sus brazos me apretaron casi dolorosamente desde atrás. —Por supuesto. Podemos quedarnos allí cuando estemos en Las Vegas. Como tú quieras. Venderé la otra casa de Las Vegas si así prefieres, aunque probablemente deberíamos mantener los establos si quieres seguir montando. Sentí algo parecido al alivio, pero el obvio alivió de él me derritió. Comprendí que quería esto tanto como él. Solo que no me había permitido admitirlo. —Quiero seguir montando. —Fue todo lo que dije. —Sí. Gracias, Bianca. Me haces muy feliz. No sabía que la vida podía ser como esto —murmuró en mi cabello. Su voz era espesa, como con lágrimas. No era lo suficiente valiente como para levantar la mirada y observarlo. —Así que ya no puedes proponer ni decir más cosas locas, dijiste que cederías si aceptaba vivir contigo. Él se tensó ligeramente mientras yo hablaba, el alivio desapareció. Mis palabras fueron una broma, porque por supuesto que él no se propondría, eso fue lo que hizo que se tensara. Y a mí también me puso rígida. —Entonces, ¿Cuánto tiempo tengo que esperar? —preguntó, su tono serio—. Dame un plazo y lo respetaré. La palabra “siempre” quiso salir de mi boca, pero conté hasta diez, tratando de no entrar en pánico. —No puedo darte un plazo de tiempo, James. Ni siquiera puedo hablar de ello sin tener un ataque de pánico. Solo vamos a disfrutar la parte de viviendo juntos, ¿está bien? Acarició su boca contra mi cabello, excavando profundo hasta que llegó al interior de mi cuello. Me besó allí. —Hablaremos de esto en otro momento. Te daré tiempo para que te acostumbres a la idea.

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Mi cuerpo exhausto comenzó a adormecerse, pero no antes de comprender que de alguna manera él se las arregló para conseguir que esté de acuerdo con una enorme decisión y aún insistiendo en ganar algo de terreno en otra. Este hombre dominante era imposible.

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28 Traducido por Lunawaters Corregido por Adriana Tate

Pestañeé despertando lentamente. James todavía hacía cucharita detrás de mí. Y al parecer él fue lo que me despertó, ya que murmuraba suavemente en mi oreja. Me decía cosas dulces, una disculpa en su tono suave—: Lo siento, mi amor. Te dejaría dormir por mucho más tiempo, me quedaría de esta manera para siempre si pudiera, pero tengo que asistir a este asunto, y no tengo la voluntad de dejarte. Por favor, despierta. —Estoy despierta —le dije con voz ronca por el sueño. Él besó mi cabello. —Bien. —Se sentó, deslizándose lejos. Hice un sonido fuerte en protesta ante su ausencia. Se echó a reír, y era un sonido despreocupado y feliz. Sentí mi rostro suavizarse al igual que todo mi cuerpo, y una tierna sonrisa se extendió por mi cara. Oír un sonido tan alegre proviniendo de James me hizo sentir feliz. ¿Y cómo no? No me podía imaginar siendo inmune a él. Me incorporé lentamente, viéndolo dar zancadas desnudo hacia la puerta de la habitación. Me encontraba desnuda también, y ni siquiera tenía ganas de cubrirme mientras me sentaba con las piernas cruzadas y simplemente lo observaba moverse. Abrió la puerta, se agachó y recogió una gran bandeja cubierta. Cerró la puerta con el pie, llevando la bandeja hacia un gran vestidor, colocándola en la cima. Le sacó la tapa, tomando dos grandes platos y regresando a la cama. Me dio uno, sentándose cerca de mí, con las piernas cruzadas, para comer del suyo. Era una pequeña porción de salmón sazonado ligeramente con ensalada de pepino y jengibre al lado. James lo devoró en unos cuantos enormes bocados y no me tomó mucho más tiempo terminar el mío. —Esto se siente perversamente placentero, comer en tu cama —le dije entre bocados. Tomó mi plato, sonriendo. Me dio los últimos bocados el mismo. —Nuestra cama, amor. Todo es nuestro ahora, recuerdas. Le di una mirada maliciosa. Eso era algo con lo que realmente nunca había estado de acuerdo. Lo que era de él, era de él. No sentía que ninguna de estas cosas fuera de mi propiedad, y no me podía

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imaginar sentirlo en algún momento. Pero sabía que era inútil argumentarle algo y realmente no estaba de humor para hacerlo, así que me mantuve en silencio. James colocó nuestros platos vacíos en la bandeja, tapándola y sacándola de la habitación. Me arrastró hasta el baño, hacia la ducha, hablándome más con sonrisas que con palabras. Me lavó mientras se lavaba, como si yo fuera una extensión de él. También lavó nuestro cabello al mismo tiempo, enjabonando mi cabello y luego el suyo. Era raro tener a alguien cuidando de mí de esa manera, pero sabía que le gustaba, y empezaba a amarlo como amaba todo lo que hacía por mí. Incluso enjabonó mis axilas y mis piernas, afeitándome como un experto, agachándose bajo el fuerte chorro de agua de la ducha, sin aprensión, para afeitar mis piernas. Incluso tenía y usó la afeitadora de mi preferencia. Al hombre no se le escapaba nada. Fue una ducha rápida, a pesar de que se sintió lujosa. Nos secó a ambos después, tocando todas las marcas que había hecho en mi cuerpo mientras lo hacía. Insistió en que me dejara mi gargantilla puesta, incluso en la ducha, y la secó cuidadosa y minuciosamente. Sus ojos eran enigmáticos. Si lo leía bien, parecía tanto amar como odiar las marcas que hizo en mi cuerpo. Las pequeñas marcas tanto le fascinaban como le preocupaban. Me llevó a la cama, acostándome para frotar cada centímetro de mi cuerpo con una loción cremosa. —Esto no es una buena forma de empezar si quieres que salgamos de tu casa esta noche —le dije sin aliento. Sonrió perversamente. —No estoy empezando nada. Y es nuestra casa. Hombre imposible. Incluso me vistió, sin embargo no me puso mucha ropa. Me puso una pequeña tanga negra, un sujetador negro sin tirantes y un camisón negro bastante corto y transparente. Me colocó unos grandes pendientes de diamantes que hacían juego con el collar. —¿Te percataste de los cambios que hice en nuestra habitación desde la última vez que la viste? —preguntó James mientras deslizaba el camisón sobre mi cabeza. Se colocó un par de pantalones cortos deportivos negros de corte bajo, dejando su pecho desnudo. Miré alrededor. No había notado casi nada desde que vine a esta casa. Estuve un poco más que distraída, con ojos sólo para James. Vi mis pinturas casi de inmediato, una vez que empecé a observar la habitación. Tenía dos de mis autorretratos hermosamente enmarcados y colgando frente a su cama. No sabía cómo no los había visto antes. Eran las imágenes más visibles en su pared, colocados para una clara vista desde su cama.

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—Me hicieron compañía cuando te extrañaba. Tu autorretrato más grande está colgado sobre nuestra chimenea en la sala principal abajo. Los otros están en las habitaciones de nuestras otras propiedades. Y el desnudo está en nuestro cuarto de juegos. —No lo vi —le dije. Eso era comprensible, suponía, ya que estuve con los ojos vendados en la mayoría de nuestras actividades. —Lo harás la próxima vez. Y remplacé el colchón y todas las sábanas. Dijiste que no querías que remplazara las camas, así que como ves, se quedaron. Además, si no lo notaste, la mayor parte del cuarto de juegos fue redecorado. Tomé unas respiraciones profundas, tratando de procesar sus acciones. Todo era muy dulce y mi corazón se sintió como si estuviera girando en mi pecho de pensar todo lo que él había hecho para mí, pero mi primer instinto fue entrar en pánico. Conté y respiré, razonablemente.

y

traté

de

reaccionar

con

calma

y

—Eso fue muy considerado, James. No tenías que hacer todo eso. —Quería hacerlo. Necesitamos ponernos en marcha. Primero, nos vamos a reunir con la diseñadora para que puedas escoger un vestido. Te peinarán y maquillarán mientras ella hace cualquier ajuste que podrías necesitar. —Mientras hablaba, me sacaba de la habitación. Me frené casi inmediatamente. —No estás usando una camisa. ¿Hay gente en la casa? Le vas a dar a alguien un infarto así, James. Me ignoró completamente, y me distraje rápidamente cuando capté un destello del tatuaje en su espalda. Todavía era tan impactante para mí, y tan encantador. Un pensamiento pasó por mi cabeza. — ¿Simplemente le estás mostrando tus nuevos tatuajes a todo el que puedes? Me lanzó una sonrisa que no me decía mucho. En general, se encontraba feliz y no se iba a poner una camisa pronto. Nos quedamos en el tercer piso, pero caminamos por el largo pasillo. Me llevó a la habitación más cercana a la escalera. Era una habitación de invitados muy escasamente amoblada decorada en azul. Había exhibidores de vestidos por todas partes, casi saturando la gran habitación. —James, ¿eres tú? —llamó una voz desde lo que debía ser el clóset. —Sí, Jackie —respondió él. Una mujer pequeña de cabello negro salió del clóset, agarrando percheros llenos de coloridos vestidos en cada mano. Ella nos sonrió. Era hermosa, con largo cabello negro y liso, recogido y apartado de su impresionante rostro. Sus ojos oscuros tenían forma de almendra y eran vibrantes, llevaba una sombra para ojos de color violeta que

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resaltaba su piel oliva a la perfección. Sus labios eran color carmesí, adecuados a su color. Era una de esas personas que podrían ser de cualquier raza, pero cualquiera que fuera, era preciosa. Llevaba unas lindas gafas pequeñas que eran tan atractivas que te hacía preguntarte si simplemente las utilizaba por moda, o si realmente las necesitaba. Vestía un impecable conjunto verde esmeralda cubierto con un cinturón azul brillante. Sus zapatos eran unos tacones de aguja de doce centímetros, de color rosado. Tenía puesto un collar de piedras preciosas en tonos profundos, con unos pesados aretes de oro en las orejas. Ambas muñecas se hallaban cargadas de brazaletes metálicos intrincados. Se veía a la moda e intimidante, y aunque el atuendo de alguna manera le quedaba a la perfección, me di cuenta con una mirada que era una mujer que no tenía miedo de probar y fracasar en la moda. Apostaba que pensaba que no probar era la única manera de fracasar. Su atuendo era elegante atemporal, pero aun así se las arreglaba para estar a la moda. Me dejó impresionada. Me hubiera encantado alcanzar cualquiera de esas dos cosas. Era ambicioso probar ambas. Me miró de arriba a abajo sin descaro mientras James me presentaba. —Jackie, te presento a Bianca. Bianca, Jackie. Ella es la responsable de todas las nuevas adiciones de tu guardarropa. Me sonrío más bien expectante. —¿Qué te parece? Está bien si lo odias todo. Necesito tu opinión, así puedo tener una idea de lo que te gusta. James aquí es mi cliente favorito de todos. Me deja vestirlo como yo quiera. ¿Te lo puedes imaginar? Es el sueño de todo estilista, un súper modelo de cliente que se pone casi cada maldita cosa que elijo. — Me miró críticamente mientras hablaba, como si estuviera tomando mentalmente mis medidas. Incluso comenzó a rodearme. Pensé que era una extraña mujer. —Yo, eh, no he tenido la oportunidad de verlo. Asintió, apretando los labios. —Bueno, cuando lo hagas, cualquiera opinión estará bien. Me dará una dirección de tu sentido de la moda. —A Bianca le gusta el estilo de preparatoriano para los hombres, Jackie —le dijo James—. Mantén eso en mente cuando estés comprando para mí también. Ella soltó un bufido. —Y así comienza. —Sonaba muy ofendida por su petición—. Lo tendré en cuenta. Le lancé a James una mirada desconcertada. ¿De dónde había sacado esas cosas? Se encogió de hombros, sonriéndome un poco. —Te olvidas de que Stephan y yo hablamos. Ella seguía rodeándome, estudiándome más bien con una calma desconcertante. —James no se equivocó con respecto a tu talla. En la cintura y cadera 5/6, y 7/8 en el busto y hombros. Tienes un cuerpo

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divertido para que los hombres jueguen con él, pero no muy divertido para vestir. Sin embargo, tus piernas son una ventaja. No hay nada que me guste más que vestir un par de piernas asesinas. Sin embargo, si pierdes cuatro kilos podrías tener las proporciones de una modelo. Eso sería lo ideal. Algo en lo que pensar. Una parte de mi estaba de acuerdo con ella acerca de la necesidad de perder cuatro kilos, pero todavía dolía oírlo. Era ruin, pero había pasado de que más o menos me agradara a pensar que era mala en unas cortas oraciones. —Jackie —dijo James, con una fría advertencia en su voz—. Ella no necesita perder un sólo gramo. Si la convences de hacer una dieta, te despediré. Se limitó a sonreír, sin preocuparse de la advertencia y de mi rígida expresión. —Está bien, está bien, sólo fue una leve sugerencia. Colocó el montón de telas coloridas sobre la cama. —Basado en tu tipo de cuerpo y tono de piel, te escogí cinco vestidos que pienso que tienen la mejor oportunidad de satisfacerte. Pruébatelos, si lo deseas, o cualquier otra cosa que llame tu atención. —Pareció ignorarme por completo después de que terminó de hablar, acercándose a James con los ojos muy abiertos. Clavó su mirada en la tinta roja de su pecho. —¿Cuándo pasó esto? ¡Tiene que ser nuevo! Él simplemente sonrío, volteándose para mostrarle su espalda. Ella se quedó sin habla ante la vista. Les di la espalda, agarrando los vestidos en la cama y dirigiéndome al interior del clóset para probármelos, mientras ellos continuaban charlando. No habrías sabido que era una habitación de huéspedes si entrabas al clóset. Era del tamaño de una habitación de huéspedes por sí mismo, con espejos que recubrían todas las paredes. Supuse que era la habitación en la que solía trabajar con Jackie, pasé por la ropa, tanto para hombre como para mujer, cubriendo las paredes, con las etiquetas intactas. Colgué las opciones de Jackie en un tramo desnudo de bastidores, mirando hacia arriba dudosamente. Eran vestidos de gala. Me gustaban las faldas y los vestidos veraniegos lo suficiente si eran cómodos y lindos, pero me sentí abrumada con siquiera tener que probarme los vestidos que me encontraba mirando ahora. Tomé una respiración profunda, tomando el riesgo. No dejaría que alguien como Jackie viera que me sentía intimidada por la ropa, o por cualquier vestido, en tal caso. Agarré un vestido sencillo azul marino primero. Podía ver por el corte de la mitad de la parte superior que no iba a usar una enagua con él, así que me la quité antes de deslizar el sedoso material por mis piernas, caderas y finalmente, mi busto. Era un vestido sin tirantes,

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con una gran abertura a un costado. Se cerraba por detrás, y no me lo pude cerrar. Casi me lo quité sólo por eso, pero con un suspiro, salí del clóset en busca de ayuda. Jackie seguía estudiando el tatuaje en el hombro de James cuando salí del clóset. Él me dio una sonrisa de admiración. —Ese se ve bien. Le di una sonrisa más bien débil. Mientras más me preparaba para la gala, más me sentía abrumada por mis dudas. Este no era mi mundo, no quería que lo fuera, y no sabía si podía fingir, incluso por James. —¿Puedes subirme la cremallera? —le pregunté, con voz rígida. Después de todo tenía a una mujer extraña pasando sus dedos por su espalda. Se dirigió hacia mí, ignorando por completo la demanda de Jackie para que se quedara tranquilo. Juntó la parte de atrás, subiendo la cremallera con más facilidad de la que yo hubiera esperado. El vestido no tenía un poco de elasticidad en la tela de seda, y pensé que me quedaría muy ajustado. Me giré hacia el enorme espejo de pared, acercándome para ver el vestido con un ojo crítico. James me siguió, mirando mi cara más que nada. Pensé que él podía sentir mi incertidumbre. Pensé que el vestido se veía lo suficientemente bonito. —Me queda —dije sin emoción—. Y en realidad es lo suficientemente largo. Eso es bastante impresionante, supongo. Jackie hizo un pequeño sonido con la garganta. —Los fabrican así de largos para los tacones. Parece que necesitarás al menos unos tacones de ocho centímetros para caminar con él. Te queda muy bien. Es un poco sencillo, pero te queda. Me dirigí de nuevo hacia el clóset, reprimiendo un comentario sobre el hecho de que ella había sido la que escogió el vestido. Elegí un lindo vestido lavanda después. La parte superior era un escote de cuello alto, y no tardé mucho tiempo en darme cuenta de que no podía usar un sujetador con el escote. Por lo general, no sería atrapada en salir sin sujetador en público, pero me lo probé, sólo para ver. La forma en que se amarraba le daba a la parte superior una sorprendente cantidad de apoyo en la zona del busto, y la seda se sentía suave contra mi piel. Era ajustado, pero no apretado, desde el cuello hasta aproximadamente mitad de la cadera, donde se desplegaba en capas de chifón, con una gran abertura que mostraba una gran parte de una sola pierna. A Jackie le gustaban sus vestidos con grandes aberturas. Era muy femenino, pero aun así atractivo y me encantó de inmediato.

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James parpadeó cuando salí, su mandíbula cayó abierta ante la sorpresa. Fue gratificante. Decidí inmediatamente usar el vestido. Al diablo con la opinión de Jackie. Jackie silbó. —Muy bonito. Casi quiero guardarlo para un evento más importante. —No. Lo usaré esta noche —le dije. Necesitaba toda la confianza que podía conseguir para la noche, y con James mirándome de la forma en que me miraba me dio exactamente eso. Tragó saliva, y luego se lamió los labios. Todos actos de nerviosismo. Me hizo sonreír. —Te ves hermosa —me dijo, con sentimiento—. Pero parece un poco revelador. ¿Crees que se podría ver a través de él con los flashes de la cámara, Jackie? Ella le dio una mirada de “¿Crees que soy una novata?” —No estaría en la pila si así fuera. —Se volteó hacia mí, y con voz enérgica dijo—: Ahora los accesorios. Puedes empezar a vestirte, James. Yo me encargo de esto.

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29 Traducido por Aimetz Corregido por MelMarkham

Jackie me señaló en dirección a los brillantes zapatos azul marino con una abertura en los dedos y tacones de diez centímetros. Eran más cómodos de lo que lucían, sin embargo eso no decía mucho. —¿El azul marino va con el lila? —pregunté dudosa. Me dio una mirada muy exasperada. —¿Podría emparejarlos si no lo hicieran? Y James lleva este increíble esmoquin azul marino. Está muy de moda. Sólo un supermodelo como James podría hacer que se vea bien. Y mencionó que le gusta que ustedes coincidan, así que creo que le gustarán los zapatos. Mirándome en el espejo, tuve que estar de acuerdo con que los zapatos iban bien. Nunca hubiera imaginado que un vestido sería incluso más explosivo con unos brillantes tacones en color azul marino, pero yo no era estilista. Ella suspiró, mirando mis joyas. —James, obviamente, quiere que uses esta gargantilla y pendientes. Si bien son preciosas, tenía otros accesorios en mente para ese vestido. Oh, bueno. A veces tengo que comprometer mi visión. Una chica tiene que comer. —Cuando terminó de hablar, James entraba a la habitación, una caja de joyas en sus manos. Todavía se encontraba sin camisa. La colocó sobre la cama sin decir una palabra, simplemente sonriendo mientras caminaba de vuelta. Jackie suspiró otra vez, abriendo la caja. Sus ojos se ampliaron. Me dio una mirada especulativa. Tomó dos gruesos brazaletes de diamantes tachonados de la caja caminando hacia mí. Las puso en mis muñecas, sin hacer ningún comentario sobre las abrasiones que las cubren. Ella me rodeó, apretando los labios mientras tiraba de varios puntos de mi vestido, ajustándolo un poco. —No necesita alteraciones, puesto que eres jodidamente alta, por lo que ahorraremos tiempo. —Ella agarró una suave bata blanca de un estante, sosteniéndola para mí—. Así que no estropees el vestido mientras te terminan el peinado y maquillaje. Tenemos un minuto para hablar. Pensé que directamente.

sonaba

ominoso,

pero

encontré

su

mirada

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Ella arqueó una ceja hacia mí. —James y yo nos conocemos. Fuimos juntos a la escuela. Soy su estilista, pero no es porque necesito el dinero. Me encanta la moda, pero tengo dinero. He tenido que esquivar una buena porción de caza fortunas, pero esto no es nada comparado a lo que James tiene que lidiar. Ella me miró de arriba hacia abajo, haciendo que mi columna se enderezarse. —Eres lo suficientemente atractiva, pero debo admitir que no lo entiendo. ¿Está tu vagina bañada en oro? Ha sido perseguido por supermodelos y conejitas playboy. Folló a un montón de ellas, demonios, a la mayoría de ellas, pero nunca habló de tener una novia. Ni una sola vez. Ahora te has mudado a vivir con él, y de repente está actuando como si fuera un hombre de una sola mujer para toda la vida. Tengo que admitir, que estoy intrigada y desconcertada por el cambio en él, pero no entiendo nada de eso. ¿Cómo lo has envuelto alrededor de tu meñique, Bianca? ¿Y cómo te sientes sobre él? Como una de sus pocas amigas íntimas, me gustaría conocer tus intenciones. Le devolví a su mirada entrecerrada una de las mías heladas. Si hubiese tenido alguna duda antes, lo sabía ahora, Jackie y yo no íbamos a ser amigas. —Si James y tú son tan buenos amigos —empecé con frialdad—, debes tener esta conversación con él, no conmigo. Eres una virtual desconocida para mí. No voy a discutir mis sentimientos o mis intenciones, contigo. Sólo suspiró, como si la hubiera decepcionado. —Fui demasiado directa, ¿no es así? Ahora no confías en mí. Soy directa, Bianca, pero no tenemos que ser enemigas. Le di un pequeño encogimiento de hombros, con ganas de terminar la torpe y personal conversación tan rápido como sea posible. —¿El cabello y el maquillaje? —le pregunté fríamente. Suspiró otra vez. —Sígueme. Han creado una habitación para esto. Me llevó a una gran habitación un piso más abajo. Tenía las paredes de cristal, y pensé que debió haber sido una especie de sala de entretenimiento antes. Había un enorme televisor pantalla plana montado en la pared, y varios sillones reclinables colocados contra la pared, como para dar lugar a la disposición del estilo salón de belleza. Dos Señoras esperaban y charlaban, mirando ansiosas a medida que entramos en la habitación. Había una silla de salón de belleza colocada delante de una mesa repleta con productos para el cabello y cosméticos. Era intimidante imaginar que la instalación fuera todo para mi beneficio. Una chica delgada, de cabello oscuro avanzó hacia mí, sonriendo. Su cabello castaño colgaba en ondas casi hasta la cintura. Su nariz dominaba su rostro delgado, pero de una manera atractiva. De alguna manera era una nariz distintiva, y no simplemente grande. Sus grandes

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ojos oscuros ayudaron. Y su ingeniosamente aplicación de maquillaje, con ojos ahumados y labios color ciruela. —Soy Amy —dijo—. Voy a estar haciendo tu maquillaje. Es un placer conocerla, Señorita Karlsson. Le di la mano, pensando que su amigable enfoque tenía que ser el polo opuesto de Jackie. —Encantada de conocerte, Amy. Por favor, llámame Bianca. La segunda mujer dio un paso adelante, y su sonrisa era simplemente tan agradable como la de Amy. —Soy Ariel. Voy a estar haciendo su peinado. Encantada de conocerla por fin, Señorita Karlsson. Le di la mano, sonriendo. Estas mujeres amistosas ya me estaban ayudando a quitarme la incomodidad que era Jackie. —Bianca, por favor. Encantada de conocerte, también. Me sentaron en una silla, tropezando entre sí para hablar de mi cabello y maquillaje, y luego riéndose. Obviamente eran amigas. Lo hice fácil para ellas. —Ustedes son las expertas. Confío en su juicio, así que arréglenlo como piensen que es mejor. —Nunca gasté mucho tiempo o pensamientos en mi apariencia y no tenía intención de dejar que mi nuevo extraño estilo de vida cambiara eso. Esto pareció complacer a las dos, y se pusieron a trabajar. Cerré mis ojos, simplemente dejándolas. Trabajaron en mí, peinaron mi cabello, y aplicaron el maquillaje durante quizás unos diez minutos antes de sentir a James entrar en la habitación. Las dos mujeres se detuvieron unos escasos momentos antes de reanudar su labor. Supuse que les había agitado la mano para que volvieran a su trabajo, sentándose en algún lugar para observar. Sentí que Ariel empezó a jugar con mi cabello, tirando de él hacia atrás y enrulándolo —Deja su cabello suelto —dijo James desde algún lugar a mi derecha. Ariel lo dejó caer sin una palabra, alisándolo. James estuvo tranquilo durante un minuto antes de hablar otra vez. —¿Me estás ignorando, amor? Hombre impaciente. —Si no te diste cuenta, Amy está aplicando maquillaje en mi cara. Estoy tratando de quedarme quieta. Hizo un pequeño ruido de desagrado en su garganta. —Puedes abrir los ojos, Bianca. Puedo trabajar a su alrededor — me dijo Amy. Me di cuenta de que ella sólo intentaba apaciguar a James, puesto que todavía podía sentir su trabajo sobre mis párpados. —Está bien. Voy a estar quieta hasta que hayas terminado —le dije. Fueron tal vez treinta segundos antes de que James volviera a hablar. —¿Te gustan los brazaletes? —me preguntó.

