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Quemaste tus Alas de テ]gel


26 de enero de 2012


¿Por dónde empezar? Quizás lo más sensato sea por el principio… “Quemaste Tus Alas de Ángel” es la nueva novela del autor barcelonés Víktor Valles. En ella se narra la vivencia de Arián, un joven escritor que se traslada a la localidad costera de Vilanova i la Geltrú. Allí empieza a trabajar en su nueva novela, “Quemaste Tus Alas de Ángel”. En su nuevo trabajo relata la historia de Alaitz, una joven barcelonesa que, a través de un libro, empezará a buscar su verdadero yo, su lugar en el mundo.

Deseamos que sea de vuestro agrado…

http://www.quemastetusalasdeangel.tk/

Éste especial tiene como intención presentaros el concepto de dicha novela, aún no habiéndose editado hasta la fecha (aunque seguimos trabajando para que sea publicada en breve). El relato que podréis leer a continuación no es más que una obra derivada de “Quemaste Tus Alas de Ángel” realizada por su mismo autor.


Sen iempre me enamoraron los inviernos: el olor a leña las chimeneas, la oscuridad gobernando las calles

bajo un manto de estrellas, las aceras somnolientas y la escarcha cubriendo las lunas de los coches que duermen a la intemperie. Ya no son lo mismo los inviernos desde que la infancia quedó atrás, anclada en el pasado, sin embargo aún queda viva una chispa que trae millones de recuerdos a la mente.   Y esas chispas revolotean por mi cabeza mediante los silencios de sosiego, esos segundos que se exprimen sentados en el viejo diván que tantas memorias encierra. Sus colchones, a través de los años, han ido aguardando en secreto mis pensamientos más profundos, mis miedos y mis alegrías en noches frías. Mis ojos, marcados por el paso del tiempo, se sientan fatigados a recordar con la vista clavada a la ventana que refleja la jungla de alquitrán.


Leo en la cubierta “Quemaste tus Alas de Ángel” y mis labios dejan escapar un suspiro.

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De los estantes de mi librería particular elijo un libro prohibido, lo tomo en mis manos y regreso a sentarme en el diván. Recorro con mis dedos la cubierta y pienso en abrirlo, sin embargo me siento incapaz. No quisiera volver a abrir la caja de Pandora, pero la curiosidad hace que lo deje durante un instante a medio abrir. De entre sus páginas se escapa algo extraño…


Han transcurrido ya quince años. Cinco mil cuatrocientos setenta y dos días desde que el tren partió para no regresar…   Recuerdo con completa exactitud la localidad que me brindó el calor necesario para escribir aquella novela que cambió el rumbo de mi vida, abriéndome nuevas puertas a la par que otras se cerraban. Vilanova i la Geltrú se quedó con un pedacito de mi corazón…   Cierro los ojos y soy capaz de olfatear el aroma del mar, dejarme llevar por la locura de sal hasta la orilla y humedecerme los labios con el agua que salpica mi rostro. Y me arrastro hasta el espigón, allí donde el minotauro observa el horizonte. No son sólo caricias y besos lo que quedó anclado en aquella piedra…


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Y yo, como candado, me quedo encadenado a aquel marchito recuerdo que resurge de sus cenizas, ardiendo y regenerándose una vez tras otra al ritmo de un lento jazz que arropa a los recuerdos sin más.   El recuerdo me desliza hasta el parque de Ribes Roges, allí donde los niños juegan en verano y los gatos se esconden por las noches. Me acerco hasta las vías del tren en miniatura y observo dos pequeños ojos brillantes como estrellas que se ocultan en la oscuridad. El pelo se eriza sin poderlo evitar… El humo de contrabando envenena la escena, el sabor a whisky resucita en mi paladar quince años después…   Llego a la cafetería y me la encuentro igual que la última vez, con sus habituales sentados en las mesas frente a un moca recién preparado. La madera está levemente cubierta de polvo, pero por el resto todo continúa igual.


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Una vez sentado empieza a llover… Y en la lluvia veo reflejados unos ojos brillantes. Me quedo observándolos fijamente a través del cristal hasta que descubro su identidad: Alaitz.   Del cielo empiezan a caer plumas en llamas, el agua se transforma en ceniza retozando con el frío aire, dejándose arrastrar. Tomo la taza entre mis manos y salgo al exterior, dejando que los residuos del incendio cubran mi abrigo. Al posar la taza en el suelo restriego la ceniza por mi rostro y miro mis manos ennegrecidas justo antes de mirar al cielo. Los ojos de Alaitz han desaparecido.   Camino por la plaza en dirección a un callejón, al fondo observo la transparente figura de una mujer que viaja rumbo hacia mí. De pronto un fuerte dolor me parte la espalda, haciéndome caer de rodillas contra el suelo…


La tortura supura por los poros de mi piel, lágrimas intentan escapar a través de los párpados… Y ahogo un grito en un vaso de silencio hasta volver a abrir los ojos y encontrar a Alaitz frente a mí y unas alas saliendo de mi lomo, combustibles y esparciendo centellas a nuestro alrededor. Tras un leve aullido Alaitz se inclina y besa mis labios, logrando cerrar mis ojos…

“Quemaste tus Alas de Ángel”

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  Al abrirlos de nuevo descubro que estoy sentado en el diván, con aquel libro entre mis manos. No he llegado a abrirlo, sin embargo me persuadió su interior hasta transportarme al distorsionado instante en el que fue escrito. Dirijo mi mirada hacia la mesa que tengo frente a mí y encuentro los billetes que me llevarán de nuevo a aquel lugar, alargo el brazo hasta recogerlos entre mis manos y los observo con silencio y atención.   Solamente una voz retumba dentro de mi mente:


Diseño y Maquetación: Pattrice Moreno Fotografía: Pattrice Moreno y Víktor Valles Texto: Víktor Valles Basado en la novela “Quemaste Tus Alas de Ángel” de Víktor Valles Pattrice Moreno: http://www.slavetoyourwords.tk Víktor Valles: http://www.entradanoparacualquiera.tk

http://www.quemastetusalasdeangel.tk


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Quemaste Tus Alas de Ángel