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—Son preciosos. Gracias —le dije. Amy y Ariel comenzaron los ooh y aah por mis joyas de diamante. —Eso es lujo. ¿Quién te lo presto? Vas a necesitar un guardaespaldas para esta clase de joyería. —La voz de Ariel estaba impresionada. James respondió por mí, pero sentí mis mejillas enrojecer. He tratado muy duro de no pensar sobre cuán costosas son las joyas que me daba, pero su comentario lo hizo más difícil de ignorar. —En realidad, tenía todo diseñado para ella —les dijo James—. Es su propia colección personal. Más oohs y ahs. —Que novio más generoso —dijo Amy, su voz soñadora. —Eso no es nada. Ni siquiera he empezado a regalarle las joyas de mi madre. Me dejo con un valor de una fortuna —dijo James, con una clara sonrisa en su voz. Pensé que las dos mujeres se iban a desmayar cuando se apresuraron a decirle lo maravilloso que era. Él era maravilloso, pero no podía resignarme a estar complacida con la perspectiva de recibir más regalos extravagantes. Todavía me hacían sentir incómoda. Y si no bromeaba, y realmente tenía la intención de darme algunas de las joyas que su madre le había dejado, bueno, eso era aún más desconcertante. Parecía como un gran paso. No le das a una mujer cosas con tanto valor sentimental a menos que ella sea tu esposa, o si tenías la certeza de que lo seria. El pensamiento hacia que mi sangre se helara. ¿Realmente sacaría este tema tan poco tiempo después de que accedí a vivir con él? Todavía no podía creer que nos estábamos moviendo tan increíblemente rápido, y sin embargo, sólo quería más. Traté de no entrar en pánico ante la idea. —Inclusive me dejo su anillo de compromiso de corte diamante de cinco quilates, rodeado por barras largas y delgadas de zafiro. ¿No creen, Señoras, que se vería particularmente precioso en la mano izquierda de Bianca? Sentí ponerme un poco mareada, pero las Señoras se volvieron locas, hablando maravillas sobre lo romántico que era. Me dije a mí misma, más bien desesperadamente, que sólo bromeaba, que sólo se divertía a nuestras expensas, pero empezaba a conocerlo lo suficiente como para estar preocupada. —Simplemente toma respiraciones profundas, amor. Te acostumbraras a la idea, una vez que pases la conmoción inicial —me dijo James, con un tono algo ocasional considerando el tema en cuestión. Las damas rieron como si estuviera bromeando. Si sólo lo estuviera. —James —comencé.

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—Respira profundo —dijo de nuevo, la clara sonrisa en su voz irritante. Pero me tomé unas cuantas respiraciones profundas, y ayudó un poco. Amy y Ariel terminaron mi peinado y maquillaje en cuestión de segundos la una de la otra, casi como si estuvieran cronometradas. Parecían estar acostumbradas a trabajar juntas, así que no me sorprendería que ese fuera el caso. —Gracias, Señoras —dijo James, su voz con un toque ronco. Conocía ese tono. No era apto para la compañía. Era demasiado tierno y cursi para eso. —Puedes abrir los ojos, Bianca. Dinos lo que piensas. Podemos cambiar lo que no te gusta —dijo Amy, su voz cariñosamente seria. Me miré. Estaba... atónita. Me vi más hermosa de lo que pensaba que el maquillaje podía hacerme. Mis ojos estaban delineados en un marrón suave, mis pestañas largas y negras. Mis párpados eran de un lavanda pálido cerca de las cejas, con un vibrante violeta a lo largo de mis pestañas. El color resaltaba mis ojos sorprendentemente, el delineador haciéndolos lucir enormes en mi cara redondeada. Sólo un toque de bronceador en las mejillas me hizo brillar, y un suave, brillante lápiz labial rosa hizo ver mis labios regordetes y besables. Tenía el pelo recto y liso, el flequillo trabajaba con el maquillaje para resaltar mis pálidos ojos color aguamarina. —Vaya —me las arreglé para decir. —Exquisita —murmuró James. Mis ojos viajaron hacia él cuando habló. Se había colocado en uno de los sillones reclinables cerca de mí, y descansaba cómodamente en él, con una pierna cruzada perfectamente sobre una rodilla, brillantes zapatos azul marino resplandeciendo con la luz. Eran la versión para hombre de mis zapatos. Sabía que disfrutaba eso, si no lo había notado ya. Demonios, también lo disfrutaba un poco. Lucía increíble, por supuesto. Jackie tenía razón en que su esmoquin está de moda. Era elegante y azul marino, más ajustado que un esmoquin normal, mostrando su fuerte complexión musculosa a la perfección. Incluso su elegante camisa y su corbata de moño eran de un azul marino que capturaba la luz un poquito más que el resto de su conjunto. Era algo que normalmente sólo se veía en una pasarela en la semana de la moda, porque nadie que no fuera un maldito supermodelo podría llevarlo. El azul marino realzaban su bronceado oscuro, sus brillantes ojos de color turquesa vibraban contra los contrastes oscuros. Su cabello estaba peinado un poco hacia atrás. Lo señalé. —¿Realmente sólo te tomaste diez minutos para lucir así? Eso es tan injusto. Miró su reloj. Era uno que no había visto antes. Había notado rápidamente que le gustaba coleccionar relojes. Los más caros, por supuesto. —Amor, solo tardaste cuarenta y cinco minutos, así que

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realmente no puedes quejarte, tampoco. Eso es algo inaudito para un evento de alfombra roja. Señalé con la mano a las mujeres merodeaban detrás de mí. — Tomó un equipo para prepararme tan rápido, Señor Hermoso. Amy y Ariel se rieron al oír el nombre. James sonrió. —Todas las mujeres que asisten esta noche tenían un equipo, amor, y te garantizo que nadie que no seas tú sólo tomara cuarenta y cinco minutos, con o sin equipo. James educadamente despidió a mi "equipo" de embellecedoras, y les agradecí otra vez. Cuando finalmente nos encontrábamos solos, me ayudó a ponerme de pie, quitándome la bata blanca que protegía mi vestido. Su mirada era caliente, estudiándome desde la cabeza a los pies. Sonrió cuando vio que nuestros zapatos azul marino de charol coincidían. —Parece que te gusto arreglada así. ¿Vas a tratar de tener a esas dos siguiéndome a todas partes para lograr este efecto más a menudo? —le pregunté, medio en broma. No había forma de saber lo que este loco hombre haría. Se pasó la lengua por los dientes, un gesto que siempre me enloqueció. —Si te digo la verdad, me gustas más sin maquillaje y todo lo demás. Nunca he conocido a una mujer que luzca más hermosa sin nada. Pero tengo que admitir que me encanta la idea de mostrarte en la cara de la prensa cuando luces tan elegante y preciosa, y cuando se han impreso muchas cosas poco halagadoras acerca de ti. Esto les hará quedar en ridículo, después de algunas de las tonterías que han sido publicadas. Di un leve encogimiento de hombros. Realmente no podía dejar que las cosas que se dijeron sobre mí me afectaran, o nunca saldría de mi casa otra vez. Pensé que era un poco ingenuo para James pensar que podía cambiar la mente de alguien después de las cosas que se habían dicho. Yo ciertamente, no estaría aguantando mi respiración.

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30 Traducido por Juli Corregido por Vanessa Farrow

Jackie volvió a aparecer cuando casi subíamos al ascensor, tendiéndome un pequeño bolso de charol color azul marino. Era lindo, pero odiaba tener algo que ocupara mi mano durante toda la noche, así que me negué. Me miró desconcertada por mi respuesta, viendo el bolso en la mano como si hubiera hecho algo para merecer el rechazo. Miré a James. —¿Tengo que llevar algo? Pensó. —Sólo lo que considerarías esencial. Si no quieres llevar nada, entonces sin duda no tienes que hacerlo. —¡Pero esto completa el conjunto! —dijo Jackie. Sólo la miré. Si prestaba atención, podría haber visto en mis ojos que no me importaba mucho “completar el conjunto”. Finalmente lo entendió, saliendo de nuestro camino, aunque la mirada que me dio fue menos que amable. —¿Asistirás esta noche? —le preguntó James mientras me conducía al ascensor con una mano en la parte baja de mi espalda. Se encogió de hombros. —Quizás vaya a perseguir a la prensa de la alfombra roja para mostrar a quién vestí esta noche. Por la publicidad gratuita y todo eso. James asintió, presionando el botón. Jackie corrió hacia el auto. Parecía que acababa de darse cuenta de que también se iba. Presionó el botón del piso decimoquinto. Ella vio mi mirada. —Yo también vivo en este edificio —explicó. Bueno, eso era útil, pensé. Se bajó en su piso con un pequeño gesto desdeñoso. —¿Qué piensas de Jackie? —preguntó James en cuanto la puerta se cerró. Le di mi pequeño encogimiento de hombros que lo volvía loco. Traté de ser indiferente, pero lo arruiné con una pregunta estúpida. — ¿Te has acostado con ella? No se ofendió, como probablemente la mayoría de los hombres lo harían. Nunca parecían molestarle mis preguntas sobre sus affaires pasados. No le gustaban mis preguntas, pero siempre parecía dispuesto

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a darme respuestas. Me gustaba su franqueza, aunque sus respuestas no siempre lo hacían. —No. Siempre hemos sido estrictamente platónicos, y hemos sido amigos desde la secundaria. Entonces, ¿qué piensas de ella? Hice una pequeña mueca, pero no pudo verla. —Por el momento, estoy tratando de reservarme el juicio. Me dijo que han sido amigos durante mucho tiempo, pero parece estar desarrollando una aversión por mí. Hasta ahora, el sentimiento es bastante mutuo. Su mano agarró mi cadera casi dolorosamente. —¿Por qué? ¿Qué te ha dicho? Le lancé una mirada. —Piensa que estoy detrás de tu dinero. Es lo que se puede esperar que todos piensen y digan. Supongo que voy a tener que acostumbrarme a ese tipo de tonterías. Utilizó el férreo control sobre mi cadera para atraer mi otro lado hacia su estómago rígido. Habló muy cerca de mi oído, como si no estuviéramos solos en el ascensor. —No tienes que lidiar con eso. Podemos despedirla. Puedes despedir a cualquiera que no te guste, por cualquier motivo. Puse una mano sobre su pecho, justo en el corazón, donde se encontraba marcado mi nombre. Miré a esos ojos amados. —Eso no es necesario. Obviamente, has sido capaz de mantener una buena relación de trabajo con ella en los últimos años. Tal vez simplemente ya no tiene que ir de compras para mí. De todos modos, no quiero ninguna otra cosa. Todo esto es demasiado, James. —Voy a hablar con ella, Bianca. Si te falta el respeto otra vez, la voy a despedir. Va a tener una clara advertencia, pero sólo una. Froté ese pequeño y dulce lugar en el pecho. —La gente va a pensar eso, James. Tenemos que estar preparados. Es una conversación que, sin duda, tendré una y otra vez. No tengo manera de demostrar al mundo que no quiero ni un maldito centavo de ti. Llegamos a la planta del vestíbulo, y me abrazó en su costado, llevando una mano a la pendiente de mi cuello para enlazar ese dedo familiar mientras hacíamos nuestro camino a través del vestíbulo ostentoso hasta el chófer esperándonos. En el escaso espacio de la entrada del edificio hacia el auto, tres flashes nos siguieron hasta que entramos. James me dio paso sin decir una palabra, moviéndose detrás de mí. Me deslicé en el asiento para darle espacio, pero me siguió, presionándome a su lado cuando la puerta se cerró detrás de él. Besó la piel justo detrás de mi oreja mientras hablaba—: Y, sin embargo, es todo tuyo, amor. Cada maldito centavo. Quiero poner el mundo a tus pies. No hay nada que no haría por ti. Ya lo sabes, ¿verdad? Le masajeé las manos confortablemente, al oír una extraña vulnerabilidad en su voz. Le acaricié la rodilla, y encontré mi lugar favorito en su corazón, pasando la mano sobre él una y otra vez. —No

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necesito nada de eso, James. Sólo te necesito ati. Me encanta tu honestidad, tu ternura y tu dominio. Tomé una respiración profunda, de repente sintiendo pánico por las cosas que salían de mi boca. Nunca antes le había dicho nada tan revelador. —Pero no necesito nada de esas cosas —le dije con firmeza. —Sin embargo, lo tienes —murmuró, hundiendo su cara en mi cuello. Comenzó a chuparme allí, y me derretí. Se apartó bruscamente—. No quiero desarreglarte para tu primera alfombra roja. Estaba sin aliento cuando le respondí—: Por lo menos, ahora no estoy nerviosa. Ni siquiera puedo recordar por qué debería preocuparme para estar nerviosa. Sólo me preocupo porque me toques otra vez. Echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Era su risa feliz, y sentí que todo mi cuerpo se suavizaba, mi sonrisa era sin lugar a dudas dulce, cuando nuestros ojos se encontraron. No creí que hubiera mucho que no haría para hacerle tan feliz. Y sin embargo, había hecho tan poco. Parecía milagroso que cada pequeño gesto mío lo afectara tanto. Seguía dándome esa sonrisa aniñada cuando el auto se detuvo. La gala era aparentemente muy cerca de su casa. James me ayudó a salir del auto expertamente, con la mano cayendo rápidamente a mi cintura. Me escoltó a través de la prensa mientras, como si se tratara de un baile, las cámaras nos fotografiaban en rápida sucesión. Puse mi sonrisa más brillante en la cara. Era una sonrisa lista para cualquier foto, con un toque relajado. La había perfeccionado a una edad temprana. Crecer rápido y dolorosamente me había enseñado esa sonrisa. Sí, estaba pulida, pero me había ganado ese brillo. Algunos fotógrafos gritaron algunos comentarios bastante groseros, pero los ignoramos. Actuaban de esa manera esperando una reacción, y era lo último que les daría. Mi sonrisa nunca desapareció. James me dio un beso en la frente cuando finalmente llegamos a la gran entrada del edificio. —Estás hecha para esto. Los sabuesos pueden tomarse algún tiempo para acostumbrarse. Mi mente ya se había movido más allá de la extraña experiencia de la alfombra roja cuando vi una puerta que conducía a un elaborado salón de baile. —Oh, James, no sé cómo bailar. Ni siquiera pensé en ello. Me besó en la frente de nuevo, y atrapé el borde de su sonrisa en la parte superior de mi visión. —Sólo tienes que bailar conmigo, amor. Y sabemos muy bien que si te llevo, sabes cómo seguirme, incluso sin experiencia.

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Traté de decirme a mí misma que podría tener razón. Tal vez sería así de fácil. No obstante, sentí que los nervios me contrajeron el estómago. Un flujo interminable de presentaciones educadas comenzaron casi de inmediato. A partir de algunas de las bromas intercambiadas, aprendí que se trataba de una gala en la que su madre había estado involucrada antes. Me enteré que había hecho caridad, donando cantidades generosas de, tanto su tiempo como su dinero. James había mencionado brevemente que era un recaudador de fondos para una prominente investigación del cáncer. El hospital Nueva York. Traté de decir lo correcto cuando se dirigían a mí, pero rápidamente me sentí desbordada. Nunca antes había estado en nada parecido a una gala, y me sentí abrumada por toda la compañía acaudalada que de repente me rodeaba. Era desalentador, por decir lo menos. James, por su parte, era una cita perfecta para un evento, incluyéndome en conversaciones que realmente no tenían nada que ver conmigo, manteniendo una cálida mano en mi cadera y a menudo enviándome sonrisas tranquilizadoras. Parecía contento con tenerme a su lado. Pero yo me sentía incómoda, como si no tuviera ningún propósito allí. Las presentaciones se convirtieron rápidamente en un borrón para mí. La mayoría de la gente que conocí no me había dejado lo suficientemente impactada como para ponerles una cara con un nombre, incluso momentos después de seguir adelante. Hubo algunas excepciones. Después de relacionarnos durante una hora, nos acercamos a la mujer que parecía la más austera que había visto en mi vida. Lucía de setenta años, con el pelo canoso recogido en un moño rígido, y un vestido azul marino que iba desde su cuello hasta los dedos del pie, con líneas severas que apenas mostraban su figura. Se puso de pie justo delante de nosotros antes de hablar. Su tono de voz era frío, su acento nítido y británico. —James. Y ¿cómo estás pasando la noche? Sus ojos eran fríos mientras estudiaba a la mujer, pero el momento en que habló, detecté una nota de algo que nunca antes había escuchado en él. Era casi como si fingiera un tono ligeramente burlón, imitando su acento lo suficiente para provocarla. Lo observé con fascinación. —Tía Mildred. Estoy bien. ¿Y tú? Ella frunció el ceño. Pensé que para ella esa podría haber sido una forma de responder. Nunca me dirigió una mirada. —Bastante bien. Sin embargo he oído cosas sobre ti. Cosas inquietantes. Aún más inquietante que tu habitual libertinaje. Por favor, dime que no has invitado a una azafata pobre a vivir en una de tus casas. Me puse rígida, pero todavía no podía apartar la mirada de James. ¿Cómo era posible que todos supieran que íbamos a vivir juntos

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antes de que incluso hubiera sucedido? Yo apenas había aceptado el acuerdo. Sus ojos empezaron a brillar, pero no era un buen tipo de brillo. Era como si hubiera estado involucrado en bromas hostiles con esta mujer demasiadas veces para contarlas, y pensé que quizás estaría deseoso de ofenderla. —Tía Mildred, conoce a mi novia, Bianca. Bianca, esta es mi encantadora tía Mildred. La horrible mujer sólo me lanzó una mirada malévola, dándome una sonrisa burlona. —Ahora, tía —comenzó James en ese tono incitador—, será mejor que seas agradable con mi amor Bianca. No la he invitado a vivir en una de mis casas. He dejado todas a su disposición. Y aunque sé que te rompería el corazón si algo llegara a sucederme alguna vez, este ángel será quien cubra tus gastos de vida cuando deje este mundo, ya que va a ser mi única heredera. Le lancé una mirada. No me gustaba que me pusiera en el centro de lo que claramente, era una disputa familiar. Dejé que mis ojos le dijeran todo. Sólo me sonrió, acariciándome la mejilla con el dedo. Mildred carraspeó. —Sé que te gusta divertirte a costa mía, ya que eres despreciable, pero esto está yendo demasiado lejos. Realmente acabas de decir algo ridículo. Le darás a esta pobre chiquilla delirios de grandeza. Él dejó de sonreír, dándole una mirada muy seria. —No es una broma, Mildred. Conoce a mi futuro. Su nombre es Bianca. Acéptalo. Mi consejo sería que consigas su aprobación. —Con eso, me llevó lejos.

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31 Traducido por MelMarkham Corregido por Alexa Colton

Estaba tenso mientras me sacaba. —Por favor, no me involucres en esta cosa de familia, James. Me pone terriblemente incómoda. Su boca se apretó. —Manéjalo con la practicidad con las que manejas a la prensa, amor. Mi familia está jodida a la enésima potencia, y ahora eres parte de ella. Confía en mí, es mejor enfrentarlos a todos juntos. —Enfrentarlos es diferente a provocar a esa horrible mujer con mentiras sobre tus herederos o herederas. Apretó los labios, estudiándome. Podía decir que debatía consigo mismo sobre qué debería decirme. —No era una mentira, Bianca. Heredarás todo. Ya he comenzado el proceso. Me tambaleé un poco en mis pies, sintiéndose de pronto muy mareada. —Por favor no, James. No digas eso, y si estás tan loco que de hecho es la verdad, no lo hagas. Es la última cosa que quiero. Tu familia me va a despreciar. —Lamento decirte que te despreciarán de todas formas. Se trata de un nido de víboras rencoroso, y si algo le sucediera a alguno de los dos, toda la riqueza de la familia irá a las organizaciones benéficas favoritas de mi madre. Sé que me dirás que soy demasiado precipitado, que es muy pronto, pero esta es la forma en que hago las cosas, Bianca. Cuando estoy seguro de algo, estoy decidido al respecto. —Sus ojos estaban fijos en los míos mientras hablaba, y nos miramos fijamente durante un buen rato mientras trataba de procesar lo que decía. —No me vas a convencer de esto —continuó—. Estoy bastante seguro en este camino. Sólo necesito que no te molestes tanto como para que lo dejes ir. Vuelve a fingir que no lo sabes, si lo necesitas. Lo miré fijamente. —Eres imposible —le dije. Tuvo el descaro de sonreír. Su mirada se disparó hacia un punto detrás de mí y en un instante su mirada desapareció, reemplaza por una muy cuidadosa y blanca máscara. Me preocupó. No quería ver lo que lo había molestado lo suficiente como para cerrarse tan rápido. Me volví, con un sentimiento cercano al temor en mi estómago, seguramente era justificado. Jules se encontraba a menos de tres

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metros de distancia, claramente caminando hacia nosotros entre la multitud. James se movió más cerca, inclinando su cabeza cerca de mi oreja. —Lo siento. No sabía que estaría aquí. —No la estoy evitando —le dije, mis ojos nunca dejando a la hermosa mujer. Estaba impresionante en un vestido de seda color crema. Sus hombros eran perfectos y delicados en las mangas clásicas del vestido, su piel un perfecto tono moreno contra la piel pálida. Mis propios hombros eran anchos, huesudos y pálidos. Su escote era perfecto, mostrando sólo lo suficiente para ser de buen gusto y sexy. Mi propio escote se sentía vulgar en comparación. Justo o no, la odiaba. —Es lo mejor, en general, supongo —dijo James en voz baja en mi oído—. Sin embargo, puedo ver desde aquí, que está determinada a crearnos problemas. Por favor, mi amor, no dejes que te afecte. Tomé respiraciones profundas, sin responder. La última vez que vi a esta mujer, estuve devastada por las cosas que implicó de su relación con James. Si podía confiar en James, y comenzaba a hacerlo, esa mujer tenía que estar cerca de la locura, inventando historias para la prensa sobre su romance ficticio. Estaba segura y decidida a no dejar que me altere. No valía la pena, incluso si ella era una de las mujeres más hermosas que había visto alguna vez. La despreciaba por eso, por estar tan cerca de ser la contraparte femenina de la belleza imposible de James. Jules nos dio lo que parecía ser una sonrisa verdadera mientras se acercaba. —¡James! ¡Bianca! Que encantador es verlos —nos dio besos en el aire a ambos en las mejillas. Nuestra respuesta y posturas eran casi idénticas mientras se acercaba a nosotros. Rígidos y desconfiados. James me sostuvo con un duro abrazo alrededor de mi cintura, su mano serpenteando para agarrar mi cadera con firmeza. Un lado del frente de su cuerpo presionado contra mi espalda. Pensé con resentimiento que Jules incluso olía divino mientras ella se apartó con una sonrisa en los labios de color rojo sangre. —Dale un descanso, Jules. Sé sobre las historias que contaste. ¿Qué pensabas lograr con eso? Y ¿traerla aquí? ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué malgastas tanta energía? ¿Sólo por pura maldad? ¿O realmente eres tan adicta a estar en los titulares? —James habló con una voz fría y despectiva que de alguna forma se las arregló para ser aburrida. La sonrisa de Jules apenas cayó, pero sentía cuánto le afectó su desdén cuando miré sus ojos grises. Está enamorada de él, pensé. No debería estar sorprendida, considerando todo. Y por supuesto, la mayor consideración era el hombre mismo. ¿Quién no se enamoraría de él?

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No noté a la segunda mujer hasta que James la mencionó, aunque era difícil de creer que alguien puede pasar por alto a la impresionante mujer. Quizás era por su tamaño. Ella era muy pequeña, tal vez medía un metro cincuenta y dos centímetros, su pelo rizado negro colgando de su cintura. Su cara era devastadoramente hermosa. Incluso Jules no era rival para esta mujer. Tenía el rostro de un ángel, sus ojos azul claro resaltando en su piel morena. Esa piel morena era casi del mismo tono de la mujer que estaba de pie a su lado. De hecho, sus tonos de piel coincidían lo suficiente como para que me hiciera pensar que podrían ser hermanas. Era eso, o usaban el mismo bronceador en aerosol. Si lo hacían, valía cada centavo. Usaba un vestido carmesí que combinaba con sus labios carnosos en forma de arco. Era un estilo clásico que coincidía con el vestido de Jules casi a la perfección, debajo del material de seda, uno de ellos rojo, el otro blanco, como si lo hubieran planeado. Un ángel y un demonio. Se sostenían la mano, y sabía que esta mujer significaría problemas para mí. Solo lo sabía. Probablemente era la forma en la que su atención no se apartó de James. Como si él la hubiese entrenado para que nunca aparte la mirada… —Bianca, querida, esta es Jolene. Jolene, Bianca. Sé que te morías por conocerla. ¿Qué opinas? Jules se dirigió a Jolene. Jolene encogió un encantador hombro, su mirada nunca dejando a James. —Hola, Señor Cavendish —dijo suavemente. Su voz era casi un susurro y sonó con vibraciones sexis desde los escasos metros que los separaban. Miré a James, casi asustada de ver su reacción ante la impresionante mujer. Él le dio un asentimiento rígido, sus ojos fríos e ilegibles. — Jolene. Jules ignoró toda la incomodidad, sonriéndome como si fuésemos amigas de toda la vida. —Jolene y tú tienen mucho en común, Bianca. Supongo que puedes suponer algo de eso… La mano en mi cadera se convirtió en un agarre de muerte. — Bueno, tuvimos suficiente de los juegos inmaduros por esta noche. Por favor, discúlpenos, damas. Ah, perfecto. Creo que vi a tu hermano, Jules. —Veo fugazmente la expresión cercana al pánico del rostro de Jules mientras James me aleja. Ella buscaba en la multitud, viéndose poco feliz. No tuve tiempo de hacerle ninguna pregunta a James sobe el extraño diálogo, y las conclusiones que saqué, antes de que me

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presenten ante un hombre que sabía, a primera vista, tenía que ser el hermano de Jules. Podrían haber sido gemelos, aunque él era mucho más alto y ancho. —Bianca, este es mi buen amigo, Parker. Parker esta es mi Bianca. El hombre sonrió cálidamente, tanto como su hermana lo hizo, aunque me pareció que su sonrisa en realidad podría ser genuina. —Es un placer conocerte, Bianca. James me ha ordenado que no te asuste, pero me gustaría darte las gracias por conseguir finalmente que se establezca. Mi esposa y yo estaríamos encantados de invitarlos a cenar. Cuando les convenga, por supuesto. Deberías ver a James con nuestro hijo de dos años. Te darán ganas de tener un bebé de un vistazo, te lo garantizo. Estaba todavía rígida y enojada por el dialogo con Jules y Jolene, y esto solo me puso más tensa. Simplemente no tenía idea qué responder ante tal declaración. Ni siquiera sabía por dónde comenzar. James sólo suspiró. —Esa no es una gran forma de no asustarla, Parker. Por supuesto, no ayuda que no acabemos de topar con tu trastornada hermana. Ha estado más loca que nunca, por cierto. Está aquí con Jolene. Parker comenzó a buscar entre la multitud. —Esa pequeña mocosa. ¿Qué diablos está haciendo, de todas formas? ¿Qué espera lograr? Solo lo está haciendo para que no quieras volver a hablar con ella de nuevo. Hablaré con ella. ¿Por dónde se fue? James señaló en la dirección en la que vinimos, y Parker se fue rápidamente. James me sonrió. —La va a sermonear toda la noche. No pude responder, cuando otra mujer se acercó a nosotros, su sonrisa amable y cálida. Era de aproximadamente un metro setenta, con el pelo rubio casi blanco rizado cortado elegantemente. Era una belleza clásica, incluso con rasgos y labios de color rosa suave. El color de su vestido rosa suave le sentaba perfectamente. Era un estilo de hombros y sirena, con capas suaves de tafetán que la hacían moverse alegremente mientras caminaba. No creo que muchas mujeres pudieran tener ese estilo. Tenía una figura muy delgada, y se movía con absoluta confianza en su propia piel. Pensé que a Jackie le encantaría tener esa figura. Caminó directamente a los brazos de James por un largo abrazo. Observé el intercambio con la máscara fría que había adoptado para la noche, dando un paso cuidadoso lejos de ellos. Me pregunté cuáles eran las probabilidades de que James no hubiese dormido con esta encantadora mujer. Suponía que no eran buenas. Estaba feliz de equivocarme. Se alejó finalmente para sonreírnos, mirando de ida y vuelta entre nosotros. Sonrió, su mirada finalmente quedándose en mí. —Tú debes

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ser Bianca. Estoy tan feliz de conocerte. Soy la esposa de Parker, Sophia. Sonreí de regreso, pero sabía que era rígido. Me volví demasiado cautelosa para siquiera intentar adoptar una sonrisa real. —Encantada de conocerte, Sophia. —Jules está en sus andadas de Nuevo. Parker fue a intentar hacerla entrar en razón. Ella y Jolene vinieron juntas. Sophia hizo una mueca. —Esa pequeña tonta. —Me miró, estirándose para tocar mi brazo de modo tranquilizador. —Jules monta un buen espectáculo, pero es básicamente una princesa de la sociedad que está tan mimada hasta el punto que nunca tuvo que lidiar con la idea de que no puede tener todo lo que quiere. Está siendo particularmente densa con el hecho de que no puede tener a James. Vuelve locos a Parker y a mí, hasta este día, su padre le da todo lo que quiere. Nunca tuvo que trabajar, y tiene demasiado tiempo en sus manos para causar problemas. Sophia miró a James. —Parker está considerando seriamente decirle a su padre algunas de las cosas que hizo. Tiene a sus padres medio comprados en algunos de sus delirios sobre ustedes dos. Como si sostuviera una antorcha por todos estos años, en lugar de la verdad, que es que ella siempre hizo lo que quiso, con quien quiera, hombre o mujer. Demonios, se me lanzóa mi cuando Parker y yo nos comprometimos. El hecho es que ella piensa que está enamorada de ti, pero eso es sólo porque es demasiado egoísta como para saber qué es el amor realmente. Y tú siempre has sido claro acerca de cómo te sentías. —Tomó una respiración profunda después de ese pequeño discurso. Yo solo parpadeé. Pocas personas eran tan abiertas cuando recién las conoces. —Como sea —continuó—, que no te sorprenda ver a los padres de Jules y Parker y es un poco incómodos. No tienen idea de lo que enverdad ocurre. James suspiró pesadamente. —No puedo decir que esté ansioso por eso. Tal vez debería hablar con ellos yo mismo. Las cosas que dijo en las revistas de chismes son inaceptables. Sophia palideció. —Sí, tienes toda la razón, pero creo que Parker debería ser el que hable con ellos acerca de todo. Me aseguraré de que lo haga más pronto que tarde. James asintió, pero él no parecía feliz. Sophia detectó a alguien en la multitud detrás de nosotros. Me besó en la mejilla. —Por favor, tienes que venir a cenar a nuestra casa alguna vez. Prometo que las conversaciones serán sobre cosas más placenteras. —Asentí más bien con rigidez antes de que se alejara. James la observó irse, saludando a quien sea que ella se unía. Supongo que era Parker, aunque no me volví a mirar. Él me estudió por

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un largo tiempo, viéndose serio y un poco preocupado. —¿Estás bien, Amor? Sólo lo estudié, mi pecho sintiéndose y adolorido. —Jolene fue tu sumisa —dije, mi voz muy suave.

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32 Traducido por aa.tesares Corregido por Alexa Colton

Su boca se apretó y su mandíbula se cerró, pero no parecía ni un poco sorprendido de lo que había imaginado. —Sí, lo era. Tiempo pasado. Por favor, no hablemos de eso aquí. Te diré lo que quieras saber, pero más tarde. Pensé en él haciendo todas las cosas que me había hecho a mí, haciéndoselas a esa criatura perfecta, y me sentí enferma. ¿Cómo podría competir con alguien tan hermoso? ¿Y cómo podría quererme por mucho tiempo, cuando tenía una mujer así, estando tan obviamente enamorada de él? La idea era desalentadora y desmoralizante. Agarró firmemente mi nuca. Mi mirada se había puesto un poco vidriosa con mis pensamientos, pero me volví a mirarle en ángulo recto. Su rostro estaba compuesto, pero veía problemas en sus ojos. —Por favor, no pienses así —dijo con voz tranquila pero dolorosa. Yo arqueé una ceja. —¿Me estás leyendo la mente ahora? — pregunté. Sólo medio en broma. El hombre tenía una extraña habilidad para leerme. Suspiró. —En cierto modo. Me di cuenta que tenías dudas sobre nosotros. Acerca de mí. No puedo cambiar mi pasado, Bianca. Todo lo que puedo hacer es ser honesto contigo, y he hecho lo mejor posible. Traté de hacerle entender. —Lo entiendo. Pero entender y sentirse bien con esto, no son siempre lo mismo. Tu pasado, todas las otras mujeres... me intimidan. No hay manera de que pueda competir con todo eso. Sus ojos se pusieron un poco salvajes con mis palabras. Su voz tenía un dejo de ira fría cuando habló. —Nunca te he pedido que lo hagas. No tienes ninguna competencia para mí, Bianca —alguien debería decirle a sus ex-amantes eso, pensé, pero incluso mientras tenía la idea, sabía que era mezquina. Me observó, calmándose. —Vamos llevándome en la dirección de la sala de baile.

a

bailar

—murmuró,

—Realmente no sé cómo —dije, en un tono de voz bajo para que no me oyeran. —No importa. Quiero mostrarte algo. Ven.

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Me condujo a propósito dentro del salón de baile y en la pista de baile sin más. Me llevó a bailar como si fuera la cosa más natural del mundo. Y resultó ser sólo eso. Él conducía, y yo seguí. Me abrazó en sus brazos, apenas un suspiro entre nosotros, y nos movió como si hubiésemos practicado miles de veces. Murmuraba en mi oído mientras nos llevaba a través de los pasos que resultaron ser fáciles y naturales. —Es posible que no te guste mi experiencia. Pero tiene sus usos. Me hizo ver muy claramente que tú y yo somos diferentes. Esta cosa que tenemos es diferente. Toma ésta danza, por ejemplo. Viene tan natural, el guiar y el seguir, porque tú y yo estamos tan perfectamente emparejados. Y sabía que lo haría. No tenía dudas, y estaba en lo correcto. Es como siempre ha sido contigo, Bianca. No tienes experiencia. Y tal vez eso es por eso que no puedes ver lo perfectos que somos juntos. No es como lo veo yo, de todos modos. Es por eso que necesitas aprender a confiar en mí. Estoy seguro de esto, seguro de nosotros. Voy a tratar de convencerte a ti también, mi amor. Dejé que me llevara a través de la danza, y se sentía como un sueño. Él tomó el control y fue mágico. Un pesado violín añadió un hilo de melancolía a la danza, pero añadió emoción también. Lo miré, pero podría haber cerrado los ojos, me salía con tanta naturalidad. Hubo momentos en que podía dejar que tomara el control, y era perfecto. Había pensado que ese efecto sólo podía pasar en el dormitorio, pero al parecer domina la pista de baile también. —Oh, James —suspiré, sin saber qué hacer con él. Era una fuerza de la naturaleza—. Todo esto es tan rápido. Abrumas cada parte de mí. No tenía intención de arruinar el momento, pero lo sentí ponerse rígido al instante ante mis palabras. —Eso suena ominoso —dijo, su voz muy baja y me dio un tirón casi imperceptible. Me pregunté con tristeza si yo había puesto la vulnerabilidad en sus ojos. Si yo era el motivo de su cuidadoso comportamiento. Pero luego me reprendí mentalmente. Me estaba dando demasiado crédito. Contra toda lógica, el pensamiento me hizo sentir triste y tranquila. Me llevó por el piso mientras la música moría brevemente. Hizo caso omiso de la música, que se puso en marcha de nuevo, un proceso lento, acorde sensual fuerte en la canción instrumental. Sólo sabía que había oscurecido su estado de ánimo. —Tengo que ir al baño, James —dije en voz baja. Lo que necesitaba era un momento para mí. Sólo había dicho la verdad. Estaba completamente abrumada por él. Aún así, me dolía lastimarlo, con mi renuencia constante, y necesitaba un momento a solas para serenarme. Una ola de tristeza me sacudió. Se suponía que debía ser la inocente aquí, pero simplemente no podía confiar en James en la forma en que parecía confiar en mí. La

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idea era imposible para mí. Ni siquiera confío en mis propios sentimientos. Cada emoción que me hace sentir se reunía con mi resistencia, mi escepticismo y mi duda. Me sentía como si fuera sólo media persona, ya que la parte que puede confiar en otras personas de alguna manera faltaba en mi alma. —Por supuesto. Por allí —dijo, su voz tan tranquila como la mía mientras me llevaba con una mano agarrada justo por encima del codo. Sentí el impulso de tranquilizarlo, o incluso a pedir disculpas, por qué, no estaba muy segura. Al final, me quedé en silencio. Me llevó a los baños, apuntando hacia el pasillo cuando nos separamos. —Voy a estar esperando en el antesala del comedor —se alejó. Incluso el baño era enorme, color crema, mármol blanco en el suelo, y gruesas columnas que parecían fuera de lugar en un cuarto de baño. Los puestos eran de cristal esmerilado que se trasformaba de transparente a opaco cuando se colocaba la cerradura. Había visto el truco antes en unos pocos clubes calientes en las Vegas, pero todavía estaba vagamente impresionada con el efecto. Me quedé allí durante mucho tiempo, tomando respiraciones profundas y dolorosas. Intenté pensar en lo que me afectaba así. Me sentí caer, una vez más, tan profundamente bajo el hechizo embriagador de James, pero una parte de mí no podía confiar en él. Pero, ¿era él? ¿O era yo? ¿Era tan superficial para pensar que, sólo porque era tan increíblemente hermoso, no podía alguna vez realmente enamorarse de mí la forma en que yo lo hice tan fácilmente por él? Tenía el rostro de un ángel, pero sus ojos eran tan hipnóticamente empañados, un espejo de mi propio dolor en sus profundidades. Nunca había sido superficial, y sabía que su aspecto no había sido lo que me hizo enamorarme de él. Era el alma debajo de todo ese hermoso envase. Había visto que era más, así que ¿por qué no iba a dejarme a misma confiar en eso? ¿Por qué tenía esa seductoramente hermosa sumisa, mucho más cerca de su equivalente físico a mí misma, sacudido mi fe en él con sólo un breve encuentro? ¿Era insegura, o simplemente realista? Me reprendí a mí misma, una y otra vez, por ser tonta. Si hubiera querido estar con Jolene, no estaría conmigo... Por último, cuando sentí que me había dado una suficiente buena charla, salí de la cabina. Asentí cortésmente a la operadora del baño, y me lavé las manos. Estaba revisando mi maquillaje cuidadosamente en el espejo cuando dos figuras pasaron con la puerta. Me puse rígida cuando vi quienes eran.

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Jules casi sonrió cuando me vio. La mirada de Jolene era aún más confusa. Era salvaje y casi... ardiente. Se movieron para flanquearme, sincronizadas como si lo hubieran planeado. Era más alta que ambas, pero se las arreglaron para hacerme sentir abrumada. —Bianca —Jules murmuró, pasándose una mano por el pelo cariñosamente. Me puse rígida hasta que me sentí un poco frágil. Su sonrisa se hizo más amplia y perversa, más cálida. —¿Cómo estás, amor? ¿Está James barriendo tus pies? Él es muy bueno en eso, ya sabes. Nadie tan hermoso, tan encantador como nuestro James. ¿No te parece, Jolene? Jolene se estaba estudiando en el espejo, apenas parpadeando, sus impresionantes ojos me ahogaron. —Es irresistible y completamente implacable cuando quiere a una mujer nueva. Al principio, me persiguió con tal pasión y fuego que todavía sueño con eso a veces. Nunca me he sentido tan bella o deseable como cuando estaba con nuestro James. Fue el año más emocionante de mi vida. Mi aliento, mi corazón late con fuerza en mi pecho lo suficiente fuerte como para ahogar lo último de sus palabras. ¿Un año? Mi cabeza empezó a dar vueltas. —Dile todo, Jolene —Jules alentó a la otra mujer. Era una orden, realmente. —Estuve bajo contrato con el Señor Cavendish durante un año y dos meses. Yo le pertenecí a él durante ese tiempo, exclusivamente, a menos que lo dijera de otro modo, para hacer lo que quisiera, completamente a su disposición. Estaba en mi cielo personal. ¿Bajo contrato? Traté de tomar todo adentro como si hubiera sabido algo sobre el contrato del que hablaba, a pesar de que nunca había intentado hacer lo mismo para mí. Tal vez porque había tenido miedo de asustarme, tal vez no. Sin embargo, ¿un año y dos meses? Él había afirmado que nunca tuvo una novia antes, pero esto sonaba mucho más grave que tener una novia... —¿Cuánto tiempo hace de eso? —pregunté a Jolene, manteniendo mi cara muy cuidadosamente en blanco, mi tono muy vacío. Se pasó la lengua por los dientes, y el gesto me golpeó con fuerza, como si lo hubiera aprendido por estar tan familiarizada con James. Ella lo debe conocer mucho más que yo, pensé. —Hace tres años. Estaba un poco apaciguada. Arqueé una ceja ante nuestras reflexiones. —Me parece que ha pasado mucho tiempo para que puedas seguir estando tan colgada con él, ¿no te parece? —pregunté. No me importa en absoluto si quedo como una perra con estas dos mujeres.

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La última vez que me había encontrado con Jules, sus palabras me habían aplastado, y había huido como un herido animal. Yo quería que ella supiera, ésta vez, que yo no era un blanco tan fácil. Los ojos de Jolene eran serios, como si ella no hubiese sentido ni una pizca de mi malicia. —Hace tres años fue el final de nuestro contrato escrito, pero lejos de ser el final de nosotros. Todavía me llama a menudo, entre las conquistas frescas con la que está obsesionado. Hace seis semanas, volé a Las Vegas en su avión privado para pasar una noche con él.

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33 Traducido por Blaire2015 Corregido por CrisCras

Ese único golpe me marcó de lleno, y me sentí a mí misma temblar. Hice algunas cuentas distraídas en mi desconectado cerebro. Él había admitido estar con una mujer sólo un día antes de haberme conocido. Las citas añadidas para su afirmación. Al menos no la había llamado mientras estábamos en un descanso... Volví mis ojos hacia Jules, estudiándola e intentando muy duro recordarme a mí misma que esta mujer solo estaba tratando de causar problemas. Y aún así estaba funcionando...—¿Y cuál es tu propósito en todo esto, Jules? ¿Vas a plantear tu propia relación con James para mí? Me dedicó una cálida sonrisa. La sonrisa más sincera y falsa que jamás he visto. —No soy su sumisa, si eso es lo que estás preguntando. Él siempre me ha visto demasiado como su igual como para tratarme de esa manera. No lo entiende, pensé, un poco sorprendida. No se trataba de igualdad. En cualquier caso, James siempre me ha hecho sentir que tenía la mayor parte del poder en la relación, fuera de la habitación. Después de todos los problemas que esta mujer nos había causado, terminé dándome cuenta de que ni siquiera era su tipo, y que ella no lo entendía en absoluto, resultaba sorprendente. —Soy socialmente igual que él—continuó—, y hemos estado siempre perfectamente sincronizados. Estoy lo bastante segura de mí misma como para permitirle sus pequeñas aventuras sexuales secundarias. Todo lo que podía pensar mientras ella hablaba era lo patética que era. —Te das cuenta que él tiene una opinión completamente diferente acerca de su relación, ¿no? Dijo que ha pasado por lo menos un año desde que ha tenido sexo contigo. Afirma que eres solo una amiga. Su rostro se tensó casi imperceptiblemente, pero vi la tensión alrededor de su boca. Estaba escrito en su joven rostro como una vieja amargura. —Está sembrando su avena salvaje5. Soy una mujer comprensiva. Necesita eso en una pareja. Es algo que sólo alguien de nuestra clase social podría realmente comprender. Expresión que hace referencia a un periodo en la vida de un hombre durante el cual hace cosas emocionantes y tiene muchas relaciones sexuales. 5

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Casi me había olvidado de Jolene, hasta que apretó sus grandes y suaves pechos contra mi brazo. Mi mirada volvió a la suya a través del espejo. La suya estaba ardiendo sobre mí. —No necesitamos ser tus enemigas, Bianca—dijo, su voz casi sin aliento—. Si vas a durar mucho tiempo con nuestro James, debes saber que únicamente se mantiene interesado en las mujeres a las que les gustan otras mujeres. Parpadeé hacia ella, intentando fuertemente encontrar algún significado a sus palabras. —¿Disculpa?—le pregunté. No podía confundir cómo se frotaba contra mí. —No hay nada que él ame más que dominar a dos mujeres a la vez. ¿No te lo ha mencionado ya? Me encantó cuando trajo a otras mujeres a la sala de juegos con nosotros. Y, por supuesto, como su favorita, él me hizo jugar con sus nuevas sumisas. Una oleada de náuseas me golpeó y cerré los puños. No quería que estas mujeres supieran cómo me había afectado, pero ya era una lucha, y sabía que no habían acabado. Jolene bajó la blusa sin mangas de su vestido, exponiendo los perfectamente proporcionados y excesivamente generosos globos de sus pechos. Noté los grandes aros de plata perforados en sus pezones rojos oscuros inmediatamente. Sus labios endiabladamente llenos se curvaron en una sensual sonrisa. —Únicamente da eso a sus favoritas. ¿No lo sabías? Jules me sorprendió presionándose con fuerza contra mí por detrás y sujetando mis muñecas en un fuerte agarre. Ni siquiera se me ocurrió luchar al principio. Una amenaza física de estas mujeres era la última cosa que me había esperado. A pesar de que Jules no se movió, Jolene estaba llevando sus brazos alrededor de mi cuello y presionando su ligera figura contra mí. Su pequeño cuerpo era mucho más fuerte de lo que podía haber imaginado mientras tiraba de mi cabeza hacia la suya. —Sólo una muestra, Bianca —murmuró, justo antes de aplastar su suave boca contra la mía. Registré que se sentía más allá de extraño ser besada por una boca tan suave y húmeda mientras movía sus labios contra los míos. Estaba congelada por el inesperado asalto hasta que metió su pequeña lengua en mi boca. Entonces comencé a luchar contra las dos mujeres que me estaban sosteniendo en serio. Mordí la lengua de Jolenelo suficiente duro como para hacer que la retirara con una maldición. Se veía absolutamente sorprendida por mi rechazo mientras se alejaba de mí con su mano en la boca. Jules me soltó casi en el mismo momento, moviéndose frente a mí para unirse a Jolene, con la cara roja. Los ojos de Jolene pasaron sorprendentemente rápido de asombrados a duros y significativos mientras veía a la sensual y bonita mujer.

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Ella me señaló con el dedo. —Estás cometiendo un error, sabes. No puedes esperar mantener su interés a menos que estés dispuesta a tener una mente abierta. Él es completamente insaciable. Necesita variedad, y si no puedes proporcionársela, él habrá acabado contigo en una semana. —Mientras hablaba, Jules estaba ajustando la parte posterior sobre los pechos de Jolene. Su toque sobre la otra mujer hablaba de familiaridad. Miré a ambas. —Eso no va a ocurrir. Si James quiere a otras mujeres, es libre de tenerlas. Lo dejaré tan rápido que su cabeza dará vueltas. Y si te gustan tanto las mujeres, puedes tener a unas y a otras. ¿Por qué molestarse con James? La expresión de Jolene no cambió en absoluto. —No serás capaz de dejarlo tan fácilmente. Y él es imposible de olvidar. Marca mis palabras, cambiarás de opinión sobre quererme. Estaré esperando. — Mientras hablaba, las dos mujeres enlazaron sus dedos, un claro signo de su solidaridad. Jules me dio una sonrisa de gato que se comió al canario mientras se pasearon por el cuarto de baño. Salieron lentamente, como si no me acabaran de asaltar unos momentos antes. Me quedé allí, mirando fijamente la puerta cerrada por un largo rato, completamente aturdida por todo el loco intercambio. A pesar de mi determinación por no dejar que Jules nos causara problemas, las cosas que me habían dicho habían sacudido mi fe en James y en nuestra capacidad de tener cualquier tipo de relación estable. Me aparté de la puerta cerrada para mirarme en el espejo. Lo que se encontraron mis ojos me hizo enfadar. Mi boca estaba manchada con el pintalabios carmesí de Jolene, y mis ojos estaban muy abiertos y asustados. Me pasé la palma de la mano sobre la boca, limpiándome el ofensivo color. Me había olvidado completamente de la asistente de baño. Únicamente recordé su presencia cuando amablemente me ofreció una toalla. Agradecí con amabilidad, secándome el rojo de mis labios, intentando erosionar toda huella. Se aferraba obstinadamente a mi boca. Odiaba el color. La puerta del cuarto de baño se abrió de golpe y un furioso James irrumpió en el interior como si hubiera sido golpeado en una carrera a muerte. Me analizó con ojos salvajes, buscando en el baño mientras se movía hacía mí. Una hermosa mujer como para caer muerto se apresuró detrás de él. Tenía cabello rubio entreverado por la espalda en ondas de sirena. Llevaba un vestido de globo gris suave que lograba hacerla parecer elegante y a la vez sexy. Le cubría desde el cuello hasta los tobillos, pero no hacía nada para disfrazar su espectacular figura de supermodelo. No podía evitar mirarla mientras James me alcanzó rápidamente, ahuecando una mano en la parte posterior de mi cabeza, su otra mano inclinando mi barbilla para estudiarme.

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—¿Qué ha ocurrido?—preguntó. Mi mano agarró la suya donde sostenía mi barbilla, y sus ojos volaron a la palma de mi mano. Estaba cubierta de manchas de pintalabios carmesí. Sus ojos se movieron de mi mano a mi boca y de vuelta otra vez. —¿Qué ha ocurrido?—repitió, su tono severo. —¿No lo adivinas? Tus ex pusieron sus manos sobre mí. La pequeña no entiende la palabra no muy bien—le dije. Mi voz salió más fría de lo que quería. Su mano se apretó en un puño casi doloroso en mi barbilla. Su voz muy tranquila, pero escuché pánico en él. —¿Te atacaron? —Jules agarró mis muñecas mientras Jolene tomó la parte superior y me forzó a besarla. Sí, se podría decir que me agredieron. Parece que tienen alguna especie de rutina para presionar a tus mujeres a hacer tríos. —Puse mi rostro y mi voz tan inexpresivos como pude. Quería ver su respuesta, y lo observé cuidadosamente por eso. Se encogió, un tipo de horrible crudeza alcanzando su rostro. Me atrajohacia su pecho. —Lo siento. Debí haber hecho un mejor trabajo protegiéndote. Juro que tomaré las medidas necesarias para asegurarme de que algo como eso no vuelva a suceder de nuevo. Nunca imaginé que harían algo como confrontarte en un baño. Nunca imaginé que iban a poner sus manos sobre ti. Debí haberme dado cuenta de que se culparía a sí mismo por todo. Todavía me sentía enfadada y amargada por todo, pero incluso a pesar de eso, sentí la necesidad de suavizarlo para él. —Bianca, esta es Lana. Una vieja amiga mía. —James hizo la presentación mientras todavía estaba sosteniendo mi cara enterrada en su pecho—. Pensó que eras acosada en el baño, y fue suficiente para que viniera a buscarme. Me volví para conocer a la mujer, sin perderme el claro afecto que escuché en su voz cuando dijo el nombre de la mujer. La mujer era incluso más imponente de lo que había notado, mientras le echaba una segunda mirada, esta vez más de cerca. Me dedicó una amable, aunque muy cuidadosa, sonrisa. Tenía el rostro de una princesa de cuento de hadas, con ojos tan brillantes que eran de un azul violeta. Me pregunté si podía haber sido su color de ojos natural. Nunca antes había conocido a nadie con los ojos violetas. Su ondulado cabello rubio tenía todos los tonos rubios veteados por él, por lo que corría por su espalda y sobre sus hombros como una capa extravagante. Su rostro era impresionante, sus rasgos perfectamente simétricos, con ojos grandes y poblados por densas pestañas, su nariz pequeña y respingona, un suave puchero en su maldita boca, cerca de ser tan bonita como la de James.

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Se puso de pie a mi nivel, lo que significaba que estaba en algún lugar entre un metro con setenta y nueve y un metro con ochenta y dos centímetros, aunque no podría decirlo con seguridad sin una buena mirada al tamaño de sus tacones. Mientras la estudiaba, me di cuenta de que de alguna manera reconocí a esta exquisita mujer, pensé que no tenía idea de cómo. Ella no era el tipo de mujer que nadie podría olvidar en una reunión. Vio mi frente fruncirse mientras la estudiaba. Pareció leer mis pensamientos, e hizo una mueca. —Me reconoces—dijo con un suspiro. Su voz era suave y musical. Le disparó a James una mirada pícara. —James, estás en el cuarto de baño de Señoras, como pareces haber olvidado. Ve a esperar afuera. Ayudaré a Bianca a refrescarse para que puedan hacer su escape. Incluso inventaré las excusas por ti, pero tienes que salir de este cuarto de baño antes de crear una escena. Cualquiera podría venir en algún momento. James besó la parte superior de mi cabeza antes de dirigirse a la puerta. Me lanzó una mirada de preocupación, pero habló para Lana. — Que no sea mucho tiempo—advirtió. Ella tendió una silla delante del tocador para mí. —Siéntate, cariño—dijo. Accedí, respondiendo automáticamente a la amabilidad de su voz. No podría tener más de veintiséis años, pero tenía un rostro casi maternal, a pesar de su aspecto sexy. La estudié en el espejo, pero no podía ubicarla. —¿De qué te conozco?—pregunté finalmente. Tenía una enorme y a la moda bolsa de mano extendida en la encimera, y estaba rebuscando en ella con determinación. Me lanzó una sonrisa irónica. —Tuve una estrepitosa estadía en el modelaje hace unos años. No era adecuada para eso en absoluto, pero la gente ocasionalmente me reconoce de algún alto perfil en portadas que hice. Incluso nos dieron las portadas porque mi madre era una supermodelo en los años ochenta. Mientras ella hablaba yo evocaba un recuerdo de ella en un minúsculo bikini amarillo, sentada a horcajadas sobre una tabla de surf para una muy famosa portada de SportsIllustrated. Me quedé boquiabierta. —Eras una supermodelo. ¿No vas a modelar más? Se encogió de hombros, su sonrisa volviéndose de autodesprecio. —Es un hecho que soy mucho mejor para trabajar en un negocio familiar que para estar sonriéndole a la cámara. Estudié a la fascinante mujer, feliz por una distracción del drama de esta noche. —¿De qué es el negocio familiar? Exhibió un encantador hoyuelo hacia mí. —No lo tengas en mi contra, pero mi familia también está en el negocio hotelero. Los Middleton son los infames competidores de la familia Cavendish. Imagínate la sorpresa de todos cuando James y yo nos conocimos y convertimos rápidamente en amigos, hace más de ocho años.

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Me pregunté si amigos era todo lo que ellos eran. ¿Cómo podrían dos personas escandalosamente sexys del sexo opuesto ser estrictamente amigos? Sobre todo si uno de ellos era James... Pareció leer mi mente de nuevo. Sus ojos se abrieron sobre los míos en el espejo y sacudió la cabeza con vehemencia. —Hemos sido estrictamente amigos. Fuimos a cenar un par de veces cuando nos conocimos. Creo que James estaba jugando con la idea de intentar seducirme, pero nunca llegó a eso. Él es un hombre que sabe leer a las mujeres, y supo que era poco receptiva. Y debo decirte, esto muy aliviada por el cambio que he visto en él desde que te ha conocido. Había pensado, durante mucho tiempo, que James estaba tan roto como yo, solo que por razones diferentes. —¿Roto? —pregunté, completamente derretida por su cándida manera. Hizo una mueca, pero sus ojos de cuento de hadas color lavanda rápidamente regresaron en una sonrisa. —Usualmente no soy como un libro abierto, pero parece que no puedo evitarlo contigo. Tiene sentido, supongo. Tú y yo, solo podemos ser amigas. Adoro a James, y te adoro a ti aunque solo sea por ser la primera mujer que finalmente le ha hecho enamorarse.

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34 Traducido por Apolineah17 Corregido por CrisCras

No corregí sus palabras, aunque me provocaron una mueca de dolor, como si ella hubiera dado con un tema muy delicado. En su lugar, me volví a enfocar nuevamente en ella. —¿Por qué dijiste que estabas rota? Sonrió. Era la sonrisa más triste e indiscutiblemente desgarradora. Sólo ella tenía ese efecto. Lo que sentía se mostró en su hermoso rostro, y era imposible no sentir al menos un poco de eso con ella. —Desde que tengo memoria, he estado enamorada de un hombre que nunca ha podido amarme. De hecho, él está enamorado de otra persona, a pesar de que me llevó mucho tiempo verlo. Mi corazón nunca ha sido capaz de seguir adelante, así que, para horror de mis padres, parece que soy inmune para el sexo opuesto. Incluso para un hombre tan hermoso como James. Al principio, intenté ser atractiva para él, pero no tuvo caso. Creo que fue después de eso cuando supe que no me molestaría más. Yo soy el tipo de mujer que sólo se enamora una vez. Desafortunadamente, esa única vez fue con un hombre que siempre me vio como una hermana. —Eso es imposible —le dije—. Podrías tener a cualquier hombre que quisieras. Ella simplemente sacudió la cabeza, sacando finalmente un cepillo de su monstruosa bolsa de diseñador. Cuidadosamente comenzó a pasar el cepillo por mi despeinado cabello. —Hermoso cabello — murmuró para mí casi ausente. —Tú y yo realmente podríamos pasar por hermanas —agregó. Pensé que era un cumplido extremadamente halagador. —¿Cuántas mujeres tienen el cabello rubio natural hoy en día? Tú eres la única otra persona que conozco. Pero, no, yo ciertamente no puedo tener a cualquier hombre que quiera. Y sólo he querido a uno. AkiraKalua. Me lancé descaradamente sobre él y lo mejor que obtuve fue una follada por compasión, perdona mi lenguaje vulgar, pero ese es el mejor término para ello. —AkiraKalua —repetí de nuevo, sorprendida por el nombre. Sonaba vagamente familiar, aunque no podía saber por qué. Pensé que el nombre sonaba muy del estilo hawaiano. Tenía varios amigos

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hawaianos, y había una numerosa población de ellos trabajando para mi aerolínea. Ella sonrió casi con nostalgia, como si sólo escuchar el nombre le hubiera traído agridulces recuerdos. —En el fondo soy una chica de isla, si puedes creerlo, aunque fui expulsada del paraíso hace mucho tiempo. Dios, odio Nueva York. Estaba más que un poco sorprendida por su admisión. Simplemente había asumido, que con su riqueza familiar y su increíble apariencia, ella encajaría perfectamente en la gran manzana. —¿Eres de Hawái? —supuse. Ella asintió, alisando mi cabello con una mano antes de excavar de nuevo en su bolso. —Nacida y criada allí. Mi papá se enamoró de Hawái cuando mi madre estaba embarazada de mí. Maui, para ser específica. Para el momento en que estuvieron dispuestos a vivir en un lugar diferente, no estuve dispuesta a ir con ellos. Tuvieron que irse sin mí, y mi familia adoptiva hawaiana terminó teniéndome más que mis verdaderos padres. —Háblame de Akira —le pedí. Ella sólo sonrío, sacudiendo la cabeza. Puso un maquillaje limpio sobre mi rostro, quitando la irregular máscara de pestañas que se había corrido por debajo de mis ojos. Quería escuchar su historia desesperadamente ahora que me había dado un par de jugosos detalles. Desde la belleza de su rostro hasta la tristeza en sus ojos, sabía que era una trágica historia de amor que sería cautivante. —Tal vez en otra ocasión. Necesitas unirte a James antes de que él haga una escena. Sin embargo, tenemos que salir en algún momento pronto. James me dijo que vives en las Vegas. Yo pasó mucho tiempo allí, administrando la propiedad familiar. De hecho, está a sólo cinco minutos de distancia de la propiedad Cavendish. Conseguiré tu número con James. ¿Almuerzas conmigo? Asentí. La había conocido hacía unos minutos, pero sentía que ya éramos amigas. Eso era un poco más que inusual para mí. —¿Entonces me contarás sobre Akira? —pregunté, extrañamente curiosa sobre la vida amorosa de esta hermosa mujer. Me dedicó una mirada exasperada, buscando en su bolso de nuevo. Me dio un tubo de brillo labial transparente. —Sólo usa tu dedo. Juro que nunca tocó mis labios. Esto hará que tus labios se vean menos amoratados. Y sí, te contaré sobre Akira cuando nos encontremos para almorzar, si es que realmente quieres saber. Nunca hablo de él, así que tal vez será terapéutico sacarlo de mi pecho. Pero tienes que contarme sobre James y tú. Me gustaba Lana, así que acepté mientras aplicaba un poco de brillo labial con mi dedo, entregándole el tubo de nuevo. Ella me sonrió. —Como nueva. James va a querer salir de aquí lo antes posible. Está en un estado raro. Él esperaba decir algunas

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palabras, pero estoy familiarizada con la caridad, así que hazle saber que lo haré por él. Te llamaré en algún momento de esta semana. Cuando me levanté, me envolvió en un fuerte abrazo. Yo le devolví el abrazo, más que un poco sorprendida por el gesto afectuoso. —Dios, me encanta que seas tan alta como yo. No me siento como un gigante a tu lado. Tenemos que salir —dijo con una sonrisa mientras se apartaba. James estaba prácticamente caminando de modo impaciente de un lado a otro mientras nosotras salíamos del baño. Él me agarró del brazo con un agarre mortal tan pronto como estuve a su alcance. —Adelante. Me excusaré por ti. Oh, y James, envíame el número de Bianca. Vamos a salir a almorzar, con suerte en algún momento de esta semana —le dijo Lana. Él le dio una agradecida y tensa sonrisa. —Gracias, Lana. Te debo una. —Comenzó a llevarme lejos, sin detenerse mientras hablaba—. El auto está siendo traído hasta aquí. Podemos hacer un escape rápido. Necesito salir de aquí. Pareciendo casi nervioso, con impaciencia, James nos sacó del baile y nos guio hacia un chofer en un alocado movimiento desenfocado de actividad. Salimos por un pequeño callejón, donde no vi ninguna señal de los fotógrafos. Sentí a James retirarse mientras el auto comenzaba a moverse. Cuando miré por la ventana lo sentí analizándome, pero cuando me di la vuelta para mirarlo, él estaba mirando por su ventana, con el rostro impávido. Tenía un sinfín de preguntas que necesitaban respuesta. Quería saber sobre qué había mentido Jolene y sobre qué había dicho la verdad. Tenía la esperanza en Dios de que no todo hubiera sido cierto. Quería y necesitaba saber, pero prácticamente estaba asustada de escuchar su versión, tenía miedo de que nuestra relación no sobreviviera a esas respuestas. Y no ayudaba que ni siquiera tuviera idea de por dónde comenzar. Estábamos cerca de volver a su edificio antes de que yo rompiera el silencio. Los centímetros que se extendían en el asiento entre nosotros se sentían como kilómetros. —Dijiste que nunca habías estado en una relación seria antes, pero Jolene afirma que estuviste con ella durante un año y dos meses, y que seguiste viéndola a menudo hasta hace seis semanas. ¿Estaba mintiendo? Se quedó en silencio por un largo y desconcertante tiempo, con el rostro inmóvil mientras miraba por la ventana. —Ya casi estamos en mi edificio. Hablaremos de esto allí adentro.

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No me gustó esa respuesta. Sabía que la única respuesta que me habría gustado habría sido un rápido y resuelto, “sí, ella estaba mintiendo”. El conductor nos llevó al ascensor del aparcamiento subterráneo y bajamos del auto en silencio. James tomó mi brazo de una manera posesiva mientras caminábamos hacia el ascensor, pero ni siquiera me tocó una vez que estuvimos solos. Eso hizo que una pequeña bola de oscuro y terrible miedo hiciera un nudo en mi estómago. Él estaba profundamente molesto, y tenía que ver con lo que había sucedido en el baño. ¿Estaba molesto por las preguntas que me gustaría hacer? ¿Preocupado por cómo iba a reaccionar ante sus respuestas? ¿O era algo peor? Estaba empezando a preocuparme que fuera algo incluso más terrible, como si él estuviera a punto de terminar conmigo por completo. ¿La idea de las relaciones finalmente se había interpuesto en él, y ahora se estaba dando cuenta de que no era lo que quería? ¿Haber visto a la encantadora Jolene le había hecho darse cuenta de su error? Una parte de mí había estado esperando que él hiciera algo así todo el tiempo. —¿Podemos hablar en nuestra habitación? —preguntó James, finalmente rompiendo el silencio mientras nos acercábamos al último piso del edificio. Lo estudié. Él ni siquiera me miraba. Pensé que podría enfermarme físicamente. —No tenemos que ir tan rápido, James. Ni siquiera deberíamos estar hablando sobre irnos a vivir juntos, y mucho menos hacerlo realmente. —He perdido todo mi orgullo, me di cuenta. Estaba tratando de asegurarle que podríamos retroceder un paso en lugar de terminar con ello por completo. Cualquier cosa para evitar que me dijera lo que temía que estaba pensando. Él me envió una mirada casi afligida, pero rápidamente desvió la mirada, haciéndome pensar que lo había imaginado. —Vamos a hablar en nuestra habitación —dijo. No me tranquilicé. El ascensor llegó a su piso y me llevó a su habitación sin decir una palabra. Vi en un reloj que pasamos que eran sólo las once en punto. Me sorprendió que no fuera más tarde. Había pasado mucho en las últimas horas. Pensé en Lana Middleton. Ella había sido una distracción bienvenida. —¿Sabes algo sobre Lana y Akira? —le pregunté a James. Él siguió sin mirarme. —¿Akira? —preguntó. Así que él tampoco lo sabía. —No importa. Él caminaba delante por las escaleras que conducían al piso de su habitación. —Lana es la peor adicta al trabajo que conozco. Ella me hace ver como un holgazán con mis siete días de trabajo a la semana. Todo el que la conoce la ama, pero incluso la socialización que hace es para el trabajo. —Su tono era impersonal mientras describía a Lana.

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—Me pidió que saliera a almorzar —señalé. —Eso significa que realmente le agradas. Me alegro. Ella es una muy buena amiga, es muy discreta y no prejuiciosa, así que no tendrás que cuidar tus palabras con ella. Parpadeé, preguntándome si él quería decir que podría hablar de nosotros con ella. —¿Ella sabe acerca de tus… preferencias? —pregunté finalmente. —No exactamente. Ella sabe que tengo inclinaciones sexuales atípicas, y que solía acostarme con muchas personas distintas, pero dudo que haya escuchado más detalles que eso. Pero creo que ella sería una buena persona para que hables, si necesitas hacerlo. Como dije, le puedes confiar secretos, y no te… regañará por tus propias preferencias. Esa no es su manera de ser. Él básicamente me había dado el visto bueno para hablarle a Lana sobre nuestras actividades BDSM. Me alegré mucho de que pudiera hacerlo, aunque todavía no sabía si lo haría. Yo ni siquiera lo había hablado con Stephan, y rara vez le guardaba hasta el más mínimo detalle. Decidí que sería más fácil decírselo a una mujer como Lana de lo que sería decírselo a Stephan. Él era tan protector conmigo que no estaba muy segura de cómo reaccionaría a las cosas que dejaba que James me hiciera. Nuestra breve técnica de distracción llegó a un abrupto final cuando llegamos a su habitación. Él se cernió en la puerta de la entrada, guiándome al interior. Lo miré. Estaba actuando tan distinto a sí mismo que eso hizo que cada vello de mi cuerpo se erizara. Sólo me miró durante unos minutos, como si estuviera tratando de conseguir respuestas simplemente mirándome. Su cara estaba seria, pero sus manos temblaban un poco mientras aflojaba su sedosa corbata azul marino. —Quítate la ropa, Bianca. —Cuando por fin habló, su voz era peligrosamente suave. Le lancé una mirada desafiante, con la barbilla levantada. —No podemos postergar esto, James. Tenemos que hablar. Él asintió. —Sí. Quítate la ropa y súbete a la cama. Hablaremos entonces. Lo observé de cerca, tratando de decidir si era una extraña broma. Sus fosas nasales se dilataron. —Ahora —dijo. Hubo un ligero temblor en la mano que apuntaba a la cama. Finalmente obedecí, impulsada por su extraño estado de ánimo y por el deseo de saber exactamente lo que quería decir.

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35 Traducido por SamJ3 Corregido por NnancyC

Me quité los zapatos mientras me aproximaba a la cama, quitándome el vaporoso vestido con unos sencillos movimientos. Mi pequeña tanga de encaje era un recuerdo distante entre un paso y el siguiente. Me senté en el borde la cama, mirándolo. Estaba desnuda pero no me sentí tan cohibida como siempre. Tenía muchas cosas sobre las cuales estar ansiosa. —Recuéstate en el centro de la cama —me ordenó James suavemente, aún en la puerta. Todavía estaba completamente vestido con ese devastador esmoquin azul marino, solo que su corbata desarreglada, aunque aún colgaba deshecha alrededor de su cuello. Obedecí, pero no fue tan natural como normalmente lo era. Pura fuerza de voluntad me hizo mover el cuerpo al lugar donde había ordenado. —Abre las piernas y levanta las manos sobre tu cabeza — continuó. Le lancé una mirada salvaje. Se estaba desviando demasiado. — James —empecé —Hazlo —dijo con un nuevo tono de acero en su voz. Cerré los ojos, casi temblando mientras le obedecía. Quería respuestas, pero no podía mentirme a mí misma. Quería esto de igual manera. Sólo se movió después de que obedecí, caminando hacia la cama y usando las correas escondidas en cada esquina de la cama para asegurarme suavemente. Mientras miraba a mi amarrado cuerpo, algo de tensión se drenó de él, justo frente a mis ojos. Se cernió sobre mí desde un lado de la cama por un largo tiempo antes de finalmentehablar—: Ahora no puedes huir si te enojas. Pregúntame lo que sea que necesites. Responderé todas tus preguntas, y sabes que seré honesto, pero no puedes huir si no te gustan las respuestas Lo miraba directamente, pero podía ver mi pecho subir y bajar con rápidos movimientos por el rabillo de mi ojo. Si su táctica era distraerme de las preguntas que me molestaban, había triunfado hermosamente. Ahora que estaba desnuda y amarrada, nada parecía

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tan importante como lo que él podía hacerme, ni siquiera aquellas respuestas. Me sacudí a mí misma mentalmente, logrando con gran esfuerzo que mi cabeza volviera a la discusión. —¿Jolene mentía, James? — pregunté finalmente, temiendo la respuesta. Se pasó una perezosa mano por su cabello dorado, despeinándolo artísticamente. Empezó a caminar, quitándose la chaqueta de su esmoquin y lanzándola a una silla. Estaba a punto de gritar para el momento que respondió. —No mentía. Fue mi sumisa por contrato durante ese tiempo. Pero no nos vimos “seguido” después de eso. Nos encontramos tal vez seis veces al año, si acaso, y generalmente cuando estaba entre sumisas. Sé que esto no me hace lucir mejor, pero sólo fue algo físico entre Jolene y yo. Sé que piensa que está enamorada de mí, así que fue algo malo de mi parte mantenerme en contacto pero fue una relación estrictamente sexual. Sé que es una cosa horrible para decir, pero ni siquiera me gusta. Me estremecía cada vez que el mencionaba cosas como “físico” y “sexual”, imágenes horriblemente vívidas de dos hermosas personas entrelazadas desnudas aparecieron en mi mente. Apartéla cabeza y cerré los ojos por un momento, tratando de componerme. Sabía que era tonto estar celosa, pero saber y sentir eran dos cosas diferentes. —¿Era ella la mujer con la que estabas la noche antes de que te conociera? Maldijo y despotricó largo y fluido, pero no lo miré. —Sí —respondió después de una larga pausa—. Siempre usé condón con Jolene, si eso es lo que te preocupa. Conté hasta diez en mi cabeza, la palabra “condón” golpeando en alguna parte vulnerable de mí. No era el condón, sino más bien el acto que iba con él, y la horrible mujer con la que había hecho esas cosas, pintando una imagen vívida y dolorosa en mi cabeza de ellos dos juntos. Mi siguiente pregunta me avergonzaba por alguna ridícula razón, y mis mejillas se colorearon mientras comencé a hablar—: Jolene dijo algo acerca de unirse a ti y a tus otras sumisas… Lo sentí sentarse cerca de mi cadera. Su caliente mano atrapó mi muñeca. El agarre era ligero, pero pensé que podía sentir su intensidad a través del contacto. —Se unió a mí y dos de mis sumisas en el cuarto de juegos, un par de veces. Nada de esto importa, Bianca. Sé que te molesta, pero en realidad es insignificante. Como me siento por ti es lo importante. —Dijo que no hay nada que ames más que dominar a dos mujeres a la vez —dije en voz baja, queriendo alejar mi muñeca del contacto caliente de su mano. Le oí aspirar una bocanada de aire, pero mantuve los ojos tercamente cerrados. —Eso es una mentira. Lo he hecho con algunas sumisas, pero sólo aquellas que sabía que favorecían esa clase de cosas,

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eso nunca ha sido acerca de mis preferencias. Sospecho que Jolene puede preferir eso. —Jolene dijo que no te quedabas con mujeres a menos que hicieran eso por ti. Su palma hizo contacto con mi muslo. No fue una palmada, exactamente, pero tampoco fue un toque suave. —Esto es ridículo. Nunca te pediría eso. Estaría muy consternado si incluso lo sugirieras. No eres únicamente mi sumisa, Bianca. Esto es mucho más que una relación física. Me siento increíblemente posesivo de ti. Si alguien más te tocara de la manera en la que yo te toco, masculino o femenino, me volvería loco. ―Tomó una temblorosa respiración antes de continuar—: Quiero compartir mi vida contigo, ser monógamo contigo, y mi pasado está en el pasado. Desearía que hubiera alguna manera de probártelo, de una vez por todas. Tengo un pasado sórdido, pero nunca le he mentido a ninguna de las mujeres con las que he estado, y nunca le he prometido a nadie lo que te he prometido a ti. Mi respiración se estaba calmando cada vez más, la extraña neblina roja sobre mi visión mejoraba con cada palabra que pronunció. Me hechizaba fuera de mis dudas, y ninguna parte de mi quiso detenerlo. Estoy así de mal, me percaté en ese momento. Era peor de lo que me había dado cuenta y ya sabía que estaba locamente enamorada de este incomparable hombre. —Gracias por responder mis preguntas— le dije suavemente. Estuvo tan callado por un largo momento que ni siquiera podía oírlo respirar.—¿No estás enojada? —preguntó al final. —Un poco, pero lo superaré. Me pongo loca de celos cuando pienso en ti y otras mujeres y estaba enferma con preocupación de que quisieras que hiciera cosas con Jolene que simplemente no puedo hacer, pero no soy irrazonable. —Lo miré mientras hablaba. Su rostro lucía herido. Se arrastró encima de mí, aún vestido completamente. Se movió hasta que estuvimos nariz contra nariz, esa horrible mirada aún en su rostro. —Nunca te pediría que hicieras algo como eso. Lo que es más, no lo permitiría. Me prometiste exclusividad, y pretendo que cumplas eso tan fielmente como yo. ¿Todavía te mudarás conmigo, te quedarás conmigo? ¿Aunque haya hecho un horrible trabajo protegiéndote? Accedí a hacerlo, aunque la duda aún era un pesado nudo en mi estómago, pero como estaba aprendiendo, una y otra vez, él era imposible de resistir. —No puedes protegerme en el baño de mujeres, James. Eso es tonto. Y ciertamente no podías predecir lo que me harían. Ni siquiera podía creerlo cuando estaba pasando. Jolene me mostró sus perforaciones. No era algo que quisiera ver. James se levantó con mis palabras, moviéndose rápidamente hacia el baño. Regreso momentos después con un cepillo de dientes. Fue muy cuidadoso mientras me cepillaba los dientes. Era un ángulo

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incómodo conmigo descansando sobre mi espalda completamente indefensa. —Dime donde te tocaron. Quiero lavarlas fuera de ti. Pensé que eso era extraño, y eso sin decir que esto era alguna clase de trastorno obsesivo-compulsivo de su parte, pero permití su extraña necesidad de lavarlas fuera de mí, diciéndole cada cosa que habían dicho y cada parte que habían tocado. Su cara estaba oscura mientras trabaja, fregando duro mis muñecas. Trabajó un largo tiempo en mis labios hinchados. Estaban más hinchados por la forma que los refregué de los besos, pero no pareció importarle a James. Cuando finalmente terminó de fregar, me humectópor completo, esparciendo algo que se sentía como vaselina directamente en mis labios. —Nos hubiera ahorrado tiempo si me hubieras soltado para tomar una ducha—dije tratando de hacerlo sonreír, cualquier cosa para aliviar la tensión en sus hombros, y la oscura mirada en sus ojos. —No pude desatarte. Tengo este persistente miedo de que huirás de mi otra vez y tendré que sufrir otro desolado mes. Ese fue el mes más largo de mi vida. Haré lo que sea para que nunca suceda otra vez. Sentí un extraño desgarramiento en mi pecho al pensar en el solo y sufriendo por mí culpa. No me había alejado para lastimarlo. Había estado asustada, asustada por la manera en la que me hacía sentir, y la manera en la que no podía evitar hacer su voluntad. —Hazme el amor, James. —Mi voz tenía una clara súplica cuando me dirigí a él. No tuve que pedírselo dos veces. Estaba encima de mí en segundos, besando mi boca como si quisiera devorarme. Aún estaba completamente vestido, y la seda de su camisa se frotaba contra mi pecho tentándome. Movió la mitad inferior de su cuerpo fuera de mi alcance. Moví las caderas en círculos, tratando de alcanzarlo, pero mis piernas me mantuvieron asegurada contra la suave cama. Arqueé la espalda, frotando mi pecho fuertemente contra el suyo. Empujó su lengua profundamente en mi boca, y la chupé, como lo haría si fuera su polla. Gimió. Se elevó sobre los codos, situándolos profundamente en mis axilas para que pudiera acunarme el rostro mientras me besaba. Pensé que esto sería lo más cercano que estaría James de llegar a hacer el amor dulcemente. Pero aún sus momentos más dulces eran muy jodidamente calientes para soportarlos. Gemí contra su boca. Era una súplica. Mi cuerpo ardía por él, y nada se sentiría suficiente hasta que estuviera enterrado profundamente en mí. No parecía de acuerdo, y continuó así por largos y tortuosos minutos, sólo las partes superiores de nuestros cuerpos tocándose mientras el veneraba mi boca. Al final, empezó a moverse hacia abajo en mi cuerpo con dulces y tortuosos besos a lo largo de cada centímetro de mí. Su hermosa boca

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era increíble y deliberadamente suave mientras regaba besos por mis costillas y en mi ombligo. Evadió mis pesados senos, enfocándose en absolutamente cada otro centímetro de mi torso. Me di cuenta que estaba torturándome sistemáticamente cuando se movió de vuelta a la parte superior de mi cuerpo y empezó a besar la parte de arriba de mis hombros y uno de mis brazos atados. Se alejó de mí mientras se concentraba en una muñeca atada. Lo miré, su rostro tan sensual, no había frialdad presente esta noche. Lamió el sitio donde la cuerda negra se encontraba con la parte interior de mi muñeca, y me retorcí. Se levantó sobre sus rodillas para masajear mi mano por largos y agonizantes minutos. Se sentía exquisito pero quería gritar. Se movió de vuelta a mi brazo, a través de mis hombros y les dio al brazo, muñeca y mano opuesta el mismo tratamiento. Me sentía al borde del orgasmo solamente por eso y la imagen de él arrastrándose alrededor de mí en la gigante cama, su erección completamente visible aún en sus pantalones azul marino. Aspiré una bocanada de aire mientras me acariciaba la axila, lamiéndome ahí como si fuera un gusto raro. Lamió y besó la parte inferior de mis pechos mientras se trasladó al otro lado para repetir la acción. Me estremecí. —Quédate quieta—murmuró, un tono de advertencia en su voz. Continúo atormentándome por un largo tiempo, besando, lamiendo y acariciando mi piel, mientras se saltaba todos los sitios obvios. Descubrí mientras hacía esto que tenía suficientes habilidades para extraer exquisito placer de incluso la parte más inocente de mi cuerpo. Me tenía jadeando sólo por prestarle atención a los hoyuelos de mis rodillas. —James—jadeé—, deberías ser ilegal. No puede haber nadie vivo que sea tan bueno en esto como tú. Me dio una mirada apasionada debajo de sus hermosas pestañas por ese comentario. —Si lo hay, nunca lo sabrás—dijo eso de manera bastante oscura, pensé. Ese intercambio pareció encender un fuego en él y empezó a complacerme enserio. Lamió un camino hasta mis pechos, lamiendo un pezón hasta que estaba lista para venirme sólo por esa dolorosa presión. Le dio la misma atención a su gemelo antes de pasar al centro de mi torso, pasando mi ombligo hasta llegar a mi núcleo. Grité cuando finalmente enterró su rostro allí. Esto no era una caricia suave, y usó los dedos y lengua para hacer que me corriera en segundos. Nunca bajó el ritmo mientras bajaba de mi nirvana llevándome de nuevo al orgasmo como si mis nervios fueran simples teclas de un piano. Se encontraba en un implacable estado de ánimo, mientras me llevaba al orgasmo una y otra vez, hasta que perdí la cuenta, aunque con el humor en el que estaba, dudaba que él olvidara el número.

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Me sentía aturdida y mareada cuando finalmente me penetró. Se enterró en mí con una limpia embestida y mis ojos se abrieron de inmediato. Sólo los había cerrado porque él estaba demasiado absorto con su rostro entre mis piernas para notarlo. Nuestros ojos se cruzaron y me di cuenta en algún lugar de mi mente que el aún estaba completamente vestido. Su corbata continuaba colgando de su cuello, aunque la tenía aflojada. Miré a nuestros cuerpos unidos y vi que se desabrochó los pantalones y los bajó un poco, solamente suficiente para darle acceso. Algo acerca de toda esa ropa oscura y formal contra mi cuerpo desnudo y amarrado era una de las cosas más eróticas que había visto. Su frente casi tocaba la mía cuando se mantuvo sobre mí, trabajando dentro y fuera con movimientos suaves. Era demasiado sutil, para él. Me estaba haciendo el amor, suave y dulcemente, a su manera. Escasas gotas de sudor caían de su frente a la mía. Pensé que eso era increíblemente sensual. Sólo el Señor Hermoso podría hacer del sudor algo tan sexy. Quería lamerle todo de su cuerpo. Se lo dije. Sonrío, aunque había algo raro en ello mientras continuaba moviéndose dentro y fuera de mí con agonizante lentitud. —No esta noche. Pensabas en tomar otros amantes mientras te hacía el amor. Ahora tengo algo que probar. Quizás si te follo hasta que pierdas la consciencia, no podrás preguntarte si hay alguien mejor para ti. Le di una mirada exasperada. Tanto como pude, considerando que estaba lentamente enloqueciéndome. —Eres imposible, James. Entendiste todo mal. Pensaba sólo en ti, y en lo afortunada que soy de tenerte. Su rostro se relajó un poco. Hizo que mi corazón se contrajera. Con un grito empezó a empujar fuerte y por la mirada en su rostro, estaba completamente perdiendo el control. Lo amé. Bebí la imagen de su compostura abandonándolo mientras se empujaba dentro de mí, sus hermosos ojos se entrecerraron con la tensión. Gritó mi nombre, de una manera desesperada, cuando su orgasmo lo tomó. El mío llegó momentos después mientras continuaba para arquearse bien profundo dentro de mí. Dejó que su pesado cuerpo se hundiera en el mío por algunos minutos después de terminar. Acurruqué el rostro contra el cabello alrededor de sus orejas, oliendo su maravilloso olor picante, mezclado con su aroma dulce y sólo un toque de colonia. —Eres maravilloso—susurré contra su cabello. Se tensó, hundiendo el rostro en mi cuello, acurrucándose ahí. — Quiero merecerte, mi amor—susurró en respuesta. Podía oír la desesperación en su calmada voz.

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—¿Acaso sabes cuán loco es eso? —pregunté en la misma voz calmada, como si pensara que alguien podría oírnos—. Yo soy nadie, y tú eres el hombre más extraordinario que he conocido. No te merezco. Hizo un pequeño sonido de protesta. —Eres mi ángel, Bianca. Has exorcizado mis demonios. No tengo pesadillas cuando estoy contigo. No tengo que trabajar setenta horas a la semana para mantener mi mente distraída. Mi vida se ha convertido en más que trabajo y aventuras sin sentido. Me haces ser un mejor hombre. —Eres demasiado bueno para mí —dije. Se inclinó para desatarme las muñecas, besándome con suavidad por todo el rostro mientras lo hacía. Me tuvo desatada y acunada contra su pecho con movimientos rápidos. Me acurruqué en la suave y sedosa tela de su camisa, demasiado cansada para incluso tratar de desnudarlo. Estaba al borde del sueño cuando lo sentí moverse. —Amor, le prometí a Stephan que le llamarías o mandarías un mensaje antes de que fueras a la cama. Quería asegurarse de que tu noche estuvo bien. No te duermas. Iré a buscar tu teléfono. Me di cuenta rápidamente que tendría que sentarme para mantenerme despierta mientras James desaparecía en su armario. Resurgió poco después, en sus bóxer y cargando mi teléfono. Se las arregló para acomodarse detrás de mí en la cama, poniéndome entre sus piernas mientras yo revisaba el teléfono. Tenía varios mensajes de Stephan, preguntado como estaba, le mandé un mensaje diciéndole que todo estaba bien y que lo vería en la mañana. Revisé mi teléfono de vuelta. Perdí tres llamadas de ese extraño número 702, mis cejas se juntaron en un ceño cuando vi que habían dejado un mensaje de voz esta vez. Eso era nuevo. Y me encontré a mí misma presionando el botón y sujetando el teléfono a mi oído antes de pensar bien en lo que estaba haciendo. Debí haber esperado hasta la mañana, pero algo acerca de este extraño llamándome y el número me fastidiaba. Si era mi padre. Prefería saberlo de inmediato, en lugar de estarme preocupando por ello toda la noche. El mensaje era solo silencio al principio, con un indicio de sonido al fondo, música suave y calmante reproduciéndose, justo como en las llamadas telefónicas. Pero al final una voz femenina comenzó a hablar vacilante. Había un familiar miedo en su voz, aunque no la reconocí para nada. —Bianca Karlsson. Soy… um, soy Sharon. —Una larga pausa—. Sharon Karlsson. —Mi cuerpo completo se volvió rígido como un cadáver y los cabellos en mi cuello hormiguearon con advertencia—. Estoy…casada con tu padre. Yo, bueno, supongo que soy tu madrastra. De verdad necesito hablar contigo. Tu padre siempre me prohibió contactarte. Nunca dijo porque, pero, bueno, um, está desaparecido. Ha estado fuera por más de un mes, sin decir nada, y estoy bastante

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segura de que se fue definitivamente esta vez. AsĂ­ que en verdad apreciarĂ­a si pudieras encontrarte conmigo. Por favor llĂĄmame tan pronto como puedas.

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36 Traducido por JeylyCarstairs Corregido por Aimetz

Mi mano cayó en mi regazo sin soltar el teléfono. —¿Qué es? —preguntó James, aparentemente no había oído el extraño mensaje. No le respondí, mi mente estaba ocupada y preocupada por la extraña revelación de mi padre teniendo una esposa. James tomo el teléfono de mi mano, y lo vi volver sobre mis pasos y sostener el teléfono cerca de su oído para escuchar mi mensaje. Rico bastado, entrometido. Pensé, casi con cariño. Frunció el ceño al escuchar el extraño mensaje. Se estiró para poner mi teléfono en la mesita de noche, y luego se acercó para acurrucarme contra él. —No me gusta esto. Si decides reunirte con ella, debe ser en público, y asegúrate de que tienes al menos a dos guardaespaldas contigo. Prométemelo, amor. Asentí distraídamente, lejos de mantenerme al día con su tren de pensamientos, mi mente todavía estaba obsesionada con el extraño conocimiento de que mi padre se había vuelto a casar. ¿Cuándo? ¿Por qué? Trataba a esta extraña mujer mejor de lo que había tratado a mi pobre madre maltratada. La mujer estaba viva, claramente lo hacía. A pesar del cansancio de mi cuerpo, mi mente estaba demasiado ocupada para dormir después de eso. James nos limpió a los dos, incluso quito mi maquillaje antes de apagar las luces y hacer cucharita detrás de mí. Su presencia era tranquilizadora, pero estuve todavía preocupada por la sorpréndete noticia por un rato antes de finalmente ir a la deriva en un sueño inquieto. Estaba en esa casa de nuevo. Acostada en mi dura y pequeña cama. Estaba abrazando mis rodillas a mi pecho, meciéndome y balanceándome, y tratando de ignorar los fuertes gritos a pocas delgadas paredes de distancia. Si me quedaba en mi habitación, todo iba a desaparecer. Ellos incluso olvidarían que estaba aquí y por la mañana mi papá dormiría todo el día y nos dejaría en paz para que pudiera atender a mi madre. Pero eso no estaba destinado a ser. No esta vez.

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Los gritos se hicieron más fuertes, los chillidos de mi madre se convirtieron en aterrorizados alaridos. Cuando no pude soportar los horribles ruidos ni un momento más, me deslice silenciosamente por la casa para investigar. A pesar de mi enorme miedo, mi necesidad de al menos tratar de ayudar a mi madre casi siempre me empujaba al violento ojo del huracán. Miré mis delgados pies desnudos, deseando saber dónde había unos calcetines limpios. Estaba tan fría, una especie de adolorido frío, bajaba hasta mi alma. Mis padres hablaban en sueco, y le di sentido a algunas de las histéricas palabras a medida que me acercaba a la cocina donde peleaban. —No, no, no. Por favor Sven, guarda eso. La voz de mi padre era un furioso rugido. —Has arruinado mi vida. Tú y esa mocosa. Lo he perdido todo por tu culpa. Mi fortuna, mi herencia, y ahora, mi suerte. Has tomado todo de mí, con solo vivir. Dime, ¿por qué no debería tomar todo de ti, tonta hija de puta? —Cuando estés sobrio, te arrepentirás. Tenemos una hija juntos, Sven. Por favor, sólo ve a dormir. Si duermes, te sentirás mejor. —¡No te atrevas a decirme que hacer! Que jodan al sueño. Que te jodan. Y jodan esa pequeña mocosa. Mírala, merodeando en la puerta, congelada como un asustado ratoncito. —Sus fríos ojos fueron hacia mí. Estaba congelada en el lugar, como él había dicho. Cambio de tono cuando me hablo, y se convirtió en una burla de un tono amable—: ¿Por qué no te unes a nosotros, cariño? Ven junto a tu bonita mamá. Fui hasta mi madre, había aprendido hace mucho tiempo a no desobedecerle cuando estaba de ese humor. Se burló de las dos, cuando me pare al lado de ella. Se alzaba sobre nosotras. Mi madre no me miró, no me alcanzó. Sabía que no quería atraer más atención hacia mí. Trataba de protegerme, como yo a ella. —Mira mis lindas chicas. La hija es aún más bonita que la madre. ¿Para qué, entonces, es la madre? ¿Dime porque eres útil, Mamá? —le preguntó. No escuché su respuesta. Mi mirada ahora estaba enfocada solamente en el objeto que sostenía a su lado. Era un arma de fuego. Mi estómago se apretó con temor. El arma era una nueva y aterradora adicción a esta violenta escena.

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Mi mirada regreso a la cara de mi padre cuando una risa broto de su garganta. Era el crepitar de una risa, seca y enojada. Comencé a retroceder, sacudiendo mi cabeza atrás y adelante en negación. —Respuesta incorrecta, perra —dijo. Agito el revólver frente de ella. —No puedes apartar tus ojos de esto. ¿Lo quieres? ¿Te gustaría que te diera esto? Tómalo, si lo quieres. ¿Piensas que no puedo tocarte con un arma en tus manos? Mi madre lo miró, sus ojos casi blancos con terror. Debía saber, como yo, por el tono burlón de su voz, que estaba poniéndola a prueba. Ella pagaría muy caro si tomaba el arma, aún si él le había dicho. Se rio. —Insisto, toma el arma. Inesperada y horriblemente, lo hizo. Apunto hacia él con manos temblorosas. —Vete —dijo ella con voz trémula y espantosa por su pánico—. No puedes hacer estas cosas, especialmente frente a nuestra hija. Vete y no vuelvas. —Lloraba pero se las arregló para descorrer el martillo. Él rio de nuevo. Sin miedo y sin esfuerzo, la agarro de la mano. Su mano cubrió una de las suyas, arrancando la otra fuera. Giró el arma, lenta e inexorablemente apuntando lejos de sí mismo y empujándola dentro de la boca de ella. Me había apoyado contra la pared mientras observaba su intercambio, pero cuando vi su clara intención, de repente me precipite hacia adelante, sollozando—: Mamá. Me detuve como si hubiera chocado con un muro cuando mi padre apretó el gatillo, cubriéndonos y a toda la habitación, en una cantidad obscena de brillante sangre roja y restos. Mis ojos horrorizados encontraron los de mi padre. No mostraba expresión alguna. Me desperté en oscuridad total, un fuerte grito atrapado en mi garganta. No tenía ni idea de donde estaba y empecé a trepar fuera de la enorme cama blanda, hurgando alrededor en la oscuridad más absoluta por una pared, una lámpara, un interruptor de luz, cualquier cosa. Necesitaba lavar la sangre. Estaba palpando a lo largo de la pared y llorando como un niño cuando la luz de repente inundo la habitación. Finalmente conseguí un indicio de donde estaba cuando James corrió hacia mí y me acunó en su pecho. —¿Qué pasa Bianca? ¿Qué puedo hacer? Jadee varias veces respirando antes de que pudiera hablar—: Ducha. Necesito una ducha. Necesito lavar la sangre. No hizo más preguntas, nos llevó a los dos a la ducha en un instante. Dirigió el agua directamente sobre mí, y el agua fría que me golpeo por unos pocos momentos antes de que comenzara a calentarse me ayudo a traerme unos pocos pasos más lejos del sueño.

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Poco a poco, mis sollozos se convirtieron en respiraciones jadeantes mientras quedaba limpia en el agua, mi mente moviéndose más y más lejos del reino de las pesadillas. —¿Puedes hablar de eso? —preguntó James. Su voz era tan vulnerable con su preocupación por mí que no lo pude resistir. —Es el mismo viejo sueño sobre la muerte de mi madre. Estaba en esa habitación, a no más de tres metros de ella, cuando sucedió. — Sentí la compuerta abrirse, y le dije todo, cada detalle sangriento, tanto del sueño como el horrible evento. No dijo nada en absoluto, sólo hacia ruidos comprensivos y me daba toques tranquilizadores mientras hablaba. Estaba sorprendida al sentirme mucho mejor cuando conseguí sacar todo. Había ayudado realmente decirle al respecto. Me ayudo a salir de la ducha y nos secó a ambos. Nos quedamos acurrucados desnudos en la cama con solo una sábana cubriéndonos. Estaba de espaldas y me había tirado casi encima de él. Frote mi mejilla sobre mi nombre en su pecho mientras me acariciaba el cabello mojado, colocándolo sobre su brazo. —Tú has hecho todo lo posible. Le dijiste a la policía todo lo que viste. No es tu carga nunca más, Bianca. —Sí, lo sé. No he tenido esa pesadilla desde esa otra vez, hace más de un mes. Creo que saber sobre ella, su esposa, eso consiguió que mi mente regresara a ese lugar oscuro de nuevo. Necesito decirle lo que hizo, para advertirla. No conozco a la mujer, pero lo merece. Señor, no quiero hablar con ella. No quiero tener nada que ver con ella. —Siempre puedes solo enviarle un correo electrónico, o demonios, una carta. No tienes que hacer nada que no quieras hacer. Reflexioné que más. Parecía tan cobarde como para tener miedo de una simple llamada telefónica. —La llamaré mañana —decidí. Sus brazos se apretaron en mí, su agarre llegando a ser casi doloroso. Fue reconfortante para mis retorcidos sentimientos. —Tengo que quedarme en New York esta semana. ¿Vas a volver e estar conmigo en tu primer día libre? Pensé en ello. No me tomó mucho tiempo. —Sí. ¿Te importa si invito a Stephan? Tienes mucho espacio, después de todo. Sentí toda la tensión ansiosa dejar su cuerpo cuando acepté venir. —Tenemos un montón de espacio —reprendió—, y si, por supuesto. Invita a Javier, también, si quieres. O a cualquier persona que desees, para el caso. Voy a tener que trabajar un poco de todos modos. He estado posponiendo algunas reuniones importantes que necesitan ser atendidas. Y sólo Dios sabe lo que este desastre de mi gestión en New York ha hecho de las cosas en la propiedad de Manhattan. Me sentiría mejor si tuvieras a alguien para pasar el rato mientras estoy trabajando. No me gustaría que te aburras, tienes un estudio preparado para pintar abajo. Nunca tuve tiempo para

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mostrártelo. Parece que nunca tenemos suficiente tiempo. ¿Cuántos días puedes tomar esta semana? —Puedo volar a New York la mañana del lunes, y tomar el vuelo de regreso el jueves. Puedo tomar una semana de descanso de las horas extras de trabajo. Comencé a preguntarme si Stephan podría trabajar sus propias horas extras con Javier, en vez de mí. Mi novio era inmensamente rico. Parecía tonto no mantener al menos mis días libres. Mi actitud había cambiado tan drásticamente desde hace apenas una semana que me sentía casi mareada con eso. En lugar de intentar continuar con mi vida exactamente como me satisfacía, me encontraba queriendo comprometerme en complacer a James, y por supuesto, verlo más. Me dio un suave beso por mi concesión. —Me encantaría eso. Gracias. Suspiré, sumergiéndome en el profundamente. —Me parece ridículo trabajar más horas extra, considerando todo. Mi tiempo normal puede más que cubrir mi hipoteca y la comida, y me compras ropa suficiente para que me dure toda la vida. Voy a ver si Stephan trabajaría sus turnos extras con Javier. Estaría dispuesta a apostar que no le importara la idea. —Gracias —dijo con sincera tranquilidad—, me aseguraré de hacer que valga la pena. Me escondí contra él, sintiéndome bien. Bien por él. Bien por nosotros. —Ya lo vale. —Me haces tan feliz, Bianca. Nunca supe que la vida podía ser tan buena. He estado solo por tanto tiempo, desde que mis padres murieron, de verdad. Pero no me siento solo contigo. Me siento como si tuviera una familia y un hogar de nuevo. Tú eres mi hogar. Todas las sombras parecen desaparecer cuando estamos juntos. Coloque un beso en mi nombre sobre su corazón, sintiéndome a la deriva. Ni siquiera sabía qué hora era, pero no estaba preocupada. Sabía que James no me dejaría dormir demasiado. Cada vez confiaba más en él.

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37 Traducido por Kary_Ksk Corregido por Juli

No podía dejar de bostezar mientras me alistaba para trabajar a la mañana siguiente. James se despertó conmigo, a pesar de la hora inoportuna. Él estaba alerta pero tranquilo mientras ambos nos vestíamos. Llevaba un elegante traje gris pálido. Era tan pálido que casi parecía blanco a primera vista. Lo combinó con una camisa de vestir de color turquesa brillante con un cuello blanco crudo. Una corbata delgada blanca como el cuello, colgaba hasta el cinturón de color gris pálido. Las piernas del pantalón eran muy estrechas y entalladas, y había elegido zapatos de vestir gris pálido con cordones. El efecto completo era devastador. Sólo James podría haberlo logrado. Se me acercó desde atrás cuando me encogía en mi camisa del uniforme. Levantó un pequeño objeto de plata delante de mi cara. Me tomó un momento para ver que era un pequeño candado. —¿Puedo cerrar tu collar ahora? Me puse rígida, pero incliné la cabeza hacia adelante para darle acceso. —Sí —dije. Para bien o para mal, había tomado mi decisión. Lo cerró en forma rápida, colocando un suave beso en mi nuca. —Date vuelta —me dijo. Lo hice, y él sostenía la llave en una cadena alrededor de su cuello. Se la metió debajo de la camisa, mientras miraba—. Habrá seguridad en tu casa. Por favor, coopera con ellos. Están ahí para mantenerte a salvo. Me limité a asentir. Sabía mejor que nadie que no estaba segura, y agradecía la protección adicional. Subimos al auto para dirigirnos al hotel de la tripulación. Me aferró con fuerza a su lado y hundió el rostro en mi cabello. —Esto es más difícil de lo que pensé que sería, dejarte ir así —murmuró en mi cabello. Le pasé la mano por el lugar en su corazón, donde se había grabado mi nombre. Sabía que la acción nos consolaba a ambos. —Es sólo por unos cuantos días.

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—Llámame o envíame un texto cuando aterrices, y de nuevo cuando estés a salvo en tu casa. Me preocuparé si no lo haces. Asentí, el movimiento hizo que su cara frotara contra el dorso de mi cabello. —No puedo darte un beso de despedida, amor. Si empiezo, sé que nunca me detendré. Asentí otra vez. Entendía el sentimiento extraño. En cambio, cuando el auto se detuvo frente a mi hotel de personal, llevé su elegante mano a mis labios, besando la palma y moví los labios sobre las tenues cicatrices en la muñeca, colocando un suave beso allí, y luego pasé mis labios de nuevo en su palma, lo que permitió un momento para acariciarla con mi nariz. Emitió un sonido suave en su garganta que me hizo muy difícil salir del auto. Tomó mi mano cuando estaba a punto de alejarme y e imitó el movimiento en mi propia muñeca y palma. Era pura agonía alejarme de él. No miré hacia atrás. Sabía que sólo empeoraría las cosas. Sólo Stephan y Javier se encontraban en el vestíbulo cuando entré, Stephan en su uniforme, Javier vestido casual en una camisa lila y unos pantalones de color beige. Llegué cinco minutos antes, lo vi cuando miré mi reloj. Stephan sonrió cuando me vio, caminó hacia mí para abrazarme fuertemente. — Te extrañé, Buttercup. Le devolví el abrazo, igual de fuerte. —Tenemos mucho de qué hablar, pero necesitaba pedirles algo a ti y a Javier. Javier se acercó a nosotros con cautela, como si temiera interrumpir nuestra reunión. —¿Qué pasa? —preguntó Stephan. —¿Les gustaría quedarse en una casa de súper lujo en Nueva York por nuestros días libres esta semana? Lo más probable es que volemos en la mañana del lunes y nos quedemos hasta la madrugada del jueves. La sonrisa de Stephan se hizo aún más amplia. —No puedo pensar en nada que me guste más. ¿Supongo que esto significa que tú y James están arreglando las cosas? Asentí, sonriendo y mirándolo a los ojos. Le dejé ver toda mi felicidad, pero ninguno de mis problemas. Era lo que se merecía. Javier se aclaró la garganta. —Um, así que, ¿te refieres sólo a Stephan, o…? Le di una sonrisa. —Me refería a los dos, si quieren. James tiene una cantidad obscena de espacio, teniendo en cuenta que está en Manhattan. Stephan se aclaró la garganta, disparando a Javier una mirada positivamente malvada. Hubiera jurado que Javier se sonrojó un poco,

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incluso a través de su hermosa piel marrón pálida. —A pesar de eso, Javier y yo sólo necesitamos una habitación. Parpadeé. Avanzaba muy rápido, para Stephan. Lo tomé como una buena señal. Parecía estar más cómodo con cada minuto que pasaba en una relación abierta con un hombre. —Hay una cosa más que quería hablar con ustedes. He decidido dejar de trabajar tanto tiempo extra y simplemente seguir con mis turnos regulares, en su mayor parte. Espero que no te importe perder a tu pareja de horas extras. Stephan no parecía en lo más mínimo perturbado. —Ya era hora Bee, maldita sea. Me imaginé que estarías poniéndote al día muy pronto. Ya le pedí a Javier si quería ser mi nuevo amigo de horas extras. Está haciendo algunos intercambios para compartir nuestros días libres, así que debería funcionar a la perfección. —Mientras Stephan hablaba, pasaba la mano por el pelo negro azabache de Javier. Javier cerró los ojos, como si saboreara el tacto ligero. No sabía si era sólo la única cosa que sabía debido a mi limitada experiencia en las relaciones, pero se veía como si Javier fuera claramente el sumiso de Stephan. La forma en que cerró los ojos, con las manos en los bolsillos para no tocarlo, me recordó mucho a un acto de sumisión. La mano de Stephan bajó para frotar un punto en los finos y rectos hombros de Javier. Él dejó escapar un pequeño gemido complacido. Pensé que eran hermosos juntos. —El bus del aeropuerto está aquí. Carguemos —dijo Stephan, soltando a Javier. Nos presentamos, entregando nuestro equipaje al conductor, que lo cargó en los compartimentos de equipaje instalados en la parte inferior del mini-trasbordador. —Faltan cinco más —le dijo Stephan al conductor, entrando. Stephan y Javier tomaron los asientos traseros, y yo me senté en la fila frontal a ellos. —Bianca, sé nuestra vigía —dijo Stephan crípticamente. Me volví a mirarlos. Estaba tan sorprendida como no lo había estado nunca por lo que vi. Stephan tenía a un Javier sonrojado inmovilizado en el asiento debajo de ellos. Estaba sentado a horcajadas sobre el hombre más pequeño y le daba una mirada muy intensa, muy caliente. Sostuvo las muñecas del otro hombre por encima de su cabeza. Mientras lo miraba, se inclinó y le besó. No fue un beso ocasional sino uno bruto y conocía el dominio cuando lo veía. Mi mirada sorprendida voló por la ventana cuando de repente me di cuenta que era la vigía, y que en realidad tenía que hacer el trabajo teniendo en cuenta las cosas que pasaban en el asiento trasero. Oí a Stephan murmurándole algo a Javier, y pude escuchar que lo que le decía, sonaba amortiguado por una parte de la piel del otro hombre. —¿Bianca, crees que podrías arreglártelas por diez minutos sin

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mí en el vuelo? —Stephan se dirigió a mí—. Sé que va a ser agotador, pero lo agradecería muchísimo. —Claro —respondí sin dudar. —Ves. Te dije que lo haría. Tres horas, máximo, y te tomaré de nuevo. No soy de bromear mucho —le dijo Stephan en voz baja a Javier. Me hizo sonrojar hasta los dedos de los pies, pero me quedé alerta mirando por la ventana. —Sí eres de bromear —murmuró Javier en tono sombrío—. Tres horas es eterno. Vi a los pilotos en el vestíbulo. —Pilotos llegando —dije, sonando con un poco de pánico, incluso a mis propios oídos. Stephan se sentó, soltando a Javier. Miré hacia atrás a Stephan. Me sonrió descaradamente. No pude evitarlo. Le sonreí. Javier parecía más inquieto pero feliz. Su rubor era como un resplandor alegre a su alrededor. Sus palabras no me lo demostraron, aunque si su rostro. Me dio una sonrisa tímida. —Lo lamento —me murmuró. Le sonreí. —No lo lamentes. Nunca he visto a Stephan así. Creo que ustedes son hermosos juntos. —Eso lo hizo realmente resplandecer. Javier estaba enamorado. Sólo alguien que sentía lo mismo podía reconocerlo, y conocía esa mirada enferma de amor porque un tal Señor Hermoso tenía el mismo efecto en mí. Me sentí aliviada al verlo. Quería que Javier sintiera esa clase de amor por Stephan. Él no querría hacerle daño a alguien a quien amaba tanto. —Dejar de hacerlo sonrojar, Bianca. Ese es mi trabajo —dijo Stephan, agitando el pelo de Javier cariñosamente. Efectivamente, Javier se sonrojó más. Me di la vuelta, sacudiendo la cabeza con una extraña sonrisa en mi cara. Nunca había visto este lado de Stephan, no sabía que lo tenía en él. El vuelo de la mañana del sábado a Las Vegas era agitado, como siempre. Stephan tomó sus diez minutos de reunión con Javier en el cuarto de baño que yo esperaba. Ambos hombres salieron luciendo sonrojados y felices. Todos sonreímos como locos antes de que Stephan y yo regresáramos a trabajar y Javier volviera a su asiento. Stephan y yo nos tomamos las manos cuando aterrizamos, sonriéndonos mutuamente. No dijimos mucho, sólo disfrutamos el momento. Le envié un mensaje a James mientras estábamos en el taxi. Bianca: Recién aterricé en Vegas. ¿Cómo estás? James: Bien. Manteniéndome ocupado con el trabajo, pero extrañándote como loco. Dudé, luego dije al diablo con eso.

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Bianca: También te extraño. James: Llámame cuando llegues a tu casa. Dejé mi teléfono después de eso, ya que volvería a estar en contacto con él muy pronto. El regreso a casa fue un asunto jovial, con Stephan y Javier sonriendo sobre casi todo. Mi expresión coincidía con la suya. Parecía que no podía detenerme. Me encontré en mi puerta al guardia de seguridad, Paterson. Una mujer que nunca había visto antes se encontraba de pie junto a él, con aspecto sombrío. Era baja y fornida, y supe de inmediato que era una mujer ruda. Tenía el pelo oscuro retenido en un trenzado corto, sin sentido. Su cara era redonda y pálida, pero sus ojos eran duros y observadores. No llevaba ni una pizca de maquillaje, dudaba que alguna vez lo hiciera, y su boca era una línea sombría. Su cuerpo podía ser voluminoso o simplemente de huesos grandes. Era imposible decir con la camisa holgada de hombre, de manga corta abotonada hasta arriba que llevaba encima de unos pantalones anchos. Ella era como los agentes, a su manera. Sólo con mirarla te hacía pensar en los agentes policiales. Paterson me dio un guiño amable cuando me acerqué a mi puerta. Podía sentir a Stephan rondando detrás de mí. No tenía que preguntar para saber que no iba a salir hasta que él supiera que estaba acomodada en mi casa, a salvo y segura. Lo había hecho desde el ataque. —Señorita. Karlsson, ella es Blake. Es nueva en el equipo, pero la conozco desde hace años. Es la mejor. Será su guardaespaldas personal para excursiones públicas. Me han comentado que ha pasado por alto la seguridad en los baños públicos. Me sonrojé, recordando el incidente en el baño. Por supuesto, James tomaría medidas adicionales después de eso. Debería haberlo visto venir. Asentí a Blake. —Encantada de conocerte, Blake —le dije. No protestaría por la seguridad extra. Desde luego, no podía argumentar que no la necesitaba. Asintió solemnemente. —Un placer, Señorita. Karlsson. Me pregunté si podría conseguir que me llamara por mi nombre. Me había dado por vencida al tratarlo con la seguridad después de Clark. Se había negado obstinadamente a pesar de mi provocación. —Por favor, permítanos asegurar la casa antes de que entre —dijo solemnemente. Asentí, abriendo la puerta y marcando el código de seguridad. Paterson y Blake tomaron aliento cuando entré primera en la casa. Vi cómo me había equivocado, y me disculpé. Lo menos que podía hacer

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por los guardaespaldas era hacer fácil su trabajo. —Voy a darles unas copias de mis llaves y los códigos de seguridad para hacerlo más fácil. Paterson se aclaró la garganta, pero fue Stephan quien habló. — Ya lo hice, Bee. Tengo copias para ellos, y para James. Imaginé que todos contenían la respiración, esperando a que lanzara una especie de rabieta, aunque no era irrazonable. Stephan podría haber sido un poco prematuro, pero era algo conveniente en este momento. —Gracias —le dije. Me pareció oír a los tres respirar aliviados. ¿Qué había hablado con mí el equipo de seguridad? Me pregunté. Paterson y Blake me pidieron que me quedara cerca de la entrada principal, mientras que Blake se cernía cerca de mí y Paterson hacía una larga búsqueda en la casa. Estaba demasiado distraída por las nuevas incorporaciones a mi sala de estar para preocuparme mucho. Una Mac con una gran pantalla se había instalado en el lugar donde estaba mi viejo ordenador. Me quedé mirándolo un rato, parpadeando, mi mente cansada en blanco. —¿Que pasó con mi viejo ordenador? — pregunté en voz alta. Stephan respondió—: Se ha ido. Ese tiene todo lo necesario. Tiré el otro y puse todo en éste para ti. James me lo pidió, para no contratar a un extraño que hurgara en tu ordenador. —Su voz tenía una disculpa avergonzada. Suspiré, cada vez más resignada a la necesidad constante de James de comprarme cosas. —Eso fue amable. Gracias. —¿No estás enojada? —Me parece una tontería enojarme por tener un equipo nuevo, ¿no? Estoy acostumbrándome a este tipo de cosas. —Miré a Stephan mientras hablaba. Me sonrió. —No fue un problema en absoluto. James me compró uno, también. Pensé en todas las cosas que tenía que decirle. Simplemente no había tenido mucho tiempo. —Tengo tantas cosas que decirte. ¿Vas a venir esta noche? —Javier ya se había ido a casa de Stephan y lo esperaba. Los dos hombres parecían inseparables. —¿Podemos tener un poco de tiempo para hablar, sólo los dos? Entonces podríamos cenar con Javier, a menos que ustedes quisieran estar solos. —Se sentía incómodo tener que solicitar su compañía exclusiva, pero me dije que tenía que acostumbrarme. Me lanzó una mirada de regaño. —Por supuesto. Vendré después de una siesta. Sólo envíame un texto cuando te despiertes. Y sí, todos tendremos la cena. En mi casa. Voy a cocinar. Te he echado de menos, Bee. Sé que tengo que acostumbrarme, aunque sólo unos días sin ti es difícil. Nunca tienes que preguntar cuando quieras pasar tiempo conmigo. Sólo dime la hora y el lugar, y estaré ahí. Siempre.

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Me moví hacia él y abrió los brazos. Caminé hacia ellos, apenas consciente de que no estábamos solos. Sus palabras me habían tocado una fibra emocional. —Ve a dormir un poco. Como puedes ver, estoy en buenas manos. Te envío un texto cuando me despierte. Me besó en la cabeza. —Buenas noches —murmuró. Lo acompañé hasta la puerta. Blake me estudiaba cuando volví a la habitación. Rápidamente cambió su rostro en una expresión cuidadosamente en blanco. —Todo despejado —dijo Paterson mientras se dirigía a la habitación. Se dirigió a mí—. Si tiene algún problema, cualquier problema en absoluto, uno de nosotros estará justo al otro lado de la calle, en un SUV negro, en todo momento. —Tengo una habitación libre. No me importa si ustedes quieren dormir allí. Sólo hay una cama doble, pero es mejor que dormir en un auto. Paterson y Blake intercambiaron una mirada, pero no antes de ver la sorpresa en los ojos de ambos. —Gracias por la amable oferta, Señorita. Karlsson —dijo Blake. —Lo discutiré con el Señor Cavendish —dijo Paterson. Por supuesto, el maniático del control Cavendish tendría la regla de aprobar todas las decisiones. Paterson se aclaró la garganta. —El Señor Cavendish también me ha pedido que le diga por favor que conteste el teléfono. —La voz de Paterson era cuidadosamente cortés, pero habría estado dispuesta a apostar que James no lo fue cuando hizo la petición. Mi teléfono estaba enterrado en algún lugar de mi bolsa de viaje y temía ver cuántas llamadas había perdido desde que había dejado el avión. —Disculpen, por favor. Necesito tomar una siesta —les dije torpemente a los dos guardias de seguridad. No estaba acostumbrada a tener personal, y mi primer instinto era tratarlos como huéspedes en mi casa. Ambos asintieron con deferencia, como si se les hubiera enseñado además de todas las otras actividades de formación que deben haber pasado. —Como ya he dicho, vamos a estar afuera. Y mi número está en el teléfono, en “Seguridad”. Les di las gracias a ambos cortésmente antes de ir a mi habitación, cerrando la puerta agradecida a mis espaldas. Quería llamar a James, mi mente seguía pensando en él incluso cuando me desnudé a medias y caí boca abajo por encima de mis colchas.

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38 Traducido por Sasu.Funes Corregido por NnancyC

Un aluvión de ruidos extraños me despertaron. Tardé unos largos y desorientados minutos en ordenarlos a todos. El ruido más persistente venía de mi mesita de noche, en la forma de un Ipad que ni siquiera sabía que existía. Reconocí el objeto delgado, pero sin duda no sabía lo que estaba haciendo en mi habitación, o cómo no lo había notado antes de ir a dormir. Me había desmayado bastante rápido, recordé. Estaba emitiendo un fuerte sonido ruidoso, una y otra vez. Decidí que ese no era mi mayor problema cuando alguien llamó, muy frenéticamente, a la puerta del dormitorio. Sentí miedo enroscándose en mi estómago hasta que me di cuenta de que cualquier amenaza real difícilmente golpearía a una puerta sin cerrar. —¿Sí? —grité, mi voz todavía llena de sueño. La puerta se abrió de golpe y Blake se quedó contra el marco. Al parecer, había tomado mi sí como una invitación a entrar. Sus ojos recorrieron la habitación, en busca de amenazas. Cuando dedujo que no había ninguna, sus ojos se volvieron hacia mí. Rápidamente desvió la mirada, incómoda. Me di cuenta de que estaba básicamente desnuda, vistiendo sólo un par de bragas y unas medias desordenadas. Logré tirar de una esquina de las mantas sobre la mayor parte del torso durante mi sueño, gracias a Dios, pero era obvio que estaba casi desnuda debajo. Un sonido sordo de mi maleta de viaje atrajo mi atención brevemente, y me di cuenta de que mi teléfono había estado sonando constantemente, al igual que la misteriosa Ipad. —¿Qué está pasando? —le pregunté a Blake. Imaginé que tenía que tener una mejor idea que la que yo tenía. —El Señor Cavendish ha sido incapaz de ponerse en contacto con usted. Estaba... preocupado. Dijo que se suponía que contactaría con él cuando llegara a casa, y no lo hizo. —Su voz contenía un mundo de condena, como si el olvido de hacer una llamada telefónica fuera el peor tipo de delito. La estudié. Llevaba sólo una camiseta ajustada de la armada naval y pantalones cortos deportivos, su funda del hombro y el arma claramente visible. Me di cuenta de que en lugar de ser rechoncha, como pensé en un principio, su figura estaba sólidamente cubierta de

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músculos rígidos. No podía recordar haber visto nunca a una mujer con los músculos tan marcados. Podía haber sido una físico culturista. —Sólo tuve una especie de desmayo. Creo que estaba más cansada de lo que creía. Suspiró profundamente. —Bueno, por favor llame al Señor Cavendish ahora. Está más que un poco molesto. Antes de que pudiera responder, un Stephan sin camisa y desaliñado apareció detrás de Blake, luciendo perturbado. —¿Estás bien, Bee? James me despertó. Está frenético, dice que se suponía que lo llamaras hace horas y no ha sido capaz de ponerse en contacto contigo. Me hizo sentir culpable por quedarme dormido antes de que lo llamaras. —Mientras hablaba, Stephan pasó rozando a Blake hacia mi cama. Subió conmigo llevando sólo sus bóxers, acariciando con una mano mi pelo. Pensé que los ojos de Blake se iban a salir de su cabeza. —Esto es muy inapropiado, Señor Davis. Le pido por favor que salga de la cama de la Señora. Karlsson. Le di una mirada desconcertada. Stephan estaba francamente hostil. —Stephan es mi hermano adoptivo —le expliqué a Blake, a pesar de que no le debíamos una explicación. Sin embargo, no veía la necesidad de que tuviera una idea equivocada. Y realmente era mi hermano adoptivo, si bien no lo era técnicamente al menos si emocionalmente. Parecía aliviada. —Eso es un alivio. Aún así, voy a tener que informar de esto al Señor Cavendish. Sólo para que sepa. Me encogí de hombros. Stephan se inclinó y me besó en la frente. —Voy a volver a la cama, Buttercup. Llama a James antes de que suba a un avión. Stephan se fue, pero Blake todavía revoloteaba en el umbral. Empecé a irritarme, tanto con James como con mi severa guardaespaldas. —Lo entiendo. Voy a llamar a James, tan pronto como me des un poco de intimidad. —Me sentí grosera incluso mientras las palabras salían de mi boca, pero sólo asintió y se fue. Abrí el estuche de color naranja-calabaza del Ipad sonando, sentándome mientras lo hacía. Me sorprendió al verme en topless por un momento interminable antes de que una imagen de James, vestido con el traje con que le había dicho adiós en la mañana, y con un gran ventanal con una vista formidable de Nueva York en el fondo, se hiciera cargo de la mayor parte de la pantalla. Parecía salvaje, el pelo despeinado como si hubiera corrido a través de él con impaciencia. La curvatura de su linda boca me dio una buena idea de su oscuro estado de ánimo.

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—¿Por qué no me llamaste cuando dijiste que lo harías? ¿Y por qué estás en topless? —preguntó. Su tono era duro, y no vi ni una pizca de dulzura en su rostro enojado. —Me dormí antes de darme cuenta. No tenía intención. No tenía idea de que estaba tan cansada. —Dijiste que llamarías. ¿Estás jugando conmigo? ¿De eso se trata esto? ¿Te gusta volverme loco? Dejé que mi molestia se mostrará claramente en mi cara. —Eso es ridículo. Es exactamente lo que dije, y estás exagerando. Obviamente yo estaba bien. Tienes todo el lugar patrullado día y noche. ¿Qué pensaste que había pasado? Apretó la mandíbula con tanta fuerza que parecía que dolía. —No lo sé. Y no saber es peor que cualquier cosa. Podrías haberte enojado conmigo otra vez, o bien asustado de haber accedido a vivir conmigo. Tal vez me dejabas de nuevo. Y en el fondo de mi mente, estaba incluso preocupado de que tu padre había conseguido de alguna manera ponerse en contacto contigo de nuevo. —No se molestó en ocultar su vulnerabilidad durante su pequeña diatriba y sentí involuntariamente ablandarme con él. Era un talento suyo. Suspiré. —Oh, James. Siento no haber llamado cuando dije que lo haría, pero no estaba siendo deliberadamente hiriente. Estaba más cansada de lo que noté, en el momento que Paterson terminó de registrar mi casa. Apenas me desvestí antes de desmayarme. Su rostro se relajó y vi su mirada bajar hacia mis pechos desnudos. Habían quedado descubiertos cuando me senté en la cama. Tragó saliva. Sentí una oleada de puro deseo dispararse por mi cuerpo. —Veo eso. Lo siento, exageré. Eres más preciada que mi propia vida para mí, Bianca, y el saber que estás sana y salva es mi prioridad número uno. Sentí mi cara, infiernos, todo mi cuerpo, ablandándose. Dijo las cosas más dulces para mí, las cosas más románticas. Traté de recordarme que ni una sola vez me dijo que me amaba, pero aún así sentí esa emoción a flor de piel por él como una droga para mi sistema. —Te extraño —le dije en voz baja. Sus párpados se pusieron muy pesados. —No puedo esperar para el lunes. ¿Está tu mitad inferior desnuda como tu mitad superior? No pude evitarlo, me sonrojé. —¿Estás en tu oficina? ¿Un sábado? Su hermosa boca se torció en una sonrisa irónica. —Sí, aunque estoy completamente solo. La industria hotelera es un negocio de siete días a la semana. No cambies el tema. Desplaza la cámara hacia abajo para mí. Quiero ver lo que llevas puesto. Me sonrojé más fuerte, pero hice lo que me dijo. Era más natural obedecerle que luchar contra él cuando hablaba así. Le mostré mi mitad

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inferior, mi regazo cubierto con una manta delgada, mi única pierna con medias claramente expuesta. Ya no podía ver su rostro por la forma en que la pantalla estaba orientada. —Saca la manta. La quité, mostrándole el diminuto pedazo de ropa interior color piel que usaba. Escuché su gutural gemido de aprobación y dejé que mis piernas se abrieran. —Usa la cubierta magnética para sostener el Ipad en tu mesa de noche. Apuntando hacia la cama. Lo hice, viéndolo de nuevo con claridad. También se había reacomodado, empujando la silla lo suficiente lejos de la mesa para que pudiera ver su regazo. Todavía estaba completamente vestido pero pude ver su marcada erección abultando sus pantalones grises pálidos obscenamente. Mientras lo observaba, se abrió los pantalones, usando ambas manos para liberar su desnuda polla. Saltó fuera y hacia arriba con un poco de rebote que me hizo jadear. Se movió, tirando de sus pantalones hacia abajo lo suficiente para darle libertad total. Se desabrochó los tres últimos botones de su camisa, tirando de ella abierta. Lanzó su larga y fina corbata blanca sobre su hombro y fuera de su camino. Tenía una vista sin obstáculos de sus manos mientras se acariciaba. —Quítate las bragas y recuéstate en la cama. Obedecí, mi cara volviéndose rosa al mismo tiempo. —Apóyate en las almohadas y abre las piernas. Más amplio. Ábrete para mí. Perfecto, sí, justo así. Empuja dos dedos dentro de ti. Más profundo. Sí. Extiende una mano para acariciar tu pecho. Masajea alrededor, pero no toques el pezón. —Mientras hablaba y yo consentía sus demandas, se acariciaba con fuerza, con una minuciosidad casi brutal—. Eres tan hermosa, Bianca. Cada centímetro de tu cuerpo es la perfección. Puedo ver la humedad entre tus piernas. Es la maldita cosa más caliente que he visto en mi vida. Acaríciate más duro y más rápido. Imítame follándote. —No es lo mismo —dije sin aliento, tocándome cada vez más rápido. No era para nada lo mismo que él tocándome, una triste imitación de hecho, pero todavía me acercaba al orgasmo, más por su voz y la visión de sus hermosas manos encima de su perfecta polla que por lo que me hacía con torpeza a mí misma. Me dio una sonrisa dolida. —Sé que no lo es. Ni siquiera cerca. No deberíamos estar separados de este modo. No siempre. Pero trabajaremos con lo que se nos ha dado. Ahora mueve abajo esa mano sobre tu encantador seno hasta tu clítoris. Sí, perfecto. Frota muy suave, pequeños círculos sobre él con el dedo. Dime cuando estés cerca, mi amor. Podría venirme en cualquier momento, y quiero que lo hagamos al mismo tiempo. Mmm, así, empuja esos dedos tan fuerte y rápido como puedas lograr. Si nos separamos de esta manera a

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menudo, vamos a tener que conseguir un vibrador para tu casa. O un consolador que sea una réplica perfecta de mi polla. Su voz y sus palabras me llevaron más y más cerca del borde mientras lo observaba trabajarse muy toscamente con las manos. La visión de él tocándose era increíblemente erótica para mí. —Estoy cerca —le dije sin aliento. Se mordió el labio mientras se dio un tirón. Su cuello arqueado pero sus ojos nunca me dejaron cuando se vino en su mano con un gemido áspero. La visión de él viniéndose a borbotones azotando nada más que aire me hizo venir con él, y solté un pequeño gemido mientras mi orgasmo me tomó. Se sentía bien, pero no era tan intenso como el que James generalmente me daba. Me senté y lo miré con fascinación mientras limpiaba el desorden que había hecho, dándome al mismo tiempo una sonrisa autocrítica. —¿Fue bueno para ti, amor? —preguntó, con los ojos tiernos a pesar de esa sonrisa Quería llorar por alguna extraña razón. No quería analizar la necesidad en absoluto, pero no podía dejar de preocuparme por lo mucho que comenzaba a depender de James. Sentía una necesidad adictiva de estar cerca de él. —Fue bueno. Me encantó verte tocarte, pero con todo lo que acabamos de hacer te quiero conmigo aún más. Su rostro cambió tan drásticamente en lo que parpadeé. Había un cálculo ahora, y una determinación que me hizo tensar. —No siempre tendremos que estar separados. Podrías trabajar desde casa, y tener una carrera con tus pinturas. No voy a presionarte, pero es algo que me gustaría que comiences a pensar.―Me puse aún más tensa, y alzó una mano conciliadora—. Lo dejaré, amor. Paterson me dijo que ofreciste la posibilidad de dejar que Blake duerma en tu cuarto de invitados. ¿Estás realmente bien con eso? Por razones de seguridad sería ideal, pero quiero que te sientas cómoda en tu propia casa. Me encogí de hombros, y sus ojos se movieron hacia mis pechos. Comenzó a meterse de nuevo dentro de los pantalones, haciendo un esfuerzo visible por apartar los ojos de vuelta a mi cara. No estaba totalmente cómoda con esto, pero pensé que con todas las otras cosas extrañas que tendría que acostumbrarme, era una cosa muy pequeña dentro del esquema de todo esto. Me dio una sonrisa casi agradecido. Se veía un poco apagado en su rostro demasiado perfecto. —Gracias. Eso me ayudará a dormir mejor cuando tienes que estar lejos de mí. —Me removí a medida que hablaba, sentándome con las piernas cruzadas y tirando de una esquina de la manta sobre mi regazo. Su sonrisa cambió a una sonrisa complacida—. Saca la manta de tu regazo. Me encanta la media, por cierto. Realmente te desmayaste, ¿eh? Charlamos durante mucho tiempo, los dos en un estado de ánimo más ligero para el momento en que finalmente tuvo que volver a

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trabajar. Me preguntaba c贸mo mi coraz贸n pod铆a estar tan ligero de felicidad y pesado con amor al mismo tiempo.

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39 Traducido por Zafiro Corregido por NnancyC

Me dirigía desde mi habitación a la cocina, vestida sólo con una bata, cuando escuché una conmoción en la puerta principal. Fui a ver lo que era antes de poder pensarlo mejor. Parpadeé ante la visión inesperada que me saludó. Una mujer desconocida, de mediana edad parada justo en la puerta delantera, Paterson detrás de ella, Blake en frente. Tenía el pelo teñido de un llamativo rojo, con un maquillaje recargado que no podía disimular el aspecto exhausto de su rostro demasiado delgado. Lucía cómo pensaba que una corista retirada podría verse, con un cuerpo delgado y pechos demasiado grandes que parecían lastimar su postura. Su columna se tensó cuando me vio. Sus ojos no eran ni amigables ni hostiles, pero mantenían una especie de súplica desesperada que no podía comprender mostrar a una completa desconocida. Se dirigió a mí de inmediato. —No estoy aquí para hacerte daño, como estas personas parecen pensar. —Levantó un sobre blanco—. Sólo quería darte esto. Hay algunas cosas que debes saber. Te lo hubiera dicho antes, pero tu padre no me dejaba contactarte. Ahora que ha desaparecido, no vi ninguna razón para retrasarlo. Por favor, sólo lee esto. Puedo ver por qué no quieres hablar conmigo, pero esto no es sobre mí. —Su discurso fue un poco desesperado, y reconocí el nervioso temor que parecía colocarse en sus hombros, un miedo con el que tenía que vivir cada segundo de su vida, viviendo con mi padre. Lo recordaba bien. —Sharon Karlsson —dije, mi boca rígida alrededor de las palabras. El nombre se sentía tan mal para mí. Asintió, su brazo temblaba mucho mientras sostenía el sobre hacia mí. Me adelanté para tomarlo. Blake se movió para bloquearme. —No nos ha dejado registrarla, Señorita Karlsson. Analicé a Sharon. Llevaba un delgado vestido de tubo, las flores desteñidas por las muchas lavadas. No vi cómo podría ocultar algo en el vestido, pero no era la experta. —¿Podrías entregarme el sobre, entonces? —le pregunté a Blake, tratando de ser práctica.

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Blake tomó el sobre de Sharon, y la mujer pelirroja empezó a retroceder de inmediato por la puerta. Recordé que tenía algo que decirle pero se estaba retirando rápidamente. Tuve que empujar con los hombros para pasar a mis guardaespaldas para tomar un último vistazo de ella entrando en una vieja chatarra de un sedán que se encontraba estacionado en la acera. —Espera, Sharon —grité. Me lanzó una mirada de pánico, pero no se detuvo. Me acerqué más—. Necesito decirte algo importante —grité, pero ya partía lejos de mi casa como una loca. —Por favor, Señorita Karlsson. Retroceda adentro. Podría ser algún tipo de trampa —dijo Paterson, escaneando la calle con enfocada minuciosidad. Colaboré, caminando hacia el interior con un suspiro. Ahora tendría que llamarla. Había tan sólo querido acabar de una vez. Tenía una casi abrumadoramente fuerte aversión a hablar con esa mujer. Tendí mi mano a Blake mientras la pasaba. —¿Puedo tener esa carta? Parecía indecisa pero me la entregó. Paterson se aclaró la garganta. —¿Puedo inspeccionarla primero, Señorita Karlsson? Ya tenía la cosa abierta, y pude ver que no contenía nada más que un pedazo de fino papel. Le mostré. Hizo una mueca, extendiendo su mano. —Estoy pidiendo leerla primero. Negué con la cabeza. Me gustaría colaborar con ellos por el bien de mi seguridad, pero no tenía intención de compartir mis asuntos personales. —No. Lo siento, pero esto es privado. —Fui a mi habitación sin otra palabra. Podía oír la voz de Paterson a través de la puerta. —Tendré que decirle al Señor Cavendish sobre esto, Señorita Karlsson. —Hazlo —dije, abriendo la carta. Era breve y concisa. Bianca: Entiendo por qué no quieres nada que ver conmigo, pero tengo un hijo. Es tu medio hermano, hijo de tu padre. Es sólo un año menor que tú. Su nombre es Sven Karlsson y vive en Manhattan. Su número telefónico está en la parte inferior de la página. Creo que le gustaría saber de ti. No tenemos otra familia, y él se ha apartado de mí y de su padre por varios años. Atentamente, Sharon Karlsson Mi visión fue un poco borrosa después de las primeras frases. ¿Tengo un hermano? ¿Sólo un año menor que yo? Las implicaciones

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tomaron largos minutos para asimilarse mientras me senté en el borde de la cama. Tenía catorce años cuando mi padre asesinó a mi madre. Había estado viendo a esta otra mujer todo el tiempo, tuvo un hijo con ella. ¿Es por eso que mató a mi madre? ¿Había sido el disparo aún más calculado de lo que me di cuenta? Pensé en mi madre, mi hermosa madre. Esa mujer Sharon nunca podría haberse comparado con ella, con su llamativo aspecto y falta de clase, y era obviamente mucho mayor de lo que mi madre sería, si estuviese viva. Mi madre había sido el epítome de clase, conteniendo una tranquila y reservada gracia en cada línea de su elegante cuerpo. Parecía imposible que alguien hubiera matado a tal mujer, dejarla por alguien como Sharon. Me encontré odiando a esa mujer con una pasión normalmente sólo reservada para mi padre. Pero mi medio hermano... No tenía ni idea de qué pensar de la noción de eso. Mi teléfono me distrajo de mi ensueño, a pesar de que había estado sonando por un tiempo, noté. Vi que era James y contesté. —¿Qué está pasando, Bianca? Paterson me contó que no le dejaste ver una misteriosa carta. —Su voz era más preocupada que enfadada pero aún así me sentí erizarme. —Es mi carta, James. ¿Y qué mal podría haber en una carta? —¿Quién era esa mujer? Suspiré. Por supuesto obtendría un informe detallado de todo. — La esposa de mi padre, Sharon Karlsson. Maldijo. —¿Qué quería? Estudié la breve carta. —No mucho. Estaba en total estado de pánico, por lo que no dijo mucho. No tuve la oportunidad de decirle nada, tampoco, así que ahora tengo que llamarla. Cuanto antes mejor, así que tengo que dejarte. —Espera. ¿Qué decía la carta? Apreté los labios, debatiendo qué decirle. ¿Por qué no todo? Sus investigadores probablemente sabían más que yo, en este momento. — Sólo quería decirme que tengo un medio hermano. Ella y mi padre tienen un hijo. Se quedó en silencio durante un largo rato. —Está bien. Gracias por decírmelo. Te dejaré para que puedas hacer esa llamada. ¿Me llamarás antes de dormir? —Estuve de acuerdo en llamarlo, y colgué. Fui a mis llamadas perdidas, llamando de nuevo al número que sabía que era de ella. El teléfono sonó cinco veces y se fue al correo de voz. Estaba a un suspiro de sólo dejarle un mensaje cuando me di cuenta de que eso podría ponerla en peligro. No podía decir nada de mi padre o ella podría tener que responder ante él por ello. Finalmente

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decidí que cualquier mensaje de mi parte sería malo, si mi padre tenía acceso, lo que muy bien podría tener. Traté llamando de nuevo, con el mismo resultado. Me di cuenta con resignación que iba a tener que seguir llamándola hasta que la consiguiera. Había tomado una larga siesta de tal manera que me encontré cenando en casa de Stephan sólo treinta minutos después, vestida con una camiseta excesivamente grande y alegres pantalones cortos. Stephan me dio una mirada juguetona al ver mi atuendo. —Apuesto a que no serías atrapada ni muerta usando eso cuando James estuviera cerca. Le di una media sonrisa mientras entré a su casa. —James no está cerca, ahora, ¿verdad? Stephan, Javier y yo tuvimos una cena muy agradable, riendo y hablando mientras comíamos demasiado del pollo cacciatore de Stephan. Fue tan fabuloso como siempre, una de sus mejores recetas por lejos. Después de la cena Javier escapó sin un momento incómodo para darnos algo de privacidad para conversar. —Tengo que hacer unas llamadas —murmuró y se escabulló. Stephan le dio una sonrisa muy cariñosa. Nos pusimos al día en todo, casi hablando sobre el otro para decirlo todo. Se sorprendió por mi misterioso medio hermano. Me sorprendió cuando miró a la puerta por donde Javier había salido luego se inclinó para decir en un susurro—: Estoy totalmente enamorado de él, Bianca. Profundamente. Parece que no puedo evitarlo, con Javier. Enamorase de él es demasiado fácil, cuando no me contengo. Sus ojos eran tan serios y vulnerables que quise llorar. Esperaba de todo corazón que funcionara para ellos. Suspiró y sonrió, feliz de disfrutar el momento, en lugar de analizar todo a muerte, como yo parecía hacer. —¿Qué hay de ti? ¿Crees que amas a James? Me miré las manos. Estaban de repente empuñadas en mi regazo. Asentí. —Desesperadamente. No sé sobre el resto, pero sé que lo amo. Diablos, ni siquiera sé si me ama también. Ni siquiera estoy segura de que es capaz de hacerlo, o si soy capaz de permitírselo, ¿sabes? Sus suaves ojos casi me deshicieron. —Oh, seguro que te ama. Creo que te ha amado desde el principio. Ese hombre haría cualquier cosa por ti. Lo sé en mi corazón. Pensé en que hermosa cosa era el corazón de Stephan, para ver siempre lo bueno de todo el lío en el que estaba enterrada. Quería preguntarle algo, pero pensar en ello me hizo sonrojar. Aunque Stephan y yo habíamos establecido un patrón de apertura hace tanto tiempo, que estaba tan arraigado en mí como mi amor por él, así que no pasó mucho antes de que controlara los nervios. —Tú y Javier

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parecen tener una especie de, eh, vibra sumiso dominante pasando. ¿Es así como es entre ustedes? Estudié su rostro, pero no vi ninguna vacilación o vergüenza allí. Sólo sonrió feliz. —No nos gustan las cosas BDSM, si es eso lo que quieres decir, pero estoy al mando. Nosotros no cambiamos, ni lo haremos nunca. Eso no nos atrae a ninguno de los dos. Me había explicado lo de arriba/abajo hace mucho tiempo. Él siempre estaba arriba. Lo había sabido. Simplemente no había conectado su preferencia a una relación dominante/sumiso tan claramente, a pesar de que, obviamente, era sólo eso. Stephan se aclaró la garganta. —Tú y James están en las cosas BDSM, ¿verdad? Él es tu dominante. Asentí, encontrando sus ojos directamente, aunque no me atreví a sonreír, como él había hecho. —Sé que no es... normal, pero me he dado cuenta de que es sólo la forma en que estoy integrada. Y mayormente sólo actúa de esa manera en el dormitorio. Realmente no me da órdenes fuera de este, aunque manipula un montón mi vida. Me acarició el cabello. —No tienes que explicarme tus preferencias. Quiero lo que sea que te haga feliz, y veo que James lo hace, cuando se lo permites. No estabas siquiera ligeramente interesada en los hombres antes de conocerlo, por lo que obviamente, te da algo que necesitas. Me alegra que hayas encontrado a alguien que parece hacerte feliz tan bien. Asentí, con un suspiro de alivio. Había estado medio-asustada de que se enojaría con James cuando le hablara de nuestras extrañas preferencias sexuales, y fue bueno saber que no nos juzgaría. Lo conocía mejor, y como siempre, Stephan merecía sólo mi fe ciega. Terminamos la noche viendo algunos episodios de New Girl, los tres riendo y comiendo helado. Stephan me acompañó a casa alrededor de las diez. Mi seguridad me estaba esperando, por supuesto. Llamé a James, y hablamos durante casi una hora antes de despedirnos a regañadientes. Ni siquiera había pasado un día desde que nos separamos, con uno más por venir, pero mientras trataba de conciliar el sueño esa noche, se sentía como una eternidad.

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40 Traducido por Val_17 Corregido por Juli

El trabajo al día siguiente estuvo por encima de ocupado, pero aún así logré sentirme como que tomó una eternidad. En realidad estábamos corriendo temprano en nuestra escala de hora en DC. Llamé a James, pero no me respondió. Me había dicho que tenía algunas reuniones importantes ese día, así que no me sorprendí. Sólo me decepcioné. Stephan hablaba entusiasmado con Javier en su teléfono en la cocina justo antes de que abordáramos. Me sonrió mientras colgaba el teléfono. —El vuelo del aeropuerto JFK se retrasó dos horas. Si seguimos corriendo, podremos tomar a tiempo el vuelo nocturno de esta noche. Javier va a reunirse con nosotros en el aeropuerto con mi maleta. James tiene cosas para ti en su casa, ¿verdad? Asentí, sintiéndome de pronto ligera y feliz. Si todo funcionaba a la perfección, llegaría a ver a James unas buenas ocho horas antes de lo que podía haber esperado. Mi día mejoraba. Cuando finalmente llegamos de vuelta a las Vegas bajamos del avión con un eficiente y único propósito, todavía esperando tomar el vuelo a Nueva York. —Javier dice que está en la D39, la puerta de al lado. Está esperando allí. Está todo el registro, y estamos en la lista. Sólo tenemos que llegar en los próximos veinte minutos. Y lo hicimos, corriendo del avión en el primer momento posible, apenas diciéndole adiós al resto de la tripulación. Stephan dejó su papeleo con Jake, quien lo entregaría por él. Javier sonrió cuando nos vio corriendo hacia el podio. Subimos al avión, sólo por poco. Despegó en menos de diez minutos después de que llegamos a bordo. Sólo tuve tiempo para dejar un breve mensaje a James diciéndole que íbamos en camino, y a qué hora llegaríamos. Stephan y Javier cayeron profundamente dormidos en la fila trasera del avión, pero me levanté para ayudar a la tripulación de la cabina principal con las bebidas ya que estaba en uniforme, el vuelo se hallaba casi lleno, y la gente estaba completamente irritada con la demora. Como si una varita del sueño hubiese sido agitada sobre los pasajeros, todos parecieron dormirse inmediatamente después de que consiguieron sus bebidas. Sacaba las tazas vacías de las manos de los

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pasajeros durmiendo, cuando atrapé a la azafata a la que había estado ayudando, estudiándome con una extraña intensidad. Nunca la había visto antes, pero parecía lo bastante amigable cuando notó que la ayudaba con su servicio, sin condiciones. Era una mujer muy pequeña y anodina en sus veintes. Era hispana y tenía el pelo largo y negro; y los ojos tan oscuros que parecían negros. Volvimos a la cocina, sólo nosotras dos, cuando pareció conseguir el valor suficiente para hacer la pregunta que obviamente estaba en su mente. —Eres esa azafata que está saliendo con James Cavendish, ¿no es así? —preguntó. Su tono no era hostil, sólo meramente curioso. De hecho era un poco demasiado curiosa para una completa desconocida, algo en su voz sugiriendo que sabía algo sobre él, o incluso de mí. No debería haber estado tan sorprendida por eso, pero era la primera vez que había experimentado esta extraña interacción con una compañera de trabajo. Suspiré. —Sí, estoy saliendo con él —dije finalmente. No sonrió, sólo me dio esa mirada fascinada. Era desconcertante. —No debe ser en serio. Estoy en lo cierto, ¿no? No seguirías trabajando aquí si fuera en serio contigo. Sentí inmediatamente ponerme a la defensiva sobre mi trabajo. — Me gusta mi trabajo. ¿Qué hay de malo en trabajar aquí? Me dio una mirada que era demasiado directa para una extraña hablando de mi vida personal. —Vamos. Él debe ganar más dinero que esto sólo cepillándose los dientes en la mañana. Sólo estoy diciendo que si quisiera vivir o casarse contigo o lo que sea, sería más allá de inútil para ti estar gastando todo tu tiempo haciendo cacahuetes mientras él hace billones. Si fuera en serio, haría que tú lo dejes. Sentí que me ruborizaba, pero traté de mantener mi compostura. —Para tu información, estamos viviendo juntos, y no lo he dejado porque me gusta mi trabajo. ¿Y qué si él gana más dinero que yo? Aún así tengo que trabajar. No me voy a sentar por ahí todo el día a esperarlo. —Incluso me di cuenta cuando dejé mi argumento que ese nunca sería el caso, si tuviera este trabajo o no. No necesitaba preocuparme sobre estar esperándolo todo el tiempo porque simplemente no lo haría. Y él me conocía lo suficiente para saber que no tenía que esperar eso de mí, tampoco. ¿Qué haría si pudiera hacer lo que quisiera? Me pregunté, un poco aturdida de que incluso me permitía pensar de esa manera. Recordé que estaba en medio de una conversación con una odiosa mujer que parecía pensar que sabía algo acerca de mi vida. —¿Y por qué en la tierra asumes que sabes algo sobre alguno de los dos?

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Tuvo el descaro de darme una sonrisa cómplice cuando alcanzó su bolsa de viaje. Me entregó un rollo de revistas. —He estado al tanto de todo el drama —dijo, como si fuera un gran logro. Me estremecí cuando vi la portada de la revista de chismes que me había entregado. Era una imagen de mí usando un transparente engobe blanco y de pie en mi entrada, luciendo aturdida y confundida. Se podía distinguir el contorno de mis pezones en la delgada tela. Por lo menos no era obvio que no había estado usando ropa interior. James estaba detrás de mí en la foto, obviamente caminando hacia mí, pero dándole al hombre que tomaba las fotos, una mirada asesina. Se veía absolutamente hermoso vestido sólo con sus calzoncillos, incluso su pelo perfectamente despeinado. Mi propio cabello parecía que acababa de pasar a través de un túnel de viento. Cuando terminé de trabajar en mis propios sentimientos sobre las horribles imágenes, mi mente fue a James. Él debe de saberlo. Probablemente tenía gente que se lo mostró. Si yo estaba molesta, sabía que él estaría furioso. —Él es tan caliente. ¿Tienes alguna idea de lo caliente que es? — me preguntó la extraña azafata. Realmente necesitaba recordar su nombre. Le di una mirada muy directa con mucho contacto de ojos. —De hecho, sé exactamente qué tan caliente es. Confía en mí cuando digo que tú no tienes ni idea de lo caliente que es. Hizo un gesto como si estuviera desmayándose. —Esto es increíble —dijo con un suspiro, y me di cuenta por primera vez de que, aunque no tenía modales en absoluto, no intentaba causar daño. De hecho, no parecía tener un hueso malicioso en su cuerpo mientras miraba a James en la portada de la revista. —Bien por ti, chica. Es un completo bombón. Le mostré simpatía, sintiéndome cansada pero de repente un poco delirante sobre el hecho de que podría ver a James en sólo unas pocas horas, dependiendo de si estaba trabajando para el momento en que llegara allí. —Hay una posibilidad de que podría estar recogiéndome en el aeropuerto. Si está, probablemente estará justo detrás de la van de la tripulación, así podrías tener un vistazo de él. Me sonrió como si acabara de hacerle un gran favor. —Eso es tan impresionante. No puede ser tan hermoso en persona, sin embargo, así que me prepararé para la decepción. Tenía que devolverle la sonrisa. —En realidad, es aún más hermoso. A veces lo llamo Señor Hermoso. Se rió. —Eres muy bonita y todo, pero él puede tener a cualquier mujer del planeta. No te ofendas, pero ¿cómo conseguiste atraparlo? Le di mi pequeño encogimiento de hombros, extrañamente sin ofenderme por su franqueza. —Realmente no tengo idea.

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Nuestra pequeña y extraña charla fue interrumpida cuando otros dos miembros de la tripulación de la cabina principal entraron por la cortina. Eran menos prepotentes, pero ambas me dieron extrañas miradas penetrantes, y noté que habían oído o visto algo sobre mí. Les pregunté amablemente si necesitaban más ayuda. Cuando se negaron, me metí de nuevo en la cabina y encontré mi asiento junto a Stephan. Descansé mi cabeza hacia atrás e hice mi mejor esfuerzo para conseguir una pequeña siesta. Desperté sobresaltada cuando el avión aterrizó. Estaba tan condicionada para mantenerme despierta con los ojos rojos que me sorprendió que fuera capaz de dormir tanto tiempo en un avión. Le envié un mensaje a James cuando aterrizamos. Bianca: Acabamos de aterrizar. Respondió inmediatamente. James: Hay un auto esperando por ti en la acera. Eso no parecía necesitar una respuesta, así que dejé mi teléfono, descendiendo lo antes posible. Estábamos en la última fila del avión, sin embargo, y fue un proceso lento y frustrante. Terminamos caminando con la tripulación por el aeropuerto. Stephan agarró mi pequeño bolso de viaje sin decir una palabra, como era su costumbre. La extraña chica, que se llamaba Marie, como descubrí cuando se volvió a presentar, se puso a mi lado mientras caminábamos. Habló sin parar sobre chismes de celebridades. Ella parecía pensar que porque estaba en la prensa rosa, también me gustaba leerla, y estar al día con el último drama. Parecía cabizbaja cuando la desengañé de su idea. Realmente no tenía idea de quién hablaba. Me tenía medio distraída con su interminable charla cuando salimos por la puerta corredera y empezamos a hacer nuestro camino al punto de recogida en la acera. Pero no estaba tan distraída para no ver al instante la alta figura caminando de la limusina aparcada justo detrás de la furgoneta del equipo. Incluso si no hubiera salido del auto, no había manera de que pudiera haberme perdido la imponente figura de Clark en la acera esperando por nosotros. Pero James saliendo del auto con la cálida sonrisa en su rostro me hizo olvidar al instante que incluso había otras personas en el mundo, y mucho menos una que me balbuceaba. Sin siquiera pensarlo, mis pasos se apresuraron hasta que estaba casi corriendo hacia él. Él no era indiferente a mi entusiasmo. Empezó a caminar rápidamente hacia mí, obviamente decidido a reunirse por lo menos a la mitad.

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Cuando llegamos al alcance del brazo el uno del otro, me agarró en un abrazo de oso, un agarre doloroso pero muy reconfortante para mí. Había tirado mis brazos alrededor de su cuello al mismo momento que me agarró y aferró con fuerza mientras me levantaba, moviéndose hacia su auto, con una mano ahuecando la parte posterior de mi cabeza con firmeza. Me sentí como una niña de cinco años, con los pies colgando a centímetros del suelo. Casi me reí. —James, bájame —farfullé. Sólo me agarró más fuerte, moviéndome deliberadamente hacia el auto. —No puedo estar en público así, Bianca. Me siento demasiado abierto. Dios, te extrañé. Se sintió como Navidad cuando me enteré de que estaba recogiéndote antes de lo previsto. Agarré su sedoso pelo en mis puños. —También te extrañé. Es aterrador cuánto. No sé cómo pasó tan rápido, pero te sientes como un hogar para mí, James. Un sonido ronco de dolor escapó de su garganta. —Sí —dijo, con la voz ronca por la emoción—. Esta es tu casa.

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41 Traducido por gabihhbelieber Corregido por Meliizza

James me tenía en el auto y firmemente cómoda en su regazo cuando Stephan y Javier finalmente se unieron a nosotros, ambos sonriendo ampliamente. Obviamente ellos habían encontrado nuestra excesivamente entusiasta reunión divertida. —Tengo que advertirles chicos, que la tripulación va a decirle al mundo sobre esa pequeña escena. Esa pequeña descarada, Marie, estuvo incluso haciendo alboroto sobre dar una entrevista a la prensa —dijo Stephan, su voz más divertida que preocupada. Rodé los ojos. Esa pequeña alcahuete probablemente también lo haría. Traté de recordar si le había dicho algo que no me gustaría compartir, pero mentalmente me encogí de hombros por todo el asunto. No había nada que pudiera hacer más que eso ahora, y era mucho más agradable disfrutar de la presencia del Señor Hermoso que preocuparse acerca de lo que pasaría sí. James saludó a los otros hombres educadamente antes de que comenzara a acariciar mi cabello. Sentí su respiración y mis ojos se cerraron de placer. Sus brazos se encontraban envueltos alrededor de mí cómodamente, pero de repente se apretaron hasta el punto de doler y lo sentí tensarse. —Tengo que decirte algo —susurró, su boca en mi oreja. A partir de la tensión de su cuerpo y voz, supe inmediatamente que algo se hallaba terriblemente mal. Me puse rígida, volteándome para estudiar su rostro. Su extraño cambio de ánimo era preocupante, por no decir más. Y sus ojos se veían atormentados, justo delante de ellos haciendo mi pecho apretarse con temor. —¿Qué es? —Sharon Karlsson fue encontrada muerta en su casa la noche anterior. Fue asesinada. —Su voz era tranquila, pero el auto estuvo mortalmente silencioso por sus noticias. Me quedé congelada, mirándolo fijamente mientras procesaba sus palabras. Había estado tratando de llamarla, para hablarle de mi padre, pero no había logrado ponerme en contacto con ella. ¿Podría haber evitado esto? ¿Era yo la culpable?

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Ni siquiera era una pregunta para mí, quien la había matado. Era demasiado grande para una coincidencia, y había estado mirando demasiado plenamente a los ojos asesinos de mi padre para no saber que él era totalmente capaz de matar de nuevo. Fue sólo un milagro que no había vuelto a matar antes de esto. Sin embargo, por lo que sabía, lo hizo. —¿Cómo? —pregunté finalmente. Se pasó una mano por su pelo, un gesto que pensaba que era para consolarse a sí mismo al igual que yo. —Le dispararon en la cabeza. Pienso en la manera en que mi madre murió, un falso suicidio donde se disparó “el arma en la boca”. —¿Cómo mi madre? —le pregunté, susurrando. Sus ojos eran increíblemente tiernos, e infinitamente preocupado por mí. —Sí, de esa manera. —Traté de decirle. He estado tratando de llamarla desde que me enteré de que existía, pero me siento responsable. Él es un asesino, y quedó libre porque mentí por él. No sé por qué, pero nunca imaginé que mataría de nuevo. Lo he conocido durante todos estos años, y de alguna manera simplemente nunca se me ocurrió. ¿Por qué crees que es así? Debería haber pensado en ello. —Mi voz tenía un tono bajo, pero parecía romper el silencio atónito del auto. Todo el mundo empezó a hablar a la vez. —No eres responsable de esto —dijo James, con voz firme y áspera, y llena de dolor. —No podrías haberlo sabido, Buttercup —dijo Stephan, su voz apasionadamente sincera. —Por favor, no te hagas eso a ti misma —imploró Javier, en voz baja. Ignoré las palabras tranquilizadoras, sintiendo el peso de su muerte como una pesada carga sobre mi alma. Y vergonzosamente, incluso más fuerte que la culpa, era el temor. Mi padre había matado al menos a dos mujeres ahora, algo que había amenazado con hacerme más veces de las que podía contar. Incluso en el estado adormecido de mi cerebro, parecía estar la inquietante noticia de la muerte de Sharon, lo que más sentí fue un terror escalofriante que corría tan profundo que no podía recordar un momento en que no había sido una parte de mí. Compartí una larga mirada con James. En sus ojos vi una impotencia desgarradora que reflejaba la mía.

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R.K. LILLEY R.K. Lilley ha sido una escritora desde que puede recordar, pero ha conservado algunos trabajos interesantes para pagar las cuentas. Durante varios años fue azafata de primera clase, y siempre había jurado que tenía que escribir un libro sobre ello. Mezclando su amor por el romance y todo lo relacionado con el BDSM, la trilogía “Up In the Air” es su debut en el mundo del romance contemporáneo y el erotismo. Puedes contactarla authorklilley@gmail.com. Visita su página de Facebook para mantenerte en lo que está trabajando https://www.facebook.com/authorrklilley Y échale un vistazo a su página web http://www.rklilley.com/ R.K. También escribe fantasía urbana bajo el seudónimo: Rebecca K. Lilley.

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MILE HIGH - UP IN THE AIR #2  
MILE HIGH - UP IN THE AIR #2  

La tumultuosa historia de James y Bianca continúa en la secuela de In Flight. James ha introducido a Bianca en un mundo oscuro e intoxicante...

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